Personal branding, el arte de invertir en ti (38). Autenticidad

 

Sé tú mismo. Los demás puestos están ocupados.

Hemos hablado ya de narrabilidad y de bondad dentro de las cualidades esenciales de la marca personal. Hoy hablamos de la autenticidad, para mi un valor irrenunciable.

Google images

Decía Oscar Wildebe yourself, everyone else is taken“. Tal vez sea ésta la mejor definición de autenticidad que he leído nunca. Nos habla de algo que va más allá de la integridad: ser fiel al origen.

Todos evolucionamos, cambiamos, nuestros entornos se modifican, y nosotros nos movemos en consecuencia. Pero existen una serie de principios, de pautas, de reacciones, o de conductas que forman parte de nuestro ADN inmutable, es lo que configura nuestra personalidad. Y eso no se mueve, es lo que nos distingue de otras personas, lo que nos hace únicos, nuestro capital emocional diferencial.

Sin el paraguas de la autenticidad el resto de valores que podamos abanderar carecen de sentido. Y eso vale para una persona y para una marca comercial. No puedo creerme que seas una persona honesta si antes no tengo claro que eres auténtica, fiel a tus principios. Las marcas comerciales están obligadas a ser fieles a sus valores, y cuando no lo son solemos distanciarnos de ellas.

Alguna vez he comentado que el capital emocional es el gran responsable de nuestro posicionamiento diferencial. Hemos de aceptarlo y potenciarlo, evitando como sea imitaciones sin sentido de personas a las que admiramos.

Podemos admirar modelos, pero nunca hasta el punto de emularlos y así destruir los cimientos de nuestra marca, la autenticidad.

¿Qué pasa con algunos líderes políticos? ¿Por qué causan tanto rechazo en la población? ¿De dónde viene esa distancia?

En el fondo la respuesta es que han incumplido alguno (o varios) de los valores pilares de cualquier político: coherencia, liderazgo y honestidad.

La coherencia tiene mucho que ver con la autenticidad. El mantener una línea de discurso afín a unos principios es algo que debería configurar la condición central de un profesional de la política. El político “veleta” es rechazado porque hoy defiende una cosa y mañana la contraria. En mi opinión, el principio del fin de Felipe González como presidente de España fue cambiar el cartel de “No a la OTAN” por uno de “Sí a la OTAN” en pocos meses. Algunos dirán que supo adaptarse al cambio. Pero nuestros valores no cambian de la noche a la mañana. González se traicionó a sí mismo, rompió su áurea de autenticidad. Error letal.

Personal branding, el arte de invertir en ti (37). Bondad

 

La bondad es la segunda cualidad que necesita toda marca personal que quiera ser memorable  y que se define por la orientación  a hacer el bien. El lunes anterior enumeramos las cualidades de una marca y empezamos hablando de la narrabilidad.

La bondad es una tarea fácil porque de entrada la idea de hacer el bien suena a trasnochada, a tópico y a obviedad. ¿Quién en su sano juicio afirmaría que su objetivo vital es hacer lo contrario?

Desde la perspectiva de la gestión de la propia marca la idea de hacer el bien, de la bondad, empieza con uno mismo y va estrechamente unido al concepto de felicidad.

Somos felices cuando encontramos sentido a lo que hacemos, cuando tenemos un estado interior de alegría y de satisfacción, cuando nos planteamos retos y luchamos por conseguirlos. La felicidad muchas veces está en el camino que hemos escogido más que en los logros concretos que hayamos podido conseguir.

El camino hacia la felicidad empieza en el momento en que nos planteamos preguntas del tipo ¿quiénes somos? ¿ hacia dónde vamos? o ¿cómo podemos transformar el mundo?

La respuesta sincera a estas preguntas y la actuación posterior en consecuencia  comenzará a dar a nuestra marca personal , a la huella que dejamos en el corazón de los demás, los primeros colores de bondad.

La bondad de nuestra marca también estará relacionada con la capacidad que tengamos de poner nuestras habilidades y conocimientos, nuestra propuesta de valor, al servicio de los demás para ayudarles a conseguir sus metas.

