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Impostores por @jordicollell

Impostora es aquella persona que finge ser alguien diferente. No debe confundirse con un embaucador o charlatán que es alguien que hace promesas que no piensa cumplir basándose en la ingenuidad o inexperiencia de sus interlocutores. De todos modos en muchas ocasiones son perfiles complementarios.

La impostura es un tema serio, los impostores nos rodean y nos acechan y es un concepto que se presta a la frivolidad porque descontextualizado en muchas ocasiones tiene tintes grotescos. Desde el Pequeño Nicolás hasta la actriz Anna Allen, de la que nos habló la semana pasada Alexia Herms,  pasando por personajes como Alicia Esteve que simuló víctima de los atentados del 11 S y Enric Marco que fingió ser superviviente de los campos de concentración nazis tenemos una larga colección que nos puede proporcionar horas y horas de conversación.

Los impostores tienen su lado morboso porque es relativamente fácil verse reflejados en ellos, todos en algún momento de nuestras vidas hemos tenido momentos de impostura, posiblemente leves, presumiblemente de buena fe con la única finalidad de conseguir pequeños momentos de gloria, de reconocimiento, seducción o de lo que fuere. Una mirada retrospectiva de nuestra historia personal nos ayudará a refrescar la memoria y a aumentar nuestro apartado de autoconocimiento.

Javier Cercas en su novela y ensayo El Impostor sobre la vida de Enric Marco relaciona al impostor con la incapacidad o falta de voluntad para decir no a situaciones diversas. El querer ir a favor de la corriente, de lo que se lleva, de lo que es políticamente correcto es el germen de la impostura. El primer acto de impostura se genera cuando uno mismo renuncia a vivir su propia vida por miedo a los costes, renuncias y daños colaterales que puede suponer y pasa a vivir la existencia que le toca a tenor de las circunstancias. La rebeldía es el antídoto contra la impostura.

Los impostores buscan el reconocimiento de los demás atribuyéndose hechos, situaciones y experiencias que no han vivido, no reconocen en su existencia una propuesta de valor suficiente para ser conocidos, reconocidos y memorables y cruzan el umbral de la realidad para entrar en el mundo de la ficción. Intentan suplir carencias personales de formación y experiencia y en otros sociales y de relación y al final deciden cambiar la realidad por la virtualidad.

Es impostor el que ejerce una actividad e intenta hacer creer que dispone de una experiencia profesional previa que en realidad es inexistente, también lo es quien se atreve a opinar como un experto sin serlo o el que se apropia de los logros de los demás en provecho propio. Es también impostor quien infla su curriculum para causar una mejor impresión en un proceso de contratación o que se atribuye hechos y andanzas para seducir a otra persona.

Puede suceder que de manera poco consciente se entre en el juego de la impostura. Es una situación que reafirma la importancia del autoconocimiento en la gestión de la marca personal ya que permite detectar aquellos comportamientos que nos pueden perjudicar y que se adoptan de manera mecánica o inconsciente. Tener el kit de valores personales a punto y querer decir no puede ser un remedio efectivo para salir de estas situaciones, si entre los valores se incluye la autenticidad y la integridad ya tenemos un trecho del camino recorrido y en cualquier caso reflexionar sobre ellos será de gran ayuda.

Ser claros en el mensaje, en la formulación de la propuesta de valor y no pensar exclusivamente en el corto plazo alejan del rol de impostor, la ambigüedad y el cortoplacismos pueden fomentarlo.

La impostura es un enemigo de la marca personal porque al desarrollarse al margen de su autenticidad obedece a criterios y finalidades puramente mercantiles. Cuando caemos en la tentación de entrar en este juego hay que ser consciente de los riesgos que se corren para valorar si vale la pena el riesgo que supone.

El impostor es un artefacto y los artefactos no dejan marca, no dejan huella y se les olvida con la misma facilidad que se les ha ensalzado al descubrir su realidad.

¿Dejas marca?

