En defensa de la marca personal (Parte 2 de 5), por @Prof_EstradaMSc

Amigo lector:

Recibe mi más cordial y afectuoso saludo en esta segunda entrega de la serie En defensa de la marca personal. Como ya sabes si leíste la primera parte, se trata de cinco artículos de publicación semanal consecutiva que estoy proponiendo en respuesta a la sugerencia de mi amigo y colega, el Maestro Guillem Recolons, en los cuales procuro aportar respuestas a algunas interrogantes derivadas de las críticas y los cuestionamientos hechos por el reconocido profesional español Amalio Rey al concepto marca personal y a su práctica, en un artículo recientemente publicado en su blog. Y aunque esta vez me he centrado en debatir con Amalio, debes saber que él no es ni mucho menos el único que cuestiona y critica el concepto que aquí trabajamos, y su práctica; precisamente por eso es tan importante debatir al respecto, para demostrar las bondades y virtudes de la marca personal y su gestión correcta y efectiva, y también para aprender de las buenas críticas que recibamos, y con base en ello, mejorar sistemáticamente nuestros desempeños en el personal branding. 

Las preguntas a las que daré respuesta hoy -tomado todo ello de mi reciente entrevista bidireccional transoceánica con el Maestro Jordi Collell– son las siguientes:

  1. ¿Solo podemos y debemos gestionar la componente profesional de nuestra marca personal?
  2. ¿El personal branding supone la construcción, adopción y “venta” de una “identidad calculada”?

Se trata de dos temas muy polémicos y que generan mucho debate entre quienes defendemos el concepto y sus buenas prácticas, y quienes lo cuestionan, critican, rechazan o descalifican. Espero poder presentar argumentos suficientes y pertinentes en cada uno de estos cinco trabajos, en defensa de las posiciones que los practicantes, adeptos y creyentes en el personal branding sostenemos y procuramos avalar con nuestros desempeños profesionales en el campo. Y por otra parte, aclaro que el análisis que hago no es en modo alguno exhaustivo ni lo considero acabado; solo he seleccionado algunos fragmentos del post de Amalio, que me han parecido los más pertinentes para explicar a partir de ellos las posiciones que sostengo (aunque sin descontextualizarlos en modo alguno, que no es de eso que se trata este proceso). Pero en dicho artículo, y en el debate generado por los comentarios que aparecen debajo del mismo, hay mucha más materia de análisis; de hecho, la cuarta y la quinta de mis cinco entregas se concentran bastante en algunas zonas de dicho debate.   

Y conste lo siguiente: ya he pensado seriamente en regresar más adelante sobre el tema (será en 2020, si la fuerza me acompaña), retomando algunas otras de las ideas propuestas por Amalio y evaluándolas en sintonía analítica con las de otros varios críticos del personal branding a quienes he leído -y a veces respondido– o lea en adelante, para identificar tendencias y puntos comunes de dichas posiciones cuestionadoras y/o críticas -algunas llegan a ser descalificadoras-; valorar cuáles de ellas/os pueden ayudarnos a mejorar lo que hacemos (y cómo, y cuánto, y con qué); y cuando corresponda, ofrecer los argumentos que a mi juicio puedan demostrar su impertinencia, o en casos extremos (que los hay, y me consta), la intención malsana que pueda sustentarlos.   

Avancemos pues, amigo lector. Gracias por ser, por estar, por acompañarme hoy y siempre. 

¿Solo podemos y debemos gestionar la componente profesional de nuestra marca personal?

Dice Amalio:

Andrés Pérez Ortega, el profesional que, a mi juicio, ha escrito más y mejor sobre este tema, lo ve como la estrategia que permite que ‘una persona se convierta en la opción preferente en un proceso de elección’. Esto último obliga a pensar, por ejemplo, en para qué tipos de cosas nos gustaría que nos elijan, y hacerlo desde una revisión profunda de nuestras fortalezas y pasiones. Esa lectura de Andrés, si se hace desde una perspectiva estrictamente profesional, me parece útil y acertada. Yo la suscribo”.

Mi comentario:

100 % de acuerdo con Amalio, desde su positiva valoración de la obra de Andrés (con la cual coincido y así lo he expresado muchas veces) hasta su breve abordaje analítico de ella, el cual puede ser muy ampliado y estoy seguro de que Amalio lo hizo y hace. Mi única discrepancia aquí es con la evidente separación entre lo profesional y lo personal que Amalio nos propone, con lo cual yo no coincido: creo que en nuestros desempeños profesionales, inevitablemente se manifiesta explícita o implícitamente la persona que somos, desde todos los puntos de vista posibles (he hecho referencia ejemplificada a ello en mi ya citado trabajo de 2016 Sobre la marca personal de los líderes: el liderazgo político y su ejercicio son asuntos muy personales, en el cual, como parte de un breve análisis casuístico, propongo que “…no es posible tener resultados positivos en ninguna esfera de la vida profesional, despersonalizando su esencia y sentido”, y arribo luego a la conclusión de que “en una actividad profesional, todo es personal”).

Es más: considero y creo fácilmente demostrable que las situaciones que afrontamos en nuestra vida “personal” -de familia, de pareja, de salud, etc., etc.-, impactan favorable o desfavorablemente, según sea su curso, a los ejercicios profesionales que desarrollamos (y viceversa, por supuesto; pero no desarrollaré esta parte ahora, sino en otro post). Y si la persona que realmente somos no aflora de alguna forma en nuestro trabajo (por ejemplo, cuando actuamos un personaje forzándonos a “esconder” lo golpeados que estamos por algo feo que haya ocurrido en casa), ello significa que no estamos ofreciendo una imagen real de nosotros mismos; y esto puede afectarnos profesionalmente, porque nos pueden ser asignadas ciertas tareas que nuestro estado anímico no nos permitirá cumplir como se espera, por solo citar un brevísimo caso “práctico” entre tantos posibles.

Y por supuesto, la tendencia a actuar siempre o casi siempre así, nos convierte en personajes y suplanta a la persona que cada quien es. Algo en esta línea le respondí a Guillem en nuestra entrevista bidireccional de 2018, respondiendo a su pregunta # 6: “Si la autenticidad forma parte de la gestión de nuestra marca personal, ¿merece la pena mostrar abiertamente nuestras vulnerabilidades?”. A fuer de sinceros, yo creo y reitero que sí, al menos en todo lo que se relacione de una u otra forma con el trabajo profesional a realizar.

Por algo ha expresado y fundamentado el gran Howard Gardner que “las malas personas no pueden ser profesionales excelentes, no llegan a serlo nunca”, una frase cuya filosofía de base se ha convertido en una suerte de mantra para este servidor. En 2016 lo expresé así en mi artículo Marca personal: “¿creación” o gestión? (cito):

“Nuestro objetivo estratégico principal debe ser, simplemente, que cada bendita vez que una persona de nuestro entorno de incidencia y acción necesite algo relacionado con nuestra actividad profesional, piense en nosotros como primera opción, antes que en cualquier otra persona del campo.

Y observa que no escribí ‘antes que en cualquier otro profesional del campo’, sino ‘antes que en cualquier otra persona del campo’. Porque somos, primero que todo, personas. Y en mi opinión, debemos aspirar siempre a ser primera opción por ser buenas personas que -además- poseemos y vendemos un determinado expertise profesional; y no solo por este último atributo. Si únicamente destacamos para bien por nuestra excelencia profesional, hemos fracasado. La gente busca y quiere buenas personas a su alrededor, no máquinas profesionales de solución de problemas”.

Y un poco más tarde (2017, Mito # 1: La marca personal solo es para “famosos”),así: “…cuando interactuamos de cualquier forma con otros seres humanos, actuamos sobre ellos imponiéndoles carácter o dejándoles huella moral (quinta acepción del concepto marcar según el DRAE, entre otras varias que funcionan para el tema) y a partir de ello, somos y dejamos marca; o sea, somos conocidos, analizados, valorados y reconocidos de uno u otro modo –y luego recordados, eventualmente elegidos, y muchas veces recomendados– a partir de nuestras características, actuaciones y resultados de cualquier índole; todo lo cual constituye la esencia del concepto”.