Si contribuimos a hacer a los demás más felices conseguiremos ser tenidos en cuenta de manera permanente y habremos conseguido nuestro objetivo como marca.

Pero, no lo olvidemos, todo empieza por nosotros y en nuestro interior. Si no somos capaces de escucharnos, de saber trazarnos un camino, de encontrar sentido a lo que hacemos poco podremos aportar a los demás y seremos poco creíbles. ¿Quién se dejaría ayudar por un amargado? ¿quién escogería a un incompetente? porque el camino se demuestra caminando y en esta caso más que en ningún otro.

Es por esto que la gestión de la marca personal empieza por conocernos mejor, por descubrir lo que nos da sentido, por reconocer nuestra propuesta de valor, por identificar a quién podemos ayudar.

Sin bondad, sin esta inclinación a hacer el bien, una marca personal no deja huella y se convierte en una herida para la humanidad. Y lamentablemente la historia nos ha proporcionado algunos casos notorios.

Personal branding, el arte de invertir en ti (36). Haz tu marca memorable

 

Me ha encantado el artículo de Deborah Shane sobre las cualidades necesarias para mejorar el magnetismo personal. Algunas de esas cualidades equivalen a valores, otras se acercan más a habilidades. Para hacer tu marca memorable, empieza por aquí:

  • NARRABILIDAD
  • BONDAD
  • AUTENTICIDAD
  • DISPOSICIÓN
  • RELEVANCIA
  • OPTIMISMO
  • RESPONSABILIDAD
  • MAGNANIMIDAD
  • HUMOR
  • HUMILDAD
  • HUMANIDAD
  • LIGEREZA

Durante los siguientes lunes las iremos desarrollando, hoy empezamos por:

NARRABILIDAD

Google Images

Creo que el vocablo no existe, pero lo definiría como la cualidad de convertirse en relato. En pocas palabras, si una persona no tiene una historia que contar que la haga única, no tiene relato, no tiene marca.

Todos tenemos algo que contar. Antonio Núñez, autor de “No dejes que te lo cuenten” y de “Storytelling en una semana” lo plantea así:

¿Por qué hay personas que convencen más rápidamente que otras? ¿Cómo logran seducirnos los discursos políticos? ¿Por qué hay campañas publicitarias que recordamos de memoria y otras las olvidamos en el acto? ¿Cómo consiguen hacernos vibrar algunas presentaciones?

La respuesta -dice Nuñez- está en la forma en la que el mensaje está contado. Los relatos logran que transformemos simples datos en emociones y sensaciones genuinamente personales. Mediante la narración, y no la argumentación, conseguiremos seducir a nuestra audiencia y hacer que invierta su tiempo en nosotros.

A menudo pongo el ejemplo de que no es lo mismo la presentación personal descriptiva que la que utiliza el relato. Veamos un ejemplo:

Descriptiva: Me llamo Guillem Recolons, soy publicitario y especialista en marca personal. He trabajado en Tiempo BBDO, J. Walter Thompson, Bassat & Ogilvy, Saatchi & Saatchi, Altrafroma, y recientemente fundé con otros socios la consultora en Personal Branding Soymimarca.

Relato: Soy Guillem Recolons, mi sueño de pequeño era ser publicitario.Y aquí me tienes, después de haber trabajado en algunas de las mejores agencias de publicidad del mundo, ahora tengo la suerte de volcar mi experiencia en el desarrollo y branding personal, en Soymimarca.

La narrabilidad no es otra cosa que hacer que un mensaje llegue a la cabeza a través del corazón. Utilizando un símil, es la diferencia de un perfume bueno u otro mediocre: el bueno dura más tiempo, se retiene mejor.

Personal Branding, el arte de invertir en ti (35). Agentes del cambio

¿Estamos en un barco que hace aguas?

Cada día nos llegan nuevas evidencias de que las cosas no funcionan ni en nuestro país , ni en Europa. Contaba hace poco Richard Sennett que Europa no tiene arreglo porque el sistema ha quebrado y que la única solución es reinventar las instituciones.

Hessel, recientemente desaparecido, nos hablaba, a finales de 2010, de la necesidad de indignarnos frente a la intolerabilidad de muchas de las situaciones que vivimos.