 

La palabra marca está de moda. La utilizamos todos y con mucha frecuencia. Incluso los más pequeños ya conocen de su existencia y de su significado. El concepto de marca tiene diferentes significados. Según la Real Academia Española puede significar una señal hecha en una persona, animal o cosa para distinguirla de otra. También significa instrumento para medir, o medida cierta y segura del tamaño de una cosa incluso, a nivel deportivo, el mejor resultado técnico homologado. No obstante, existe además otra acepción al concepto marca. Según el Oxford Concise Dictionary también se entiende marca como el hecho de dejar una impresión inolvidable en la mente de una persona. Esta acepción transmite una idea importante. Las marcas, no son sólo los logotipos o las imágenes, colores y formas de miles de productos. Son básicamente percepciones que tienen las personas sobre determinados productos, servicios… Las percepciones son totalmente subjetivas; se crean en nuestra mente y definen la imagen que cada uno de nosotros tenemos sobre estos productos.

Con las marcas personales sucede lo mismo. Una marca personal no es el nombre completo de una persona, ni su propia página web, ni su tarjeta de visita o su Curriculum Vitae. Es básicamente, la imagen que tienen sobre él determinadas personas. Como bien dice Jeff Bezos, CEO de Amazon, la marca personal es “aquello que dicen de alguna persona cuando no está delante”. También se basan en percepciones y por ello, también son terriblemente subjetivas.

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Estoy seguro que todos hemos tenido diferentes profesores/as, jefes/as, compañeros/as de trabajo, novios/as, amigos/as… También estoy seguro que la mayoría de estas personas las hemos olvidado o casi olvidado. La mayoría de ellos no han dejado marca, no han dejado huella en nuestro recuerdo, en nuestra mente. Seguramente, sólo pocas personas nos han marcado realmente a lo largo de nuestra vida. Nos acordamos de ellas por mucho que pase el tiempo, evocan en nosotros sentimientos positivos, nos apetecería volver a estar con ellos…en definitiva, estas personas nos han dejado marca y por lo tanto podemos decir, que tienen una marca personal potente.

Ahora bien, ¿de qué depende el hecho de dejar marca en otras personas? Pues de muchos factores como la competencia profesional, la capacidad de trabajo, tus conocimientos… Pero, a mi entender, existe un factor que sobresale notablemente del resto. Se trata de las emociones. Las personas que gestionan bien sus emociones y sobretodo saben gestionar e impactar en las emociones de los demás (lo que se conoce como Inteligencia Emocional) suelen dejar una huella mayor en la mente de las personas. Seguramente, si repasamos aquellas personas que nos han marcado encontraremos no al mejor profesor o jefe o compañero, ni al más preparado, ni al más listo, sino al que mejor nos hizo sentir, quien más nos hizo disfrutar de nuestro trabajo, estudio, hobbie… Gestionar e impactar en las emociones de los demás es un requisito fundamental para dejar marca en alguien.

Como suele decirse, las personas con frecuencia olvidamos aquello que nos dicen o aquello que vemos. No obstante, difícilmente olvidamos aquello que nos hicieron sentir, la forma en la que impactaron en nuestras emociones. Y tú, ¿impactas en las emociones de los demás?, es decir, ¿dejas marca?

Entérate, yo no tengo Marca y tu tampoco

 

Decir esto en un blog de branding merece un apaleamiento, estoy de acuerdo. Por favor sigue leyendo a ver si consigo explicar lo quiero transmitir.

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Pues que la Marca Personal no es una posesión del individuo. En mi opinión nadie es dueño de su marca por mucho que se empeñe en que esto sea así. No es así en Marca Personal ni en Marca Corporativa. Como mucho deberíamos atrevernos a decir que somos el “Guardián o  el Cuidador” de una Marca.

¿Porqué afirmo esta locura?

Porque en esencia, la Marca es la huella que dejas en los demás y por lo tanto esa huella queda incrustada en los demás; con lo cual pierdes la posesión de la Marca. Son cada una de las personas o empresas con las que interactúas las que se llevan la Marca  a casa y la reflexionan, la comparan, la miden, la aman, la odian y hacen lo que les da la gana con ella sin que tú puedas hacer nada o muy poquita cosa.

“Quizá empezamos a estar un poquito de acuerdo con el título ¿no?”

