Para quienes tienen una idea de negocio y quieren desarrollarla con garantías de éxito

Cómo programar y compartir contenidos en las redes, por @guillemrecolons

Siguiendo con la serie Las 5 C’s de la gestión de nuestra marca personal en las redes sociales que constaba de:

  1. Conocer
  2. Compartir
  3. Conversar
  4. Conectar
  5. Controlar

Ahora es momento de desarrollar el “Compartir”.

Compartir contenidos, la 2ªC de nuestra gestión de marca personal en las redes sociales

Qué y cuánto compartimos

El qué compartir lo tratamos en la anterior publicación de esta serie, la de conocer las fuentes de contenidos.

Es interesante seguir la regla de la aportación de valor. En pocas palabras, viene a decir que deberíamos contar hasta 10 antes de compartir un contenido, propio o ajeno, y preguntarnos si va ser de utilidad para algunos de los públicos que hemos definido en nuestro modelo de negocio.

También resulta eficaz aplicar la regla de la calidad. Más vale poco y bueno que mucho y mediocre. Bombardear las redes sociales puede resultar contraproducente. Hay casos y casos. Yo no publicaría el mismo post en Linkedin, por ejemplo. Pero Twitter sí permite la repetición al tener un “timeline” real  (lo que vemos en el muro de Twitter sigue un estricto orden cronológico, cosa que no pasa en otras redes).

Cuándo compartimos

Cada profesional debe establecer su propia periodicidad de publicación. No existe una regla al respecto. Si te dedicas al marketing digital, es normal ser muy activo en tus publicaciones, ya que parte de tu prestigio dependerá de ello. Pero si eres miembro del consejo de un banco, las cosas cambian; aquí valdría con compartir algún contenido al mes. Entre medio hay una gran variedad de formatos.

Desde luego, hoy existen herramientas que nos dicen cuáles son los mejores días y horas para compartir contenido en función de nuestro historial con cada red social. Este es un punto especialmente importante, nos hace preguntarnos ¿a qué hora visita con más frecuencia cada red nuestro público objetivo?

Las herramientas que nos dan pistas sobre mejores días y horas para compartir son muchas, pero aquí destaco algunas:

  • Buffer. En su versión de programación automática buffer decidirá las mejoras horas, pero no los mejores días. Para Buffer todos los días son laborables.
  • Hootsuite. Esta herramienta también programa las mejores horas, y lo hace en función de la historia propia nuestra. Eso sí, no le gustan los domingos.
  • Twitonomy: Exclusiva para Twitter, la herramienta nos da una precisión matemática sobre mejores días y horas para publicar en base a nuestra historia de las últimas semanas.
  • Klout: Una función que se utiliza poco del medidor de influencia online Klout es la posibilidad de seleccionar contenidos afines y programar en las mejores horas. Aquí un ejemplo:
mejores horas de contenidos en klout

Ejemplo: mejores horas de compartir en Klout

Las mejoras horas para publicar varían además en función de cada red social y cada modelo de negocio (B2B o B2C). Más información y muy buena sobre este punto en el blog de José Facchin.

Programar la publicación de contenidos

Una pregunta muy habitual que me hacen asistentes a formaciones o clientes es ¿de dónde sacamos el tiempo para gestionar las redes sociales? Hay fórmulas para programar (automatizar) la publicación de contenidos a una o dos semanas vista (y más en cuentas premium). Yo dedico una o dos horas los viernes por la tarde y dejo la semana programada en Linkedin y Twitter. Pero se puede programar en prácticamente todas las redes.

Las herramientas mencionadas anteriormente Buffer, Hootsuite y Klout permiten esta función. En Buffer es más fácil adjuntar imágenes y utiliza un recortador de enlaces de forma automática (muy práctico). Hootsuite es muy interesante para programar pero también para encontrar contenidos buscando hashtags. Klout es muy interesante como herramienta de programación pero cuesta incluir meciones al autor de cada artículo.

Además, Facebook permite esta función en páginas corporativas dentro de la misma aplicación. No sugiere las mejores horas pero permite un programación de posts sin prácticamente límites.

Mencionar al autor y la fuente, siempre!

Las reglas de etiqueta de la vida real tienen su espejo en el ámbito digital de las redes sociales. Es obligado, bajo pena de prisión, mencionar siempre al autor de contenido y la fuente en que hemos encontrado el mismo. O al menos una de las dos. No hacerlo es feo, ya que puede presuponer que un contenido ajeno es propio. Sólo hay una excepción a esta sugerencia: cuando el contenido es nuestro no es necesario mencionar al autor (pero sí la fuente).

Ojo con etiquetar a todo el mundo cuando compartamos un contenido. Hace pocos días, Sílvia Saucedo trataba en su blog esta mala costumbre de etiquetar a influencers en cada publicación. Se puede etiquetar a alguien por alusión, pero no por spam o costumbre. El libro Marca eres tú de Eva Collado también trata ampliamente el tema del protocolo digital.

 

En resumen, podemos compartir contenidos propios, con una máxima: mejor poco y bueno. Y podemos compartir contenido ajeno de valor que nos ha llegado a través de la etapa “conocer”.

