Para profesionales que quieran mejorar sus competencias, visibilidad y habilidades

Una mirada científica a la Imagen de Marca Personal, por @mariaasanchezes

“Ponte esto, cámbiate aquello” ¿Para lograr… qué? (Una mirada CIENTÍFICA a la IMAGEN de Marca Personal)

¿Has analizado alguna vez tu Imagen de Marca Personal parte por parte, despacio, como si lo hicieras con un escáner? 

El resultado: datos fiables, en vez de preferencias basadas en emociones, que van cambiando con el paso del tiempo.

Comienzas a tener una perspectiva científica, que se adquiere así, de manera metódica. Por medio de la observación, la experimentación y el análisis. 

Cuando eliges cada elemento que forma parte de tu imagen de un modo fácil y satisfactorio,  cuando cada parte armoniza con el resto, se crea el “Efecto Halo”. Pura energía y luz para tu Marca Personal.

Lo que vemos, es una visión distorsionada de lo que no vemos Anaxágoras de Clazomene (500428 a. C).

Ese es mi objetivo hoy: ayudarte a entrenar tu mirada, para que empieces a “ver” y ganar así tiempo y eficacia en la construcción de tu Imagen de Marca Personal.

Los hechos

Elegimos los elementos que componen nuestra Identidad Visual (la parte visible de nuestra Marca Personal), sin pensar en lo que comunica cada área. Sola o al unirse al resto. 

Creemos que no es así: 

Por supuesto que la imagen comunica

Es la respuesta que me dan mis clientes y alumnxs cuando les pregunto sobre ello.

La elección la solemos hacer por separado. Sin seguir recomendaciones, como las que nos da Alexia Herms en su artículo: “La Imagen como Marca Personal”

El motivo: nuestro criterio estético está creado de forma autodidacta. A menudo por consejos de personas cercanas, bienintencionadas y con “buen gusto” (para definir este término, necesitaríamos otro post :).

Veamos algunos ejemplos de por qué elegimos el estilo de cabello

  • “Se lleva”, según tu profesional de peluquería (en el mejor de los casos).
  • Lo he llevado siempre, me gusta y me favorece.
  • Porque le gusta a mi pareja. 

Sobre la decoración facial 

  • Las cejas: magníficas (si es que te fijas en ellas), se parecen a las de esa persona que vi en “tal” película / artículo…

Ellos: 

  • una estupenda barba… es lo que se lleva! 
  • las patillas largas / cortas, como ‘tal’ deportista.

Ellas: 

  • la última máscara de pestañas que ha salido. ¡Las alarga de forma casi mágica
  • La sombra de ojos que me pusieron para la última boda, discreta… y no se corrió nada! 
  • La base de maquillaje…, ideal, es crema con color!

Una mirada científica a la Imagen de Marca Persona

Cada pieza del vestuario con su propia historia

Por ejemplo:

  • La chaqueta porque estaba de oferta, de muy buena calidad. Con un original detalle en una de las solapas. El color, “combinable”.
  • La blusa (o la camisa)…  porque era preciosa. El estampado muy bonito. Una ganga también. Me quedaba genial.
  • El pantalón (o la falda), porque son muy “ponibles”.
  • Los zapatos, el reloj, el bolígrafo porque… Igual, cada cosa, su propia historia.

“Vestirse tiene que ser divertido” Es uno de los pensamientos más arraigados  en clientes y/o alumnxs al principio de las sesiones de entrenamiento de la mirada.

“Agotadora” es cómo lo definen la elección diaria, cuando convenimos que en sus armarios, descansa un 80% de elementos sin utilizar. Si, aquí también se cumple el 80/20 de Pareto. Lo que nos crea, consciente o inconscientemente, una pesadez importante en nuestro sentir.

Según mis expertxs, esto tiene que ver con el estancamiento que provoca la acumulación de enseres que no utilizamos:

De lo que tienes en casa, dentro y fuera de los armarios… lo que no te da energía, te la quita.

Veamos qué sucede, de un modo resumido, basado como decíamos en la observación, la experimentación y el análisis. 

El cabello y el vestuario tienen un “influyente” volumen. Si no es el adecuado, rompe la armonía general, tan necesaria en la primera impresión que damos en situaciones importantes. 

Lleves el estilo actual por moda, costumbre o intención de agradar (que no aconsejo en absoluto, porque es tan difícil como ineficaz), lo ideal es que armonice con:

  • El volumen de tus facciones, el que crea en conjunto tu cabeza.
  • El ancho visual (vestuario incluido, claro) de tus hombros, cintura, caderas. En armonía con tu sexo (mujer: caderas visualmente más anchas, vestidas :).
  • El torso igual o más corto que las piernas.
  • Tu altura, que no sea más de 8 veces el tamaño vertical de tu cabeza.

Curiosidad estética: la cabeza rapada cumple estos requisitos, según la “Estética Filosófica”. Lo malo es que para la “Estética Social” no siempre es recomendable.

Sobre el color

  • En el caso del cabello lo ideal es que sea, total o parcialmente natural (por tu “libertad” y para el medio ambiente). Con unas mechas frontales, es suficiente.
  • Para todas las áreas de tu imagen: tu cabello, tu vestuario y tus complementos, te recomiendo que estén dentro de la misma gama de color: cálida o fría.

En el punto número 8 de este artículo te doy los detalles de las dos gamas. Además de otras recomendaciones específicas, para que empieces el año con seguridad y tu imagen te ayude a lograr tu objetivo profesional, que de eso se trata. 

Si deseas seguir reflexionando sobre tu imagen de marca personal, aquí tienes 5 preguntas que te ayudarán a ello. Además, responderlas tiene como regalo el workbook “Las 5 reglas de oro de la Imagen profesional”.

Feliz… todo!

Marca personal y trabajo independiente: ¿hasta dónde llenar nuestra agenda? -parte 3- por @Prof_EstradaMSC

A modo de introducción 

Amigo lector:

Recibe como de costumbre mi más cordial y cálido saludo en tu nueva o primera visita al espacio de colaborador que desde 2016 me honra y disfruto tener en Soymimarca, el medio de comunicación líder global sobre personal branding en lengua española (y abierto a colegas de otras lenguas). Gracias por estar aquí.

Como es habitual desde el pasado 2020, mi primer mensaje de hoy es de solidaridad con quienes han sufrido de cualquier modo los efectos de la terrible pandemia que nos ha golpeado a todos en el mundo; especialmente, con aquellas personas que han perdido a algún ser querido. Como cada día desde que esto inició, y como lo haré hasta que termine (ahora en calidad de sobreviviente), elevo una oración por ellos, porque puedan recuperarse y seguir adelante.

Y luego de ello, te recuerdo que estás comenzando a leer la tercera entrega y final de mi serie temática Marca personal y servicios profesionales: ¿hasta dónde llenar nuestra agenda?, de la cual han sido publicadas la primera y la segunda; lecturas ambas que te recomiendo hacer antes de la de hoy -si no lo has hecho ya-, para que puedas seguir la lógica del tema, del modo en que lo abordo.

Aquí te presento el índice de esta tercera entrega de la serie:

Y sin más preámbulo, paso a compartir contigo el contenido de este trabajo. Gracias por ser, por estar, por acompañarme hoy y siempre.


Algunas condiciones y claves para la gestión de nuestra agenda

En principio, y asumiendo que nuestro mercado sigue considerando los servicios que ofrecemos entre sus opciones preferibles y preferidas, cabe decir que nuestra agenda como profesionales mojados por la lluvia y sudados bajo el sol (o sea, «fuera de sombrilla») podría y debe estar razonablemente llena; pero siempre bajo determinadas condiciones relacionadas con el momento, el contexto y la situación del propio mercado, de cada posible cliente en particular, y por supuesto, con los nuestros.

A continuación, un grupo de ellas. 


Algunas condiciones para gestionar el tema

Te propongo y analizo brevemente para ti seis condiciones que me parecen básicas. No creo que sean las únicas, y seguramente tú puedes proponernos y argumentarnos otras en los comentarios, o en las redes que compartimos. Aquí te van:

  1. Que haya cierta coincidencia, o al menos, compatibilidad, entre las necesidades del mercado, del sector, o del cliente que nos procura, y nuestros motivos, intereses, gustos y preferencias temáticas. ¿Alguien puede ser realmente bueno haciendo algo que no disfruta absolutamente nada hacer, por Dios?
  2. Que exista (o se pueda negociar y construir) cierta congruencia entre lo que el cliente puede objetivamente pagar y lo que nosotros aspiramos a cobrar. Porque de otro modo sería muy difícil hacer negocios, ¿verdad? Sentido común puro y duro: ¿Alguien puede cobrar lo que no le pueden pagar? Y por otra parte, ¿qué es preferible, negociar un precio de mutua conveniencia por los servicios que ofrecemos, o no poder ofrecerlos debido a nuestros precios elevados e inamovibles? 
  3. Que nuestras competencias profesionales estén en sintonía con la situación actual y con las tendencias, necesidades y perspectivas del mercado y el sector que atendemos, así como las del cliente que puede contratarnos; y que nos coloquen a un nivel competitivo adecuado entre otros posibles oferentes de servicios, quienes proponen aportar un valor potencialmente sustitutivo del que nosotros aportamos. Porque si no es así…¿quién nos elegiría? Y por otra parte…¿Cómo podríamos aportar verdadero valor?
  4. Que nuestra propuesta única de valor reúna los requerimientos del mercado para ser posicionada entre las más competitivas. Como he dicho en otros trabajos, todo el mundo quiere que sus problemas sean resueltos por el mejor, o por uno de ellos. Si el valor que proponemos aportar tiene el potencial de posicionarnos en ese nivel, y por supuesto, si a la hora de aportarlo hacemos honor a ese posicionamiento, estaremos creando condiciones para en el futuro seguir siendo competitivos, y por tanto, elegibles, y por tanto, si todo va bien, elegidos.
  5. Que el sector NO se encuentre en un manifiesto declive, para el cual nuestra propuesta única de valor y las mejoras que involucra u ofrece NO puedan representar una solución definitiva, o al menos, que resulte paliativa de forma sostenible. Porque los oferentes de servicios profesionales no somos magos, ni todos tenemos necesariamente vocación de «salvadores de desesperados» (dicho sea sin la menor intención peyorativa); y no creo que a alguien de nuestra industria le convenga que su marca personal sea asociada al fracaso sucesivo de varios clientes, y/o al derrumbe de todo un sector de negocios en un contexto determinado. ¿Te imaginas algo como «Fulano estaba allí, y como quiera quebraron»? O peor aún, ¿»Ellos tenían posibilidades, pero contrataron a Mengano y todo se les cayó»? Y caben otras peores…Entonces, no solo los clientes deben saber elegir entre nosotros; también nosotros debemos saber elegir a cuáles clientes NO debemos servir. Porque ellos tienen derecho…y nosotros también. 
  6. Que no represente un freno, un escollo o un desvío temático importante en nuestra carrera profesional. Porque el freno nos detiene, el escollo nos impide avanzar, y nadie desea estancarse ni retroceder. Y el cambio abrupto de tema puede generarnos dispersión, desenfocarnos y desconectarnos; además de hacernos perder tiempo en nuestro propio desarrollo, y de que puede confundir al mercado acerca de cuál es nuestro verdadero expertise y las fuentes genuinas de nuestra posible contribución desarrolladora.

Aquí pueden darse situaciones bien interesantes. Por ejemplo, entre los aspectos 1 y 2: que tengamos una gran motivación personal para trabajar en el tema X que «le duele» muchísimo a un cliente…y que este no tenga condiciones para pagarnos lo que aspiramos a cobrar por curar su dolor. Cada quien debe saber qué decidir y cómo actuar en ocasiones como estas, en las que todo DEPENDE (¿te suena este vocablo en mi trabajo, amigo lector?) de un enfoque MUY PERSONAL de la vida y sus procesos, y también, entre otras cosas, de la condición económica en que cada oferente se encuentre, y de si esta le permite o no ajustar sus tarifas. Me he referido a este tema en una respuesta reciente en Quora, cuya lectura posterior te sugiero. 

Y así, según personas, situaciones y contextos, pueden manifestarse en el asunto que abordo otros «¿Qué hacer en este caso?» 

No hay modelos ni recetas universales ni de aplicación generalizable en este tema, como en ninguno de los que he compartido contigo en la serie que hoy estoy cerrando. Pero te sugiero que si más de dos de estas condiciones se manifiestan en sentido negativo o potencialmente desfavorable para ti, lo pienses muy bien antes de procurar y/o aceptar un contrato de servicios profesionales. Y si deseas ampliar el espectro de posibilidades de tu análisis, te sugiero revisar la siguiente lista de 50 motivos para que un profesional de estos tiempos no acepte trabajar para un cliente individual o corporativo, tema que estoy desarrollando en mi serie ¡No me contrates!. En el momento en que salga a la luz el texto que ahora mismo lees, la serie debe ir por el capítulo 5 o 6, o estar a punto de llegar ahí (pudo ir más lejos, pero ha habido muuuucha tarea y muuuuchos rollos en estos meses finales del año 2021), y ya habrán sido analizados los primeros diez o tal vez quince motivos. 

Hay un caso «especial», que creo haber leído hace un tiempo a Andrés denominar «trabajos alimenticios», si no recuerdo mal. Básicamente, adaptando el concepto a mi tema de hoy, se trata de oportunidades laborales en temas que reúnen muy pocas de las condiciones anteriores, y a veces ninguna, jejeje…Pero hay situaciones y momentos en los que no queda otro remedio que TOMARLAS, porque nuestra posibilidad de elegir se ha reducido a cero. Y sí, son oportunidades, porque si en el momento en que las buscamos y tomamos no hubieran aparecido, no habríamos podido resolver uno o más de los diversos problemas que motivaron nuestra búsqueda de «lo que aparezca», comenzando por la satisfacción de nuestras necesidades alimentarias y las de la familia. Y que te conste: ELLO ME CONSTA.

Me he referido a este espinoso y delicado asunto en varios trabajos; entre ellos, mi artículo de 2015 ¿Empleo o negocio? Ambos «marcan» tu marca personal, en el cual he planteado lo siguiente: 

«Si estamos en una situación laboral difícil (desempleo, subempleo, etc.) el hecho de no estar en condiciones de suplir todas las necesidades de subsistencia, y posiblemente otras, nos hace vulnerables y hasta débiles ante ofertas que en situación diferente no tomaríamos en cuenta; y a veces la desesperación nos lleva a cometer errores como los siguientes (y por supuesto, generar las correspondientes excusas):

  • Aceptar trabajos para los que no estamos debidamente calificados (ya aprenderé en el camino); o
  • Aceptar propuestas que no tienen nada que ver con nosotros y nuestro perfil (no puedo escoger ni esperar, lo mío es salir de este bache ahora mismo); o
  • Aceptar que nos paguen mucho menos que lo que nuestro valor profesional implica (no estoy en condiciones de negociar), o
  • Disminuir intencionalmente nuestro valor y calidad profesional para acceder a un puesto de requerimientos muy inferiores a nuestro nivel (estoy dispuesto a cualquier cosa por trabajar), o, ya como extremo,
  • Involucrarnos en actividades de dudosa licitud o legitimidad (¡lo único que no puedo es pasar hambre!)».

Todo el que se ha visto en situaciones difíciles por falta de empleo (y observa que no escribí trabajo, sino empleo), puede haberse hallado ante una o más de estas posibilidades, e inclusive de otras. A mí me ha sucedido un par de veces con un par de ellas (por «suerte», nunca la última, jejeje). Y no pretendo juzgar a nadie por lo que hace o deja de hacer en su vida y con su vida –líbreme Dios de creerme facultado para ello-, pero sí proponer la idea que a modo de experiencia he construido tras pasar por esa situación y ver pasar por ella a otras muchas personas.

En mi opinión, la clave de este asunto, si se quiere evitar la obligación de aceptar ese tipo de oportunidades, es trabajar muy duro e inteligentemente para no tener que buscarlas, y para poder rechazarlas cuando tocan a nuestra puerta. Y no es sencillo en modo alguno, mas definitivamente, es posible. Pero siempre, siempre, SIEMPRE, sabiendo que puede haber momentos en los cuales simplemente, no lograremos soluciones por más duro y mejor que trabajemos; porque las circunstancias que lo harían posible, y sus evoluciones o involuciones, no nos favorecen y no están bajo nuestro control. Como muy bien nos lo dice el Maestro Alfonso Alcántara: “Si quieres, no siempre puedes”.

Entonces, si asumimos el empleo «en formato cuentajenado» -ecos de Andrés– como una opción válida (¡LO ES!), toca convertirnos en la mejor opción a la que un potencial empleador pudiera aspirar. Pero hagámoslo teniendo en cuenta que, en ese proceso, muy probablemente nos estaremos también convirtiendo en una opción de preferencia para personas u organizaciones que no nos necesitan como «empleados», sino como partners de negocios, en nuestra calidad de oferentes de servicios profesionales. En una respuesta que ofrecí hace algún tiempo en Quora, he abordado este asunto así:

«…todo podrá ser a tu manera, a tu tiempo y bajo tus condiciones, si en lugar de esperar por un empleador o depender de su poder, te dedicas a convertirte en la mejor opción que cualquier empleador quisiera tener a su alcance…o mejor aún, a crear tu propio trabajo, con una calidad y un aporte de valor únicos, transformadores, innovadores, diferenciadores, disruptivos, inimitables y definitorios de una marca única…y conseguir que ‘ellos’ hagan fila para recibir tus servicios» (Estrada, 2021). 

¿Te funciona?

Pues esa ruta pasa por las siguientes estaciones (entre otras posibles):

  1. Identificar muy bien todas o casi todas las cosas que te gustan y disfrutas mucho hacer a nivel profesional.
  2. Identificar muy bien cuál y cuánto valor es requerido y demandado en tu entorno, relacionado con las diversas cosas que a ti te gustan y disfrutas hacer (teniendo presente que la noción de entorno Conjunto de circunstancias o factores sociales, culturales, morales, económicos, profesionales, etc., que rodean una cosa o a una persona, colectividad o época, e influyen en su estado o desarrollo«- puede abarcar desde dos metros hasta diez mil o más kilómetros a tu alrededor, abarcando literalmente todo nuestro planeta gracias a Internet; lo de Marte todavía está en proyecto).
  3. Priorizar y elegir, entre todo lo que te gusta y disfrutas hacer, las dos o tres cosas más congruentes con los requerimientos y la demanda actual o potencial de valor que has identificado en tu entorno.
  4. Profesionalizarte hasta el máximo nivel posible en esas dos o tres cosas, prestando sistemáticamente servicios que aporten un valor que sea progresivamente validado y llegue a ser demandado por tu entorno, hasta que llegues a estar entre los mejores en cada uno de tus dos o tres temas de expertise (siempre según tu entorno, no según tú). No olvidemos que esto «no solo se trata de saber y saber hacer mucho, sino de hacerlo en función de las necesidades del entorno, lo cual asegura (o al menos propicia) capacidad resolutiva, aporte de valor, y valoración del expertise por sus beneficiarios» (Estrada, 2021).
  5. Identificar y estudiar muy bien cuáles otras áreas están conectadas de forma directa o indirecta con las dos o tres cosas en las que eres muy bueno, y aprender cuanto puedas acerca de ellas. 
  6. Configurar tu propuesta única de valor de un modo que integre muy bien tu expertise en las áreas donde lo tienes y ha sido validado, y tu capacidad para agregar valor en las otras áreas no directamente relacionadas, pero sí indirectamente conectadas con tu expertise; de forma que permita a tu entorno valorar tus servicios como posibilidades de intervención, transformación y mejora más complejas, holísticas y sistémicas que si solo te dedicaras a temas muy específicos y puntuales (en esta línea que te estoy sugiriendo va el mundo de hoy, en relación con la nueva polimatía del siglo 21).
  7. Explorar sistemáticamente tu entorno en busca de oportunidades que permitan proponer y luego aportar de forma única (o casi), este tipo y nivel de valor de mayor complejidad y potencial resolutivo, y cuya prestación aún resulta lo bastante limitada en cantidad de oferentes como para permitirte posicionarte de modo muy diferencial y exclusivo.
  8. Perfeccionar sistemáticamente tu oferta, tu servicio, tu diferencia y el valor que aportas, de un modo que te permita navegar con menos oposición competitiva en tu espacio de influencia, y tener suficiente paz para analizar la evolución de la situación y darte cuenta de cuándo se va acercando el momento de disrumpir tu propio estatus triunfador y  dar el salto a uno nuevo, también único, diferente y exclusivo, para lo cual te habrás ido preparando y ya tendrás la experiencia de haberlo hecho antes.

Todo lo anterior te conduce a dominar, aplicar y perfeccionar tu propia noción del concepto innovación en valor (la base principal de la famosa estrategia del océano azul) con un enfoque polímata versión siglo 21. Y creo poder asegurarte que esa ruta te puede llevar mucho más lejos que la alternativa: competir contra colegas, sangrando por clientes que paguen lo que aspiramos a cobrar, en un mercado cada vez más saturado de ofertas y más escaso en oportunidadesun estatus que en el futuro no hará sino intensificarse, profundizarse y hacerse más difícil de derrotar. ¿Lo dudas? ¡Pregunta a muchos de los expertos que desde hace diez años escriben en este mismo espacio, y luego me cuentas!

¿Te funciona esa ruta que te propongo, amigo lector? Fácil no será, por supuesto. Para nadie lo ha sido, ni lo es. Pero rentable, si se logra…¡Sin duda alguna!

Y volviendo al punto de origen, SIEMPRE debemos considerar la posibilidad de que un día las cosas no nos vayan tan bien como ahora. Te lo digo desde la culpa de quien ha cometido el pecado de no hacerlo, y desde la memoria de las consecuencias sufridas por ello. Y la realidad me ha pegado muy duro en la cara un par de veces, poniéndome a «pasar trabajo» (como se dice en mi Cuba bella) y a vivir precariedades «inmerecidas», como justo castigo por ese pecado. 

Necesitamos estar preparados para la escasez, como creemos estarlo para la abundancia. Insisto: CREEMOS ESTARLO. No son tantas como pudiera parecer, las personas que saben gestionar la plenitud y estabilidad económica y financiera, y estando en ella se preparan para cuando puedan no estarlo. Porque nos guste o no, y lo evitemos o no, en la vida sí puede manifestarse lo que dice una vieja salsa cubana que recuerdo muy bien, pero no la he hallado en Youtube: «Un ratico arriba, un ratico abajo: ya me cansé de relajo». Mas ese análisis del estatus competencial para la gestión de la escasez y la abundancia ya sería tema para otro larguísimo trabajo, y además, no es mi tema

La hermosa y célebre frase de fe «Todo obra para bien» (me limito a citar ese fragmento de ella), es profundamente cierta, en mi opinión. Solo que a veces queremos circunscribir el bien a lo que en ese momento nos parece bueno…y muchas veces, su alcance va más allá de eso. Por ejemplo, enseñándonos la lección del ahorro como estrategia de vida

Un recurso estratégico para evitar -a un nivel más o menos razonable- la obligación de tomar «trabajos alimenticios», es nuestra marca personal: si hacemos correctamente todo lo necesario para poder vivir de ella (o sea, si la gestionamos como podemos y requerimos hacerlo, comenzando por ser muy buenos en lo que hacemos -ecos de Xavi– y comunicarlo para visibilizarlo como debemos, porque la visibilidad es un activo profesional estratégico -ecos de Neus), tendremos una probabilidad razonable -ojo: nunca absoluta– de no tener que acudir a la ya descrita «nutrición laboral». 

