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¿En quién confiamos?

 

Hablar de confianza en los tiempos que corren es mentar al mismísimo diablo. Es un concepto que cotiza a la baja ya sea porque los escenarios todavía no son muy halagüeños o porque determinados comportamientos públicos o privados han defraudado las expectativas o simplemente porque hay personas de naturaleza desconfiada, que las hay.

La confianza es la expresión de la seguridad depositada en los actos de otras personas. Confiamos en alguien cuando estamos convencidos de sus actos se harán de acuerdo a unas expectativas depositadas o de acuerdo con unas reglas generales de comportamiento. Hay otras definiciones de confianza que no vienen al caso porque no están relacionadas con el comportamiento de las personas.

La confianza está relacionada con el futuro mientras que la reputación se refiere al pasado. Hay una empresa de relaciones públicas americana que publica cada año un estudio al que llama Barómetro de Confianza en el que se trabaja una muestra de 33.000 personas pertenecientes a 26 países. En el informe de este año hay algunas conclusiones que tienen una cierta relevancia para la marca personal.

Una parte del informe está destinado al mundo empresarial y de los negocios,  y detalla quienes son los actores en los que más se confía distinguiendo cinco grandes grupos de personas: CEO, empleados, consumidores activos, académicos y medios de comunicación y cinco aspectos de la vida empresarial: compromiso, integridad, productos y servicios, propósito y operaciones. Los empleados ganan de calle en todos los conceptos con un 36% del total de confiabilidad seguidos por los CEO con un 27% y el resto se distribuye en consumidores 25%, académicos 21% y medios de comunicación 16%. Los empleados son el referente de confianza de las empresas por delante de sus dirigentes y es un resultado que se repite año tras año y que va en aumento.

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No es difícil concluir que cuanto más y mejor se deje oír la voz de los empleados tanto más se ampliará la confianza en las empresas o en otras palabras cuanto más potente sea la marca personal de los empleados tanto mayor será la confianza en la marca corporativa.

Cuando desde el personal branding decimos que los empleados son los auténticos y genuinos embajadores de las empresas sabemos que estamos en lo cierto y esto convierte nuestro trabajo en una profesión de futuro.

Quiero políticos con marca que me representen, ¿tú no?

 

Preguntaba hace un par de semanas si realmente importamos a los políticos, intentando reflexionar sobre las causas del escrache que desgraciadamente es un tema que sigue muy vivo. Lo de desgraciadamente va dirigido a todas las partes, tanto a los que hacen escrache, que son víctimas de una situación que no buscaron y que se niegan a aceptar desde la impotencia, como los que lo sufren porque, seguro, es una situación muy dura que invade los ámbitos más privados de la vida de los afectados. Hasta aquí no hay nada nuevo que comentar.

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La situación desborda  y afecta a toda la clase política porque yendo dirigidas las acciones de escrache a los miembros del Partido Popular que, no olvidemos, tiene mayoría absoluta y por tanto la capacidad plena de decidir por sus propios medios, en realidad expresa descontento por la falta de respuesta que se está dando desde todos los ámbitos a las consecuencias de la crisis.

Lucía Etxeberría exponía en el Magazine de La Vanguardia del pasado domingo una curiosa paradoja:  En muchas democracias parlamentarias, frente a lo que pasa en España, los diputados tienen contacto directo con sus electores, se reúnen con ellos, los escuchan y los miman porque saben que su reelección depende de ello y al final votan en consciencia; aquí  prima la disciplina de partido. Por otra parte la Constitución en el artículo 67 prohíbe explícitamente cualquier presión sobre el voto de un senador o diputado, lo que se llama “interdicción de mandato operativo”. La disciplina de partido limita la capacidad de decisión de cada electo, la presión para que acaten el mandato del partido puede ser enorme llegando a las sanciones económicas y aquí la paradoja si presiona a un diputado el partido no pasa nada pero si lo hace un ciudadano o varios se produce un atentado contra la Constitución.