¿Por qué creo que esto es así?

En gran medida, la Marca la moldeamos nosotros para conseguir un posicionamiento concreto. Intentamos estar en un lugar de privilegio en la mente del consumidor o cliente. Es decir, después de tener un buen producto a un buen precio y tenerlo en el mercado al alcance de tus clientes, debemos promocionarlo para que sea la opción preferente; esto lo solemos trabajar a partir del concepto de posicionamiento. Y fíjate, el posicionamiento tampoco está en tu mano. Puedes trabajar para que los otros te posicionen cada día un poquito mejor y te ubiquen en un lugar cada día más concreto con respecto a tus competidores pero la palabra final la tienen los clientes o consumidores. No la tienes tú!

Yo creo que BMW no dice -Soy como Audi pero más sobrio-, ni al revés. O Fairy no dice -Soy como Mistol pero duro más-.No obstante todos hacemos esta comparación en el momento de comprar. Estos mensajes siempre son implícitos y somos nosotros los que decimos que un Renault es un pelín mejor que un Citroën o al revés. Cada consumidor tiene su propia percepción y en función de lo bien elaborados que sean los mensajes de branding, los productos y las promociones; el consumidor tendrá más claro donde se ubica cada Marca.

Por otro lado debemos tener en cuenta que el posicionamiento se consigue trabajando las variables que importan a los posibles consumidores y no con las variables que a ti te importan.

Por ejemplo:

Si yo quiero posicionar mi Marca Personal como consultor puedo decir: Soy como Seth Godin pero un poquito peor. O podría decir: Soy como Seth Godin pero más atractivo.

Probablemente a nadie le importa lo atractivo que yo sea y eso no mejorará mi posicionamiento por guapo que sea.

La reflexión final a la que quería llegar simplemente hace referencia a al hecho de que para desarrollar una Marca Personal potente y relevante no deberías mirarte demasiado el ombligo. Una vez sepas quién eres y quien quieres ser y que esperan los demás de ti; ponte manos a la obra y ayuda a todo aquel que se cruce en tu camino a que te vea como te mereces. Evita la dispersión, concentra tus mensajes, se coherente con tus hechos y con tus actos. En definitiva, cuida de la Marca que vas a dejar en los demás, seguramente les gustará llevarse a casa una buena Marca con la que empatizar e incluso llegar a “Amar”.

Personal Branding, el arte de invertir en ti (39). Disposición.

 

Hemos hablado ya de narrabilidad, de bondad y de autenticidad dentro de las cualidades esenciales de la marca personal. Hoy hablamos de la disposición.

Como en casi todas las cosas de la vida la gestión de la marca personal comienza por uno mismo y por las ganas, digamos estado de ánimo positivo, por querer ser relevante, notorio y referente para ser el elegido. Sin disposición la marca personal es ingestionable porque si no queremos, si no estamos dispuestos, nunca dejaremos una huella en el corazón de los demás.

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Los individuos grises, los del montón, los anónimos, por más buenas personas y buenos profesionales que sean, por más que rezumen autenticidad por los cuatro costados si no están dispuestos a darse a conocer, a explicar por qué son diferentes de los demás, a concretar su propuesta de valor nunca dejarán marca.

Para ser tenidos en cuenta por los demás es necesario tener unos hábitos arraigados y la mente en estado de alerta para aprovechar todas las oportunidades que se presenten para distinguirse de la multitud y también para crearlas, como  no, porque la mejor manera de tener oportunidades es construirlas.

De todos modos la disposición por dejar huella comienza por ser auténtico, por tomar consciencia de quienes somos, de lo que es relevante para nosotros, de cual es nuestro papel en el mundo y de la manera en que queremos hacerlo realidad. Cuanto más sólidos seamos, cuanto más tengamos que ofrecer a los demás, cuanto más consistente sea nuestra propuesta de valor mayor será la marca que dejemos. La marca personal es directamente proporcional a la fuerza de nuestra identidad.

Así pues ya tenemos dos puntos de apoyo para nuestra disposición a dejar marca: querer ser y querer que nos vean.

