Unas claves y una historia para tu próxima reinvención profesional

En el transcurso de tu vida, habrá momentos buenos y momentos malos, momentos en los que te parecerá que eres invencible y momentos en los que te sentirás derrotado e inútil. Los momentos en los que te crees invencible no duran mucho, así que deberías disfrutarlos y saborearlos porque enseguida encontrarás algo que te recordará que estás subido en una montaña rusa, y que pronto volverás a bajar. Sin embargo, superar los momentos en los que te sientes derrotado e inútil es mucho más difícil.

El Síndrome de la Reinvención Abrupta

Un clásico de estos momentos duros es el del despido de un trabajo, y no es menos duro si hablamos de un despido directo o de un despido interior. De un día para otro, pasas de ser valioso en una organización a sentirte desplazado y a dudar de ti mismo, de tus conocimientos y de volver a encontrar una ocupación en la que te sientas realizado. He conocido a muchas personas en esa situación y, la gran mayoría, corren el riesgo de caer en lo que llamo el Síndrome de la Reinvención Abrupta.

Este peligroso síndrome arrastra a las personas que lo sufren a reinventarse, algo muy común en esta situación, pero cortando repentinamente con su entorno profesional anterior y enfocándose en un área generalmente muy alejada de la que ha conocido y dominado hasta entonces. Por ejemplo, hace unos años conocí a varios excelentes vendedores intentando transformarse en diseñadores de páginas web o en community managers. Como era previsible, les fue imposible empezar desde cero en sectores tan competidos y volvieron a su ocupación de vendedores “a la vieja usanza”, sin haber sacado partido de aquella experiencia y con la frustración de volver a un entorno del que había intentado escapar.

La reinvención profesional no es fácil de gestionar, y las más exitosas suelen venir de la hibridación de nuevos conocimientos y experiencias anteriores. A mi alrededor tengo muchos ejemplos de reinvenciones profesionales exitosas, pero he elegido dos de estos casos por ser los que he vivido más de cerca y porque son bien conocidos.

Casos reales de reinvención exitosa

Eva Collado y Guillem Recolons pueden decir que se han reinventado profesionalmente de manera exitosa. Eva es una de las expertas en gestión del capital humano más solicitadas por empresas de España y Latinoamérica y Guillem es uno de los pioneros y referentes en personal branding a nivel nacional. Pero como sucede en la mayoría de casos que eligen el camino de la reinvención profesional, han trabajado muy duro y durante mucho tiempo para conseguir estos éxitos y han tenido que superar muchos obstáculos en el camino.

Eva era responsable de desarrollo de recursos humanos en una multinacional de e-commerce y Guillem era publicitario en una importante agencia de publicidad cuando se vieron en la encrucijada que supone tomar la decisión de reinventarse profesionalmente. Para los dos, el camino fácil hubiera sido seguir año tras año haciendo lo mismo en otras empresas iguales a las que dejaban pero, incluso con buenas ofertas sobre la mesa, decidieron tomar el camino difícil.

Sin embargo, sabían que tenían que comenzar por adquirir nuevos conocimientos y potenciar ciertas habilidades así que, una vez definidos sus propios entornos de aprendizaje, decidieron perfeccionar sus habilidades digitales, comerciales, de autogestión y de networking. Como aseguran Eva y Guillem y como demuestran sus trayectorias profesionales, la suma de experiencia, nuevas competencias y conocimiento de nuevas tendencias del sector en el que te quieras enfocar son la llave de tu futuro y la clave de la reinvención profesional.

Unas claves para tu camino

Como te puedes imaginar, este es un proceso largo y que conlleva un grandísimo esfuerzo, así que será muy importante que no te precipites y que elijas bien la dirección de la reinvención y los conocimientos que habrás de sumar para llevarla a cabo. Además, tienes que tener paciencia porque los resultados no llegan el primer día y una mala elección puede encasillarte después en un área en la que en realidad no vas a encajar.

Seguramente esto no es lo que quiere escuchar una persona que está pensando en reinventarse profesionalmente. Es difícil pedir paciencia y fe en uno mismo a una persona que se siente derrotada e inútil, que se ve como una piedra abandonada en un camino.