Google Images

Lo cierto es que día tras día estamos perdiendo algo, desde capacidad económica individual, nos estamos empobreciendo, hasta derechos que alguien detrás nuestro lucho por conquistarlos poniendo en peligro su vida.

Y no pasa casi nada.

En casa y fuera de ella los que deberían, por profesión, sacarnos las castañas del fuego, los políticos, están cada día más desprestigiados y considerados como un problema.

Colectivamente no sabemos dónde vamos porque nadie es capaz de trazar un esbozo de camino coherente. Las medidas que nos tenían que sacar de las miserias a base de esfuerzo y recortes nos hunden cada vez más.

No os penséis que os cuento todo esto, que además es archiconocido por todos, porque estoy pasando por un bache, por un mal momento o porque tengo ganas de amargaros el inicio de la semana, no es nada de eso. En realidad, una vez he tomado consciencia de lo feas que están las cosas, lo que me importa es saber qué puedo hacer para salir del cenagal.

Lamentablemente la solución no puede venir desde fuera. ¿Y si parte de la solución se encontrara dentro de todos nosotros? A mi se me ocurren varios puntos a considerar:

  1. Creer de una vez que las cosas han cambiado y que posiblemente nada volverá a ser como antes.
  2. Si nadie me indica un camino yo tengo que encontrarlo porque si colectivamente no vamos a ninguna parte yo no puedo apearme del trayecto y quiero saber adonde voy.
  3. Para trazar mi camino tengo que saber por qué estoy aquí, qué quiero y cómo puedo conseguirlo.
  4. Si yo cambio ayudo a que el mundo cambie.
  5. Contando a los demás lo que quiero encontraré a otros que piensan como yo, porque no estoy solo y porque tengo la posibilidad de usar los medios a mi alcance para hacer oír mi voz y entre todos haremos avanzar el mundo.
  6. Para que volvamos a ser muchos remando en el mismo sentido es necesario que cada cual tenga claro cual es su misión.
  7. La suma de huellas individuales creará un surco por el que podremos volver a ver la luz.

Es el momento de reforzarnos como personas. Todos tenemos una misión que cumplir y al final cuando morimos muere con cada uno de nosotros un universo entero como tan sabiamente decía el poeta Yevtushenko.

Trabajar con seriedad y pasión nuestra marca personal, la huella que vamos dejando en nuestro entorno y en el corazón de los demás, nos dará los elementos para ir definiendo el camino y trazando las alianzas que nos permitirán entre todos hacer del mundo un lugar más habitable y con sentido.

Gestionar nuestra marca personal nos convertirá en agentes del cambio.

Personal Branding, el arte de invertir en ti (34). Visión de empresa, visión de persona

 

La visión describe lo que podría ser la contribución de una persona o una empresa a la sociedad, su grano de arena.

Gates y Jobs, dos grandes visionarios

Desde el punto de vista personal, la visión sería lo que uno desea conseguir en el medio y largo plazo; cómo se ve uno mismo en el futuro. Aunque sea un ejemplo socorrido, Bill Gates vio en 1975 la posibilidad de que los ordenadores fuesen lo bastante pequeños, económicos y rápidos como para que cada familia tuviera uno.

La de Gates es una mezcla de visión de persona y empresa, lo que llamaríamos la visión de un emprendedor.

Hace pocos días, en un taller de marca personal, una mujer escribió la que para ella era su visión: ser feliz. Todo el grupo quedó sorprendido por la simplicidad de la idea, pero lo cierto es que se trata de una gran visión, un sueño que no todo el mundo consigue hacer realidad. Gracias, Eva, por recordarnos el sueño al que nunca deberíamos renunciar. Además y quizás sin saberlo, Eva trazó una visión breve, concisa, de las que cabría en letras grandes en una camiseta.

Pero… ¿Y las empresas? ¿Qué pasa con la visión de las empresas?.

Me encuentro a menudo con equívocos inaceptables en la definición de la visión de muchas empresas. Algunas lo confunden con la misión, otras con un objetivo del consejo de administración (ser líderes en tal sector o tal mercado) y otras sencillamente redactan la visión en un modo nada empático, en algo imposible de recordar por ningún profesional que trabaje en esa compañía.