¿Se mide con doble vara?

También es cierto que en otros pagos los electos son presionados de manera directa con lluvia de huevos, tomates y otras hortalizas incluidas y nadie se rasga las vestiduras.

Lo que parecería, tal como sigue apuntando Etxebarría,  ser cierto es que iniciativas como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca no hubieran nunca surgido de haber tenido los diputados un contacto directo y sincero con el electorado y el escrache sería un concepto afincado en ultramar.

La respuesta oficial a la situación, lejos de apuntar por la reconstrucción de los canales de comunicación potenciando la gestión de las marcas personales de los electos utilizando la potencia de las redes sociales, se ha basado en la polarización y demagogia: “tratar de violentar el voto es nazismo puro” dijo Dolores de Cospedal el sábado pasado para añadir cuatro días después “los votantes del PP siempre pagan la hipoteca”, “llegan mal a final de mes pero pagan la hipoteca, “se pueden quedar sin comer” pero pagan la hipoteca mientras que otros “con excusas vagas”, no hacen lo mismo. ¿Los electos representan sólo a sus electores o a toda la sociedad? ¿Es totalmente cierto que ningún votante del PP ha tenido que recurrir al impago de la hipoteca y a pedir una dación en pago?

Lejanía, polarización y demagogia son elementos que pueden hacer añicos el sistema democrático.

Estamos a tiempo de poner en marcha soluciones. Nuestra democracia necesita políticos con una marca personal fuerte, en contacto y al servicio de los electores y de toda la ciudadanía que sean capaces de escuchar y aportar soluciones a los problemas reales votando en consciencia sin temor a las represalias de sus partidos.  Para que sigan siendo los elegidos.

A favor de la política….(¡pues sí!)

Maquiavelo, autor de El Príncipe

 

¿Queda en nuestro país alguien dispuesto a defender las decenas y decenas de políticos que se dejan la piel en el día a día de la cosa pública? Ahora que se cumplen 500 años de El Príncipe de  Maquiavelo es saludable una revisión del arte de la política que la salve de la demonización colectiva.

Es cierto: Muchos están imputados. Y de todos lospartidos políticos. Muchos son o han sido corruptos. Muchos han aprovechado sus cargos para enriquecerse ilícitamente. Muchos, simplemente, han sido negligentes o poco profesionales en sus cometidos. Muchos han sido inoportunos, frívolos, zafios e incluso, mentirosos en sus declaraciones. O tramposos en sus decisiones. Pero…¿todas estas faltas son sólo de los y las políticos o de gran parte de la sociedad?. ¿Han sido las entidades financieras  mucho mejor que los políticos?. ¿Y algunos jueces? ¿Y el sector de la construcción, en España?. ¿Y algunos medios de comunicación? ¿Y algunas órdenes religiosas? ¿Y la Casa Real? ¿La crisis económica y de valores que vivimos sólo se explica por el mal hacer de los políticos?.

Como en todo, la política vista desde dentro tiene sombras. Pero también muchos claros. Ejerciendo de profesional en comunicación política he conocido mujeres y hombres honestamente comprometidos con elservicio público. Con valores y convicciones profundas. He visto trabajar catorce horas diarias a personas que en cargos de responsabilidad similares en el sector privado habrían ganado el triple. He acompañado alcaldesconcejales en momentos de crisis y en su día a día y he palpado su dedicación, su rectitud y su entrega. Lapolítica municipal es quizás la más guerrera. La más a pie de calle, la más de trinchera. Esto explica porquéJoan Moraalcalde de Mataró defiende sus más de 15.000 vecinos afectados por las cuentas preferentes, o porqué Marc Muralcalde de Flix es capaz de hacer una huelga de hambre con sus concejales y convecinos para evitar el ERE de Ercros, que dá trabajo a casi todo el municipio.

