Para profesionales que quieran mejorar sus competencias, visibilidad y habilidades

Jefe tóxico y marca personal (2), por @PabloAdanMico

Hace pocos días presentaba la primera parte de esta serie de posts “Jefe tóxico y marca personal“. Si te la perdiste, te recomiendo su lectura para aprovechar mejor esta segunda parte.

Cuadro de atributos del jefe tóxico

Tras analizar diferentes estilos y actitudes de los jefes tóxicos se detalla a continuación un cuadro donde se ordenan los ingredientes de cada una de ellas, y queda como sigue:

Cuadro de atributos del jefe tóxico

Evidentemente este cuadro de atributos no representa una regla general. No todos reúnen las mismas cualidades ni responden a este mismo esquema, pero sí representa el modelo general que pretendo transmitir a partir de este análisis de referencias, opiniones y experiencias recabadas.

La marca personal del jefe tóxico, la percepción que se tiene de él y se manifiesta, es la realidad, la que cuenta y la que genera el juicio de los demás. Porque es un cúmulo de interferencias y frustraciones que difícilmente pueden ser cambiadas.

Con prestigio y sin reputación

Si partimos de que el prestigio es lo conseguido por méritos propios, como el expediente formativo o la trayectoria profesional, la mayoría de perfiles tóxicos, al menos los más representativos, disponen de suficientes ingredientes para disponer de un prestigio a un buen nivel.

Han estado en varias organizaciones o se han movido entre diversas áreas de la empresa, siempre en un estatus de jefe de equipo o directivo. Han cumplido con los objetivos que de ellos se esperaba, pero han dejado un auténtico cementerio de talento allí por donde han pasado.

Esto les genera una reputación; es decir, la opinión de los demás sobre su persona y su actividad. Es una reputación enfrentada en dos direcciones; positiva frente a la jerarquía porque da resultados a corto plazo (lo califican de líder), y negativa en las personas que las sufren (le llaman jefe).

Esta reputación llega al mercado con cuentagotas, se va filtrando desde dentro hacia fuera a través de antiguos empleados, clientes y proveedores. Y deja huella.

Por su parte la generación de confianza, esa chispa que conecta a dos o más personas y que crea en ellas una posibilidad de reciprocidad, no se crea de la nada ni se genera desde el poder. La confianza tiene un doble componente de seguridad y esperanza.

La confianza es una reacción natural, casi instintiva, por lo que si no hay argumentos en base a hechos y prueba es muy difícil que se establezca. El jefe tóxico recurre a su gran arma para iniciar las relaciones, la seducción, pero pronto queda diluida ante las falsas expectativas, las mentiras y las promesas incumplidas.

Es la vuelta a los éxitos del corto plazo y la imposibilidad de mantenerlos en el tiempo. Se construirá así una imagen rígida e inflexible, experta en equipos inmaduros o situaciones conflictivas. El problema suele ser que es él quien genera el estado de inmadurez, los propios conflictos que luego pretende resolver y con los que justifica su actitud.

Esta abismal distancia entre lo que parece que es y lo que es realidad genera confusión primero, después falta de confianza y finalmente rechazo, por lo que sus relaciones son inestables y, en la mayoría de los casos, vienen con fecha de caducidad. 

Esta abismal distancia entre lo que parece que es y lo que es realidad genera confusión primero, después falta de confianza y finalmente rechazo, por lo que sus relaciones son inestables y, en la mayoría de los casos, vienen con fecha de caducidad.

O bien la organización se da cuenta e interviene para salvaguardar el equipo o bien prescinde de él. Pero no siempre ocurre ni una cosa ni la otra.

Algún día tendrá que cambiar

El jefe tóxico, por lo tanto, necesita cambiar. Debe hacerlo por él y por los que le soportan, y por ello tiene que analizar la situación, la realidad de su entorno y trabajar con mucha capacidad asertiva el feedback para delimitar sus áreas de mejora para trabajar con verdadera voluntad de cambio.

En la propia definición de jefe tóxico viene la soberbia y el egocentrismo

Una estrategia de reconstrucción marca personal para un jefe tóxico debería pasar una serie de fases:

  1. Autoconciencia; tengo una actitud que está generando una percepción negativa.
  2. Autoconocimiento: dispongo de aspectos positivos que no llegan a las personas y se forman una imagen equivocada de mí y de mis intenciones.
  3. Recibir feedback a través, por ejemplo, de entrevistas personales o aplicando la herramienta de Feedback 270º, herramienta diseñada para que los empleados evalúen a los responsables de forma anónima.
  4. Adoptar una estrategia personal de cambio de actitudes. 

Pero en la propia definición de jefe tóxico viene la soberbia y el egocentrismo, por lo que no parece muy viable una reacción de humildad y voluntad de cambio.

Así que esta solución se antoja muy complicada puesto que han minado la confianza de los demás y domina el medio a represalias que subjetivan los resultados, por lo que está preso de su propia actitud. Vive en el autoengaño y totalmente ajeno e insensible al daño que provoca en los demás.

Pensar que de él va a partir una reflexión y tras ella una iniciativa, sin que medie una catástrofe mayúscula que la justifique, es soñar despierto. Tal vez un psicólogo o un coach directivo podría hacerle reflexionar sobre ello, pero hay una alta probabilidad de que vuelva a las andadas.

Jefe tóxico y marca personal (1), por @PabloAdanMico

Ya sabréis que ando de lleno profundizando en el Jefe Tóxico, cuyos estudios y entrevistas dieron pie al reciente libro SOS Tengo Un Jefe Tóxico.

El liderazgo negativo engulle a las personas, las angustia entre actitudes incomprensibles que minan su capacidad y bloquean la mejor versión personal y profesional.

Y en estas reflexiones, fruto del análisis de comportamientos y con la intención de comprender porqué son así, llego a la parte de su marca personal, la huella del Jefe Tóxico. 

Los 4 vínculos del liderazgo

Seguro que somos conscientes del poder que ejerce la comunicación las personas y el entorno, pero como afirmaba John Maxwell, más allá de la comunicación está la relación. “Relacionarse es la aptitud de identificarse y establecer lazos con las personas de un modo tal que aumenta la influencia que se tiene sobre ellas”. Relacionarse es escuchar, observar, aprender, conversar. Tan sencillo y tan potente.

Las relaciones son una condición indispensable de nuestro progreso y nuestra marca. Con ellas transmitimos una imagen, ofrecemos un prestigio y recibimos de los demás el juicio de la reputación.

El análisis de los 4 vínculos que establece un Jefe Tóxico queda así:

Lo que las personas vemos

Lo que las personas vemos tiene mucho que ver con la imagen, pero también con la actitud. El jefe tóxico suele tener una imagen visual de dureza y malestar permanente, lo que nos transmite negatividad, frente a otra cara amable e inspiradora, lo que nos genera confusión.

Lo que las personas entendemos

Lo que las personas entendemos precisa que veracidad y responsabilidad con opiniones y argumentos, reconociendo los propios errores. Pero lo cierto es que las personas ni entienden ni comparten nada de lo que ocurre a su alrededor ante un jefe Tóxico. Por otro lado, el jefe no dará de forma consciente argumentos sobre su debilidad.

Lo que las personas sentimos

Lo que las personas sentimos es lo que nos llega al corazón. Y los sentimientos bajo un liderazgo tóxico son negativos, muy negativos. El corazón queda herido, desacompasado y sin sentimientos.

Lo que las personas escuchamos

Lo que las personas escuchamos y en qué tono lo escuchamos es el último de los cuatro vínculos de la comunicación y de la generación de relaciones. Si lo que escuchamos son expresiones de apoyo, orientación o reconocimiento, y el tono es positivo y motivador, aunque no exento de reprensión cuando sea necesario, el resultado será igualmente positivo. Pero si este tomo es negativo imagina todo lo contrario y acertarás.

La marca personal es la huella 

La marca personal es la huella, el efecto que dejas en los demás y se genera, entre otras cosas, a partir de estos cuatro vínculos. El líder, como guía, coordinador y responsable de un equipo de personas, está sujeto a una relación constante, natural o forzada, y a una capacidad de influencia relevante. 

Richard Branson, decía: “No puedes ser un buen líder a menos que te guste la gente. Es la mejor manera de obtener lo mejor de ellos”. Para el jefe tóxico esta afirmación es un problema; su realidad es cambiante e inestable lo que, unido a su egocentrismo y a la falta de relaciones sociales naturales con los integrantes de su equipo, nos lleva a una contraposición total entre lo que vende a los demás y lo que los demás reciben a cambio.

Eva, una de las personas entrevistadas para este estudio, me contó que en una conversación incómoda sobre las relaciones internas en su departamento escuchó de su responsable de recursos humanos una frase que la dejó marcada “los jefes me dicen en privado que lo peor de este trabajo es gestionar a las personas”. Entonces ¿Cuál es su trabajo?

El jefe tóxico

El jefe tóxico, ya lo sabemos, se tiene en alta estima. Posee o cree poseer una serie de cualidades que podemos diferenciar en 4 niveles:

Los cuatro vínculos del jefe tóxico

Fuente: Pablo Adán

Con estos cuatro niveles, estas cuatro partes de su yo tan diferenciadas, es totalmente imposible disponer de una marca personal real, auténtica y coherente.

En el liderazgo negativo hay un desequilibrio, un enfrentamiento permanente entre los cuatro. Expresiones como “ya lo veía venir”, “si no estoy yo nadie trabaja”, “siempre tengo que estar encima” le definen y le delatan de forma constante. Su huella es evidente.

Por el contrario, la marca personal del líder positivo, en cualquiera de sus versiones y estilos, genera percepciones claras y evidentes, juzgadas por su actitud y el efecto de ésta sobre las personas y la organización.

Hemos de tener claro que el Jefe Tóxico ha llegado a un puesto de responsabilidad, dirigir una empresa, una delegación, un departamento o un equipo, y por lo tanto dispone de una serie de cualidades como líder, ya sea delegado, porque lo importante son los resultados por encima de la gestión de personas, o por su cuota de poder (familiar o accionarial) o por la misma propiedad de la empresa.

SOS Tengo un jefe tóxico

SOS Tengo un jefe tóxico. Pablo Adán, 2019 (SC Libros)

En la segunda parte de este artículo analizaremos los ingredientes de cada una de sus 4 áreas. Y seguro que ves a más de uno reflejado en ellas.

Jefe Tóxico, debes cambiar, porque podrás conseguir resultados, embaucar durante un tiempo a tu equipo… pero a la larga quedarás solo, y tu marca negativa se extenderá en tu ámbito profesional, aunque doy por hecho que poco te importa.

Este estudio va por todos los que lo sufren o lo han sufrido en algún momento.

SOS Tengo Un jefe Tóxico. Más info https://pabloadan.es/sos-mensaje-en-una-botella/ 

El Networking es, sobre todo, un acto de generosidad. Por @evacolladoduran

Tener a quién recurrir cuando lo necesitamos es un elemento clave hoy para poder sobrevivir y avanzar en este entorno socio-laboral y económico que nos ha tocado vivir, donde las situaciones en nuestro trabajo pueden tomar una nueva dirección de la forma más inesperada.

Nadie se acuerda de Santa Bárbara si no truena

El problema de muchas personas es que durante su trayectoria profesional se abandonan al día a día creyendo que lo tienen todo hecho y creen que su mundo de relaciones ya es suficiente hasta que ese mundo cae y ven que ya no tienen a quien recurrir… Lo más cercano se ha convertido de repente en un mundo al que no pueden optar, tú sales y ellos se quedan, y por desgracia, por muchos años que lleves en esa compañía o empresa y por muchas cosas que hayas compartido con ellos, se alejarán de ti por una cuestión de supervivencia y de un compromiso hacia la empresa mal entendido.

Es en ese momento en el que te das cuenta de que si no has cuidado tu mundo de relaciones (Networking) estás más solo que la una.

Esta realidad es triste pero por desgracia más habitual de lo que nos podemos llegar a imaginar y si te pilla a una edad ya madura la situación puede llegar a ser traumática, es en ese momento en el que realizas una lista de contactos a quien recurrir y ves que son pocos e insuficientes para remontar el vuelo.

De networking 1.0 a 4.0

Dicen que antes los acuerdos o negocios se sellaban en una comida o en un campo de golf, ahora gracias a las nuevas tecnologías, la información que tenemos y la posibilidad de conectar en las redes sociales este mundo de conexiones se ha abierto para poder optar a un mundo de posibilidades muchísimo más grande.

Pero hay que saber hacerlo y eso pasa por conocer como construir este mundo de relaciones entendiendo los diferentes canales y para eso hay que adquirir competencias digitales y entender el funcionamiento de las redes para llevarlo al éxito.

¿Y qué es exactamente esto del Networking? 

¿Se trata de construir una red de contactos? ¿Se trata de acudir a eventos a repartir y recoger tarjetas con el fin de conocer a personas que puedan ser de interés para nuestra profesión i/o negocio? ¿Se trata de coleccionar contactos en las diferentes redes pensando que mejor tenerles localizados “por si algún día” les puedes necesitar?

Siento decirte en este momento que sí, pero no… El Networking es un acto de generosidad hacia terceros en el que te vas dando a conocer y en el que primero das para poder recibir después. Así lo define a menudo mi colega y amigo Francisco Alcaide.

Es un trabajo árduo, en el tiempo y que no finaliza jamás, si no cuidas tu red de relaciones no las tendrás cuando las necesites.

El Networking es un acto de generosidad hacia terceros en el que te vas dando a conocer y en el que primero das para poder recibir después

No se trata de “a ver qué puedo sacar”, sino de “a ver cómo podemos beneficiarnos de estar relacionados”, una vez más esto es un toma y daca.

Siempre he pensado que somos lo que somos también por quienes somos capaces de rodearnos y relacionarnos.

Y qué importante es saber elegir a tus compañeros de viaje, aquellos que te aportan, acompañan, ayudan y te abren puertas porque tú haces exactamente lo mismo por ellos. 

La empatía es el pilar del networking

Creo firmemente en que existen formas idóneas para construir una verdadera y fructífera red de contactos, pero eso conlleva mostrar interés por los demás y conocerles.

A medida de que vas creciendo en la Red vas encontrando a personas en el camino que por afinidad personal y profesional llaman tu atención. Estas son las personas con las que vas a interactuar, establecer sinergias de futuro y compartir. Irás sabiendo de ellas a diario y surgirán momentos únicos para conocerles que debes aprovechar. 

Te enterarás que dan una conferencia, o que presentan su libro o que sencillamente asistirán a un evento al que tú tenías pensado ir, es momento de comunicarte y decirles que asistirás. 

Tu generosidad y el estar presente en momentos importantes harán que siempre se acuerden de que estuviste a su lado y el aprecio que sentirán por ti será elevado.

Ese es el momento idóneo para estrecharles la mano en el mundo real y saber que son personas que pueden contar contigo y tú con ellas, el momento de establecer una relación real, auténtica y de confianza que permanecerá en el tiempo.

Net viene de “Red”

Se promueven infinitos encuentros de tuiteros en la red, si te interesan, es bueno asistir porque en unas horas puedes “desvirtualizar” a un número elevado de personas.

Esto no va de tomarse una cerveza con alguien, va de pensar en que quizás, en cuestión de tiempo os tomaréis otra para celebrar una futura colaboración o celebrar un éxito. Si tus contactos actuales son capaces de hacerte llegar a los contactos que quieres realizar en tu futuro es que lo estás haciendo bien

Tener una buena Red de contactos debe ser algo a cuidar todos los días (no sólo cuando necesito algo o me quedo sin trabajo) porque si no lo haces los demás no entenderán que les pidas cosas, si das recibes, si no das te encontrarás con una callada por respuesta y la mayor de las indiferencias.

Construir una Red de contactos es un trabajo arduo en el tiempo, nada pasa por casualidad, si das recibes, de lo contrario nunca será efectivo. El Networking debe hacerse siempre, a diario, es una competencia profesional que debe crecer y avanzar.

6 consejos para empezar a construir Networking

1º.- Piensa en cuál va a ser tu comunidad de influencia, sigue a personas y empresas objetivo. Empieza a relacionarte en la red con ellos compartiendo sus contenidos, deja comentarios en sus blogs corporativos, participa en los grupos de debate si estas empresas los tienen, es una buena manera de llamar la atención y de mostrar tu experiencia en tu ámbito profesional. Retuitea sus noticias si son de interés, comparte sus éxitos como si fueran tuyos propios.

2º.- Mira qué contactos tienes en común que puedan acercarte a estas comunidades y pídeles que te presenten en las RRSS

3º.- Cada vez que emitas una nueva invitación en LinkedIn para contactar, personalízala y dale un contenido en el que reparen y llame su atención, y por favor cuando te acepten nunca pidas trabajo en el siguiente contacto, conócele antes, intenta seguir su actividad y coméntala para entrar en una fase de confianza que luego te permita ir más allá… Lo demás produce un rechazo inmediato. Recordar de nuevo:  Primero dar, después pedir.

4º.- Si existen eventos en tu sector, acude a ellos. Y para sacar el máximo rendimiento si tienes una persona objetivo que irá, contáctala por la red y dile que vas a verle y que te gustaría saludarle… 

Tendrás ahí la garantía de que te va a atender, así que prepara un speech de un minuto para explicarle por qué sería bueno que te escuche, qué le puedes ofrecer y cuándo os vais a volver a ver de nuevo.

5º.- Tras un evento, cuida los contactos que hayas realizado, pásalos a tu base de datos y escríbeles un mail para formalizar esta posible relación en las siguientes 48 horas.

6º.- Y el más importante de todos: Cuida a diario cada uno de los contactos que te puedan asegurar el futuro, en eso está la clave y trabaja duro para poder lograrlo una cosa es conocer a alguien y otra muy distinta es lograr colaborar con él.

Y recuerda siempre que:

El verdadero éxito de una Marca Personal Profesional 2.0 es acabar dando la mano en el 1.0 que es dónde las cosas suceden, se materializa y ocurren

Cuida la salud de tu marca, por @PaulaFdezOchoa

Vivimos en un mundo acelerado en el que el estrés se ha convertido en el gran protagonista de nuestras vidas.

Paula Fernández-Ochoa El estrés laboral afecta a la salud de tu marca

En primer lugar, porque el mercado laboral es más cambiante que nunca, lo que nos obliga a adaptarnos y reinventarnos constantemente. También porque el mercado es muy global y competitivo, con un exceso de oferta y demanda que nos exige diferenciarnos con la mejor versión de nosotros mismos y una verdadera propuesta de valor.

La hiperconexión digital incide en la salud de tu marca

En segundo lugar, porque estamos en la era digital con la hiperconexión como canon social predominante que nos afecta a todos y que se está convirtiendo en una adicción con grandes vertientes negativas como el incremento de la ansiedad y, en concreto, la nomofobia (no-mobile-phone-phobia o estado de ansiedad provocado por no tener acceso inmediato al teléfono móvil), el aislamiento o la insatisfacción social.

La conciliación no es una realidad

Y, en tercer y último lugar, porque la conciliación profesional y personal aún sigue siendo una asignatura pendiente, más un objetivo que una realidad.

Este escenario nos lleva, sin duda, a (mal) convivir con un estrés que lentamente nos va matando, hasta el punto de que se ha convertido en la enfermedad mental de este siglo, por delante de la depresión (según la Organización Mundial de la Salud, uno de cada diez habitantes del planeta sufre hoy sus síntomas y ya la OMS ha incorporado el estrés crónico en el trabajo o “burn-out” en la Clasificación Internacional de Enfermedades). 

¿Qué podemos hacer?

Ante esta realidad, ¿Qué podemos hacer? Por suerte hemos cambiado el concepto y contexto del “éxito”, antes más ligado al tener o “hacia el exterior” (títulos universitarios y masters, conocimientos “hard”, propiedades y bienes, ascensos en organizaciones jerárquicas, vivir enfrascados en una realidad en la que todo el mundo corre, etc) y ahora más al ser o “hacia el interior” (felicidad, emprendeduría, equilibrio entre vida personal y profesional, proyectos con propósitos vitales, etc).

Sólo desde dentro, desde esa situación de bienestar podemos seguir avanzando en el constante aprendizaje, desarrollo de talento con aportación de valor y disfrute vital. 

Hace unos meses, el equipo de TEDxEixample me dio la oportunidad de explicar lo fácil que es mantener la salud diaria, 10 minutos y sin salir de casa:

¿Y las organizaciones?

Las propias empresas y organizaciones son conscientes de ello y, con el objetivo de convertirse en “saludables”, han trasladado conceptos como well-being o healthy habits a la vida diaria de sus trabajadores e integrantes, traduciéndose en un incremento de la felicidad y productividad de los profesionales, en una reducción de costes médicos y de absentismo o en una mejora de la atracción y retención del talento y del clima laboral, con la consiguiente potenciación de la sostenibilidad más transversal del negocio. 

También en las instituciones públicas existe un interés creciente por fomentar y dar publicidad a estas prácticas, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, a la vez que se reducen los costes sociales sanitarios. 

La salud de tu marca empieza contigo

Pero el verdadero foco comienza por nosotros mismos. Debemos coger las riendas de nuestras vidas y cuidar nuestra alimentación, practicar una adecuada actividad física, concedernos el descanso necesario reparador, mantener una sexualidad sana y buscar nuestro bienestar. En definitiva, potenciar todos nuestros activos personales. Sólo desde esa base de equilibrio físico, mental y emocional, desde el autoliderazgo, podremos comenzar a trabajar nuestra mejor versión 360º y potenciar nuestra marca personal

Debemos descartar el cliché de que “El cliente siempre es lo primero”, pues para poder dar lo mejor al cliente y a la sociedad en general hay que empezar por uno mismo

Debemos eliminar el gran pretexto de “no tengo tiempo“ o “no me da la vida”, pues no es cuestión de tiempo sino de ganas. También debemos descartar el cliché de que “El cliente siempre es lo primero”, pues para poder dar lo mejor al cliente y a la sociedad en general hay que empezar por uno mismo, por estar y sentirnos bien

No te confundas, la salud de tu marca no es una moda

Por tanto, ¿Quieres gestionar con éxito tu marca personal y conseguir un alto rendimiento? El estado de bienestar es estratégico y necesario para conseguirlo. No es una moda. No es una nimiedad. Cuida tu salud y así cuidarás la salud de tu marca.

Photo by Scott Webb on Unsplash

En defensa de la marca personal (parte 5 de 5): ¿Humanos “cosificables” y “cosificados”, o personas gestionando con valor su espacio único en un mundo cambiante?

Nosotros debemos SER el cambio que queremos VER en el mundo. Mahatma Gandhi

Amigo lector:

Luego de saludarte muy cordialmente, te agradezco muchísimo por haberme acompañado a lo largo de esta breve serie de artículos que hoy llega a su final, con la presente quinta entrega. Asumo y espero que has podido revisar la primera, la segunda, la tercera y la cuarta, y que por ende, estás plenamente informado y edificado sobre los temas que han sido tratados en cada una de ellas.

Pero por si no es este el caso, te comento brevemente los temas abordados en la serie (con ligeros cambios de orden, pues por diversas razones no todos han sido publicados tal cual aparecen en la lista), porque me parece muy importante que tengas una idea tan clara como sea posible al respecto, de modo tal que puedas estar en óptimas condiciones para analizar esta quinta y final.

La fuente original de la mayor parte del contenido de la serie (alrededor de un 75 %) fue mi respuesta a la siguiente pregunta, formulada por el Maestro Jordi Collell en nuestra entrevista bidireccional transoceánica

¿Qué necesita el personal branding para que perdure como concepto y entre en el top of mind individual?

Entonces respondí al Maestro con cuatro pilares que a mi juicio cubren las necesidades sobre las que me interrogó (puedes verlos en la primera entrega). Uno de ellos, de cuya esencia y sentido nace esta serie, es la buena defensa que seamos capaces de hacer del concepto y su práctica; y ello vino a tono y tiempo con una reciente crítica efectuada a ambos por el reconocido experto español –y algo más, como verás dentro de algunos párrafos- Amalio Rey (crítica que, por demás, no es nueva en su producción intelectual), de la cual extraje un grupo de preguntas relacionadas con el tema, a las que he ido proponiendo respuestas en las cuatro primeras partes. Son las que te presento a continuación:

 

  • ¿Podemos o no podemos controlar la huella que dejamos en los demás?
  • ¿Solo podemos y debemos gestionar la componente profesional de nuestra marca personal?
  • ¿El personal branding supone la construcción, adopción y “venta” de una “identidad calculada”?
  • ¿Hacer personal branding correctamente nos convierte necesariamente en seres individualistas?
  • ¿Los problemas de la marca personal tienen su verdadera base en la construcción errónea del concepto, o en su mala aplicación? En uno u otro caso, ¿cómo entenderlo, y abordarlo?

 

Y en esta quinta y última, lo haré para las siguientes:

 

  • ¿Es necesariamente negativo abordar con intención  mercantil/competitiva la gestión de nuestra marca personal, o más bien ello representa una necesidad/urgencia epocal? Y en todo caso, ¿solo se trata de eso?

 

Aquí me ocupo de una concepción de la competencia por el acceso al trabajo, que al parecer descalifica el hecho de que podamos poner a la luz pública nuestro valor, o como suelen decir atinadamente muchos colegas, “ponernos en valor”. Y si no lo hacemos, ¿cómo los potenciales usuarios del valor que podemos aportar, se enteran de qué y cómo somos, de qué y cómo hacemos,  de qué y cómo logramos, y por supuesto, de que todo ello puede estar a su disposición?

¿Gestionar nuestra marca personal nos cosifica?

Me he ocupado de este tema varias veces; sobre todo en un trabajo de 2017, en el cual procuré desmontar -y creo haberlo conseguido, al menos en y para un determinado ámbito de públicos- el tremendo mito implicado en esa interrogante. ¿Realmente cabe la idea de que siendo marcas personales -ya hemos visto y comprobado que sí lo somos-, gestionarnos correctamente como tales pueda contribuir a cosificarnos, si no lo deseamos ni lo permitimos? ¿Hay “antídotos”? De ser así, ¿cuáles son, y cómo utilizarlos? Y de no serlo, ¿a dónde vamos desde aquí?

Hay un “detalle” que se me quedó sin tratar en la entrega anterior, y es la definición general de lo que sería o podría ser una mala práctica en la gestión de una marca personal. Y creo importante tratarlo ahora aunque sea de forma introductoria y breve, pues  considero que ayudará mucho al público lector no iniciado -y tal vez a cierta parte del iniciado- a comprender y posicionar los conceptos que corresponden a la entrega de hoy, y también los anteriormente tratados. Y además, porque es un hecho que no hay un consenso generalizado alrededor de todo lo que puede abarcar este tema, que tiene muchísimos DEPENDE (¿por casualidad te suena esa palabra en “mi idioma” profesional, amigo lector?): posiblemente sea el más cargado de ellos, debido a la esencia e implicaciones del concepto que aborda. 

Veámoslo juntos, pues. 

En sentido general, una mala práctica es una contravención, omisión o distorsión -sea intencional o no- de los requerimientos y las normas generalmente aceptadas por la comunidad especializada correspondiente, por sus órganos reguladores, y en determinados casos y temas, también por la sociedad, para el ejercicio de una determinada actividad profesional y la producción y entrega de resultados en ella; contravención, omisión o distorsión que se expresa esencialmente en el desempeño individual, y generalmente acarrea consecuencias negativas en uno o más sentidos para los potenciales beneficiarios del valor que debería ser aportado a través de la actividad en cuestión, independientemente de que la falta sea o no detectada, identificada, clasificada y calificada. Pero cuando lo es, tiene un impacto negativo sobre el comisor de la mala práctica, y en su caso, sobre la organización en la que presta servicios, siendo afectada de tal modo su marca personal y/o la marca corporativa de la entidad, respectivamente

Es muy frecuente, por ejemplo, escuchar o leer sobre malas prácticas médicas (tal vez las más difundidas como ejemplos del tema, debido a sus implicaciones asociadas con la salud y la vida humana, y pido excusas a los respetados profesionales de la medicina y áreas afines, por citar este ejemplo); y cuando ello sucede, el impacto negativo de las mismas se extiende naturalmente hasta las instituciones hospitalarias en las cuales han tenido lugar. Pero ellas pueden ocurrir, y de hecho ocurren, en cualquier profesión.    

En el ámbito del personal branding, una mala práctica podría ser definida como un ejercicio -o la ausencia o mala calidad de este- que contraviene en lo técnico y/o en lo ético los principios generalmente aceptados como válidos para la gestión efectiva de una marca personal, y/o los que pueden funcionar técnica y éticamente en un determinado momento, contexto y situación, para el desarrollo y el posicionamiento favorable de una marca personal en particular (por supuesto, se admiten tantas sugerencias de cambio y mejora como sea posible y pertinente incorporar a esta idea: por ejemplo, un listado de posibles malas prácticas, jejeje). Personalmente, y como fruto de mi actividad investigativa y consultiva, he identificado, cuestionado y criticado muchas de ellas en mis trabajos, varios de los cuales han sido referenciados y citados en esta serie. Y por supuesto, estoy seguro de que también incurro en algunas: el branding personal es necesariamente un proceso de aprendizaje permanente, y NADIE lo sabe todo ni lo hace todo bien en este tema -la perfección es una meta inalcanzable por la que siempre debemos trabajar, aún sabiéndola imposible-. Todos somos susceptibles al error, y solo nos salva nuestra capacidad de identificarlo y reconocerlo, y nuestra voluntad de rectificarlo y aprender de él. Amén. 

Tal como lo he planteado en la entrevista bidireccional transoceánica que sostuvimos el Maestro Jordi Collell y un servidor, yo considero que lo que el personal branding necesita es “cada vez más practicantes haciendo cada vez más correctamente las cosas correctas”. Y eso se trata, ni más ni menos, de las buenas prácticas de las que ahora estoy hablando contigo, amigo lector. 

Es conocido el hecho de que aún no existe un Manual de Buenas Prácticas de Personal Branding u otro instrumento similar o equivalente, con un alcance lo suficientemente general como para guiar, autoevaluar y evaluar, sea de forma eventual o sistemática, los ejercicios de los practicantes del branding personal a escala global (y si existe, no lo conozco: solicito a quien lo tenga que me haga llegar la información, por favor). Diversos autores han hecho interesantes intentos en esta dirección, pero aún falta mucho por investigar, definir y consensuar al respecto, y además, como generalmente ocurre –como debe ocurrir– con este tipo de instrumento, se requiere un tratamiento y aprobación formal del tema por parte de alguna organización profesional nuestra que aún no existe (y ahí sí creo poder afirmarlo con certeza: hace años que junto a otros varios colegas abogo por su creación). De ahí que todo nuevo intento generador de ideas, preocupaciones e inquietudes en esa dirección sea y será siempre muy bienvenido, en tanto y cuanto constituirá otra semilla individual de aquello a lo que colectiva y necesariamente hemos de arribar.

Y hay al menos un significativo aspecto más a considerar: lo paradójico, complejo y difícil de semejante tarea “generalizadora” y de la aplicación práctica general de su resultado, en una actividad profesional cuya esencia misma es la mayor personalización que pueda conseguirse como resultado. Pero precisamente por eso, la necesidad es aún mayor, y el reto, muy importante: porque si queremos continuar creciendo -como profesión y como gremio-, el público de la marca personal necesita poder identificar, clasificar y calificar nuestras ejecutorias, aprender de las mejores y más pertinentes entre ellas, contextualizarlas, adecuarlas a la realidad de cada quien, y personalizarlas en esencia, en contenido y en ejecución, para seguir extendiendo favorablemente una práctica tan necesaria como esta en la nueva época emergente: esto último es un asunto del cual me ocuparé in extenso más adelante en este mismo trabajo.

Yo creo que existen, claramente, al menos dos grandes niveles en este sentido: el que podríamos denominar general, que abarca lo que podría ser una buena y una mala práctica para todos o casi todos los practicantes (en los mismos y/o diferentes contextos, momentos y situaciones), y el que podríamos llamar particular, que incluiría lo que podría serlo para uno o algunos de ellos en un momento, contexto y situación particulares, que no necesariamente lo serían para otros, y/o para ellos mismos en otros momentos, contextos y situaciones. Veamos brevemente algo sobre ambos niveles.

  • General: Tiene que ver con los principios que les sirven de base, contextualizados y analizados, por ejemplo, según el modelo de Stephen Covey, que los califica como leyes naturales en la dimensión humana, que gobiernan nuestra efectividad y no pueden ser quebrantados. Ellos representan verdades profundas, fundamentales, duraderas, universales y permanentes que han sido reconocidas por todas las civilizaciones importantes a través del tiempo. 

A los efectos del tema que tratamos, podríamos definirlos como conceptos atemporales y de alcance global, que definen y sustentan actitudes y conductas calificadas como buenas o muy buenas para todos o casi todos los seres humanos, independientemente del momento, el contexto y la situación. Pueden emerger, digamos, desde raíces religiosas (por ejemplo, los 10 mandamientos de la fe cristiana), éticas, sociales, políticas, culturales, históricas, etc., y/o cualquier combinación de dos o más de ellas; y sus aplicaciones prácticas determinan asunciones, valoraciones, resultados y posicionamientos que son y funcionan como positivos para una gran mayoría de los públicos. 

En este sentido, y para proponer unos pocos ejemplos, el nivel general de las buenas prácticas de personal branding abarcaría conductas como ser siempre veraz en lo que se propone a los públicos, priorizar el aporte de valor como sustento del posicionamiento de marca, equilibrar el accionar offline y el online, evitar la egolatría, el distanciamiento y la arrogancia, y otros muchos que seguramente funcionarían para cualquiera que gestione su marca personal en cualquier momento y zona del globo. Y al revés, pues…al revés: malas prácticas de personal branding, que podrían llegar al extremo de retirar a las conductas representadas en ellas la “protección” de la “sombrilla conceptual” así denominada. De hecho, ello está sucediendo en varios temas de los cuales me he ocupado en esta serie, bajo el enfoque de que las críticas efectuadas por Amalio Rey no cuestionan el concepto -aunque él considere que sí, pero ya hemos demostrado que no- , sino sus malas aplicaciones constitutivas de malas prácticas. 

  • Particular: Se trata de las operaciones a través de las cuales cada practicante aplica de forma técnica y éticamente correctas los principios generalmente aceptados como válidos y las técnicas mayoritariamente identificadas como efectivas (eficaces + eficientes) para la gestión efectiva de su marca personal, todo ello en función del momento, contexto y situación en que se encuentra. 

Estas buenas prácticas de nivel particular tienen una característica: si bien definen y determinan especificidades de gestión necesariamente asociadas al carácter personal y único de la marca gestionada, están -también necesariamente- basadas de uno o más modos en los principios abarcados por el nivel general. Aquí podríamos hablar, por citar un par de ejemplos, de la comunicación efectiva en función del contexto (no todos requieren la misma ni definen de igual modo la efectividad), que además de los requerimientos técnicos indispensables, deberá ser siempre veraz, como hemos visto en el nivel general de las buenas prácticas; y también, en otro ejemplo de frecuente análisis en los medios que tratan estos temas, cabe mencionar como buena práctica de nivel particular la aplicación de las técnicas adecuadas para la identificación de necesidades a satisfacer a través de nuestros aportes de valor, en cada segmento de público atendido y en cada momento de nuestra intervención con ellos, lo cual puede variar según cambien las circunstancias (y como ya hemos visto, priorizar el aporte de valor debe ser una prioridad de nivel general).

Me queda muy claro que lo que acabo de tratar de forma tan somera y superficial reclama un trabajo independiente y mucho más profundo, que por la naturaleza del tema debería ser de carácter colaborativo; prometo promover su desarrollo en enero de 2020, contando con la participación de los colegas y amigos que se animen a aportar valor de esta manera. ¡Y quien desde ya se sienta animado, solo necesita escribirme, y comenzaremos a conversar y obrar al respecto!

De alguna forma, los contenidos de las cuatro entregas anteriores de esta serie, y como verás en breve, también el de la actual, se acercan mucho al tema de las buenas y malas prácticas de branding personal, e inclusive lo mencionan de forma explícita en diferentes momentos; pero definitivamente, se requiere cada vez más un trabajo colectivo de normalización en este sentido. Cabe pues, agradecer muchísimo a este gran profesional llamado Amalio Rey haber vuelto a poner este tema sobre la mesa, crítica mediante; entre otras cosas, para que nos demos cuenta nueva vez de cuánto necesitamos un consenso definitorio como este del que vengo hablando en los párrafos previos. 

Y hoy quiero agregar a la dinámica de esta interacción con las propuestas de Amalio un elemento que desconocía cuando inicié la producción de la serie, amigo lector. Resulta que varios meses antes de que todo esto surgiera, yo me dediqué a leer el excelente blog de Amalio (lo sigo por email y suelo ir directamente al artículo de turno, y a los relacionados) sin pasar primero por la sección “Sobre mí”: craso y delicado error que no debí haber cometido, porque no suelo hacerlo, dado que considero muy importante conocer tanto como me sea posible a la persona detrás del contenido. Y hace pocos días, motivado por una de sus más recientes publicaciones (un post de excelente contenido y factura, y potencialmente polémico por demás, considerando el rumbo de muchas tendencias organizacionales actuales), en la cual alude al genial cantautor cubano Silvio Rodríguez como su paisano, pues me fui a revisar ese apartado…y acabo de descubrir que estoy debatiendo con un compatriota, y además, “vecino”: aunque vive en España y su lenguaje “suena” español, Amalio es cubano, hijo de mi Cuba bella, y encima de eso, es habanero, capitalino como yo (soy natural de la Habana Vieja). Y encima de todo ello, ¡es admirador del inmenso y trascendente Silvio, como también lo soy yo! Sí, amigo lector: si tú lo sabías, pues discúlpame por la noticia fiambre…, y si no, entonces entérate y congratúlate conmigo. 

Esto no cambia nada en cuanto al contenido y la forma de este debate: un asunto de discrepancia profesional analizado por y entre personas decentes que estudian, investigan, intervienen, asesoran, consultan, innovan cuanto les es posible, y desean aportar valor al público a partir de lo que aprenden en tales procesos. Pero al menos para mí, definitivamente, ello le agrega un sabor adicional al mismo. Pues la emoción de debatir con un compatriota de altísimo nivel intelectual y profesional y de quien hay tanto para aprender, que también es emigrado como yo, mas la sorpresa de enterarme de ello casi concluyendo el proceso; y además, el hacerlo desde posiciones opuestas alrededor de un tema de tanta importancia en el ámbito profesional actual, y hacia el futuro, por supuesto que todo eso me emociona. Lo había hecho antes con colegas de otras nacionalidades: nunca con un cubano como yo.

Y otra cosa muy importante que quiero compartir contigo es que, gracias a la oportunidad que Guillem me ofreció al proponerme que publicara este contenido en formato seriado (era un solo post, muy voluminoso), he podido aprender muchísimo, y espero haber podido incrementar al menos un poco la utilidad de la serie para ti, si como espero te interesa el tema de la marca personal. El enfoque analítico se ha profundizado al revisar el trabajo. La versión original tenía muchas limitaciones y faltaba algún contenido, que he podido incorporar cuando hace varias semanas la dividí en las cinco partes que has visto. Esta modalidad me ha permitido revisar bibliografía que no había revisado e incorporar algunas citas que no estaban, así como analizar comentarios hechos al texto del artículo base del debate (hechos por Guillem y por David), para poder enviar al Maestro un paquete de textos dignos del prestigioso espacio en que serían publicados. La estructura de los trabajos, a mi juicio, ha ido mejorando de entrega en entrega, al menos desde mi perspectiva; por ejemplo, en esta quinta incorporo resúmenes parciales por preguntas, que no están en las anteriores. He identificado un par de errores que cometí, citando indistintamente dos posts diferentes pero muy congruentes de Amalio sobre el tema de la serie (este y este), lo cual corregiré muy pronto en el ebook que integrará las cinco entregas, a publicarse en el ya inminente Personal Branding Lab Day 2019. Y por supuesto, está el placer de la sorpresa ya comentada sobre Amalio y yo en esta nueva calidad: compatriotas

Así que, amigo lector, me lanzo una vez más al ruedo (y por última ocasión en esta serie de artículos), ahora con una nueva luz, y esperando poder aportarte algo de valor para tu vida y tus procesos “personales”, “profesionales” y “sociales” -dentro de un ratito entenderás estas comillas, jejeje-  relacionados con tu marca personal y la de otras personas con quienes tú interactúas. Gracias por ser, por estar, por acompañarme hoy y siempre. 

¿Es necesariamente negativo abordar con intención  mercantil/competitiva la gestión de nuestra marca personal, o más bien ello representa una necesidad/urgencia epocal? Y en todo caso, ¿solo se trata de eso?

 

Dice Amalio:

“Por lo visto, estamos participando en una especie de carrera (como siempre han hecho las empresas) para ver qué persona es más recordada durante más tiempo y con más intensidad. Es decir, la ‘gestión de la huella’ también se mercantiliza”.

Mi comentario:

En un texto de próxima publicación (titulado Mito # 3: La marca personal solo es y funciona para marketing, negocios y empleo), planteo al respecto que

“…observo una lamentable extensión de la tendencia a entender, promover y utilizar la marca personal únicamente como herramienta de mercadotecnia personal enfocada a temas laborales, profesionales y de negocios. Ello tiene varias manifestaciones, pero posiblemente la más extendida es la proliferación de propuestas en ese sentido en la red (cada vez más artículos, eventos, propuestas empresariales y/o individuales de asesoría, etc., etc., enfocadas en el sentido de “te ayudo a conquistar tu mercado”, o “te ayudo a alcanzar ese empleo que tanto buscas”, o “te ayudo a convertirte en el líder que tu empresa necesita”…), mientras comparativamente escasean muchísimo los “te ayudamos a crecer como persona, y desde ahí, como profesional, y desde ahí, a convertirte en una opción muy deseable para quienes requieran de forma integrada calidades humanas y servicios profesionales como los que tú ofreces”. 

En este tema es válido reconocer la acción de diferentes especialistas en coachingen sus diversas áreas– que enfocan su trabajo con la mayor fuerza a la persona y su crecimiento como centro de todo lo demás a lograr, con base en la construcción de sus propias respuestas a diferentes preguntas clave que le son efectuadas por el coach; de los profesionales del mentoring que asumen con plena responsabilidad su tarea desarrolladora de seres humanos enfocados al alto desempeño profesional y a una integración positiva, productiva y socialmente útil en su entorno humano -aquí cabe una mención a la Red Global de Mentores a la que tengo el honor de representar como Embajador en la República Dominicana-, tarea que desarrollan desde la modelación de buenas prácticas, el consejo, el apoyo, el seguimiento, la evaluación diagnóstica, valorativa y desarrolladora para la mejora continua…Y por supuesto, también de los muchos personal branders que hacen bien su trabajo, partiendo de la persona que es y deja su marca personal en el entorno (NOTA AL MARGEN: No abundaré aquí sobre nuestra profesión, pues tenemos 5 semanas hablando de su buena práctica; si quieres saber un poco más acerca de cómo pienso al respecto, te sugiero revisar la respuesta # … que di a mi amigo y colega Pablo Adán en nuestra entrevista bidireccional transoceánica). 

Y no es que la mencionada tendencia sea mala o negativa per se, al contrario: considero excelente y muy provechoso ese uso de las herramientas de branding y/o marketing personal (tradicionales y digitales) para contribuir a desarrollar y posicionar profesional y/o laboralmente a las personas. Lo malo es, a mi juicio, darle al tema EXCLUSIVAMENTE ese enfoque utilitario, y centrar la gestión del atributo marca personal SOLO en los temas utilitarios, subordinando a estos los del desarrollo integral de la personalidad y su enriquecimiento, o peor aún, evadiéndolos por completo. Y el buen branding personal aporta mucho más, y debe servirnos para mucho más que para buscar empleos (o que los empleos “nos busquen”), y/o hacer buenos negocios y/o alcanzar un gran posicionamiento de mercado”.

