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En defensa de la marca personal (parte 4 de 5): ¿Es el concepto, o es su mala práctica?

La verdad no cambia porque sea o no sea creída por la mayoría de las personas Hipatia de Alejandría

 

Mientras más grande es la dificultad, más gloria hay en superarla Epicuro

 

En la adversidad conviene muchas veces tomar un camino atrevido Séneca

 

Mucha gente, especialmente la ignorante, desea castigarte por decir la verdad, por ser correcto, por ser tú. Nunca te disculpes por ser correcto, o por estar años por delante de tu tiempo. Si estás en lo cierto y lo sabes, que hable tu razón. Incluso si eres una minoría de uno solo, la verdad sigue siendo la verdad Mahatma Gandhi

 

Amigo lector:

Recibe mi saludo muy cordial y mi invitación a que compartas conmigo esta cuarta entrega de la serie que vengo desarrollando En defensa de la marca personal. Si has leído las anteriores partes primera, segunda y tercera, ya estarás al tanto de lo que vengo debatiendo aquí: algunas críticas al personal branding recientemente efectuadas por el justamente reconocido intelectual y profesional español Amalio Rey, que han generado un rico e interesante debate en su blog y en otros espacios (por ejemplo, el perfil de Facebook de Andrés Pérez Ortega).

Hoy pretendo ofrecer una respuesta a la siguiente interrogante generada por el tema el debate:

¿Los problemas de la marca personal tienen su verdadera base en la construcción errónea del concepto, o en su mala aplicación? En uno u otro caso, ¿cómo entenderlo, y abordarlo?

Sucede que Amalio sostiene una posición que va más allá de las malas aplicaciones del concepto y sus vicios de gestión, que es el punto sobre cuya mejora los practicantes serios del branding personal hemos insistido más, y desde siempre: él considera que la génesis de los problemas del personal branding obedecen más a que el concepto está viciado de origen, mal construido, a partir de la integración de dos nociones que para él resultan incompatibles, comomarcaypersonas”. Muchos de nosotros no pensamos así, pero sí criticamos con mucha fuerza (al parecer, aún insuficiente) las malas aplicaciones del sistema conceptual llamado marca personal: de hecho, dos de sus más importantes cultores en nuestro idioma (Andrés y Guillem) han hecho recientes y no tan recientes planteamientos sobre la distorsión y hasta la prostitución del concepto, derivada de su práctica deficiente. Una deficiencia que por mi parte atribuyo a la no preparación suficiente para conocer el concepto ANTES de implementarlo en cualquier condición (por ejemplo, como “consultores de marca personal”: así se autotitulan algunos recién llegados que no tienen ni la más remota idea de lo que hablan); y en los peores casos, a la pretensión de un expertise absolutamente inexistente por parte de algunos improvisados, que trasladan al mercado y a la sociedad numerosas distorsiones asociadas a su propia mala praxis.

De ello he tratado en trabajos como La marca personal de los expertos, Marca personal: ¿“creación” o gestión?, Más humanos y menos dioses: gestionemos marcas personales creíbles, Somos marca, no moda: gestionemos marcas personales perdurables, Algunos problemas actuales del personal branding, y cómo gestionarlos, Mito # 1: La marca personal solo es para “famosos”, Mito # 4: la marca personal es creable, Marca personal: diez vacunas protectoras contra el “egovirus”, y Marca personal: no eres (ni puedes ser, ni debes sentirte) el modelo universal, entre otros. Tengo la firme convicción de que un concepto como este merece y necesita ser difundido y defendido desde posiciones y condiciones realmente profesionales, debido precisamente a su propia esencia disruptiva y renovadora de muchísimos paradigmas históricamente asumidos y practicados por miles de millones de personas en todo el mundo. Nadie creerá en algo cuyos difusores hacia públicos masivos no sepan asumirlo, practicarlo ni difundirlo: tres de las principales formas de defenderlo.

Entonces, tenemos dos posiciones esenciales: o el concepto no sirve ni funciona por haber sido mal concebido y/o mal construido, o quienes lo practican y difunden lo están haciendo mal y eso es lo que llega al gran público, demeritando así el concepto.

En esta cuarta entrega de la serie, yo pretendo hoy demostrar que no se trata del concepto, pues no creo que exista tal “vicio de construcción”; sigo creyendo, cada vez más convencido, de que es la mala práctica del personal branding lo que nos está afectando y el ámbito sobre el cual necesitamos trabajar.

Vamos a ello pues, amigo lector. Gracias por ser, por estar, por acompañarme hoy y siempre.

Dice Guillem:

Muy buenas, Amalio

Como estudioso y aprendiz de la marca personal te advierto que veo pocas contradicciones en este post. Tomarse un par o tres de copas de vino al día no es malo, tomarse tres botellas suele acabar mal. Y eso es algo que tiene su espejo en la gestión de la marca personal.

Hay un efecto perverso en la economía de la atención y de la inmediatez que hace que muchos pasen del índice del libro al último capítulo, el del plan de acción. Y así nos luce el pelo (aunque soy calvo). Lo que explicas en el post está sucediendo en política, se gobierna a golpe de tweet y de “parida del día” sacada de los spin doctors de la trastienda política.

Con el personal branding (gestión de la marca personal) pasa lo mismo. Muchos prefieren verlo como una exaltación del ego, y es porque únicamente retienen la parte de visibilidad. Es algo absurdo, como creer que debajo de la parte visible de un iceberg no hay nada.

El iceberg es una buena metáfora para explicar una forma de gestionar nuestra marca. Al fondo del abismo, el autoconocimiento, el saber quiénes somos, cómo nos perciben (la marca personal que dejamos), análisis DAFO… Después la estrategia, el propósito, el objetivo, el producto o servicio, la propuesta de valor, el modelo de negocio. Y finalmente, la visibilidad debe ser una consecuencia medida de lo anterior, con mensajes y contenidos que aporten valor, sean relevantes para tus grupos de interés y te ayuden a proyectar el yo real desde el valor hacia los demás.

Arrancas el post definiendo marca personal (personal brand) como la “gestión de la huella que dejamos en los demás”, pero si te fijas bien se lee “la huella que dejamos en los demás”. La gestión de esa huella, la gestión de la marca personal es lo que conocemos como personal branding.

Me gusta leer artículos que ponen en valor la paradoja de la que hablaste hace un tiempo, y de la que hice eco en los medios. Ninguna disciplina es perfecta si no sigue una mínima disciplina, y tratar de colocar un tejado cuando no hay cimientos ni estructura es, por lo menos, difícil. Un saludo y gracias por remover conciencias.

Guillem

Dice Amalio:

Hola, Guillem:

Valoro que te pases por aquí, pues tanto tú como Andrés, me parecéis de los más serios que hablan de estas cosas. Hay mucho humo comercial y «cámaras de eco» en el resto de la conversación que sobre este tema pulula en las redes.

Como ya te comenté en otro canal, si bien es cierto que, en el caso de la «marca personal», se da algo del «efecto alcohol» que tú comentas (incluso lo planteo de forma parecida en el post), me gustaría insistir en que también hay un problema «estructural», de partida, que vicia bastante el concepto. El dilema o disonancia no se da solo por «excesos» en el uso o aplicación, como tú sugieres, sino también en la concepción misma de la idea, porque:

1) mezclar «marca» con «personas» es desafortunado, de base, porque las palabras no son inocentes.

2) si hablamos de marca, lo más saludable sería que hablemos estrictamente de «marca profesional», y no «personal».

3) la parte «para afuera», de «visibilidad», se acaba comiendo la parte «para adentro», de «identidad», y eso es porque la construcción del término, el propio hecho de hablar de «marca» y de la «huella que dejamos en los demás», pondera en exceso (desde el mismo imaginario que produce la semántica) la parte externa de la imagen.

Sé que plantearlo así, como lo hago yo, puede producir cierta molestia, porque puede interpretarse que me lo cuestiono todo, pero sí que pienso que buena parte de ese iceberg está cimentado en una premisa confusa que, a su vez, facilita más confusión. La «parte de abajo» del Iceberg debería estudiarse usando un prudente filtro profesional, lo que no significa que dejes de escudriñar en tus motivaciones más personales, porque es cierto que eso se mezcla, pero después…cuando sacas la cabeza por encima del agua, no es bueno esculpir la pieza diluyendo los límites: ¿crees realmente que es saludable aplicar conceptos como «propuesta de valor» o «modelo de negocio» a nuestra vida personal? ¿no es asfixiante introducir tanta «gestión» y «cálculo» en nuestra proyección personal? De esos polvos, estos lodos, colega.

En esa misma línea le comentaba a Andrés, en su muro de FBK, que diseñar una «marca» es fijar una estrategia, y una estrategia, por definición, significa siempre «descartar opciones», o sea, reducir grados de libertad. Si eso lo haces en una empresa, es perfecto e imprescindible, porque las empresas necesitan una identidad reconocible y, sobre todo, que sus miembros se pongan de acuerdo en torno a esa identidad, que se comparte entre mucha gente. Si lo haces en una profesión, o una proyección profesional, también. Pero el lío comienza cuando usas el apellido «personal», porque ahí empiezas a teñirlo todo de algo que habría que mantener a raya.

Por eso digo que en el uso del término «marca personal» no solo hay un fallo de aplicación, o de que el concepto se haya prostituido, sino que el propio concepto y el nombre que usa (marca + persona) hace que eso ocurra tanto, y facilite prácticas disfuncionales. Desde el mismo momento en que nos empezamos a preocupar por la «huella que dejamos en los demás» (en lugar de en la satisfacción que sentimos con nosotros mismos), empiezan los problemas, y yo creo que el palabro «marca personal» hace que tengamos una tendencia natural a que eso ocurra…

Gracias a ti…

Mi comentario:

Lo primero que no puedo pasar por alto es una referencia generalizadora de Amalio que me parece, como mínimo, equívoca: “Valoro que te pases por aquí, pues tanto tú como Andrés, me parecéis de los más serios que hablan de estas cosas. Hay mucho humo comercial y «cámaras de eco» en el resto de la conversación que sobre este tema pulula en las redes” (negritas y subrayados míos).

Perdóneme usted, distinguido colega: aunque coincidimos plenamente en la excelente valoración que a ambos nos merecen Andrés y Guillem (y de mi parte, ellos lo saben de sobra), yo considero excesivo por su parte -además de injusto-, incluir a todos los demás profesionales que hablamos sobre este tema en el gran saco que denomina “humo comercial” y “cámaras de eco”, lo cual inequívocamente hace al abarcarnos a “todos los demás que hablan de estos temas” en lo que llama “el resto de la conversación”: ese “resto” implica que todos los que hablamos sobre la marca personal, fuera de Guillem y Andrés, lo hacemos en la línea del “humo comercial”, y/o repitiendo conceptos ajenos como “cámaras de eco” hasta convertirlos en “verdades” aunque no lo sean, y/o como meros repetidores/reforzadores de tal mensaje. Lamento muchísimo tener que disentir tan frontalmente de usted en este punto, porque hasta el momento todas sus posiciones me habían parecido sumamente respetuosas y había percibido un tratamiento adecuado hacia lo que muy bien usted mismo ha denominadola comunidad profesional de la marca personal”, cuyo respeto a su persona y sus planteamientos usted mismo ha solicitado cuando nos invitó a debatir sobre las interesantes críticas que recientemente ha efectuado; y hasta donde he podido leer, así ha sucedido. Pero en esta apreciación suya visualizo una ruptura con su propia solicitud sobre la cual le invito respetuosamente a reflexionar: personalmente, me siento irrespetado por este planteamiento, y supongo que sucede lo mismo con otros muchos colegas que, obviamente, no caben en él.

Me parece muy contradictorio que usted nos considere profesionales y miembros de una comunidad profesional, por una parte, y por otra nos acuse de lo antes citado a la gran mayoría de nosotros. Usted es un gran profesional y sabe perfectamente que la verdadera profesionalidad en un ámbito como el que nos ocupa no incluye ni puede incluir elementos como los que correctamente critica -a saber: verlo todo desde lo comercial como único prisma, y/o convertirnos en meros repetidores/amplificadores/reforzadores de lo dicho por otros-; posición esta de usted a cuyo sentido y enfoque crítico yo me sumo, siempre que lo circunscribamos a quien objetivamente merezca ser criticado por ello, con base en sus diversas ejecutorias.

Y no es que lo que usted critica sea inexistente, para nada: yo soy uno de los mayores críticos de tan lamentables falencias como 1) la comercialización excesiva y la conversión de todo en negocio, y 2) la mera copia y pobre repetición de conceptos ajenos, entre otras varias que habitualmente ataco en legítima defensa de este concepto y su práctica correcta (como se puede comprobar fácilmente haciendo clic en algunos de los enlaces que propongo en este y otros trabajos de la serie, o simplemente, visitando mi blog,  mi espacio de colaborador en PuroMarketing, o mis anteriores trabajos aquí en El blog de Soymimarca). Lo que sucede es que no se deben generalizar las asunciones sobre las malas prácticas a las cuales usted se refiere, porque en la comunidad profesional del personal branding hay muchísima gente haciendo muy bien su trabajo, y no merece ser injustamente “ensacada” ni “etiquetada” en una generalización negativa, como sucede en el comentario suyo que aquí comento. De todo hay en la viña del Señor, pero como usted bien sabe -no le conozco ni he interactuado con usted personalmente, pero su labor y obra escrita lo atestiguan-, no todos somos iguales, muchos ni siquiera parecidos. No debemos generalizar en este tema, ni en lo positivo ni en lo negativo, sin poseer toda la información pertinente al respecto; como sucede, evidentemente, en el caso de la idea mencionada. Ello no ayuda a nadie. Nuevamente le solicito, con toda humildad, reflexionar sobre este punto, por favor. Y si en algo mis palabras en esta parte son inexactas, o expresan ideas injustas (estoy interpretando sus palabras tal cual están escritas), espero me lo haga saber, y en caso de demostrármelo, le estoy presentando por anticipado mis más sentidas excusas.

Dicho esto, y muy tranquilo por y tras haberlo dicho, regreso a la tercera persona y me adentro en la rica y debatible sustancia del comentario de Amalio. Iré copiando y comentando las formulaciones que me resulten más llamativas e interesantes (en realidad, todas, jejeje).

  1. Dice Amalio: “Mezclar «marca» con «personas» es desafortunado, de base, porque las palabras no son inocentes”.

Mi comentario: La “no inocencia” de las palabras no define per se que la “mezcla” así cuestionada sea desafortunada y/o criticable per se. En mi opinión, este argumento no argumenta como aspira a hacerlo, porque no hace referencia explícita alguna a por qué es malo o negativo mezclar “marca” con “personas”; y la mera mención de la “no inocencia” de las palabras no nos dice nada  claramente asumible sobre ello. Mientras aguardo una sustentación al respecto que supongo llegará, introduzco algunas definiciones e ideas que a mi juicio,  con base en diferentes criterios referenciales (incluyendo algunos clásicos ineludibles en el tema), indican muy claramente que no hay ningún problema en “mezclar” marca con personas, y que los supuestos “peligros” hipotéticamente generados por tal “mezcla” son inexistentes y no se sostienen ante un mínimo análisis serio, siempre y cuando se asuma y practique la definición y el dimensionamiento CORRECTOS del concepto MARCA en esta nueva época.

Es más: creo que RESULTA PLENAMENTE POSIBLE DEMOSTRAR, ejemplificando y sustentando tal posición con base en excelentes propuestas de gestión personal del propio colega Amalio, y con un amplio bagaje referencial sobre el tema que tenemos disponible, que esta talmezclade marca con personas que él tan vehementemente niega, SÍ ES y SÍ FUNCIONA para nosotros, en tanto seres humanos generadores de marca personal a nuestro alrededor; pues de hecho, y solo como un ejemplo entre muchísimos, esa mezcla ES Y FUNCIONA PARA ÉL, PARA EL PROPIO AMALIO REY. Y por supuesto, propondré tal demostración más adelante: específicamente, en la quinta entrega -próxima y final- de esta breve serie de trabajos.

Por hoy, solo presentaré un sólido marco conceptual que sustenta mi posición, y contribuirá a contextualizar esas brillantes ideas y propuestas que Amalio ha formulado -a las que arriba he aludido, y que revisaremos aquí el próximo viernes-, las cuales, a mi juicio, niegan de forma rotunda su posición crítica y descalificadora del branding personal que en estos cinco trabajos yo estoy confrontando. El conocimiento sobre cualquier campo del saber se construye estudiando, imaginando, proyectando, investigando, practicando, comprobando, analizando, validando, extendiendo, retroalimentando, rectificando, reformulando, replanteando, iterando, etc., etc…Y quienes se dedican a ello tienen TODA LA AUTORIDAD PARA LUEGO PROPONER AL MUNDO EL RESULTADO DE TALES PROCESOS, VALIDADO COMO UNA VERDAD CIENTÍFICA. Y otros muchos, que no hacen todo lo anterior por tanto tiempo ni a tan gran escala, pero aplican y validan en la práctica diaria de sus profesiones los conocimientos así construidos y validados por aquellos referentes, TIENEN TAMBIÉN LA AUTORIDAD Y EL DERECHO PARA DIFUNDIR, SUSTENTAR Y DEFENDER SU VALIDEZ, precisamente porque en su trabajo  SE DEDICAN A COMPROBAR EMPÍRICAMENTE QUE SÍ FUNCIONA, y ello también les acredita como referentes en la práctica del o los conceptos de que se trate; y en su caso, del enriquecimiento y hasta la renovación de los mismos. Por supuesto: siempre que tengan con qué hacerlo. Que tampoco se trata de “juegos de muchachos”, como dicen en mi Cuba bella.

En virtud de todo ello, quiero precisar que la mayor parte de las citas que a continuación propongo corresponden a autores y obras que constituyen verdaderas referencias mundiales en el campo; no a improvisados, ni a improvisadores, ni a “recién llegados”, ni a “pseudoexpertos”, ni a “vendedores de humo”, ni a “cámaras de eco”, ni a ningún otro apelativo que pudiera eventualmente demeritarlas o disminuirlas. Y en algunos otros casos, si bien no se trata de clásicos, ni de referentes de alcance e impacto global, sí de profesionales de excelencia o rumbo a ella, que están renovando el branding corporativo, de productos/servicios/ideas, y personal, desde las trincheras: a través de la investigación, la consultoría, la formación y la producción y difusión intelectual asociada a tales procesos.

Una sugerencia metodológica para ti, amigo lector. Analiza todo lo que viene a continuación desde una perspectiva interrogativa, basada en la siguiente pregunta:

¿ESTO QUE ESTOY LEYENDO SOLO FUNCIONA PARA MARCAS CORPORATIVAS, DE BIENES Y/O DE SERVICIOS, O RESULTA TAMBIÉN APLICABLE A LAS PERSONAS, ESPECIALMENTE EN ESTA NUEVA ÉPOCA?

Y te reitero que no se trata solo de definiciones, en sentido estricto. También incluyo diferentes ideas -aisladas o en secuencia- de varios autores: ideas que versan sobre el tema, lo enriquecen, lo contextualizan, y lo pueden ubicar temática, temporal y espacialmente para ti. Aquí te van unas y otras propuestas:

  • Definición de “marcar”, del Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (DRAE). Porque este debe ser el punto de partida, ¿no es así?: Actuar sobre alguien o algo imponiéndole carácter o dejándole huella moral”. Y por supuesto, el resultado obvio del acto de marcar, es una marca. ¿Verdad? Y también por supuesto, esa “acción sobre alguien” que define el DRAE puede ser ejercida por una persona, ¿verdad? Absolutamente nada en la definición lo niega; al contrario, su formulación lo afirma implícitamente. Y una vez más por supuesto: esa “huella moral” que dejaría una persona sobre otra, es una marca de índole personal, ¿verdad?

Entonces, yo pregunto: ¿hay alguna contradicción de índole estrictamente académica con el concepto “marca personal”?

  • Definición e ideas sobre Marca (Al Ries y Laura Ries, en Las 22 leyes inmutables de la marca. Mc Graw Hill, 2001): “…no ocurre nada hasta que alguien se vincula a una marca” (P. 5). “Una marca no es más que una palabra en la mente, aunque es un tipo especial de palabra. Un nombre de marca es un nombre; un nombre propio, y como tal, se suele escribir con mayúscula…De hecho, todos los nombres son marcas, pertenezcan o no a un individuo, empresa, o comunidad” (P. 5). “Cualquier nombre propio es una marca. Uno mismo es una marca. Y si se quiere tener éxito en la vida, hay que considerarse una marca y actuar en consecuencia” (P. 5, negritas mías). “¿Puede una marca de éxito atraer a todo el mundo? No. El propio concepto de singularidad hace que ninguna marca pueda tener un atractivo universal” (P. 10).

¿Acaso esta definición e ideas no son aplicables a las personas que prestamos servicios profesionales a título individual, generando y dejando en derredor nuestra marca personal en el proceso, o a quienes trabajamos en ambientes corporativos, contribuyendo a la generación, proyección y consolidación de la marca organizacional? ¿Qué puede negarlo? ¿Por qué sería cuestionable o criticable?

  • Definición e ideas sobre Marca (Kevin Lane Keller. Administración Estratégica de Marcas, Prentice Hall, 2008, P. 26): Marca es “…algo que en realidad crea una cierta cantidad de conciencia, reputación y prominencia, entre otras cosas, en el mercado”.

Y continúa (pág. 29): “Una marca es más que un producto, puesto que puede tener dimensiones que la diferencien de alguna forma de otros productos diseñados para satisfacer la misma necesidad. Estas diferencias pueden ser racionales y tangibles, en cuanto al desempeño del producto de marca; o simbólicas, emocionales e intangibles, relacionadas con lo que la marca representa.

Un observador de marketing lo plantea de la siguiente manera: “…lo que distingue una marca de su contraparte, una mercancía sin marca, y le da su valor, es la suma total de las percepciones de los clientes y los sentimientos relacionados con los atributos del producto, así como con la forma en que se desempeñan, el nombre de la marca y lo que simboliza, y con la compañía asociada a esta. Volviendo al ejemplo anterior, un producto con marca puede ser un bien físico como el cereal Corn Flakes de Kellogg’s, las raquetas de tenis Prince o los automóviles Taurus de Ford; un servicio como United Airlines, Bank of America o seguros Allstate; un establecimiento como la tienda departamental Bloomingdale’s, la tienda especializada Body Shop o el supermercado Safeway; una persona como Warren Buffett, Julia Roberts o David Beckham; un lugar como la ciudad de Londres, el estado de California o Australia; una organización como la Cruz Roja, American Automobile Association o los Rolling Stones; o una idea, como la responsabilidad corporativa, el libre comercio o la libertad de expresión”.

¿Acaso esta definición e ideas no son aplicables a las personas que prestamos servicios profesionales a título individual, generando y dejando en derredor nuestra marca personal en el proceso, o a quienes trabajamos en ambientes corporativos, contribuyendo a la generación, proyección y consolidación de la marca organizacional? ¿Qué puede negarlo? ¿Por qué sería cuestionable o criticable?

  • Definición de Marca (Kotler, P.: Dirección de Marketing Conceptos Esenciales, Primera Edición, de Kotler Philip, Prentice Hall, 2002, Pág. 188.): “…una marca es en esencia la promesa de una parte vendedora de proporcionar, de forma consistente a los compradores, un conjunto específico de características, beneficios y servicios”.

¿Acaso esta definición no es aplicable a las personas que prestamos servicios profesionales a título individual, generando y dejando en derredor nuestra marca personal en el proceso, o a quienes trabajamos en ambientes corporativos, contribuyendo a la generación, proyección y consolidación de la marca organizacional? ¿Qué puede negarlo? ¿Por qué sería cuestionable o criticable?

“Why prefer Coke over Pepsi or GE over Samsung or Ford over Chevy? In markets that aren’t natural monopolies or where there are clear, agreed-upon metrics, how do we decide? Yes, every brand has a story—that’s how it goes from being a logo and a name to a brand. The story includes expectations and history and promises and social cues and emotions. The story makes us say we “love Google” or “love Harley”… but what do we really love?

We love ourselves. We love the memory we have of how that brand made us feel once. We love that it reminds us of our mom, or growing up, or our first kiss. We support a charity or a soccer team or a perfume because it gives us a chance to love something about ourselves.

We can’t easily explain this, even to ourselves. We can’t easily acknowledge the narcissism and the nostalgia that drives so many of the apparently rational decisions we make every day. But that doesn’t mean that they’re not at work.

More than ever, we express ourselves with what we buy and how we use what we buy. Extensions of our personality, totems of ourselves, reminders of who we are or would like to be.

Great marketers don’t make stuff. They make meaning”.

UNA BREVÍSIMA NOTA INTERROGATIVA: Los profesionales que aportamos valor a través de nuestros servicios, ¿no cabemos acaso en la lógica de crear significado, más allá de crear “cosas”?

  • Otras ideas sobre Marca aplicables a la Marca Personal, y viceversa (Seth Godin, en La Vaca Púrpura):

“La razón por la que cuesta tanto seguir al líder es esta: el líder es el líder porque hizo algo extraordinario. Y esa cosa extraordinaria ya está hecha. Ya no tiene nada de extraordinaria cuando la hacen los demás” (P.23).

“…es más seguro arriesgarse, reforzar el deseo de hacer cosas realmente increíbles” (P.26).