La falta de disposición se refleja de muy diversas maneras, la primera es la pereza a querer conocernos, a pensar en nosotros y a descubrir lo que nos hace únicos. Nadie dijo que gestionar nuestra marca no requiriera esfuerzo pero lo que es seguro es que todo esfuerzo tiene su recompensa porque en el camino nos encontraremos  obstáculos, situaciones agradables o retos y saldremos siempre de este proceso más fuertes y mejores de cómo hemos entrado.

Las creencias  también son otro obstáculo a la disposición para ser los elegidos. Por un lado la falsa modestia hace que algunas personas piensen que querer ser la opción preferente es un acto de egoísmo, de pensar solo en uno mismo y esto es cien por cien falso porque la actitud egoísta es tener una propuesta de valor y no ponerla a disposición de los demás.

Por otro lado  existe la creencia, el temor, a la mercantilización de uno mismo, yo no soy un producto y por lo tanto no me tengo que vender. Se trata de un atavismo muy arraigado en nuestra sociedad que preconiza el valor de pasar desapercibido para no tener problemas, como si no distinguirse fuera garantía de una vida mejor, más cómoda. Hace poco participé en un programa de radio en el que se trataba de la marca personal y una conocida coach de Barcelona afirmaba que para ella lo único importante era que las personas fueran auténticas y que lo demás vendría por si mismo, vaya que no era necesario darse a conocer. ¿Para que sirve ser el mejor si nadie lo sabe? ¿Para que sirve “ser auténtico” si no es para que los demás puedan beneficiarse?

Y tú, ¿estás dispuesto a ser la opción preferente?

No malgastes tu vida intentando ser la marca de otra persona

A pesar de su corta vida, George Gershwin ha dejado una profunda huella en la historia de la música popular estadounidense. Aún hoy, su música es un referente para multitud de artistas y no ha faltado en los repertorios de muchas de las estrellas de la música desde principios del siglo pasado hasta la actualidad.

Jacob Gershovitz nació en Brooklyn dentro de una familia de inmigrantes rusos. Desde muy joven, se esforzó en aprender a tocar el piano, por lo que su padre, a pesar de la delicada situación económica de la familia, procuró que pudiese estudiar con un profesor.

Pronto comenzaría a componer sus primeras canciones, que tuvieron cierto éxito y le permitieron escribir su primer y exitoso musical para Broadway: “La, la Lucille”. Después compondría más musicales, repitiendo éxito, así como otras piezas más clásicas, destinadas a las salas de conciertos.

A pesar de sus éxitos, Gershwin sabía que su técnica no era muy depurada, por lo que viajó a París para estudiar con los mejores profesores. Se cuenta que quiso contratar a Igor Stravinski, aunque no hay constancia de ello, y a Maurice Ravel, el compositor del célebre “Bolero”. Ravel declinó la oferta haciéndole la siguiente pregunta:

“¿Para qué quiere ser un Ravel de segunda cuando puede ser un Gershwin de primera?”

Ravel pensaba que Gershwin podría perder su espontaneidad, su estilo propio y, renunciando a enseñarle, le mostraba el camino a seguir, el de continuar trabajando en su estilo, en su valor diferencial, en aquellos rasgos que hacían su marca inconfundible.

Al comenzar a desarrollar una marca personal es normal tener referentes, pero es conveniente no pasar de ahí. La marca se construye sobre multitud de elementos personales que, combinados y presentados debidamente, nos hacen singulares. Esta combinación es única en cada persona, y es el valor diferencial que hace que sea percibida como un referente o la mejor opción para una función concreta, esa es su marca.

Hay muchos factores que intervienen en esta “fórmula” como, entre otros: cultura, experiencias, conocimientos, entorno, carácter… e influencias.

Evidentemente, los referentes nos influencian. En ello está basada nuestra educación. Filósofos, novelistas, músicos, pintores, diseñadores, líderes… Todos ellos han dejado huella en lo que cada uno somos.

