Para personas que han perdido su empleo y quieren relanzar su futuro profesional

Gestionar tu #marcapersonal no es lo más importante, por @xaviroca1

Sí, lo has leído bien. Gestionar tu marca personal NO es lo más importante

En mi opinión gestionar tu marca personal es muy importante, pero NO lo más importante. Llevo desde el año 2001 ayudando a profesionales de todo tipo (autónomos, emprendedores, recién graduados, empresarios, políticos, profesionales liberales, trabajadores por cuenta ajena…) a desarrollar sus marcas personales y estoy plenamente convencido de esta afirmación.

Porque sin ninguna duda, lo más importante es ser muy bueno en lo que haces.

El auge de la comunicación

En los últimos años, el personal branding (gestionar tu marca personal) ha experimentado un auge inusitado. Afortunadamente para los que nos dedicamos a esta apasionante disciplina, cada vez hay más personas concienciadas y convencidas de lo importante que es tomar las riendas de su carrera profesional y gestionar proactivamente su marca personal. Además, en los últimos años hemos vivido una democratización de la comunicación. Las personas tenemos en nuestras manos herramientas de comunicación (la mayoría gratuitas o con unos costes muy reducidos) que hace pocos años estaban sólo al alcance de las grandes empresas e instituciones y que posibilitan que cualquiera de nosotros que tenga algo interesante que contar pueda compartirlo con millares o millones de personas de cualquier parte del mundo. El auge de Internet, las páginas web, redes sociales y otros canales digitales de comunicación han facilitado mucho la labor de comunicar nuestra propuesta de valor a nuestro público objetivo.

Los riesgos

Y esta gran facilidad ha supuesto, a mi entender, un riesgo importante. Cada vez más observo a profesionales con un nivel competencial que deja bastante que desear que se lanzan a la aventura de gestionar su marca personal y empiezan a comunicar de forma intensiva, confundiendo en muchas ocasiones los medios (por ejemplo los canales digitales de comunicación) con los fines:

Las competencias

Gestionar tu marca personal es muy importante, pero resulta infinitamente más importante ser muy bueno en lo que haces. Muchos profesionales mediocres, pero hábiles en sus tareas de comunicación han visto una huida hacia delante. Aunque me temo que es pan para hoy (habría que verlo) y hambre para mañana. Deberíamos dedicar muchos más recursos, ya sea económicos y/o de tiempo en mejorar nuestro nivel de competencia. Gestionar nuestra marca personal será mucho más eficiente en la medida que “nuestro producto”, es decir, nuestras competencias profesionales sean mejores. Por lo tanto dedica tiempo a adquirir experiencia, fórmate bien, asiste a congresos, lee, aprende de los mejores, viaja…

Porque al final, el camino más corto para tener éxito y ser feliz es ser muy bueno en lo que haces.

Imagen: Joshua Bell, Flickr Aaron Tang Creative Commons

 

Todos tenemos algo que aportar, por @enriquefbrull

Hay mucha gente, demasiada, que piensa que cualquier influencer o famoso es mejor que él; y lo ven inalcanzable. Si cualquiera de esas personas está pasando por un mal momento esto le hace entrar en un círculo vicioso. ¿Cuál es ese círculo? El de ver tan alta la meta y verse ellos tan insignificantes que les impide avanzar; o si lo hacen se rinden al poco tiempo.

Hay mucha gente en la cima de cualquier sector. Puede que me digas que han tenido suerte, y no te negaré que haya podido ser así en algún caso. Pero hay una cosa que la mayoría comparte: el trabajo y la pasión para estar donde están. El que algo le apasione lo suficiente para que inviertan parte de su vida (sí, más que horas, es su vida) en lo que les gusta. Y que han esquivado cada piedra en su propio camino. ¿O piensas que la mayoría de esa gente no ha tenido que tragarse piedras para estar ahí? Es obvio que la mayoría no lo dirá. Se tiende a endiosar a la gente que llega a la cima y claro, ¿desde cuándo se tiene la creencia de que los dioses tienen puntos débiles?

A lo largo de estos años he tenido la oportunidad de conocer a varios, podríamos decir, influencers de su sector. Y he de decir, que en la mayoría de los casos, las expectativas que me había marcado eran fruto de una nube que les rodeaba. Otras personas, los medios o mi cerebro me habían jugado una mala pasada, y la marca personal que había dejado esa persona en mí, antes de conocerla, no era tan inalcanzable como se pudiera pensar; ni tan buena. Y esto tiene una clara explicación: todos somos personas, todos somos vulnerables y, obviamente, alcanzables.

Tampoco puedo negar que la mayoría tiene presente la humildad con la que partió el primer día de su camino; lo que las hace personas cercanas y accesibles. Aunque también debemos entender que estarán hasta el moño de que cualquiera vaya detrás de ellos a hacerse la fotito o pedirle un autógrafo y, debido a esto, pueden ponerte mala cara. A ti también te pasaría, recuerda: también eres una persona.

¿Eres una persona? Entonces tienes algo que aportar

¿No lo ves, verdad? Es lógico. Lo difícil no es saber que tienes algo que aportar, sino saber el qué aportar; esa debe ser tu principal misión, pero sin frustrarte. Simplemente empieza mirando a tu alrededor que hacen otros, la rueda ya está inventada y, créeme, todos la usan de forma similar.

El mundo necesita caras nuevas, y aunque seas más guapo o más feo, más alta o más baja: no pasa nada; de hecho te ayuda a diferenciarte. Es la cara o estatura que te ha tocado, tienes que darle uso e intentarlo, debes aceptarte. Muchos no llegarán, por circunstancias que son imposibles de predecir, pero si no empiezas el camino nadie vendrá a buscarte. ¿O acaso piensas que va a venir algún hada madrina a concederte los correspondientes deseos? Tu eres tu propia hada madrina.

Internet nos ha dado la oportunidad de llegar a más gente, de transmitir nuestro “mensaje” y de llegar a todos. Sin censuras, sin necesidad de que algún medio nos apruebe si interesa que se nos escuche o no. ¿Qué época ha permitido eso? Piénsalo.

La propuesta de valor de cada persona

Siempre he pensado que toda persona tiene algo que aportar; por pequeña que sea. Y de hecho, esa ha sido mi propuesta de valor para el proyecto de Gestiona Tu Marca; apostar por gente que lleva poco tiempo o necesita más visibilidad. Esa gente que necesita un impulso para abrirse su blog o está cansada de ver que no avanza. Y son igual de validas que cualquier influencer; o incluso más. Aportan algo que muchos influencers han perdido: pasión, ilusión y frescura. ¿Hay más riesgo de que puedan equivocarse? Por supuesto, igual que cualquier persona que está empezando su camino. Pero hay que  tenderle la mano al mundo, no apartársela.

