Una mirada científica a la Imagen de Marca Personal, por @mariaasanchezes

“Ponte esto, cámbiate aquello” ¿Para lograr… qué? (Una mirada CIENTÍFICA a la IMAGEN de Marca Personal)

¿Has analizado alguna vez tu Imagen de Marca Personal parte por parte, despacio, como si lo hicieras con un escáner? 

El resultado: datos fiables, en vez de preferencias basadas en emociones, que van cambiando con el paso del tiempo.

Comienzas a tener una perspectiva científica, que se adquiere así, de manera metódica. Por medio de la observación, la experimentación y el análisis. 

Cuando eliges cada elemento que forma parte de tu imagen de un modo fácil y satisfactorio,  cuando cada parte armoniza con el resto, se crea el “Efecto Halo”. Pura energía y luz para tu Marca Personal.

Lo que vemos, es una visión distorsionada de lo que no vemos Anaxágoras de Clazomene (500428 a. C).

Ese es mi objetivo hoy: ayudarte a entrenar tu mirada, para que empieces a “ver” y ganar así tiempo y eficacia en la construcción de tu Imagen de Marca Personal.

Los hechos

Elegimos los elementos que componen nuestra Identidad Visual (la parte visible de nuestra Marca Personal), sin pensar en lo que comunica cada área. Sola o al unirse al resto. 

Creemos que no es así: 

Por supuesto que la imagen comunica

Es la respuesta que me dan mis clientes y alumnxs cuando les pregunto sobre ello.

La elección la solemos hacer por separado. Sin seguir recomendaciones, como las que nos da Alexia Herms en su artículo: “La Imagen como Marca Personal”

El motivo: nuestro criterio estético está creado de forma autodidacta. A menudo por consejos de personas cercanas, bienintencionadas y con “buen gusto” (para definir este término, necesitaríamos otro post :).

Veamos algunos ejemplos de por qué elegimos el estilo de cabello

  • “Se lleva”, según tu profesional de peluquería (en el mejor de los casos).
  • Lo he llevado siempre, me gusta y me favorece.
  • Porque le gusta a mi pareja. 

Sobre la decoración facial 

  • Las cejas: magníficas (si es que te fijas en ellas), se parecen a las de esa persona que vi en “tal” película / artículo…

Ellos: 

  • una estupenda barba… es lo que se lleva! 
  • las patillas largas / cortas, como ‘tal’ deportista.

Ellas: 

  • la última máscara de pestañas que ha salido. ¡Las alarga de forma casi mágica
  • La sombra de ojos que me pusieron para la última boda, discreta… y no se corrió nada! 
  • La base de maquillaje…, ideal, es crema con color!

Una mirada científica a la Imagen de Marca Persona

Cada pieza del vestuario con su propia historia

Por ejemplo:

  • La chaqueta porque estaba de oferta, de muy buena calidad. Con un original detalle en una de las solapas. El color, “combinable”.
  • La blusa (o la camisa)…  porque era preciosa. El estampado muy bonito. Una ganga también. Me quedaba genial.
  • El pantalón (o la falda), porque son muy “ponibles”.
  • Los zapatos, el reloj, el bolígrafo porque… Igual, cada cosa, su propia historia.

“Vestirse tiene que ser divertido” Es uno de los pensamientos más arraigados  en clientes y/o alumnxs al principio de las sesiones de entrenamiento de la mirada.

“Agotadora” es cómo lo definen la elección diaria, cuando convenimos que en sus armarios, descansa un 80% de elementos sin utilizar. Si, aquí también se cumple el 80/20 de Pareto. Lo que nos crea, consciente o inconscientemente, una pesadez importante en nuestro sentir.

Según mis expertxs, esto tiene que ver con el estancamiento que provoca la acumulación de enseres que no utilizamos:

De lo que tienes en casa, dentro y fuera de los armarios… lo que no te da energía, te la quita.

Veamos qué sucede, de un modo resumido, basado como decíamos en la observación, la experimentación y el análisis. 

El cabello y el vestuario tienen un “influyente” volumen. Si no es el adecuado, rompe la armonía general, tan necesaria en la primera impresión que damos en situaciones importantes. 

Lleves el estilo actual por moda, costumbre o intención de agradar (que no aconsejo en absoluto, porque es tan difícil como ineficaz), lo ideal es que armonice con:

  • El volumen de tus facciones, el que crea en conjunto tu cabeza.
  • El ancho visual (vestuario incluido, claro) de tus hombros, cintura, caderas. En armonía con tu sexo (mujer: caderas visualmente más anchas, vestidas :).
  • El torso igual o más corto que las piernas.
  • Tu altura, que no sea más de 8 veces el tamaño vertical de tu cabeza.

Curiosidad estética: la cabeza rapada cumple estos requisitos, según la “Estética Filosófica”. Lo malo es que para la “Estética Social” no siempre es recomendable.

Sobre el color

  • En el caso del cabello lo ideal es que sea, total o parcialmente natural (por tu “libertad” y para el medio ambiente). Con unas mechas frontales, es suficiente.
  • Para todas las áreas de tu imagen: tu cabello, tu vestuario y tus complementos, te recomiendo que estén dentro de la misma gama de color: cálida o fría.

En el punto número 8 de este artículo te doy los detalles de las dos gamas. Además de otras recomendaciones específicas, para que empieces el año con seguridad y tu imagen te ayude a lograr tu objetivo profesional, que de eso se trata. 

Si deseas seguir reflexionando sobre tu imagen de marca personal, aquí tienes 5 preguntas que te ayudarán a ello. Además, responderlas tiene como regalo el workbook “Las 5 reglas de oro de la Imagen profesional”.

Feliz… todo!

Marca personal y trabajo independiente: ¿hasta dónde llenar nuestra agenda? -parte 3- por @Prof_EstradaMSC

A modo de introducción 

Amigo lector:

Recibe como de costumbre mi más cordial y cálido saludo en tu nueva o primera visita al espacio de colaborador que desde 2016 me honra y disfruto tener en Soymimarca, el medio de comunicación líder global sobre personal branding en lengua española (y abierto a colegas de otras lenguas). Gracias por estar aquí.

Como es habitual desde el pasado 2020, mi primer mensaje de hoy es de solidaridad con quienes han sufrido de cualquier modo los efectos de la terrible pandemia que nos ha golpeado a todos en el mundo; especialmente, con aquellas personas que han perdido a algún ser querido. Como cada día desde que esto inició, y como lo haré hasta que termine (ahora en calidad de sobreviviente), elevo una oración por ellos, porque puedan recuperarse y seguir adelante.

Y luego de ello, te recuerdo que estás comenzando a leer la tercera entrega y final de mi serie temática Marca personal y servicios profesionales: ¿hasta dónde llenar nuestra agenda?, de la cual han sido publicadas la primera y la segunda; lecturas ambas que te recomiendo hacer antes de la de hoy -si no lo has hecho ya-, para que puedas seguir la lógica del tema, del modo en que lo abordo.

Aquí te presento el índice de esta tercera entrega de la serie:

Y sin más preámbulo, paso a compartir contigo el contenido de este trabajo. Gracias por ser, por estar, por acompañarme hoy y siempre.


Algunas condiciones y claves para la gestión de nuestra agenda

En principio, y asumiendo que nuestro mercado sigue considerando los servicios que ofrecemos entre sus opciones preferibles y preferidas, cabe decir que nuestra agenda como profesionales mojados por la lluvia y sudados bajo el sol (o sea, «fuera de sombrilla») podría y debe estar razonablemente llena; pero siempre bajo determinadas condiciones relacionadas con el momento, el contexto y la situación del propio mercado, de cada posible cliente en particular, y por supuesto, con los nuestros.

A continuación, un grupo de ellas. 


Algunas condiciones para gestionar el tema

Te propongo y analizo brevemente para ti seis condiciones que me parecen básicas. No creo que sean las únicas, y seguramente tú puedes proponernos y argumentarnos otras en los comentarios, o en las redes que compartimos. Aquí te van:

  1. Que haya cierta coincidencia, o al menos, compatibilidad, entre las necesidades del mercado, del sector, o del cliente que nos procura, y nuestros motivos, intereses, gustos y preferencias temáticas. ¿Alguien puede ser realmente bueno haciendo algo que no disfruta absolutamente nada hacer, por Dios?
  2. Que exista (o se pueda negociar y construir) cierta congruencia entre lo que el cliente puede objetivamente pagar y lo que nosotros aspiramos a cobrar. Porque de otro modo sería muy difícil hacer negocios, ¿verdad? Sentido común puro y duro: ¿Alguien puede cobrar lo que no le pueden pagar? Y por otra parte, ¿qué es preferible, negociar un precio de mutua conveniencia por los servicios que ofrecemos, o no poder ofrecerlos debido a nuestros precios elevados e inamovibles? 
  3. Que nuestras competencias profesionales estén en sintonía con la situación actual y con las tendencias, necesidades y perspectivas del mercado y el sector que atendemos, así como las del cliente que puede contratarnos; y que nos coloquen a un nivel competitivo adecuado entre otros posibles oferentes de servicios, quienes proponen aportar un valor potencialmente sustitutivo del que nosotros aportamos. Porque si no es así…¿quién nos elegiría? Y por otra parte…¿Cómo podríamos aportar verdadero valor?
  4. Que nuestra propuesta única de valor reúna los requerimientos del mercado para ser posicionada entre las más competitivas. Como he dicho en otros trabajos, todo el mundo quiere que sus problemas sean resueltos por el mejor, o por uno de ellos. Si el valor que proponemos aportar tiene el potencial de posicionarnos en ese nivel, y por supuesto, si a la hora de aportarlo hacemos honor a ese posicionamiento, estaremos creando condiciones para en el futuro seguir siendo competitivos, y por tanto, elegibles, y por tanto, si todo va bien, elegidos.
  5. Que el sector NO se encuentre en un manifiesto declive, para el cual nuestra propuesta única de valor y las mejoras que involucra u ofrece NO puedan representar una solución definitiva, o al menos, que resulte paliativa de forma sostenible. Porque los oferentes de servicios profesionales no somos magos, ni todos tenemos necesariamente vocación de «salvadores de desesperados» (dicho sea sin la menor intención peyorativa); y no creo que a alguien de nuestra industria le convenga que su marca personal sea asociada al fracaso sucesivo de varios clientes, y/o al derrumbe de todo un sector de negocios en un contexto determinado. ¿Te imaginas algo como «Fulano estaba allí, y como quiera quebraron»? O peor aún, ¿»Ellos tenían posibilidades, pero contrataron a Mengano y todo se les cayó»? Y caben otras peores…Entonces, no solo los clientes deben saber elegir entre nosotros; también nosotros debemos saber elegir a cuáles clientes NO debemos servir. Porque ellos tienen derecho…y nosotros también. 
  6. Que no represente un freno, un escollo o un desvío temático importante en nuestra carrera profesional. Porque el freno nos detiene, el escollo nos impide avanzar, y nadie desea estancarse ni retroceder. Y el cambio abrupto de tema puede generarnos dispersión, desenfocarnos y desconectarnos; además de hacernos perder tiempo en nuestro propio desarrollo, y de que puede confundir al mercado acerca de cuál es nuestro verdadero expertise y las fuentes genuinas de nuestra posible contribución desarrolladora.

Aquí pueden darse situaciones bien interesantes. Por ejemplo, entre los aspectos 1 y 2: que tengamos una gran motivación personal para trabajar en el tema X que «le duele» muchísimo a un cliente…y que este no tenga condiciones para pagarnos lo que aspiramos a cobrar por curar su dolor. Cada quien debe saber qué decidir y cómo actuar en ocasiones como estas, en las que todo DEPENDE (¿te suena este vocablo en mi trabajo, amigo lector?) de un enfoque MUY PERSONAL de la vida y sus procesos, y también, entre otras cosas, de la condición económica en que cada oferente se encuentre, y de si esta le permite o no ajustar sus tarifas. Me he referido a este tema en una respuesta reciente en Quora, cuya lectura posterior te sugiero. 

Y así, según personas, situaciones y contextos, pueden manifestarse en el asunto que abordo otros «¿Qué hacer en este caso?» 

No hay modelos ni recetas universales ni de aplicación generalizable en este tema, como en ninguno de los que he compartido contigo en la serie que hoy estoy cerrando. Pero te sugiero que si más de dos de estas condiciones se manifiestan en sentido negativo o potencialmente desfavorable para ti, lo pienses muy bien antes de procurar y/o aceptar un contrato de servicios profesionales. Y si deseas ampliar el espectro de posibilidades de tu análisis, te sugiero revisar la siguiente lista de 50 motivos para que un profesional de estos tiempos no acepte trabajar para un cliente individual o corporativo, tema que estoy desarrollando en mi serie ¡No me contrates!. En el momento en que salga a la luz el texto que ahora mismo lees, la serie debe ir por el capítulo 5 o 6, o estar a punto de llegar ahí (pudo ir más lejos, pero ha habido muuuucha tarea y muuuuchos rollos en estos meses finales del año 2021), y ya habrán sido analizados los primeros diez o tal vez quince motivos. 

Hay un caso «especial», que creo haber leído hace un tiempo a Andrés denominar «trabajos alimenticios», si no recuerdo mal. Básicamente, adaptando el concepto a mi tema de hoy, se trata de oportunidades laborales en temas que reúnen muy pocas de las condiciones anteriores, y a veces ninguna, jejeje…Pero hay situaciones y momentos en los que no queda otro remedio que TOMARLAS, porque nuestra posibilidad de elegir se ha reducido a cero. Y sí, son oportunidades, porque si en el momento en que las buscamos y tomamos no hubieran aparecido, no habríamos podido resolver uno o más de los diversos problemas que motivaron nuestra búsqueda de «lo que aparezca», comenzando por la satisfacción de nuestras necesidades alimentarias y las de la familia. Y que te conste: ELLO ME CONSTA.

Me he referido a este espinoso y delicado asunto en varios trabajos; entre ellos, mi artículo de 2015 ¿Empleo o negocio? Ambos «marcan» tu marca personal, en el cual he planteado lo siguiente: 

«Si estamos en una situación laboral difícil (desempleo, subempleo, etc.) el hecho de no estar en condiciones de suplir todas las necesidades de subsistencia, y posiblemente otras, nos hace vulnerables y hasta débiles ante ofertas que en situación diferente no tomaríamos en cuenta; y a veces la desesperación nos lleva a cometer errores como los siguientes (y por supuesto, generar las correspondientes excusas):

  • Aceptar trabajos para los que no estamos debidamente calificados (ya aprenderé en el camino); o
  • Aceptar propuestas que no tienen nada que ver con nosotros y nuestro perfil (no puedo escoger ni esperar, lo mío es salir de este bache ahora mismo); o
  • Aceptar que nos paguen mucho menos que lo que nuestro valor profesional implica (no estoy en condiciones de negociar), o
  • Disminuir intencionalmente nuestro valor y calidad profesional para acceder a un puesto de requerimientos muy inferiores a nuestro nivel (estoy dispuesto a cualquier cosa por trabajar), o, ya como extremo,
  • Involucrarnos en actividades de dudosa licitud o legitimidad (¡lo único que no puedo es pasar hambre!)».

Todo el que se ha visto en situaciones difíciles por falta de empleo (y observa que no escribí trabajo, sino empleo), puede haberse hallado ante una o más de estas posibilidades, e inclusive de otras. A mí me ha sucedido un par de veces con un par de ellas (por «suerte», nunca la última, jejeje). Y no pretendo juzgar a nadie por lo que hace o deja de hacer en su vida y con su vida –líbreme Dios de creerme facultado para ello-, pero sí proponer la idea que a modo de experiencia he construido tras pasar por esa situación y ver pasar por ella a otras muchas personas.

En mi opinión, la clave de este asunto, si se quiere evitar la obligación de aceptar ese tipo de oportunidades, es trabajar muy duro e inteligentemente para no tener que buscarlas, y para poder rechazarlas cuando tocan a nuestra puerta. Y no es sencillo en modo alguno, mas definitivamente, es posible. Pero siempre, siempre, SIEMPRE, sabiendo que puede haber momentos en los cuales simplemente, no lograremos soluciones por más duro y mejor que trabajemos; porque las circunstancias que lo harían posible, y sus evoluciones o involuciones, no nos favorecen y no están bajo nuestro control. Como muy bien nos lo dice el Maestro Alfonso Alcántara: “Si quieres, no siempre puedes”.

Entonces, si asumimos el empleo «en formato cuentajenado» -ecos de Andrés– como una opción válida (¡LO ES!), toca convertirnos en la mejor opción a la que un potencial empleador pudiera aspirar. Pero hagámoslo teniendo en cuenta que, en ese proceso, muy probablemente nos estaremos también convirtiendo en una opción de preferencia para personas u organizaciones que no nos necesitan como «empleados», sino como partners de negocios, en nuestra calidad de oferentes de servicios profesionales. En una respuesta que ofrecí hace algún tiempo en Quora, he abordado este asunto así:

«…todo podrá ser a tu manera, a tu tiempo y bajo tus condiciones, si en lugar de esperar por un empleador o depender de su poder, te dedicas a convertirte en la mejor opción que cualquier empleador quisiera tener a su alcance…o mejor aún, a crear tu propio trabajo, con una calidad y un aporte de valor únicos, transformadores, innovadores, diferenciadores, disruptivos, inimitables y definitorios de una marca única…y conseguir que ‘ellos’ hagan fila para recibir tus servicios» (Estrada, 2021). 

¿Te funciona?

Pues esa ruta pasa por las siguientes estaciones (entre otras posibles):

  1. Identificar muy bien todas o casi todas las cosas que te gustan y disfrutas mucho hacer a nivel profesional.
  2. Identificar muy bien cuál y cuánto valor es requerido y demandado en tu entorno, relacionado con las diversas cosas que a ti te gustan y disfrutas hacer (teniendo presente que la noción de entorno Conjunto de circunstancias o factores sociales, culturales, morales, económicos, profesionales, etc., que rodean una cosa o a una persona, colectividad o época, e influyen en su estado o desarrollo«- puede abarcar desde dos metros hasta diez mil o más kilómetros a tu alrededor, abarcando literalmente todo nuestro planeta gracias a Internet; lo de Marte todavía está en proyecto).
  3. Priorizar y elegir, entre todo lo que te gusta y disfrutas hacer, las dos o tres cosas más congruentes con los requerimientos y la demanda actual o potencial de valor que has identificado en tu entorno.
  4. Profesionalizarte hasta el máximo nivel posible en esas dos o tres cosas, prestando sistemáticamente servicios que aporten un valor que sea progresivamente validado y llegue a ser demandado por tu entorno, hasta que llegues a estar entre los mejores en cada uno de tus dos o tres temas de expertise (siempre según tu entorno, no según tú). No olvidemos que esto «no solo se trata de saber y saber hacer mucho, sino de hacerlo en función de las necesidades del entorno, lo cual asegura (o al menos propicia) capacidad resolutiva, aporte de valor, y valoración del expertise por sus beneficiarios» (Estrada, 2021).
  5. Identificar y estudiar muy bien cuáles otras áreas están conectadas de forma directa o indirecta con las dos o tres cosas en las que eres muy bueno, y aprender cuanto puedas acerca de ellas. 
  6. Configurar tu propuesta única de valor de un modo que integre muy bien tu expertise en las áreas donde lo tienes y ha sido validado, y tu capacidad para agregar valor en las otras áreas no directamente relacionadas, pero sí indirectamente conectadas con tu expertise; de forma que permita a tu entorno valorar tus servicios como posibilidades de intervención, transformación y mejora más complejas, holísticas y sistémicas que si solo te dedicaras a temas muy específicos y puntuales (en esta línea que te estoy sugiriendo va el mundo de hoy, en relación con la nueva polimatía del siglo 21).
  7. Explorar sistemáticamente tu entorno en busca de oportunidades que permitan proponer y luego aportar de forma única (o casi), este tipo y nivel de valor de mayor complejidad y potencial resolutivo, y cuya prestación aún resulta lo bastante limitada en cantidad de oferentes como para permitirte posicionarte de modo muy diferencial y exclusivo.
  8. Perfeccionar sistemáticamente tu oferta, tu servicio, tu diferencia y el valor que aportas, de un modo que te permita navegar con menos oposición competitiva en tu espacio de influencia, y tener suficiente paz para analizar la evolución de la situación y darte cuenta de cuándo se va acercando el momento de disrumpir tu propio estatus triunfador y  dar el salto a uno nuevo, también único, diferente y exclusivo, para lo cual te habrás ido preparando y ya tendrás la experiencia de haberlo hecho antes.