Y por otro lado, te recomiendo encarecidamente que ninguna de las combinaciones que hagas en tu proceso decisorio excluya la condición # 1 de las listadas arriba. No creo que haya algo profesionalmente peor que trabajar en algo que NO nos gusta hacer, y que por tanto, no disfrutamos, ni nos sentimos crecer en algún sentido mientras lo hacemos. Cuesta muchísimo y es casi imposible aportar valor, sin cultivar y derramar amor

Te lo dejo hasta aquí por ahora. Veamos cuáles son las claves de las que te hablé en el índice del post para la gestión de nuestra agenda como oferentes de servicios profesionales.


Algunas claves para gestionar el tema 

Aunque podrían ser muchas más, hoy yo te propongo únicamente cuatro claves a gestionar con enfoque sistémico/estratégico; porque de diferentes formas, estas cuatro se relacionan con muchas otras, como podrás constatar a continuación. Las que te propongo aquí son las siguientes: 

  • Relación calidad/valor/precio/tiempo
  • Modalidad y metodología de trabajo
  • Foco, y 
  • Nicho

Comentemos cada una in extenso, desde mis puntos de vista y otros que conozco, y en una perspectiva general no excluyente de particularidades individuales. 

1- Relación calidad/valor/precio/tiempo

Un solo cliente que paga muy bien (bastante por encima de la media del mercado) es mejor que dos o tres clientes que pagan «normal» (en la media del mercado o un poco menos), aunque la suma de los honorarios cobrados a estos últimos exceda moderadamente el monto procedente del primero. Veamos algunas razones:

  • Nos permite trabajar con menos presión y por ende con más calidad. Esa «vaina» de las ofertas de trabajo que exigen como requisito «capacidad para trabajar bajo presión» como si eso fuera algo bueno para alguien, es uno de los grandes absurdos que he leído sobre estos temas, y lamentablemente con mucha frecuencia. Eso de trabajar bajo una presión impuesta por terceros (y muchas veces innecesaria, derivada de malas decisiones gerenciales) no es bueno para nadie; tampoco para ustedes, ¿me escuchan, empleadores, y especialistas de reclutamiento y selección? ¿Les suenan de algo (entre otros) los conceptos felicidad en el trabajo, calidad de vida laboral, y employer branding?
  • Nos genera menos desgaste físico, mental y emocional. Al concentrar los esfuerzos en un espacio humano y temático concreto (ya sea individual u organizacional, físico o virtual), todas nuestras energías fluyen mejor, con menos dispersión y más profundización en el objeto/objetivo; todo lo cual nos permite mejor y mayor aplicación y aprovechamiento de nuestros recursos humanos, en nuestra calidad de humanos con recursos.
  • Nos facilita mucho el enfoque; o sea, concentrarnos en nuestro foco (en otro punto más adelante amplío al respecto). 
  • Nos posibilita mayor dedicación y entrega, al no existir competencia entre tiempos y espacios.
  • Nos crea mejores condiciones para más compromiso con el proceso y con los resultados.
  • Genera mejores relaciones personales y profesionales entre nosotros como oferentes, y el cliente o su equipo, al poder compartir más tiempo y actividades en función de un proyecto y objetivo común. 
  • Nos facilita dedicar más tiempo de calidad a nuestra familia y a nosotros mismos; y por supuesto,
  • Hace más rentable para el cliente y para nosotros el tiempo que le dedicamos. 

Este abordaje puede tener un par de factores en contra; sobre todo, el riesgo que contraemos al colocar todos los huevos en una sola cesta durante un tiempo determinado. Pero al menos para mí, este es un riesgo aceptable y manejable si las condiciones anteriores se gestionan bien y se manifiestan de modo favorable, y especialmente, si hemos revisado previamente todo lo necesario para decidir, y las cuentas efectuadas «nos dan». Así, es bastante menos probable que fracasemos. 

2- Modalidad y metodología de trabajo. 

La forma elegida para prestar servicios profesionales tiene un impacto inevitable sobre los procesos y los resultados, tanto en términos de eficiencia (uso del tiempo, la energía personal, el talento, el dinero, la información, y otros múltiples recursos) como de eficacia (logro de objetivos); por tanto, puede ser un factor determinante de su efectividad. 

Los modelos de intervención en las actividades y los negocios relacionados con «la industria de los servicios profesionales de apoyo a la gestión y desarrollo de capital humano, tecnológico, organizativo y social» (consultoría, mentoring, coaching, formación,  asesoría, etc.), que son ejecutados por profesionales «independientes», suelen ser gestionados,  en lo tocante a la participación de los actores, en un espectro bastante amplio de opciones, que van desde 1 a 1 (un interventor y un único participante intervenido) hasta 1 a N (un interventor y un grupo más o menos numeroso de participantes intervenidos).

Por ejemplo, el 1:1 puede ser muy útil en procesos de mentoría enfocados a la profesionalización y al desarrollo estratégico personal. El mentor personaliza su enfoque de intervención, de modos que le permiten identificar con efectividad y precisión las áreas de oportunidad para el crecimiento del mentorado, y ofrece a este su guía, experiencia, consejo, apoyo y seguimiento en función de que pueda trabajar en esas áreas y producir el crecimiento esperable y necesario; además, claro está, de que se constituye involuntariamente en modelo a «imitar» y seguir para el mentorado. Nada de esto es viable ni resulta conveniente, pertinente o efectivo, en una intervención 1-N: se perdería parcial o totalmente la personalización imprescindible para el éxito.  

Y el 1-N, puede funcionar de forma excelente en procesos de formación efectuados mediante intervenciones capacitantes (lo aclaro porque la mentoría comentada arriba también hace parte del gran concepto llamado formación). Se trata, esencialmente, de un formador compartiendo saberes y/o ayudando a construirlos a un grupo más o menos numeroso de personas que los requieren para mejorar sus desempeños. Y si quieres ver, analizar y valorar un buen ejemplo de este tema, esa gran profesional que es mi amiga y colega Ylse Roa acaba de publicar un magnífico y muy didáctico post donde comparte con todo detalle su productiva experiencia aplicando el modelo 1-N como formadora, a través del método WhatsApp Learning. ¡No te lo puedes perder! 

Cada modelo funciona y puede ser efectivo en contextos y situaciones diferentes, dependiendo de los objetivos que se persigan y de las características de las personas, los grupos, las organizaciones y los procesos sobre los que se interviene, y los métodos y técnicas a utilizar.  Y además, sistemática o eventualmente, los modelos pueden ser cambiados en función de las situaciones y sus variaciones, o inclusive, puede haber varios de ellos integrados desde el inicio en la planificación de las intervenciones. 

Por ejemplo, transitar desde un modelo 1-1 a un modelo 1-N, puede ayudar mucho cuando se pretende que los logros de una persona sean difundidos en su colectivo estudiantil o laboral, y utilizados por este como fuente de aprendizaje y crecimiento. Un método muy conocido, utilizado e interesante aquí es el de extender y difundir las buenas prácticas, y entrenar a través de ellas, al que Tom Peters llama aprendizaje a través de «bolsas o reductos de excelencia» en su clásico de 1986 Pasión por la Excelencia. Cuando gracias a una mentoría individual efectiva (1-1), alguien ha alcanzado cotas que le convierten en el modelo a seguir, es inteligente poner ese modelo a disposición de quienes le rodean y deberían lograr similares resultados; esta vez, a través de una mentoría colectiva (1-N) que utilice esas prácticas individuales como caso de estudio, y desde ahí, como base de sustentación modelada de los nuevos desarrollos personales y profesionales a potenciar, bajo la lógica de «él/ella pudo: veamos cómo ustedes también pueden, y trabajemos juntos para lograrlo».

Otro método de intervención desarrolladora muy interesante y de alto impacto para trabajar bajo un modelo 1-N, y que por cierto, no suele ser clasificado como tal a pesar de su eminente y evidente carácter educativo, y de sus enormes posibilidades de influencia y transformación, es el blogging educativo y/o académico; el alcance e impacto logrados  al bloguear con calidad y efectividad pueden ser infinitamente mayores que el de cualquier otro método. Lamentablemente, sus posibilidades suelen ser muy desaprovechadas por gran cantidad de profesores tanto en la educación preuniversitaria como en la universitaria, quienes no comprenden ni aprovechan como deberían las enormes ventajas de esta estrategia/herramienta; y también por parte de muchísimos bloggers, que no terminan de entender el enorme potencial informativo, educativo, desarrollador y aportador de valor de esa herramienta llamada blog, ni de la estrategia llamada blogging,  y solo dedican su uso a «vender» sus servicios profesionales o los de sus empresas, en el sentido más estrictamente comercial del término.  

Al parecer, estos bloggers no se dan cuenta de que si educan más y mejor, pueden vender muchísimo más; y que de hecho, cuando educan, venden. Porque al hacerlo, están colocando su propuesta única de valor en las manos de un público interesado en su tema y potencialmente interesado en sus servicios relacionados con él. No siempre el dinero llega de inmediato, pero si se ha hecho bien la tarea, puede y suele llegar más adelante (inbound marketing mediante, por ejemplo), y que dicho ingreso sea más sostenible, y el impacto del producto sobre el mercado, mucho más abarcador, sostenible y duradero. Además, claro, de las múltiples oportunidades que puede generar tener uno o más blogs aportando valor de forma sistemática ante los ojos del mundo, en la vidriera global del talento. Por Dios.

En este orden (el blogging como estrategia de intervención desarrolladora en el modelo 1-N) quiero destacar la labor del Maestro Guillem Recolons. Por ejemplo, su excelente serie de posts sobre el diagnóstico de marca personal orientado al autoconocimiento me parece paradigmática, en el sentido de aportar mucho valor educando a un gran público sobre un tema de gran necesidad dentro del campo que el autor trabaja, haciéndolo con gran sentido y enfoque didáctico; y puedes apostar a que el volumen de personas que forman la N de la relación ha sido enorme. Tan grande como el tamaño de la parte ancha de ese embudo; no lo hemos hablado, pero no me cabe duda de que este contenido debe estar entre los que más interés y/o clientela posterior (real o potencial) puede haber generado para el autor, o más bien los autores, pues la serie fue un trabajo colaborativo. Excelente. 

Detalle curioso: aquí, la parte 1 de la relación 1-N, no es individual, sino colectiva (como ya te dije, esta serie de trabajos es colaborativa). Pero sigue siendo 1, porque la base del proceso es el blog. Un blog, desde el cual se proponen contenidos educativos a N lectores/aprendices. Interesante, ¿verdad?

Sobre el potencial educativo del blog, he propuesto hace unos años, en mi trabajo ¿Por qué bloguear si eres docente? (Razones para otro modo de proveer educación de avanzada), lo siguiente:

  • «Es plenamente compatible con casi cualquier finalidad educativa perseguida.
  • Propicia el desarrollo de competencias en áreas como la comunicación, la investigación y la creación, además de las áreas del conocimiento específicas de las materias atendidas por cada docente.
  • Accesible a todos: docentes, estudiantes, familia y comunidad.
  • Gratuito, o de muy baja inversión económica si se prefiere algo muy complejo a nivel tecnológico y de prestaciones.
  • Fácil de gestionar e integrar con otras herramientas tecnológicas digitales, como las redes sociales, el correo electrónico, las newsletters y otras.
  • Admite múltiples formatos de contenidos.
  • Admite diferentes tipos de interacciones.
  • Motiva al usuario (creador y lector) al desarrollo de nuevas competencias digitales.
  • Está «de moda» y en plena expansión de uso y difusión masiva en todo el mundo.
  • Permite un alto nivel de visibilidad, y dependiendo de la calidad de uso y el nivel de difusión, puede asegurar un posicionamiento favorable» (Estrada, 2017).

¿Te parece poco? 

Pues revisa estas formas que te he propuesto en mi trabajo Cómo usar un blog en modo branding personal, a través de las cuales podemos educar desde el blog:

  • «Con el rigor al seleccionar los temas que tratas.
  • Con el nivel de actualización con que los abordas.
  • Con la selección rigurosa de tus fuentes.
  • Con la calidad formal de tu escritura.
  • Con el uso correcto y pensado de la tecnología sobre la que trabajas tu blog, y de los recursos de audio, visuales y/o audiovisuales que sirven de soporte a tu contenido literario.
  • Con el enfoque crítico y autocrítico de tus abordajes temáticos.
  • Con la autenticidad, claridad y profundidad de tus conceptos, posiciones y valoraciones.
  • Con el respeto a nivel humano que ofreces a las posiciones de otros autores, aún discrepando de ellas.
  • Con la ética profesional de que haces gala al escribir, proponer e interactuar.
  • Con el respeto estricto a los derechos intelectuales ajenos.
  • Con el dominio técnico y metodológico que manifiestas acerca de los temas tratados.
  • Con la calidad del debate que generas, promueves, mantienes y desarrollas.
  • Con la estética que manejas al configurar tus artículos.
  • Con el respeto, cordialidad, cercanía y mesura con que en todo sentido tratas a tus lectores.
  • Con la modelación que haces de las mejores prácticas en cada ámbito de tu acción bloguera» (Estrada, 2016).

¿Ahora sí?

También puede ser muy útil potenciar el uso de métodos colaborativos para la construcción y diseminación de nuevo conocimiento, explotando los potenciales de cada integrante de los equipos que sean conformados al efecto. La escritura de artículos de autoría colectiva, el desarrollo de proyectos grupales de intervención, la creación de espacios digitales colectivos donde un grupo de participantes publique, analice y discuta contenidos acerca de los temas clave que están siendo objeto de tratamiento en los procesos formativos, y se apoye mutuamente para la mejora de las propuestas, pueden ser opciones interesantes.

Un cuarto aspecto de esta clave puede ser la multiplicación de saberes y acciones, a través de la preparación previa o simultánea de «monitores»: dependiendo del tema, del contexto y del tipo y las características de la intervención, estos pueden fungir como mentores o asesores auxiliares, alumnos ayudantes, etc.  Este ejemplo funciona sobre todo en la formación.

Sobre la parte del tema que estoy abordando ahora, te sugiero revisar el capítulo 2 de esta serie, específicamente lo relacionado con el imaginado pero muy posible experto en desarrollo de la empleabilidad nombrado «Juan Pérez». 

Otro elemento de interés puede ser la utilización de algunas de las diversas aplicaciones digitales que propician y facilitan el aprendizaje, la interacción, la colaboración, la integración, y la gestión del conocimiento.  Te propongo brevemente uno de los ejemplos que más utilizo en los procesos que conduzco.

Slack: 

Recientemente comprada por el gigante Salesforce en la mayor adquisición de su historia, Slack no ha perdido nada de su tremendo poder tecnológico ni de su calidad y efectividad como herramienta de soporte para múltiples procesos. En Slack puedes desarrollar y gestionar procesos de comunicación, formación, asesoría y acompañamiento de forma individual y colectiva (combinando el 1-1 con el 1-N), crear y compartir bibliotecas digitales, videos, audios, imágenes, presentaciones y otros diversos recursos, promover la publicación interna y externa de artículos, estimular las interacciones desarrolladoras entre los participantes, evaluar de forma individual o colectiva cada una de las producciones, intervenciones o participaciones, e integrar múltiples aplicaciones de terceros (especial y favorablemente, para mi gusto, muchas del ecosistema Google), y un larguísimo etc.

Suelo utilizarla en mis intervenciones de asesoría, formación, consultoría y mentoría, y siempre me han satisfecho los resultados; sobre todo, porque mis clientes y estudiantes suelen quedar muy complacidos con las prestaciones y posibilidades que les aporta la aplicación. Especialmente, porque les permite replicar el modelo, los métodos y las técnicas que yo aplico con ellos usando la herramienta, modificarlos y enriquecerlos de acuerdo a sus necesidades y las de sus clientes y estudiantes, y mejorar sensiblemente sus resultados.  

Si aún no lo haces, te invito a que en tu próxima intervención desarrolladora, pruebes Slack. ¡Y luego me cuentas!

Veamos a continuación las otras dos claves que tengo para ti. 

3- Foco

Para ofrecer servicios profesionales de forma independiente, con razonables probabilidades de éxito, necesitas enfocarte; o sea, «conducir la atención hacia un tema, cuestión o problema desde unos supuestos desarrollados con anticipación a fin de resolverlo de modo acertado» (Fuente: https://definicion.de/enfoque/). Y ello supone, en el tema que nos ocupa, la necesidad de conducir dicha atención con cierto nivel de selectividad y hasta de exclusividad temática. Intentar ser todo para todos conduce y equivale a no ser nada importante para nadie; y si pretendes «enfocarte» profesionalmente en muchas áreas o temas, porque hay gran diversidad de necesidades en el entorno y aspiras a resolverlas todas o casi todas, sencillamente no serás suficientemente bueno en ninguna como para poder vivir bien de ella. Es materialmente imposible que puedas abarcar y resolver todas las necesidades de todas las personas u organizaciones que te rodean o te buscan, inclusive si muchas o todas ellas se encuentran exactamente dentro de tu campo de especialización profesional. Y pretender hacerlo por un asunto de ego (síntomas clásicos de «egovirosis«: yo puedo, yo soy el mejor, no hay competencia para mí en este campo, ellos solo me tienen a mí, etc., etc.) es una ruta muy segura hacia el fracaso. No podrás. No se puede. Nadie puede

Como dice Amalio Rey en un interesante artículo que he citado en otro de mis trabajos, «…No puedes ser bueno en todo, ni pretender contentar a todo el mundo porque entonces no vas a satisfacer a nadie. Ahí entra el concepto de ‘segmentación’, que conserva su plena vigencia (aunque es cierto que sea cada vez más difícil hacerlo), y la necesidad de descubrir y/o elegir en qué colectivos quieres centrar tus mayores esfuerzos porque presumes que serán más sensibles a tu propuesta de valor» (Rey, S/F).

O tal vez (digo yo), no solo lo presumes: LO SABES, porque ya les has servido antes, y su respuesta de entonces, el contacto mutuo en el ínterin, así como su llamada actual, te garantizan que el valor que antes les aportaste funcionó, y le da cuerpo y sentido a una propuesta que sigue siendo válida y valiosa para ellos. El escenario profesional al que todos aspiramos. ¿Verdad que sí?

Pero mucho cuidado: aunque tal vez ellos no lo sepan, tú sí debes saber que el valor más pertinente y mejor aportado, requiere SIEMPRE adecuaciones, actualizaciones, renovaciones…y a veces (solo a veces, aunque el Maestro y gran experto Dr. Enrique Dans aluda al viejo aforismo «si funciona no lo arregles», y hasta tenga razón al respecto en el tema que trata en el post que aquí ☝️ he enlazado), aplicar lo que dice otro famoso y disruptivo dicho: Si no está roto, rómpelo. Nunca te duermas en tus pasados laureles; pues como dicen en mi Cuba bella, «Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente«. 

4- Nicho

Te propongo brevemente mi abordaje más personal y practicado de este punto. Tu enfoqueya tratado arriba– y tu preferencia, competencia y experiencia profesional, deben incidir y coincidir, para generarte los mejores resultados, en un determinado punto o espacio del mercado, formado por los clientes potenciales que mejor responden a tu Ikigai (el famoso modelo japonés de autogestión personal que integra varias dimensiones críticas en la búsqueda y materialización del propósito de cada persona,  o sea, de su razón de ser y de existir; me gusta la forma en que lo ha trabajado aquí el reconocido experto Carlos Rebate). 

Se trata «simplemente» (jejeje) de identificar de forma muy clara y precisa al conjunto de personas que: 

  • Necesitan exactamente lo que tú amas, sabes y disfrutas hacer, haces muy bien, y aportas mucho valor haciéndolo; 
  • Prefieren y eligen siempre o casi siempre la forma en que tú lo haces, y el valor que haciéndolo así les puedes aportar, y/o les aportas; 
  • Disfrutan la relación humana que pueden establecer, cultivar y desarrollar contigo mientras lo haces, creciendo ambas partes a través de ella;
  • Son suficientes para que tú puedas satisfacer tus necesidades sirviéndoles, y «suficientemente pocas» para no rebasar tu capacidad real para servirles con calidad y efectividad; y por supuesto, 
  • Pueden y podrán pagarte por ello lo que tú necesitas y necesitarás para vivir decente y dignamente, permitiéndote realizarte y ser feliz en el proceso. 

En ese punto o espacio del mercado está la parte mayor y más importante de la materialización de tu propósito como profesional de…lo que sea; y no debes nunca equivocarte en esto. Investiga, explora y prueba, hasta que lo encuentres (hay bastante información en línea sobre cómo hacerlo); y una vez hallado, enfócate plenamente en él hasta que lo fidelices, y si es posible (¡ojalá!) lo fanatices, en el sentido y del modo correcto. 

Ese grupo humano es TU NICHO. No te desgastes «atacando» a otro, salvo que haya cambios muy radicales en uno o más de los cuatro criterios listados inmediatamente antes del inicio del párrafo anterior a este. Porque si hay uno o más de tales cambios, es muy posible que haya un nuevo nicho esperando por ti, o inclusive, que debas trabajar para crearlo

¿Vale?


A modo de conclusión 

Amigo lector: 

Ha sido un enorme placer proponerte estas ideas sobre la utilización de nuestro tiempo en la prestación de los servicios profesionales que el mercado requiere de nosotros. Y tal como te dije al inicio de esta serie de trabajos, te propongo mi respuesta corta (muy corta) a la pregunta del título. 

¿Hasta dónde llenar nuestra agenda?

