Personal Branding, el arte de invertir en ti (17). ¿Eres una microempresa?

No importa si trabajas por cuenta ajena o propia, si no trabajas, si estás aun estudiando: Eres una microempresa, y el responsable de tu gestión eres tu, a través de tu branding personal.

Trabajas en una empresa: estés más arriba o más abajo de la jerarquía, tienes que tener claro que eres una microempresa con objetivos, propuestas y ofertas específicas propias. Por supuesto, el trabajo en equipo es importante, pero si no cumples con tus objetivos particulares en la organización, será cuestión de tiempo que prescindan de ti. Además, como hay muchísimas personas competentes alrededor tuyo, tendrás que hacer algo más que cumplir, tendrás que ser proactivo, arriesgarte, mojarte. Sí, necesitas un plan. Un plan para diferenciarte, para ser relevante, para ser notorio y para que tu trabajo sea percibido como un valor. Recuérdalo, eres una microempresa, el único responsable de ti mismo, el único que sacará tus castañas del fuego. No hay hadas madrinas ni duendes que te puedan ayudar, todo depende de ti.

Trabajas por cuenta propia. Eres autónomo, o empresario, o administrador de un patrimonio, o emprendedor, artista o taxista. Nadie mejor que tu entiende la importancia de TU empresa. Tu competencia no está dentro, está fuera. Y crece a diario, y se hace fuerte, mejor formada, con más recursos. No solo necesitas defenderte, tienes que pasar a atacar, a ir por delante. Una vez más, tienes que volver a arriesgar: tiempo y dinero, tus recursos. Ahora los clientes no llaman, hay que salir a buscarlos. Y ahí fuera está lleno de profesionales como tu buscando clientes. ¿Quién se llevará el gato al agua? El que esté mejor preparado, mejor situado, mejor posicionado y el que ofrezca mayor VALOR. Esa es la clave: tus futuros clientes tienen que entender de manera rápida y clara que TU aportarás más valor. Necesitas un plan. Un plan que te ayude a ser el mejor aportador de valor. Lo demás es secundario.

Estás buscando trabajo. Lo has perdido o aun no lo has encontrado. O quieres cambiar de trabajo. La necesidad de un plan es evidente, pero no cualquier plan. No vale todo. Estudia muy bien cuáles son tus habilidades y competencias clave, cuáles son tus propuestas de valor, las que te diferencian del resto. Necesitas un plan. El networking es clave, pero no te dejes llevar por las prisas. Primero define objetivos, servicios, públicos, mensajes, un posicionamiento. Recuerda que eres una microempresa. Si te falta formación búscala, la encontrarás. Lánzate al ruedo de la comunicación cuando hayas preparado el terreno, nunca antes. El personal branding online no existe. Online es solo un medio, no te dejes liar por cantos de sirenas del ciberespacio. Las tarjetas de visita te pueden parecer anticuadas, pero funcionan, añádele tu fotografía, deja un poco más de marca.

Estás estudiando. Quizás te pueda parecer que no hay prisa, que la búsqueda de trabajo puede esperar. Pero no, lo cierto es que estás en competencia directa con todos tus compañeros de estudios, los que han elegido tu misma especialidad. Todos iréis a las mismas entrevistas, pero no todos saldréis elegidos. Necesitas un plan. Un plan que te haga único. Necesitas que tu entrevistador sepa, antes de la entrevista, que eres el mejor. Necesitas que sepa que te autogestionas como una empresa, que eres una microempresa. Que tienes una visión, misión y unos valores o indicadores de paso. Debes gestionar la información sobre tu vida de manera que aportes elementos de valor, diferenciación y relevancia. Si eres corredor de maratón, aunque no lo creas, eres alguien especial, alguien capaz de gestionar su esfuerzo, de planificar, de resistir, de autosuperarse. No descartes NADA de tu pasado, todo puede añadir riqueza a tu personal brand. Ya sabes, sin prisas pero sin pausas. Tu marca la gestionas tu.

Pero tengas el rol que tengas, déjame darte dos consejos de amigo: sé auténtico y cree en tus sueños: ya tendrás el 80% del plan preparado.