Defender la política y a los políticos hoy cuesta. La verdad es que ellos mismos se lo han puesto muy difícil. Pero yo la defiendo, porqué la democracia parlamentaria, hasta la fecha, es la formula de gobernarnos que se ha demostrado menos mala. Ciertamente, es hora de desmitificar ciertos anatemas de la Constitución y mover ficha en muchos aspectos: abrir listas electorales, primarias, consultas populares, establecer sistemas reales de participación, escuchar a la gente, predicar con el ejemplo, ser políticamente incorrectos (ergo: auténticos y claros) volver a los valores básicos y, sobre todo, recuperar el espíritu de pactos y reconciliación de laTransición. Si entonces fue posible, ¿porqué hoy no lo sería?. En muchos aspectos estamos en las mismas que hace treinta y cinco años: crisis institucional, crisis política, crisis económica, crisis de organización del Estado y crisis de valores. Y crisis viene del griego, “juzgar”, “decidir”. O mejor: cambio. Pues eso.

¿De verdad importamos a los políticos?

 

Un grupo de ciudadanos se concentra frente a la vivienda de un político para conseguir que intervenga en un asunto determinado cuando otras vías de comunicación se han agotado, es una imagen que los medios muestran y comentan con frecuencia en los últimos tiempos, es el escrache.

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Se trata de una fórmula de protesta que se inició en Latinoamérica, en Argentina para ser más exactos, para pedir medidas contra los represores de la dictadura que gozaban de impunidad y que se está aplicando en España para llamar la atención y exigir acciones concretas al Gobierno por parte de ciudadanos afectados por la crisis y en particular por las hipotecas.

Para los que los políticos que son objeto de escrache la situación no es fácilmente llevadera, les afecta a ellos en un entorno personal, afecta a sus familias y se sienten intimidados.

No voy a entrar a discernir sobre la aceptabilidad o no de esta práctica, para ello ya hay otros foros y en última instancia las leyes y los tribunales, pero si  quiero compartir una posible explicación al por qué hemos llegado a esta situación.

A nivel de calle y de las encuestas del CIS de este año los políticos fueron considerados como el tercer problema de los españoles por detrás del paro y de la crisis económica. Hay desconfianza, distancia y una marca personal por los suelos.

A pesar de que sin políticos que nos representen la democracia no se puede sostener, la corrupción y sus derivados han creado un estado de animadversión en su contra y nadie o casi nadie se salva de la quema.

Nuestro sistema electoral que favorece el bipartidismo propicia el distanciamiento de los políticos de su público objetivo que son sus electores, todos nosotros, y en realidad a quien rinden cuentas y pleitesía es a su partido que, a fin de cuentas, es quien les coloca en las listas o no. Los electores se convierten, quiérase o no, en meros refrendadores de una decisión una vez cada cuatro años y, como siempre salvo algunos casos puntuales, si te he visto no me acuerdo. El relato puede parecer demagógico, falaz , pero a falta de distancias más cortas y explicaciones claras es el que se queda grabado en las retinas y en los corazones. Y nuestra democracia se resiente.

Llegados a este punto, cuando los chuzos, en economía, caen de punta, cuando el paro, a pesar de las reformas va en aumento y cuando el número de personas que lo han perdido casi todo no para de crecer, aparece el escrache.

Posiblemente las cosas hayan ido muy lejos, demasiados silencios, pocas soluciones, escasas puertas abiertas a la esperanza y como guinda el estigma de la corrupción como para no tomar cartas sobre el asunto para intentar enderezar la situación.

Nuestros políticos necesitan una reconstrucción de sus marcas personales que tiene que pasar forzosamente por dos puntos: la proximidad con el electorado y la puesta en práctica de soluciones efectivas y por este orden porque las soluciones tienen que venir de las necesidades de las personas y antes de actuar hace falta haber escuchado  y preguntado mucho.

En la era de las redes sociales, que es la nuestra, el contacto entre las personas es más fácil que nunca. Todo el que quiera, hay siempre un acto de voluntad, puede escuchar, atender e interactuar con quien se proponga  y solo se necesita una buena hoja de ruta para conseguirlo, escudarse en el anonimato no es, para un político, una mala excusa si no una falta de responsabilidad profesional.