Todo lo anterior te conduce a dominar, aplicar y perfeccionar tu propia noción del concepto innovación en valor (la base principal de la famosa estrategia del océano azul) con un enfoque polímata versión siglo 21. Y creo poder asegurarte que esa ruta te puede llevar mucho más lejos que la alternativa: competir contra colegas, sangrando por clientes que paguen lo que aspiramos a cobrar, en un mercado cada vez más saturado de ofertas y más escaso en oportunidadesun estatus que en el futuro no hará sino intensificarse, profundizarse y hacerse más difícil de derrotar. ¿Lo dudas? ¡Pregunta a muchos de los expertos que desde hace diez años escriben en este mismo espacio, y luego me cuentas!

¿Te funciona esa ruta que te propongo, amigo lector? Fácil no será, por supuesto. Para nadie lo ha sido, ni lo es. Pero rentable, si se logra…¡Sin duda alguna!

Y volviendo al punto de origen, SIEMPRE debemos considerar la posibilidad de que un día las cosas no nos vayan tan bien como ahora. Te lo digo desde la culpa de quien ha cometido el pecado de no hacerlo, y desde la memoria de las consecuencias sufridas por ello. Y la realidad me ha pegado muy duro en la cara un par de veces, poniéndome a «pasar trabajo» (como se dice en mi Cuba bella) y a vivir precariedades «inmerecidas», como justo castigo por ese pecado. 

Necesitamos estar preparados para la escasez, como creemos estarlo para la abundancia. Insisto: CREEMOS ESTARLO. No son tantas como pudiera parecer, las personas que saben gestionar la plenitud y estabilidad económica y financiera, y estando en ella se preparan para cuando puedan no estarlo. Porque nos guste o no, y lo evitemos o no, en la vida sí puede manifestarse lo que dice una vieja salsa cubana que recuerdo muy bien, pero no la he hallado en Youtube: «Un ratico arriba, un ratico abajo: ya me cansé de relajo». Mas ese análisis del estatus competencial para la gestión de la escasez y la abundancia ya sería tema para otro larguísimo trabajo, y además, no es mi tema

La hermosa y célebre frase de fe «Todo obra para bien» (me limito a citar ese fragmento de ella), es profundamente cierta, en mi opinión. Solo que a veces queremos circunscribir el bien a lo que en ese momento nos parece bueno…y muchas veces, su alcance va más allá de eso. Por ejemplo, enseñándonos la lección del ahorro como estrategia de vida

Un recurso estratégico para evitar -a un nivel más o menos razonable- la obligación de tomar «trabajos alimenticios», es nuestra marca personal: si hacemos correctamente todo lo necesario para poder vivir de ella (o sea, si la gestionamos como podemos y requerimos hacerlo, comenzando por ser muy buenos en lo que hacemos -ecos de Xavi– y comunicarlo para visibilizarlo como debemos, porque la visibilidad es un activo profesional estratégico -ecos de Neus), tendremos una probabilidad razonable -ojo: nunca absoluta– de no tener que acudir a la ya descrita «nutrición laboral». 

Y por otro lado, te recomiendo encarecidamente que ninguna de las combinaciones que hagas en tu proceso decisorio excluya la condición # 1 de las listadas arriba. No creo que haya algo profesionalmente peor que trabajar en algo que NO nos gusta hacer, y que por tanto, no disfrutamos, ni nos sentimos crecer en algún sentido mientras lo hacemos. Cuesta muchísimo y es casi imposible aportar valor, sin cultivar y derramar amor

Te lo dejo hasta aquí por ahora. Veamos cuáles son las claves de las que te hablé en el índice del post para la gestión de nuestra agenda como oferentes de servicios profesionales.


Algunas claves para gestionar el tema 

Aunque podrían ser muchas más, hoy yo te propongo únicamente cuatro claves a gestionar con enfoque sistémico/estratégico; porque de diferentes formas, estas cuatro se relacionan con muchas otras, como podrás constatar a continuación. Las que te propongo aquí son las siguientes: 

  • Relación calidad/valor/precio/tiempo
  • Modalidad y metodología de trabajo
  • Foco, y 
  • Nicho

Comentemos cada una in extenso, desde mis puntos de vista y otros que conozco, y en una perspectiva general no excluyente de particularidades individuales. 

1- Relación calidad/valor/precio/tiempo

Un solo cliente que paga muy bien (bastante por encima de la media del mercado) es mejor que dos o tres clientes que pagan «normal» (en la media del mercado o un poco menos), aunque la suma de los honorarios cobrados a estos últimos exceda moderadamente el monto procedente del primero. Veamos algunas razones:

  • Nos permite trabajar con menos presión y por ende con más calidad. Esa «vaina» de las ofertas de trabajo que exigen como requisito «capacidad para trabajar bajo presión» como si eso fuera algo bueno para alguien, es uno de los grandes absurdos que he leído sobre estos temas, y lamentablemente con mucha frecuencia. Eso de trabajar bajo una presión impuesta por terceros (y muchas veces innecesaria, derivada de malas decisiones gerenciales) no es bueno para nadie; tampoco para ustedes, ¿me escuchan, empleadores, y especialistas de reclutamiento y selección? ¿Les suenan de algo (entre otros) los conceptos felicidad en el trabajo, calidad de vida laboral, y employer branding?
  • Nos genera menos desgaste físico, mental y emocional. Al concentrar los esfuerzos en un espacio humano y temático concreto (ya sea individual u organizacional, físico o virtual), todas nuestras energías fluyen mejor, con menos dispersión y más profundización en el objeto/objetivo; todo lo cual nos permite mejor y mayor aplicación y aprovechamiento de nuestros recursos humanos, en nuestra calidad de humanos con recursos.
  • Nos facilita mucho el enfoque; o sea, concentrarnos en nuestro foco (en otro punto más adelante amplío al respecto). 
  • Nos posibilita mayor dedicación y entrega, al no existir competencia entre tiempos y espacios.
  • Nos crea mejores condiciones para más compromiso con el proceso y con los resultados.
  • Genera mejores relaciones personales y profesionales entre nosotros como oferentes, y el cliente o su equipo, al poder compartir más tiempo y actividades en función de un proyecto y objetivo común. 
  • Nos facilita dedicar más tiempo de calidad a nuestra familia y a nosotros mismos; y por supuesto,
  • Hace más rentable para el cliente y para nosotros el tiempo que le dedicamos. 

Este abordaje puede tener un par de factores en contra; sobre todo, el riesgo que contraemos al colocar todos los huevos en una sola cesta durante un tiempo determinado. Pero al menos para mí, este es un riesgo aceptable y manejable si las condiciones anteriores se gestionan bien y se manifiestan de modo favorable, y especialmente, si hemos revisado previamente todo lo necesario para decidir, y las cuentas efectuadas «nos dan». Así, es bastante menos probable que fracasemos. 

2- Modalidad y metodología de trabajo. 

La forma elegida para prestar servicios profesionales tiene un impacto inevitable sobre los procesos y los resultados, tanto en términos de eficiencia (uso del tiempo, la energía personal, el talento, el dinero, la información, y otros múltiples recursos) como de eficacia (logro de objetivos); por tanto, puede ser un factor determinante de su efectividad. 

Los modelos de intervención en las actividades y los negocios relacionados con «la industria de los servicios profesionales de apoyo a la gestión y desarrollo de capital humano, tecnológico, organizativo y social» (consultoría, mentoring, coaching, formación,  asesoría, etc.), que son ejecutados por profesionales «independientes», suelen ser gestionados,  en lo tocante a la participación de los actores, en un espectro bastante amplio de opciones, que van desde 1 a 1 (un interventor y un único participante intervenido) hasta 1 a N (un interventor y un grupo más o menos numeroso de participantes intervenidos).

Por ejemplo, el 1:1 puede ser muy útil en procesos de mentoría enfocados a la profesionalización y al desarrollo estratégico personal. El mentor personaliza su enfoque de intervención, de modos que le permiten identificar con efectividad y precisión las áreas de oportunidad para el crecimiento del mentorado, y ofrece a este su guía, experiencia, consejo, apoyo y seguimiento en función de que pueda trabajar en esas áreas y producir el crecimiento esperable y necesario; además, claro está, de que se constituye involuntariamente en modelo a «imitar» y seguir para el mentorado. Nada de esto es viable ni resulta conveniente, pertinente o efectivo, en una intervención 1-N: se perdería parcial o totalmente la personalización imprescindible para el éxito.  

Y el 1-N, puede funcionar de forma excelente en procesos de formación efectuados mediante intervenciones capacitantes (lo aclaro porque la mentoría comentada arriba también hace parte del gran concepto llamado formación). Se trata, esencialmente, de un formador compartiendo saberes y/o ayudando a construirlos a un grupo más o menos numeroso de personas que los requieren para mejorar sus desempeños. Y si quieres ver, analizar y valorar un buen ejemplo de este tema, esa gran profesional que es mi amiga y colega Ylse Roa acaba de publicar un magnífico y muy didáctico post donde comparte con todo detalle su productiva experiencia aplicando el modelo 1-N como formadora, a través del método WhatsApp Learning. ¡No te lo puedes perder! 

Cada modelo funciona y puede ser efectivo en contextos y situaciones diferentes, dependiendo de los objetivos que se persigan y de las características de las personas, los grupos, las organizaciones y los procesos sobre los que se interviene, y los métodos y técnicas a utilizar.  Y además, sistemática o eventualmente, los modelos pueden ser cambiados en función de las situaciones y sus variaciones, o inclusive, puede haber varios de ellos integrados desde el inicio en la planificación de las intervenciones. 

Por ejemplo, transitar desde un modelo 1-1 a un modelo 1-N, puede ayudar mucho cuando se pretende que los logros de una persona sean difundidos en su colectivo estudiantil o laboral, y utilizados por este como fuente de aprendizaje y crecimiento. Un método muy conocido, utilizado e interesante aquí es el de extender y difundir las buenas prácticas, y entrenar a través de ellas, al que Tom Peters llama aprendizaje a través de «bolsas o reductos de excelencia» en su clásico de 1986 Pasión por la Excelencia. Cuando gracias a una mentoría individual efectiva (1-1), alguien ha alcanzado cotas que le convierten en el modelo a seguir, es inteligente poner ese modelo a disposición de quienes le rodean y deberían lograr similares resultados; esta vez, a través de una mentoría colectiva (1-N) que utilice esas prácticas individuales como caso de estudio, y desde ahí, como base de sustentación modelada de los nuevos desarrollos personales y profesionales a potenciar, bajo la lógica de «él/ella pudo: veamos cómo ustedes también pueden, y trabajemos juntos para lograrlo».

Otro método de intervención desarrolladora muy interesante y de alto impacto para trabajar bajo un modelo 1-N, y que por cierto, no suele ser clasificado como tal a pesar de su eminente y evidente carácter educativo, y de sus enormes posibilidades de influencia y transformación, es el blogging educativo y/o académico; el alcance e impacto logrados  al bloguear con calidad y efectividad pueden ser infinitamente mayores que el de cualquier otro método. Lamentablemente, sus posibilidades suelen ser muy desaprovechadas por gran cantidad de profesores tanto en la educación preuniversitaria como en la universitaria, quienes no comprenden ni aprovechan como deberían las enormes ventajas de esta estrategia/herramienta; y también por parte de muchísimos bloggers, que no terminan de entender el enorme potencial informativo, educativo, desarrollador y aportador de valor de esa herramienta llamada blog, ni de la estrategia llamada blogging,  y solo dedican su uso a «vender» sus servicios profesionales o los de sus empresas, en el sentido más estrictamente comercial del término.  

Al parecer, estos bloggers no se dan cuenta de que si educan más y mejor, pueden vender muchísimo más; y que de hecho, cuando educan, venden. Porque al hacerlo, están colocando su propuesta única de valor en las manos de un público interesado en su tema y potencialmente interesado en sus servicios relacionados con él. No siempre el dinero llega de inmediato, pero si se ha hecho bien la tarea, puede y suele llegar más adelante (inbound marketing mediante, por ejemplo), y que dicho ingreso sea más sostenible, y el impacto del producto sobre el mercado, mucho más abarcador, sostenible y duradero. Además, claro, de las múltiples oportunidades que puede generar tener uno o más blogs aportando valor de forma sistemática ante los ojos del mundo, en la vidriera global del talento. Por Dios.

En este orden (el blogging como estrategia de intervención desarrolladora en el modelo 1-N) quiero destacar la labor del Maestro Guillem Recolons. Por ejemplo, su excelente serie de posts sobre el diagnóstico de marca personal orientado al autoconocimiento me parece paradigmática, en el sentido de aportar mucho valor educando a un gran público sobre un tema de gran necesidad dentro del campo que el autor trabaja, haciéndolo con gran sentido y enfoque didáctico; y puedes apostar a que el volumen de personas que forman la N de la relación ha sido enorme. Tan grande como el tamaño de la parte ancha de ese embudo; no lo hemos hablado, pero no me cabe duda de que este contenido debe estar entre los que más interés y/o clientela posterior (real o potencial) puede haber generado para el autor, o más bien los autores, pues la serie fue un trabajo colaborativo. Excelente. 

Detalle curioso: aquí, la parte 1 de la relación 1-N, no es individual, sino colectiva (como ya te dije, esta serie de trabajos es colaborativa). Pero sigue siendo 1, porque la base del proceso es el blog. Un blog, desde el cual se proponen contenidos educativos a N lectores/aprendices. Interesante, ¿verdad?

Sobre el potencial educativo del blog, he propuesto hace unos años, en mi trabajo ¿Por qué bloguear si eres docente? (Razones para otro modo de proveer educación de avanzada), lo siguiente:

  • «Es plenamente compatible con casi cualquier finalidad educativa perseguida.
  • Propicia el desarrollo de competencias en áreas como la comunicación, la investigación y la creación, además de las áreas del conocimiento específicas de las materias atendidas por cada docente.
  • Accesible a todos: docentes, estudiantes, familia y comunidad.
  • Gratuito, o de muy baja inversión económica si se prefiere algo muy complejo a nivel tecnológico y de prestaciones.
  • Fácil de gestionar e integrar con otras herramientas tecnológicas digitales, como las redes sociales, el correo electrónico, las newsletters y otras.
  • Admite múltiples formatos de contenidos.
  • Admite diferentes tipos de interacciones.
  • Motiva al usuario (creador y lector) al desarrollo de nuevas competencias digitales.
  • Está «de moda» y en plena expansión de uso y difusión masiva en todo el mundo.
  • Permite un alto nivel de visibilidad, y dependiendo de la calidad de uso y el nivel de difusión, puede asegurar un posicionamiento favorable» (Estrada, 2017).

¿Te parece poco? 

Pues revisa estas formas que te he propuesto en mi trabajo Cómo usar un blog en modo branding personal, a través de las cuales podemos educar desde el blog:

  • «Con el rigor al seleccionar los temas que tratas.
  • Con el nivel de actualización con que los abordas.
  • Con la selección rigurosa de tus fuentes.
  • Con la calidad formal de tu escritura.
  • Con el uso correcto y pensado de la tecnología sobre la que trabajas tu blog, y de los recursos de audio, visuales y/o audiovisuales que sirven de soporte a tu contenido literario.
  • Con el enfoque crítico y autocrítico de tus abordajes temáticos.
  • Con la autenticidad, claridad y profundidad de tus conceptos, posiciones y valoraciones.
  • Con el respeto a nivel humano que ofreces a las posiciones de otros autores, aún discrepando de ellas.
  • Con la ética profesional de que haces gala al escribir, proponer e interactuar.
  • Con el respeto estricto a los derechos intelectuales ajenos.
  • Con el dominio técnico y metodológico que manifiestas acerca de los temas tratados.
  • Con la calidad del debate que generas, promueves, mantienes y desarrollas.
  • Con la estética que manejas al configurar tus artículos.
  • Con el respeto, cordialidad, cercanía y mesura con que en todo sentido tratas a tus lectores.
  • Con la modelación que haces de las mejores prácticas en cada ámbito de tu acción bloguera» (Estrada, 2016).

¿Ahora sí?

También puede ser muy útil potenciar el uso de métodos colaborativos para la construcción y diseminación de nuevo conocimiento, explotando los potenciales de cada integrante de los equipos que sean conformados al efecto. La escritura de artículos de autoría colectiva, el desarrollo de proyectos grupales de intervención, la creación de espacios digitales colectivos donde un grupo de participantes publique, analice y discuta contenidos acerca de los temas clave que están siendo objeto de tratamiento en los procesos formativos, y se apoye mutuamente para la mejora de las propuestas, pueden ser opciones interesantes.

Un cuarto aspecto de esta clave puede ser la multiplicación de saberes y acciones, a través de la preparación previa o simultánea de «monitores»: dependiendo del tema, del contexto y del tipo y las características de la intervención, estos pueden fungir como mentores o asesores auxiliares, alumnos ayudantes, etc.  Este ejemplo funciona sobre todo en la formación.

Sobre la parte del tema que estoy abordando ahora, te sugiero revisar el capítulo 2 de esta serie, específicamente lo relacionado con el imaginado pero muy posible experto en desarrollo de la empleabilidad nombrado «Juan Pérez». 

Otro elemento de interés puede ser la utilización de algunas de las diversas aplicaciones digitales que propician y facilitan el aprendizaje, la interacción, la colaboración, la integración, y la gestión del conocimiento.  Te propongo brevemente uno de los ejemplos que más utilizo en los procesos que conduzco.

Slack: 

Recientemente comprada por el gigante Salesforce en la mayor adquisición de su historia, Slack no ha perdido nada de su tremendo poder tecnológico ni de su calidad y efectividad como herramienta de soporte para múltiples procesos. En Slack puedes desarrollar y gestionar procesos de comunicación, formación, asesoría y acompañamiento de forma individual y colectiva (combinando el 1-1 con el 1-N), crear y compartir bibliotecas digitales, videos, audios, imágenes, presentaciones y otros diversos recursos, promover la publicación interna y externa de artículos, estimular las interacciones desarrolladoras entre los participantes, evaluar de forma individual o colectiva cada una de las producciones, intervenciones o participaciones, e integrar múltiples aplicaciones de terceros (especial y favorablemente, para mi gusto, muchas del ecosistema Google), y un larguísimo etc.

Suelo utilizarla en mis intervenciones de asesoría, formación, consultoría y mentoría, y siempre me han satisfecho los resultados; sobre todo, porque mis clientes y estudiantes suelen quedar muy complacidos con las prestaciones y posibilidades que les aporta la aplicación. Especialmente, porque les permite replicar el modelo, los métodos y las técnicas que yo aplico con ellos usando la herramienta, modificarlos y enriquecerlos de acuerdo a sus necesidades y las de sus clientes y estudiantes, y mejorar sensiblemente sus resultados.  

Si aún no lo haces, te invito a que en tu próxima intervención desarrolladora, pruebes Slack. ¡Y luego me cuentas!