Sin embargo, son sólo una parte de nuestra “fórmula secreta”; el número de “ingredientes”  y la cantidad de cada uno que aportemos será lo que nos haga únicos. Así que, parafraseando a uno de los grandes referentes de muchas marcas personales de nuestro tiempo, Steve Jobs, me atrevo a recomendar:

“No malgastes tu vida intentando ser la marca de otra persona”

En cierta manera es lo que Ravel le dijo a Gershwin, que siguió su consejo y pronto volvió a Estados Unidos. Antes de volver, compuso “Un americano en Paris”, que terminaría siendo popularizada por la película del mismo nombre en los años 50.

Después estrenaría la ópera “Porgy & Bess” que, a pesar de ser incomprendida por la crítica, se convirtió en una de sus creaciones más conocidas. Muchas de las piezas incluidas en esta partitura son grandes clásicos de la historia de la música, especialmente del jazz: “Summertime”, “I love you, Porgy” o “It ain´t necessarily so”.

Tras el fracaso de crítica de “Porgy & Bess”, Gershwin se trasladó a Hollywood para componer música para películas y fue allí donde comenzó a sufrir severos dolores de cabeza, síntoma de un tumor que provocaría su muerte pocos meses después, a los 38 años.

George Gershwin, nacido en una familia humilde, de formación autodidacta y en unos pocos años fue capaz de construir una marca cuya influencia no ha hecho más que crecer, a pesar de los 75 años transcurridos desde su muerte.

Sigue su ejemplo y el consejo de Ravel: “No seas la segunda marca de nadie, sé tu propia marca”

Para cerrar, una grabación de “I love you, Porgie” en la voz de Nina Simone, quien la tuvo en su repertorio durante décadas. Hay muchas versiones de este tema, incluso muchas versiones de la propia Simone, pero en ninguna de las que conozco hay tanta intensidad en la interpretación ni tanta complicidad entre piano y voz.

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=v1IY469p9ho[/youtube]

Dedicado a la memoria de “Peter Pan”

Personal branding, el arte de invertir en ti (37). Bondad

 

La bondad es la segunda cualidad que necesita toda marca personal que quiera ser memorable  y que se define por la orientación  a hacer el bien. El lunes anterior enumeramos las cualidades de una marca y empezamos hablando de la narrabilidad.

La bondad es una tarea fácil porque de entrada la idea de hacer el bien suena a trasnochada, a tópico y a obviedad. ¿Quién en su sano juicio afirmaría que su objetivo vital es hacer lo contrario?

Desde la perspectiva de la gestión de la propia marca la idea de hacer el bien, de la bondad, empieza con uno mismo y va estrechamente unido al concepto de felicidad.

Somos felices cuando encontramos sentido a lo que hacemos, cuando tenemos un estado interior de alegría y de satisfacción, cuando nos planteamos retos y luchamos por conseguirlos. La felicidad muchas veces está en el camino que hemos escogido más que en los logros concretos que hayamos podido conseguir.

El camino hacia la felicidad empieza en el momento en que nos planteamos preguntas del tipo ¿quiénes somos? ¿ hacia dónde vamos? o ¿cómo podemos transformar el mundo?

La respuesta sincera a estas preguntas y la actuación posterior en consecuencia  comenzará a dar a nuestra marca personal , a la huella que dejamos en el corazón de los demás, los primeros colores de bondad.

La bondad de nuestra marca también estará relacionada con la capacidad que tengamos de poner nuestras habilidades y conocimientos, nuestra propuesta de valor, al servicio de los demás para ayudarles a conseguir sus metas.

Si contribuimos a hacer a los demás más felices conseguiremos ser tenidos en cuenta de manera permanente y habremos conseguido nuestro objetivo como marca.

Pero, no lo olvidemos, todo empieza por nosotros y en nuestro interior. Si no somos capaces de escucharnos, de saber trazarnos un camino, de encontrar sentido a lo que hacemos poco podremos aportar a los demás y seremos poco creíbles. ¿Quién se dejaría ayudar por un amargado? ¿quién escogería a un incompetente? porque el camino se demuestra caminando y en esta caso más que en ningún otro.

Es por esto que la gestión de la marca personal empieza por conocernos mejor, por descubrir lo que nos da sentido, por reconocer nuestra propuesta de valor, por identificar a quién podemos ayudar.