Personal Branding, el arte de invertir en ti (16). Las fronteras de tu marca personal

Las fronteras de tu marca personal

Para dejar huella en el corazón de los demás, que es el objetivo final de toda marca personal, no vale todo, existen fronteras que no es conveniente rebasar. Los que nos rodean nos ven y nos sitúan  dentro del territorio que nos es propio, que nos hace fuertes, diferentes y memorables, enrocarnos en su interior nos fosiliza y abandonarlo de manera improvisada nos volatiliza. ¿Cuáles son los límites de nuestra marca personal?

Foto: Flickr CC

Nuestra identidad y su hoja de ruta definidas en la misión, visión y valores son nuestra tarjeta de presentación que se resume en un mensaje claro y entendedor. Preservar la propia identidad de intrusiones indeseadas que puedan dañarla y, en el límite destruirla, es una tarea que requiere atención, escucharse a uno mismo y una enorme capacidad de autocrítica y humildad. Nuestro territorio es  objetivo permanente de envites foráneos y todos estamos expuestos a ellos porque somos seres sociales, porque no vivimos aislados y porque sin la referencia  e interacción de los demás no seríamos marca.

Definir nuestras propias fronteras no es fácil y en la mayoría de las situaciones nos damos cuenta de que algo no funciona cuando realmente no va, somos poco precavidos, no tenemos el hábito de ser previsores. Recuperar las posiciones perdidas es costoso y a veces doloroso porque puede representar rupturas, pérdidas, distorsiones  y dinero.

Con tres ejemplos basados en experiencias recientes, anónimos por motivos de rigor profesional, lo entenderemos mejor.

La pareja, la nuestra, la de cada cual, es una parte importante de la hoja de ruta, constituye una de las opciones personales básicas. Con ella crecemos, tenemos hijos, perfilamos proyectos y la definimos como elección a largo plazo. Al ser cosa de dos se mueve en nuestro territorio de frontera porque está expuesto constantemente al exterior. Es fácil, sobretodo en las personas que tienen un carácter abierto o una actividad basada en las relaciones sociales, encontrarse en situaciones en las que uno se debe dar a conocer o hacer un esfuerzo para comprender a los demás y es aquí donde la exposición implica tener detectores de atención a punto y en buen estado de uso. Encontrar a alguien interesante, con una visión del mundo sugerente, complementando alguna carencia propia puntual no es difícil y hasta frecuente. El café de un día que se convierte en varios cafés, las confesiones personales más allá de lo que es profesionalmente  o funcionalmente necesario, comidas en lugares cada vez más privados, mensajes por los canales multimedia pueden llevar sin uno darse cuenta a  situaciones que ponen en peligro la existencia de la propia pareja. ¿ Cuales son tus límites que no debes en ningún caso rebasar?

El trabajo, sea por cuenta ajena o propia, consolida nuestra aportación a la sociedad, nos permite desarrollar habilidades profesionales que nos posicionan, nos da el fuelle económico necesario para sobrevivir y, como su producto va dirigido a alguien externo, se sitúa en territorio de frontera. Como los tiempos andan revueltos y hay que ir a por todas por aquello de mejor tener los huevos repartidos que en una sola cesta resulta poco complicado aceptar más tareas de las que realmente podemos hacer porque la cosa está tan mal que quien se atreve a decir no a alguien con ganas de contar con nosotros. Un encargo tras otro que se acumulan y que encadenan excusas cada vez más sofisticadas, el tiempo libre ocupado permanentemente en intentar acabar lo inacabable y que deteriora las relaciones personales y sociales, la desazón, el malestar y el disgusto por no llegar a donde nos hemos comprometido afectan a la autoestima y la salud física y emocional. ¿Cuáles son los límites que nunca debes rebasar?

La visibilidad, si no te ven no existes, es la parte descubierta del iceberg de la marca personal y por derecho propio se sitúa en territorio de frontera. Todos necesitamos ser visibles y tener un buen posicionamiento en los marcadores porque en el mundo tan global en el que nos movemos se hace imprescindible llegar a todos los lugares. Inflar las habilidades en los perfiles de las redes sociales, mencionar como clientes y casos de éxito a personas y empresas con las que se tuvo contacto en ocupaciones anteriores que no tienen nada que ver con la actual, lanzar opiniones atrevidas e innovadoras leídas por ahí como si fueran de cosecha propia y tantas cosas más, nos acaban convirtiendo en algo visualmente atractivo que se derrite progresivamente en cada contacto en el mundo real en el que se ponen a prueba las habilidades y la influencia reales. Y al final se acaba consiguiendo lo contrario de lo que se perseguía con un alto costo en esfuerzos y recursos para reorientar la situación. ¿Cuáles son los límites que nunca debes rebasar?

