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Saber, Querer, Hacer

 

Saber, querer, hacer. Son 3 verbos fundamentales para el desarrollo de tu marca personal (y diría que para cualquier otro tema también).

Saber, es decir, el conocimiento es el primer eslabón, la base de la pirámide de cualquier ámbito de actuación. Debes apostar fuertemente por tu conocimiento. Para la mayoría de personas, esta etapa se circunscribe única y exclusivamente a su juventud, es decir, finaliza cuando terminan de estudiar y se incorporan al mercado laboral. A mi entender, gravísimo error. La etapa de formación no debe ser tal, es decir, no es una etapa sino debe desarrollarse a lo largo de toda la vida. Adquirir conocimiento resulta fundamental para tu crecimiento tanto a nivel profesional como personal. Y para formarse no sólo hay que estudiar, ir a la universidad… Afortunadamente hoy existen múltiples posibilidades formativas: cursos a nivel presencial, on line… y también gran cantidad congresos, conferencias, actos… Te recomiendo encarecidamente que dediques una parte de tu tiempo a estos menesteres y sobretodo, dedica tiempo a la lectura. No sólo puede convertirse en una gran actividad formativa sino también en un auténtico placer (y muy económico). Recuerdo perfectamente el día de mi graduación universitaria cuando un alto directivo de un organismo financiero internacional me dio uno de los mejores consejos que he recibido en mi vida. Me dijo “llevo toda la vida estudiando inversiones, en renta fija, variable, divisas, materias primas… y todavía no he visto inversión más rentable que la formación”. No pares de formarte, seguro que te valdrá la pena.

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Adquirir conocimientos, formarse, estar al día es muy importante, imprescindible, aunque no es suficiente. El segundo eslabón de tu desarrollo personal y profesional tiene que ver con la motivación, con el querer. De nada sirve estar muy formado si no estás motivado si no deseas conseguir algo, si no quieres lograrlo. Las personas que tenemos la responsabilidad de formar o dirigir personas, no sólo debemos transmitirles conocimiento sino que además debemos estimularlos. Debemos motivarles y ayudarles a que encuentren su auténtica motivación. A nivel individual, también resulta fundamental que conozcas aquello que te motiva, aquello que te mueve a actuar. Identifica tus motivaciones y fíjate objetivos. Así tendrás claro hacia dónde dirigirte.

Tras muchos cursos o talleres, casi todos alumnos adquieren conocimientos sobre un determinado tema. La mayoría de ellos también suelen motivarse con el tema en cuestión. Al final, la motivación suele ser elevada aunque en muchos casos, se diluye en los días siguientes como azucarillo en el café. Y es que, adquirir conocimiento y motivarse está muy bien, aunque de nada sirve si no termina en acción. Es imprescindible llegar al tercer escalón, el hacer. Lo que marca la auténtica diferencia entre las personas es la acción. La vida está llena de personas con muy buenos propósitos, con muy buenas intenciones; sin embargo lo que marca la diferencia no es tanto el nivel de conocimientos (cada vez más parejo y menos decisivo), ni la motivación, sino que la auténtica diferencia está en la acción. Como decía Henry Ford, “no puedes construir tu reputación con aquello que sabes o con aquello que deseas hacer, sólo construirás tu reputación con tus acciones”.

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Tu marca es la suma de tus marcas

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Las marcas son, a parte de un logotipo, un producto, una imagen… la percepción que tenemos sobre un determinado producto, empresa, ciudad, persona… Las marcas ocupan un espacio en nuestra mente. Son básicamente percepciones que van formándose, que van moldeándose con cada una de nuestras interacciones y están totalmente condicionadas por cómo percibimos (de forma totalmente subjetiva) cada una de estas interacciones.