Conocemos nuestro presente, pero en muchas ocasiones no tenemos en cuenta nuestro futuro. El mundo avanza sin parar y se renueva cada día. La muerte alcanza a muchas personas todos los días; igual que algún día te alcanzará a ti. Ese lugar que ocupas ahora lo ocupará otra persona tarde o temprano; así ha sido siempre y así será. De nosotros depende facilitar las cosas y educar bien a los que vienen o de resistirnos sabiendo que nuestro final es inevitable; eso es lo único que podemos predecir. El día a día y la meta que queramos alcanzar depende de nosotros y de nuestro esfuerzo.

Así que busca tu propuesta de valor, ponte en acción y dile a todos quién eres. Si tienes la paciencia, el tesón y la constancia suficiente el mundo te acabará poniendo en el lugar que te corresponde. Si él nunca deja de girar, y cada uno de nosotros somos algo insignificante comparado con el universo, ¿cómo vamos a permitirnos quedarnos con los brazos cruzados?

#MarcaPersonal: construir voz propia y expresarse desde ella, por @Prof_EstradaMSc

Saludos cordiales, amigo lector. Heme aquí de nuevo, compartiendo contigo ideas, conceptos, valores y propuestas desde el entorno bloguero de Soymimarca, y muy feliz de poder hacerlo: sigo dando gracias por la oportunidad.

Como sabemos, la marca personal de un ser humano tiene que ver, necesariamente, con los diversos modos en que este impacta a su alrededor, a partir de sus características personales, sus desarrollos profesionales, sus comportamientos habituales y los resultados que consigue gracias a la integración y aplicación práctica de esos componentes (sea cual sea la índole de tales resultados). Todo ello adquiere matices distintivos y únicos, y nos permite diferenciarnos y destacarnos en uno u otro sentido, en la forma y medida en que conseguimos materializar y expresar lo que somos, hacemos y logramos, de forma sustancialmente diferente a como lo materializan y expresan otros seres humanos, quienes interactúan y procuran marcar también a nuestro alrededor, e inclusive a nosotros mismos; y que de hecho, lo logran (porque si pensamos de ellos tal y cual cosa, y los consideramos de este o aquel modo, es precisamente porque en algún sentido y con determinada intensidad nos han marcado).

A ese modo y modelo individual de expresión única, distintiva y diferenciadora de una marca personal, me gusta denominarlo Voz Propia.

Y al hablar de voz propia, no me refiero solamente al sentido literal del concepto (o sea, al modo de hablar y/o escribir). Porque nos expresamos de otras muchas maneras y mediante diferentes mecanismos, algunos utilizados voluntaria y conscientemente, y otros, simplemente involuntarios. Y ese conjunto de las formas en que lo hacemos, que permite que seamos identificados y reconocidos como únicos e irrepetibles, es nuestra voz de marca. Con ella comunicamos de muy diversas formas lo que somos, hacemos y logramos. Ella es el idioma de la marca personal que somos y dejamos.

Analicemos esto juntos, pues.

Todo comportamiento tuyo, si es genuino, comunica tu esencia, dice quién y cómo eres, habla de cómo haces lo que haces, y define lo que de ti puede esperarse en el contexto en que te hallas en ese momento, y posiblemente, también para el futuro. Es más: también indica mucho (y a veces todo) de lo que has sido, hecho y logrado en el pasado; o sea, integrando todo ello, deja tu marca. Todo cuanto haces expresa tu voz de persona única e irrepetible, la voz de tu marca personal, y te manifiesta a través de ella. Entonces, debes procurar que no haya la mínima posibilidad de confundirla. Debes expresarte con voz propia, siempre, siempre, siempre. Por tanto, necesitas construirla y gestionarla.

Y como te he dicho, el grado de autenticidad de tu voz propia no se refiere solo al escribir o hablar. También al ser y hacer, y a cada manifestación de ambos. Que tu expresión en todo sentido se sienta como tú, que haga sentir que ese eres tú y solo tú.

Te propongo brevemente algunos abordajes.

  • Habla como eres. La inmensa mayoría de tus interacciones sociales offline fluyen y se basan en la conversación. ¿Cómo conversar de un modo que marque la diferencia y permita identificarte inequívocamente? No hay recetas universales; la respuesta depende de diversos factores educacionales, contextuales, temporales, sociales, profesionales, entre otros, y se ha investigado y escrito mucho al respecto. Estudia, prepárate y practica, e incorpora a lo técnico tu impronta personal. Sé un conversador de excelencia y único.
  • Escribe como eres. Construir una voz propia al escribir (y saber usarla, y adecuarla sin distorsionarla ni perderla, según el tipo de texto, el momento y el contexto, entre otros factores), es todo un ímprobo trabajo, especialmente cuando hay tantas personas escribiendo sobre temas similares a los tuyos, con iguales o parecidos objetivos, en los mismos tiempos y contextos, y desde plataformas iguales o equivalentes. Pero en tanto marca personal, no te puedes permitir el lujo de dejar a la casualidad o al azar la calidad y el impacto de tu voz propia. En mi reciente trabajo Cómo usar un blog en modo branding personal, te he propuesto conceptos, métodos y ejercicios prácticos para lograrlo, contextualizados al ámbito del blogging, pero aplicables en otros varios.
  • Viste como eres. Tú eres único e irrepetible, y el modo en que te presentas en los diversos espacios en que interactúas y te relacionas, dice mucho de ti a quienes te rodean. Porque la voz de tu marca habla y se expresa también desde tu imagen física, sobre todo con eso que suelen llamar la primera impresión que causas. Cuando llegas a cada sitio que visitas, tu apariencia habla de elegancia y ajuste, o de cuidado, o de descuido, o de negligencia y dejadez, o de modernidad tendencial, o de total atención a los detalles, o, o…

Y entonces, ¿cómo hacerlo bien? Yo no soy en modo alguno conocedor técnico del tema, pero he leído y escuchado a algunos –sobre esto se produce y consume mucho contenido-; y suelen coincidir en una palabra clave, la misma que yo uso para otros diversos temas. Esa palabra, que ya te he mencionado antes, es depende (de la ocasión, de la situación, de tu físico, del clima, de la compañía, del horario, y un largo etc.; pero sobre todo, de ti, de quién eres tú y de cómo disfrutas y te sientes más cómodo y sintonizado con el entorno en cada situación).

  • Trabaja como eres. Tu forma de trabajar, en lo que sea que hagas profesionalmente, dice muchísimo de ti, y es un factor crítico de tu marca personal. Por tanto, no tienes otra opción que hacer coincidir el grito de tu voz propia con lo que quieres que sea escuchado y asumido sobre tu ser y hacer laboral/profesional.