De hecho, la mayoría de estudios sobre branding corporativo concluyen en que casi ningún profesional recuerda la visión, misión y valores de la empresa. No importa que estén impresos en letras de oro o colgados en cuadro por todas las dependencias.

La razón de esta desconexión es que la forma de redactar la visión es tan sofisticada y alejada de los que trabajan en la empresa que, sencillamente, no llega. Lo podríamos llamar apatía, falta de asertividad. Algo sorprendente cuando pedimos a profesionales de empresas cuál a su juicio debería ser la visión de su empresa es que aparece un redactado impecable, fácil de entender para todo el mundo y generador de motivación.

La visión, como sueño que es, debería ser algo que movilice. Algo así como ser feliz, pero referido a una empresa. La de Apple es un buen ejemplo: Hacer la vida más fácil a las personas.

Personal Branding, el arte de invertir en ti (33). No te dejes engañar

Cuando decidimos gestionar nuestra marca personal o tenemos en mente un proyecto es muy fácil que nos entren ganas de correr y queramos ver resultados de manera inmediata. Una cosa es querer y otra conseguirlo y nuestra marca y los proyectos que en ella se sustentan necesitan su proceso.

No se trata exclusivamente de tener paciencia, que es un pilar fundamental en la gestión de nuestra marca, si no de que sigamos un proceso que nos ayude a no dejarnos nada importante por el camino.

Cuando alguno de mis clientes quiere salir a la carrera mi misión, y la de cualquier asesor de marca personal, es evitar que la casa se empiece por el tejado.

Hace unos días empecé a trabajar con una cliente que quería hacer un cambio en su vida profesional y ponerse a trabajar por su cuenta. Se movía en un sector conocido aunque nunca había gestionado un proceso completo de manera autónoma. Posiblemente presionada por el entorno me insistió mucho en que fuéramos directamente al grano y que dejáramos la parte de autoconocimiento para mejor ocasión. ¿Tenía sentido la petición?

No basta con saber moverse en un campo de actividad determinado ni con estar extremadamente motivado para poner en marcha un proyecto personal; dentro de la incertidumbre que implica cualquier cosa nueva hemos de asegurar algunos elementos de base:

1)    Que se poseen las competencias necesarias para desarrollarlo con éxito, tanto personales como profesionales. La falta de alguna competencia no tiene porque ser motivo para desechar un proyecto podemos encontrar las alianzas necesarias para compensarla pero el no darse cuenta a tiempo si puede comprometer su éxito.

2)    Un proyecto puede ser una buena idea pero un mal modelo de negocio. Aunque el mapa no es el territorio ayuda a tener una visión del terreno que estamos pisando y  la imagen dibujada de lo que queremos conseguir y de lo que necesitamos para ello es una herramienta fundamental.

3)    Un proyecto tiene que ser coherente con lo que esperamos de nuestra vida y con los valores que nos sustentan. He visto muy buenas ideas en manos de personas extremadamente competentes que no han prosperado porque no estaban en sintonía con sus aspiraciones más transcendentes.  Y detectarlo tarde tiene, por regla general, resultados dramáticos.

Y en ningún caso podemos dar ninguno de los tres puntos anteriores por sabidos porque corremos el riesgo de iniciar un camino hacia ninguna parte. Y esto no se lo merece ningún cliente, no dejes que te den gato por liebre. No te dejes engañar.

Personal Branding, el arte de invertir en ti (32). No hay marca sin producto

 

A menudo se entiende la marca como un todo, como un fin en sí mismo. Pero para trabajar tu marca necesitas uno o varios productos. Nike no sería nada sin sus zapatillas deportivas. Por eso es tan importante que en un proceso de personal branding definamos con mucha claridad cuál es el producto que ofrecemos, cómo es, para quién y qué problemas resuelve.  A mucha gente este discurso le suena mercantilista, pero hasta el Papa de Roma ofrece un producto.