Poner límites, y más aun ponérselos, no gusta en general y siempre que hablo de este tema alguien arruga la ceja porque hay una creencia muy extendida que lo relaciona con la falta de libertad. Nada tan lejos de la realidad. Preservar la integridad de los compromisos, de los proyectos y de las metas a alcanzar refuerza las decisiones que un día se tomaron y permite gestionar la vida y la marca. Y no olvidemos que la gestión de la marca personal es ante todo un acto de libertad.

Personal branding, el arte de invertir en ti (15). ¿Reinventarse o cambiar?

¿Reinventarse? Muchas personas preguntan qué pueden obtener con el personal branding. Las respuestas pueden ser muchas, pero aquí vamos a centrarnos en el cambio, en ese período de reinvención personal que llega un día de nuestra vida.

El detonante de la necesidad de cambio suele llegar a partir de situaciones como estas:

  • Un proceso de reflexión: ¿Por qué estoy haciendo lo que hago si no me llena?
  • Un proceso traumático como un despido
  • Un período largo de desempleo
  • Una sensación de cansancio en el empleo actual: ascenso que no llega, aburrimiento

Llegados a este punto, ¿Qué pasos puede seguir un proceso de personal branding ayudar a esa «reinvención» personal?

  • En  primer lugar, hay que profundizar en uno mismo para saber qué nos apasiona. Esta es una fase clave, ya que actuará como el motivador de cambio.
  • Seguiremos por revisar nuestras habilidades y competencias. Preguntaremos a nuestro entorno para asegurarnos de no dejarnos nada importante, nada que nosotros no seamos capaces de ver.
  • Esas habilidades y competencias deberán adaptarse a una nueva carrera profesional por la tengamos la máxima ilusión (pasión, mejor)
  • Crearemos entonces nuestro nuevo modelo de negocio, sin olvidar valores, mensajes, públicos, propuestas, diferenciales, partners…
  • Finalmente daremos visibilidad a nuestro nuevo YO, tanto en el mundo real de los eventos, tarjetas, encuentros…. como en el ingente mundo 2.0 

    Foto: Flickr CC. Albert Einstein

Nadie dice que el proceso sea fácil, pero hay que vencer al miedo y lanzarse: si no cambiamos la manera en que hacemos las cosas no podemos esperar resultados diferentes (gracias, Einstein, por escribir esta verdad).

Personal Branding, el arte de invertir en ti (14). El valor del respeto

Sin ninguna duda el respeto es un valor fundamental de  la marca personal porque permite reconocer, aceptar y apreciar las cualidades y los derechos de los demás.

Sin respeto una marca personal pierde la capacidad de relacionarse con el entorno, con sus semejantes y corre un serio riesgo de aislarse. La falta de respeto puede convertir a las personas, nos  puede convertir  en individuos prepotentes o alienados.

El no querer o no saber reconocer las cualidades del prójimo, lo que le es propio y lo que le hace diferente, puede hacernos creer que estamos en posesión única de la verdad y en algunas ocasiones que tenemos más derechos que nuestros semejantes.

Foto: Flickr CC

Andamos cortos de respeto en nuestra vida cotidiana. Es un valor que no está en alza aunque en su defensa se llenen páginas y páginas de literatura. En el mundo de la política tenemos diariamente ejemplos de desprecio hacia todos aquellos que piensan de manera diferente, hacia los que son diferentes y quieren mantener su derecho a serlo. La uniformidad y el pensamiento único son muestras de falta de respeto.

En nuestro trabajo tendemos a valorar a los que nos son afines y a despreciar  a los que nos discuten nuestras actitudes y decisiones. Tendemos a ser poco respetuosos. Y lo mismo sucede con nuestra vida privada en nuestro entorno más íntimo, con nuestros amigos, nuestra pareja o nuestros hijos.

Y si no tomamos consciencia de ello acabaremos forjándonos una reputación, una fama, que impregnará negativamente nuestra marca personal.

El respeto comienza por un mismo. Cuando nos preguntamos quiénes somos, cuando trabajamos la base del Iceberg de La Marca Personal para comprendernos y tomar consciencia de nuestras cualidades estamos experimentando y manifestando respeto.