Y claro, yo he vuelto sobre el tema una y otra y otra vez: esto que Amalio cuestiona representa una muy justa PREOCUPACIÓN que debe OCUPARNOS MUCHO A TODOS. Casi al final de esta respuesta propongo un cierre magistral del mismo, original de Andrés.

Este interesante y polémico asunto admite múltiples miradas más; siempre sugiero revisar al respecto el abordaje del Maestro Alfonso Alcántara sobre la “diferencia” entre marca personal y marca profesional; hoy agrego la interesante propuesta del propio Andrés titulada Marca personal, profesional y privada, en la cual nos plantea -¡todavía en 2011!- que “…cualquier profesional es, ante todo, persona”, y que “…lo que hace que un profesional consiga dejar una Marca Personal, una huella profunda, es el elemento personal. Mi experiencia me dice que una negociación puede cambiar completamente cuando se va más allá de las características técnicas de lo negociado, cuando en ambos lados de la mesa se establece una conexión emocional, una sintonía. Y eso no sucede si no entra el factor persona”. Muy claro, ¿verdad?

Y también agrego algo más de Andrés, tomado de una interesantísima entrevista suya de 2012. Disfrutemos esta añeja y muy vigente joya del Maestro:

“Si no has definido bien tu marca ni es auténtica, lo que va a ocurrir es que vas a estar soportando una serie de valores, características y cualidades que no van contigo. Es importante que esté bien definida y estructurada puesto que es para toda la vida…Es algo que va asociado a tu vida profesional y a tu vida personal”.

Poco que agregar, ¿verdad, Maestro Jordi?

Cierro el punto con una última cita de mi trabajo antes mencionado, asumiendo la política como lo que debe siempre ser: un ejercicio profesional.

“Regresemos a la política. Imaginemos un caso, por demás común y muy frecuente: dos amigos que militan en parcelas políticas diferentes, y que devienen rivales aspirando a una misma posición de gobierno o política en la eterna lucha por el poder. ¿Se resentirá o no la amistad, por antigua que sea, ante los inevitables ataques y contraataques que han de venir en el proceso? Porque, ¿cómo se demuestra que Juan no está haciendo bien su trabajo y que yo lo puedo hacer mejor, si no se ataca la gestión de Juan, y obviamente, a Juan mismo a través de su labor y resultados? No es posible evitarlo, simplemente. Lo más que puede hacerse es no mencionar a Juan por su nombre: solo hacer referencia a los problemas existentes. Pero…¿y quién es el responsable de esos problemas? ¿Y ese responsable no sentirá y resentirá el golpe? ¿Y qué sucederá después a nivel político…y sobre todo, a nivel personal-relacional?

Y conozco casos aún más complejos: matrimonios cuyos miembros militan en partidos diferentes, política y electoralmente contendientes. Y que conviven y deben educar a sus hijos en unos principios, unos valores, una ideología, una praxis, un concepto y enfoque de la vida y de cómo debe ser vivida, y una orientación ideo-política, ofreciéndoles modelos en tal sentido. Las propuestas públicas de sus respectivas organizaciones políticas en algunos o todos estos temas son radicalmente diferentes, y ellos deben buscar o construir un punto o espacio intermedio de acuerdo que no afecte ni a los hijos ni a la pareja ni a otros parientes, ni dificulte la convivencia ni tampoco choque contra sus convicciones ideo-político-partidarias…Resulta muy difícil, y no siempre se logra. ¿Y entonces? ¿Cómo separamos la política de lo personal?”

El punto actual y el que viene a continuación tienen mucho parentesco. Por ello, no nos extrañemos si algunos de mis comentarios al actual funcionan para el próximo, y viceversa. ¿Vale?

¿El personal branding supone la construcción, adopción y “venta” de una “identidad calculada”?

Dice Amalio:

El exceso empieza, a mi juicio, cuando la gestión de esa imagen profesional se mezcla deliberadamente con la personal, adoptando una estrategia de proyección pública del ‘yo persona’ que sirva para vender el ‘yo S.A.’ desde una identidad calculada (NOTA: estas últimas negritas son mías, no de Amalio). Esa mezcolanza es bastante común gracias a las omnipresentes redes sociales”. Y más adelante, al autor explica y argumenta con bastante amplitud esta posición, desde sus propios supuestos de partida.

Mi comentario:

En mi opinión, y al margen del calificativo “exceso” -al cual asocio sanamente con la posición crítica del autor, y no con otras intenciones- la clave del asunto está en el concepto que Amalio propone como “identidad calculada”. Nuestra identidad es lo que realmente somos y nuestros diferentes atributos de toda índole que permiten identificarnos; nuestra imagen -algunos autores la llaman “identidad percibida”, entre ellos Guillem en este breve e interesantísimo post– es lo que los demás perciben de nosotros y cómo nos analizan, valoran y posicionan en sus mentes a partir de eso. Si distorsionamos deliberadamente determinados aspectos de nuestra identidad para ofrecer como imagen un disfraz (en las redes sociales, por ejemplo), estaremos cayendo justamente en las distorsiones de que vengo hablando en términos de gestión de marca personal; y ello no tiene por qué afectar al concepto, sino poner de manifiesto la mala práctica del branding personal por parte de quien lo hace. ¿Ante quién? En principio, ante los conocedores y practicantes serios del tema, que como he dicho al inicio de esta respuesta (y en otros trabajos como este, este y este), deben responsabilizarse por poner de manifiesto ante el gran público que esa práctica es incorrecta y no representa el concepto, y deben ser capaces de modelar las maneras correctas de hacerlo, y de formar a cada vez más personas en y para ello, y de difundir sistemáticamente contenidos que demuestren cómo se hace correctamente y las consecuencias de no hacerlo así, etc, etc. Y mientras esa actuación influenciadora vaya creciendo y cosechando buenos frutos, lo anterior irá ocurriendo ante una base cada vez mayor de públicos conocedores del concepto, y potencialmente interesados en su puesta en práctica.

El propio Amalio ha abordado esto de un modo bien interesante, en un artículo anterior al que hoy comento, así:

“…me gustaría advertir que no tengo nada contra aquellos que usan el palabro ‘Marca Personal’ como mero constructo pedagógico para ayudar a la gente a transmitir mejor (y ganarse la vida con) una identidad auténtica que emana de fortalezas genuinas. El nombre no me gusta nada, insisto, pero si el contenido es bueno, estoy dispuesto a ser menos tiquismiquis.

La contribución de estos profesionales, ‘los buenos’, la valoro positivamente si: 1) ayudan a las personas a descubrir sus potencialidades, lo que más les gusta hacer y hacen (realmente) mejor, 2) les orientan para que esas virtudes se transmitan de un modo eficiente y coherente. Esa labor, desde luego, puede ser de utilidad para mucha gente. Con eso no se hace daño a nadie, pero siempre que se gestione desde una perspectiva sistémica, de satisfacción personal, y no como un mero artefacto de marketing”.

Eso de que habla el distinguido y respetado colega Amalio es, precisamente, impartir formación y/u ofrecer asesoría en personal branding, más allá de que lo denominemos de uno u otro modo por un asunto de gustos o preferencias; como un ejemplo interesante entre muchísimos posibles, sugiero revisar el ya mencionado proyecto Ponte en Valor, de mis amigos y colegas Eva, Guillem y Fran. El proceso incluye un grupo mucho mayor de temas, obviamente, pero las primeras esencias van por ahí, junto a la identificación de las necesidades a las cuales cada quien propondrá soluciones (propuesta de valor) y las aportará (contribución, o aporte de valor), a través de lo cual se posicionará en la mente de quienes haya elegido, recibido, utilizado y valorado positivamente dicho valor (posicionamiento de marca personal).