Una historia para no olvidar

Por eso quiero contarte una historia. Una historia real que comienza así, con una piedra abandonada en un camino, una piedra más en un montón de piedras desechadas de una mina de diamantes en Sudáfrica, una piedra más hasta que Julie, una niña de 9 años, reparó en ella mientras jugaba por la zona.

Julie no tenía mucho más para jugar que aquel montón de piedras. De hecho, no tenía mucho más en la vida. Sus padres habían muerto, sus hermanos trabajaban como esclavos en la mina de diamantes y de ella solo cuidaba su tío discapacitado.

Como sospechó su tío en cuanto Julie le entregó aquella piedra que le había llamado la atención, lo que había dentro de la roca iba a cambiar sus vidas y también la historia de la joyería ya que, hasta entonces, nunca se había encontrado un diamante tan grande. Con un peso de 890 quilates, desde entonces se le conoce como el diamante Incomparable.

Tras varias compras y recompras, el diamante Incomparable en bruto acabó en Nueva York. Si la historia de su hallazgo había sido curiosa, no lo fue menos la del proceso de corte, tallado y pulido. Esta delicada tarea le fue encargada a Samuel Black, un reconocido experto en el facetado de diamantes.

Durante los cuatro años en los que estudió la piedra, Black tuvo que tomar varias decisiones. La más importante fue la de renunciar a cortar el diamante más grande del mundo, que habría de superar los 530 quilates del Cullinan I, para evitar el alto riesgo que presentaba la operación en una piedra de forma tan irregular. Finalmente optó por cortar una piedra de 407 quilates y otras 14 piedras más pequeñas.

diamante incomparable

Los 890 quilates del Incomparable en bruto, y una vez tallado con 407 quilates. Fuente: famousdiamonds.tripod.com

Así y todo, el Incomparable es el cuarto diamante más grande de la historia y el más grande de los diamantes café. A finales de los 80 salió a subasta por unos 20 millones de dólares, aunque no encontró comprador y actualmente su valor estaría por encima de los 55 millones de euros.

Me gustaría que no olvidaras esta historia si estás pensando en una reinvención profesional y que pensaras en ella la próxima vez que te sientas derrotado e inútil. Aunque en ese momento será difícil que creas en ti mismo, recuerda que hasta el diamante más grande necesita de alguien que sea capaz de ver su potencial para ayudarle a brillar y de tiempo para ir puliendo las aristas, así que confía en ti y no te precipites a la hora de elegir qué quieres ser en el futuro.

No quiero que seas perfecto, quiero que me emociones, por @CelestinoMz

Si has leído alguno de mis post anteriores, ya te habrás dado cuenta de que la música es una de mis grandes pasiones. Desde muy pequeño ya estaba al tanto de los últimos éxitos y durante toda mi vida la música siempre me ha acompañado en la mayoría de las actividades que he ido abordando.

Es por esto que, de vez en cuando, caigo en las redes del talent show de turno, como “La Voz” o “Número uno”, y casi siempre encuentro alguna relación con el personal branding y muchas lecciones que aprender.

Tanto “La voz” como “Número uno” comienzan con un casting en el que cada concursante tiene poco más de un minuto para convencer al jurado de su potencial, aunque en cada caso el punto de partida es muy diferente, y esto tiene mucho que ver con dos de las maneras más frecuentes en las que un cliente potencial va a conocerte y valorar si eres la persona adecuada para contratar tus servicios.

La primera impresión

En “Número uno” la primera impresión es fundamental. Posiblemente, una parte importante de la decisión del jurado esté tomada antes siquiera de que el concursante haya cantado la primera nota. En este caso, se valorarán el aplomo en el escenario, la credibilidad y la coherencia entre los elementos que conforman la imagen del artista. Después, la interpretación vocal y escénica tendrán que confirmar o superar las expectativas creadas.