Valor, uniqueness, relevancia y poder de persuasión

Podemos vivir en un mundo idealizado, pero si a final de mes tienes que pagar alquiler o hipoteca no te queda más remedio que ofrecer un producto. Y puedes ofrecer más de uno. Si a ese producto o grupo de productos le das un VALOR ÚNICO, RELEVANTE y lo comunicas bien, habrás conseguido un paso más para apuntalar tu MARCA personal. Así es como funciona. Tina Turner goza de una excelente marca, pero antes ha tenido que trabajar un producto contra viento y marea, rodeada de adversidades y problemas: Su marca es la energía, la fuerza, la música en estado más salvaje.

Una marca puede contener distintos productos / Foto: Pinterest

Definir el producto no es fácil. A menudo hablamos con personas que no tienen claro qué ofrecer porque sus CV están plagados de experiencias distintas, sectores diferentes y estancias cortas en empresas. En ese momento lo que se requiere es utilizar una herramienta de la que todos los seres humanos estamos provistos: la creatividad.

La creatividad no se sustenta únicamente en tener una idea: debe ser nueva, no partir de un referente excesivamente cercano.

Como dice el especialista en marca Antonio Monerris, “…La creatividad o la innovación tienen que partir de un nuevo sistema de referentes. Una transformación que puede ser cognitiva o decididamente emotiva: un cambio en lo que sabemos y pensamos, pero también en lo que sentimos y en lo que implica para nosotros…”

Pues si te encuentras en una situación dispersa, dale valor a la dispersión. Da a entender que tu curiosidad no tiene límite, que quieres entender el mundo en muy diversas facetas, y no encasillarte en una. Contra la idea del especialista hoy emerge una nueva figura, el “holístico”, el que sabe tener una visión global sobre las cosas. Quizás en un caso así tu producto sea muy valorado, ya que eres capaz de entender un problema desde diferentes perspectivas.

Sea como sea, una buena marca personal se irá configurando a base de consolidar productos de alto valor. No hay marca sin producto.

Personal Branding, el arte de invertir en ti (31). Nunca es tarde para empezar algo.

Muchas veces nos damos cuenta de que hemos de gestionar nuestra marca personal cuando nos vemos en la necesidad de empezar algo nuevo. Se trate de un proyecto profesional, de algo personal, de una actividad lúdica, de una dieta o de lo que sea, intuimos que un cambio es necesario y nos ponemos manos a la obra.

Una de las creencias más arraigadas para quedarnos en nuestra zona de confort y no hacer nada es creer que ya es demasiado tarde para iniciar lo que queremos. Somos ya muy mayores, hay otros que han ido por delante y el que dirán los demás son pensamientos que nos vienen a la cabeza de manera reiterativa. ¿Hemos perdido realmente el tren o siempre hay un apeadero preparado para que subamos?

Os contaré una historia personal que me ha dado mucho que pensar en los últimos años y que cada vez que quiero cambiar algo o empezar algo nuevo recuerdo para llenar el depósito de ánimos hasta el tope. Nunca es tarde.

Hace ya algún tiempo y bien entrado en la cuarentena, cuarenta y bastantes para ser más precisos, decidí iniciarme en el esquí. Uno de mis hijos acababa de cumplir tres años y pensamos en casa que un deporte familiar podría ayudarnos en el futuro a compartir momentos de ocio de manera divertida.

Yo he sido siempre poco deportista, es más vengo de una estirpe poco hermanada con el deporte en general, más por falta de habilidad que por falta de ganas. Empezar a esquiar en plena madurez era todo un reto y cuando lo contaba por mis círculos habituales siempre había una  insinuación más o menos reiterativa, se me había pasado la edad.

Como soy muy testarudo y genéticamente optimista hice de las tripas corazón y me dispuse a lanzarme por pendientes increíbles.

La primera decisión que tomé fue no hacerlo solo, optimista si pero con un gran respeto por mi integridad me busqué un profesor que me acompañara. Los primeros tiempos fuero duros, muy duros, y no hace mucho este profesor me confesó que estuvo a punto de tirar la toalla, caídas frecuentes y un pavor a los desniveles que me dejaba petrificado. Poco a poco me fui dejando ir, miré los vacíos de soslayo y pude bajar por sitios antes impensables. Apoyarse en un profesional en momento de cambio y de inicio de actividades puede ser el primer paso hacia el éxito.