Uno de los conceptos más importantes del marketing es lo que se conoce como los momentos de la verdad. Son aquellos momentos en los que el consumidor entra en contacto directo con el producto. Son momentos realmente importantes pues en ellos se decide el éxito de un producto e incluso de la empresa. El concepto de “momento de la verdad” fue creado por la multinacional Procter & Gamble hace ya unos cuantos años para referirse a estos instantes en los que un producto “se la juega”. Durante muchos años, los profesionales del marketing han considerado básicamente 2 momentos de la verdad. Se conoce como el primer momento de la verdad cuando el consumidor entra en contacto con el producto (generalmente en el punto de venta) y es en ese preciso instante cuando decide comprarlo o bien escoger otra marca o incluso no comprar. El segundo momento de la verdad tienen lugar cuando el consumidor, una vez ha comprado el producto, empieza a utilizarlo. En ese momento, de forma consciente o inconsciente el consumidor empieza a valorar el producto, lo compara con las expectativas que tenía sobre el mismo y, cuando el resultado supera las expectativas está satisfecho (o insatisfecho en caso contrario). Más adelante, los profesionales del marketing añadieron un nuevo momento de la verdad; le llamaron el “momento cero” (el conocido como ZMOT – “zero moment of truth”). Este momento es también realmente crítico y sucede básicamente Internet, antes del contacto físico con el producto cuando el consumidor empieza a obtener información sobre el producto en cuestión.

En las marcas personales sucede de forma francamente parecida. Tu primer contacto con alguien influye notablemente en la percepción que tenga sobre ti. Recuerda la famosa cita “sólo existe una ocasión para causar una buena primera impresión”. A partir de este momento, cada interacción que tengas con alguien, cada apretón de manos, conversación, artículo, charla, ponencia… va a significar un momento de la verdad. Diferentes momentos, diferentes contactos que van a ser decisivos en la percepción que alguien se forme sobre ti.

También en el mundo del personal branding resulta decisivo el llamado momento cero. Este momento también tiene lugar en Internet y básicamente se produce cuando alguien obtiene información de ti a través de Internet (mayoritariamente a través de Google. Por este motivo debes prestar especial atención a lo que Google dice de ti. Googleate con frecuencia o utiliza las alertas de Google para monitorizar qué información aparece en la red relacionada con tu marca personal. En un mundo cada vez más digital, tener una buena presencia en Internet resulta imprescindible para dejar una buena  marca personal.

Recuerda que, a parte de este momento cero (previo al contacto real), cada interacción cuenta. Presta especial atención a cómo son tus contactos con tu público objetivo. Todo cuenta. Cada palabra, cada acción va dejando marca en los demás. Al final, tu marca personal (la imagen que tienen las personas de ti) es la suma de todas las veces que has dejado marca. Aprovecha y cuida cada momento de la verdad, desde el momento cero hasta el momento de la verdad más insignificante ya que cada momento cuenta. Porque, al final, tu marca es la suma de tus marcas. Aprovéchalas, valdrá la pena.

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¿Has encontrado ya tu Elemento?

 

Sin duda uno de los mejores libros que he leído en mi vida y que no me canso de regalar, leer y recomendar a muchas personas es “El Elemento”. Este libro fue escrito por Sir Ken Robinson (experto mundial en el desarrollo del potencial humano) en 2009. En esta extraordinaria obra,Robinson presenta el concepto que inventó y que dio el título al libro: “El Elemento”. Afirma que el Elemento es el “lugar donde hacemos aquello que realmente queremos hacer y donde somos quienes siempre hemos querido ser”. Se trata básicamente de la conjunción de 2 aspectos fundamentales: el talento y la motivación.

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Todos tenemos talentos diferentes. Afortunadamente todos nacemos con características muy diferentes y todos tenemos facilidad para desarrollar algunas habilidades y mayor dificultad para desarrollar otras habilidades. De forma innata, poseemos talentos especiales que si los desarrollamos debidamente a través del trabajo, dedicación y práctica intensiva, pueden convertirnos en personas especialmente hábiles en esa determinada disciplina. Resulta fundamental que conozcas tus talentos naturales, que sepas qué se te da bien. Además de conocer tu talento natural, también debes conocer aquello que te motiva. Todos somos diferentes y a todos nos gustan cosas diferentes. Conocer bien tus motivaciones e identificar aquella disciplina que te apasiona resulta fundamental para que encuentres tu “Elemento”.

En este sentido, padres y madres, educadores y docentes tenemos una responsabilidad especial. Seguramente deberíamos esforzarnos más en ayudar a las personas a encontrar sus talentos naturales y a descubrir su pasión, más que en transmitirles conocimientos (que en muchos casos tendrán poca o nula utilidad).