“…debe invertir en la Vaca Púrpura: en productos, técnicas y servicios tan útiles, interesantes, novedosos y destacados que el mercado quiera escuchar lo que usted tiene que decir. Tiene que desarrollar productos, servicios y técnicas que el mercado esté buscando” (P.34).

“No puede obligar a la gente a que le escuche. Pero puede suponer quién es posible que esté escuchándole cuando habla y luego preparar la combinación adecuada de pes para abrumarlos con la oferta perfecta. Incluso aunque haya alguien escuchando, su oferta de «un poco más barato», «algo mejor» o «más fácil» es una pérdida de tiempo. Los transmisores influyentes, la gente con problemas por resolver, solo estarán abiertos a escuchar su historia cuando sea realmente extraordinaria. En cualquier otro caso, usted es invisible. La pregunta «¿Quién está escuchando?» no solo encamina hacia el éxito a productos individuales, sino a mercados enteros…Ante un mercado en el que nadie escucha, el plan más inteligente es dejarlo. El plan B es tener la visión y las agallas para perseguir a un grupo de Vacas Púrpura, para lanzar un producto, un servicio o una oferta promocional que de algún modo consiga que la gente (adecuada) escuche” (P. 36).

“En casi todos los mercados estudiados, la marca líder cuenta con una gran ventaja sobre las otras. Ya sean procesadores de texto, revistas de moda, sitios web o peluquerías, la mayor parte de los beneficios van a la marca ganadora. Generalmente, las marcas pequeñas no pueden competir. Es cierto que hay muchos consumidores ahí afuera, pero son gente muy ocupada a la que le resulta más fácil irse con el ganador. Desde luego, esto solo es verdad hasta que el «ganador» deja de ser interesante; entonces, ya sean coches, cerveza o revistas, emerge un nuevo líder” (P.38).

“El problema de la vaca es, de hecho, el problema del miedo. Si ser una Vaca Púrpura es una táctica tan fácil y efectiva para abrirse paso entre el desorden, ¿por qué no la utiliza todo el mundo? ¿Por qué es tan difícil ser Púrpura? A algunas personas les gustaría hacerle creer que hay muy pocas buenas ideas o que su producto, su industria o su empresa no pueden respaldar una buena idea. Evidentemente eso no tiene sentido. La Vaca es tan inusual porque la gente tiene miedo. Si usted es extraordinario, probablemente no caerá bien a algunas personas. Forma parte de la definición de extraordinario. Nadie recibe el elogio unánime, nunca. Lo mejor que puede esperar una persona tímida es pasar desapercibida. Las críticas se dirigen a aquellos que destacan. ¿Dónde aprendió a fracasar? Si es usted como la mayoría de occidentales, lo aprendió en primer curso. Entonces descubrió que era más seguro encajar, pintar dentro de las líneas, no preguntar demasiado en clase y hacer caber sus deberes en la cartulina asignada para ellos. Dirigimos nuestras escuelas como fábricas: colocamos a los niños en filas, los ponemos por lotes (llamados cursos) y nos esforzamos en asegurarnos de que no salen piezas defectuosas. No dejamos que nadie destaque, se quede atrás, vaya adelantado o arme jaleo. Ir a lo seguro, jugar según las reglas, parece ser el mejor modo de evitar el fracaso. Y en la escuela, es posible que sea cierto. Pero estas reglas se convierten en un patrón para la mayoría de la gente (¿quizá su jefe?) y este patrón es muy peligroso. Porque éstas son las reglas que, al final, llevan al fracaso. En un mercado atestado donde encajar es fracasar, no destacar es lo mismo que ser invisible” (P.40).

“La buena noticia es que la sabiduría predominante facilita su trabajo. Como casi todos los demás se quedan paralizados ante la Vaca, usted puede ser extraordinario con menos esfuerzo. Puesto que los nuevos productos de éxito son los que destacan y a la gente no le gusta destacar, esta es su oportunidad. Así que parece que nos enfrentamos a dos elecciones: ser invisibles, anónimos, no recibir críticas y estar seguros, o correr el riesgo de la grandeza, ser únicos y ser la Vaca” (P.40).

La gente que evita hacer una carrera extraordinaria jamás llegará a ser líder. Deciden trabajar para una gran empresa y funcionar de forma intencionada como un zángano anónimo, quedándose atrás para evitar el riesgo y las críticas. Si cometen un error y eligen al pájaro equivocado para seguirlo, pierden. Cuando una gran compañía despide a diez mil empleados, es posible que la mayoría de ellos no lo merezcan. Se limitaban a obedecer, a no salirse de sus obligaciones y a seguir las instrucciones. Pero eligieron el pájaro equivocado. Aunque uno encuentre una bandada que parezca segura, en este mundo turbulento cada vez cuesta más mantener la formación, y no es raro que nos encontremos con frecuencia buscando a toda prisa una nueva bandada. Por ese motivo es aún más importante la capacidad de liderazgo, porque cuando su bandada se pierde en el horizonte, quizás no haya otra cerca. Esto no solo se aplica a las carreras individuales; las empresas tienen el mismo problema. Siguen a un líder industrial que se tambalea o lanzan miles de imitaciones de su primer producto rompedor, sin darse cuenta de que el mercado se agota” (P.43).

“Se trata de una paradoja interesante. En un mundo que se vuelve más turbulento, la gente cada vez busca más seguridad; quiere eliminar tantos riesgos como sea posible de sus negocios y sus profesiones. La mayoría de la gente cree equivocadamente que la mejor forma de hacer esto es jugar a lo seguro, esconderse. Cada vez menos personas trabajan para crear una Vaca Púrpura. Pero al mismo tiempo, el mercado es cada vez más rápido y fluido. Estamos demasiado ocupados para prestar atención, pero una buena parte de la población está más inquieta que nunca. Mucha gente está dispuesta a cambiar su conexión a Internet, su línea aérea, su gestoría, lo que sea necesario para conseguir ponerse al día. Si el cajero del banco no le cae bien, hay otra entidad bancaria al otro lado de la calle. Mientras menos personas tratan de convertirse en la Vaca, las recompensas por ser extraordinario aumentan. La clave es la capacidad de una pequeña porción de experimentadores ansiosos para influir en el resto de la gente. A medida que la habilidad para ser extraordinario sigue demostrando su enorme valor en el mercado, las recompensas que proporciona la Vaca Púrpura aumentan” (P.52).

“¿Le gusta a todo el mundo? De ninguna manera. Es parte de lo que lo hace extraordinario. Si gustara a todo el mundo, sería aburrido” (P.77).

  • Definiciones e ideas acerca de “las marcas que amamos” -plenamente aplicables a la marca personal-, propuestas por Kevin Roberts (célebre autor de Lovemarks).

“…las marcas son una cuestión de emociones y personalidad” (P.14).

“¿Que vendrá después de las marcas?” (P.21).

“…lo más difícil de medir: los intangibles de las relaciones, las marcas…el poder de las personas” (P.24).

“Dejar de perseguir cada moda pasajera, y de forma constante, concentrarnos en crear conexiones emocionales con los consumidores” (P.36).

“Cuando te comportas como un producto genérico, tus consumidores te tratan como tal…y entras en el viejo círculo vicioso. Olvídate de que te amen: hasta lograr un poco de respeto en la calle es duro” (P.41).

“…la mayoría de la población consume y compra con la cabeza y el corazón, o si lo prefieren, con emociones. Buscan con una base racional: ¿qué hace el producto y por qué es la mejor elección? Pero su decisión es emocional: me gusta, lo prefiero, me produce una buena sensación” (P.42).

“Antes de comprender, sentimos. Y es esencial hacer que las personas se sientan bien con las marcas y que estas despierten sensaciones positivas. Es lo que marca la diferencia” (P.42).

“La diferencia esencial entre emoción y razón es que la emoción nos lleva a la acción, mientras que la razón nos lleva a elaborar conclusiones” -cita del neurólogo Donald Calne- (P.43).

“Las cosas con las que hemos decidido convivir no son objetos inertes. Las envolvemos con nuestra imaginación. Nos expresamos a través de ellas. las convertimos en parte de lo que nos importa” (P.50).

“…el amor no se puede imponer o exigir, solo se da. Al igual que el poder, se consigue amor al darlo” (P.52).

“Dice la mitología popular que las marcas se están haciendo con el control de nuestras vidas. Y que eso, además, es algo horrible. Pero puede que sea justo al revés: que nuestras vidas se estén haciendo con el control de las marcas” (P.57).

“Las lovemarks de este nuevo siglo serán las marcas y empresas que logren crear unos lazos genuinamente afectivos con las comunidades y redes sociales en las que se desenvuelven. Esto significa acercarse a la gente hasta lograr tener una relación personal. Y nadie nos va a permitir acercarnos hasta ese punto si primero no respeta lo que hacemos y somos” (P.60).

“El amor necesita respeto desde el primer momento: sin él, no será duradero. Respeto es el equipaje que se necesita para un largo recorrido. El respeto es uno de los principios fundamentales de las lovemarks” (P.60).

“¿Cómo podíamos inspirar a las marcas para que alcanzaran el siguiente nivel? Las recetas tradicionales como cambiar la organización, acometer reestructuraciones y usar una logística más eficaz no lo iban a lograr. Tenía que ser algo nuevo, algo que consiguiera crear lealtad más allá de la razón…Y la primera palabra que me vino a la cabeza fue confianza…Pero…la confianza no era suficiente por sí sola para lograr dar el gran salto adelante.  Me refiero a que el hecho de que confíes en alguien plenamente no hace que te unas a él o ella de por vida. Y no no quería saber nada de un tipo de relación que no fuera de las que duran toda la vida” (P.66).

“Las lovemarks, las marcas que amo, van un paso más allá de las marcas en las que confío. Piensa en cómo ganas más dinero. Lo ganas con tus consumidores más fieles, los que consumen con más frecuencia, los que optan siempre por tu producto. Ahí está el dinero. Así que tener una relación de amor duradera es mucho mejor que tener una relación de confianza” (P.68).

“Los diseñadores, los fabricantes, las empresas de servicio, las ciudades y los países también pueden convertirse en lovemarks. Allí donde hay un cliente enamorado, hay una lovemark” (P.71).

“…solo se alcanza el nivel de lovemark cuando las personas que las aman expresan ese amor…El amor es acción. Es crear relaciones significativas. Es mantenerse en contacto permanente con tus consumidores, trabajar con ellos, entenderlos, dedicarles tiempo. Y eso es lo que hacen todo el tiempo los buenos profesionales de mercadotecnia, los diseñadores con intuición y los profesionales inteligentes, estén en una caja registradora o en una línea de montaje”(P.74).

“El misterio libera las emociones. El misterio enriquece los matices de las emociones y las experiencias. Está presente en las historias, las metáforas y los personajes icónicos que hacen que  una relación sea rica. El misterio es una de las claves para crear lealtad más allá de la razón” (P.86).

“Las lovemarks saben que las personas que las aman son apasionadas, emocionales y a menudo seres humanos irracionales. Saben que no son ni estadísticas ni frases destacadas de las conclusiones de una de esas absurdas reuniones de grupo.

Lo importante es escuchar. No me refiero a mantener la boca cerrada ante cada una de nuestras brillantes intervenciones, me refiero a escuchar de verdad.

Despertar los sueños es una poderosa manera de mostrarle a las personas que entendemos sus deseos y que podemos hacerlos realidad“(P.93).

¿Acaso esta serie de ideas fundacionales  para un nuevo modelo de branding y una nueva definición y posicionamiento social de las marcas -a un nivel muy superior al tradicionalmente asumido-, no es plenamente aplicable a las personas que prestamos servicios profesionales a título individual, generando y dejando en derredor nuestra marca personal en el proceso, o a quienes trabajamos en ambientes corporativos, contribuyendo a la generación, proyección y consolidación de la marca organizacional? ¿Qué puede negarlo? ¿Por qué sería cuestionable o criticable?

¿Acaso esta definición no es aplicable a las personas que prestamos servicios profesionales a título individual, generando y dejando en derredor nuestra marca personal en el proceso, o a quienes trabajamos en ambientes corporativos, contribuyendo a la generación, proyección y consolidación de la marca organizacional? ¿Qué puede negarlo? ¿Por qué sería cuestionable o criticable?

  • Definición e ideas sobre Marca (Paul Capriotti. Disponible en http://www.bidireccional.net/Blog/Introduccion.pdf): “…Una marca es, en cierto modo, un contrato de sentido entre un emisor-organización y unos destinatarios-públicos, en el cual hay una parte que elabora y propone un sentido de la marca (el emisor-organización) y otra parte que interpreta y otorga un sentido a la marca (los destinatarios-públicos). Así, el emisor-organización construye para la marca un perfil de identidad, o sea, una propuesta de sentido para que sea interpretada por los destinatarios-públicos. Es la personalidad de la marca. Por Identidad de Marca entendemos el conjunto de atributos o características con los que la marca se autoidentifica y autodiferencia de las demás. Las organizaciones desarrollan estrategias de Identidad de Marca, que les permitan establecer los parámetros básicos de actuación y comunicación de la marca. Pero, por otro parte, los destinatarios-públicos también construyen su propio perfil de la marca, otorgando sentido a las mismas, a partir de la interpretación de todas las acciones y comunicaciones de la marca, pero también de las de otras marcas y del entorno general. Esta construcción de sentido por parte de los destinatarios-públicos es la imagen que ellos tienen de la marca. Por Imagen de Marca entendemos la estructura mental (u opinión) sobre una marca que tienen sus públicos, integrada por el conjunto de atributos que los públicos utilizan para definir e identificar a esa marca de las demás. La imagen podrá influir decisivamente en la valoración y en el comportamiento de los públicos hacia las marcas”.

¿Acaso esta definición e ideas no son aplicables a las personas que prestamos servicios profesionales a título individual, generando y dejando en derredor nuestra marca personal en el proceso, o a quienes trabajamos en ambientes corporativos, contribuyendo a la generación, proyección y consolidación de la marca organizacional? ¿Qué puede negarlo? ¿Por qué sería cuestionable o criticable?

  • Definición de Marca (Iván Díaz, CEO de Branzai; el texto de origen se encuentra disponible en http://www.branzai.com/2019/05/como-importarle-alguien.html?m=1): “Como en la vida real, para importar a alguien tienen que darse dos simples premisas: 1. Entender las cosas que a esa persona más le preocupan, inquietan, desea o persigue. 2. Formar parte de la solución a esas preocupaciones, inquietudes, deseos o sueños”. “…en un mundo en el que todos luchan por captar la atención de quienes estamos ahí fuera, debería empezar a pensar cómo esa atención puede convertirse en sentimiento.” “…una Marca es la capacidad de importarle a alguien”. Otras ideas de la misma fuente, disponibles en http://www.branzai.com/2019/10/quien-eres-marca-activa-y-pasiva.html?m=1: “Al final todo se reduce a la creación de interacciones que construyen un significado para nosotros, que muchos llaman Experiencia de Marca. La suma de todo lo que hacemos y no hacemos, al salir por la puerta y pisar la calle en la que transitan todas nuestras audiencias”.

¿Acaso esta definición no es aplicable a las personas que prestamos servicios profesionales a título individual, generando y dejando en derredor nuestra marca personal en el proceso, o a quienes trabajamos en ambientes corporativos, contribuyendo a la generación, proyección y consolidación de la marca organizacional? ¿Qué puede negarlo? ¿Por qué sería cuestionable o criticable?

  • Definición de Marca (Cepeda-Palacio, Samuel David. Disponible en https://www.redalyc.org/pdf/2654/265433711009.pdf): “…cuando se menciona una marca se está representando un concepto mucho mayor…actualmente estas pueden representar una empresa, un producto o un servicio, una emoción, un individuo o un accionar”.

¿Acaso esta definición no es aplicable a las personas que prestamos servicios profesionales a título individual, generando y dejando en derredor nuestra marca personal en el proceso, o a quienes trabajamos en ambientes corporativos, contribuyendo a la generación, proyección y consolidación de la marca organizacional? ¿Qué puede negarlo? ¿Por qué sería cuestionable o criticable?

Definiciones de Marca Personal

  • Definición de Marca Personal (Tom Peters, 50 claves para hacer de usted una marca. 2001): “Deje de ser un empleado y conviértase en una marca que transmita distinción, compromiso y pasión”.

¿Acaso esta formulación/propuesta no nació precisamente dedicada a quienes trabajamos en ambientes corporativos, contribuyendo a la generación, proyección y consolidación de la marca organizacional, y no resulta igualmente aplicable a las personas que prestamos servicios profesionales a título individual, generando y dejando en derredor nuestra marca personal en el proceso? ¿Qué puede negarla? ¿Por qué sería cuestionable o criticable?

  • Definiciones e ideas sobre Marca Personal (Tom Peters, The brand called You. 1997): “Sin importar la edad, independientemente de la posición, independientemente de la empresa en que nos encontremos, todos necesitamos comprender la importancia de la marca. Somos los CEO’s de nuestra propia empresa: YO, S.A. Hoy en día, para estar en el mercado, nuestro trabajo más importante es ser el director comercial de la marca llamada TÚ.

Es así de simple –y difícil-. Y además es ineludible”.

“…la principal oportunidad está en convertirse en un profesional libre en una economía de profesionales libres y autónomos, que busca conseguir los mejores resultados en su sector, que busca realizar su mejor trabajo, y establecer su propia marca”.

“La buena noticia –y es en gran medida una buena noticia– es que todo el mundo tiene la oportunidad de destacar. Todo el mundo tiene la oportunidad de aprender, mejorar y desarrollar sus posibilidades. Todo el mundo tiene la oportunidad de ser una marca que vale la pena ser destacada”.

¿Acaso estas definiciones e ideas no son exactamente aplicables a las personas que prestamos servicios profesionales a título individual, generando y dejando en derredor nuestra marca personal en el proceso, o a quienes trabajamos en ambientes corporativos, contribuyendo a la generación, proyección y consolidación de la marca organizacional? ¿Qué puede negarlo? ¿Por qué sería cuestionable o criticable?

Una pregunta de alcance general:

¿Cuál de estas definiciones y/o secuencias y/o asociaciones de ideas, excluye per se a las personas como posibles marcas o encarnaciones de ellas? ¿Cuál de ellas define y/o genera y/o constituye y/o proyecta alguna contradicción insalvable entre el carácter de la marca como intangible derivado de una interacción entre dos partes, de las cuales al menos una es necesariamente humana -dicho sea de forma muyyyyy básica, por supuesto-, y nuestra condición de personas que nos aportamos mutuamente valor en nuestras interacciones, o al menos, tenemos el potencial para hacerlo, así como el de generar en nuestro entorno humano las emociones que nos convierten, para esos seres humanos y ante ellos, en genuinas marcas personales?

Como lo afirma Guillem en Wikipedia -sí, amigo lector: si no lo sabías, el autor de la impresionante transformación positiva de la definición de marca personal en Wikipedia es el Maestro Guillem Recolons-: “Igual que los activos inmateriales de las organizaciones empresariales, la marca personal es un activo inmaterial que incluye, pero no se limita, a la apariencia externa y la impresión que se causa y permanece. También incluye la manera en que la persona se diferencia de los demás. Igual que con las marcas comerciales, la marca personal persigue que la impresión causada sea duradera y sugiera el beneficio de la relación entre el titular de la marca y el observador”.

Muy claro, ¿verdad?

Veamos brevemente algunas definiciones actuales del concepto marca personal, y contrastemos de modo general sus esencias e implicaciones con las que dimanan del marco conceptual visto aquí arriba, relativo a la marca. Las he citado en mi trabajo de 2019 La marca personal y su posicionamiento:

  • “…la suma de percepciones asociadas a una persona sobre sus valores, personalidad y capacidades en una determinada área intelectual o profesional” (Celestino Martínez), o
  • “…identidad percibida…lo que los demás piensan y especialmente sienten sobre lo que decimos y hacemos (o no). Inspirada en nuestros valores y proyectada en nuestros canales de influencia” (Joan Clotet), o
  • …el efecto que generas al proyectar en el trabajo tus valores, conocimientos, actitud y expectativas” (Pablo Adán Micó), o
  • “un concepto de esencia intangible, tangibilizado en la práctica mediante tus contribuciones y asociado a tu impacto social, que define y describe aquello en lo que tú te has convertido a los ojos de tus públicos” (Estrada, 2019; creo que este soy yo), o
  • “…la huella que dejamos en las personas con los que hemos mantenido una relación profesional y que nos permite ser conocidos y reconocidos por nuestra aportación de valor, memorables, grabados en la memoria de nuestro público por lo que hemos hecho y por lo que se espera que hagamos en el futuro para ser los elegidos cuando nos necesiten” (Jordi Collell), o
  • “…el impacto que deja lo que haces en los que te rodean debido a tu excepcionalidad como persona (y que permite que alguien te pueda recordar o reconocer)” –Patricia Vázquez Paz-, o
  • “…el artefacto intangible que nos permite ser, estar y permanecer de alguna forma en la mente de otras personas. Es la huella inevitable que dejamos en ellas” (Estrada, 2019; un servidor, por cierto), o
  • “…lo que transmites a los demás, la huella que dejas en ellos y en todo lo que haces” (Esther Turón), o
  • “…el resultado de una estrategia de carrera diseñada en base a quién se es, quién se quiere ser, cuánto se quiere hacer, a quién va a contribuir y qué necesita para hacerlo real” (Arancha Ruiz), o
  • “…la imagen mental que se genera en otra persona al observar nuestra conducta de forma reiterada, a partir de nuestra interacción con los demás. Esta imagen provoca un recuerdo emocional que se asocia a la persona que somos” (Almudena Lobato), o
  • “La autenticidad entre lo que sientes, eres y haces, eso es tu marca personal, la que deja huella en el corazón del otro” (Carmen Soler), o
  • “…una consecuencia social de lo que somos, hacemos y logramos en la vida. Por tanto, NO SIEMPRE NI NECESARIAMENTE ES POSITIVA, y hacemos #PersonalBranding para ser y dejar nuestra mejor marca en los demás” (Estrada, 2019, siempre a tus órdenes) , o
  • “…el resultado de la proyección de lo que sabes, lo que haces y lo que sientes en los demás, que genera una determinada percepción sobre ti e inclina las interacciones contigo en un sentido u otro“ (David Barreda Carrillo), o
  • “…la huella que vamos dejando a nuestro paso, con la cual impactamos a las personas que nos rodean, por el modo en que somos y actuamos, y por lo que hacemos y logramos de una manera única. Esta marca se gestiona, por lo que podemos decidir cómo queremos ser sentidos, percibidos y recordados; así como la forma de diferenciarnos para ofrecer una propuesta de valor sólida, cuya materialización nos permita lograr nuestros objetivos” (Ylse Roa), o
  • “…‘Dejar Huella’, que me remite a tocar con nuestros hechos, con nuestras palabras, con nuestras miradas, el alma del otro, conseguir que nos recuerde y que al hacerlo se le escape la dulce sonrisa de la complicidad que se consigue al compartir” (Laura Rosillo), o
  • “…una determinada impronta de cualquier índole, sentido y magnitud, que tú dejas en los demás al interactuar con ellos de forma directa o indirecta, sincrónica o asincrónica, cara a cara o a través de tu obra” (Estrada, 2019 -vaya, este también soy yo; parece que últimamente hablo mucho sobre esto-), o
  • “…cómo te perciben los demás teniendo en cuenta qué te define y diferencia, lo que sabes hacer, en qué eres bueno y cuáles son tus cualidades y valores” (Eva Añón), o
  • “lo que dicen de ti cuando no estás presente” (Jeff Bezos), o finalmente
  • “…no es algo que tienes, es algo que dejas” (Andrés Pérez Ortega)”.

¿Está o no presente en todas estas definiciones, amigo lector, la noción de impacto sobre los demás -inclusive, impacto motivador y movilizador a la acción, en varias de ellas-, a partir de las características, los comportamientos y los resultados propios de la persona que es y deja en su entorno tal marca personal? ¿Y es esa, o no, la esencia general que deriva de las definiciones de marca citadas más arriba, determinada por el vínculo entre algo o alguien que marca y alguien que resulta marcado?