Nunca es tarde para ponerse en marcha.

 

Personal Branding, el arte de invertir en ti (35). Agentes del cambio

¿Estamos en un barco que hace aguas?

Cada día nos llegan nuevas evidencias de que las cosas no funcionan ni en nuestro país , ni en Europa. Contaba hace poco Richard Sennett que Europa no tiene arreglo porque el sistema ha quebrado y que la única solución es reinventar las instituciones.

Hessel, recientemente desaparecido, nos hablaba, a finales de 2010, de la necesidad de indignarnos frente a la intolerabilidad de muchas de las situaciones que vivimos.

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Lo cierto es que día tras día estamos perdiendo algo, desde capacidad económica individual, nos estamos empobreciendo, hasta derechos que alguien detrás nuestro lucho por conquistarlos poniendo en peligro su vida.

Y no pasa casi nada.

En casa y fuera de ella los que deberían, por profesión, sacarnos las castañas del fuego, los políticos, están cada día más desprestigiados y considerados como un problema.

Colectivamente no sabemos dónde vamos porque nadie es capaz de trazar un esbozo de camino coherente. Las medidas que nos tenían que sacar de las miserias a base de esfuerzo y recortes nos hunden cada vez más.

No os penséis que os cuento todo esto, que además es archiconocido por todos, porque estoy pasando por un bache, por un mal momento o porque tengo ganas de amargaros el inicio de la semana, no es nada de eso. En realidad, una vez he tomado consciencia de lo feas que están las cosas, lo que me importa es saber qué puedo hacer para salir del cenagal.

Lamentablemente la solución no puede venir desde fuera. ¿Y si parte de la solución se encontrara dentro de todos nosotros? A mi se me ocurren varios puntos a considerar:

  1. Creer de una vez que las cosas han cambiado y que posiblemente nada volverá a ser como antes.
  2. Si nadie me indica un camino yo tengo que encontrarlo porque si colectivamente no vamos a ninguna parte yo no puedo apearme del trayecto y quiero saber adonde voy.
  3. Para trazar mi camino tengo que saber por qué estoy aquí, qué quiero y cómo puedo conseguirlo.
  4. Si yo cambio ayudo a que el mundo cambie.
  5. Contando a los demás lo que quiero encontraré a otros que piensan como yo, porque no estoy solo y porque tengo la posibilidad de usar los medios a mi alcance para hacer oír mi voz y entre todos haremos avanzar el mundo.
  6. Para que volvamos a ser muchos remando en el mismo sentido es necesario que cada cual tenga claro cual es su misión.
  7. La suma de huellas individuales creará un surco por el que podremos volver a ver la luz.

Es el momento de reforzarnos como personas. Todos tenemos una misión que cumplir y al final cuando morimos muere con cada uno de nosotros un universo entero como tan sabiamente decía el poeta Yevtushenko.

Trabajar con seriedad y pasión nuestra marca personal, la huella que vamos dejando en nuestro entorno y en el corazón de los demás, nos dará los elementos para ir definiendo el camino y trazando las alianzas que nos permitirán entre todos hacer del mundo un lugar más habitable y con sentido.

Gestionar nuestra marca personal nos convertirá en agentes del cambio.

Marca personal para periodistas: quizás haya luz al final del túnel

 

Hace algunas semanas  hablábamos del entorno de los periodistas en el marco de los cambios que se están experimentando. Recuerdo que en algún momento del artículo se comentaba acerca de la “amenaza” que suponen los blogueros como nuevos creadores de contenidos. ¿Amenaza? ¿O nueva realidad?

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En psicología se habla a menudo del estado de negación, un estado que paraliza el reconocimiento de un hecho cuando este se produce o se ha producido. Tengo la sensación de que, a pesar de estar ya en el año 8 de la era 2.0, muchos periodistas aún ven a los blogueros como una amenaza y no como una oportunidad.