Practicar la política de la avestruz, no querer profundizar en nosotros mismos, no invertir el tiempo necesario en saber más de nosotros, no darnos la oportunidad de experimentar cosas nuevas, de aprender y de equivocarnos evidencia una falta de respeto.

Si perdemos el sentimiento de nuestra propia identidad, perdemos, en definitiva, el respeto por nosotros mismos, podemos acabar convertidos en algo fuera de nuestro control, sintiéndonos extraños en nuestra propia piel y por tanto completamente alienados. Y cuando esto suceda la huella que dejaremos en el corazón de los demás, nuestra marca personal, será poco memorable.

Personal Branding, el arte de invertir en ti (13). ¿Te comprometes?

Leí en alguna parte que el COMPROMISO es el triunfo diario de la integridad sobre el escepticismo. No es una mala definición. En cualquier caso, el compromiso es otro de los valores pilares de una persona.

Si una persona no está comprometida con algo, navega sin rumbo. El compromiso nos distingue de otras especies del reino animal. De hecho, todos estamos comprometidos con alguien o algo.

Un padre de familia se compromete a cuidar física y espiritualmente de su mujer y sus hijos. La amistad es un compromiso en sí misma, también el matrimonio, y también la vinculación a una empresa o a un proyecto. Un sacerdote cristiano adquiere un compromiso con Dios, el director de una empresa familiar adquiere un compromiso con una familia, un maestro adquiere el compromiso de completar (los padres son los primeros educadores) la educación de sus alumnos. Una hipoteca es un compromiso de pago. Un ecologista es alguien comprometido con el planeta y con la sostenibilidad. Un deportista se compromete con unos resultados, con un equipo y con un país.

La carrera profesional supone un compromiso. Todos nos marcamos una meta y nos comprometemos a llegar a la misma siguiendo una ética.

Un compromiso implica un plan de acción. De hecho, comprometerse está relacionado con algo a futuro, con algo que no existía.

Pero quizás la parte más importante de todo compromiso es que influye en los demás, no queda únicamente en el territorio de intimidad de una persona. Llegados a este punto, entendemos porqué la falta de compromiso convierte a una persona en alguien de poco fiar. En política, por ejemplo, el compromiso es uno de los tres valores básicos junto con la honestidad y el liderazgo. Somos capaces de perdonar al político que falla en liderazgo, pero acostumbramos a no aceptar al político no honesto o no comprometido.

Ahora llega tu turno: Redacta una frase que empiece por:

Yo me comprometo a…

Una vez la tengas, crea tu plan de acción para que ese compromiso se cumpla en los plazos adecuados y ante las personas que hayas elegido.

Os dejo un vídeo del Dalai Lama en que nos habla de su compromiso de promover la paz interior en las personas.

[youtube]http://youtu.be/MI7KsbAa5wo[/youtube]

Personal Branding, el arte de invertir en ti (12). La paciencia como valor pilar

Estamos habituados a tener lo que necesitamos de manera instantánea. Nos cuesta aceptar que tengamos que invertir tiempo para conseguir algo porque a pesar de la crisis todavía somos bastantes los que tenemos cubiertas nuestras necesidades básicas. Pero, ¿qué pasa cuando las cosas van más lentas de lo que esperábamos o simplemente se tuercen?

La paciencia es uno de los valores fundamentales de la marca personal.

Las cosas importantes no suceden de un día para otro, sino que se van forjando lentamente hasta que salen a la luz. Tener la pretensión de querer ser la opción preferente de manera instantánea es solo eso, una pretensión.  Porque gestionar nuestra marca personal requiere tiempo para conocernos bien, para descubrir lo que realmente queremos, y para darlo a conocer.

Y a pesar de tener las cosas muy claras y los planes muy definidos siempre aparecen circunstancias no previstas en el guión que hacen que aquello que parecía fácil y directo sea más costoso.

La paciencia es una actitud que nos permite soportar los contratiempos y las dificultades para conseguir un objetivo. Nos ayuda a pasar por situaciones difíciles, muchas veces caóticas, sin derrumbarnos y nos da fuerzas para superar las ganas de abandonar, de tirar la toalla, sin duda una de las más terribles tentaciones.

Tener paciencia no tiene nada que ver con aguantar lo insoportable, no es una actitud pasiva sino todo lo contrario. Es saber ver la luz al final del túnel y eso requiere tener unas metas muy trabajadas y definidas.