Para mí, así:

Los profesionales que trabajamos bajo condiciones de relativa independencia, a quienes me he referido y en cierto modo «bautizado» en este trabajo como «los sin sombrilla», debemos llenar nuestra agenda, de forma equilibrada, hasta el punto en que ella nos defina y proponga el siguiente nivel de ocupación temporal:

  • Que nos permita atender de forma efectiva a todos y cada uno de nuestros clientes, aportándoles todo el valor que necesitan y esperan de nosotros. Porque un cliente de más, puede afectar la calidad de lo que hacemos para los otros clientes que atendemos, al exigir de nosotros un tiempo que debió ser dedicado a profundizar y/o mejorar el trabajo con alguno de aquellos. 
  • Que nos permita cuidar y nos haga posible conservar nuestra salud física, emocional y espiritual. Porque un cliente de más, con sus requerimientos de tiempo y trabajo, puede atentar contra nuestra relación armónica con nosotros mismos (mente/cuerpo/alma) y con nuestro entorno (relaciones humanas, y con nuestro ámbito espiritual superior) en diferentes sentidos; y puede mermar así nuestra funcionalidad como seres biológicos, sociales y espirituales, todo lo cual cabe en la definición de salud, y/o afecta su estado. 
  • Que nos permita continuar actualizándonos y profesionalizándonos de forma permanente. Porque un cliente de más, puede representar la diferencia entre leer y no leer el libro que necesitamos, o entre asistir y no asistir al evento académico que nos hace falta, o entre tomar y no tomar el curso o entrenamiento que requerimos para mejorar en cierta área de nuestro desempeño, o entre escribir y no escribir el proyecto de investigación o el artículo que puede ayudarnos a desarrollar tal o cual competencia o a posicionarnos en tal segmento o nicho, etc., etc. 
  • Que nos permita atender adecuadamente a nuestra familia, dedicándole tiempo de calidad, y proveyéndole razonablemente los recursos que necesita (y esto último nos incluye: no vivimos del aire, jejeje). Porque un cliente de más, puede ocupar el tiempo y requerir la atención que corresponde a nuestra pareja, y/o a nuestros hijos, y/o a nuestros padres y hermanos…Y aquí entra de lleno el ya mencionado equilibrio (presente en cada punto) y la necesidad de personalizar al extremo este análisis; porque resulta que un cliente de menos puede hacer la diferencia entre una provisión de recursos adecuada y una insuficiente. Y como suelo decir: que te conste, ello me consta. Complejo, ¿verdad? 
  • Que nos permita dedicar tiempo de calidad a la gestión de nuestra marca personal. Porque un cliente de más, al exigirnos un tiempo que no deberíamos tener disponible si hubiera un verdadero equilibrio en nuestra agenda y la forma en que la manejamos, puede afectar la percepción externa de nuestra calidad profesional, con el inevitable impacto negativo sobre nuestra marca personal (ver el primero de estos cinco puntos). Pero también puede limitar nuestras posibilidades de efectuar el amplio y diverso conjunto de actividades que nos permiten ser mejores profesionales (ver el punto 3); puede afectar esferas tan vitales como nuestra atención a la salud y la familia, todo lo cual es parte de nuestra marca personal (ver puntos 2 y 4), así como puede restringir nuestras posibilidades de ser más y mejor visibles, hacer mejor networking, y en resumen, posicionarnos como marcas personales del modo que debemos hacerlo en nuestro ámbito de actuación e impacto profesional

Como puedes ver, resulta IMPOSIBLE que alguien pueda generalizar con efectividad en este tema: es estricta e inevitablemente individual, como lo es la propia noción del éxito profesional (Estrada, 2021). Aquí no caben las «recetas» del tipo «haz lo que yo hice, del mismo modo que lo hice, y lograrás lo que yo logré» (Estrada, 2019). 

¿Cuánto es ese tiempo para ti, amigo lector, en función de tu situación personal y familiar, de tu nivel profesional, del sector en que trabajas, del mercado al que sirves, y del posicionamiento actual y deseado de tu marca personal? ¿Hasta dónde -y cómo- llenas o llenarás tu agenda como oferente de servicios profesionales? ¿Lo compartes conmigo y con nuestra comunidad profesional, por favor, para que todos sigamos aprendiendo de tus ideas y experiencias?

Un detalle final. Cuando terminaba la preparación de esta tercera parte de la serie, me di cuenta de que se me quedaba fuera un aspecto muy importante del tema. Porque he procurado proponerte la mayor cantidad posible de ideas sobre «hasta dónde» llenar nuestra agendapero ellas no abarcan necesariamente todo lo relacionado con el «cómo» llenarla, ni siquiera una parte significativa de ese asunto. Y ello es FUNDAMENTAL

Entonces, me comprometo contigo a escribir y publicar aquí más adelante una suerte de Apéndice de la serie (que por cierto, dentro de muy poco será un libro digital en descarga gratuita), en la que incluiré mi visión sobre ese cómo, y enlazaré diversas fuentes donde se puede ampliar y profundizar al respecto. O si tú lo prefieres, y tienes a mano la información necesaria para que la coescribamos, y/o cuentas con la experiencia propia –o conoces alguna ajena– que puede aportar insumos sobre ello, pues contáctame en Twitter o en LinkedIn, y nos pondremos de acuerdo al respecto. Eso sí: no te demores en avisarme si te interesa esta colaboración conmigo, porque en tres o cuatro semanas (segunda quincena de enero de 2022) comienzo a escribir ese texto, y ya será tarde. 

Gracias nuevamente por ser, por estar, por acompañarme hoy y siempre, amigo lector. Recibe, para ti y tu familia, mis mejores deseos para este cierre del difícil 2021 que hemos vivido, y para un feliz inicio de 2022; y por supuesto, ¡mi acostumbrado y cálido brand/abrazo, desde mi Caribe que amo!

Tu siempre amigo,

Vladimir

Photo by Jess Bailey on Unsplash

Marca personal y trabajo independiente: ¿hasta dónde llenar nuestra agenda? -Parte 2- por @Prof_EstradaMSc

A modo de introducción 

Amigo lector:

Recibe mi saludo más cálido y cordial en tu visita a mi espacio de autor colaborador en Soymimarca. Gracias por estar aquí.

Como ya es habitual, mi primer mensaje de hoy es de solidaridad hacia quienes han sufrido o sufren de cualquier modo los efectos de la terrible pandemia que aún nos golpea a muchos en el mundo, especialmente, con aquellas personas que han perdido a algún ser querido; y ahora con más fuerza y fe, pues lo hago en calidad de sobreviviente del COVID. Al igual que cada día desde que esto inició, y como lo haré cada día hasta que termine, elevo una oración por todos ellos, porque puedan recuperarse y seguir adelante.

Te presento la segunda parte de la serie temática Marca personal y servicios profesionales: ¿hasta dónde llenar nuestra agenda? La primera parte fue publicada hace algunos días, y si no la has leído, te sugiero hacerlo antes de avanzar con esta; así podrás tener todos los insumos necesarios para interactuar con su contenido de forma más productiva y provechosa.

Hoy te propongo que analicemos juntos los siguientes aspectos del tema:

A modo de introducción

Servicios profesionales, tiempo de trabajo, y aporte de valor al mercado

Algunas razones y dudas sobre la gestión de nuestra agenda

  • La salud
  • La familia
  • La profesionalización permanente
  • Personal branding

A modo de conclusión

Para luego es tarde, amigo lector. Gracias por ser, por estar, por acompañarme hoy y siempre. 

 

Servicios profesionales, tiempo de trabajo, y aporte de valor al mercado

Algunos de los colegas que he encontrado durante los años más recientes, compartiendo la ruta de los servicios profesionales gestionados y ofrecidos de forma relativamente independiente, suelen ser conocidos por sus muy apretadas agendas laborales. Contactarles es un problema, y contratarles, otro aún mayor, porque siempre «están full». Y desde hace años vengo preguntándome si esa es la mejor manera de gestionar la vida profesional, en cuanto a factores como el uso del tiempo, la búsqueda de la productividad y la efectividad, la investigación sistemática del mercado y sus evoluciones, la actualización necesaria y también sistemática de la propuesta única de valor, la atención a la clientela actual y potencial, el cuidado de la salud física y mental, la profesionalización permanente que resulta imprescindible para la sostenibilidad profesional en esta nueva época, y por supuesto, la marca personal y su gestión. 

Porque de hecho, en algunas etapas pasadas y en otras más recientes de mi propia carrera, yo también he pasado a ratos por ese tremendo e hiper-demandante estatus de sobreocupación laboral/profesional, y al sentir sus negativos efectos, he procurado aprender a evitarlo; y si llega y me arropa, a evadirlo (aunque no siempre lo he logrado, jejeje). Pues definitivamente, creo que el mismo no es favorable ni para el desempeño profesional, ni para el desarrollo personal (división conceptual que no me gusta y en la cual no creo como práctica, pero aquí la necesito como recurso didáctico para ilustrar mi punto); ni tampoco lo considero válido para la gestión y el desarrollo integral de una carrera, que es el marco general integrador de ambas dimensiones. 

En modo «ubicatex» (un término «folclórico» aprendido de mi querida amiga y excelente colega Ylse hace unos cuantos años), quiero reiterar algo que ya dije en la primera parte de la serie: aunque creo que los conceptos y las ideas que aquí comparto pueden ser aplicables a cualquier tipo de servicio profesional independiente, yo los enfoco de forma particular a las profesiones que integran lo que llamo «la industria de los servicios profesionales de apoyo a la gestión y desarrollo de capital humano, tecnológico, organizativo y social» (Estrada, 2021): a saber, la formación, la consultoría y la asesoría en diferentes áreas y ámbitos –marca personal, por ejemplo-, el mentoring, el coaching (todas las cuales reciben amplio y profundo soporte para sus desempeños desde otras áreas, como las TIC, el diseño y algunas más), y por supuesto, la producción y difusión intelectual de diversa índole que puede, suele y debe estar asociada a todas ellas.

Entonces, ya »ubicatexados» (este «neologismo» me suena con cierto swing, ya sabes), continúo el análisis centrado en dicho ámbito. 

En estas profesiones se manifiesta muy claramente (y en algunas abunda) el riesgo de la sobreocupación laboral y profesional en el trabajo «independiente», llegando en ciertos casos al nivel de saturacióny hasta sobresaturación, que también existe: preguntémosle detalles a Andrés, químico de origen-.  Y yo considero que la materialización de dicho riesgo nos afecta al menos en dos niveles: de forma individual (impactando negativamente las marcas personales de los profesionales) y de forma colectiva (impactando negativamente la marca social de cada profesión). 

Me explico a continuación. 

El objetivo primario de un cliente de servicios profesionales es recibir valor inmediatamente aplicable a sus diversos procesos, de un modo y con una calidad que le permitan obtener cada vez mejores resultados. Y el objetivo esencial de quien presta tales servicios debe ser, siempre y necesariamente, aportar dicho valor. Porque ello es la esencia de dicha interacción: contribuir a que otros logren lo que aspiran a lograr. Y el único vehículo que les puede conducir a ese logro -servicio profesional mediante-, es precisamente ese valor. 

A estos efectos, y en función de la marca personal como atributo humano, como categoría mercadotécnica, y como resultado social del trabajo profesional y de las relaciones humanas, el valor se define, a mi entender, del siguiente modo:

«…la dimensión contributiva que configura, describe y define favorablemente a una marca personal, o sea, el conjunto de aportaciones y/o soluciones que nacen en -o derivan de- ella: modelos de actuación, imagen referencial, contactos, influencias, relaciones, bienes, servicios, ideas, contenidos, sensaciones, emociones, aprendizajes, retos, oportunidades, colaboraciones, desarrollos varios, y/o cualquier combinación de dos o más de estos u otros elementos, los cuales la convierten en valiosa para quienes reciben y valoran su impacto, a partir de las formas y magnitudes en que tales aportes y soluciones contribuyen a mejorar sus vidas. Dichos beneficiarios posicionan positivamente en sus mentes a esa marca personal a partir del valor que ella les aporta y que constituye, para ellos, el sentido existencial y la esencia misma de la marca en cuestión; el recurso o mecanismo que la hace memorable para sus públicos a partir del beneficio recibido. Si lo que ocurre es la no aportación (ausencia) del valor requerido y potencialmente esperado de ella, todo lo anterior funciona e impacta en sentido negativo y obviamente desfavorable para la marca personal de referencia.»

O sea: de modo más sintético y directo, hay valor en todo cuanto aportamos a nuestros públicos desde lo que somos, hacemos y logramos, que constituye o representa para ellos una oportunidad para mejorar algún aspecto de sus vidas, o un recurso de cualquier índole con el cual hacerlo, o ambas cosas a la vez. Y ello se manifiesta ‘en negativo’, cuando dejamos de efectuar tales contribuciones» (Estrada, 2019). 

Evidentemente, todos los oferentes de servicios profesionales que operamos «fuera de las sombrillas organizacionales», tenemos la misión profesional de aportar a nuestros clientes tanto valor inmediatamente aplicable como se nos requiera y podamos. Y aportar valor al cliente pasa necesariamente por dedicarle tiempo. ¿Cuánto? El que se necesite para generar y proveerle todo el valor que requiera, lo cual muchas veces representa darle más de lo que pide y más de lo que paga; y estar en condiciones de hacer todo eso pasa necesariamente por dedicarnos tiempo a nosotros mismos. ¿Cuánto? El que necesitemos utilizar a fin de estar en condiciones óptimas para aportar todo el valor que se nos requiera, o al menos las mejores que podamos alcanzar, a nivel personal «y» profesional (dos esferas inseparables, como ya te he avanzado). ¿Y en la práctica, cuánto es ese tiempo, en ambos casos? Mi «palabra clave» habitual: DEPENDE.

¿De qué depende? Pues puede depender de muchísimos factores. Veamos brevemente algunos de ellos, amigo lector; pero tranquilo, que solo serán DIEZ (si me lees hace algún tiempo, sabes que ese número me gusta):

  1. De la disponibilidad de tiempo -real y objetiva- de ambas partes. Tenemos todo el tiempo que necesitamos: 24 horas diarias durante toda nuestra vida, y ni un segundo más. La clave del éxito laboral/profesional en este aspecto del tiempo (o una de ellas), reside en cómo lo distribuimos -planificación/organización-, lo utilizamos -ejecución/gestión-, y cuánto provecho le sacamos -productividad/calidad/efectividad/rentabilidad-. Y de estas tres dimensiones (salvo las siempre presentes excepciones), la tercera suele ser una consecuencia de cómo manejemos la primera y la segunda. Mientras más y mejor tiempo (aquí me refiero a nuestras horas más productivas) dediquemos a las actividades importantes, o sea, a las que más aportan al logro de nuestros objetivos, mayor será nuestra probabilidad de ser laboral y profesionalmente efectivos -es decir, eficaces y eficientes-. Si nuestro cliente considera nuestra intervención como estratégica para su negocio, buscará la manera de crear más disponibilidad temporal suya, de su equipo si es el caso, y de cuanto ente individual o colectivo deba estar involucrado; y lo mismo deberemos hacer nosotros, que como oferentes, nos debemos a él, a nuestro contratante. No porque »siempre tenga la razón» (no creo en eso, jajaja), sino porque de esa forma, se facilita, enriquece y legitima el proceso, y así, ambas partes podemos salir ganando, y en virtud de ello, gana el sector suyo y el nuestro, gana el mercado, y gana la sociedad. En mi añejo artículo Consultoría gerencial: una profesión, un negocio, y un servicio profesional de alto valor agregado (original escrito para una revista de negocios en 2010, y publicado en línea en 2012) y también en el más reciente Consultoría organizacional: otra mirada al qué, al por qué y al cómo, hago una referencia bastante detallada de este y otros aspectos de la relación cliente/oferente en los servicios profesionales.
  2. De los términos contractuales acordados, y las condiciones estipuladas en ellos. Dependiendo de lo que esté escrito, y en algunos casos, de lo que sea obvio, esté sobreentendido, o constituya una práctica sectorial habitual y generalmente aceptada que »no hace falta escribir», se producirá una mayor o menor dedicación temporal de ambas partes al servicio contratado.
  3. De nuestro nivel de competencia profesional. Mientras mejor preparados estemos y más experiencia pertinente poseamos en los temas abarcados por nuestra intervención, menor tiempo tendremos que invertir en generar las soluciones que se nos requieren, y podremos dedicar más, por ejemplo, a preparar al cliente y/o su equipo para comprenderlas, implementarlas y rentabilizarlas.
  4. De cuánto conozcamos el sector del cliente, y al propio cliente. Mientras mayor y mejor conocimiento tengamos sobre el sector, más claro podremos tener cuáles son los tipos y las magnitudes de valor que allí se requieren y demandan, y menos tiempo deberemos dedicar a investigar sobre eso. Y por supuesto, lo mismo aplica respecto a cuáles niveles está la aportación de ese valor, y quiénes son los que más y mejor lo aportan (los eventuales competidores de nuestro cliente). Por otro lado, conocer bien o muy bien a este último nos permitirá -entre otras cosas- dedicar más tiempo a trabajar con él sobre sus fortalezas, y a definir e implementar las mejores estrategias para aprovecharlas, restándolo a otros asuntos menos productivos.
  5. De cuánto el cliente conozca su sector y se conozca a sí mismo (esto aplica sin importar el tipo de cliente). Mientras más él conozca el sector, y se conozca a sí mismo, más fácil será que identifique sobre -sea solo o con nuestra ayuda- en cuáles temas debe trabajar para mejorar su desempeño y su posicionamiento competitivo, y se podrá dedicar más tiempo a eso y menos a desarrollar procesos de diagnóstico interno y externo. 
  6. De la disposición del cliente a compartir cuanta información sea relevante para nuestro trabajo. Mientras mayor sea su apertura y su disposición a compartir información, menos tiempo deberemos destinar a investigar sobre temas clave, y más a enfocarnos a las mejoras necesarias en el desempeño. 
  7. De la compatibilidad, empatía y simpatía que exista o se construya entre nosotros y la(s) persona(s) que es(son) o representa(n) al cliente. Mientras mejor nivel y calidad tengan estas características en nuestra relación con el cliente y/o sus representantes, más rápidamente podrán fluir y dar frutos los diversos procesos interpersonales que hacen parte de la intervención, y menos tiempo deberemos dedicar a construir mejores relaciones, “limar asperezas”, y cosas por el estilo. Y además, la experiencia demuestra que muchas veces los tiempos de trabajo consultivo se alargan considerablemente de forma innecesaria, por temas como los conflictos interpersonales, las trabas intencionales que impone alguien a quien “no le caemos bien” o que se siente amenazado por nuestra presencia allí, etc., etc.
  8. Del grado de avance cualitativo y cuantitativo que se vaya logrando en la intervención. Los logros suelen estimular mucho a quienes los obtienen, sobre todo cuando ello es reconocido por la autoridad correspondiente. Mientras más y mejor se avance en el proyecto, y más se reconozca este hecho y a sus responsables, será menos necesario dedicar tiempo a estimular, motivar, intervenir para potenciar, etc., etc., y habrá más disponible para intervenir en las áreas de mayor impacto potencial en la mejora de todo el proceso.
  9. De las evoluciones circunstanciales del entorno. Si estas son favorables al proyecto, las cosas podrán continuar “sobre ruedas”, y habrá menos necesidad de dedicar tiempo a efectuar ajustes, adecuaciones, reestructuraciones, nuevas contrataciones, cambios de rumbo, etc.; y si ocurre al revés, pues…al revés.
  10. De la satisfacción y la felicidad que ambas partes vayan sintiendo durante el proceso. Mientras mayores sean estas, ambas partes buscarán dedicar más tiempo a trabajar e involucrarse en la intervención que tienen en marcha, procurando inclusive efectuar ajustes al contrato vigente y/o a otras tareas que tengan al margen de este. He visto suceder esto muchísimas veces, y he sido parte de unas cuantas; y ello es muy normal. Los clientes, y los consultores/formadores/mentores/coaches/asesores/lo que sea, somos seres humanos; y como tales, tendemos a permanecer más tiempo donde estamos más satisfechos y somos más felices. Sobre todo, si al hacerlo mejora nuestra economía, jejeje…

Como te dije, estos son solo diez de los factores de los que depende el tiempo que debemos dedicar a nuestra preparación para aportar valor. Puede haber muchos más, y seguramente tú puedes proponerlos y sustentarlos para todos.

Y no podemos perder de vista que hay «tipos» de valor que aportamos sin saber necesariamente que lo hacemos, hasta que alguien más nos lo hace saber mediante alguna clase de feedback; me he referido a este interesante punto en relación con la forma de descubrir cuál es nuestra marca personal. Te menciono solo algunos ejemplos:

  1. Los modelos y ejemplos de actuación profesional que ofrecemos.
  2. La calidad humana de que hacemos gala, y que inspira a otros a emularla.
  3. La alegría y energía que irradiamos, y resulta contagiosa para quienes nos rodean.
  4. La fuerza con que nos recuperamos de un error o fracaso, y que impulsa a otros a levantarse y continuar ante situaciones similares o equivalentes.

¿Reconoces estas condiciones -u otras parecidas- en alguien de tu entorno laboral/profesional anterior o actual, amigo lector? ¡Porque todo ello es altamente valioso, o sea, aporta muchísimo valor!

Todo lo anterior es potencialmente gestionable por cada quien, de acuerdo al nivel de dominio que tenga sobre sí mismo, su personalidad y su profesionalidad, entre otros aspectos. De ahí la enorme importancia que muchos profesionales de nuestra industria concedemos al autoconocimiento y a la formulación e implementación de estrategias de intervención y posicionamiento basadas en ello. Es fundamental saber muy bien quiénes y cómo somos, al igual que conocer a fondo qué hacemos y cómo lo hacemos en cada una de las esferas de nuestra vida; y tener tan claro como sea posible la forma y la medida en que todo ello, y cada parte de ello, incide, impacta, influye, educa, transforma, beneficia, perjudica, emociona -y cómo-, ilusiona, desilusiona, inspira, desinspira, motiva, desmotiva, moviliza, desmoviliza, alegra, disgusta, acerca, aleja, en fin…MARCA a las personas a nuestro alrededor, ya sea a dos metros o a diez mil kilómetros de distancia. Y por supuesto, conocer también a fondo nuestras propias formas de reaccionar ante las acciones/reacciones de nuestros diversos entornos, y de ser posible, de cada persona que los integra. «Eso» se llama autoconocimiento. 

Como parte de su gran desempeño temático en diferentes modalidades,  mi amigo y colega Guillem viene desarrollando desde hace años un trabajo divulgativo excelente acerca de este estratégico tema, que incluye diversos artículos como este de 2018, este de 2021, y una excelente y muy recomendable serie muy bien enfocada, con la participación de otros importantes profesionales. Y tal prioridad de enfoque no es gratuita, y menos aún fortuita: responde claramente a diferentes criterios de valor de marca.

Te propongo un ejemplo en modo interrogativo, muy sencillo. 

¿Qué es más importante para un profesional de nuestra industria: conocer muy bien lo que sabe y puede hacer y aportar a un cliente (o sea, sus fortalezas), o conocer muy bien lo que no sabe ni puede hacer ni aportar (es decir, sus debilidades)?

Es bastante obvio, ¿verdad?

Recurramos brevemente a nuestro viejo amigo Perogrullo. Ningún cliente nos llama para que NO le ayudemos, sino para que LO HAGAMOS. No nos buscan para que apliquemos lo que NO sabemos ni podemos, sino por lo que SÍ sabemos y podemos. Y ninguno de nosotros publicita sus debilidades, sino sus fortalezas, las cosas que sabe y puede hacer para ayudar a los clientes, y dicho sea «de paso», ganarse la vida en el proceso. 

Hasta el día de hoy, no he leído ni escuchado una sola propuesta única de valor que se base en las debilidades del oferente. Solo en sus fortalezas. Y esa propuesta es lo que hace que nos contraten, o provoca que no lo hagan. De ahí la enorme importancia de conocer MUY BIEN nuestras fortalezas, así como desarrollarlas, profundizarlas y diversificarlas cada día más, para enfocar nuestras propuestas, proyectos y desempeños en ellas, que son los pilares de nuestro éxito. 

Te propongo brevemente tres razones que sustentan esto. 

En primer lugar, elevar nuestra profesionalidad a partir del conocimiento profundo de nuestras fortalezas, de su potenciación sistemática, y del dominio que tengamos de su necesidad en el mercado, puede valorizar aún más nuestra contribución, al multiplicar y diversificar el aporte de valor. En segundo, puede aumentar nuestro valor de mercado, al ser percibidos como un «producto» más completo, integral y útil. Y en tercero, puede aportar al gremio modelos de actuación que potencien la marca social de la profesión y contribuyan a elevar y mejorar su posicionamiento. El Maestro Xavi Roca, sólido y reconocido experto en personal branding, ha trabajado mucho con este tema y ha colaborado en la serie de Guillem; te sugiero revisar cuidadosamente sus propuestas sobre ello.