Si a eso le sumamos el hecho de que los medios están como están, ajustando sus plantillas a causa del descenso vertiginoso de la inversión publicitaria, nos encontramos frente a una profesión con evidente riesgo de extinción. Pero no nos engañemos, quizás la publicidad convencional descienda, pero el marketing de atracción ha entrado con fuerza para dominar la escena. Cada vez los anunciantes buscan nuevas formas de anunciarse distintas a la página de prensa, la cuña de radio o el espot de televisión. Surge el street marketing, las promociones online, nuevas formas para nuevos públicos, más esquivos y exigentes.

Para un periodista, gestionar con éxito su marca personal no es meterse en Twitter. Es entender que “la conversación” se ha desplazado. Es conocerse mejor, entender cuáles son aquellas competencias que no ven de si mismos pero que tienen y que pueden ayudar a marcarles un posicionamiento diferencial. Es trabajar a fondo una estrategia personal, definiendo un sueño, una visión a la que aferrarse, un norte. Y, por supuesto, es saber comunicar de una manera diferente, más emocional, más personal, con marca propia.  Y ojo, todo eso no se improvisa.

¿Eres periodista? No todo está perdido. Quizás veamos luz al final del túnel. Si estás por Barcelona te invitamos a una charla sobre Marca Personal para periodistas que daremos el próximo miércoles 13 de marzo a las 19:00h. Rellena este formulario y te guardaremos una plaza. Solo serán 40 minutos, y luego nos tomamos un vino. 

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Contraataca: Autocontrátate

¿Estás al límite de lo tolerable con tu empresa actual? ¿Estás hasta las narices de ir de lado a lado con tu currículum? ¿Cuántas veces te han rechazado por falta de experiencia? ¿Estás cansado de tu jefe? ¿El grado universitario y un máster no te abre puertas?

¿Y si el autoempleo fuera la solución a la crisis?

No lo dudes. Lo es. Autocontrátate. No me cansaré de admirar esta portada de la revista Time de diciembre 2006, en que tras muchos años de “Person of the year” decidieron que ese año no lo ganaría ningún famoso, lo ganarías TU.

Pero… ¿Qué se necesita para montar tu propio negocio? Aquí tienes un kit de cosas que necesitarás para el viaje:

  • Actitud de predisposición: Sí o sí. No hay medias tintas.
  • Descubrir si tienes espíritu emprendedor.
  • Agallas, perder el miedo al riesgo, al fracaso.
  • Recuperar esa idea de negocio que tantas veces te ha pasado por la cabeza y has descartado porque estabas en plena fase de confort.
  • Analizar si esa idea interesa, si tiene mercado. No importa que sea más o menos original. Importa que tenga demanda.
  • Capacidad de gestión.
  • Capacidad de negociación.
  • Capacidad de escucha activa (no abunda).
  • Capacidad de decisión.
  • Capacidad de seducción (comercial).
  • Capacidad de trabajo, constancia.
  • Flexibilidad.
  • Proactividad. Puede parecer algo secundario, pero sin eso no hay proyecto que funcione bien.
  • Entender que el concepto de 8 horas no existe. Serán las que tengan que ser. Días más y días menos.
  • Mover contactos aquí y allí. Testar la idea.
  • Analizar a posibles competidores. Trazar un DAFO.
  • Crearte un plan. Llámalo business plan o branding plan, pero un plan.
  • Financiación. No empieces sin un capital mínimo. Si no tienes un business angel cerca, recurre a las 3F (family, friends and fools). También puedes recurrir al crowdfunding.
  • Superar el miedo a la burocracia. Es un mal necesario para organizar una empresa, por pequeña que sea.
  • Salir a buscar clientes YA. también puedes empezar por las 3F, pero un consejo de amigo es que dejes probar gratuitamente tu producto o servicio a personas que luego puedan actuar como prescriptores. Es un coste bajo. Utiliza fuentes como Linkedin, son buenos lugares para el networking.
  • Anunciarte. No ser tacaño. Hay muchos medios para hacerlo, algunos gratuitos. Pero al principio no escatimes en Adwords, será más fácil ser visto.
  • Busca constantemente indicadores. Necesitas saber si vas por el buen camino. Trabaja un ROI razonable, busca indicadores de audiencia, de influencia, cuestionarios de satisfacción, trabaja tu site con Google Analytics…
  • Suerte (para qué negarlo).
¿Lo tienes? ¿Tienes el kit? Pues ya puedes autocontratarte. Serás el dueño y señor de tu vida, serás la persona del año.