Encontrar nuestro Elemento resulta fundamental. Afirma Robinson que cuando estamos en nuestro elemento, es decir, cuando hacemos aquello que nos apasiona y sobre lo que tenemos una habilidad especial, nos volvemos mucho más creativos, el tiempo nos pasa volando, aportamos más valor a la sociedad, somos más felices, contagiamos nuestro entusiasmo… Encontrar nuestro Elemento debería ser uno de nuestros principales objetivos vitales.

No obstante, pese a compartir y respetar al máximo la teoría de Ken Robinson, desde mi humilde punto de vista, considero que le falta un elemento, un aspecto esencial. Yo llamo a este tercer aspecto (tras el talento y la pasión) el elemento “Mercado”. Este elemento tiene que ver con la necesidad que puedes satisfacer en el mercado, con la capacidad que tienes de comercializar tu talento y tu pasión. Lamentablemente, de nada sirve a nivel profesional encontrar tu Elemento si nadie está dispuesto a pagar por ello. Sí puede servirte a nivel personal como hobbie o afición. A nivel profesional, tu verdadero Elemento debe incorporar estos 3 aspectos: tu talento, tu pasión y tu mercado. Debes cuadrar estos 3 elementos para poder tener una vida profesional realmente exitosa y sobre todo para aportar el máximo valor a la sociedad y ser muy feliz.

Creo que hay pocas personas que son capaces de encontrar estos 3 aspectos en su vida profesional. Los pocos que lo consiguen, su vida cambia radicalmente. Te animo a que intentes encontrar estos 3 elementos. Te aseguro que vale la pena.

Entérate, yo no tengo Marca y tu tampoco

 

Decir esto en un blog de branding merece un apaleamiento, estoy de acuerdo. Por favor sigue leyendo a ver si consigo explicar lo quiero transmitir.

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Pues que la Marca Personal no es una posesión del individuo. En mi opinión nadie es dueño de su marca por mucho que se empeñe en que esto sea así. No es así en Marca Personal ni en Marca Corporativa. Como mucho deberíamos atrevernos a decir que somos el “Guardián o  el Cuidador” de una Marca.

¿Porqué afirmo esta locura?

Porque en esencia, la Marca es la huella que dejas en los demás y por lo tanto esa huella queda incrustada en los demás; con lo cual pierdes la posesión de la Marca. Son cada una de las personas o empresas con las que interactúas las que se llevan la Marca  a casa y la reflexionan, la comparan, la miden, la aman, la odian y hacen lo que les da la gana con ella sin que tú puedas hacer nada o muy poquita cosa.

“Quizá empezamos a estar un poquito de acuerdo con el título ¿no?”

¿Por qué creo que esto es así?

En gran medida, la Marca la moldeamos nosotros para conseguir un posicionamiento concreto. Intentamos estar en un lugar de privilegio en la mente del consumidor o cliente. Es decir, después de tener un buen producto a un buen precio y tenerlo en el mercado al alcance de tus clientes, debemos promocionarlo para que sea la opción preferente; esto lo solemos trabajar a partir del concepto de posicionamiento. Y fíjate, el posicionamiento tampoco está en tu mano. Puedes trabajar para que los otros te posicionen cada día un poquito mejor y te ubiquen en un lugar cada día más concreto con respecto a tus competidores pero la palabra final la tienen los clientes o consumidores. No la tienes tú!

Yo creo que BMW no dice -Soy como Audi pero más sobrio-, ni al revés. O Fairy no dice -Soy como Mistol pero duro más-.No obstante todos hacemos esta comparación en el momento de comprar. Estos mensajes siempre son implícitos y somos nosotros los que decimos que un Renault es un pelín mejor que un Citroën o al revés. Cada consumidor tiene su propia percepción y en función de lo bien elaborados que sean los mensajes de branding, los productos y las promociones; el consumidor tendrá más claro donde se ubica cada Marca.

Por otro lado debemos tener en cuenta que el posicionamiento se consigue trabajando las variables que importan a los posibles consumidores y no con las variables que a ti te importan.

Por ejemplo:

Si yo quiero posicionar mi Marca Personal como consultor puedo decir: Soy como Seth Godin pero un poquito peor. O podría decir: Soy como Seth Godin pero más atractivo.

Probablemente a nadie le importa lo atractivo que yo sea y eso no mejorará mi posicionamiento por guapo que sea.