En mi trabajo de 2020 Marca personal: valor versus precio en los servicios profesionales, he propuesto algunas ideas más, muy relacionadas con todo este complejo tema; te sugiero revisarlo luego y te invito a estar pendiente, porque dentro de poco tiempo publicaré allí mismo (con bastante retraso involuntario, por cierto: he estado «sobreocupado», jejeje) la segunda parte de ese trabajo, que abarcará con cierta profundidad dos factores: tiempo y valor. Sigamos ahora analizando este controversial asunto. 

Algunas razones y dudas sobre la gestión de nuestra agenda

Comencemos esta parte analizando algunas consecuencias del «síndrome de la sobreocupación laboral/profesional» (bautizo mío; no confundir con el burnout, una condición de índole ocupacional y no médicaver la interesante fuente recién enlazada-, que como es sabido, puede surgir y manifestarse a partir de diversas causas, incluido mi recién bautizado síndrome, jejeje).

Dar al mercado la impresión de ser un profesional demasiado ocupado puede ser contraproducente. Y si ello trasciende ciertas fronteras, y se hace de dominio público, pasa a formar parte de nuestra marca  personal: nos sienten, piensan y posicionan como «Fulano, el que nunca puede», «Mengano, siempre ocupado», «Zutano, el pulpo inalcanzable», y otras diversas posibilidades. Sobre todo, si algún fracaso o «resbalón» profesional es asociado por el público afectado a la característica de que estamos hablando. Te lo digo con pleno conocimiento de causa, porque algo de eso me ha sucedido un par de veces tiempo atrás (me autocritico al respecto,  y sigo trabajando para mejorar en este aspecto), y también a otros colegas que conozco. Porque si hay una verdad «absoluta» en nuestro negocio, es que no podemos ni podremos llegarle a todo. Como bien afirma Andrés en un post muy reciente, «Cuando no hay tiempo ni dinero para estar en todos los sitios, hay que priorizar«. Y como de hecho, ese taaaaaanto tiempo nunca va a ser realidad, porque cada día surgen más y más sitios donde «estar«, y nuestra presencia en todos o casi todos ellos es inversamente proporcional a nuestra posibilidad real de “ser” en cada uno de ellos (ecos añejos pero siempre vigentes de Guillem), pues resulta que PRIORIZAR SE CONVIERTE EN UNA PRIORIDAD ESTRATÉGICA.

Y aún más riesgoso es el hecho de que los mejores exponentes de cada profesión, esos cuyas marcas personales constituyen y prácticamente definen el estándar del   buen desempeño en sus respectivos campos, se permitan –o propicien que se manifieste en ellos– esa sobreocupación laboral/profesional. Entre otras razones, porque ellos son seres humanos que independientemente de su elevado expertise profesional, física y biológicamente pueden padecer las mismas consecuencias del sobreesfuerzo que padecemos quienes no estamos a tan alto nivel. Y además, porque cuando ellos «están llenos», los clientes potenciales que no pueden acceder a sus servicios procuran los de otros oferentes cuyas ofertas suelen llegarles vía publicidad, que como sabemos, puede y suele ser bastante engañosa; seguramente has visto y sufrido como yo, en este tiempo de pandemia, el torrente de «ofertas» que cada día nos inunda las redes, algunas de ellas emitidas por oferentes que evidentemente no están todavía a la altura de sus excelsas e incumplibles promesas profesionales (una tendencia reciente y magistralmente bautizada por Guillem como «gurudemia«, en respuesta tuitera a mi artículo publicado en Quora La condición de EXPERTO es una marca personal). Y muchas veces, esos «otros» no están suficientemente preparados para ofrecer la calidad y aportar el valor que les es requerido por el mercado (me refiero especialmente a los que suelo denominar pseudoexpertos, –y que otros varios colegas llaman «vendedores de humo»– que se venden al público como expertos en el tema X, Y o Z, y están muy lejos de dicho nivel); y en esos casos, la marca social de la profesión sufre las consecuencias. 

NOTA: Acerca del mencionado «humo» y su nociva presencia en el campo del personal branding, te recomiendo leer mi respuesta a dos de las potentes preguntas que me hizo Pablo en nuestra entrevista bidireccional transoceánica de 2019. FIN DE LA NOTA. 

Pues cuando dos, tres o cuatro profesionales de un mismo rubro en un determinado entorno (cifra variable en función de diversos factores), les fallan sucesivamente a uno, dos o tres clientes individuales o corporativos que disfrutan de amplia notoriedad y generan mucho impacto –sobre todo si lo hacen en segmentos medianos o grandes del mercado y la sociedad-, el ruido negativo de tales fallos se expande rápidamente y comienza a golpear de forma casi inevitable al resto del gremio ubicado en el entorno más o menos inmediato (a eso me refiero cuando digo que es afectada la marca social de la profesión, entendiendo por ello su imagen, prestigio, estatus, impacto, posicionamiento y reconocimiento social). Por ejemplo, con expresiones tipo «la consultoría está en decadencia», «aquí los maestros no educan a nadie», «el coaching no funciona», «ya los formadores empresariales no son lo que eran antes», «los consultores en personal branding no trabajan con metodologías realmente efectivas», y muchas otras cosas del mismo jaez, sean o no estrictamente ciertas, y estén o no bien justificadas (seguro conoces la teoría del rumor). 

Pero si tales cosas les suceden sucesiva o simultáneamente a muchos clientes del tipo descrito arriba, y no solo a dos o tres bien localizados; o en otro caso frecuente, públicos más o menos masivos comienzan a recibir en línea contenidos que distorsionan la verdad de un tema; o aún en otro, ciertos practicantes de alta visibilidad y notoriedad desarrollan y publicitan prácticas que contravienen la esencia del concepto que «practican», pues ahí la cosa se pone mucho más grave: el ruido se convierte en tendencia, en la dimensión más colectiva y social de este concepto, y ya sabemos lo que eso significa en tiempos de redes sociales basadas en la web, que han convertido la «inmediatez» del entorno en un asunto de alcance global. 

En esos casos, el asunto se torna crisis, al margen de la mayor o menor validez de su origen; pero definitivamente, alguna debe tener, porque como dice el refrán popular, «cuando el río suena es porque agua trae». Todos conocemos algún caso (y hasta muchos casos) de improvisaciones pseudoprofesionales que han generado grandes ruidos alrededor de la validez y/o legitimidad de ciertos ejercicios, y el personal branding es un excelente ejemplo de ello. Pregúntale a Andrés y a Guillem, dos de los colegas que más y mejor han conocido y tratado estos feos asuntos, y dime qué te dicen al respecto. 

NOTA AL MARGEN: Hay redes sociales (agrupaciones de personas que se interconectan e interactúan entre ellas con diversas motivaciones, por diferentes vías y a diversos niveles) desde hace muchísimo tiempo; de hecho, mucho antes de Internet. Pero este concepto ha tenido y sigue teniendo múltiples adecuaciones y nuevos desarrollos tecnológicos gracias a la WWW, y por eso -y otras cosas- solemos asociarlo exclusivamente a ella. Sucede algo parecido con la marca personal, que siempre ha existido, aunque solo en 1997 alguien llamado Tom Peters «le puso nombre»; y desde ahí él mismo, y otros muchos tras su huella, hemos generado, propuesto y difundido nuevos desarrollos del concepto marca personal, y diversos modelos y métodos para gestionarla, a través de lo que conocemos como personal branding. FIN DE LA NOTA. 

Y  en esos últimos casos mencionados antes de la nota, los desempeños fallidos de algunos o muchos oferentes devienen hábito de impacto social y provocan críticas fuertes procedentes de personalidades con elevada credibilidad pública, que tienden a la generalización y tipificación de tales errores individuales como si fueran «fallas de origen» de la profesión o actividad profesional de que se trate -o de los conceptos que la sustentan-, y no dificultades de implementación por parte de quienes han errado. Por citar un único pero muy interesante ejemplo, hace dos años un profesional e intelectual tan sólido y justamente reconocido como Amalio Rey publicó el polémico y muy debatido artículo crítico El lado oscuro de la marca personal, al que yo respondí, aquí donde hoy me lees, con la serie de cinco trabajos En defensa de la marca personal (te he enlazado su quinta parte y final), que luego se convirtieron en el ya citado libro digital Pues sí: ¡SOMOS MARCAS!. Y algunas de las más duras críticas de Amalio se basaban en lo que definitivamente son evidentes malas prácticas de cierto grupo de practicantes del personal branding, las cuales él consideraba problemas estructurales del concepto y no deficiencias humanas en su aplicación. En mi opinión profesional, fue amplia y razonablemente demostrada la posición opuesta a la de este crítico; pero ello no le niega peso a su enfoque y postura, en cuanto atañe a la importancia de hacer siempre muy bien las cosas en el desempeño de cualquier profesión o actividad profesional. 

Por esas y otras diversas razones califico como contraproducente nuestra sobreocupación laboral/profesional, en tanto oferentes de los servicios homónimos. Y propongo que nos autoanalicemos y evaluemos qué tanto ello nos resulta mejor o peor a nivel individual, y cómo cada uno de nosotros podría afectarse a sí mismo y a todo el gremio al cual pertenece, al aceptar como válido dicho estado (o peor aún, como «necesario») y convivir con él. 

Es más: yo afirmo -y pretendo sustentar aquí- que a los mejores y más representativos exponentes de cada una de las profesiones que integran nuestra industria, LES CONVIENE A NIVEL PERSONAL, INCLUYENDO EL ASPECTO ECONÓMICO, evitar este estatus. Te lo demostraré dentro de algunos párrafos, con ejemplos y propuestas derivados de ellos. 

Mmmmm…Sí, ya sé lo que te estás preguntando, amigo lector. No es difícil adivinarlo. Son estas dos cosas: 

  • ¿Y esos «mejores», quiénes son? 
  • ¿Y ellos, saben que lo son? 

La primera pregunta es muy difícil de responder aquí, considerando un ámbito tan amplio y multitemático como el de nuestra industria. Habría que segmentar por campos o profesiones, dentro de ellos/as, por temas, y dentro de los temas, aplicar un grupo de filtros que nos condujeran desde un listado amplio y diverso (el nivel masivo) a otro mucho más breve y concreto (el nivel selectivo y hasta ultraselectivo: como decía en broma mi mentor, maestro y amigo Frank Rabaza -que en gloria está-, esos son  «los más mejores«). Este trabajo que estás leyendo no me permite hacer algo así, ni siquiera en los campos donde yo me desempeño; pero te propondré algunos «tips» (siguiendo la moda, jajaja) para que tú lo hagas en el o los tuyos:

  • «Rumores« en el gremio, y sus consecuencias. Cuando alguien es el mejor, o está entre ellos, todo el mundo (o casi) lo sabe, lo dice, y le recomienda. Pero además -yéndonos al «otro» extremo- suelen ocurrir hechos desagradables basados en los celos profesionales, las envidias de diversa índole, las peleas por proyectos y/o posiciones…Ser el mejor, o estar entre ellos, tiene un precio que no siempre es agradable.
  • «Rumores« y preferencias de los clientes. Cuando alguien es el mejor, o está entre ellos, todo el mundo (o casi) lo sabe, lo dice, y le recomienda. Creéme: el boca/oreja sí funciona. Eso de que «los mercados son conversaciones, y están formados por seres humanos y no por sectores demográficos«, es una verdad del tamaño de Júpiter.
  • Producción y difusión intelectual. Sus aportes en línea (blogs, libros digitales, redes, eventos virtuales) y en otros espacios más presenciales (Congresos, eventos, reuniones profesionales) son muy seguidos, consultados, citados, elogiados…Y en ciertos contextos, ello también suele traerle consecuencias «feas». Como ya te dije arriba, ser el mejor, o estar entre ellos, tiene un precio que no siempre es agradable.
  • Sentido y connotación de su marca personal. Ese «mejor» generalmente está posicionado en el imaginario gremial y del mercado como «el tipo a seguir». Y eventualmente, a «combatir»: pues como me siento obligado a repetirte, ser el mejor, o estar entre ellos, tiene un precio que no siempre es agradable.

Y la segunda pregunta, te la respondo utilizando mi técnica del autorrobo; esta vez, como otras varias, extraigo el fragmento de un libro que tengo en preparación:

«Los verdaderos referentes SABEN QUE LO SON: no nos llamemos a engaño. Cuando los públicos te asumen como tal, ello es sumamente notorio; y tendrías que ser muy lerdo o pecar de mucha falsa modestia para no percatarte (o simularlo así) de que tal cosa está sucediendo. Y sé perfectamente que es un tema harto incómodo y muy difícil de abordar –siempre puede haber quien piense «feo» de quien escribe sobre este tipo de asunto, por la razón que sea-, pero precisamente por eso es más necesario que alguien lo haga. Asumo el riesgo. 

Se llega a ser referente trabajando, produciendo, creando, innovando, transformando, diferenciándose, y sobre todo, APORTANDO VALOR, MUCHO VALOR. Con la condición de referente sucede lo mismo que con la de experto (de hecho, hay un vínculo interesante entre ellas que te comento brevemente dentro de unos párrafos): aunque esa condición nace en ti a partir de tus ejecutorias, no eres tú quien la otorga, sino los públicos. 

Pero si llega el momento en que tal estatus se hace realidad, se lo debe manejar y gestionar con muchísimo cuidado. Pues existe una línea muy delgada, sutil y fácilmente traspasable, entre el respeto profesional y la alta valoración humana que puede merecernos un referente que sabe conducirse como persona entre personas, y la distancia que suele emerger entre quienes «se lo creen demasiado» y los públicos que les siguen por su expertise, pero detestan su egolatría, vanidad y prepotencia. He analizado un poco estos delicados asuntos en trabajos como Marca personal: no eres (ni puedes ser, ni debes sentirte) el modelo universal, y Marca personal: diez vacunas protectoras contra el “egovirus”; te sugiero revisarlos luego.

Y ojo: hay que tener mucho cuidado con la intención de ser referente. No es malo desearlo, para nada; siempre que se esté dispuesto a hacer el mucho trabajo duro que se requiere para llegar ahí, y luego (más duro aún) para mantenerse ahí. Como he dicho otras veces, no es cosa de “lucir el cartelito sin hacer el trabajito”. » (Estrada, 2021, libro inédito). 

¿Respondí tus preguntas, amigo lector? ¿Aclaré tus dudas?

He aquí tres ideas (a la luz de lo que suena en nuestra industria, podrían ser treinta, pero lo dejé en tres) que sustentan las afirmaciones anteriores a la cita, y algunas de las dudas que podrían surgir respecto a cada una de ellas:

  • Un cliente potencial que necesita y busca dedicación casi exclusiva durante cierto tiempo (y puede pagar por ella) podría preguntarse: Si este consultor/asesor/mentor/formador/coach/lo que sea, está siempre tan ocupado, ¿de dónde sacará tiempo para mí? Y esa duda es lógica y legítima; porque si nos busca de ese modo es porque así nos necesita, ¿verdad? Y estando sobreocupados, ¿cómo le atenderíamos adecuadamente?
  • Otro cliente, sobre todo en servicios profesionales dedicados al desarrollo personal en sus diversas variantes, se cuestionaría así: ¿Y esa locura de estar siempre tan ocupado en el trabajo y sin tiempo para nada más se llama «calidad de vida»? ¿Este consultor/asesor/mentor/formador/coach/lo que sea, trabaja para vivir o vive para trabajar? ¿Esto que veo en él es el modelo de desarrollo personal que me ofrece?
  • Y un tercer cliente que busca nuestros servicios en modalidad presencial, podría cuestionarse sobre nuestra posibilidad real y objetiva de trabajar con él de esa manera, si somos de los que «viven en Internet». Pues en tal caso, seguramente nos ve dedicarle muchísimo tiempo a las redes sociales, la actividad profesional online, la impartición de webinars, la publicación y discusión de textos, videos o audios, etc….Y podría preguntarse: ¿De dónde sacará el tiempo para venir a mi empresa, y cuál nivel de dedicación tendrá a mis necesidades, con taaaanta gente que atiende y taaaantas cosas que hace siempre en línea? 

¡Esta lista podría alargarse mucho! ¿Verdad que sí?

El asunto de la preparación de algunos profesionales para ofrecer servicios homónimos puede tener diferentes soluciones. Te propongo brevemente tres ejemplos, y amplío más dentro de unos párrafos:

  • Estudio y profesionalización permanente (responsabilidad individual de cada quien). 
  • Obtención y oferta al mercado de Certificaciones profesionales que avalen el ejercicio (sobre todo en temas relativamente nuevos y que enfrentan ciertas resistencias, como el personal branding, cuyo desarrollo en diversos entornos aún es incipiente). 
  • Mentorías especializadas por parte de los mejores en cada área (generosidad mediante, of course; y también practicidad, porque además, a todos nos conviene que estos temas sean resueltos, para que la marca social de nuestras profesiones se mantenga «limpia»). 

Ahora me explico un poco más sobre esto, a través de un caso hipotético. 

Mi viejo amigo Juan Pérez es un sólido y muy reconocido experto en su campo de trabajo (desarrollo de la empleabilidad) y en el entorno donde lo hace (la ciudad industrial donde nació, se desarrolló y vive); pareciera que allí donde él trabaja, el resto del gremio orbita a su alrededor. Y por supuesto, cuanta persona del contexto necesita esos servicios, quiere trabajar con Juan, porque definitivamente, es el mejor. Como se diría en el béisbol, «El juego decisivo, lo pitchea el mejor pitcher«. O en el fútbol: «Si Messi está en juego, los penales son suyos«. 

Mi pregunta es esta: ¿tal situación es conveniente y sostenible para Juan, para el sector y para el entorno?

Mi respuesta: NO LO ES, y ello aplica para ambas condiciones -la conveniencia y la sostenibilidad- y para los tres entes abarcados: Juan, el entorno, y el sector. Me explico. 

Juan es un ser humano. Tan susceptible como cualquier otro a enfermarse, tener problemas familiares, estresarse en exceso, agotarse, «quemarse»…y un largo etc. No le conviene que todo lo que hay que hacer allí en términos de desarrollo de la empleabilidad, pase por sus manos, porque ello le condena a no tener vacaciones, ni días libres, ni poder «despejar», ni atender a sus diversas obligaciones como persona, hombre de familia y ser social, so pena de ir perdiendo presencia, espacio y «poder» ante los muchísimos clientes que dejaría de atender. Y no puede ni podrá sostener el ritmo de trabajo que esa concentración le acarrearía, porque como ya dije, es un ser humano susceptible de…todo lo que has leído unas líneas más arriba, y aún más cosas.

El entorno necesita una determinada frecuencia, variedad, profundidad y estabilidad de las intervenciones en desarrollo de la empleabilidad. En la ciudad hay un grupo de empresas en crecimiento y de importantes instituciones públicas que constantemente demandan nuevos profesionales; y además, varias compañías internacionales están desarrollando nuevos proyectos de inversión que requerirán una gran masa de trabajadores. No le conviene que toooodo eso pase únicamente por las manos de un solo «hombre/pulpo«: entre otras muchas cosas, porque toda su evolución como comunidad socio/laboral/profesional dependerá de una única opción de intervención y desarrollo, con todo lo que ello puede implicar en cuanto a sesgos, resistencias al cambio, unilateralidad de enfoques, etc., etc. Y no puede ni podrá sostener esa situación/realidad, porque al ser inevitablemente insostenible por parte del único proveedor, se generarán múltiples retrasos en la dinámica de su desarrollo como comunidad socio/laboral/profesional.

Y finalmente, el sector debe estar en capacidad de ofrecer todo eso con la calidad y la efectividad requerida por el entorno. Ello requiere la existencia de una determinada cantidad de profesionales especializados en desarrollo de la empleabilidad, que sean muy competentes, estén correctamente motivados, y tengan la capacidad estratégica y la independencia operativa para desarrollar sus propios proyectos de intervención. No le conviene que solo un oferente individual concentre en sus manos el mercado, porque ello retrasará inevitablemente su desarrollo sectorial: nadie tiene ni puede tener la verdad absoluta ni el monopolio conceptual, metodológico y práctico en ningún tema. Y no puede ni podrá sostener esa situación por mucho tiempo (ni siquiera por poco, diría yo), porque la marca social de las intervenciones en desarrollo de la empleabilidad se verá considerablemente afectada por la falta de resolutividad del único oferente disponible, que por razones ya expuestas y otras por exponer, no puede ni podrá tener capacidad resolutiva para atender con calidad y efectividad la expansiva y creciente demanda existente.

Ante tal escenario, que evidentemente choca contra la concentración del ejercicio en tan pocas manos (de hecho, dos manos), ¿qué podría y debería hacer Juan?

Veamos solo algunas posibilidades. 

  • Mentorizar a los mejores profesionales del sector que siguen sus enseñanzas. 
  • Colaborar en intervenciones con otros colegas, haciendo gala de una generosidad que podría serle, además, altamente rentable a futuro.
  • Crear y desarrollar una red profesional que potencie la competitividad de sus miembros a través de diferentes modalidades: colaboraciones de diversa índole, entrenamientos colectivos, grupos mastermind, entre otras. 
  • Gestionar de forma inteligente su ego (evitando o contrarrestando con vacunas efectivas una potencial egovirosis). Saberse y sentirse el único apto, puede hacerle creer que es imprescindible, y que «ellos» no cuentan con nadie más, y que «los otros» no están «listos»…¿Te suena?
  • Vacunarse contra el «síndrome del pulpo» (me lo acabo de inventar). Esta terapia vacunal incluye dosis intensivas de vacaciones y/o descansos periódicos de postergación prohibida, priorización y ultra-selectividad en la atención a clientes, empoderar a la familia para que nos «castigue» por cualquier incumplimiento de compromisos con ella, etc., etc.
  • Crear su propia empresa de capacitación o asociarse a otra (o a la Universidad local) donde pueda impartir Talleres, Diplomados y Entrenamientos especializados, así como publicar Manuales de Procedimientos u otros materiales, todo ello dirigido al desarrollo del sector que lidera profesionalmente; y que al prepararse y empoderarse, lo liberará de parte de su carga sin que se vean afectados sus ingresos personales, pues las fuentes de estos se habrán diversificado.

Todo ello puede asegurarle a Juan, en el plano estrictamente profesional, cosas como estas (entre otras muchas posibles):

  • Tener más tiempo para investigar, escribir, y luego actualizar sucesivas ediciones de un libro sobre el campo en que trabaja y se ha especializado tanto, el cual seguramente será referencia obligada para el sector y la academia en el entorno (contextualización temática, enfoque glocal), y eventualmente fuera de él. Y por supuesto, podrá convertirse en otra interesante fuente de ingresos recurrentes.
  • Fortalecer su ya potente marca personal, al extender su influencia e impacto hacia el desarrollo de sus colegas y la expansión y fortalecimiento del sector; así como a la producción y difusión intelectual. Y como seguramente recuerdas, está ampliamente demostrado que «se puede vivir de la marca personal«.
  • Cultivar, multiplicar, diversificar y fortalecer su legado profesional y humano, al posicionarse como un gran profesional que supo compartir sus saberes, contribuyó al desarrollo de su comunidad, de su sector y del mercado, dejó para la posteridad obra escrita con carácter y nivel referencial, y logró todo ello sin descuidar sus deberes como persona, padre de familia, y ciudadano. 