Y como cierre de esta parte, te propongo algunas frases del gurú Seth Godin, que he tomado de la magnífica recopilación efectuada por el gran profesional Oliver Araújo en su excelente blog https://www.exitoysuperacionpersonal.com/. Todas ellas hablan de marca y de marca personal, definen y describen modos a través de los cuales una persona puede convertirse en la marca personal que desee y le convenga ser; y es simplemente delicioso apreciar cómo ambas nociones, marca y personas, se entremezclan e integran en una sola, bajo la genial visión de este MAESTRO DE TODOS llamado Seth Godin (las negritas que aparecen son mías):

  • “Creo que lo más productivo que hay que hacer en tiempos de cambio es ser tu mejor yo, no la mejor versión de otra persona.”
  • “En un mercado abarrotado, encajar es un error. En un mercado ocupado, no sobresalir es lo mismo que ser invisible.”
  • “El secreto del liderazgo es simple: haz lo que crees. Pinta una imagen del futuro. Ve allí. La gente te seguirá.”
  • Cava tu pozo antes de que tengas sed.”
  • El peor momento para ir a buscar trabajo es justo cuando necesitas uno.”
  • Tienes todo lo que necesitas para construir algo mucho más grande que tú mismo.”
  • “Cuando incrementas tu criterio, maximizas tu consciencia de las opciones disponibles y, entonces, sales adelante y realizas trabajos que asustan a los demás. Eso es llegar al éxito.”
  • No aceptes la tiranía de ser elegido o no. Elígete tú mismo.”
  • “Todo lo que falta es que des el paso al frente, que te dejes llevar por tu pasión y te atrevas a hacer tu visión realidad.”
  • “Imagina un mundo sin intermediarios, sin editores, sin jefes, sin responsables de recursos humanos, sin nadie que te diga lo que no puedes hacer. Si vivieras en ese mundo, ¿Qué harías? Adelante. Hazlo.”
  • Encuentre cosas que no se hagan en su industria y hágalas.”
  • El coraje es la voluntad de decir la verdad sobre lo que ves y ser dueño de lo que dices.”
  • “La fe en ti mismo, en tus amigos, en tus colegas y sobre todo, la fe en tu capacidad para impactar nuestro futuro es la mejor estrategia que conozco.”
  • “No encuentres clientes para tus productos, busca productos para tus clientes.”
  • “Lo mejor que puede esperar el tímido es pasar desapercibido. La crítica viene a aquellos que se destacan.”
  • El problema con la competencia es que te quita el requisito de establecer tu propio camino, inventar tu propio método, encontrar una nueva manera.”
  • Convierte a los extraños en tus amigos. Convierte a los amigos en clientes. Convierte a los clientes en vendedores.”
  • “No necesitas tener un cargo, ser poderoso, o ser influyente para liderar. Solo tienes que estar conectado y comprometido.“
  • “Una tribu es un grupo de personas conectadas entre sí. Este grupo está conectado a un líder y a una idea que consigue inspirar pasión a todos sus miembros.”
  • ¿Cómo te atreves a conformarte con menos cuando el mundo te ha hecho tan fácil ser notable?
  • La incomodidad trae participación y cambio. La incomodidad significa que estás haciendo algo que los demás probablemente no harían, porque se están escondiendo en su zona de confort. Cuando tus acciones incómodas te llevan al éxito, la organización te recompensa y te trae de vuelta por más.”
  • “Si decides que es importante dejar de obedecer y comenzar a crear, lo primero que debes hacer es desafiar tu marco de pensamiento, la visión del mundo que le transmites a tu trabajo.”
  • El valor que proporcionamos es directamente proporcional a la cantidad de información útil que producimos, a la confianza que nos ganamos y a la frecuencia con la que innovamos.”
  • “Las personas no creen lo que les dices. Raramente creen lo que les muestras. A menudo creen lo que les dicen sus amigos. Siempre creen lo que se dicen a sí mismos. Lo que hacen los líderes: explican historias a las personas que puedan contarse a sí mismas. Historias sobre el futuro y el cambio.”
  • Es mucho más peligroso volar demasiado bajo que demasiado alto, porque crees que es más seguro volar bajo. Nos conformamos con expectativas modestas y sueños insignificantes, y nos comprometemos menos de lo que somos capaces.”

Contundente, ¿verdad? Este colega nos ha regalado una muestra excelente de un excelente contenido, generado por un excelente autor, y en ella, como en las anteriormente propuestas más arriba,  queda claro lo siguiente: las nociones marca, personas, y el fruto de su integración sistémica, la marca personal, no son en absoluto incompatibles, mucho menos contradictorias, y en modo alguno resultan antagónicas. Es más: puede afirmarse sin lugar a duda alguna que la marca personal es sencillamente un tipo muy especial de marca definitoria del impacto de un ser humano sobre otros seres humanos; y por tanto, en virtud de ello y de muchísimos factores que así lo sustentan, puede afirmarse que las personas sí somos marcas.

Y sí, amigo lector, dije SISTÉMICA: porque en mi opinión, la marca personal, como resultado humano de necesaria e ineludible índole social, no es otra cosa que LA SINERGIA resultante de la combinación entre lo que una persona es, lo que hace, lo que logra, la forma en que impacta a quienes le rodean gracias a la integración de las tres dimensiones anteriores, y eventualmente, el modo en que consigue trascender su esencia/tiempo/espacio, gracias a todo ello (para ampliar un poco al respecto, sugiero humildemente revisar la respuesta que di a la octava pregunta que me hizo el Maestro Jordi Collell en nuestra reciente entrevista bidireccional transoceánica, la cual reza: ¿Afirmarías que la marca personal es trascendente?”). Por eso, entre otras razones, la marca personal no siempre ni necesariamente es positiva; por eso, entre otras razones, las personas somos marcas aunque no lo sepamos, ni queramos, ni deseemos asumirnos como tales, ni la gestionemos y/o nos gestionemos como tales; y por eso, entre otras cosas, la marca personal siempre ha existido como fruto de la interacción entre seres humanos, aunque el concepto que la define haya nacido hace apenas 22 años, y el de marca, “algunos más”, jejeje.

Y para cerrar el punto, nada mejor que otra joya del gran Seth, esta procedente de La Vaca Púrpura (P.82). Cualquier semejanza o cercanía a las ideas y estrategias que nos propone el branding personal, NO ES PURA COINCIDENCIA. ¡Para nada!

“Hasta ahora, hemos hablado de lo que deberían hacer las empresas. Pero ¿y usted? ¿Puede aplicar estas ideas a su búsqueda de empleo? Probablemente, la última vez que cambió de trabajo, utilizó un currículum. Siguiendo la sabiduría convencional, lo debió de enviar a centenares o miles de empresas. Lo mandaría por correo ordinario o por correo electrónico en un esfuerzo por abrirse camino en la red hacia un nuevo empleo. Todo este esfuerzo no es más que publicidad, distinta a comprar anuncios en televisión, pero a su vez muy parecida. Después de todo, su currículum acabará en el despacho de alguien que no tiene ningún interés por usted ni por lo que hace. Lo que es peor, es probable que esta estrategia no provoque ningún boca-oreja.

Hay otra forma de hacerlo. Ya la habrá adivinado: ser excepcional.

La gente extraordinaria con carreras extraordinarias cambia de trabajo con menos dificultad. Estas personas a menudo ni siquiera tienen un currículum. En lugar de eso, confían en transmisores que están dispuestos a recomendarlos cuando hay una vacante. A la gente extraordinaria, normalmente la reclutan en puestos de trabajo que les encantan para ocupar puestos de trabajo que todavía les gustan más. El secreto no reside en la técnica de buscar trabajo, sino que se halla relacionado con lo que esas personas hacen cuando no están buscando trabajo. Estas Vacas Púrpuras llevan a cabo un trabajo destacado en proyectos de alto nivel, asumen riesgos y no es raro que fracasen estrepitosamente. Pero estos fracasos no les suelen llevar a un callejón sin salida, no son realmente riesgos, después de todo. Al contrario, solo aumentan las oportunidades para que estas personas busquen un proyecto todavía mejor la próxima vez. Si está pensando en convertirse en una Vaca Púrpura, el momento de hacerlo es cuando no está buscando trabajo. En su profesión, incluso más que para una marca, la seguridad es el mayor riesgo”.

¿Alguna duda, por favor?

En mi trabajo Mito # 4: la marca personal es creable, hago brevísimos análisis de un grupo de grandes marcas comerciales (Iphone, Cirque du Soleil, Harvard),y otro de grandes marcas personales que están sólidamente posicionadas en los ámbitos profesionales en los cuales trabajo y/o relacionados con ellos (Andrés Pérez Ortega, Guillem Recolons, Jordi Collell, Pablo Adán Micó, Eva Collado Durán, Antonio Cambronero, Vilma Núñez, Miguel Florido), dejando claro que los atributos que adornan a unas y otras, los cuales definen su enorme impacto y la preferencia de sus diversos públicos, son equivalentes.

Dichas marcas

“…han sido cultivadas, gestionadas, desarrolladas, posicionadas, y se han ganado el favor de sus públicos a lo largo del tiempo que tienen marcando, con base en una propuesta de valor basada en su contribución real al usuario satisfaciendo con creces sus necesidades (cualesquiera que estas sean, siempre que resulten compatibles con la especialidad y/o las posibilidades de acción/impacto de la marca -¡salve, Maslow!-), en el prestigio ganado con la obsesión por el servicio y por la calidad, en unos resultados concretos y tangibles que se sostienen y crecen en el tiempo, y en una estrategia de diferenciación/exclusividad consecuente y permanente. Y el resultado de ello es que, cuando pensamos en la mejor opción en cualquiera de los temas relacionados con estas marcas, son ellas las que acuden a nuestra mente en primer lugar, o entre los primeros. Eso se llama posicionamiento favorable de una marca, y se consigue gestionando estratégicamente la marca con base en desempeño, calidad y resultados; no solo creando artificios mercadotécnicos que la simbolicen, comuniquen y vendan”.

Porque como muy claramente lo afirma en sentido positivo el Maestro Xavi Roca, “marca personal es prestigio”. Y yo agrego siempre, tanto para las marcas personales como las corporativas, que el prestigio -o en su caso, el desprestigio- no se crea: es un resultado. Y ese resultado, en uno u otro sentido, ES UNA MARCA PERSONAL.

Está claro, ¿verdad?

Y para finalizar este punto, quiero regresar a una afirmación original de Amalio: “Mezclar «marca» con «personas» es desafortunado, de base, porque las palabras no son inocentes”.

Eso de que “las palabras no son inocentes”, es muy cierto, afirmo yo. Y agrego ahora que TAMPOCO SON CULPABLES. La inocencia o culpabilidad de las palabras deriva y depende (al menos) de quién las usa, en qué contexto, momento y situación lo hace, cómo y cuán frecuentemente las propone, y cuáles objetivos pretende cumplir al utilizarlas.

En el tema que nos ocupa, y considerando todo lo ya visto –de taaaaaaaantos prestigiosos autores-, yo considero que las palabras “marca personal” son absolutamente INOCENTES de los “delitos” de manipulación, distorsión, sesgo, desinformación y cosificación de humanos -y de otros similares, parecidos o equivalentes- de los cuales explícita o implícitamente se las ha “acusado” (y de ser necesario, argumentaré ampliamente en su defensa ante estas y otras posibles acusaciones que puedan surgir en adelante). Y las declaro total e irremisiblemente CULPABLES de los “crímenes” calificados como “necesidad y búsqueda del autoconocimiento”, “estimulación al desarrollo individual”, “promoción de las mejores virtudes humanas”, “motivación al logro”, “promoción de la competencia sana y éticamente responsable”, “empuje de los procesos de profesionalización progresiva”, “impulso a las aportaciones de valor de utilidad social”, “búsqueda de un posicionamiento positivo ante el mercado y la sociedad”, “motorización del ejercicio del liderazgo genuino y efectivo”…entre otros varios. Todos ellos, aún “en grado de tentativa” y/o “en progreso” (así hablan los juristas sobre esto, creo yo) debido a la todavía muy insuficiente masificación de la comisión de dichos “delitos”; pero albergo la esperanza de que nuestras sociedades sigan siendo paulatina y literalmente invadidas por tan “criminal” tendencia inherente a nuestra nueva época y a nuestro nuevo mundo: una época y un mundo de marca personal. ¡Y propongo que sigamos trabajando fuerte, y muy profesionalmente, para que ello ocurra!

  1. Dice Amalio: “Si hablamos de marca, lo más saludable sería que hablemos estrictamente de «marca profesional», y no «personal»”.

Mi comentario: ¿Por qué razón debería ser así? ¿Y qué condición o efecto define tal curso de acción como “más saludable” y su opuesto -obviamente- como “menos saludable”? ¿Dónde está escrito que un profesional no es una persona, y/o que en su actividad profesional no emergen aspectos de su ser y actuar como persona, todo lo cual define muchísimo del modo en que marca a quienes le rodean -o sea, deja una huella moral en ellos/as, según el Diccionario de la RAE-? ¿Y en cuál texto científicamente creíble se define y describe de forma plausible y pertinente una manera seria y viable de separar lo profesional de lo personal, de modo tal que ambas dimensiones queden clara y explícitamente delimitadas entre ellas y no haya posibilidad de “mezclarlas”? ¿Cómo puede ejercerse una profesión, cualquiera que sea, al margen de todo lo que define y caracteriza a la persona que la ejerce?

Y por otra parte, me parece que este argumento tampoco argumenta como aspira a hacerlo. ¿Qué bases conceptuales sustentan esa posición del autor, que tal cual está formulada, solo nos presenta una opinión, mas no una definición, ni una sustentación de lo planteado?

La así propuesta “marca profesional”, o sea, la huella que dejamos en otros gracias a nuestros desempeños profesionales, está y estará siempre inevitablemente definida y signada por la persona que cada uno de nosotros, ES. Resulta imposible que seamos profesionales sin antes ser personas. Y entre ambas nociones, la segunda subsume amplia e inequívocamente a la primera; por ende, si un apellido ha de funcionar para esta marca, es el de personal. Aquí se trata de una huella que una persona deja sobre otras personas, gracias a su accionar profesional, en el cual se refleja de forma inevitable la persona que él o ella es. Por eso se llama MARCA PERSONAL.

  1. Dice Amalio: “La parte «para afuera», de «visibilidad», se acaba comiendo la parte «para adentro», de «identidad», y eso es porque la construcción del término, el propio hecho de hablar de «marca» y de la «huella que dejamos en los demás», pondera en exceso (desde el mismo imaginario que produce la semántica) la parte externa de la imagen”.

Mi comentario: Esto es una opinión, mas tampoco aparecen junto a ella los hechos que la sustentan. ¿En qué se basa Amalio para plantear que “hablar de la huella que dejamos en los demás propicia que se pondere en exceso la parte externa de la imagen”? Porque para mí, su alusión a la semántica define per se la amplitud y diversidad de miras que ello propicia -con base en la ineludible subjetividad individual de la construcción, adopción y asunción de significados-; y por ende, niega ese enfoque estrecho que Amalio nos propone, el cual nos limita el alcance analítico que podemos dar a los términos y a los conceptos que ellos nos trasladan (en este caso, limitando el significado del concepto marca personal a la ponderación de “lo externo” -concepto que, dicho sea de paso, tampoco es definido en/por la crítica de Amalio-). Los imaginarios no son necesariamente masivos, ni excluyentes: entre todos podemos construir y generar uno colectivo, que nace necesariamente desde los individuales, y obviamente, conteniendo los diversos niveles de sesgo potencial o real que tal punto de partida define y determina para ellos.

Por tanto, no me parece conceptualmente prudente generalizar planteando que “la construcción del término, el propio hecho de hablar de «marca» y de la «huella que dejamos en los demás», pondera en exceso (desde el mismo imaginario que produce la semántica) la parte externa de la imagen”. Ello puede suceder en el imaginario de Amalio como en el de cualquier otro ser humano (de hecho, obviamente, sucede, y me merece el máximo respeto) y de las personas que piensan como él sobre este asunto, lo cual, también obviamente, yo respeto hasta el infinito; pero no necesariamente ocurre así en otros muuuuuuchos imaginarios individuales -el mío y el de muchísimos colegas del campo, junto al de gran cantidad de clientes convencidos y comprometidos con su marca personal y con el servicio profesional que les ayuda a gestionarla, por ejemplo-, ni tampoco en el colectivo (aquí, entendido como masivo). Al contrario: por lo que vivo a diario, por lo que viven y comunican frecuentemente numerosos colegas, y por las informaciones que sistemáticamente recibo investigando sobre el tema, creo que cada vez más personas piensan del modo opuesto al que Amalio propone, y actúan en consecuencia; unos bien o muy bien, y otros no tanto -algunos, inclusive, MUY MAL-, y estos últimos dan pie a las críticas de Amalio y otras personalidades que piensan y proponen de modo similar a él.

En la reciente entrevista bidireccional transoceánica entre el Maestro Jordi Collell y un servidor, respondiendo a la misma interrogante aludida en este artículo, propongo y procuro sustentar el proceso y algunas de las razones por las cuales la marca personal está creciendo como lo hace (y ello incluye las diversas fallas del proceso, por supuesto; algunas de las cuales son justamente criticadas por Amalio, y  considero que debemos corregirlas entre todos).

Pero ese es otro debate, y seguramente podremos efectuarlo en otro momento, espacio, y contexto. Porque definitivamente, todos podemos aprender y crecer mucho haciéndolo; y yo suscribo, asumo y me sumo a la afirmación de Amalio cuando se declara dispuesto a cambiar de opinión si se le aportan suficientes argumentos válidos para ello. Pues como dije en mi trabajo Marca personal: del ser que somos al ser que proyectamos, yo considero que

“Ser coherentes, en términos de personal branding, implica mantener, sostener y defender con criterio propio una línea de pensamiento y acción, con plena correspondencia entre uno y otra; pero esto no significa que en un momento dado, ante la evidencia de la razón ajena, no podamos cambiar de opinión y de forma de actuar. Al contrario: al cambiar nuestra posición cuando se nos demuestra nuestra equivocación anterior, estamos demostrando coherencia con una voluntad de aprendizaje y desarrollo permanente, y estamos ofreciendo un excelente modelo a nuestros públicos: el de alguien dispuesto a aprender y transformarse siempre para aportar más y mejor valor. Como lo requiere esta compleja época, nueva y cada día más distinta, exigente y difícil”.

Retomando el punto, yo me pregunto, por ejemplo: cuando nos referimos a alguien diciendo “Fulano es muy buena persona”, o “Mengano es un gran profesional” -en ambos casos, expresiones definitorias de su marca personal-, ¿estamos ponderando la parte externa de la imagen de Fulano y Mengano, o más bien calificándolos con base en sus ejecutorias, gracias a las cuales nos han marcado y se han posicionado en nuestras mentes de esos modos? ¿Qué es lo “externo” ahí, y en otras múltiples expresiones similares o equivalentes que frecuentemente son planteadas? Porque la calidad humana y la profesionalidad que resultan inmanentes a cualquier Fulano y Mengano abarcados en los ejemplos anteriores, nacen necesariamente desde dentro de ellos: desde lo que son, primero, y desde lo que hacen proyectando hacia afuera ese ser, en segundo lugar; y tienen su reflejo en lo que ambos logran. Logro que en este caso -y en cualquier otro equivalente-, incluye la valoración positiva que ambos seres han cosechado -y que también podría ser negativa, pero el ejemplo va en sentido positivo-, el cual se llama marca personal. Descartando, por supuesto, la actuación de personajes (hecho obviamente posible, y diría que hasta lamentablemente frecuente, como Amalio critica, yo critico, Guillem critica, Andrés critica, David critica, Jordi critica, Pablo critica, y otros muchos colegas de nuestra comunidad profesional critican); pero como ya he expresado antes, una mala práctica no demerita necesariamente el concepto practicado, sino, al menos en principio, al mal practicante. Ya en tal estado, si nadie o casi nadie lo hace bien, o no sabe, quiere ni puede aprender a hacerlo bien, ni hay nadie proponiendo ni modelando las formas correctas de hacerlo bien, pues habría que revisar y evaluar la génesis, el desarrollo y las esencias mismas del concepto, porque…¿Y entonces?

Gracias a Dios, este no es nuestro caso y está muyyyyyyy lejos de serlo.

Otra cosa sería, digamos, que tales valoraciones se basaran únicamente (tal vez por aquí venga “lo externo”) en lo que puede “verse” de estos individuos en espacios como las redes sociales, si ellos las dedican únicamente a promoverse y “hacerse visibles” en la perspectiva más “externa” de sus humanidades: su vestir, su transitar por tales o cuales sitios, su consumo de tales y cuales productos, la ostentación de su poder financiero a través del acceso ostensible a bienes y servicios fuera del alcance de la media, su manera de hablar, caminar, bailar, ejercitarse, y similares. Y de hecho, ello sería el origen de su modo de marcar a quienes les “ven”: lo harían como personas que privilegian esas zonas de su ser y su hacer, y ese sería el logro que obtendrían, al menos en esa parte, y al margen de los calificativos que podrían ser utilizados al respecto. Porque además, nada de eso es necesariamente “malo” ni “negativo” per se; como siempre afirmo en temas como este, la palabra clave es DEPENDE. Y aquí, ese DEPENDE depende de los valores de quien valore.

Finalmente, un “detalle técnico”. Una marca (cualquier marca), ¿lo es “hacia dentro” o “hacia fuera”? ¿A quién se aspira a marcar: al proponente del valor de utilidad social cobijado y ofrecido bajo la marca, o a los públicos que son los potenciales y/o actuales beneficiarios del mismo? Y si es la segunda opción -la única lógica, ¿verdad?-, pues…¿cuál es el pecado de que la proyección externa de esa marca prevalezca en términos de gestión sobre su esencia y su génesis interna, si son los públicos los que la hacen marca?

  1. Dice Amalio: “Pienso que buena parte de ese iceberg está cimentado en una premisa confusa que, a su vez, facilita más confusión”.

Mi comentario: ¿Cuál es la mencionada “premisa confusa” –ni el post ni el comentario la definen ni describen con claridad-, y qué confusión genera o facilita? En mi opinión, no tiene por qué ser confusa per se una premisa conceptual como esta. La sustento de inmediato.

El iceberg aludido define la existencia de una zona externa o visible al público (“fuera del agua”) y otra interna o invisible a este (“sumergida en el agua”). La externa o visible proyecta la persona a su entorno, interactúa con este y permite las percepciones que aquella genera en quienes le rodean; mientras que la invisible o subyacente constituye el basamento de las características y de las actuaciones generadoras de las mencionadas percepciones, y por supuesto, del tipo y nivel de logro derivado de la aplicación de ambas dimensiones al desempeño, en lo que sea que hagamos.

O sea: dicho sea de modo muy básico, nuestras actuaciones “visibles” de toda índole derivan y dependen en mayor o menor medida, por ejemplo, de nuestros valores, de nuestros pensamientos, de nuestros estados de ánimo, sentimientos y emociones, nada de lo cual es “visible”, sino “subyacente”, y solo puede ser visibilizado a través de actitudes y conductas. Y obviamente, la relación de dependencia -y hasta de interdependencia, pues así ocurre– entre ambas áreas, no es necesariamente lineal, ni carente de sesgos o contradicciones: por citar solo un sencillo ejemplo, muchas veces nuestra racionalidad y nuestras emociones (ambas “invisibles”) se contradicen y generan problemas en la toma de decisiones y su puesta en práctica (ambas “visibles”; sobre todo la segunda si no externamos la primera). Y todo esto es algo inherente a nuestra humana naturaleza y conducta,  bastante habitual en términos de frecuencia: las personas somos y actuamos así. ¿Que implicación confusa trae esto al iceberg aquí analizado, siendo así que el propio Amalio sugiere muy certeramente -ver el próximo comentario suyo- la necesidad de profesionalizar el diagnóstico del área invisible, lo cual coincide con la actuación profesional de los personal branders y/o equipos de ellos que trabajan correctamente este tema?

Entonces, sin la menor segunda intención -primero, porque jamás las tengo,y obviamente, no actúo con base en ellas; y segundo, porque realmente me interesa muchísimo esta cuestión, y deseo aprender al respecto si realmente existe, lo cual no percibo-: ¿cuál es la premisa confusa a la que Amalio se refiere, y qué confusión facilita?

  1. Dice Amalio: “La «parte de abajo» del Iceberg debería estudiarse usando un prudente filtro profesional, lo que no significa que dejes de escudriñar en tus motivaciones más personales, porque es cierto que eso se mezcla, pero después… cuando sacas la cabeza por encima del agua, no es bueno esculpir la pieza diluyendo los límites: ¿crees realmente que es saludable aplicar conceptos como «propuesta de valor» o «modelo de negocio» a nuestra vida personal? ¿no es asfixiante introducir tanta «gestión» y «cálculo» en nuestra proyección personal?”.

Mi comentario: Seguimos con las opiniones no acompañadas de hechos; algunas -en este caso- expresadas en tono interrogativo. Por mi parte, yo creo que sí, que puede ser saludable aplicar conceptos como propuesta de valor y modelo de negocio a nuestra marca personal, enfatizando sobre su zona profesional; pues dicha marca integra, entre otras cosas, el impacto que en tanto personas actuando como profesionales generamos en nuestros públicos a través de los resultados de nuestros negocios (como sucede, por ejemplo, con Amalio, Guillem, David, Andrés, Eva, Jordi, Pablo, este servidor, y muchos otros colegas que prestamos servicios profesionales de forma independiente; y en la quinta entrega podrás leer mucho más al respecto, con base en propuestas del propio Amalio Rey). Negocios cuyas oportunidades llegan a su conocimiento, y eventualmente nos eligen como sus partners y/o proveedores y/o consultores y/o desarrolladores y/o lo que sea, a través de la comunicación pertinente y efectiva de nuestra propuesta de valor. Propuesta que incluye e implica nuestra promesa de contribución, pero que debe ser complida a través de un aporte de valor. Y aporte que genera en ellos una huella llamada marca personal, desde la persona que a través de uno o más servicios profesionales ha contribuido a su desarrollo (como bien dice Andrés, haciéndoles ganar dinero, o tiempo, o bienestar). 