Este caso es el equivalente a que un cliente potencial te conozca en una reunión, un evento de networking o, incluso, en una charla. Como en el concurso, la primera impresión es decisiva para que todo lo que vaya a pasar después pueda ser creíble. En esos primeros momentos será vital que transmitas consistencia y fiabilidad y, para ello, serán fundamentales tu apariencia, el lenguaje no verbal y los soportes que apoyen esta percepción: tarjeta de presentación, dossier, etc.

En estos casos, el objetivo principal es evitar que haya elementos que distraigan la atención del cliente o que generen sensaciones negativas: inseguridad, descuido, poca profesionalidad, etc.

Que tu arte me emocione

En “La voz” el casting se hace con los jueces de espaldas al artista, por lo que el único elemento que interviene en la decisión del jurado es la interpretación vocal que éste ofrezca. En este caso, el artista debe hacer un balance de sus limitaciones y fortalezas para jugar sus bazas de manera que consigan convencer al jurado de que es la mejor opción o una de las mejores. Para ello, es fundamental la elección de una canción que bordee estas limitaciones pero que, al mismo tiempo, les permita sacar partido de sus fortalezas.

Lo importante es que la interpretación impacte emocionalmente a los jueces. Y es que, a pesar de que parezca ilógico, una actuación con una ejecución técnica de mucho nivel no tiene porqué ser una actuación ganadora. De hecho, el jurado selecciona a intérpretes que han desafinado puntualmente pero que han aportado su personalidad a la canción, que han conseguido transmitir emoción y honestidad.

El equivalente a “La voz” en personal branding se produce cuando un cliente potencial te conoce a través de tu blog. En este caso, es muy probable que haya llegado a un artículo concreto a través de una búsqueda en Google y, posiblemente, tras haber leído algunos otros artículos relacionados con su búsqueda pero, como en el concurso, el elegido no será aquel de mayor nivel técnico sino el que consiga ofrecer una solución más adecuada a sus problemas.

Y esto se consigue de la misma manera que en el concurso: conociendo a tu cliente, conociendo tus fortalezas y debilidades y administrándolas para emocionar a tu cliente. Posiblemente, la perfección tenga mucho menos que ver con la emoción de tu cliente que con la empatía, la pasión, la honestidad y, muy importante, la coherencia que transmitas.

No quiero que seas perfecto, quiero que me emociones.

 

¿A cuánto está el kilo de influencer?, por @CelestinoMz

Internet en general, y las redes sociales en particular, son fenómenos masivos y globales, cuyas ventajas ya casi no hace falta explicar. Estas ventajas, o al menos alguna de ellas, han sido apreciadas rápidamente por aquellos que quieren usar estas plataformas para vender productos o servicios, de manera directa o indirecta.


El asalto 2.0

Muchos de ellos han entrado en el mundo 2.0 sin haber hecho el esfuerzo de entenderlo, sin comprender que en este entorno las reglas del juego son diferentes y, lo más grave, sin darse cuenta de que el territorio en el que han irrumpido pertenece a las personas que lo sustentan con sus interacciones.

Ignorando todos estos puntos, con el punto de mira puesto en la venta y el cargador repleto, entran y disparan a todo lo que se mueve, con los resultados que podemos imaginar.

Tras una primera experiencia más o menos desastrosa, algunos de estos francotiradores han visto una solución al desinterés que sus técnicas de asalto 2.0 han provocado entre su público potencial. Al fin creen haber encontrado el vehículo que les llevará a ese filón, que alguien les ha hecho creer que existe, de clientes alrededor del mundo, deseosos de emplear su dinero en la primera tienda online, u offline, que encuentren.

Esta solución, como muchas otras que provienen del mundo del marketing, tiene un nombre en inglés: influencers.

Qué es un influencer

Un influencer es una persona que tiene a su alrededor una comunidad de personas que le consideran relevante en una o varias áreas de conocimiento, sobre las cuales, por su autoridad en la materia, tiene capacidad de influir positiva o negativamente.

Este fenómeno no es nuevo, mucho menos el mundo del marketing, donde los prescriptores o embajadores de marca existen desde hace décadas.