¿Te funcionan estas ideas, amigo lector?

La lógica del ejemplo anterior me resulta aplicable y funcional, de forma general, a casi todos (si no todos) los ámbitos del tema que abordo en este trabajo. 

¿Cómo lo ves tú, amigo lector? ¿Lo comentas con nosotros, por favor? 

Analicemos brevemente a continuación algunos otros elementos del tema.

La salud

El cuerpo humano tiene un diseño «de fábrica», con especificaciones muy precisas tanto en lo anatómico (básicamente, la estructura, a nivel de células, tejidos, órganos y sistemas de órganos) como en lo fisiológico (básicamente, el funcionamiento de cada una de esas partes y del todo que ellas constituyen). Y viene también «preparado» para un determinado grado de interacción e integración con el entorno. Todo ello involucra unas determinadas capacidades anatomofisiológicas, y ciertos límites que no deben ser excedidos en cuanto a las exigencias que hacemos a ambas dimensiones (estructura y funcionamiento) y a su integración en y para la actividad. 

Pero esta maravillosa creación llamada cuerpo humano, trae también «de fábrica», entre otras diversas capacidades, la de adaptación a las condiciones del entorno y a las exigencias de la actividad que cada ser humano desarrolla en cada momento de su vida. Lamentablemente, ella también funciona y es efectiva hasta cierto punto, y no puede rebasar ciertos límites; esto, claro está, puede variar de persona a persona, generalmente poco y excepcionalmente mucho, dependiendo de múltiples factores…pero también, inclusive los casos más extremos, dentro de ciertos límites determinados por nuestra genética y nuestro diseño «de origen» como especie. 

Veamos solo dos ejemplos, uno externo a nuestro tema y otro dentro de él:

  • Externo: Normalmente, un ser humano no puede dejar de respirar por más de un minuto, pocas veces minuto y medio, o dos minutos como un máximo muy escaso. Hay individuos excepcionales que por sus condiciones anatomofisiológicas muy particulares, y además potenciadas por el entrenamiento en algunos casos, pueden exceder moderada y hasta ampliamente ese rango; pero repito, son excepciones. Y cuando alguien intenta exceder tales límites -o es forzado a hacerlo, en casos que prefiero no mencionar aquí- la capacidad funcional de todo el cuerpo es moderada y hasta gravemente afectada, con elevado riesgo para la vida. Porque se ha roto la regla determinada por nuestro «diseño de fábrica».
  • Interno: Normalmente, el cerebro humano asimila «sin traumas» desarrollar esfuerzo intelectual y recibir carga homónima hasta un límite de entre 8 y 12 horas diarias (con algunos picos y variaciones no muy marcadas entre individuos, debidos a diferencias anatomofisiológicas y/o al entrenamiento aportado por el estudio o el trabajo), sin que el proceso y sus resultados sufran un notorio menoscabo cualitativo. Pero cuando ese límite es rebasado, el órgano «se cansa». Deja de ser efectivo en el proceso. Y por supuesto, deja de aportar resultados como lo hacía antes del exceso. Lo cual se traduce en una merma entre moderada y severa de nuestro rendimiento intelectual y/o profesional.

¿Qué nos muestra (y ojalá NOS DEMUESTRE) todo esto? 

Pues sencillamente, que como profesionales de servicios necesitamos conocer muy bien cuáles son nuestros límites humanos, esos que sirven de marco a un estado de salud razonablemente satisfactorio; y no permitirnos rebasarlos más allá de lo prudente en procura de ganar más dinero (lo que más arriba he propuesto como sobreocupación laboral/profesional), independientemente de las consecuencias laborales, económicas o mercadotécnicas que ello nos pueda acarrear. Porque si no cuidamos nuestra salud, no podremos seguir prestando los servicios profesionales de los cuales vivimos, y ahí nuestra marca personal en ese entorno no solamente sufrirá las consecuencias, como puede ser cierta merma cualitativa o cuantitativa en su posicionamiento: simplemente, desaparecerá del mercado. Así de sencillo.

La familia 

Muy conectado a todo lo anterior, está el importantísimo tema de la atención a la familia.

Somos individuos y a la vez seres sociales, que necesitamos una conexión con otras personas: una interacción e integración social. Y la familia es la célula fundamental de cualquier sociedad, de toda sociedad. Nacemos en ella, crecemos en ella, nos desarrollamos en ella; y de ella, preparados por ella, por nuestra familia de origen, salimos cuando nos toca a enfrentar la vida…y a formar la nuestra.

Ella es el espacio donde más y mejor podemos ser, aprender, crecer, manifestarnos y realizarnos como seres humanos. 

Esto implica y requiere un determinado nivel de atención por parte de cada quien, tanto a su familia de origen como a la que ha formado. Y esa atención nos demanda una determinada dedicación temporal. No hay reglas estrictas ni cifras estimables en esto; obviamente, tal como no hay dos personas iguales, tampoco las familias pueden serlo. Pero si algo puedo decirte, desde el dolor que a veces me ha ocasionado el no poder hacerlo por razones muy ajenas a mi voluntad, es que debemos priorizarlo. No es sustituible. Y ningún otro tipo de logro es tan gratificante como el que podemos cultivar aquí. 

Es más: lo que logremos aquí, nos fortalece muchísimo para todo lo demás, y lo que no logremos, nos debilita. Sobre todo a quienes nos dedicamos a prestar servicios profesionales del tipo que abordo en esta serie, servicios cuya esencia es la interacción con otras personas: porque la felicidad y la infelicidad “se notan” e influyen sobre nuestros procesos. Así que, si algo puedo decirte, es que ese tiempo debe estar disponible, y no debería tener que competir con el que dediquemos a ninguna otra actividad.

La profesionalización permanente 

Un poco más allá, aparece un asunto imprescindible e impostergable, llamado profesionalización permanente. Nadie mínimamente serio y con mínimas ganas de triunfar en lo que hace, puede pretender ser funcional,  y funcionar con efectividad, utilizando únicamente lo que aprendió y sabe hacer desde hace, por ejemplo, cinco años; todo ha cambiado, sigue y seguirá cambiando mucho desde entonces, en todos los campos, y mantenernos actualizados y a tono con todo lo nuevo que viene emergiendo, nos exige dedicar tiempo, mucho tiempo. Cuánta razón tenía el gran experto e ilustre académico Dr. Enrique Dans, al titular aquel tremendo, visionario y premonitorio libro «Todo va a cambiar«; no te lo pierdas en la edición digital LEGAL que acabo de enlazarte. Y ni siquiera te menciono un horizonte retroactivo mayor al quinquenal: no quiero ofender tu inteligencia.

Te propongo un ejemplo que ya he analizado antes, pero me sigue pareciendo importante dado lo que sigo viendo en línea. En mi libro digital de 2020 «¿Se puede ‘vivir de la marca personal’?«, cuyo origen fue este post homónimo, he propuesto un análisis del mencionado asunto (páginas 34/35), con base en el anclaje –cuasi apego, diría yo– que un numeroso grupo de profesionales manifiesta hacia la primera edición de un libro tan importante y vigente como Marca personal: cómo convertirse en la opción preferente, del Maestro Andrés Pérez Ortega, ignorando los nuevos desarrollos del concepto y el método que el propio autor ha efectuado durante los 13 años posteriores a su publicación. Y aunque creo que es muy obvio, voy a decir esto: yo no cuestiono en modo alguno el libro (líbreme Dios de tal pecado contra lo que considero una obra magistral que tanto nos ha servido y sirve a todos los practicantes del tema), sino al contrario, exhorto a convertirlo en una herramienta viva, contrastando los planteamientos originales con sus evoluciones (tanto las propuestas por el autor como las impuestas por el entorno y la vida), y actuando en consecuencia. Si así lo hacemos, estaremos inclusive enriqueciendo nuestro propio potencial como productores intelectuales, porque de ese tipo de abordajes pueden emerger excelentes artículos y videos, por solo mencionar dos productos cuyo desarrollo nos profesionaliza, que contribuyen al desarrollo del entorno, y que «además», posicionan muy bien nuestra marca personal.

¿Te imaginas como autor de un paper académico, un post profesional, o una serie de ellos, titulado -por ejemplo- «Aplicaciones y evoluciones del modelo ADN de branding personal, en el desarrollo estratégico de líderes empresariales en el país X«? ¿U otro nombrado «Avances evolutivos en branding personal: cómo gestionar tu marca de 2008 a 2021, según Andrés Pérez Ortega«? ¿…?

Pues ello ES POSIBLE. Puedes, podemos hacerlo, y lograrlo. ¿Pero sabes qué? Requiere y exige dedicarle tiempo; y dependiendo del nivel actual de cada quien, puede ser MUCHO TIEMPO. 

Y hablo de esto porque lo practico con mi propio trabajo. Recientemente publiqué en Soymimarca el artículo titulado Respondiendo las cinco preguntas más recurrentes sobre marca personal, en el cual recogí 2 respuestas que ofrecí a interrogantes sobre el tema en Quora durante 2017, y tres del presente 2021. Y cuando analizo las mismas, me doy cuenta de que ellas reflejan ciertas evoluciones en mi propio pensamiento sobre el tema, según lo voy estudiando, investigando y practicando; y ello es una constante en mi desempeño profesional, porque nunca me conformo con lo que creo saber, ni lo doy por «definitivo» (sin comentarios). Un ejemplo sencillo: hace unos cuantos años titulé este artículo -que tuvo bastante repercusión-, utilizando el término «crear marca personal«, cuya utilización he cuestionado y confrontado tanto después, y lo sigo haciendo, porque es un severo error conceptual. A eso se llega estudiando, investigando y practicando. No hay otro camino. 

Y por cierto, no he modificado el título en cuestión: lo tengo ahí como recordatorio de mi error y como auto-advertencia contra la conformidad con lo «sabido» (jejeje), y a cada rato lo menciono donde cabe hacerlo.

De eso se trata esta historia: si queremos mantenernos siendo competitivos (o sea, al nivel de los mejores en nuestro ámbito de acción e impacto), TENEMOS QUE ESTAR ACTUALIZANDO SISTEMÁTICAMENTE NUESTRO PACK COMPETENCIAL, y las prácticas relacionadas con su utilización. Porque no hacerlo, en un mundo como el actual, viene a ser, literalmente, un suicidio profesional. 

Se trata de aceptar, asumir, y obrar en consecuencia (porque es cierto, indiscutible e ineludible), lo que un sólido colega nuestro, el reconocido formador y experto español David Barreda Carrillo, ha definido magistralmente así: «…creerse un profesional consolidado, hoy en día, constituye un acto de temeraria soberbia» (Barreda, 2017). He citado esta espléndida frase varias veces, ¡y faltan muchas! Pues en un mundo en constante cambio, la única forma de mantenerse siendo competente y competitivo como profesional es cambiar a la par del mundo (sea por evolución o por revolución); y mejor aún, para quien pueda y tenga con qué, cambiar antes que el mundo y convertirse en el cambio al que este ha de seguir. Como dijo hace mucho tiempo el ilustre profesor español Luis Puchol (esta debe ser la vez # 500 que le cito, y también sé que me faltan muchas): «Ignorar el cambio conduce a la extinción; adaptarse al cambio permite la supervivencia; prever el cambio consigue el desarrollo, y crear el cambio conlleva el liderazgo permanente e indiscutible«.

Contundente, ¿verdad? ¡Ya lo creo! Por algo la gran Eva nos pregunta desde el mismo título de su segundo y exitoso libro, publicado en 2019: El mundo cambia…¿Y tú?

Personal branding 

Y aún más allá, pero muy conectado con todo lo que está más acá, nos encontramos con otro factor crítico: las exigencias de nuestro propio proceso de personal branding. Pues la marca personal de un profesional, sobre todo en esta época tan VUCA (y cada día más VUCA) requiere un cultivo estratégico, sistémico, procesual, sistemático, consciente y dedicado (lo que llamamos gestión de marca personal), que por supuesto, toma tiempo, y a veces mucho tiempo. 

Conocernos muy bien a nosotros mismos y al entorno, diagnosticar sistemáticamente ambos, identificar brechas, oportunidades, áreas de resultados clave y factores críticos de éxito, formular objetivos de desarrollo, impacto y posicionamiento, trazar e implementar estrategias enfocadas al logro de esos objetivos y evaluar su efectividad, investigar, leer, estudiar, escribir, publicar, grabar y difundir vídeos o audios, gestionar proyectos, conducir programas, participar en eventos on y offline, socializar e interactuar en redes, desarrollar relaciones de calidad, monitorear/medir/evaluar nuestro impacto como marcas y trabajar en su mejora continua, etc., etc., etc…

Todo ello –o parte de ello, pues no todos tenemos que hacerlo estrictamente TODO– nos consume cierta cantidad de horas TODOS LOS DÍAS (no olvidemos que nuestra marca personal nunca duerme, como bien afirma en un excelente artículo de 2016 mi querido amigo, el Maestro Guillem Recolons). Horas que constituyen una inversión necesaria, estratégica, potencialmente muy redituable, y obviamente no negociable. Horas que necesariamente salen como débitos de nuestra cuenta personal de tiempo: 24 cada día, durante toda nuestra vida, y ni un minuto más. 

Y aunque como muy bien afirma el Maestro Xavi Roca, «es muy importante gestionar nuestras marcas personales, pero lo es aún más ser muy buenos en lo que hacemos«, pues resulta que ser muy buenos en lo que hacemos (ojalá verdaderos expertos, ¿verdad?) es la primera condición que nos convierte en esas cada vez mejores marcas personales que debemos cultivar, desarrollar y promover entre los públicos potenciales que necesitan, valoran y podrían consumir lo que hacemos de ese modo tan bueno. Una espléndida espiral virtuosa que conduce a lo que denomino triple G (Gana el cliente, Gana el oferente, y gracias a ambas ganancias Ganan el mercado y la sociedad), y que ojalá todos podamos asumir y gestionar siempre. 

Pero al final, muchas veces nos ocupamos y estresamos en exceso, y hasta nos agobiamos. Tiempo. Agenda. Carga. Cansancio físico, mental y emocional.  Saturación. Burnout. Pandemia. Rollos en casa. Etc., etc., etc…

¿Y entonces?

Suelo decir que la vida es un asunto de equilibrios dinámicos. Y creo que eso aplica mucho en el tema que hoy me ocupa, pues solo gestionando y generando un razonable equilibrio entre las diversas áreas de nuestra vida, podemos propiciar que la integración sistémica entre ellas genere la sinergia vital llamada CALIDAD DE VIDA; que incluye, por supuesto, LA FELICIDAD, en el más amplio sentido de este concepto. O tal vez sea al revés, jejeje; pero ahora no importa. 

Me he referido a esto en mi ya mencionado libro digital Pues sí: ¡SOMOS MARCAS! (en un contexto temático ligeramente diferente), planteando que

«…la noción utilitaria tiene al menos dos sentidos: para los demás, y para nosotros mismos, y AMBOS deben estar presentes DE FORMA EQUILIBRADA en el proceso de personal branding. Porque si solo nos priorizamos a nosotros, caeremos en los tan negativos y justamente criticados individualismo y egoísmo (que como ha sido demostrado en esta serie de trabajos -ver la tercera parte-, NO SON NI FORMAN PARTE DE LA ESENCIA DEL CONCEPTO MARCA PERSONAL, SINO QUE LO DISTORSIONAN). Y si solo priorizamos a los demás, atentamos contra la posibilidad de poder continuar aportándoles valor, dado que nosotros tenemos que vivir, y vivimos de nuestro trabajo y del valor que aportamos gracias y a través de él; y si no logramos vivir digna y decentemente, con una calidad de vida que nos coloque en condiciones de ser felices, de seguir creciendo, de continuar motivados, y de modelar buenas prácticas y sus resultados para la vida, pues sencillamente, fracasaremos como profesionales, también como personas y como seres sociales. Entonces, EL EQUILIBRIO ENTRE NOSOTROS Y LOS DEMÁS ES CLAVE EN NUESTRO ÉXITO COMO MARCAS PERSONALES» (Estrada, 2020).

Próximamente espero publicar un nuevo trabajo en el que desarrollo estas ideas, titulado ¿Crecer , o ayudar a otros a crecer?, y subtitulado Cómo resolver la aparente disyuntiva entre tu marca personal y tu negocio. Solo te adelanto que la respuesta a la provocadora pregunta del título NO ES la que muchos (y tal vez tú tampoco) esperarían. 

¿Coincides conmigo, amigo lector? ¿Conectas el factor tiempo y el manejo de tu agenda profesional, con la gestión de tu salud, de tu familia, de tu profesionalización permanente y de tu marca personal? ¿Puedes extrapolar estas ideas al equilibrio que tú mismo requieres y deberías gestionar como oferente de servicios profesionales?

En la tercera parte (y final) de la serie, veremos las propuestas que tengo para ti sobre todo esto.

A modo de conclusión 

Amigo lector:

Ha sido muy grato compartir contigo estas ideas sobre la forma en que gestionamos nuestro tiempo en función de una agenda, y sobre los diferentes factores que inciden sobre ello y/o se relacionan con ello de cualquier forma. Espero con gratitud anticipada tus gentiles comentarios, opiniones, ejemplos, críticas y sugerencias, ya sea aquí mismo en Soymimarca, o en las redes que compartimos. 

Dentro de algunos días, en la siguiente entrega, estaré tocando los siguientes temas:

  1. A modo de introducción
  2. Algunas condiciones y claves para la gestión de nuestra agenda
  • Algunas condiciones para gestionar el tema
  • Algunas claves para gestionar el tema
  1. A modo de conclusión
  • ¿Hasta dónde llenar nuestra agenda?

Así que te dejo por hoy, con mi acostumbrado y cálido brand/abrazo, desde mi Caribe que amo.

Tu siempre amigo,

Vladimir

Photo by Estée Janssens on Unsplash

Contestando las 5 preguntas más recurrentes sobre Marca Personal, por @Prof_EstradaMSc

Compartiendo conocimientos sobre personal branding en las preguntas de Quora

A modo de introducción 

Amigo lector: 

Recibe mi más cordial y cálido saludo en tu nueva o primera visita a mi espacio de blogging en Soymimarca, el medio de comunicación líder global sobre personal branding en nuestro idioma. Gracias por estar aquí.

Como es habitual, mi primer mensaje de hoy es de solidaridad hacia quienes han sufrido o sufren de cualquier modo los efectos de la terrible pandemia que aún nos golpea a muchos en el mundo, especialmente, con aquellas personas que han perdido a algún ser querido; y ahora con más fuerza y fe, pues lo hago en calidad de sobreviviente del COVID. Al igual que cada día desde que esto inició, y como lo haré cada día hasta que termine, elevo una oración por todos ellos, porque puedan recuperarse y seguir adelante.

Hoy me correspondía publicar la segunda parte de mi serie temática en proceso titulada Marca personal y servicios profesionales: ¿hasta dónde llenar nuestra agenda?, de la cual te acabo de enlazar la primera. 

Pero lamentablemente, he tenido un percance de índole personal que me ha impedido efectuar a tiempo y de forma profunda la revisión final del texto, y este no está totalmente listo. Soy obsesivo y extremadamente autoexigente en mis trabajos, tanto con la forma como con el contenido, y con el balance entre ellos; y nunca entrego para publicación algo con lo que no me sienta razonablemente satisfecho. Te respeto demasiado a ti como lector, al igual que a este prestigioso espacio, y a mí mismo en tanto proponente de contenidos, como para transigir en algo tan importante. Si un texto no está listo, no sale a la luz hasta que lo esté. Te presento mis más sentidas excusas por ello.

En sustitución de esa segunda entrega, te traigo algo que estaba preparando para publicar aquí en enero de 2022, y que sí estaba casi listo; solo he debido escribir la introducción que estás leyendo. Es una recopilación de cinco de las respuestas que he ofrecido en Quora, esa importante e importante red global de conocimientos, sobre el tema marca personal; con la particularidad de que todas están enfocadas a solucionar dudas concretas y reales expresadas por personas concretas y reales acerca del tema de su interés. Dos son de 2017, y las otras tres, de este 2021. 

Te propongo el índice de este post:

  • A modo de introducción
  • Pregunta: ¿Qué significa tener una marca personal?
  • Pregunta: ¿Cómo puedo iniciar mi marca personal sin tener nada?
  • Pregunta: ¿Cómo puede alguien desarrollar su marca personal?
  • Pregunta: ¿Cuáles son algunos buenos consejos para crear una marca personal?
  • Pregunta: ¿Cuál es el libro más completo sobre marca personal?

Como ves, son temas que desde siempre han estado, siguen y seguirán en la palestra del personal branding. Y yo pienso, no solo como educador, sino como practicante de este concepto maravilloso, y un interesado profundamente comprometido con su desarrollo y masificación, que nunca debemos renunciar al debate conceptual y metodológico (gran herramienta de aprendizaje colectivo y compartido), ni tampoco a ninguna posibilidad de educar a los públicos que siguen nuestro campo. Cuando alguien pregunta sobre personal branding –sobre cualquier tema relacionado con el concepto o su práctica-, debemos responderle con la mayor claridad y amplitud que podamos. Y Quora, donde he propuesto las cinco respuestas que hoy leerás, se basa esencialmente en preguntas de personas interesadas sobre múltiples temas. ¿Te imaginas cuánto potencial?