Paralelamente a mis lentos progresos fueron apareciendo en mi vida personajes dispuestos a ponerme las cosas difíciles. Vamos a ver algunos de sus prototipos:

  • El tóxico que siempre me recordaban mi falta de responsabilidad hacia mi integridad física y los muchos riesgos que corría. Normalmente se trataba de personas frustradas por no haber sabido poner orden en su vida y haberse atrevido a salir de su zona de confort.
  • El bocas que me contaba sus grandes hazañas bajando pistas negras, el top del top en esquí, para finalmente hacerme ver que estaba a años luz y que nunca llegaría tan lejos. Creo que descubrí un fondo envidioso ya que ponía en evidencia su falta de decisión para hacer cosas nuevas en su vida. Al final me ayudó en gran manera el tomar consciencia que soy yo el que me pongo mis propios objetivos y que lo que hagan los demás no me sirve.
  • El banalizador dispuesto a poner en evidencia la inmaterialidad de mi decisión, vaya que estaba perdiendo el tiempo y que si me esforzaba en algo tan aparentemente poco productivo es que posiblemente me sobraban tiempo y recursos. De esto me he encontrado muchos en mi vida, siempre mirando a corto plazo sin y sin ninguna capacidad de empatizar.
  • El profeta. Este tipo de personaje apareció en un momento más tardío, cuando alguien me embistió por detrás y me rompió una pierna. Parecía que estaba escrito que empezando a mi edad algo malo había de suceder. A pesar de sus esfuerzos, una vez recuperado de la fractura, que por cierto no fue tarea fácil, me volví a calzar los esquís.
  • Gracias al apoyo incondicional de mi esposa pude vencer los siniestros cantos de sirena invitándome al abandono.

En cualquier cambio o nueva actividad es importante escuchar las opiniones de los demás de manera crítica, apoyarse en las personas que nos pueden impulsar y rechazar de manera directa y sin ninguna contemplación al resto.

Equivocarse es el salvoconducto hacia el éxito

Levantarse pronto por la mañana para zambullirse en un medio hostil cuesta. Y si sabes que es probable que acabes cayendo una y otra vez todavía más. Preguntarse que estoy haciendo aquí mientras te levantas es algo muy frecuente pero sin caídas ni esfuerzo no hay posibilidad de hacerlo mejor porque después de cada caída aprendes, como no, la manera de que no vuelva a suceder y cuando lo consigues agradeces el no haberte quedado en la cama.

Equivocarse es el salvoconducto hacia el éxito. Caerse no es lo importante sino lo que aprendemos mientras nos levantamos para que no vuelva a suceder.

Y al final lo que ha ayudado a tener la tenacidad en esta historia es el tener claro dónde quería llegar. Me veía compartiendo con mi familia momentos inolvidables. Tener presente lo que queremos conseguir es el antídoto para el desánimo.

Cada vez que voy a hacer algo nuevo y sobre todo cuando veo que me cuesta me acuerdo de mi historia y aprieto el acelerador a tope.

Cuando gestionamos nuestra marca personal es importante tener referentes personales, propios o ajenos, que nos ayuden en los momentos de incertidumbre.

Y que sea demasiado tarde o no depende sólo de nosotros.

Personal Branding, el arte de invertir en ti (30). ¿Tienes espíritu emprendedor?

El gran error que cometen a menudo muchos head hunters es que contratan emprendedores y no espíritu emprendedor. Y hay una gran diferencia. Yo puedo manifestar que soy emprendedor. Y también que soy guapo. Pero la realidad es la que es, y a veces, del dicho al hecho hay un trecho.

Hace un par de semanas leí un excelente artículo aparecido en HBR, en que el consultor Chris Smith alerta de la gran diferencia entre lo que aparece sobre nosotros y lo que nosotros manifestamos. Pero Smith se centra en su experiencia como consultor y head hunter.