¿Quieres ser considerado como serio, dedicado, riguroso, estricto, colaborador, innovador, productivo? Pues que tu voz (la expresión de tu marca) lo grite cuando estés trabajando. Que al verte en acción, y/o al ver y comparar varias muestras de trabajo tuyas y de otras personas, no quede otro remedio que decir de ti: esto lo hizo Fulano, esa tremenda  calidad es solo suya. Solo él lo hace así.

  • Relaciónate como eres. Como lo he expresado en otros momentos, solo puedes marcar en contacto con personas. Únicamente ellas pueden recibir, analizar y valorar el impacto de lo que tú eres, haces y logras, y tomar cualquier tipo de decisión que te afecte en uno u otro sentido, a partir de ello. Entonces, tu calidad relacional es crítica para tu marca personal, y en ella debería expresarse siempre lo mejor de ti mismo.

Sucede que la base de las relaciones humanas es, esencialmente, la confianza existente entre los actores, que solo puede ganarse convirtiéndose en alguien confiable y manteniendo con los hechos tal condición. Esa dinámica evolutiva confiabilidad/confianza pasa por tu autenticidad; por el modo que que tus actos dicen a quienes te rodean: mírenme, este soy yo, sin dobleces, honesto, sincero, honrado, coherente y ético. Lo que pienso lo digo, y lo que digo lo hago. Y como pueden comprobar cada día, no hay razones para esperar de mí otra cosa que no sea siempre la verdad. Esa, tu voz propia, la de tu ser confiable, se expresa como el modo en que  haces siempre lo que dices que harás, y te convierte en alguien en quien se confía, porque eres confiable y así te proyectas y actúas. Todo lo cual, por supuesto, te identifica y define para bien a los ojos de tu entorno.

Estos son algunos abordajes, muy generales, en función del tema que estamos tratando: cómo diferenciarte como marca personal desde la construcción y expresión de tu voz propia. ¡Pero hay otras muchas posibilidades!

Y te las resumo: vive, sé y compórtate como eres de verdad, como te definen los principios y valores que de diversos modos, en distintos momentos y etapas, han sido incorporados a tu ser, asumidos, consolidados y practicados mediante actitudes y conductas a través de tu trayecto vivencial; y no solo como digan las normas o lo dicten las circunstancias ni te obligue la coyuntura para “encajar” o “pegar” o “funcionar”.

Hay otro elemento muy importante en términos de estrategia y branding personal: nunca olvides que tu voz no solo debe expresarte como eres hoy, sino cómo quieres ser en el futuro que has visionado y por cuya materialización trabajas. El branding personal funciona trabajando sobre lo que hay e incorporando, integrando y desarrollando lo que aún no está. Y ello supone un proceso con abordajes constructivos, que entre otros temas, abarca tu voz propia, que se irá desarrollando y creciendo en la medida que lo hagas tú. Pero siempre, siempre, siempre, desde la autenticidad de tu ser como persona.

Y si yo fuera tú, en este punto le preguntaría al autor de este post lo siguiente:

Pero entonces, si no debo seguir pautas y el contexto las dicta, ¿cómo puedo impactar de forma positiva y perdurable?  

Porque a fin de cuentas, ¡necesitas funcionar en el contexto, puesto que en él vives y marcas! ¿Verdad?

Y como ya hemos visto, eso no funciona desde la actuación de personajes. Para ser realmente tú, hacer como tú eres, y marcar desde quien eres, necesitas ser tú. Genuino. Honesto. Único. Inconfundible. Y la única manera de marcar positiva y sistemáticamente como marca, y convertir esa marca en perdurable, es hacerlo en contacto directo y frecuente con otros seres humanos; y tal contacto tiene necesariamente que producirse en los contextos determinados y específicos en los cuales tú y ellos suelen participar e interactuar. Esos mismos contextos que suelen dictar las normas que yo, aparentemente, te estoy invitando a no seguir.

Pues resulta que sí se puede; hay un “secreto”, y diversos mecanismos para practicarlo.

El secreto, la clave, es cultivar y desarrollar ese ser y hacer, de tal modo que resulte totalmente pertinente y funcional en los diferentes contextos en que marcas e impactas, y al mismo tiempo, absolutamente auténtico. Que todos te perciban y sientan como funcional, pertinente, útil, importante y necesario, pero que nadie pueda acoger ni de lejos en su mente la idea de que interpretas un papel. Que toda persona con quien interactúes, perciba, sienta y sepa que ese humano que tan bien funciona, eres tú, y que la voz que escucha en todo momento y circunstancia es tu propia voz.

Conseguir esto es posible, pero no sencillo: lleva mucho trabajo. Porque pasa, entre otras cosas, por desarrollar un grupo de hábitos conductuales clave, de tal modo que al practicarlos fluyan de forma natural, que ni siquiera te des cuenta de que los practicas. Que pasen a ser parte de ti, que constituyan los matices de tu voz propia. Que se conviertan en ingredientes genuinos de tu naturaleza y signos distintivos de tu marca personal, aunque no sean originalmente tuyos ni hayan nacido en ti.

Como muy bien nos dejó dicho Aristóteles, “somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto; es un hábito”.

Veamos algunas opciones para lograrlo, las cuales te propongo en un orden que puedes variar según te interese, convenga y funcione: que no todos los contextos son iguales, ni nosotros tampoco.

1- Investiga sistemáticamente tus posibles entornos de incidencia, y analiza tu competencia actual para impactarlo:

Busca y/o genera respuestas a preguntas como estas: ¿Qué hace falta ahí afuera, en mi contexto habitual y natural de incidencia y relación? ¿Qué tipo, calidad y cantidad de valor se requiere? ¿Qué puedo yo aportar como soy/estoy hoy, y qué cambios debo hacer para acercar mi potencial de aporte al máximo esperado/deseado?  ¿Y cómo puedo manejar equilibradamente mi proceso transformador, combinando la estabilidad del aporte actual con la necesidad del cambio para potenciar los aportes futuros, y al mismo tiempo, logrando que mi voz propia me proyecte como actor y factor transformacional?

2- Observa y diagnostica:

Evidentemente, hay mucho que ver, analizar y aprender a tu alrededor. Y tu proceso de observación debe ser gestionado y muy bien orientado a objetivos y prioridades, nunca espontáneo ni casual. ¿Qué buscas? ¿Qué necesitas aprender exactamente? ¿Cómo se hace eso allí? ¿En quiénes de los que te rodean, tales prácticas son mejores y más frecuentes? ¿Cómo lo hacen? ¿Qué consiguen al hacerlo? ¿Qué tanto y cómo funcionan esas mejores prácticas en el contexto, o lo que es lo mismo, cuáles son allí los factores críticos de éxito? ¿Cómo esas personas han llegado a ser y dejar las marcas que son y dejan? ¿Y cuáles de sus métodos y mejores prácticas subyacentes (las que no ves, pero culturalmente se sabe que lo hacen) y también de las visibles, funcionarían para ti, en el sentido de poder aplicarlas y enriquecerlas sin dejar de ser tú la persona diferente a ellos que eres? Y sobre todo, ¿cómo podrías incorporar con tu sello, tu impronta, tu unicidad y autenticidad, lo mejor de esas prácticas a tus propios desempeños?