Y todo ello da muy buen pie al planteamiento de Amalio: es verdad que existen tendencias de mal uso de la marca personal, enfocándola única y exclusivamente a su perspectiva más mercantilmente “utilitaria”, y postergando o hasta olvidando su carácter de resultado de la combinación de lo humano, lo profesional y lo social. De hecho, él plantea, en el penúltimo párrafo del post base del presente debate, que “uno de los dilemas más difíciles de resolver hoy es dónde poner la frontera entre el “yo-persona-humano” y el “yo-marca-producto…”; mas la solución a este dilema, al menos en lo relativo al branding personal, ya ha quedado bastante clara con las aportaciones de diversos autores que he citado y analizado a lo largo de esta serie. Al respecto, amigo lector, yo te sugiero revisar, especialmente, la cuarta entrega, donde entre otras muchísimas cosas, incluyendo múltiples aseveraciones de referentes globales, te propongo que “esta talmezclade marca con personas que él tan vehementemente niega, SÍ ES y SÍ FUNCIONA para nosotros, en tanto seres humanos generadores de marca personal a nuestro alrededor; pues de hecho, y solo como un ejemplo entre muchísimos, esa mezcla ES Y FUNCIONA PARA ÉL, PARA EL PROPIO AMALIO REY” (lo cual quedará demostrado en esta quinta entrega), y claro está, la que ahora mismo lees.

Por otra parte, como ya he afirmado y sustentado en anteriores momentos, las distorsiones con que algunos y/o hasta muchos trabajan el concepto, no atañen necesariamente al origen de este ni a su construcción, ni afectan tampoco su validez: sencillamente generan más necesidad de mejoramiento de la práctica, por las diversas vías a las que ya he aludido. Todo ello está demostrado y lo seguirá siendo aquí. 

La crítica de Amalio que ahora estoy comentando emerge -entre otros- del objetivo hecho siguiente: hay muchísima gente compitiendo en un mercado saturado de ofertas y escaso en oportunidades (la reiteración de esta frase -y de algunas otras- en varios momentos del texto, es absolutamente intencional). Y aunque va in crescendo, todavía es minoritario el muy necesario enfoque de COOPETIR, y no creo que estén todavía creadas las múltiples condiciones necesarias para masificarlo: ello irá sucediendo por aproximaciones sucesivas, bajo y desde las exigencias de la nueva época emergente. Pero insisto nuevamente: lo que Amalio plantea tampoco niega el concepto marca personal, sino que sencillamente pone de relieve las malas prácticas de algunos “promotores” y “practicantes” del mismo. Y la “mercantilización de la gestión de la huella” de la cual nos habla el autor, se deriva de un hecho objetivo e ineludible, que quiero reiterar y ampliar: el mercado laboral está cada día más saturado de ofertas de quienes pretenden acceder a él, y más escaso en oportunidades para acceder a él. Porque es un mercado como cualquier otro, se rige por similares “leyes” (esencialmente, oferta y demanda, entre otras varias), y como en cualquier otro mercado, existen en él determinadas barreras de entrada que deben ser salvadas si se pretende entrar.

Entre ellas, y solo a modo de ejemplo, véanse estas tres:

  • La competencia. Mientras más aspirantes haya, y más parecidos sean sus respectivos niveles de profesionalidad demostrable y demostrada, la barrera llamada competencia será más alta para cada uno de ellos. Porque con los actuales niveles de acceso a la información y al conocimiento, cada vez mayores y con dificultad menor de procesamiento y utilización, diferenciarse y destacar por calidad profesional exige muchísimo más que antes.
  • Las competencias. Mientras más elevado sea el nivel competencial exigible y/o exigido por las empresas que ofrecen puestos de trabajo, y/o por los organismos financiadores de proyectos, y/o por los clientes potenciales de servicios profesionales, etc., etc. (todo ello en virtud del valor que aspiran a producir y entregar al cada vez más exigente mercado de sus respectivos negocios, dado que el poder negociador de los clientes crece también de forma exponencial), mayor será la barrera que el nivel de desarrollo competencial significa para quienes aspiran a entrar. Porque las competencias deberán responder a las exigencias últimas del mercado al cual sirve el potencial empleador; y en una época en la que todo cambia tanto todos los días, y la tecnología establece prácticamente a diario nuevas y más exigentes cotas a alcanzar, tales competencias son necesaria y absolutamente móviles y dinámicas: nunca estáticas. Lo dejo hasta ahí.
  • El nivel de conocimiento de las propuestas de valor. Mientras más conocidas sean las propuestas de valor de los diferentes oferentes que aspiran a entrar al mercado, y también, por supuesto, las de quienes ya están dentro, mayor será la altura que dicho factor tiene como barrera de entrada. Porque en virtud de ese conocimiento tan masivo, y muchísimas veces, además, indiferenciado, cabría que preguntásemos a cada uno de ellos (algo que Andrés reitera a menudo, y más adelante lo cito al respecto): ¿Por qué debo elegirte a ti y no a otro cualquiera entre quienes hacen y ofrecen cosas muy similares a las que tú haces y ofreces? Y solo salvarán esta barrera los pocos capaces de responder con efectividad dicha vital interrogante.

Y aquí, en mi opinión, entraría a jugar su importantísimo rol como parte clave de la propuesta única de valor, la componente humana, la parte más personal, diferente y diferenciadora de una marca personal; posiblemente, la única que permitirá una real y decisiva diferenciación positiva a nuestro favor, con base en la forma en que como personas nos comportemos en nuestros desempeños profesionales. Porque mil profesionales de la misma actividad pueden hacer lo que hacen de forma EXCELENTE en lo técnico, cumpliendo EXACTAMENTE los mismos requerimientos y ajustándose EXACTAMENTE a los mismos estándares; pero cada uno de ellos lo signará NECESARIAMENTE con su propio sello personal, el que define la persona que él o ella es. Ahí radicará la única verdadera diferencia posible: la que se basa en el valor que cada humano con recursos es capaz de aportar a los demás, desde su calidad de humano.

Y si no lo hace, correrá el gravísimo riesgo de convertirse en una persona marca blanca, genial concepto que propone y explica Guillem en un extraordinario post muy reciente, cuya lectura obviamente RECOMIENDO:

“Otra cosa es la persona marca blanca, ojo con eso

A pesar de esa convivencia pacífica de las marcas “premium” con las blancas, en el caso de personas la cosa no funciona igual. El valor añadido de un profesional ya no es solo su propuesta de valor, y tampoco su precio. También es su “encontrabilidad” y visibilidad, y sus valores como persona.

Aquí, ser marca blanca es no ser nadie, no ser encontrado, no ser seleccionado para una promoción, no ser tenido en cuenta para formar un equipo, para liderar un proyecto. La persona marca blanca es invisible, no deja huella, y eso también deja marca, pero negativa.

Debo reconocer que si alguien hace muy bien su trabajo, entra en la terna de candidatos a una mejora. Pero hoy “hacer” no es suficiente, también hay que “poner en valor”, y eso tiene mucho que ver con un proceso consciente de gestión de marca personal, lo que conocemos como personal branding.

Cuando todo oscurece, toca brillar

Cuando llegan momentos difíciles, llega nuestro “momento P&G”, y es momento de brillar. Brillar es “hacer” pero dejando reflejo de lo hecho, de manera que se ponga en valor para ser percibido sin matices por los stakeholders o grupos de interés responsables de una mejora.

Dejar de ser persona marca blanca es posible. En este blog hay muchas pistas de cómo hacerlo. No te quedes fuera de la lista, ponte en valor. Feliz semana”. FIN DE LA CITA.

Muyyyyyyyy poco que agregar, ¿verdad, Maestro?

Competir, entonces, resulta inevitable; pero se debe saber competir. Y defino este proceso, en el ámbito temático que nos ocupa, como “la colocación de nuestra propuesta única de valor, de modos ética y socialmente aceptables, al alcance de sus posibles beneficiarios como una opción potencialmente viable entre las disponibles para ellos, revistiéndola del nivel cualitativo y de los atributos necesarios para que ella pueda resultar pertinente, ventajosa, bien valorada, preferida, y eventualmente elegida, en los procesos de selección de ofertas que aquellos efectuarán para tomar sus decisiones de contratación” (Estrada, 2018 –artículo inédito-). Y no podemos perder de vista el hecho de que en tales procesos competimos entre -no contra, sino entre– colegas, compañeros de tarea y de sector, inclusive entre amigos, en muchos casos. Por eso afirmo que debemos saber competir: hacer en este contexto lo que en el deporte es conocido como fair play (juego limpio). Competir sin perder nuestras esencias humanas. Sin falsear lo que somos ni lo que podemos ofrecer. Sin manipular ni utilizar deslealmente información. Sin renunciar a nuestros principios y valores humanos. Sin manifestar conductas que demeriten nuestra ética profesional. Y finamente, coopetir: colaborar entre potenciales o reales competidores.

Amplío de inmediato sobre el tema principal abordado en esta respuesta.

Como ya ha sido planteado, marcar, según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, significa actuar sobre alguien o algo imponiéndole carácter o dejándole huella moral (en nuestro tema, dejar nuestra marca personal en otras personas). Y de eso se trata toda esta historia: gestionar de forma integrada, sistémica, estratégica, lo que somos, lo que hacemos y lo que logramos en los diferentes ámbitos de nuestras vidas (no solo en lo profesional ni en el ámbito exclusivamente mercadotécnico), con el objetivo de dejar en los demás la mejor huella moral que seamos capaces de dejarles y convertirnos para ellos en la mejor marca personal que puedan recordar, pero nunca desde una perspectiva ególatra ni individualista, al contrario; sobre ello abundo en varios momentos de esta serie de trabajos. Y si todo esto nos conduce a convertirnos en la opción preferente, pues que para bien sea; eso solo significará que quienes necesiten de nosotros nos tendrán a su disposición, porque han elegido el valor que podemos aportar a sus vidas entre las múltiples opciones disponibles, y si es el caso y el tema, están dispuestos a pagar por ello, como todo el mundo paga por todo lo que necesita y cuesta dinero. Nada más.

Como bien dice Andrés muy recientemente:

El valor “es aquello que haces u ofreces y por lo que alguien te va a pagar, remunerar o recompensar de alguna manera material o inmaterial.

O dicho de otra manera, es la respuesta a

¿Por qué debería pagarte/seguirte/quererte?

Si no tienes una respuesta clara a esa pregunta, entonces no tienes una propuesta de valor. Quizás eres valioso, sí, pero, al no ser capaz de especificarlo de una forma clara, es difícil saber por qué elegirte/contratarte/quererte” (negritas mías).

En función de esta gran verdad del Maestro, no podemos perder de vista que el espacio al cual todos procuramos acceder, para ganarnos la vida aplicando a un determinado desempeño nuestras competencias profesionales, se llama mercado laboral, definido muy someramente como el mercado “…donde confluyen la oferta y la demanda de trabajo. La oferta de trabajo está formada por el conjunto de trabajadores que están dispuestos a trabajar y la demanda de trabajo por el conjunto de empresas o empleadores que contratan a los trabajadores”. Y su contraparte, el tradicionalmente denominado mercado de recursos humanos, “está conformado por el conjunto de individuos aptos para el trabajo, en determinado lugar y época. En esencia, lo define el sector de población que está en condiciones de trabajar o está trabajando, es decir, el conjunto de personas empleadas (mercado de RH aplicado) o desempleadas (mercado de RH disponible) y aptas para trabajar. Por consiguiente, el mercado de recursos humanos está conformado por candidatos reales y potenciales para oportunidades de empleo; son candidatos reales cuando están buscando alguna oportunidad, estén empleados o no, y son candidatos potenciales cuando —aunque no estén buscando empleo- están en condiciones de desempeñarlo a satisfacción”.

O sea: la inevitable competencia existente entre los cada vez más aspirantes a acceder a las cada vez menos oportunidades disponibles, se basa esencial y necesariamente en el valor que son capaces de aportar. Y que ello sea conocido por sus potenciales beneficiarios, y por ende, contratantes, depende de cómo y cuánto cada aspirante sea capaz de hacérselo saber. O lo que es lo mismo: de cómo y cuánto logre posicionar su marca personal en el mercado laboral, diferenciándose cuanto le sea posible en lo profesional, y más decisivamente en lo personal.

Tal cual lo he planteado en mi trabajo  Marca personal y empresa: la otra verdad, es un hecho comprobado que los procesos organizacionales de gestión del talento incluyen y son cada vez más influidos por la marca personal, aún de forma ïnvoluntaria y pese al desconocimiento y/o rechazo del tema por parte de muchísimos directivos y especialistas. Por citar un único ejemplo, para la valoración y validación de dicho talento son muy utilizadas las famosas ”referencias”, que no son sino declaraciones o evidencias aportadas por personas ajenas a la organización posiblemente contratante, sobre la forma en que un determinado candidato ha marcado a sus públicos en los espacios por los que ha transitado hasta el momento; o sea, la marca personal -llámesele o no así: no me desgastaré ahora en analizar denominaciones- es un factor clave en los procesos de selección. Cada vez más estudios lo reafirman y confirman. Y como allí propongo, considero que “las marcas personales deben ofrecer permanentemente a las organizaciones una respuesta de competencia y potencial resolutivo, competitividad, visibilidad y posicionamiento que tenga un enfoque y un carácter, al menos, tan estratégicos como los modos en que ellas las buscan -las que lo hacen bien- para incorporarlas a sus equipos humanos o establecer colaboraciones, ya sea en la modalidad de empleados fijos o para contrataciones temporales, procesos consultivos u otras opciones posibles”. Y como se verá más adelante, Amalio Rey coincide amplia y explícitamente con este enfoque, tanto a nivel conceptual como metodológico y práctico, aunque lo denomine de otra manera. 

Por algo el reconocido experto Ximo Salas les propone a los especialistas que laboran en los departamentos de humanos con recursos: “Las Personas pueden ser Marca, tú debes ser la Marca de tus Personas. Fomentando el crecimiento personal y profesional en todo momento y de todo el mundo”; y por algo la prestigiosa Dra. Cristina Aced, propone las siguientes “razones por las que a tu empresa le interesa que trabajes tu marca personal:

  • Para que demuestres tu valía: cuanto mejores sean los profesionales que trabajan en la empresa, mejor será la empresa.
  • Para identificar a los mejores profesionales dentro de la propia organización y saber qué se le da bien a cada uno.
  • Para motivarte a seguir mejorando y creciendo como profesional.
  • Para fortalecer el orgullo de pertenencia: sí, yo trabajo en esta empresa tan preocupada por su gente.
  • Para mejorar su networking. Los amigos de mis amigos son mis amigos, y los contactos de mis trabajadores, son los míos.
  • Para atraer al mejor talento: si esos grandes profesionales trabajan en la empresa, por algo será.
  • Para mejorar su reputación: los mejores embajadores de la empresa son su propios trabajadores (¿te suena?)
  • Porque, en definitiva: si los empleados tienen una marca personal fuerte, la marca de la empresa saldrá fortalecida.”

Y finalmente, por algo el gran experto global en branding Andy Stalman propone algo tan contundente como esto: “Las empresas son personas, las marcas son personas, los clientes son personas. Quien no entiende personas no entiende de negocios. Al final, cómo haces sentir al cliente es tu marca. Se trata de humanizar la relación entre marca y persona a todo nivel y en todos los niveles de las empresas, tanto hacia fuera como hacia adentro. En el pasado, los empleados eran los embajadores de la marca. En la actualidad, son la marca”. Muy claro, ¿verdad?

Entonces, no debería ser mal visto ni mal considerado, jamás, el hecho de que quienes aspiran a acceder a dicho mercado laboral gestionen sus marcas personales con fines de posicionamiento, porque esa es la esencia de tal competencia; pero deben hacerlo de las diversas maneras existentes que resultan y son socialmente valoradas como correctas, éticas, profesionales, pertinentes, dignas, respetuosas del otro, y enfocadas al valor, al beneficio de quien les contrate, al bien común, y al beneficio propio a obtener a través del valor aportado al contratante. Cuando ello se hace mal, en cualquiera de las formas abarcadas por la justa crítica que hace Amalio a quienes lo hacen mal, ocurre precisamente -entre otras cosas- lo que por mi parte va siendo objeto de este análisis/debate: que personas de alto nivel intelectual y de muy buena fe cuestionan la validez de un concepto con base en las malas aplicaciones del mismo, y no en las buenas.

Tampoco debe olvidarse toda la carga negativa, primero simbólica y luego práctica, que tal denominación de “mercado de recursos humanos” implica; define y califica a las personas como meros recursos a disposición de las empresas, y en una situación como la actual, cuando todas las tendencias van determinando una elevación exponencial de la oferta de personas calificadas contra una contracción progresiva y cada vez más drástica de las ofertas laborales disponibles, poder ofrecer al mercado una oferta que le asegure un nivel razonable de satisfacción de sus necesidades es una prioridad absoluta para todo ser humano que aspire a ganarse decentemente la vida, sea como empleado por cuenta ajena o como emprendedor por cuenta propia, en cualquiera de las múltiples modalidades existentes.

Y la marca personal es una de las mejores maneras de que tal macabra denominación “recursos humanos” vaya desapareciendo, y de que los humanos con recursos vayamos sustituyendo tanto el concepto que ella implica como las prácticas que genera, y las organizaciones puedan, en un mercado de humanos con recursos, atraer, seleccionar, integrar, enamorar y fidelizar a las personas que necesitan para crecer y seguir aportando valor a la sociedad.

Pero los primeros obligados a hacer correctamente las cosas correctas (ecos del gran Peter Drucker) somos, precisamente, los profesionales que competimos en esta cada vez más compleja situación del mercado laboral. Al respecto, he planteado hace bastante tiempo cosas como las ya citadas más arriba; y entre otras varias, también las que siguen:

  • “En mi opinión, un profesional de cualquier campo que se venda con promesas superiores a sus verdaderas posibilidades de materialización de resultados, o lo que es lo mismo, que sobrevalore su marca personal profesional y así la ofrezca al mercado, no es confiable en lo técnico; y si la sobrevaloración es intencional, tampoco en lo ético. Y hace mucho daño a todos los integrantes del gremio al que pertenezca” (Más humanos y menos dioses: gestionemos marcas personales creíbles, 2015).
  • “…lo primero y más importante que debe destacar en nuestra marca personal, es nuestra condición de personas: bien preparados y competentes para el ejercicio, pero seres cercanos, normales, falibles, perfectibles; y que sean nuestros hechos los que hablen por nosotros” (Más humanos y menos dioses: gestionemos marcas personales creíbles, 2015).
  • “Debemos compatibilizar e integrar nuestras ideologías profesionales y nuestra marca personal. Ni en lo que somos, ni en lo que hacemos, ni en lo que logramos, debemos proyectar y vender una perfección imposible, ni un nivel de ensueño, ni una calidad estratosférica e inalcanzable. Comuniquemos y vendamos una marca personal de alta profesionalidad, pero en todo momento creíble, accesible y potable. Un cliente nos creerá y nos querrá a su lado mucho más, y por más tiempo, si nos percibe y siente más humanos y menos dioses” (Más humanos y menos dioses: gestionemos marcas personales creíbles, 2015).
  • “Se necesita ser, extrapolando al tema un concepto mercadotécnico actualmente en boga y que me gusta mucho, algo que en otro trabajo de próxima salida denomino y fundamento como ‘persona mínima viable’ (PMV). Y este concepto está obligatoriamente asociado a los requerimientos de índole humana, social y relacional que el entorno requiere, necesita y exige: básicamente, comportamientos compatibles con los principios/valores/ideales socialmente aceptados y considerados como correctos, válidos, convenientes y viables en el momento y contexto histórico/social correspondiente. Sin que ello signifique en modo alguno ser un obediente, estático, conformista y sumiso miembro del pelotón, sino al contrario: un enérgico, creativo, agresivo y combativo agente y gestor del cambio, un trabajador consciente y comprometido con mejorar la época y el contexto desde presupuestos y posiciones representativos de verdadera calidad humana, tales como sentido ético, responsabilidad (en todos los sentidos), sensibilidad/solidaridad ojo, no son lo mismo: decir e inclusive sentir que te duele el mal ajeno, no equivale a ofrecer tu ayuda para solucionarlo-, vocación de servicio, respeto absoluto por el otro, su libertad y sus elecciones, humildad bien entendida, empatía, asertividad, espíritu autocrítico y crítico orientados al mejoramiento individual y colectivo continuo, y por supuesto, una permanente voluntad disruptiva…entre otros muchos aspectos definitorios, con los cuales transformar la mentalidad de pelotón y el funcionamiento de todo, todo, todo a su alrededor, poniendo primero, lo primero: a las personas” (Marca personal: del ser que somos al ser que proyectamos, 2017).
  • “…mientras más positiva, profunda y perdurable sea la huella moral que dejamos en otras personas, mejor posicionados estaremos en sus mentes, y por ende, más fuerte será la marca personal que somos, la cual es, precisamente, el conjunto de memorias que sobre nosotros guardan, a partir de esa huella moral dejada en ellos” (La marca personal y su posicionamiento, 2019).

Agrego un elemento más para el análisis, procedente de mi trabajo Mito # 10: Gestionar nuestra marca personal nos cosifica:

“El deseo, la intención y las acciones orientadas a ser visibles, estar bien posicionados, ser competitivos y vivir decentemente de lo que sabemos/podemos/queremos hacer y del valor que con ello aportamos a la sociedad, no necesariamente pasan por la afirmación “quiero convertirme en una marca personal poderosa e impactante” -es más, me atrevo a negarlo de forma rotunda en la mayor parte de las buenas personas que hacen bien o muy bien lo que saben hacer para vivir-, sino por otras como “quiero y necesito que me vean más y mejor mis clientes”, o “quiero y necesito que mis colegas me valoren y reconozcan más y mejor”, o “quiero y necesito ganar más dinero de modo recurrente gracias a la calidad e impacto de mis servicios”, o “quiero que mis estudiantes me recuerden como uno de sus mejores maestros”, o “quiero que mis pacientes y sus familias sean felices por el modo en que les atiendo y me recuerden con buen aprecio”, o “quiero ganar ese concurso y consolidar desde ahí mi carrera”, o “quiero que mis electores vuelvan a votar por mí el próximo proceso”… y un infinito etc. Y afirmo esto, entre otras razones, porque muchísimas de las personas aludidas –la mayoría de ellas– ni siquiera conocen o trabajan el concepto de marca personal, ni el proceso de personal branding; sin embargo, lo desarrollan (y la gestionan al hacerlo) inclusive de modo intuitivo y/o inconsciente.

Pero sucede que cuando somos/hacemos/logramos todo lo que hay que ser/hacer/lograr para conseguir esos diversos “quiero y necesito”, nos estamos convirtiendo en marcas personales, o mejor dicho, estamos desarrollando, mejorando y potenciando las que ya somos y dejamos, justo porque tal materialización nos torna tales -o nos mejora y consolida como tales- a los ojos y sentimientos de nuestros públicos, sean esos ya aludidos en los ejemplos anteriores, y/u otros”.

¿Le funciona este tratamiento del tema, Maestro Jordi?

También he abordado este asunto en mi trabajo de 2017 Mito # 4: La marca personal es creable, con una serie de casos y ejemplos reales, tanto corporativos y/o de bienes y servicios, como personales; demostrando, básicamente, que el alcance del concepto marca, en general, y de la marca personal, en particular, es mucho mayor y llega mucho más lejos que la dimensión producto o servicio asociado a la entidad o persona que proyecta dicha marca: tiene muchísimo más que ver con la dimensión valor, y es un resultado dinámico y no estático, en función de cómo “se mueven” las características personales y profesionales, los hechos y los resultados de la persona en cuestión. Como dice Andrés en un post que cito en este trabajo: …tu Marca Personal va a cambiar contigo. Así que no solo puede evolucionar, mejorar, deteriorarse o mantenerse, sino que además va a suceder porque está asociada a ti, a tus acciones y a tus circunstancias. Sugiero humildemente la consulta de ambos textos.

Entonces, a la luz de todos estos planteamientos, así como de los análisis y valoraciones que ellos pueden generar, creo que ya podemos responder de forma resumida y conclusiva la interrogante inicial, ¿verdad, amigo lector? Vamos a ello. 

La respuesta es NO. No es un problema ni tiene por que ser calificado negativamente el hecho de que le otorguemos un sentido utilitario a la gestión de nuestra marca personal, ni que utilicemos mecanismos mercadotécnicos para posicionarla. Pues la noción utilitaria tiene al menos dos sentidos: para los demás, y para nosotros mismos, y AMBOS deben estar presentes DE FORMA EQUILIBRADA en el proceso de personal branding. Porque si solo nos priorizamos a nosotros, caeremos en los tan negativos y justamente criticados individualismo y egoísmo (que como ha sido demostrado en esta serie de trabajos -ver la tercera parte-, NO SON NI FORMAN PARTE DE LA ESENCIA DEL CONCEPTO MARCA PERSONAL, SINO QUE LO DISTORSIONAN). Y si solo priorizamos a los demás, atentamos contra la posibilidad de poder continuar aportándoles valor, dado que nosotros tenemos que vivir, y vivimos de nuestro trabajo y del valor que aportamos gracias y a través de él; y si no logramos vivir digna y decentemente, con una calidad de vida que nos coloque en condiciones de ser felices, de seguir creciendo, de continuar motivados, y de modelar buenas prácticas y sus resultados para la vida, pues sencillamente, fracasaremos como profesionales, también como personas y como seres sociales. Entonces, EL EQUILIBRIO ENTRE NOSOTROS Y LOS DEMÁS ES CLAVE EN NUESTRO ÉXITO COMO MARCAS PERSONALES

Y además, hablando brevísimamente de la comunicación y el marketing de marca, no hay forma de que el valor de utilidad social que podemos aportar llegue a sus destinatarios, si ellos no conocen que tal valor existe, ¿verdad? Pues como  creo que a estas alturas nadie discute, son nuestros públicos quienes nos hacen marca. Y esto define otro elemento clave acerca de la pregunta inicial: si hacemos personal branding de forma correcta, y dicho proceso gira alrededor del valor que podemos aportar, el sentido utilitario que demos a nuestra gestión de marca personal es lo que nos hace útiles para los demás, y gracias a ello -y a ellos-, podemos sernos útiles a nosotros mismos. Solo así tiene sentido y vale la alegría hacerlo. 

Y por otra parte, ¿quién o qué define los estándares y los límites del arriba mencionado EQUILIBRIO? Pues lo hacen varios factores combinados: entre ellos, el entorno humano, el contexto socioeconómico, el momento presente, la situación en curso, el propio practicante, y su visión personal del éxito. No hay recetas generalizables en este tema. Una vez más, y como suelo decir, la palabra clave aquí es DEPENDE.

Hasta aquí mi respuesta a esta primera interrogante de las dos que he abordado hoy. Veamos, entonces, la segunda, que en algunos aspectos tiene interesantes puntos de contacto con la que aquí concluyo. Avancemos juntos, amigo lector.

¿Gestionar nuestra marca personal nos cosifica?

Dice David:

“…corremos (todos, tú también) el peligro de cosificarnos, de convertirnos en caricaturas de nuestras intenciones, de replicarnos unos a otros pensando que lo que le puede funcionar a otro me puede funcionar a mí…”

Mi comentario: 

El propio David ha hecho excelentes contribuciones en esta línea; por ejemplo, en su magistral post de 2018 Diferenciarse no funciona (ya citado en esta serie y en otros varios trabajos míos, y estoy muy dispuesto a reincidir en ello), y en otros como  Al grano: ¿saben a que te dedicas?, donde propone lo siguiente:

“…estoy absolutamente convencido de que nuestras habilidades blandas son las que marcan la diferencia en el desempeño profesional, y es que, habrá mucha gente que sepa hacer lo mismo que tú, pero es la forma que tengas de hacerlo lo que te acabará diferenciando del resto. 

…las habilidades blandas constituyen la parte actitudinal del asunto y se relacionan con el conjunto de rasgos de personalidad, habilidades sociales, comunicación, hábitos personales que influyen en tu manera de hacer las cosas y de relacionarte y, sin duda, le pondrán tu sello, tu marca propia a lo que haces”.

O sea: existe el riesgo, pero tenemos antídotos a nuestra disposición. LO FEO Y MALO NO TIENE QUE OCURRIR. ¡Depende de nosotros!

Este servidor se ha referido a esto en varios textos; veamos lo que he planteado al respecto en un par de ellos. El primero, sobre la “cosificación”, y el segundo, sobre la pretensión de convertirnos en “marcas modelos” para el resto, y/o -en la otra esquina del ring- de guiarnos de forma imitativa por modelos no necesariamente compatibles con nosotros mismos.

“En cuarto lugar, está la propensión a rechazar el término “marca” asociado a la persona. Tal vez por un prurito asociado a determinados valores, o por confusión informativa, o resistencia de índole moral a convertirnos en algo “vendible” (una especie de cosificación comercial de sus humanidades: pienso que así lo ven quienes padecen esta conducta). Y aquí sí debo detenerme un poco más para aclarar este concepto, desde el recurso de la analogía.

Nos guste o no, se parezca ello o no a lo que aprendimos en casa, la escuela, la iglesia, el barrio, el grupo de afines, etc., etc., todos somos vendedores de nosotros mismos. Veamos algunos ejemplos:

  • Cuando estudiamos, y nos gusta mucho una materia, pretendemos impresionar al profesor con la solidez de nuestros conocimientos expresados a través de respuestas orales y trabajos escritos, de modo que aquel perciba y destaque, según proceda, nuestro elevado rendimiento: un proceso de venta.
  • Cuando escribimos un currículum, estamos vendiendo lo que somos como personas y lo que podemos aportar como profesionales.
  • Cuando pretendemos a alguien como pareja, ofrecemos de múltiples formas a esa persona nuestra mejor imagen, de modo que ella pueda apreciar las virtudes que nos adornan y sienta inclinación a aceptarnos: le vendemos la posibilidad de compartir la vida o parte de ella, y todo lo que recibirá y disfrutará a nuestro lado gracias a eso.
  • Cuando un deportista universitario aspira a ser captado por un equipo profesional, procura destacarse especialmente en presencia de los reclutadores que lo representan; se está vendiendo como un prospecto valioso para dicho equipo.
  • Cuando ofrecemos una idea al colectivo laboral, con intención de que sea aceptada, convertida en proyecto y ejecutada, procuramos convencer y demostrar todo lo útil de ella y sus innumerables ventajas: eso es vender.

Y podrían citarse decenas de otros ejemplos, pero creo que estos bastan para entender algo esencial: todos vivimos vendiendo lo que somos, hacemos y logramos, y no desde una imagen o perspectiva cosificada de nosotros mismos; simplemente, necesitamos el nivel de reconocimiento y logro que implica el hecho de que nuestras virtudes, competencias y fortalezas sean aceptadas y bien valoradas. Ya esto ha quedado claro desde Maslow a la fecha.

¡Y eso está muy bien! Así debe ser. Nadie es adivino para poder captar de una mirada nuestras posibilidades: debemos mostrarlas, y sobre todo, demostrarlas. Y es aquí donde cabe a la perfección el concepto y procesos asociados a la marca personal, al que me refiero. Se hace personal branding para que podamos ser la mejor versión de nosotros mismos (o sea, para lograr nuestra mejor marca personal), y con ella, gracias a ella, ser conocidos, reconocidos, adecuadamente valorados, y todo lo que de ahí se derive. Entonces, no temamos ser mercantilmente cosificados. No lo seremos nunca si gestionamos bien nuestra marca personal” (fin de la cita).

¿Qué quiero dejar dicho al traer estas ideas al contexto de la serie de trabajos que hoy concluyo? Pues lo siguiente:

No cabe hablar de cosificación de personas, ni tal cosa desagradable ha de suceder, si nos asumimos y gestionamos en y desde nuestra condición y calidad de seres humanos. Se “cosifica” o deja “cosificar” quien quiere hacerlo o no tiene cómo evitarlo. Si no hay tal voluntad, ninguna palabra puede conseguirlo desde ninguna impronta simbólica, porque las palabras son hijas nuestras y las manejamos nosotros, y tenemos (o debemos tener) el suficiente juicio y buen criterio para bloquear sus impactos que tiendan a enrarecer el oxígeno que respiramos, el trayecto social que recorremos y la calidad relacional que nos humaniza. Y el hecho de que marquemos a otras personas en nuestras interacciones con ellas (o de otras formas a las cuales me he referido antes), no nos define ni califica como “cosas” -léase productos, por supuesto-, ni siquiera como “cosificables”: nuestra marca personal es un resultado esencial y principalmente humano, de ineludible esencia social, y eventualmente, solo cuando así corresponda, “les” convenga y nos convenga, mercadotécnica

No nos “vendemos”, en sentido estricto: hacemos lo preciso para que quien necesite lo que somos, hacemos y logramos (el valor que podemos aportar), lo “vea”, lo conozca, lo tenga a su disposición, y cuando así proceda, lo adquiera y pague por ello, permitiéndonos todo eso vivir decentemente de nuestras ejecutorias profesionales.

¿Será que mi posición sobre este aspecto tan crítico queda lo suficientemente clara?

“…una buena cuota de responsabilidad en la innegable profusión actual de casos como estos, la tenemos quienes trabajando en el branding personal, sea como consultores o asesores, como formadores o como comunicadores acerca del concepto y su práctica (o en cualquier combinación de las mencionadas condiciones), incorporamos a nuestro quehacer profesional esa negativa dimensión desé como yo, hazlo como yo, y lograrás lo que yo.’. ESO ES ÉTICA Y PROFESIONALMENTE INACEPTABLE. Si abusando de la posición de influencia que hemos conseguido, pretendemos convertir nuestra práctica en El Evangelio del Branding Personal, estaremos negando la esencia misma del concepto llamado marca personal, y justificando las negativas consideraciones que acerca del mismo tienen y difunden algunos de sus críticos”.

“En el momento mismo en que propones (si lo deseas, puedes leer impones) a otras personas, que logren lo que tú has logrado y logras, les estás induciendo (si lo deseas, puedes leer imponiendo) a que vivan donde, como y lo que tú vives, a que sean como tú eres y a que hagan lo que tú haces, con el único e imposible resultado ‘previsible’ de que se conviertan en su propio equivalente de la marca personal que tú eres y dejas a tu alrededor (y eso incluye, por ejemplo, la forma en que tú te adaptas a las circunstancias que vives y gestionas los diferentes procesos de cambio en los cuales te ves inmerso, incluyendo el tuyo propio; y bien sabido es lo inevitablemente único de tales humanos procederes.) Pues siendo como tú, y haciendo lo que tú haces, solo pueden conseguir lo que tú consigues, ¿verdad? Y yo te (les, nos) pregunto: ¿por casualidad, esos seres (a quienes les ofreces tu modelo para que lo sigan cual evangelio vivo) comparten tus genes, viven como tú, tienen tu propia historia personal, fueron educados por las mismas personas que te educaron a ti, han vivido lo que tú para llegar al lugar donde ahora tú estás y poder aportar el valor que hoy tú aportas, etc., etc., etc.?”

NO ME PARECE MUY LEAL para con nuestros públicos que nos dediquemos a proponerles aquello de que ‘si yo pude, tú también podrás’, y sustentarlo –con clarísima, desembozada e inocultable intención mercadotécnica personal– en aquello otro de que ‘si haces todo lo que yo hice, y tal como yo lo hice, lograrás todo lo que yo logré.’ Eso, sencillamente, no es posible, y por tanto, no es ni puede ser verdad. Pues si así fuera (por poner solo un ejemplo entre muchos posibles), este mundo estaría literalmente repleto de multimillonarios que habrían conseguido serlo copiando y replicando literalmente las prácticas de sus ilustrísimos y nunca bien ponderados ‘mentores de negocio’ (recuerdo que el Maestro Andrés Pérez Ortega ha tocado algo relacionado con esto en un interesantísimo post de hace algunos meses: “ganas centenares de miles de Euros (o incluso millones) casi de la noche a la mañana utilizando ‘técnicas infalibles’ que venden algunos”) y hace mucho habríamos acabado con la pobreza que agobia a tanta gente. ¿Verdad?

“Esto significa que todo intento por movilizar a otros seres humanos desde su propio ser y hacer hacia un ser y hacer ajenos, en busca de un logro ajeno, es una forma de imponerles modelos ajenos, metiéndolos, encajonándolos y eventualmente encadenándolos dentro de un determinado molde ajeno, por una manipulada y manipuladora decisión ajena. Y es, definitivamente, una manera sumamente efectiva de despersonalizar sus marcas personales”.

“…hacer lo que estoy describiendo resulta también un nítido e innegable ejemplo de lo que en mi trabajo reciente Marca personal: diez vacunas protectoras contra el “egovirus”, he denominado “sobredimensión ególatra”; y si hay un campo en el cual esto hace daño, es precisamente en el branding personal, porque contradice la propia esencia del concepto que es su centro, el cual se basa en el servicio como vocación y como acción, en el aporte de valor a los demás, y en la prioridad que siempre ellos deben tener sobre nosotros, en tanto destinatarios del valor que aportamos, y receptores, procesadores y posicionadores del impacto de nuestra marca personal. Como lo planteó Andrés hace casi tres lustros, “si quieres tener una vida plena, haz por los demás lo que quisieras para ti”, y “una marca propia implica la búsqueda constante de la mejora personal mediante la satisfacción de las necesidades de los demás.” Y como un poco más recientemente lo propone el Maestro Guillem Recolons, “algo de ego es bueno, pero nunca entendido como narcisismo sino como una mejora en la autoestima y un equilibrio del ‘buenismo’ que a veces nos puede hacer pensar más en el bien ajeno que en el propio”, y sigue diciéndonos que el personal branding es “el arte de invertir en uno mismo para crear valor hacia los demás.”. Y como también recientemente nos lo ha propuesto esa impactante especialista en humanos con recursos llamada Elena Arnaiz, “cuando te quitas importancia se la das al otro”; o sea, a los demás”.

“La vida real no es un laboratorio en el que puedan ser recreadas una y otra vez las mismas condiciones para conseguir los mismos resultados. Las ciencias sociales no promueven (al contrario, las niegan, critican y cuestionan) la réplica exacta ni la copia mimética de prácticas de desarrollo humano y social, al margen de los momentos, de los contextos ni de las características sociológicas y psicológicas de los diferentes colectivos humanos, y dentro de ellos, de los diferentes seres humanos; y sobran ejemplos, cercanos y distantes en tiempo y en espacio, que así nos lo demuestran. Mi sugerencia, entonces, va en la dirección de que nos abstengamos de vendernos al mundo, o al pedacito de mundo sobre el cual influimos, como ‘el modelo de lo que de verdad funciona’. Porque definitivamente, no lo somos. Podemos haber generado, obviamente nutriéndonos de lo ya existente, un modelo interesante, útil y aplicable que ha funcionado y funciona para nosotros, pero ese modelo tiene que contener en sí mismo la lógica de su adecuación flexible a las tan disímiles circunstancias que viven (y las disfrutan, o las padecen) ESAS OTRAS PERSONAS que han de utilizarlo y aplicarlo a sus vidas. Si no la contiene, no es pertinente ni funcional más allá de nosotros mismos, porque tal como somos únicos, también ellas son únicas. Mucho ojo: trabajamos con y sobre vidas humanas, no con materiales de laboratorio. Vidas de seres humanos que se preparan para convertirse en la mejor versión de sí mismas y así poder aportar más y más valor, y precisamente con base en dicho aporte; en este sentido, nunca debemos promover en ellos que lo hagan desde bases que no sean genuinas”.

El personal branding es, sencillamente, un modelo estratégico de autopreparación y autogestión integral para convivir, contribuir, posicionarnos y crecer en sociedad y en contextos de cambio, con el objetivo de ser y dejar a nuestro alrededor las marcas personales que mejor definen, caracterizan, describen e integran lo que somos, hacemos y logramos en nuestros diversos procesos vitales, con base en los aportes de valor que hacemos a la sociedad.

A mi parecer, el logro de los objetivos estratégicos de marca personal planteados en la definición anterior, y en muchas de las que otros colegas han propuesto sobre el tema, exige la máxima autenticidad por parte de quien aspire a cumplirlos, si pretende marcar y posicionarse desde sí mismo y no desde la copia de alguien más; y demanda el máximo despliegue de ética profesional en quienes le acompañemos profesionalmente, para promover, desarrollar y estimular ese nivel de autenticidad. Solo así una marca puede ser realmente personal, y una asesoría en personal branding puede ser realmente profesional” (fin de la cita).

¿Qué quiero dejar dicho al traer estas ideas al contexto de la serie de trabajos que hoy concluyo? 

Pues muy sencillo, y seré muy breve (modo resumen); ya he ampliado bastante al respecto. Hacer nosotros, o permitir, o propiciar, o estimular que hagan otros, lo que David certeramente pone en solfa en su atinado comentario, y lo que Amalio ha criticado como uno de los vicios de la práctica del branding personal (a saber, la copia servil de lo que otros hacen gestionando sus propias marcas), nos niega y nos descalifica como cultivadores, practicantes y difusores del concepto marca personal. Todo enfoque que motive imitación mimética de prácticas ajenas es una negación y una distorsión del personal branding. Y todo aquel que lo haga debe ser sólidamente criticado y cuestionado, porque su mala praxis nos golpea y afecta a todos.

¿Será que mi posición sobre este aspecto tan crítico queda lo suficientemente clara?

Dice Amalio (en un comentario hecho al artículo base de la serie, en el cual él conversa con otro experto):

“…al final, este debate tiene algo que ver con ¿qué entendemos por «marca»? Podemos darle mil vueltas, pero sigo pensando que hay palabros a los que se asocia un significado que nos atrapa. Si a cualquiera persona, no experta, le hablas de «marca», va a pensar inmediatamente en la «imagen», o sea, en la proyección externa. Eso termina contaminándolo todo. Por eso no me gusta el palabro. Es muy muy interesante ver como la gente que más sabe de «marca personal», que más entiende de eso, empieza a hablar más de «estrategia personal» o, mejor, «estrategia profesional», o si prefieres, «marca profesional». Esos tres términos son mucho más acertados y saludables que el de «marca personal». Ese giro en la jerga utilizada es sintomático, y refleja los problemas «estructurales» que implica unir «marca» con «personas». Esa disonancia no se da con las empresas, en las que la «marca» sigue teniendo mucho sentido, aunque redefinida como un dispositivo que se tiene que construir con la participación activa de los clientes/usuarios. Te invito, Juanjo, a que te fijes en esa «migración semántica» que se está dando, aunque tímidamente, en el mundillo de la «marca personal». Es un reconocimiento implícito de las disfuncionalidades que comentamos aquí (no digo que sea porque lo digo yo, dado que son cosas de las que ha hablado mucha más gente) aunque la comunidad de marca personal no quiera reconocerlo. Hay mucho «groupthink» en esa comunidad, y mucha defensa corporativista-endogámica de un concepto que necesita revisarse” (negritas y subrayados míos).