Foto: Flickr CC

En todo proceso de gestión de la marca personal que se precie se sientan las bases para desarrollar la paciencia y el Método del Iceberg es una buena herramienta, una de las mejores. Cuando definimos la misión y la visión, cuando sabemos hacia donde vamos y con que medio de transporte, estamos desarrollando el músculo de la paciencia, estamos iluminando el final de nuestro camino para que sea visible en todas las circunstancias.

Trabajar con el fin en la mente, en palabras de gran Covey, “es imprescindible para poder ser pacientes y saber esperar aquello que queremos conseguir sin resignarnos a rebajar nuestras ambiciones”.

Educar la paciencia implica desarrollar una sensibilidad para identificar los problemas, los contratiempos, las alegrías, los logros y los fracasos del día a día. La paciencia es un valor de marca personal que se apoya en el resto de los valores y que nos permite tener siempre y frente a cualquier circunstancia una actitud optimista y una vida equilibrada.

Ser paciente implica ser creativo e innovador para adaptarse a las circunstancias que van surgiendo sin olvidar lo esencial de nuestra meta, para convertir los momentos de espera en momentos útiles, para sacar provecho de la adversidad.

La paciencia nos ayuda también a transmitir seguridad y sosiego a los demás, a no ver siempre la botella medio vacía y de esta manera tenemos más posibilidades de ser tenidos en cuenta, de ser memorables.

Desarrollar este valor de marca personal requiere una dosis elevada de conexión con uno mismo y de fidelidad con lo que nos hemos propuesto, porque una vez más, sólo de nosotros depende que seamos capaces de gestionar y dirigir nuestra vida.

Personal Branding, el arte de invertir en ti (11). El esfuerzo

La cultura del esfuerzo, un valor pilar de la marca personal

A menudo tendemos a minimizar el mérito de aquellos que llevan 5, 15 o 30 años trabajando por una idea o proyecto. Pensamos que en su día lo tuvieron fácil, que no tuvieron competencia. Falso.

Muchas de las personas que emprenden un proceso de branding personal tienen en mente trabajar el tema durante un mes o dos como máximo. Y después, … Milagro! ya esperan ser los reyes del mambo. Falso.

Otros entienden que el proceso inicial puede durar 3 o 4 meses pero que después es cuestión de dedicarle 10 minutos al mes. Falso.

Lo único verdadero es que, salvo herencias y loterías, quien quiera salir adelante se lo tiene que currar. Con el branding personal pasa lo mismo. Es un proceso que no se detiene, es continuo. Cualquier bajada de guardia puede suponer tener que volver a empezar. Nos guste o no, necesitamos las rutinas; lo sé, muchas personas las odian. Pero son indispensables.

Cuando le planteo a un amigo o cliente la posibilidad de tener su propio blog para apoyar la transmisión de su mensaje, a menudo oigo la expresión «no tengo tiempo«. ¿No? ¿No tienes tiempo de invertir en ti? ¿Hay algo más importante?

Planteo algunas ideas que nos pueden ayudar a mantener o mejorar la percepción que los demás tienen sobre nosotros, nuestra marca:

  • Empieza por el principio, por conocerte mejor, por saber en qué eres bueno, por conocer tu reputación. Eso es un trabajo de autoconocimiento. Lo puedes hacer con un coach o lo puedes hacer por libre, pero es un trabajo que te llevará algunas semanas. Tendrás que esforzarte en preguntar a los demás cómo te ven, solo así sabrás qué marca dejas. Es una investigación personal que merece la pena llevar a cabo.
  • Dedica otras 3 o 4 semanas a construir un destino (si no lo tienes ya) a largo plazo, un sueño, una visión. Inspírate leyendo a clásicos y a personas que cumplieron su sueño. Cuando lo tengas, crea tu hoja de ruta, tu estrategia para llegar a ese destino. No olvides ayudarte de la intuición y de la creatividad, pero sobre todo, hay un trabajo de muchas horas y días.. Se trata de analizar quién quieres ser.
  • Llegados a este punto, comunícalo, descubre cómo puedes trasladar tu mensaje a los públicos que hayas elegido. Y no olvides que la red no lo es todo. Compartir un café con un conocido puede dar más frutos que 300 RT (retweets). Aprende a combinar el mundo de los átomos con el mundo de los bits, y vigila constantemente tu reputación.
  • Y lo más importante, mantén la guardia alta. Actualiza tu hoja de ruta, ponte al día con la literatura de tu sector, pon en crisis tu modelo si ves que no los frutos esperados, pero lo más importante: INSISTE, INSISTE, INSISTE.