Porque no es malo en absoluto aprender de los mejores, ni trasladar sus buenos ejemplos a nuestra conducta. ¡Al contrario! Lo malo es hacerlo desde una imitación servil, de forma mimética y además ostensible, buscando o procurando que ellos se percaten de que les imitas, y a partir de ello, “te tomen en cuenta”. Porque además (y esto es muy importante): a los referentes verdaderamente buenos y auténticos, no les gusta ni les funciona eso. Comparten de forma genuina y sencilla lo que son, hacen y logran, y hasta te ayudan a implementarlo en tu praxis hasta donde te funcione a ti, sin necesidad de que te conviertas en su seguidor forzado y menos en su imitador consuetudinario. Simplemente, les gusta ayudar, y disfrutan hacerlo.

En Pasión por la Excelencia (un clásico gerencial de los 80) cierto señor nombrado Tom Peters nos hablaba del síndrome del NIA (No Inventado Aquí, refiriéndolo a forzar la entrada y asunción de prácticas ajenas), y explicaba desde estudios de caso sus negativas consecuencias en un contexto temático de cambio organizacional.  Y resulta plenamente válida la extrapolación del concepto al tema que aquí estoy manejando contigo. Cuando se intenta forzar la inserción en la conducta humana de una característica o comportamiento que evidentemente, por las razones que sea, no encaja ni funciona, pues adivina qué… no encaja ni funciona. Lo que no es auténtico, tarde o temprano grita. Entonces, hay que trabajar duro para aprenderlo, aprehenderlo, incorporarlo, enriquecerlo, diferenciarlo y signarlo con nuestra impronta y marca, de un modo tal que llegue a convertirse en propio y a sentirse auténtico.

3- Estudia permanentemente tus temas:

Nada puede hacerte marcar mejor que combinar al máximo nivel posible tu mejor ser con tu mejor saber y saber hacer, y expresar en tu praxis la sinergia resultante. Entonces, además de cultivar permanentemente lo mejor de tu ser humano, debes hacer lo propio con tu profesionalidad, y demostrar que creces a diario y que aportas cada día más valor.  Pero cuidado: no se trata de que lo digas tú, aunque sepas que así está sucediendo.  No hagas autobombo. Que lo digan quienes reciben los beneficios de tu contribución, y si no lo dicen, no importa; ya lo harán, ellos u otros. Lo que debe  importarte es aportar, seguir aportando, y continuar creciendo y marcando en el proceso. El mejor modo en que puede expresarse y proyectarte tu voz propia en este tema, es el silencio consciente y tranquilo.

4- Ubícate:

¿Te suena el famoso refrán “donde fueres, haz lo que vieres”? Pues suele funcionar; la sabiduría popular no se equivoca. Entonces, aplícalo: pero ojo, no hasta los extremos del mimetismo mecánico ni automático. Porque no todo lo que vieres donde fueres,  resultará necesariamente funcional ni válido para ti, en términos de tus principios, valores e ideales, ni de las buenas prácticas personales/profesionales que te han convertido en la positiva marca que eres y dejas hoy. Conviene entonces que regreses a lo propuesto algunos párrafos atrás, en cuanto a investigar y diagnosticar sistemáticamente tu entorno se refiere. Porque vives y marcas en él, pero él no tiene que definirte. Te defines tú.

5- Retroaliméntate con discreción:

Bajo ninguna circunstancia permitas que alguien “poderoso” en tu espacio piense que buscas su aprobación o que intentas halagarle o ganártelo preguntándole si “vas bien”.  Haz ese tipo de pregunta cuando realmente necesites tal feedback, y con un enfoque temático y marco temporal específico, y solo a las personas que hayas identificado como adecuadas por combinar en alto grado elevada competencia profesional y gran calidad humana. De ese modo te harás respetar de todos: de ellos, porque notarán tu interés genuino en aprender, crecer y aportar, y querrán estimularte y apoyarte; y de los demás, porque percibirán tu crecimiento logrado sin recurrir a argucias relacionales, y se beneficiarán de tu creciente nivel de contribución. Y por supuesto, prepárate también para las negatividades y sus múltiples manifestaciones: de todo hay en la viña del Señor. Manéjate y maniobra con cuidado entre esas aguas: que tu voz propia te exprese y proyecte como alguien que acepta y recibe lo mejor que le dan, pero tolera tranquilo las mediocridades, sin sufrirlas, más bien procurando ayudar a sus promotores a superarse y crecer.

Y entre otros muchos elementos que pueden quedar en el tintero, puedo sugerirte estos otros: participa en todo cuanto puedas, relaciónate bien y gánate la confianza más genuina, colabora en cuanto te sea posible, y contribuye al máximo de tus posibilidades. Y cuando llegues a ser tú el de las mejores prácticas a aprender, pues compártelas y enséñalas del modo en que los mejores lo hicieron contigo cuanto te tocó aprender. O mejor aún, si es posible. Porque en este proceso habrás crecido, y posiblemente superado los mejores desempeños de tus predecesores.  Tu marca personal será la referencia (o una de ellas), y se expresará en  una voz propia de referencia.

Hasta aquí por esta vez las sugerencias. Hay otras muchas posibles, pero pienso que cada quien puede y debe descubrir sus propios trayectos constructivos de voz propia, y los descubrirá con su esfuerzo y recursos en función del momento, contexto, situación y proyección de su marca personal.

Seguramente has notado que en un par de momentos te invito al equilibrio, ¿verdad? Te sugiero tal cosa, pero no hasta tal extremo: estaba seguro de que lo notarías. Y es que la gestión efectiva de una marca personal es, necesariamente, un tema de equilibrios dinámicos, tanto como lo es la vida misma.  Coexistimos en equilibrio (o procurándolo) con otros seres humanos, en contextos que procuran equilibrios con otros contextos, aún inmersos en cambios tan frecuentes y profundos como los actuales; entonces, es importante marcar de forma equilibrada para funcionar, y que nuestra marca personal funcione y marque como lo demandan momento y contexto. Para ser pertinentes y que el valor que aportemos sea válido, utilizable y viable; y de tal modo, realizarnos a nivel personal, profesional y social/relacional.