Mi comentario:

Mucho de lo planteado en este comentario ha sido ya abordado por un servidor en entregas anteriores; pero por su significación, aparte de algunos elementos que Amalio introduce aquí y no aparecían en el post, me ha parecido importante expresar aunque sea brevemente algunas ideas al respecto. Me ha encantado la dinámica viva con la que he tenido que ir construyendo todo esto (literalmente, y por diversas razones, en el camino); por ejemplo, el comentario que ahora mismo lees deriva de un tuit que he visto un día antes de escribirlo, pues por alguna razón no había parado mientes con anterioridad en el que le da origen; se me había “escapado”, como seguramente otras varias cosas. Pero viene muy a cuento con los temas de hoy; por ende, vamos a ello. 

Iré comentando las expresiones de Amalio en este comentario suyo que me resultan más significativas:

 

  • Dice Amalio: “…hay palabros a los que se asocia un significado que nos atrapa”. 

 

Mi comentario: Creo que a todos los “palabros” les ocurre tres cuartos de lo mismo: son hechos y dichos para significar algo para nosotros, y ser “atrapados” por un significado no es necesariamente malo ni tiene malas implicaciones. La clave estaría tal vez en el uso que hagamos de lo que para cada quien signifique el palabro en cuestión; y en el caso que nos ocupa, ya ha sido demostrado en la cuarta entrega de esta serie que no tiene necesariamente una connotación negativa, y que la asociación marca + personas sí es, y sí funciona. En esta quinta entrega ello quedará aún más demostrado, dentro de un ratito, amigo lector. 

 

  • Dice Amalio: “…¿qué entendemos por «marca»?” 

 

Mi comentario: Intentaré resumir en brevísimas palabras la enorme riqueza conceptual contenida en el paquete de definiciones referenciales que propuse en la cuarta entrega de la serie:

“En el ámbito de las relaciones humanas, sociales y de mercado, marca es el resultado emocional de la interacción entre dos partes humanas, o entre una humana y otra no humana; y toma la forma de una huella que queda en la memoria de una de las dos partes, o de ambas (obvia y necesariamente la parte humana, en el segundo caso). Es importante precisar que, en los ámbitos a los cuales se alude, la marca generada por una parte no humana sobre una humana tiene en su génesis un origen humano, al ser producido y/o entregado y/o difundido por personas el bien, servicio o idea generador/a de dicha marca; y además, que esa marca se convierte en un insumo esencial de análisis y valoración, un factor crítico de visibilidad, reconocimiento, notoriedad y posicionamiento, así como un elemento detonante clave en los procesos de toma de decisiones acerca de múltiples aspectos de las relaciones humanas, sociales y de mercado”.

No sé si me ha quedado más o menos bien, ni quiero evaluar eso; en todo caso, siento que está muyyyyy incompleto, y me comprometo ante mi espejo y ante ti a seguir trabajando el asunto, amigo lector. Y por supuesto, al menos para mí -y espero que para todo aquel que haya podido analizar el marco conceptual de referencia-, este apretadísimo resumen deja muy claro (una vez más) que no hay ningún problema en relacionar marca con personas

¿Cómo lo ves tú, amigo lector?

  • Dice Amalio: “Si a cualquiera persona, no experta, le hablas de «marca», va a pensar inmediatamente en la «imagen», o sea, en la proyección externa”. 

Mi comentario: Muy breve, e interrogativo. ¿Por qué razón el hecho de que personas no expertas en un tema le otorguen desde su posición o perspectiva una determinada connotación al concepto que lo define, prescribe o indica la necesidad de que el concepto sea resignificado, reorientado, transformado y hasta eliminado del mapa, y no, por ejemplo, la de que dichos públicos sean más y mejor educados al respecto

  • Dice Amalio: “…la gente que más sabe de «marca personal», que más entiende de eso, empieza a hablar más de «estrategia personal» o, mejor, «estrategia profesional», o si prefieres, «marca profesional»”. 

Mi comentario: Una pregunta inicial: ¿Quiénes son “la gente que más sabe de marca personal” a la que Amalio se refiere? Porque si a partir de sus propias palabras ya citadas y comentadas en entregas anteriores, él alude bajo tales calificativos a Andrés y Guillem (muy justamente, a mi juicio, aunque de forma muy incompleta: faltarían unos cuaaaaaantos nombres en esa lista), puedo citarle algunos excelentes trabajos muyyyyyyyyyyy recientes de ambos expertos, que niegan rotundamente tal afirmación suya. Veámoslos juntos. 

De Andrés:

 

 

De Guillem: 

 

 

Amigo lector: si después de leer estas piezas de ambos Maestros, tú encuentras una sola forma de coincidir con Amalio en la afirmación suya que aquí estoy comentando, mejor no sigas leyendo mi trabajo, por favor. No valdrá la pena y perderás tu valioso tiempo. Y perdóname, por favor: como dice Tom Peters en Pasión por la Excelencia, hay momentos en que lo evidente salta a la vista.

Pero además, quiero precisar algo, sin la menor intención ofensiva, por supuesto, pero sí crítica: esta afirmación de Amalio me resulta un tanto especulativa. El criterio o conjunto de ellos que definiría quién sabe más o menos sobre marca personal, no está ni ha sido definido de forma consensuada por nadie en ninguna parte. Y puedo afirmarlo con bastante buen criterio: yo estudio sobre marca personal hace más de tres lustros, investigo formalmente el concepto y su práctica desde hace diez, hago consultoría y formación sobre el tema también hace una década, y conozco a personas que saben muchísimo sobre este campo (de hecho, aprendo a diario de ellas) y nunca han publicado un artículo al respecto. Lo han estudiado y lo manejan, dominan y practican a nivel de excelencia, pero no les gusta difundir masivamente lo que saben y saben hacer, como solemos hacerlo otros practicantes: lo dejan en sus espacios naturales y habituales de ejercicio, porque consideran que es ahí donde ellos deben estar y hasta donde su influencia e impacto deben llegar (lo cual yo les respeto, aunque no lo comparto). 

Y en el otro extremo, he leído innumerables artículos y algún que otro libro “sobre marca personal” que hablan de cualquier cosa menos de la verdadera esencia conceptual y metodológica de este concepto tan poderoso, aún estando sus autores entre los más “visibles” y hasta “notorios” alrededor del tema y/u otros relacionados -este del intrusismo profesional es un problema muy serio al que Andrés, Guillem, este servidor y otros colegas nos hemos referido con reiteración-. Con esto dejo dicho que visibilidad y notoriedad no equivalen a dominio, mucho menos a verdadero expertise: ello puede ser, pero no tiene que ser. Y entonces, lo que proponemos en línea u offline no nos define necesariamente como “los que más sabemos”, ni en este ni en ningún otro tema. Hay muchísimo más involucrado en ello.

Y por otra parte, hay muchísimos textos que no tratan explícitamente el concepto marca personal -ni siquiera mencionan tal “palabro”, para decirlo con Amalio-, y constituyen verdaderas biblias sobre el tema (en esta serie, y en esta misma quinta entrega, hay ejemplos de ello). Y aún por otra parte, este es un concepto de origen, esencia y práctica necesariamente multitemática, que se nutre conceptual y metodológicamente de muchísimos otros campos del saber (investigando sobre el tema, yo he identificado hasta el momento 14, y aún trabajo acerca de otros 4: para ampliar al respecto, sugiero una mirada a la respuesta # 6 que di a mi buen amigo y prestigioso colega Pablo Adán Micó en nuestra entrevista bidireccional transoceánica). Entonces…¿cómo identificar a quien sabe mucho y quien sabe poco y quien sabe y sabe hacer más o menos acerca de la marca personal, si no se es especialista en marca personal, o en al menos 5 o 6 de los taaaaaantos “mundos” que abarca, para poder entender hasta dónde otros saben o no saben de eso?

  • Dice Amalio: “Esos tres términos son mucho más acertados y saludables que el de «marca personal»”. 

Mi comentario: Aunque ya ha sido demostrado en la cuarta entrega de la serie que esto no es así, voy a agregar algunos elementos. 

  • Una estrategia personal es un trayecto con muchos posibles puntos de llegada, a través del cual un ser humano proyecta y trabaja para materializar un grupo de objetivos de, en y para su vida. Muy difícil separar de aquí el ámbito profesional, pues será muy cuesta arriba llegar a ser la persona deseada sin ser el profesional deseado, y sin el impacto multitemático de esta esfera sobre aquella (aquí te diría “y viceversa”, pero no hace falta: debajo te lo detallo). 
  • Una estrategia profesional también es un trayecto con muchos posibles puntos de llegada, entre los cuales la persona que la desarrolla deberá haber seleccionado antes aquellos a los que desea y espera arribar (verbigracia: Visión) y en el camino deberá hacer los ajustes necesarios. Muy difícil de segregar de la personal, porque como ya ha sido ampliamente demostrado, no es posible separar ambas esferas con un mínimo de seriedad.  
  • Y una marca profesional es un punto de llegada (o sea, un resultado), al cual se llega integrando sistémicamente en una estrategia la componente personal y la profesional que alguien gestiona de sí mismo/a, además de la social (en otro momento de este mismo trabajo se abunda al respecto). Pero además (y sobre todo), la marca profesional se subordina necesariamente a la personal, porque no es posible ser un profesional sin ser una persona, y porque no es posible ser un buen profesional sin los influjos e impactos positivos de la calidad humana y los diferentes atributos humanos de connotación positiva que inevitablemente se manifiestan en todo ejercicio profesional. 

Considerando estos y otros muchos elementos ya analizados y por analizar aquí, el concepto marca personal NO ES SUSTITUIBLE por ninguno de los tres que Amalio menciona como alternativas a este, a partir de las fuentes que plantea conocer. ¡Sería muy interesante obtener información al respecto!

  • Dice Amalio: “…los problemas «estructurales» que implica unir «marca» con «personas»”

Mi comentario: Esto ha sido ya suficientemente tratado y se ha demostrado que no existen tales problemas estructurales, o al menos, los que puedan existir no tienen para nada el carácter invalidante que Amalio les atribuye. No creo necesario retomarlo: sugiero ver la cuarta entrega de la serie. 

  • Dice Amalio: “Esa disonancia no se da con las empresas, en las que la «marca» sigue teniendo mucho sentido, aunque redefinida como un dispositivo que se tiene que construir con la participación activa de los clientes/usuarios”. 

Mi comentario: Los profesionales independientes también tenemos clientes/usuarios, y la marca tiene para nosotros el mismo significado que para las empresas: un resultado (Amalio mismo es una prueba viva de eso, como veremos más adelante). Pero además, la marca de las empresas es un resultado integrador de marcas personales de sus colaboradores: cuando alguien ofrece un servicio a nombre de la empresa, y en dicho proceso marca positivamente al receptor del mismo, dicha marca personal se traslada a la corporativa, y así la nutre, y la construye, y ello pasa con todos y cada uno de los colaboradores, ya sea en sentido positivo o negativo. Al respecto, sugiero revisar mi trabajo de 2018 Una organización vale tanto como su peor empleado.  

  • Dice Amalio: “…son cosas de las que ha hablado mucha más gente”.

Mi comentario: ¿Quiénes son? ¿Son especialistas en el tema u otros suficientemente relacionados, han investigado seriamente al respecto, o al menos, lo conocen lo suficiente como para emitir criterios a tomar seriamente en cuenta en este tema? Porque como ya he dicho antes, todavía estoy por leer una crítica seria al concepto marca personal y su práctica, que no pueda ser debida, decente y profesionalmente desmontada. Y no solo yo pienso así: pregúntenle a muchísimos colegas, y lo verán. Sigo esperando, pues. 

Al menos, Amalio habla de todo esto con un criterio profesional avalado por su amplia cultura general, su elevado nivel intelectual, su rica experiencia profesional en diversos campos donde la marca personal se manifiesta de forma transversal (le guste o no), y sobre todo por el hecho de que, como demostraré más adelante y es un caso recurrente, él mismo hace personal branding aunque no le guste el nombre del concepto MARCA PERSONAL, y ni siquiera considere y hasta pueda rechazar que es eso lo que está haciendo, caso por demás muy frecuente (y por cierto, me encanta su apelativo “palabro”, jejeje; no lo había leído aplicado al caso). Otros “críticos”, deberían estar al menos a ese nivel, para ser tomados en serio. Ojalá aparezcan, y se manifiesten, para que sigamos aprendiendo y creciendo entre todos. 

  • Dice Amalio: “…aunque la comunidad de marca personal no quiera reconocerlo. Hay mucho «groupthink» en esa comunidad, y mucha defensa corporativista-endogámica de un concepto que necesita revisarse”. 

Mi comentario: Comenzando por el final, coincido con Amalio en que la marca personal es un concepto que necesita SER REVISADO…pero ello debe hacerse sistemáticamente, COMO TODO CONCEPTO RELACIONADO CON EL DESARROLLO SOCIAL EN UNA NUEVA  ÉPOCA, DONDE TODO ESTÁ NECESARIAMENTE SIENDO SOMETIDO A REVISIÓN CONTINUA DEBIDO A LA DINÁMICA DE CAMBIO CONSTANTE EN QUE VIVIMOS.  O sea: esto no nos niega, ni siquiera nos cuestiona, mucho menos nos crucifica. Nos alerta sobre la necesidad de no dormirnos en nuestros laureles, a lo que me he referido en diferentes momentos, durante esta serie y también antes de ella. 

Dicho eso, voy a comentar brevemente tres conceptos que el autor nos dedica (uno en solitario y otros dos combinados).

  • Pensamiento de grupo: No veo cómo este concepto aplica a nuestra comunidad y su dinámica funcional, entre otras cosas porque no veo cómo Amalio puede sustentar lo que aquí afirma. ¿Tiene información fiable que describa nuestra convicción de lo negativo de algunas de nuestras decisiones y acciones, aunque las asumamos y practiquemos y defendamos como si fueran positivas? Porque de eso trata el concepto original de pensamiento de grupo (en inglés groupthink; un concepto ampliamente estudiado, analizado y aplicado por quienes hemos sido formadores y entrenadores de directivos, y/o profesores de Comportamiento Organizacional, Liderazgo y Toma de Decisiones Gerenciales -entre otras asignaturas- desde hace varias décadas, en mi caso desde 1994). Yo estoy “dentro” del campo marca personal, estudio e investigo sistemáticamente el tema, y no tengo tal información, ni veo ningún pensamiento de grupo “clásico” en nuestras prácticas “tribales” -espero sea captado el sentido real de este término aquí-. ¿Cómo puede Amalio sustentar su crítica?

En otra interpretación posible del concepto que puede ser propuesta y aplicada al caso y tema (no necesariamente “literal” en cuanto a su esencia), el pensamiento de grupo (s) existe de forma inevitable en toda comunidad profesional donde hay líderes y seguidores, sobre todo desde la óptica del poder de experto y del poder de referencia (hay otras opciones de significado a tomar en cuenta en ambos conceptos; sugiero no ceñirnos en exclusiva a las definiciones enlazadas). Quienes se adscriben a la lógica conceptual y metodológica de un líder, asumen un pensamiento grupal asociado a eso. Quienes prefieren los de otro líder, hacen lo propio…y así sucesivamente. Cuando el concepto es relativamente nuevo como el que nos ocupa, eso es prácticamente una regularidad; según va creciendo, y diversificándose sus matices y decursos,  van emergiendo nuevos líderes y nuevas ideas, y el pensamiento grupal se va segmentando y hasta “disgregando” (nunca desaparece del todo, porque seguidores habrá siempre: por definición, si todos fuéramos líderes, no habría líderes). Entonces, no es necesariamente negativo que haya esta “variante” de “groupthink” en la comunidad de la marca personal. Existe, y es normal, como en cualquier otra comunidad profesional

  • Defensa corporativista/endogámica: La componente “corporativista” no es tal en el sentido negativo con que Amalio la cuestiona, o al menos, yo no la veo como tal, y mucho menos veo porqué habría de ser vista de forma negativa: cuando muchas personas trabajan con y desde un concepto común, con metodologías que tienen muchos elementos comunes, para públicos con necesidades bastante comunes, y como parte de ello deben enfrentar y vencer resistencias frecuentemente comunes, resulta muy natural un cierto agrupamiento del tipo que Amalio expone; pero al menos en nuestro caso, ello no implica para nada que haya la tan peligrosa unanimidad

Al contrario: visualizo desde dentro de nosotros muchísima diversidad -de muy diversa índole, pero quiero enfatizar en la geográfica, la de origen profesional, la etaria y la experiencial-, y también cierto grado de unidad dentro de la diversidad (a mi entender, todavía insuficiente). Unidad “corporativa” (de TODA O CASI TODA nuestra comunidad profesional), y también otro (s) tipo (s) de unidad que podríamos llamar  “subcorporativa”, “departamental”, “zonal” o “grupal” (asociadas a proyectos compartidos por determinados grupos, o en función de las tendencias conceptuales o metodológicas a las que cada grupo se adscribe formal y sobre todo informalmente; y en algún que otro caso, inclusive con criterios geográficos y/o generacionales). Nada de eso tiene necesariamente una impronta desfavorable, al contrario: bien gestionado, puede generar interesantes sinergias a esos niveles, que contribuirán a mejorar el funcionamiento y potenciar el crecimiento de un sistema conceptual necesariamente diverso. 

Y la componente que Amalio define como “endogámica” me resulta muyyyy difícil de creer y asimilar en un campo donde TODOS venimos y seguimos llegando “desde fuera”: hasta donde yo sé, no existen aún en ninguna parte estudios formales de Grado Universitario en Marca Personal. Todo el que está aquí viene con otra formación y/o experiencia previa, y se inserta en este campo con aquellas herramientas mientras va adquiriendo y asimilando las de aquí. Por ceñirme solo a los dos ejemplos individuales que el propio Amalio ha propuesto como sus mejores referentes del tema: Andrés es químico agrícola, Guillem publicista, y la formación postgraduada de ambos tampoco se parece en nada. Y entonces, ¿de dónde sale nuestra supuesta endogamia?

¡Porque si hemos de acercar y asimilar tales enfoques al análisis de este concepto, a mí más bien me parece que la comunidad profesional de la marca personal es un grupo eminentemente exogámico, no endogámico

¿Cómo lo ves tú, amigo lector?

Y finalmente, un comentario más. La “empresa” es un concepto que, dicho sea muyyyyy básicamente, expresa y simboliza la integración de un grupo de seres humanos en torno a un macro-objetivo común, de índole principalmente económico/productiva. Su esencia somos las personas que le damos forma, tamaño, sentido, estructura, funcionalidad, misión, visión y valor: todo lo demás -y me refiero a TODO lo demás– es accesorio. Y el logro de los objetivos empresariales está en dependencia directa del nivel de satisfacción que las personas a las cuales se destina el valor producido sientan con los resultados aportados por las personas que han producido dicho valor (nuevamente sugiero revisar mi trabajo Marca personal: una organización vale tanto como su peor empleado). ¡No logro entender cómo es o sería posible aislar o segregar la marca de una empresa de las personas que SON esa empresa, hacen lo que ella hace, generan lo que ella aporta y logran lo que ella logra

Dice Amalio:

“El concepto de «marca personal», tal como suena, con su sesgo terminológico, nos «cosifica». Siembra las condiciones para que sea más fácil que eso nos ocurra. Las palabras no son inocentes. Creo que hay que cambiar el relato hacia «estrategia profesional», o si lo prefieres, «marca profesional»”.

Mi comentario:

Aquí funcionan todos los argumentos que he expuesto antes al “comentar el comentario” de David en el tema de la “cosificación”; por ende, amigo lector, solo te sugiero extrapolarlos. Más abajo incorporo algunos otros elementos sobre el tema. Y por supuesto, también funciona el análisis que he efectuado en la segunda entrega, sobre la “desintegración imposible de lo personal y lo profesional”, y el efectuado en la cuarta entrega de la serie sobre la “no inocencia” de las palabras a la que Amalio alude. En esencia, planteo y explico que efectivamente, ellas no son inocentes, pero tampoco culpables; y además, sustento y fundamento con cierta amplitud tal posición. Si necesitas revisarla, por favor, allí la tienes.

También creo que ya ha quedado muy claro que no existe tal “sesgo terminológico” al que Amalio se refiere, o al menos (para no absolutizar,  y respetando posibles discrepancias con los conceptos referenciales citados al respecto), no es tan rotundo como su proponente lo considera: hemos visto en entregas anteriores diversas definiciones y conjuntos de ideas magistrales e imprescindibles sobre el concepto “marca” que resultan clara y totalmente vinculables a nosotros como personas, o dicho a la inversa, nosotros vinculables a dichas definiciones. Veamos otros elementos sobre ello.

Hace un tiempo he coincidido con la idea que más arriba expone David, al plantear -en mi trabajo “Marca personal: no eres (ni puedes ser, ni debes sentirte) el modelo universal– que… 

“…dedicarme al branding personal, desde las diversas perspectivas en que lo trabajo desde hace algo más de una década, e integrándolo como eje transversal en las otras áreas del conocimiento en las cuales he tenido y tengo la suerte de trabajar, me ha hecho reafirmarme en mi consideración sobre lo negativo de los moldes, en general, y de los moldes humanos, en particular. Porque ajustarnos a un molde generado en y desde otra persona (un molde que es otra persona) nos limita profundamente nuestra posibilidad de ser la persona única e irrepetible que inevitablemente somos; distorsiona nuestra autopercepción, y desvía del rumbo correcto las acciones de mejora que podamos tomar para convertirnos en lo que suele denominarse ‘nuestra mejor versión’; lastra y frecuentemente castra nuestras opciones de ser, hacer y lograr a nuestro propio modo, y nos convierte en meros imitadores de aquellas personas cuyo tipo, nivel y calidad de logro querríamos conseguir (NOTA: así nacen muchas de las “cámaras de eco” a las que Amalio ha aludido y cuya generalización he cuestionado -V.D.E.P., noviembre 2019-.). Y a partir de todo ello, especialmente si la persona a quien imitamos tiene cierta visibilidad pública que permite contrastar públicamente ambas prácticas, esa pasa a ser nuestra marca personal. Se nos conoce como ‘Mengano, el que imita a Fulano’; pero lo peor es que realmente lo somos.

Y hay pocas cosas tan desagradables de ver y de apreciar como la réplica ‘textual’ o la imitación servil de una práctica ajena (en algo tan definitivamente personal y personalizado como debería serlo la aplicación de este concepto llamado branding personal), en lugar de contextualizarla y adecuarla a las circunstancias propias. Pareciera un vulgar y literal plagio de un texto literario, o la forzada y fraudulenta copia de un famoso, magistral e ‘incopiable’ cuadro de alguno de los clásicos”.

Me satisface poder decir que estas ideas coinciden plenamente con las de Amalio: al 1000 %. Solo que -una vez más-, las propuestas de este gran profesional cuestionan justamente algunas de las malas aplicaciones del concepto marca personal, y no el concepto en sí mismo, ni su construcción, ni su sistémica integración interconceptual marca/personas, por las múltiples razones que ya he expuesto y sustentan dicha posición

Ahora bien: cuando Amalio nos propone el cambio de relato hacia “«estrategia profesional», o si lo prefieres, «marca profesional»”, incorpora a mi juicio dos contradicciones conceptuales inherentes. Una, referida a la estrategia, que como muyyyy bien conoce este experto, no es un resultado sino la ruta decisoria implementada que nos conduce a él; y otra, la ya analizada y ampliamente comentada segregación imposible entre lo personal y lo profesional. Me concentro en la primera, sobre la cual ya he propuesto algunos elementos más arriba, intentando definiciones preliminares; la segunda está más que suficientemente tratada en esta serie de trabajos…aunque dentro de algunos párrafos no me quedará otro remedio que regresar a ella. ¡Te darás cuenta! 

Como ya ha sido analizado y está muy claro, la marca -cualquier marca- es un resultado. Entonces, no debemos confundirla con el proceso que nos conduce a obtenerlo. No es ni puede ser lo mismo la estrategia de gestión de una marca, que la propia marca, aunque en algún punto del futuro el modo de gestionarla estratégicamente llegue a convertirse en parte de la esencia de la marca y hasta en toda ella (hay ejemplos legendarios de esto, por ejemplo, asociados al tema calidad del servicio); pero al menos en principio, no abarcará nunca todo su contenido. 

Un ejemplo sencillo: la enorme prontitud con que una empresa sirve pizzas a domiciliolo cual la distingue y llega a ser parte de su marca, al posicionarla así en el imaginario colectivo de sus públicosno puede sustituir la calidad de las pizzas que sirve: a nadie le gusta comer pizzas malas aunque sean servidas a velocidad cósmica. El propio Amalio ha hecho interesantes referencias al tema en un EXCELENTE y RECOMENDABLE artículo titulado “El marketing como yo lo entiendo”, donde nos ofrece visiones de dicha disciplina muy propias de él y extraordinariamente válidas para esta época, con demostrables ecos explícitos y/o implícitos de referencias magistrales  como el Manifiesto Cluetrain, Peter Drucker, Tom Peters, Stephen Covey, Seth Godin, Jerome Mc Carthy, y algunas otras (me fascina, por ejemplo, esta frase: “¡¡Tu empresa es lo que la “experiencia de usuario” diga, y NO lo que anuncies en tu publicidad!!”, y esta otra -ojo, Guillem, Ylse, Eva y Nancy, reconocidos evangelistas de la siguiente idea y sus derivaciones-:  Las catedrales corporativas están lejos de comprender que el mercado funciona como un bazar donde lo que valen son las recomendaciones entre iguales”). 

Sobre lo anterior, dice Amalio, por ejemplo: “Se abusa del dogma de la “manipulación de las percepciones” (cambio lo que piensan en lugar del producto), y se hace demasiado hincapié en la imagen, en el envoltorio, en lugar de centrarse en lo que añade valor para el usuario”. Excelente, ¿verdad?

A ese gran artículo de Amalio regresaremos muy ampliamente en breve, amigo lector. Veamos ahora, entonces, el sugerido tránsito terminológico  (que obviamente, yo no comparto) desde la perspectiva de la marca personal hacia “estrategia profesional” o “marca profesional”, tomando como ejemplo la formulación de la visión.

No es lo mismo decir “convertirme dentro de 5 años en el profesional de referencia en el tema X para el mercado Z” (un RESULTADO definitorio de una marca personal), que decir “gestionar de forma sistémica un proceso de profesionalización progresiva en las áreas A, B y C, que me permita convertirme dentro de 5 años en el profesional de referencia en el tema X para el mercado Z” (un PROCESO que potencialmente puede generar una determinada marca personal). En el primer caso, hablamos de una marca (SER el profesional de referencia). En el segundo, hablamos de estrategia (decisiones y acciones a ejecutar en un tiempo determinado PARA CONVERTIRSE en el profesional de referencia).

Entonces, creo que no es posible pretender homologar ambos conceptos (marca y estrategia), porque sencillamente, son, definen y reflejan esencias diferentes. Y entonces, considero que no procede la sugerencia hecha por Amalio de cambiar un término que transmite un concepto, solo porque el término choca contra determinadas asunciones personales y/o de algunos colectivos acerca del concepto (sean cuales sean aquellas, e independientemente de cuán de acuerdo podamos estar con ellas), u otros relacionados, o sus implicaciones. Marca personal no es, significa ni implica lo mismo que estrategia profesional o marca profesional; y entre los tres conceptos, el único que refleja a plenitud la esencia, alcance e impacto del tema en el contexto al cual se lo aplica, integrando funcionalmente los diversos elementos necesarios y concurrentes, es el de MARCA PERSONAL.

Y ya en modo cierre temático, te comento y analizo otro asunto, que me resulta muyyyyyy interesante, amigo lector. Y te digo más: 

¡Si una sola cosa has de llevarte de esta lectura, y/o de toooooodas estas cinco lecturas, que sea, por favor, lo que viene a continuación!

En el mencionado artículo de Amalio (al cual te dije que volveríamos en breve) hay varios abordajes íntimamente cercanos a los que este gran profesional ha hecho en su crítica a la marca personal que aquí estamos debatiendo; pero de hecho -como podrá entender todo el que lo lea con atención, enfoque y desprejuicio-, MUCHOS de sus sólidos planteamientos son ABSOLUTAMENTE COMPATIBLES con la gestión de la marca personal tal como la entendemos quienes la practicamos, promovemos y defendemos, y por más que él la niegue en concepto o en práctica. Repito: LO RECOMIENDO, Y MUCHO.

La propia naturaleza del concepto marca personal, su transversalidad y su carácter integrador -en términos de gestión- de lo personal, lo profesional y lo social/relacional en la vida y la actividad de las personas en función del entorno en que conviven, hace posible que muchos textos escritos desde otras ópticas conceptuales, desemboquen a nivel metodológico en el personal branding; en este sentido, me resulta paradigmática, entre otras varias, la célebre obra de 2007 El Factor Confianza: el valor que lo cambia todo, de Stephen Covey Jr. y Rebecca Merrill. Estoy desarrollando un trabajo que aproxima el modelo propuesto por dichos autores a la gestión de la confianza desde nuestra mirada profesional como personal branders, y los hallazgos van siendo muy impactantes. ¡El libro del hijo del Gran Maestro de todos Stephen Covey es un texto absolutamente recomendado para aprender conceptual y metodológicamente sobre branding personal!

Y el mismo fenómeno de “extrapolación conceptual” o “traslación conceptual extratemática” (si caben los términos, jejeje) ocurre con el artículo que estamos analizando. Veamos más al respecto.

Por ejemplo: cuando en el cuarto párrafo del artículo que dio origen a todo este debate, Amalio ensalza merecidamente el trabajo de Andrés sobre el tema, él  describe el branding personal -sin llamarle de ese modo- como “algo que yo mismo he hecho en varios ámbitos en los que me he especializado en distintos momentos de mi vida, como el Marketing de la I+D, el Design Thinking y, ahora, la Inteligencia Colectiva. Me parece perfecto aprovechar conceptos de estrategia, e incluso de marketing, para dotar de identidad y coherencia a lo que hacemos como profesionales, y cómo lo proyectamos”. Solo que él, al escribirlo, lo limita en la intención propositiva explícita a la dimensión profesional. Y como veremos dentro de pocos párrafos, ello no solo es conceptualmente imposible, sino impracticable; y él mismo contradice tal limitación con su propia práctica, lo cual también quedará demostrado. 

Y que conste: ya me he encontrado antes con el interesante fenómeno presente, y precisamente en situaciones semejantes a la actual: a saber, debatiendo con personas de gran visibilidad, altísimo nivel profesional e intelectual, y elevada calidad humana, que cuestionan y hasta niegan la marca personal desde muchos de los mismos supuestos y conceptos que manejamos quienes la defendemos (ver dos ejemplos en este artículo, donde debato propuestas de los muy reconocidos Stacey Lastoe y James Altucher), e inclusive, siendo muy claro que ellos mismos los practican

Veamos y analicemos brevemente algunas citas demostrativas de lo anterior que figuran en el artículo de Amalio, muy significativamente titulado “El marketing como yo lo entiendo” (hay muuuuuucho más, y todo muyyyyyyyyy recomendable):

CITA # 1

El Marketing artesano se promueve a través de su obra y la calidad del contenido, que habla por él, y por la red de relaciones de confianza que sea capaz de tejer.

Así que su viabilidad profesional depende del ingenio que tenga para hacer visible y exponer su trabajo (como expresión condensada de sus habilidades) en espacios donde pueda ser realmente apreciado y, también, en ofrecer ese extra de calidad necesario que convierta al cliente en su mejor prescriptor. Todo esto aderezado por una gestión exquisita de su red de relaciones” (fin de la cita). 

NOTA SIN MARGEN: ¿Queda o no queda muy clara en esta formulación de Amalio la integración de lo personal y lo profesional en el proceso de gestión de la huella del consultor artesano sobre su clientela actual y potencial? Porque la construcción de esa tan necesaria “red de relaciones”…¿Cómo hacerlo bien al margen de nuestra condición y calidad de humanos? ¿Quién en su sano juicio querría hacer negocios profesionales con alguien en quien no confíe como persona?

Pues como ha quedado ampliamente demostrado en la primera entrega de esta serie, esa calidad humana es la primera y principal base de toda buena relación profesional. Ella es el primer factor generador de confianza: en principio, y por definición, nadie confiará en alguien conocido como una mala persona. ¡Y la confianza, es el factor clave para todo lo demás!

En el post base de este debate Amalio propone una paradoja que él mismo nos resuelve en el que ahora mismo estoy citando y analizando. Lo cito: “La paradoja es evidente: a más pensamos en nosotros como “marcas”, menos “personal” se vuelve todo”. Desde el propio accionar de Amalio y sus propuestas para quienes le leemos, y aún desde su rechazo a la combinación interconceptual marca/personas, nos queda muy claro que no es así, ¿verdad?

Y por otra parte…¿Quedan o no quedan muy claras aquí las componentes de visibilidad, gestión de contenidos, e impacto sobre los públicos, que definen y determinan una parte importante del posicionamiento de una marca personal? FIN DE LA NOTA

CITA # 2

…la Pyme o el profesional que todavía no es un crack, ni tiene la suerte de que le sobren los proyectos (así estamos la inmensa mayoría, y más ahora), tendrá que hacer algo más que trabajar bien para que le contraten o le compren” (fin de la cita). 

NOTA SIN MARGEN: “Algo más que trabajar bien”, nos dice muy certeramente Amalio; o sea, la componente profesional, en su sentido más estricto, no es ni será nunca suficiente, en un mercado saturado de ofertas y escaso en oportunidades. ¿Y cuál será, entonces, la componente que genere y/o complemente el impacto deseado/esperado/necesario, la que haga al consultor diferenciarse y distinguirse, si no es la humana? ¿Y cómo conseguirá poner de relieve la integración positiva -y promisoria para el potencial cliente- de ambas dimensiones, si no es a través de la gestión efectiva de su marca personal, de esa huella integradora de lo que somos, lo que hacemos y lo que logramos, abarcando las dos esferas, la personal y la profesional? Porque ese consultor ES, Y DEJA EN SU ENTORNO, UNA DETERMINADA MARCA PERSONAL; a estas alturas, eso ya no ofrece dudas para nadie desprejuiciado sobre el tema. Y esos que Amalio define como “cracks”…¿en virtud de qué lo son, y quién les otorga tal “título”? “Eso”, SE LLAMA MARCA PERSONAL, y ha sido generada en el entorno por sus “titulares”, a golpe de resultados profesionales enmarcados en una sólida y favorable impronta humana: ES ASÍ COMO SE HACE

Y finalmente por ahora, una sólida autora citada por Amalio en el post base del presente debate, nos propone lo siguiente, en modo crítica de la marca personal: “¿Cómo se puede ser realmente «auténtico» si te ves obligado a censurarte a ti mismo por el bien de la identidad de marca?” Y yo les pregunto a ambos: ¿Dónde la literatura mínimamente seria sobre personal branding dice que es necesario censurarse uno mismo por el bien de la identidad de marca? Porque es exactamente al revés: por eso es tan importante leer con cierta amplitud y profundidad sobre un tema para conocerlo antes de opinar críticamente sobre él, y aparentemente la autora de esa frase no lo ha hecho lo suficiente. Para más info al respecto, ver la primera entrega de esta serie; y por otra parte, le planteo a Amalio -y a todo aquel que lea estas líneas- que mucho de lo propuesto por la citada autora en su artículo original, negando o cuestionando la marca personal, se basa en severas distorsiones de la esencia de este concepto, y no en su práctica correcta: al parecer, ello se nos va convirtiendo en una regularidad

Otra cosa muy diferente sería limitar y/o erradicar el uso de ciertas expresiones en ciertos momentos y ante ciertos públicos, si usarlas puede perjudicar el logro de nuestros objetivos; pero ello no tiene que ver con la identidad de la marca (recordemos que este es un concepto diferente al de imagen de marca, más enfocado hacia fuera), sino con un tema de coyuntural conveniencia estratégica, lo cual funciona en todo tiempo y espacio tanto para personas como para organizaciones. Me he referido a ello al responder la siguiente y compleja interrogante que me planteó el Maestro Jordi Collell en nuestra entrevista bidireccional transoceánica -lo cual constituye un asunto de muchísimo debate actual en nuestro campo-: ¿Es un pecado de personal branding hablar de sexo, religión, política o fútbol (o del deporte rey en tu país), en público o en redes sociales? FIN DE LA NOTA.  

CITA # 3

2. Identidad: Canalizar el desarrollo de una identidad fuerte, de cuño propio y no clónica o mimética, que parta de una comprensión profunda de tus fortalezas genuinas, y no de modas o tendencias impuestas” (fin de la cita). 

NOTA SIN MARGEN: Si no nos conocemos, ¿cómo podemos identificar, clasificar, diagnosticar, contrastar con las necesidades que hayamos identificado en nuestros públicos, y cuando ello proceda, mejorar los atributos con los cuales pretendemos marcar a esos públicos? Eso es HACER PERSONAL BRANDING, comenzando por la primera fase del modelo Iceberg de Soymimarca (autoconocimiento), o del modelo ADN de Andrés (autenticidad: ser y actuar como nosotros mismos, para lo cual es imprescindible conocer quiénes somos), y “barriendo hacia casa” -esta frase la aprendí de Guillem-, la dimensión SER del modelo de mi autoría: el marco tridimensional de la marca personal (en mi trabajo de 2016 La marca personal de los expertos, puedes revisar uno de los primeros avances publicados sobre el mismo). Y hay otros modelos de personal branding en los cuales dicha dinámica también funciona, porque sencillamente, no puede ser de otra manera: la única forma de gestionar bien una marca personal es partir de la persona que es y deja dicha marca

Y por otra parte, hablando de personal branding y montándome en el acercamiento a este que Amalio efectúa en el artículo que aquí analizo, debo precisar que esa identidad no debe basarse únicamente en el conocimiento de nuestras fortalezas genuinas, sino que debe incluir el de nuestras debilidades genuinas, cuya superación y eventual eliminación es la única manera de crecer de forma genuina. Debilidades que no pueden incluir únicamente la componente “puramente profesional”, pues inclusive si somos muy fuertes en dicha esfera, pero muy pobres en la componente relacional (por mencionar solo uno de los ámbitos de la componente “puramente personal”)…¿cuál marca seremos y dejaremos a nuestro alrededor, y quién querrá trabajar con nosotros?

Recordemos la definición más básica y general del concepto que nos ocupa: la huella que dejamos en los demás. ¿Acaso dicha huella solo puede ser positiva, basada en nuestras fortalezas? ¿O será que también puede ser negativa, generada por nuestras debilidades? ¿O inclusive, “neutra” -cualitativamente hablando, claro-, a partir de un cierto “equilibrio” entre unas y otras? 

La respuesta es bastante obvia, ¿verdad? 

Y tampoco perdamos de vista que no somos fuertes y/o débiles en abstracto y general, sino en concreto y específico: no para todo momento, contexto y situación, sino para unos muy particulares, en los cuales funcione y contribuya lo que podemos aportar en todas las perspectivas -las ideas de Amalio son EXCELENTES en este sentido-; porque ni nuestras fortalezas le funcionan y sirven de igual modo a todo el mundo todo el tiempo, ni nuestras debilidades nos limitan para impactar positivamente en todo tipo de espacio, ni en un mismo espacio en todo momento y situación. Una vez más (y van muchísimas), la palabra clave vuelve a ser…sí, amigo lector, adivinaste: ¡pareciera que me vas conociendo! Esa palabra es DEPENDE.

FIN DE LA NOTA.

CITA # 4 

3. Foco: No puedes ser bueno en todo, ni pretender contentar a todo el mundo porque entonces no vas a satisfacer a nadie. Ahí entra el concepto de “segmentación”, que conserva su plena vigencia (aunque es cierto que sea cada vez más difícil hacerlo), y la necesidad de descubrir y/o elegir en qué colectivos quieres centrar tus mayores esfuerzos porque presumes que serán más sensibles a tu propuesta de valor” (fin de la cita). 

NOTA SIN MARGEN: En este caso, abordaré la cita de Amalio Rey desde dos miradas diferentes. Una (le llamaré Mirada 1), para reafirmar el muy cercano “parentesco” entre lo aquí propuesto por Amalio y el personal branding; y la otra (Mirada 2), para analizar una interesantísima contradicción que percibo en la propuesta, y proponer al respecto desde otra perspectiva.

Pero antes, debo decir que me encanta esta formulación de Amalio; en mi trabajo de 2016 Cómo usar un blog en modo branding personal hice referencia a esto, pero no en cuanto a los públicos (el excelente abordaje de este gran profesional), sino acerca de los temas a trabajar si se pretende usar el blog como plataforma de gestión y posicionamiento de nuestra marca personal. Así:

¿Quieres educar, comunicar, crear y cultivar relaciones, desarrollar un espacio informativo de referencia, hacer negocios, desarrollar tu marca, posicionarte…o todo eso junto, a través de tu blog?

Lograrlo todo junto es muy difícil; pero se puede llegar a ese punto de modo gradual. El posicionamiento de marca que necesitas para convertirte en una referencia a partir de las propuestas de tu blog, exige que te enfoques a temas y objetivos concretos para periodos específicos: ellos serán tu foco. Y si quieres lograrlos, no pueden ser muchos; o al menos, no muchos a la vez.

Porque tener muchos objetivos te hará perder el foco. Los objetivos definen las prioridades. Priorizar implica necesariamente escoger y decantar. Y como te lo dirá cualquier especialista decente en gerencia, quien tiene muchos objetivos, no tiene ninguno”.

Y por cierto: también cité en ese trabajo, del gran Tom Peters -”el mejor amigo y la peor pesadilla de los negocios”-, una frase de su clásico Pasión por la Excelencia (1986) que suelo utilizar mucho: “Nadie puede ser excelente en todo”. Curiosa “coincidencia”, ¿verdad?

Y tras esta breve pincelada de aquiescencia temática y de criterio, regreso al curso de mi análisis. 

Mirada 1

Esta cita sigue demostrando que Amalio Rey se acerca conceptual y metodológicamente al branding personal, y además, lo practica,  si asumimos como un hecho la gran coherencia evidente entre sus dichos y sus hechos (mientras más he trabajado en esta serie de cinco artículos, más motivado me he sentido a leer su trabajo, el cual había explorado pero no profundizado lo suficiente -¡gracias a ello, he descubierto que somos compatriotas!-, y más lo admiro; debo reconocerlo con total honestidad, y te pongo como ejemplo, muy reciente, este fantástico proyecto de soporte a la innovación, cuya lectura y utilización recomiendo mucho, y que es muyyyyy representativo de su potente marca personal). 

Me explico: cuando Amalio propone “…descubrir y/o elegir en qué colectivos quieres centrar tus mayores esfuerzos porque presumes que serán más sensibles a tu propuesta de valor”, nos está hablando de explorar el entorno, diagnosticar a los diversos públicos y sus necesidades evidentes o subyacentes, y evaluar en cuáles de los segmentos que los integran será más viable posicionar nuestra marca personal, con base en el valor que les podamos aportar, o en otro caso posible, aprovechar el posicionamiento de ella que ya hayamos conseguido (notoriedad mediante, por ejemplo). 

En mi trabajo de 2019 Marca personal: el complejo trayecto entre ser y trascender, he planteado que

“…una marca personal:

  • inicia (ser: origen, personalidad, principios, valores, perfil profesional, competencias),
  • evoluciona, se desarrolla, crece (hacer: trabajar, estudiar, investigar, innovar, crear, interactuar, relacionarse, gestionar, comunicar, mercadear),
  • y, sobre todo en términos de retorno, “termina” (lograr: aumento de la visibilidad, mejora de los resultados profesionales en el ámbito de labor, crecimiento financiero, elevación del impacto en el entorno, posicionamiento positivo creciente ante los públicos objetivo y eventualmente otros, sostenibilidad, perdurabilidad, legado, trascendencia), en la persona que toda marca personal es.”