En este sentido, te propongo algo más sobre esta red social. Hace algunos meses respondí allí la pregunta «¿Para qué sirve realmente Quora, si todo lo que aquí publican está por toda la red?«, abordando una inquietud cuya existencia ya había constatado en diversas personas. En mi respuesta (aquí la tienes) propuse algunas de las muy significativas ventajas que dicho espacio nos ofrece en términos de personal branding, facilitando nuestros procesos de creación y difusión de contenidos, y otros varios. Cito:

  • «…debe ser mucho más práctico, útil y efectivo, localizar contenidos de valor sobre un determinado tema si ellos están concentrados en un solo sitio, y han sido propuestos por personas que saben sobre el tema y/o se preparan bien para responder las preguntas de su interés. Con la ventaja adicional de que esos contenidos pueden ser contrastados (así como las visiones y posiciones temáticas de sus autores), en pos de construir una verdad más colectiva y plausible (NUNCA ABSOLUTA); y además (MUY IMPORTANTE), se puede debatir alrededor de cada respuesta, lo cual multiplica la posibilidad de aportar, aprender y crecer, tanto para lectores como para autores«.
  • «Un ejemplo muy real, que como académico estoy poniendo en práctica: los estudiantes universitarios de grado y de postgrado, deberían pasar de vez en cuando por aquí, y aún mejor, sistematizar su paso por aquí. En Quora hay contenidos actualizados y de mucho valor que no son tratados de la misma forma en otros espacios de consulta de contenidos: ello me consta. Y no solo por el texto inédito y valioso que sus autores han escrito, sino por la visión diferencial que puede aportar a cada tema el tratamiento dado por esos autores desde su formación y su experiencia«.
  • «Otro ámbito que determina la utilidad de Quora es la posibilidad de entrenarse preguntando, leyendo, analizando y escribiendo«.
  • «Y aún otro, de gran importancia, es el enorme potencial que tiene esta red social para fomentar el aprendizaje colaborativo, basado en la interacción alrededor de temas sobre los que comparten interés quienes formulan preguntas, los autores de respuestas, y los lectores. Y también, cómo no, para la creación y desarrollo de redes, y hasta de verdaderas tribus (en el sentido que da a este concepto el gran Seth Godin)«.
  • «…una utilidad más, que me parece de gran significación para los creadores, curadores y difusores de contenidos digitales, tanto aquí como en otros espacios: Quora es un verdadero reservorio de palabras clave y de temas de interés del público, con la ventaja de que todo ello está empaquetado en preguntas concretas y puntuales acerca de múltiples áreas. Sea cual sea el tema que nos interese para producir contenido sobre él, aquí podemos identificar, utilizar y aprovechar lo que nos hace falta al respecto, desde visiones diferentes y muchas veces contradictorias (lo cual nos enriquece) al tiempo que producimos y aportamos sobre ello«.
  • «Como blogger y autor de libros digitales, veo en Quora un excelente espacio para promover esas otras producciones (propias y de colegas) a través de citas y enlaces insertados en las respuestas; claro, siempre de forma correcta, pertinente, ética, y bien integrada al texto«.
  • «…para quienes nos dedicamos a profesiones cuya esencia es contribuir al desarrollo de otras personas, Quora nos da la posibilidad de generar aquí (de manera muy confiable debido a que todo gira alrededor de preguntas reales formuladas por un público real), la base de contenidos para producciones futuras, ya sean artículos o series de ellos, libros digitales, videos, audios y/o cursos de los temas que trabajamos«.

¿Te parecen suficientes ventajas, amigo lector?

Este espacio responde 100 % a la corriente bloguera conocida como «social blogging«, muy bien analizada por el reconocido experto Nicolas Cole en el artículo que acabo de enlazarte, y que consiste básicamente en bloguear donde ya existe un público potencial esperándote: he tocado este interesante asunto en otro artículo reciente, del cual te hablo en breve.

Te comentó que recientemente, mis contenidos en Quora han alcanzado la interesante cifra de 100.000 visitas en apenas diez meses -participando yo muy eventualmente en el espacio-, y he dedicado este artículo a analizar ese hecho; te sugiero que le des una mirada, para que veas todo lo que puede suceder allí con un autor «de medio tiempo», e inclusive eventual. Aquí tienes mi blog en Quora (64 publicaciones hasta hoy, entre respuestas y artículos; me faltan varias respuestas por incorporar a él, y varios cientos por responder, jejeje), donde publico sobre marca personal, blogging, educación y academia, gerencia, liderazgo, gestión de personas, emprendimiento, éxito, en fin…Mis temas habituales, y algunos más, como deporte, cine, vida, y COVID 19.

En el mencionado artículo, me he referido al social blogging así:

«Aún sin ser un blog tradicional, Quora se enmarca de forma muy clara (yo diría que perfecta) en la relativamente nueva tendencia autoral denominada «social blogging»: básicamente, consiste en bloguear donde ya está el público esperando tus propuestas. Muy cómodo como modelo de visibilización y posicionamiento, muy viable si sabes y quieres trabajar en función de satisfacer de forma realmente profesional a ese público que «te ha estado esperando», y muy conveniente para tomar el pulso a lo que «se mueve» en tus áreas de desempeño (de algunas de estas posibilidades y otras, he hablado en esta respuesta hace algún tiempo). Otros dos de los espacios web donde se hace social blogging son Medium (allí estoy) y Hashnode (también estoy, pero aún tengo muy poco tiempo, y solo un post publicado)« (Estrada, 2021).

Y sobre la utilidad e importancia del espacio, he planteado también lo siguiente:

«…en Quora, un maestro enfocado en aportar puede continuar, extender, ampliar y diversificar su labor educativa, por diferentes vías; la principal de ellas, ofreciendo respuestas REALES a personas REALES que hacen preguntas REALES sobre sus realidades personales y/o profesionales y/o sociales. No es la única, por supuesto; pero es la más importante y de mayor impacto, debido a la propia y maravillosa esencia del espacio. Otra puede ser, obviamente, proponer artículos originales sobre los temas que ya ha podido constatar que interesan al público que lee sus respuestas; y hay varias posibilidades más…» (Estrada, 2021).

Y en virtud de todo esto, amigo lector, quiero proponerte que sean cuales sean tu área profesional y los temas que te motiven, participes en Quora, si es que no lo haces ya; conozco unos cuantos colegas que escriben en Soymimarca o leen el medio, y que también están allí aportando y recibiendo valor. Y creo que todos deberíamos hacerlo y beneficiarnos de las muchas y diversas bondades de ese espacio en términos de contribución y aporte de valor, visibilidad, marca personal y posicionamiento. Y en cuanto a temas, todos caben, y hay público para todos; por tanto, como autores,  todos cabemos.

Sí, leíste bien: escribí «aportando y recibiendo valor«. ¿Tienes idea de lo valiosas que pueden ser las buenas preguntas, para alguien cuya vocación es facilitar la vida de otras personas aportándoles posibles respuestas, y/o ayudándoles a construir las suyas?

Y no es que todas las preguntas «quoranas» sean así de buenas, para nada: como bien sabemos, de todo hay en la viña del Señor. Hay muchísimas buenas, otras «más o menos», y algunas francamente malísimas. Pero hasta en eso puede ayudarnos el espacio: aprender a diferenciar las diversas calidades interrogativas, y a enfocarnos en responder las preguntas que nos pueden permitir aportar más valor, y crecer aportándolo. 

Cierro ya esta introducción, amigo lector, esperando que te resulten útiles y agradables de leer las respuestas/propuestas de este post. Y entonces, salvo fuerza mayor, te prometo que la semana próxima sí tendrás aquí la segunda parte de la serie que estoy dedicando a nuestra agenda como oferentes de servicios profesionales; y en la siguiente, la tercera y final. 

Me despido de ti por hoy. Gracias por ser, por estar, por acompañarme hoy y siempre. 

preguntas en una isla

 

Pregunta: 

¿Qué significa tener una marca personal?

¡Saludos cordiales!

En realidad, tener una marca personal no significa nada, porque la marca personal no «se tiene». Es una huella que dejamos en otras personas, a partir de la cual nos convertimos en eso para ellas; y nadie puede «tener» la huella que deja en alguien más.

Hace varios años que vengo trabajando este tema. En 2016 lo expliqué en el artículo ¿Qué «se hace» con la marca personal?, analizando las seis posiciones más comunes en el tema: si la marca personal se es, se crea, se tiene, se descubre, se porta o se deja. El artículo propone y sustenta las conclusiones a las que arribo, y algunos conceptos: te sugiero revisarlo, pero te adelanto que la marca personal no se tiene, ni se crea, ni se porta…y allí está lo demás.

Y en 2019, respondiendo a un grupo de críticas al concepto, abordé el mismo tema en una serie de artículos que dieron origen al libro digital Pues sí: SOMOS MARCAS, en el cual se demuestra nuestra condición de marcas personales, derivada de nuestra esencia humana y del modo en que impactamos a otras personas a partir de nuestras características personales, nuestros comportamientos y desempeños, y los resultados que obtenemos combinando las dos dimensiones anteriores.

Entonces, respondiendo a tu pregunta, ser una marca personal (no tener, sino SER) implica y significa haber dejado en otras personas una determinada huella, gracias a la cual ellas nos sienten, piensan, reconocen y recuerdan como la persona que es, hace y logra de tal y cual modo, les aporta valor (o no), les resuelve problemas (o no), y en quien piensan favorable o desfavorablemente en relación con los asuntos que les han hecho conocernos, reconocernos, recordarnos (en bien o en mal), y considerarnos o no como elegibles. Esta última lógica secuencial responde a una excelente fórmula propuesta por el Maestro Jordi Collell, quien figura entre los mayores expertos en el tema.

Porque además, es un gran mito y un serio error considerar que la marca personal siempre es positiva. Todos recordamos a personas que nos marcaron negativamente por alguna razón, y así permanecen en nuestras mentes, como marcas personales de impacto negativo.

Espero haberte ayudado. Un abrazo desde el Caribe.

 

Pregunta: 

¿Cómo puedo iniciar mi marca personal sin tener nada?

¡Saludos cordiales!

Para responderte, debo plantearte algunas cosas, relacionadas con la forma y el fondo de tu pregunta, y agrupadas alrededor de dos conceptos implícitos en ella.

  1. No puedes «iniciar» tu marca personal. Esa marca ya «inició» el día en que naciste, porque ese día comenzaste a dejar tu huella en otras personas, y esa huella multidimensional es tu marca personal; la cual ha ido evolucionando junto a ti, según crecías, estudiabas, aprendías, te relacionabas, acertabas, errabas, triunfabas, fracasabas, trabajabas, contribuías, y te ibas posicionando de uno u otro modo en la mente de quienes te rodeaban. Por la misma razón (y otras), tampoco puedes «crearla», en lo cual hay amplio consenso entre los principales especialistas del tema. Pero sí puedes -y debes- gestionarla, para mejorarla y mejorar su impacto en función de diversos factores: tus valores, tus motivos, tus competencias, tus intereses, y entre otras cosas (MUY IMPORTANTE), las necesidades de los demás, a las que tú podrías y deberías dar respuesta mediante aportes de valor.
  2. En este tema, creo que tampoco debes pensar, y mucho menos decir, que «no tienes nada«. Al contrario: LO TIENES TODO, porque te tienes a ti mismo y tienes un entorno humano al cual ya estás marcando de alguna manera, y te toca a ti investigar para saber si esa marca que hoy dejas en esas personas, en la cual te has convertido para ellas, es la que podría ser, la que debería ser, la que te convendría que fuese…y actuar en consecuencia. Ese «actuar en consecuencia», se llama personal branding, o sea, gestión de tu marca personal. En pocas palabras, «Personal branding no es crear un ser distinto: es mejorar y diferenciar estratégica, sistémica y sistemáticamente el ser que somos, para marcar, transformar, perdurar y trascender como queremos, podemos y debemos.» (Estrada, 2017).

Ahora bien: si te has referido a tener «recursos» (especialmente, financieros), te puedo asegurar que un buen proceso de personal branding suele y puede ser mucho menos oneroso de lo que generalmente se cree. De hecho, si revisas las fuentes anteriores, podrás llegar a la conclusión de que necesitas invertir relativamente poco dinero para ello. Todo dependerá de tu nivel actual de desarrollo, de en qué momento, contexto y situación te encuentres, de cuáles sean las necesidades de valor a las que debas dar respuesta, y de cómo pretendas y debas hacerlo. Por ejemplo, si eres empleado, la mejor forma de gestionar MUY BIEN tu marca personal será, sin duda alguna, ser muy bueno como empleado y aportar mucho valor a tu organización (Estrada, 2015). Si eres emprendedor y prestas servicios profesionales independientes, lo mismo: ser el mejor o uno de ellos en lo que haces, y que tus clientes SEAN FELICES con tu trabajo y el valor que les aportas. Y si eres estudiante, te propongo que revises este trabajo, que te propone diversas formas para gestionar tu marca personal desde la Universidad.

Espero haberte ayudado. Un abrazo desde el Caribe.

 

Pregunta: 

¿Cómo puede alguien desarrollar su marca personal?

¡Saludos cordiales!

El desarrollo de una marca personal comienza por tener la conciencia de que eres y dejas una marca en tu entorno, desde que comienzas a relacionarte e interactuar con otras personas (Estrada, 2017). Porque la marca personal es la huella que dejas en otros, a partir de (y combinando) lo que eres como ser humano, estudiante, profesional, etc.; lo que haces desde todas estas perspectivas, y lo que logras en cada una de ellas, e integrándolas en sistema. Y por supuesto, el impacto que con todo eso consigues en los diferentes contextos sobre los cuales incides.

Hablar del desarrollo intencional y estratégicamente dirigido de una marca personal, es hablar de la trayectoria que esta sigue entre un punto inicial –o de partida, coincidiendo con el inicio del proceso de gestión– y uno final (que por demás, puede y debe ser sumamente móvil, según vas creciendo y avanzando, y contigo, la marca que eres/dejas). Por tanto, «desarrollar tu marca requiere que la gestiones partiendo de su nivel y estado actual (lo que eres, haces y logras hoy, y cómo impactas con todo ello), y trabajando para mejorarla (porque la marca puede y debe ser sistemáticamente mejorada) de un modo que te permita ser, hacer y lograr e impactar a tu entorno como tú deseas y necesitas hacerlo en el futuro inmediato o mediato« (Estrada, 2015).

Para hacerlo, cuentas con tus competencias personales y profesionales (entre otras muchas, tu capacidad para diagnosticarte y superarte de forma permanente, y la de gestionar relaciones humanas de excelencia, ambas de gran importancia en este tema); también, con las diferentes tecnologías y herramientas que te permiten hacer personal branding tanto offline como online e integrando en sistema ambos entornos; y debes disponer de un mínimo de recursos financieros para invertirlos en tus procesos de branding que así lo requieran. No es necesariamente un proceso excesivamente caro ni fuera del alcance de la media; mas tampoco creo posible (salvando posibles excepciones muy puntuales) hacerlo muy bien o de forma excelente a coste cero.

Pero posiblemente, lo más importante de todo en tu gestión y desarrollo de marca personal, sea «tu voz propia, esa que debes desarrollar y gestionar de un modo que permita que esa marca personal que eres y dejas sea única, inconfundible y reconocible« (Estrada, 2016), para que gracias a ella puedas ser conocido, reconocido, valorado, y en su momento, escogido entre muchos.

Esa es, a mi juicio, la esencia del proceso. Las herramientas (blog, web, perfiles en redes, páginas de presentación y promoción personal, producción y difusión de contenidos, interacciones en línea o cara a cara, imagen física personal, comunicación pública, etc., etc.), son soportes en/para tu personal branding. No son tu marca ni tu esencia. Son excelentes herramientas y soportes a través de los cuales «tu marca, marca a tus públicos« (Estrada, 2016); pues, mediante ellos, tú y tu mensaje les llegan, marcan e impactan. 

Espero haberte ayudado. Un abrazo desde el Caribe.

 

Pregunta: 

¿Cuáles son algunos buenos consejos para crear una marca personal?

¡Saludos cordiales!

Lo primero que debo sugerirte es cambiar un poco el enfoque de tu pregunta. La marca personal no se crea; se gestiona (Estrada, 2016). Este es un asunto de mucho debate; pero hay amplio consenso entre los principales especialistas del campo en nuestro idioma (por ejemplo, Andrés Pérez Ortega, Guillem Recolons, Pablo Adán Micó, entre otros varios) en esta afirmación que acabo de proponerte, con un enlace a mi blog donde trato y analizo la cuestión.

Tú eres y dejas una marca a tu alrededor aunque no hagas gestión intencional de ella como atributo y resultado de tu ser y tu accionar. Tu marca existe desde que inicias tus interacciones con otras personas y les marcas de uno u otro modo a partir de lo que eres, haces y logras; y debes gestionarla para que ella sea la que tú quieres y requieres, y no la que el azar u otras circunstancias determinen. Y además, para que tu valor como marca (Estrada, 2016) constituya una garantía razonable para tu visibilidad, posicionamiento e impacto personal/profesional en tus diversos entornos de incidencia.

Y tu marca debe ser gestionada, por supuesto, integrando tu actividad offline y online; que hay demasiado humo alrededor de la falacia de que «la marca personal se crea en internet» (como si solo fuéramos personas allí, y no en nuestro diario vivir fuera de la red) (Estrada, 2016).

Te invito a pasarte por mi blog en tres semanas, cuando publicaré un post donde analizo (en una serie temática que voy compartiendo) el cuarto de los 16 mitos que he identificado investigando desde hace varios años el campo profesional del personal branding y ejerciéndolo como actividad profesional; este mito propone que «la marca personal es creable», y en dicho post sustento lo contrario. Allí propongo y demuestro, por ejemplo, que:

«La marca personal no es un traje o una prenda que alguien nos hace a la medida. No puedes crearte una nueva, porque tendrías que dejar de ser tú para ser otra persona; pero cambiando tus ejecutorias actuales, puedes transformar la marca que ya eres y dejas en otra diferente (que si el proceso transformador ha sido bien gestionado, debe ser mejor, en el sentido de causar mejor impacto)«.

Y por supuesto, cito a otros diversos profesionales con opiniones similares, ampliamente sustentadas por ellos en diferentes trabajos.

Espero haberte ayudado. Un abrazo desde el Caribe.

 

Pregunta: 

¿Cuál es el libro más completo sobre marca personal?

¡Saludos cordiales!

Hay muchos buenos libros sobre marca personal, en diferentes idiomas (aunque hasta donde sé, los más prolíficos en producción intelectual sobre el tema son el inglés y el español, en ese orden). No me parece muy viable la idea de identificar entre todos ellos «el más completo».

Pues esta formulación implica e involucra la necesidad de abordar con amplitud y profundidad TODOS O LA MAYOR PARTE de los temas que están relacionados con la marca personal o forman parte de su esencia o su gestión, lo cual es IMPOSIBLE. Yo, por ejemplo, he identificado hasta el momento en mis investigaciones 14 áreas temáticas que cumplen esos criterios, estoy avanzando sobre otras 4, y sigo investigando al respecto, pues puede haber otras. La marca personal es un concepto sumamente abarcador, y totalmente transversal a todo lo que somos, hacemos y logramos las personas en los diferentes ámbitos de nuestras vidas.

Aquí tienes la lista de las 14 áreas, y el enlace a un libro digital titulado ¿Se puede «vivir de la marca personal»?, en el cual analizo un poco el asunto, demostrando el vínculo de cada uno con la marca personal (página 61 y siguientes):

  1. Psicología
  2. Branding
  3. Marketing
  4. Comunicación
  5. Sociología
  6. Administración
  7. Cambio
  8. Estrategia
  9. NTIC’s
  10. Liderazgo
  11. Formación
  12. Coaching
  13. Desarrollo personal
  14. Consultoría

¿Te imaginas un libro sobre marca personal que aborde con amplitud y profundidad TODOS O CASI TODOS estos temas?

Creo que en lugar de hablar de un libro «más completo», debemos pensar en LOS libros, tesis, ensayos, artículos, ponencias, videos o audios que mejor abordan uno u otro o varios de los temas relacionados con el concepto, desde la perspectiva conceptual, la metodológica y la práctica, y desde la mirada investigativa y/o propositiva que sus autores han dado al tema. No todo el conocimiento está únicamente en esos productos intelectuales que llamamos «libros» (al margen de si son físicos o digitales); y muchas veces, fuera de ellos, hay valor que los supera, inclusive ampliamente. Ello me consta, porque he tenido la suerte de poder revisar mucha producción intelectual sobre marca personal, aportada por muchísimos autores, y de la cual procuro aprender cada día un poquito.

Como yo no he hecho ese tipo de análisis comparativo sobre las obras más valiosas acerca de la marca personal, quiero recomendarte un artículo EXCELENTE de mi amigo y colega Guillem Recolons, quien hace referencia a una serie de libros físicos y digitales que, en su opinión, están entre los que más valor aportan sobre el tema (ese debería ser siempre el criterio de posicionamiento social de un libro u otro producto intelectual: cuánto valor aporta sobre el tema que aborda). Yo quiero destacar en ese magnífico pack el lugar relevante del primer libro del propio Guillem -publicado el pasado 2020- titulado Si no aportas, no importas; es el más reciente éxito editorial sobre el tema en nuestro idioma, que ha tenido un impacto muy significativo, y del cual tuve el privilegio de escribir a finales de 2020 esta reseña. También ha sido reseñado por relevantes expertos en personal branding como Oscar del Santo (aquí) y Xavi Roca (aquí).

Otro elemento que me parece importante sobre el trasfondo de tu pregunta es la necesidad de no olvidar los orígenes, los clásicos, las semillas del tema, a los que SIEMPRE hay que regresar. En marca personal, ello está representado por el artículo The brand called You y el libro 50 claves para hacer de usted una marca, del gran Tom Peters, quien fue el primero en acuñar y difundir este concepto. Aunque es justo decir que la evolución del mismo ha ido superando, profundizando, ampliando o recontextualizando algunas de las ideas primigenias expuestas en ellos, ambos textos siguen siendo fundamentales y mantienen validez universal.

Y finalmente, te alerto sobre el peligro de adscribirte a una única voz en este o cualquier otro tema. Cuando hablamos de un libro «mejor» o «más completo», y lo asumimos como tal, inconsciente e involuntariamente tendemos a seguir como fetiche la voz y las propuestas de su autor (en algún momento, hace mucho tiempo, eso me sucedió con el propio Tom Peters, cuya abundante y relevante obra me ha marcado desde hace tres décadas y pico), y a negar o disminuir los aportes de otros autores. Y eso no ayuda, al contrario: limita. Nadie tiene ni podrá jamás tener la verdad absoluta en ningún tema ni ser su única voz; y el desarrollo genuino emerge desde la diversidad conceptual, metodológica y práctica.

Espero haberte ayudado respondiendo a estas preguntas. Un abrazo desde el Caribe.

Cover photo by Edwin Andrade on Unsplash / Imagen isla de Arek Socha en Pixabay 

 

El factor humano seguirá siendo la clave, por @NiltonNavarro

Tu felicidad es la clave de tu éxito de tu Marca Personal

La tecnología está creando una nueva sociedad y una nueva forma de vivir. Podemos tratar de adivinar lo que va a suceder, pero la realidad es que nadie tiene la capacidad realmente de predecir aunque sí de intuir en qué aspectos vamos a tener que mejorar o en cuáles vamos a tener que cambiar. 

Los empleos, los nombres de las profesiones, las formas de trabajar, las metodologías, las empresas, los espacios, nuestros estilos de vida… podrá ser provocado por la tecnología, por la globalización o por la pandemia pero, lo que no hay duda, es que el factor humano seguirá siendo la clave.  

Por ejemplo, no sabemos a ciencia cierta cómo será la educación del futuro, pero sí te aseguro que necesitaremos profesionales más innovadores, más creativos, más ágiles, más disruptivos, con nuevos enfoques y metodologías para que haya más personas dispuestas a comerse el mundo y a trabajar o crear proyectos que les apasiona.

Un nuevo contexto del factor humano

La pandemia de la Covid-19 ha acelerado la transformación digital y cultural de las empresas. La implantación del teletrabajo, por ejemplo, ha sido clave para mantener la actividad empresarial y para cuidar al talento, pero ha traído consigo nuevos desafíos.

Medidas como el teletrabajo encajan en una nueva mentalidad empresarial basada en la confianza y el compromiso, donde lo que se valora es la entrega de resultados y el cumplimiento de objetivos y no el presentismo, es decir, las horas que pasa una persona en su puesto de trabajo.

Nadie sabe cómo será el mercado laboral en 10 años pero es seguro que necesitaremos personas innovadoras, donde la creatividad, la actitud y la pasión marcarán la diferencia. 