Personal Branding, el arte de invertir en ti (26). Nos esperan grandes oportunidades

Parece que el mundo occidental, salvo rara excepción, no hace otra cosa que hablar de crisis. Cualquier encuentro casual deriva en una conversación derrotista que acaba culpando a banqueros, políticos de todos los colores y grandes instituciones mundiales. Estoy convencido de que hay que hablar de ello, luchar por derechos perdidos y tratar de reconquistar un estado de bienestar que se aventura difícil y de largo recorrido.

Pero cuando hablamos de personas, y siempre respetando el espíritu crítico, sería interesante incluir parámetros de esperanza, oportunidad y reto en el mensaje que damos a los demás. Ser la típica persona ceniza convencida de que todo irá peor, de que aún no hemos tocado fondo, de que esto acabará en una guerra… puede dar de sí para publicar un libro. Pero la vida real requiere que nos levantemos cada mañana con ganas de cambiar este puñetero mundo, de aportar nuestro granito de arena para introducir una mejora, por insignificante que pueda parecer. Si los banqueros y políticos no fueran la respuesta, quizás la respuesta esté en cada uno de nosotros. Las grandes revoluciones de los últimos siglos siempre han empezado desde las personas. No nos resignemos a luchar por un mundo mejor.

Todo esto viene a cuento por un mail que me ha llegado de una persona (guardaré el anonimato) que no conozco pero que me ha alegrado el día y me ha hecho ver lo insignificantes que pueden llegar a ser algunos de nuestros problemas más cotidianos. Ahí tenéis el texto:

“…aprovecho esta oportunidad para desearles un inmejorable año nuevo. Sé que, aparentemente se presenta muy oscuro,  pero yo no puedo dejar de tener la sensación de que nos esperan tiempos de grandes oportunidades e importantes cambios a todos los niveles. Me siento,  a pesar de mis 50 años, como una mujer que mira con ilusión sus otros 50 años en los que puedo crecer y potenciar mis actitudes, talentos y competencias… me siento iniciando una nueva etapa de vida pero con la experiencia de mis 50 primaveras anteriores…”

4 motivos para seguir luchando

Foto: Sergio Béjar / Flickr creative commons

Ayer fue mi cumpleaños. Mi aniversario es un momento de reflexión personal sobre lo que está pasando , sobre lo que ha sido y  sobre lo que pudo haber sido y no fue. Este año mi reflexión ha estado empapada de perplejidad, rara sensación que se zarandea entre la incapacidad de actuar y la de comprender lo que está pasando.  Pobreza, culpa y falta de norte son las palabras más redundantes. ¿Qué tengo que hacer para poder ir tirando un año más?

1)    Nuestro mundo se ha hundido y yo con esos pelos. Que ya no somos lo que fuimos, es más que una obviedad. Se encargan de difundirlo desde la prensa hasta la portera pasando por el gobierno. No es que nos estemos yendo al garete, es que ya hemos recorrido una buena parte del camino hacia ninguna parte, al menos por el momento. Como dejarme llevar por las circunstancias no va con mi biología yo he optado desde hace unos meses por trabajar todavía más duramente. Soy una persona afortunada, lo sé, porque he tenido la visión de formular un proyecto personal y empresarial que me ayuda a encontrar mi norte en estas aguas socialmente turbulentas y ahora he decidido ir con los  motores a tope.  Porque nadie salvo yo mismo me va a sacar las castañas del fuego.