Cómo podemos conocer los contenidos que nos interesan, por @guillemrecolons

Hace unos días abrí una serie de post bajo el título Las 5 C’s de la gestión de nuestra marca personal en las redes sociales. Por resumir hablaba del as cinco magníficas:

  1. Conocer
  2. Compartir
  3. Conversar
  4. Conectar
  5. Controlar

Ahora entro de lleno en la etapa “Conocer”, la 1ª “C”. Debo advertir que presupongo que antes de gestionar nuestra marca en las redes sociales ya hemos trabajado nuestra área de autoconocimiento y de estrategia personal. No se trata de empezar la casa por el tejado, y nuestra presencia en redes sociales debe responder a un objetivo claro y definir dos públicos claros (clientes y prescriptores). Eso nos permitirá saber cuáles son los medios más afines a estos públicos.

Fuentes de conocimiento

Libros / Ensayos

La forma de encontrar libros sobre la materia que nos interesa es múltiple.

  • Si conoces el título, editorial o autor del libro, se trata de ir a un buscador como Google, Bing, Yahoo, Youtube (sí, lo que lees).
  • Si quieres descubrir algo sin conocer ni título, ni autor… buscaremos por tema. Poca gente conoce el buscador de libros de Google: Se trata de ir al buscador, colocar la palabra clave y buscar en el submenú libros. Así de sencillo. Por ejemplo, imaginemos que buscamos “relato histórico”

búsqueda libros Google

En este caso veremos cómo Google nos detalla un primer listado “sin pulir”. Si vamos al submenú herramientas veremos cómo podemos afinar la búsqueda por otros criterios, como tipo de libros (incluye gratuitos), tipo de documentos (libros, ensayos, revistas…), fechas…

La tendencia, al ser Google la fuente, es que coloque en primer lugar los Google books, pero eso se puede mejorar con los submenús.

  • Otra opción si no conocemos autor, título… es acudir al gigante Amazon. Dará menos resultados pero será muy efectivo para conocer qué títulos son los mejor valorados, más vendidos…

Artículos de prensa, revistas…

  • En este caso el funcionamiento es parecido al caso anterior. Depende de si conocemos datos o sencillamente hacemos una búsqueda por tema.
  • Si buscamos el tema en Google, debemos hacer clic en la sección “noticias”, y ahí nos aparecerá lo relacionado con artículos. En el caso de “relato histórico”, el resultado sería éste.
  • Google Alerts: Es una herramienta gratuita muy práctica que funciona muy bien para contenidos “oficiales”. En cambio, es nefasta para encontrar contenidos de blogs personales (asignatura pendiente de Google). La ventaja de Alerts es que sí la búsqueda es continua nos ahorra el tiempo de buscar y nos envía un correo cada vez que se publica un contenido.

Artículos de blogs personales o corporativos

Aquí la cosa se complica, pero afortunadamente existen herramientas maravillosas que nos traen estos contenidos con mucha precisión y a tiempo real.

Tenemos, por un lado, las redes sociales, y aquí tanto los grupos de Linkedin o las colmenas de beBee (red profesional obligatoria, por cierto) son excelentes lugares donde podemos encontrar material fresco, leerlo, recomendarlo, comentarlo y compartirlo. Lo único que debemos hacer es hacernos miembros de esos grupos o colmenas afines a lo que nos interesa, y decidir si queremos que nos envíen un correo por cada contenido nuevo (no es mi opción) o ser nosotros quienes visitemos esos grupos (más vale pocos y buenos) una vez por semana para ver qué se cuece.

Por otro lado está una herramienta para mí indispensable, Feedly, que nos permite encontrar los mejores blogs de cada tema (en versión PC o smartphone) y clasificarlos por subtemas. No nos envía correos (cosa que yo agradezco) sino que cuando queremos buscar contenidos, abrimos la aplicación y los encontramos todos agrupados.

Por supuesto, también está la opción de suscribirse a cada blog individualmente vía correo electrónico. Si no tienes sobredosis de correos, es una buena opción.

Vídeos

Google es una gran fuente, ya que como recordamos adquirió YouTube hace unos años. La forma de buscar puede ser desde el buscador Google + Vídeos (muy completo) o directamente desde las aplicaciones YouTube, Vimeo… En nuestro caso de relato histórico el resultado sería este.

Infografías

Para encontrar infografías tienes dos opciones, buscarlas en Google o no perder el tiempo e ir a visitar con urgencia el perfil de Pinterest de Alfredo Vela.

Búsqueda por hashtags

Si ya estás en redes sociales, habrás visto que los #hashtags que inicialmente popularizó Twitter se van imponiendo en el resto de redes. Son especialmente útiles en Twitter, Google + e Instagram, pero otras redes como Facebook o Linkedin están mejorando la experiencia en este tipo de búsqueda. El funcionamiento es sencillo: ir al buscador de cada red y colocar #palabraclave. Por ejemplo, si buscamos en Twitter (quien más desarrollada tiene esta búsqueda) la palabra #relatohistorico nos dará resultados en tweets de texto, personas, vídeos, noticias, transmisiones (Periscope). Información de gran valor.

¿Dónde guardar esos contenidos en la nube?

Hay múltiples plataformas para hacerlo, pero las dos que mejor organizado lo tienen son Pocket o Evernote. Recomiendo este tutorial para Pocket y este otro para Evernote.