Y uno de los principales objetivos de la formación o asesoría en personal branding (sí, muyyyyyyyyy de acuerdo: la bien hecha por los buenos), es preparar a los alumnos o clientes para EVITAR A TODA COSTA el cálculo y la construcción forzada de identidades, y más bien al contrario, trabajar y gestionar su marca desde la autenticidad, desde su verdadero yo personal y profesional (porque como muy bien Amalio plantea, ellos 1) ayudan a las personas a descubrir sus potencialidades, lo que más les gusta hacer y hacen (realmente) mejor, y 2) les orientan para que esas virtudes se transmitan de un modo eficiente y coherente). También, para establecer los procesos de mejora continua que sean requeridos para poder ofrecer sistemáticamente al entorno la mejor combinación posible de atributos, potenciales y competencias; y por supuesto, para visibilizar todo ello de las maneras correctas y ponerlo a disposición de quien lo necesita, en forma de valor. Como dice Guillem en su interesante respuesta a Amalio en los comentarios del post: “Muchos prefieren verlo como una exaltación del ego, y es porque únicamente retienen la parte de visibilidad. Es algo absurdo, como creer que debajo de la parte visible de un iceberg no hay nada”. Eso es mala praxis. La verdadera gestión de marca personal no es eso que Amalio justamente critica.

En la entrevista de 2012 antes citada, nos dice Andrés lo siguiente: “Una persona tiene una marca personal y un personaje tiene otra marca personal. Un buen ejemplo puede ser la marca personal de Harrison Ford y su marca corporativa de Indiana Jones. Si estamos creando un personaje no estamos creando una marca personal. La marca personal tiene que ser ante todo auténtica”. Autenticidad que niega por completo la posibilidad de “calcular la identidad” que vamos a ofrecerle al mundo, por cualquier vía y en cualquier soporte. Lo que otros ven de nosotros debe ser el más fiel reflejo de lo que somos, hacemos y logramos nosotros: de eso se trata la verdadera gestión de marca personal. Construir limpiamente el mejor yo personal/profesional/social que seamos capaces de construir, y ofrecerlo diáfanamente al mundo que nos rodea como fuente de valor para aportar soluciones, marcándolo así con lo mejor de nosotros.

Porque además, quienes hacen tales cosas deberían pensar inclusive en los peligros a los que se someten al hacerlo; y el no pensar en ellos nos deja muy claro que no están gestionando nada realmente personal, sino únicamente un disfraz: ni más, ni menos. Pues como nos legó Lincoln, se puede engañar a todo el mundo una parte del tiempo, o a una parte del mundo todo el tiempo; pero no es posible engañar a todo el mundo todo el tiempo. Y como he dicho antes, la verdad, terca como es, tarde o temprano aflora y desenmascara. Basta que aparezca UNA oportunidad en la que deban demostrar en la práctica todo o parte de lo que han venido vendiendo como propio sin serlo, saberlo, saber hacerlo, tenerlo, etc…¿Y entonces?

Quiero precisar un poco más este importante aspecto, acerca del cual las confusiones son muy frecuentes.

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define identidad como “Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás” y “Conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a las demás”. Ambas acepciones funcionan de modo exacto en la línea en que vengo desarrollando el punto, y reafirman el hecho de que “la construcción de una identidad calculada” es una falsificación, que obviamente, no puede ser equivalente a la marca personal de nadie, primero, porque no la refleja en su genuina realidad, y además, entre otras varias cosas, porque dicha marca no se basa únicamente en los rasgos personales ni es definida en, desde ni por la autoconciencia de la persona en cuestión. La marca personal de alguien la definen quienes rodean a esa persona y reciben el impacto de lo que ella es, hace y logra, a partir de lo cual la analizan, valoran y posicionan en sus mentes de una u otra forma, en uno u otro sentido.

El propio Diccionario nos define imagen pública como “Conjunto de rasgos que caracterizan ante la sociedad a una persona o entidad”. Las palabras clave aquí son: ante la sociedad. O sea: podemos tener una autoconciencia o una percepción de nosotros mismos que vaya en un determinado sentido (nuestra identidad), pero ello no necesariamente significa que seamos precisamente eso para quienes nos rodean. Es más: dependiendo de múltiples factores, puede suceder que para ellos seamos lo opuesto (una excelente herramienta de análisis de esta posible disonancia -entre varias existentes- es la famosa ventana de Johari). Y por otra parte, la imagen es definida a través de rasgos; las actuaciones que desarrollamos -aplicando algunos o todos esos rasgos, o sea, nuestras características personales, y también nuestras competencias profesionales-, y los resultados que obtenemos integrando espontáneamente lo que somos y lo que hacemos -o sea, siendo nosotros mismos y comportándonos como somos en cada espacio de acción: estudio, trabajo, familia, sociedad, etc.-, configuran un conjunto que se queda en la memoria de quienes nos rodean (memoria que es definida por el Diccionario como “Facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado”), gracias al cual nos posicionan de una u otra forma, y que les permite recordarnos y acudir -o no acudir- a nosotros en situaciones en las cuales podrían requerir nuestros servicios, o que simplemente les hagan evocar una frase dicha por nosotros, o un error que hayamos cometido, o algo positivo o negativo que alguien más les haya dicho acerca de nosotros, o el aporte de valor que hayamos sido capaces de hacer y que se haya traducido en soluciones…y un laaaaaaaaaargo etc. “Eso” se llama marca personal, y entre otras varias cosas, integra nuestra identidad, nuestra imagen, el recuerdo que dejamos en los demás, el posicionamiento que conseguimos en sus mentes, etc., etc., etc. Y en términos mercadotécnicos y de negocios, esa marca define mucho de nuestras oportunidades profesionales, especialmente en este mercado cada día más saturado de ofertas y más escaso en oportunidades.

Un “detalle” más, en tono interrogativo. Si coexistimos profesional o socialmente con un grupo de personas, ¿qué hay de malo ni de negativo, o por cuál motivo y en qué medida nos convierte en farsantes -o cualquier opción equivalente-, el hecho de que hagamos a conciencia un proceso de mejora personal, que nos permita ser para quienes nos rodean la mejor persona y el mejor profesional que seamos capaces de ser, lo cual nos posicionaría en sus mentes como alguien que tiene algo valioso para darles y permitiría que puedan recibir, utilizar y aprovechar el valor que podemos, debemos y queremos aportarles -y vivir decentemente de ello, si es el caso-, sin que ello implique ni signifique dejar de ser nosotros mismos, imitar a otros, falsear nuestra imagen, manipular nuestros atributos ni perder nuestra autenticidad?

Amigo lector:

Hasta aquí la segunda entrega de esta serie de artículos. ¿Qué piensas acerca de los dos temas abordados hoy? 

La semana entrante (el próximo viernes, para ser exacto) te propondré mis respuestas a la siguiente y muy compleja pregunta:

  • ¿Hacer personal branding correctamente nos convierte necesariamente en seres individualistas?

Hasta entonces, y en espera de tus opiniones, comentarios y      valoraciones en cualquier sentido, te dejo el más cordial brand/abrazo de tu siempre amigo,

Vladimir

3 puntos que unen ciencia, conexión humana y marca personal, por @FranSegarraB

Como ya sabes que, independientemente en el sector en el que trabajes, siempre voy a animarte a trabajar tu marca personal. Ya sea para que te conozcas mejor a ti mismo, mejorar tu propuesta de valor o mejorar tu mensaje, tarde o temprano, en mayor o menor medida, vas a acabar obteniendo alguno de sus beneficios (descubre 8 fundamentales en este post).

En este artículo quiero que profundicemos en un perfil que me interesa especialmente: el perfil profesional científico y su relación con la conexión humana.

Este es el último artículo de una trilogía de post dedicados a este perfil y que he escrito para esta casa, la casa de la marca personal.

En el primer y segundo post, analizamos cómo el personal branding puede ser (y de hecho, es) una excelente herramienta al servicio del desarrollo científico, para luego ver algunos casos de éxito en la buena gestión de marca personal, como Tim Berners-Lee o Stephen William Hawking. 

En este artículo quiero hablarte de algo más práctico. Quiero ayudarte a trabajar sobre un cambio en tu mindset, para sensibilizarte y hacerte consciente de la importancia de trabajar una comunicación mucho más humana y así sobresalir en un contexto tecnológico e hiperconectado.

Un cambio de contexto necesita un cambio de estrategia. Y un cambio de estrategia, necesita un cambio de mentalidad. Veamos algunas claves importantes para ello: 

Divulga conversando: tu público está muy informado 

Hoy en día, la información circula libremente y en grandes cantidades. Y un gran número de casos, el científico que divulga ya no es una fuente primaria de información. Quién busca información, busca contrastar y validar la que ya conoce (aunque esta sea incorrecta, sesgada o de mala calidad). Esta es una nueva realidad que plantea un reto a la vez que una oportunidad.  