Como fácilmente se entiende en esta definición, no hay forma de ser y dejar marca personal en ausencia de públicos. Lo que ellos reciben de nosotros, y la forma en que nos ubican en sus mentes gracias a ello, nos define como marcas personales”.

Y en virtud de todo ello, cabe perfectamente en un proceso de branding personal la muy pertinente combinación segmentación/enfoque que Amalio propone (de hecho, ello es parte de todo proceso realmente profesional de branding personal). Pues él sabe perfectamente que su marca (y cualquier otra marca) funciona e impacta muchísimo más y mejor cuando ha sido erigida en tal por unos públicos sensibles al valor previamente aportado (a ellos, o a otros, de lo cual tendrán información, por ejemplo, vía visibilidad y/o vía notoriedad de marca), y por ende, mucho más receptivos al valor potencial por aportar. Y esto es así, viendo y analizando la cita en solitario; si la integramos sistémicamente al resto de ellas, y visualizamos el modelo que definen, esta verdad se hace muchísimo más visible, sustentable y aplicable.

Mirada 2

Este planteamiento de Amalio que ahora comento, relativo al foco, contiene una interesante contradicción con otras ideas propuestas por él a Guillem (en tono interrogativo) en el debate entre ambos que más arriba he citado textualmente. Y aunque en otros momentos las abordo, tengo que traerlas aquí para poder explicarme: Amalio cuestiona a Guillem sobre lo “no saludable” de incorporar nociones como “propuesta de valor” y “modelo de negocio” a nuestra vida personal; y aquí arriba nos habla explícitamente de nuestra propuesta de valor. Supongo y asumo que lo hace en la perspectiva “puramente profesional”: ya nos ha quedado muy clara en momentos anteriores su propensión a separar dicha perspectiva de la “puramente personal”.

Ahí es donde nace la ruptura.  Y hacia ella dirijo mi enfoque a continuación.

Es que no se trata de la “vida personal”. Tampoco de la “vida profesional”. Se trata de LA VIDA, que a efectos de la gestión de marca personal, incluye e integra ambas esferas, y por supuesto, también la “vida social”suponiendo que alguien pueda definir inequívocamente conceptos claros para cada una de ellas, y determinar fronteras claras entre estas “tres vidas”, que permitan identificar con claridad cuándo se trata de una y cuándo de otra en un tema como el que aquí me ocupa (pues por mi parte, yo me confieso absolutamente incompetente para hacerlo). Y me explico breve y básicamente sobre esta última “suposición”. 

Si asumimos la vida “personal” -por ejemplo- como los momentos y espacios de nuestra existencia en los cuales no estamos “estrictamente” trabajando (a saber: la interacción familiar y/o con amigos, la diversión, los paseos, el ocio en el sentido más amplio, el descanso, la lectura “recreativa”, la visita al médico, las compras familiares, la relación con la escuela de los hijos, las celebraciones, los momentos de soledad que muchos necesitamos y los procesos íntimos que en ellos desarrollamos, etc., etc.), no podemos deslindarla nunca de la zona “profesional”. Entre otras muchas razones, porque el ejercicio de una profesión contribuye de forma decisiva al desarrollo integral que alcanzamos como personas y se revierte en nuestro comportamiento como tales -o sea, en nuestra vida “personal”-; porque esa zona “personal” es generalmente asegurada y garantizada gracias a los recursos que obtenemos en la “profesional”, en la cual actúa para producirlos la persona de quien se trate; y además, porque es muyyyyy raro que alguien pueda “aislar” totalmente de su mente los pensamientos relativos al trabajo cuando sale del espacio en que lo hace -en cualquier modalidad-, o que excluya absolutamente de sus conversaciones familiares o con amigos las referencias a las ¿8? horas laboradas y lo sucedido en ellas; y tampoco se puede deslindarla de la “social”, porque salvo contadas “excepciones muy excepcionales”, desarrollamos esa vida “personal” en compañía de otros seres humanos, con los cuales socializamos de diferentes formas.  Para no referirme a personas como el propio Amalio, como este servidor, como Andrés, Guillem, Jordi, Neus, David, Pablo, Eva, Ylse, Nancy, Yael, y otros muchísimos colegas citados y/o aludidos a lo largo de esta serie, a quienes por la naturaleza relativamente independiente y absolutamente emprendedora de nuestros ejercicios profesionales nos cuesta mucho efectuar tales “deslindes”, tanto en términos de tiempo como de espacio y de actividad; seguramente todos hemos dedicado y/o solemos dedicar muuuuchas horas de nuestro tiempo destinado al descanso y al ocio (nuestra vida “personal”) a leer, estudiar, investigar, diseñar, escribir, consultar a colegas (nuestra vida “profesional”) y/o al desarrollo de actividades de networking (nuestra vida “profesional” mezclada con la “social”, en nuestros horarios de vida “personal” -no te pierdas el interesante webinar de la destacada especialista venezolana en networking Nohelis Ruiz que arriba te he enlazado-)…¿Y entonces?

Veamos muy brevemente cuatro casos, que en el ámbito del branding personal, y de diferentes formas, resultan muy ilustrativos y demostrativos de la validez de esta lógica que te propongo; y lo haremos desde su utilización de la cada vez más popular plataforma Instagram.

  • Jordi Collell. Este reconocidísimo y respetadísimo personal brander, coach y académico español -cofundador junto a Guillem de la prestigiosa empresa Soymimarca, del Primer Postgrado Internacional en Personal Branding dictado en nuestro idioma, y del Personal Branding Lab Day, Primer Congreso Internacional acerca del tema que en pocos días tendrá su seguramente exitosa quinta edición-, gestiona su perfil de Instagram proponiendo mensajes personales, así como de índole profesional, cultural y social, desde los cuales deriva interrogantes sobre -e ideas para- el desarrollo de la perspectiva personal, profesional y social de sus seguidores,y la integración de ellas. Presencias clave: El ser humano Jordi desde múltiples miradas y perspectivas. La marca personal. Jordi y sus costumbres. Barcelona. Jordi y su trabajo. La cultura. La educación. Madre Natura. Curiosidades varias. Y un imprescindible: Jordi y sus sombreros, su marcador de marca. Te sugiero revisarlo.
  • Ylse Roa. Esta gran profesional venezolana de talla, alcance e impacto internacional, quien es un sólido paradigma del valor de lo humano en el branding personal, integra en su modelo de gestión de Instagram lo “estrictamente personal”, lo “estrictamente profesional” y lo “estrictamente social”…pero todo ello “cruzado” entre sí y por la manera en que ella lo propone: el toque tan personal que da a lo profesional y la forma en que convierte ambas esferas en puentes para lo social, resultan modélicas. Y en su caso, vale además decir que Ylse forma, entrena y consulta a otros profesionales acerca del tema, y también prepara en línea, desde su Caracas, a grupos formales de estudiantes de España y de la República Dominicana sobre el manejo de Twitter: otra plataforma social en cuyo uso profesional ella destaca, gracias entre otras cosas a la magistral manera en que signa con lo humano todas sus ejecutorias profesionales y sociales. Presencias clave: El ser humano Ylse desde múltiples miradas y perspectivas. La marca personal. Ylse y su trabajo. Ylse y su familia. Venezuela. Caracas. La amistad. Las relaciones y la calidad humana. La mujer y sus múltiples calidades, potencialidades y desarrollos. La poesía. La fotografía. Madre Natura. Las flores. Los gatos. Los atardeceres. Te sugiero revisarla.
  • Guillem Recolons. Este otro gran referente del personal branding internacional -cofundador junto a Jordi de todo lo arriba mencionado, y fundador o participante muy activo de otras varias cosas, jejeje- incorpora a la gestión de su perfil de Instagram temas personales, profesionales y sociales en un equilibrio bastante dinámico: basta apreciar cómo él combina lo cultural en un sentido estricto (mezclado con lo histórico, lo geográfico, etc.) con sus propuestas destinadas a promover el desarrollo integral de cada persona de sus públicos. Presencias clave: El ser humano Guillem desde múltiples miradas y perspectivas. La marca personal. Guillem y su trabajo. Guillem y su familia. Barcelona. Madre Natura. Arte y cultura. La fotografía. La actividad física. Las relaciones humanas. 
  • Y finalmente, un caso definitivamente paradigmático de esta “integración tri-vida” podemos apreciarlo en la ejecutorias de la reconocida profesional panameña del personal branding Yael Bern. Quien observa, por ejemplo, su perfil de Instagram, puede percibir fácilmente cómo se entrecruzan, se mezclan, se difuminan y prácticamente desaparecen las líneas divisorias entre lo que podría ser “clasificado” como su vida personal, su vida profesional y su vida social. Por citar solo un ejemplo de tal accionar, ella no deja de proponer a sus seguidores, desde su visión profesional del tema, diferentes tips sobre y para la gestión efectiva de sus respectivas marcas personales, y lo hace desde la integración que ella misma hace de su persona y su “vida personal” a su propia marca personal en el decurso de su “vida profesional” (en diversos momentos y actividades, inclusive familiares), y desde las múltiples formas en que ambas se combinan en su “vida social”; resulta muy interesante el rol de su familia en este desarrollo, al cual está incorporada desde diferentes perspectivas. Presencias clave: El ser humano Yael desde múltiples miradas y perspectivas. La marca personal. Yael y su familia. Yael y su trabajo. Yael y su imagen. Yael y su proyecto de vida. Yael y sus hábitos, gustos y preferencias. Panamá. Temas de arte y cultura. Yael y su comunidad, a la cual mima y estimula con sus propuestas. Te sugiero revisarla. 

Y es que inevitablemente, como bien lo demuestran los cuatro casos aquí citados y otros muchísimos, estas “tres vidas” están y seguirán integradas, si hacemos bien “nuestro trabajo” como seres humanos que trabajan en, desde y para un entorno social: somos seres indivisibles, y además, plenamente conectados con quienes nos rodean, y ellos a su vez con nosotros y lo que somos, hacemos y logramos; entonces, no tiene sentido pretender fragmentarnos nosotros, ni distanciarlos a ellos

Este análisis temático me recuerda algo de mis estudios de preuniversitario; no preciso si fue en 11⁰ o 12⁰ grado, allá por 1979 o 1980, cuando abordábamos en Literatura -nunca olvido a mi gran profesora Sonia, que me dio clase en los tres años de dicho nivel, y con quien sostenía frecuentes debates- al célebre dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht, y su técnica de “extrañamiento”: una forma de escribir el teatro destinada a colocar al espectador emocionalmente “lejos” de lo que ocurre en escena, de forma tal que pueda recibirlo, analizarlo, juzgarlo, evaluarlo y tomar posiciones sobre ello de forma crítica, objetiva, desprejuiciada e imparcial, hasta donde eso es humanamente posible. Pues, amigo lector, resulta que ni esa técnica ni otras parecidas o equivalentes funcionan en el personal branding. Nosotros no podemos pretender “extrañar” a quienes nos rodean de nuestras vidas, porque ni estas ni lo que en ellas sucede son obras o actos de teatro, sino la vida misma: y cuanto en ellas tiene lugar sí afecta directa o indirectamente a nuestro entorno humano (y también a otros entornos, por supuesto). Quienes nos rodean en cada momento y espacio de nuestra vida son quienes nos hacen la marca que somos, pues es a ellos a quienes marcamos a través de lo que somos, hacemos y logramos. Como reza una frase habitual y paradigmática de la nueva época en que vivimos, “todo está conectado”; y agrego a ello que también TODOS LO ESTAMOS.

Y este análisis nos conduce a que nuestra propuesta de valor “profesional” no puede excluir a la persona que somos, ni nuestros modos de socializar con otras personas; todo ello hace parte del paquete integrado que ofrecemos a nuestros públicos, pues estos no deslindan –NO PUEDEN DESLINDAR– al profesional que somos, de la persona que somos, ni del ser social que somos. Todas estas facetas de nuestro ser, nuestro accionar, y nuestro logro, deben estar presentes en nuestra propuesta de valor de forma al menos implícita -y preferiblemente, explícita-, porque querámoslo o no, lo están, y de forma integrada, no segregada. Tal como no podemos decidir si somos o no somos marca, porque lo somos querámoslo o no, y eso funciona así en múltiples ámbitos: los hechos objetivos, los que no dependen de nuestra voluntad, están ahí y hemos de aprender a vivir con ellos. Como le dije hace cierto tiempo a un joven político a quien asesoro en branding personal, y  que “se negaba a involucrar a su familia” en su actividad política (cita aproximada): 

“Mira, Fulano: desde el momento en que discutiste con tu esposa y tus demás parientes, la decisión de aspirar al cargo X en las próximas elecciones, y ellos aceptaron y decidieron apoyarte, les involucraste y se involucraron. Y además, seguirán involucrados, porque por ejemplo, tú invertirás en la campaña electoral algunos recursos que no invertirás en casa, y ello obviamente les afecta en alguna medida. Además, si tú no ganas el puesto, sufrirán contigo tu derrota y deberán apoyarte de diversas formas para que te recuperes de ella, y eventualmente, regreses al ruedo en próximos procesos; y si lo ganas, ellos se beneficiarán de los emolumentos que te corresponderán por ejercerlo y de la buena imagen que coseches gracias a ello, y por tanto, deberán apoyarte y hasta exigirte para que puedas hacerlo bien, honesta, decente y profesionalmente, como debe ser; pero además, serán afectados de muy diversas formas por los importantes tiempos que deberás restarles a ellos para dedicárselos a los electores que te habrán colocado allí, votos mediante. Así que olvídate de eso: si tú eres político, tu familia está involucrada en la política, les guste y te guste, o no”. 

Todo lo cual confirma, además, lo fuerte e indisoluble del ya demostrado vínculo entre la vida “personal”, la “profesional” y la “social”, ¿no es así, amigo lector? ¿Recuerdas que en la segunda entrega de la serie desarrollamos esta parte con cierta amplitud? Pues esta quinta y última parece habernos confirmado aquellas ideas; ¿verdad que sí?

Entonces, NO, distinguido colega y compatriota  Amalio: respondiendo a su pregunta, NO es asfixiante en modo alguno integrar el concepto de propuesta de valor a nuestra vida personal, porque de hecho, NO LO HACEMOS: ella YA LO ESTÁ, desde el momento en que somos personas que actuamos como profesionales en un entorno social que se sirve del valor que aportamos, y gracias a lo cual nosotros vivimos. Y por otra parte, ¿será que nuestro valor propuesto al mercado puede excluir de alguna mágica forma nuestra condición y calidad de humanos, con todo lo que ella implica, por ejemplo, para el desarrollo de buenas relaciones de negocios?

Y de nuevo por otra parte…¿las cuatro excelentes citas de este post de Amalio vistas hasta ahora (junto a la que viene a continuación, y a otros interesantes contenidos de dicho artículo que no he citado aquí) no reflejan algunas significativas partes de un modelo de negocio, en cualquiera de las definiciones más conocidas de este concepto tan importante? Y si como acabo de exponer, no hay forma “correcta y pertinente” de segregar nuestras “tres vidas”…pues tampoco, distinguido colega Amalio: NO es asfixiante en modo alguno integrar el concepto de modelo de negocio a nuestra vida personal, porque no hay una vida “puramente personal”: no existe forma alguna de separar estrictamente dicha vida de la profesional y la social. Porque nuestra actividad profesional no puede excluir de forma alguna nuestra condición y calidad de humanos, que entre otras muchísimas cosas incluye nuestra interacción social con otras personas; y todo lo que hagamos a nivel profesional y/o de negocios estará inevitablemente signado por el ser humano y social que cada uno de nosotros, también inevitablemente, ES. No hay forma de evadirlo. Eso es así, y sencillamente, NO PUEDE SER DE OTRA MANERA

FIN DE LA NOTA

CITA # 5

“4. Coherencia: Generar mensajes que se correspondan con tus acciones, para que tus interlocutores sepan lo que pueden esperar de ti, y crean en lo que prometes. Ese alineamiento entre hacer-decir es mágico y tiene un efecto acumulativo de generación de confianza impresionante”.

“…la fórmula consiste en focalizar los esfuerzos en unos pocos clientes (¡¡personas!!) a los que atender con especial dedicación. Son personas sensibles a lo que hago y que confían en mí. Estén aquí o allá, en la empresa o institución que sea, nos une una confianza que tarde o temprano termina traduciéndose en proyectos compartidos” (fin de la cita).

NOTA SIN MARGEN: “…(¡¡personas!!)…mensajes que se correspondan con tus acciones…que sepan lo que pueden esperar de ti, y crean en lo que prometes…personas sensibles a lo que hago y que confían en mí….nos une una confianza que…termina traduciéndose en proyectos compartidos.” Fíjate cómo Amalio transita, casi se desliza, desde el muy comercial sustantivo “clientes” al humanísimo “personas”, este último  entre dobles signos de admiración…¿Por qué crees que sea? Y todo esto, que se llama ENFOQUE A LAS PERSONAS, SER SERIO, COHERENTE, CREÍBLE Y CONFIABLE, todo ello a los ojos de nuestros públicos, por supuesto…¿no es una marca personal, o parte importante de una? ¿Acaso todo ello no nace, crece, se multiplica y difunde en, por y desde la huella de seriedad, coherencia, credibilidad y confiabilidad que hemos dejado a nuestro alrededor con nuestras conductas “personales, profesionales y sociales”? Y si no, ¿de dónde, por Dios?

La única “disonancia” aquí es que esa marca personal no se llama Colgate, ni Audi, ni Danone, ni Estados Unidos, ni París, ni FIFA, ni Cocacola, ni Harvard, ni la UNESCO, ni Los Beatles, ni El Corte Inglés, ni Barcelona, ni ADECO, ni Apple, ni un infinito etc., etc., etc…Se llama Amalio Rey. Y tal como esas otras infinitas marcas se han quedado y están en la mente e sus públicos de ciertas maneras y por ciertos motivos, Amalio -como cualquiera de nosotros- está en la mente de las PERSONAS que son sus clientes, de ciertas maneras y por ciertos motivos, tal como algunas o muchas de esas u otras PERSONAS seguramente están en la mente de Amalio -como en la de cualquiera de nosotros-, de ciertas maneras y por ciertos motivos. Fin de la historia. 

Podría hacer otras varias preguntas y sacarle mucho más jugo a esta última y excelente cita del colega y compatriota Amalio Rey. Pero resulta que su esencia conceptual y metodológica de branding personal es TAN CLARA Y EVIDENTE, que lo creo innecesario. Nadie sincero, desprejuiciado y con un mínimo básico de conocimiento sobre la gestión correcta de una marca personal, puede negarla. Lo dejo hasta aquí, y volveré sobre ello solo de ser imprescindible. FIN DE LA NOTA

¿De qué nos habla Amalio en todos estos fragmentos, estimados colegas Andrés, Guillem, Neus, David, Eva, Pablo, Jordi, Jane, Oscar, Arancha, Joan, Ylse, Rocío, Celia, Ami, Nancy, Marco, Daniela, Henrique, Nilton, Raquel, Fran, Enrique, Elena, Ilana, Sonia, Luigi, Alicia, Yael, Joanna, Jenny, Xavi, y otros tantos que trabajan con denuedo cultivando y promoviendo las mejores prácticas del branding personal? O al menos, para no forzar las cosas, digámoslo de este otro modo: ¿Cómo llamamos a todo eso (en términos de proceso y de resultado, según corresponda), nosotros y tantos otros colegas que hacen lo que hacemos, y lo han llamado y lo siguen llamando así los creadores y más importantes cultivadores y difusores del concepto, y los múltiples públicos relacionados con el tema? Por ejemplo, ¿cómo lo llamaría cada uno de los 66 colegas cuya exquisita y muy competente compañía me honra tanto, quienes participan como ponentes en cualquiera de las modalidades del ya muy próximo Congreso Internacional Personal Branding Lab Day 2019?

ESO DE QUE NOS HABLA MAGISTRALMENTE AMALIO, ESO ES PERSONAL BRANDING, amigo lector. No creo haber leído muchas propuestas que lo expliquen mejor ni de un modo tan preciso, independientemente de que a él no le guste ni funcione dicha denominación, por las razones que ya conocemos. Y el resultado global que se obtiene aplicando a la práctica esas ideas, SE LLAMA MARCA PERSONAL; yo asumo que la potente marca de Amalio es resultado de hacerlo precisamente así. Porque le guste o no el concepto, Amalio Rey es una potente marca personal (no dejes de ver los testimonios aquí enlazados). Está muy claro, ¿verdad?

Decir que lo descrito por Amalio es hacer personal branding, no es una afirmación gratuita, fundada en la conveniencia generada por el debate, ni carente de sustento referencial. Los célebres Al y Laura Ries lo han definido en su clásico Las 22 leyes inmutables de la marca, texto ya muy citado en esta serie, que justamente es considerado por gran cantidad de especialistas del área como una de las obras más importantes y trascendentes del campo en todos los tiempos (y próximamente volveré sobre ella para cuestionar a algunos de sus críticos, cuyos trabajos tengo por ahí esperando un chance). ¿Qué dicen ambos? Pues lo siguiente: EL MARKETING ES BRANDING.  Y como bien afirman en la propia obra (frase ya citada aquí) “nada sucede hasta que alguien se vincula a una marca”, y ha quedado ampliamente demostrado que el mercado -cualquier mercado, incluyendo el mercado laboral, en el cual compiten marcas personales- gira alrededor de ellas, las marcas, por lo que son y significan en términos de memoria e impacto emocional sobre los públicos que son potenciales consumidores del producto o servicio -por ejemplo, un servicio profesional prestado por un consultor independiente; verbigracia, Amalio Rey- al que ellas cobijan y representan. 

Y en un mercado saturado de ofertas y escaso en oportunidades -¿te suena esta frase, amigo lector?-, es imprescindible para un consultor de cualquier área posicionarse como tal (posicionar su marca) ante sus clientes potenciales, para lograr  convertirse en su primera opción, o una de ellas, en sus procesos de contratación de servicios profesionales. Posicionamiento que debe incluir de forma equivalente –y muy bien integradas– las dimensiones personal y profesional (tema ampliamente tratado en esta serie de textos, y espero que esté bien demostrado); y si alguna ha de prevalecer, que sea la primera. Porque en todo caso, ella subsume a la segunda y determina en alto grado su calidad; y la viceversa es muy difícil, para no decir imposible. 

Y si relees con atención las ideas de Amalio -que yo presumo, en buena lógica “coherencial”, que nacen de su propio modelo de autogestión, y lo sustentan: no podría ser de otro modo-, ¡podrás constatar el exquisito cuidado que él mismo pone en ello!

En el mismo artículo de mi autoría antes citado, planteo que las disonancias más frecuentes en el tema del que ahora hablo están asociadas, en mi opinión, al 

“…EVIDENTEMENTE ASUMIDO CONCEPTO DE QUE MARCA EQUIVALE A PRODUCTO. Y ahí está, a mi juicio, el punto de giro donde debemos trabajar, para transformar conceptos, visiones y prácticas”.

Y defino mi posición al respecto del siguiente modo (ya citado hace muchas páginas):

“Marca no implica ni significa necesariamente producto, en el sentido tradicional -comercial- del término. Marca es propuesta de valor. Marca es símbolo de un potencial de aporte y contribución. Marca es memoria y evocación de soluciones. Marca es el artefacto intangible mediante el cual se recuerdan los aportes y contribuciones de algo o alguien a nuestras vidas, y se nos facilita -recuerdo mediante- volver a buscarlos cuando los requiramos. Y en nuestro campo, marca personal es sinónimo de persona que gracias a su ser, su accionar y su tipo/nivel/calidad de logro en la vida, nos ha marcado y/o nos marca, en el sentido de que ha dejado y/o deja en nosotros una huella y un impacto perdurable (sea este cual sea). Y no implica, por ende, que ser una marca personal nos cosifique ni nos torne un producto de mercado, en el sentido más estricto y estrecho de ese concepto; aunque como veremos mas adelante, sí lo somos, pero desde la “otra mirada” -no necesariamente comercial- del aporte que hacemos a quienes requieren y utilizan el valor que producimos y ofrecemos”.

Recordemos el título del artículo de Amalio, del cual he extraído las citas que acabo de analizar para ti: como seguro recuerdas, se titula “El marketing como yo lo entiendo”. Y en virtud de toooodo lo hasta aquí analizado, con base en la imprescindible obra de Ries y Ries varias veces citada y/o aludida en esta serie de trabajos, y en otras varias de las sólidas fuentes referenciales que sustentan todo lo que he venido analizando, yo me atrevo -muyyyyy atrevidamente, jejeje- a plantear lo siguiente: 

EL MARKETING, como mi prestigioso colega y compatriota Amalio Rey lo entiende, ES BRANDING. Y si se trata de personas, EL MARKETING, como mi prestigioso colega y compatriota Amalio Rey lo entiende, ES PERSONAL BRANDING.

¿Cómo lo ves y lo entiendes tú, amigo lector?

Y como cierre de mi respuesta, tras haber analizado toda esta serie de planteamientos y propuestas conceptuales, metodológicas y prácticas, te propongo un brevísimo resumen, ahora en modo interrogativo: siendo objetivos, siendo sinceros y realistas, siendo prácticos sin dejar de ser emocionales, ¿cabe pensar y plantear seriamente que gestionar nuestra marca personal nos puede cosificar, si lo hacemos correctamente, integrando en la gestión la dimensión humana, la profesional y la social, equilibrando el sentido de nuestro accionar entre nosotros y los demás, y teniendo como base de sustentación nuestro aporte de valor de utilidad social?

Hasta aquí mi análisis, que humildemente espero haber efectuado a lo largo de toda esta serie -nacida como un solo post y devenida serie- del modo más respetuoso y profesional que me es dado manejar y proyectar a mi entorno. Espero las opiniones a favor o en contra que puedan emerger, para continuar debatiendo entre todos sobre tan actuales, importantes e interesantes asuntos; y una vez más, gracias al gran experto Amalio Rey, mi compatriota (condición esta que me enorgullece, no solo por el altísimo nivel integral que he podido constatar en el y su obra, sino por el inmenso respeto que muy evidentemente Amalio ha logrado cosechar gracias a sus excelentes desempeños y su calidad humana), gracias a él, repito, por haberlo hecho posible, al cuestionar y criticar con valentía, seriedad y responsabilidad, lo que él considera cuestionable y criticable acerca de lo que nosotros trabajamos, como comunidad profesional del branding personal. No estamos de acuerdo hoy, ni tenemos que estarlo; pero debatir con criterio, respeto y altura, es clave para crecer juntos, aún pensando diferente y que nuestras asunciones en este o cualquier otro tema nos puedan llevar por trayectos profesionales divergentes.

Como dice la célebre frase atribuida a Voltaire, “no comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Y salvando atrevidamente las enooooooooormes distancias, yo me atrevo a agregar: Te respetaré y apreciaré por decirlo, valoraré muchísimo que lo hagas, ponderaré positivamente cuanto de positivo halle en tus ideas y propuestas, cuestionaré con respeto lo que considere que no es adecuado y/o pertinente, y procuraré aprovechar todo lo valioso que en tus aportes pueda haber, para aprender y crecer gracias a ello. Y además, lo diré al mundo tan alto como pueda, para que otros puedan aprender y crecer con la contribución que haces, con el valor que aportas.

A modo de conclusión 

Seth Godin es un referente mundial que nos ha cambiado profundamente muchas cosas que teníamos por ciertas y “definitivas”, y esa es su marca personal. Lo mismo ha hecho una y otra vez ese otro gran referente llamado Tom Peters, y esa es su marca personal. Ambos, diferentes, inclusive teniendo mucho en común -en estilo, en enfoque, y en otras varias cosas-; cada uno a su modo, revolucionarios.

¿Hombres de negocios? Claro que lo son; no estoy hablando de ángeles celestiales. ¿Polémicos? Sin duda alguna; por alguna razón sus propuestas suscitan desde hace muchos años tanto y tanto debate, con enfoques contradictorios y hasta antagónicos en algún que otro caso y tema. ¿Innovadores, transformadores, renovadores? Creo que ni sus más apasionados detractores se lo discuten. ¿Cuestionados y criticados por una parte de quienes les han leído y seguido sus aportes, tanto como asumidos, admirados y exaltados por la otra parte que asume y se compromete con sus ideas, modelos y propuestas? Por supuesto: tal polarización es parte del precio de ser un verdadero creador y promotor de cambios trascendentales en una época como la actual. ¿Agentes vivos y viables de una transformación radical del modo en que nos vemos y vemos nuestro entorno, nuestra relación con él, y nuestra misión/necesidad/obligación de transformarlo para bien? ¡Creo que nadie mínimamente serio les discutirá eso!

Y como muy bien ambos MAESTROS lo han dicho y dejado muy claro, la huella que queda a nuestro alrededor cuando actuamos en función del modo en que individualmente asumimos esa relación con todo cuanto nos rodea, esa huella que define la forma en que los demás nos ven, sienten, piensan…SE LLAMA MARCA PERSONAL. Su génesis somos nosotros mismos, lo que somos, hacemos y logramos en las diferentes esferas de  nuestra vida; con todo ello generamos un impacto sobre las personas a nuestro alrededor, el cual, si lo sabemos gestionar, puede evolucionar hacia la trascendencia a que aspiramos: no cualquier trascendencia, sino aquella a la que aspiramos. Todo ello -guste y/o funcione o no para quienes piensan diferente al respecto, lo cual respeto absolutamente- nos convierte en marcas personales, como creo que ha quedado adecuadamente demostrado en estas páginas gracias a la contribución de los múltiples autores que he tenido el privilegio de poder citar para ti –incluyendo por supuesto al propio Amalio Rey-, y también el honor de analizar sus propuestas y proponerte un grupo de ideas propias vinculadas al tema, todo desde mi propia perspectiva de este asunto.

Pero no tienes que quedarte con todo esto o parte de ello, amigo lector, y darlo por bueno. Para nada. Al contrario: yo te propongo simplemente que no asumas ni des nada por sentado de lo que Tom y Seth, u otros de los grandes referentes aquí citados, o ninguno de los muy estimados integrantes de nuestra comunidad profesional del personal branding (como te he dicho antes, yo prefiero llamarnos tribu, en la excelente definición que hace de ella aquí mi amigo, el gran experto en personal branding Guillem Recolons) te propongamos acerca de la marca personal, sus significados y sus implicaciones. Lee. Estudia. Explora. Revisa. Investiga. Analiza. Compara, contrasta y contextualiza conceptos, modelos y métodos, realidades y aspiraciones, tuyas y de otros, en todos los sentidos y ámbitos posibles (como has podido constatar, hay muchísima buena literatura disponible en diferentes formatos acerca del tema). Llega a tus propias conclusiones, toma tus propias decisiones, y lánzate a la batalla. Tu batalla. La batalla por tu marca personal, que será librada entre tú y los diversos miedos que hoy te impiden hacerlo. Cuando hayas aprendido e interiorizado que la marca personal SÍ ES, y que la marca personal que tú aspiras a ser y dejar a tu alrededor integrando de forma equilibrada lo humano, lo profesional y lo social SÍ PUEDE SER, no hay ni habrá otro verdadero contendiente al cual debas derrotar, más allá de tus miedos. Y te sorprendería saber cuááááááántos de nosotros los hemos padecido, y/o aún los padecemos; eso es de humanos, como lo es actuar y hacer lo necesario a pesar de ellos. Así que tranquilo. Pelea tu batalla y marca como quieres, debes y puedes hacerlo

Y como cierre de este trabajo por todo lo alto, te dejo con otra colección de citas de un texto IMPRESCINDIBLE de Seth Godin, efectuadas por el reconocido profesional Ángel Alegre García en un rico artículo/resumen donde reseña y analiza la obra del Maestro. El libro (muyyyyy recomendable) es una verdadera exhortación al branding personal en y para esta nueva época, y se titula, “casualmente”, así:  

Linchpin: ¿Eres imprescindible? (un título muyyyyy casual, ¿verdad?)

  • “El sistema en el que crecimos está basado en una fórmula muy sencilla: Haz tu trabajo. Ve todos los días a la oficina. Trabaja duro. Escucha a tu jefe. No sobresalgas. Sé parte del sistema. Serás recompensado. Si has estado jugando a ese juego, no me extraña que estés frustrado. El juego ha terminado. Ya no existen buenos empleos en los que alguien te diga exactamente lo que tienes que hacer.”
  • “No naciste para ser un engranaje dentro de una gran máquina industrial. Fuiste adoctrinado para convertirte en uno.”
  • “A la gente le gusta que le digan lo que tienen que hacer porque temen (están muertos de miedo) tener que descubrirlo por sí mismos.”
  • “Necesitamos que des la cara y seas excepcional. Humano. Que contribuyas. Que interacciones. Que te arriesgues a molestar a alguien con tu iniciativa, innovación y perspicacia -lo más seguro es que en vez de eso acabes deleitándoles.”
  • “Lo que más falta hace en nuestra sociedad es el instinto de producir. De crear soluciones y llevarlas al mundo real. De estar en contacto con la humanidad que hay dentro de nosotros y conectar con los otros seres humanos que forman el mercado.”
  • “¿Quién es tu jefe? ¿Para qué trabajas? ¿A quién estás intentando complacer? Si estás trabajando únicamente para la persona a la que reportas según el organigrama de tu empresa, puede que estés sacrificando tu futuro.”
  • “Darte cuenta de que tu trabajo es hacer que algo ocurra cambia radicalmente la manera en la que inviertes tu tiempo.”
  • “Las interacciones personales no tienen asíntotas. Las soluciones innovadoras a nuevos problemas no pasan de moda. Persigue logros en los que no haya límites.”
  • “Hacer tu trabajo con pasión es mucho más fácil que encontrar un trabajo que te apasione.”
  • “Mandar e-mails es divertido, pero muy pocas veces cambia el mundo.”
  • “Cada día es una nueva oportunidad para elegir. Elegir cambiar tu perspectiva. Elegir activar el interruptor de tu mente. Encender la luz y dejar preocuparte por la inseguridad y la duda. Elegir hacer tu trabajo y no distraerte. Elegir ver el lado bueno de alguien, o elegir fijarte solo en lo malo. Elegir ser un láser, perfectamente enfocado, o un rayo de luz disperso que nunca consigue nada.”

Amigo lector: 

Cerrando ya esta serie de cinco trabajos, quiero agradecerte a ti por tu generosa lectura, y a mi amigo y colega Guillem Recolons por la genial idea que me dio de proponértelos de este modo seriado; creo que ha resultado mucho más viable el consumo y la asimilación de estos complejos y potencialmente polémicos contenidos. De todas formas, te comento que próximamente tendrás a tu disposición la versión integrada de todo ello, tanto en formato ebook como en un post integrador en mi blog académico.

Te dejo, pues, con toooooooodas estas ideas de taaaaaaantos autores, que he tenido la dicha de preparar para ti y proponértelas en esta serie de trabajos; con mis atrevimientos repletos de respeto, del cual me enorgullezco en virtud de lo mucho que me honra y satisface debatir y disentir respetando al otro; con mi infinita gratitud al Maestro Amalio Rey por su gentil invitación al debate, que espero haber honrado al presentarlas; con mi convicción de lo complejo del tema y de lo muy necesario de continuar estudiándolo y trabajándolo entre todos;  con mi invitación a analizarlas y ponderar desde tu muy personal mirada todo lo aquí propuesto y todo lo que halles en tus exploraciones sobre el tema; y por supuesto, con el ruego de que nos dejes saber cómo piensas acerca de todo ello.

Como despedida en modo exhortación, te dejo con la reflexión final de mi trabajo de 2017 titulado Mito # 10: gestionar nuestra marca personal nos cosifica, que en mi opinión resume la necesidad de lo que te propongo en este quinto artículo (totalmente pertinente al análisis de las ideas del prestigioso y brillante profesional con quien he debatido aquí), y de mucho de lo que te he propuesto en los cuatro anteriores:

Y en general, pienso que como gremio debemos reflexionar mucho, tomar decisiones, actuar de modo rápido y mantener dicha acción e incidencia de forma constante en la dirección adecuada. Algo importante nos está faltando por decir/hacer, o algunas cosas clave no estamos diciendo/haciendo bien, cuando personas de tan elevada calidad intelectual como los dos autores cuyos textos en inglés he citado, analizado y comentado (y a juzgar por sus perfiles y expresiones, también de muy alta calidad humana), y otras varias de similar nivel e impacto, distorsionan, transforman, trastocan y/o desvían de esa manera -involuntaria, pero firme, fuertemente argumentada y evidentemente convencida- el concepto de Marca Personal, y como parte inseparable e inevitable de ello (nos/les guste o no, y nos/les funcione o no), asumen/practican/promueven/difunden el mito de la cosificación que SUPUESTAMENTE sufrimos al hacer Personal Branding”.

Y por supuesto, como es mi costumbre, recibe un enorme y muy cordial brand/abrazo, muyyyyyyyyy cálido, muyyyyyyyyyy caribeño, de tu siempre amigo…

Vladimir

 

En defensa de la marca personal (parte 4 de 5): ¿Es el concepto, o es su mala práctica?

La verdad no cambia porque sea o no sea creída por la mayoría de las personas Hipatia de Alejandría

 

Mientras más grande es la dificultad, más gloria hay en superarla Epicuro

 

En la adversidad conviene muchas veces tomar un camino atrevido Séneca

 

Mucha gente, especialmente la ignorante, desea castigarte por decir la verdad, por ser correcto, por ser tú. Nunca te disculpes por ser correcto, o por estar años por delante de tu tiempo. Si estás en lo cierto y lo sabes, que hable tu razón. Incluso si eres una minoría de uno solo, la verdad sigue siendo la verdad Mahatma Gandhi

 

Amigo lector:

Recibe mi saludo muy cordial y mi invitación a que compartas conmigo esta cuarta entrega de la serie que vengo desarrollando En defensa de la marca personal. Si has leído las anteriores partes primera, segunda y tercera, ya estarás al tanto de lo que vengo debatiendo aquí: algunas críticas al personal branding recientemente efectuadas por el justamente reconocido intelectual y profesional español Amalio Rey, que han generado un rico e interesante debate en su blog y en otros espacios (por ejemplo, el perfil de Facebook de Andrés Pérez Ortega).

Hoy pretendo ofrecer una respuesta a la siguiente interrogante generada por el tema el debate:

¿Los problemas de la marca personal tienen su verdadera base en la construcción errónea del concepto, o en su mala aplicación? En uno u otro caso, ¿cómo entenderlo, y abordarlo?

Sucede que Amalio sostiene una posición que va más allá de las malas aplicaciones del concepto y sus vicios de gestión, que es el punto sobre cuya mejora los practicantes serios del branding personal hemos insistido más, y desde siempre: él considera que la génesis de los problemas del personal branding obedecen más a que el concepto está viciado de origen, mal construido, a partir de la integración de dos nociones que para él resultan incompatibles, comomarcaypersonas”. Muchos de nosotros no pensamos así, pero sí criticamos con mucha fuerza (al parecer, aún insuficiente) las malas aplicaciones del sistema conceptual llamado marca personal: de hecho, dos de sus más importantes cultores en nuestro idioma (Andrés y Guillem) han hecho recientes y no tan recientes planteamientos sobre la distorsión y hasta la prostitución del concepto, derivada de su práctica deficiente. Una deficiencia que por mi parte atribuyo a la no preparación suficiente para conocer el concepto ANTES de implementarlo en cualquier condición (por ejemplo, como “consultores de marca personal”: así se autotitulan algunos recién llegados que no tienen ni la más remota idea de lo que hablan); y en los peores casos, a la pretensión de un expertise absolutamente inexistente por parte de algunos improvisados, que trasladan al mercado y a la sociedad numerosas distorsiones asociadas a su propia mala praxis.

De ello he tratado en trabajos como La marca personal de los expertos, Marca personal: ¿“creación” o gestión?, Más humanos y menos dioses: gestionemos marcas personales creíbles, Somos marca, no moda: gestionemos marcas personales perdurables, Algunos problemas actuales del personal branding, y cómo gestionarlos, Mito # 1: La marca personal solo es para “famosos”, Mito # 4: la marca personal es creable, Marca personal: diez vacunas protectoras contra el “egovirus”, y Marca personal: no eres (ni puedes ser, ni debes sentirte) el modelo universal, entre otros. Tengo la firme convicción de que un concepto como este merece y necesita ser difundido y defendido desde posiciones y condiciones realmente profesionales, debido precisamente a su propia esencia disruptiva y renovadora de muchísimos paradigmas históricamente asumidos y practicados por miles de millones de personas en todo el mundo. Nadie creerá en algo cuyos difusores hacia públicos masivos no sepan asumirlo, practicarlo ni difundirlo: tres de las principales formas de defenderlo.

Entonces, tenemos dos posiciones esenciales: o el concepto no sirve ni funciona por haber sido mal concebido y/o mal construido, o quienes lo practican y difunden lo están haciendo mal y eso es lo que llega al gran público, demeritando así el concepto.

En esta cuarta entrega de la serie, yo pretendo hoy demostrar que no se trata del concepto, pues no creo que exista tal “vicio de construcción”; sigo creyendo, cada vez más convencido, de que es la mala práctica del personal branding lo que nos está afectando y el ámbito sobre el cual necesitamos trabajar.

Vamos a ello pues, amigo lector. Gracias por ser, por estar, por acompañarme hoy y siempre.

Dice Guillem:

Muy buenas, Amalio

Como estudioso y aprendiz de la marca personal te advierto que veo pocas contradicciones en este post. Tomarse un par o tres de copas de vino al día no es malo, tomarse tres botellas suele acabar mal. Y eso es algo que tiene su espejo en la gestión de la marca personal.

Hay un efecto perverso en la economía de la atención y de la inmediatez que hace que muchos pasen del índice del libro al último capítulo, el del plan de acción. Y así nos luce el pelo (aunque soy calvo). Lo que explicas en el post está sucediendo en política, se gobierna a golpe de tweet y de “parida del día” sacada de los spin doctors de la trastienda política.

Con el personal branding (gestión de la marca personal) pasa lo mismo. Muchos prefieren verlo como una exaltación del ego, y es porque únicamente retienen la parte de visibilidad. Es algo absurdo, como creer que debajo de la parte visible de un iceberg no hay nada.

El iceberg es una buena metáfora para explicar una forma de gestionar nuestra marca. Al fondo del abismo, el autoconocimiento, el saber quiénes somos, cómo nos perciben (la marca personal que dejamos), análisis DAFO… Después la estrategia, el propósito, el objetivo, el producto o servicio, la propuesta de valor, el modelo de negocio. Y finalmente, la visibilidad debe ser una consecuencia medida de lo anterior, con mensajes y contenidos que aporten valor, sean relevantes para tus grupos de interés y te ayuden a proyectar el yo real desde el valor hacia los demás.

Arrancas el post definiendo marca personal (personal brand) como la “gestión de la huella que dejamos en los demás”, pero si te fijas bien se lee “la huella que dejamos en los demás”. La gestión de esa huella, la gestión de la marca personal es lo que conocemos como personal branding.

Me gusta leer artículos que ponen en valor la paradoja de la que hablaste hace un tiempo, y de la que hice eco en los medios. Ninguna disciplina es perfecta si no sigue una mínima disciplina, y tratar de colocar un tejado cuando no hay cimientos ni estructura es, por lo menos, difícil. Un saludo y gracias por remover conciencias.

Guillem

Dice Amalio:

Hola, Guillem:

Valoro que te pases por aquí, pues tanto tú como Andrés, me parecéis de los más serios que hablan de estas cosas. Hay mucho humo comercial y «cámaras de eco» en el resto de la conversación que sobre este tema pulula en las redes.