2)    No soy culpable de nada. La verdad es que no me siento en absoluto culpable por haber intentado vivir cómodamente en los años de bonanza.  No estoy dispuesto a expiar  pecados que no he cometido y me he apretado el cinturón, y de que manera, porque las circunstancias obligan pero con rabia, porque hubiera preferido no hacerlo y estaría más tranquilo si de una vez se pidieran responsabilidades a los que nos han llevado a esta situación y a los que teniendo que encontrar soluciones colectivas nos ahogan en la expiación de la culpa de haber vivido por encima de nuestras posibilidades.

3)    Doy gracias. Aunque pueda oler a rancio e incienso yo cada día doy gracias y he llegado a la conclusión de que me sobran motivos. Ser agradecido con la vida me pone en situación de valorar lo que tengo por encima de lo que me falta y de lo que he perdido. Me he creado el hábito de encontrar tres cosas al final del día, sólo tres, por las que dar gracias. Y aunque pueda parecer que va contra el signo de los tiempos las tres cosas día tras día aparecen. No se trata de gestos heróicos si no de pequeños signos cotidianos que nos ayudan a seguir adelante. Cuando menos te lo esperas aparecen unos ojos sonrientes que te cambian la vida.

4)    Me comprometo. Reafirmo mi compromiso por seguir impulsando personas, por poner mi experiencia y conocimiento para ayudar a gestionar la marca personal de los que confíen en mi y para impulsar proyectos e ideas de negocio. Sé que de esta manera contribuyo a que el mundo sea mejor y más habitable. Pero también me comprometo con mi entorno porque sé que no estoy solo y los tiempos actuales requieren respuestas colectivas, doy mi apoyo a quienes quieran tomar el testigo de trabajar para todos nosotros desde cualquier ámbito pero especialmente desde la acción política que necesita grandes dosis de renovación.

Os tendré al corriente dentro de un año del nuevo estado de las cosas.  Doy gracias a todos los que me leéis y me apoyáis a través de las redes sociales, sé que no estoy solo.

¿Tenemos tiempo?

Decía en la versión anterior de este artículo que estábamos en una situación económica muy compleja. Lamentablemente 2 años después seguimos igual o posiblemente peor. Hemos pasado de un tasa de desempleo del 18% al 23%, hemos incrementado en un 50% el volumen de hogares sin cobertura económica (recientemente se ha citado la cifra de 1,5 millones). El nivel de pobreza sigue creciendo. Se habla incluso de que el 2013 tampoco será el año de cambio de la tendencia ya que probablemente hasta 2014 no empezaremos la senda real de la recuperación.

Para ayudar a resolver este problema se ha instalado en nuestra mente el concepto de cambio de modelo productivo: necesitamos una economía innovadora, una economía del conocimiento, etc. Sin embargo un cambio de modelo exige tiempo, esfuerzo y cuidados, y también un cambio de mentalidad. Somos, junto con el resto de países de la cuenca mediterránea, los mejores en el ranking de la “no innovación”.

Me refería en 2010 a la enfermedad de nuestro mercado de trabajo y a la necesidad de articular una serie de cuidados paliativos en forma de contrato único, medidas de flexibilidad en la relación de trabajo, cambios normativos en los criterios de la negociación colectiva, y necesidad de crear un sistema competitivo en la gestión de las políticas activas como elementos clave para que nuestro “enfermo” se sitúe en mejores condiciones para recibir el trasplante que supone este cambio de modelo. En ello si que hemos avanzado ya que alguna de estas medidas están contenidas en la nueva normativa laboral establecida recientemente por el ejecutivo del PP.