Hablando de conexión humana, la comunicación con voluntad de informar ya no es lo que era, en un mundo globalizado e hiperconectado.

La atención: tu mensaje tiene una ventana de oportunidad limitada.

Es un hecho, la atención humana no sólo no incrementa a medida que evolucionamos, sino que se está reduciendo a causa de la sobreestimulación que experimentamos en nuestro entorno hiperconectado. 

Eso provoca que el recurso más limitado en nuestro contexto, en el que se nos ametralla con información constantemente, sea precisamente la atención.

Si quieres divulgar ciencia, debes tenerlo claro: para despertar y mantener el interés de una persona sobre tu mensaje, deberías ser conciso, personalizado y persuasivo.

¿Es Injusto? Por supuesto, si lo és, pero la oferta es demasiado extensa para que no sea así. Tómatelo como un reto.

Trabaja la Conexión Humana

Sea lo que sea lo que tengas que explicar, explícalo tú. Sé tú mismo, cercan@, sin distancias. 

Trabajar la marca personal en este sector podría tener un gran efecto de optimización de recursos y un aprovechamiento único de las oportunidades que tenemos en este nuevo contexto digital.

En el sector sanitario, por ejemplo, imagina el poder que tendría generar canales de comunicación directos entre médico/paciente. Adivina qué pasaría si se generarán espacios virtuales en los que se potencie un contacto más directo, humano y emocional, como por ejemplo, a través de perfiles de Twitter o Instagram bien trabajados y activos. 

Siempre imagino tener el consejo de mi médico a un WhatsApp de distancia. 

Una estrategia de marca personal deja de tener sentido si no eres tú mismo el que comunica, de manera natural. Acerca el mensaje a tu público objetivo.

 

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Tu presencia, ¿suma o resta a tu talento? por @Maria_A_Sanchez

Los 3 errores más frecuentes en la Imagen Profesional (presencia)

En este post, a la vez que señalo estos errores, doy recomendaciones para evitarlos, claro. Siguiéndolas, ‘envolverás’ tu Talento y fascinarás, todavía más, con tu Presencia (porque seguro que ya lo haces… pero menos :). También te voy a ayudar a evitar los ‘Ruidos Visuales’, que te restan eficacia comunicativa, así es… solo un detalle: hoy el acento está puesto en nuestra responsabilidad, porque (a un@s más y a otr@s menos), en las Redes Sociales o l@s más jóvenes de la familia, a tod@s nos miran y nos copian.

Vamos a comenzar diferenciando dos sectores:

Profesionales ya consagrados

Para que detecten qué ‘juega en su contra’ y que, gracias a su (demostrada:) inteligencia, con un ligero entrenamiento, comenzarán a ‘mirar/se viendo’. Lo que les llevará a hacer una, dos o las tres variaciones que aconsejo aquí, para que su Imagen ‘parezca’ tan Profesional como ell@s lo son…

Quienes les miran y les copian

Familiares, amig@s y/o profesionales del mundo de las Ventas, las RRSS, la Comunicación, el Talento, el Coaching, etc., cuya admiración les incita a emularles y, claro, caer en los mismos errores.

Como prevención: que sepáis que ya me lo han advertido

Es peligroso, no hay forma de hacerlo sin crear un Tsunami que quién sabe qué repercusiones tendría…’, me decía una querida colega con la que hablaba del tema y que estaba totalmente de acuerdo conmigo en lo bondadoso (y peligroso) de esta iniciativa.

Vestuario

Y ahí estaba yo, dudando y luchando entre el ‘no debo‘ y el ‘cómo no se lo voy a comentar, con lo bien que le vendría a esta y aquella persona y a quienes les siguen…’.

Se ha hecho la luz en mi mente, al escuchar las palabras de ‘súper Eva Collado‘, compañera del PersonalBrandingLabDay, en un diálogo con Elena Arnaiz y recogido en uno de los exitosos videos de Street personal Branding, formado por el que llamamos ‘padre de la MarcaPersonal’: Súper Andrés Pérez Ortega y Claudio Inacio: “… cuando veo que alguien que me cae especialmente bien y está haciendo en RRSS (…) que no le está favoreciendo, cojo tiempo para contactar con el/ella por MD y le hablo de ello…”.

Y he pensado: ‘si lo hace Eva (a quien admiro), yo también’, así que me he puesto a ello… estaba haciendo mentalmente la lista de las personas a las que les diría algo muy concreto y he pensado: ‘¿…y por qué no hago un post, se lo paso a Guillem Recolons, para publicarlo en Soymimarca?’

L@s colegas, fuente de inspiración

Visito el site y, además de interesantísimos posts, como siempre, releo el de Pablo Adán, cuya imagen, que replico, nos invita a una de las pautas más importantes y útiles para adquirir la habilidad de comunicar con la Presencia lo que deseamos: ‘entrenar la mirada’.

Equilibrio marca personal

Photo by Sharon McCutcheon on Unsplash

Véase la gran diferencia en las ‘líneas ascendentes’ que forman las pestañas más largas en una de las imágenes. Efecto que se puede lograr con gel transparente ellos y con una suave línea de lápiz de ojos nosotras.  Porque la máscara de pestañas demasiado evidente no es aconsejable en la Imagen profesional, pues crea el llamado ‘efecto Daisy’ (Pato Donald’s girl).

entrenar la mirada

Los 3 errores

Este es un ejemplo de lo que se puede ver cuando te dirigen a entrenar la mirada. Si deseas extraer la máxima eficacia de estos trucos que voy a compartir contigo, te recomiendo tener cerca tus fotografías y filmaciones, para poder analizarlas con mis observaciones y anotar tus decisiones: qué hacer y cuándo lo harás.

Estas son las 3 áreas que anuncia el título:

  1. Líneas descendentes, búscalas y elimínalas de tu presencia, porque comunican tristeza, fracaso… (dicen l@s expert@s que se debe a que transmiten que ‘te gana la partida’ la ley de la gravedad).

Recomendaciones: crea líneas ascendentes, como el efecto de las pestañas, que comentábamos y, sobre todo, con tu mejor sonrisa. No pierdas de vista las líneas descendentes que pueda dibujar tu cabello sobre tu frente y tus cejas, que si son demasiado largas, entristecen tu mirada … cuando hagas variaciones, te recomiendo que te hagas fotografías, para que tu cerebro registre la gran diferencia en tus facciones.

  1. Puedes provocar distracciones en quien te escucha, si algún elemento de tu presencia se ve demasiado (en ellos ‘los pelillos del pecho’ o la piel entre calcetines y camal, en nosotras, ya sabes…) o cruzas tu mano para tocarte el cabello, la nariz, etc. Cualquiera de estos detalles te hace perder protagonismo y resta el % de atención a tus palabras, de quien te escucha.

Recomendaciones: mira tus fotografías y filmaciones, como si de las de tu mejor amig@ se tratara y ‘caza a tus ladrones de protagonismo’ en la piel que muestras y/o en los movimientos que haces con tu mano.

  1. Evita normalizar los gestos que no son saludables, como cruzar las piernas, interrumpiendo tu riego sanguíneo de retorno (y creando una ‘estupenda celulitis’), no tener agua cerca cuando hablas, envejeciendo así tus cuerdas vocales y/o llevar tacones de más de 5 cms., que lanzan tu pelvis hacia adelante y fuerzan a las cervicales a compensar tu NO verticalidad (con los tacones altos, sin beber el agua necesaria -el doble si fumamos-, gastar antes el líquido sinovial, envejeciendo también tus articulaciones).

Recomendación: ¡SUBVe! elige irradiar salud real. Por ti y por quienes nos miran… y nos copian.

Gracias, en nombre de tu cuerpo, tu  ‘Imagen Profesional’, tu mensaje hablado y tus seguidores/as.

 

Cover Photo by Christopher Campbell on Unsplash

¿Puede ser el autoconocimiento un proceso rápido y eficaz? El capital Vital, por @FranSegarraB

Si estás leyendo este post significa que estás decidido a pasar a la acción. Estás decidido a sobresalir del resto, a impactar más, a vender más, a ser contratado, a ser un referente. Y también sabes que necesitas que sea un proceso coherente, consistente, eficaz, fiable. Por eso, entiendes que solo lo lograrás empezando por lo básico: el autoconocimiento. Porque, de lo contrario, ¿cómo vas a crear una propuesta de valor única?