Si te interesa esta serie, puedes consultar en este ENLACE todos los artículos publicados

Personal Branding, el arte de invertir en ti (10). Fidelidad

Nadie nos va a sacar las castañas del fuego.

Tenemos muy claro lo que queremos conseguir gestionando nuestra marca personal: ser tenidos en cuenta, ser la opción preferente, ser los elegidos. Hemos trabajado duro para conocernos mejor y saber lo que queremos. Sabemos a dónde vamos, cuál es nuestra razón de ser, nuestra misión; también hemos reflexionado sobre lo que deseamos conseguir en el medio y largo plazo, nuestra visión y ahora nos toca lidiar con el día a día y encontrar elementos que nos aporten sentido y que nos indiquen si vamos en la dirección correcta. De esto último se encargan los valores.

Iniciamos con este post un trabajo sobre los valores más significativos desde nuestro punto de vista, y hoy vamos a tratar de la fidelidad.

Hemos invertido tiempo e ilusiones trabajando  en la definición de nuestra marca, conociéndonos mejor y proyectando nuestras ilusiones y nuestros sueños hacia el futuro.

La fidelidad es aquello que nos conecta con las cosas importantes, con nuestras opciones fundamentales, con aquello que es realmente significativo para nosotros. Es la capacidad espiritual de cumplir aquello que hemos prometido tanto a los demás como a nosotros mismos.

Prometer es una acción proactiva, nos avanzamos a los acontecimientos y proyectamos acciones desde el presente hacia el futuro, en cierta manera nos adelantamos al tiempo y tiene sentido afirmar que cuando prometemos nos comprometemos porque en el futuro surgirán circunstancias nunca previstas que nos obligarán a interpretar la realidad para poder mantenernos en la línea que inicialmente hemos escogido. Nos comprometemos con nuestra visión y misión, con nuestro sueño y con nuestro proyecto. ¿Tiene sentido que por una diferencia temporal, por una cuestión de tiempo, echemos por la borda el trabajo realizado? La fidelidad es, en este caso, el seguir creyendo en nosotros y en la importancia de lo que queremos hacer. Es también recordar que nadie excepto nosotros nos sacará las castañas del fuego y que si hemos llegado hasta aquí es porque tenemos una historia de la que, en el futuro, queremos ser los guionistas.

Foto: Flickr CC

Lo que nos mueva a ser fieles es la decisión que hemos tomado en algún momento de ser los protagonistas de nuestras vidas desarrollando un proyecto personal que nos hace únicos y genuinos, que define la huella que vamos dejando y que imprime nuestra marca.

La fidelidad es una actitud extremadamente creativa porque las circunstancias siempre son cambiantes y hemos de adaptarnos a ellas para ir redefiniendo nuestro camino de acuerdo con las pautas que en su día nos marcamos. Está lejos del sacrificio y del aguantar por aguantar a que nos tiene acostumbrados la moral vigente. Es la decisión de ir creando nuestra vida en coherencia con el proyecto y el modelo establecidos en el momento inicial.

Como no estamos solos en el mundo nuestros compromisos personales también afectan a los demás. Ser fieles transciende nuestra individualidad y nos mueve a no engañar ni traicionar a los demás, a cumplir con los pactos, con los compromisos adquiridos y con la palabra dada.

Mantenernos fieles es una tarea que requiere un elevado grado de conexión con nosotros mismos y con los demás , es siempre un acto de lucidez, de voluntad de cambio y de compromiso individual porque sólo nosotros podemos dirigir nuestra marca y nuestra vida.

Personal Branding, el arte de invertir en ti (9). Tienes una misión

Vamos a suponer que hemos trabajado distintos escenarios, valorado pros y contras, y ya hemos redactado nuestra visión, el lugar donde queremos estar en 10 o 15 años. Ahora toca definir la misión, definir los puertos de paso que nos llevarán a un destino deseado.
La misión es tu razón de ser, tu contribución al sueño (visión). Se trata de explicar qué haces, para quién y las ventajas que aporta esa contribución.
Por ejemplo, imagina que te quieras dedicar a la política y que hayas redactado esta visión:

Visión

Mi visión es que algún día nuestra sociedad será más justa y abierta, respetuosa con las personas y con el medio, en la que se fomente la iniciativa y la creatividad y se ponga coto a las desigualdades sociales.