Como ya te comenté en otro canal, si bien es cierto que, en el caso de la «marca personal», se da algo del «efecto alcohol» que tú comentas (incluso lo planteo de forma parecida en el post), me gustaría insistir en que también hay un problema «estructural», de partida, que vicia bastante el concepto. El dilema o disonancia no se da solo por «excesos» en el uso o aplicación, como tú sugieres, sino también en la concepción misma de la idea, porque:

1) mezclar «marca» con «personas» es desafortunado, de base, porque las palabras no son inocentes.

2) si hablamos de marca, lo más saludable sería que hablemos estrictamente de «marca profesional», y no «personal».

3) la parte «para afuera», de «visibilidad», se acaba comiendo la parte «para adentro», de «identidad», y eso es porque la construcción del término, el propio hecho de hablar de «marca» y de la «huella que dejamos en los demás», pondera en exceso (desde el mismo imaginario que produce la semántica) la parte externa de la imagen.

Sé que plantearlo así, como lo hago yo, puede producir cierta molestia, porque puede interpretarse que me lo cuestiono todo, pero sí que pienso que buena parte de ese iceberg está cimentado en una premisa confusa que, a su vez, facilita más confusión. La «parte de abajo» del Iceberg debería estudiarse usando un prudente filtro profesional, lo que no significa que dejes de escudriñar en tus motivaciones más personales, porque es cierto que eso se mezcla, pero después…cuando sacas la cabeza por encima del agua, no es bueno esculpir la pieza diluyendo los límites: ¿crees realmente que es saludable aplicar conceptos como «propuesta de valor» o «modelo de negocio» a nuestra vida personal? ¿no es asfixiante introducir tanta «gestión» y «cálculo» en nuestra proyección personal? De esos polvos, estos lodos, colega.

En esa misma línea le comentaba a Andrés, en su muro de FBK, que diseñar una «marca» es fijar una estrategia, y una estrategia, por definición, significa siempre «descartar opciones», o sea, reducir grados de libertad. Si eso lo haces en una empresa, es perfecto e imprescindible, porque las empresas necesitan una identidad reconocible y, sobre todo, que sus miembros se pongan de acuerdo en torno a esa identidad, que se comparte entre mucha gente. Si lo haces en una profesión, o una proyección profesional, también. Pero el lío comienza cuando usas el apellido «personal», porque ahí empiezas a teñirlo todo de algo que habría que mantener a raya.

Por eso digo que en el uso del término «marca personal» no solo hay un fallo de aplicación, o de que el concepto se haya prostituido, sino que el propio concepto y el nombre que usa (marca + persona) hace que eso ocurra tanto, y facilite prácticas disfuncionales. Desde el mismo momento en que nos empezamos a preocupar por la «huella que dejamos en los demás» (en lugar de en la satisfacción que sentimos con nosotros mismos), empiezan los problemas, y yo creo que el palabro «marca personal» hace que tengamos una tendencia natural a que eso ocurra…

Gracias a ti…

Mi comentario:

Lo primero que no puedo pasar por alto es una referencia generalizadora de Amalio que me parece, como mínimo, equívoca: “Valoro que te pases por aquí, pues tanto tú como Andrés, me parecéis de los más serios que hablan de estas cosas. Hay mucho humo comercial y «cámaras de eco» en el resto de la conversación que sobre este tema pulula en las redes” (negritas y subrayados míos).

Perdóneme usted, distinguido colega: aunque coincidimos plenamente en la excelente valoración que a ambos nos merecen Andrés y Guillem (y de mi parte, ellos lo saben de sobra), yo considero excesivo por su parte -además de injusto-, incluir a todos los demás profesionales que hablamos sobre este tema en el gran saco que denomina “humo comercial” y “cámaras de eco”, lo cual inequívocamente hace al abarcarnos a “todos los demás que hablan de estos temas” en lo que llama “el resto de la conversación”: ese “resto” implica que todos los que hablamos sobre la marca personal, fuera de Guillem y Andrés, lo hacemos en la línea del “humo comercial”, y/o repitiendo conceptos ajenos como “cámaras de eco” hasta convertirlos en “verdades” aunque no lo sean, y/o como meros repetidores/reforzadores de tal mensaje. Lamento muchísimo tener que disentir tan frontalmente de usted en este punto, porque hasta el momento todas sus posiciones me habían parecido sumamente respetuosas y había percibido un tratamiento adecuado hacia lo que muy bien usted mismo ha denominadola comunidad profesional de la marca personal”, cuyo respeto a su persona y sus planteamientos usted mismo ha solicitado cuando nos invitó a debatir sobre las interesantes críticas que recientemente ha efectuado; y hasta donde he podido leer, así ha sucedido. Pero en esta apreciación suya visualizo una ruptura con su propia solicitud sobre la cual le invito respetuosamente a reflexionar: personalmente, me siento irrespetado por este planteamiento, y supongo que sucede lo mismo con otros muchos colegas que, obviamente, no caben en él.

Me parece muy contradictorio que usted nos considere profesionales y miembros de una comunidad profesional, por una parte, y por otra nos acuse de lo antes citado a la gran mayoría de nosotros. Usted es un gran profesional y sabe perfectamente que la verdadera profesionalidad en un ámbito como el que nos ocupa no incluye ni puede incluir elementos como los que correctamente critica -a saber: verlo todo desde lo comercial como único prisma, y/o convertirnos en meros repetidores/amplificadores/reforzadores de lo dicho por otros-; posición esta de usted a cuyo sentido y enfoque crítico yo me sumo, siempre que lo circunscribamos a quien objetivamente merezca ser criticado por ello, con base en sus diversas ejecutorias.

Y no es que lo que usted critica sea inexistente, para nada: yo soy uno de los mayores críticos de tan lamentables falencias como 1) la comercialización excesiva y la conversión de todo en negocio, y 2) la mera copia y pobre repetición de conceptos ajenos, entre otras varias que habitualmente ataco en legítima defensa de este concepto y su práctica correcta (como se puede comprobar fácilmente haciendo clic en algunos de los enlaces que propongo en este y otros trabajos de la serie, o simplemente, visitando mi blog,  mi espacio de colaborador en PuroMarketing, o mis anteriores trabajos aquí en El blog de Soymimarca). Lo que sucede es que no se deben generalizar las asunciones sobre las malas prácticas a las cuales usted se refiere, porque en la comunidad profesional del personal branding hay muchísima gente haciendo muy bien su trabajo, y no merece ser injustamente “ensacada” ni “etiquetada” en una generalización negativa, como sucede en el comentario suyo que aquí comento. De todo hay en la viña del Señor, pero como usted bien sabe -no le conozco ni he interactuado con usted personalmente, pero su labor y obra escrita lo atestiguan-, no todos somos iguales, muchos ni siquiera parecidos. No debemos generalizar en este tema, ni en lo positivo ni en lo negativo, sin poseer toda la información pertinente al respecto; como sucede, evidentemente, en el caso de la idea mencionada. Ello no ayuda a nadie. Nuevamente le solicito, con toda humildad, reflexionar sobre este punto, por favor. Y si en algo mis palabras en esta parte son inexactas, o expresan ideas injustas (estoy interpretando sus palabras tal cual están escritas), espero me lo haga saber, y en caso de demostrármelo, le estoy presentando por anticipado mis más sentidas excusas.

Dicho esto, y muy tranquilo por y tras haberlo dicho, regreso a la tercera persona y me adentro en la rica y debatible sustancia del comentario de Amalio. Iré copiando y comentando las formulaciones que me resulten más llamativas e interesantes (en realidad, todas, jejeje).

  1. Dice Amalio: “Mezclar «marca» con «personas» es desafortunado, de base, porque las palabras no son inocentes”.

Mi comentario: La “no inocencia” de las palabras no define per se que la “mezcla” así cuestionada sea desafortunada y/o criticable per se. En mi opinión, este argumento no argumenta como aspira a hacerlo, porque no hace referencia explícita alguna a por qué es malo o negativo mezclar “marca” con “personas”; y la mera mención de la “no inocencia” de las palabras no nos dice nada  claramente asumible sobre ello. Mientras aguardo una sustentación al respecto que supongo llegará, introduzco algunas definiciones e ideas que a mi juicio,  con base en diferentes criterios referenciales (incluyendo algunos clásicos ineludibles en el tema), indican muy claramente que no hay ningún problema en “mezclar” marca con personas, y que los supuestos “peligros” hipotéticamente generados por tal “mezcla” son inexistentes y no se sostienen ante un mínimo análisis serio, siempre y cuando se asuma y practique la definición y el dimensionamiento CORRECTOS del concepto MARCA en esta nueva época.

Es más: creo que RESULTA PLENAMENTE POSIBLE DEMOSTRAR, ejemplificando y sustentando tal posición con base en excelentes propuestas de gestión personal del propio colega Amalio, y con un amplio bagaje referencial sobre el tema que tenemos disponible, que esta talmezclade marca con personas que él tan vehementemente niega, SÍ ES y SÍ FUNCIONA para nosotros, en tanto seres humanos generadores de marca personal a nuestro alrededor; pues de hecho, y solo como un ejemplo entre muchísimos, esa mezcla ES Y FUNCIONA PARA ÉL, PARA EL PROPIO AMALIO REY. Y por supuesto, propondré tal demostración más adelante: específicamente, en la quinta entrega -próxima y final- de esta breve serie de trabajos.

Por hoy, solo presentaré un sólido marco conceptual que sustenta mi posición, y contribuirá a contextualizar esas brillantes ideas y propuestas que Amalio ha formulado -a las que arriba he aludido, y que revisaremos aquí el próximo viernes-, las cuales, a mi juicio, niegan de forma rotunda su posición crítica y descalificadora del branding personal que en estos cinco trabajos yo estoy confrontando. El conocimiento sobre cualquier campo del saber se construye estudiando, imaginando, proyectando, investigando, practicando, comprobando, analizando, validando, extendiendo, retroalimentando, rectificando, reformulando, replanteando, iterando, etc., etc…Y quienes se dedican a ello tienen TODA LA AUTORIDAD PARA LUEGO PROPONER AL MUNDO EL RESULTADO DE TALES PROCESOS, VALIDADO COMO UNA VERDAD CIENTÍFICA. Y otros muchos, que no hacen todo lo anterior por tanto tiempo ni a tan gran escala, pero aplican y validan en la práctica diaria de sus profesiones los conocimientos así construidos y validados por aquellos referentes, TIENEN TAMBIÉN LA AUTORIDAD Y EL DERECHO PARA DIFUNDIR, SUSTENTAR Y DEFENDER SU VALIDEZ, precisamente porque en su trabajo  SE DEDICAN A COMPROBAR EMPÍRICAMENTE QUE SÍ FUNCIONA, y ello también les acredita como referentes en la práctica del o los conceptos de que se trate; y en su caso, del enriquecimiento y hasta la renovación de los mismos. Por supuesto: siempre que tengan con qué hacerlo. Que tampoco se trata de “juegos de muchachos”, como dicen en mi Cuba bella.

En virtud de todo ello, quiero precisar que la mayor parte de las citas que a continuación propongo corresponden a autores y obras que constituyen verdaderas referencias mundiales en el campo; no a improvisados, ni a improvisadores, ni a “recién llegados”, ni a “pseudoexpertos”, ni a “vendedores de humo”, ni a “cámaras de eco”, ni a ningún otro apelativo que pudiera eventualmente demeritarlas o disminuirlas. Y en algunos otros casos, si bien no se trata de clásicos, ni de referentes de alcance e impacto global, sí de profesionales de excelencia o rumbo a ella, que están renovando el branding corporativo, de productos/servicios/ideas, y personal, desde las trincheras: a través de la investigación, la consultoría, la formación y la producción y difusión intelectual asociada a tales procesos.

Una sugerencia metodológica para ti, amigo lector. Analiza todo lo que viene a continuación desde una perspectiva interrogativa, basada en la siguiente pregunta:

¿ESTO QUE ESTOY LEYENDO SOLO FUNCIONA PARA MARCAS CORPORATIVAS, DE BIENES Y/O DE SERVICIOS, O RESULTA TAMBIÉN APLICABLE A LAS PERSONAS, ESPECIALMENTE EN ESTA NUEVA ÉPOCA?

Y te reitero que no se trata solo de definiciones, en sentido estricto. También incluyo diferentes ideas -aisladas o en secuencia- de varios autores: ideas que versan sobre el tema, lo enriquecen, lo contextualizan, y lo pueden ubicar temática, temporal y espacialmente para ti. Aquí te van unas y otras propuestas:

  • Definición de “marcar”, del Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (DRAE). Porque este debe ser el punto de partida, ¿no es así?: Actuar sobre alguien o algo imponiéndole carácter o dejándole huella moral”. Y por supuesto, el resultado obvio del acto de marcar, es una marca. ¿Verdad? Y también por supuesto, esa “acción sobre alguien” que define el DRAE puede ser ejercida por una persona, ¿verdad? Absolutamente nada en la definición lo niega; al contrario, su formulación lo afirma implícitamente. Y una vez más por supuesto: esa “huella moral” que dejaría una persona sobre otra, es una marca de índole personal, ¿verdad?

Entonces, yo pregunto: ¿hay alguna contradicción de índole estrictamente académica con el concepto “marca personal”?

  • Definición e ideas sobre Marca (Al Ries y Laura Ries, en Las 22 leyes inmutables de la marca. Mc Graw Hill, 2001): “…no ocurre nada hasta que alguien se vincula a una marca” (P. 5). “Una marca no es más que una palabra en la mente, aunque es un tipo especial de palabra. Un nombre de marca es un nombre; un nombre propio, y como tal, se suele escribir con mayúscula…De hecho, todos los nombres son marcas, pertenezcan o no a un individuo, empresa, o comunidad” (P. 5). “Cualquier nombre propio es una marca. Uno mismo es una marca. Y si se quiere tener éxito en la vida, hay que considerarse una marca y actuar en consecuencia” (P. 5, negritas mías). “¿Puede una marca de éxito atraer a todo el mundo? No. El propio concepto de singularidad hace que ninguna marca pueda tener un atractivo universal” (P. 10).

¿Acaso esta definición e ideas no son aplicables a las personas que prestamos servicios profesionales a título individual, generando y dejando en derredor nuestra marca personal en el proceso, o a quienes trabajamos en ambientes corporativos, contribuyendo a la generación, proyección y consolidación de la marca organizacional? ¿Qué puede negarlo? ¿Por qué sería cuestionable o criticable?

  • Definición e ideas sobre Marca (Kevin Lane Keller. Administración Estratégica de Marcas, Prentice Hall, 2008, P. 26): Marca es “…algo que en realidad crea una cierta cantidad de conciencia, reputación y prominencia, entre otras cosas, en el mercado”.

Y continúa (pág. 29): “Una marca es más que un producto, puesto que puede tener dimensiones que la diferencien de alguna forma de otros productos diseñados para satisfacer la misma necesidad. Estas diferencias pueden ser racionales y tangibles, en cuanto al desempeño del producto de marca; o simbólicas, emocionales e intangibles, relacionadas con lo que la marca representa.

Un observador de marketing lo plantea de la siguiente manera: “…lo que distingue una marca de su contraparte, una mercancía sin marca, y le da su valor, es la suma total de las percepciones de los clientes y los sentimientos relacionados con los atributos del producto, así como con la forma en que se desempeñan, el nombre de la marca y lo que simboliza, y con la compañía asociada a esta. Volviendo al ejemplo anterior, un producto con marca puede ser un bien físico como el cereal Corn Flakes de Kellogg’s, las raquetas de tenis Prince o los automóviles Taurus de Ford; un servicio como United Airlines, Bank of America o seguros Allstate; un establecimiento como la tienda departamental Bloomingdale’s, la tienda especializada Body Shop o el supermercado Safeway; una persona como Warren Buffett, Julia Roberts o David Beckham; un lugar como la ciudad de Londres, el estado de California o Australia; una organización como la Cruz Roja, American Automobile Association o los Rolling Stones; o una idea, como la responsabilidad corporativa, el libre comercio o la libertad de expresión”.

¿Acaso esta definición e ideas no son aplicables a las personas que prestamos servicios profesionales a título individual, generando y dejando en derredor nuestra marca personal en el proceso, o a quienes trabajamos en ambientes corporativos, contribuyendo a la generación, proyección y consolidación de la marca organizacional? ¿Qué puede negarlo? ¿Por qué sería cuestionable o criticable?

  • Definición de Marca (Kotler, P.: Dirección de Marketing Conceptos Esenciales, Primera Edición, de Kotler Philip, Prentice Hall, 2002, Pág. 188.): “…una marca es en esencia la promesa de una parte vendedora de proporcionar, de forma consistente a los compradores, un conjunto específico de características, beneficios y servicios”.

¿Acaso esta definición no es aplicable a las personas que prestamos servicios profesionales a título individual, generando y dejando en derredor nuestra marca personal en el proceso, o a quienes trabajamos en ambientes corporativos, contribuyendo a la generación, proyección y consolidación de la marca organizacional? ¿Qué puede negarlo? ¿Por qué sería cuestionable o criticable?

“Why prefer Coke over Pepsi or GE over Samsung or Ford over Chevy? In markets that aren’t natural monopolies or where there are clear, agreed-upon metrics, how do we decide? Yes, every brand has a story—that’s how it goes from being a logo and a name to a brand. The story includes expectations and history and promises and social cues and emotions. The story makes us say we “love Google” or “love Harley”… but what do we really love?

We love ourselves. We love the memory we have of how that brand made us feel once. We love that it reminds us of our mom, or growing up, or our first kiss. We support a charity or a soccer team or a perfume because it gives us a chance to love something about ourselves.

We can’t easily explain this, even to ourselves. We can’t easily acknowledge the narcissism and the nostalgia that drives so many of the apparently rational decisions we make every day. But that doesn’t mean that they’re not at work.

More than ever, we express ourselves with what we buy and how we use what we buy. Extensions of our personality, totems of ourselves, reminders of who we are or would like to be.

Great marketers don’t make stuff. They make meaning”.

UNA BREVÍSIMA NOTA INTERROGATIVA: Los profesionales que aportamos valor a través de nuestros servicios, ¿no cabemos acaso en la lógica de crear significado, más allá de crear “cosas”?

  • Otras ideas sobre Marca aplicables a la Marca Personal, y viceversa (Seth Godin, en La Vaca Púrpura):

“La razón por la que cuesta tanto seguir al líder es esta: el líder es el líder porque hizo algo extraordinario. Y esa cosa extraordinaria ya está hecha. Ya no tiene nada de extraordinaria cuando la hacen los demás” (P.23).

“…es más seguro arriesgarse, reforzar el deseo de hacer cosas realmente increíbles” (P.26).

“…debe invertir en la Vaca Púrpura: en productos, técnicas y servicios tan útiles, interesantes, novedosos y destacados que el mercado quiera escuchar lo que usted tiene que decir. Tiene que desarrollar productos, servicios y técnicas que el mercado esté buscando” (P.34).

“No puede obligar a la gente a que le escuche. Pero puede suponer quién es posible que esté escuchándole cuando habla y luego preparar la combinación adecuada de pes para abrumarlos con la oferta perfecta. Incluso aunque haya alguien escuchando, su oferta de «un poco más barato», «algo mejor» o «más fácil» es una pérdida de tiempo. Los transmisores influyentes, la gente con problemas por resolver, solo estarán abiertos a escuchar su historia cuando sea realmente extraordinaria. En cualquier otro caso, usted es invisible. La pregunta «¿Quién está escuchando?» no solo encamina hacia el éxito a productos individuales, sino a mercados enteros…Ante un mercado en el que nadie escucha, el plan más inteligente es dejarlo. El plan B es tener la visión y las agallas para perseguir a un grupo de Vacas Púrpura, para lanzar un producto, un servicio o una oferta promocional que de algún modo consiga que la gente (adecuada) escuche” (P. 36).

“En casi todos los mercados estudiados, la marca líder cuenta con una gran ventaja sobre las otras. Ya sean procesadores de texto, revistas de moda, sitios web o peluquerías, la mayor parte de los beneficios van a la marca ganadora. Generalmente, las marcas pequeñas no pueden competir. Es cierto que hay muchos consumidores ahí afuera, pero son gente muy ocupada a la que le resulta más fácil irse con el ganador. Desde luego, esto solo es verdad hasta que el «ganador» deja de ser interesante; entonces, ya sean coches, cerveza o revistas, emerge un nuevo líder” (P.38).

“El problema de la vaca es, de hecho, el problema del miedo. Si ser una Vaca Púrpura es una táctica tan fácil y efectiva para abrirse paso entre el desorden, ¿por qué no la utiliza todo el mundo? ¿Por qué es tan difícil ser Púrpura? A algunas personas les gustaría hacerle creer que hay muy pocas buenas ideas o que su producto, su industria o su empresa no pueden respaldar una buena idea. Evidentemente eso no tiene sentido. La Vaca es tan inusual porque la gente tiene miedo. Si usted es extraordinario, probablemente no caerá bien a algunas personas. Forma parte de la definición de extraordinario. Nadie recibe el elogio unánime, nunca. Lo mejor que puede esperar una persona tímida es pasar desapercibida. Las críticas se dirigen a aquellos que destacan. ¿Dónde aprendió a fracasar? Si es usted como la mayoría de occidentales, lo aprendió en primer curso. Entonces descubrió que era más seguro encajar, pintar dentro de las líneas, no preguntar demasiado en clase y hacer caber sus deberes en la cartulina asignada para ellos. Dirigimos nuestras escuelas como fábricas: colocamos a los niños en filas, los ponemos por lotes (llamados cursos) y nos esforzamos en asegurarnos de que no salen piezas defectuosas. No dejamos que nadie destaque, se quede atrás, vaya adelantado o arme jaleo. Ir a lo seguro, jugar según las reglas, parece ser el mejor modo de evitar el fracaso. Y en la escuela, es posible que sea cierto. Pero estas reglas se convierten en un patrón para la mayoría de la gente (¿quizá su jefe?) y este patrón es muy peligroso. Porque éstas son las reglas que, al final, llevan al fracaso. En un mercado atestado donde encajar es fracasar, no destacar es lo mismo que ser invisible” (P.40).

“La buena noticia es que la sabiduría predominante facilita su trabajo. Como casi todos los demás se quedan paralizados ante la Vaca, usted puede ser extraordinario con menos esfuerzo. Puesto que los nuevos productos de éxito son los que destacan y a la gente no le gusta destacar, esta es su oportunidad. Así que parece que nos enfrentamos a dos elecciones: ser invisibles, anónimos, no recibir críticas y estar seguros, o correr el riesgo de la grandeza, ser únicos y ser la Vaca” (P.40).

La gente que evita hacer una carrera extraordinaria jamás llegará a ser líder. Deciden trabajar para una gran empresa y funcionar de forma intencionada como un zángano anónimo, quedándose atrás para evitar el riesgo y las críticas. Si cometen un error y eligen al pájaro equivocado para seguirlo, pierden. Cuando una gran compañía despide a diez mil empleados, es posible que la mayoría de ellos no lo merezcan. Se limitaban a obedecer, a no salirse de sus obligaciones y a seguir las instrucciones. Pero eligieron el pájaro equivocado. Aunque uno encuentre una bandada que parezca segura, en este mundo turbulento cada vez cuesta más mantener la formación, y no es raro que nos encontremos con frecuencia buscando a toda prisa una nueva bandada. Por ese motivo es aún más importante la capacidad de liderazgo, porque cuando su bandada se pierde en el horizonte, quizás no haya otra cerca. Esto no solo se aplica a las carreras individuales; las empresas tienen el mismo problema. Siguen a un líder industrial que se tambalea o lanzan miles de imitaciones de su primer producto rompedor, sin darse cuenta de que el mercado se agota” (P.43).

“Se trata de una paradoja interesante. En un mundo que se vuelve más turbulento, la gente cada vez busca más seguridad; quiere eliminar tantos riesgos como sea posible de sus negocios y sus profesiones. La mayoría de la gente cree equivocadamente que la mejor forma de hacer esto es jugar a lo seguro, esconderse. Cada vez menos personas trabajan para crear una Vaca Púrpura. Pero al mismo tiempo, el mercado es cada vez más rápido y fluido. Estamos demasiado ocupados para prestar atención, pero una buena parte de la población está más inquieta que nunca. Mucha gente está dispuesta a cambiar su conexión a Internet, su línea aérea, su gestoría, lo que sea necesario para conseguir ponerse al día. Si el cajero del banco no le cae bien, hay otra entidad bancaria al otro lado de la calle. Mientras menos personas tratan de convertirse en la Vaca, las recompensas por ser extraordinario aumentan. La clave es la capacidad de una pequeña porción de experimentadores ansiosos para influir en el resto de la gente. A medida que la habilidad para ser extraordinario sigue demostrando su enorme valor en el mercado, las recompensas que proporciona la Vaca Púrpura aumentan” (P.52).

“¿Le gusta a todo el mundo? De ninguna manera. Es parte de lo que lo hace extraordinario. Si gustara a todo el mundo, sería aburrido” (P.77).

  • Definiciones e ideas acerca de “las marcas que amamos” -plenamente aplicables a la marca personal-, propuestas por Kevin Roberts (célebre autor de Lovemarks).

“…las marcas son una cuestión de emociones y personalidad” (P.14).

“¿Que vendrá después de las marcas?” (P.21).

“…lo más difícil de medir: los intangibles de las relaciones, las marcas…el poder de las personas” (P.24).

“Dejar de perseguir cada moda pasajera, y de forma constante, concentrarnos en crear conexiones emocionales con los consumidores” (P.36).

“Cuando te comportas como un producto genérico, tus consumidores te tratan como tal…y entras en el viejo círculo vicioso. Olvídate de que te amen: hasta lograr un poco de respeto en la calle es duro” (P.41).

“…la mayoría de la población consume y compra con la cabeza y el corazón, o si lo prefieren, con emociones. Buscan con una base racional: ¿qué hace el producto y por qué es la mejor elección? Pero su decisión es emocional: me gusta, lo prefiero, me produce una buena sensación” (P.42).

“Antes de comprender, sentimos. Y es esencial hacer que las personas se sientan bien con las marcas y que estas despierten sensaciones positivas. Es lo que marca la diferencia” (P.42).

“La diferencia esencial entre emoción y razón es que la emoción nos lleva a la acción, mientras que la razón nos lleva a elaborar conclusiones” -cita del neurólogo Donald Calne- (P.43).

“Las cosas con las que hemos decidido convivir no son objetos inertes. Las envolvemos con nuestra imaginación. Nos expresamos a través de ellas. las convertimos en parte de lo que nos importa” (P.50).

“…el amor no se puede imponer o exigir, solo se da. Al igual que el poder, se consigue amor al darlo” (P.52).

“Dice la mitología popular que las marcas se están haciendo con el control de nuestras vidas. Y que eso, además, es algo horrible. Pero puede que sea justo al revés: que nuestras vidas se estén haciendo con el control de las marcas” (P.57).

“Las lovemarks de este nuevo siglo serán las marcas y empresas que logren crear unos lazos genuinamente afectivos con las comunidades y redes sociales en las que se desenvuelven. Esto significa acercarse a la gente hasta lograr tener una relación personal. Y nadie nos va a permitir acercarnos hasta ese punto si primero no respeta lo que hacemos y somos” (P.60).

“El amor necesita respeto desde el primer momento: sin él, no será duradero. Respeto es el equipaje que se necesita para un largo recorrido. El respeto es uno de los principios fundamentales de las lovemarks” (P.60).

“¿Cómo podíamos inspirar a las marcas para que alcanzaran el siguiente nivel? Las recetas tradicionales como cambiar la organización, acometer reestructuraciones y usar una logística más eficaz no lo iban a lograr. Tenía que ser algo nuevo, algo que consiguiera crear lealtad más allá de la razón…Y la primera palabra que me vino a la cabeza fue confianza…Pero…la confianza no era suficiente por sí sola para lograr dar el gran salto adelante.  Me refiero a que el hecho de que confíes en alguien plenamente no hace que te unas a él o ella de por vida. Y no no quería saber nada de un tipo de relación que no fuera de las que duran toda la vida” (P.66).

“Las lovemarks, las marcas que amo, van un paso más allá de las marcas en las que confío. Piensa en cómo ganas más dinero. Lo ganas con tus consumidores más fieles, los que consumen con más frecuencia, los que optan siempre por tu producto. Ahí está el dinero. Así que tener una relación de amor duradera es mucho mejor que tener una relación de confianza” (P.68).

“Los diseñadores, los fabricantes, las empresas de servicio, las ciudades y los países también pueden convertirse en lovemarks. Allí donde hay un cliente enamorado, hay una lovemark” (P.71).

“…solo se alcanza el nivel de lovemark cuando las personas que las aman expresan ese amor…El amor es acción. Es crear relaciones significativas. Es mantenerse en contacto permanente con tus consumidores, trabajar con ellos, entenderlos, dedicarles tiempo. Y eso es lo que hacen todo el tiempo los buenos profesionales de mercadotecnia, los diseñadores con intuición y los profesionales inteligentes, estén en una caja registradora o en una línea de montaje”(P.74).

“El misterio libera las emociones. El misterio enriquece los matices de las emociones y las experiencias. Está presente en las historias, las metáforas y los personajes icónicos que hacen que  una relación sea rica. El misterio es una de las claves para crear lealtad más allá de la razón” (P.86).

“Las lovemarks saben que las personas que las aman son apasionadas, emocionales y a menudo seres humanos irracionales. Saben que no son ni estadísticas ni frases destacadas de las conclusiones de una de esas absurdas reuniones de grupo.

Lo importante es escuchar. No me refiero a mantener la boca cerrada ante cada una de nuestras brillantes intervenciones, me refiero a escuchar de verdad.

Despertar los sueños es una poderosa manera de mostrarle a las personas que entendemos sus deseos y que podemos hacerlos realidad“(P.93).

¿Acaso esta serie de ideas fundacionales  para un nuevo modelo de branding y una nueva definición y posicionamiento social de las marcas -a un nivel muy superior al tradicionalmente asumido-, no es plenamente aplicable a las personas que prestamos servicios profesionales a título individual, generando y dejando en derredor nuestra marca personal en el proceso, o a quienes trabajamos en ambientes corporativos, contribuyendo a la generación, proyección y consolidación de la marca organizacional? ¿Qué puede negarlo? ¿Por qué sería cuestionable o criticable?

¿Acaso esta definición no es aplicable a las personas que prestamos servicios profesionales a título individual, generando y dejando en derredor nuestra marca personal en el proceso, o a quienes trabajamos en ambientes corporativos, contribuyendo a la generación, proyección y consolidación de la marca organizacional? ¿Qué puede negarlo? ¿Por qué sería cuestionable o criticable?

  • Definición e ideas sobre Marca (Paul Capriotti. Disponible en http://www.bidireccional.net/Blog/Introduccion.pdf): “…Una marca es, en cierto modo, un contrato de sentido entre un emisor-organización y unos destinatarios-públicos, en el cual hay una parte que elabora y propone un sentido de la marca (el emisor-organización) y otra parte que interpreta y otorga un sentido a la marca (los destinatarios-públicos). Así, el emisor-organización construye para la marca un perfil de identidad, o sea, una propuesta de sentido para que sea interpretada por los destinatarios-públicos. Es la personalidad de la marca. Por Identidad de Marca entendemos el conjunto de atributos o características con los que la marca se autoidentifica y autodiferencia de las demás. Las organizaciones desarrollan estrategias de Identidad de Marca, que les permitan establecer los parámetros básicos de actuación y comunicación de la marca. Pero, por otro parte, los destinatarios-públicos también construyen su propio perfil de la marca, otorgando sentido a las mismas, a partir de la interpretación de todas las acciones y comunicaciones de la marca, pero también de las de otras marcas y del entorno general. Esta construcción de sentido por parte de los destinatarios-públicos es la imagen que ellos tienen de la marca. Por Imagen de Marca entendemos la estructura mental (u opinión) sobre una marca que tienen sus públicos, integrada por el conjunto de atributos que los públicos utilizan para definir e identificar a esa marca de las demás. La imagen podrá influir decisivamente en la valoración y en el comportamiento de los públicos hacia las marcas”.

¿Acaso esta definición e ideas no son aplicables a las personas que prestamos servicios profesionales a título individual, generando y dejando en derredor nuestra marca personal en el proceso, o a quienes trabajamos en ambientes corporativos, contribuyendo a la generación, proyección y consolidación de la marca organizacional? ¿Qué puede negarlo? ¿Por qué sería cuestionable o criticable?

  • Definición de Marca (Iván Díaz, CEO de Branzai; el texto de origen se encuentra disponible en http://www.branzai.com/2019/05/como-importarle-alguien.html?m=1): “Como en la vida real, para importar a alguien tienen que darse dos simples premisas: 1. Entender las cosas que a esa persona más le preocupan, inquietan, desea o persigue. 2. Formar parte de la solución a esas preocupaciones, inquietudes, deseos o sueños”. “…en un mundo en el que todos luchan por captar la atención de quienes estamos ahí fuera, debería empezar a pensar cómo esa atención puede convertirse en sentimiento.” “…una Marca es la capacidad de importarle a alguien”. Otras ideas de la misma fuente, disponibles en http://www.branzai.com/2019/10/quien-eres-marca-activa-y-pasiva.html?m=1: “Al final todo se reduce a la creación de interacciones que construyen un significado para nosotros, que muchos llaman Experiencia de Marca. La suma de todo lo que hacemos y no hacemos, al salir por la puerta y pisar la calle en la que transitan todas nuestras audiencias”.

¿Acaso esta definición no es aplicable a las personas que prestamos servicios profesionales a título individual, generando y dejando en derredor nuestra marca personal en el proceso, o a quienes trabajamos en ambientes corporativos, contribuyendo a la generación, proyección y consolidación de la marca organizacional? ¿Qué puede negarlo? ¿Por qué sería cuestionable o criticable?

  • Definición de Marca (Cepeda-Palacio, Samuel David. Disponible en https://www.redalyc.org/pdf/2654/265433711009.pdf): “…cuando se menciona una marca se está representando un concepto mucho mayor…actualmente estas pueden representar una empresa, un producto o un servicio, una emoción, un individuo o un accionar”.

¿Acaso esta definición no es aplicable a las personas que prestamos servicios profesionales a título individual, generando y dejando en derredor nuestra marca personal en el proceso, o a quienes trabajamos en ambientes corporativos, contribuyendo a la generación, proyección y consolidación de la marca organizacional? ¿Qué puede negarlo? ¿Por qué sería cuestionable o criticable?

Definiciones de Marca Personal

  • Definición de Marca Personal (Tom Peters, 50 claves para hacer de usted una marca. 2001): “Deje de ser un empleado y conviértase en una marca que transmita distinción, compromiso y pasión”.

¿Acaso esta formulación/propuesta no nació precisamente dedicada a quienes trabajamos en ambientes corporativos, contribuyendo a la generación, proyección y consolidación de la marca organizacional, y no resulta igualmente aplicable a las personas que prestamos servicios profesionales a título individual, generando y dejando en derredor nuestra marca personal en el proceso? ¿Qué puede negarla? ¿Por qué sería cuestionable o criticable?

  • Definiciones e ideas sobre Marca Personal (Tom Peters, The brand called You. 1997): “Sin importar la edad, independientemente de la posición, independientemente de la empresa en que nos encontremos, todos necesitamos comprender la importancia de la marca. Somos los CEO’s de nuestra propia empresa: YO, S.A. Hoy en día, para estar en el mercado, nuestro trabajo más importante es ser el director comercial de la marca llamada TÚ.

Es así de simple –y difícil-. Y además es ineludible”.

“…la principal oportunidad está en convertirse en un profesional libre en una economía de profesionales libres y autónomos, que busca conseguir los mejores resultados en su sector, que busca realizar su mejor trabajo, y establecer su propia marca”.

“La buena noticia –y es en gran medida una buena noticia– es que todo el mundo tiene la oportunidad de destacar. Todo el mundo tiene la oportunidad de aprender, mejorar y desarrollar sus posibilidades. Todo el mundo tiene la oportunidad de ser una marca que vale la pena ser destacada”.

¿Acaso estas definiciones e ideas no son exactamente aplicables a las personas que prestamos servicios profesionales a título individual, generando y dejando en derredor nuestra marca personal en el proceso, o a quienes trabajamos en ambientes corporativos, contribuyendo a la generación, proyección y consolidación de la marca organizacional? ¿Qué puede negarlo? ¿Por qué sería cuestionable o criticable?

Una pregunta de alcance general:

¿Cuál de estas definiciones y/o secuencias y/o asociaciones de ideas, excluye per se a las personas como posibles marcas o encarnaciones de ellas? ¿Cuál de ellas define y/o genera y/o constituye y/o proyecta alguna contradicción insalvable entre el carácter de la marca como intangible derivado de una interacción entre dos partes, de las cuales al menos una es necesariamente humana -dicho sea de forma muyyyyy básica, por supuesto-, y nuestra condición de personas que nos aportamos mutuamente valor en nuestras interacciones, o al menos, tenemos el potencial para hacerlo, así como el de generar en nuestro entorno humano las emociones que nos convierten, para esos seres humanos y ante ellos, en genuinas marcas personales?

Como lo afirma Guillem en Wikipedia -sí, amigo lector: si no lo sabías, el autor de la impresionante transformación positiva de la definición de marca personal en Wikipedia es el Maestro Guillem Recolons-: “Igual que los activos inmateriales de las organizaciones empresariales, la marca personal es un activo inmaterial que incluye, pero no se limita, a la apariencia externa y la impresión que se causa y permanece. También incluye la manera en que la persona se diferencia de los demás. Igual que con las marcas comerciales, la marca personal persigue que la impresión causada sea duradera y sugiera el beneficio de la relación entre el titular de la marca y el observador”.

Muy claro, ¿verdad?

Veamos brevemente algunas definiciones actuales del concepto marca personal, y contrastemos de modo general sus esencias e implicaciones con las que dimanan del marco conceptual visto aquí arriba, relativo a la marca. Las he citado en mi trabajo de 2019 La marca personal y su posicionamiento:

  • “…la suma de percepciones asociadas a una persona sobre sus valores, personalidad y capacidades en una determinada área intelectual o profesional” (Celestino Martínez), o
  • “…identidad percibida…lo que los demás piensan y especialmente sienten sobre lo que decimos y hacemos (o no). Inspirada en nuestros valores y proyectada en nuestros canales de influencia” (Joan Clotet), o
  • …el efecto que generas al proyectar en el trabajo tus valores, conocimientos, actitud y expectativas” (Pablo Adán Micó), o
  • “un concepto de esencia intangible, tangibilizado en la práctica mediante tus contribuciones y asociado a tu impacto social, que define y describe aquello en lo que tú te has convertido a los ojos de tus públicos” (Estrada, 2019; creo que este soy yo), o
  • “…la huella que dejamos en las personas con los que hemos mantenido una relación profesional y que nos permite ser conocidos y reconocidos por nuestra aportación de valor, memorables, grabados en la memoria de nuestro público por lo que hemos hecho y por lo que se espera que hagamos en el futuro para ser los elegidos cuando nos necesiten” (Jordi Collell), o
  • “…el impacto que deja lo que haces en los que te rodean debido a tu excepcionalidad como persona (y que permite que alguien te pueda recordar o reconocer)” –Patricia Vázquez Paz-, o
  • “…el artefacto intangible que nos permite ser, estar y permanecer de alguna forma en la mente de otras personas. Es la huella inevitable que dejamos en ellas” (Estrada, 2019; un servidor, por cierto), o
  • “…lo que transmites a los demás, la huella que dejas en ellos y en todo lo que haces” (Esther Turón), o
  • “…el resultado de una estrategia de carrera diseñada en base a quién se es, quién se quiere ser, cuánto se quiere hacer, a quién va a contribuir y qué necesita para hacerlo real” (Arancha Ruiz), o
  • “…la imagen mental que se genera en otra persona al observar nuestra conducta de forma reiterada, a partir de nuestra interacción con los demás. Esta imagen provoca un recuerdo emocional que se asocia a la persona que somos” (Almudena Lobato), o
  • “La autenticidad entre lo que sientes, eres y haces, eso es tu marca personal, la que deja huella en el corazón del otro” (Carmen Soler), o
  • “…una consecuencia social de lo que somos, hacemos y logramos en la vida. Por tanto, NO SIEMPRE NI NECESARIAMENTE ES POSITIVA, y hacemos #PersonalBranding para ser y dejar nuestra mejor marca en los demás” (Estrada, 2019, siempre a tus órdenes) , o
  • “…el resultado de la proyección de lo que sabes, lo que haces y lo que sientes en los demás, que genera una determinada percepción sobre ti e inclina las interacciones contigo en un sentido u otro“ (David Barreda Carrillo), o
  • “…la huella que vamos dejando a nuestro paso, con la cual impactamos a las personas que nos rodean, por el modo en que somos y actuamos, y por lo que hacemos y logramos de una manera única. Esta marca se gestiona, por lo que podemos decidir cómo queremos ser sentidos, percibidos y recordados; así como la forma de diferenciarnos para ofrecer una propuesta de valor sólida, cuya materialización nos permita lograr nuestros objetivos” (Ylse Roa), o
  • “…‘Dejar Huella’, que me remite a tocar con nuestros hechos, con nuestras palabras, con nuestras miradas, el alma del otro, conseguir que nos recuerde y que al hacerlo se le escape la dulce sonrisa de la complicidad que se consigue al compartir” (Laura Rosillo), o
  • “…una determinada impronta de cualquier índole, sentido y magnitud, que tú dejas en los demás al interactuar con ellos de forma directa o indirecta, sincrónica o asincrónica, cara a cara o a través de tu obra” (Estrada, 2019 -vaya, este también soy yo; parece que últimamente hablo mucho sobre esto-), o
  • “…cómo te perciben los demás teniendo en cuenta qué te define y diferencia, lo que sabes hacer, en qué eres bueno y cuáles son tus cualidades y valores” (Eva Añón), o
  • “lo que dicen de ti cuando no estás presente” (Jeff Bezos), o finalmente
  • “…no es algo que tienes, es algo que dejas” (Andrés Pérez Ortega)”.

¿Está o no presente en todas estas definiciones, amigo lector, la noción de impacto sobre los demás -inclusive, impacto motivador y movilizador a la acción, en varias de ellas-, a partir de las características, los comportamientos y los resultados propios de la persona que es y deja en su entorno tal marca personal? ¿Y es esa, o no, la esencia general que deriva de las definiciones de marca citadas más arriba, determinada por el vínculo entre algo o alguien que marca y alguien que resulta marcado?