Pero la introspección tiene un problema: el tiempo que necesitamos invertir en ella. Lo he vivido en muchos de mis clientes y en mí mismo. Y es que los momentos de cambio suelen ser momentos de acción, de intensidad y siendo sinceros, el autoconocimiento está muy bien… pero necesitas ir al grano. Es en esos momentos que darle operatividad al asunto del autoconocimiento es clave. Necesitas auto-reconocerte de manera rápida y eficaz.

La herramienta que te presento hoy aquí tiene precisamente este objetivo: ayudarte a identificar de manera estructurada y sencilla aquello que te interesa de tu mundo interior.

¡Vamos a ello!

El Capital Vital

He dividido el capital vital en dos dimensiones de auto-análisis fundamentales:

  • Dimensión intrapersonal: formada por todo aquello que representa tu identidad, tu visión sobre el mundo, tus hábitos…
  • Dimensión interpersonal, para que puedas reconocer tu contexto más cercano (personas, lugares, rutinas…) y puedas ver si te potencia o te limita.

Cada una de estas dos dimensiones la forman 3 tipos de capitales, que paso a describirte a continuación:

Dimensión Intrapersonal.

Capital Emocional

Relacionado con procesos psicológicos como la intuición, creatividad, capacidad de alto rendimiento, regulación, competencias emocionales, inteligencia emocional, capacidad de adaptación a nuevos entornos… Este es el espacio para analizar tus “intangibles”.

Todos estos procesos están íntimamente ligados a esas aptitudes que necesitas para ser un referente en tu profesión: capacidad de gestión de la propia carrera, de autodisciplina y sobretodo, tu capacidad para crear un estilo de vida propio.

Por supuesto, las emociones que eres capaz de gestionar tendrán un impacto directo en que emociones eres capaz de generar en los demás, algo importantísimo para tu estrategia de marca personal.

Capital de Intensidad Vital

¿Qué vida estás viviendo? ¿Estás viviendo el tipo de vida que quieres vivir? ¿Estás viviendo una vida suficientemente intensa? Tus experiencias vitales configuran la manera en cómo son tus fortalezas, debilidades, aptitudes y actitudes frente a ti mismo y al mundo que te rodea.

En este apartado te propongo que analices esas experiencias que forman o han formado tu propio estilo de vida, tu plan vital: estancias en el extranjero, deportes practicados, aficiones, viajes… Parece mentira como muchas veces “escondemos” esta parte de nosotros, tan importante en esta nueva era.

Capital de Identidad

La complejidad de nuestra identidad es infinita. Nuestras experiencias, nuestras vivencias y cómo se han configurado nuestros esquemas mentales nos hacen únicos e irrepetibles. Tomar consciencia de ello es sumamente poderoso.  Éste es el espacio para analizar todo aquello que te hace único: (auto-concepto, valores, aprendizajes, experiencias) para entender qué nos limita o qué nos potencia (creencias, hábitos, esquemas mentales, prejuicios…) para lograr nuestros objetivos. Es todo lo relacionado con nuestro self (identidad)

Dimensión Interpersonal ¿Cuál es tu contexto más cercano?

Capital Relacional

En un mundo global e híper-conectado, gran parte de la riqueza de una marca personal se  determina por la calidad de las relaciones personales que seamos capaces de establecer y mantener en el tiempo.

Claro que aquí no estamos hablando sólo de aquellos que te van a financiar, sino de aquellos que van a estar a tu lado. Esas personas que conocen de verdad tu auténtico valor y van a apoyarte de una manera incondicional. Esas personas que van a estar ahí aunque todo pueda estar muy jodido.

¿Has oído hablar sobre el concepto de las “3 efes de la financiación” en el mundo emprendedor? Pues aquí se trata de analizar si tú también cuentas con tus family, friends and fools particulares.

Capital Formal

Por mucha nueva era social e hiper-concetada que estemos viviendo, tus experiencias y competencias de carácter más “formal” o “normativo” siguen siendo importantes: experiencias profesionales y formativas, puestos de trabajo, títulos, ascensos, cargos….  Este es el espacio reservado para recopilar y analizar todo aquello que pertenece a tus “Hard Skills”.

Una pista: piensa en todo aquello que incluirías en tu currículo en su versión más “clásica”.

Capital Aplicado.

Una vez has listado tus “títulos”, es hora de analizar lo que has plasmado de ellos en la realidad: proyectos, logros, fracasos, casos de éxito, portafolio de tus clientes… Más allá de puestos y títulos, esto es lo que mejor avala a un profesional, ya que determina sus “realidades”.

Demuestra(te) lo que realmente eres capaz de hacer y explica(te) cómo has logrado tus objetivos, así como las enseñanzas que emanan de tus “fracasos”. Si el anterior punto pertenecía a un análisis basado en Hard Skills, este se basa en Soft Skills.

Canvas de Trabajo

Si te interesa esta herramienta y quieres descubrir cuál es tu propio Capital Vital, te dejo un pequeño regalo que espero pueda serte útil: una plantilla con la que podrás trabajar todas estas dimensiones que te he explicado. Puedes descargarla aquí en varios formatos (PDF, ODT, Powerpoint o imagen) Puedes trabajar tu propio Capital Vital individualmente o en grupo. Si eres profesional de cualquier disciplina relacionada con el desarrollo personal, siéntete libre de usarlo en tus talleres, conferencias o consultorías (solo te pediré que no lo modifiques o si lo haces, por favor avísame al email f.segarrab@gmail.com. Estaré encantado de comentar modificaciones o cualquier duda)  

Espero que esta herramienta no solo te sirva para crear la base de una buena estrategia para tu marca personal, sino que además te sirva para auto-reconocerte mejor y quizás ser algo más feliz o al menos, sentirte más “al mando”.

 

Photo by Ben Sweet on Unsplash

El equilibrio entre lo personal y lo profesional, por @PabloAdanMico

El personal Branding es cuestión de posicionamiento (bajo qué aspectos nos recuerdan), y éste es estrategia (cómo conseguir que sea acorde a realidad y metas), y la estrategia es cuestión del punto de partida (mi identidad, valores, fortalezas…) y del punto de llegada (objetivos).

Aporto este galimatías porque es necesario clarificar el proceso de una estrategia de marca personal. Evitaremos así abandonos prematuros, decepciones o lo peor: fracasos.

Pero como acerca del contenido de este primer párrafo se ha hablado mucho en este blog y poco nuevo queda por aportar, me voy a centrar en algo que realmente sé que a muchos les preocupa.

Y se trata de la diferencia entre marca personal y marca profesional, y de emprender una estrategia de marca personal en una empresa o no hacerlo.

La marca personal es ineludible e imperecedera

Suena bien, pero ¿estamos seguros? Todos tenemos marca personal, por el hecho de ser, por el hecho de estar. Es innata a la sociabilidad del ser humano, y te acompaña como un abrigo e impregna con tu aroma los lugares en los que estás, y deja algo, un recuerdo, una sensación, en los que te ven, te escuchan, en los que están contigo.

Pero muchas veces nuestra identidad (base de nuestro ser único y diferente en sí mismo) no encuentra un hueco, un sentido o una oportunidad en el lugar en el que desarrollas parte de lo que haces (tu actividad), y cómo lo haces (tu actitud).

Tus valores, tu forma de entender la vida y las relaciones, te acompañan y forjan tu actitud, la desarrollan y con ellos impregnas lo que haces de un sentido, de un estilo propio.

Marca profesional, tu capacidad, tu valor

Y tu marca personal se proyecta en tu trabajo, en tu entorno laboral. Porque representa lo que eres y es difícil de esconder, de evitar, de ser negada. Es la marca profesional, tu marca personal reducida y adaptada a un entorno profesional. Pero es algo más complicado.

Puede ser que tu empleo, la empresa, o las personas con las que trabajas, no merezcan que te proyectes personalmente. Ocurre muy a menudo, por ejemplo cuando estás en una empresa que no está alineada con tus valores, incluso los niega y actúa en contra de tus principios, con el mercado, con el cliente o con las personas del equipo. O cuando te sientes un extraño entre tus compañeros, un incomprendido que llega a la conclusión que no merecen que te muestres como eres.