Imagen: Pixabay

Si dudas, date un remojón, por @jordicollell

¿Has tenido alguna vez la tentación de abandonar una idea o un proyecto por el temor a que tú aportación no fuera la mejor de las posibles?  ¿Te has sentido mal contigo mismo por la angustia de no poder llegar a todo?  Todos nos hemos enfrentado alguna vez a situaciones en las que al tener la certeza de no poder dar la mejor de las respuestas nos hemos estresado, abrumado y nos ha venido un impulso irrefrenable de salir corriendo. La incertidumbre de alcanzar el resultado óptimo puede hacernos renunciar a la mejor de las opciones.

El exceso de expectativas en la realización de un proyecto personal, profesional o empresarial tiene el mismo efecto que el exceso de información en la elección de diferentes opciones. Cuando vamos al supermercado a comprar cualquier tipo de producto nos encontramos con decenas y hasta centenares de posibilidades para escoger algo que satisfaga nuestras necesidades y el resultado de este exceso generalmente es la insatisfacción; es lo que se describe como la paradoja de la elección que formuló de manera magistral el psicólogo Barry Schwartz.

El temor a no saber escoger la opción óptima nos produce estrés e insatisfacción y la solución parece estar, de acuerdo con las investigaciones de Schwartz, en encontrarse cómodos con el concepto “suficientemente bueno” en vez de perder el tiempo y a riesgo de paralizarnos buscando la decisión perfecta.

Y si no es buena o suficientemente buena ¿qué pasa?, ¿se va a hundir el mundo? ¿morirás?, Dios quiera que no, ¿serás víctima del ostracismo? . Por favor se serio y no te dejes llevar por un pesimismo exacerbado.

Si metes la pata puedes hacer dos cosas: cambiar el enfoque y seguir trabajando desde una nueva perspectiva o pedir disculpas y buscar una solución al embrollo y si al final la cosa resulta inviable de manera evidente y te toca retirarte pues tampoco pasa nada.

Tu has nacido para decidir, y por esto tienes derecho a equivocarte -siempre que lo hagas de manera digna- porque hay errores por dejadez, por negligencia, por no hacer lo que era necesario y los hay porque simplemente las cosas no han salido como estaban previstas o porque no has tenido en cuenta alguna cosa que al final ha resultado ser importante. Pero en cualquier caso y puestos en el peor de los errores si mantienes la cabeza alta y dices “sí me he equivocado, lo siento, la próxima vez saldrá mejor” no va a pasar nada o si va a pasar que vas a aprender de tu experiencia lo que no debes hacer y como lidiar con un enfado. Porque enfadarte lo vas a hacer, ya que a nadie le gusta hacer las cosas mal, de aquí que antes sacara a relucir la palabra dignidad. Quien se jacta de un fracaso tiene su dignidad bastante tocada y le conviene una reflexión en profundidad.

Y si las cosas salen bien disfruta de la alegría del éxito y apunta lo aprendido en el libro de tu vida, verás que habrá valido la pena correr el riesgo del error que en este caso no se habrá producido.

Frente al miedo de hacer las cosas mal, de equivocarte, de no llegar a todo ponle un poco de jeta y lánzate a la piscina y date un remojón, no tienes nada que perder.

Palabra de personal brander.

Imagen: https://unsplash.com/@matthewkane

¿En serio? ¿Otro post sobre la Zona de Confort?, por @fransegarrab

¿Otra vez la Zona de Confort?

¡Lo sé, lo sé!, la verdad es que “zona de confort” ya es un concepto que resulta ya algo “cansino” de oír. Quizás lo hayamos usado demasiado y ya se sabe… “la persistencia genera resistencia”.

La verdad es que el concepto de “Zona de Confort” ha pasado de moda. Y es que las personas somos así, cuando algo funciona o tiene tirada, todos nos “subimos al carro” y lo quemamos, lo sobamos desmesuradamente, lo exprimimos, le damos mil vueltas hasta que ya esta tan desgastado, que no sirve para nada y…¡a la basura!

¡Pero tranquil@!, en este post, no te voy a hablar de la susodicha zona confortable, pero si de algo muy relacionado con ella: el miedo. Del miedo y del cambio y de cómo nuestra percepción sobre estas dos dimensiones no juega a nuestro favor.

¿Cambio = miedo?

Asociamos cambio con riesgo. Tomar riesgo para cambiar, para mejorar, tirarse a la piscina…

Pero, ¿y si en realidad fuera todo lo contrario? ¿Y si en realidad lidiar con el cambio y estar constantemente paseando por la orilla del aprendizaje fuera la opción psicológicamente más segura y sana que podemos tomar?

¡Buenas noticias, parece ser que así es, en realidad!

Durante las décadas de los ochenta y noventa, gran parte de los estudios en psicología social se basaron en el estudio del Self.

El Self es la representación que nosotros tenemos de nuestro propio “yo”. Incluye nuestro autoconcepto, nuestra autoestima, nuestra autoimagen, nuestra autoeficacia percibida ante nuevos retos y el cómo entendemos el mundo que nos rodea y también, como creemos que nos perciben los demás.

Una de las cuestiones que más centró la investigación sobre el constructo del Self es resolver la pregunta de si tenemos uno único e invariable, o varias versiones de éste.

Parece que la evidencia científica ha demostrado que en efecto tenemos un solo autoconcepto fundamental de nosotros mismos, pero que en el fondo, aceptamos que nosotros no somos invariables y que podemos (y debemos) cambiar a lo largo del tiempo.