Y como cierre de esta parte, te propongo algunas frases del gurú Seth Godin, que he tomado de la magnífica recopilación efectuada por el gran profesional Oliver Araújo en su excelente blog https://www.exitoysuperacionpersonal.com/. Todas ellas hablan de marca y de marca personal, definen y describen modos a través de los cuales una persona puede convertirse en la marca personal que desee y le convenga ser; y es simplemente delicioso apreciar cómo ambas nociones, marca y personas, se entremezclan e integran en una sola, bajo la genial visión de este MAESTRO DE TODOS llamado Seth Godin (las negritas que aparecen son mías):

  • “Creo que lo más productivo que hay que hacer en tiempos de cambio es ser tu mejor yo, no la mejor versión de otra persona.”
  • “En un mercado abarrotado, encajar es un error. En un mercado ocupado, no sobresalir es lo mismo que ser invisible.”
  • “El secreto del liderazgo es simple: haz lo que crees. Pinta una imagen del futuro. Ve allí. La gente te seguirá.”
  • Cava tu pozo antes de que tengas sed.”
  • El peor momento para ir a buscar trabajo es justo cuando necesitas uno.”
  • Tienes todo lo que necesitas para construir algo mucho más grande que tú mismo.”
  • “Cuando incrementas tu criterio, maximizas tu consciencia de las opciones disponibles y, entonces, sales adelante y realizas trabajos que asustan a los demás. Eso es llegar al éxito.”
  • No aceptes la tiranía de ser elegido o no. Elígete tú mismo.”
  • “Todo lo que falta es que des el paso al frente, que te dejes llevar por tu pasión y te atrevas a hacer tu visión realidad.”
  • “Imagina un mundo sin intermediarios, sin editores, sin jefes, sin responsables de recursos humanos, sin nadie que te diga lo que no puedes hacer. Si vivieras en ese mundo, ¿Qué harías? Adelante. Hazlo.”
  • Encuentre cosas que no se hagan en su industria y hágalas.”
  • El coraje es la voluntad de decir la verdad sobre lo que ves y ser dueño de lo que dices.”
  • “La fe en ti mismo, en tus amigos, en tus colegas y sobre todo, la fe en tu capacidad para impactar nuestro futuro es la mejor estrategia que conozco.”
  • “No encuentres clientes para tus productos, busca productos para tus clientes.”
  • “Lo mejor que puede esperar el tímido es pasar desapercibido. La crítica viene a aquellos que se destacan.”
  • El problema con la competencia es que te quita el requisito de establecer tu propio camino, inventar tu propio método, encontrar una nueva manera.”
  • Convierte a los extraños en tus amigos. Convierte a los amigos en clientes. Convierte a los clientes en vendedores.”
  • “No necesitas tener un cargo, ser poderoso, o ser influyente para liderar. Solo tienes que estar conectado y comprometido.“
  • “Una tribu es un grupo de personas conectadas entre sí. Este grupo está conectado a un líder y a una idea que consigue inspirar pasión a todos sus miembros.”
  • ¿Cómo te atreves a conformarte con menos cuando el mundo te ha hecho tan fácil ser notable?
  • La incomodidad trae participación y cambio. La incomodidad significa que estás haciendo algo que los demás probablemente no harían, porque se están escondiendo en su zona de confort. Cuando tus acciones incómodas te llevan al éxito, la organización te recompensa y te trae de vuelta por más.”
  • “Si decides que es importante dejar de obedecer y comenzar a crear, lo primero que debes hacer es desafiar tu marco de pensamiento, la visión del mundo que le transmites a tu trabajo.”
  • El valor que proporcionamos es directamente proporcional a la cantidad de información útil que producimos, a la confianza que nos ganamos y a la frecuencia con la que innovamos.”
  • “Las personas no creen lo que les dices. Raramente creen lo que les muestras. A menudo creen lo que les dicen sus amigos. Siempre creen lo que se dicen a sí mismos. Lo que hacen los líderes: explican historias a las personas que puedan contarse a sí mismas. Historias sobre el futuro y el cambio.”
  • Es mucho más peligroso volar demasiado bajo que demasiado alto, porque crees que es más seguro volar bajo. Nos conformamos con expectativas modestas y sueños insignificantes, y nos comprometemos menos de lo que somos capaces.”

Contundente, ¿verdad? Este colega nos ha regalado una muestra excelente de un excelente contenido, generado por un excelente autor, y en ella, como en las anteriormente propuestas más arriba,  queda claro lo siguiente: las nociones marca, personas, y el fruto de su integración sistémica, la marca personal, no son en absoluto incompatibles, mucho menos contradictorias, y en modo alguno resultan antagónicas. Es más: puede afirmarse sin lugar a duda alguna que la marca personal es sencillamente un tipo muy especial de marca definitoria del impacto de un ser humano sobre otros seres humanos; y por tanto, en virtud de ello y de muchísimos factores que así lo sustentan, puede afirmarse que las personas sí somos marcas.

Y sí, amigo lector, dije SISTÉMICA: porque en mi opinión, la marca personal, como resultado humano de necesaria e ineludible índole social, no es otra cosa que LA SINERGIA resultante de la combinación entre lo que una persona es, lo que hace, lo que logra, la forma en que impacta a quienes le rodean gracias a la integración de las tres dimensiones anteriores, y eventualmente, el modo en que consigue trascender su esencia/tiempo/espacio, gracias a todo ello (para ampliar un poco al respecto, sugiero humildemente revisar la respuesta que di a la octava pregunta que me hizo el Maestro Jordi Collell en nuestra reciente entrevista bidireccional transoceánica, la cual reza: ¿Afirmarías que la marca personal es trascendente?”). Por eso, entre otras razones, la marca personal no siempre ni necesariamente es positiva; por eso, entre otras razones, las personas somos marcas aunque no lo sepamos, ni queramos, ni deseemos asumirnos como tales, ni la gestionemos y/o nos gestionemos como tales; y por eso, entre otras cosas, la marca personal siempre ha existido como fruto de la interacción entre seres humanos, aunque el concepto que la define haya nacido hace apenas 22 años, y el de marca, “algunos más”, jejeje.

Y para cerrar el punto, nada mejor que otra joya del gran Seth, esta procedente de La Vaca Púrpura (P.82). Cualquier semejanza o cercanía a las ideas y estrategias que nos propone el branding personal, NO ES PURA COINCIDENCIA. ¡Para nada!

“Hasta ahora, hemos hablado de lo que deberían hacer las empresas. Pero ¿y usted? ¿Puede aplicar estas ideas a su búsqueda de empleo? Probablemente, la última vez que cambió de trabajo, utilizó un currículum. Siguiendo la sabiduría convencional, lo debió de enviar a centenares o miles de empresas. Lo mandaría por correo ordinario o por correo electrónico en un esfuerzo por abrirse camino en la red hacia un nuevo empleo. Todo este esfuerzo no es más que publicidad, distinta a comprar anuncios en televisión, pero a su vez muy parecida. Después de todo, su currículum acabará en el despacho de alguien que no tiene ningún interés por usted ni por lo que hace. Lo que es peor, es probable que esta estrategia no provoque ningún boca-oreja.

Hay otra forma de hacerlo. Ya la habrá adivinado: ser excepcional.

La gente extraordinaria con carreras extraordinarias cambia de trabajo con menos dificultad. Estas personas a menudo ni siquiera tienen un currículum. En lugar de eso, confían en transmisores que están dispuestos a recomendarlos cuando hay una vacante. A la gente extraordinaria, normalmente la reclutan en puestos de trabajo que les encantan para ocupar puestos de trabajo que todavía les gustan más. El secreto no reside en la técnica de buscar trabajo, sino que se halla relacionado con lo que esas personas hacen cuando no están buscando trabajo. Estas Vacas Púrpuras llevan a cabo un trabajo destacado en proyectos de alto nivel, asumen riesgos y no es raro que fracasen estrepitosamente. Pero estos fracasos no les suelen llevar a un callejón sin salida, no son realmente riesgos, después de todo. Al contrario, solo aumentan las oportunidades para que estas personas busquen un proyecto todavía mejor la próxima vez. Si está pensando en convertirse en una Vaca Púrpura, el momento de hacerlo es cuando no está buscando trabajo. En su profesión, incluso más que para una marca, la seguridad es el mayor riesgo”.

¿Alguna duda, por favor?

En mi trabajo Mito # 4: la marca personal es creable, hago brevísimos análisis de un grupo de grandes marcas comerciales (Iphone, Cirque du Soleil, Harvard),y otro de grandes marcas personales que están sólidamente posicionadas en los ámbitos profesionales en los cuales trabajo y/o relacionados con ellos (Andrés Pérez Ortega, Guillem Recolons, Jordi Collell, Pablo Adán Micó, Eva Collado Durán, Antonio Cambronero, Vilma Núñez, Miguel Florido), dejando claro que los atributos que adornan a unas y otras, los cuales definen su enorme impacto y la preferencia de sus diversos públicos, son equivalentes.

Dichas marcas

“…han sido cultivadas, gestionadas, desarrolladas, posicionadas, y se han ganado el favor de sus públicos a lo largo del tiempo que tienen marcando, con base en una propuesta de valor basada en su contribución real al usuario satisfaciendo con creces sus necesidades (cualesquiera que estas sean, siempre que resulten compatibles con la especialidad y/o las posibilidades de acción/impacto de la marca -¡salve, Maslow!-), en el prestigio ganado con la obsesión por el servicio y por la calidad, en unos resultados concretos y tangibles que se sostienen y crecen en el tiempo, y en una estrategia de diferenciación/exclusividad consecuente y permanente. Y el resultado de ello es que, cuando pensamos en la mejor opción en cualquiera de los temas relacionados con estas marcas, son ellas las que acuden a nuestra mente en primer lugar, o entre los primeros. Eso se llama posicionamiento favorable de una marca, y se consigue gestionando estratégicamente la marca con base en desempeño, calidad y resultados; no solo creando artificios mercadotécnicos que la simbolicen, comuniquen y vendan”.

Porque como muy claramente lo afirma en sentido positivo el Maestro Xavi Roca, “marca personal es prestigio”. Y yo agrego siempre, tanto para las marcas personales como las corporativas, que el prestigio -o en su caso, el desprestigio- no se crea: es un resultado. Y ese resultado, en uno u otro sentido, ES UNA MARCA PERSONAL.

Está claro, ¿verdad?

Y para finalizar este punto, quiero regresar a una afirmación original de Amalio: “Mezclar «marca» con «personas» es desafortunado, de base, porque las palabras no son inocentes”.

Eso de que “las palabras no son inocentes”, es muy cierto, afirmo yo. Y agrego ahora que TAMPOCO SON CULPABLES. La inocencia o culpabilidad de las palabras deriva y depende (al menos) de quién las usa, en qué contexto, momento y situación lo hace, cómo y cuán frecuentemente las propone, y cuáles objetivos pretende cumplir al utilizarlas.

En el tema que nos ocupa, y considerando todo lo ya visto –de taaaaaaaantos prestigiosos autores-, yo considero que las palabras “marca personal” son absolutamente INOCENTES de los “delitos” de manipulación, distorsión, sesgo, desinformación y cosificación de humanos -y de otros similares, parecidos o equivalentes- de los cuales explícita o implícitamente se las ha “acusado” (y de ser necesario, argumentaré ampliamente en su defensa ante estas y otras posibles acusaciones que puedan surgir en adelante). Y las declaro total e irremisiblemente CULPABLES de los “crímenes” calificados como “necesidad y búsqueda del autoconocimiento”, “estimulación al desarrollo individual”, “promoción de las mejores virtudes humanas”, “motivación al logro”, “promoción de la competencia sana y éticamente responsable”, “empuje de los procesos de profesionalización progresiva”, “impulso a las aportaciones de valor de utilidad social”, “búsqueda de un posicionamiento positivo ante el mercado y la sociedad”, “motorización del ejercicio del liderazgo genuino y efectivo”…entre otros varios. Todos ellos, aún “en grado de tentativa” y/o “en progreso” (así hablan los juristas sobre esto, creo yo) debido a la todavía muy insuficiente masificación de la comisión de dichos “delitos”; pero albergo la esperanza de que nuestras sociedades sigan siendo paulatina y literalmente invadidas por tan “criminal” tendencia inherente a nuestra nueva época y a nuestro nuevo mundo: una época y un mundo de marca personal. ¡Y propongo que sigamos trabajando fuerte, y muy profesionalmente, para que ello ocurra!

  1. Dice Amalio: “Si hablamos de marca, lo más saludable sería que hablemos estrictamente de «marca profesional», y no «personal»”.

Mi comentario: ¿Por qué razón debería ser así? ¿Y qué condición o efecto define tal curso de acción como “más saludable” y su opuesto -obviamente- como “menos saludable”? ¿Dónde está escrito que un profesional no es una persona, y/o que en su actividad profesional no emergen aspectos de su ser y actuar como persona, todo lo cual define muchísimo del modo en que marca a quienes le rodean -o sea, deja una huella moral en ellos/as, según el Diccionario de la RAE-? ¿Y en cuál texto científicamente creíble se define y describe de forma plausible y pertinente una manera seria y viable de separar lo profesional de lo personal, de modo tal que ambas dimensiones queden clara y explícitamente delimitadas entre ellas y no haya posibilidad de “mezclarlas”? ¿Cómo puede ejercerse una profesión, cualquiera que sea, al margen de todo lo que define y caracteriza a la persona que la ejerce?

Y por otra parte, me parece que este argumento tampoco argumenta como aspira a hacerlo. ¿Qué bases conceptuales sustentan esa posición del autor, que tal cual está formulada, solo nos presenta una opinión, mas no una definición, ni una sustentación de lo planteado?

La así propuesta “marca profesional”, o sea, la huella que dejamos en otros gracias a nuestros desempeños profesionales, está y estará siempre inevitablemente definida y signada por la persona que cada uno de nosotros, ES. Resulta imposible que seamos profesionales sin antes ser personas. Y entre ambas nociones, la segunda subsume amplia e inequívocamente a la primera; por ende, si un apellido ha de funcionar para esta marca, es el de personal. Aquí se trata de una huella que una persona deja sobre otras personas, gracias a su accionar profesional, en el cual se refleja de forma inevitable la persona que él o ella es. Por eso se llama MARCA PERSONAL.

  1. Dice Amalio: “La parte «para afuera», de «visibilidad», se acaba comiendo la parte «para adentro», de «identidad», y eso es porque la construcción del término, el propio hecho de hablar de «marca» y de la «huella que dejamos en los demás», pondera en exceso (desde el mismo imaginario que produce la semántica) la parte externa de la imagen”.

Mi comentario: Esto es una opinión, mas tampoco aparecen junto a ella los hechos que la sustentan. ¿En qué se basa Amalio para plantear que “hablar de la huella que dejamos en los demás propicia que se pondere en exceso la parte externa de la imagen”? Porque para mí, su alusión a la semántica define per se la amplitud y diversidad de miras que ello propicia -con base en la ineludible subjetividad individual de la construcción, adopción y asunción de significados-; y por ende, niega ese enfoque estrecho que Amalio nos propone, el cual nos limita el alcance analítico que podemos dar a los términos y a los conceptos que ellos nos trasladan (en este caso, limitando el significado del concepto marca personal a la ponderación de “lo externo” -concepto que, dicho sea de paso, tampoco es definido en/por la crítica de Amalio-). Los imaginarios no son necesariamente masivos, ni excluyentes: entre todos podemos construir y generar uno colectivo, que nace necesariamente desde los individuales, y obviamente, conteniendo los diversos niveles de sesgo potencial o real que tal punto de partida define y determina para ellos.

Por tanto, no me parece conceptualmente prudente generalizar planteando que “la construcción del término, el propio hecho de hablar de «marca» y de la «huella que dejamos en los demás», pondera en exceso (desde el mismo imaginario que produce la semántica) la parte externa de la imagen”. Ello puede suceder en el imaginario de Amalio como en el de cualquier otro ser humano (de hecho, obviamente, sucede, y me merece el máximo respeto) y de las personas que piensan como él sobre este asunto, lo cual, también obviamente, yo respeto hasta el infinito; pero no necesariamente ocurre así en otros muuuuuuchos imaginarios individuales -el mío y el de muchísimos colegas del campo, junto al de gran cantidad de clientes convencidos y comprometidos con su marca personal y con el servicio profesional que les ayuda a gestionarla, por ejemplo-, ni tampoco en el colectivo (aquí, entendido como masivo). Al contrario: por lo que vivo a diario, por lo que viven y comunican frecuentemente numerosos colegas, y por las informaciones que sistemáticamente recibo investigando sobre el tema, creo que cada vez más personas piensan del modo opuesto al que Amalio propone, y actúan en consecuencia; unos bien o muy bien, y otros no tanto -algunos, inclusive, MUY MAL-, y estos últimos dan pie a las críticas de Amalio y otras personalidades que piensan y proponen de modo similar a él.

En la reciente entrevista bidireccional transoceánica entre el Maestro Jordi Collell y un servidor, respondiendo a la misma interrogante aludida en este artículo, propongo y procuro sustentar el proceso y algunas de las razones por las cuales la marca personal está creciendo como lo hace (y ello incluye las diversas fallas del proceso, por supuesto; algunas de las cuales son justamente criticadas por Amalio, y  considero que debemos corregirlas entre todos).

Pero ese es otro debate, y seguramente podremos efectuarlo en otro momento, espacio, y contexto. Porque definitivamente, todos podemos aprender y crecer mucho haciéndolo; y yo suscribo, asumo y me sumo a la afirmación de Amalio cuando se declara dispuesto a cambiar de opinión si se le aportan suficientes argumentos válidos para ello. Pues como dije en mi trabajo Marca personal: del ser que somos al ser que proyectamos, yo considero que

“Ser coherentes, en términos de personal branding, implica mantener, sostener y defender con criterio propio una línea de pensamiento y acción, con plena correspondencia entre uno y otra; pero esto no significa que en un momento dado, ante la evidencia de la razón ajena, no podamos cambiar de opinión y de forma de actuar. Al contrario: al cambiar nuestra posición cuando se nos demuestra nuestra equivocación anterior, estamos demostrando coherencia con una voluntad de aprendizaje y desarrollo permanente, y estamos ofreciendo un excelente modelo a nuestros públicos: el de alguien dispuesto a aprender y transformarse siempre para aportar más y mejor valor. Como lo requiere esta compleja época, nueva y cada día más distinta, exigente y difícil”.

Retomando el punto, yo me pregunto, por ejemplo: cuando nos referimos a alguien diciendo “Fulano es muy buena persona”, o “Mengano es un gran profesional” -en ambos casos, expresiones definitorias de su marca personal-, ¿estamos ponderando la parte externa de la imagen de Fulano y Mengano, o más bien calificándolos con base en sus ejecutorias, gracias a las cuales nos han marcado y se han posicionado en nuestras mentes de esos modos? ¿Qué es lo “externo” ahí, y en otras múltiples expresiones similares o equivalentes que frecuentemente son planteadas? Porque la calidad humana y la profesionalidad que resultan inmanentes a cualquier Fulano y Mengano abarcados en los ejemplos anteriores, nacen necesariamente desde dentro de ellos: desde lo que son, primero, y desde lo que hacen proyectando hacia afuera ese ser, en segundo lugar; y tienen su reflejo en lo que ambos logran. Logro que en este caso -y en cualquier otro equivalente-, incluye la valoración positiva que ambos seres han cosechado -y que también podría ser negativa, pero el ejemplo va en sentido positivo-, el cual se llama marca personal. Descartando, por supuesto, la actuación de personajes (hecho obviamente posible, y diría que hasta lamentablemente frecuente, como Amalio critica, yo critico, Guillem critica, Andrés critica, David critica, Jordi critica, Pablo critica, y otros muchos colegas de nuestra comunidad profesional critican); pero como ya he expresado antes, una mala práctica no demerita necesariamente el concepto practicado, sino, al menos en principio, al mal practicante. Ya en tal estado, si nadie o casi nadie lo hace bien, o no sabe, quiere ni puede aprender a hacerlo bien, ni hay nadie proponiendo ni modelando las formas correctas de hacerlo bien, pues habría que revisar y evaluar la génesis, el desarrollo y las esencias mismas del concepto, porque…¿Y entonces?

Gracias a Dios, este no es nuestro caso y está muyyyyyyy lejos de serlo.

Otra cosa sería, digamos, que tales valoraciones se basaran únicamente (tal vez por aquí venga “lo externo”) en lo que puede “verse” de estos individuos en espacios como las redes sociales, si ellos las dedican únicamente a promoverse y “hacerse visibles” en la perspectiva más “externa” de sus humanidades: su vestir, su transitar por tales o cuales sitios, su consumo de tales y cuales productos, la ostentación de su poder financiero a través del acceso ostensible a bienes y servicios fuera del alcance de la media, su manera de hablar, caminar, bailar, ejercitarse, y similares. Y de hecho, ello sería el origen de su modo de marcar a quienes les “ven”: lo harían como personas que privilegian esas zonas de su ser y su hacer, y ese sería el logro que obtendrían, al menos en esa parte, y al margen de los calificativos que podrían ser utilizados al respecto. Porque además, nada de eso es necesariamente “malo” ni “negativo” per se; como siempre afirmo en temas como este, la palabra clave es DEPENDE. Y aquí, ese DEPENDE depende de los valores de quien valore.

Finalmente, un “detalle técnico”. Una marca (cualquier marca), ¿lo es “hacia dentro” o “hacia fuera”? ¿A quién se aspira a marcar: al proponente del valor de utilidad social cobijado y ofrecido bajo la marca, o a los públicos que son los potenciales y/o actuales beneficiarios del mismo? Y si es la segunda opción -la única lógica, ¿verdad?-, pues…¿cuál es el pecado de que la proyección externa de esa marca prevalezca en términos de gestión sobre su esencia y su génesis interna, si son los públicos los que la hacen marca?

  1. Dice Amalio: “Pienso que buena parte de ese iceberg está cimentado en una premisa confusa que, a su vez, facilita más confusión”.

Mi comentario: ¿Cuál es la mencionada “premisa confusa” –ni el post ni el comentario la definen ni describen con claridad-, y qué confusión genera o facilita? En mi opinión, no tiene por qué ser confusa per se una premisa conceptual como esta. La sustento de inmediato.

El iceberg aludido define la existencia de una zona externa o visible al público (“fuera del agua”) y otra interna o invisible a este (“sumergida en el agua”). La externa o visible proyecta la persona a su entorno, interactúa con este y permite las percepciones que aquella genera en quienes le rodean; mientras que la invisible o subyacente constituye el basamento de las características y de las actuaciones generadoras de las mencionadas percepciones, y por supuesto, del tipo y nivel de logro derivado de la aplicación de ambas dimensiones al desempeño, en lo que sea que hagamos.

O sea: dicho sea de modo muy básico, nuestras actuaciones “visibles” de toda índole derivan y dependen en mayor o menor medida, por ejemplo, de nuestros valores, de nuestros pensamientos, de nuestros estados de ánimo, sentimientos y emociones, nada de lo cual es “visible”, sino “subyacente”, y solo puede ser visibilizado a través de actitudes y conductas. Y obviamente, la relación de dependencia -y hasta de interdependencia, pues así ocurre– entre ambas áreas, no es necesariamente lineal, ni carente de sesgos o contradicciones: por citar solo un sencillo ejemplo, muchas veces nuestra racionalidad y nuestras emociones (ambas “invisibles”) se contradicen y generan problemas en la toma de decisiones y su puesta en práctica (ambas “visibles”; sobre todo la segunda si no externamos la primera). Y todo esto es algo inherente a nuestra humana naturaleza y conducta,  bastante habitual en términos de frecuencia: las personas somos y actuamos así. ¿Que implicación confusa trae esto al iceberg aquí analizado, siendo así que el propio Amalio sugiere muy certeramente -ver el próximo comentario suyo- la necesidad de profesionalizar el diagnóstico del área invisible, lo cual coincide con la actuación profesional de los personal branders y/o equipos de ellos que trabajan correctamente este tema?

Entonces, sin la menor segunda intención -primero, porque jamás las tengo,y obviamente, no actúo con base en ellas; y segundo, porque realmente me interesa muchísimo esta cuestión, y deseo aprender al respecto si realmente existe, lo cual no percibo-: ¿cuál es la premisa confusa a la que Amalio se refiere, y qué confusión facilita?

  1. Dice Amalio: “La «parte de abajo» del Iceberg debería estudiarse usando un prudente filtro profesional, lo que no significa que dejes de escudriñar en tus motivaciones más personales, porque es cierto que eso se mezcla, pero después… cuando sacas la cabeza por encima del agua, no es bueno esculpir la pieza diluyendo los límites: ¿crees realmente que es saludable aplicar conceptos como «propuesta de valor» o «modelo de negocio» a nuestra vida personal? ¿no es asfixiante introducir tanta «gestión» y «cálculo» en nuestra proyección personal?”.

Mi comentario: Seguimos con las opiniones no acompañadas de hechos; algunas -en este caso- expresadas en tono interrogativo. Por mi parte, yo creo que sí, que puede ser saludable aplicar conceptos como propuesta de valor y modelo de negocio a nuestra marca personal, enfatizando sobre su zona profesional; pues dicha marca integra, entre otras cosas, el impacto que en tanto personas actuando como profesionales generamos en nuestros públicos a través de los resultados de nuestros negocios (como sucede, por ejemplo, con Amalio, Guillem, David, Andrés, Eva, Jordi, Pablo, este servidor, y muchos otros colegas que prestamos servicios profesionales de forma independiente; y en la quinta entrega podrás leer mucho más al respecto, con base en propuestas del propio Amalio Rey). Negocios cuyas oportunidades llegan a su conocimiento, y eventualmente nos eligen como sus partners y/o proveedores y/o consultores y/o desarrolladores y/o lo que sea, a través de la comunicación pertinente y efectiva de nuestra propuesta de valor. Propuesta que incluye e implica nuestra promesa de contribución, pero que debe ser complida a través de un aporte de valor. Y aporte que genera en ellos una huella llamada marca personal, desde la persona que a través de uno o más servicios profesionales ha contribuido a su desarrollo (como bien dice Andrés, haciéndoles ganar dinero, o tiempo, o bienestar). 

  1. Dice Amalio: “En esa misma línea le comentaba a Andrés, en su muro de FBK, que diseñar una «marca» es fijar una estrategia, y una estrategia, por definición, significa siempre «descartar opciones», o sea, reducir grados de libertad. Si eso lo haces en una empresa, es perfecto e imprescindible, porque las empresas necesitan una identidad reconocible y, sobre todo, que sus miembros se pongan de acuerdo en torno a esa identidad, que se comparte entre mucha gente. Si lo haces en una profesión, o una proyección profesional, también. Pero el lío comienza cuando usas el apellido «personal», porque ahí empiezas a teñirlo todo de algo que habría que mantener a raya”.

Mi comentario: Fuera del tema central de este artículo, me atrae muchísimo analizar y profundizar en la componente estratégica propuesta por Amalio, sobre todo la interesante relación entre “descartar opciones” y “reducción de los grados de libertad”, que no me resulta necesariamente tan lineal, tan causa/efecto –pues si el descarte de opciones es efectuado por la entidad en su proceso estratégico, haciendo uso de su libertad decisoria, la reducción de grados de libertad no implica nada contraproducente ni necesariamente negativo, pues se habrá elegido libremente el o los cursos de acción a llevar a cabo, que en virtud del principio de flexibilidad y el de cambio de rumbo, podrán libremente ser modificados cuando sea necesario-. Pero como dije, eso sale de mi tema principal de hoy, y prefiero “darle un poco más de mente” en esa perspectiva estratégica, y volver sobre ello con más tiempo y espacio, en otro momento; tal vez, si Amalio dispone de tiempo y me hace el honor, podremos inclusive escribir algo juntos sobre el tema, o generar un debate colectivo al cual puedan sumarse otros colegas consultores, directivos, formadores, investigadores, etc.; ello me haría muy feliz, y podríamos aprender y aportar mucho valor de forma colectiva.

Aquí solo me surgen unas preguntas en función de la “zona personal” abordada por Amalio al final: ¿Qué habría que “mantener a raya”, y por cuáles razones? ¿Nuestra calidad de humanos? ¿Las muy diversas maneras en que lo que somos como personas incide y define buena parte de lo que somos, hacemos y logramos como profesionales, cuando no todo ello? Porque si algo “mantiene a raya” en este concepto la noción de marca -o sea, dentro de los límites necesariamente derivados de su condición de resultado de la interacción entre seres humanos, bajo cualquier modalidad-, es precisamente su índole personal. La marca personal es un resultado humano fruto de interacciones entre humanos, o entre un humano y alguna huella de otro -por ejemplo, un libro, una película, una canción-; no me parece viable, ni siquiera lógico, mucho menos prudente o pertinente excluir o soslayar su componente más importante, y que de hecho la define como tal. ¿Y a ti, amigo lector?

  1. Dice Amalio: “Por eso digo que en el uso del término «marca personal» no solo hay un fallo de aplicación, o de que el concepto se haya prostituido, sino que el propio concepto y el nombre que usa (marca + persona) hace que eso ocurra tanto, y facilite prácticas disfuncionales. Desde el mismo momento en que nos empezamos a preocupar por la «huella que dejamos en los demás» (en lugar de en la satisfacción que sentimos con nosotros mismos), empiezan los problemas, y yo creo que el palabro «marca personal» hace que tengamos una tendencia natural a que eso ocurra…”.

Mi comentario: Algunos de los elementos más arriba expuestos resultan plenamente aplicables a esta parte -sobre todo los que emanan del marco referencial propuesto para sustentar la construcción del concepto marca personal integrando las nociones “marca” y “personas”-, por lo cual no veo la necesidad de reiterarlos; y por otro lado, también aprecio aquí un enfoque de opinión, pero como en varios casos antes analizados, no están presentes los conceptos ni los hechos que la demuestren. Agregaré un par de detalles, pues quiero detenerme en algo que me resulta disonante y contradictorio en la posición que Amalio sustenta.

¿Por qué razón, y en  virtud de qué concepción, resultarían mutuamente excluyentes las nociones “satisfacción con nosotros mismos” y “la huella que dejamos en los demás”? Pues a mi juicio no tienen por qué serlo, y evidentemente Amalio así las considera, al fijarlas como dicotómicas y hasta antagónicas en este comentario. Me parece justamente lo contrario: en un mundo de valores humanos como el que aspiramos a construir aunque vivamos en una sociedad capitalista (al menos eso creo, ¿verdad?), y asumiendo que somos buenas personas y deseamos ser conocidas y reconocidas como tales -una lógica y natural necesidad humana-, la mayor satisfacción que podríamos sentir con nosotros mismos debería basarse en el valor que seamos capaces de aportar a los demás, y en la posibilidad de vivir decente y dignamente -y ser tan felices como nos sea posible-, gracias a ello. Porque el otro camino (sentirnos bien con nosotros mismos independientemente de los demás y al margen de ellos, -como si pudiéramos vivir solos y sin ellos, algo manifiestamente imposible-), esa sí me parece una posición muy individualista. Pero esa es solo mi opinión, que ha sido sustentada en varios momentos de este mismo texto.

Un debate algo más filosófico del asunto podría ser bien interesante y productivo (por supuesto, mi formación de origen en este sentido me motiva a ello), pero no creo sea este el espacio ni el momento. Dejo esa puerta abierta.

Hay un último tema que ya he tratado en este post, y en otros muchos espacios (por ejemplo, en mi trabajo Mito # 10: Gestionar nuestra marca personal nos cosifica). Pero al leer el sugerente comentario del colega David Barreda al post de Amalio, y la interesante respuesta de este, no puedo menos que intervenir y proponer mi posición al respecto. Aquí debajo las tienes, amigo lector.

¡Y ese “aquí debajo” temático, amigo lector, junto a otro tema que también corresponde, lo tendrás a tu disposición la semana entrante!

Amigo lector:

¿Qué te ha parecido esta cuarta entrega de la serie? ¿Has apreciado y valorado la amplia coincidencia entre las orientaciones y los enfoques de todos los autores cuyas definiciones e ideas sobre marca y marca personal he podido proponerte hoy? ¿Visualizas con claridad la contraposición posicional evidente a nivel de conceptos y de metodología entre las propuestas de Amalio Rey y las de un importante grupo de practicantes y proponentes acerca del branding personal, así como los múltiples matices que tal contradicción reviste y proyecta, y las oportunidades de mejora que ella supone para nuestros propios aprendizajes y desempeños profesionales en el campo?

El próximo viernes te estaré proponiendo la quinta y última de las entregas de esta serie En defensa de la marca personal. En ella, estaré respondiendo para ti las siguientes interrogantes:

  • ¿Es necesariamente negativo abordar con intención  mercantil/competitiva la gestión de nuestra marca personal, o más bien ello representa una necesidad/urgencia epocal? Y en todo caso, ¿solo se trata de eso?
  • ¿Gestionar nuestra marca personal nos cosifica?

Y te anticipo que te sorprenderás muyyyyyy agradablemente, porque en ese último trabajo, entre muchas y diversas aportaciones de grandes especialistas, te traigo un grupo de propuestas del propio Amalio Rey que contribuyen a sustentar, desde su propia práctica, lo que este importante y prestigioso profesional critica y cuestiona de y sobre la marca personal. ¡Ya lo verás!

Hasta entonces, te dejo con mi cálido y acostumbrado brand/abrazo, y los mejores deseos de tu siempre amigo,

Vladimir

En defensa de la marca personal (parte 3 de 5), por @Prof_EstradaMsc

Amigo lector:

Recibe mi más cordial y afectuoso saludo en la continuación de esta serie de artículos  En defensa de la marca personal, que como sabes vengo desarrollando aquí durante cinco semanas consecutivas gracias a la sugerencia de mi amigo y colega Guillem Recolons. Ya te he comentado, en la primera y la segunda entregas de la serie, que la mayor parte de su contenido se generó como parte de mi respuesta a la novena pregunta que me hizo el Maestro Jordi Collell en nuestra reciente entrevista bidireccional transoceánica; pero ese contenido ha sido ampliado, también enriquecido con algunos nuevos elementos, y han surgido nuevas zonas temáticas para esta interacción con el reconocido experto Amalio Rey, cuyo artículo El lado oscuro de la marca personal fue la semilla del presente debate. En dichas zonas, abordo con cierta amplitud algunos aspectos no incluidos en la respuesta original, pero imprescindibles para el tratamiento del tema. 

Hoy te propongo mi respuesta a la siguiente interrogante:

¿Hacer personal branding correctamente nos convierte necesariamente en seres individualistas?

Como de seguro aprecias, se trata de un asunto delicado y de altísimo potencial para el análisis y la polémica desarrolladora, si lo asumimos como debemos hacerlo: con plena intención de aportar valor de utilidad social. Espero tu amable participación en este proceso, amigo lector. Gracias por ser, por estar, por acompañarme hoy y siempre. 

Dice Amalio:

“Otra dimensión que me genera inquietud de la marca personal como paradigma es su exagerado énfasis individualista. Aunque esto merecería un post aparte, sólo voy a avanzar el argumento. La idea de centrarse tanto en uno mismo forma parte de una tendencia, digamos que bastante narcisista, de necesitar ‘ser diferentes’ y ‘destacar’ sobre los demás”.

Mi comentario:

Esta tendencia, lamentable y todavía muy extendida –a la cual me he referido en la respuesta # 9 de mi reciente entrevista con Joan Clotet, y también en mis trabajos Marca personal: no eres (ni puedes ser, ni debes sentirte) el modelo universal, Marca personal: diez vacunas protectoras contra el “egovirus”, y en otra cuerda, Cómo escribir “guías definitivas”: ¡LA GUÍA DEFINITIVA!, entre otros textos-, ES UNA GRAN DISTORSIÓN DEL CONCEPTO, sobre todo entendiéndolo desde su evolución -más o menos reciente en términos de difusión- hacia los procesos de aportación de valor como fuente generadora de marca personal. El concepto no incluye, ni promueve que se asuma, una perspectiva individualista, al contrario; promueve y estimula enfocarnos en la satisfacción de las necesidades de los demás y dejar en ellos nuestra marca personal gracias al valor aportado a ellos. Tom Peters lo expresó desde la portada misma de su obra 50 claves para hacer de usted una marca -el primer gran clásico del tema, en mi opinión-: “Deje de ser un empleado y conviértase en una marca que transmita distinción, compromiso y pasión”. ¿Cuál de estas tres condiciones a transmitir, puede definirnos per se como “individualistas” en un ambiente organizacional? Y su combinación, mucho menos, ¿verdad?

Dice el gurú Seth Godin -en su tremendo texto Linchpin: ¿Eres imprescindible?, del cual te propondré varias citas en una de las siguientes entregas- (por cierto, esta que te enlazo es una buena reseña del gran profesional David Cantoné), lo siguiente:

La única manera de obtener lo que vales es destacar, ejercer un trabajo emocional, ser considerado imprescindible y producir interacciones que resulten muy importantes para las organizaciones y las personas.

Esto, que definitivamente nos habla de marca personal (sabido es que este gran experto la cultiva y promueve, y profundizaremos al respecto más adelante, en las siguientes entregas de la serie), ¿suena de alguna bendita forma a individualismo? ¿O más bien nos convoca a aportar muchísimo valor de utilidad social?

Andrés también lo viene diciendo y demostrando desde inicios de su andadura profesional en el tema. Por ejemplo, así (¡¡¡¡¡ 2005 !!!!!):

“La marca personal parte de dos ideas fundamentales, el conocimiento de uno mismo y el establecimiento de relaciones satisfactorias con los demás que son los que realmente hacen la marca. Y eso por una razón muy fácil de entender y es que una marca personal fuerte no puede existir por sí sola, aislada. Solo puede desarrollarse y fortalecerse mediante la satisfacción de las necesidades (materiales o espirituales) del prójimo. La grandeza del concepto de marca propia es que es aplicable en la vida personal y profesional ya que el prójimo es cualquiera que tenga relación con nosotros, parientes, compañeros, jefes, amigosPor lo tanto, una persona que trate de establecer una marca egoísta no tiene ninguna posibilidad de perdurar. Uno de los fundamentos de la marca personal es la existencia de unos valores sólidos y positivos.

Detrás de este concepto hay muchas herramientas de gestión, pero tambien utiliza ideas surgidas en la humanidad durante siglos de sabiduría, toma elementos de los filósofos que nos enseñaron la necesidad del descubrimiento de uno mismo, hunde sus raíces en el cristianismo (ama al prójimo como a ti mismo), pero también en otras corrientes filosóficas y espirituales milenarias.

La marca personal es justo lo contrario de metodologías sofisticadas, es la búsqueda de lo auténtico, de lo simple, de lo humano, y eso se traduce en “si quieres tener una vida plena, haz por los demás lo que quisieras para ti”. En el fondo, ¿el éxito del marketing no reside en la satisfacción de las necesidades de los demás?

Piensa una cosa, si te murieses ahora, ¿podrías irte con la satisfacción de que has creado algo valioso? ¿Qué has hecho por los demás? ¿Has aprovechado toda tu capacidad? ¿Te vas dejando un mundo mejor?

Pues bien, la marca personal busca el desarrollo personal y profesional. Salir del rebaño.

¿Se puede acusar a Pau Gasol de egoísta o individualista por tratar de ser el mejor? ¿Por tratar de lograr el éxito? ¿No es eso beneficioso para su equipo además de para sí mismo? ¿Se puede decir que tratar de ganar al equipo contrario es fomentar la competitividad? Venga ya…

¿No alcanzó la excelencia la Madre Teresa de Calcuta? Quizás su ambición fue la mayor de todas, la de agradar a Dios mediante la ayuda a los demás. ¿Es eso egoísta o ambicioso?

Estos son solo dos ejemplos muy diferentes de lo que significa el concepto de Marca Personal, pero de dos personas en las que se puede personificar la excelencia, la distinción, los valores.

Por lo tanto, creo que queda claro que una marca propia implica la búsqueda constante de la mejora personal mediante la satisfacción de las necesidades de los demás. ¿Quién puede estar tan ciego que diga que eso no supone una revolución en la empresa y en el entorno personal?

SÉ DIFERENTE, PIENSA POR TI MISMO, CREA TU MARCA Y HAZLO POR LOS DEMÁS” (hasta aquí la cita de Andrés; las negritas son mías).

Muyyyyyyyyyy claro, ¿verdad?

Y algunos meses más tarde (digamos, en este 2019) el Maestro nos ha propuesto verdades como estas:

“…creo que es importante no verse nunca como el centro de atención, no tratar de acaparar las miradas simplemente ‘porque tú lo vales’. Nosotros no somos los protagonistas. Pensar de esa manera es la forma más fácil de acabar creyendo que las personas somos productos.

Lo realmente relevante es lo que ofrecemos, lo que damos, lo que aportamos. Nosotros somos simples canales de comunicación para divulgar ideas, consejos y para escuchar lo que otros quieren transmitirnos.

Lo que queda es la huella, la señal, el sello.

Ojo, aquí no estoy hablando de un mundo de bondad y generosidad cercana a la santidad. Estoy diciendo también que hay que ganarse la vida con eso que podemos aportar. Pero, en cualquier caso, nos convertimos en personas interesantes cuando, valga la perogrullada, lo que hacemos tiene algún interés para alguien.

quienes no se empeñan en ser el centro de atención, tienen una mayor capacidad de escucha, son mucho más selectivos a la hora de establecer relaciones, no se ofenden cuando no les están dorando la píldora constantemente, se centran en lo que hacen y no en lo que parecen.

Que quede claro que aquí no estoy hablando de esa modestia o humildad letal que te empuja no sólo a esconderte tú, sino también lo que haces.

Una cosa es no ponerte debajo de cualquier foco que pueda iluminarte y otra muy distinta ocultar tu trabajo bajo siete llaves. Son tus ideas, consejos e historias lo que debes divulgar siempre que tengas la oportunidad.

Ahí está la clave de lo que te estoy contando.

Si no te gusta que se centren en ti, debes encontrar el modo de desviar su mirada hacia lo que haces. Debes actuar como un mago que consigue que la gente observe lo que le interesa.

Quizás estás pensando ‘¿Por qué debo complicarme la vida?’, pues por una parte porque tal y como se están poniendo las cosas, no podemos esperar a que nadie reconozca nuestro trabajo sin conocer nuestro trabajo.

Y en segundo lugar, porque serías un canalla egoísta si permites que tus ideas se queden dentro de ti (hasta aquí la cita de Andrés; las negritas son mías).

¿Alguna duda, por favor?

Guillem también lo ha planteado, sustentado y demostrado decenas de veces; por ejemplo, así:

  • “Una de mis definiciones de Personal Branding es: el arte de invertir en ti en base al Valor que aportas a los demás. Invertir en ti no es egoísmo si luego vuelcas el conocimiento y la experiencia en ideas que mejoren la vida de los demás.

Por contra, sería egoísmo si lo que aprendes lo usas para tu propio beneficio únicamente. Estoy muy de acuerdo con Chris Litster, CEO de Buildium, al que referí hace pocas semanas en el post Liderazgo, vulnerabilidad y marca personal: Nuestra prioridad debe ser servir a las personas al planeta y los beneficios (por ese orden). Cuando inviertes el orden, eso es egoísmo” (¿Eres de los que confunde autoestima con egoísmo?).

  • “El personal branding es el proceso de gestión para que nuestra marca personal vaya alineada a nuestros objetivos…y a los de nuestros clientes. Por tanto, conocer su feedback nos permitirá saber si vamos en la buena vía o estamos pendientes de un hilo” (¿Debería importarte lo que piensen los demás de ti?).
  • “Desde la perspectiva de marca personal, el no mostrar la diferencia nos convierte en borregos autómatas. Pero vigilemos con ser diferentes sin más…

Yo apelo a la diferencia relevante. Cuando trabajamos la propuesta de valor personal siempre nos preguntamos ¿por qué nos deberían elegir a nosotros? Y la respuesta 1 es porque podemos resolver un problema o satisfacer una necesidad. Y la dos es porque lo hacemos de una forma distinta. Una y otra respuestas se complementan, se necesitan” (¿Qué mueve la conformidad social? (El experimento de Asch)).

  • “…ya está bien de viajar solo por ver lugares bonitos, probar platos únicos, yo quiero viajar para conocer a gente diferente a mí, emborracharme de su cultura, sus ideas, sus razones. No podré pensar como ellos, pero podré comprender por qué hacen lo que hacen, piden lo que piden, o aman como aman” (Imagina ser otra persona por una semana).
  • “Cierto, la palabra ‘Personal’ despista.

No culpo a quienes puedan pensar que personal branding, entendido como la gestión de nuestra marca personal, va de nosotros. Cada semana leo artículos contra la marca personal de autores que no se han molestado en leer un libro. La realidad es que la palabra marca y su proceso, el branding, implica siempre sumar valor. Suelo repetir que sin valor no hay marca.