Es mucho más común de lo que pensamos. Seguro que te sientes representando, como ya en algunas ocasiones. Si es así no tienes por qué sentirte mal. Cada uno proyecta lo que quiere, donde quiere y con quien quiere.

No acotes el entorno de tu marca personal

No necesariamente debemos buscar una proyección en los entornos previsibles (mi empresa, en el día a día, y el mundo entero cada tarde noche en mis redes sociales). Son los extremos.

Yo lo llamo marca personal de pequeños entornos, a la estrategia de trabajar la marca personal en círculos concretos, donde te sientes cómodo, respetado y con valores e intereses en común.

A veces el encierro profesional sirve de poco cuando llega el momento del despido o la necesidad de cambio. Entonces gran parte de lo hecho, lo  invertido, pierde todo su valor.

Así que debes empezar a visualizar el futuro y a valorar escenarios posibles, e invertir tiempo y recursos en ellos ante un posible cambio, voluntario o no.

Si decides buscar otras posibilidades de trabajo en otra empresa, comienza a trabajar el sector y sus áreas representativas locales. Si decides emprender comienza a buscar posibles aliados y clientes potenciales, entre amigos, familiares, antiguos compañeros de estudios, proveedores, etc. Si decides quedarte valora la estrategia más adecuada. Que las cosas pueden ocurrir de un día para otro.

Para terminar, recuerda:

“Las metas profesionales son etapas en nuestra vida, cambiantes y pocas veces dependen de nosotros. Pero una marca personal es para siempre

#HaceFaltaValor, el ebook de @soymimarca cosecha 2018

¿Por qué #HaceFaltaValor?

Hace falta valor se refiere al coraje. #HaceFaltaVALOR se refiere a dejar una marca positiva. En un momento de cierta madurez de la marca personal, va bien recordar la esencia del concepto, el VALOR como destino final de cualquier proceso de personal branding.

Si no somos capaces de generar VALOR hacia nuestros clientes y otros grupos de interés, no importa el ruido que hagamos, habremos fracasado. Gestionar nuestra marca personal va de eso de gestionar una cadena de valor que arranca de nosotros mismos y acaba proyectándose en los demás.

Personal Branding no es autoconocimiento, no es estrategia personal, no es visibilidad, es el VALOR que genera la suma del todo, es el Iceberg. Los textos que encontraremos a continuación van en esa dirección, la de hacer crecer a quienes tenemos a nuestro alrededor.

En un año de fake news y de ataques a nuestra privacidad, la “tribu” de la marca personal ha vuelto a reunirse, esta vez en uno de los posts colaborativos titulado “El suicidio del personal branding“. En un momento de incertidumbre hace falta unidad, hace falta criterio, #HaceFaltaValor.

¿Quién escribe #HaceFaltaValor?

La parte troncal del ebook la escriben Eva Collado Durán, Guillem Recolons, Laura Ferrera, Fran Segarra, Raquel Gómez, Paula Fernández-Ochoa, David Barreda, Almudena Lobato, Josep Capell, Yin Min Shum, y Vladimir Estrada.

Además de los mencionados, el artículo colaborativo incluye opiniones de Arancha Ruiz, Jordi Collell, Andrés Pérez Ortega, Alicia Ro, Fabián González, Claudio Inácio, Elena Arnaiz, Gabriel Patrizzi, Ylse Roa, Nancy Vázquez, Helena Casas, Oianko Choperena, Enrique F. Brull, Nilton Navarro, Ilana Berenholc y Pablo Adán.

Yo diría que no es toda la “tribu” pero sí hay una buena parte.

Ahora sí, aquí está el ebook de 15o páginas #HaceFaltaValor

Esperamos que os sea de utilidad. Hemos dejado el post del profesor Vladimir Estrada Marca Personal y Empresa, la otra verdad al final, ya que más que un post es un libro en sí mismo.

Un ruego: si lo compartes en redes, utiliza el hashtag #HaceFaltaValor

Si quieres descargarte el libro gratuitamente en formato PDF solo tienes que visitar la página de Slideshare donde se encuentra, verás que es muy fácil.

Feliz Navidad y mejor 2019!

Guillem Recolons

 

 

Profesional de Alto Rendimiento, por @PaulaFdezOchoa

Alto Rendimiento

La idea de “alto rendimiento” siempre ha estado vinculada al deporte. Este concepto alude al deportista con talento, dedicación profesional deportiva y pertenencia a una selección, que optimiza o maximiza el aprovechamiento de los recursos corporales y técnicos para alcanzar un gran nivel y  los mejores resultados y ser un “deportista de alto rendimiento”

Pero del mismo modo que cada vez más extrapolamos los valores del deporte (superación, disciplina, exigencia, trabajo en equipo, fair play, respeto, etc.) al día a día empresarial e intentamos implementarlos en el trabajo, también podemos aplicar la idea de este concepto en cualquier otro sector en el que nos preparamos a todos los niveles (desde el talento, con conocimientos “hard” y habilidades “soft”, la pasión y entrega) para dar lo mejor de nosotros mismos y “competir” al máximo nivel en nuestro entorno laboral. ¿Para qué? Para ser un “profesional de alto rendimiento”.

marca profesional de alto rendimiento

¿Por qué pensar así? Porque trabajamos en entornos muy competitivos y globales, con exceso de oferta y demanda y constantes cambios que nos obligan a adaptarnos y actualizarnos constantemente si no queremos quedarnos fuera de mercado. Y la situación actual está demostrando que necesitamos alcanzar un estado de bienestar como base para enfrentarnos a cualquier reto y oportunidad de la naturaleza que sean, que necesitamos gestionar nuestra marca personal para diferenciarnos con nuestra mejor versión, posicionarnos con nuestro talento y propuesta de valor y ser “la opción elegida”. Sólo así conseguiremos ser productivos y lograr el tan esperado “alto rendimiento profesional”.

Y lo visualizo en el siguiente triángulo:

triangulo profesional Alto Rendimiento

Bienestar

Como dijo el Dr. Víctor Vidal en una entrevista publicada en Expansión el pasado 29 de noviembre, “Nos estamos acostumbrando al estrés y lentamente nos mata. El 70% de las enfermedades están relacionadas con el estrés y si no lo están, las agrava.

Y no es casualidad que el citado artículo de Expansión se publicase en la sección de Directivos pues, lamentablemente, la mayoría vivimos en permanente estado de alerta, de conectividad, de tensión por responsabilidades y multitareas asumidas y sin poder conciliar nuestras vidas personales y profesionales lo que, en definitiva, nos enfrenta a nuestro día a día desde una insana excitación. Y no sólo se espera de nosotros que sobrevivamos a este cocktail explosivo sino que, además, lo hagamos con nota consiguiendo un alto rendimiento.

Esta situación no puede imperar y ser algo tan habitual, ni siquiera en los entornos de dirección o alta competición en los que erróneamente parece que es indispensable para “mantenerse en la cresta”. Es nocivo para nuestra salud (física, anímica y mental) y nocivo para nuestro trabajo porque la productividad baja estrepitosamente y en ningún caso será sostenible a medio largo plazo.