La gran diferencia de los influenciadores 2.0 es que estos pueden ser personas de a pie, casi anónimas fuera de su entorno específico y que, en muchos casos, ni siquiera trabajan en el área de conocimiento que dominan. Por ello, muchas de las marcas y vendedores francotiradores han visto una gran oportunidad en ellos para llegar al cliente objetivo con mucho menos presupuesto que con otras acciones tradicionales y con mayor efectividad.

Nuevamente, sin hacer el más mínimo esfuerzo en conocer las particularidades de estas personas, han vuelto a coger el arma y a disparar indiscriminadamente.

¿A cuánto está el kilo de influencer?

Así, bloggers y personas con un buen número de seguidores en alguna red social son requeridos a diario por cualquiera que venda su producto o que haya lanzado una aplicación, para que éstos sirvan de plataforma publicitaria, por supuesto gratuita.

Ni siquiera tienen en cuenta si el blog o la línea editorial del influencer en cuestión tiene la más mínima relación con su producto, simplemente disparan a diestro y siniestro, directamente o a través de agencias creadas ex profeso.

Estas agencias, por otro laso, facturan sus servicios a los clientes correspondientes, mientras tratan de “comprar” la difusión de sus contenidos en las plataformas de los influencers con cuatro canapés servidos en el evento de turno y una foto en la sección de crónica social del periódico local.

Pero, con todo, no es esta la peor de las proposiciones que suele recibir un influencer. A veces, alguna empresa, generalmente pequeña o mediana, contacta con el influencer para preguntarle directamente cuántos seguidores le puede conseguir.

Que los influencers tengan un número de seguidores con cierta disposición a escuchar lo que éste tenga que decir no significa, aunque pueda haber casos, que se vendan al mejor postor.

Un influencer es una persona que ha dedicado muchas horas y esfuerzo para ganarse una reputación y el reconocimiento de sus seguidores y, por esa razón, valora especialmente su credibilidad, actuando con la mayor coherencia posible. Esto no quiere decir que no esté dispuesto a conocer un producto, aplicación o servicio de forma gratuita o a cambio de una compensación económica: lo hará si lo considera coherente con su línea editorial y si cree que su opinión puede ser relevante para su comunidad, pero difícilmente va a acceder a convertirse en un vehículo publicitario y, mucho menos, en un reclutador de seguidores a sueldo.

De la misma manera que las redes sociales han multiplicado las posibilidades de relacionarse con el cliente potencial, el influencer marketing puede ser otra buena posibilidad de hacerlo, pero en los dos casos debe plantearse una estrategia en la que todos salgan ganando, muy especialmente el cliente objetivo.

Así que, si un día te hacen una proposición como la que he descrito, piensa que tu reputación y credibilidad son lo más valioso que tiene tu marca personal, actúa en consecuencia y… ¡alégrate!, eres un influencer.

No malgastes tu vida intentando ser la marca de otra persona

A pesar de su corta vida, George Gershwin ha dejado una profunda huella en la historia de la música popular estadounidense. Aún hoy, su música es un referente para multitud de artistas y no ha faltado en los repertorios de muchas de las estrellas de la música desde principios del siglo pasado hasta la actualidad.

Jacob Gershovitz nació en Brooklyn dentro de una familia de inmigrantes rusos. Desde muy joven, se esforzó en aprender a tocar el piano, por lo que su padre, a pesar de la delicada situación económica de la familia, procuró que pudiese estudiar con un profesor.

Pronto comenzaría a componer sus primeras canciones, que tuvieron cierto éxito y le permitieron escribir su primer y exitoso musical para Broadway: “La, la Lucille”. Después compondría más musicales, repitiendo éxito, así como otras piezas más clásicas, destinadas a las salas de conciertos.

A pesar de sus éxitos, Gershwin sabía que su técnica no era muy depurada, por lo que viajó a París para estudiar con los mejores profesores. Se cuenta que quiso contratar a Igor Stravinski, aunque no hay constancia de ello, y a Maurice Ravel, el compositor del célebre “Bolero”. Ravel declinó la oferta haciéndole la siguiente pregunta:

“¿Para qué quiere ser un Ravel de segunda cuando puede ser un Gershwin de primera?”