Mientras tanto seguimos sin realmente fundamentar los cambios estructurales y sobre todo culturales en los que debería de fundarse nuestro nuevo modelo productivo. Cambios que de acuerdo con lo recientemente afirmado por Juan Roig, Presidente de Mercadona, exigen implantar una nueva cultura del esfuerzo a lo que yo añadiría riesgo. Probablemente sea necesario impulsar la figura del emprendedor pero si no cambiamos nuestro esquema de valores, nuestro modelo educativo y algunas cosas más (entre ellas el acceso al crédito) queda mucho para situarnos en el camino adecuado.

Medidas como las de potenciar la innovación mediante un desarrollo intenso y sostenido de la calidad de nuestro capital humano, exige, incrementar la formación y el nivel de idiomas de nuestros jóvenes. Necesitamos cambiar el modelo formativo de nuestro país y hacerlo urgentemente, necesitamos implantar de nuevo una cultura de esfuerzo en nuestros jóvenes, necesitamos, entre muchas otras cosas y aunque esta pueda parecer una medida poco relevante, dejar de traducir todas las películas y las series de televisión.

Si los indicadores de alto fracaso escolar y la disgregación de un sistema universitario centrado únicamente en sus propias necesidades, son los elementos más relevantes de nuestra realidad educacional, no parece el mejor caldo de cultivo para potenciar la innovación. Aunque no soy, evidentemente un especialista en temas educativos, ni pretendo serlo, si me sorprende que nadie parezca estar preocupado por un sistema que permite que el 60% de los estudiantes universitarios no finalicen sus estudios, que no haya estímulos reales ni apoyo a las personas con más capacidad y que no se produzca un proceso de selección en base a las necesidades futuras del  mercado de trabajo. Me pregunto si tiene sentido tener un volumen muy importante de titulados universitarios si éstos posteriormente no consiguen desarrollar actividades profesionales relacionadas con su formación. Y no se muy bien si sólo con cambios en los modelos educativos será posible resolver este problema.

La segunda idea para potenciar un cambio en el modelo productivo sería el fomento del riesgo, o dicho de otra manera, el espíritu emprendedor. He estado durante muchos años en contacto con profesionales en situación de cambio y que se planteaban como alternativa profesional la creación de un proyecto empresarial. Pues bien muchos lo hacían solamente como alternativa, una vez habían constatado las dificultades para reincorporarse al mercado de trabajo por cuenta ajena. No tenemos en nuestro “ADN” una cultura de emprendedores.

Más allá de las iniciativas, selectas y que sin dudas razonables, es indudable que muchos de nuestros jóvenes –y más en estos momentos de dificultades- visualizan como única alternativa profesional un puesto de trabajo en la administración pública. Recientemente el PAIS señalaba que más del 50% de nuestros jóvenes sueñan con trabajar en la administración pública. O sea lo más alejado del espíritu emprendedor. Es posible que una parte de esta demanda está condicionada por las dificultades de acceder a un empleo que tienen nuestros jóvenes (nos debería de caer la cara de vergüenza cuando somos capaces de mantener unos ratios de desempleo en nuestros jóvenes cercanos al 45%). Mientras tanto creo que todos tenemos claro que nuestra realidad social no favorece sino que inclusive penaliza el esfuerzo, la asunción del riesgo y los intentos de emprender.

La última idea, conectada si cabe con la anterior es el esfuerzo inversor. Y cuando me refiero a este tipo de esfuerzo no me refiero únicamente a la necesaria adaptación de nuestro sistema financiero a este tipo de demandas sino a la potenciación del riesgo y del cambio en el modelo de los negocios, que en mucho caso exigen de la implantación y puesta en marcha de nuevas formas organizativas más flexibles que fomenten la creatividad en el seno de las organizaciones.

Desconozco de cuanto tiempo disponemos, pero es indudable que sin cambios en nuestro modelo educativo y la potenciación del espíritu del cambio y de la capacidad emprendedora no nos queda otro futuro que ser más pobres de lo que hemos sido legando a las próximas generaciones una realidad que probablemente no queríamos para nosotros mismos.