Veamos a continuación las otras dos claves que tengo para ti. 

3- Foco

Para ofrecer servicios profesionales de forma independiente, con razonables probabilidades de éxito, necesitas enfocarte; o sea, «conducir la atención hacia un tema, cuestión o problema desde unos supuestos desarrollados con anticipación a fin de resolverlo de modo acertado» (Fuente: https://definicion.de/enfoque/). Y ello supone, en el tema que nos ocupa, la necesidad de conducir dicha atención con cierto nivel de selectividad y hasta de exclusividad temática. Intentar ser todo para todos conduce y equivale a no ser nada importante para nadie; y si pretendes «enfocarte» profesionalmente en muchas áreas o temas, porque hay gran diversidad de necesidades en el entorno y aspiras a resolverlas todas o casi todas, sencillamente no serás suficientemente bueno en ninguna como para poder vivir bien de ella. Es materialmente imposible que puedas abarcar y resolver todas las necesidades de todas las personas u organizaciones que te rodean o te buscan, inclusive si muchas o todas ellas se encuentran exactamente dentro de tu campo de especialización profesional. Y pretender hacerlo por un asunto de ego (síntomas clásicos de «egovirosis«: yo puedo, yo soy el mejor, no hay competencia para mí en este campo, ellos solo me tienen a mí, etc., etc.) es una ruta muy segura hacia el fracaso. No podrás. No se puede. Nadie puede

Como dice Amalio Rey en un interesante artículo que he citado en otro de mis trabajos, «…No puedes ser bueno en todo, ni pretender contentar a todo el mundo porque entonces no vas a satisfacer a nadie. Ahí entra el concepto de ‘segmentación’, que conserva su plena vigencia (aunque es cierto que sea cada vez más difícil hacerlo), y la necesidad de descubrir y/o elegir en qué colectivos quieres centrar tus mayores esfuerzos porque presumes que serán más sensibles a tu propuesta de valor» (Rey, S/F).

O tal vez (digo yo), no solo lo presumes: LO SABES, porque ya les has servido antes, y su respuesta de entonces, el contacto mutuo en el ínterin, así como su llamada actual, te garantizan que el valor que antes les aportaste funcionó, y le da cuerpo y sentido a una propuesta que sigue siendo válida y valiosa para ellos. El escenario profesional al que todos aspiramos. ¿Verdad que sí?

Pero mucho cuidado: aunque tal vez ellos no lo sepan, tú sí debes saber que el valor más pertinente y mejor aportado, requiere SIEMPRE adecuaciones, actualizaciones, renovaciones…y a veces (solo a veces, aunque el Maestro y gran experto Dr. Enrique Dans aluda al viejo aforismo «si funciona no lo arregles», y hasta tenga razón al respecto en el tema que trata en el post que aquí ☝️ he enlazado), aplicar lo que dice otro famoso y disruptivo dicho: Si no está roto, rómpelo. Nunca te duermas en tus pasados laureles; pues como dicen en mi Cuba bella, «Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente«. 

4- Nicho

Te propongo brevemente mi abordaje más personal y practicado de este punto. Tu enfoqueya tratado arriba– y tu preferencia, competencia y experiencia profesional, deben incidir y coincidir, para generarte los mejores resultados, en un determinado punto o espacio del mercado, formado por los clientes potenciales que mejor responden a tu Ikigai (el famoso modelo japonés de autogestión personal que integra varias dimensiones críticas en la búsqueda y materialización del propósito de cada persona,  o sea, de su razón de ser y de existir; me gusta la forma en que lo ha trabajado aquí el reconocido experto Carlos Rebate). 

Se trata «simplemente» (jejeje) de identificar de forma muy clara y precisa al conjunto de personas que: 

  • Necesitan exactamente lo que tú amas, sabes y disfrutas hacer, haces muy bien, y aportas mucho valor haciéndolo; 
  • Prefieren y eligen siempre o casi siempre la forma en que tú lo haces, y el valor que haciéndolo así les puedes aportar, y/o les aportas; 
  • Disfrutan la relación humana que pueden establecer, cultivar y desarrollar contigo mientras lo haces, creciendo ambas partes a través de ella;
  • Son suficientes para que tú puedas satisfacer tus necesidades sirviéndoles, y «suficientemente pocas» para no rebasar tu capacidad real para servirles con calidad y efectividad; y por supuesto, 
  • Pueden y podrán pagarte por ello lo que tú necesitas y necesitarás para vivir decente y dignamente, permitiéndote realizarte y ser feliz en el proceso. 

En ese punto o espacio del mercado está la parte mayor y más importante de la materialización de tu propósito como profesional de…lo que sea; y no debes nunca equivocarte en esto. Investiga, explora y prueba, hasta que lo encuentres (hay bastante información en línea sobre cómo hacerlo); y una vez hallado, enfócate plenamente en él hasta que lo fidelices, y si es posible (¡ojalá!) lo fanatices, en el sentido y del modo correcto. 

Ese grupo humano es TU NICHO. No te desgastes «atacando» a otro, salvo que haya cambios muy radicales en uno o más de los cuatro criterios listados inmediatamente antes del inicio del párrafo anterior a este. Porque si hay uno o más de tales cambios, es muy posible que haya un nuevo nicho esperando por ti, o inclusive, que debas trabajar para crearlo

¿Vale?


A modo de conclusión 

Amigo lector: 

Ha sido un enorme placer proponerte estas ideas sobre la utilización de nuestro tiempo en la prestación de los servicios profesionales que el mercado requiere de nosotros. Y tal como te dije al inicio de esta serie de trabajos, te propongo mi respuesta corta (muy corta) a la pregunta del título. 

¿Hasta dónde llenar nuestra agenda?

Para mí, así:

Los profesionales que trabajamos bajo condiciones de relativa independencia, a quienes me he referido y en cierto modo «bautizado» en este trabajo como «los sin sombrilla», debemos llenar nuestra agenda, de forma equilibrada, hasta el punto en que ella nos defina y proponga el siguiente nivel de ocupación temporal:

  • Que nos permita atender de forma efectiva a todos y cada uno de nuestros clientes, aportándoles todo el valor que necesitan y esperan de nosotros. Porque un cliente de más, puede afectar la calidad de lo que hacemos para los otros clientes que atendemos, al exigir de nosotros un tiempo que debió ser dedicado a profundizar y/o mejorar el trabajo con alguno de aquellos. 
  • Que nos permita cuidar y nos haga posible conservar nuestra salud física, emocional y espiritual. Porque un cliente de más, con sus requerimientos de tiempo y trabajo, puede atentar contra nuestra relación armónica con nosotros mismos (mente/cuerpo/alma) y con nuestro entorno (relaciones humanas, y con nuestro ámbito espiritual superior) en diferentes sentidos; y puede mermar así nuestra funcionalidad como seres biológicos, sociales y espirituales, todo lo cual cabe en la definición de salud, y/o afecta su estado. 
  • Que nos permita continuar actualizándonos y profesionalizándonos de forma permanente. Porque un cliente de más, puede representar la diferencia entre leer y no leer el libro que necesitamos, o entre asistir y no asistir al evento académico que nos hace falta, o entre tomar y no tomar el curso o entrenamiento que requerimos para mejorar en cierta área de nuestro desempeño, o entre escribir y no escribir el proyecto de investigación o el artículo que puede ayudarnos a desarrollar tal o cual competencia o a posicionarnos en tal segmento o nicho, etc., etc. 
  • Que nos permita atender adecuadamente a nuestra familia, dedicándole tiempo de calidad, y proveyéndole razonablemente los recursos que necesita (y esto último nos incluye: no vivimos del aire, jejeje). Porque un cliente de más, puede ocupar el tiempo y requerir la atención que corresponde a nuestra pareja, y/o a nuestros hijos, y/o a nuestros padres y hermanos…Y aquí entra de lleno el ya mencionado equilibrio (presente en cada punto) y la necesidad de personalizar al extremo este análisis; porque resulta que un cliente de menos puede hacer la diferencia entre una provisión de recursos adecuada y una insuficiente. Y como suelo decir: que te conste, ello me consta. Complejo, ¿verdad? 
  • Que nos permita dedicar tiempo de calidad a la gestión de nuestra marca personal. Porque un cliente de más, al exigirnos un tiempo que no deberíamos tener disponible si hubiera un verdadero equilibrio en nuestra agenda y la forma en que la manejamos, puede afectar la percepción externa de nuestra calidad profesional, con el inevitable impacto negativo sobre nuestra marca personal (ver el primero de estos cinco puntos). Pero también puede limitar nuestras posibilidades de efectuar el amplio y diverso conjunto de actividades que nos permiten ser mejores profesionales (ver el punto 3); puede afectar esferas tan vitales como nuestra atención a la salud y la familia, todo lo cual es parte de nuestra marca personal (ver puntos 2 y 4), así como puede restringir nuestras posibilidades de ser más y mejor visibles, hacer mejor networking, y en resumen, posicionarnos como marcas personales del modo que debemos hacerlo en nuestro ámbito de actuación e impacto profesional

Como puedes ver, resulta IMPOSIBLE que alguien pueda generalizar con efectividad en este tema: es estricta e inevitablemente individual, como lo es la propia noción del éxito profesional (Estrada, 2021). Aquí no caben las «recetas» del tipo «haz lo que yo hice, del mismo modo que lo hice, y lograrás lo que yo logré» (Estrada, 2019). 

¿Cuánto es ese tiempo para ti, amigo lector, en función de tu situación personal y familiar, de tu nivel profesional, del sector en que trabajas, del mercado al que sirves, y del posicionamiento actual y deseado de tu marca personal? ¿Hasta dónde -y cómo- llenas o llenarás tu agenda como oferente de servicios profesionales? ¿Lo compartes conmigo y con nuestra comunidad profesional, por favor, para que todos sigamos aprendiendo de tus ideas y experiencias?

Un detalle final. Cuando terminaba la preparación de esta tercera parte de la serie, me di cuenta de que se me quedaba fuera un aspecto muy importante del tema. Porque he procurado proponerte la mayor cantidad posible de ideas sobre «hasta dónde» llenar nuestra agendapero ellas no abarcan necesariamente todo lo relacionado con el «cómo» llenarla, ni siquiera una parte significativa de ese asunto. Y ello es FUNDAMENTAL

Entonces, me comprometo contigo a escribir y publicar aquí más adelante una suerte de Apéndice de la serie (que por cierto, dentro de muy poco será un libro digital en descarga gratuita), en la que incluiré mi visión sobre ese cómo, y enlazaré diversas fuentes donde se puede ampliar y profundizar al respecto. O si tú lo prefieres, y tienes a mano la información necesaria para que la coescribamos, y/o cuentas con la experiencia propia –o conoces alguna ajena– que puede aportar insumos sobre ello, pues contáctame en Twitter o en LinkedIn, y nos pondremos de acuerdo al respecto. Eso sí: no te demores en avisarme si te interesa esta colaboración conmigo, porque en tres o cuatro semanas (segunda quincena de enero de 2022) comienzo a escribir ese texto, y ya será tarde. 

Gracias nuevamente por ser, por estar, por acompañarme hoy y siempre, amigo lector. Recibe, para ti y tu familia, mis mejores deseos para este cierre del difícil 2021 que hemos vivido, y para un feliz inicio de 2022; y por supuesto, ¡mi acostumbrado y cálido brand/abrazo, desde mi Caribe que amo!

Tu siempre amigo,

Vladimir

Photo by Jess Bailey on Unsplash

Marca personal y trabajo independiente: ¿hasta dónde llenar nuestra agenda? -parte 1- , por @prof_estradaMSC

A modo de introducción 

Amigo lector:

Recibe mi más cordial y cálido saludo en este nuevo encuentro nuestro, aquí, en El Blog de Soymimarca, medio de comunicación líder del personal branding en lengua española durante una década, y donde desde 2016 tengo el privilegio de proponerte mis ideas sobre la marca personal y su gestión efectiva; compartiendo espacio, para honor mío, con muchos de los más importantes expertos en este tema en nuestro idioma. 

Como lo hago en cada una de mis publicaciones desde el pasado 2020, quiero iniciar este texto con un mensaje de solidaridad hacia quienes han sufrido o sufren de cualquier modo los efectos de la terrible pandemia que aún nos golpea a muchos en el mundo, especialmente, con aquellas personas que han perdido a algún ser querido; y ahora con más fuerza y fe, pues lo hago en calidad de sobreviviente del COVID. Al igual que cada día desde que esto inició, y como lo haré cada día hasta que termine, elevo una oración por todos ellos, porque puedan recuperarse y seguir adelante.

Dicho esto desde el alma, te comento que con el post que estás leyendo inicio una nueva serie de tres trabajos en Soymimarca, que posteriormente publicaré como un libro digital en mi espacio destinado a ello. Utilicé aquí  mismo esta modalidad en 2019 (siguiendo la muy acertada sugerencia de Guillem), con la serie En defensa de la marca personal,  que constó de cinco artículos. Y actualmente estoy desarrollando otra en mi blog/web de Medium, titulada «curiosamente» ¡NO ME CONTRATES!, y que cuando salga al ruedo el post que ahora mismo lees, debe andar por su cuarto capítulo publicado, de un total de 14. En ella te propongo –nada más y nada menos50 razones por las que un profesional de estos tiempos podría -¡y debería!- negarse a trabajar para un empleador o cliente; y lo menciono porque como podrás ver más adelante, parte de todo eso está conectado con mucho de lo que estaremos analizando en la serie cuya publicación inicio aquí hoy.

Entremos al tema de esta serie de trabajos: cómo y cuánto ocupamos y/o deberíamos ocupar nuestra agenda de trabajo, los profesionales que trabajamos prestando nuestros servicios fuera de la cobertura de las «sombrillas organizacionales». Analizaremos diferentes aspectos que atañen a este interesante tema, y te plantearé un grupo de ideas y unas cuantas interrogantes al respecto.

Debo aclarar lo siguiente: aunque eventualmente mis propuestas puedan funcionar en otros ámbitos, ellas están enfocadas principalmente a lo que denomino «la industria de los servicios profesionales de apoyo a la gestión de capital humano, tecnológico, organizativo y social» (Estrada, 2021). O sea, salvando las distancias, con ciertas adecuaciones y con algún que otro matiz, a una amplia y bastante bien determinada «zona» (o si lo prefieres, un «segmento») del estratégico sector productivo que el gran visionario Peter Drucker llamó «los trabajadores del conocimiento«. Ellos, en el contexto temático aquí abordado, gestionan, desarrollan y aplican el conocimiento en intervenciones generalmente externas –que también pueden ser internas, o mixtas-, sobre múltiples entes productivos individuales, organizacionales y sociales. Y mientras se ganan la vida en el proceso, les ayudan –entre otras cosas– a 

  • identificar problemas, 
  • diseñar modelos, sistemas y herramientas, 
  • trazar, implementar y validar estrategias, y 
  • construir o facilitar la construcción de soluciones desarrolladoras en sus propios procesos de aportación de valor de utilidad social, a través de la gestión y aplicación del conocimiento en sus diversas realidades.

Una de las lógicas de intervención más comunes y practicadas en esta industria, de forma explícita y/o implícita, incluye elementos como los siguientes (orden y detalles más o menos, según el caso y tema de que se trate):

  1. Partir de los conceptos existentes y de las realidades esperadas. 
  2. Con base en ellos, analizar las realidades presentes.
  3. Identificar y establecer la brecha entre los dos aspectos anteriores.
  4. Diseñar soluciones para eliminar o minimizar la brecha. Estas pueden ser conceptuales, estratégicas, metodológicas, operacionales e instrumentales (pueden caber otras opciones), o cualquier combinación entre dos o más de estos tipos; y con la presencia del factor humano en cada una de ellas, por ejemplo, en el orden competencial, motivacional, relacional, decisorio, etc. 
  5. Aplicar y validar las soluciones generadas; y cuando ello es requerido, 
  6. Acompañar a la entidad intervenida en sus procesos de desarrollo posteriores a la implementación de la solución generada, e inclusive en los que requiere para implementarla, si fuera el caso. 

En otros trabajos que tengo en proceso amplío y profundizo estas ideas; te avisaré cuando los publique. 

El sector profesional del que hablo está integrado por consultores, formadores (en diferentes tipos y niveles de educación que llegan al postgrado en sus más altos estadios), asesores, mentores profesionales, coaches, así como profesionales de la comunicación, la informática, el diseño, y otras actividades en similar espectro, cuyos procesos y productos contribuyen de múltiples formas a mejorar la efectividad de la gestión de los cuatro grandes capitales arriba mencionados (humano, tecnológico, organizativo y social), así como a su rentabilización. Si tú eres uno de ellos (o aspiras a serlo), lo que desde hoy comparto en esta serie de trabajos puede ser de tu interés profesional. 

Y te propongo algo: si buscas la respuesta corta (muy corta) a la pregunta del título, espera un par de semanas a que publique la tercera parte y ve directamente a sus conclusiones, jejeje. Pero si prefieres revisar diferentes insumos que te pueden ayudar a comprender tu propia situación y establecer tu posición en el tema, analizar cómo yo he llegado a la respuesta que te expongo, y por supuesto,  si te interesa construir con sustrato y sustento genuinos tu propia respuesta a esa compleja pregunta (creo que esa será la única respuesta realmente válida y potencialmente efectiva para ella: la tuya),  pues…acompáñame a lo largo de la serie. Espero te resulte una lectura útil, y (ojalá) agradable. 

Y sin más preámbulo, paso a desarrollar el contenido que hoy tengo para ti. Gracias por ser, por estar, por acompañarme hoy y siempre.

Tiempo, agenda y competencia

Desde hace mucho se viene dando un debate interesante en diferentes medios (excelentes blogs incluidos), acerca del factor tiempo, su utilización y su rentabilización, por parte de los profesionales que ofrecemos nuestros servicios de forma independiente, sin la cobertura de las «nobles» y «protectoras» «sombrillas organizacionales» (evidentemente ironizo, jejeje; pero como en todo, en esto caben y existen las excepciones). Variables como la planificación y organización del trabajo, la profesionalización permanente, la atención y dedicación a la clientela, la gestión de la productividad y la efectividad, y el autoliderazgo enfocado a la mejora continua del desempeño y los resultados –entre otras varias-, han estado, están, y seguirán sobre la mesa, en lo tocante al sector que menciono. 

Porque los trabajadores «independientes» (lo entrecomillo debido a que esa independencia nunca es completa en lo temático, ni absoluta en lo operativo), también conocidos como autónomos, autoempleados, freelancers, emprendedores, etc., etc. –este último muy inexacto, porque ser emprendedor es una actitud y no depende del tipo de trabajo que hacemos, ni de si somos o no «cuentajenados» (ecos de Andrés), ni de su modalidad contractual-, cada vez somos y seremos más, dependiendo de cada situación de cada país, su legislación aplicable y otros diversos factores. Esta es una tendencia global que ya parece irreversible, y que cuenta con el soporte de un mercado que se encuentra en expansión constante para los servicios que ofrecemos en dicha modalidad laboral.

NOTA AL MARGEN. Quiero precisar algo sobre la independencia entrecomillada arriba. Sucede que los profesionales supuestamente «independientes» DEPENDEMOS para trabajar de un montón de cosas (factores externos): de la información que nos provee el entorno, de la formación que nos aportan las instituciones dedicadas a ello, de las múltiples regulaciones a las que tenemos que ajustarnos, de los bancos y otras diversas instituciones que nos proporcionan fondos, y MUY ESPECIALMENTE, de los clientes que pagan nuestros honorarios (y que muchas veces no tenemos la opción de rechazar, aunque no sean los clientes que querríamos atender), etc., etc., etc…Entonces, ¿de cuál bendita independencia estamos hablando?  FIN DE LA NOTA.   