Si llegas a este blog por primera vez y no sabías que marca personal no es personal, perdona por la confusión. Quédate con una idea: marca personal es lo que proyectamos en los demás, y personal branding es analizar la forma de sumar valor a los demás” (Personal Branding no es hablar de ti, es sumar valor a tus clientes).

  • “Tu reputación (positiva) llegará cuando lo que pienses, digas y hagas esté alineado, comporte valor, y sea diferente a lo que ya existe. La marca personal es la huella que dejamos en los demás. Y si es positiva y anclada en una propuesta de valor potente, generará un reconocimiento (reputación) positivo” (La paradoja de la Marca personal).

Mucha luz sobre el punto, ¿verdad?

Usted mismo, Maestro Jordi, es uno de los que más y mejor aboga por la concepción y gestión correcta de este vital asunto. Me gustan y me marcan particularmente expresiones como las que cito a continuación, procedentes de su gran artículo No ser uno más, ser el elegido (y perdone que lo cite tan in extenso precisamente en este trascendental artículo cuyo título aparenta sugerir coincidencias con lo que aquí venimos precisamente cuestionando –texto adentro, nuestra gran verdad se impone, jejeje-; pero definitivamente, LO VALE, Y MUCHO):

  • “Presencia y ausencia son dos formas de tratar el recuerdo y van unidas al concepto de marca personal. Saint-Exupery decía en su libro Carta a un Rehén algo así como que a los muertos hay que hacerlos muertos porque es en su papel de muertos que recuperan de alguna forma su presencia. Es el gran poder de la marca de las personas”.
  • “El poder de cada uno es enorme si sabemos distanciarnos de la masa para ser precisa y simplemente nosotros, sabiendo estar al mismo tiempo al mismo nivel que los demás. Estar lejos significa aislamiento, confundirse representa rebajarse, distinguirse aunque sea por la capacidad de mirar más lejos, es reafirmar la identidad para ser tenido en cuenta”.
  • “Para ser digno de confianza tienes que ser como los demás, codo a codo, compartiendo las asperezas y las mieles del día a día pero aportando un toque diferencial”.
  • “Pensar en los demás, en aquello que puedes hacer por ellos, tener una propuesta de valor, te acerca y al mismo tiempo te distingue”.
  • “Si vives de acuerdo con unos principios que hacen que te respetes a ti mismo y a los demás, te sitúas más cerca de su corazón y te acaban recordando”.
  • “Si te distingues, pero sigues al lado de los que te necesitan, acabarás siendo elegido, no lo dudes. Que te elijan es una consecuencia natural que ni sale de la nada ni se improvisa, sino que se crea con el trabajo diario”.
  • “Y cuando no estás, los demás no sólo hablan bien de ti sino que te echan de menos y el poder de tu marca les sigue iluminando durante tu ausencia aunque esta sea permanente. Al final tu marca te trasciende”.

Y cierto tiempo después —digamos, en esta misma entrevista-, usted se ha referido al tema de la siguiente forma:

  • La diferencia es la sal de la vida”. Sin alteridad no tendría sentido hablar de personalidad; sin diferencia, sin los demás, no tendría sentido dejar huella. Somos lo que somos y quienes somos porque existen los demás que nos modelan, y “los demás” son el paradigma de la diferencia. Querer homogeneizar a las personas, pretender crear patrones de comportamiento y de pensamiento, es tan letal como el peor de los venenos, porque mata lo que nos alimenta: la diferencia.

Poco o nada que agregar, ¿cierto?

También Eva sustenta a cada rato la posición que aquí defiendo (“El ego en sí mismo (y en su justa medida) es bueno y necesario, porque nos empodera en autoestima y nos pone en valor. El problema llega cuando te vuelves en cierta manera adicto a ‘ser importante’ y se convierte en el eje de todas tus acciones creyéndote más bueno en todo que los demás”), al igual que lo hacen:

…y otros muchos colegas; y por mi parte, ha sido y sigue siendo una de mis preocupaciones fundamentales como practicante y defensor de la marca personal, y me he referido a ello en varios trabajos. Por ejemplo, La marca personal y su posicionamiento, Marca personal y propuesta de valor: ¿te ayudo, o me gano la vida ayudándote?, Marca personal y propuesta de valor: la importancia estratégica del enfoque, y en mi respuesta a la pregunta # 9 que me hizo Joan en nuestra entrevista -acerca de los tres pecados capitales en la gestión de nuestra marca personal-, así:

“Sin la menor duda para mí: aunque no son los únicos, los tres principales pecados a evitar en el branding personal son, a mi juicio, la egolatría, la mentira y/o distorsión de la verdad, y el egoísmo. No sé si en ese orden, y las tres cosas de algún modo relacionadas entre ellas y posiblemente con otros muchos pecados; pero las tres son causas indiscutibles de la merma en el aporte de valor a sus públicos que debe caracterizar a toda marca personal que aspire a un posicionamiento favorable sostenido y sostenible, y por supuesto, a trascender. Y también por supuesto, más temprano que tarde, lo destruyen”. Y avanzando en dicha respuesta, desarrollo los tres pecados, desde mi visión y la de otros colegas.

Queda claro, ¿verdad?

En la propia entrevista con Joan, he propuesto al respecto lo siguiente:

aportar verdadero valor a tus públicos pasa entre otras cosas por poner a su disposición y alcance la mayor cantidad de contenidos de la mayor calidad y variedad que tú puedas entregarles acerca del tema que tratas. No te posicionas favorablemente vendiéndote como el mejor, menos aún como el “único” (entre otras razones, por una muy sencilla: no lo eres). Te posicionas favorablemente sirviéndoles a esos públicos lo mejor de tu campo y tema, parte de lo cual puede ser tuyo, y seguramente muuuuucho más ha sido propuesto por otros autores. Nadie es, ni debe considerarse a sí mismo, como LA VOZ de un tema, sabiendo que hay tanta gente trabajadora y competente en tantos lugares proponiendo con calidad sobre él.

Desaprender esa mala práctica individualista, y aprender y practicar su opuesta, puede ser decisivo para el posicionamiento de una marca personal en una época como la actual, cuando el conocimiento se ha vuelto tan fácilmente accesible para tantas personas en el mundo. Y si tú aspiras a posicionarte bien, difundir éticamente lo mejor del conocimiento generado por otros autores como parte de tu producción intelectual, te proyecta y posiciona ante tus públicos como un verdadero experto, muchísimo más que si solo propones tus propias ideas”.

Y en la misma entrevista he sugerido revisar mucho más material propuesto por diferentes colegas acerca de este tema: “…por ejemplo, esto y esto de Andrés, esto y esto de Guillem, esto de David, esto de Neus, esto y esto de Jordi, esto y esto de Elena, esto y esto de Graciela, esto de Meme -invitada en el blog de Silvia-, la serie de tuits didácticos y orientadores de Arancha y este post suyo, esto de Pablo, esto de Joan, esto de Fran, esto de Yael, esto de Marco -invitado en el blog de Integra Personal Branding-, esto de Tino Fernández -con participaciones de lujo como las de Carlos Rebate, Andrés Pérez Ortega, Margarita Mayo y Silvia Leal,…”…¿Será que resulta suficiente?

Y a estas alturas, creo que va quedando cada vez más claro que “eso” a lo que bien se refiere Amalio -porque él tiene razón: es verdad que está sucediendo, doy fe de ello, y toda nuestra tribu y los lectores que me siguen saben que desde hace mucho combato dicha insana tendencia con todas mis fuerzas-, ESO, REPITO, NO ES LA VERDADERA GESTIÓN DE MARCA PERSONAL. La huella que dejamos en los demás a partir de lo que somos, hacemos y logramos, puede y debe ser gestionada desde la autenticidad, de modos que estas tres dimensiones nos reflejen realmente y nos permitan ser aceptables y aceptados por quienes nos rodean, en la similitud o en la diferencia, como las personas que realmente somos y no como burdas imitaciones de otros o vulgares disfraces de nosotros mismos. Por tanto, Amalio puede estar tranquilo en este sentido, como lo estamos todos los que creemos en la práctica correcta de la marca personal, y así la defendemos.

Un elemento más, ya de índole algo más conceptual: personalmente, yo no considero que la necesidad de ser y sentirnos diferentes equivalga necesariamente a narcisismo, al menos en la acepción correcta de este concepto, que está clasificado y es tratado profesionalmente como un trastorno de la personalidad. Es más: ni siquiera la de destacar. Pueden existir múltiples necesidades individuales generadoras de motivos y de acciones de gestión en este sentido, y que ninguno de ellos esté directa ni indirectamente asociado a lo que ese concepto involucra; muchos de los diferentes abordajes del asunto que han sido desarrollados desde Maslow a la fecha así lo demuestran.

En un tremendo post de antología escrito en 2018 que he citado varias veces y seguiré citando (Diferenciarse no funciona), David se ha pronunciado del siguiente modo –y magistralmente– sobre la diferenciación profesional:

“Lo que marca la diferencia es tu manera de hacer las cosas, básicamente porque tu manera de hacer las cosas es el único medio que tienes para hacer visible eso que te distingue de los demás, y que ya tienes incorporado de serie.

…pero ojo, cuando me refiero a ‘tu manera de hacer las cosas’, me refiero a HACERLAS… porque ya puedes tener tal o cual manera de hacer las cosas, que si no las haces lo único que estarás marcando será tu inacción y tu invisibilidad.

…y ojo, será definitiva la manera que tengas de poner empeño en lo que hagas, tu forma de hacer real el esfuerzo y el interés sobre las cosas y, sobre todo, de sostener tu acción en el tiempo.”

Queda muyyyyyyyyy claro, ¿verdad? No se trata de la diferencia por la diferencia, ni de que la busquemos a ultranza, porque diferentes ya somos desde que nacemos. Se trata de que hagamos lo que debemos y nos corresponde hacer, y lo hagamos de un modo que defina, establezca y proyecte al entorno nuestra manera diferente de hacer, en la fe de que allá afuera puede y debe haber gente que quiera y necesite esa manera de hacerlas, y no otra, definida exclusivamente desde y por la persona que somos, y no por otra (¿y qué hay de malo en eso, por Dios?). Esto es algo a lo que me he referido en mi trabajo de 2016 Marca personal: construir voz propia y expresarse desde ella:

“4- Trabaja como eres.

Tu forma de trabajar, en lo que sea que hagas profesionalmente, dice muchísimo de ti, y es un factor crítico de tu marca personal. Por tanto, no tienes otra opción que hacer coincidir el grito de tu voz propia con lo que quieres que sea escuchado y asumido sobre tu ser y hacer laboral/profesional.

¿Quieres ser considerado como serio, dedicado, riguroso, estricto, colaborador, innovador, productivo? Pues que tu voz (la expresión de tu marca) lo grite cuando estés trabajando. Que al verte en acción, y/o al ver y comparar varias muestras de trabajo tuyas y de otras personas, no quede otro remedio que decir de ti: esto lo hizo Fulano, esa tremenda calidad es solo suya. Solo él lo hace así”.

¿Le funciona, Maestro? ¿Hay algún problema en pretender la diferencia profesional, o de algún modo ello nos define en sentido negativo?

Vuelvo brevemente al punto de origen: la sugerencia que acerca la necesidad de diferenciarse y la de destacar, al narcisismo. Si nos fuéramos por la acepción más “popular” y socialmente asumida del concepto narcisismo -la que lo equipara o aproxima a la “egolatría” expresada en autobombo, con sustento o sin él-, pues tampoco me parece que querer ser diferente a la media y destacar por un buen desempeño resulten necesariamente actitudes narcisistas. Porque ello responde a necesidades humanas normales y corrientes, de esas que la mayoría de las personas tenemos -lo expresemos o no-, y que de diferentes formas necesitamos satisfacer para ser felices.

En mi trabajo de 2017 Marca personal: del ser que somos al ser que proyectamos, he efectuado una aproximación entre las necesidades humanas y la marca personal, con sustento en los modelos de Maslow y de Covey acerca de aquellas. Pero esa es solo mi opinión personal, tan discutible como todo lo que escribo aquí y en todas partes en que lo hago; y podemos continuar analizándola y debatiendo al respecto, inclusive, consultando a especialistas en el tema cuyas aportaciones nos aclaren más la ruta analítica a todos.

Una última precisión, por ahora y por mi parte. El concepto marca personal ha crecido muchísimo, y en diversos sentidos, desde Tom Peters hasta la actualidad; ya no cabe ni funciona limitarlo a sus ámbitos operativos e instrumentales, tales como los diversos artificios digitales generadores de visibilidad online. Por mencionar solo un ejemplo ilustrativo sobre algo que me consta, en la última década y media han sido defendidas exitosamente en diversos países un grupo -todavía limitado, pero va in crescendo- de Tesis Doctorales (en el ámbito español, por ejemplo, esta, esta, esta y esta, cuya lectura, estudio y cita obviamente recomiendo); cientos de Tesis de Maestría (tengo el honor de haber dirigido 28 de ellas hasta la fecha, basadas en modelos de intervención de mi autoría, aplicados por mis estudiantes, y vienen muchas más en camino); otra gran cifra de trabajos de grado en el nivel Licenciatura e Ingeniería, y se multiplican por mucho las propuestas investigativas que anualmente nacen al respecto (vuelvo a Guillem en su comentario al post de Amalio, cuando nos dice que “Ninguna disciplina es perfecta si no sigue una mínima disciplina, y tratar de colocar un tejado cuando no hay cimientos ni estructura es, por lo menos, difícil”; COMO SIEMPRE, GENIAL, MAESTRO Y AMIGO).

Todo ello demuestra que hay muchísima gente investigando, aprendiendo y proponiendo sobre marca personal; conviene que todos sigamos estudiando sus evoluciones teóricas y metodológicas, así como las formas en que viene siendo desarrollado y practicado (como muy bien afirma David en su aún caliente post ya citado, “…un entorno en el que los conceptos no se van a desarrollar (porque no se cuestionan), se favorece el status quo establecido, y caemos en la repetición infinita de las mismas cosas una y otra vez… manteniendo la sonrisa pero sin nada nuevo a la vista… a-go-ta-dor…”. Este tema está en pleno crecimiento, y así como hay tendencias negativas como las muy bien reseñadas por Amalio (y me encanta que profesionales de su nivel expresen estas preocupaciones, pues ello nos ayuda y aporta muchísimo a todos), hay otras muchas positivas que despiertan optimismo y motivan más trabajo. Próximamente actualizaré y ampliaré mi artículo Marca personal: tendencias, análisis y estrategias 2015/2016, pues tres años son demasiado tiempo; y tal como el concepto ha crecido, reitero que quienes lo practicamos lo seguimos estudiando y debemos continuar haciéndolo. Veremos qué novedades y/o tendencias puedo proponer en este sentido, y ojalá haya nuevas que nos exijan más dedicación intensa y genuina al desarrollo conceptual, metodológico y práctico para que continúe el fortalecimiento del campo.

Finalmente, en relación con el que en mi opinión resulta el punto nodal de todo este análisis motivado por Amalio Rey –¡GRACIAS, DISTINGUIDO Y RESPETADO COLEGA!-, en función de sus complejas implicaciones y consecuencias (me refiero al “dilema” entre la integración y la “desintegración” personal/profesional), y tal como lo anuncié hace algunos párrafos, cito de nuevo a Andrés:

“El elemento personal, las opiniones, la pasión, los valores, las fobias o las creencias de cada profesional consiguen que alguien deje de ser uno más y se convierta en alguien con alma. Evidentemente eso va a provocar que quienes no sintonizan con esa persona es muy probable que queden fuera del círculo. Para el resto se producirá una conexión, un vínculo muy difícil de romper porque pasa a ser ‘Uno de los nuestros’.

Por lo tanto, creo que es absurdo tratar de separar lo profesional de lo personal. Un aspecto influye en el otro y viceversa. Ambos se enriquecen. Desde el punto de vista de la Marca Personal, un profesional que no incluya su toque o su visión personal se queda a medias. Ojo, no estoy diciendo que un piloto tenga que dar su toque personal cuando maneja un avión, pero puede diferenciarse en el trato a los pasajeros cuando proporciona información sobre el vuelo.

Un profesional que tenga las ideas muy claras puede llegar a molestar a algunas personas. Pero esas mismas ideas son las que pueden entusiasmar a otras. La clave no está en eliminar las opiniones propias y dejar tu profesionalidad en algo neutro y gris para contentar a todos, sino en hacer tu trabajo lo mejor posible sin convertirte en un robot”.

Para mí, y al menos por hoy, esto cierra el punto. Y creo que todo este debate está en la línea de su pregunta sobre lo que hoy necesita el personal branding para que perdure como concepto y entre en el top of mind individual. ¿Qué piensa usted, Maestro Jordi? 

Sentada mi posición, y en espera de poder continuar debatiendo al respecto con Amalio y otros destacados colegas que ya lo han hecho -y por qué no, también con otros profesionales que sustenten puntos de vista opuestos al nuestro sobre tan apasionante tema, a quienes muy respetuosamente invito a expresarse al respecto-, paso a proponerle la dinámica de asunción, asimilación, desarrollo, masificación y posicionamiento conceptual sobre la cual le hablé algunos párrafos más arriba, Maestro. Curiosamente –y no casualmente, no creo en las casualidades-, es de la misma fuente sobre la cual Amalio ha hecho un abordaje crítico en el excelente artículo suyo que acabo de comentar (esta parte de la respuesta ya estaba escrita cuando él publicó ese post).

Amigo lector:

Hasta aquí la parte de la respuesta original (correspondiente al tema personal branding e individualismo) que di al Maestro Jordi Collell en nuestra reciente entrevista bidireccional transoceánica -con algunas inclusiones breves de nuevo contenido-, la cual he dejado hasta el punto conveniente para el tema de hoy; es un poco más extensa, pues aborda otro aspecto que aquí, para este debate, no nos interesa tanto. Ahora incluiré un elemento que contradice un tanto una parte del sentido inicial, pues al principio yo consideraba que las críticas de Amalio solo iban dirigidas a quienes desvirtúan el concepto con su mala práctica

Luego de publicada la entrevista con Jordi, he podido leer un comentario en el post de Amalio, a través del cual él debate con Guillem y ya ataca directamente al concepto y su esencia, no solo sus malas aplicaciones. O sea: ya la mirada de Amalio resulta crítica en el sentido conceptual y temático, no únicamente acerca de las incorrectas manifestaciones visibles de su práctica que pueden hacerlo “lucir mal”, lo cual había sido mi interpretación inicial tras la lectura del interesante artículo suyo que ha dado origen a todo este debate. 

Dado este nuevo giro del asunto, me enfoco ahora en ese comentario de Amalio, partiendo de otro efectuado por Guillem (al cual responde), y procuraré ofrecer una respuesta pertinente. Vamos a ello.

¡Y ese “ello”, amigo lector, será abordado en otra entrega de esta serie, la siguiente semana! 

Hasta aquí esta tercera parte de la serie, amigo lector. ¿Qué reflexiones te surgen sobre los diferentes aspectos abordados? ¿Será real y está objetivamente sustentada la afirmación de que el personal branding promueve el individualismo, o más bien las manifestaciones de este fenómeno incorrectamente asociadas al personal proceso desarrollador del cual estamos hablando, constituyen feas  e improcedentes distorsiones del concepto y su práctica? ¿Qué piensas tú, qué te dicen sobre esto tus estudios y tu experiencia?

Sería excelente que te manifiestes al respecto, ya sea aquí en el espacio para comentarios del Blog del Personal Branding, o en las redes que compartimos, o en otro trabajo que te decidas a escribir para abordar este interesantísimo y polémico asunto. O tal vez en un breve video en Youtube, o en Instagram, o en Twitter, o en Facebook, o en LinkedIn; o quizás en un audio transmitido a través del podcast que gestionas, en fin…¡De tu aportación podemos aprender todos! ¡Súmate al debate!

El próximo viernes podrás leer aquí la cuarta entrega de la serie, con las respuestas que propongo a la siguiente y muyyyyyy compleja interrogante:

¿Los problemas de la marca personal tienen su verdadera base en la construcción errónea del concepto, o en su mala aplicación? En uno u otro caso, ¿cómo entenderlo, y abordarlo?

Y te anticipo algo: en ese cuarto trabajo, para hablar de la conexión entre marca y marca personal, y demostrar unas cuantas cosas al respecto, tendrás la ampliamente avaladora visita de firmas tan mundialmente prestigiosas e impactantes como las de Tom Peters, Al y Laura Ries, Philip Kotler, Seth Godin, Kevin Lane Keller, Kevin RobertsPaul Capriotti, junto a las de un numeroso grupo de nuestros excelentes y prestigiosos colegas de quienes siempre aprendo y a quienes habitualmente cito, dedicados a la promoción de la práctica correcta del branding personal…¡No te puedes perder ese desfile de imprescindibles, con sus relevantes y esclarecedoras aportaciones!

Hasta entonces, te dejo con un fuerte y cálido brand/abrazo caribeño de tu siempre amigo…

Vladimir

En defensa de la marca personal (Parte 2 de 5), por @Prof_EstradaMSc

Amigo lector:

Recibe mi más cordial y afectuoso saludo en esta segunda entrega de la serie En defensa de la marca personal. Como ya sabes si leíste la primera parte, se trata de cinco artículos de publicación semanal consecutiva que estoy proponiendo en respuesta a la sugerencia de mi amigo y colega, el Maestro Guillem Recolons, en los cuales procuro aportar respuestas a algunas interrogantes derivadas de las críticas y los cuestionamientos hechos por el reconocido profesional español Amalio Rey al concepto marca personal y a su práctica, en un artículo recientemente publicado en su blog. Y aunque esta vez me he centrado en debatir con Amalio, debes saber que él no es ni mucho menos el único que cuestiona y critica el concepto que aquí trabajamos, y su práctica; precisamente por eso es tan importante debatir al respecto, para demostrar las bondades y virtudes de la marca personal y su gestión correcta y efectiva, y también para aprender de las buenas críticas que recibamos, y con base en ello, mejorar sistemáticamente nuestros desempeños en el personal branding. 

Las preguntas a las que daré respuesta hoy -tomado todo ello de mi reciente entrevista bidireccional transoceánica con el Maestro Jordi Collell– son las siguientes:

  1. ¿Solo podemos y debemos gestionar la componente profesional de nuestra marca personal?
  2. ¿El personal branding supone la construcción, adopción y “venta” de una “identidad calculada”?

Se trata de dos temas muy polémicos y que generan mucho debate entre quienes defendemos el concepto y sus buenas prácticas, y quienes lo cuestionan, critican, rechazan o descalifican. Espero poder presentar argumentos suficientes y pertinentes en cada uno de estos cinco trabajos, en defensa de las posiciones que los practicantes, adeptos y creyentes en el personal branding sostenemos y procuramos avalar con nuestros desempeños profesionales en el campo. Y por otra parte, aclaro que el análisis que hago no es en modo alguno exhaustivo ni lo considero acabado; solo he seleccionado algunos fragmentos del post de Amalio, que me han parecido los más pertinentes para explicar a partir de ellos las posiciones que sostengo (aunque sin descontextualizarlos en modo alguno, que no es de eso que se trata este proceso). Pero en dicho artículo, y en el debate generado por los comentarios que aparecen debajo del mismo, hay mucha más materia de análisis; de hecho, la cuarta y la quinta de mis cinco entregas se concentran bastante en algunas zonas de dicho debate.   

Y conste lo siguiente: ya he pensado seriamente en regresar más adelante sobre el tema (será en 2020, si la fuerza me acompaña), retomando algunas otras de las ideas propuestas por Amalio y evaluándolas en sintonía analítica con las de otros varios críticos del personal branding a quienes he leído -y a veces respondido– o lea en adelante, para identificar tendencias y puntos comunes de dichas posiciones cuestionadoras y/o críticas -algunas llegan a ser descalificadoras-; valorar cuáles de ellas/os pueden ayudarnos a mejorar lo que hacemos (y cómo, y cuánto, y con qué); y cuando corresponda, ofrecer los argumentos que a mi juicio puedan demostrar su impertinencia, o en casos extremos (que los hay, y me consta), la intención malsana que pueda sustentarlos.   

Avancemos pues, amigo lector. Gracias por ser, por estar, por acompañarme hoy y siempre. 

¿Solo podemos y debemos gestionar la componente profesional de nuestra marca personal?

Dice Amalio:

Andrés Pérez Ortega, el profesional que, a mi juicio, ha escrito más y mejor sobre este tema, lo ve como la estrategia que permite que ‘una persona se convierta en la opción preferente en un proceso de elección’. Esto último obliga a pensar, por ejemplo, en para qué tipos de cosas nos gustaría que nos elijan, y hacerlo desde una revisión profunda de nuestras fortalezas y pasiones. Esa lectura de Andrés, si se hace desde una perspectiva estrictamente profesional, me parece útil y acertada. Yo la suscribo”.

Mi comentario:

100 % de acuerdo con Amalio, desde su positiva valoración de la obra de Andrés (con la cual coincido y así lo he expresado muchas veces) hasta su breve abordaje analítico de ella, el cual puede ser muy ampliado y estoy seguro de que Amalio lo hizo y hace. Mi única discrepancia aquí es con la evidente separación entre lo profesional y lo personal que Amalio nos propone, con lo cual yo no coincido: creo que en nuestros desempeños profesionales, inevitablemente se manifiesta explícita o implícitamente la persona que somos, desde todos los puntos de vista posibles (he hecho referencia ejemplificada a ello en mi ya citado trabajo de 2016 Sobre la marca personal de los líderes: el liderazgo político y su ejercicio son asuntos muy personales, en el cual, como parte de un breve análisis casuístico, propongo que “…no es posible tener resultados positivos en ninguna esfera de la vida profesional, despersonalizando su esencia y sentido”, y arribo luego a la conclusión de que “en una actividad profesional, todo es personal”).

Es más: considero y creo fácilmente demostrable que las situaciones que afrontamos en nuestra vida “personal” -de familia, de pareja, de salud, etc., etc.-, impactan favorable o desfavorablemente, según sea su curso, a los ejercicios profesionales que desarrollamos (y viceversa, por supuesto; pero no desarrollaré esta parte ahora, sino en otro post). Y si la persona que realmente somos no aflora de alguna forma en nuestro trabajo (por ejemplo, cuando actuamos un personaje forzándonos a “esconder” lo golpeados que estamos por algo feo que haya ocurrido en casa), ello significa que no estamos ofreciendo una imagen real de nosotros mismos; y esto puede afectarnos profesionalmente, porque nos pueden ser asignadas ciertas tareas que nuestro estado anímico no nos permitirá cumplir como se espera, por solo citar un brevísimo caso “práctico” entre tantos posibles.

Y por supuesto, la tendencia a actuar siempre o casi siempre así, nos convierte en personajes y suplanta a la persona que cada quien es. Algo en esta línea le respondí a Guillem en nuestra entrevista bidireccional de 2018, respondiendo a su pregunta # 6: “Si la autenticidad forma parte de la gestión de nuestra marca personal, ¿merece la pena mostrar abiertamente nuestras vulnerabilidades?”. A fuer de sinceros, yo creo y reitero que sí, al menos en todo lo que se relacione de una u otra forma con el trabajo profesional a realizar.

Por algo ha expresado y fundamentado el gran Howard Gardner que “las malas personas no pueden ser profesionales excelentes, no llegan a serlo nunca”, una frase cuya filosofía de base se ha convertido en una suerte de mantra para este servidor. En 2016 lo expresé así en mi artículo Marca personal: “¿creación” o gestión? (cito):

“Nuestro objetivo estratégico principal debe ser, simplemente, que cada bendita vez que una persona de nuestro entorno de incidencia y acción necesite algo relacionado con nuestra actividad profesional, piense en nosotros como primera opción, antes que en cualquier otra persona del campo.

Y observa que no escribí ‘antes que en cualquier otro profesional del campo’, sino ‘antes que en cualquier otra persona del campo’. Porque somos, primero que todo, personas. Y en mi opinión, debemos aspirar siempre a ser primera opción por ser buenas personas que -además- poseemos y vendemos un determinado expertise profesional; y no solo por este último atributo. Si únicamente destacamos para bien por nuestra excelencia profesional, hemos fracasado. La gente busca y quiere buenas personas a su alrededor, no máquinas profesionales de solución de problemas”.

Y un poco más tarde (2017, Mito # 1: La marca personal solo es para “famosos”),así: “…cuando interactuamos de cualquier forma con otros seres humanos, actuamos sobre ellos imponiéndoles carácter o dejándoles huella moral (quinta acepción del concepto marcar según el DRAE, entre otras varias que funcionan para el tema) y a partir de ello, somos y dejamos marca; o sea, somos conocidos, analizados, valorados y reconocidos de uno u otro modo –y luego recordados, eventualmente elegidos, y muchas veces recomendados– a partir de nuestras características, actuaciones y resultados de cualquier índole; todo lo cual constituye la esencia del concepto”.

Y claro, yo he vuelto sobre el tema una y otra y otra vez: esto que Amalio cuestiona representa una muy justa PREOCUPACIÓN que debe OCUPARNOS MUCHO A TODOS. Casi al final de esta respuesta propongo un cierre magistral del mismo, original de Andrés.

Este interesante y polémico asunto admite múltiples miradas más; siempre sugiero revisar al respecto el abordaje del Maestro Alfonso Alcántara sobre la “diferencia” entre marca personal y marca profesional; hoy agrego la interesante propuesta del propio Andrés titulada Marca personal, profesional y privada, en la cual nos plantea -¡todavía en 2011!- que “…cualquier profesional es, ante todo, persona”, y que “…lo que hace que un profesional consiga dejar una Marca Personal, una huella profunda, es el elemento personal. Mi experiencia me dice que una negociación puede cambiar completamente cuando se va más allá de las características técnicas de lo negociado, cuando en ambos lados de la mesa se establece una conexión emocional, una sintonía. Y eso no sucede si no entra el factor persona”. Muy claro, ¿verdad?

Y también agrego algo más de Andrés, tomado de una interesantísima entrevista suya de 2012. Disfrutemos esta añeja y muy vigente joya del Maestro:

“Si no has definido bien tu marca ni es auténtica, lo que va a ocurrir es que vas a estar soportando una serie de valores, características y cualidades que no van contigo. Es importante que esté bien definida y estructurada puesto que es para toda la vida…Es algo que va asociado a tu vida profesional y a tu vida personal”.

Poco que agregar, ¿verdad, Maestro Jordi?

Cierro el punto con una última cita de mi trabajo antes mencionado, asumiendo la política como lo que debe siempre ser: un ejercicio profesional.

“Regresemos a la política. Imaginemos un caso, por demás común y muy frecuente: dos amigos que militan en parcelas políticas diferentes, y que devienen rivales aspirando a una misma posición de gobierno o política en la eterna lucha por el poder. ¿Se resentirá o no la amistad, por antigua que sea, ante los inevitables ataques y contraataques que han de venir en el proceso? Porque, ¿cómo se demuestra que Juan no está haciendo bien su trabajo y que yo lo puedo hacer mejor, si no se ataca la gestión de Juan, y obviamente, a Juan mismo a través de su labor y resultados? No es posible evitarlo, simplemente. Lo más que puede hacerse es no mencionar a Juan por su nombre: solo hacer referencia a los problemas existentes. Pero…¿y quién es el responsable de esos problemas? ¿Y ese responsable no sentirá y resentirá el golpe? ¿Y qué sucederá después a nivel político…y sobre todo, a nivel personal-relacional?

Y conozco casos aún más complejos: matrimonios cuyos miembros militan en partidos diferentes, política y electoralmente contendientes. Y que conviven y deben educar a sus hijos en unos principios, unos valores, una ideología, una praxis, un concepto y enfoque de la vida y de cómo debe ser vivida, y una orientación ideo-política, ofreciéndoles modelos en tal sentido. Las propuestas públicas de sus respectivas organizaciones políticas en algunos o todos estos temas son radicalmente diferentes, y ellos deben buscar o construir un punto o espacio intermedio de acuerdo que no afecte ni a los hijos ni a la pareja ni a otros parientes, ni dificulte la convivencia ni tampoco choque contra sus convicciones ideo-político-partidarias…Resulta muy difícil, y no siempre se logra. ¿Y entonces? ¿Cómo separamos la política de lo personal?”

El punto actual y el que viene a continuación tienen mucho parentesco. Por ello, no nos extrañemos si algunos de mis comentarios al actual funcionan para el próximo, y viceversa. ¿Vale?

¿El personal branding supone la construcción, adopción y “venta” de una “identidad calculada”?

Dice Amalio:

El exceso empieza, a mi juicio, cuando la gestión de esa imagen profesional se mezcla deliberadamente con la personal, adoptando una estrategia de proyección pública del ‘yo persona’ que sirva para vender el ‘yo S.A.’ desde una identidad calculada (NOTA: estas últimas negritas son mías, no de Amalio). Esa mezcolanza es bastante común gracias a las omnipresentes redes sociales”. Y más adelante, al autor explica y argumenta con bastante amplitud esta posición, desde sus propios supuestos de partida.

Mi comentario:

En mi opinión, y al margen del calificativo “exceso” -al cual asocio sanamente con la posición crítica del autor, y no con otras intenciones- la clave del asunto está en el concepto que Amalio propone como “identidad calculada”. Nuestra identidad es lo que realmente somos y nuestros diferentes atributos de toda índole que permiten identificarnos; nuestra imagen -algunos autores la llaman “identidad percibida”, entre ellos Guillem en este breve e interesantísimo post– es lo que los demás perciben de nosotros y cómo nos analizan, valoran y posicionan en sus mentes a partir de eso. Si distorsionamos deliberadamente determinados aspectos de nuestra identidad para ofrecer como imagen un disfraz (en las redes sociales, por ejemplo), estaremos cayendo justamente en las distorsiones de que vengo hablando en términos de gestión de marca personal; y ello no tiene por qué afectar al concepto, sino poner de manifiesto la mala práctica del branding personal por parte de quien lo hace. ¿Ante quién? En principio, ante los conocedores y practicantes serios del tema, que como he dicho al inicio de esta respuesta (y en otros trabajos como este, este y este), deben responsabilizarse por poner de manifiesto ante el gran público que esa práctica es incorrecta y no representa el concepto, y deben ser capaces de modelar las maneras correctas de hacerlo, y de formar a cada vez más personas en y para ello, y de difundir sistemáticamente contenidos que demuestren cómo se hace correctamente y las consecuencias de no hacerlo así, etc, etc. Y mientras esa actuación influenciadora vaya creciendo y cosechando buenos frutos, lo anterior irá ocurriendo ante una base cada vez mayor de públicos conocedores del concepto, y potencialmente interesados en su puesta en práctica.

El propio Amalio ha abordado esto de un modo bien interesante, en un artículo anterior al que hoy comento, así:

“…me gustaría advertir que no tengo nada contra aquellos que usan el palabro ‘Marca Personal’ como mero constructo pedagógico para ayudar a la gente a transmitir mejor (y ganarse la vida con) una identidad auténtica que emana de fortalezas genuinas. El nombre no me gusta nada, insisto, pero si el contenido es bueno, estoy dispuesto a ser menos tiquismiquis.

La contribución de estos profesionales, ‘los buenos’, la valoro positivamente si: 1) ayudan a las personas a descubrir sus potencialidades, lo que más les gusta hacer y hacen (realmente) mejor, 2) les orientan para que esas virtudes se transmitan de un modo eficiente y coherente. Esa labor, desde luego, puede ser de utilidad para mucha gente. Con eso no se hace daño a nadie, pero siempre que se gestione desde una perspectiva sistémica, de satisfacción personal, y no como un mero artefacto de marketing”.

Eso de que habla el distinguido y respetado colega Amalio es, precisamente, impartir formación y/u ofrecer asesoría en personal branding, más allá de que lo denominemos de uno u otro modo por un asunto de gustos o preferencias; como un ejemplo interesante entre muchísimos posibles, sugiero revisar el ya mencionado proyecto Ponte en Valor, de mis amigos y colegas Eva, Guillem y Fran. El proceso incluye un grupo mucho mayor de temas, obviamente, pero las primeras esencias van por ahí, junto a la identificación de las necesidades a las cuales cada quien propondrá soluciones (propuesta de valor) y las aportará (contribución, o aporte de valor), a través de lo cual se posicionará en la mente de quienes haya elegido, recibido, utilizado y valorado positivamente dicho valor (posicionamiento de marca personal).

Y uno de los principales objetivos de la formación o asesoría en personal branding (sí, muyyyyyyyyy de acuerdo: la bien hecha por los buenos), es preparar a los alumnos o clientes para EVITAR A TODA COSTA el cálculo y la construcción forzada de identidades, y más bien al contrario, trabajar y gestionar su marca desde la autenticidad, desde su verdadero yo personal y profesional (porque como muy bien Amalio plantea, ellos 1) ayudan a las personas a descubrir sus potencialidades, lo que más les gusta hacer y hacen (realmente) mejor, y 2) les orientan para que esas virtudes se transmitan de un modo eficiente y coherente). También, para establecer los procesos de mejora continua que sean requeridos para poder ofrecer sistemáticamente al entorno la mejor combinación posible de atributos, potenciales y competencias; y por supuesto, para visibilizar todo ello de las maneras correctas y ponerlo a disposición de quien lo necesita, en forma de valor. Como dice Guillem en su interesante respuesta a Amalio en los comentarios del post: “Muchos prefieren verlo como una exaltación del ego, y es porque únicamente retienen la parte de visibilidad. Es algo absurdo, como creer que debajo de la parte visible de un iceberg no hay nada”. Eso es mala praxis. La verdadera gestión de marca personal no es eso que Amalio justamente critica.

En la entrevista de 2012 antes citada, nos dice Andrés lo siguiente: “Una persona tiene una marca personal y un personaje tiene otra marca personal. Un buen ejemplo puede ser la marca personal de Harrison Ford y su marca corporativa de Indiana Jones. Si estamos creando un personaje no estamos creando una marca personal. La marca personal tiene que ser ante todo auténtica”. Autenticidad que niega por completo la posibilidad de “calcular la identidad” que vamos a ofrecerle al mundo, por cualquier vía y en cualquier soporte. Lo que otros ven de nosotros debe ser el más fiel reflejo de lo que somos, hacemos y logramos nosotros: de eso se trata la verdadera gestión de marca personal. Construir limpiamente el mejor yo personal/profesional/social que seamos capaces de construir, y ofrecerlo diáfanamente al mundo que nos rodea como fuente de valor para aportar soluciones, marcándolo así con lo mejor de nosotros.

Porque además, quienes hacen tales cosas deberían pensar inclusive en los peligros a los que se someten al hacerlo; y el no pensar en ellos nos deja muy claro que no están gestionando nada realmente personal, sino únicamente un disfraz: ni más, ni menos. Pues como nos legó Lincoln, se puede engañar a todo el mundo una parte del tiempo, o a una parte del mundo todo el tiempo; pero no es posible engañar a todo el mundo todo el tiempo. Y como he dicho antes, la verdad, terca como es, tarde o temprano aflora y desenmascara. Basta que aparezca UNA oportunidad en la que deban demostrar en la práctica todo o parte de lo que han venido vendiendo como propio sin serlo, saberlo, saber hacerlo, tenerlo, etc…¿Y entonces?

Quiero precisar un poco más este importante aspecto, acerca del cual las confusiones son muy frecuentes.

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define identidad como “Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás” y “Conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a las demás”. Ambas acepciones funcionan de modo exacto en la línea en que vengo desarrollando el punto, y reafirman el hecho de que “la construcción de una identidad calculada” es una falsificación, que obviamente, no puede ser equivalente a la marca personal de nadie, primero, porque no la refleja en su genuina realidad, y además, entre otras varias cosas, porque dicha marca no se basa únicamente en los rasgos personales ni es definida en, desde ni por la autoconciencia de la persona en cuestión. La marca personal de alguien la definen quienes rodean a esa persona y reciben el impacto de lo que ella es, hace y logra, a partir de lo cual la analizan, valoran y posicionan en sus mentes de una u otra forma, en uno u otro sentido.

El propio Diccionario nos define imagen pública como “Conjunto de rasgos que caracterizan ante la sociedad a una persona o entidad”. Las palabras clave aquí son: ante la sociedad. O sea: podemos tener una autoconciencia o una percepción de nosotros mismos que vaya en un determinado sentido (nuestra identidad), pero ello no necesariamente significa que seamos precisamente eso para quienes nos rodean. Es más: dependiendo de múltiples factores, puede suceder que para ellos seamos lo opuesto (una excelente herramienta de análisis de esta posible disonancia -entre varias existentes- es la famosa ventana de Johari). Y por otra parte, la imagen es definida a través de rasgos; las actuaciones que desarrollamos -aplicando algunos o todos esos rasgos, o sea, nuestras características personales, y también nuestras competencias profesionales-, y los resultados que obtenemos integrando espontáneamente lo que somos y lo que hacemos -o sea, siendo nosotros mismos y comportándonos como somos en cada espacio de acción: estudio, trabajo, familia, sociedad, etc.-, configuran un conjunto que se queda en la memoria de quienes nos rodean (memoria que es definida por el Diccionario como “Facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado”), gracias al cual nos posicionan de una u otra forma, y que les permite recordarnos y acudir -o no acudir- a nosotros en situaciones en las cuales podrían requerir nuestros servicios, o que simplemente les hagan evocar una frase dicha por nosotros, o un error que hayamos cometido, o algo positivo o negativo que alguien más les haya dicho acerca de nosotros, o el aporte de valor que hayamos sido capaces de hacer y que se haya traducido en soluciones…y un laaaaaaaaaargo etc. “Eso” se llama marca personal, y entre otras varias cosas, integra nuestra identidad, nuestra imagen, el recuerdo que dejamos en los demás, el posicionamiento que conseguimos en sus mentes, etc., etc., etc. Y en términos mercadotécnicos y de negocios, esa marca define mucho de nuestras oportunidades profesionales, especialmente en este mercado cada día más saturado de ofertas y más escaso en oportunidades.

Un “detalle” más, en tono interrogativo. Si coexistimos profesional o socialmente con un grupo de personas, ¿qué hay de malo ni de negativo, o por cuál motivo y en qué medida nos convierte en farsantes -o cualquier opción equivalente-, el hecho de que hagamos a conciencia un proceso de mejora personal, que nos permita ser para quienes nos rodean la mejor persona y el mejor profesional que seamos capaces de ser, lo cual nos posicionaría en sus mentes como alguien que tiene algo valioso para darles y permitiría que puedan recibir, utilizar y aprovechar el valor que podemos, debemos y queremos aportarles -y vivir decentemente de ello, si es el caso-, sin que ello implique ni signifique dejar de ser nosotros mismos, imitar a otros, falsear nuestra imagen, manipular nuestros atributos ni perder nuestra autenticidad?

Amigo lector:

Hasta aquí la segunda entrega de esta serie de artículos. ¿Qué piensas acerca de los dos temas abordados hoy? 

La semana entrante (el próximo viernes, para ser exacto) te propondré mis respuestas a la siguiente y muy compleja pregunta:

  • ¿Hacer personal branding correctamente nos convierte necesariamente en seres individualistas?

Hasta entonces, y en espera de tus opiniones, comentarios y      valoraciones en cualquier sentido, te dejo el más cordial brand/abrazo de tu siempre amigo,

Vladimir

En defensa de la marca personal (Parte 1 de 5), por @Prof_EstradaMSc

Amigo lector:

Recibe mi más cordial y afectuoso saludo en mi regreso al Blog del Personal Branding (uno de mis más queridos hogares digitales), tras casi un año sin publicar en este tan importante espacio, dedicado desde su nacimiento al desarrollo y posicionamiento internacional del concepto marca personal y de su proceso de gestión, el personal branding. 