Por ello contemplamos la posibilidad de tener otros posibles Self. Pero no solamente esto, sino que, en realidad, la mejor opción consiste en ser capaces de trabajar la complejidad del propio autoconcepto para generar Selfs alternativos y aventurarnos a aprender otras versiones de nosotros mismos y ser capaces de crear diferentes variabilidades del núcleo de nuestra identidad, siempre que sean positivos y alcanzables.

 

¿Cambio = seguridad?

Algunos datos:

Niendenthal, Setterlund y Wherry (1992) demostraron que las personas que no tienen un numero de posibles “Self positivos” suficientes, son más vulnerables emocionalmente, ya que limitan sus opciones de recuperación cuando sucede un evento vital “traumático” que vuelca el autoconcepto (por ejemplo, quedarse en paro a los 45 años, reinventarse profesionalmente, cambio de país, pérdida de algún familiar…).

Incluso MA Gara (1993), concluyó que no haber desarrollado un auto-concepto complejo, estaba altamente correlacionado con la depresión y las enfermedades relacionadas con el estrés.

Por esta razón, temer al cambio es permanecer la conducta que más riesgo entraña. Propongo aceptar nuestra complejidad, intentar nuevos caminos, nuevas oportunidades de intentar explorar los límites de nuestra personalidad, de ser mejores, de ser peores, de ser iguales, de ser diferentes.…para mantener nuestra personalidad fuerte, segura y resistente a los cambios y vaivenes que se nos plantean durante la vida. Para estar completamente seguros de quienes somos y de quienes no somos en realidad.

Solo ejercitándonos para el cambio, reinterpretando constantemente lo que creemos que ya sabemos, abandonando habitual pero prudentemente nuestro “self conocido”,  seremos capaces de moveremos de la zona de confort a zona más segura en la que podemos estar: la zona del inconformismo y del continuo aprendizaje.

Imagen: Alexander Possingham / Unsplash

Las 5 C’s de nuestra #marcapersonal en las redes sociales, por @guillemrecolons

A menudo me preguntan por la importancia de nuestra marca personal en las redes sociales. Yo creo que la cuestión se debería formular al revés: ¿Cuál es la relevancia de las redes sociales en la gestión de nuestra marca personal?

Las redes sociales representan una excelente plataforma de comunicación omnicanal para la proyección pública de nuestra marca personal

Nunca he buscado un “empaquetado” de letras, acrónimos y cosas por el estilo, pero la casualidad ha querido que los pasos para gestionar nuestra marca en las redes sigan la regla de las 5 C’s.

Las 5 C’s de la gestión de nuestra marca personal en las redes sociales

1 Conocer

Las Redes Sociales nos permite saber qué es lo que interesa en nuestro sector de especialidad. Por ejemplo, los grupos de Linkedin o las colmenas de beBee. También Twitter a través de los hashtags es una excelente plataforma. Nos permiten seguir a las personas o empresas de referencia, a través de herramientas como Feedly, por ejemplo. Y nos permiten guardar y clasificar esa información a través de herramientas como Pocket o Evernote.

Relacionado: Cómo podemos conocer los contenidos que nos interesan

2 Compartir

Podemos compartir contenido propio, con una máxima: mejor poco y bueno. Y podemos compartir contenido ajeno de valor que nos ha llegado a través de la etapa “conocer”. Para ello, herramientas como Buffer o Hootsuite son excelentes para planificar contenidos a una o dos semanas vista.

3 Conversar

Se refiere al famoso engagement, a interacturar con las personas que hemos definido como clave en nuestro modelo de negocio: recomendaciones, comentarios, debates. Y por otro lado se trata de contestar a quien interactue con nosotros, aunque no sea persona clave, por pura cortesía. Agradecer no mata, y si lo hacemos en la vida real, ¿por qué no hacerlo también en las redes sociales?

4 Conectar

Las tres C’s anteriores, bien gestionadas, nos empezarán a posicionar como especialistas en nuestra área, y ese (y no antes) es el momento de solicitar contactos a las personas que en aquel momento sean potenciales clientes, o reclutadores, responsables RR.HH de empresas… Siempre con mucha educación, con mensajes personalizados y sin avasallar. Se busca calidad, no cantidad. Mejor 100 contactos de valor que 1.000 de bulto.

5 Controlar

Finalmente, necesitamos ir midiendo cuáles de las acciones que llevamos a cabo son más eficaces y valiosas para los demás, y focalizar al máximo en ellas. Para ello existen múltiples herramientas: Google Analytics si tienes web o blog. El Social Selling Index de Linkedin, excelente herramienta de control de nuestra marca personal en esa red. En Twitter puedes utilizar Twitonomy. Y en Facebook o Instagram (ambas de Zuckerberg) puedes utilizar su propia estadística de medición.

Parece sencillo. Y lo es. Sólo requiere aprender a planificarlo. Y hacerlo. Y hacerlo. Y hacerlo.

Imagen: Matt Duncan / Unsplash

¿Esconder tu grandeza? eres un maldito farsante, por @jordicollell

¿Por qué escondes tu grandeza?

El relato personal es una herramienta poderosa en la gestión de la marca personal. Un relato poderoso, sin entrar en tecnicismos que ahora no vienen al caso, debe contemplar a la par los elementos emocionales con los tangibles. Esta reflexión viene al caso por la discusión que teníamos hace unos días mi socio Guillem y yo con una cliente a raíz de su storytelling.