Comenzando el análisis, hablemos un poco sobre la competencia (como categoría y como proceso), y sobre su influencia en la gestión que hacemos de nuestro tiempo de trabajo profesional. Obviamente, me referiré al proceso consistente en competir, y no a los conocimientos, las habilidades y las actitudes que caben en el concepto de competencias, que son las que nos hacen competentes al aplicarlas, y que al final, serán las que nos permitan competir con algunas posibilidades y probabilidades de éxito. 

Competir o no competir: ¿es esa la cuestión? 

Para mí (cuidado, herejía en camino), no tiene mucho sentido que los profesionales del sector al que me refiero prioricemos tanto sobre otros temas la competencia entre o contra nosotros mismos, especialmente cuando operamos a escala global. En todo caso, creo que en lugar de andar buscando o inventando «contrarios potenciales» entre quienes están allá afuera trabajando y tratando de aportar valor al mercado y a la sociedad, tenemos que competir cada día contra quienes fuimos, lo que hicimos y lo que logramos el día/mes/año anterior, si queremos mantenernos de forma competitiva en el mercado; y todos los días tenemos que aprender nuevas lecciones sobre cómo superarnos a nosotros mismos, y llevar dichos aprendizajes a la práctica. Esa es la única garantía razonable –si alguna existe– de que seamos exitosos en nuestro trabajo, sea cual sea la definición que cada quien asuma del muy personal e intransferible concepto de éxito (te sugiero revisar más tarde lo que propone hace poco al respecto alguien tan creíble como el gran experto y muy exitoso multiemprendedor digital Carlos Bravo).   

Porque esa historia de «competir» contra otros colegas que también trabajan en la modalidad de autoempleo o como se llame eso, sobre todo si lo hacen en contextos geográficos y culturales diferentes al nuestro, mmmmm…Honestamente, yo no le veo mucho sentido, al menos en las formas en que se lo aborda por parte de numerosos colegas cuya producción leo, veo y escucho desde hace años. Puede suceder (y de hecho, sucede) si se dan las condiciones necesarias; pero muchísimas veces -creo que la mayoría de las vecestales condiciones no se dan, y aún así, seguimos pensando y hablando en términos de «competencia» cuando ella no es objetivamente posible. 

Te propongo algunos elementos para sustentar mi posición, basándome, a modo de ejemplo, en el trabajo que muchos de los profesionales abarcados en este texto hacemos sobre la marca personal. 

La consultoría, la mentoría, la asesoría y la formación en personal branding son actividades profesionales que van creciendo basadas en una amplia diversidad conceptual, y mediante la aplicación de diversos modelos que incorporan múltiples métodos, y cada uno de estos, diferentes técnicas; y no todos funcionan de la misma forma en los diversos contextos donde son o podrían ser aplicados. Entre otras razones, por las siguientes:

  • Diferencias educacionales entre los entornos.  

No todos los clientes potenciales de intervenciones en marca personal tienen la misma formación y trayectoria educacional, y ello incide sobre sus diversos modos de asimilar y aplicar los conceptos en un ámbito profesional tan novedoso, complejo, multitemático, y a veces controversial.

  • Diferencias culturales entre los entornos. 

No todos los clientes potenciales de intervenciones en marca personal proceden de contextos culturalmente similares, muchos ni siquiera parecidos; y ello impacta sobre sus creencias, asunciones y valoraciones acerca de diferentes temas contenidos en el branding personal como proceso, y en la marca personal como su resultado.

  • Diferencias económicas entre los entornos y entre los individuos que viven en ellos. 

No todos los clientes potenciales de intervenciones en marca personal tienen igual acceso a los recursos económicos que hacen falta para hacer personal branding «bien hecho», ni sus ámbitos de residencia y trabajo son igualmente receptivos y comprensivos ante tales necesidades, ni proclives a proveer las soluciones de lugar o las oportunidades para acceder a ellas; y no me refiero a elementos de lujo, sino inclusive a lo básico. Me consta lo que afirmo.

  • Diferencias en el acceso a la tecnología. 

No todos los clientes potenciales de intervenciones en marca personal disponen de igual posibilidad de acceso a la tenencia y uso de los artificios tecnológicos necesarios para hacer personal branding en el entorno digital, siendo Internet la principal plataforma de comunicación, marketing y negocios del mundo, la principal «vidriera global» del talento, y el principal espacio de gestión competitiva, entre otras principalías de que goza. 

Todo ello puede propiciar que las intervenciones consultivas a efectuar por parte de profesionales del personal branding en un entorno X, no tengan la misma acogida ni similar efectividad en él, que las que tienen en el suyo de origen. Porque a ese consultor, mentor, asesor o formador, se le puede hacer difícil o tomarle mucho tiempo interpretar la realidad de ese otro contexto (y actuar o proponer con base en ella), de la forma relativamente sencilla en la que interpreta la suya propia; es más, dentro del contexto «diferente», habrá diferencias importantes entre los clientes que residen en áreas más avanzadas económica o tecnológicamente y aquellos que lo hacen en zonas de menor desarrollo –diferencias que el profesional interviniente no maneja de modo habitual, porque donde actúa ellas no están presentes-; y esas diferencias también introducen variables que pueden generar desviaciones, distorsiones y sesgos en los procesos. Todo ello impacta necesariamente sobre las intervenciones y sus resultados, y por supuesto, sobre las condiciones del proceso competitivo. Y también por supuesto (jejeje), nuestros clientes no tienen la culpa de que seamos «extraños« allí, ni tiempo para esperar por nuestro «aprendizaje cultural«. ¿Verdad que no?

Y además, retomando el punto: siendo «prácticos», creo que actualmente hay y durante muchísimo tiempo habrá mercado más que suficiente para los servicios profesionales que prestamos, mucho más allá de nuestros propios decursos vitales. Todos nosotros trabajamos, desde diferentes perspectivas y con múltiples metodologías, sobre el ser humano y sus diversas interacciones e integraciones con el entorno humano, socioeconómico, mercadotécnico, tecnológico, político, cultural y medioambiental que le rodea; y en una época en la que el cambio es y seguirá siendo la primera gran constante (aparte de NOSOTROS, claro), resulta que la necesidad de intervenciones como las que definen, configuran, dan cuerpo y sentido a esta gran industria, no hará sino crecer, inclusive de forma exponencial. Baste una leve mirada a la realidad que nos está dejando la pandemia a escala individual, familiar, organizacional y social, y con un énfasis especial en la esfera laboral y en el mercado, para darnos plena cuenta de ello. 

Pareciera que algo o alguien me estaba «avisando» o «iluminando» (jejeje), cuando hace seis años, en mi trabajo Marca personal: ¿»creación» o gestión?, escribí lo siguiente:

«…no nos preocupemos por la competencia. En todos y cada uno de los ámbitos de acción profesional imaginables, hay espacio y mercado más que suficiente para todos nosotros (basta mirar en derredor con vista y mente analítica y crítica). Solo debemos demostrarle al mercado que nos necesita a todos. Porque así es, pero el mercado no lo sabe. Aún.

Mientras más difusión, notoriedad y validez demos al tema que profesionalmente trabajamos, más crecerá la demanda, como traté de explicar anecdóticamente en la primera parte de este post. Y sencillamente, sea cual sea el campo, no daremos abasto. Pero para ello, todos debemos cultivar la profesionalidad y alcanzar un expertise sustentable y demostrable, reflejado y proyectado en una marca personal creíble y muy honesta…«. 

¿No te parece que esa realidad de inicios del 2016, sigue siendo válida seis años después, amigo lector?

Veamos algunas interrogantes muy necesarias sobre el tema de la competencia entre colegas profesionales «independientes»:

  • ¿Hacemos exactamente las mismas cosas? 
  • ¿Apuntamos exactamente a los mismos públicos? 
  • ¿Los marcos regulatorios estatales u organizacionales de nuestras actividades, son exactamente los mismos, generan las mismas posibilidades y opciones, y plantean iguales requerimientos y exigencias? 
  • ¿Ofrecemos, tal cual, los mismos o muy parecidos «productos» y servicios, a los mismos o muy parecidos mercados,  para que sean consumidos por los mismos o muy parecidos clientes? 
  • ¿Aportamos valor de la misma forma, y además, es acaso el mismo valor, con igual potencial de aplicación y aprovechamiento, considerando que muchas veces nuestros clientes no comparten los mismos entornos, y estos no asimilan del mismo modo las diferentes aportaciones? 
  • ¿Ser competitivos significa exactamente lo mismo para todos, más allá del concepto (que obviamente, es uno), y aterrizando en los diferentes contextos?

Y si como parece obvio, las respuestas a todas o casi todas estas respuestas tienen muy alta probabilidad de ser negativas (casi certeza, diría yo, y tal vez sobre el casi) pues…

¿Por qué hemos de considerar a esos otros profesionales –inclusive, colegas de profesión– como «nuestra competencia», cuando ellos no afectan nuestra posición competitiva desde ninguna perspectiva, porque de hecho, no compiten contra nosotros?

Otras interrogantes, de índole más «individual», o mejor, «más personal», ya definirían otras cosas, que sí tendrían que ver con la condición competitiva y las posibilidades de cada quien en el proceso. Si todas o casi todas las respuestas anteriores fueran positivas, habría que saber cosas como estas: 

  • ¿Tenemos estilos iguales o muy parecidos? 
  • ¿Sus modelos y estándares de desempeño son como los nuestros? 
  • ¿Su formación y trayectoria profesional es como la nuestra? 
  • ¿Sus hábitos y rutinas de trabajo son similares a los nuestros? 
  • ¿Desarrollamos exactamente los mismos procesos? 

Pero las respuestas a estas preguntas, si bien indican de forma más  o menos precisa «cómo somos y trabajamos» a nivel individual,  no definen el escenario de actuación ni las condiciones de trabajo, en los diferentes sentidos posibles. Por ende, no tienen que ver con si nuestros colegas y nosotros somos o no somos competidores, sino que ya siéndolo, si fuera el caso, incidirán en alguna medida sobre la posición competitiva que conseguiremos (porque sin trabajo no hay resultados, pero sin contexto tampoco). Y el análisis individual no es nuestro asunto aquí, sino el contextual. 

Te lo simplifico con un ejemplo que está un poco fuera del contexto temático que nos ocupa, en modo propositivo/interrogativo: 

Tres mecánicos automotrices, uno que vive en Senegal, otro en Australia y otro en Grecia: todos especializados en vehículos alemanes de ciertas marcas muy específicas, todos con mucha experiencia, gran desempeño y reputación excelente, todos muy bien posicionados en sus respectivos mercados, cada uno sirviendo a la clientela que ha conquistado en el espacio en que trabaja, y sujeto a la regulación impositiva y medioambiental de su país y ciudad…¿son acaso competidores entre ellos? 

La respuesta es muy obvia, ¿verdad? No lo son, ni pueden serlo, porque aún siendo especialistas de excelencia en el mismo tema, viven en contextos muy diferentes y sirven a mercados completamente distintos. Por tanto, ninguno de los tres amenaza el espacio de incidencia ni la cuota de mercado de los otros. No compiten entre ellos. 

Pues la misma lógica funciona en cualquier otro tipo de actividad profesional. Ser verdaderamente competidores (como categoría mercadotécnica) en un determinado campo y actividad profesional, depende del contexto tanto y hasta mucho más que de nosotros mismos. 

Ahora sí: competidores

Para terminar de analizar esta cuestión, veamos un ejemplo diferente del concepto competencia, tomado del deporte: dos judokas en combate olímpico (👈 aquí te dejo al legendario campeón cubano Héctor Rodríguez, en el combate  en que ganó la medalla de oro en las inolvidables olimpiadas de Montreal, en 1976, las olimpiadas de la mítica e inmortal Nadia Comaneci). Dos luchadores/artistas marciales que necesariamente han aprendido el mismo sistema de técnicas para combatir de pie y en el suelo (ello constituye un estándar mundial, y no se puede obtener los diferentes grados que determinan el nivel cualitativo de un judoka, sin demostrarlo). Ambos son claramente competidores haciendo exactamente lo mismo en el mismo tatami, utilizando el mismo vestuario, bajo las mismas reglas y con el mismo objetivo: procuran derrotar a su adversario, atacando, defendiéndose, evadiendo y contraatacando, tanto de pie como en el suelo.  La victoria dependerá, esencialmente, de cómo cada uno sepa y pueda aplicar las técnicas que domina, de su capacidad física, de su valentía, de su concentración en la pelea, de cómo y cuánto haya estudiado previamente a su oponente, de su estilo e inteligencia competitiva, del sentido de oportunidad y la capacidad de reacción que manifieste, de su poder de recuperación para reponerse de un error y remontar una desventaja, de la voluntad guerrera que le haga sobreponerse al dolor de una lesión si fuere el caso, y de su motivación personal para vencer. En mi Cuba bella llaman a todo esto, cuando se manifiesta, ser un «atleta de competencia».

¿Te parece claro?

Te propongo otro ejemplo. Dos o más corredores, que también son competidores, en este caso, de 100 metros planos (👈 aquí te dejo, en acción dorada y recordista, al velocista más grande de todos los tiempos hasta el día de hoy 👈 en el artículo aquí enlazado analizo  la trascendencia de su marca personal, junto a otras tres-, y tal vez por un par de siglos más: Usain Bolt). Ellos tienen que recorrer exactamente la misma distancia, cumpliendo exactamente las mismas reglas, en el mismo ambiente y bajo iguales condiciones, con un mismo y único objetivo: llegar primero a la meta. Dependiendo de la distancia a recorrer en la carrera, la victoria será de quien ostente la mejor condición física, haga la mejor salida, desarrolle mayor velocidad o manifieste mayor resistencia (o mantenga la velocidad necesaria durante mayor tiempo y distancia, lo que los especialistas llaman «resistencia de la velocidad», según recuerdo), y/o que aplique más inteligentemente la estrategia de carrera planteada para ese evento en particular.

El deporte es una actividad esencialmente competitiva: competir es su esencia. Por tanto, nos ofrece multitud de ejemplos para completar el análisis del tema que hoy trato para ti. Pero seguir incluyéndolos aquí alargaría demasiado este trabajo (cuando decidí no hacerlo tenía escritos otros 3 ejemplos, que involucran a Carl Lewis, Iván Pedroso, y los equipos de fútbol de Argentina y Bolivia, cada uno con bastante detalle explicativo); entonces, creo que lo mejor será escribir más adelante otro post dedicado a eso –en este mismo espacio, claro– y dejar el asunto hasta aquí. 

¿Ves mi punto, amigo lector?

De eso se trata competir: tratar de vencer al adversario en el mismo escenario, debiendo ambos hacer las mismas cosas bajo iguales reglas y condiciones, y obteniendo la victoria quien las haga mejor. Cuando no se manifiesta dicha igualdad de condiciones y reglas (o sea, cuando el contexto no es el mismo), el concepto «clásico» de competencia NO ES exactamente el más aplicable, y obviamente, tampoco es válido considerarnos en tal situación como competidores de los demás colegas que trabajan en las mismas actividades que nosotros, pero en contextos y bajo condiciones diferentes a las nuestras. Y cabrían muchos más ejemplos demostrativos, pero este texto no trata de eso. 

En el caso de los servicios profesionales, por ejemplo, los concursos y las licitaciones para optar por contratos con el Estado o con entidades privadas nacionales, regionales o globales, son un buen ejemplo de competencia. Igualmente, los concursos para optar por puestos de trabajo, posiciones directivas y técnicas, o estudios de especialización (como las residencias médicas). Y por supuesto, el propio mercado laboral, en su noción más amplia, constituye un escenario muy competitivo, donde generalmente, desde hace mucho tiempo, la oferta de empleos es muy inferior a su demanda y ello exacerba la intensidad de la competencia, elevando cada vez más –otra tendencia irreversible– los niveles de exigencia competencial, experiencial y resolutiva para los profesionales de prácticamente todos los sectores. 

En mi libro digital Pues : ¡SOMOS MARCAS!, me he referido a esto de la siguiente forma (p. 141/142 ):

  • La competencia. Mientras más aspirantes haya, y más parecidos sean sus respectivos niveles de profesionalidad demostrable y demostrada, la barrera llamada competencia será más alta para cada uno de ellos. Porque con los actuales niveles de acceso a la información y al conocimiento, cada vez mayores y con dificultad menor de procesamiento y utilización, diferenciarse y destacar por calidad profesional exige muchísimo más que antes.
  • Las competencias. Mientras más elevado sea el nivel competencial exigible y/o exigido por las empresas que ofrecen puestos de trabajo, y/o por los organismos financiadores de proyectos, y/o por los clientes potenciales de servicios profesionales, etc., etc. (todo ello en virtud del valor que aspiran a producir y entregar al cada vez más exigente mercado de sus respectivos negocios, dado que el poder negociador de los clientes crece también de forma exponencial), mayor será la barrera que el nivel de desarrollo competencial significa para quienes aspiran a entrar. Porque las competencias deberán responder a las exigencias últimas del mercado al cual sirve el potencial empleador; y en una época en la que todo cambia tanto todos los días, y la tecnología establece prácticamente a diario nuevas y más exigentes cotas a alcanzar, tales competencias son necesaria y absolutamente móviles y dinámicas: nunca estáticas. Lo dejo hasta ahí.
  • El nivel de conocimiento de las propuestas de valor. Mientras más conocidas sean las propuestas de valor de los diferentes oferentes que aspiran a entrar al mercado, y también, por supuesto, las de quienes ya están dentro, mayor será la altura que dicho factor tiene como barrera de entrada. Porque en virtud de ese conocimiento tan masivo, y muchísimas veces, además, indiferenciado, cabría que preguntásemos a cada uno de ellos (algo que Andrés reitera a menudo…: ¿Por qué debo elegirte a ti y no a otro cualquiera entre quienes hacen y ofrecen cosas muy similares a las que tú haces y ofreces? Y solo salvarán esta barrera los pocos capaces de responder con efectividad dicha vital interrogante.

Y todo esto es tan así, que hasta la lógica de la globalización ha ido exigiendo y requiriendo cada vez más la homologación de condiciones para normatizar la competencia en los diferentes mercados regionales y nacionales (creando ámbitos condicionales relativamente equilibrados que procuran espacio para una competencia  más justa, dados los muy desiguales niveles de desarrollo y profesionalización entre países de «mundos» diferentes), o la adecuación de los nuevos concurrentes a las condiciones específicas de los mercados regionales o nacionales a los que pretenden entrar como competidores de quienes ya están allí. Y ello es visible en prácticamente todos los sectores, como lo puedes constatar al revisar la red; tanto como lo es el nivel de reactividad social negativa que se manifiesta cuando las legislaciones correspondientes no son lo suficientemente claras y bien enfocadas en este asunto.  Pero tampoco procede efectuar dicho análisis en este trabajo. 

Y si estás pensando que Internet globaliza y homogeniza el concepto de competencia y sus aplicaciones, al extremo de borrar fronteras nacionales y límites regulatorios, pues…NO. Al menos, no es así donde existe y funciona la debida regulación estatal del mercado y del entorno competitivo, como debe ser. La economía, el mercado, y la competencia, no pueden regirse por la ley de la selva: alguien debe definir y establecer un marco justo y equitativo preferiblemente con nuestra participación, claro-, decirnos a los concurrentes cuál es ese marco, y hacer cumplir sus reglas. Todos (o más bien una parte, jejeje) estamos en la red, trabajamos en la red, colaboramos en la red, competimos en la red cuando procede, etc., etc…pero todos vivimos en uno u otro país a cuyas leyes tenemos que responder; y nuestros clientes extranjeros viven en algún otro y deben responder a las suyas. Lo otro son aberraciones. 

