Los menores y su biografía digital, por @paulafdezochoa

En la explosión digital en la que nos encontramos, con una redefinición de las relaciones y un crecimiento exponencial de las interacciones sociales, quizá no somos del todo conscientes de que la biografía digital de los menores ya se está dibujando con la infinidad de vídeos, fotos y comentarios que compartimos en la red.

En efecto, Instagram y Facebook, por ejemplo, están repletas de imágenes de menores desnudos en la playa, haciendo la comunión, disfrazados de toreros o princesas y de comentarios sobre la hora de salida del colegio o sus juguetes preferidos. Incluso ya antes de nacer se está exponiendo su vida en la red con fotos de la ecografía o con la compra de un dominio con su nombre[1].

No cuestiono la buena fe de este hecho, al contrario, pues entiendo como algo natural querer compartir orgullosos las proezas de nuestros menores. Y también entiendo la motivación del propio menor de subir en la red cierto contenido por cuestiones de notoriedad o popularidad en su entorno o por reafirmación de su identidad. Pero, ¿sin límites? No. Es alarmante cómo se puede dañar con esto su imagen o reputación personal. Considero imprescindible reflexionar sobre:

1. Por un lado, las cuestiones legales implícitas. ¿Dónde queda su privacidad y qué riesgos puede acarrear su pérdida? ¿Dónde puede llegar esa información por su mal uso? ¿Adoptan los padres y tutores legales las correspondientes medidas de protección? Ya hablamos de ciberbullying, grooming o sexting. También de nomofobia o dependencia del móvil. Y nos encontramos con cada vez más reclamaciones de retirada de los contenidos, con seguros que cubren la protección digital, con servicios de seguimiento y borrado de la huella digital, y seguro que veremos numerosos enfrentamientos judiciales entre padres e hijos por el tratamiento que aquéllos han hecho de sus datos personales en internet. Por tanto, resulta esencial conocer la normativa aplicable y las pautas a seguir para el buen uso de la tecnología.

2. Y, por otro lado, la identidad digital del menor que se está trazando, cual amalgama, con las imágenes, comportamientos, gustos, aficiones, entorno y, en definitiva, con los datos personales[2] que se están subiendo a la red. Es probable que cuando crezcan no se sientan cómodos con lo que haya sido expuesto de ellos o que no sea coherente con su marca personal. ¿Fotos de un menor cazando con su padre cuando de adulto quiere trabajar por la defensa de los animales? ¿Cómo podrán retomar las riendas de su identidad digital con toda una biografía ya compartida? Con ello les estamos privando de la posibilidad de que sean ellos mismos quienes decidan y gestionen a conciencia el rastro que quieren tener en internet y que influirá en su reputación online.

Entonces, ¿Tenemos que dejar de compartir este contenido sensible pero a la vez emotivo en un mundo cada vez más interconectado y con límites difusos entre personal y la parcela de privacidad?

¿Basta con apelar al sentido común o uso responsable de las redes sociales? ¿Surgirán más aplicaciones tipo Snapchat, que se diferencia gracias a la caducidad con el borrado automático de los mensajes o Whisper, “una ingeniosa app que navega por las peligrosas aguas de la publicación anónima vinculada a la geolocalización”?[3]

No hay respuesta fácil en un escenario tan digital y frenéticamente cambiante como el actual, con las nuevas formas de socialización. Pero qué duda cabe de que tenemos muchos retos educativos y formativos en el buen uso de la tecnología y que tenemos que aprender a vivir en un mundo 360 grados adoptando las medidas adecuadas. Tomemos conciencia de que, cual semilla, esa biografía digital de los menores formará parte de la cosecha de la marca personal del adulto.

[1] Post del blogger colombiano @stivengordillor, sobre la privacidad y las bases de datos a partir de la anécdota de una llamada comercial en su casa preguntando por su hija aún no nacida: “Tú hijo(a) aún no ha nacido, y ya tiene una vida en las bases de datos”).

[2] “Datos de carácter personal”: cualquier información numérica, alfabética, grafica, fotográfica, acústica o de cualquier otro tipo concerniente a personas físicas identificadas o identificables” (LOPD)

[3] Post de @FrancCarreras “Whisper: cuando la anonimidad y la proximidad se juntan

Paula Fernández-Ochoa
Paula Fernández-Ochoa- Socia de +MoreThanLaw. Impulsora de @VivircoRiendo. Consultora de Marketing Jurídico y Marca Personal. Miembro del Comité de Dirección de Legálitas LAB e Inkietos. Docente en ISDE, Universitat Internacional de Catalunya y Facultat de Comunicació Blanquerna. Personal Planner de Zenks! Ha sido abogada en MAZARS, MALUQUER ADVOCATS y GARRIGUES, gerente de Despacho del Grupo LEGÁLITAS y Responsable de Desarrollo de Negocio en ROCA JUNYENT. Licenciada en Derecho y Diplomada en Estudios Empresariales en ICADE, Postgrado en Administración y Dirección de Empresas en Pompeu Fabra, PDD en IESE y Programa de Dirección de Marketing y Ventas Digital (inDIGITAL) en ESADE.
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