Estábamos frente a un caso en el que se combinaban una vida personal intensa con grandes competencias profesionales y una nada desdeñable experiencia. El caso es que nuestra protagonista, involuntaria y que me disculpe si se siente reflejada, centraba su relato en sus vivencias personales en un tono eminentemente emocional más que en sus competencias profesionales. Tengo que decir que su proyecto se basa en un elemento tecnológico fruto de su conocimiento y de su investigación.

El síndrome de Solomon

En realidad no se trata de un caso aislado. Todos, o casi, tenemos un cierto pudor cuando se trata de proclamar nuestras capacidades técnicas aunque nos las hayamos ganado a través de años de estudio y de búsqueda de nuevas soluciones ya sea en forma de procesos, productos o materiales. Es una vieja discusión sobre si el grado de experto nos lo ha de conceder nuestro público o podemos otorgar nosotros si tenemos los elementos objetivos suficientes para hacerlo. Alguna vez hemos hablado de esto, se conoce como el síndrome de Solomon. Yo no se si una licenciatura, dos décadas de experiencia y varios premios son suficientemente objetivos para que su titular se auto-titule experto en su campo, aunque mi sentido común me dice que sí.

Confían en nosotros

Del informe Edelman, del que hablamos tan a menudo, concluimos que los elementos más creíbles en la sociedad a nivel global son los “expertos técnicos”, “las personas como tú y yo” y “los empleados”. Es una pena, un desperdicio, no poder ofertar credibilidad a dos bandas como experto técnico y como persona corriente, y limitarse a esta última por un tema de pudor personal.

Devaluando nuestra marca personal

Si la autenticidad es el pilar fundamental para la gestión de la marca personal no seremos más auténticos, y quizás si menos si nos auto-mutilamos y no transmitimos las bases sobre las que se sustentan nuestras competencias. Una propuesta de valor que no esté soportada por competencias demostrables y por conocimientos específicos se puede quedar muy fácilmente en una simple propuesta. Si nos unimos al grupo y escondemos aquello que sabemos que tenemos pero que no queremos explicar porque pensamos que no nos corresponde, estamos devaluando nuestra marca personal.

Relato teñido en positivo, ¿por qué no?

De aquí la importancia de un relato bien construido que sea capaz de conjugar todos los elementos que influyen en el desarrollo de la propuesta de valor sin caer en el autobombo. Una cosa es ser engreído y otra ser lo suficientemente humilde para contar la verdad, pero toda la verdad, sobre uno mismo aunque esta verdad este teñida de colores positivos. Contar desgracias y como hemos superado fracasos es mucho más sencillo y menos comprometido que relatar los éxitos a todos os niveles

De nada sirve esconder tu grandeza. Y es aquí donde los profesionales tenemos un papel importante: revaluar los relatos introduciendo todos los elementos necesarios de manera que sean comprensibles y lleguen a la audiencia del cliente sin matizaciones ni supuestos negativos. Para la gestión de tu relato profesional cuenta con nosotros.

Imagen cabecera: Miguel Salgado / Unsplash

¿Luchas contra los ladrones digitales del tiempo?, por @guillemrecolons

Reduciendo la marcha

El fenómeno del downshitfing (reducir la marcha, vivir con menos) arrecia de nuevo con la superconectividad creciente de los entornos digitales. Algo así como los ladrones digitales del tiempo. Si ya era importante en sus orígenes el llevar un equilibrio entre lo laboral y lo privado, entre lo material y espiritual, ahora se alzan voces que claman incluso recuperar los viejos terminales móviles sin conexión a Internet para tener un mayor control de la gestión de nuestro tiempo y, sobre todo, de nuestras prioridades.

¿Somos dueños de nuestra vida?

La cuestión es si somos dueños de nuestra vida o si las interrupciones permanentes en forma de alertas, avisos… se adueñan de nuestro tiempo. Muchos hemos caído en el fenómeno de la sobre-saturación de información, que no procede únicamente de las redes sociales clásicas como Twitter, Facebook, Linkedin o Instagram, también de plataformas digitales como Whatsapp, de nuestro correo electrónico y de las “nuevas funcionalidades” que nos avisan siempre que alguien a quien seguimos emite un vídeo en directo (Periscope, Facebook vídeo, Instagram, incluso Whatsapp…).

Posibles rutinas para resolver el problema

La solución a este fenómeno pasa por cuatro rutinas recomendables para reducir la marcha:

  1. Determinar qué fuentes de información y -por tanto, de interrrupción- son prioritarias para nosotros. Por ejemplo, podemos clasificar entre las siguientes:
    • Llamada telefónica de alguien de nuestra lista
    • Llamada telefónica que no identificamos, y que puede ser spam, pero también alguien que nos trae buenas noticias
    • Medios tradicionales (TV, prensa, radio…)
    • Correo postal
    • Correo electrónico. En este sentido, plataformas como GMail que distinguen entre correo normal, social o promociones, son de gran ayuda.
    • Mensajería instantánea: Desde las app como Whatsapp, Telegram o Line hasta los mensajes directos de Messenger (Facebook), Twitter, Instagram…
    • Redes sociales: Menciones directas, etiquetados en fotografías o vídeos…
    • Smartphone: Notificaciones procedentes de apps, de redes sociales, correo electrónico, Whatsapp
    • Medios de comunicación digitales (webs, blogs, portales…)
  2. Colocar nuestra agenda por encima de cualquier fuente de información, dejando que ésta se interrumpa únicamente por aquellas que hemos situado como prioritarias. En otras palabras, dejar un tiempo para cada cosa. Si las redes sociales no son importantes para nosotros lo adecuado sería destinarles un tiempo no pre-asignado a otras tareas. Por ejemplo, tiempos muertos (esperas…) o un momento antes de cenar… Nadie se va a preocupar porque tardemos unas horas en contestar.
  3. Eliminar las notificaciones en el smartphone. Es una solución que muchos psicólogos están recomendando. Significa que cuando quieras ver algo o a alguien, lo harás siguiendo tu voluntad y tus prioridades de tiempo. En Whatsapp y aplicaciones similares, por ejemplo, se pueden “silenciar” grupos (lo más temible) para no estar constantemente mirando el terminal. En las apps de redes sociales sólo hay que eliminar las notificaciones. Así de sencillo.
  4. Desconectar bluetooth y wifi cuando necesitemos concentrarnos en nuestro trabajo o, simplemente, en leer un libro.

¿Más radical?

Quizás no sea necesario recurrir a extremos como recuperar un terminal sin acceso a Internet si seguimos pautas de sentido común y si somos conscientes de que los medios digitales son grandes fuentes de información y conectividad, pero también ladrones digitales del tiempo. El downshitfing digital se va a ir introduciendo en nuestra cultura. Por nuestra salud.

Foto: Unsplash Lionello DelPiccolo

Plan de comunicación personal: ¿Por dónde empiezo?, por @guillemrecolons

El plan de comunicación personal o plan de visibilidad es la última de las etapas del Iceberg de la Marca Personal, la que conseguirá sacarnos del anonimato o potenciar la impresión y difusión de nuestra marca. Podríamos decir que estamos ante la construcción del tejado de la casa, lo que significa que antes habremos consolidado los cimientos (autoconocimiento) y trabajado en la estructura central (estrategia personal). Si no es así, no sigas leyendo, ya que lanzarte a comunicar sin saber qué decir ir como un pollo sin cabeza¹.

 

Plan de comunicación personal, esquema general

el plan de comunicacion personal / guillem recolons / soymimarca

Infographics by Guillem Recolons / Shutterstock

Arrancando el plan de comunicación personal: Objetivo

Date cuenta que he escrito “objetivo” y no “objetivos”. En personal branding el objetivo es uno: conseguir ser reconocido como… Por el momento no necesitamos recurrir a los objetivos SMART, propios del área de comunicación online.

De manera que a modo de ejercicio, te propongo que rellenes las líneas de puntos:

Convertirme en un referente en …………………………………………………….. en la zona ………………………. y con la especialidad ……………………………. y basando mi propuesta de valor en ……………………………………………………………………

Definiendo al público objetivo (target)

¿Recuerdas cuando trabajábamos el modelo de negocio? Ahí, en la columna derecha, definíamos a nuestros clientes. Es lo que Osterwalder, creador del Business Model Canvas, llama “segmentos de clientes”. En otras palabras, a quién ayudas con tu propuesta de valor.

Aquí se trata de definir a quién nos dirigimos, qué segmentos son prioritarios. Se trata de detallar a los que ya son clientes y a los que nos gustaría que lo fueran (potenciales). A modo de ejercicio, escribe 10 empresas que te gustaría que fueran tus clientes. Eso te ayudará a crear un plan para llegar a cada uno de ellos.

En clientes potenciales, es clave que una vez identificados, los prospectemos. Para ello podemos utilizar directorios en papel, revistas sectoriales, directorios online, Linkedin, Twitter…

Prescriptores, socios clave, influencers…

¿Recuerdas cuando trabajábamos el modelo de negocio? Ahí, en la columna izquierda, ahí definíamos a nuestros socios clave, las personas que nos pueden ayudar a llegar a nuestros clientes, nos conocen. Pueden dar fe de que somos buenos en lo nuestro, pueden recomendarnos, abrir puertas. Todos sabemos que es más fácil llegar a un nuevo cliente a través de alguien que a “puerta fría”.

Vale la pena destacar que el mejor prescriptor es un cliente satisfecho, así que yo empezaría por aquí, sin duda. La pregunta es muy sencilla:

En base a la experiencia que tuvimos trabajando juntos, ¿conoces a alguna empresa en la que creas que puedo aportar valor?

Mensaje y contenidos, por eso te recordarán

Este capítulo ya debería estar preparado si has trabajado en la estrategia personal, la segunda fase de trabajo del Iceberg. El mensaje viene determinado por la propuesta de valor y por la definición del territorio de marca.

Propuesta de Valor

Para encontrar tu propuesta de valor te puedes hacer estás preguntas:

¿Cómo añado valor a mis clientes / accionistas / jefes / pacientes….?
¿Qué problema soluciono?
¿Qué necesidad puedo satisfacer?
¿Qué salen ganando si me contratan?
¿Qué ofrezco yo adicional, diferente?