Un suceso reciente relacionado con los aspectos anteriores, ha sido analizado por el reconocido profesor Dr. Enrique Dans en este artículo, donde aborda «el acuerdo para un impuesto de sociedades común del 15% para las compañías con actividad internacional«. Y como bien plantea el autor, «Un acuerdo así es, básicamente, un signo de los tiempos: en un mundo globalmente hiperconectado, muchas de las normas que lo regulan tienen que evolucionar para convertirse en globales» (negritas mías). 

Porque los actores económicos provenientes del «primer mundo», han prevalecido históricamente en una llamada «competencia» donde realmente no se compite, porque a sus potenciales «competidores» no les es objetivamente posible competir. Y definitivamente, es de justicia procurar esta «otra» justicia.   

Y que conste, yo no abogo por el estrechamiento asfixiante de los límites para hacer negocios, para nada: creo en la libertad competitiva, pero con un marco regulatorio justo, equitativo, y claro para todos, que sea de obligatorio cumplimiento por todos, e implique consecuencias serias por su incumplimiento. Obviamente (al menos por ahora), la única forma en que esto puede funcionar es que cada oferente que aspire a competir en un mercado fuera de sus fronteras nacionales, lo haga bajo la legislación nacional del país al que pretende entrar, o en su caso, bajo los acuerdos bi o multinacionales correspondientes, que por supuesto, deberán haber sido concertados teniendo en cuenta aquellas regulaciones. Obvio, ¿verdad? Entonces, es como te decía antes: el contexto determina esta historia. 

En mi ya citado libro digital Pues sí: ¡SOMOS MARCAS!, he propuesto un sencillo enfoque  personal del concepto genérico competencia, el cual me resulta más pertinente al tipo de servicios profesionales de que hablo. 

En este enfoque (y contexto temático), competir es

“…la colocación de nuestra propuesta única de valor, de modos ética y socialmente aceptables, al alcance de sus posibles beneficiarios como una opción potencialmente viable entre las disponibles para ellos, revistiéndola del nivel cualitativo y de los atributos necesarios para que ella pueda resultar pertinente, ventajosa, bien valorada, preferida, y eventualmente elegida, en los procesos de selección de ofertas que aquellos efectuarán para tomar sus decisiones de contratación” (Estrada, 2019; p. 144).

Como puedes apreciar, para mí la competencia no se trata de una guerra; solo de permitir a los potenciales clientes optar por lo que más les convenga, en cuantos sentidos sea necesario. Y el proceso no se basa en nuestros competidores: SE BASA Y SE SUSTENTA EN NOSOTROS, en lo que somos y seamos capaces de ser, hacer y lograr, y en el valor que podamos aportar gracias a eso.

O sea: para competir debemos centrarnos en crecer, en mejorar, en potenciar nuestro potencial de contribución. En NOSOTROS, no en los demás colegas. 

Y aterrizando el concepto a mi contexto temático de hoy, todo esto tiene absolutamente todo que ver con la forma en que utilizamos nuestro tiempo, y por supuesto, con nuestra agenda de servicios profesionales.

Veamos algunos elementos:

  • ¿Qué tanto nos «guiamos» por lo que hacen nuestros «competidores», y cuánto tiempo dedicamos a ello, en lugar de dedicar ese tiempo a conocer a fondo lo que necesitan nuestros clientes potenciales o actuales, y a construir e implementar soluciones que les aporten valor?
  • ¿Cuánto tiempo dedicamos a «investigar y estudiar» lo que «ellos» hacen y cómo lo hacen?
  • ¿Cuánta energía (y a veces, dinero) invertimos en eso, en lugar de canalizarlos hacia nuestro mejoramiento personal y profesional enfocado a satisfacer a nuestros clientes actuales, o a captar y fidelizar nuevos clientes?
  • ¿Cuánto tiempo dedicamos a perfeccionar y diferenciar significativamente el valor que aportamos o pretendemos aportar?
  • ¿Cuántas veces «copiamos» involuntariamente algunas prácticas ajenas –léase de nuestros «competidores«– por lo taaaaanto que las «observamos y estudiamos» (sea para imitarlas o para superarlas), en lugar de dedicar nuestro tiempo a fortalecer la competencia profesional propia, y a generar prácticas propias, originales, exclusivas, únicas?

Las respuestas individuales a estas y otras diversas preguntas que seguro han surgido en tu mente, determinan mucho el uso que hacemos del único recurso verdaderamente irrecuperable que tenemos: el tiempo, del que disponemos de 24 horas diarias durante toda nuestra vida, y ni un segundo más; y tenemos el deber de sacarle el máximo provecho posible. Nuestra agenda de servicios profesionales se ocupa y/o se llena combinando dos variables esenciales: actividades a desarrollar (con un gran grupo de añadidos y precisiones, of course), y tiempo a dedicarles. Y como ya sabes, estamos compartiendo acerca de la gestión que hacemos de nuestra agenda, así como sobre qué tanto debemos «llenarla», y también cómo, por qué, para qué, y con qué. Hacia todo eso avanzaremos en la segunda parte de esta serie. 

A modo de conclusión 

Amigo lector:

¿Qué te ha parecido esta primera parte, qué piensas sobre los conceptos y las ideas –algunas introductorias, y otras no tanto– que he compartido contigo hoy? ¿Te funcionan? ¿Coincides, o disientes? Y en cada caso, ¿por qué?

Dentro de algunos días (con la ayuda de mi querido amigo y colega Guillem Recolons, nuestro gentil anfitrión en Soymimarca, y su magnífico equipo de trabajo) te propondré aquí mismo la segunda parte de esta serie, en la cual abordaré para ti el siguiente temario:

A modo de introducción

Servicios profesionales, tiempo de trabajo, y aporte de valor al mercado

Algunas razones y dudas sobre la gestión de nuestra agenda:

  • La salud
  • La familia
  • La profesionalización permanente
  • Personal branding

A modo de conclusión

Luego de esa segunda, en la cual profundizo en el tema y varias de sus áreas de manifestación, vendrá la tercera, donde pretendo transitar desde lo analítico y valorativo, hacia lo propositivo, en forma de estrategias; siempre con base en las preguntas que me parecen clave, y en el análisis situacional que he ido efectuando. Y sin más por ahora, deseándote una feliz semana y una marca personal excelente, recibe como de costumbre el más cálido y cordial brand/abrazo de tu siempre amigo, Vladimir.

Imagen de David Schwarzenberg en Pixabay 

Reseñando a Maestros: Si no aportas, no importas, de Guillem Recolons, por @Prof_EstradaMSC

«Personal branding es el proceso de gestión sistémico/estratégica que nos permite identificarnos y desarrollarnos como marcas personales, hacernos visibles y ocupar un espacio favorable en esa condición en la mente de otras personas, aportando algo valioso para ellas desde nuestra esencia humana, nuestra profesionalidad, nuestra vocación de impacto, nuestra intención de posicionamiento y nuestra necesidad de ser y mantenernos  competitivos en un entorno cambiante; y todo ello, del modo más compatible que podamos conseguir con las esencias, el contexto, la situación, la sensibilidad, las perspectivas de desarrollo y los requerimientos de valor de quienes nos rodean«. 

Dr. Vladimir Estrada 

Ponencia para Congreso Internacional, 2020 

A modo de introducción 

Amigo lector: 

Recibe como de costumbre mi más cordial y agradecido saludo, en esta nueva ocasión en que para mi suerte me acompañas en el entorno bloguero de Soymimarca, por primera vez en 2020. Gracias por estar aquí. 

Mi primer mensaje de hoy (que tal vez hayas leído en otros de mis artículos de este año en otros espacios, y no me avergüenza reiterarlo tal cual cada vez que publico) es de solidaridad con quienes han sufrido o sufren de cualquier modo los efectos de la terrible pandemia que nos golpea a todos en el mundo, especialmente quienes han perdido a algún ser querido. Como cada día desde que esto inició, y como lo haré hasta que termine, elevo una oración por ellos, porque puedan recuperarse y seguir adelante.

Y de inmediato te comento el motivo de mi post de hoy: se llama Si no aportas, no importas, el primer libro impreso de quien es nuestro anfitrión aquí, el Maestro y mi AMIGO Guillem Recolons. Voy a compartir contigo algunas de las impresiones que me ha causado y de las ideas que ha hecho surgir en mi mente su primera y ultrarrápida lectura (lo recibí hace muy pocos días); y me reservo la oportunidad de volver sobre él más adelante con mayor profundidad, así como el privilegio de citar y comentar en mis próximos trabajos sus importantes aportaciones.

Y de paso, te digo algo más. Este es el primer post de una nueva serie de trabajos que titularé «Reseñando a Maestros«, la cual pretendo mantener aquí en Soymimarca (si el equipo del medio me lo permite, jejeje; y por cierto, tengo que actualizar mi perfil de autor, que «solo» tiene cinco años de atraso. Contáctenme para ello, amigos, please). 

Ahora que lo pienso, Guillem se ha convertido en el coprotagonista de varios inicios en mi trabajo reciente como productor de contenidos. En 2016 me invitó a escribir en Soymimarca y prologó generosamente mi primer ebook autopublicado sobre el tema de la marca personal; en 2018 participó conmigo en la primera de las 4 entrevistas bidireccionales transoceánicas publicadas hasta este momento, un modelo de comunicación productiva interactiva a través del blog, que luego han coprotagonizado conmigo Pablo (aquí), Jordi (aquí) y Joan (aquí); ya se acercan peligrosamente la 5ta y la 6ta, con otras tres en perspectiva para 2021. Y hoy, estoy proponiendo esta primera reseña de un texto impreso suyo que aborda un ámbito temático muy especializado; como dicen en mi Cuba bella, ¡si no es un récord, es buen average, jajaja! 

El segundo de estos trabajos -espero que bien pronto- será sobre la obra más reciente que nos ha regalado nuestro común amigo y colega Pablo Adán: Mis conversaciones con Krizn. Ya inicié ese proceso, pero no lo he terminado aún; este de Pablo -bastante denso en el mejor de los sentidos-, no es un texto de tema estrictamente técnico (aunque se pasea por zonas temáticas que sí lo son), ni tampoco resulta «habitual», sino muy diferente, y al mismo tiempo, muy placentero de leer, gracias a Dios. Y luego de ahí, vendrán otras reseñas: hay tres o cuatro libros de nuestro campo cuya llegada espero ansioso, para inundarme de su valor y producir a partir de él. 

Vamos a lo que nos ocupa, amigo lector. Gracias por ser, por estar, por acompañarme hoy y siempre. 

Del autor 

Si no aportas, no importas, es seguramente el más esperado y reclamado de los libros potenciales que tenía y aún tiene «escondidos» la tribu de la marca personal. Te comento algunas razones para ello:

  • Guillem persona. Su gran calidad humana y relacional son proverbiales, a ambos lados del charco y más allá. A todos nos gusta estar y sentirnos cerca de seres humanos buenos, recibir los influjos e impactos de su bonhomía  y aprender de lo que tienen para darnos; sobre todo cuando lo ofrecen con tanta sencillez y humildad bien entendida. Este es el caso. 
  • Guillem profesional: consultor, expositor, docente, productor intelectual (con especial énfasis en su condición de blogger de referencia y de gran curador y analista de contenidos), co-gestor y co-ejecutor de proyectos tan interesantes y fructíferos como Ponte en Valor (te propongo mi análisis del mismo) y otros varios, gestor de eventos, networker, promotor y desarrollador de talento. Todas estas facetas representan en Guillem modelos de coherencia entre el mensaje al mundo y la conducta propia. Es grande en cada una de ellas y en el modo de integrarlas, y modeliza las maneras de serlo para que muchos nos esforcemos por crecer siguiendo la estela de su profesionalidad; alguna vez escribí que  él es el mejor modelo de gestión de marca personal entre quienes trabajamos con este concepto
  • Soymimarca. Espacio consultivo, propositivo y de convocatoria que ha marcado la ruta del personal branding en lengua española durante una década, con Guillem como cofundador junto al Maestro Jordi Collell, y como principal aportador de contenidos (y ambos co-liderando juntos el proyecto hasta hace poco tiempo). Les debemos la construcción y el desarrollo de una tribuna de excelencia para más de medio centenar de autores de tres continentes, en un tema novedoso y polémico cuyo tránsito hacia el éxito ha sido y sigue siendo complejo y difícil. 
  • Personal Branding Lab Day. El Congreso sobre marca personal y temas afines más importante que existe en lengua española (lo cual no es poco en modo alguno, pues ella es la segunda más hablada del mundo como idioma nativo,  así como la tercera con mayor presencia en Internet y la tercera más traducida en línea); este espléndido espacio anual también lo debemos a la tropa de Soymimarca, con Guillem coliderando el tema y propiciando desarrollos intelectuales, profesionales y relacionales de enorme impacto a/entre ambos lados del charco. Ya se acerca la ¡¡¡SEXTA!!! edición, y tendremos una nueva ocasión de aportar e interactuar sobre personal branding en modo crecimiento compartido, en gran medida gracias al esfuerzo del colega cuyo primer libro impreso estoy reseñando hoy (junto a otros estelares co-organizadores). 

Todo esto y más hacía que muchos seguidores y/o interesados en la marca personal, tanto conocedores como profanos, aguardásemos «con ilusión», como dicen en España, el primer parto literario de Guillem en este formato. Se sabía con certeza que debía traernos a la mesa muchísimo valor, muy bien aderezado; y no nos ha defraudado ni un ápice. Te lo fundamento a continuación. 

De la obra 

Si no aportas, no importas, está estructurado como sigue (incluyo comentarios):

  1. Prólogo, por Joan Clotet

Habría sido difícil hallar mejor prologuista para este libro; más allá de todo cuanto une a dos amigos y colegas como Guillem y Joan, la condición de humanista digital de este último le convierte en alguien idóneo para acercarnos magistral y motivadoramente tanto a la obra como a su autor, desde las dos componentes de su justísimo y bien justificado título: lo humano (la esencia de la marca personal) y lo digital (el ya no tan nuevo entorno tecnológico que nos permite conectarnos rompiendo los kilómetros, las brechas y los años, como afirmo -sobre otro tema- en una de mis canciones de inicios de siglo). ¡Y el autor del texto prologado es un connotado representante de la integración de ambas dimensiones! 

Felicidades, Joan: breve, abarcador, directo, concreto, preciso y estimulante, joya de Prólogo. 

1.- Una Introducción del autor

Muy clara, orientadora, motivadora y precisa. No te adelanto nada, solo la tremenda cita de Sartre que le sirve de exergo: Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es. Ese es Guillem, y así procura ayudarnos a ser, con todo lo que hace y con este libro, cuyo mensaje es clave y con él cierra esta parte: nuestra capacidad de aportar valor determina nuestro futuro

2.- Capítulo 1. Relato breve: Sin tocar el violín

Una pieza narrativa sencilla y bien lograda para el contexto en que está, introductoria del tema y premonitoria de la ruta y del resultado. No es nada casual la elección de iniciar así: Guillem es un melómano empedernido («vicio» que compartimos), como lo atestiguan ante el mundo su serie sobre música en Instagram y algunos de sus posts; recuerdo sin esfuerzo uno magistral que protagoniza la eterna María Callas y que yo he citado alguna vez: búscalo en su blog y ya verás. Y por otra parte, la música y los músicos dejan mucha marca; él lo sabe y lo usa para aportar. Me ha encantado esta zona del libro. 

3.- Capítulo 2. El marco se ha vuelto loco.

Contexto. Contexto. Contexto. La evolución de la situación hacia la «locura», planteada en el título de este capítulo por Guillem, me hizo recordar el tremendo capítulo Tiempos locos, empresas locas, del célebre libro de mediados de los 90 Nuevas organizaciones en tiempos de caos, al que suelo identificar como un claro y explícito antecedente del concepto que hoy nos convoca a aportar si queremos importar, y cuyo autor es un tal Tom de apellido Peters, creo. Tiempos locos, Guillem. Cada vez más locos. 

¿Y nosotros qué, por qué, para quién, para qué, a dónde, cómo, cuándo y hasta cuándo? De eso se trata toda esta historia que Guillem ha contextualizado muy bien en esta parte de su obra, introduciendo los conceptos básicos para la gestión de la marca personal en el «nuevo» entorno (y adivina qué: ¡lo seguirá siendo!), y precisando detalles clave sobre ellos. El marco se ha vuelto loco: necesitamos gestionar su locura y nuestra «loca» respuesta a ella, si hemos de funcionar en el contexto cada día diferente en que vivimos, definido en 2003 por el mismo señor Peters -sí, aquel del caos- como un mundo de…marca personal

4.- Capítulo 3. Autodiagnóstico de marca personal

He dicho muchas veces que el personal branding bien hecho trabaja sobre la brecha entre nuestra marca personal actual (la huella que dejamos hoy, gracias a la cual SOMOS una determinada marca) y la deseada (la huella que queremos y debemos dejar en el futuro próximo, mediato y distante, para convertirnos en la marca que ASPIRAMOS A SER). Dicho ejercicio transformador sería imposible sin conocer la marca actual, y para ello resulta imprescindible que podamos diagnosticar nuestro estado actual como marcas. 

En este capítulo Guillem nos presenta una metodología muy pertinente y útil para efectuar ese autodiagnóstico. Porque él sabe muy bien que es importante conocernos bien, pero lo es mucho más conocer a fondo quiénes, qué y cómo somos para los demás. Pues nuestra marca personal nace en nosotros, pero crece, florece y fructifica en los demás  a través del valor que nosotros les aportamos (o no) y gracias al cual les importamos (o no); flores y frutos que regresan a nosotros en forma de RESULTADOS

5.- Capítulo 4. La magia de la estrategia personal

Seguimos en marcha. ¿Dónde estamos hoy? ¿A dónde vamos desde aquí? ¿Cómo llegamos allí? 

Muchos sabemos que la estrategia es una ruta intencional entre el presente y el futuro. Pero todavía falta bastante para que la mayoría de nosotros integremos la dimensión estratégica a nuestros decursos vitales, entendiendo y utilizando la estrategia como una herramienta para mejorar la calidad de nuestra vida

Por eso son pocos los humanos con recursos que saben trazarla como se debe, y menos aún los capaces de recorrerla del modo más adecuado para el logro de los objetivos que cada quien se ha -o debe haberse- planteado. Guillem nos propone en esta zona del libro una manera mágica de hacer ambas cosas, una metodología integradora de técnicas y pasos para proyectar y avanzar con rumbo estratégico, con la marca personal deseada como horizonte de llegada. 

6.- Capítulo 5. Comunicación personal I.

Una perogrullada: es imposible no comunicar. Otra: es imprescindible comunicar bien, para comunicarNOS bien

Aquí Guillem enfatiza la importancia extrema del 1.0 para mantener humana la comunicación entre humanos: coincido totalmente con él. Una vez describí «la mejor tecnología de la información y las comunicaciones que jamás ha existido: una conversación entre humanos, cada a cara, gesto a gesto, palabra a palabra, mirada a mirada, sonrisa a sonrisa». 

Pero el Maestro agrega mucho más valor en esta parte: nos prepara para saber comunicar humanamente el valor que proponemos, y sobre la utilización correcta de múltiples técnicas de comunicación interpersonal y/o de marca personal: desde el elevator pitch al storytelling, desde las tarjetas de visita hasta la participación en medios tradicionales…Un manjar. 

7.- Capítulo 6. Comunicación personal II

«Otra» perogrullada: es imposible no comunicar (¿lo dije antes?). Y una más, espero que la última de hoy (jejeje): en la era de Internet no es posible comunicarNOS bien y lograr que cada mensaje nuestro llegue al público correcto, de la manera correcta, en la frecuencia correcta, con la intensidad correcta, etc., etc… (¡salve, Aristóteles!) al margen de la red

Y si por haberte dicho esto, crees que el capítulo que estoy presentándote versa sobre la comunicación online de nuestra marca personal, has adivinado.  Más de 60 páginas que nos ilustran a fondo sobre la gestión comunicacional efectiva en ese entorno que ya es ineludible, pero muy bien integrada al sistema de gestión llamado personal branding, y con sólido sustento informativo y estadístico. No te adelanto nada más. 