Ravel pensaba que Gershwin podría perder su espontaneidad, su estilo propio y, renunciando a enseñarle, le mostraba el camino a seguir, el de continuar trabajando en su estilo, en su valor diferencial, en aquellos rasgos que hacían su marca inconfundible.

Al comenzar a desarrollar una marca personal es normal tener referentes, pero es conveniente no pasar de ahí. La marca se construye sobre multitud de elementos personales que, combinados y presentados debidamente, nos hacen singulares. Esta combinación es única en cada persona, y es el valor diferencial que hace que sea percibida como un referente o la mejor opción para una función concreta, esa es su marca.

Hay muchos factores que intervienen en esta “fórmula” como, entre otros: cultura, experiencias, conocimientos, entorno, carácter… e influencias.

Evidentemente, los referentes nos influencian. En ello está basada nuestra educación. Filósofos, novelistas, músicos, pintores, diseñadores, líderes… Todos ellos han dejado huella en lo que cada uno somos.

Sin embargo, son sólo una parte de nuestra “fórmula secreta”; el número de “ingredientes”  y la cantidad de cada uno que aportemos será lo que nos haga únicos. Así que, parafraseando a uno de los grandes referentes de muchas marcas personales de nuestro tiempo, Steve Jobs, me atrevo a recomendar:

“No malgastes tu vida intentando ser la marca de otra persona”

En cierta manera es lo que Ravel le dijo a Gershwin, que siguió su consejo y pronto volvió a Estados Unidos. Antes de volver, compuso “Un americano en Paris”, que terminaría siendo popularizada por la película del mismo nombre en los años 50.

Después estrenaría la ópera “Porgy & Bess” que, a pesar de ser incomprendida por la crítica, se convirtió en una de sus creaciones más conocidas. Muchas de las piezas incluidas en esta partitura son grandes clásicos de la historia de la música, especialmente del jazz: “Summertime”, “I love you, Porgy” o “It ain´t necessarily so”.

Tras el fracaso de crítica de “Porgy & Bess”, Gershwin se trasladó a Hollywood para componer música para películas y fue allí donde comenzó a sufrir severos dolores de cabeza, síntoma de un tumor que provocaría su muerte pocos meses después, a los 38 años.

George Gershwin, nacido en una familia humilde, de formación autodidacta y en unos pocos años fue capaz de construir una marca cuya influencia no ha hecho más que crecer, a pesar de los 75 años transcurridos desde su muerte.

Sigue su ejemplo y el consejo de Ravel: “No seas la segunda marca de nadie, sé tu propia marca”

Para cerrar, una grabación de “I love you, Porgie” en la voz de Nina Simone, quien la tuvo en su repertorio durante décadas. Hay muchas versiones de este tema, incluso muchas versiones de la propia Simone, pero en ninguna de las que conozco hay tanta intensidad en la interpretación ni tanta complicidad entre piano y voz.

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=v1IY469p9ho[/youtube]

Dedicado a la memoria de “Peter Pan”

Nina Simone: la marca personal fraguada por la adversidad

Habrían de pasar aún veinte años para que fuese conocida como Nina Simone, y alguno más para convertirse en una de las más grandes divas del jazz pero, a la edad de cuatro años, Eunice Kathleen Waynon, ya cantaba y tocaba el piano con soltura en los oficios religiosos. Su familia apenas podía mantenerse pero, a los seis años, y gracias a una ayuda anónima, pudo comenzar sus estudios de piano clásico.

Cuatro años más tarde, Eunice, que ya era una pianista prodigiosa, ofreció un concierto en la biblioteca de su ciudad. Sentados en la primera fila, sus orgullosos padres aguardaban a que comenzase el concierto cuando fueron obligados a levantarse de sus asientos para que unos ciudadanos blancos ocupasen su lugar.

Este hecho marcaría para siempre a Eunice que, con los años, se convertiría en una activa defensora de los derechos de la población afroamericana.

A pesar de este incidente, Eunice continuó sus estudios de piano y canto hasta que, tras ver denegada una beca de estudios, asumió que no iba a ser la primera concertista negra de la historia de los Estados Unidos y comenzó a trabajar como pianista en un bar de Atlantic City.