Y ese debe ser nuestro norte de marca. Al menos, mientras no estemos en condiciones de romper con todo y refundar las reglas (a lo Steve Jobs, a lo Tom Peters, a lo Gabriel García Márquez, a lo Michael Jackson, a lo Diego Armando Maradona, a lo Antonio Gades, a lo Michael Jordan, a lo Charles Aznavour, a lo Javier Sotomayor, a lo Stephen Covey, a lo Roger Federer, a lo Cassius Clay, a lo Lola Flores, a lo Serena Williams, a lo Benny Moré, a lo Leo Messi, a lo Usain Bolt, a lo Pablo Neruda, a lo Garry Kasparov… por ejemplo).

Y como fácilmente notarás al revisar los links que te propongo, de cada uno de ellos, hay solo uno; pero cada uno de ellos trabajó muy duro y se preparó de forma consistente para ser lo que fue, lo que es, y/o lo que nos ha legado; integrando en su praxis aquello de lo que les dotó Madre Natura, con los múltiples aprendizajes conceptuales, metodológicos y prácticos (de índole personal y profesional) que mediante mucho trabajo duro debieron incorporar, desarrollar y convertir en rutinas de excelencia; y como parte de todo ello, gestionar y proyectarse desde la voz propia que construyeron y a través de la cual se han expresado o aún se expresan y nos marcan, en tanto marcas personales.

Y a ello te invito. Pues de eso se trata, precisamente, el mejor branding personal.  ¡Un gran abrazo!

Imagen: Lifeofpix.com

Claves para no dejar que te pisoteen, por @jordicollell

Tomar la iniciativa en la vida profesional no siempre es fácil ni posible. Para los profesionales que trabajan por cuenta ajena es habitual que se acepte que sea la empresa quien marque la hoja de ruta. La condición de empleado implica que alguien tiene que decidir en qué actividades se ocupa al trabajador porque a fin de cuentas este último cambia su tiempo por un salario o por lo menos esta es la situación habitualmente aceptada.

Si tu no dices lo que eres, los demás dirán lo que no eres es una frase de nuestro colega Ramón Freixa que también puede aplicarse al desarrollo de la carrera profesional. Si no gestionas tu hoja de ruta profesional los demás lo harán por ti.

La manifestación más extrema de cómo otros pueden marcar, negativamente, el momento profesional es la condena al aburrimiento. Javier Ricou publicó hace unos días un artículo en La Vanguardia sobre esta situación, “Boreout, los males de un trabajo aburrido” en el que pone de manifiesto los daños psíquicos y físicos que se producen cuando una organización deja de contar con un colaborador y para forzar su salida lo condena al aburrimiento.

La condena al aburrimiento es una práctica poco ética, de dudosa legalidad, que transmite un mensaje muy negativo sobre las organizaciones que la practican y que es difícil de adivinar por parte de los afectados. Por regla general se produce en situaciones en las que se puede supones un cambio en el rendimiento por parte del trabajador ya sea por haber entrado en una franja de edad crítica o en una nueva situación personal como la maternidad y va unido a la falta de capacidad jurídica de la empresa para despedir a un trabajador que busca de esta manera el modo de forzar un acuerdo de salida.

No dejes que te pisoteen

Estar en manos de un tercero es siempre una situación de desventaja y cuando esto afecta a una parte muy importante de la vida como es el trabajo y los ingresos todavía lo es más por lo que puede resultar interesante ver la manera de tomar la iniciativa para anticipar en la medida de lo posible las situaciones negativas y tener un plan de acción si estas se producen de manera imprevista. Para ello recomiendo tener presentes los siguientes aspectos:

  1. Ser conscientes del terreno que se pisa. A pesar de que se pueda estar cómodo en una empresa y de que el salario compense nunca se debe renunciar a analizar la situación de manera crítica y objetiva. Signos como un historial consistente de prejubilaciones a llegar a un umbral de edad o de reacciones adversas frente a determinadas situaciones personales como maternidad, enfermedad…deben hacer reflexionar y tomar medidas preventivas.
  2. No creer en nuestra singularidad. Lo que ha pasado a los demás puede pasarnos a nosotros y cuando pase nadie nos va a sacar las castañas del fuego. Uno de los aspectos más significativos del artículo de Ricou es la falta de apoyo por parte de sus colegas, que estaban al corriente de la situación de condena al aburrimiento a la que estaba sometida, que encontró una de los testimonios citados.
  3. Gestionar la carrera profesional. No es un tópico y aunque los tiempos no estén para tirar cohetes en lo que se refiere a cambiar de empleo o para hacer otros planes, lo que si es cierto es que si no lo hacemos nosotros nos lo vamos a encontrar hecho y es posible que no sea de nuestro gusto. Adaptar nuestra actividad a las distintas etapas de nuestra vida de manera realista y planificada es la única manera de recuperar el protagonismo. De entrada siempre es difícil pero a medida que vamos profundizando en saber lo que queremos y en dibujar la manera de llevarlo a la práctica se van abriendo puertas. Démonos la oportunidad de afrontar el cambio.
  4. Tener un plan B. Por si suceda aquello que siempre hemos deseado que no ocurra que por lo menos no nos coja desprevenidos. Haber trabajado el punto anterior, nuestra carrera profesional, nos habrá dado las vías de acción y sólo tendremos que ponerlas en práctica.
  5. Gestionar la Marca Personal. Dejar huella pasa por gestionar la vida y la carrera profesional. La gestión de la marca personal nos podrá en el camino para saber movernos en cualquier circunstancia teniendo el control y el protagonismo.

Que nada ni nadie nos pueda condenar al aburrimiento y destruir nuestra vida.

Imagen: Flickr CC. MATHIEU BEAURY

Indicadores de progreso en gestión de #marcapersonal, por @guillemrecolons

La literatura surgida de del entorno de internet puede llegar a aturdirnos: mediciones, indicadores, KPIs, Klout, Kred, Linkedin SSI, % de conversión, % de rebote, tiempo medio de lectura, Followers, Engagement…

Todo esto es genial, pero para no perder la perspectiva voy a listar los indicadores REALES de progreso en función de dos categorías: Los indicadores de bienestar (ingresos, contactos, calidad de vida,…) y los de vanidad, que no nos dan de comer pero nos hinchan el ego. Aquí tenemos los más importantes indicadores de progreso en gestión de #marcapersonal:

#Indicadores de Ingresos

  • Autónomos: Este mes he conseguido ganar x dinero, he cubierto costes, he perdido-
  • Cuenta ajena: Este mes me he ganado el sueldo, he conseguido ganar más dinero en remuneración variable, este mes lo olvidamos

#Indicadores de Contactos de valor

  • Este mes he conocido personalmente a tres profesionales que pueden conseguirme contratos nuevos, clientes nuevos…
  • Este mes he contactado vía Linkedin o Twitter con X socios potenciales, con X clientes potenciales. Veré si pueden requerir mis servicios y contactaré de nuevo con una propuesta de colaboración

#Indicadores de Mejora laboral

  • Autónomos: Este mes he iniciado un nuevo proyecto de colaboración con otras tres personas que podrá generarme x ingresos a medio plazo
  • Cuenta ajena: Este mes he conseguido un cambio de categoría laboral, o todo sigue igual, o me han echado o he conseguido un nuevo empleo

#Indicadores de Mejora en la calidad de vida

  • Este mes he conseguido dedicar más tiempo a: hacer deporte, leer, escribir, estudiar, la familia, viajar…
  • O no, este mes ha sido fatídico, el trabajo me ha consumido.