8.- Capítulo 7. Utilizar el personal branding para conseguir objetivos

¿Para qué sirve la marca personal? Pareciera que ya todo está confluyendo, con nosotros y nuestro posicionamiento como urgencia central; o como propone una conocida teoría o corriente, que el Universo está conspirando para que no nos quede otra opción que asumirnos y gestionarnos como marcas -a contrapelo de nuestras resistencias, las del entorno, y especialmente, las de algunos en él-, si deseamos obtener los resultados a que aspiramos (el próximo noviembre recibiremos nuevas pruebas de la «conspiración» en el 6to Congreso Internacional Personal Branding Lab Day, cuyo lema Haz que tu marca personal te encuentre trabajo está «extrañamente» conectado al título de este capítulo). Ya no se trata del dilema de Hamlet; ahora hay que ser, y además, aportar, si se quiere importar, y gracias a ello crecer, impactar, y eventualmente, trascender. Y todo ello, en diferentes ámbitos, no solo en el laboral; porque tenemos aspiraciones de muy diversa índole, y en todas hay humanos ahí afuera. 

No hay casualidad alguna en el hecho de que Guillem titule así esta lograda y muy detallada parte de su libro. Los objetivos de cada uno de nosotros son únicos, aún estando formulados de formas similares o parecidas; puesto que «también» nosotros somos únicos, y esa unicidad debe ser cultivada, transmitida y aprovechada para diferenciar nuestro aporte de otros aportes. Lo personal de la marca que cada quien es, se basa en esa unicidad, la mayor generadora de su utilidad. 

9.- Anexo 1. Diccionario de la marca personal y el personal branding

Por sus características muyyyy particulares, te lo comento con cierta amplitud más adelante, jejeje… 

10.- Agradecimientos. Ineludibles en alguien como Guillem, en quien y para quien la gratitud es marca. Léelos y verás. 

si no aportas portada libro

Este libro pertenece a la rara especie de textos en los que tanto un renombrado experto como un profano absoluto pueden encontrar valor inmediatamente aplicable a sus procesos, en el tema que aborda. No del mismo modo, claro está; pero Guillem ha conseguido mezclar en la misma «aula» a estas dos y a otras diversas categorías de personas relacionadas con el personal branding, sin que ninguna tenga razones para sentirse fuera de lugar. 

¿Cómo? Pues así:

  • Uso de la primera y segunda personas del singular, en tono conversacional. No sé tú (¡salve, Manzanero!), pero yo prefiero que un escritor que me propone en su libro ideas, conceptos, métodos y técnicas para contribuir a mi desarrollo profesional, lo haga conversando conmigo, no haciéndome sentir con su lenguaje impersonal y lejano la distancia intelectual que nos separa, aunque realmente nos separe. Ello me acerca a él/ella, le acerca a mí, y me motiva a procurar sacar más de su lectura. Guillem es un maestro humanizando la conversación profesionalizante, y lo aplica a lo largo de todo este libro (a propósito, este es el título de un nuevo trabajo en el que estoy avanzando, desde una perspectiva que integra el mentoring, la educación, la academia y la producción intelectual; espero publicarlo en el primer semestre de 2021). 
  • Sustento mixto entre academia, investigación y experiencia. El fondo conceptual y metodológico del libro es una mezcla interesantísima entre lo aprendido y enseñado por el autor en procesos formales, lo incorporado a través de las investigaciones que ha efectuado y continúa efectuando (un verdadero productor intelectual es un investigador permanente, y él es un modelo de esa verdad), y las aplicaciones a su práctica que a diario hace de los dos componentes anteriores, sumando además las experiencias de otros colegas de las que nutre su quehacer. 
  • Lenguaje accesible y empático. Un comunicador nato: eso es Guillem, y en este libro hace gala de su capacidad de adecuar su lenguaje a diferentes tipos de lectores, sintonizando con sus necesidades profesionales y emocionales, y adecuando a ellas la comunicación del valor que aporta. 
  • Precisión terminológica. Aborda con cuidado exquisito el verbo técnico del campo, para que cada palabra de ese tipo sea entendida como debe serlo y no haya margen a error ni ambigüedad; ello es muy importante en un tema donde lo ambiguo es parte de su esencia, por ser ella tan humana, y por ende, altamente subjetiva. 
  • Mezcla precisa entre lo estrictamente técnico y lo ineludiblemente humano. Una de las obras que mejor integra las dos dimensiones esenciales de la marca personal (marca y personas), tanto en el proceso de gestión propuesto como en el resultado esperable y esperado.
  • Vocación pedagógica. Guillem nos educa con este libro, lo quiera o no (yo sé que sí lo quiere, y si tú no lo sabes, léelo y lo comprobarás); pero su vocación de educador emerge al margen de su intención. Él es maestro, aunque no haya sido esa su línea original ni complementaria de formación. El magisterio es una esencia antes que una profesión: se es maestro y en la ruta «se aprende» a educar, hasta donde ello es posible. 
  • Enfoque propositivo. Toda la obra que estoy reseñando es una gran propuesta conformada por otras más «pequeñas» (todas las explícitas, mas algunas implícitas); la esencia estratégica de la mayor determina el carácter operacional y práctico de las menores. Pero en este libro, todo propone
  • Storytelling. Una constante a lo largo del libro (modo que es muy Guillem); ello enriquece nuestra conexión con el autor y el texto, y nos permite incorporar mejor los diferentes significados que nos presenta. 

Me detengo ahora en algunos de los otros logros de la obra, ateniéndome a una cierta estructura cercana y afín a mi forma habitual de proponer. 

  • Un primer logro: lo conceptual. El libro nos ofrece un amplio bagaje de definiciones de conceptos clave en la temática abordada y en otras colindantes, adecuadamente analizadas y contextualizadas por el autor. Si me has leído antes, o conoces esa parte de mi trabajo, sabes la enorme importancia que concedo a los conceptos: ellos son la base de TODO LO DEMÁS. Sin conceptos no hay modelos, métodos, técnicas, ni buenas prácticas; Guillem lo sabe muy bien, y se agradece mucho esta forma suya de colocar el tema y ubicarnos en él. 
  • Un segundo logro: lo metodológico. Si abundan los conceptos en el libro, no faltan tampoco los métodos y las técnicas que son requeridos y realmente importantes para aplicar dichos conceptos en el personal branding centrado en el valor (el único que realmente vale, parafraseando un poco al gran Seth Godin cuando definió como el único marketing al marketing de contenidos). El libro de Guillem no solo nos propone un excelente qué: también un magnífico cómo, sustentado además en ejercicios prácticos al final de cada capítulo que nos permiten aplicar los conceptos a través de diversas técnicas. 
  • Un tercer logro: lo experiencial. Hace varios años, propuse y fundamenté en un artículo la idea de que la experiencia laboral/profesional es mucho más que la suma de años de servicio. Un libro como este debía traernos, además de los ya comentados qué y cómo relacionados con el personal branding basado en valor, su validación experiencial, tanto desde el desempeño del autor en el tema como desde otros desempeños que le complementen y enriquezcan el aporte. Y efectivamente, aquí lo tenemos: Guillem ha cumplido. 
  • Un cuarto logro: lo testimonial (conectado también con lo experiencial tocado en el punto anterior: los testimonios se basan en experiencias). Cada capítulo incluye al final varios testimonios de personas que han recibido de primera mano el valor aportado por Guillem en el tema tratado en esa zona del texto. ¡Todavía estoy tratando de imaginar un mejor modo de legitimarlo, y no lo consigo!
  • Un quinto logro: lo bibliográfico, en modo soporte/complemento. Si bien este es un recurso habitual en la literatura profesional y académica, Guillem lo personaliza y utiliza con gran precisión, buscando y logrando mucho más que una ampliación temática: su enfoque va más hacia la generación de sinergia cognoscitiva y experiencial entre las propuestas propias y las de otros autores que recomienda al final de cada capítulo; sin hablar de las diversas citas de fuentes muy autorizadas, presentes a lo largo del texto. Y ello se agradece mucho: nadie es ni puede pretenderse dueño de la verdad absoluta en tema alguno. Guillem lo sabe perfectamente y actúa en plena consecuencia con ello, lo cual enriquece aún más su trabajo. 
  • Un sexto logro: lo innovador (casi disruptivo en nuestro entorno temático) del «paquete» que incluye y acompaña al libro. Un área de lectores viva y en desarrollo que constituye una zona mágica, de la cual no debo darte muchos detalles por un asunto de elemental discreción, pero que te aseguro que multiplicará por muchísimo el valor que recibes al comprar la obra. Solo te adelanto que incluye vídeos, artículos complementarios, infografías, ejercicios prácticos y más, hasta convertir el libro -y la experiencia de disfrutarlo junto a su valor agregado-, en un proceso auto-formativo integral

Un modo excelente de dar continuidad y hacer aún más atractiva y útil la lectura de un texto que, gracias a esta forma de extender, ampliar, profundizar y enriquecer la experiencia de lectura, redefine (literalmente) el aporte de valor literario en nuestro campo profesional. Por favor, no te lo pierdas.

  • Y un séptimo logro (muy bien logrado) es la «pequeña» cifra de 200 profesionales que han aportado conceptos e ideas para el Anexo que incluye el libro, denominado Diccionario de la Marca Personal y el Personal Branding. No todas las aportaciones son exactamente definiciones conceptuales; tal vez por ello le quepa más a este Anexo, a mi juicio, la denominación de Vademécum que la de Diccionario en un sentido estricto (opinión muy personal, y en modo alguno excluyente de la opuesta). Pero ese es un detalle ínfimo en comparación con la enorme magnitud del valor que recibe quien lo lee, gracias al poder aglutinador de la marca personal de este genuino y modélico networker, gran congregador de muchos humanos con muchos recursos alrededor de buenas causas. 

Ahí compartimos espacio (sí, yo también estoy, y habría sufrido no estar): jóvenes con veteranos, economistas con ingenieros, financieros con humanistas, pedagogos con comunicadores, habitantes de ambos lados del charco y «un chin» más allá, autores consagrados con lectores comprometidos, académicos con consultores, críticos con defensores, «mixtos» con «puros», generalistas con especialistas, bloggers con «webbers» (creo que acabo de inventarme un término, jejeje, y nada que ver con el ilustre apellido sociológico), «teóricos» con «prácticos», «marketers» con «branders» (cuidado, que el marketing es branding), los del off y los del on con los del off/on, fans del papel con fans de los bytes, y un interesante etc. Todos conectados por un concepto que nos une a pesar de que a veces nos divide (no faltan aquí las contribuciones conceptualmente contradictorias, gracias a Dios), como nos pasa tanto y en tantos temas a los humanos. 

Porque definitivamente, lo mejor de la marca personal, es su apellido, y nadie mejor que Guillem Recolons para reivindicar el carácter esencialmente humano de esa marca: porque tal como dicen sus mantras, «todo deja marca«, «las personas hablamos con personas«, y «si no es humano, no es branding«. Por ejemplo, a través de un gran libro, muy útil para una gran variedad de personas gracias al valor de que está, literalmente, repleto, comenzando desde su mismísimo y muy educativo título.  

Vladimir y Guillem

Esta imagen no es una fotografía, es un deseo

A modo de conclusión 

Creo que a estas alturas no necesito decirte lo mucho que te recomiendo la lectura del libro Si no aportas, no importas, del Maestro Guillem Recolons; un libro del cual muchos tenemos mucho que aprender. Mas por si acaso no he sido lo bastante claro, aquí te va de forma un poco más explícita, jejeje…¡TE LO RECOMIENDO, POR EL LIBRO Y POR GUILLEM!

Este amigo/compañero/colega -en ese orden- que me regaló la vida, y cuyo primer abrazo físico sincero y afectuoso de hace dos años aún me emociona, ha hecho una verdadera hombrada (tal vez funcione mejor «humanada», para no chocar con algunos/as puristas del asunto género, ya sabes); y no solo por lo mucho que aporta e importa su primera obra de este tipo, sino por las innúmeras dificultades que ha debido vencer para ponerla a nuestro alcance. Él me contó esa historia, y estoy seguro de que Poe se habría inspirado en ella para uno de sus cuentos de horror (no sé si también de misterio, jejeje). El sacrificio emocional, mercadotécnico y económico que ha debido hacer este hombre -sin perder la paz ni la sonrisa- para que hoy podamos leerle en este formato, aprender y crecer leyéndole, es digno de mucha admiración y gran respeto. 

Yo conozco mucho (tal vez como pocos) el trabajo intelectual de Guillem en los temas que compartimos; lo uso para aprender a diario, lo recomiendo con frecuencia a mis estudiantes, colegas y clientes, lo he estudiado, citado, comentado y analizado decenas de veces; pero aquí hay algo mayor, y no solo por el formato. Esto es (ahora sin riesgo alguno) una genuina y tremenda «guillemada», sazonada y cocinada a través de una década y pico de rico y fructífero ejercicio, y servida con gusto exquisito: tal vez la más esperada de todas las suyas, hechas y por hacer. Y hasta donde recuerdo, me parece que ningún otro entre los libros recientes más relevantes de nuestro campo que he tenido ocasión de leer (me faltan algunos) responde así, como resultado único e integrador, al desarrollo de toda la carrera de su autor como personal brander; salvo quizás, El Reto, de Pablo (2016), aunque con matices distintos, y que por cierto, ha sido reseñado por Guillem Recolons (¡vida curiosa, jajaja!). Valoración magistral que no he hallado para enlazarla aquí, pero sé que existe: recuerdo muy bien haber leído a Guillem planteando que El Reto era el reto más ambicioso de Pablo hasta entonces, o algo así. 

Si hay un libro que refleja aquella gran verdad del gran editor Roger Domingo («un libro no es el inicio de un viaje, sino el final de un trayecto», cita aproximada), es este cuya reseña casi concluyo. Bajo tal criterio de tan relevante y muy validada fuente, creo que Si no aportas, no importas es la primera gran estación literaria en el viaje de Guillem Recolons como experto (de los pocos verdaderos) en la gestión de la marca personal; ruta marcada hasta aquí por muchas, diversas y valiosas estaciones intermedias. 

Y para mí (excúseme, Maestro) el contundente texto que hoy me honro en reseñar no es todavía su obra cumbre, aún siendo grande; porque 2020 representa un antes y un después en todo y para todos, y Guillem lo tiene claro, muy claro. Las tremendas, impactantes y estremecedoras evoluciones recientes, presentes y previsibles del mundo, la vida, la humanidad, la sociedad, el mercado, la educación, la ciencia, la tecnología, la salud, la fe, la empresa, la política, el branding, el marketing, el liderazgo, los humanos y sus recursos (y tal vez un par de variables más), le reclaman e impelen a seguir profundizando en su producción sobre lo que él sabe mucho, y sobre lo que seguirá aprendiendo: inclusive, más allá de la marca personal aunque siempre la incluya, porque ella siempre está y estará presente. Conociendo a Guillem, y su calidad de aprendedor permanente (ecos de Joan Clotet), esa otra obra está por venir: hace un par de años lo reté públicamente a ello, cuando en nuestra entrevista le dije que lo veía como «el autor de al menos dos de los próximos bestsellers acerca del tema (¡ESTÁS RETADO!)«, y me atrevo a aventurar que ya está en la cocina. Pero si al menos puede igualar a la que hoy nos reúne aquí, pues…¡Ya vamos ganando! 

En su dedicatoria manuscrita al ejemplar que en alas de la amistad atravesó el Atlántico para aterrizar en mi Caribe que amo, el autor de Si no aportas, no importas me escribe, entre otras cosas, algo muy típico de su enorme generosidad; y aquí lo copio, con mucha humildad y sano orgullo por figurar así en su espacio emocional de creador: «Te debo mucho, inspiración y pasión por la escritura«. Perdóname por responderte en público, mi querido amigo: yo te debo más, mucho más de lo que alguna vez podré pagarte, y ahora has multiplicado por mucho mi ya tremenda e impagable deuda, con este libro. En mi nombre y el de muchos: Gracias, Guillem

¡Un brand/abrazo caribeño!

Maldita confianza, por @PabloAdanMico

Las intenciones de los demás

La Teoría de la Mente es el nombre utilizado para designar la capacidad de atribuir pensamientos e intenciones a otras personas, que se manifiesta a través del aprendizaje, la memoria y la toma de decisiones.

Falta saber desde cuándo tenemos esta capacidad y qué especie homínida anterior al Sapiens la desarrolló. Pero desde hace cientos de miles de años la conciencia nos ayuda a comprender y reflexionar respecto al estado mental de uno mismo y del prójimo, percibir y así llegar a comprender las sensaciones propias y ajenas, logrando prever tu comportamiento y el de los demás. 

Esta capacidad de comprensión es adquirida por el ser humano entre los tres o cuatro años, más o menos. Se estimula a través de la naturaleza, del ambiente y de los factores culturales que inciden en cada persona. Después, a medida que vamos creciendo, observando y viviendo nuevas experiencias, la conciencia comienza a actuar en nosotros de forma natural e intuitiva. Y también se va llenando de prejuicios impuestos por el entorno.

Para demostrar que los niños menores de cuatro años no saben mentir se diseñó el Test de la Falsa Creencia, que concluía que los niños no aceptan que lo que para ellos era cierto antes, puede ser falso ahora; por ejemplo, en el juicio sobre las personas. Para ellos es difícil cambiar una opinión: si una persona era buena ayer, no puede ser mala hoy. Pero ya no somos niños. ¿O sí?

Ponte en guardia

Podemos cuestionar si las personas adultas somos buenas y altruistas por naturaleza, o son malvadas egoístas, aunque sea un poco. Pero por si acaso más vale que nos pongamos en guardia ante cualquier persona y evitar juicios previos, sobre todo los positivos, por muy fuerte que te pueda sonar. Piénsalo. Maldita confianza.

Hay días que me quedo muy quemado con lo de empatizar con los problemas de todos, de pensar que todos tendrán su razón para hacer algo, que la gente en el fondo no es mala persona. Y me viene a la mente esa frase predictiva: “Si alguien parece un cabrón, es que es un cabrón”.

Mucha gente tiene esa habilidad innata de detectar intenciones en las personas, de adivinar el por qué hacen las cosas y por qué dicen lo que dicen. Son capaces de juzgar en pocos segundos si se pueden o no fiar de una persona. ¿Es una habilidad o es una actitud?

Creo que es un proceso de análisis y pensamiento crítico que realiza nuestro cerebro a una gran velocidad. Nuestro cerebro acumula millones de años de experiencias heredadas en las que una rápida decisión, adelantarte a una situación, podría suponer salvar la vida: nos mantiene alerta.

Lo he ido preguntando, porque tengo esa manía de investigar, preguntar y analizar comportamientos, y he llegado a la conclusión de que la gran mayoría de personas admiten que no suelen prejuzgar. Y también que muchas veces, cuando lo hacen, aciertan. El problema se plantea cuando nos equivocamos. ¿Qué ocurre entonces? 

Evidentemente dependerá de las consecuencias en las que hemos dado confianza a esa persona. La confianza es fácil de ganar y rápida de perder. ¿Qué sería de nosotros si fuéramos permanentemente unos desconfiados?

No lo sé. Lo que sí que tengo claro es que la confianza a veces nos estafa. Su exceso previo puede abrirte en lo personal a alguien que luego te traicione. Si la empatía tiene que ver con la confianza, entonces es algo que tenemos que controlar.