Cada noche debía tocar y cantar durante seis horas, así que creó un repertorio de música popular, que personalizaba con toques de jazz y clásicos y que interpretaba con un estilo vocal intenso y desgarrado. Sería entonces cuando adoptaría el nombre artístico de Nina Simone para que su madre no se enterase de que tocaba el piano en un bar.

Su inconfundible estilo pronto la haría popular, posibilitando la grabación del primero de una larga lista de discos. Comenzó entonces una carrera llena de éxitos, que no la hicieron abandonar de su posición comprometida contra la discriminación racial.

Hay pocos ejemplos tan claros en el mundo del espectáculo de lo que es una marca personal: la suma de conocimiento, actitud y valores hacían de Nina Simone una artista irrepetible e inimitable.

Por eso, en estos tiempos en los que soplan vientos de cambio, encuentro inspiradora su historia, la de alguien que supo crear su marca y su futuro a partir de la adversidad.

No hablo de milagros, de secretos, de atracción, ni de positivismo barato. Hablo de estudiar, de practicar, de ser constante, de tener determinación e integridad.

En los próximos años tendrás que acostumbrarte a evolucionar, a cambiar de ocupación, a adquirir conocimientos de manera continua. Lo que no cambiará nunca, si está bien construida, es tu marca.

En la discografía de Nina Simone hay música que podríamos clasificar como jazz, soul o pop, aunque sería irrelevante hacerlo. El estilo, o la marca, de Simone son tan inconfundibles que traspasan los límites de las etiquetas.

Hace ya casi diez años que el piano y la voz de Nina Simone se apagaron para siempre, pero nos queda su música y una declaración de intenciones que, aún hoy, no hace más que reforzar su marca:

Me gustaría que se me recordara como una diva comprometida con sus sentimientos hacia el racismo y sobre cómo debería ser el mundo; y que, hasta el final de sus días, permaneció fiel a sí misma

Nina eligió como título de su autobiografía “I put a spell on you”, uno de sus temas más conocidos, en el que versionaba al extravagante Screamin’ Jay Hawkins, y no se me ocurre mejor cierre para apreciar las inimitables cualidades artísticas de la Simone.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=UGvI3dXldPI[/youtube]

 

Freddie Mercury: Marca Personal hasta el final

Hay un refrán que dice: “Genio y figura, hasta la sepultura”. Todas las personas con una Marca Personal consistente la llevan interiorizada durante toda su vida, y un buen ejemplo de ello podría ser Freddie Mercury, el irrepetible cantante de la banda de rock Queen.
“The Show Must Go On”
puede considerarse el testamento musical de Freddie Mercury, y la historia de su grabación, la mejor muestra para ilustrar la consistencia y consecuencia de su Marca Personal.

Brian May y el propio Mercury habían compuesto la letra: un conmovedor relato de los últimos días del genial cantante, la aceptación del inminente final y una actitud positiva frente a éste. La versión demo de la canción se había grabado en la maqueta con la voz de May en falsete, debido a los altos registros necesarios para ejecutarla tal y cómo había sido compuesta.

La salud de Mercury, enfermo de SIDA, estaba muy deteriorada. Por ello, los productores del disco dudaban de que el cantante pudiese alcanzar los exigentes registros vocales del tema.

Al comunicar la duda a Freddie, éste echó mano de una botella de vodka a la que dio un buen trago y, acercándose al micrófono, respondió:

“I’ll fuckin’ do it, darling”

Freddie Mercury cantó el tema en una sola toma sin mayores problemas, llegando a sus registros más altos y asombrando a los presentes. Brian May, y no pocos admiradores de Queen, consideran este tema como una de las interpretaciones más brillantes del genial cantante.

Debido al deterioro físico de Mercury, se optó por montar un vídeo en el que se recopilaba material de los últimos diez años del grupo. Seis semanas después del lanzamiento del tema, Freddie Mercury perdía la batalla contra el SIDA. Desde entonces, su Marca Personal y su leyenda siguen creciendo.