Un nuevo liderazgo

Los nuevos líderes deben adaptarse rápidamente, innovar y hacer frente a las adversidades para tener éxito. Y, en este contexto, la organización, la creatividad, la comunicación y la confianza en el talento es clave para garantizar el bienestar del equipo e impulsar su espíritu innovador y creativo.

Las empresas deberán cambiar metodologías y estilos de trabajo enfocándose siempre a ser más eficientes. Deberemos humanizar más a las empresas, generar nuevos enfoques basados en el potencial del talento humano porque las personas son el elemento clave del desarrollo de las organizaciones y de su éxito. 

Te invito a descubrir cómo convertir tus pasiones en proyectos o modos de vida porque cuando hacemos algo que nos apasiona, deja de ser un trabajo. Es fundamental que te marques objetivos, que seas valiente y que sueñes; que sueñes a lo grande, porque un sueño siempre será el camino hacia el futuro y tu felicidad es la clave de tu éxito.

 

Photo by Nathan Dumlao on Unsplash

Reseñando a Maestros: Si no aportas, no importas, de Guillem Recolons, por @Prof_EstradaMSC

«Personal branding es el proceso de gestión sistémico/estratégica que nos permite identificarnos y desarrollarnos como marcas personales, hacernos visibles y ocupar un espacio favorable en esa condición en la mente de otras personas, aportando algo valioso para ellas desde nuestra esencia humana, nuestra profesionalidad, nuestra vocación de impacto, nuestra intención de posicionamiento y nuestra necesidad de ser y mantenernos  competitivos en un entorno cambiante; y todo ello, del modo más compatible que podamos conseguir con las esencias, el contexto, la situación, la sensibilidad, las perspectivas de desarrollo y los requerimientos de valor de quienes nos rodean«. 

Dr. Vladimir Estrada 

Ponencia para Congreso Internacional, 2020 

A modo de introducción 

Amigo lector: 

Recibe como de costumbre mi más cordial y agradecido saludo, en esta nueva ocasión en que para mi suerte me acompañas en el entorno bloguero de Soymimarca, por primera vez en 2020. Gracias por estar aquí. 

Mi primer mensaje de hoy (que tal vez hayas leído en otros de mis artículos de este año en otros espacios, y no me avergüenza reiterarlo tal cual cada vez que publico) es de solidaridad con quienes han sufrido o sufren de cualquier modo los efectos de la terrible pandemia que nos golpea a todos en el mundo, especialmente quienes han perdido a algún ser querido. Como cada día desde que esto inició, y como lo haré hasta que termine, elevo una oración por ellos, porque puedan recuperarse y seguir adelante.

Y de inmediato te comento el motivo de mi post de hoy: se llama Si no aportas, no importas, el primer libro impreso de quien es nuestro anfitrión aquí, el Maestro y mi AMIGO Guillem Recolons. Voy a compartir contigo algunas de las impresiones que me ha causado y de las ideas que ha hecho surgir en mi mente su primera y ultrarrápida lectura (lo recibí hace muy pocos días); y me reservo la oportunidad de volver sobre él más adelante con mayor profundidad, así como el privilegio de citar y comentar en mis próximos trabajos sus importantes aportaciones.

Y de paso, te digo algo más. Este es el primer post de una nueva serie de trabajos que titularé «Reseñando a Maestros«, la cual pretendo mantener aquí en Soymimarca (si el equipo del medio me lo permite, jejeje; y por cierto, tengo que actualizar mi perfil de autor, que «solo» tiene cinco años de atraso. Contáctenme para ello, amigos, please). 

Ahora que lo pienso, Guillem se ha convertido en el coprotagonista de varios inicios en mi trabajo reciente como productor de contenidos. En 2016 me invitó a escribir en Soymimarca y prologó generosamente mi primer ebook autopublicado sobre el tema de la marca personal; en 2018 participó conmigo en la primera de las 4 entrevistas bidireccionales transoceánicas publicadas hasta este momento, un modelo de comunicación productiva interactiva a través del blog, que luego han coprotagonizado conmigo Pablo (aquí), Jordi (aquí) y Joan (aquí); ya se acercan peligrosamente la 5ta y la 6ta, con otras tres en perspectiva para 2021. Y hoy, estoy proponiendo esta primera reseña de un texto impreso suyo que aborda un ámbito temático muy especializado; como dicen en mi Cuba bella, ¡si no es un récord, es buen average, jajaja! 

El segundo de estos trabajos -espero que bien pronto- será sobre la obra más reciente que nos ha regalado nuestro común amigo y colega Pablo Adán: Mis conversaciones con Krizn. Ya inicié ese proceso, pero no lo he terminado aún; este de Pablo -bastante denso en el mejor de los sentidos-, no es un texto de tema estrictamente técnico (aunque se pasea por zonas temáticas que sí lo son), ni tampoco resulta «habitual», sino muy diferente, y al mismo tiempo, muy placentero de leer, gracias a Dios. Y luego de ahí, vendrán otras reseñas: hay tres o cuatro libros de nuestro campo cuya llegada espero ansioso, para inundarme de su valor y producir a partir de él. 

Vamos a lo que nos ocupa, amigo lector. Gracias por ser, por estar, por acompañarme hoy y siempre. 

Del autor 

Si no aportas, no importas, es seguramente el más esperado y reclamado de los libros potenciales que tenía y aún tiene «escondidos» la tribu de la marca personal. Te comento algunas razones para ello:

  • Guillem persona. Su gran calidad humana y relacional son proverbiales, a ambos lados del charco y más allá. A todos nos gusta estar y sentirnos cerca de seres humanos buenos, recibir los influjos e impactos de su bonhomía  y aprender de lo que tienen para darnos; sobre todo cuando lo ofrecen con tanta sencillez y humildad bien entendida. Este es el caso. 
  • Guillem profesional: consultor, expositor, docente, productor intelectual (con especial énfasis en su condición de blogger de referencia y de gran curador y analista de contenidos), co-gestor y co-ejecutor de proyectos tan interesantes y fructíferos como Ponte en Valor (te propongo mi análisis del mismo) y otros varios, gestor de eventos, networker, promotor y desarrollador de talento. Todas estas facetas representan en Guillem modelos de coherencia entre el mensaje al mundo y la conducta propia. Es grande en cada una de ellas y en el modo de integrarlas, y modeliza las maneras de serlo para que muchos nos esforcemos por crecer siguiendo la estela de su profesionalidad; alguna vez escribí que  él es el mejor modelo de gestión de marca personal entre quienes trabajamos con este concepto
  • Soymimarca. Espacio consultivo, propositivo y de convocatoria que ha marcado la ruta del personal branding en lengua española durante una década, con Guillem como cofundador junto al Maestro Jordi Collell, y como principal aportador de contenidos (y ambos co-liderando juntos el proyecto hasta hace poco tiempo). Les debemos la construcción y el desarrollo de una tribuna de excelencia para más de medio centenar de autores de tres continentes, en un tema novedoso y polémico cuyo tránsito hacia el éxito ha sido y sigue siendo complejo y difícil. 
  • Personal Branding Lab Day. El Congreso sobre marca personal y temas afines más importante que existe en lengua española (lo cual no es poco en modo alguno, pues ella es la segunda más hablada del mundo como idioma nativo,  así como la tercera con mayor presencia en Internet y la tercera más traducida en línea); este espléndido espacio anual también lo debemos a la tropa de Soymimarca, con Guillem coliderando el tema y propiciando desarrollos intelectuales, profesionales y relacionales de enorme impacto a/entre ambos lados del charco. Ya se acerca la ¡¡¡SEXTA!!! edición, y tendremos una nueva ocasión de aportar e interactuar sobre personal branding en modo crecimiento compartido, en gran medida gracias al esfuerzo del colega cuyo primer libro impreso estoy reseñando hoy (junto a otros estelares co-organizadores). 

Todo esto y más hacía que muchos seguidores y/o interesados en la marca personal, tanto conocedores como profanos, aguardásemos «con ilusión», como dicen en España, el primer parto literario de Guillem en este formato. Se sabía con certeza que debía traernos a la mesa muchísimo valor, muy bien aderezado; y no nos ha defraudado ni un ápice. Te lo fundamento a continuación. 

De la obra 

Si no aportas, no importas, está estructurado como sigue (incluyo comentarios):

  1. Prólogo, por Joan Clotet

Habría sido difícil hallar mejor prologuista para este libro; más allá de todo cuanto une a dos amigos y colegas como Guillem y Joan, la condición de humanista digital de este último le convierte en alguien idóneo para acercarnos magistral y motivadoramente tanto a la obra como a su autor, desde las dos componentes de su justísimo y bien justificado título: lo humano (la esencia de la marca personal) y lo digital (el ya no tan nuevo entorno tecnológico que nos permite conectarnos rompiendo los kilómetros, las brechas y los años, como afirmo -sobre otro tema- en una de mis canciones de inicios de siglo). ¡Y el autor del texto prologado es un connotado representante de la integración de ambas dimensiones! 

Felicidades, Joan: breve, abarcador, directo, concreto, preciso y estimulante, joya de Prólogo. 

1.- Una Introducción del autor

Muy clara, orientadora, motivadora y precisa. No te adelanto nada, solo la tremenda cita de Sartre que le sirve de exergo: Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es. Ese es Guillem, y así procura ayudarnos a ser, con todo lo que hace y con este libro, cuyo mensaje es clave y con él cierra esta parte: nuestra capacidad de aportar valor determina nuestro futuro

2.- Capítulo 1. Relato breve: Sin tocar el violín

Una pieza narrativa sencilla y bien lograda para el contexto en que está, introductoria del tema y premonitoria de la ruta y del resultado. No es nada casual la elección de iniciar así: Guillem es un melómano empedernido («vicio» que compartimos), como lo atestiguan ante el mundo su serie sobre música en Instagram y algunos de sus posts; recuerdo sin esfuerzo uno magistral que protagoniza la eterna María Callas y que yo he citado alguna vez: búscalo en su blog y ya verás. Y por otra parte, la música y los músicos dejan mucha marca; él lo sabe y lo usa para aportar. Me ha encantado esta zona del libro. 

3.- Capítulo 2. El marco se ha vuelto loco.

Contexto. Contexto. Contexto. La evolución de la situación hacia la «locura», planteada en el título de este capítulo por Guillem, me hizo recordar el tremendo capítulo Tiempos locos, empresas locas, del célebre libro de mediados de los 90 Nuevas organizaciones en tiempos de caos, al que suelo identificar como un claro y explícito antecedente del concepto que hoy nos convoca a aportar si queremos importar, y cuyo autor es un tal Tom de apellido Peters, creo. Tiempos locos, Guillem. Cada vez más locos. 

¿Y nosotros qué, por qué, para quién, para qué, a dónde, cómo, cuándo y hasta cuándo? De eso se trata toda esta historia que Guillem ha contextualizado muy bien en esta parte de su obra, introduciendo los conceptos básicos para la gestión de la marca personal en el «nuevo» entorno (y adivina qué: ¡lo seguirá siendo!), y precisando detalles clave sobre ellos. El marco se ha vuelto loco: necesitamos gestionar su locura y nuestra «loca» respuesta a ella, si hemos de funcionar en el contexto cada día diferente en que vivimos, definido en 2003 por el mismo señor Peters -sí, aquel del caos- como un mundo de…marca personal

4.- Capítulo 3. Autodiagnóstico de marca personal

He dicho muchas veces que el personal branding bien hecho trabaja sobre la brecha entre nuestra marca personal actual (la huella que dejamos hoy, gracias a la cual SOMOS una determinada marca) y la deseada (la huella que queremos y debemos dejar en el futuro próximo, mediato y distante, para convertirnos en la marca que ASPIRAMOS A SER). Dicho ejercicio transformador sería imposible sin conocer la marca actual, y para ello resulta imprescindible que podamos diagnosticar nuestro estado actual como marcas. 

En este capítulo Guillem nos presenta una metodología muy pertinente y útil para efectuar ese autodiagnóstico. Porque él sabe muy bien que es importante conocernos bien, pero lo es mucho más conocer a fondo quiénes, qué y cómo somos para los demás. Pues nuestra marca personal nace en nosotros, pero crece, florece y fructifica en los demás  a través del valor que nosotros les aportamos (o no) y gracias al cual les importamos (o no); flores y frutos que regresan a nosotros en forma de RESULTADOS

5.- Capítulo 4. La magia de la estrategia personal

Seguimos en marcha. ¿Dónde estamos hoy? ¿A dónde vamos desde aquí? ¿Cómo llegamos allí? 

Muchos sabemos que la estrategia es una ruta intencional entre el presente y el futuro. Pero todavía falta bastante para que la mayoría de nosotros integremos la dimensión estratégica a nuestros decursos vitales, entendiendo y utilizando la estrategia como una herramienta para mejorar la calidad de nuestra vida

Por eso son pocos los humanos con recursos que saben trazarla como se debe, y menos aún los capaces de recorrerla del modo más adecuado para el logro de los objetivos que cada quien se ha -o debe haberse- planteado. Guillem nos propone en esta zona del libro una manera mágica de hacer ambas cosas, una metodología integradora de técnicas y pasos para proyectar y avanzar con rumbo estratégico, con la marca personal deseada como horizonte de llegada. 

6.- Capítulo 5. Comunicación personal I.

Una perogrullada: es imposible no comunicar. Otra: es imprescindible comunicar bien, para comunicarNOS bien

Aquí Guillem enfatiza la importancia extrema del 1.0 para mantener humana la comunicación entre humanos: coincido totalmente con él. Una vez describí «la mejor tecnología de la información y las comunicaciones que jamás ha existido: una conversación entre humanos, cada a cara, gesto a gesto, palabra a palabra, mirada a mirada, sonrisa a sonrisa». 

Pero el Maestro agrega mucho más valor en esta parte: nos prepara para saber comunicar humanamente el valor que proponemos, y sobre la utilización correcta de múltiples técnicas de comunicación interpersonal y/o de marca personal: desde el elevator pitch al storytelling, desde las tarjetas de visita hasta la participación en medios tradicionales…Un manjar. 

7.- Capítulo 6. Comunicación personal II

«Otra» perogrullada: es imposible no comunicar (¿lo dije antes?). Y una más, espero que la última de hoy (jejeje): en la era de Internet no es posible comunicarNOS bien y lograr que cada mensaje nuestro llegue al público correcto, de la manera correcta, en la frecuencia correcta, con la intensidad correcta, etc., etc… (¡salve, Aristóteles!) al margen de la red

Y si por haberte dicho esto, crees que el capítulo que estoy presentándote versa sobre la comunicación online de nuestra marca personal, has adivinado.  Más de 60 páginas que nos ilustran a fondo sobre la gestión comunicacional efectiva en ese entorno que ya es ineludible, pero muy bien integrada al sistema de gestión llamado personal branding, y con sólido sustento informativo y estadístico. No te adelanto nada más. 

8.- Capítulo 7. Utilizar el personal branding para conseguir objetivos

¿Para qué sirve la marca personal? Pareciera que ya todo está confluyendo, con nosotros y nuestro posicionamiento como urgencia central; o como propone una conocida teoría o corriente, que el Universo está conspirando para que no nos quede otra opción que asumirnos y gestionarnos como marcas -a contrapelo de nuestras resistencias, las del entorno, y especialmente, las de algunos en él-, si deseamos obtener los resultados a que aspiramos (el próximo noviembre recibiremos nuevas pruebas de la «conspiración» en el 6to Congreso Internacional Personal Branding Lab Day, cuyo lema Haz que tu marca personal te encuentre trabajo está «extrañamente» conectado al título de este capítulo). Ya no se trata del dilema de Hamlet; ahora hay que ser, y además, aportar, si se quiere importar, y gracias a ello crecer, impactar, y eventualmente, trascender. Y todo ello, en diferentes ámbitos, no solo en el laboral; porque tenemos aspiraciones de muy diversa índole, y en todas hay humanos ahí afuera. 

No hay casualidad alguna en el hecho de que Guillem titule así esta lograda y muy detallada parte de su libro. Los objetivos de cada uno de nosotros son únicos, aún estando formulados de formas similares o parecidas; puesto que «también» nosotros somos únicos, y esa unicidad debe ser cultivada, transmitida y aprovechada para diferenciar nuestro aporte de otros aportes. Lo personal de la marca que cada quien es, se basa en esa unicidad, la mayor generadora de su utilidad. 

9.- Anexo 1. Diccionario de la marca personal y el personal branding

Por sus características muyyyy particulares, te lo comento con cierta amplitud más adelante, jejeje… 

10.- Agradecimientos. Ineludibles en alguien como Guillem, en quien y para quien la gratitud es marca. Léelos y verás. 

si no aportas portada libro

Este libro pertenece a la rara especie de textos en los que tanto un renombrado experto como un profano absoluto pueden encontrar valor inmediatamente aplicable a sus procesos, en el tema que aborda. No del mismo modo, claro está; pero Guillem ha conseguido mezclar en la misma «aula» a estas dos y a otras diversas categorías de personas relacionadas con el personal branding, sin que ninguna tenga razones para sentirse fuera de lugar. 

¿Cómo? Pues así:

  • Uso de la primera y segunda personas del singular, en tono conversacional. No sé tú (¡salve, Manzanero!), pero yo prefiero que un escritor que me propone en su libro ideas, conceptos, métodos y técnicas para contribuir a mi desarrollo profesional, lo haga conversando conmigo, no haciéndome sentir con su lenguaje impersonal y lejano la distancia intelectual que nos separa, aunque realmente nos separe. Ello me acerca a él/ella, le acerca a mí, y me motiva a procurar sacar más de su lectura. Guillem es un maestro humanizando la conversación profesionalizante, y lo aplica a lo largo de todo este libro (a propósito, este es el título de un nuevo trabajo en el que estoy avanzando, desde una perspectiva que integra el mentoring, la educación, la academia y la producción intelectual; espero publicarlo en el primer semestre de 2021). 
  • Sustento mixto entre academia, investigación y experiencia. El fondo conceptual y metodológico del libro es una mezcla interesantísima entre lo aprendido y enseñado por el autor en procesos formales, lo incorporado a través de las investigaciones que ha efectuado y continúa efectuando (un verdadero productor intelectual es un investigador permanente, y él es un modelo de esa verdad), y las aplicaciones a su práctica que a diario hace de los dos componentes anteriores, sumando además las experiencias de otros colegas de las que nutre su quehacer. 
  • Lenguaje accesible y empático. Un comunicador nato: eso es Guillem, y en este libro hace gala de su capacidad de adecuar su lenguaje a diferentes tipos de lectores, sintonizando con sus necesidades profesionales y emocionales, y adecuando a ellas la comunicación del valor que aporta. 
  • Precisión terminológica. Aborda con cuidado exquisito el verbo técnico del campo, para que cada palabra de ese tipo sea entendida como debe serlo y no haya margen a error ni ambigüedad; ello es muy importante en un tema donde lo ambiguo es parte de su esencia, por ser ella tan humana, y por ende, altamente subjetiva. 
  • Mezcla precisa entre lo estrictamente técnico y lo ineludiblemente humano. Una de las obras que mejor integra las dos dimensiones esenciales de la marca personal (marca y personas), tanto en el proceso de gestión propuesto como en el resultado esperable y esperado.
  • Vocación pedagógica. Guillem nos educa con este libro, lo quiera o no (yo sé que sí lo quiere, y si tú no lo sabes, léelo y lo comprobarás); pero su vocación de educador emerge al margen de su intención. Él es maestro, aunque no haya sido esa su línea original ni complementaria de formación. El magisterio es una esencia antes que una profesión: se es maestro y en la ruta «se aprende» a educar, hasta donde ello es posible. 
  • Enfoque propositivo. Toda la obra que estoy reseñando es una gran propuesta conformada por otras más «pequeñas» (todas las explícitas, mas algunas implícitas); la esencia estratégica de la mayor determina el carácter operacional y práctico de las menores. Pero en este libro, todo propone
  • Storytelling. Una constante a lo largo del libro (modo que es muy Guillem); ello enriquece nuestra conexión con el autor y el texto, y nos permite incorporar mejor los diferentes significados que nos presenta. 

Me detengo ahora en algunos de los otros logros de la obra, ateniéndome a una cierta estructura cercana y afín a mi forma habitual de proponer. 

  • Un primer logro: lo conceptual. El libro nos ofrece un amplio bagaje de definiciones de conceptos clave en la temática abordada y en otras colindantes, adecuadamente analizadas y contextualizadas por el autor. Si me has leído antes, o conoces esa parte de mi trabajo, sabes la enorme importancia que concedo a los conceptos: ellos son la base de TODO LO DEMÁS. Sin conceptos no hay modelos, métodos, técnicas, ni buenas prácticas; Guillem lo sabe muy bien, y se agradece mucho esta forma suya de colocar el tema y ubicarnos en él. 
  • Un segundo logro: lo metodológico. Si abundan los conceptos en el libro, no faltan tampoco los métodos y las técnicas que son requeridos y realmente importantes para aplicar dichos conceptos en el personal branding centrado en el valor (el único que realmente vale, parafraseando un poco al gran Seth Godin cuando definió como el único marketing al marketing de contenidos). El libro de Guillem no solo nos propone un excelente qué: también un magnífico cómo, sustentado además en ejercicios prácticos al final de cada capítulo que nos permiten aplicar los conceptos a través de diversas técnicas. 
  • Un tercer logro: lo experiencial. Hace varios años, propuse y fundamenté en un artículo la idea de que la experiencia laboral/profesional es mucho más que la suma de años de servicio. Un libro como este debía traernos, además de los ya comentados qué y cómo relacionados con el personal branding basado en valor, su validación experiencial, tanto desde el desempeño del autor en el tema como desde otros desempeños que le complementen y enriquezcan el aporte. Y efectivamente, aquí lo tenemos: Guillem ha cumplido. 
  • Un cuarto logro: lo testimonial (conectado también con lo experiencial tocado en el punto anterior: los testimonios se basan en experiencias). Cada capítulo incluye al final varios testimonios de personas que han recibido de primera mano el valor aportado por Guillem en el tema tratado en esa zona del texto. ¡Todavía estoy tratando de imaginar un mejor modo de legitimarlo, y no lo consigo!
  • Un quinto logro: lo bibliográfico, en modo soporte/complemento. Si bien este es un recurso habitual en la literatura profesional y académica, Guillem lo personaliza y utiliza con gran precisión, buscando y logrando mucho más que una ampliación temática: su enfoque va más hacia la generación de sinergia cognoscitiva y experiencial entre las propuestas propias y las de otros autores que recomienda al final de cada capítulo; sin hablar de las diversas citas de fuentes muy autorizadas, presentes a lo largo del texto. Y ello se agradece mucho: nadie es ni puede pretenderse dueño de la verdad absoluta en tema alguno. Guillem lo sabe perfectamente y actúa en plena consecuencia con ello, lo cual enriquece aún más su trabajo. 
  • Un sexto logro: lo innovador (casi disruptivo en nuestro entorno temático) del «paquete» que incluye y acompaña al libro. Un área de lectores viva y en desarrollo que constituye una zona mágica, de la cual no debo darte muchos detalles por un asunto de elemental discreción, pero que te aseguro que multiplicará por muchísimo el valor que recibes al comprar la obra. Solo te adelanto que incluye vídeos, artículos complementarios, infografías, ejercicios prácticos y más, hasta convertir el libro -y la experiencia de disfrutarlo junto a su valor agregado-, en un proceso auto-formativo integral

Un modo excelente de dar continuidad y hacer aún más atractiva y útil la lectura de un texto que, gracias a esta forma de extender, ampliar, profundizar y enriquecer la experiencia de lectura, redefine (literalmente) el aporte de valor literario en nuestro campo profesional. Por favor, no te lo pierdas.