Un constante y alto nivel de exigencia, dedicación y sacrificio y las largas jornadas laborales están provocando cada vez más estrés, adicciones o ansiedad en muchos profesionales y, en consecuencia, están desembocando en bajas por depresión, absentismo y merma en la productividad. Esta realidad, por tanto, ha comenzado a medirse en términos económicos y las empresas han asumido la necesidad de convertirse en “Organizaciones Saludables”. Así por ejemplo, en el sector de la abogacía, que vive en la mayoría de los casos en el contexto descrito, se han empezado a implementar medidas y políticas de bienestar en los despachos bajo la premisa de que son buenos para los negocios y para los ciudadanos, que un buen abogado tiene que ser un abogado saludable y que el bienestar es una responsabilidad de todos y para todos porque es un deporte en equipo (Fuentes, Informes: The Path to Lawyer Well- Being: Practical Recommendations for a Positive Change” y “Well-Being Toolkit for Lawyers and Legal Employers”)

En esta línea, de nuevo Expansión publicó un artículo titulado “Hacer deporte mejora la productividad en los bufetes” en el que Despachos como Cuatrecasas, Garrigues o EY explicaron sus Programas de Bienestar y se resaltaron en cifras algunos de los beneficios que aportaban:

  • Un estudio de la Universidad de Navarra afirma que la productividad de una firma con trabajadores felices puede aumentar hasta un 31%.
  • Por cada dólar invertido en fomentar el deporte entre los trabajadores hay un ahorro de tres dólares en absentismo, según un informe de la Universidad de Harvard.
  • Casi dos de cada diez abogados sufren depresión clínica y un 50% padece estrés, según el estudio Law Care. Un programa de bienestar y deporte podría reducir estas cifras.
  • Las compañías que ofrecen diferentes programas de bienestar consiguen que el nivel de compromiso de sus empleados sea del 88% frente al 48% de las que no cuentan con ellos, según Limeade Institute.
  • Un informe elaborado por la escuela de salud pública Johns Hopkins Bloomberg, en Estados Unidos, señala que realizar al menos 75 minutos a la semana de ejercicio vigoroso reduce las cifras de absentismo laboral en 4,1 días al año.
  • La inclusión del deporte en el horario laboral recorta los gastos derivados de enfermedades en los trabajadores hasta en un 39%, según recoge un estudio de la Universidad de California.

Con el mismo objetivo tenemos por ejemplo a Suecia, país que se enorgullece de ser el más deportista de Europa, con empresas que tienen cláusulas deportivas como la de ropa Björn Borg que incluye una hora de entrenamiento semanal obligatoria para incrementar la salud de sus trabajadores y su productividad.

Y si bien es cierto que las organizaciones y organismos públicos deben implementar programas que ayuden a reducir los niveles de estrés y a tener mayor salud y calidad de vida, a nivel individual no hay excusas para no cuidarnos, debemos trabajar en paralelo para conseguirlo, apostar de raíz por hábitos saludables (deporte, descanso, nutrición equilibrada) y aplicación de medidas sobre la diversidad, igualdad, conciliación y responsabilidad social, entre otras.

En conclusión, alcanzar un equilibrio vital o estado de bienestar se torna imprescindible y tendencias como la del Workplace Happiness o la del “profesional saludable” han llegado para quedarse.

Marca Personal

Volviendo al argot deportivo en el que se persigue “batir nuestra marca personal” (superar nuestras puntuaciones), de nuevo en el ámbito laboral tenemos que aprender a gestionar nuestra marca personal para conseguir optimizar nuestro talento, poner en valor nuestra propuesta en el mercado y alcanzar nuestra mejor versión.

Mi recomendación es que para que nuestra marca personal sea potente deberá tener los siguientes 5 atributos clave, respecto de cada uno de los cuales añado una cita y autor para explicar su contenido:

  • Calidad: “Dales calidad. Es el mejor tipo de publicidad que existe”. Milton Hershey
  • Diferente: “La estrategia competitiva consiste en ser diferente” M.Porter
  • Auténtico: “El modo de obtener una buena reputación es procurar ser lo que se deseas parecer” Sócrates
  • Constancia: “Yo creo bastante en la suerte. Y he constatado que, cuanto más duro trabajo, más suerte tengo”. Thomas Jefferson
  • Conectividad: “Todo es cuestión de personas. Se trata de la creación de redes“. Mike Davidson

Sólo así y desde una buena estrategia planificada (con seguimiento del adecuado proceso de gestión de marca personal o Personal Branding) conseguiremos dejar la huella perfecta para ser conocidos, reconocidos y elegidos en nuestro mercado. Como dice mi buen amigo Guillem Recolons, experto en Marca Personal, Si no aportas no importas”.

Productividad

El libro de Isra García “Ultra Productividad” tiene como objetivo dar a conocer y aplicar ciertas estrategias, técnicas, habilidades y hábitos que nos ayuden a algo que de una forma u otra todos queremos: “producir más y vivir mejor. Y, una vez más, el autor lo hace muy ligado al deporte puesto que comenzó a vivir de cerca la productividad cuando preparaba su primer Ironman (prueba de 3.86 km nadando, 180.25 km en bici y 42.20 km corriendo) y tuvo que dejar de trabajar 14-15 horas al día para pasar a 8-9 y poder descansar y entrenar más adecuadamente. Reforzó esta metodología cuando preparaba una competición de mayor dureza, un Ultraman (tres días en los que recorrer 515 km en una duración determinada de tiempo y combinando natación, bici y running), y así siguió con otros hitos que fueron oportunidades para pulir lo que considera que significa realmente la “ultraproductividad”.

Estamos sujetos a la economía digital que a veces hace que acabemos engullidos en el pozo sin fondo de la ineficacia. También estamos sujetos a un entorno hiperconectado y a un exigente mercado laboral que nos piden a gritos conciliar nuestra vida personal y profesional para no andar en la cuerda floja de la inestabilidad. Y los días son de 24 horas. Innegociable ampliar duración. Por tanto, ¿qué nos queda? Optimizar al máximo el tiempo que dediquemos a nuestro cometido laboral para ser rápidos y eficientes al mismo tiempo y ser lo más productivos posibles.

En definitiva, adoptar un estilo de vida saludable (bienestar) es imprescindible para gestionar con éxito la vorágine del mercado tan competitivo como el actual en el que estamos inmersos. También es imprescindible diferenciarnos, brillar con nuestra propia marca personal para potenciar nuestro valor y el valor que aportamos a los demás. Y, sin duda, al ser el tiempo un bien o activo escaso, todo aquello que hagamos deberá ser bajo la premisa de alcanzar la mayor productividad posible.

¿Estás preparado para ser un profesional de alto rendimiento?

¿Te autocensuras en la red? por @fransegarrab @lobatopsicologa @davidbarreda_db

El que sabe hablar sabe también cuándo Arquímedes de Siracusa


Cuando nos censuramos para “encajar”

¿Alguna vez has sentido que no encajabas? Probablemente, en mayor o menor medida, alguna vez has notado que no encajabas en algún lugar, situación, reunión de trabajo, evento… todos nos hemos sentido así en algún momento.

Como seres sociales, los humanos necesitamos”encajar”… o mejor dicho… no “desencajar terriblemente”. Esto es lo que conocemos como conformidad.

La conformidad es una especie de “influencia social” invisible (pero irresistible) que nos empuja a cambiar comportamientos (e incluso actitudes) para cumplir normas sociales no escritas, de las que nadie habla, pero que simplemente existen. Eso nos lleva, en la mayoría de los casos, a no opinar, a quedarnos callados en situaciones en las que quizás lo más apropiado sería aportar nuestra opinión. Un silencio irracional sin un propósito lógico, producido simplemente por el deseo de “seguir encajando”.

Tenemos dos formas de afrontar estas normas de conformidad y aceptación: Podemos tomarlas como una pérdida ante nuestro deseo de diferenciarnos de los demás y reafirmarnos como un individuo único, que toma sus propias decisiones; o por el contrario,  podemos aceptarlas como parte de nuestra condición social y ponernos manos a la obra para trabajar en nuestras competencias sociales, para lograr un equilibrio entre nuestro deseo de encajar (influencia social normativa, Deutsch y Gerard, 1955) y nuestra necesidad de tomar nuestras propias decisiones.

Aprender a caminar en las redes

Si hay un sitio ‘social’ que ha emergido en nuestros días de manera contundente, impactando en nuestra forma de relacionarnos, este es el que se configura por las redes digitales… que ya son parte de nuestra vida.

Las Redes Sociales, como su nombre indica, son entornos sociales donde las personas interaccionan unas con otras. Y como todo entorno social tiene sus peculiares características.

Es importante que seamos conscientes de que no nos comportamos igual en todos los contextos, ni en todos los momentos, ni con todas las personas (en un aula, en una biblioteca, en una discoteca, durante una reunión de trabajo, con un grupo de amigos, con nuestro jefe…), nuestra comunicación cambia y se adapta según el escenario.

En los entornos digitales no íbamos a ser menos, y nuestro estilo de comunicación se adapta a este contexto, en formas y maneras… una formas y maneras que hemos tenido que aprender sobre la marcha… como quien tiene que aprender a andar por un planeta nuevo.