Sin bondad, sin esta inclinación a hacer el bien, una marca personal no deja huella y se convierte en una herida para la humanidad. Y lamentablemente la historia nos ha proporcionado algunos casos notorios.

¿Cómo conseguir ser memorable?

 

¿Te has preguntado alguna vez cómo puedes conseguir ser más memorable? Dicen que recordamos todo aquello que asociamos a una imagen, aquello que nos resulta extraño o peculiar y todo aquello que hemos vivido con mucha emoción o intensidad.

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Los eventos de networking están a la orden del día y en este tipo de contextos es donde resulta más importante influir y dejar huella. Intercambio de tarjetas, presentaciones express y muchas caras nuevas…. Recibimos tantos impactos que es complicado acordarse de alguien en particular.

Ser memorable es encontrar una manera de causar impacto, de dejar una impresión duradera y de condicionar para que seamos la primera opción en la mente del otro.  Tanto para buscar trabajo, como para hacer networking o influir positivamente en nuestro entorno profesional es imprescindible conseguir ser memorable.

¿Cómo podemos conseguir ser el tipo de persona que crea momentos memorables? He aquí algunas maneras útiles y eficaces para conseguirlo:

  • Lenguaje verbal y no verbal: Tu lenguaje corporal, las palabras y las expresiones han de transmitir entusiasmo y alegría a todos los que entran en contacto contigo. La psicología moderna dice que la forma más eficaz de influencia es aprender a cambiar y controlar el estado emocional de una persona. La forma más sencilla de hacerlo es asegurarse de que nosotros dirigimos en primer lugar el estado emocional positivo de la toma de contacto.
  • Comparte tu historia:  Las historias son conversaciones de la vida misma, son creativas, potentes y detrás esconden una experiencia y un significado.  Comparte tu historia, inspira, entusiasma e involucra a las personas con las que interactúas, de esa forma conseguirás ser memorable.
  • Escucha a los demás: Practica la escucha activa, haz preguntas e intenta recordar algo de cada una de las personas con las que has conversado. Puede sonar complicado, pero si eres capaz de anotar en un papel el nombre y algo de lo que has hablado con él o ella, te será mucho más fácil gestionar el contacto post evento. En el mail posterior a la sesión de networking podrás hacer referencia a ello y conseguirás marcar la diferencia y crear empatía.

Ser una persona memorable significa ser alguien inolvidable. Y eso sin duda juega a nuestro favor tanto en nuestro entorno profesional como cotidiano. Cómo decía Cesare Pavese:

“No recordamos días, recordamos momentos.”

 

Dime cómo te sientes

Y te diré qué me transmites. Hay una serie de frases hechas que representan ciertos arquetipos humanos y desvelan sensaciones y estados emocionales de las personas, tengas la edad que tengas.

 

Como un niño o como una niña

Perfecto, es una buena respuesta. Representa la ilusión, la inocencia, muy bonito y tierno. Pero ¿de verdad como un niño? Pensaba que habías madurado. A veces puede ser mal interpretado, pero desde luego suena bien.

 

Me siento liberado/a.

Es una frase muy adolescente. Una afirmación además muy extendida cuando te separas, te despides o te despiden de tu empresa.

Sentirse liberado es perfecto para emprender nuevos retos sin llevar las pesadas cargas que nos impiden avanzar,

 

Me siento centrado/a.

Bueno, vamos mejorando. Hay que estar centrado en lo que se hace pero también centrado en la vida. El día a día convierte la vida a veces en pequeñas batallitas donde ganar  perder puede carecer de sentido.

 

Me siento maduro/a.

Uy, nos hacemos mayores. La madurez presupone declive y cierto abandono de la tensión. debemos transformar esta percepción hacia una madurez reflexiva que sabe bien cómo dosificarse, manejar los tempos y sobre todo las preferencias.

 

Me siento mayor.

Esto se pone feo. ¿Nos estamos despidiendo de algo? Sepamos trasladar si esa despedida es de todo o sólo de una parte de nuestra vida personal o profesional “Me dejo el día a día pero sigo estando al frente” “Me dejo la empresa peros seguiré colaborando con asociaciones…” . Y si es temporal o definitiva.

