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Deja de Autoconocerte, empieza a Auto-Reconocerte, por @fransegarrab

“Sócrates no sabía, pobrecito, neurociencia y, al acuñar aquello del frontispicio de Delfos de “Conócete a ti mismo” y asumirlo como uno de los ejes de la sabiduría, no tuvo en cuenta que el “tú mismo” no existe. Tú eres un proceso cambiante, no te puedes conocer. Hoy no somos lo que fuimos ayer.” Dr. Francisco Mora, @morateruel

 

El otro día conocí, gracias a un muy buen profesor que tuve en la universidad, este artículo del Dr. Francisco Mora, que me hizo reflexionar sobre el concepto “Autoconocerse”.

Hoy por hoy, todos los que estamos interesados en la gestión de la marca personal, consideramos que uno de los pilares fundamentales para su gestión es el autoconocimiento.

Quizás por deformación profesional (o quizás por sentido común) pienso que es imprescindible que cualquier persona que desee empezar a gestionar su marca personal debería fundamentar su estrategia en un buen análisis psicológico y a un bien elaborado ejercicio de introspección.

Solo sabiendo quienes somos, partiendo de nuestras bases psicológicas, podremos empezar a elaborar nuestra estrategia de marca personal, dotándola de coherencia y homogeneidad hacia nuestras acciones futuras.

Todos estamos de acuerdo en que una introspección es necesaria. Pero creo que es justo y necesario marcar los límites en cuanto a dimensión y profundidad de esta tarea, para que resulte productiva.

Autoconocerse ¿Es posible?

Autoconocerse: Una bella palabra para libros de autoayuda. Un proceso carente de operatividad y quizás, también de sentido.

Decía Heráclito En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos]” refiriéndose precisamente a que nuestra naturaleza y la de nuestro contexto es cambiante y que aquello que percibimos solamente es una representación a “nuestra medida” de lo que en realidad existe.

Si “el río” (nuestro contexto, mercado, sector profesional, etc…) siempre cambia  y nosotros también, pretender autoconocerse implica, o bien negar los estímulos nuevos, que constantemente recibimos de nuestro mundo, o bien aceptar, que cada nueva experiencia nos haría replantear absolutamente todo lo que nosotros creíamos que éramos, volviendo a empezar de nuevo una y otra vez.

¿Entonces, si no puedo autoconocerme, por qué debería dedicarle tiempo?

Según mi criterio, el concepto “autoconocerse” lleva implícito un significado de “totalidad”. Significa saber exactamente quién eres. A mí me gustaría plantear el concepto de otra manera y llamarle auto-REconocerse, que se adapta más a aquello que sí podemos (y debemos) analizar: nuestros esquemas mentales, los valores en los que nos basamos y aquellos patrones de comportamiento que vamos reconocer en nosotros mismos.

Entonces… ¿el análisis interior no será todo lo profundo que podría ser?

No. Pero no importa. Porque hacerlo no es operativo. Aunque nos pudiéramos conocer a nosotros mismos absolutamente, ¿qué sentido tendría? ¿Qué beneficios reales aportaría semejante inversión de tiempo? Demasiado pocos, en comparación a invertirlo en reconocer y flexibilizar nuestros patrones y esquemas mentales y en base a éstos, elaborar una estrategia lo más minuciosa posible que nos lleve cumplir nuestros objetivos.

Creo que aquí es donde debemos rompernos los sesos: objetivos reales, crear acciones concretas, dar operatividad a nuestros recursos, medir el impacto de lo sucedido y volver a actuar.

Auto-REconocerse para traducir el análisis a la acción.