La reflexión final a la que quería llegar simplemente hace referencia a al hecho de que para desarrollar una Marca Personal potente y relevante no deberías mirarte demasiado el ombligo. Una vez sepas quién eres y quien quieres ser y que esperan los demás de ti; ponte manos a la obra y ayuda a todo aquel que se cruce en tu camino a que te vea como te mereces. Evita la dispersión, concentra tus mensajes, se coherente con tus hechos y con tus actos. En definitiva, cuida de la Marca que vas a dejar en los demás, seguramente les gustará llevarse a casa una buena Marca con la que empatizar e incluso llegar a “Amar”.

Tu solo no puedes

Si  lo que pretendemos es que los demás nos conozcan , reconozcan nuestras aptitudes y nuestra propuesta de valor y nos recuerden para escogernos cuando nos necesiten, si lo que queremos es dejar huella en el corazón de los demás estamos bien enfocados en la gestión de nuestra marca personal.

Ahora bien una marca personal potente si no se asienta sobre bases sólidas es un gigante con pies de barro o un castillo de naipes que la menor corriente de aire lo hace volar a pedazos.

La base de la marca personal somos nosotros mismos encarnados en nuestra identidad y hoy vamos a comentar algunos aspectos que son interesantes tener en cuenta para ser consistentes y poder tener los pies bien asentados.

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Para dejar huella es importante tener nuestra retaguardia bien cubierta. Generalmente tenemos la creencia de que debemos enfocarnos directamente en la estructuración de proyectos, en la estrategia y en la visibilidad pero muy a menudo nos olvidamos que detrás de todo ello estamos nosotros con nuestras esperanzas y nuestras contradicciones, con nuestra salud y nuestras enfermedades, con nuestras necesidades y la falta de recursos para satisfacerlas, con nuestra capacidad de amar y el desamor que acecha. Si cuando trabajamos nuestra marca no tenemos en cuenta esta parte más personal podemos estar construyendo auténticos castillos en el aire porque por más sueños y proyectos que tengamos y por más  que invirtamos en tiempo y en recursos para buscar la mejor manera para explicarlos y darlos a conocer si fallamos en nuestro interior todo se puede ir al garete. Reconocer que somos frágiles y que podemos fortalecernos con nuestros propios recursos y con ayuda es el primer paso para consolidar nuestra marca personal.

Nuestros círculos más íntimos son el puntal básico de nuestra identidad  y por correlación de nuestra marca. Nos proporcionan comprensión, amor, afecto, apoyo y nos defienden y dan cobijo cuando las cosas van mal, cuando los chuzos caen de punta. Poder mantener unas relaciones estables, sinceras y duraderas es necesario si no imprescindible para  ir con  seguridad en la vida. Si pensamos que nosotros somos autosuficientes estamos cayendo en un acto de soberbia descomunal.

La manera de  comunicarnos con las personas que tenemos más cerca es muy importante y hemos de ser lo suficientemente lúcidos para poder analizarla de manera constante para que no decaiga y nos aísle, sean la pareja, los amigos del alma o los familiares imprescindibles.

La reciprocidad en las relaciones en general es un principio no escrito que se debe cumplir y cuando se recibe algo se tiene que devolver en la misma proporción. En la comunicación personal pasa algo similar y si pedimos transparencia hay que darla.  En las relaciones personales es mejor moverse en la parte pública  de la ventana de Johari y evitar en la medida de lo posible la parte secreta, aquella que sólo nosotros conocemos y que mantenemos como el más preciado tesoro, porque compartiendo libremente la información ganaremos en calidad, sintonía y complicidad y tendremos a la recíproca el mismo trato. En nuestra vida más íntima como en la más pública la información que no se comparte se echa a perder y es algo que no podemos permitirnos porque nuestra marca personal se gestiona desde la base.

 

 

EL efecto de tu marca personal

 

Es muy posible que una de las definiciones más acertadas de lo que significa la marca personal sea “es el aroma que dejamos en los demás”. Al fin y al cabo las marcas no las posiciona quien las crea, sino el público que las convive tal y como las percibe.

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Se antoja pues de gran relevancia conocer ese EFECTO del que nos habla Sonia González en su libro del mismo nombre.