Hoy prefiero apuntar algunas claves que podrían configurar el espíritu emprendedor. Muchas son puro sentido común, aquí están:

  • Foto: Pinterest

    Estar dispuesto a fracasar. Nuestra cultura latina entiende el fracaso como un tabú, como un punto final. Si alguien tuvo un negocio fallido, será difícil que bancos, business angels o inversores privados confíen en esa misma persona para un nuevo proyecto. No se dan cuenta de lo mucho que ha aprendido gracias a su fracaso. Tiene una experiencia excelente, que le advertirá de peligros conocidos cuando emprenda de nuevo.

  • Estar dispuesto a triunfar. Puede parecer una obviedad, pero no todo el mundo está preparado para gestionar el éxito con eficacia. Y si no que se lo pregunten a tantas empresas, grupos musicales y equipos deportivos que se han desmontado apenas han llegado a la cima. Se necesita una buena dosis de autoconfianza, haber soñado o visualizado un camino inexplorado, una ruta hacia un caladero lleno de peces.
  • Olvidarte de la mitad de tu DAFO. El análisis de debilidades-amenazas-fortalezas-oportunidades (también conocido como SWOT o FODA) no tiene que convertirse en una terapia empresarial para arreglar desperfectos. Hay que “venirse arriba” con las fortalezas y oportunidades. Ese el el camino. Cuando estemos en marcha, ya nos preocuparemos de las amenazas. Y las debilidades, ni tocarlas, son las que nos diferencian de un robot, las que nos humanizan.
  • Estar dispuesto a “currar”. El esfuerzo es un denominador común de todas las personas con espíritu emprendedor. Sin esfuerzo puedes llegar arriba si eres un especulador (en el peor sentido), un estafador o alguien que trafica con influencias. Pero la mayor parte de seres humanos está dispuesta a asumir que habrá que trabajar duro para levantar un proyecto, una idea, un negocio. Y aquí no se trata de trabajar 12 horas diarias, no es un problema de cantidad, sino de intensidad. El espíritu emprendedor no descansa los sábados ni domingos. Puedes estar paseando, corriendo o viendo un partido de básket y de repente -zas- , te llega una idea, una inspiración que no puedes dejar de anotar con urgencia en un papel o en tu smartphone.
  • Tener una mente abierta. Aunque quieras ser fiel a una idea, la idea de la que surge el proyecto, el negocio, necesitas entender que todo cambia y que a veces hay que ser flexible a los procesos que requieren virar la nave. El proyecto inicial de Soymimarca estaba dirigido a reforzar el branding personal de los estudiantes universitarios, un colectivo muy necesitado de estrategia personal. Al reunir a algunos grupos de estudiantes nos dimos cuenta que el proyecto funcionaría muy bien como ONG, pero no como negocio.
  • Estar apasionadamente enamorado del proyecto. Solo así se entiende que tantas personas con espíritu emprendedor pasen horas y horas trabajando 24x7x12 sin pestañear. Las endorfinas se encargan de mantener la vela encendida, en algo que va más allá del interés personal, el dinero o la idea del éxito: es la pasión por el proyecto, un impulso parecido al de dos personas locamente enamoradas.
  • Tener sobre la mesa un Business Plan. Puede parecer un trámite administrativo, pero el Business Plan es más útil de lo que parece, ya que obliga a fijar objetivos, estrategias, costes, previsiones de ingresos y a disponer de herramientas de evaluación continua. Es posible que al cabo de un año el BP ya no sirva, que el contexto haya cambiado. No hay problema, se hace otro.
  • Tener los ojos muy abiertos. Mostrar inquietud, estar permanentemente dispuesto a aprender cosas nuevas. Saber distinguir el grano de la paja. Aquí no se trata solo de lo que hemos aprendido mediante la educación, sino de seleccionar entre los miles de mensajes que pasan cada día por delante nuestro cuáles nos pueden ser verdaderamente útiles. No es fácil, requiere práctica y mucha voluntad.
  • Pensar a lo grande. A veces los árboles no nos dejan ver que el bosque es muy grande y está lleno de oportunidades. En este punto vale la pena hacerse la pregunta: Lo que yo haga ¿ayudará a cambiar el mundo? ¿contribuirá a mejorar la economía de mi área geográfica? ¿conseguirá salvar vidas o mejorarlas?. A veces puede costar el mismo esfuerzo poner en marcha un proyecto para 5.000 que otro para 3  millones de personas. Muchos de los negocios que han tenido éxito en los últimos años se basaban en precios de venta y márgenes muy bajos pero pensando en mercados muy grandes. Mirad si no el caso de la app Angry Birds; es lo que se conoce como “the long tail“.
  • Estar dispuesto a conocer a gente nueva. Algunos prefieren el término networking, pero al final se trata de vencer la pereza de asistir a actos, intercambiar tarjetas, buscar personas en las RRSS… Sin público no somos nadie, y aunque una parte de los contactos se acercará a nosotros si creamos buenos contenidos, al resto hay que ir a buscarlo. Tirar la red es la acción, pero antes hay que asegurarse que el caladero tiene los “peces” que buscamos.
  • Ser constante, tener paciencia. Suelo repetir que Roma no se construyó en un día. Un proyecto que cuaje requiere tiempo, pero sobre todo requiere constancia, perseverancia. Quien la sigue la consigue, dicen, así que vale la pena marcarse rutinas, disciplinas que nos ayuden a superar los pequeños obstáculos del camino. Llevar una buena brújula siempre nos ayudará a llegar a buen puerto.

