¿Hablas mal de tu empresa? ¿Eres un activo tóxico?

 

Hace algunos años encontrar a una persona hablando mal de su empresa, de sus jefes o de algunas decisiones tomadas por la dirección de la compañía era muy habitual. Últimamente la crisis ha frenado la crítica más despiadada, ya que cuando una empresa necesita prescindir de alguien de buen seguro que mete en el saco a sus “activos tóxicos”, aunque se trate de buenos profesionales.

Toxic-Text-Sign-Skull-852045-300x300Hoy, con la democratización de la comunicación, que nos permite comunicarnos a grandes audiencias a tiempo real, el insatisfecho con su empresa debería ir con más cuidado que nunca, ya que las herramientas de monitorización de las que disponen empresas y community managers pueden identificar muy rápidamente al intoxicador.

Para mi, la cuestión va un poco más allá: ¿Puede considerarse buen profesional a aquella persona que habla mal de su empresa?. Os invito a contestar, pero yo diría que no. Por varias razones.

  • A un buen profesional se le supone la suficiente discreción como para no airear los trapos sucios fuera del ámbito de la empresa. Hablando se entiende la gente, y si ese entendimiento no se produce, si no hay alineación, se puede buscar una salida negociada que vaya bien a ambas partes.
  • Un buen profesional puede afrontar una crisis o un nuevo reto preguntando por ahí,  recogiendo información, validando hipótesis, pero sin cuestionar la hoja de ruta de la compañía para la cual trabaja.

Hace pocas semanas, una amiga recibió en su correo de Linkedin una petición de una persona para mover un currículo, y en el mensaje la persona dejaba a su empresa actual por los suelos. ¿Qué nivel de confianza puede dar esta persona para que la recomendemos? ¿Realmente alguien está tan loco como para pensar que nos vamos a jugar la reputación recomendando a un activo tóxico?

El pasado lunes hablaba de embajadores de marca, y en esa línea quiero recordar que los profesionales que trabajan en una empresa son embajadores de su marca.

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