 

Me siento viejo

No pasa nada, a todos nos llega la recta final. Aguanta con estilo pero no te rindas hasta el último instante. Descansa pero intenta compartir y trasladar tu sabiduría y tu experiencia. Y no digas adiós hasta el día después.

Y sobre todo deja huella, pero piénsalo antes, cuando te sientas centrado. La vida pasa y cuesta ir hacia atrás.

¿Cómo te sientes ahora?

¿Te vas a dejar engullir por la crisis?

No se si será casualidad o que la situación está realmente peor de lo que parece pero cada vez con mayor frecuencia me encuentro personas que están en situación de búsqueda activa de trabajo, que están en el paro. Hay colectivos que parecen estar especialmente tocados como los arquitectos y otros algo menos pero recibo avisos de casi todos los sectores y me da que pensar.

Bastantes de mis contactos que están a pleno, medio o bajo gas profesionalmente hablando dejan entrever signos de preocupación por lo que pueda pasar a muy corto plazo, según la mayoría a partir de las elecciones vendrá lo que tenga que venir y parece que no será muy bueno.
Las actitudes inmediatas de los dos grupos que acabo de definir son sin embargo dispares. Los primeros, que están en el paro y por ello ya son sufridores en propia carne, se ven en la necesidad de hacer algo para encontrar lo más rápidamente posible un empleo, poder decir que todo ha sido un susto fenomenal y que por suerte ha vuelto  a salir el sol. Los segundos esperan a verlas venir y se mueven con tiento absoluto con miedo de despertar alguna fuerza oculta que actúe en su contra.
La búsqueda por lo general es apresurada y comienza por una entrada en tromba en las redes sociales sobre todo las profesionales, llenando perfiles, escribiendo currícula apresuradamente y buscando cuantos más contactos mejor.
Los que trabajan no tienen tiempo y me cuentan que cuando lo necesiten ya se pondrán a hacer algo, así de simple y así de indefinido.
Tengo la sensación y así se lo doy a entender a los que tienen ganas de escuchar que se están dando muchos palos de ciego.
De esta saldremos, esto lo tengo muy claro, pero el futuro será algo distinto de lo que hemos vivido hasta ahora. Se está poniendo fin a la época de las certitudes en el terreno laboral y profesional, lo que parecía intocable se está poniendo en tela de juicio, los funcionarios , adalides del empleo seguro, comienzan a ver las garras del paro arañar cada vez más cerca para pones sólo un ejemplo fácil. El trabajo fijo y de por vida se está acabando y esta afirmación que hasta hace poco parecía un tópico prospectivo se está convirtiendo en una evidencia.
Los que lean la realidad con los ojos del viejo paradigma sufrirán y se darán de bruces mil y una veces hasta que decidan abrir los ojos y aquellos que se muestren abiertos a las exigencias de la nueva realidad deberán trabajar duro pero estarán mejor posicionados y se ahorrarán un dolor estéril.
El futuro que se nos viene encima estará marcado por los proyectos personales, por lo que cada cual decida hacer con su vida y por supuesto con su profesión. Estamos abocados a vivir en un mundo de profesionales independientes en función de lo que ofrezcan y de cómo lo hagan encontrarán clientes individuales o empresas que les contratarán. Y la relación será, en todo caso temporal, en función de las necesidades y de cada situación. Trabajaremos por proyecto.
Tanto los que ahora están en el paro como los que sufren porque no ven el futuro claro tienen la oportunidad de convertirse en el profesional del futuro descubriendo en su interior qué es lo que les apasiona, qué es lo le permite ser felices y escribiendo su propio proyecto personal que les permitirá dejar huella, ser reconocidos como la opción proferente y ser los elegidos.
Si tú, querido lector, aun no has empezado ponte manos a la obra y no te dejes engullir por la crisis. Apúntate al carro de los ganadores, te lo mereces.
Y por supuesto puedes contar con nosotros.
Jordi Collell / Coach y Asesor de marca personal