  • Y un séptimo logro (muy bien logrado) es la «pequeña» cifra de 200 profesionales que han aportado conceptos e ideas para el Anexo que incluye el libro, denominado Diccionario de la Marca Personal y el Personal Branding. No todas las aportaciones son exactamente definiciones conceptuales; tal vez por ello le quepa más a este Anexo, a mi juicio, la denominación de Vademécum que la de Diccionario en un sentido estricto (opinión muy personal, y en modo alguno excluyente de la opuesta). Pero ese es un detalle ínfimo en comparación con la enorme magnitud del valor que recibe quien lo lee, gracias al poder aglutinador de la marca personal de este genuino y modélico networker, gran congregador de muchos humanos con muchos recursos alrededor de buenas causas. 

Ahí compartimos espacio (sí, yo también estoy, y habría sufrido no estar): jóvenes con veteranos, economistas con ingenieros, financieros con humanistas, pedagogos con comunicadores, habitantes de ambos lados del charco y «un chin» más allá, autores consagrados con lectores comprometidos, académicos con consultores, críticos con defensores, «mixtos» con «puros», generalistas con especialistas, bloggers con «webbers» (creo que acabo de inventarme un término, jejeje, y nada que ver con el ilustre apellido sociológico), «teóricos» con «prácticos», «marketers» con «branders» (cuidado, que el marketing es branding), los del off y los del on con los del off/on, fans del papel con fans de los bytes, y un interesante etc. Todos conectados por un concepto que nos une a pesar de que a veces nos divide (no faltan aquí las contribuciones conceptualmente contradictorias, gracias a Dios), como nos pasa tanto y en tantos temas a los humanos. 

Porque definitivamente, lo mejor de la marca personal, es su apellido, y nadie mejor que Guillem Recolons para reivindicar el carácter esencialmente humano de esa marca: porque tal como dicen sus mantras, «todo deja marca«, «las personas hablamos con personas«, y «si no es humano, no es branding«. Por ejemplo, a través de un gran libro, muy útil para una gran variedad de personas gracias al valor de que está, literalmente, repleto, comenzando desde su mismísimo y muy educativo título.  

Vladimir y Guillem

Esta imagen no es una fotografía, es un deseo

A modo de conclusión 

Creo que a estas alturas no necesito decirte lo mucho que te recomiendo la lectura del libro Si no aportas, no importas, del Maestro Guillem Recolons; un libro del cual muchos tenemos mucho que aprender. Mas por si acaso no he sido lo bastante claro, aquí te va de forma un poco más explícita, jejeje…¡TE LO RECOMIENDO, POR EL LIBRO Y POR GUILLEM!

Este amigo/compañero/colega -en ese orden- que me regaló la vida, y cuyo primer abrazo físico sincero y afectuoso de hace dos años aún me emociona, ha hecho una verdadera hombrada (tal vez funcione mejor «humanada», para no chocar con algunos/as puristas del asunto género, ya sabes); y no solo por lo mucho que aporta e importa su primera obra de este tipo, sino por las innúmeras dificultades que ha debido vencer para ponerla a nuestro alcance. Él me contó esa historia, y estoy seguro de que Poe se habría inspirado en ella para uno de sus cuentos de horror (no sé si también de misterio, jejeje). El sacrificio emocional, mercadotécnico y económico que ha debido hacer este hombre -sin perder la paz ni la sonrisa- para que hoy podamos leerle en este formato, aprender y crecer leyéndole, es digno de mucha admiración y gran respeto. 

Yo conozco mucho (tal vez como pocos) el trabajo intelectual de Guillem en los temas que compartimos; lo uso para aprender a diario, lo recomiendo con frecuencia a mis estudiantes, colegas y clientes, lo he estudiado, citado, comentado y analizado decenas de veces; pero aquí hay algo mayor, y no solo por el formato. Esto es (ahora sin riesgo alguno) una genuina y tremenda «guillemada», sazonada y cocinada a través de una década y pico de rico y fructífero ejercicio, y servida con gusto exquisito: tal vez la más esperada de todas las suyas, hechas y por hacer. Y hasta donde recuerdo, me parece que ningún otro entre los libros recientes más relevantes de nuestro campo que he tenido ocasión de leer (me faltan algunos) responde así, como resultado único e integrador, al desarrollo de toda la carrera de su autor como personal brander; salvo quizás, El Reto, de Pablo (2016), aunque con matices distintos, y que por cierto, ha sido reseñado por Guillem Recolons (¡vida curiosa, jajaja!). Valoración magistral que no he hallado para enlazarla aquí, pero sé que existe: recuerdo muy bien haber leído a Guillem planteando que El Reto era el reto más ambicioso de Pablo hasta entonces, o algo así. 

Si hay un libro que refleja aquella gran verdad del gran editor Roger Domingo («un libro no es el inicio de un viaje, sino el final de un trayecto», cita aproximada), es este cuya reseña casi concluyo. Bajo tal criterio de tan relevante y muy validada fuente, creo que Si no aportas, no importas es la primera gran estación literaria en el viaje de Guillem Recolons como experto (de los pocos verdaderos) en la gestión de la marca personal; ruta marcada hasta aquí por muchas, diversas y valiosas estaciones intermedias. 

Y para mí (excúseme, Maestro) el contundente texto que hoy me honro en reseñar no es todavía su obra cumbre, aún siendo grande; porque 2020 representa un antes y un después en todo y para todos, y Guillem lo tiene claro, muy claro. Las tremendas, impactantes y estremecedoras evoluciones recientes, presentes y previsibles del mundo, la vida, la humanidad, la sociedad, el mercado, la educación, la ciencia, la tecnología, la salud, la fe, la empresa, la política, el branding, el marketing, el liderazgo, los humanos y sus recursos (y tal vez un par de variables más), le reclaman e impelen a seguir profundizando en su producción sobre lo que él sabe mucho, y sobre lo que seguirá aprendiendo: inclusive, más allá de la marca personal aunque siempre la incluya, porque ella siempre está y estará presente. Conociendo a Guillem, y su calidad de aprendedor permanente (ecos de Joan Clotet), esa otra obra está por venir: hace un par de años lo reté públicamente a ello, cuando en nuestra entrevista le dije que lo veía como «el autor de al menos dos de los próximos bestsellers acerca del tema (¡ESTÁS RETADO!)«, y me atrevo a aventurar que ya está en la cocina. Pero si al menos puede igualar a la que hoy nos reúne aquí, pues…¡Ya vamos ganando! 

En su dedicatoria manuscrita al ejemplar que en alas de la amistad atravesó el Atlántico para aterrizar en mi Caribe que amo, el autor de Si no aportas, no importas me escribe, entre otras cosas, algo muy típico de su enorme generosidad; y aquí lo copio, con mucha humildad y sano orgullo por figurar así en su espacio emocional de creador: «Te debo mucho, inspiración y pasión por la escritura«. Perdóname por responderte en público, mi querido amigo: yo te debo más, mucho más de lo que alguna vez podré pagarte, y ahora has multiplicado por mucho mi ya tremenda e impagable deuda, con este libro. En mi nombre y el de muchos: Gracias, Guillem

¡Un brand/abrazo caribeño!

Cómo mejorar tu Marca Personal con 10 tips de Comunicación, por @soyAliciaRo

¿Te fijas en cómo comunicas?

La comunicación es una herramienta fundamental para difundir tu Marca Personal y aportar valor a tu público objetivo. Es clave para contar quién eres, qué ofreces, a quién, qué problemas o necesidades cubres, qué soluciones das, cuál es tu especialidad y qué te hace diferente. 

SIN comunicación tu Marca Personal se queda en la sombra, escondida, sin posibilidad de que la conozcan.

CON una mala comunicación tu mensaje no llega o no se entiende, pierdes credibilidad, tu reputación se ve dañada y no consigues tus objetivos.

En ocasiones veo a referentes y grandes profesionales en su campo que descuidan su manera de expresarse. ¿Y sabes qué ocurre con ellos? Que decepcionan y que generan desconfianza. ¡Todo por no prestar atención a su forma de transmitir!

Te invito a que cuides tu comunicación, a que la mimes y a que la respetes.

Porque la comunicación te delata y da más pistas sobre ti de las que crees.

Para comunicar de forma acertada no hace falta tener un gran talento ni ser un genio del lenguaje. Sólo es necesario querer hacer las cosas bien y poner en práctica algunas pautas básicas, sencillas, que son puro sentido común.

Por eso, he creado un DECÁLOGO DE COMUNICACIÓN ONLINE para mejorar tu Marca Personal. 

Me he centrado sólo en la comunicación virtual, esa que se produce a través de Internet y las Redes Sociales, canales que actualmente son muy protagonistas. 

  1. Piensa y prepara lo que vas a contar, ya sea por escrito o verbalmente. Concreta la idea principal y haz un esquema con los puntos más importantes que vas a tratar. En el caso de los vídeos y las conexiones en directo, además, ensaya previamente el mensaje en voz alta.
  2. Céntrate siempre en aportar algo valioso, rico y útil a las personas a las que te diriges. Hazte de antemano esta pregunta: ¿qué se va a llevar el público? 
  3. Estate pendiente de la ortografía, los signos de puntuación, el uso de mayúsculas y minúsculas, y la gramática. En tus mails, en tus redes sociales, en los artículos de tu blog e, incluso, en tus whatsapp.
  4. Repasa el texto antes de enviarlo o de publicarlo. Di adiós a los impulsos.
  5. claro y conciso. Ve al grano con lo importante y evita las ambigüedades.
  6. Emplea un lenguaje sencillo, cercano, cotidiano: normal.
  7. Usa frases cortas. Una idea por frase y una frase por idea.
  8. Utiliza más palabras positivas que negativas.
  9. En los vídeos y en las conexiones en directo, mira al objetivo. Emplea un micrófono que asegure una buena calidad de sonido. Ilumina el plano para que no salga oscuro ni con sombras pronunciadas. Arréglate como si fuera un encuentro presencial. Elige muy bien todo lo que aparece en pantalla (espacio y objetos). 
  10. Muéstrate amable y sonriente, en tus discursos hablados y en tus textos. Te aseguro que la sonrisa se transmite también en las palabras escritas. 

Sí, lo sé. Te he dicho cosas que ya conocías. Pero lo importante no es lo que sabes, sino lo que haces. Así que haz, haz y haz. Verás como notas los beneficios.

Todo comunica y revela información sobre ti. Recuérdalo.

Photo by Kelly Sikkema on Unsplash

Maldita confianza, por @PabloAdanMico

Las intenciones de los demás

La Teoría de la Mente es el nombre utilizado para designar la capacidad de atribuir pensamientos e intenciones a otras personas, que se manifiesta a través del aprendizaje, la memoria y la toma de decisiones.

Falta saber desde cuándo tenemos esta capacidad y qué especie homínida anterior al Sapiens la desarrolló. Pero desde hace cientos de miles de años la conciencia nos ayuda a comprender y reflexionar respecto al estado mental de uno mismo y del prójimo, percibir y así llegar a comprender las sensaciones propias y ajenas, logrando prever tu comportamiento y el de los demás. 

Esta capacidad de comprensión es adquirida por el ser humano entre los tres o cuatro años, más o menos. Se estimula a través de la naturaleza, del ambiente y de los factores culturales que inciden en cada persona. Después, a medida que vamos creciendo, observando y viviendo nuevas experiencias, la conciencia comienza a actuar en nosotros de forma natural e intuitiva. Y también se va llenando de prejuicios impuestos por el entorno.

Para demostrar que los niños menores de cuatro años no saben mentir se diseñó el Test de la Falsa Creencia, que concluía que los niños no aceptan que lo que para ellos era cierto antes, puede ser falso ahora; por ejemplo, en el juicio sobre las personas. Para ellos es difícil cambiar una opinión: si una persona era buena ayer, no puede ser mala hoy. Pero ya no somos niños. ¿O sí?

Ponte en guardia

Podemos cuestionar si las personas adultas somos buenas y altruistas por naturaleza, o son malvadas egoístas, aunque sea un poco. Pero por si acaso más vale que nos pongamos en guardia ante cualquier persona y evitar juicios previos, sobre todo los positivos, por muy fuerte que te pueda sonar. Piénsalo. Maldita confianza.

Hay días que me quedo muy quemado con lo de empatizar con los problemas de todos, de pensar que todos tendrán su razón para hacer algo, que la gente en el fondo no es mala persona. Y me viene a la mente esa frase predictiva: “Si alguien parece un cabrón, es que es un cabrón”.

Mucha gente tiene esa habilidad innata de detectar intenciones en las personas, de adivinar el por qué hacen las cosas y por qué dicen lo que dicen. Son capaces de juzgar en pocos segundos si se pueden o no fiar de una persona. ¿Es una habilidad o es una actitud?

Creo que es un proceso de análisis y pensamiento crítico que realiza nuestro cerebro a una gran velocidad. Nuestro cerebro acumula millones de años de experiencias heredadas en las que una rápida decisión, adelantarte a una situación, podría suponer salvar la vida: nos mantiene alerta.

Lo he ido preguntando, porque tengo esa manía de investigar, preguntar y analizar comportamientos, y he llegado a la conclusión de que la gran mayoría de personas admiten que no suelen prejuzgar. Y también que muchas veces, cuando lo hacen, aciertan. El problema se plantea cuando nos equivocamos. ¿Qué ocurre entonces? 

Evidentemente dependerá de las consecuencias en las que hemos dado confianza a esa persona. La confianza es fácil de ganar y rápida de perder. ¿Qué sería de nosotros si fuéramos permanentemente unos desconfiados?

No lo sé. Lo que sí que tengo claro es que la confianza a veces nos estafa. Su exceso previo puede abrirte en lo personal a alguien que luego te traicione. Si la empatía tiene que ver con la confianza, entonces es algo que tenemos que controlar.

Puede ser un gran enemigo de nuestra paz emocional, solo es cuestión de saber dimensionarla en cada caso. Por eso debemos meditar muy bien en quién depositamos nuestra confianza y hasta dónde. 

Por ejemplo, la confianza que depositamos en los que gestionan el poder. Cuando somos adeptos a una ideología con la que nos identificamos nos hace perdonar lo imperdonable, nos ciega. Nos hace achicar los espacios de la neutralidad, nos hace perder objetividad, pero solo si has anulado tu capacidad de pensamiento crítico o tu decisión de no entrar en debates que consideras estériles o previamente manipulados. Pero solo si lo has hecho.

Dimensionado, algo parecido ocurre con los amigos o con algunos compañeros de trabajo. 

Los tontos

Imagino que sabrás que hay personas que obtienen felicidad en hacer mal a los demás a través del engaño y la mentira, porque así afirman su poder y autosuficiencia y le encuentran sentido a su vida. Sócrates les llamaba tontos, pues actúan por desconocimiento e ignorancia. Les define una incapacidad de separar la felicidad momentánea de su acción de las consecuencias para los demás y para sí mismo, y terminan siendo aisladas y rechazadas. O eso en el fondo esperamos.

Y creo que esto es algo que nos debería inspirar en nuestra actitud diaria, sobre todo con las intenciones de las personas. Muchas veces tendemos a ser benévolas cuando percibimos en algunas personas una conducta negativa, o sus intenciones están manifiestamente al otro lado de lo correcto. Y es por pura empatía: “lo hará por algo, tendrá sus motivos, estará pasando un mal momento… “. O sea, que acabamos perdonando, porque perdonar está bien y es de ser buenas personas. Es moralmente correcto.

mis conversaciones con krizn

Libro «Mis conversaciones con Krizn»

Claro que nos podemos equivocar en el juicio, pero a veces es mejor equivocarse y perdonar que ser perjudicado por no juzgar. No es bueno para nadie confiar en exceso en las personas. 

A lo mejor es que me falta empatía. O a lo mejor es que no quiero caer en la trampa de la empatía.


De todo esto y mucho es de lo que hablo con Krizn en “Mis conversaciones con Krizn” 

Conducir entre la niebla, por @CelestinoMz #manejandoelcambio

Conducir entre la niebla. Cuando me preguntan qué he hecho en estos meses de confinamiento y de pandemia, contesto que he estado conduciendo entre la niebla.

No soy el autor de la analogía. La escuché de refilón en una entrevista y, pasados unos días, la imagen se metió en mi cabeza y se quedó allí.

La niebla

Un día vas conduciendo tan tranquilo por la carretera y, poco a poco, la visibilidad empieza a empeorar a tu alrededor. Al principio no te das cuenta. La niebla suele aparecer poco a poco, de manera progresiva, pero llega un momento en el que eres consciente de que te cuesta ubicarte.

curva en niebla

Esa percepción llega de repente, como una bofetada que te pone en guardia. Entonces miras a tu alrededor y descubres que tu entorno ha desaparecido. Ya no tienes referencias. Solo ves unos pocos metros alrededor de tu coche y empiezas a pensar que puedes perderte o, peor todavía, que puedes salirte de la carretera.

No sabes cuánto durará, así que no sabes si parar o seguir. Desconcertado, paras un rato en un área de descanso, pensando que la niebla se disipará pronto y que podrás continuar tu viaje según lo planeado.

Pero pasan las horas y comienzas a pensar que no tendrás más remedio que aventurarte a conducir entre la niebla.

Como a muchas otras personas y como a muchos profesionales independientes, eso fue lo que me ocurrió. La situación en la que nos hemos visto envueltos desde que el coronavirus llegó a nuestras vidas, apareció de manera progresiva. No la vi venir, y pensé que duraría poco. Un par de semanas. A lo sumo, un mes.

Hasta me reí del primer retraso de una charla. Qué exageración. La primera cancelación ya no me hizo tanta gracia. En unos días, toda mi agenda había desaparecido y, como todas mis actividades eran presenciales, no sabía cuándo podría volver a desarrollarlas.

Así que ahí estaba, sin referencias. Perdido en medio de la niebla.

Señales

señales de nieblaCuando conduces entre la niebla hay dos cosas que descubres pronto. La primera es que poner las luces largas no es una buena idea. La segunda es que tienes que enfocarte en la conducción y evitar las distracciones.

Así que quitas la música y adoptas una postura de tensión, como si pudieras sacar la cabeza por fuera del parabrisas. Tienes que estar atento a las señales de los que van por delante de ti y también señalizar a los que van detrás.

Sin perder tiempo en lamentarme por la situación, me concentré en adaptar todas mis actividades al entorno online y en intentar generar nuevas oportunidades. En el sector en el que trabajo, el comercio, no era difícil encontrar las señales de los que iban por delante. A pesar de las diferencias, observábamos lo qué pasaba en China y otros países que ya estaban enfrentándose a la pandemia y podíamos imaginar lo que pasaría aquí unos meses después.

En nuestro país, mientras tanto, miles de comerciantes necesitaban respuestas. Un mapa o, al menos, que les señalizasen el camino que iban a encontrar, algo que les ayudase a rebajar la incertidumbre.

Como otros muchos profesionales, en unos pocos días hice una profunda inmersión en el mundo de los webinars. Durante semanas recorrí España a través de la pantalla de mi ordenador intentando aportar algo de luz a cientos de comerciantes. Casi ni me dio tiempo a pensar que había dado la vuelta a mi negocio y que volvía a tener agenda. No sé si agenda virtual o agenda digital, pero volvía a tenerla.

El camino

El camino

Porque lo que pasa cuando conduces entre la niebla es que, si lo haces bien, te acostumbras y sigues avanzando. Y llega un momento en que la niebla se disipa y puedes ver cuánto has recorrido. Entonces apagas las luces y volver a poner la música, aunque pasarán muchos kilómetros antes de que vuelvas a bajar la guardia y estar relajado.

Es probable que en las próximas semanas o meses vuelva a echarse la niebla en nuestro camino. O quizás tengamos que conducir entre la tormenta, con nieve o granizo, pero estos meses de conducir entre la niebla nos han preparado mejor para lo que nos encontremos en la carretera.

¡Buen viaje!

 

Imágenes de Unsplash: Chmyphotography Annie Spratt Erik Mclean John Towner

Cómo dejar de ser un 0,000013% del mundo y ser alguien que aporte, que importe

Debo reconocer que lo mío no eran las matemáticas. Siempre me he movido mejor en las humanidades. Y así me luce el pelo 😉

Las Naciones Unidas estiman que en 2020, la población mundial es de 7.500 millones de personas. Eso, si mi calculadora no me engaña, significa que cada uno de nosotros supone un 0,000013% de la humanidad. La verdad, muy poco. 

Y la cosa va a peor, según este gráfico, en 2050, con 9.700 millones de personas, nuestra importancia será tan insignificante como de un 0,000010%. 

Ser alguien tiene que ver con significar

Ya demostrado que no solo NO somos imprescindibles, sino que somos una pequeñísima porción del mundo, mejor hagamos caso a mi querida Elena Arnaiz, y dejemos de darnos tanta importancia. Nosotros, los humanos no somos importantes, lo importante es lo que podemos hacer por otros humanos.

Ser alguien significa vocación de servicio

Y con servicio no me refiero solo a servir, me refiero a aportar. Preguntémonos si las horas que dedicamos cada día a nuestro trabajo son útiles para alguien. Esa es la clave. Si ese día hemos sido útiles para una persona, hemos logrado ser su 100% del mundo por un día. 

Planteémonos micro-objetivos. No podemos ser útiles para todo el mundo. Ni siquiera el presidente de la nación más poderosa lo es. 

Ser alguien implica ir tras un propósito

He hablado muchas veces de propósito en esta web y en la mía. Pienso que propósito y vocación van de la mano. Y si no, observa que maravillosa definición de vocación la del Profesor de filosofía Roger Eberz (Universidad de Dubuque): 

La vocación es la respuesta de uno a una llamada desde más allá de uno mismo para usar sus fortalezas y dones para hacer del mundo un lugar mejor a través del servicio, la creatividad y el liderazgo.

Interesante, ¿no? Al final, un propósito es la idea de hacer del mundo un lugar mejor, y eso es significado, vocación de servicio y razón de ser. 

Rompe la estadística, sé 100% para algunas personas

Rompamos ese 0,000013% y, aunque sea por un tiempo finito, seamos un 50%, un 100% o algo significativo para unas personas, un colectivo, una pequeña ciudad, una comunidad. 

No podemos llegar a todos. La clave para importar es aportar, no mostrarnos con fotos y titulares bonitos, ni poner anuncios en todas partes. Aportar se basa en la acción, en los hechos, no en las palabras. 

Las personas que tienen éxito son las que logran que sus clientes les lleven más clientes. Y eso implica un esfuerzo en tres áreas clave: autoconocimiento, estrategia y un plan de comunicación, lo que suelo llamar el Iceberg de la Marca Personal

Ser alguien tiene sentido porque hay otras personas que necesitan nuestra aportación de valor… ¿sabes cuál es la tuya?

 

Photo by Karim MANJRA on Unsplash