Debemos descubrir pues ese EFECTO que causamos en los demás para potenciarlo –si es que se asemeja a lo que pretendemos transmitir como personas, o corregirlo –si se encuentra lejos de nuestras intenciones.

Pero intenciones no son realidades. Si no hay correspondencia entre lo que soy y lo que los demás perciben que soy, hay crisis de identidad.

Puedes mejorar muchas facetas  de tu marca: aptitudes, conocimientos, cualidades, valores…. pero esta es la final y decisiva clave como marca. Podemos causar muchos tipos de efecto como marcas personales:

–       Confianza, lealtad.

–       Motivador.

–       Inspirador, guía.

–       Emprendedor.

–       Solidario, comprometido.

–       Etc

No estaría de más que fuéramos capaces de articular una serie de herramientas que nos ayudaran a descubrir ese efecto. Muchas de ellas ya forman parte de la lista de dinámicas de grupo y de rol play en campos como la comunicación personal, la asertividad e incluso en auditorías de recursos humanos, por ejemplo:

–       Hablar en ausencia.

–       Mi argumento de vida.

–       Autobiografía.

–       Mi rol, mi desempeño.

–       Feedback 360º.

–       Mi filosofía.

–       La rueda de la vida.

–       Etc

Sea cual sea su nombre, origen y aplicación, debemos escuchar a los demás y escucharnos a nosotros mismos. Debemos ser curiosos con nosotros, críticos y exigentes.

Y sobre averiguar si generamos algún efecto en los demás… y qué efecto producimos. Es, en cierto modo, el principio y el final para todo lo demás.

Personal Branding es el arte de invertir en ti

 

Compartimos con vosotros la entrevista realizada por Javier García Barros, autor del libro “Haz, marca personal para personas” a Guillem Recolons a través del Blog Siempre con algo en la cabeza

 

JG: Dentro de la cantidad de cosas que has vivido en tu carrera profesional, me llama mucho la atención que después de casi 20 años trabajando “para otros” decidieras emprender tu propio proyecto ¿Cuál fue la razón principal que te motivo a HAZerlo? 

GR: El despido podría haber sido el elemento detonante y el ansia de cambio el elemento motivante. Tras una carrera de éxito en agencias “de otros”, llega un momento en que me despiden. Ahí hay dos salidas:

1. El mundo se viene abajo. Te vas a la cola del paro y te pones a buscar trabajo.

2. La vida sigue, y 24h después del despido estás firmando ante notario la constitución de tu propia compañía.

Opté por la segunda, y volvería a repetirlo una y otra vez.

 

Guillem_RecolonsJG: Por si fuera poco, tiempo después fundaste soymimarca. ¿Por qué iniciar un nuevo proyecto si el que tenias funcionaba? Muchos quizás no hubiéramos arriesgado otra vez.

GR: Creo que la clave está en la propia pregunta, en el concepto de proyecto. El nuevo formato laboral se basa más en proyectos y clientes que en abstracciones como “compañía”. Trabajando solo podía llegar a cubrir una parte muy amplia del personal branding, pero me faltaba una pata: el área de autoconocimiento.

Además, me aburre bastante la acción comercial. Por todo ello creí necesario unir fuerzas con uno de los mejores coach de marca personal que conozco, Jordi Collell.

 

JG: Sé por experiencia propia que los inicios son difíciles ¿Cómo superaste en ambos proyectos esos momentos?

GR: Te parecerá simple, pero la ilusión y la convicción del proyecto eran el aliciente para seguir.

Además, redacté mi propia estrategia personal, mi visión, mi misión, valores, objetivos, targets, mensajes, partners, plan de comunicación. Me pregunté dónde quería estar en 10 años. Trabajé escenarios y estoy en el camino.

 

JG: ¿Ha sido duro el camino recorrido desde ese día que te “invitaron a irte” hasta hoy? ¿Has tenido ganas de abandonar alguna vez?

GR: No, y eso que entre medio sufrí otro fracaso.

En 2007 abrí la delegación española de TVLowCost, una agencia especializada en campañas TV. No funcionó, la cerramos en 2009, ya que en España el concepto low cost no representaba nada nuevo. Acumulo dos fracasos, y eso ayuda mucho a generar nuevos enfoques.