  1. Dice Amalio: “En esa misma línea le comentaba a Andrés, en su muro de FBK, que diseñar una «marca» es fijar una estrategia, y una estrategia, por definición, significa siempre «descartar opciones», o sea, reducir grados de libertad. Si eso lo haces en una empresa, es perfecto e imprescindible, porque las empresas necesitan una identidad reconocible y, sobre todo, que sus miembros se pongan de acuerdo en torno a esa identidad, que se comparte entre mucha gente. Si lo haces en una profesión, o una proyección profesional, también. Pero el lío comienza cuando usas el apellido «personal», porque ahí empiezas a teñirlo todo de algo que habría que mantener a raya”.

Mi comentario: Fuera del tema central de este artículo, me atrae muchísimo analizar y profundizar en la componente estratégica propuesta por Amalio, sobre todo la interesante relación entre “descartar opciones” y “reducción de los grados de libertad”, que no me resulta necesariamente tan lineal, tan causa/efecto –pues si el descarte de opciones es efectuado por la entidad en su proceso estratégico, haciendo uso de su libertad decisoria, la reducción de grados de libertad no implica nada contraproducente ni necesariamente negativo, pues se habrá elegido libremente el o los cursos de acción a llevar a cabo, que en virtud del principio de flexibilidad y el de cambio de rumbo, podrán libremente ser modificados cuando sea necesario-. Pero como dije, eso sale de mi tema principal de hoy, y prefiero “darle un poco más de mente” en esa perspectiva estratégica, y volver sobre ello con más tiempo y espacio, en otro momento; tal vez, si Amalio dispone de tiempo y me hace el honor, podremos inclusive escribir algo juntos sobre el tema, o generar un debate colectivo al cual puedan sumarse otros colegas consultores, directivos, formadores, investigadores, etc.; ello me haría muy feliz, y podríamos aprender y aportar mucho valor de forma colectiva.

Aquí solo me surgen unas preguntas en función de la “zona personal” abordada por Amalio al final: ¿Qué habría que “mantener a raya”, y por cuáles razones? ¿Nuestra calidad de humanos? ¿Las muy diversas maneras en que lo que somos como personas incide y define buena parte de lo que somos, hacemos y logramos como profesionales, cuando no todo ello? Porque si algo “mantiene a raya” en este concepto la noción de marca -o sea, dentro de los límites necesariamente derivados de su condición de resultado de la interacción entre seres humanos, bajo cualquier modalidad-, es precisamente su índole personal. La marca personal es un resultado humano fruto de interacciones entre humanos, o entre un humano y alguna huella de otro -por ejemplo, un libro, una película, una canción-; no me parece viable, ni siquiera lógico, mucho menos prudente o pertinente excluir o soslayar su componente más importante, y que de hecho la define como tal. ¿Y a ti, amigo lector?

  1. Dice Amalio: “Por eso digo que en el uso del término «marca personal» no solo hay un fallo de aplicación, o de que el concepto se haya prostituido, sino que el propio concepto y el nombre que usa (marca + persona) hace que eso ocurra tanto, y facilite prácticas disfuncionales. Desde el mismo momento en que nos empezamos a preocupar por la «huella que dejamos en los demás» (en lugar de en la satisfacción que sentimos con nosotros mismos), empiezan los problemas, y yo creo que el palabro «marca personal» hace que tengamos una tendencia natural a que eso ocurra…”.

Mi comentario: Algunos de los elementos más arriba expuestos resultan plenamente aplicables a esta parte -sobre todo los que emanan del marco referencial propuesto para sustentar la construcción del concepto marca personal integrando las nociones “marca” y “personas”-, por lo cual no veo la necesidad de reiterarlos; y por otro lado, también aprecio aquí un enfoque de opinión, pero como en varios casos antes analizados, no están presentes los conceptos ni los hechos que la demuestren. Agregaré un par de detalles, pues quiero detenerme en algo que me resulta disonante y contradictorio en la posición que Amalio sustenta.

¿Por qué razón, y en  virtud de qué concepción, resultarían mutuamente excluyentes las nociones “satisfacción con nosotros mismos” y “la huella que dejamos en los demás”? Pues a mi juicio no tienen por qué serlo, y evidentemente Amalio así las considera, al fijarlas como dicotómicas y hasta antagónicas en este comentario. Me parece justamente lo contrario: en un mundo de valores humanos como el que aspiramos a construir aunque vivamos en una sociedad capitalista (al menos eso creo, ¿verdad?), y asumiendo que somos buenas personas y deseamos ser conocidas y reconocidas como tales -una lógica y natural necesidad humana-, la mayor satisfacción que podríamos sentir con nosotros mismos debería basarse en el valor que seamos capaces de aportar a los demás, y en la posibilidad de vivir decente y dignamente -y ser tan felices como nos sea posible-, gracias a ello. Porque el otro camino (sentirnos bien con nosotros mismos independientemente de los demás y al margen de ellos, -como si pudiéramos vivir solos y sin ellos, algo manifiestamente imposible-), esa sí me parece una posición muy individualista. Pero esa es solo mi opinión, que ha sido sustentada en varios momentos de este mismo texto.

Un debate algo más filosófico del asunto podría ser bien interesante y productivo (por supuesto, mi formación de origen en este sentido me motiva a ello), pero no creo sea este el espacio ni el momento. Dejo esa puerta abierta.

Hay un último tema que ya he tratado en este post, y en otros muchos espacios (por ejemplo, en mi trabajo Mito # 10: Gestionar nuestra marca personal nos cosifica). Pero al leer el sugerente comentario del colega David Barreda al post de Amalio, y la interesante respuesta de este, no puedo menos que intervenir y proponer mi posición al respecto. Aquí debajo las tienes, amigo lector.

¡Y ese “aquí debajo” temático, amigo lector, junto a otro tema que también corresponde, lo tendrás a tu disposición la semana entrante!

Amigo lector:

¿Qué te ha parecido esta cuarta entrega de la serie? ¿Has apreciado y valorado la amplia coincidencia entre las orientaciones y los enfoques de todos los autores cuyas definiciones e ideas sobre marca y marca personal he podido proponerte hoy? ¿Visualizas con claridad la contraposición posicional evidente a nivel de conceptos y de metodología entre las propuestas de Amalio Rey y las de un importante grupo de practicantes y proponentes acerca del branding personal, así como los múltiples matices que tal contradicción reviste y proyecta, y las oportunidades de mejora que ella supone para nuestros propios aprendizajes y desempeños profesionales en el campo?

El próximo viernes te estaré proponiendo la quinta y última de las entregas de esta serie En defensa de la marca personal. En ella, estaré respondiendo para ti las siguientes interrogantes:

  • ¿Es necesariamente negativo abordar con intención  mercantil/competitiva la gestión de nuestra marca personal, o más bien ello representa una necesidad/urgencia epocal? Y en todo caso, ¿solo se trata de eso?
  • ¿Gestionar nuestra marca personal nos cosifica?

Y te anticipo que te sorprenderás muyyyyyy agradablemente, porque en ese último trabajo, entre muchas y diversas aportaciones de grandes especialistas, te traigo un grupo de propuestas del propio Amalio Rey que contribuyen a sustentar, desde su propia práctica, lo que este importante y prestigioso profesional critica y cuestiona de y sobre la marca personal. ¡Ya lo verás!

Hasta entonces, te dejo con mi cálido y acostumbrado brand/abrazo, y los mejores deseos de tu siempre amigo,

Vladimir

En defensa de la marca personal (parte 3 de 5), por @Prof_EstradaMsc

Amigo lector:

Recibe mi más cordial y afectuoso saludo en la continuación de esta serie de artículos  En defensa de la marca personal, que como sabes vengo desarrollando aquí durante cinco semanas consecutivas gracias a la sugerencia de mi amigo y colega Guillem Recolons. Ya te he comentado, en la primera y la segunda entregas de la serie, que la mayor parte de su contenido se generó como parte de mi respuesta a la novena pregunta que me hizo el Maestro Jordi Collell en nuestra reciente entrevista bidireccional transoceánica; pero ese contenido ha sido ampliado, también enriquecido con algunos nuevos elementos, y han surgido nuevas zonas temáticas para esta interacción con el reconocido experto Amalio Rey, cuyo artículo El lado oscuro de la marca personal fue la semilla del presente debate. En dichas zonas, abordo con cierta amplitud algunos aspectos no incluidos en la respuesta original, pero imprescindibles para el tratamiento del tema. 

Hoy te propongo mi respuesta a la siguiente interrogante:

¿Hacer personal branding correctamente nos convierte necesariamente en seres individualistas?

Como de seguro aprecias, se trata de un asunto delicado y de altísimo potencial para el análisis y la polémica desarrolladora, si lo asumimos como debemos hacerlo: con plena intención de aportar valor de utilidad social. Espero tu amable participación en este proceso, amigo lector. Gracias por ser, por estar, por acompañarme hoy y siempre. 

Dice Amalio:

“Otra dimensión que me genera inquietud de la marca personal como paradigma es su exagerado énfasis individualista. Aunque esto merecería un post aparte, sólo voy a avanzar el argumento. La idea de centrarse tanto en uno mismo forma parte de una tendencia, digamos que bastante narcisista, de necesitar ‘ser diferentes’ y ‘destacar’ sobre los demás”.

Mi comentario:

Esta tendencia, lamentable y todavía muy extendida –a la cual me he referido en la respuesta # 9 de mi reciente entrevista con Joan Clotet, y también en mis trabajos Marca personal: no eres (ni puedes ser, ni debes sentirte) el modelo universal, Marca personal: diez vacunas protectoras contra el “egovirus”, y en otra cuerda, Cómo escribir “guías definitivas”: ¡LA GUÍA DEFINITIVA!, entre otros textos-, ES UNA GRAN DISTORSIÓN DEL CONCEPTO, sobre todo entendiéndolo desde su evolución -más o menos reciente en términos de difusión- hacia los procesos de aportación de valor como fuente generadora de marca personal. El concepto no incluye, ni promueve que se asuma, una perspectiva individualista, al contrario; promueve y estimula enfocarnos en la satisfacción de las necesidades de los demás y dejar en ellos nuestra marca personal gracias al valor aportado a ellos. Tom Peters lo expresó desde la portada misma de su obra 50 claves para hacer de usted una marca -el primer gran clásico del tema, en mi opinión-: “Deje de ser un empleado y conviértase en una marca que transmita distinción, compromiso y pasión”. ¿Cuál de estas tres condiciones a transmitir, puede definirnos per se como “individualistas” en un ambiente organizacional? Y su combinación, mucho menos, ¿verdad?

Dice el gurú Seth Godin -en su tremendo texto Linchpin: ¿Eres imprescindible?, del cual te propondré varias citas en una de las siguientes entregas- (por cierto, esta que te enlazo es una buena reseña del gran profesional David Cantoné), lo siguiente:

La única manera de obtener lo que vales es destacar, ejercer un trabajo emocional, ser considerado imprescindible y producir interacciones que resulten muy importantes para las organizaciones y las personas.

Esto, que definitivamente nos habla de marca personal (sabido es que este gran experto la cultiva y promueve, y profundizaremos al respecto más adelante, en las siguientes entregas de la serie), ¿suena de alguna bendita forma a individualismo? ¿O más bien nos convoca a aportar muchísimo valor de utilidad social?

Andrés también lo viene diciendo y demostrando desde inicios de su andadura profesional en el tema. Por ejemplo, así (¡¡¡¡¡ 2005 !!!!!):

“La marca personal parte de dos ideas fundamentales, el conocimiento de uno mismo y el establecimiento de relaciones satisfactorias con los demás que son los que realmente hacen la marca. Y eso por una razón muy fácil de entender y es que una marca personal fuerte no puede existir por sí sola, aislada. Solo puede desarrollarse y fortalecerse mediante la satisfacción de las necesidades (materiales o espirituales) del prójimo. La grandeza del concepto de marca propia es que es aplicable en la vida personal y profesional ya que el prójimo es cualquiera que tenga relación con nosotros, parientes, compañeros, jefes, amigosPor lo tanto, una persona que trate de establecer una marca egoísta no tiene ninguna posibilidad de perdurar. Uno de los fundamentos de la marca personal es la existencia de unos valores sólidos y positivos.

Detrás de este concepto hay muchas herramientas de gestión, pero tambien utiliza ideas surgidas en la humanidad durante siglos de sabiduría, toma elementos de los filósofos que nos enseñaron la necesidad del descubrimiento de uno mismo, hunde sus raíces en el cristianismo (ama al prójimo como a ti mismo), pero también en otras corrientes filosóficas y espirituales milenarias.

La marca personal es justo lo contrario de metodologías sofisticadas, es la búsqueda de lo auténtico, de lo simple, de lo humano, y eso se traduce en “si quieres tener una vida plena, haz por los demás lo que quisieras para ti”. En el fondo, ¿el éxito del marketing no reside en la satisfacción de las necesidades de los demás?

Piensa una cosa, si te murieses ahora, ¿podrías irte con la satisfacción de que has creado algo valioso? ¿Qué has hecho por los demás? ¿Has aprovechado toda tu capacidad? ¿Te vas dejando un mundo mejor?

Pues bien, la marca personal busca el desarrollo personal y profesional. Salir del rebaño.

¿Se puede acusar a Pau Gasol de egoísta o individualista por tratar de ser el mejor? ¿Por tratar de lograr el éxito? ¿No es eso beneficioso para su equipo además de para sí mismo? ¿Se puede decir que tratar de ganar al equipo contrario es fomentar la competitividad? Venga ya…

¿No alcanzó la excelencia la Madre Teresa de Calcuta? Quizás su ambición fue la mayor de todas, la de agradar a Dios mediante la ayuda a los demás. ¿Es eso egoísta o ambicioso?

Estos son solo dos ejemplos muy diferentes de lo que significa el concepto de Marca Personal, pero de dos personas en las que se puede personificar la excelencia, la distinción, los valores.

Por lo tanto, creo que queda claro que una marca propia implica la búsqueda constante de la mejora personal mediante la satisfacción de las necesidades de los demás. ¿Quién puede estar tan ciego que diga que eso no supone una revolución en la empresa y en el entorno personal?

SÉ DIFERENTE, PIENSA POR TI MISMO, CREA TU MARCA Y HAZLO POR LOS DEMÁS” (hasta aquí la cita de Andrés; las negritas son mías).

Muyyyyyyyyyy claro, ¿verdad?

Y algunos meses más tarde (digamos, en este 2019) el Maestro nos ha propuesto verdades como estas:

“…creo que es importante no verse nunca como el centro de atención, no tratar de acaparar las miradas simplemente ‘porque tú lo vales’. Nosotros no somos los protagonistas. Pensar de esa manera es la forma más fácil de acabar creyendo que las personas somos productos.

Lo realmente relevante es lo que ofrecemos, lo que damos, lo que aportamos. Nosotros somos simples canales de comunicación para divulgar ideas, consejos y para escuchar lo que otros quieren transmitirnos.

Lo que queda es la huella, la señal, el sello.

Ojo, aquí no estoy hablando de un mundo de bondad y generosidad cercana a la santidad. Estoy diciendo también que hay que ganarse la vida con eso que podemos aportar. Pero, en cualquier caso, nos convertimos en personas interesantes cuando, valga la perogrullada, lo que hacemos tiene algún interés para alguien.

quienes no se empeñan en ser el centro de atención, tienen una mayor capacidad de escucha, son mucho más selectivos a la hora de establecer relaciones, no se ofenden cuando no les están dorando la píldora constantemente, se centran en lo que hacen y no en lo que parecen.

Que quede claro que aquí no estoy hablando de esa modestia o humildad letal que te empuja no sólo a esconderte tú, sino también lo que haces.

Una cosa es no ponerte debajo de cualquier foco que pueda iluminarte y otra muy distinta ocultar tu trabajo bajo siete llaves. Son tus ideas, consejos e historias lo que debes divulgar siempre que tengas la oportunidad.

Ahí está la clave de lo que te estoy contando.

Si no te gusta que se centren en ti, debes encontrar el modo de desviar su mirada hacia lo que haces. Debes actuar como un mago que consigue que la gente observe lo que le interesa.

Quizás estás pensando ‘¿Por qué debo complicarme la vida?’, pues por una parte porque tal y como se están poniendo las cosas, no podemos esperar a que nadie reconozca nuestro trabajo sin conocer nuestro trabajo.

Y en segundo lugar, porque serías un canalla egoísta si permites que tus ideas se queden dentro de ti (hasta aquí la cita de Andrés; las negritas son mías).

¿Alguna duda, por favor?

Guillem también lo ha planteado, sustentado y demostrado decenas de veces; por ejemplo, así:

  • “Una de mis definiciones de Personal Branding es: el arte de invertir en ti en base al Valor que aportas a los demás. Invertir en ti no es egoísmo si luego vuelcas el conocimiento y la experiencia en ideas que mejoren la vida de los demás.

Por contra, sería egoísmo si lo que aprendes lo usas para tu propio beneficio únicamente. Estoy muy de acuerdo con Chris Litster, CEO de Buildium, al que referí hace pocas semanas en el post Liderazgo, vulnerabilidad y marca personal: Nuestra prioridad debe ser servir a las personas al planeta y los beneficios (por ese orden). Cuando inviertes el orden, eso es egoísmo” (¿Eres de los que confunde autoestima con egoísmo?).

  • “El personal branding es el proceso de gestión para que nuestra marca personal vaya alineada a nuestros objetivos…y a los de nuestros clientes. Por tanto, conocer su feedback nos permitirá saber si vamos en la buena vía o estamos pendientes de un hilo” (¿Debería importarte lo que piensen los demás de ti?).
  • “Desde la perspectiva de marca personal, el no mostrar la diferencia nos convierte en borregos autómatas. Pero vigilemos con ser diferentes sin más…

Yo apelo a la diferencia relevante. Cuando trabajamos la propuesta de valor personal siempre nos preguntamos ¿por qué nos deberían elegir a nosotros? Y la respuesta 1 es porque podemos resolver un problema o satisfacer una necesidad. Y la dos es porque lo hacemos de una forma distinta. Una y otra respuestas se complementan, se necesitan” (¿Qué mueve la conformidad social? (El experimento de Asch)).

  • “…ya está bien de viajar solo por ver lugares bonitos, probar platos únicos, yo quiero viajar para conocer a gente diferente a mí, emborracharme de su cultura, sus ideas, sus razones. No podré pensar como ellos, pero podré comprender por qué hacen lo que hacen, piden lo que piden, o aman como aman” (Imagina ser otra persona por una semana).
  • “Cierto, la palabra ‘Personal’ despista.

No culpo a quienes puedan pensar que personal branding, entendido como la gestión de nuestra marca personal, va de nosotros. Cada semana leo artículos contra la marca personal de autores que no se han molestado en leer un libro. La realidad es que la palabra marca y su proceso, el branding, implica siempre sumar valor. Suelo repetir que sin valor no hay marca.

Si llegas a este blog por primera vez y no sabías que marca personal no es personal, perdona por la confusión. Quédate con una idea: marca personal es lo que proyectamos en los demás, y personal branding es analizar la forma de sumar valor a los demás” (Personal Branding no es hablar de ti, es sumar valor a tus clientes).

  • “Tu reputación (positiva) llegará cuando lo que pienses, digas y hagas esté alineado, comporte valor, y sea diferente a lo que ya existe. La marca personal es la huella que dejamos en los demás. Y si es positiva y anclada en una propuesta de valor potente, generará un reconocimiento (reputación) positivo” (La paradoja de la Marca personal).

Mucha luz sobre el punto, ¿verdad?

Usted mismo, Maestro Jordi, es uno de los que más y mejor aboga por la concepción y gestión correcta de este vital asunto. Me gustan y me marcan particularmente expresiones como las que cito a continuación, procedentes de su gran artículo No ser uno más, ser el elegido (y perdone que lo cite tan in extenso precisamente en este trascendental artículo cuyo título aparenta sugerir coincidencias con lo que aquí venimos precisamente cuestionando –texto adentro, nuestra gran verdad se impone, jejeje-; pero definitivamente, LO VALE, Y MUCHO):

  • “Presencia y ausencia son dos formas de tratar el recuerdo y van unidas al concepto de marca personal. Saint-Exupery decía en su libro Carta a un Rehén algo así como que a los muertos hay que hacerlos muertos porque es en su papel de muertos que recuperan de alguna forma su presencia. Es el gran poder de la marca de las personas”.
  • “El poder de cada uno es enorme si sabemos distanciarnos de la masa para ser precisa y simplemente nosotros, sabiendo estar al mismo tiempo al mismo nivel que los demás. Estar lejos significa aislamiento, confundirse representa rebajarse, distinguirse aunque sea por la capacidad de mirar más lejos, es reafirmar la identidad para ser tenido en cuenta”.
  • “Para ser digno de confianza tienes que ser como los demás, codo a codo, compartiendo las asperezas y las mieles del día a día pero aportando un toque diferencial”.
  • “Pensar en los demás, en aquello que puedes hacer por ellos, tener una propuesta de valor, te acerca y al mismo tiempo te distingue”.
  • “Si vives de acuerdo con unos principios que hacen que te respetes a ti mismo y a los demás, te sitúas más cerca de su corazón y te acaban recordando”.
  • “Si te distingues, pero sigues al lado de los que te necesitan, acabarás siendo elegido, no lo dudes. Que te elijan es una consecuencia natural que ni sale de la nada ni se improvisa, sino que se crea con el trabajo diario”.
  • “Y cuando no estás, los demás no sólo hablan bien de ti sino que te echan de menos y el poder de tu marca les sigue iluminando durante tu ausencia aunque esta sea permanente. Al final tu marca te trasciende”.

Y cierto tiempo después —digamos, en esta misma entrevista-, usted se ha referido al tema de la siguiente forma:

  • La diferencia es la sal de la vida”. Sin alteridad no tendría sentido hablar de personalidad; sin diferencia, sin los demás, no tendría sentido dejar huella. Somos lo que somos y quienes somos porque existen los demás que nos modelan, y “los demás” son el paradigma de la diferencia. Querer homogeneizar a las personas, pretender crear patrones de comportamiento y de pensamiento, es tan letal como el peor de los venenos, porque mata lo que nos alimenta: la diferencia.

Poco o nada que agregar, ¿cierto?

También Eva sustenta a cada rato la posición que aquí defiendo (“El ego en sí mismo (y en su justa medida) es bueno y necesario, porque nos empodera en autoestima y nos pone en valor. El problema llega cuando te vuelves en cierta manera adicto a ‘ser importante’ y se convierte en el eje de todas tus acciones creyéndote más bueno en todo que los demás”), al igual que lo hacen:

…y otros muchos colegas; y por mi parte, ha sido y sigue siendo una de mis preocupaciones fundamentales como practicante y defensor de la marca personal, y me he referido a ello en varios trabajos. Por ejemplo, La marca personal y su posicionamiento, Marca personal y propuesta de valor: ¿te ayudo, o me gano la vida ayudándote?, Marca personal y propuesta de valor: la importancia estratégica del enfoque, y en mi respuesta a la pregunta # 9 que me hizo Joan en nuestra entrevista -acerca de los tres pecados capitales en la gestión de nuestra marca personal-, así:

“Sin la menor duda para mí: aunque no son los únicos, los tres principales pecados a evitar en el branding personal son, a mi juicio, la egolatría, la mentira y/o distorsión de la verdad, y el egoísmo. No sé si en ese orden, y las tres cosas de algún modo relacionadas entre ellas y posiblemente con otros muchos pecados; pero las tres son causas indiscutibles de la merma en el aporte de valor a sus públicos que debe caracterizar a toda marca personal que aspire a un posicionamiento favorable sostenido y sostenible, y por supuesto, a trascender. Y también por supuesto, más temprano que tarde, lo destruyen”. Y avanzando en dicha respuesta, desarrollo los tres pecados, desde mi visión y la de otros colegas.

Queda claro, ¿verdad?

En la propia entrevista con Joan, he propuesto al respecto lo siguiente:

aportar verdadero valor a tus públicos pasa entre otras cosas por poner a su disposición y alcance la mayor cantidad de contenidos de la mayor calidad y variedad que tú puedas entregarles acerca del tema que tratas. No te posicionas favorablemente vendiéndote como el mejor, menos aún como el “único” (entre otras razones, por una muy sencilla: no lo eres). Te posicionas favorablemente sirviéndoles a esos públicos lo mejor de tu campo y tema, parte de lo cual puede ser tuyo, y seguramente muuuuucho más ha sido propuesto por otros autores. Nadie es, ni debe considerarse a sí mismo, como LA VOZ de un tema, sabiendo que hay tanta gente trabajadora y competente en tantos lugares proponiendo con calidad sobre él.

Desaprender esa mala práctica individualista, y aprender y practicar su opuesta, puede ser decisivo para el posicionamiento de una marca personal en una época como la actual, cuando el conocimiento se ha vuelto tan fácilmente accesible para tantas personas en el mundo. Y si tú aspiras a posicionarte bien, difundir éticamente lo mejor del conocimiento generado por otros autores como parte de tu producción intelectual, te proyecta y posiciona ante tus públicos como un verdadero experto, muchísimo más que si solo propones tus propias ideas”.