Misión

Mi misión es ayudar a las personas a simplificar los procesos que pueden contribuir a su progreso: en educación, en cultura, en aceso al trabajo, en sanidad, en infraestructuras, en la construcción de un entorno justo, solidario y sostenible. Y lo quiero hacer no pensando en un período de tiempo breve, sino con la vista puesta en la siguiente generación, la de nuestros hijos.  

Para ello pongo en marcha una oficina virtual, «Horizonte 2030», que recogerá todas aquellas sugerencias que puedan contribuir a hacer de nuestro mundo un lugar mejor.

Resumiendo, vemos que la visión es la de un mundo mejor y la misión es la contribución en forma de agilización de procesos y toma de ideas.

¿Te animas a plantear tu misión?. Nadie dice que sea fácil. Mañana será el aniversario del famoso discurso de Martin Luther King «I have a dream«, leído en las gradas del Lincoln Memorial en 1963. Si analizas el discurso, verás que se trata de una visión, un sueño. Pero no contiene recetas. Por desgracia, asesinaron a King en Memphis en 1968, así que me quedo con la idea de que su misión era ser el portavoz y activista principal de ese sueño.

Personal Branding, el arte de invertir en ti (8). Y tu, ¿qué cuentas?

En la gestión de nuestra marca personal saber transmitir a los demás quienes somos, lo que queremos y qué ofrecemos es de importancia capital.

foto: Flickr Creative Commons

De poco sirve haber reflexionado en profundidad los grandes ejes que nos definen si no somos capaces de contarlos en cualquier contexto y situación,  nos  estamos haciendo un flaco favor a nosotros y a nuestra marca porque todo lo que no seamos capaces de transmitir con nuestras palabras nuestra audiencia se lo imaginará y correremos el riesgo de ofrecer una imagen totalmente distorsionada.

El mensaje es el objetivo principal de cualquier proceso de comunicación que se establece entre dos partes, el emisor y el receptor. Se compone principalmente de palabras y también de signos, gestos y señales.

El objetivo final de nuestro mensaje es que llegue a los demás de forma clara para que nos ayude a convertirnos en la opción preferente y para ello debe tener por lo menos cuatro características:

  • Veracidad: en consonancia con lo que somos
  • Consistencia: con lo que queremos transmitir, con nuestro proyecto
  • Que sea atractivo: Capaz de llegar al corazón del receptor
  • Que sea especial:  Genuino, original

y también:

  • Brevedad: Para no aburrir al receptor
  • Claridad: Que se entienda a la primera
  • Simplicidad: Que no utilice, a ser posible, terminología difícil de entender.

El mensaje debe adaptarse a cada contexto o situación y para ello necesitamos tener diversos tipos de redactados.

Así hablamos de:

  • Mensaje breve: Que corresponde a un título corto pero muy claro. “Para que seas la opción preferente” es un ejemplo de mensaje que explica a lo que nos dedicamos los estrategas de marca personal.
  • Mensaje corto: Es una presentación breve. ”Soy Jordi Collell. Estratega de marca personal y coach en Soymimarca. Quiero que te conviertas en la opción preferente”
  • Mensaje medio: Es una presentación más completa que la reseñada en el mensaje corto no mas de 7 u 8 líneas. “Soy Jordi Collell. Estratega de marca personal y coach en Soymimarca. Nací en Barcelona, ciudad que imprime carácter, estudié Economía y me especialicé en dirección de empresas en el IESE. Durante más de 20 años he ocupado puestos de dirección en diversas empresas y he tenido la oportunidad de comprar, hacer crecer y vender la mía. Durante mi carrera como directivo me di cuenta que el mayor valor que podía aportar era ayudar a que mis colaboradores pudieran desarrollar una carrera profesional exitosa, en beneficio propio y de la empresa. Y esto me ha llevado a donde ahora estoy porque un día decidí dedicarme a impulsar personas para que sean la opción preferente que es lo que realmente me hace feliz”

Finalmente debemos ponernos en la situación del receptor al que nos dirigimos e intentar saber lo que es relevante para el para ponerlo más de relieve en nuestro mensaje.

Ahora te toca a ti,¿ te atreves a redactar tu mensaje?.