¿Un ejemplo? “Puedo organizar un evento que aumentará el tráfico de clientes y tus ventas”

Territorio de marca

Por su lado, el territorio de marca personal es un espacio competitivo donde conceptualmente nuestra marca personal tiene una serie de oportunidades. Definimos qué lugar queremos ocupar en el mercado, cómo queremos competir, y con qué queremos que se nos asocie. Por ejemplo, ¿qué espacio ocupa para tí BMW? ¿Tecnología, diseño o experiencia? Y ahora pregúntate ¿Qué espacio ocupo yo?

Para definir el territorio de marca te aconsejo la lectura de este post de Iván Díaz (Branzai), en el que también se apoya en los 12 arquetipos de Jung para definir un territorio de marca personal.

Construcción del mensaje

Llegados aquí, podemos crear una estructura básica. Luego el trabajo es adaptarla a distintos medios. Una fórmula puede ser

Mensaje = Nombre + Cargo + Empresa + Propuesta de Valor + Territorio de Marca

Hola, me llamo ………………………….. soy ……………………… en la empresa …………………………….puedo conseguir que su negocio / marca alcance ……………………………………………………………….. y baso mi método de trabajo en …………………………………..

Contenidos

Ahora se trata de crear un listado de los 5 temas principales de los que tenemos autoridad. Por ejemplo, si eres interiorista puedes hablar de análisis previos, de espacios, de iluminación, de muebles, de experiencia, de colores…

Y lo más importante, se trata de crear un calendario y planificar esos contenidos en el tiempo y en los medios. Hablaremos de contenidos con más detalle en un monográfico. El tema lo merece. Recordemos que cada vez más nos recordarán por lo que creamos y compartimos.

Medios

De nuevo ¿Recuerdas cuando trabajábamos el modelo de negocio? Sí, cuando definíamos los canales nos referíamos a eso, a los medios. Los que ya utilizamos (si tienen éxito) y lo que no pero deberíamos. Por regla general aquí todo el mundo piensa en internet y las redes sociales, pero hay vida fuera de internet, y recordemos que muchos tratos se cierran con un apretón de manos real.

No se puede recomendar los mismos medios para todo el mundo. A un cantante de rock, por ejemplo, Linkedin puede no aportarle gran cosa a priori. Por eso, para saber qué medios elegir dependes de tres factores:

  1. Qué medios llegan a tus clientes (afinidad). Es el punto clave. Si decides basar toda tu acción de comunicación en Instagram y tus clientes son abogados senior, fracasarás con seguridad.
  2. Presupuesto disponible. Quítate de la cabeza que los medios como blogs y redes sociales son gratuitos. Escribir este post me ha llevado tres horas, y time is money. Si dispones de presupuesto puedes utilizar medios clásicos offline (escribir un libro, aparecer en anuncios de radio, prensa, TV, exterior…), agencias de RRPP para aparecer en medios (formato redaccional). O medios online: banners, redes sociales, web, blog, campañas social media…
  3. Dominio del medio. Sería absurdo tratar de gestionar un blog sin competencias para ello. Así que o descartas, o delegas o te formas. Y lo mismo con redes sociales: No se te ocurra entrar en Twitter sin haber leído algún libro, que los hay. Y vigila si quieres hacer vídeos “busto parlante” o a hablar en público sin haber pasado por un especialista como Alicia Ro, Terry Mclean, Carles Lombarte o Elena Tecchiati.

Como este aspecto da para mucho lo abarcaremos en dos monográficos, uno sobre medios offline y otro sobre medios online.

Un punto importante en comunicación online es definir objetivos S.M.A.R.T., recuerda, Specific (Específico), Measurable (Medible), Achievable (Alcanzable), Result-oriented (Orientado a resultados) y Time-limited (Fecha límite de ejecución).

 

Espero haberte animado a crear tu propio plan. Es un artículo muy breve, pero tienes lo básico para empezar. Para adentrarte en el tema puedes leer el libro de Andrés Pérez Ortega Te van a oir o el de Neus Arqués Tu plan de visibilidad +40.  Y por supuesto, si necesitas mentor, cuenta con nosotros.

¹Expresión by Eva Collado

²Imagen: Pixabay

 

10 competencias para tener un equipo profesional de lujo, por @jordicollell

Cuando tratamos de la gestión marca personal de los empleados nos centramos de entrada en su gran importancia para amplificar el eco de la marca corporativa. Hablamos de sinergias comunicativas y de un mayor compromiso por ambas partes para avanzar cogidos de la mano compartiendo visión, sentido y contenidos.

Apoyar de manera activa que los empleados gestionen su marca personal, apostar por el branding de los empleados, el employee branding (o employee advocacy), tiene  también un gran impacto en el terreno de las competencias individuales. La toma de consciencia de que dejamos huella y de que estamos frente a un nuevo paradigma que rige las relaciones de colaboración con las empresas, las clásicas relaciones laborales, abre la puerta a una nueva manera de actuar autónoma y centrada en cerrar  proyectos  para poder iniciar otros nuevos y así ir repitiendo el círculo virtuoso de la continuidad en el desarrollo de las tareas profesionales. Es la forma de tener un equipo profesional de lujo.

Las competencias que desarrolla progresivamente la gestión de la marca personal son entre otras las siguientes:

1 Gestión de la incertidumbre.

Los que tenemos experiencia en consultoría de marca personal enseñamos a trabajar cada proyecto como un modelo de negocio y esto permite gestionar de manera directa y fácil algunas variables que en los modelos clásicos se hacia después de largos y costosos planes de negocio cifrados. El paradigma de la certeza ha pasado a la historia y el manejo controlado de la incertidumbre permite una mayor agilidad y puesta a disposición de los clientes, internos y externos de las propuestas de valor.