Y en la misma entrevista he sugerido revisar mucho más material propuesto por diferentes colegas acerca de este tema: “…por ejemplo, esto y esto de Andrés, esto y esto de Guillem, esto de David, esto de Neus, esto y esto de Jordi, esto y esto de Elena, esto y esto de Graciela, esto de Meme -invitada en el blog de Silvia-, la serie de tuits didácticos y orientadores de Arancha y este post suyo, esto de Pablo, esto de Joan, esto de Fran, esto de Yael, esto de Marco -invitado en el blog de Integra Personal Branding-, esto de Tino Fernández -con participaciones de lujo como las de Carlos Rebate, Andrés Pérez Ortega, Margarita Mayo y Silvia Leal,…”…¿Será que resulta suficiente?

Y a estas alturas, creo que va quedando cada vez más claro que “eso” a lo que bien se refiere Amalio -porque él tiene razón: es verdad que está sucediendo, doy fe de ello, y toda nuestra tribu y los lectores que me siguen saben que desde hace mucho combato dicha insana tendencia con todas mis fuerzas-, ESO, REPITO, NO ES LA VERDADERA GESTIÓN DE MARCA PERSONAL. La huella que dejamos en los demás a partir de lo que somos, hacemos y logramos, puede y debe ser gestionada desde la autenticidad, de modos que estas tres dimensiones nos reflejen realmente y nos permitan ser aceptables y aceptados por quienes nos rodean, en la similitud o en la diferencia, como las personas que realmente somos y no como burdas imitaciones de otros o vulgares disfraces de nosotros mismos. Por tanto, Amalio puede estar tranquilo en este sentido, como lo estamos todos los que creemos en la práctica correcta de la marca personal, y así la defendemos.

Un elemento más, ya de índole algo más conceptual: personalmente, yo no considero que la necesidad de ser y sentirnos diferentes equivalga necesariamente a narcisismo, al menos en la acepción correcta de este concepto, que está clasificado y es tratado profesionalmente como un trastorno de la personalidad. Es más: ni siquiera la de destacar. Pueden existir múltiples necesidades individuales generadoras de motivos y de acciones de gestión en este sentido, y que ninguno de ellos esté directa ni indirectamente asociado a lo que ese concepto involucra; muchos de los diferentes abordajes del asunto que han sido desarrollados desde Maslow a la fecha así lo demuestran.

En un tremendo post de antología escrito en 2018 que he citado varias veces y seguiré citando (Diferenciarse no funciona), David se ha pronunciado del siguiente modo –y magistralmente– sobre la diferenciación profesional:

“Lo que marca la diferencia es tu manera de hacer las cosas, básicamente porque tu manera de hacer las cosas es el único medio que tienes para hacer visible eso que te distingue de los demás, y que ya tienes incorporado de serie.

…pero ojo, cuando me refiero a ‘tu manera de hacer las cosas’, me refiero a HACERLAS… porque ya puedes tener tal o cual manera de hacer las cosas, que si no las haces lo único que estarás marcando será tu inacción y tu invisibilidad.

…y ojo, será definitiva la manera que tengas de poner empeño en lo que hagas, tu forma de hacer real el esfuerzo y el interés sobre las cosas y, sobre todo, de sostener tu acción en el tiempo.”

Queda muyyyyyyyyy claro, ¿verdad? No se trata de la diferencia por la diferencia, ni de que la busquemos a ultranza, porque diferentes ya somos desde que nacemos. Se trata de que hagamos lo que debemos y nos corresponde hacer, y lo hagamos de un modo que defina, establezca y proyecte al entorno nuestra manera diferente de hacer, en la fe de que allá afuera puede y debe haber gente que quiera y necesite esa manera de hacerlas, y no otra, definida exclusivamente desde y por la persona que somos, y no por otra (¿y qué hay de malo en eso, por Dios?). Esto es algo a lo que me he referido en mi trabajo de 2016 Marca personal: construir voz propia y expresarse desde ella:

“4- Trabaja como eres.

Tu forma de trabajar, en lo que sea que hagas profesionalmente, dice muchísimo de ti, y es un factor crítico de tu marca personal. Por tanto, no tienes otra opción que hacer coincidir el grito de tu voz propia con lo que quieres que sea escuchado y asumido sobre tu ser y hacer laboral/profesional.

¿Quieres ser considerado como serio, dedicado, riguroso, estricto, colaborador, innovador, productivo? Pues que tu voz (la expresión de tu marca) lo grite cuando estés trabajando. Que al verte en acción, y/o al ver y comparar varias muestras de trabajo tuyas y de otras personas, no quede otro remedio que decir de ti: esto lo hizo Fulano, esa tremenda calidad es solo suya. Solo él lo hace así”.

¿Le funciona, Maestro? ¿Hay algún problema en pretender la diferencia profesional, o de algún modo ello nos define en sentido negativo?

Vuelvo brevemente al punto de origen: la sugerencia que acerca la necesidad de diferenciarse y la de destacar, al narcisismo. Si nos fuéramos por la acepción más “popular” y socialmente asumida del concepto narcisismo -la que lo equipara o aproxima a la “egolatría” expresada en autobombo, con sustento o sin él-, pues tampoco me parece que querer ser diferente a la media y destacar por un buen desempeño resulten necesariamente actitudes narcisistas. Porque ello responde a necesidades humanas normales y corrientes, de esas que la mayoría de las personas tenemos -lo expresemos o no-, y que de diferentes formas necesitamos satisfacer para ser felices.

En mi trabajo de 2017 Marca personal: del ser que somos al ser que proyectamos, he efectuado una aproximación entre las necesidades humanas y la marca personal, con sustento en los modelos de Maslow y de Covey acerca de aquellas. Pero esa es solo mi opinión personal, tan discutible como todo lo que escribo aquí y en todas partes en que lo hago; y podemos continuar analizándola y debatiendo al respecto, inclusive, consultando a especialistas en el tema cuyas aportaciones nos aclaren más la ruta analítica a todos.

Una última precisión, por ahora y por mi parte. El concepto marca personal ha crecido muchísimo, y en diversos sentidos, desde Tom Peters hasta la actualidad; ya no cabe ni funciona limitarlo a sus ámbitos operativos e instrumentales, tales como los diversos artificios digitales generadores de visibilidad online. Por mencionar solo un ejemplo ilustrativo sobre algo que me consta, en la última década y media han sido defendidas exitosamente en diversos países un grupo -todavía limitado, pero va in crescendo- de Tesis Doctorales (en el ámbito español, por ejemplo, esta, esta, esta y esta, cuya lectura, estudio y cita obviamente recomiendo); cientos de Tesis de Maestría (tengo el honor de haber dirigido 28 de ellas hasta la fecha, basadas en modelos de intervención de mi autoría, aplicados por mis estudiantes, y vienen muchas más en camino); otra gran cifra de trabajos de grado en el nivel Licenciatura e Ingeniería, y se multiplican por mucho las propuestas investigativas que anualmente nacen al respecto (vuelvo a Guillem en su comentario al post de Amalio, cuando nos dice que “Ninguna disciplina es perfecta si no sigue una mínima disciplina, y tratar de colocar un tejado cuando no hay cimientos ni estructura es, por lo menos, difícil”; COMO SIEMPRE, GENIAL, MAESTRO Y AMIGO).

Todo ello demuestra que hay muchísima gente investigando, aprendiendo y proponiendo sobre marca personal; conviene que todos sigamos estudiando sus evoluciones teóricas y metodológicas, así como las formas en que viene siendo desarrollado y practicado (como muy bien afirma David en su aún caliente post ya citado, “…un entorno en el que los conceptos no se van a desarrollar (porque no se cuestionan), se favorece el status quo establecido, y caemos en la repetición infinita de las mismas cosas una y otra vez… manteniendo la sonrisa pero sin nada nuevo a la vista… a-go-ta-dor…”. Este tema está en pleno crecimiento, y así como hay tendencias negativas como las muy bien reseñadas por Amalio (y me encanta que profesionales de su nivel expresen estas preocupaciones, pues ello nos ayuda y aporta muchísimo a todos), hay otras muchas positivas que despiertan optimismo y motivan más trabajo. Próximamente actualizaré y ampliaré mi artículo Marca personal: tendencias, análisis y estrategias 2015/2016, pues tres años son demasiado tiempo; y tal como el concepto ha crecido, reitero que quienes lo practicamos lo seguimos estudiando y debemos continuar haciéndolo. Veremos qué novedades y/o tendencias puedo proponer en este sentido, y ojalá haya nuevas que nos exijan más dedicación intensa y genuina al desarrollo conceptual, metodológico y práctico para que continúe el fortalecimiento del campo.

Finalmente, en relación con el que en mi opinión resulta el punto nodal de todo este análisis motivado por Amalio Rey –¡GRACIAS, DISTINGUIDO Y RESPETADO COLEGA!-, en función de sus complejas implicaciones y consecuencias (me refiero al “dilema” entre la integración y la “desintegración” personal/profesional), y tal como lo anuncié hace algunos párrafos, cito de nuevo a Andrés:

“El elemento personal, las opiniones, la pasión, los valores, las fobias o las creencias de cada profesional consiguen que alguien deje de ser uno más y se convierta en alguien con alma. Evidentemente eso va a provocar que quienes no sintonizan con esa persona es muy probable que queden fuera del círculo. Para el resto se producirá una conexión, un vínculo muy difícil de romper porque pasa a ser ‘Uno de los nuestros’.

Por lo tanto, creo que es absurdo tratar de separar lo profesional de lo personal. Un aspecto influye en el otro y viceversa. Ambos se enriquecen. Desde el punto de vista de la Marca Personal, un profesional que no incluya su toque o su visión personal se queda a medias. Ojo, no estoy diciendo que un piloto tenga que dar su toque personal cuando maneja un avión, pero puede diferenciarse en el trato a los pasajeros cuando proporciona información sobre el vuelo.

Un profesional que tenga las ideas muy claras puede llegar a molestar a algunas personas. Pero esas mismas ideas son las que pueden entusiasmar a otras. La clave no está en eliminar las opiniones propias y dejar tu profesionalidad en algo neutro y gris para contentar a todos, sino en hacer tu trabajo lo mejor posible sin convertirte en un robot”.

Para mí, y al menos por hoy, esto cierra el punto. Y creo que todo este debate está en la línea de su pregunta sobre lo que hoy necesita el personal branding para que perdure como concepto y entre en el top of mind individual. ¿Qué piensa usted, Maestro Jordi? 

Sentada mi posición, y en espera de poder continuar debatiendo al respecto con Amalio y otros destacados colegas que ya lo han hecho -y por qué no, también con otros profesionales que sustenten puntos de vista opuestos al nuestro sobre tan apasionante tema, a quienes muy respetuosamente invito a expresarse al respecto-, paso a proponerle la dinámica de asunción, asimilación, desarrollo, masificación y posicionamiento conceptual sobre la cual le hablé algunos párrafos más arriba, Maestro. Curiosamente –y no casualmente, no creo en las casualidades-, es de la misma fuente sobre la cual Amalio ha hecho un abordaje crítico en el excelente artículo suyo que acabo de comentar (esta parte de la respuesta ya estaba escrita cuando él publicó ese post).

Amigo lector:

Hasta aquí la parte de la respuesta original (correspondiente al tema personal branding e individualismo) que di al Maestro Jordi Collell en nuestra reciente entrevista bidireccional transoceánica -con algunas inclusiones breves de nuevo contenido-, la cual he dejado hasta el punto conveniente para el tema de hoy; es un poco más extensa, pues aborda otro aspecto que aquí, para este debate, no nos interesa tanto. Ahora incluiré un elemento que contradice un tanto una parte del sentido inicial, pues al principio yo consideraba que las críticas de Amalio solo iban dirigidas a quienes desvirtúan el concepto con su mala práctica

Luego de publicada la entrevista con Jordi, he podido leer un comentario en el post de Amalio, a través del cual él debate con Guillem y ya ataca directamente al concepto y su esencia, no solo sus malas aplicaciones. O sea: ya la mirada de Amalio resulta crítica en el sentido conceptual y temático, no únicamente acerca de las incorrectas manifestaciones visibles de su práctica que pueden hacerlo “lucir mal”, lo cual había sido mi interpretación inicial tras la lectura del interesante artículo suyo que ha dado origen a todo este debate. 

Dado este nuevo giro del asunto, me enfoco ahora en ese comentario de Amalio, partiendo de otro efectuado por Guillem (al cual responde), y procuraré ofrecer una respuesta pertinente. Vamos a ello.

¡Y ese “ello”, amigo lector, será abordado en otra entrega de esta serie, la siguiente semana! 

Hasta aquí esta tercera parte de la serie, amigo lector. ¿Qué reflexiones te surgen sobre los diferentes aspectos abordados? ¿Será real y está objetivamente sustentada la afirmación de que el personal branding promueve el individualismo, o más bien las manifestaciones de este fenómeno incorrectamente asociadas al personal proceso desarrollador del cual estamos hablando, constituyen feas  e improcedentes distorsiones del concepto y su práctica? ¿Qué piensas tú, qué te dicen sobre esto tus estudios y tu experiencia?

Sería excelente que te manifiestes al respecto, ya sea aquí en el espacio para comentarios del Blog del Personal Branding, o en las redes que compartimos, o en otro trabajo que te decidas a escribir para abordar este interesantísimo y polémico asunto. O tal vez en un breve video en Youtube, o en Instagram, o en Twitter, o en Facebook, o en LinkedIn; o quizás en un audio transmitido a través del podcast que gestionas, en fin…¡De tu aportación podemos aprender todos! ¡Súmate al debate!

El próximo viernes podrás leer aquí la cuarta entrega de la serie, con las respuestas que propongo a la siguiente y muyyyyyy compleja interrogante:

¿Los problemas de la marca personal tienen su verdadera base en la construcción errónea del concepto, o en su mala aplicación? En uno u otro caso, ¿cómo entenderlo, y abordarlo?

Y te anticipo algo: en ese cuarto trabajo, para hablar de la conexión entre marca y marca personal, y demostrar unas cuantas cosas al respecto, tendrás la ampliamente avaladora visita de firmas tan mundialmente prestigiosas e impactantes como las de Tom Peters, Al y Laura Ries, Philip Kotler, Seth Godin, Kevin Lane Keller, Kevin RobertsPaul Capriotti, junto a las de un numeroso grupo de nuestros excelentes y prestigiosos colegas de quienes siempre aprendo y a quienes habitualmente cito, dedicados a la promoción de la práctica correcta del branding personal…¡No te puedes perder ese desfile de imprescindibles, con sus relevantes y esclarecedoras aportaciones!

Hasta entonces, te dejo con un fuerte y cálido brand/abrazo caribeño de tu siempre amigo…

Vladimir

En defensa de la marca personal (Parte 2 de 5), por @Prof_EstradaMSc

Amigo lector:

Recibe mi más cordial y afectuoso saludo en esta segunda entrega de la serie En defensa de la marca personal. Como ya sabes si leíste la primera parte, se trata de cinco artículos de publicación semanal consecutiva que estoy proponiendo en respuesta a la sugerencia de mi amigo y colega, el Maestro Guillem Recolons, en los cuales procuro aportar respuestas a algunas interrogantes derivadas de las críticas y los cuestionamientos hechos por el reconocido profesional español Amalio Rey al concepto marca personal y a su práctica, en un artículo recientemente publicado en su blog. Y aunque esta vez me he centrado en debatir con Amalio, debes saber que él no es ni mucho menos el único que cuestiona y critica el concepto que aquí trabajamos, y su práctica; precisamente por eso es tan importante debatir al respecto, para demostrar las bondades y virtudes de la marca personal y su gestión correcta y efectiva, y también para aprender de las buenas críticas que recibamos, y con base en ello, mejorar sistemáticamente nuestros desempeños en el personal branding. 

Las preguntas a las que daré respuesta hoy -tomado todo ello de mi reciente entrevista bidireccional transoceánica con el Maestro Jordi Collell– son las siguientes:

  1. ¿Solo podemos y debemos gestionar la componente profesional de nuestra marca personal?
  2. ¿El personal branding supone la construcción, adopción y “venta” de una “identidad calculada”?

Se trata de dos temas muy polémicos y que generan mucho debate entre quienes defendemos el concepto y sus buenas prácticas, y quienes lo cuestionan, critican, rechazan o descalifican. Espero poder presentar argumentos suficientes y pertinentes en cada uno de estos cinco trabajos, en defensa de las posiciones que los practicantes, adeptos y creyentes en el personal branding sostenemos y procuramos avalar con nuestros desempeños profesionales en el campo. Y por otra parte, aclaro que el análisis que hago no es en modo alguno exhaustivo ni lo considero acabado; solo he seleccionado algunos fragmentos del post de Amalio, que me han parecido los más pertinentes para explicar a partir de ellos las posiciones que sostengo (aunque sin descontextualizarlos en modo alguno, que no es de eso que se trata este proceso). Pero en dicho artículo, y en el debate generado por los comentarios que aparecen debajo del mismo, hay mucha más materia de análisis; de hecho, la cuarta y la quinta de mis cinco entregas se concentran bastante en algunas zonas de dicho debate.   

Y conste lo siguiente: ya he pensado seriamente en regresar más adelante sobre el tema (será en 2020, si la fuerza me acompaña), retomando algunas otras de las ideas propuestas por Amalio y evaluándolas en sintonía analítica con las de otros varios críticos del personal branding a quienes he leído -y a veces respondido– o lea en adelante, para identificar tendencias y puntos comunes de dichas posiciones cuestionadoras y/o críticas -algunas llegan a ser descalificadoras-; valorar cuáles de ellas/os pueden ayudarnos a mejorar lo que hacemos (y cómo, y cuánto, y con qué); y cuando corresponda, ofrecer los argumentos que a mi juicio puedan demostrar su impertinencia, o en casos extremos (que los hay, y me consta), la intención malsana que pueda sustentarlos.   

Avancemos pues, amigo lector. Gracias por ser, por estar, por acompañarme hoy y siempre. 

¿Solo podemos y debemos gestionar la componente profesional de nuestra marca personal?

Dice Amalio:

Andrés Pérez Ortega, el profesional que, a mi juicio, ha escrito más y mejor sobre este tema, lo ve como la estrategia que permite que ‘una persona se convierta en la opción preferente en un proceso de elección’. Esto último obliga a pensar, por ejemplo, en para qué tipos de cosas nos gustaría que nos elijan, y hacerlo desde una revisión profunda de nuestras fortalezas y pasiones. Esa lectura de Andrés, si se hace desde una perspectiva estrictamente profesional, me parece útil y acertada. Yo la suscribo”.

Mi comentario:

100 % de acuerdo con Amalio, desde su positiva valoración de la obra de Andrés (con la cual coincido y así lo he expresado muchas veces) hasta su breve abordaje analítico de ella, el cual puede ser muy ampliado y estoy seguro de que Amalio lo hizo y hace. Mi única discrepancia aquí es con la evidente separación entre lo profesional y lo personal que Amalio nos propone, con lo cual yo no coincido: creo que en nuestros desempeños profesionales, inevitablemente se manifiesta explícita o implícitamente la persona que somos, desde todos los puntos de vista posibles (he hecho referencia ejemplificada a ello en mi ya citado trabajo de 2016 Sobre la marca personal de los líderes: el liderazgo político y su ejercicio son asuntos muy personales, en el cual, como parte de un breve análisis casuístico, propongo que “…no es posible tener resultados positivos en ninguna esfera de la vida profesional, despersonalizando su esencia y sentido”, y arribo luego a la conclusión de que “en una actividad profesional, todo es personal”).

Es más: considero y creo fácilmente demostrable que las situaciones que afrontamos en nuestra vida “personal” -de familia, de pareja, de salud, etc., etc.-, impactan favorable o desfavorablemente, según sea su curso, a los ejercicios profesionales que desarrollamos (y viceversa, por supuesto; pero no desarrollaré esta parte ahora, sino en otro post). Y si la persona que realmente somos no aflora de alguna forma en nuestro trabajo (por ejemplo, cuando actuamos un personaje forzándonos a “esconder” lo golpeados que estamos por algo feo que haya ocurrido en casa), ello significa que no estamos ofreciendo una imagen real de nosotros mismos; y esto puede afectarnos profesionalmente, porque nos pueden ser asignadas ciertas tareas que nuestro estado anímico no nos permitirá cumplir como se espera, por solo citar un brevísimo caso “práctico” entre tantos posibles.

Y por supuesto, la tendencia a actuar siempre o casi siempre así, nos convierte en personajes y suplanta a la persona que cada quien es. Algo en esta línea le respondí a Guillem en nuestra entrevista bidireccional de 2018, respondiendo a su pregunta # 6: “Si la autenticidad forma parte de la gestión de nuestra marca personal, ¿merece la pena mostrar abiertamente nuestras vulnerabilidades?”. A fuer de sinceros, yo creo y reitero que sí, al menos en todo lo que se relacione de una u otra forma con el trabajo profesional a realizar.

Por algo ha expresado y fundamentado el gran Howard Gardner que “las malas personas no pueden ser profesionales excelentes, no llegan a serlo nunca”, una frase cuya filosofía de base se ha convertido en una suerte de mantra para este servidor. En 2016 lo expresé así en mi artículo Marca personal: “¿creación” o gestión? (cito):

“Nuestro objetivo estratégico principal debe ser, simplemente, que cada bendita vez que una persona de nuestro entorno de incidencia y acción necesite algo relacionado con nuestra actividad profesional, piense en nosotros como primera opción, antes que en cualquier otra persona del campo.

Y observa que no escribí ‘antes que en cualquier otro profesional del campo’, sino ‘antes que en cualquier otra persona del campo’. Porque somos, primero que todo, personas. Y en mi opinión, debemos aspirar siempre a ser primera opción por ser buenas personas que -además- poseemos y vendemos un determinado expertise profesional; y no solo por este último atributo. Si únicamente destacamos para bien por nuestra excelencia profesional, hemos fracasado. La gente busca y quiere buenas personas a su alrededor, no máquinas profesionales de solución de problemas”.

Y un poco más tarde (2017, Mito # 1: La marca personal solo es para “famosos”),así: “…cuando interactuamos de cualquier forma con otros seres humanos, actuamos sobre ellos imponiéndoles carácter o dejándoles huella moral (quinta acepción del concepto marcar según el DRAE, entre otras varias que funcionan para el tema) y a partir de ello, somos y dejamos marca; o sea, somos conocidos, analizados, valorados y reconocidos de uno u otro modo –y luego recordados, eventualmente elegidos, y muchas veces recomendados– a partir de nuestras características, actuaciones y resultados de cualquier índole; todo lo cual constituye la esencia del concepto”.

Y claro, yo he vuelto sobre el tema una y otra y otra vez: esto que Amalio cuestiona representa una muy justa PREOCUPACIÓN que debe OCUPARNOS MUCHO A TODOS. Casi al final de esta respuesta propongo un cierre magistral del mismo, original de Andrés.

Este interesante y polémico asunto admite múltiples miradas más; siempre sugiero revisar al respecto el abordaje del Maestro Alfonso Alcántara sobre la “diferencia” entre marca personal y marca profesional; hoy agrego la interesante propuesta del propio Andrés titulada Marca personal, profesional y privada, en la cual nos plantea -¡todavía en 2011!- que “…cualquier profesional es, ante todo, persona”, y que “…lo que hace que un profesional consiga dejar una Marca Personal, una huella profunda, es el elemento personal. Mi experiencia me dice que una negociación puede cambiar completamente cuando se va más allá de las características técnicas de lo negociado, cuando en ambos lados de la mesa se establece una conexión emocional, una sintonía. Y eso no sucede si no entra el factor persona”. Muy claro, ¿verdad?

Y también agrego algo más de Andrés, tomado de una interesantísima entrevista suya de 2012. Disfrutemos esta añeja y muy vigente joya del Maestro:

“Si no has definido bien tu marca ni es auténtica, lo que va a ocurrir es que vas a estar soportando una serie de valores, características y cualidades que no van contigo. Es importante que esté bien definida y estructurada puesto que es para toda la vida…Es algo que va asociado a tu vida profesional y a tu vida personal”.

Poco que agregar, ¿verdad, Maestro Jordi?

Cierro el punto con una última cita de mi trabajo antes mencionado, asumiendo la política como lo que debe siempre ser: un ejercicio profesional.

“Regresemos a la política. Imaginemos un caso, por demás común y muy frecuente: dos amigos que militan en parcelas políticas diferentes, y que devienen rivales aspirando a una misma posición de gobierno o política en la eterna lucha por el poder. ¿Se resentirá o no la amistad, por antigua que sea, ante los inevitables ataques y contraataques que han de venir en el proceso? Porque, ¿cómo se demuestra que Juan no está haciendo bien su trabajo y que yo lo puedo hacer mejor, si no se ataca la gestión de Juan, y obviamente, a Juan mismo a través de su labor y resultados? No es posible evitarlo, simplemente. Lo más que puede hacerse es no mencionar a Juan por su nombre: solo hacer referencia a los problemas existentes. Pero…¿y quién es el responsable de esos problemas? ¿Y ese responsable no sentirá y resentirá el golpe? ¿Y qué sucederá después a nivel político…y sobre todo, a nivel personal-relacional?

Y conozco casos aún más complejos: matrimonios cuyos miembros militan en partidos diferentes, política y electoralmente contendientes. Y que conviven y deben educar a sus hijos en unos principios, unos valores, una ideología, una praxis, un concepto y enfoque de la vida y de cómo debe ser vivida, y una orientación ideo-política, ofreciéndoles modelos en tal sentido. Las propuestas públicas de sus respectivas organizaciones políticas en algunos o todos estos temas son radicalmente diferentes, y ellos deben buscar o construir un punto o espacio intermedio de acuerdo que no afecte ni a los hijos ni a la pareja ni a otros parientes, ni dificulte la convivencia ni tampoco choque contra sus convicciones ideo-político-partidarias…Resulta muy difícil, y no siempre se logra. ¿Y entonces? ¿Cómo separamos la política de lo personal?”