Tenía preparado para hoy un post bastante extenso sobre el tema reflejado en el título que encabeza este post (la defensa profesional de la marca personal ante determinados ataques más o menos antiguos y otros muy recientes que viene sufriendo el concepto y su práctica); pero a sugerencia de mi amigo y colega Guillem Recolons, lo he dividido en cinco entregas que saldrán publicadas sucesivamente aquí durante igual número de semanas.   

Espero que este formato te ayude en el procesamiento gradual de la información que te estaré proponiendo sobre tan polémico y delicado asunto..

Con tu permiso y esperando tu amable comprensión, quiero dedicar esta producción a la dulce memoria de mi madre, fallecida hace pocos días, y cuya alma está en tránsito hacia el definitivo espacio de luz en que ha de morar en adelante; y seguirá inspirándome como lo hizo desde mi infancia, con su eterna, perseverante e indoblegable exigencia de lo mejor. Para ti, mami, este mi primer trabajo luego de tu partida. Ojalá te guste, mi vieja querida. Nos vemos pronto.

Muchas gracias, amigo lector. 

En esta ocasión, te propongo algo totalmente atípico en mi producción publicada en el prestigioso blog que nuevamente me honra al recibirme, y no sé si algún otro autor lo habrá hecho antes en este medio: la “extracción” de un fragmento de otro trabajo, para proponerlo al público desde aquí, recontextualizado y ampliado con algunos nuevos elementos. 

¿Cuáles razones me mueven a ello? Entre otras varias posibles, te propongo las siguientes:

  1. Dadas las características y complejidades del tema que trato en el post que ahora lees, relacionado con el concepto marca personal, su práctica, su gestión, su impacto en los públicos, su evolución, las críticas que recibe, y la marca social que ha ido cultivando, considero que este blog temático colectivo es el espacio idóneo para difundirlo y hacerlo llegar al público interesado en la marca personal, que tiene aquí un gran hogar y un óptimo espacio de información y debate. Esta es desde hace años la casa mayor del personal branding en lengua española; por tanto, es el mejor ambiente donde podemos debatir sobre ella, entre nosotros como comunidad profesional (por mi parte, yo prefiero tribu, jejeje) y con quienes deseen hacerlo con nosotros. 
  2. El artículo original donde aparece este contenido en mi blog, es muy largo, y además, multitemático; y por la significación y especificidad del tema, prefiero darle a esta propuesta la posibilidad de ser leída y valorada por nuestros públicos en un entorno que permita analizarla “en solitario”, al margen del resto de los temas allí abordados. 
  3. El concepto marca personal sigue siendo cuestionado por algunos actores sociales de cierta influencia (legítima y muy bien ganada, por demás, al menos en el caso del interlocutor con quien hoy debato); pero ello suele ocurrir desde bases y posiciones que a mi juicio no se corresponden con su realidad actual ni con su práctica correcta, como en el caso del interlocutor con quien hoy debato. Al menos hasta hoy, entre las varias críticas al personal branding que he tenido oportunidad de leer (hablo de críticas bien hechas por personas serias, competentes y respetables), no he hallado una sola ante la cual no podamos esgrimir argumentos válidos, sólidos y plenamente creíbles como sustento de la marca personal, la legitimidad que posee en su calidad de factor de desarrollo, la necesidad de su gestión efectiva, y su importancia estratégica creciente; pero no basta que podamos hacerlo, es necesario que lo hagamos. De las “otras” críticas, hechas por ciertos “críticos”, prefiero no hablar, y por supuesto, no las debato así, in extenso: no creo que valga la pena. 
  4. Considero -y lo he expresado muchas veces- que se requiere establecer líneas colectivas y comunes de acción, a nivel conceptual, metodológico y práctico, para que la defensa de la marca personal y su gestión sea objeto de consensos generados en y desde la comunidad profesional que lo practica –unidad en la diversidad-, y no de agentes aislados.
  5. Debemos perder, de una buena y definitiva vez, el miedo al debate. Debatiendo ideas, conceptos, metodologías y experiencias, aprendemos y crecemos todos si lo hacemos bien, con enfoque al tema, respeto al interlocutor, voluntad de aportar y aprender, y manifestando todo el dominio posible, tanto temático como propio.

Y sin más que decirte en este momento introductorio, te dejo con mi respuesta ampliada a  la novena pregunta que recientemente me formuló el Maestro Jordi Collell en nuestra entrevista bidireccional transoceánica:

¿Qué necesita el personal branding para que perdure como concepto y entre en el top of mind individual?

El plan temático de está serie de cinco posts está casi totalmente diseñado con base en preguntas que abordan los diferentes temas tratados. Así:

  1. Introduciendo el debate
  2. ¿Podemos o no podemos controlar la huella que dejamos en los demás?
  3. ¿Solo podemos y debemos gestionar la componente profesional de nuestra marca personal?
  4. ¿El personal branding supone la construcción, adopción y “venta” de una “identidad calculada”?
  5. ¿Es necesariamente negativo abordar con intención  mercantil/competitiva la gestión de nuestra marca personal, o más bien ello representa una necesidad/urgencia epocal? Y en todo caso, ¿solo se trata de eso?
  6. ¿Hacer personal branding correctamente nos convierte necesariamente en seres individualistas?
  7. ¿Los problemas de la marca personal tienen su verdadera base en la construcción errónea del concepto, o en su mala aplicación? En uno u otro caso, ¿cómo entenderlo, y abordarlo?
  8. ¿Gestionar nuestra marca personal nos cosifica?
  9. A modo de conclusión

Espero tu gentil intervención en este análisis, amigo lector. Recibe como siempre, mi más cordial abrazo, y la invitación a volver a leerme por aquí antes de fin de año: si la fuerza me acompaña, te propondré mi próximo artículo creado para El Blog de Soymimarca, el cual está en fase final de cocción caribeña, titulado Marca personal: no somos buenos para todo, ni tenemos por qué serlo. Si no es posible, prometo inaugurar mi próximo enero productivo aquí, con ese trabajo.

¡Seguimos juntos aquí debajo, respondiendo a Jordi! ¡Adelante, pues!

Vladimir: 

¿Qué necesita el personal branding para que perdure como concepto y entre en el top of mind individual?

Pues bien, Maestro: yo creo que principalmente (aunque no únicamente), el personal branding necesita cada vez más practicantes haciendo cada vez más correctamente las cosas correctas, para decirlo con Peter Drucker. Y que conste: como ya lo hemos definido, me refiero a la asunción del concepto como reflejo definitorio de una realidad que siempre ha existido. La marca personal no nació en 1997; ese año nació el concepto que la define, la describe y ha contribuido tanto a dárnosla a conocer, y a que la posicionemos en nuestras mentes como el poderoso recurso que ella constituye A PARTIR DEL RESULTADO QUE ELLA ES; y junto al concepto nació también, por supuesto, el germen del primer modelo formalizado de gestión de la marca personal.

En este sentido, la mejor contribución que podemos y debemos hacer al desarrollo y posicionamiento del concepto MARCA PERSONAL en el mundo se basa, a mi juicio, en cuatro pilares:

  1. En nuestro respeto a los conceptos base del personal branding (y la calidad y pertinencia conceptual, contextual y metodológica de su renovación y/o ampliación, cuando ello proceda);
  2. En nuestra buena práctica del personal branding;
  3. En la forma en que traslademos a nuestro entorno sus esencias, su metodología, sus ventajas y su potencial desarrollador (utilizando todas las vías posibles, empezando por la formación y la producción /difusión de contenidos); y por supuesto,
  4. En la buena defensa que seamos capaces de hacer de él. Porque críticos y detractores habrá siempre (con razón o sin ella, de cualquier concepto, y mucho más de uno tan revolucionario y polémico como este); y escépticos, también. Y por supuesto, habrá entre los críticos personas que lo cuestionarán de buena fe, porque choca con lo que siempre han sabido y/o creído; otras porque al no haberlo estudiado no saben muy bien de qué se trata y tienen por norma criticar todo lo que no entienden; otras, muy bien preparadas, lo hacen o harán porque sencillamente están en rotundo desacuerdo con sus postulados -y con todo el derecho, por supuesto; recordemos siempre la frase generalmente atribuida a Voltaire, cuya autora real es la escritora Evelyn Beatrice Hall: no comparto lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo)-. En fin, el mar, como diría el poeta nacional de mi Cuba bella, Nicolás Guillén.

Hay mucha preocupación (y muchas preocupaciones) entre diversos prestigiosos practicantes y no practicantes acerca del concepto, su situación actual y las distorsiones que ha sufrido o aún sufre (ya le he hablado al respecto en otra respuesta anterior). Las suscribo; al menos aquellas que identifico como válidas, en tanto responden a una legítima preocupación por el tema y sus implicaciones, y no a meros intentos de descalificación burda y gratuita –o no tan gratuita, jejeje; de todo hay en la viña del Señor– de lo que en muchos casos ni siquiera se conoce bien por parte de los “críticos”. Pero estoy tranquilo, por muchas razones, Maestro; entre ellas, las que he aducido en mi respuesta a su pregunta sobre la trascendencia de la marca personal, y otras que propondré en esta respuesta.

Me toca muyyyyyy de cerca una apasionada y apasionante reflexión recién parida que acabo de leer, propuesta por el Maestro David Barreda: uno de los colegas que me merecen mayor y más profundo respeto en lo humano y en lo profesional, por lo auténtico de su ser y sus aportes, por la evidentísima coherencia entre ambas dimensiones en su accionar, por lo exquisitamente propio de su voz, y por lo amplio, profundo y diverso de su dominio conceptual y metodológico en las áreas que trabaja, entre otras razones. Con él tengo múltiples coincidencias temáticas, suelo citarlo en mis trabajos, y tenemos conjuntamente en proceso algo que ha demorado por razones de fuerza mayor que escapan a mi control (y que incluye a otros tres o cuatro colegas del otro lado del charco); pero definitivamente, viene, y ya no tarda mucho.

Dice David:

“…un ejemplo significativo es cómo reaccionamos desde esta comunidad cuando recibimos una crítica hacia el concepto de Marca Personal o Personal Branding. Veréis, solemos actuar de dos maneras: si la crítica es absurda, cargada de contradicciones y errónea en sus planteamientos, todos nos unimos y la masacramos unánimemente… nos mostramos como un grupo unido en un mismo frente; pero si, en cambio, la crítica que se recibe no tiene contradicciones, está fundamentada y nos cuestiona sólidamente los planteamientos con los que trabajamos lo que hacemos es ignorarla… como si no existiera… la tratamos como si la hubiera escrito un hater que nos quisiera trolear… decidimos colectiva e implícitamente ‘no darle bola’…”

100 % de acuerdo con este gran profesional en el espíritu y la letra de su propuesta. En esta respuesta, Maestro, intentaré humildemente atenuarle a David al menos uno de sus motivos, o parte de él: la que muy justamente atañe a que ignoramos las críticas que nos son hechas como comunidad profesional del personal branding. Lo cual es cierto, al menos en una parte de nuestra tribu que no suele confrontar con nuestros críticos. El análisis, el debate, la confrontación profesional respetuosa, son maneras esenciales de crecer como profesión y como gremio; al menos en mi práctica -y así lo he demostrado, como puede apreciarse en una somera mirada a este blog- yo lo asumo como parte de mi filosofía y mi ideología profesional, y es un valor clave incorporado y practicado sistemáticamente en mis diversas actividades. Y SI COMO COMUNIDAD PROFESIONAL NO LO HACEMOS, ENTRE NOSOTROS Y CON QUIENES NOS CUESTIONAN, NOS AUTOCONDENAMOS A NO CRECER, Y DESDE AHÍ, A DECRECER.

Y por otra parte, es preciso que distingamos entre el concepto MARCA PERSONAL y las formas CORRECTAS de aprenderlo, aprehenderlo, practicarlo y difundirlo, y las distorsiones de todo ello que hacen “lucir mal” al concepto y su praxis. Me explico brevemente aquí debajo, y abundaré al respecto más adelante.

Que algo -aquí, la marca personal– sea mal entendido o mal aplicado y/o practicado por un grupo de personas, no significa ni implica, hasta prueba en contrario, que ese algo sea malo o esté mal (lo cual puede ser, obviamente; pero no tiene que ser). Significa e implica que algunos o muchos lo han entendido mal y lo aplican y practican mal, por las razones que sea; y ello entraña la necesidad de mejorar las formas, frecuencias, intensidades y calidades en y/o con las que los diferentes “alguien” promotores y practicantes serios de ese algo, hacen su trabajo.

¿Objetivo? Que cada vez sean menos los equivocados, los detractores, y peor aún, los “confundidos” por los equivocados y los detractores. No podemos esperar que un concepto tan polémico como este sea igual de aceptado por todo el mundo todo el tiempo (ecos “paráfrasicos” de Lincoln). Hay dinámicas interesantes en ese sentido a las cuales me referiré brevemente, en cuanto comente -también brevemente- una de las pocas críticas serias y bien sustentadas que he tenido la suerte de leer acerca del tema.

Lo que viene a continuación es un intento humilde, decente, sincero, documentado, profesionalmente avalado, serio -espero no pecar de autobombo hablando así, pues como se verá, nada de esto me incluye a mí solo-, y que espero resulte efectivo, de practicar el cuarto de los elementos que he listado al inicio de esta respuesta, en alusión a lo que necesita el personal branding para perdurar y entrar al top of mind individual: me refiero a la defensa de la marca personal, como concepto y como atributo, y del personal branding como su proceso de gestión. Porque como he dicho antes, considero que “solo podemos defender con propiedad este concepto, desde nuestro máximo rigor profesional al practicarlo; y ello resulta importantísimo cuando confrontamos intelectualmente acerca de determinadas definiciones y/o posiciones, a personas de alto nivel de formación y elevada calidad humana, que piensan diferente a nosotros acerca del tema, y proponen/sustentan/defienden con calidad y solidez sus posiciones/definiciones al respecto”. Y el rigor profesional de que hablo pasa por demostrar al mundo lo que decimos, con elementos conceptuales, metodológicos, experienciales y prácticos tan sólidos, documentados, confiables y precisos como nos sea posible proponer, y siempre con base en el máximo respeto al otro. Vamos a ello.

Introduciendo el debate

Un excelentemente reputado experto como Amalio Rey (sigo su blog por email y admiro sus propuestas, que aportan mucho valor), ha publicado hace pocos días el artículo titulado El lado oscuro de la marca personal, y nos invita a debatir al respecto. Aprovecho este espacio para hacerlo, Maestro Jordi, porque cabe perfectamente entre los elementos a través de los cuales intento responder esta exigente pregunta suya; solo comentaré algunos de los planteamientos que me parecen más significativos de ese post, y en otro momento lo abordaré con mayor amplitud. Y antes que todo, quiero agradecer el exquisito respeto con que este gran profesional ha abordado el asunto, la forma gentil y delicada en que nos invita a debatirlo, y el hecho mismo de que nos considera y denomina (como LO MERECEMOS, dado que LO SOMOS) una COMUNIDAD PROFESIONAL; ello me habla muy bien de la calidad integral de este caballero, que viene a cuestionar un concepto y algunas de sus prácticas, pero no intenta descalificar de manera personal a sus practicantes, como sí lo han hecho otros. Es mi primera interacción “directa” con él; espero que haya muchísimas más en lo adelante.

Finalizando esta introducción al momento de debate, quiero reiterar y precisar un elemento que me parece muy importante. Siento absoluto respeto por las críticas que Amalio hace (que no son nuevas en su producción) desde SU PERSPECTIVA sobre los temas que aborda; una perspectiva construida, al parecer, desde su observación y análisis de prácticas distorsionadas de personal branding, tanto, que no ameritan tal nombre. Las disonancias a las que haré referencia — y profundizaré en ellas- tienen que ver con el hecho de que, en mi muy personal opinión, y también en la de muchos competentes y experimentados colegas (incluyendo a varios de los mayores referentes del tema) cuyos trabajos citaré en mi análisis, los hechos y tendencias que Amalio critica en este post no constituyen exactamente (y me atrevo a decir, ni siquiera aproximadamente) un reflejo fiel del concepto marca personal, ni de las formas correctas de gestionarlo.

Me explico: a juzgar por las propuestas de su texto, Amalio cuestiona cosas que él considera constituyen falencias asociadas a la marca personal y su gestión, partiendo de lo que ha visto hacer y oído — o leído- decir, a muchas personas que hacen mal, o muy mal, lo que en el mejor de los casos ellas/os CREEN que es gestionar correctamente su marca personal, Y QUE DEFINITIVAMENTE, NO LO ES, como espero poder demostrarlo en breve. Las críticas de Amalio, muy justas por demás, no corresponden al ejercicio correcto de las BUENAS PRÁCTICAS asociadas al personal branding, sino a PRÁCTICAS INCORRECTAS E IMPROPIAS que desvirtúan dicho concepto y lo hacen desmerecer a los ojos del público, de lo cual tengo años ocupándome en sentido muy crítico (como lo sabe todo el que me lee desde hace algún tiempo), previendo justamente que puedan darse casos como el que hoy nos ocupa: que personas de alto nivel intelectual y elevada calidad humana cuestionen el concepto que trabajamos, A PARTIR DE LO QUE HACEN QUIENES NO SABEN TRABAJARLO.

Vamos al rollo, pues.

¿Podemos o no podemos controlar la huella que dejamos en los demás?

Dice Amalio:

“…el concepto de marca personal está creando una falsa sensación de capacidad de control ‘de la huella que dejamos en los demás’, lo que hace que mucha gente fuerce las dinámicas de interacción, pierda frescura, y se meta en unos moldes que a veces dan vergüenza ajena de lo artificiosos que son”.

Mi comentario:

Eso es una gran verdad. Pero en modo alguno niega la validez ni pertinencia del concepto; niega la calidad de su práctica por parte de quienes justamente Amalio critica. Porque no hay ningún texto mínimamente serio sobre personal branding que invite a sus practicantes a falsear su imagen pública, a asumir moldes ajenos, etc., etc.. Vengo hablando de esto desde hace mucho, por ejemplo, en este post de 2015. Repito: que alguien aplique algo mal, no habla mal del algo, sino del alguien.

Y por otra parte, reafirmando lo absurdo del error criticado por Amalio —no de la crítica, sino del error-, hay un aspecto de índole conceptual que es imprescindible aclarar una vez más; he procurado hacerlo y sustentarlo en mi trabajo Marca personal: ¿medio o resultado?, de 2018. A riesgo de repetirme, afirmo que la marca personal ES UN RESULTADO, y para convertirse en medio debe ser primero ese resultado. Mismo que obedece al valor que hayamos sido capaces de aportar -o que hayamos dejado de aportar cuando debíamos hacerlo- a otras personas, a través del cual nos habremos posicionado en sus mentes de uno u otro modo, en uno u otro sentido; y en virtud de tal posicionamiento, ellas nos colocan más alto o más bajo en su escala de opciones, es decir, nos ubican como elegibles o como no elegibles. Y solo en el primer caso (por supuesto, nunca en el segundo, especialmente si ello se hace muy notorio) habremos conseguido una marca personal que, adecuadamente comunicada y visibilizada, puede ser utilizada por nosotros como un medio para muchas cosas: empleo, oportunidades de negocio, propuestas de colaboración, son las más socorridas aunque no las únicas.

El destacado colega Miquel Rossy —un excelente brander del área educacional, con quien tengo proyectos pendientes y en proceso, que ya muy pronto estarán en línea, gracias a Dios- ha propuesto algo que aún está tibio, y que me parece fantástico. Helo aquí (negritas mías):

  1. “Cualquier marca es un acto comunicativo, la síntesis de todas las comunicaciones que nos llegan acerca de una persona o una entidad.
  2. Siempre estamos comunicando, queramos o no. Por eso siempre tenemos brand, marca, aunque no haya branding, es decir la decisión de orientar y consolidar la marca.
  3. Todo acto comunicativo consiste en la construcción de un signo: un elemento material que captamos por los sentidos significará una realidad emotiva o conceptual. Así pues, todas las marcas son un signo.
  4. No importa qué tipo de marca sea: corporativa, personal, de ciudad, de país…De hecho, en realidad, no es –como muchos piensan– que la marca personal sea sólo una traslación a las personas de la marca corporativa. Lo es quizás desde el punto de vista histórico de la metodología, es decir del branding; no, de la existencia de la marca.
  5. Porque en realidad, las primeras marcas comunicativamente hablando son las personales. Todos emitimos continuamente juicios sobre los demás, desde la primera vez que entramos en contacto. Básicamente sobre su afinidad y su competencia, sobre la confianza que podemos depositar.
  6. Cuando construimos juicios sobre entidades, las estamos personalizando, las estamos tratando igual que hacemos con las personas: es amable, es ambiciosa, es radical…”

Como es fácil apreciar en este fragmento (y recomiendo encarecidamente la lectura del post aquí citado), Miquel describe en tan breve y rica síntesis el proceso a través del cual dejamos nuestra huella en los demás; y lo que nos deja dicho define mucho sobre nuestra posibilidad de controlarla, especialmente a través del cuidado de nuestra comunicación con los demás, y en general, con todo nuestro entorno. Veámoslo brevemente juntos, mediante dos citas de trabajos anteriores de un servidor.

Comunic/Arte: un must para tu marca personal

“Seas lo que seas, trabajes en lo que trabajes, y sea cual sea tu proyecto de vida y tu objetivo estratégico, no puedes materializarlo ni conseguirlo sin un ejercicio efectivo y pertinente de la comunicación. Porque en esta nueva época no podemos nada solos. Y el único modo de que quienes te rodean sepan quién eres, lo que sabes y sabes hacer, lo que haces, lo que quieres, lo que debes, lo que puedes, y cómo harás las cosas, y qué requieres de ellos, y qué les aportarás, y cómo pueden involucrarse y contribuir, y cómo va saliendo todo, y cuáles son las mejoras requeridas, y qué tanto se ha logrado, y lo bien que lo han hecho y lo feliz que estás, etc., etc… es haciéndoles saber al respecto de modo explícito o implícito (o ambos). Y solo puedes hacerlo comunicando. No informando, sino comunicando. Lo cual es un proceso, como mínimo, bidireccional, pero que debería ser siempre, en aras de la efectividad (eficiencia + eficacia), de la calidad y del impacto, multidireccional.

Y cuando ello se trata de tu marca personal (en cualquier ámbito profesional en que actúes), y muy especialmente, si tu marca personal marca a otras personas en el ejercicio del liderazgo gerencial, los requerimientos de efectividad en tu ejercicio de comunicación se multiplican por millones. Porque el impacto –positivo o negativo– de lo que eres, haces y logras (o sea, de tu marca personal) puede llegar a millones de personas, según sea el alcance de tu actividad y/o de tu organización. ¡No puedes, por tanto, equivocarte en eso!”

Marca personal y comunicación: nexo estratégico

“Comunicamos desde nuestra forma de vestir, de caminar, de sentarnos, de gesticular, de proyectar la voz, de mirar o no mirar al interlocutor, de insistir, de callar, de espaciar las palabras, de respirar, de mirar alrededor. Comunicamos con nuestro olor, con nuestro peinado, con nuestra presencia o ausencia, con nuestro trato cercano o distante, con nuestro estilo, con la mayor o menor afectividad de nuestras expresiones. Con nuestra riqueza o pobreza intelectual. Con nuestras manifestaciones emotivas, con la sorpresa que manifestamos cuando toca o no toca. Con nuestro nivel de información o de desinformación. Con nuestros modos de escribir y de leer (y esto último, no solo en presencia ajena -en cuanto a velocidad, concentración, etc.-, porque lo mucho o poco que demostremos conocer acerca de lo leído, también comunica, y mucho). Con el dominio (profundo, intermedio o pobre) que manifestamos sobre los temas que proponemos o nos son propuestos. Con las demostraciones de lo que nos gusta o nos desagrada, de lo que nos mueve o nos deja indiferentes, de lo que nos motiva o nos aleja. Con nuestras intervenciones y su oportunidad (o la falta de ella). Con nuestras buenas o malas maneras de hacer lo que sea que hagamos, especialmente en momentos y espacios de socialización.

Y lamentablemente, muchas veces no nos percatamos de qué y cómo y cuánto comunican muchas de estas cosas acerca de nosotros y nuestro ser/actuar/lograr; o sea, nos perdemos la oportunidad de gestionar nuestra marca personal desde nuestra forma de comunicarnos y comunicarla.

Y he dicho en todos los casos “comunicamos” (presuponiendo, como debe ser, el carácter al menos bidireccional de este proceso), porque, aunque no nos percatemos, es muy difícil y hasta raro que no recibamos algún tipo de respuesta a nuestros mensajes verbales o no verbales: respuestas de cualquier índole, magnitud, color, calor, intensidad y alcance, a veces imperceptibles y otras muy claras, evidentes, y hasta explosivas. El problema es que muchas veces no las captamos, o no las decodificamos, interpretamos y analizamos adecuadamente; y eso limita mucho nuestras posibilidades de marcar como deberíamos, podríamos y desearíamos hacerlo”.

¿Complementan estas ideas la propuesta de Miquel, Maestro Jordi? Y por otra parte, ¿la idea queda clara?

Y hay algo más que decir sobre el planteamiento de Amalio que aquí estoy comentando. Si bien nunca será absoluto, y posiblemente resulte imposible para algunos o muchos seres humanos en determinados momentos y circunstancias, el control de la huella que dejamos en los demás tampoco es una utopía, ni es una falsedad considerarlo posible. Porque dicha huella depende, inicial y esencialmente, de su génesis, o sea, del ser, el hacer y el logro de una persona, y de la forma en que todo ello llega a quienes le rodean y se queda en ellos. Y aunque obviamente la subjetividad de cada sujeto receptor de tales impactos es individual, y junto a otros elementos de carácter más social, dicha subjetividad determina su asimilación y valoración de lo que recibe, no es en absoluto imposible autogestionarnos para que lo que llegue de nosotros a los demás sea la expresión de nuestro esfuerzo por ser la mejor persona, el mejor profesional y el mejor ser social que seamos capaces de ser; y de tal manera, controlar al menos parcialmente la huella que dejamos en nuestro entorno humano. Al contrario, ello es plenamente posible y además, muy necesario; y la práctica del verdadero branding personal, basado en valores y enfocado a aportar valor, va en esa dirección. Nos guste o no, siempre habrá distorsiones, agresiones, descalificaciones negativamente motivadas, chismes, presiones, incomprensiones, malos entendidos, etc., etc., pero nada de eso nos niega ni la posibilidad ni el derecho a ser integralmente mejores cada día, y de influir a través de todo ello sobre quienes nos rodean y /o saben de nosotros. O sea, de trabajar para controlar la calidad de la huella que dejamos en ellos. Y personalmente, además de lo ya mencionado, yo lo considero UN DEBER de cada quien. ¿Usted qué cree, Maestro?

 

Amigo lector:

Hasta aquí la primera de la cinco entregas de esta serie, dando nuevamente gracias a Guillem por su práctica propuesta y a ti por tu gentil lectura. La semana entrante te espero con las respuestas que, como parte de este debate y defensa, yo propongo a las siguientes dos preguntas:

  1. ¿Solo podemos y debemos gestionar la componente profesional de nuestra marca personal?
  2. ¿El personal branding supone la construcción, adopción y “venta” de una “identidad calculada”?

Hasta entonces, y en espera de tus apreciaciones, consensos,  disensos y propuestas en relación con la problemática que nos ocupa, quedo a tu orden y te dejo con un cordial brand/abrazo de tu siempre amigo…

Vladimir

10 conceptos que harán la diferencia para tu #marcapersonal, por @nanvazy

Hablar de Personal Branding es todo un arte, quienes nos dedicamos a trabajar en esta área encontramos diversos enfoques sobre los cuales podemos dirigir nuestra propuesta de trabajo. Existen muchas líneas que son muy comerciales a la hora de hablar y atraer a las personas para que consuman nuestros servicios, pero también existen aquellas que no son tan atractivas al público, e incluso para los mismos profesionales en el área, y es por eso que algunos pueden estar más especializados que otros.

Tu marca personal, la diferencia

Gestionar nuestra marca personal no es cuestión de unos días o semanas, gestionar nuestra marca personal es trabajo de toda una vida. Para algunos puede ser un tema digital, solamente trabajar nuestra presencia en redes sociales o tener una web, para otros puede ser tener una buena imagen personal, para otros tal vez tener buenos contactos, e incluso podemos pensar en tener nuestro diseño de logo e incluso colores y fuentes, pero la realidad es otra. Hay que detenernos a pensar lo que en realidad implica un proceso de personal branding y al mismo tiempo si tenemos una marca personal como resultado o si la descubrimos y fortalecemos.

Desde mi punto de vista, una marca personal se descubre, se gestiona y a través del personal branding vamos a  fortalecerla y lograr el mensaje adecuado para así poder transmitirlo.

Saber que implica gestionar nuestra marca personal es un tema que debemos conocer de cerca, para evitar errores o inversiones innecesarias e incluso podemos descubrir creencias que nos limitan a hacerlo, y que nos pueden llevar a un punto diferente del que actualmente nos encontramos.

Te comparto 10 conceptos que harán  la diferencia para tu marca personal:

Comunicación

La comunicación no es clara sin esfuerzo

Muchas veces  queremos que las personas sepan quiénes somos, o qué  hacemos y por qué hacemos lo que hacemos de forma automática, pensamos que por el solo hecho de tener alguna red social ya todo mundo sabrá de nosotros. En algunos escenarios también se piensa que solo por tener una carrera se venderá nuestro servicio, a veces es también una falta de visión o actualización la que nos mantiene fuera de juego en el mercado.

Para que los demás sepan quiénes somos y qué hacemos tenemos que aprender a comunicar, pero ese proceso no ocurre de una manera tan simple y sin ruidos.

La forma en que comunicamos es fundamental para lograr nuestros objetivos, aprender a comunicar es básico para una buena gestión de marca personal.

A veces nos enfrentamos que muchos de los temas que vamos a intentar comunicar no están claros para nosotros mismos, y eso entonces distorsiona el mensaje, de igual forma nuestro objetivo no puede estar claro y hará que todos nuestros esfuerzos no rindan los frutos que buscamos.

La comunicación es clave en la creación de cualquier relación, por lo que definir objetivos, mensajes y la forma en que vamos a establecer la comunicación son los primeros pasos , a partir de ahí tenemos que esforzarnos constantemente para lograr una comunicación efectiva.

Tienes claro: ¿Cuál es mi misión? ¿cuáles son mis valores? ¿cuál es mi contribución al mundo? ¿cuál es el resultado de esa contribución? ¿cómo voy a contar mi historia?

La comunicación de tu mensaje debe alinearse en los diversos puntos en los que hace contacto tu marca personal, requiere esfuerzo y dedicación. Para eso es que nos ayuda un proceso de personal branding, para traer claridad, consistencia y coherencia en el mensaje sobre quién eres y lo que comunicas

La gestión de marca personal es esforzarse para ser entendido.

Autenticidad

El personal branding no va a ocultar realmente quién eres, al contrario, va a decir quién eres desde tu forma más auténtica

A veces las personas creen que es crear un personaje e interpretar un papel, tener un guión y seguir cada actividad como si de un robot programado se tratara.

Es cierto que elegimos qué mostrar a los demás, pero dentro de esa elección debe estar el mayor porcentaje de lo que realmente se es.

No quedaras oculto (tu esencia) al trabajar tu marca, por el contrario, la gestión de marca te ayudará a exponer tus convicciones de forma empática y traer mucha más seguridad a partir del momento que entiendes cómo ocurre el proceso de comunicación. Nuestra marca personal gana propósito y sentido cuando nos empeñamos en crear conexión real.

Si en algún momento trabajar tu marca personal suprimió tu naturalidad y autenticidad, algo no fue bien trabajado, la autenticidad es parte de lo que creará tu diferencia en tu marca personal y lo que lograra fortalecerla con el tiempo.

La autenticidad es un código que no puede ser transferido, copiado o igualado por los demás, o por nosotros si es que estamos tratando de imitar a alguien. 

Ser auténtico es defender quiénes somos, nuestros ideales y pensamientos, es ponerle un sabor único a cada cosa que hacemos.

Proceso 

El personal branding no es cosificar, no se trata de pensar en ti como un producto

El personal branding es un proceso en muchos sentidos, es un proceso que nos ayudará a gestionar nuestra marca personal para tener un resultado concreto. Pero también nos muestra otros procesos que debemos desarrollar, como la creación de una comunicación clara y que se está mejorando constantemente. 

La creación de relaciones es otro resultado de un proceso de construcción en el área social o profesional, debes darte a conocer, generar contacto, conexión y tener un seguimiento, una atención al cliente, es claro que las relaciones se trabajan constantemente para poder consolidarse. No por ser “X” ya tienes amigos o contactos reales, puede existir un interés peros solo de un lado, una relación siempre debe cimentarse en el ganar-ganar.

Puedes tener visibilidad, mas no influencia, puedes ser conocido pero no generas ingresos, la confianza, diferencia y credibilidad se ganan con el tiempo, son un proceso. 

Dentro de la gestión de marca personal existen muchos procesos de los cuales debemos ser conscientes, nada es de hoy para mañana, ni el día y la noche pues llevan un movimiento para que puedan existir. 

Si buscas resultados reales y sostenibles en el tiempo que te garanticen el desarrollo de una carrera, hay que pensar en procesos e inversión de tiempo de forma consciente. 

Gestión

La marca personal no es tan fácil como hacer un logo ( y hacer un logo tiene su proceso) 

Ten claro que gestionar una marca no es simple como algunos lo pueden vender, tampoco es que sea imposible, pero conlleva  muchas acciones e inversiones a su alrededor. De alguna forma lo pienso con la frase: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, nuestra marca personal es ese poder que no cualquiera tiene, y que como todo superhéroe se debe desarrollar y aprender a usar a favor de los demás, si lo vemos pensando en el superhéroe que te guste lleva un proceso, acepta quién es, su misión, sus poderes, los trabaja, comunica quién es y que hace, gana credibilidad, diferencia y confianza.

Aprender a gestionar nuestros recursos, emociones, habilidades, conocimiento, etc., nos ayuda a vernos de forma clara para saber qué podemos aportar y qué no, nos plantea el camino para llevar a cabo acciones de forma estratégica. Gestionar nos  ayuda a evitar situaciones a ahorrar tiempo, dinero y esfuerzo, e incluso nos hace ir pasos adelante.

El personal branding requiere de trabajo constante y coherente, necesita de la claridad de los objetivos, de una evaluación constante para mejorar acciones y comunicación según los resultados que queremos o que se van obteniendo. Se trata de desarrollar la habilidad de gestión pues nadie puede ver tus resultados de forma objetiva más que tú mismo, solo cada uno de nosotros sabemos  lo que realmente buscamos y sobre todo lo que estamos dispuestos a hacer por ello.

Todo se basa en una mejora continua.  

Humanizar

Humanizar es volvernos cercanos a los demás,  es generar emociones.

Contrario a lo que debería ser, la llegada de las redes sociales y la tecnología nos acercó a cientos de personas. Pero al mismo tiempo nos alejó, y eso no debería ser. Las personas en la actualidad buscamos conectar y conversar con personas reales, con sus historias, pues no identificamos y queremos estar cerca. 

Se han perdido habilidades de comunicación, de crear conversación, empatía etc. se busca reconocimiento sólo por ser y prácticamente por existir, suena exagerado pero real en muchos casos

Las marcas son, cada vez, más humanas. La única forma que existe de humanizarnos es a través de las emociones y sentimientos que generamos para los demás, la cercanía que podamos lograr con los demás.

Somos únicos. Nuestras singularidades forman nuestra identidad. Nuestras marcas de vida son nuestra marca.

Las marcas humanizadas no se comunican de forma distante y comercial. Es necesario estar cerca de sus colaboradores, consumidores, aliados y seguidores. Por lo tanto, la comunicación tanto interna como externa, realizada en persona o en lo digital, debe ser cada vez más humana. Es así que tiene que ser.

Hay que recordar la diferencia entre tener un negocio y tener una marca. El enfoque de un negocio es el producto. El enfoque de las marcas son las personas. Las marcas están hechas por personas. Las personas son como las marcas. Son únicas, poseen valores únicos y una diferencia sólida.

Única

Cada persona es una marca personal, lo sepa o no, le guste o no y la diferencia entre las marcas personales es la gestión del impacto y acciones que realicen, para lograr beneficios.

La gestión de marca personal no es para todos, sólo para quienes están dispuestos a trabajar verdaderamente en ella.

Cada uno de nosotros es único e irrepetible y todos nosotros ya dejamos una impresión en el mundo que nos rodea.  El personal branding para la gestión de la marca personal trata principalmente de trabajar en la reducción del ruido y de la mala interpretación del mensaje que enviamos. De esa forma tu proyección debe ser mucho más cercana de quien realmente eres.

Si cada uno es único, cada uno tiene potencial para proyectar una marca única. Aquí no solo es pensarnos únicos de forma física o de comportamientos, sino en la forma en que podemos aportar valor a los demás a través de nuestra propuesta de valor, que se torna única, por todo aquello que suma a crearla, nuestras fortalezas, experiencia, identidad, estilo de vida. Cuando logramos entender nuestra diferencia, lo que nos hace únicos, y poner en valor esta  información-acción entonces podemos diferenciarnos de los demás, pues se trata de ocupar un lugar en la mente de los demás cuando de generar una solución a sus necesidades se trate.

Ser únicos es entender la forma en que aportamos valor, la forma en que solucionamos una necesidad, desde nuestra autenticidad, diferencia y esencia, desde la integración de todo lo que nos conforma.

Identidad

El personal branding no se resume en diseño, formas y colores o redes sociales.

Todas las personas que admiras, tuvieron el coraje de comunicar lo que ellas creyeron en algún momento, de esta forma  consiguieron dejar su marca en los demás, al comunicar sus ideales comunicaron su identidad, en lo que creen por lo que luchan y sueñan, nos dejaron claro quienes son.

Nuestra identidad como personas está conformada por diversos elementos, no somos “marcas”  somos marcas personales, somos personas, por lo tanto no podemos trabajar solamente una identidad visual. Es importante resaltar que las actitudes también comunican, muchas veces mucho más que las palabras. Por lo tanto , aunque tener un logo, trabajar los aspectos de diseño, los colores e imagen que ayudan en esa construcción, en el personal branding esos elementos no componen necesariamente tu identidad como persona, y es cierto que se puede trabajar en algunos casos, pero no  todas las marcas personales requieren el desarrollo de una identidad visual gráfica. 

Tu identidad es  mucho más que eso. Antes de pensar en lo visual hay que trabajar y  alinear lo que construye nuestra identidad personal que nos distingue de los demás y que va construida por los diversos tipos de identidad que marca la diferencia, como la cultural, relacional, política, identidad religiosa, vocacional o intelectual.

Nuestra identidad se construye día a día por las elecciones que tomamos y todo aquello que sumamos.Es resultado de todas tus acciones. 

El personal branding va mucho más allá  del diseño gráfico y del a identidad visual.

El personal branding está íntimamente ligado con el coraje y la actitud, con lo que hacemos o dejamos de hacer.

Relaciones

Personal Branding es relacionarse, no solo es visibilizarse.

El Personal branding es mucho más que un conjunto de análisis y acciones estratégicamente pensadas . Está ligado al comportamiento y las relaciones, la conexión e influencia que se pueda generar con las personas.

Las relaciones son clave para lo que queramos lograr, las personas compramos personas, tratamos todo el tiempo con otras personas, entonces construir buenas relaciones es básico.

Hay personas que se quejan de que las personas logran buenos puestos o exposición por que tienen ayuda de otros, que los conectan o que hicieron el trabajo por ellos, se niegan a establecer relaciones por que no se “venden” ante los otros sólo para quedar bien, y es cierto que no es por quedar bien, es saber trabajar nuestra red de contactos, es saber de forma correcta qué debemos hacer, es plantearnos nuestro liderazgo y ponerlo al servicio de los demás, no es agradar a todo mundo, es ser proactivos y tener visión de lo que podemos dar y ganar por dar un extra, siempre sin perder objetividad, pues por encajar cualquiera puede hacer cosas pero realmente impactar e influir en otros es hacer una inversión de tiempo.

Tampoco es hacer relaciones al por mayor, es pensar estratégicamente en las relaciones que quieres tener, pensar quién va a sumar y que, al mismo tiempo también es pensar cómo tú lo vas a ayudar, recuerda no es sólo recibir, es ganar-ganar.

Cuando se crean relaciones se establece un grado de conexión alto, con credibilidad y confianza de base, se puede contar con un capital relacional para cuando requieras invertir en un proyecto o idea. 

Conexión

Marca Personal no es sinónimo de autoridad, ni mucho menos  es fama.

Algunos pueden a afirmar o vender que la marca personal posee una relación directa con ser una autoridad. Pero no necesariamente es así. También podemos leer o escuchar que vas a destacar y ser famoso solo por el hecho de lograr una diferenciación .Marca personal tiene que ver con posicionamiento y conexión .

Aunque logremos la diferencia, eso no hará que automáticamente se sea una autoridad o referencia, hay que comunicar constantemente que hacemos y cómo lo hacemos. Para comunicar necesitamos a otros que estén del otro lado para escuchar nuestro mensaje, pero aquí debemos entender y conocer a quién vamos a enviar nuestro mensaje y por medio de qué canales, ahí empezamos la conexión, sabemos qué busca, qué necesidad hay que resolver y entonces comunicamos. Pero la conexión no es sólo eso, va más allá. Si no conectamos con emociones no existimos, no hay nada que recordar, hay que emocionar.   

Cuando logramos crear emoción en el otro logramos conectar, y al hacerlo entonces nos recordaran, lo que nos llevará a lograr un posicionamiento , y esto es ser notorio, pues nos visualizamos a través de esa emoción y esa diferencia, ya estamos en la mente de los demás.

Una vez lograda una conexión podemos lograr cierto nivel de influencia en los demás.

Cuando influimos en los otros, tenemos la clave para poder lograr determinados objetivos, pues  influir en otro implica credibilidad, cuando creen y confían en nosotros, nos compran, nos eligen y recomiendan.

Integración 

El Personal Branding es integración, es alinear diversos esfuerzos y poner en acción varias áreas.

No sólo es comunicación o marketing digital, no es teoría, es práctica.

Para que logremos una buena gestión de nuestra marca personal debemos pensar en trabajar con diversas áreas, que suman entre sí para lograr resultados. Esa es la diferencia. Para trabajar con personal branding debemos entender a las marcas desde el branding y el marketing, debemos entender a las personas y su comportamiento desde áreas como la psicología, antropología, sociología, el coaching, pero también debemos voltear a ver la administracion, relaciones publicas, diseño, imagen personal, finanzas e incluso estadística.

Como dice Andrés Pérez Ortega, es pensar en nosotros como una empresa, como una Yo. S.A. y eso implica desarrollar nuestra acciones con la ayuda de estas áreas.

Cada caso de gestión de Marca Personal es único, y requiere de esfuerzos diferentes, hay métodos que nos ayudan a estandarizar acciones y minimizar esfuerzos, pero al aplicar estos métodos requieren de ser adaptados a las necesidades de cada persona, no todos requieren lo mismo, ni lo que hace uno le será funcional al otro.

Los resultados de otros nos pueden inspirar e incluso nos pueden ayudar a modelar recursos, pero tu caso es único, y de esta forma hay que trabajar tu marca personal, para conocer qué nos hace únicos debemos empezar por la base, el autoconocimiento.

 

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