2 Orientación a los clientes

El eje motor de la marca personal es la propuesta de valor, sin ella el mensaje pierde el sentido y el elemento diferencial. Quien está acostumbrado a trabajar y explicitar sus propuestas de valor se dirige a los clientes con esta misma óptica y con la voluntad de solucionar problemas y dar servicio.

3 Orientación a resultados

El objetivo de la gestión de la marca personal es ser elegido y quien gestiona su marca lo tiene muy claro desde el primer momento si va acompañado por profesionales con experiencia. Por lo tanto la orientación a conseguir los objetivos corporativos no es más que una prolongación de los objetivos de la propia marca del colaborador.

Capacidad de liderazgo

Un líder es una persona que tiene los objetivos claros, sabe a dónde va y contribuye a que otras personas hagan cosas que de manera espontánea no harían. El proceso de gestión de la marca personal, el personal branding, ofrece esta visión clara a medio y largo plazo que cuando se une a la estrategia corporativa orienta de manera natural hacia el liderazgo.

5 Capacidad de resiliencia

No siempre se acierta, no siempre salen las cosas como se han pensado. Tener claro lo que se quiere conseguir, tener un modelo de negocio definido permite también reorientar las acciones hasta conseguir los resultados esperados siempre con el mínimo coste.

6 Trabajo en equipo

Una marca personal que no gestiona adecuadamente las alianzas no es tal marca. Quien tiene una marca potente está mentalizado a trabajar en equipo y a buscar las alianzas necesarias para obtener el apoyo adicional de prescriptores internos y externos.

7 Polivalencia

La capacidad de desarrollar distintas funciones depende en gran manera de la actitud de las personas y de su visión de la compañía. Al favorecer la integración de los objetivos personales con los corporativos esta visón se enriquece y permite tener la motivación suficiente para poder desarrollar diversos roles profesionales.

8 Humildad y constancia

Son dos de los pilares del personal branding, quien desarrolla su marca tiene claras sus metas por las que lucha sin y que debe ser un ejemplo para los demás.

9 Formación permanente

Una marca personal profesional bien gestionada se ocupa e estar permanentemente al día para mantener y aumentar su valor. La principal beneficiaria de esta motivación personal es la propia compañía.

10 Aportación constante de valor

Estar mentalizado en la creación de valor hemos visto que orienta de manera natural hacia los clientes pero también hacia la mejora de los procesos de la compañía y hacia el crecimiento del negocio.

¿Apostarías por tener colaboradores con estas competencias? ¿Puedes permitirte la frivolidad de no hacerlo? ¿Renunciarías a tener un equipo profesional de lujo?

Llámanos y te ayudaremos.

Imagen: Pixabay

Contenido relacionado:

 

 

Solomon, conformidad social y marca personal, por @guillemrecolons

El experimento de Solomon Asch sobre la conformidad social

El psicólogo polaco nacionalizado estadounidense Solomon Asch decidió hacer un experimento particular sobre el conformismo. Corría el año 1951, y eligió una escuela como campo de pruebas. Se trataba de analizar el comportamiento humano dentro de un entorno social concreto.

Lo que hizo fue reunir a ocho alumnos, siete de los cuales pre-avisados por el terapeuta y un octavo que era el verdadero objeto del experimento. El psicólogo les mostraba una tarjeta como prueba visual, y supuestamente siete de ellos debían dar una respuesta equivocada para así comprobar cómo actuaba el octavo. Un porcentaje muy elevado respondió erróneamente, aún sabiendo que se equivocaban, por temor a ser el elemento discordante de la mayoría o al ridículo.

La sorpresa

Solomon Asch quedó, como es obvio, sorprendido por los resultados del experimento. Sus creencias sobre la libertad de las personas para tomar decisiones se vinieron abajo.

Actuamos condicionados por la sociedad, en mayor medida de lo que imaginamos

El ya conocido como “Síndrome de Solomon” saca a relucir nuestra baja autoestima y la importancia casi enfermiza que damos a lo que opinen los demás de nosotros.

Miedo a brillar

Hace unos meses traté de este mismo tema en este blog y precisamente referido al síndrome de Solomon. Cierto, en nuestra sociedad los éxitos ajenos no siempre son alabados sino todo lo contrario, y por esta razón muchos ocultan sus cualidades y capacidades. Prefieren mantenerse en el discreto anonimato antes que enfrentarse al criterio de la mayoría.

¿Debemos conformarnos con la conformidad?

No respondas. Lo sé. No. La conformidad social es la antítesis de progreso. Entonces, ¿de dónde sale tu miedo a destacar, a brillar, a ser fiel a tus valores y creencias? En gestión de marca personal damos mucho valor a lo que piensan los demás de uno. Pero no hay que llevar al extremo la opinión de la mayoría, ya que eso no significa otra cosa que dejar la nave de uno a la deriva, sin rumbo y al acecho de las rocas.

Marca personal y síndrome de Solomon

Para combatir el síndrome de Solomon de la conformidad social propongo algo muy sencillo: que seas tú quien hagas brillar a los demás con tu propuesta de valor, con tu trabajo (acciones, no palabras). Así tu marca acabará reflejando el brillo que ha creado.

Imagen: David Marcu