#Indicadores de Referente profesional

  • Este mes he aparecido en tal revista o tal periódico o tal emisora de radio o TV o site en internet como especialista o referente en lo mío.
  • Este mes he conseguido aparecer en el blog/web de la empresa como autor de tal estudio, tal logro.
  • Este mes no he conseguido avanzar como referente.

#Indicadores de Recomendaciones externas

  • Si la marca personal es la impresión que dejamos en los demás, todas las recomendaciones, sean offline u online (recomendaciones en Linkedin, validaciones de aptitudes en la misma red…) serán bienvenidas como uno de los mejores indicadores de nuestra marca. La clave: que sean reales y sinceras. Nunca recomiendes a alguien que no lo merece.

#Indicadores de Mejoras estadísticas

  • ¿Tienes un blog? Un buen indicador es el crecimiento en el número de suscriptores, una condición mejor que la de follower o simple contacto, alguien que quiere saber antes que nadie lo que publicas.
  • También en el blog existen múltiples indicadores núméricos en Google Analytics que te pueden ayudar a mejorar la gestión de contenidos
  • ¿Has escrito un libro o ebook? Un buen indicador es la distribución o las descargas

#Indicadores Vanity A: Social Selling Index

  • Linkedin SSI. Mide cuatro ratios de la red Linkedin: marca profesional, networking fase 1 (encontrar a la gente adecuada), calidad de los contenidos que se comparten y networking fase 2 (establecer relaciones). Va de 0 a 100. Aunque tengas 90 no significa que tu #indicador 1 te tenga que ir mejor, pero es mejor estar más cerca de 100 que de cero.

#Indicadores Vanity B: Klout

  • Klout es un índice de influencia online que va de cero a 100 en base a la interacción que conseguimos (no al número de contactos) en las distintas redes sociales que configuremos en el índice. Roza la imperfección: resulta que según Klout yo soy experto en humidificadores y vaporizadores. A partir de ahí está todo dicho, fiabilidad discutible, pero ciertamente un valor más cercano a 100 indica más influencia que uno más cercano a cero.
  • Actualizado junio 2018: Klout ha cerrado sus puertas. Algo menos de lo que preocuparse. 

#Indicadores Vanity C: Kred

  • Quizás Kred sea el índice menos conocido pero el más completo e interesante, ya que no trabaja en una única medición sino que mezcla algoritmos y da dos valores principales: un índice general de cero a 1.000 sobre cómo influimos en los demás y otro de 0 a 12 sobre cómo los demás influyen en nosotros. Pero eso no es todo, el índice se puede segmentar por variables: marketing, comunicación…

#Indicadores Vanity D: Número de seguidores, contactos…

  • Seamos claros, una persona con 5.000 seguidores en una red, sea cual sea, es –sobre el papel- algo más influyente que una con 50. Pero la clave está en la calidad de esos contactos y en cómo interaccionan con nuestros contenidos. No hay que obsesionarse con la cantidad sino con la calidad de las personas que te siguen. Si vendes servicios de alto valor a empresas, 1.000 seguidores son muchos. Si vendes pulseras de la suerte a 0,1€, necesitas centenares de miles o asociarte con quien los tenga (socios clave).

Posiblemente el amigo Jaume Gurt me añadiría un indicador de felicidad, pero dejaré que lo desarrolle él mismo en sus espacios. En otro post explicaré cómo gestionar estos indicadores. Por ejemplo, una persona con un buen #indicador1 (alguien que se gana muy bien la vida) puede sobrevivir en el corto plazo sin el #indicador5 o los de vanidad, pero a la larga su marca puede ser inexistente (si no comunicas no existes) o su reputación se puede ver afectada.

Gracias por tu tiempo. Si tienes algún indicador más que sugerirme te invito a hacerlo dejando un comentario. Prometo responder!

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Marca personal sin atajos, por @fransegarrab

Hoy, por enésima vez, acabas de cruzarte con tu vecino en el ascensor. Ya sabes, ese vecino con el que nunca hablas. Él es un tipo reservado, más bien podrías decir que es una persona tímida, introvertida. Siempre con atuendo muy correcto: traje y corbata, lustrosos zapatos y una chaqueta negra, mate. Lleva unas gafas muy anchas,  que le ocupan un buen trozo alrededor de los ojos. Sus gafas… ¡sin duda distinguidas! Siempre las lleva un poco caídas (la verdad, es que parece que pesen) y cuando te saluda, de manera siempre correctísima, automáticamente las vuelve a colocar en su posición correcta, ayudándose del dedo índice de la mano izquierda.

La mano derecha siempre la tiene ocupada sosteniendo una bolsa en la que, por lo general, lleva algunos papeles desordenados. Como siempre, usa un lenguaje exquisito (quizás demasiado para una conversación de ascensor, piensas para ti mismo).

Sales del ascensor y te despides. Pero hoy, algo te ha despertado la curiosidad en él. “¿A qué se debe dedicar?” Sigues tu vida.

Al cabo de unas horas, cenando con tu pareja, sacas el tema y empezáis a imaginar la profesión de este señor. Después de un ratito de especulaciones y algunas carcajadas provocadas por lo absurdo de algunas posibilidades, llegáis a la conclusión de que probablemente sea bibliotecario.

¿Por qué, con los pocos datos disponibles, esta conclusión?

Nuestro cerebro es el culpable

Nuestro cerebro es el culpable. Está diseñado para usar el mínimo de recursos posibles para la resolución de una tarea. Además, no tolera la frustración, y no permitirá dejar esta tarea a medias sin llegar a una conclusión.

Por ello, usa atajos mentales o heurística. En este caso, ha usado el recurso denominado heurística representativa (o juzgar por similitud). Sería algo así como: “cuanto más semejante es un individuo a los miembros típicos de un grupo determinado, más probable es que pertenezca a este grupo”.

Entonces… ¿Cómo profesionales y dependiendo de nuestra imagen, estamos condenados a que nuestros clientes nos vean como parte de un grupo profesional, con todos sus estereotipos incluidos? No necesariamente.

Quizás tú seas el “tipo del ascensor” para alguien y si, esto puede ser bueno para que te identifiquen rápidamente con tu sector profesional. Pero puede ser nefasto para que los demás reconozcan en ti la propuesta de valor diferencial como individuo.