¡God Save The Queen!

Foto: Nuno Alex Silva (flickr)

El primer héroe de la Torres Gemelas

Aquel funesto 11 de Septiembre de 2001, mientras contemplaba las imágenes de la columna de humo saliendo de la torre norte del World Trade CenterPhilippe Petit recordaría la mañana del  7 de Agosto de 1974 en la que, poco después de las 7 de la mañana y precisamente desde la misma torre norte, daría los primeros pasos sobre el cable de acero que separaba las Torres Gemelas del World Trade Center, a más de 400m. de altura.

Durante cuarenta y cinco minutos mágicos, Petit recorrió el cable de un extremo al otro, saltó, se sentó e, incluso, hizo reverencias al sorprendido público que abarrotaba las aceras de Manhattan sin poder retirar la vista de la figura vestida de negro que, sobre sus cabezas, recorría el espacio entre los edificios recién estrenados. Incluso la policía, al detener a Petit, dudó si aplaudir o esposarlo.

Philippe Petit, a sus 24 años, se había convertido en una leyenda.

Culminaban así seis años de planificación, en los que Petit no solo tuvo que practicar su habilidad como funambulista. También estudió todo lo referente a la construcción de los edificios y la manera en la que él y sus colaboradores podrían hacer llegar el equipo necesario hasta la azotea de la torre norte sin despertar sospechas.

Su hazaña tuvo tal repercusión que le fueron retirados los cargos y, en lugar de ir a la cárcel, fue invitado a reproducir su paseo en Central Park. Además, se le entregó un pase vitalicio que le permitía la visita a las torres y su firma quedó grabada en una de las vigas de acero de la torre norte.

Desde entonces, Philippe Petit ha recorrido el mundo paseando sobre el alambre en todo tipo de localizaciones, como la Catedral de Notre Dame o la Torre Eiffel, en París, o el Puente de Sidney. Se han escrito varios libros alrededor de su paseo entre las torres y, en 2008, se rodó un documental que incluía las imágenes originales.

La historia de la hazaña de Petit, que comenzó al leer una revista en la consulta de un dentista, nos muestra cómo los objetivos son alcanzables siempre que se empleen determinación y pasión, guiadas por una estrategia adecuada y sin escatimar en conocimiento.

Pero, antes que nada, debe haber una visión, y aquí es donde radica el éxito de Petit y de otros grandes artistas y genios. Este concepto queda muy bien recogido en una frase, atribuída a tantos autores que no citaré ninguno, que dice:

“La innovación es mirar donde todos han mirado y ver lo que nadie ha visto”

Frente a aquella revista donde otros sólo habían visto el anuncio de una fantástica construcción, Petit tuvo una visión: vio una oportunidad para desplegar su arte, para brillar y para hacer algo que el resto de la Humanidad consideraba imposible.

Aún hoy, a sus 63 años, Philippe Petit sigue persiguiendo uno de sus sueños más ansiados: cruzar el Gran Cañón del Colorado.

 

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Yves Saint-Laurent: El secreto tras la marca personal

A los 21 años, Yves Saint-Laurent no solo era el modisto más joven de la alta costura francesa, si no que había sido designado Diseñador Jefe de Dior por el mismo Christian Dior.

Cuatro años después, en 1961, creaba su propia firma.

Durante cuatro décadas, Saint-Laurent revolucionó el universo de la moda femenina. Al creador del prêt-à-porter se deben, también, aportaciones como la sahariana, el traje sastre femenino, las transparencias o el perfume más vendido del mundo: Opium.

Desde la óptica de la marca personal estamos ante un ejemplar caso de estudio: una marca personal que consigue transmitir unos valores que la diferencian del resto y que provocan cambios tanto en su sector de actividad como en la sociedad.

Una marca personal que deriva en marca comercial.

Sin embargo, esta fantástica trayectoria no se hubiese producido sin el concurso de otro genio: Pierre Bergé, colaborador y pareja de Saint-Laurent.