Puede ser un gran enemigo de nuestra paz emocional, solo es cuestión de saber dimensionarla en cada caso. Por eso debemos meditar muy bien en quién depositamos nuestra confianza y hasta dónde. 

Por ejemplo, la confianza que depositamos en los que gestionan el poder. Cuando somos adeptos a una ideología con la que nos identificamos nos hace perdonar lo imperdonable, nos ciega. Nos hace achicar los espacios de la neutralidad, nos hace perder objetividad, pero solo si has anulado tu capacidad de pensamiento crítico o tu decisión de no entrar en debates que consideras estériles o previamente manipulados. Pero solo si lo has hecho.

Dimensionado, algo parecido ocurre con los amigos o con algunos compañeros de trabajo. 

Los tontos

Imagino que sabrás que hay personas que obtienen felicidad en hacer mal a los demás a través del engaño y la mentira, porque así afirman su poder y autosuficiencia y le encuentran sentido a su vida. Sócrates les llamaba tontos, pues actúan por desconocimiento e ignorancia. Les define una incapacidad de separar la felicidad momentánea de su acción de las consecuencias para los demás y para sí mismo, y terminan siendo aisladas y rechazadas. O eso en el fondo esperamos.

Y creo que esto es algo que nos debería inspirar en nuestra actitud diaria, sobre todo con las intenciones de las personas. Muchas veces tendemos a ser benévolas cuando percibimos en algunas personas una conducta negativa, o sus intenciones están manifiestamente al otro lado de lo correcto. Y es por pura empatía: “lo hará por algo, tendrá sus motivos, estará pasando un mal momento… “. O sea, que acabamos perdonando, porque perdonar está bien y es de ser buenas personas. Es moralmente correcto.

mis conversaciones con krizn

Libro «Mis conversaciones con Krizn»

Claro que nos podemos equivocar en el juicio, pero a veces es mejor equivocarse y perdonar que ser perjudicado por no juzgar. No es bueno para nadie confiar en exceso en las personas. 

A lo mejor es que me falta empatía. O a lo mejor es que no quiero caer en la trampa de la empatía.


De todo esto y mucho es de lo que hablo con Krizn en “Mis conversaciones con Krizn” 

Conducir entre la niebla, por @CelestinoMz #manejandoelcambio

Conducir entre la niebla. Cuando me preguntan qué he hecho en estos meses de confinamiento y de pandemia, contesto que he estado conduciendo entre la niebla.

No soy el autor de la analogía. La escuché de refilón en una entrevista y, pasados unos días, la imagen se metió en mi cabeza y se quedó allí.

La niebla

Un día vas conduciendo tan tranquilo por la carretera y, poco a poco, la visibilidad empieza a empeorar a tu alrededor. Al principio no te das cuenta. La niebla suele aparecer poco a poco, de manera progresiva, pero llega un momento en el que eres consciente de que te cuesta ubicarte.

curva en niebla

Esa percepción llega de repente, como una bofetada que te pone en guardia. Entonces miras a tu alrededor y descubres que tu entorno ha desaparecido. Ya no tienes referencias. Solo ves unos pocos metros alrededor de tu coche y empiezas a pensar que puedes perderte o, peor todavía, que puedes salirte de la carretera.

No sabes cuánto durará, así que no sabes si parar o seguir. Desconcertado, paras un rato en un área de descanso, pensando que la niebla se disipará pronto y que podrás continuar tu viaje según lo planeado.

Pero pasan las horas y comienzas a pensar que no tendrás más remedio que aventurarte a conducir entre la niebla.

Como a muchas otras personas y como a muchos profesionales independientes, eso fue lo que me ocurrió. La situación en la que nos hemos visto envueltos desde que el coronavirus llegó a nuestras vidas, apareció de manera progresiva. No la vi venir, y pensé que duraría poco. Un par de semanas. A lo sumo, un mes.

Hasta me reí del primer retraso de una charla. Qué exageración. La primera cancelación ya no me hizo tanta gracia. En unos días, toda mi agenda había desaparecido y, como todas mis actividades eran presenciales, no sabía cuándo podría volver a desarrollarlas.

Así que ahí estaba, sin referencias. Perdido en medio de la niebla.

Señales

señales de nieblaCuando conduces entre la niebla hay dos cosas que descubres pronto. La primera es que poner las luces largas no es una buena idea. La segunda es que tienes que enfocarte en la conducción y evitar las distracciones.

Así que quitas la música y adoptas una postura de tensión, como si pudieras sacar la cabeza por fuera del parabrisas. Tienes que estar atento a las señales de los que van por delante de ti y también señalizar a los que van detrás.

Sin perder tiempo en lamentarme por la situación, me concentré en adaptar todas mis actividades al entorno online y en intentar generar nuevas oportunidades. En el sector en el que trabajo, el comercio, no era difícil encontrar las señales de los que iban por delante. A pesar de las diferencias, observábamos lo qué pasaba en China y otros países que ya estaban enfrentándose a la pandemia y podíamos imaginar lo que pasaría aquí unos meses después.

En nuestro país, mientras tanto, miles de comerciantes necesitaban respuestas. Un mapa o, al menos, que les señalizasen el camino que iban a encontrar, algo que les ayudase a rebajar la incertidumbre.

Como otros muchos profesionales, en unos pocos días hice una profunda inmersión en el mundo de los webinars. Durante semanas recorrí España a través de la pantalla de mi ordenador intentando aportar algo de luz a cientos de comerciantes. Casi ni me dio tiempo a pensar que había dado la vuelta a mi negocio y que volvía a tener agenda. No sé si agenda virtual o agenda digital, pero volvía a tenerla.

El camino

El camino

Porque lo que pasa cuando conduces entre la niebla es que, si lo haces bien, te acostumbras y sigues avanzando. Y llega un momento en que la niebla se disipa y puedes ver cuánto has recorrido. Entonces apagas las luces y volver a poner la música, aunque pasarán muchos kilómetros antes de que vuelvas a bajar la guardia y estar relajado.

Es probable que en las próximas semanas o meses vuelva a echarse la niebla en nuestro camino. O quizás tengamos que conducir entre la tormenta, con nieve o granizo, pero estos meses de conducir entre la niebla nos han preparado mejor para lo que nos encontremos en la carretera.

¡Buen viaje!

 

Imágenes de Unsplash: Chmyphotography Annie Spratt Erik Mclean John Towner

Networking y pacientes en Red, por @soriano_p

Sobre el networking

La palabra networking no forma parte del diccionario de la Real Academia Española (RAE), sino que se trata de un anglicismo que se utiliza con frecuencia en nuestro idioma para hacer referencia a los vínculos que establecemos con otras personas con unos fines concretos.

Cuando hablamos de los pacientes en red, el networking tiene una connotación estrechamente relacionada con un acto afectivo y de generosidad. Las personas comparten sus vivencias con la enfermedad consiguiendo comunicarse entre ellos para mejorar su calidad de vida, potenciando así el apoyo entre iguales, entre otras cosas.

La idea de networking y pacientes en red

Generalmente, los pacientes en red establecen relaciones “win to win” con otros pacientes y/o profesionales de la salud de una manera informal. En estas relaciones cabe destacar que la empatía es el pilar del networking, como nos cuenta Eva Collado en su último post en SoyMiMarca El Networking es, sobre todo, un acto de generosidad. Las personas con rol de pacientes buscan comprensión, información fiable sobre salud, escucha activa e incluso compartir los conocimientos que aprenden conviviendo con su enfermedad para ayudar a otras personas.

Las circunstancias individuales de cada uno y sus emociones son diferentes y, ante todo, respetables. Cuando vivimos con una enfermedad, las personas podemos encontrarnos en diferentes etapas respecto a su afrontamiento, como decía la psicóloga Elisabeth Kübler-Ross en el año 1969. Las etapas que refiere son: la negación, la ira, la negociación, la depresión y la aceptación. Por ello, dependiendo de cómo nos encontremos, los mensajes que lanzamos a través de cualquier red social estarán influenciados por el sentimiento que estemos viviendo en ese momento. Aquí es donde algunos pueden ver la “vulnerabilidad” de los pacientes como una oportunidad para que entidades y/o personas que tienen diferentes intereses, principalmente económicos, se acerquen al paciente para manipularlos y lograr sus objetivos.

5 consejos para conseguir un Networking saludable

  1. Las relaciones tienen que ser bidireccionales. Conoce quién está contactando contigo. No olvides que el networking se basa en un “win-win”.
  2. Todas las relaciones necesitan de su tiempo y forma para conocerse y confiar mutuamente. Si es muy insistente sobre un tema, desconfía.
  3. No facilites apoyo y/o información si no estás seguro/a del fin de las mismas. Pregunta todas tus dudas sin tener miedo.
  4. Las relaciones tienen que ser equilibradas. La sobrecarga de información es un síntoma de desconfianza.
  5. Haz una búsqueda en su red de contactos para verificar si conoces alguien de su entorno para contrastar información.

Una sociedad más participativa

Las relaciones afectivas nos permiten solventar mejor las situaciones difíciles. Internet es un gran escudo para la soledad, además, compartir una pena se hace más llevadera mientras que compartir una alegría se refuerza y nos hace sentir pletóricos. Internet abre las puertas al desarrollo personal de los pacientes, les permite alzar la voz a través de sus experiencias y posicionarlas como agentes activos en salud.

Una marca personal propia e intransferible, ya que hablan en primera persona sobre su salud, canalizando sus emociones y ofreciendo un conocimiento a los profesionales de la salud u otros pacientes. Internet está potenciando la participación de la sociedad y, por tanto, favoreciendo el cambio de un modelo paternalista a uno más participativo y comunitario.

La intención no es crear rechazo ante personas que puedan interesarse por tu salud. La humanidad es generosa y la mayoría de las personas con las que nos cruzamos tienen buenas intenciones que descubrirás en cuanto las empieces a conocerlas en profundidad.

El objetivo de este post sobre networking y pacientes en red es que seas consciente de que todos somos vulnerables en la red, tengamos rol de paciente o no, y tenemos que rodearnos de personas que nos ayuden a seguir creciendo y estén cerca cuando más las necesitamos.

Photo by Kelly Sikkema on Unsplash

Ya está aquí «9: Deja fluir tu talento», el ebook con lo mejor de 2019 de @Soymimarca

Por qué el título «9: Deja fluir tu talento»

Soymimarca cumplió el pasado 4 de octubre de 2019 nueve años de vida. Los primeros años más como empresa de consultoría y formación en personal branding. Los tres últimos como blog de referencia de la marca personal. 53 autores, la gran parte referentes en personal branding, han pasado por aquí. Sea como sea, el blog de Soymimarca cumple nueve años, y eso siempre ha de celebrarse como es debido: ¿Y qué mejor manera que con un ebook gratuito?

Leo en la Significadopedia el significado del número nueve en numerología:

El número 9, pudiera significar una especie de señal que indica que no estamos solos en nuestra aventura. Es número simboliza todo lo bueno de nuestro corazón y espíritu. Es una invitación a dejar fluir tus talentos para compartirlos con los demás, una invitación a ayudar en la vida de los demás para poder ayudarte a ti mismo.

Nos faltaba una persona clave en marca personal, y nos ha escrito el prólogo

Por injusticia poética, apenas contábamos en nuestro blog con la autoridad inapelable de las palabras de Elena Arnaiz. Cierto, nos dio su feedback en un post colaborativo llamado «El suicidio del personal branding» que fue una respuesta de muchos colegas de «la tribu» a un artículo malintencionado publicado en El Confidencial.

Y por eso, este año es nuestra invitada de honor para escribir el prólogo. Y es más que un prólogo, Elena ha construido un imprescindible decálogo de nueve puntos 😉 sobre las razones para gestionar tu marca personal.

Esperamos contar con Elena en un futuro próximo. Después de esto, no hay vuelta atrás.

Nueve autores, ¿quizás una casualidad?

Si contamos con Elena Arnaiz con su prólogo, que aporta tanto o más que un post, tenemos -casualidad- a nueve autores. Los más prolíficos de «9: Deja fluir tu talento» han sido Vladimir Estrada y Fran Segarra, con 5 posts cada uno, Pablo Adán y servidor, con dos cada uno, y Eva Collado, Paula Fernández-Ochoa, Nancy Vázquez y María Sánchez con uno cada una.

En defensa de la marca personal

El trabajo del profesor Vladimir Estrada en sus 5 posts en defensa de la marca personal se puede considerar como un ensayo en toda regla. Algo más de 50.000 palabras para rebatir un artículo de apenas 500 palabras, pero que cualquier neófito en la marca personal debería leer para saberlo casi todo sobre este tema.

Hace poco, el profesor nos obsequió con un ebook compilado en el pasado Personal Branding Lab Day para facilitar la lectura «de un tirón» de este trabajo. Lo encontrarás en nuestra página de Slideshare bajo el título Pues sí: ¡SOMOS MARCAS! Compendio de artículos desarrollados En Defensa de la Marca Personal.

Cómo obtener el ebook gratuito «9: Deja fluir tu talento»

Este año hemos cambiado el sistema de descarga, y lo puedes hacer directamente desde esta web, suscribiéndote al blog para no perderte los artículos que vayamos publicando durante 2020 y en adelante. Te avisamos que en 2020 será nuestro 10º aniversario y lo celebraremos a lo grande, con una edición especial impresa (eso sí, con un pequeño coste para cubrir gastos de edición e impresión).

Adelante, aquí, más abajo tienes un banner para suscribirte y recibir gratuitamente el libro «Nueve: Deja fluir tu talento».

¡Feliz Navidad y mejor 2020!

 

En defensa de la marca personal (Parte 2 de 5), por @Prof_EstradaMSc

Amigo lector:

Recibe mi más cordial y afectuoso saludo en esta segunda entrega de la serie En defensa de la marca personal. Como ya sabes si leíste la primera parte, se trata de cinco artículos de publicación semanal consecutiva que estoy proponiendo en respuesta a la sugerencia de mi amigo y colega, el Maestro Guillem Recolons, en los cuales procuro aportar respuestas a algunas interrogantes derivadas de las críticas y los cuestionamientos hechos por el reconocido profesional español Amalio Rey al concepto marca personal y a su práctica, en un artículo recientemente publicado en su blog. Y aunque esta vez me he centrado en debatir con Amalio, debes saber que él no es ni mucho menos el único que cuestiona y critica el concepto que aquí trabajamos, y su práctica; precisamente por eso es tan importante debatir al respecto, para demostrar las bondades y virtudes de la marca personal y su gestión correcta y efectiva, y también para aprender de las buenas críticas que recibamos, y con base en ello, mejorar sistemáticamente nuestros desempeños en el personal branding. 

Las preguntas a las que daré respuesta hoy -tomado todo ello de mi reciente entrevista bidireccional transoceánica con el Maestro Jordi Collell– son las siguientes:

  1. ¿Solo podemos y debemos gestionar la componente profesional de nuestra marca personal?
  2. ¿El personal branding supone la construcción, adopción y “venta” de una “identidad calculada”?

Se trata de dos temas muy polémicos y que generan mucho debate entre quienes defendemos el concepto y sus buenas prácticas, y quienes lo cuestionan, critican, rechazan o descalifican. Espero poder presentar argumentos suficientes y pertinentes en cada uno de estos cinco trabajos, en defensa de las posiciones que los practicantes, adeptos y creyentes en el personal branding sostenemos y procuramos avalar con nuestros desempeños profesionales en el campo. Y por otra parte, aclaro que el análisis que hago no es en modo alguno exhaustivo ni lo considero acabado; solo he seleccionado algunos fragmentos del post de Amalio, que me han parecido los más pertinentes para explicar a partir de ellos las posiciones que sostengo (aunque sin descontextualizarlos en modo alguno, que no es de eso que se trata este proceso). Pero en dicho artículo, y en el debate generado por los comentarios que aparecen debajo del mismo, hay mucha más materia de análisis; de hecho, la cuarta y la quinta de mis cinco entregas se concentran bastante en algunas zonas de dicho debate.   

Y conste lo siguiente: ya he pensado seriamente en regresar más adelante sobre el tema (será en 2020, si la fuerza me acompaña), retomando algunas otras de las ideas propuestas por Amalio y evaluándolas en sintonía analítica con las de otros varios críticos del personal branding a quienes he leído -y a veces respondido– o lea en adelante, para identificar tendencias y puntos comunes de dichas posiciones cuestionadoras y/o críticas -algunas llegan a ser descalificadoras-; valorar cuáles de ellas/os pueden ayudarnos a mejorar lo que hacemos (y cómo, y cuánto, y con qué); y cuando corresponda, ofrecer los argumentos que a mi juicio puedan demostrar su impertinencia, o en casos extremos (que los hay, y me consta), la intención malsana que pueda sustentarlos.   

Avancemos pues, amigo lector. Gracias por ser, por estar, por acompañarme hoy y siempre. 

¿Solo podemos y debemos gestionar la componente profesional de nuestra marca personal?

Dice Amalio:

Andrés Pérez Ortega, el profesional que, a mi juicio, ha escrito más y mejor sobre este tema, lo ve como la estrategia que permite que ‘una persona se convierta en la opción preferente en un proceso de elección’. Esto último obliga a pensar, por ejemplo, en para qué tipos de cosas nos gustaría que nos elijan, y hacerlo desde una revisión profunda de nuestras fortalezas y pasiones. Esa lectura de Andrés, si se hace desde una perspectiva estrictamente profesional, me parece útil y acertada. Yo la suscribo”.

Mi comentario:

100 % de acuerdo con Amalio, desde su positiva valoración de la obra de Andrés (con la cual coincido y así lo he expresado muchas veces) hasta su breve abordaje analítico de ella, el cual puede ser muy ampliado y estoy seguro de que Amalio lo hizo y hace. Mi única discrepancia aquí es con la evidente separación entre lo profesional y lo personal que Amalio nos propone, con lo cual yo no coincido: creo que en nuestros desempeños profesionales, inevitablemente se manifiesta explícita o implícitamente la persona que somos, desde todos los puntos de vista posibles (he hecho referencia ejemplificada a ello en mi ya citado trabajo de 2016 Sobre la marca personal de los líderes: el liderazgo político y su ejercicio son asuntos muy personales, en el cual, como parte de un breve análisis casuístico, propongo que “…no es posible tener resultados positivos en ninguna esfera de la vida profesional, despersonalizando su esencia y sentido”, y arribo luego a la conclusión de que “en una actividad profesional, todo es personal”).

Es más: considero y creo fácilmente demostrable que las situaciones que afrontamos en nuestra vida “personal” -de familia, de pareja, de salud, etc., etc.-, impactan favorable o desfavorablemente, según sea su curso, a los ejercicios profesionales que desarrollamos (y viceversa, por supuesto; pero no desarrollaré esta parte ahora, sino en otro post). Y si la persona que realmente somos no aflora de alguna forma en nuestro trabajo (por ejemplo, cuando actuamos un personaje forzándonos a “esconder” lo golpeados que estamos por algo feo que haya ocurrido en casa), ello significa que no estamos ofreciendo una imagen real de nosotros mismos; y esto puede afectarnos profesionalmente, porque nos pueden ser asignadas ciertas tareas que nuestro estado anímico no nos permitirá cumplir como se espera, por solo citar un brevísimo caso “práctico” entre tantos posibles.

Y por supuesto, la tendencia a actuar siempre o casi siempre así, nos convierte en personajes y suplanta a la persona que cada quien es. Algo en esta línea le respondí a Guillem en nuestra entrevista bidireccional de 2018, respondiendo a su pregunta # 6: “Si la autenticidad forma parte de la gestión de nuestra marca personal, ¿merece la pena mostrar abiertamente nuestras vulnerabilidades?”. A fuer de sinceros, yo creo y reitero que sí, al menos en todo lo que se relacione de una u otra forma con el trabajo profesional a realizar.