Tu estrategia de marca personal debe recoger un importante objetivo: saber comunicar tu propuesta de valor añadido sobre el resto de profesionales de tu sector. Debes explicar nítidamente cuáles son aquellos atributos que te hacen diferente, insubstituible y probablemente único.

Tú decides cuándo vales, por @doctorbrandorg

Tú decides cuándo vales. Habitualmente tenemos asociada la idea de éxito, tanto a nivel personal como profesional, con los logros económicos que se derivan de la consecución de un objetivo que nos llevará a descansar en las playas de la felicidad. Esto es culturalmente así. Logro, éxito, felicidad, dinero y juventud son conceptos indefectiblemente ligados por los que todos saltamos al ruedo de la vida. La propia etimología de «éxito» nos conduce a esta conclusión, ya que éxito (del latín exitus) significa salida (exit en inglés), la conclusión victoriosa y con buenos resultados de un fin justamente en las antípodas de su contrario, que es el fracaso. Éxito, por tanto, es sinónimo de triunfo.

Michelangelo Buonarroti esculpió La Piedad con sólo 23 años

No hay edad para el genio

Foto: Juan M. Romero_CC-BY-SA-4.0
Michelangelo La Pietà

Miguel Angel Buonarroti se supo artista desde muy joven, y a los doce años ya formaba parte del taller de los Ghirlandaio. A los veintitrés esculpió La Piedad del Vaticano, una de las obras cumbre de la escultura universal. Estaríamos de acuerdo en que realizar tal hazaña a esa edad nos lleva a calificarlo, según nuestra mentalidad actual, como un joven talento.

Pablo Picasso pintó El picador amarillo a los ocho años, primera pintura al óleo de la que nunca se separó. Picasso fue un estudiante brillante y precoz que a los catorce años superó en un solo día el examen de ingreso en la escuela de la Lonja. Según una leyenda, su padre, que quiso ser artista y fue profesor de dibujo, le entregó su paleta y los pinceles al ver los dibujos infantiles del joven Pablo y prometió no volver a pintar jamás. Para la historia queda la famosa cita que muestra su talante y su enorme talento: «Desde niño pintaba como Rafael, pero me llevó toda una vida aprender a pintar como un niño».

Mark Zuckerberg es el más joven de los millonarios de la lista Forbes. Su talento como programador y su instinto de empresario le llevaron a lanzar Synapse Media Player con tan solo dieciocho años, y con veinte, a crear ese lugar llamado Facebook en el que todos estamos.

Saramago saltó a la fama con Ensayo sobre la ceguera, publicada a los 73 años

Ensayo sobre la ceguera, 1995, José SaramagoJosé Saramago es el único premio Nobel de literatura que ha dado Portugal. Fue un escritor muy tardío que, debido a sus humildes orígenes, combinó diversos oficios hasta que, a los 54 años, pudo dedicarse plenamente a la literatura. Pero no sería hasta la publicación de El Evangelio según Jesucristo, y sobre todo hasta la aparición de Ensayo sobre la ceguera  —tenía entonces 73 años—, cuando le llegaría su consagración definitiva como escritor. Sí, 73 años,  y aún le faltaban tres años más para obtener el premio Nobel.

Todos estos ejemplos de casos exitosos tanto en plena juventud como en plena madurez demuestran que no hay una edad preestablecida para la vocación. Cualquier momento es bueno para que uno se convierta en lo que quiere ser y para materializarlo llevando a cabo la tarea que desee. Luego el éxito es (o no) una consecuencia de esa vocación y pasión.

El éxito tiene que ver con encontrar la mejor propuesta de ti mismo

En mi opinión, el éxito tiene que ver con encontrar la mejor propuesta de ti mismo, y no con el momento cronológico, con la edad en que este encuentro sucede. Considero que el éxito no es otra cosa que la puesta en práctica de la felicidad, y este es un camino que no está ligado a los tiempos que las exigencias sociales predeterminan para el desarrollo de una actividad. En esto, el personal branding tiene mucho que aportar como herramienta de autodescubrimiento a la hora de sacar a la superficie y gestionar el nicho de felicidad que todos llevamos dentro. Recuerda: sólo tú decides cuándo vales.

Si dejas marca es por los demás, por @jordicollell

Las personas podemos elegir, y es una facultad exclusivamente nuestra. Y me refiero a Elegir en mayúsculas no a las pequeñas decisiones cotidianas que aplicando criterios objetivables podrían ser tomadas de manera mucho más precisa por una máquina si no a las decisiones trascendentales. Nuestro poder de decisión es tan elevado que hasta podemos convertirnos en cosas, en artefactos o en monigotes.

Desde que nacemos dejamos marca

Todo esto viene a cuento por que esta semana con los amigos Andrés Pérez Ortega y Pablo Adán nos hemos propuesto aclarar el concepto de lo que es la marca personal, que es una de las únicas cosas sobre las que no podemos elegir. Nos guste o no nos guste desde que nacemos dejamos marca y aunque nos empeñemos en lo contrario no podemos evitarlo.

La marca, aunque a Pablo le pueda parecer confuso, es la huella que dejamos en los demás en su expresión más literal porque es el rastro seña o vestigio que deja alguien o algo y también es una impresión profunda y duradera que son conceptos usados por la Real Academia para, entre otros, definir la palabra huella.

Si tiene sentido hablar de marca es porque existe un lugar donde dejarla, es porque los demás existen y, nos guste o no, sin ellos hablar de marca sería simplemente un sinsentido.

La cosa va tan en serio que antes de que nosotros nos conozcamos, antes de que tomemos consciencia de quienes somos, de nuestra identidad, los demás ya lo han hecho porque cuando nacemos descubrimos la presencia de los demás antes de darnos cuenta de nuestra propia presencia y esto es algo que es inherente a la condición humana. Así pues dejamos huella porque no estamos solos.

A través de los demás acabamos descubriéndonos y descubriendo el entorno que nos rodea, que llamamos el mundo y aquí llega la segunda etapa de toma de consciencia cuando nos damos cuenta de que con nuestros actos podemos cambiarlo. Dejamos marca en el mundo.

Pero para cambiar el mundo se necesita algo más que la voluntad de hacerlo, porque las buenas ideas al fin de cuentas son esto, ideas. Y es en esta instante cuando tomamos consciencia de que hemos de definir un proyecto que nos permita ejercer esta facultad transformadora y al mismo tiempo dejar un legado. Porque también nos damos cuenta que somos singulares y que tenemos un papel que cumplir y que en la medida que lo hagamos seremos felices. Dejamos marca porque tenemos un proyecto que evidentemente hemos de comunicar porque, recordemos, todo este lío se ha montado porque no estamos solos.