El punto actual y el que viene a continuación tienen mucho parentesco. Por ello, no nos extrañemos si algunos de mis comentarios al actual funcionan para el próximo, y viceversa. ¿Vale?

¿El personal branding supone la construcción, adopción y “venta” de una “identidad calculada”?

Dice Amalio:

El exceso empieza, a mi juicio, cuando la gestión de esa imagen profesional se mezcla deliberadamente con la personal, adoptando una estrategia de proyección pública del ‘yo persona’ que sirva para vender el ‘yo S.A.’ desde una identidad calculada (NOTA: estas últimas negritas son mías, no de Amalio). Esa mezcolanza es bastante común gracias a las omnipresentes redes sociales”. Y más adelante, al autor explica y argumenta con bastante amplitud esta posición, desde sus propios supuestos de partida.

Mi comentario:

En mi opinión, y al margen del calificativo “exceso” -al cual asocio sanamente con la posición crítica del autor, y no con otras intenciones- la clave del asunto está en el concepto que Amalio propone como “identidad calculada”. Nuestra identidad es lo que realmente somos y nuestros diferentes atributos de toda índole que permiten identificarnos; nuestra imagen -algunos autores la llaman “identidad percibida”, entre ellos Guillem en este breve e interesantísimo post– es lo que los demás perciben de nosotros y cómo nos analizan, valoran y posicionan en sus mentes a partir de eso. Si distorsionamos deliberadamente determinados aspectos de nuestra identidad para ofrecer como imagen un disfraz (en las redes sociales, por ejemplo), estaremos cayendo justamente en las distorsiones de que vengo hablando en términos de gestión de marca personal; y ello no tiene por qué afectar al concepto, sino poner de manifiesto la mala práctica del branding personal por parte de quien lo hace. ¿Ante quién? En principio, ante los conocedores y practicantes serios del tema, que como he dicho al inicio de esta respuesta (y en otros trabajos como este, este y este), deben responsabilizarse por poner de manifiesto ante el gran público que esa práctica es incorrecta y no representa el concepto, y deben ser capaces de modelar las maneras correctas de hacerlo, y de formar a cada vez más personas en y para ello, y de difundir sistemáticamente contenidos que demuestren cómo se hace correctamente y las consecuencias de no hacerlo así, etc, etc. Y mientras esa actuación influenciadora vaya creciendo y cosechando buenos frutos, lo anterior irá ocurriendo ante una base cada vez mayor de públicos conocedores del concepto, y potencialmente interesados en su puesta en práctica.

El propio Amalio ha abordado esto de un modo bien interesante, en un artículo anterior al que hoy comento, así:

“…me gustaría advertir que no tengo nada contra aquellos que usan el palabro ‘Marca Personal’ como mero constructo pedagógico para ayudar a la gente a transmitir mejor (y ganarse la vida con) una identidad auténtica que emana de fortalezas genuinas. El nombre no me gusta nada, insisto, pero si el contenido es bueno, estoy dispuesto a ser menos tiquismiquis.

La contribución de estos profesionales, ‘los buenos’, la valoro positivamente si: 1) ayudan a las personas a descubrir sus potencialidades, lo que más les gusta hacer y hacen (realmente) mejor, 2) les orientan para que esas virtudes se transmitan de un modo eficiente y coherente. Esa labor, desde luego, puede ser de utilidad para mucha gente. Con eso no se hace daño a nadie, pero siempre que se gestione desde una perspectiva sistémica, de satisfacción personal, y no como un mero artefacto de marketing”.

Eso de que habla el distinguido y respetado colega Amalio es, precisamente, impartir formación y/u ofrecer asesoría en personal branding, más allá de que lo denominemos de uno u otro modo por un asunto de gustos o preferencias; como un ejemplo interesante entre muchísimos posibles, sugiero revisar el ya mencionado proyecto Ponte en Valor, de mis amigos y colegas Eva, Guillem y Fran. El proceso incluye un grupo mucho mayor de temas, obviamente, pero las primeras esencias van por ahí, junto a la identificación de las necesidades a las cuales cada quien propondrá soluciones (propuesta de valor) y las aportará (contribución, o aporte de valor), a través de lo cual se posicionará en la mente de quienes haya elegido, recibido, utilizado y valorado positivamente dicho valor (posicionamiento de marca personal).

Y uno de los principales objetivos de la formación o asesoría en personal branding (sí, muyyyyyyyyy de acuerdo: la bien hecha por los buenos), es preparar a los alumnos o clientes para EVITAR A TODA COSTA el cálculo y la construcción forzada de identidades, y más bien al contrario, trabajar y gestionar su marca desde la autenticidad, desde su verdadero yo personal y profesional (porque como muy bien Amalio plantea, ellos 1) ayudan a las personas a descubrir sus potencialidades, lo que más les gusta hacer y hacen (realmente) mejor, y 2) les orientan para que esas virtudes se transmitan de un modo eficiente y coherente). También, para establecer los procesos de mejora continua que sean requeridos para poder ofrecer sistemáticamente al entorno la mejor combinación posible de atributos, potenciales y competencias; y por supuesto, para visibilizar todo ello de las maneras correctas y ponerlo a disposición de quien lo necesita, en forma de valor. Como dice Guillem en su interesante respuesta a Amalio en los comentarios del post: “Muchos prefieren verlo como una exaltación del ego, y es porque únicamente retienen la parte de visibilidad. Es algo absurdo, como creer que debajo de la parte visible de un iceberg no hay nada”. Eso es mala praxis. La verdadera gestión de marca personal no es eso que Amalio justamente critica.

En la entrevista de 2012 antes citada, nos dice Andrés lo siguiente: “Una persona tiene una marca personal y un personaje tiene otra marca personal. Un buen ejemplo puede ser la marca personal de Harrison Ford y su marca corporativa de Indiana Jones. Si estamos creando un personaje no estamos creando una marca personal. La marca personal tiene que ser ante todo auténtica”. Autenticidad que niega por completo la posibilidad de “calcular la identidad” que vamos a ofrecerle al mundo, por cualquier vía y en cualquier soporte. Lo que otros ven de nosotros debe ser el más fiel reflejo de lo que somos, hacemos y logramos nosotros: de eso se trata la verdadera gestión de marca personal. Construir limpiamente el mejor yo personal/profesional/social que seamos capaces de construir, y ofrecerlo diáfanamente al mundo que nos rodea como fuente de valor para aportar soluciones, marcándolo así con lo mejor de nosotros.

Porque además, quienes hacen tales cosas deberían pensar inclusive en los peligros a los que se someten al hacerlo; y el no pensar en ellos nos deja muy claro que no están gestionando nada realmente personal, sino únicamente un disfraz: ni más, ni menos. Pues como nos legó Lincoln, se puede engañar a todo el mundo una parte del tiempo, o a una parte del mundo todo el tiempo; pero no es posible engañar a todo el mundo todo el tiempo. Y como he dicho antes, la verdad, terca como es, tarde o temprano aflora y desenmascara. Basta que aparezca UNA oportunidad en la que deban demostrar en la práctica todo o parte de lo que han venido vendiendo como propio sin serlo, saberlo, saber hacerlo, tenerlo, etc…¿Y entonces?

Quiero precisar un poco más este importante aspecto, acerca del cual las confusiones son muy frecuentes.

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define identidad como “Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás” y “Conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a las demás”. Ambas acepciones funcionan de modo exacto en la línea en que vengo desarrollando el punto, y reafirman el hecho de que “la construcción de una identidad calculada” es una falsificación, que obviamente, no puede ser equivalente a la marca personal de nadie, primero, porque no la refleja en su genuina realidad, y además, entre otras varias cosas, porque dicha marca no se basa únicamente en los rasgos personales ni es definida en, desde ni por la autoconciencia de la persona en cuestión. La marca personal de alguien la definen quienes rodean a esa persona y reciben el impacto de lo que ella es, hace y logra, a partir de lo cual la analizan, valoran y posicionan en sus mentes de una u otra forma, en uno u otro sentido.

El propio Diccionario nos define imagen pública como “Conjunto de rasgos que caracterizan ante la sociedad a una persona o entidad”. Las palabras clave aquí son: ante la sociedad. O sea: podemos tener una autoconciencia o una percepción de nosotros mismos que vaya en un determinado sentido (nuestra identidad), pero ello no necesariamente significa que seamos precisamente eso para quienes nos rodean. Es más: dependiendo de múltiples factores, puede suceder que para ellos seamos lo opuesto (una excelente herramienta de análisis de esta posible disonancia -entre varias existentes- es la famosa ventana de Johari). Y por otra parte, la imagen es definida a través de rasgos; las actuaciones que desarrollamos -aplicando algunos o todos esos rasgos, o sea, nuestras características personales, y también nuestras competencias profesionales-, y los resultados que obtenemos integrando espontáneamente lo que somos y lo que hacemos -o sea, siendo nosotros mismos y comportándonos como somos en cada espacio de acción: estudio, trabajo, familia, sociedad, etc.-, configuran un conjunto que se queda en la memoria de quienes nos rodean (memoria que es definida por el Diccionario como “Facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado”), gracias al cual nos posicionan de una u otra forma, y que les permite recordarnos y acudir -o no acudir- a nosotros en situaciones en las cuales podrían requerir nuestros servicios, o que simplemente les hagan evocar una frase dicha por nosotros, o un error que hayamos cometido, o algo positivo o negativo que alguien más les haya dicho acerca de nosotros, o el aporte de valor que hayamos sido capaces de hacer y que se haya traducido en soluciones…y un laaaaaaaaaargo etc. “Eso” se llama marca personal, y entre otras varias cosas, integra nuestra identidad, nuestra imagen, el recuerdo que dejamos en los demás, el posicionamiento que conseguimos en sus mentes, etc., etc., etc. Y en términos mercadotécnicos y de negocios, esa marca define mucho de nuestras oportunidades profesionales, especialmente en este mercado cada día más saturado de ofertas y más escaso en oportunidades.

Un “detalle” más, en tono interrogativo. Si coexistimos profesional o socialmente con un grupo de personas, ¿qué hay de malo ni de negativo, o por cuál motivo y en qué medida nos convierte en farsantes -o cualquier opción equivalente-, el hecho de que hagamos a conciencia un proceso de mejora personal, que nos permita ser para quienes nos rodean la mejor persona y el mejor profesional que seamos capaces de ser, lo cual nos posicionaría en sus mentes como alguien que tiene algo valioso para darles y permitiría que puedan recibir, utilizar y aprovechar el valor que podemos, debemos y queremos aportarles -y vivir decentemente de ello, si es el caso-, sin que ello implique ni signifique dejar de ser nosotros mismos, imitar a otros, falsear nuestra imagen, manipular nuestros atributos ni perder nuestra autenticidad?

Amigo lector:

Hasta aquí la segunda entrega de esta serie de artículos. ¿Qué piensas acerca de los dos temas abordados hoy? 

La semana entrante (el próximo viernes, para ser exacto) te propondré mis respuestas a la siguiente y muy compleja pregunta:

  • ¿Hacer personal branding correctamente nos convierte necesariamente en seres individualistas?

Hasta entonces, y en espera de tus opiniones, comentarios y      valoraciones en cualquier sentido, te dejo el más cordial brand/abrazo de tu siempre amigo,

Vladimir

En defensa de la marca personal (Parte 1 de 5), por @Prof_EstradaMSc

Amigo lector:

Recibe mi más cordial y afectuoso saludo en mi regreso al Blog del Personal Branding (uno de mis más queridos hogares digitales), tras casi un año sin publicar en este tan importante espacio, dedicado desde su nacimiento al desarrollo y posicionamiento internacional del concepto marca personal y de su proceso de gestión, el personal branding. 

Tenía preparado para hoy un post bastante extenso sobre el tema reflejado en el título que encabeza este post (la defensa profesional de la marca personal ante determinados ataques más o menos antiguos y otros muy recientes que viene sufriendo el concepto y su práctica); pero a sugerencia de mi amigo y colega Guillem Recolons, lo he dividido en cinco entregas que saldrán publicadas sucesivamente aquí durante igual número de semanas.   

Espero que este formato te ayude en el procesamiento gradual de la información que te estaré proponiendo sobre tan polémico y delicado asunto..

Con tu permiso y esperando tu amable comprensión, quiero dedicar esta producción a la dulce memoria de mi madre, fallecida hace pocos días, y cuya alma está en tránsito hacia el definitivo espacio de luz en que ha de morar en adelante; y seguirá inspirándome como lo hizo desde mi infancia, con su eterna, perseverante e indoblegable exigencia de lo mejor. Para ti, mami, este mi primer trabajo luego de tu partida. Ojalá te guste, mi vieja querida. Nos vemos pronto.

Muchas gracias, amigo lector. 

En esta ocasión, te propongo algo totalmente atípico en mi producción publicada en el prestigioso blog que nuevamente me honra al recibirme, y no sé si algún otro autor lo habrá hecho antes en este medio: la “extracción” de un fragmento de otro trabajo, para proponerlo al público desde aquí, recontextualizado y ampliado con algunos nuevos elementos. 

¿Cuáles razones me mueven a ello? Entre otras varias posibles, te propongo las siguientes:

  1. Dadas las características y complejidades del tema que trato en el post que ahora lees, relacionado con el concepto marca personal, su práctica, su gestión, su impacto en los públicos, su evolución, las críticas que recibe, y la marca social que ha ido cultivando, considero que este blog temático colectivo es el espacio idóneo para difundirlo y hacerlo llegar al público interesado en la marca personal, que tiene aquí un gran hogar y un óptimo espacio de información y debate. Esta es desde hace años la casa mayor del personal branding en lengua española; por tanto, es el mejor ambiente donde podemos debatir sobre ella, entre nosotros como comunidad profesional (por mi parte, yo prefiero tribu, jejeje) y con quienes deseen hacerlo con nosotros. 
  2. El artículo original donde aparece este contenido en mi blog, es muy largo, y además, multitemático; y por la significación y especificidad del tema, prefiero darle a esta propuesta la posibilidad de ser leída y valorada por nuestros públicos en un entorno que permita analizarla “en solitario”, al margen del resto de los temas allí abordados. 
  3. El concepto marca personal sigue siendo cuestionado por algunos actores sociales de cierta influencia (legítima y muy bien ganada, por demás, al menos en el caso del interlocutor con quien hoy debato); pero ello suele ocurrir desde bases y posiciones que a mi juicio no se corresponden con su realidad actual ni con su práctica correcta, como en el caso del interlocutor con quien hoy debato. Al menos hasta hoy, entre las varias críticas al personal branding que he tenido oportunidad de leer (hablo de críticas bien hechas por personas serias, competentes y respetables), no he hallado una sola ante la cual no podamos esgrimir argumentos válidos, sólidos y plenamente creíbles como sustento de la marca personal, la legitimidad que posee en su calidad de factor de desarrollo, la necesidad de su gestión efectiva, y su importancia estratégica creciente; pero no basta que podamos hacerlo, es necesario que lo hagamos. De las “otras” críticas, hechas por ciertos “críticos”, prefiero no hablar, y por supuesto, no las debato así, in extenso: no creo que valga la pena. 
  4. Considero -y lo he expresado muchas veces- que se requiere establecer líneas colectivas y comunes de acción, a nivel conceptual, metodológico y práctico, para que la defensa de la marca personal y su gestión sea objeto de consensos generados en y desde la comunidad profesional que lo practica –unidad en la diversidad-, y no de agentes aislados.
  5. Debemos perder, de una buena y definitiva vez, el miedo al debate. Debatiendo ideas, conceptos, metodologías y experiencias, aprendemos y crecemos todos si lo hacemos bien, con enfoque al tema, respeto al interlocutor, voluntad de aportar y aprender, y manifestando todo el dominio posible, tanto temático como propio.

Y sin más que decirte en este momento introductorio, te dejo con mi respuesta ampliada a  la novena pregunta que recientemente me formuló el Maestro Jordi Collell en nuestra entrevista bidireccional transoceánica:

¿Qué necesita el personal branding para que perdure como concepto y entre en el top of mind individual?

El plan temático de está serie de cinco posts está casi totalmente diseñado con base en preguntas que abordan los diferentes temas tratados. Así:

  1. Introduciendo el debate
  2. ¿Podemos o no podemos controlar la huella que dejamos en los demás?
  3. ¿Solo podemos y debemos gestionar la componente profesional de nuestra marca personal?
  4. ¿El personal branding supone la construcción, adopción y “venta” de una “identidad calculada”?
  5. ¿Es necesariamente negativo abordar con intención  mercantil/competitiva la gestión de nuestra marca personal, o más bien ello representa una necesidad/urgencia epocal? Y en todo caso, ¿solo se trata de eso?
  6. ¿Hacer personal branding correctamente nos convierte necesariamente en seres individualistas?
  7. ¿Los problemas de la marca personal tienen su verdadera base en la construcción errónea del concepto, o en su mala aplicación? En uno u otro caso, ¿cómo entenderlo, y abordarlo?
  8. ¿Gestionar nuestra marca personal nos cosifica?
  9. A modo de conclusión

Espero tu gentil intervención en este análisis, amigo lector. Recibe como siempre, mi más cordial abrazo, y la invitación a volver a leerme por aquí antes de fin de año: si la fuerza me acompaña, te propondré mi próximo artículo creado para El Blog de Soymimarca, el cual está en fase final de cocción caribeña, titulado Marca personal: no somos buenos para todo, ni tenemos por qué serlo. Si no es posible, prometo inaugurar mi próximo enero productivo aquí, con ese trabajo.

¡Seguimos juntos aquí debajo, respondiendo a Jordi! ¡Adelante, pues!

Vladimir: 

¿Qué necesita el personal branding para que perdure como concepto y entre en el top of mind individual?

Pues bien, Maestro: yo creo que principalmente (aunque no únicamente), el personal branding necesita cada vez más practicantes haciendo cada vez más correctamente las cosas correctas, para decirlo con Peter Drucker. Y que conste: como ya lo hemos definido, me refiero a la asunción del concepto como reflejo definitorio de una realidad que siempre ha existido. La marca personal no nació en 1997; ese año nació el concepto que la define, la describe y ha contribuido tanto a dárnosla a conocer, y a que la posicionemos en nuestras mentes como el poderoso recurso que ella constituye A PARTIR DEL RESULTADO QUE ELLA ES; y junto al concepto nació también, por supuesto, el germen del primer modelo formalizado de gestión de la marca personal.

En este sentido, la mejor contribución que podemos y debemos hacer al desarrollo y posicionamiento del concepto MARCA PERSONAL en el mundo se basa, a mi juicio, en cuatro pilares:

  1. En nuestro respeto a los conceptos base del personal branding (y la calidad y pertinencia conceptual, contextual y metodológica de su renovación y/o ampliación, cuando ello proceda);
  2. En nuestra buena práctica del personal branding;
  3. En la forma en que traslademos a nuestro entorno sus esencias, su metodología, sus ventajas y su potencial desarrollador (utilizando todas las vías posibles, empezando por la formación y la producción /difusión de contenidos); y por supuesto,
  4. En la buena defensa que seamos capaces de hacer de él. Porque críticos y detractores habrá siempre (con razón o sin ella, de cualquier concepto, y mucho más de uno tan revolucionario y polémico como este); y escépticos, también. Y por supuesto, habrá entre los críticos personas que lo cuestionarán de buena fe, porque choca con lo que siempre han sabido y/o creído; otras porque al no haberlo estudiado no saben muy bien de qué se trata y tienen por norma criticar todo lo que no entienden; otras, muy bien preparadas, lo hacen o harán porque sencillamente están en rotundo desacuerdo con sus postulados -y con todo el derecho, por supuesto; recordemos siempre la frase generalmente atribuida a Voltaire, cuya autora real es la escritora Evelyn Beatrice Hall: no comparto lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo)-. En fin, el mar, como diría el poeta nacional de mi Cuba bella, Nicolás Guillén.

Hay mucha preocupación (y muchas preocupaciones) entre diversos prestigiosos practicantes y no practicantes acerca del concepto, su situación actual y las distorsiones que ha sufrido o aún sufre (ya le he hablado al respecto en otra respuesta anterior). Las suscribo; al menos aquellas que identifico como válidas, en tanto responden a una legítima preocupación por el tema y sus implicaciones, y no a meros intentos de descalificación burda y gratuita –o no tan gratuita, jejeje; de todo hay en la viña del Señor– de lo que en muchos casos ni siquiera se conoce bien por parte de los “críticos”. Pero estoy tranquilo, por muchas razones, Maestro; entre ellas, las que he aducido en mi respuesta a su pregunta sobre la trascendencia de la marca personal, y otras que propondré en esta respuesta.

Me toca muyyyyyy de cerca una apasionada y apasionante reflexión recién parida que acabo de leer, propuesta por el Maestro David Barreda: uno de los colegas que me merecen mayor y más profundo respeto en lo humano y en lo profesional, por lo auténtico de su ser y sus aportes, por la evidentísima coherencia entre ambas dimensiones en su accionar, por lo exquisitamente propio de su voz, y por lo amplio, profundo y diverso de su dominio conceptual y metodológico en las áreas que trabaja, entre otras razones. Con él tengo múltiples coincidencias temáticas, suelo citarlo en mis trabajos, y tenemos conjuntamente en proceso algo que ha demorado por razones de fuerza mayor que escapan a mi control (y que incluye a otros tres o cuatro colegas del otro lado del charco); pero definitivamente, viene, y ya no tarda mucho.

Dice David:

“…un ejemplo significativo es cómo reaccionamos desde esta comunidad cuando recibimos una crítica hacia el concepto de Marca Personal o Personal Branding. Veréis, solemos actuar de dos maneras: si la crítica es absurda, cargada de contradicciones y errónea en sus planteamientos, todos nos unimos y la masacramos unánimemente… nos mostramos como un grupo unido en un mismo frente; pero si, en cambio, la crítica que se recibe no tiene contradicciones, está fundamentada y nos cuestiona sólidamente los planteamientos con los que trabajamos lo que hacemos es ignorarla… como si no existiera… la tratamos como si la hubiera escrito un hater que nos quisiera trolear… decidimos colectiva e implícitamente ‘no darle bola’…”

100 % de acuerdo con este gran profesional en el espíritu y la letra de su propuesta. En esta respuesta, Maestro, intentaré humildemente atenuarle a David al menos uno de sus motivos, o parte de él: la que muy justamente atañe a que ignoramos las críticas que nos son hechas como comunidad profesional del personal branding. Lo cual es cierto, al menos en una parte de nuestra tribu que no suele confrontar con nuestros críticos. El análisis, el debate, la confrontación profesional respetuosa, son maneras esenciales de crecer como profesión y como gremio; al menos en mi práctica -y así lo he demostrado, como puede apreciarse en una somera mirada a este blog- yo lo asumo como parte de mi filosofía y mi ideología profesional, y es un valor clave incorporado y practicado sistemáticamente en mis diversas actividades. Y SI COMO COMUNIDAD PROFESIONAL NO LO HACEMOS, ENTRE NOSOTROS Y CON QUIENES NOS CUESTIONAN, NOS AUTOCONDENAMOS A NO CRECER, Y DESDE AHÍ, A DECRECER.

Y por otra parte, es preciso que distingamos entre el concepto MARCA PERSONAL y las formas CORRECTAS de aprenderlo, aprehenderlo, practicarlo y difundirlo, y las distorsiones de todo ello que hacen “lucir mal” al concepto y su praxis. Me explico brevemente aquí debajo, y abundaré al respecto más adelante.

Que algo -aquí, la marca personal– sea mal entendido o mal aplicado y/o practicado por un grupo de personas, no significa ni implica, hasta prueba en contrario, que ese algo sea malo o esté mal (lo cual puede ser, obviamente; pero no tiene que ser). Significa e implica que algunos o muchos lo han entendido mal y lo aplican y practican mal, por las razones que sea; y ello entraña la necesidad de mejorar las formas, frecuencias, intensidades y calidades en y/o con las que los diferentes “alguien” promotores y practicantes serios de ese algo, hacen su trabajo.

¿Objetivo? Que cada vez sean menos los equivocados, los detractores, y peor aún, los “confundidos” por los equivocados y los detractores. No podemos esperar que un concepto tan polémico como este sea igual de aceptado por todo el mundo todo el tiempo (ecos “paráfrasicos” de Lincoln). Hay dinámicas interesantes en ese sentido a las cuales me referiré brevemente, en cuanto comente -también brevemente- una de las pocas críticas serias y bien sustentadas que he tenido la suerte de leer acerca del tema.