Si tienes espíritu emprendedor estoy seguro de que apuntarías alguna clave más. Te invito a hacerlo, será un placer completar esta bitácora.

Personal Branding, el arte de invertir en ti (29). ¿Te atreves a pedir?

Pedir es un acto de atrevimiento y no acostumbra a salirnos de manera natural. ¿Cuántas cosas no hemos tenido por no haberlas pedido?

Foto: Pinterest

Ser conscientes de que necesitamos algo que no tenemos es un acto de humildad. Cuesta reconocerlo y muchas veces nos da la sensación de que nos devalúa, nos debilita y nos convierte en parias. Nada más lejos de la realidad: si no pedimos perdemos la posibilidad de conseguir muchas cosas que nos pueden hacer la vida más fácil, que nos pueden allanar el camino.

Una marca personal que no se atreve a pedir cuando lo necesita puede esconder prepotencia , soberbia o miedo. A mi se me hace sospechosa de que no acaba de ir muy fina.

De manera muy generalizada a nadie se le ocurre pedir de manera natural

En las sesiones de trabajo de marca personal con mis clientes muchas veces aparecen imposibles aparentes como escasez de recursos, falta de tiempo, necesidad de apoyo o simplemente soledad. Los proyectos se ven como montañas inabordables, normalmente pregunto cosas del tipo ¿qué pasaría si pidieras ayuda? ¿has solicitado apoyo o un aplazamiento en el pago o un descuento? ¿qué perderías si lo pidieras? o ¿qué ganarías? De manera muy generalizada a nadie se le ocurre pedir de manera natural y cuando se hace los resultados son casi siempre positivos.

Pedir crea complicidad entre las personas, refuerza los lazos de solidaridad y nos humaniza.

En el acto de pedir hemos de ser conscientes de la oportunidad del momento y es mejor pedir cuando surge una necesidad que cuando ya está demasiado descompuesta. Nuestra entrañable frase “acordarse de Sana Bárbara cuando truena”  está más vigente que nunca, cuando truena puede ser tarde. ¿Suena la frase: “Habérmelo dicho antes, ahora ya es demasiado tarde”?

Tampoco hemos de olvidarnos de la reciprocidad. Cuando bajo nuestra demanda alguien nos da algo estamos obligados a actuar recíprocamente y ofrecer una contrapartida a quien nos ha favorecido. No es preciso que sea al instante pero debemos tenerlo en la recámara de la memoria para que cuando se presente la ocasión devolvamos el favor o la ayuda. No ser agradecidos afectará negativamente nuestra marca personal y nos hará retroceder en nuestro camino para ser la opción preferente. ¿Quien va a confiar en alguien que no sabe o no quiere devolver la ayuda que se le ha proporcionado? Y cerraremos puertas.

Y si nuestra petición no es recibida positivamente no hemos de desanimarnos, no es una tragedia, busquemos una segunda opción que posiblemente exista. Y en cualquier caso tendremos más información sobre las personas que nos rodean y esto aumenta el patrimonio de nuestra marca personal.