Fue Bergé quien posibilitó la creación de la firma, al conseguir el dinero necesario a través de un inversor y demandando a Dior por los daños morales ocasionados por el despido de Saint-Laurent.

La creación del prêt-à-porter o la diversificación del negocio creando líneas de perfumería, cosmética y otros productos son sólo algunos de los hitos de la gestión de Bergé al frente de la marca.

Saint-Laurent alternaba sus etapas de frenética creatividad con otras de “descenso a los infiernos” entregándose a todo tipo de excesos. Durante su breve estancia en el servicio militar había sufrido humillaciones que, sumadas a las de su etapa escolar, le llevaron a ser ingresado en un hospital psiquiátrico, donde recibió terapias muy agresivas. Estas terapias serían las responsables de los desequilibrios emocionales que arrastraría toda su vida y que le sumían en profundas crisis de creatividad, que Bergé le ayudaba a superar, cuando no a defenderse de sí mismo.

Cuando hablamos de marca personal, tendemos a pensar en algo parecido a un super héroe: una sola persona poniendo en marcha todo un plan para posicionarse como una referencia en un nicho de mercado o especialidad.

En la práctica esto no es imposible, de la misma manera que los atletas de decathlon entrenan para diez disciplinas diferentes.

Otra cosa es que sea la opción más recomendable. La curva de aprendizaje imprescindible para adquirir las habilidades necesarias y diseñar un plan de personal branding confiando el avance al método prueba/error consume tiempo, energía y dinero. Empleando estos recursos en un plan creado y asistido por profesionales, los resultados y la rentabilidad del plan llegarán antes.

Es lo que en economía se llama coste de oportunidad: el valor de no realizar una acción es el equivalente al que se obtendría de haber realizado la mejor de las opciones posibles.

Nunca sabremos el coste de oportunidad que podría haber tenido para Yves Saint-Laurent el no haber contado con el asesoramiento de Pierre Bergé, pero tú si puedes imaginar el coste que supondrá para tu carrera y tu marca personal el dejar pasar una oportunidad de seguir un Plan de Personal Branding.

“Cazatalentos incompetentes”: Esos grandes creadores de marca personal

En 1919, un joven dibujante fue despedido del diario Kansas City Star porque “le faltaba imaginación y no tenía buenas ideas”. Se llamaba Walter Elias Disney, y cuatro años más tarde fundaría The Walt Disney Company, una de las mayores empresas de comunicación y entretenimiento del mundo.

Pocas combinaciones de nombre y apellido tienen tanta capacidad para sugerir emociones, valores y todo tipo de atributos de marca. Pocas personas han desarrollado una actividad que haya marcado de manera tan fuerte a tantas generaciones como lo ha hecho el artista que dió vida a Mickey, Donald y muchos otros personajes inolvidables. Es muy probable que ninguno de estos personajes hubiese cobrado vida de ser por aquel “cazatalentos incompetente” que despidió a Disney del Kansas City Star.

Quizás Disney hubiese continuado dibujando anuncios para periódicos y, seguramente, hubiese hecho una gran carrera, a la vista de su innegable talento. Posiblemente, cuando el joven Walter llegó a Hollywood con 40 dólares en el bolsillo y una película inacabada en la maleta no fuese consciente de que, en ese momento, estaba a punto de nacer la más grande “fábrica de sueños” de la historia moderna.

Todos los que hemos disfrutado alguna vez con “El aprendiz de brujo” o “El Rey León“, por poner sólo unos ejemplos, tenemos que agradecer que un “cazatalentos incompetente” se cruzase en la vida de Disney y “facilitase” la creación de una de las marcas personales más influyentes del Siglo XX.

Quizás el de Walt Disney sea uno de los casos más llamativos, pero hay otros muchos: Elvis Presley, Michael Jordan, Oprah Winfrey, Jerry Seinfeld o el mismo Steve Jobs son otros buenos ejemplos. Así que, si un día te cruzas con un “cazatalentos incompetente”, acuérdate de la historia del joven dibujante del Kansas City Star.

Un despido puede ser el comienzo de tu marca personal, aunque sería mejor no esperar a ese momento, así que ¿por qué no empezar mañana?.