Lo que viene a continuación es un intento humilde, decente, sincero, documentado, profesionalmente avalado, serio -espero no pecar de autobombo hablando así, pues como se verá, nada de esto me incluye a mí solo-, y que espero resulte efectivo, de practicar el cuarto de los elementos que he listado al inicio de esta respuesta, en alusión a lo que necesita el personal branding para perdurar y entrar al top of mind individual: me refiero a la defensa de la marca personal, como concepto y como atributo, y del personal branding como su proceso de gestión. Porque como he dicho antes, considero que “solo podemos defender con propiedad este concepto, desde nuestro máximo rigor profesional al practicarlo; y ello resulta importantísimo cuando confrontamos intelectualmente acerca de determinadas definiciones y/o posiciones, a personas de alto nivel de formación y elevada calidad humana, que piensan diferente a nosotros acerca del tema, y proponen/sustentan/defienden con calidad y solidez sus posiciones/definiciones al respecto”. Y el rigor profesional de que hablo pasa por demostrar al mundo lo que decimos, con elementos conceptuales, metodológicos, experienciales y prácticos tan sólidos, documentados, confiables y precisos como nos sea posible proponer, y siempre con base en el máximo respeto al otro. Vamos a ello.

Introduciendo el debate

Un excelentemente reputado experto como Amalio Rey (sigo su blog por email y admiro sus propuestas, que aportan mucho valor), ha publicado hace pocos días el artículo titulado El lado oscuro de la marca personal, y nos invita a debatir al respecto. Aprovecho este espacio para hacerlo, Maestro Jordi, porque cabe perfectamente entre los elementos a través de los cuales intento responder esta exigente pregunta suya; solo comentaré algunos de los planteamientos que me parecen más significativos de ese post, y en otro momento lo abordaré con mayor amplitud. Y antes que todo, quiero agradecer el exquisito respeto con que este gran profesional ha abordado el asunto, la forma gentil y delicada en que nos invita a debatirlo, y el hecho mismo de que nos considera y denomina (como LO MERECEMOS, dado que LO SOMOS) una COMUNIDAD PROFESIONAL; ello me habla muy bien de la calidad integral de este caballero, que viene a cuestionar un concepto y algunas de sus prácticas, pero no intenta descalificar de manera personal a sus practicantes, como sí lo han hecho otros. Es mi primera interacción “directa” con él; espero que haya muchísimas más en lo adelante.

Finalizando esta introducción al momento de debate, quiero reiterar y precisar un elemento que me parece muy importante. Siento absoluto respeto por las críticas que Amalio hace (que no son nuevas en su producción) desde SU PERSPECTIVA sobre los temas que aborda; una perspectiva construida, al parecer, desde su observación y análisis de prácticas distorsionadas de personal branding, tanto, que no ameritan tal nombre. Las disonancias a las que haré referencia — y profundizaré en ellas- tienen que ver con el hecho de que, en mi muy personal opinión, y también en la de muchos competentes y experimentados colegas (incluyendo a varios de los mayores referentes del tema) cuyos trabajos citaré en mi análisis, los hechos y tendencias que Amalio critica en este post no constituyen exactamente (y me atrevo a decir, ni siquiera aproximadamente) un reflejo fiel del concepto marca personal, ni de las formas correctas de gestionarlo.

Me explico: a juzgar por las propuestas de su texto, Amalio cuestiona cosas que él considera constituyen falencias asociadas a la marca personal y su gestión, partiendo de lo que ha visto hacer y oído — o leído- decir, a muchas personas que hacen mal, o muy mal, lo que en el mejor de los casos ellas/os CREEN que es gestionar correctamente su marca personal, Y QUE DEFINITIVAMENTE, NO LO ES, como espero poder demostrarlo en breve. Las críticas de Amalio, muy justas por demás, no corresponden al ejercicio correcto de las BUENAS PRÁCTICAS asociadas al personal branding, sino a PRÁCTICAS INCORRECTAS E IMPROPIAS que desvirtúan dicho concepto y lo hacen desmerecer a los ojos del público, de lo cual tengo años ocupándome en sentido muy crítico (como lo sabe todo el que me lee desde hace algún tiempo), previendo justamente que puedan darse casos como el que hoy nos ocupa: que personas de alto nivel intelectual y elevada calidad humana cuestionen el concepto que trabajamos, A PARTIR DE LO QUE HACEN QUIENES NO SABEN TRABAJARLO.

Vamos al rollo, pues.

¿Podemos o no podemos controlar la huella que dejamos en los demás?

Dice Amalio:

“…el concepto de marca personal está creando una falsa sensación de capacidad de control ‘de la huella que dejamos en los demás’, lo que hace que mucha gente fuerce las dinámicas de interacción, pierda frescura, y se meta en unos moldes que a veces dan vergüenza ajena de lo artificiosos que son”.

Mi comentario:

Eso es una gran verdad. Pero en modo alguno niega la validez ni pertinencia del concepto; niega la calidad de su práctica por parte de quienes justamente Amalio critica. Porque no hay ningún texto mínimamente serio sobre personal branding que invite a sus practicantes a falsear su imagen pública, a asumir moldes ajenos, etc., etc.. Vengo hablando de esto desde hace mucho, por ejemplo, en este post de 2015. Repito: que alguien aplique algo mal, no habla mal del algo, sino del alguien.

Y por otra parte, reafirmando lo absurdo del error criticado por Amalio —no de la crítica, sino del error-, hay un aspecto de índole conceptual que es imprescindible aclarar una vez más; he procurado hacerlo y sustentarlo en mi trabajo Marca personal: ¿medio o resultado?, de 2018. A riesgo de repetirme, afirmo que la marca personal ES UN RESULTADO, y para convertirse en medio debe ser primero ese resultado. Mismo que obedece al valor que hayamos sido capaces de aportar -o que hayamos dejado de aportar cuando debíamos hacerlo- a otras personas, a través del cual nos habremos posicionado en sus mentes de uno u otro modo, en uno u otro sentido; y en virtud de tal posicionamiento, ellas nos colocan más alto o más bajo en su escala de opciones, es decir, nos ubican como elegibles o como no elegibles. Y solo en el primer caso (por supuesto, nunca en el segundo, especialmente si ello se hace muy notorio) habremos conseguido una marca personal que, adecuadamente comunicada y visibilizada, puede ser utilizada por nosotros como un medio para muchas cosas: empleo, oportunidades de negocio, propuestas de colaboración, son las más socorridas aunque no las únicas.

El destacado colega Miquel Rossy —un excelente brander del área educacional, con quien tengo proyectos pendientes y en proceso, que ya muy pronto estarán en línea, gracias a Dios- ha propuesto algo que aún está tibio, y que me parece fantástico. Helo aquí (negritas mías):

  1. “Cualquier marca es un acto comunicativo, la síntesis de todas las comunicaciones que nos llegan acerca de una persona o una entidad.
  2. Siempre estamos comunicando, queramos o no. Por eso siempre tenemos brand, marca, aunque no haya branding, es decir la decisión de orientar y consolidar la marca.
  3. Todo acto comunicativo consiste en la construcción de un signo: un elemento material que captamos por los sentidos significará una realidad emotiva o conceptual. Así pues, todas las marcas son un signo.
  4. No importa qué tipo de marca sea: corporativa, personal, de ciudad, de país…De hecho, en realidad, no es –como muchos piensan– que la marca personal sea sólo una traslación a las personas de la marca corporativa. Lo es quizás desde el punto de vista histórico de la metodología, es decir del branding; no, de la existencia de la marca.
  5. Porque en realidad, las primeras marcas comunicativamente hablando son las personales. Todos emitimos continuamente juicios sobre los demás, desde la primera vez que entramos en contacto. Básicamente sobre su afinidad y su competencia, sobre la confianza que podemos depositar.
  6. Cuando construimos juicios sobre entidades, las estamos personalizando, las estamos tratando igual que hacemos con las personas: es amable, es ambiciosa, es radical…”

Como es fácil apreciar en este fragmento (y recomiendo encarecidamente la lectura del post aquí citado), Miquel describe en tan breve y rica síntesis el proceso a través del cual dejamos nuestra huella en los demás; y lo que nos deja dicho define mucho sobre nuestra posibilidad de controlarla, especialmente a través del cuidado de nuestra comunicación con los demás, y en general, con todo nuestro entorno. Veámoslo brevemente juntos, mediante dos citas de trabajos anteriores de un servidor.

Comunic/Arte: un must para tu marca personal

“Seas lo que seas, trabajes en lo que trabajes, y sea cual sea tu proyecto de vida y tu objetivo estratégico, no puedes materializarlo ni conseguirlo sin un ejercicio efectivo y pertinente de la comunicación. Porque en esta nueva época no podemos nada solos. Y el único modo de que quienes te rodean sepan quién eres, lo que sabes y sabes hacer, lo que haces, lo que quieres, lo que debes, lo que puedes, y cómo harás las cosas, y qué requieres de ellos, y qué les aportarás, y cómo pueden involucrarse y contribuir, y cómo va saliendo todo, y cuáles son las mejoras requeridas, y qué tanto se ha logrado, y lo bien que lo han hecho y lo feliz que estás, etc., etc… es haciéndoles saber al respecto de modo explícito o implícito (o ambos). Y solo puedes hacerlo comunicando. No informando, sino comunicando. Lo cual es un proceso, como mínimo, bidireccional, pero que debería ser siempre, en aras de la efectividad (eficiencia + eficacia), de la calidad y del impacto, multidireccional.

Y cuando ello se trata de tu marca personal (en cualquier ámbito profesional en que actúes), y muy especialmente, si tu marca personal marca a otras personas en el ejercicio del liderazgo gerencial, los requerimientos de efectividad en tu ejercicio de comunicación se multiplican por millones. Porque el impacto –positivo o negativo– de lo que eres, haces y logras (o sea, de tu marca personal) puede llegar a millones de personas, según sea el alcance de tu actividad y/o de tu organización. ¡No puedes, por tanto, equivocarte en eso!”

Marca personal y comunicación: nexo estratégico

“Comunicamos desde nuestra forma de vestir, de caminar, de sentarnos, de gesticular, de proyectar la voz, de mirar o no mirar al interlocutor, de insistir, de callar, de espaciar las palabras, de respirar, de mirar alrededor. Comunicamos con nuestro olor, con nuestro peinado, con nuestra presencia o ausencia, con nuestro trato cercano o distante, con nuestro estilo, con la mayor o menor afectividad de nuestras expresiones. Con nuestra riqueza o pobreza intelectual. Con nuestras manifestaciones emotivas, con la sorpresa que manifestamos cuando toca o no toca. Con nuestro nivel de información o de desinformación. Con nuestros modos de escribir y de leer (y esto último, no solo en presencia ajena -en cuanto a velocidad, concentración, etc.-, porque lo mucho o poco que demostremos conocer acerca de lo leído, también comunica, y mucho). Con el dominio (profundo, intermedio o pobre) que manifestamos sobre los temas que proponemos o nos son propuestos. Con las demostraciones de lo que nos gusta o nos desagrada, de lo que nos mueve o nos deja indiferentes, de lo que nos motiva o nos aleja. Con nuestras intervenciones y su oportunidad (o la falta de ella). Con nuestras buenas o malas maneras de hacer lo que sea que hagamos, especialmente en momentos y espacios de socialización.

Y lamentablemente, muchas veces no nos percatamos de qué y cómo y cuánto comunican muchas de estas cosas acerca de nosotros y nuestro ser/actuar/lograr; o sea, nos perdemos la oportunidad de gestionar nuestra marca personal desde nuestra forma de comunicarnos y comunicarla.

Y he dicho en todos los casos “comunicamos” (presuponiendo, como debe ser, el carácter al menos bidireccional de este proceso), porque, aunque no nos percatemos, es muy difícil y hasta raro que no recibamos algún tipo de respuesta a nuestros mensajes verbales o no verbales: respuestas de cualquier índole, magnitud, color, calor, intensidad y alcance, a veces imperceptibles y otras muy claras, evidentes, y hasta explosivas. El problema es que muchas veces no las captamos, o no las decodificamos, interpretamos y analizamos adecuadamente; y eso limita mucho nuestras posibilidades de marcar como deberíamos, podríamos y desearíamos hacerlo”.

¿Complementan estas ideas la propuesta de Miquel, Maestro Jordi? Y por otra parte, ¿la idea queda clara?

Y hay algo más que decir sobre el planteamiento de Amalio que aquí estoy comentando. Si bien nunca será absoluto, y posiblemente resulte imposible para algunos o muchos seres humanos en determinados momentos y circunstancias, el control de la huella que dejamos en los demás tampoco es una utopía, ni es una falsedad considerarlo posible. Porque dicha huella depende, inicial y esencialmente, de su génesis, o sea, del ser, el hacer y el logro de una persona, y de la forma en que todo ello llega a quienes le rodean y se queda en ellos. Y aunque obviamente la subjetividad de cada sujeto receptor de tales impactos es individual, y junto a otros elementos de carácter más social, dicha subjetividad determina su asimilación y valoración de lo que recibe, no es en absoluto imposible autogestionarnos para que lo que llegue de nosotros a los demás sea la expresión de nuestro esfuerzo por ser la mejor persona, el mejor profesional y el mejor ser social que seamos capaces de ser; y de tal manera, controlar al menos parcialmente la huella que dejamos en nuestro entorno humano. Al contrario, ello es plenamente posible y además, muy necesario; y la práctica del verdadero branding personal, basado en valores y enfocado a aportar valor, va en esa dirección. Nos guste o no, siempre habrá distorsiones, agresiones, descalificaciones negativamente motivadas, chismes, presiones, incomprensiones, malos entendidos, etc., etc., pero nada de eso nos niega ni la posibilidad ni el derecho a ser integralmente mejores cada día, y de influir a través de todo ello sobre quienes nos rodean y /o saben de nosotros. O sea, de trabajar para controlar la calidad de la huella que dejamos en ellos. Y personalmente, además de lo ya mencionado, yo lo considero UN DEBER de cada quien. ¿Usted qué cree, Maestro?

 

Amigo lector:

Hasta aquí la primera de la cinco entregas de esta serie, dando nuevamente gracias a Guillem por su práctica propuesta y a ti por tu gentil lectura. La semana entrante te espero con las respuestas que, como parte de este debate y defensa, yo propongo a las siguientes dos preguntas:

  1. ¿Solo podemos y debemos gestionar la componente profesional de nuestra marca personal?
  2. ¿El personal branding supone la construcción, adopción y “venta” de una “identidad calculada”?

Hasta entonces, y en espera de tus apreciaciones, consensos,  disensos y propuestas en relación con la problemática que nos ocupa, quedo a tu orden y te dejo con un cordial brand/abrazo de tu siempre amigo…

Vladimir

10 conceptos que harán la diferencia para tu #marcapersonal, por @nanvazy

Hablar de Personal Branding es todo un arte, quienes nos dedicamos a trabajar en esta área encontramos diversos enfoques sobre los cuales podemos dirigir nuestra propuesta de trabajo. Existen muchas líneas que son muy comerciales a la hora de hablar y atraer a las personas para que consuman nuestros servicios, pero también existen aquellas que no son tan atractivas al público, e incluso para los mismos profesionales en el área, y es por eso que algunos pueden estar más especializados que otros.

Tu marca personal, la diferencia

Gestionar nuestra marca personal no es cuestión de unos días o semanas, gestionar nuestra marca personal es trabajo de toda una vida. Para algunos puede ser un tema digital, solamente trabajar nuestra presencia en redes sociales o tener una web, para otros puede ser tener una buena imagen personal, para otros tal vez tener buenos contactos, e incluso podemos pensar en tener nuestro diseño de logo e incluso colores y fuentes, pero la realidad es otra. Hay que detenernos a pensar lo que en realidad implica un proceso de personal branding y al mismo tiempo si tenemos una marca personal como resultado o si la descubrimos y fortalecemos.

Desde mi punto de vista, una marca personal se descubre, se gestiona y a través del personal branding vamos a  fortalecerla y lograr el mensaje adecuado para así poder transmitirlo.

Saber que implica gestionar nuestra marca personal es un tema que debemos conocer de cerca, para evitar errores o inversiones innecesarias e incluso podemos descubrir creencias que nos limitan a hacerlo, y que nos pueden llevar a un punto diferente del que actualmente nos encontramos.

Te comparto 10 conceptos que harán  la diferencia para tu marca personal:

Comunicación

La comunicación no es clara sin esfuerzo

Muchas veces  queremos que las personas sepan quiénes somos, o qué  hacemos y por qué hacemos lo que hacemos de forma automática, pensamos que por el solo hecho de tener alguna red social ya todo mundo sabrá de nosotros. En algunos escenarios también se piensa que solo por tener una carrera se venderá nuestro servicio, a veces es también una falta de visión o actualización la que nos mantiene fuera de juego en el mercado.

Para que los demás sepan quiénes somos y qué hacemos tenemos que aprender a comunicar, pero ese proceso no ocurre de una manera tan simple y sin ruidos.

La forma en que comunicamos es fundamental para lograr nuestros objetivos, aprender a comunicar es básico para una buena gestión de marca personal.

A veces nos enfrentamos que muchos de los temas que vamos a intentar comunicar no están claros para nosotros mismos, y eso entonces distorsiona el mensaje, de igual forma nuestro objetivo no puede estar claro y hará que todos nuestros esfuerzos no rindan los frutos que buscamos.

La comunicación es clave en la creación de cualquier relación, por lo que definir objetivos, mensajes y la forma en que vamos a establecer la comunicación son los primeros pasos , a partir de ahí tenemos que esforzarnos constantemente para lograr una comunicación efectiva.

Tienes claro: ¿Cuál es mi misión? ¿cuáles son mis valores? ¿cuál es mi contribución al mundo? ¿cuál es el resultado de esa contribución? ¿cómo voy a contar mi historia?

La comunicación de tu mensaje debe alinearse en los diversos puntos en los que hace contacto tu marca personal, requiere esfuerzo y dedicación. Para eso es que nos ayuda un proceso de personal branding, para traer claridad, consistencia y coherencia en el mensaje sobre quién eres y lo que comunicas

La gestión de marca personal es esforzarse para ser entendido.

Autenticidad

El personal branding no va a ocultar realmente quién eres, al contrario, va a decir quién eres desde tu forma más auténtica

A veces las personas creen que es crear un personaje e interpretar un papel, tener un guión y seguir cada actividad como si de un robot programado se tratara.

Es cierto que elegimos qué mostrar a los demás, pero dentro de esa elección debe estar el mayor porcentaje de lo que realmente se es.

No quedaras oculto (tu esencia) al trabajar tu marca, por el contrario, la gestión de marca te ayudará a exponer tus convicciones de forma empática y traer mucha más seguridad a partir del momento que entiendes cómo ocurre el proceso de comunicación. Nuestra marca personal gana propósito y sentido cuando nos empeñamos en crear conexión real.

Si en algún momento trabajar tu marca personal suprimió tu naturalidad y autenticidad, algo no fue bien trabajado, la autenticidad es parte de lo que creará tu diferencia en tu marca personal y lo que lograra fortalecerla con el tiempo.

La autenticidad es un código que no puede ser transferido, copiado o igualado por los demás, o por nosotros si es que estamos tratando de imitar a alguien. 

Ser auténtico es defender quiénes somos, nuestros ideales y pensamientos, es ponerle un sabor único a cada cosa que hacemos.

Proceso 

El personal branding no es cosificar, no se trata de pensar en ti como un producto

El personal branding es un proceso en muchos sentidos, es un proceso que nos ayudará a gestionar nuestra marca personal para tener un resultado concreto. Pero también nos muestra otros procesos que debemos desarrollar, como la creación de una comunicación clara y que se está mejorando constantemente. 

La creación de relaciones es otro resultado de un proceso de construcción en el área social o profesional, debes darte a conocer, generar contacto, conexión y tener un seguimiento, una atención al cliente, es claro que las relaciones se trabajan constantemente para poder consolidarse. No por ser “X” ya tienes amigos o contactos reales, puede existir un interés peros solo de un lado, una relación siempre debe cimentarse en el ganar-ganar.

Puedes tener visibilidad, mas no influencia, puedes ser conocido pero no generas ingresos, la confianza, diferencia y credibilidad se ganan con el tiempo, son un proceso. 

Dentro de la gestión de marca personal existen muchos procesos de los cuales debemos ser conscientes, nada es de hoy para mañana, ni el día y la noche pues llevan un movimiento para que puedan existir. 

Si buscas resultados reales y sostenibles en el tiempo que te garanticen el desarrollo de una carrera, hay que pensar en procesos e inversión de tiempo de forma consciente. 

Gestión

La marca personal no es tan fácil como hacer un logo ( y hacer un logo tiene su proceso) 

Ten claro que gestionar una marca no es simple como algunos lo pueden vender, tampoco es que sea imposible, pero conlleva  muchas acciones e inversiones a su alrededor. De alguna forma lo pienso con la frase: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, nuestra marca personal es ese poder que no cualquiera tiene, y que como todo superhéroe se debe desarrollar y aprender a usar a favor de los demás, si lo vemos pensando en el superhéroe que te guste lleva un proceso, acepta quién es, su misión, sus poderes, los trabaja, comunica quién es y que hace, gana credibilidad, diferencia y confianza.

Aprender a gestionar nuestros recursos, emociones, habilidades, conocimiento, etc., nos ayuda a vernos de forma clara para saber qué podemos aportar y qué no, nos plantea el camino para llevar a cabo acciones de forma estratégica. Gestionar nos  ayuda a evitar situaciones a ahorrar tiempo, dinero y esfuerzo, e incluso nos hace ir pasos adelante.

El personal branding requiere de trabajo constante y coherente, necesita de la claridad de los objetivos, de una evaluación constante para mejorar acciones y comunicación según los resultados que queremos o que se van obteniendo. Se trata de desarrollar la habilidad de gestión pues nadie puede ver tus resultados de forma objetiva más que tú mismo, solo cada uno de nosotros sabemos  lo que realmente buscamos y sobre todo lo que estamos dispuestos a hacer por ello.

Todo se basa en una mejora continua.  

Humanizar

Humanizar es volvernos cercanos a los demás,  es generar emociones.

Contrario a lo que debería ser, la llegada de las redes sociales y la tecnología nos acercó a cientos de personas. Pero al mismo tiempo nos alejó, y eso no debería ser. Las personas en la actualidad buscamos conectar y conversar con personas reales, con sus historias, pues no identificamos y queremos estar cerca. 

Se han perdido habilidades de comunicación, de crear conversación, empatía etc. se busca reconocimiento sólo por ser y prácticamente por existir, suena exagerado pero real en muchos casos

Las marcas son, cada vez, más humanas. La única forma que existe de humanizarnos es a través de las emociones y sentimientos que generamos para los demás, la cercanía que podamos lograr con los demás.

Somos únicos. Nuestras singularidades forman nuestra identidad. Nuestras marcas de vida son nuestra marca.

Las marcas humanizadas no se comunican de forma distante y comercial. Es necesario estar cerca de sus colaboradores, consumidores, aliados y seguidores. Por lo tanto, la comunicación tanto interna como externa, realizada en persona o en lo digital, debe ser cada vez más humana. Es así que tiene que ser.

Hay que recordar la diferencia entre tener un negocio y tener una marca. El enfoque de un negocio es el producto. El enfoque de las marcas son las personas. Las marcas están hechas por personas. Las personas son como las marcas. Son únicas, poseen valores únicos y una diferencia sólida.

Única

Cada persona es una marca personal, lo sepa o no, le guste o no y la diferencia entre las marcas personales es la gestión del impacto y acciones que realicen, para lograr beneficios.

La gestión de marca personal no es para todos, sólo para quienes están dispuestos a trabajar verdaderamente en ella.

Cada uno de nosotros es único e irrepetible y todos nosotros ya dejamos una impresión en el mundo que nos rodea.  El personal branding para la gestión de la marca personal trata principalmente de trabajar en la reducción del ruido y de la mala interpretación del mensaje que enviamos. De esa forma tu proyección debe ser mucho más cercana de quien realmente eres.

Si cada uno es único, cada uno tiene potencial para proyectar una marca única. Aquí no solo es pensarnos únicos de forma física o de comportamientos, sino en la forma en que podemos aportar valor a los demás a través de nuestra propuesta de valor, que se torna única, por todo aquello que suma a crearla, nuestras fortalezas, experiencia, identidad, estilo de vida. Cuando logramos entender nuestra diferencia, lo que nos hace únicos, y poner en valor esta  información-acción entonces podemos diferenciarnos de los demás, pues se trata de ocupar un lugar en la mente de los demás cuando de generar una solución a sus necesidades se trate.

Ser únicos es entender la forma en que aportamos valor, la forma en que solucionamos una necesidad, desde nuestra autenticidad, diferencia y esencia, desde la integración de todo lo que nos conforma.

Identidad

El personal branding no se resume en diseño, formas y colores o redes sociales.

Todas las personas que admiras, tuvieron el coraje de comunicar lo que ellas creyeron en algún momento, de esta forma  consiguieron dejar su marca en los demás, al comunicar sus ideales comunicaron su identidad, en lo que creen por lo que luchan y sueñan, nos dejaron claro quienes son.

Nuestra identidad como personas está conformada por diversos elementos, no somos “marcas”  somos marcas personales, somos personas, por lo tanto no podemos trabajar solamente una identidad visual. Es importante resaltar que las actitudes también comunican, muchas veces mucho más que las palabras. Por lo tanto , aunque tener un logo, trabajar los aspectos de diseño, los colores e imagen que ayudan en esa construcción, en el personal branding esos elementos no componen necesariamente tu identidad como persona, y es cierto que se puede trabajar en algunos casos, pero no  todas las marcas personales requieren el desarrollo de una identidad visual gráfica. 