Un país como España penaliza el fracaso, pero créeme, es una lección de vida por la que creo que hay que pasar.

 

JG: Uno de los principales obstáculos que tenemos es “el miedo al fracaso” ¿Qué pasa si alguna de tus iniciativas/productos no funciona? ¿Cómo reaccionas?

GR: No pasa nada. Al contrario, aprendes. Recuerdo una campaña cuyo cierre era “The more we listen, the more we learn. And the more we learn, the more we can help”.

Creo que hoy no sería un consultor creíble si no conociera lo que NO hay que hacer. Y no supiera escuchar.

 

JG: Tu experiencia es muy inspiradora para mucha gente qué después de bastante tiempo trabajando se ven en la calle ¿Cómo le animarías a seguir hacia adelante, a actuar?

GR: La clave es hacerse un plan. Todo pasa por ahí, hay que dibujar una hoja de ruta, tener claro un norte, una meta, un sueño. Levantarse por la mañana sin tener una misión a corto y a medio plazo desmotiva y desanima a cualquiera.

 

JG: Para mi la marca personal es la mejor herramienta para HAZer, para actuar. ¿Cómo definirías la marca personal? ¿Cuáles son su principales ventajas?

GR: Utilizo a menudo una definición emocional “Personal Branding es el arte de invertir en ti”.

No considero el personal branding como una ciencia, lo considero una inversión a futuro, algo que, bien gestionado, nos podrá llevar al lugar que visualizamos como objetivo en un plazo razonablemente largo.

Además, y como díría el poeta griego Kavafis, no se trata solo de llegar a un lugar deseado, también hay que saber disfrutar de la travesía.

 

JG: Uno de los principales “peros” que argumentan muchas personas para empezar a desarrollar su marca personal es la exigencia de resultados en muy breve espacio de tiempo ¿Cómo vencer esas urgencias?

GR: Con una frase sencilla: Si no gestionas tu marca, otros lo harán por ti. Eso puede llevar algún tiempo, pero que alguien te destruya es cuestión de minutos.

 

JG: Con estás charlas quiero inspirar a la gente HAZer, a moverse, a no quedarse quieta ¿Qué le dirías a esa persona que lleva tiempo con una idea en la cabeza pero no se atreve a dar el paso?

GR: No tengas miedo al ridículo, no tengas miedo al fracaso, no te expongas sin haberte trazado un plan, y cuando lo tengas, lánzate con paracaídas.

Al principio puede dar cierta sensación de vértigo, pero siempre será mejor eso que la falsa comodidad del sofá (metáfora de la zona de confort). Recuerda que todo deja marca. Y mantente siempre, siempre, siempre con algo en la cabeza ;-)

 

JG: Guillem, muchísimas gracias por pasarte por mi casa en la red. Ha sido un enorme placer y sé que tu historia y experiencia va a servir de ayuda e inspiración a mucha gente. ¡Gracias!

GR: Gracias a ti, Javier por esta oportunidad de conectar con tus seguidores.

 

No digas qué eres, di cómo te sientes

 

A veces decir lo mismo pero con distintas palabras puede tener resultados sorprendentes. Y como muestra de ello, este maravilloso vídeo.

[youtube]http://youtu.be/F8bm2llxxjU[/youtube]

Personal Branding, el arte de invertir en ti (45). ¿Vale la pena ser humilde?

 

La humildad se suele definir como la cualidad personal de actuar de acuerdo con las propias cualidades y limitaciones sin vanagloriarse por ello. Etimológicamente viene del latín humilitas y guarda relación con la palabra humus, tierra. A mi todo ello me sugiere que la humildad es la capacidad de estar presente en el mundo, de actuar, teniendo los pies en el suelo.  Llegados a este punto y como estamos en un blog en el que hablamos diariamente de personal branding puede ser legítimo preguntarse qué diantre tiene esto que ver con la marca personal y tendrá toda la razón del mundo en planteárselo.

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Desde mi punto de vista la humildad y la marca personal andan cogidas de la mano en una relación de equilibrio inestable como la mayor parte de las cosas importantes de la vida. Si el objetivo de la marca propia es ser la opción relevante, ser el elegido, el de la humildad es el de no vanagloriarse por ello. Así, a simple vista, la cosa puede sonarnos a contradictoria pero ¿lo es en realidad? ¿pueden ambas vivir separadas?