Cuando decimos que la marca personal no se crea estamos en lo cierto y también cuando añadimos que tampoco se destruye porque ambas cosas no están en nuestras manos, hasta después de haber muerto podemos seguir dejando huella.

En algún momento de nuestra vida tenemos la posibilidad de tomar consciencia de nuestra identidad y de la huella que hemos dejado para gestionar la que vamos a dejar en el futuro , igualmente podemos decidir no hacerlo y hasta podemos inventarnos inventarnos un personaje. Podemos escoger entre ser auténticos y ser unos artefactos o unos monigotes sabiendo que si nos decantamos por lo primero tendremos un largo recorrido y si optamos por el resto tarde o temprano se nos verá el plumero y el invento se irá a paseo porque los demás no tienen ni un pelo de tontos.

Ser auténtico, ser fiel a uno mismo, descubrir la propia identidad requiere esfuerzo y ser capaz de renunciar a vivir la vida en las seguras pero monótonas zonas de confort, es una inversión y por esto la marca personal es el arte de invertir en ti como dice el amigo Guillem Recolons.

Y hasta aquí no hemos hablado ni de redes sociales, ni de alisarnos el pelo, ni de la dimensión áurea, ni de hacernos las ingles brasileñas, que son cosas que están muy bien y que puestas en su contexto nos ayudarán a explicarnos, ya sea a través nuestro cuerpo o de nuestras palabras, pero que por sí mismas no son marca personal.

Diferenciarse es crear una marca y es clave para el éxito, por @pauhortal

Hace unos días publique este texto en mi blog.  Mi experiencia y el contacto con profesionales de marca personal me demuestran que la diferenciación no sólo es importante en un primer impacto para dar mayor notoriedad a una marca, nos habla de un tipo de profesional preocupado y ocupado en crear una propuesta de valor única, en huir del concepto commodity.

Orientación Profesional: Claves para diferenciarme

Ocupo una posición intermedia en un grupo industrial. Deseo crecer profesionalmente. Creo que tengo la capacidad, las competencias y la motivación para dar un salto en mi carrera….. ¿Qué debo hacer? LLuis M….. (Barcelona)

Diferenciarte es uno de los aspectos clave para el desarrollo de una carrera profesional y evitar la mediocridad. Has de ser consciente que, salvo alguna excepción que en todo caso no hará más que confirmar la regla general, ni tu formación ni los aspectos objetivos de tu curriculum van a ser las razones fundamentales por las que te ofrezcan un nuevo contrato.

En nuestro tiempo el conocimiento es lo menos relevante. Lo importante es cómo eres capaz de convertir este conocimiento en valor para una organización y cómo eres capaz de resolver sus problemas.

Y para ello lo más relevante es la motivación y la voluntad para desarrollarte y para aportar valor a tu organización. Para diferenciarte es bueno que tomes en cuenta las orientaciones siguientes::

Conócete bien a ti mismo: Saber quién eres y como eres es la herramienta más potente para el desarrollo de tu carrera profesional. Cuando sabes dónde están tus fortalezas, los resultados que puedes lograr con ellas, y encima has decidido qué quieres lograr en esta vida y qué tipo de persona quieres ser… es como si le metieras 500 caballos extra al motor.

Porque si no te conoces, si no sabes qué sabes hacer mejor y qué puedes lograr para los demás, no sabrás qué puedes ofrecer al mercado, ni qué camino tomar.

Céntrate en tu capacidad de relacionarte: Lo que en el mercado de trabajo de hoy marca una enorme diferencia entre un profesional y otro es la capacidad de relacionarse, de hacer contactos, de unir gente, de generar sinergias. Tus habilidades sociales son más importantes que nunca.

El valor que en el mercado puede tener tu capacidad de relacionarte, de tener y generar contactos, o la habilidad para unir gente en proyectos, la de entender y captar clientes, la de crear nuevas maneras para que la gente conecte… esas habilidades sociales son en este momento oro puro. Encuentra cuál es tu habilidad social y ponla en el centro de tu valor diferencial.

Haz lo que hagas, intenta hacerlo de una manera diferente: Si haces lo mismo que los demás, piensas igual que los demás y actúas igual que los demás, no te diferencias. O bien haces las mismas cosas pero de forma diferente, o piensas de manera diferente. Cada persona es única. Cada uno tenemos una mezcla de talentos, capacidades, personalidad y mentalidad diferente. Trabajo el autoconocimiento para encontrar lo que te hace único y diferente.

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Imagen: Ilona Gaynor Flickr Creative Commons

¿Y tú me lo preguntas? La marca personal está en ti, por @pabloadanmico

Yo creo que a estas alturas aún no está todo dicho. Aquí en el generoso blog de Soymimarca, hemos estado ya desde hace años proclamando el sentido conceptual, estratégico y operativo de la marca personal.

Tenemos un posgrado en personal branding en la Universidad Blanquerna de Barcelona, realizamos en junio en la misma ciudad un evento especial, el Personal Branding Lab Day, donde casi cien profesionales de toda España hablamos y debatimos acerca de ella, de sus líneas de acción, de sus vertientes y aplicaciones profesionales.

Y terminamos el año con un evento en la ciudad de Valencia, con gran éxito de asistencia y repercusión, donde hablamos de la marca personal y su relación con la antropología, la ética y los valores del ser humano.

Por todo ello y por mucho más ratificamos el valor del personal branding en seis niveles de desarrollo.

  1. La conciencia ya la tenemos; la necesitamos, y representa un aporte necesario de valor para un entorno competitivo y de incertidumbre.

  2. No se trata de configurar una personalidad, sino un realidad basada en la coherencia. Todos tenemos algo bueno, que nos hace únicos y diferentes. Esa será tu punta de lanza. La meta viene después.

  3. Evidentemente, si no acompañas tu marca con una acción personal coherente, no hay marca, puesto que éste sólo se entiende en sociedad.

  4. Porque debes tomar las riendas de tu vida y tu proyección en ella. Porque no debes esperar que la vida te lleve donde ella quiera. La inercia será negativa, y el tiempo no juega a nuestro favor.

  5. Ímpetu, empuje, seguridad, fe en uno mismo. Porque no hay mayor motivador que saber que estás haciendo lo correcto, y que lo correcto multiplicará las probabilidades de éxito. Hacer bien las cosas, planificarlas y crear una estrategia adecuada.

  6. Impacto, o el efecto de la acción. Comunica tu marca, hazla visible. Sé diferente y notorio, date a conocer y los demás recibirán un mensaje sólido y una percepción personal y profesional clara y nítida. Ya no eres uno más, eres tu propia marca.

Un proyecto de marca personal no hace milagros, pero aumentará tus probabilidades de éxito hacia tus metas.

Imagen: USC Alumni Association