Tu identidad es  mucho más que eso. Antes de pensar en lo visual hay que trabajar y  alinear lo que construye nuestra identidad personal que nos distingue de los demás y que va construida por los diversos tipos de identidad que marca la diferencia, como la cultural, relacional, política, identidad religiosa, vocacional o intelectual.

Nuestra identidad se construye día a día por las elecciones que tomamos y todo aquello que sumamos.Es resultado de todas tus acciones. 

El personal branding va mucho más allá  del diseño gráfico y del a identidad visual.

El personal branding está íntimamente ligado con el coraje y la actitud, con lo que hacemos o dejamos de hacer.

Relaciones

Personal Branding es relacionarse, no solo es visibilizarse.

El Personal branding es mucho más que un conjunto de análisis y acciones estratégicamente pensadas . Está ligado al comportamiento y las relaciones, la conexión e influencia que se pueda generar con las personas.

Las relaciones son clave para lo que queramos lograr, las personas compramos personas, tratamos todo el tiempo con otras personas, entonces construir buenas relaciones es básico.

Hay personas que se quejan de que las personas logran buenos puestos o exposición por que tienen ayuda de otros, que los conectan o que hicieron el trabajo por ellos, se niegan a establecer relaciones por que no se “venden” ante los otros sólo para quedar bien, y es cierto que no es por quedar bien, es saber trabajar nuestra red de contactos, es saber de forma correcta qué debemos hacer, es plantearnos nuestro liderazgo y ponerlo al servicio de los demás, no es agradar a todo mundo, es ser proactivos y tener visión de lo que podemos dar y ganar por dar un extra, siempre sin perder objetividad, pues por encajar cualquiera puede hacer cosas pero realmente impactar e influir en otros es hacer una inversión de tiempo.

Tampoco es hacer relaciones al por mayor, es pensar estratégicamente en las relaciones que quieres tener, pensar quién va a sumar y que, al mismo tiempo también es pensar cómo tú lo vas a ayudar, recuerda no es sólo recibir, es ganar-ganar.

Cuando se crean relaciones se establece un grado de conexión alto, con credibilidad y confianza de base, se puede contar con un capital relacional para cuando requieras invertir en un proyecto o idea. 

Conexión

Marca Personal no es sinónimo de autoridad, ni mucho menos  es fama.

Algunos pueden a afirmar o vender que la marca personal posee una relación directa con ser una autoridad. Pero no necesariamente es así. También podemos leer o escuchar que vas a destacar y ser famoso solo por el hecho de lograr una diferenciación .Marca personal tiene que ver con posicionamiento y conexión .

Aunque logremos la diferencia, eso no hará que automáticamente se sea una autoridad o referencia, hay que comunicar constantemente que hacemos y cómo lo hacemos. Para comunicar necesitamos a otros que estén del otro lado para escuchar nuestro mensaje, pero aquí debemos entender y conocer a quién vamos a enviar nuestro mensaje y por medio de qué canales, ahí empezamos la conexión, sabemos qué busca, qué necesidad hay que resolver y entonces comunicamos. Pero la conexión no es sólo eso, va más allá. Si no conectamos con emociones no existimos, no hay nada que recordar, hay que emocionar.   

Cuando logramos crear emoción en el otro logramos conectar, y al hacerlo entonces nos recordaran, lo que nos llevará a lograr un posicionamiento , y esto es ser notorio, pues nos visualizamos a través de esa emoción y esa diferencia, ya estamos en la mente de los demás.

Una vez lograda una conexión podemos lograr cierto nivel de influencia en los demás.

Cuando influimos en los otros, tenemos la clave para poder lograr determinados objetivos, pues  influir en otro implica credibilidad, cuando creen y confían en nosotros, nos compran, nos eligen y recomiendan.

Integración 

El Personal Branding es integración, es alinear diversos esfuerzos y poner en acción varias áreas.

No sólo es comunicación o marketing digital, no es teoría, es práctica.

Para que logremos una buena gestión de nuestra marca personal debemos pensar en trabajar con diversas áreas, que suman entre sí para lograr resultados. Esa es la diferencia. Para trabajar con personal branding debemos entender a las marcas desde el branding y el marketing, debemos entender a las personas y su comportamiento desde áreas como la psicología, antropología, sociología, el coaching, pero también debemos voltear a ver la administracion, relaciones publicas, diseño, imagen personal, finanzas e incluso estadística.

Como dice Andrés Pérez Ortega, es pensar en nosotros como una empresa, como una Yo. S.A. y eso implica desarrollar nuestra acciones con la ayuda de estas áreas.

Cada caso de gestión de Marca Personal es único, y requiere de esfuerzos diferentes, hay métodos que nos ayudan a estandarizar acciones y minimizar esfuerzos, pero al aplicar estos métodos requieren de ser adaptados a las necesidades de cada persona, no todos requieren lo mismo, ni lo que hace uno le será funcional al otro.

Los resultados de otros nos pueden inspirar e incluso nos pueden ayudar a modelar recursos, pero tu caso es único, y de esta forma hay que trabajar tu marca personal, para conocer qué nos hace únicos debemos empezar por la base, el autoconocimiento.

 

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¿Cómo vas a ganar nuestra atención?

El dilema de la atención

La verdad, no pensé que lo conseguiría. Era sábado por la tarde y la gente se agolpaba de pie alrededor de las puertas de los bares. ¿Encontrar a mis amigos? ¡Parecía imposible! 

Empecé a andar por la plaza, abarrotada. ¡Qué follón!

”Paciencia…veamos…” pensé, armándome de valor. 

De repente, oí mi nombre entre la multitud. 

Aliviado, pensé que al final, encontrar la aguja en el pajar no fue tan difícil como parecía. 

Aunque, pensándolo bien, puede que sea más complejo de lo que parece, teniendo en cuenta que la evolución lleva preparándonos para este tipo de momentos algunos millones de años.

A parte de agradecer profundamente a nuestros ancestros tanto esfuerzo para que hoy nos podamos tomar unas cañas con los nuestros, lo verdaderamente interesante de esto es que ilustra cómo estamos “programados” para focalizar nuestra atención en aquello que es relevante para nosotros.

El experimento de Cherry

Este efecto fue descrito en 1953 por Colin Cherry, uno de los psicólogos que sentó las bases del estudio de los procesos de atención humana. Lo denominó “The cocktail party problem”.

Cherry se preguntaba cómo era posible que, en un evento social, dentro de una sala llena de gente hablando y tomando copas, de entre el ruido de las voces, los cristales resonando y el alto volumen de la música, podemos (con más o menos dificultad) seguir el hilo de una conversación que nos interesa.

Si el contenido es el rey, la atención es la “diosa” que le concede este derecho

Cherry hizo un experimento, en el que mandó escuchar a los participantes dos mensajes diferentes a través de unos auriculares que reproducían un mensaje diferente por cada canal. Luego les pidió que atendieran primero a su oreja derecha y luego, a la izquierda. Cherry encontró que la mayoría de los participantes eran incapaces de entender y retener  nada en el lado desatendido, excepto cuando se reproducía su nombre de pila. Al escuchar su nombre, los participantes desviaban su atención hacia el otro canal, automáticamente. Era información relevante para quién escuchaba.

Es fascinante como, de manera natural, de entre todo el ruido que nos envuelve constantemente, somos capaces de extraer esa información que realmente nos interesa, la que nos va a ser útil.

Cada vez nos damos más cuenta que la atención no se capta por crear el botón más rojo, más grande y más parpadeante de internet, sino por crear el mensaje que más emocione, más conecte de manera humana con las creencias y valores de su receptor.

En tu estrategia de marca personal, céntrate en desarrollar un mensaje que sea capaz de captar la atención de tú “Sí Cliente”. Trabaja para que empatice tanto con tu mensaje, que cuando éste aparezca de entre todo el ruido de un mundo interconectado, sea captado con facilidad por su esencia, por su significado y por su relevancia en quién está buscando justo lo que tu ofreces.

Si descartan tu candidatura por tu huella digital, quizás te han hecho un favor. Por @guillemrecolons

No paro de escuchar y leer que muchos e-recruiters, nethunters o cazatalentos pueden “escanear” tus redes sociales para descartarte, no para confirmar la validez de tu candidatura. Era de esperar que esto pasara. El currículum “mortae” suele ser un cúmulo de tópicos que a menudo no ayuda a decidir nada. Y claro, las personas que se dedican a reclutar (y en eso tengo buenos referentes cercanos) buscan más información que les ayude a tomar decisiones. Y, desde luego, es tentador (y aconsejable) analizar la huella digital.

¿Hay huella digital buena y mala?

Claro. La mala persona es mala fuera y dentro de la red. Tarde o temprano saldrá su YO natural. Y lo mismo con la buena. Lo que sucede es que incluso una buena persona puede haber dejado una mala huella digital. Casi siempre por ausencia. Recordemos que todo deja marca, lo que decimos y lo que callamos, lo que hacemos y lo que no hacemos.

Si estamos en situación de búsqueda o mejora de trabajo, vamos si hemos lanzado candidatura al empleo, hay que vigilar nuestra huella digital en dos ámbitos:

Huella digital por ausencia

En estos casos, los e-recruiters suelen encontrar lo que llamo basura digital: información no controlada por el candidato. Lo más frecuente es:

  • Aparecen datos excesivamente personales como dirección personal, teléfono… La causa es que posiblemente se haya descargado un software en lugares peligrosos y no se ha leído la letra pequeña. Nada es gratis, tú te descargas un software pero a cambio de datos personales que pasan a otras empresas para su explotación.
  • Aparecen datos sobre cargos de obligado apunte en el registro mercantil, como apoderados, administradores… A menudo esa información puede ser negativa.
  • No aparece información exactamente tuya, pero sí de personas que se llaman como tú, y que pueden hundir tu reputación si el e-recruiter no es hábil en la búsqueda.

Huella digital negativa

seguimiento de huella digital

Photo by NeONBRAND on Unsplash

Los e-recruiters suelen encontrar lo negativo. Normalmente es lo que se comparte más, y por eso sube a primeras posiciones orgánicas si no eres alguien que publique con asiduidad. Lo frecuente:

  • Todos habremos escrito o dicho algo que tenía sentido en un contexto pero no fuera de ese contexto. Esto es algo muy habitual de periodistas que buscan titulares fáciles en tweets, por ejemplo.
  • Todos habremos tenido un momento de euforia que nos ha hecho compartir algo que, pasada la euforia, no lo hubiéramos publicado. Aunque una publicación se pueda borrar, no es fácil borrar el rastro que haya dejado a través de otras personas.
  • Si tienes un perfil trol de esos que te permite desahogarte diciendo lo que piensas sin pensar lo que dices, en principio no deberían identificarlo con tu nombre. Pero vigila, al final todo se sabe y siempre hay alguien que puede hablar más de la cuenta y revelar el perfil. En ese caso, olvídate de encontrar trabajo.

Desconocemos el criterio del reclutador, y también el de la empresa que busca candidatos

No existe un manual de estilo universal para que un reclutador descarte a alguien. La subjetividad es elevada, y todo es opinable. Imaginemos que la empresa empleadora ha dado instrucciones de descartar a candidatos cuya huella digital contenga información sobre gustos, aficiones, filiaciones. O también personas que de vez en cuando se hacen un selfie. O personas que publican mucho, o poco.

Te diré algo, si alguien nos descarta alguna vez por ser nosotros mismos (y no somos gilipollas), quizás nos estén haciendo un favor. Seguramente no nos interesa trabajar en una empresa con criterios tan cerrados, de esas que “capan” la conexión a redes sociales a los empleados, de esas que por fuera aparentan pero por dentro nadan en un mar de caspa. 

La persona que recluta, aunque aplique su propio criterio, sigue instrucciones de la empleadora. A veces encontrar el equilibrio entre lo que publicamos y lo que no publicamos es difícil. El criterio de pensar 10 segundos antes de publicar y hacerse las tres preguntas mágicas suele dar buen resultado.

  • Esto que voy a publicar, ¿es mejor que el silencio?
  • Esto que voy a publicar, ¿aporta valor a quienes quiero que lo aporte?
  • Esto que voy a publicar, ¿me aporta valor a mí?

Los que nos dedicamos al personal branding tenemos mucho trabajo analizando y tratando de mejor la huella digital, esa parte de la marca personal al alcance de todos.  Que tengas un feliz día, y si eres candidato a mejorar o conseguir trabajo, ten muy presente las tres preguntas mágicas.

 

Imagen portada: Photo by Victoria Heath on Unsplash

Marca personal, al revés… por @fransegarrab #marcapersonal

Cuando realizo una formación charla o taller relacionado con el concepto de marca personal, suelo empezar desmontando completamente el concepto. Intento realizar un cambio de “mindset” sobre el personal branding y que los asistentes (o alumnos) cambien la percepción sobre algunas ideas preestablecidas sobre el tema: trabajar solo por la visibilidad, venderse a uno mismo, lograr fama, etc…

Es indispensable cambiar la percepción cerrada sobre el personal branding como estrategia única de visibilidad, venderse a uno mismo o lograr fama

Entonces, una de las maneras en las que “desmonto” el concepto de marca personal es, directamente, darle la vuelta y poniéndolo del revés: “personal marca”

El orden de los factores sí altera el resultado

No es ningún truco. Muchas veces me dan ganas de empezar a usar el concepto marca personal justamente al revés: personal marca. Lo sé lo sé, al leerlo no es tan bonito, pero quizás podría ser más pertinente.

Se trata del orden de los factores. En este caso, sí altera el resultado. Y es que cómo usamos el lenguaje es crucial. De la misma manera que “no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo“, marca personal y personal marca no tendrían el mismo significado para nosotros.

Porque cuando un lee primero “marca” y después “personal”, se nos abre primero el cajoncito de lo que son las marcas: visibilidad, grandes presupuestos, miles de seguidores, retweets, fama, gloria..  y ya uno quizás se empiece a montar el cuento de la lechera.

La segunda parte “personal” se desvirtúa ante lo que nos ha venido a la cabeza antes. Y narcotizados por lo que vamos a conseguir, olvidamos la parte de “personal”, dejando atrás la parte sumergida del iceberg del personal branding.

Con esta reflexión solo pretendo pedirte: No olvides la parte de “personal” de tu marca personal. Sin ella, no se sostiene. Y en el fondo, lo personal, marca.

 

Photo by Daniel Lincoln on Unsplash

5 ejemplos de #marcapersonal al servicio de la ciencia, por @fransegarrab

Si has leído mi anterior artículo “#MarcaPersonal al servicio de la ciencia”, has podido ver por qué una buena estrategia de marca personal consistentemente asociada a una carrera investigadora, puede llevar a otro nivel el trabajo de un profesional académico.

Hoy quiero listar algunos científicos que, bajo mi punto de vista, han consiguiendo crear buenas marcas personales que perdurarán para siempre. Personas que han sabido entender y combinar estos dos mundos para crear un contexto win-win entre ciencia y divulgación. Aquí tienes 5 ejemplos de marca personal al servicio de la ciencia:

Tim Berners-Lee y el poder del Storytelling

Sin él, ni tú estarías leyendo este post ni yo tendría para quién escribir. Este gurú de la computación británico la “lió parda”. Se le ocurrió que podía hacer algo para que los científicos pudieran compartir información, desde cualquier parte del mundo.

Tim Berners-lee

Tim Berners-Lee / Foto: Silvio Tanakaderivative work: CC BY 2.0

Y lo hizo.

Creó el sistema de dominios, el método de hipertexto (lenguaje HTML) y navegación que hoy conocemos como Internet.

Lo cierto es que el Dr. Tim Barners jugó fantásticamente “al juego” del personal branding, consiguiendo conectar muy bien con su público y encantarlo, a través de un potente storytelling.

Y es que renunciar la posibilidad de hacerse multimillonario a cambio del bien de la humanidad, rechazando la posibilidad de privatizar la World Wide Web es un potente argumento para convertirse en un tipo de admirar. Veamos sus palabras:

Si la Web fuera propiedad de una empresa, todo el mundo tendría que esperar a que el departamento de investigación de ella produjera la siguiente versión de su navegador, y esto no sería bueno. Para que algo como la Web exista y se expanda, tiene que basarse en estándares públicos y gratuitos. La red no debe tener dueño (Fuente: “Muy Interesante”)  

¿Potente, verdad?

Stephen William Hawking: divulgación y marca personal

Stephen Hawking

Stephen Hawking / Foto: De NASA – Original. Source (StarChild Learning Center). Directory listing., Dominio público

Físico inglés, fue (y es) quizás el paradigma de cómo potenciar la ciencia a través de la divulgación, siendo capaz de trascender los círculos científicos, haciendo llegar la cosmología a las personas de “a pie”.

Además, en abril de 2014, Hawking dio un paso al frente en pro de su marca personal y registró su nombre y su imagen en la Oficina de Propiedad Intelectual, con fines benéficos.

Y todo esto lo hizo sin perder la admiración y el respeto de la comunidad científica en la que tanto participó.

La guinda del pastel: que se haya hecho una película sobre su vida: “La teoría del todo”  

Jane Goodall: la hiperespecialización de la marca personal

Jane Goodall

Jane Goodall / Foto: De Jeekc – Self-published work by Jeekc, CC BY 2.5

En el post “Divide y vencerás” te comentaba sobre la importancia de polarizar a través de tu marca personal. Eso es precisamente lo que ha hecho una de las más famosas primatólogas de la historia.

Para aquellos que le han seguido, se ha convertido en toda una referente en cuanto al estudio de los primates. Para sus detractores, solo es una observadora que ha estado trabajando con una completa falta de rigor científico.

Godall, en vez de centrar sus esfuerzos en convencer a sus detractores, siguió trabajando y mejorando sus métodos, encantando a aquellos que le consideran como un referente.

Albert Einstein: marca personal eterna

Albert Einstein

Albert Einstein. Foto: Orren Jack Turner, Princeton, Dominio público

Dicen que es uno de los científicos más fotografiados de la historia. ¿Quién no recuerda todo tipo de estampas suyas en camisetas, toallas, gorras…?

Es cierto que la teoría de la relatividad general posiblemente se hubiera vendido sola. Algo que cambia el mundo no necesita demasiado branding. Pero lo cierto es que Einstein tuvo una labor que todo referente en su campo profesional debería tener: fue capaz de “bajar de la palestra” como nadie y entregar su lado más humano al mundo, mientras paralelamente entregaba a la ciencia una auténtica revolución.

Dr. XXX (pon aquí el nombre de tu médico de cabecera, el de toda la vida)

No hace falta ir a buscar grandes nombres. No es necesario encontrarnos científicos que llenan portadas de libros y de periódicos. Tu médico, el de toda la vida, también posee una fuerte marca personal.

Una marca personal labrada durante años de trato con las personas de una comunidad. De dar buenos consejos a sus pacientes. De tranquilizar en momentos difíciles. Del trato con las personas.

Ejemplos de proximidad de la ciencia aplicada a personas reales con problemas cotidianos.

¿Puedes imaginar qué sucedería si toda esta marca personal fuera trabajada de manera “consciente? Yo sí. Y te confieso que me gustaría ver los resultados.

¿Y tú, a quién más incluirías en esta lista de ejemplos de marca personal al servicio de la ciencia?

¿Puede ser el autoconocimiento un proceso rápido y eficaz? El capital Vital, por @FranSegarraB

Si estás leyendo este post significa que estás decidido a pasar a la acción. Estás decidido a sobresalir del resto, a impactar más, a vender más, a ser contratado, a ser un referente. Y también sabes que necesitas que sea un proceso coherente, consistente, eficaz, fiable. Por eso, entiendes que solo lo lograrás empezando por lo básico: el autoconocimiento. Porque, de lo contrario, ¿cómo vas a crear una propuesta de valor única?

Pero la introspección tiene un problema: el tiempo que necesitamos invertir en ella. Lo he vivido en muchos de mis clientes y en mí mismo. Y es que los momentos de cambio suelen ser momentos de acción, de intensidad y siendo sinceros, el autoconocimiento está muy bien… pero necesitas ir al grano. Es en esos momentos que darle operatividad al asunto del autoconocimiento es clave. Necesitas auto-reconocerte de manera rápida y eficaz.

La herramienta que te presento hoy aquí tiene precisamente este objetivo: ayudarte a identificar de manera estructurada y sencilla aquello que te interesa de tu mundo interior.

¡Vamos a ello!

El Capital Vital

He dividido el capital vital en dos dimensiones de auto-análisis fundamentales:

  • Dimensión intrapersonal: formada por todo aquello que representa tu identidad, tu visión sobre el mundo, tus hábitos…
  • Dimensión interpersonal, para que puedas reconocer tu contexto más cercano (personas, lugares, rutinas…) y puedas ver si te potencia o te limita.

Cada una de estas dos dimensiones la forman 3 tipos de capitales, que paso a describirte a continuación:

Dimensión Intrapersonal.

Capital Emocional

Relacionado con procesos psicológicos como la intuición, creatividad, capacidad de alto rendimiento, regulación, competencias emocionales, inteligencia emocional, capacidad de adaptación a nuevos entornos… Este es el espacio para analizar tus “intangibles”.

Todos estos procesos están íntimamente ligados a esas aptitudes que necesitas para ser un referente en tu profesión: capacidad de gestión de la propia carrera, de autodisciplina y sobretodo, tu capacidad para crear un estilo de vida propio.

Por supuesto, las emociones que eres capaz de gestionar tendrán un impacto directo en que emociones eres capaz de generar en los demás, algo importantísimo para tu estrategia de marca personal.

Capital de Intensidad Vital

¿Qué vida estás viviendo? ¿Estás viviendo el tipo de vida que quieres vivir? ¿Estás viviendo una vida suficientemente intensa? Tus experiencias vitales configuran la manera en cómo son tus fortalezas, debilidades, aptitudes y actitudes frente a ti mismo y al mundo que te rodea.

En este apartado te propongo que analices esas experiencias que forman o han formado tu propio estilo de vida, tu plan vital: estancias en el extranjero, deportes practicados, aficiones, viajes… Parece mentira como muchas veces “escondemos” esta parte de nosotros, tan importante en esta nueva era.

Capital de Identidad

La complejidad de nuestra identidad es infinita. Nuestras experiencias, nuestras vivencias y cómo se han configurado nuestros esquemas mentales nos hacen únicos e irrepetibles. Tomar consciencia de ello es sumamente poderoso.  Éste es el espacio para analizar todo aquello que te hace único: (auto-concepto, valores, aprendizajes, experiencias) para entender qué nos limita o qué nos potencia (creencias, hábitos, esquemas mentales, prejuicios…) para lograr nuestros objetivos. Es todo lo relacionado con nuestro self (identidad)

Dimensión Interpersonal ¿Cuál es tu contexto más cercano?

Capital Relacional

En un mundo global e híper-conectado, gran parte de la riqueza de una marca personal se  determina por la calidad de las relaciones personales que seamos capaces de establecer y mantener en el tiempo.

Claro que aquí no estamos hablando sólo de aquellos que te van a financiar, sino de aquellos que van a estar a tu lado. Esas personas que conocen de verdad tu auténtico valor y van a apoyarte de una manera incondicional. Esas personas que van a estar ahí aunque todo pueda estar muy jodido.

¿Has oído hablar sobre el concepto de las “3 efes de la financiación” en el mundo emprendedor? Pues aquí se trata de analizar si tú también cuentas con tus family, friends and fools particulares.

Capital Formal

Por mucha nueva era social e hiper-concetada que estemos viviendo, tus experiencias y competencias de carácter más “formal” o “normativo” siguen siendo importantes: experiencias profesionales y formativas, puestos de trabajo, títulos, ascensos, cargos….  Este es el espacio reservado para recopilar y analizar todo aquello que pertenece a tus “Hard Skills”.

Una pista: piensa en todo aquello que incluirías en tu currículo en su versión más “clásica”.

Capital Aplicado.

Una vez has listado tus “títulos”, es hora de analizar lo que has plasmado de ellos en la realidad: proyectos, logros, fracasos, casos de éxito, portafolio de tus clientes… Más allá de puestos y títulos, esto es lo que mejor avala a un profesional, ya que determina sus “realidades”.

Demuestra(te) lo que realmente eres capaz de hacer y explica(te) cómo has logrado tus objetivos, así como las enseñanzas que emanan de tus “fracasos”. Si el anterior punto pertenecía a un análisis basado en Hard Skills, este se basa en Soft Skills.

Canvas de Trabajo

Si te interesa esta herramienta y quieres descubrir cuál es tu propio Capital Vital, te dejo un pequeño regalo que espero pueda serte útil: una plantilla con la que podrás trabajar todas estas dimensiones que te he explicado. Puedes descargarla aquí en varios formatos (PDF, ODT, Powerpoint o imagen) Puedes trabajar tu propio Capital Vital individualmente o en grupo. Si eres profesional de cualquier disciplina relacionada con el desarrollo personal, siéntete libre de usarlo en tus talleres, conferencias o consultorías (solo te pediré que no lo modifiques o si lo haces, por favor avísame al email f.segarrab@gmail.com. Estaré encantado de comentar modificaciones o cualquier duda)  

Espero que esta herramienta no solo te sirva para crear la base de una buena estrategia para tu marca personal, sino que además te sirva para auto-reconocerte mejor y quizás ser algo más feliz o al menos, sentirte más “al mando”.

 

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