Por algo ha expresado y fundamentado el gran Howard Gardner que “las malas personas no pueden ser profesionales excelentes, no llegan a serlo nunca”, una frase cuya filosofía de base se ha convertido en una suerte de mantra para este servidor. En 2016 lo expresé así en mi artículo Marca personal: “¿creación” o gestión? (cito):

“Nuestro objetivo estratégico principal debe ser, simplemente, que cada bendita vez que una persona de nuestro entorno de incidencia y acción necesite algo relacionado con nuestra actividad profesional, piense en nosotros como primera opción, antes que en cualquier otra persona del campo.

Y observa que no escribí ‘antes que en cualquier otro profesional del campo’, sino ‘antes que en cualquier otra persona del campo’. Porque somos, primero que todo, personas. Y en mi opinión, debemos aspirar siempre a ser primera opción por ser buenas personas que -además- poseemos y vendemos un determinado expertise profesional; y no solo por este último atributo. Si únicamente destacamos para bien por nuestra excelencia profesional, hemos fracasado. La gente busca y quiere buenas personas a su alrededor, no máquinas profesionales de solución de problemas”.

Y un poco más tarde (2017, Mito # 1: La marca personal solo es para “famosos”),así: “…cuando interactuamos de cualquier forma con otros seres humanos, actuamos sobre ellos imponiéndoles carácter o dejándoles huella moral (quinta acepción del concepto marcar según el DRAE, entre otras varias que funcionan para el tema) y a partir de ello, somos y dejamos marca; o sea, somos conocidos, analizados, valorados y reconocidos de uno u otro modo –y luego recordados, eventualmente elegidos, y muchas veces recomendados– a partir de nuestras características, actuaciones y resultados de cualquier índole; todo lo cual constituye la esencia del concepto”.

Y claro, yo he vuelto sobre el tema una y otra y otra vez: esto que Amalio cuestiona representa una muy justa PREOCUPACIÓN que debe OCUPARNOS MUCHO A TODOS. Casi al final de esta respuesta propongo un cierre magistral del mismo, original de Andrés.

Este interesante y polémico asunto admite múltiples miradas más; siempre sugiero revisar al respecto el abordaje del Maestro Alfonso Alcántara sobre la “diferencia” entre marca personal y marca profesional; hoy agrego la interesante propuesta del propio Andrés titulada Marca personal, profesional y privada, en la cual nos plantea -¡todavía en 2011!- que “…cualquier profesional es, ante todo, persona”, y que “…lo que hace que un profesional consiga dejar una Marca Personal, una huella profunda, es el elemento personal. Mi experiencia me dice que una negociación puede cambiar completamente cuando se va más allá de las características técnicas de lo negociado, cuando en ambos lados de la mesa se establece una conexión emocional, una sintonía. Y eso no sucede si no entra el factor persona”. Muy claro, ¿verdad?

Y también agrego algo más de Andrés, tomado de una interesantísima entrevista suya de 2012. Disfrutemos esta añeja y muy vigente joya del Maestro:

“Si no has definido bien tu marca ni es auténtica, lo que va a ocurrir es que vas a estar soportando una serie de valores, características y cualidades que no van contigo. Es importante que esté bien definida y estructurada puesto que es para toda la vida…Es algo que va asociado a tu vida profesional y a tu vida personal”.

Poco que agregar, ¿verdad, Maestro Jordi?

Cierro el punto con una última cita de mi trabajo antes mencionado, asumiendo la política como lo que debe siempre ser: un ejercicio profesional.

“Regresemos a la política. Imaginemos un caso, por demás común y muy frecuente: dos amigos que militan en parcelas políticas diferentes, y que devienen rivales aspirando a una misma posición de gobierno o política en la eterna lucha por el poder. ¿Se resentirá o no la amistad, por antigua que sea, ante los inevitables ataques y contraataques que han de venir en el proceso? Porque, ¿cómo se demuestra que Juan no está haciendo bien su trabajo y que yo lo puedo hacer mejor, si no se ataca la gestión de Juan, y obviamente, a Juan mismo a través de su labor y resultados? No es posible evitarlo, simplemente. Lo más que puede hacerse es no mencionar a Juan por su nombre: solo hacer referencia a los problemas existentes. Pero…¿y quién es el responsable de esos problemas? ¿Y ese responsable no sentirá y resentirá el golpe? ¿Y qué sucederá después a nivel político…y sobre todo, a nivel personal-relacional?

Y conozco casos aún más complejos: matrimonios cuyos miembros militan en partidos diferentes, política y electoralmente contendientes. Y que conviven y deben educar a sus hijos en unos principios, unos valores, una ideología, una praxis, un concepto y enfoque de la vida y de cómo debe ser vivida, y una orientación ideo-política, ofreciéndoles modelos en tal sentido. Las propuestas públicas de sus respectivas organizaciones políticas en algunos o todos estos temas son radicalmente diferentes, y ellos deben buscar o construir un punto o espacio intermedio de acuerdo que no afecte ni a los hijos ni a la pareja ni a otros parientes, ni dificulte la convivencia ni tampoco choque contra sus convicciones ideo-político-partidarias…Resulta muy difícil, y no siempre se logra. ¿Y entonces? ¿Cómo separamos la política de lo personal?”

El punto actual y el que viene a continuación tienen mucho parentesco. Por ello, no nos extrañemos si algunos de mis comentarios al actual funcionan para el próximo, y viceversa. ¿Vale?

¿El personal branding supone la construcción, adopción y “venta” de una “identidad calculada”?

Dice Amalio:

El exceso empieza, a mi juicio, cuando la gestión de esa imagen profesional se mezcla deliberadamente con la personal, adoptando una estrategia de proyección pública del ‘yo persona’ que sirva para vender el ‘yo S.A.’ desde una identidad calculada (NOTA: estas últimas negritas son mías, no de Amalio). Esa mezcolanza es bastante común gracias a las omnipresentes redes sociales”. Y más adelante, al autor explica y argumenta con bastante amplitud esta posición, desde sus propios supuestos de partida.

Mi comentario:

En mi opinión, y al margen del calificativo “exceso” -al cual asocio sanamente con la posición crítica del autor, y no con otras intenciones- la clave del asunto está en el concepto que Amalio propone como “identidad calculada”. Nuestra identidad es lo que realmente somos y nuestros diferentes atributos de toda índole que permiten identificarnos; nuestra imagen -algunos autores la llaman “identidad percibida”, entre ellos Guillem en este breve e interesantísimo post– es lo que los demás perciben de nosotros y cómo nos analizan, valoran y posicionan en sus mentes a partir de eso. Si distorsionamos deliberadamente determinados aspectos de nuestra identidad para ofrecer como imagen un disfraz (en las redes sociales, por ejemplo), estaremos cayendo justamente en las distorsiones de que vengo hablando en términos de gestión de marca personal; y ello no tiene por qué afectar al concepto, sino poner de manifiesto la mala práctica del branding personal por parte de quien lo hace. ¿Ante quién? En principio, ante los conocedores y practicantes serios del tema, que como he dicho al inicio de esta respuesta (y en otros trabajos como este, este y este), deben responsabilizarse por poner de manifiesto ante el gran público que esa práctica es incorrecta y no representa el concepto, y deben ser capaces de modelar las maneras correctas de hacerlo, y de formar a cada vez más personas en y para ello, y de difundir sistemáticamente contenidos que demuestren cómo se hace correctamente y las consecuencias de no hacerlo así, etc, etc. Y mientras esa actuación influenciadora vaya creciendo y cosechando buenos frutos, lo anterior irá ocurriendo ante una base cada vez mayor de públicos conocedores del concepto, y potencialmente interesados en su puesta en práctica.

El propio Amalio ha abordado esto de un modo bien interesante, en un artículo anterior al que hoy comento, así:

“…me gustaría advertir que no tengo nada contra aquellos que usan el palabro ‘Marca Personal’ como mero constructo pedagógico para ayudar a la gente a transmitir mejor (y ganarse la vida con) una identidad auténtica que emana de fortalezas genuinas. El nombre no me gusta nada, insisto, pero si el contenido es bueno, estoy dispuesto a ser menos tiquismiquis.

La contribución de estos profesionales, ‘los buenos’, la valoro positivamente si: 1) ayudan a las personas a descubrir sus potencialidades, lo que más les gusta hacer y hacen (realmente) mejor, 2) les orientan para que esas virtudes se transmitan de un modo eficiente y coherente. Esa labor, desde luego, puede ser de utilidad para mucha gente. Con eso no se hace daño a nadie, pero siempre que se gestione desde una perspectiva sistémica, de satisfacción personal, y no como un mero artefacto de marketing”.

Eso de que habla el distinguido y respetado colega Amalio es, precisamente, impartir formación y/u ofrecer asesoría en personal branding, más allá de que lo denominemos de uno u otro modo por un asunto de gustos o preferencias; como un ejemplo interesante entre muchísimos posibles, sugiero revisar el ya mencionado proyecto Ponte en Valor, de mis amigos y colegas Eva, Guillem y Fran. El proceso incluye un grupo mucho mayor de temas, obviamente, pero las primeras esencias van por ahí, junto a la identificación de las necesidades a las cuales cada quien propondrá soluciones (propuesta de valor) y las aportará (contribución, o aporte de valor), a través de lo cual se posicionará en la mente de quienes haya elegido, recibido, utilizado y valorado positivamente dicho valor (posicionamiento de marca personal).

Y uno de los principales objetivos de la formación o asesoría en personal branding (sí, muyyyyyyyyy de acuerdo: la bien hecha por los buenos), es preparar a los alumnos o clientes para EVITAR A TODA COSTA el cálculo y la construcción forzada de identidades, y más bien al contrario, trabajar y gestionar su marca desde la autenticidad, desde su verdadero yo personal y profesional (porque como muy bien Amalio plantea, ellos 1) ayudan a las personas a descubrir sus potencialidades, lo que más les gusta hacer y hacen (realmente) mejor, y 2) les orientan para que esas virtudes se transmitan de un modo eficiente y coherente). También, para establecer los procesos de mejora continua que sean requeridos para poder ofrecer sistemáticamente al entorno la mejor combinación posible de atributos, potenciales y competencias; y por supuesto, para visibilizar todo ello de las maneras correctas y ponerlo a disposición de quien lo necesita, en forma de valor. Como dice Guillem en su interesante respuesta a Amalio en los comentarios del post: “Muchos prefieren verlo como una exaltación del ego, y es porque únicamente retienen la parte de visibilidad. Es algo absurdo, como creer que debajo de la parte visible de un iceberg no hay nada”. Eso es mala praxis. La verdadera gestión de marca personal no es eso que Amalio justamente critica.

En la entrevista de 2012 antes citada, nos dice Andrés lo siguiente: “Una persona tiene una marca personal y un personaje tiene otra marca personal. Un buen ejemplo puede ser la marca personal de Harrison Ford y su marca corporativa de Indiana Jones. Si estamos creando un personaje no estamos creando una marca personal. La marca personal tiene que ser ante todo auténtica”. Autenticidad que niega por completo la posibilidad de “calcular la identidad” que vamos a ofrecerle al mundo, por cualquier vía y en cualquier soporte. Lo que otros ven de nosotros debe ser el más fiel reflejo de lo que somos, hacemos y logramos nosotros: de eso se trata la verdadera gestión de marca personal. Construir limpiamente el mejor yo personal/profesional/social que seamos capaces de construir, y ofrecerlo diáfanamente al mundo que nos rodea como fuente de valor para aportar soluciones, marcándolo así con lo mejor de nosotros.

Porque además, quienes hacen tales cosas deberían pensar inclusive en los peligros a los que se someten al hacerlo; y el no pensar en ellos nos deja muy claro que no están gestionando nada realmente personal, sino únicamente un disfraz: ni más, ni menos. Pues como nos legó Lincoln, se puede engañar a todo el mundo una parte del tiempo, o a una parte del mundo todo el tiempo; pero no es posible engañar a todo el mundo todo el tiempo. Y como he dicho antes, la verdad, terca como es, tarde o temprano aflora y desenmascara. Basta que aparezca UNA oportunidad en la que deban demostrar en la práctica todo o parte de lo que han venido vendiendo como propio sin serlo, saberlo, saber hacerlo, tenerlo, etc…¿Y entonces?

Quiero precisar un poco más este importante aspecto, acerca del cual las confusiones son muy frecuentes.

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define identidad como “Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás” y “Conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a las demás”. Ambas acepciones funcionan de modo exacto en la línea en que vengo desarrollando el punto, y reafirman el hecho de que “la construcción de una identidad calculada” es una falsificación, que obviamente, no puede ser equivalente a la marca personal de nadie, primero, porque no la refleja en su genuina realidad, y además, entre otras varias cosas, porque dicha marca no se basa únicamente en los rasgos personales ni es definida en, desde ni por la autoconciencia de la persona en cuestión. La marca personal de alguien la definen quienes rodean a esa persona y reciben el impacto de lo que ella es, hace y logra, a partir de lo cual la analizan, valoran y posicionan en sus mentes de una u otra forma, en uno u otro sentido.

El propio Diccionario nos define imagen pública como “Conjunto de rasgos que caracterizan ante la sociedad a una persona o entidad”. Las palabras clave aquí son: ante la sociedad. O sea: podemos tener una autoconciencia o una percepción de nosotros mismos que vaya en un determinado sentido (nuestra identidad), pero ello no necesariamente significa que seamos precisamente eso para quienes nos rodean. Es más: dependiendo de múltiples factores, puede suceder que para ellos seamos lo opuesto (una excelente herramienta de análisis de esta posible disonancia -entre varias existentes- es la famosa ventana de Johari). Y por otra parte, la imagen es definida a través de rasgos; las actuaciones que desarrollamos -aplicando algunos o todos esos rasgos, o sea, nuestras características personales, y también nuestras competencias profesionales-, y los resultados que obtenemos integrando espontáneamente lo que somos y lo que hacemos -o sea, siendo nosotros mismos y comportándonos como somos en cada espacio de acción: estudio, trabajo, familia, sociedad, etc.-, configuran un conjunto que se queda en la memoria de quienes nos rodean (memoria que es definida por el Diccionario como “Facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado”), gracias al cual nos posicionan de una u otra forma, y que les permite recordarnos y acudir -o no acudir- a nosotros en situaciones en las cuales podrían requerir nuestros servicios, o que simplemente les hagan evocar una frase dicha por nosotros, o un error que hayamos cometido, o algo positivo o negativo que alguien más les haya dicho acerca de nosotros, o el aporte de valor que hayamos sido capaces de hacer y que se haya traducido en soluciones…y un laaaaaaaaaargo etc. “Eso” se llama marca personal, y entre otras varias cosas, integra nuestra identidad, nuestra imagen, el recuerdo que dejamos en los demás, el posicionamiento que conseguimos en sus mentes, etc., etc., etc. Y en términos mercadotécnicos y de negocios, esa marca define mucho de nuestras oportunidades profesionales, especialmente en este mercado cada día más saturado de ofertas y más escaso en oportunidades.

Un “detalle” más, en tono interrogativo. Si coexistimos profesional o socialmente con un grupo de personas, ¿qué hay de malo ni de negativo, o por cuál motivo y en qué medida nos convierte en farsantes -o cualquier opción equivalente-, el hecho de que hagamos a conciencia un proceso de mejora personal, que nos permita ser para quienes nos rodean la mejor persona y el mejor profesional que seamos capaces de ser, lo cual nos posicionaría en sus mentes como alguien que tiene algo valioso para darles y permitiría que puedan recibir, utilizar y aprovechar el valor que podemos, debemos y queremos aportarles -y vivir decentemente de ello, si es el caso-, sin que ello implique ni signifique dejar de ser nosotros mismos, imitar a otros, falsear nuestra imagen, manipular nuestros atributos ni perder nuestra autenticidad?

Amigo lector:

Hasta aquí la segunda entrega de esta serie de artículos. ¿Qué piensas acerca de los dos temas abordados hoy? 

La semana entrante (el próximo viernes, para ser exacto) te propondré mis respuestas a la siguiente y muy compleja pregunta:

  • ¿Hacer personal branding correctamente nos convierte necesariamente en seres individualistas?

Hasta entonces, y en espera de tus opiniones, comentarios y      valoraciones en cualquier sentido, te dejo el más cordial brand/abrazo de tu siempre amigo,

Vladimir

3 puntos que unen ciencia, conexión humana y marca personal, por @FranSegarraB

Como ya sabes que, independientemente en el sector en el que trabajes, siempre voy a animarte a trabajar tu marca personal. Ya sea para que te conozcas mejor a ti mismo, mejorar tu propuesta de valor o mejorar tu mensaje, tarde o temprano, en mayor o menor medida, vas a acabar obteniendo alguno de sus beneficios (descubre 8 fundamentales en este post).

En este artículo quiero que profundicemos en un perfil que me interesa especialmente: el perfil profesional científico y su relación con la conexión humana.

Este es el último artículo de una trilogía de post dedicados a este perfil y que he escrito para esta casa, la casa de la marca personal.

En el primer y segundo post, analizamos cómo el personal branding puede ser (y de hecho, es) una excelente herramienta al servicio del desarrollo científico, para luego ver algunos casos de éxito en la buena gestión de marca personal, como Tim Berners-Lee o Stephen William Hawking. 

En este artículo quiero hablarte de algo más práctico. Quiero ayudarte a trabajar sobre un cambio en tu mindset, para sensibilizarte y hacerte consciente de la importancia de trabajar una comunicación mucho más humana y así sobresalir en un contexto tecnológico e hiperconectado.

Un cambio de contexto necesita un cambio de estrategia. Y un cambio de estrategia, necesita un cambio de mentalidad. Veamos algunas claves importantes para ello: 

Divulga conversando: tu público está muy informado 

Hoy en día, la información circula libremente y en grandes cantidades. Y un gran número de casos, el científico que divulga ya no es una fuente primaria de información. Quién busca información, busca contrastar y validar la que ya conoce (aunque esta sea incorrecta, sesgada o de mala calidad). Esta es una nueva realidad que plantea un reto a la vez que una oportunidad.  

Hablando de conexión humana, la comunicación con voluntad de informar ya no es lo que era, en un mundo globalizado e hiperconectado.

La atención: tu mensaje tiene una ventana de oportunidad limitada.

Es un hecho, la atención humana no sólo no incrementa a medida que evolucionamos, sino que se está reduciendo a causa de la sobreestimulación que experimentamos en nuestro entorno hiperconectado. 

Eso provoca que el recurso más limitado en nuestro contexto, en el que se nos ametralla con información constantemente, sea precisamente la atención.

Si quieres divulgar ciencia, debes tenerlo claro: para despertar y mantener el interés de una persona sobre tu mensaje, deberías ser conciso, personalizado y persuasivo.

¿Es Injusto? Por supuesto, si lo és, pero la oferta es demasiado extensa para que no sea así. Tómatelo como un reto.

Trabaja la Conexión Humana

Sea lo que sea lo que tengas que explicar, explícalo tú. Sé tú mismo, cercan@, sin distancias. 

Trabajar la marca personal en este sector podría tener un gran efecto de optimización de recursos y un aprovechamiento único de las oportunidades que tenemos en este nuevo contexto digital.

En el sector sanitario, por ejemplo, imagina el poder que tendría generar canales de comunicación directos entre médico/paciente. Adivina qué pasaría si se generarán espacios virtuales en los que se potencie un contacto más directo, humano y emocional, como por ejemplo, a través de perfiles de Twitter o Instagram bien trabajados y activos. 

Siempre imagino tener el consejo de mi médico a un WhatsApp de distancia. 

Una estrategia de marca personal deja de tener sentido si no eres tú mismo el que comunica, de manera natural. Acerca el mensaje a tu público objetivo.

 

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