 

Cuando gestionamos nuestra marca tomamos consciencia de nuestros puntos fuertes, de nuestras habilidades y talentos, de  nuestros logros y de nuestros sueños y nos apoyamos en ellos para lograr dejar nuestra huella en el corazón de los demás, son nuestras palancas.  Y es así porque si basamos nuestro trabajo en cómo superar las limitaciones nos perdemos lo mejor de la película y nos arriesgamos a no conseguir nada. La humildad nos ayuda a ser lo suficientemente objetivos para no perdernos en el mar del optimismo y acabar estando fuera de la realidad.

 

La humildad es lo contario de la soberbia, pecado capital número uno de la marca personal, que aparece cuando proyectamos a través de nuestra marca personal que somos superiores a los demás, menospreciándoles y siendo incapaces de reconocer sus talentos.

 

Con humildad la marca personal se pone al servicio de los demás y se orienta hacia el bien común en una relación de ganar-ganar, escucha las necesidades de su público objetivo y las incorpora a sus objetivos propios estando por ello activamente presente en su entorno y teniendo una mayor perspectiva de cualquier situación.  Y todo ello facilita que se convierta en la elegida de manera continuada en el tiempo.  Así de fácil y de complicado.

¿Qué pasaría si nuestros políticos incorporaran la humildad a su marca personal? Os invito a que hagáis volar vuestra imaginación y a compartir las respuestas.

Personal Branding, el arte de invertir en ti (43). ¿Eres magnánimo?

 

Os recordamos que el pasado 18 de marzo iniciamos una serie de artículos alrededor del concepto “haz tu marca memorable“. Hemos hablado de las cualidades de narrabilidad, de bondad, de autenticidad, de disposición, de relevancia, de optimismo y de responsabilidad. Hoy hablamos de una cualidad importante, la magnanimidad.

Dalai Lama. Google images

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Mas que una cualidad la magnanimidad es una palanca que impulsa la marca personal más allá de sus límites naturales.  Tradicionalmente asociamos la magnanimidad a la grandeza de espíritu o a  una generosidad fuera de lo común y se opone a la tacañería, la mezquindad o la pusilanimidad.

Si nuestra marca personal es la huella que dejamos en el corazón de los demás, la magnanimidad nos ayudará a que sea indeleble.

La magnanimidad pivota entre lo que nosotros queremos conseguir y lo que ofrecemos a los demás, entre el estricto cumplimiento del deber y la generosidad de dar más de lo que está escrito en el guión y, por supuesto, entre el conformarse con lo que se tiene y el pensar en grande. Si no somos magnánimos con nosotros difícilmente lo seremos con los demás.

  • La marca personal no está en función de si misma; para que exista, una marca necesita a los demás para  poder grabar su huella. La magnanimidad impulsa a poner al servicio de los demás aquello que se va logrando individualmente y de esta manera convierte los éxitos individuales en trascendentes.
  • Si nos limitamos en cumplir lo que hemos acordado actuaremos de manera justa y dejaremos satisfecho a quien se beneficie de nuestro servicio, si ofrecemos algo más de lo esperado sin pretender ninguna contraprestación adicional conseguiremos ser recordados y recomendados. Incorporando la magnanimidad a nuestra marca personal convertiremos a nuestro público en nuestro mejor prescriptor.
  • Pensar en grande es un acto de magnanimidad para uno mismo y para los demás.  Si los recursos disponibles sean del tipo que sean sólo sirven para garantizar nuestra supervivencia física, emocional o social difícilmente podremos ponerlos al servicio de los demás, pensar en grande nos pone en situación para que todos ganemos.
  • Si lo que ofrecemos a los demás nos lo negamos a nosotros sin mediar otro tipo de reflexión es muy posible que acabemos amargados, los dobles raseros sólo son motivo de disputas e injusticias, y por esto la magnanimidad debe comenzar por uno mismo.
  • Finalmente, la magnanimidad nos ayudará a capear mejor los temporales, en la vida de toda marca personal hay bastantes, sin envidia ni resentimiento y contando con el apoyo de los demás.

Que nuestra marca personal sea única, memorable y por supuesto la escogida depende sobre todo de nuestras actitudes.