Una palabra u otra

Está claro que las palabras crean realidades. No es igual verlo ‘negro’ que verlo ‘blanco’, aunque nos refiramos a lo mismo. Es más, ni siquiera es lo mismo verlo ‘gris’. La realidad tiene tantos colores como ojos que la miran.

En este punto, si las palabras crean realidades, resulta interesante preguntarnos qué nos hace elegir una palabra y no otra… posiblemente sea una cuestión de aprendizajes, valores y principios, internos e inconscientes, que operan desde lo más profundo de cada uno sin que nos demos cuenta… aunque al final se dejen ver a través de nuestras decisiones, conductas y actitudes

Así, no es igual utilizar la palabra “autocensura” que “autorregulación”. La una y la otra, aún refiriéndose a lo mismo, generarán dos realidades distintas… aunque, desde un punto de vista práctico, el hecho que se da es el mismo: la contención consciente de una expresión o una acción en un determinado contexto.

La autorregulación es percibida como positiva, consciente y elegida, y además hace más fuerte la voluntad; y la autocensura suena a represión de algo que quiero decir o liberar… forzando a la persona a un punto en el que no se siente cómoda…

…ambos enfoques son propios de nuestra participación en entornos sociales.

¿Te autocensuras o te autorregulas?

Silencio comunica

Photo by Gabriel Benois on Unsplash

Los silencios comunican

Cuando hablamos de comunicación no sólo hablamos de palabras, también hablamos de las pausas y los silencios que la integran.

De una forma u otra, lo llamemos autocensura o autorregulación, los silencios conscientes también comunican.

Los silencios están cargados de significados, tanto para el emisor como para el receptor, y es una habilidad necesaria el saber identificarlos, escucharlos y utilizarlos de forma consciente y pertinente.

¿Estamos obligados a contestar siempre?, ¿a dar nuestra opinión siempre?, ¿a expresar nuestro desacuerdo o malestar siempre?… Probablemente, siempre, no.

Cada silencio dice algo. Es imposible no comunicar incluso cuando no decimos nada.

Lo primero que se me viene a la cabeza

En nuestro día a día, normalmente, no tiene sentido comunicar sin filtro alguno lo primero que se me viene a la cabeza. Sobre todo si además en un momento determinado estoy en desacuerdo, molesto u ofendido. Dejarse llevar por alguno de estos estados de ánimo puede generarnos una factura demasiado alta, y con una buena dosis de arrepentimiento “por las palabras dichas”. Es una cuestión básica de Habilidades Sociales.

El camino más adecuado, para evitar que esto suceda, es parar, reflexionar y después comunicar, es decir, gestionar la propia comunicación, “autorregularnos”.

Gestionar adecuadamente nuestra comunicación implica pensar qué quiero decir, para qué quiero decirlo, a quién, cuándo, cuánto, cómo… e incluso con qué intensidad. Es más, también es importante decidir cuándo no hay nada que decir (que como hemos dicho anteriormente, también es una forma de comunicación).

Y esto ocurre tanto en la vida real… como en las redes. La Red es un medio de comunicación y, a la vez, es una prolongación de nuestra vida, aunque a veces no lo parezca y la confundamos con un altavoz para expresar lo que pensamos y sentimos sin ninguna consecuencia.

Soledad en apariencia

Uno de los mayores peligros cuando hablamos en la red es que lo hacemos como una continuidad de un diálogo interno. Se te viene algo a la cabeza, en el mejor de los casos lo piensas… y luego lo escribes. Aparentemente no hay nadie, solo tú y tu idea… y, aunque sepamos que nos estamos expresando públicamente, los destinatarios en este momento están tan indeterminados que es como si no existieran.

Esta expresión de nuestro diálogo interno hace que lo que escribamos vaya impregnado de la carga emocional que lo acompaña, sin filtro ninguno, porque parece que no hay nadie… parece que estás tú solo…  y que las consecuencias de lo que dirás serán similares a las de un comentario hecho entre dientes, que nadie escucha.

El contexto individual en el que una persona participa en las Redes Sociales le puede generar la falsa percepción de que ‘lo que dice’ lo dice para él mismo o para unos destinatarios concretos y definidos, o incluso que tendrá control sobre su propio mensaje, los destinatarios a los que llegará, el sentido con el que se interpretará, etc… nada más lejos de la realidad.

Así, con la idea de que uno está hablando para sí mismo, es posible que pueda aparecer con más potencia la sensación de “autocensura” cuando en realidad se esté tratando de un ejercicio de “autorregulación”… el conflicto, entonces, está abierto: “¿Por qué me tengo que callar lo que pienso?”

Una adecuada gestión emocional

Sin duda, el primer paso para gestionar la propia comunicación es una buena gestión emocional, considerando un principio básico: escuchar nuestras emociones, pero no dejarnos arrastrar por ellas, sobre todo si estamos en “carga emocional”.

Además, es importante tener en cuenta que gestionar no es mentir, ni mostrar una imagen diferente a cómo somos, ni decirle a los demás lo que quieren escuchar o hacerles la pelota para conseguir algo a cambio.

Hagamos una distinción en este punto: autocensurarse, implica obligarse, de algún modo, a no comunicar, pero con una emoción muy intensa de fondo, es decir, me callo pero por dentro estoy que exploto, mordiéndome la lengua y las emociones me dominan en un sentido negativo. Por otro lado, autorregularse implica gestionar la emoción primero y luego decidir si comunicas o no comunicas, con qué propósito, qué mensaje voy a lanzar y cómo lo voy a hacer.

Cuando me autocensuro me siento prisionero, cuando me autogestiono me siento libre, aunque al final opte igualmente por no expresar mi opinión.

Palabras con alas

Photo by Gary Bendig on Unsplash

Si las palabras tuvieran alas…

En la red se puede hablar de todo, con respeto y siempre valorando las posibles consecuencias. Si las consecuencias no te interesan, te pueden perjudicar, pueden ser nocivas para otros o no las quieres asumir, entonces, es necesario reflexionar antes de actuar.

Gestionar adecuadamente la comunicación en la red merece un esfuerzo de atención mayor. Una toma de conciencia de que no estamos solos, de que nuestro mensaje ya no será nuestro cuando salga de nosotros pero sí las consecuencias que origine, de que cualquiera puede ser nuestro receptor… de que las redes no solo informan de lo que piensas, también responden.

Comunicar también es decidir “en qué guerras me meto”, “no entrar al trapo a todo”, aprender a “ignorar las provocaciones”, saber de antemano cuando decido meterme en un charco y cuando no… y esta capacidad de decisión es la llave de una comunicación efectiva, y esta llave la puedes llamar “autocensura” o “autorregulación”… tú decides…

Recuerda, si las palabras tuvieran alas… ¿dónde desearías que te lleven?.

 

Post colaborativo de Fran Segarra (Ponte en Valor), Almudena Lobato (Personas en Positivo) y David Barreda (Procesos y Aprendizaje)

Cover photo by Photo by Matthew Henry on Unsplash. 

¿Se imaginan un Departamento de la Felicidad para todos los hospitales?, por @GHRaquel

Cuando es tu mamá la que se enferma

 El mejor regalo para mi madre: un Departamento de la Felicidad para todos los hospitales

Voy en una ambulancia con el corazón partido y agarrada de la mano de mi madre porque nos están trasladando a una nueva clínica. Son las once de la noche de un miércoles de abril de este año y, como diría el comediante Andrés López, no hubo poder humano que convenciera a los médicos de turno de que el traslado se realizara a primera hora del día siguiente, para así permitirle a mi madre, después de haber sufrido incontables incomodidades y dolores, disfrutar de la tranquilidad de una noche de sueño profundo.

“Así son los procedimientos —dicen médicos y paramédicos—. No podemos hacer nada”. Hago tres llamadas buscando un milagro pero mis argumentos aún son insuficientes: “Mi madre es un adulto mayor, el aire frío de la noche la puede resfriar, tiene muy bajas sus defensas…. ¡Por favor, me ofrezco a abonar un extra si es preciso pero no la cambien de sitio a esta hora!”, expreso con insistencia. Miro a los ojos a cada persona del servicio médico de la clínica, catalogada como una de las mejores y más modernas del país, y percibo que la decisión es irreversible. Ellos juegan de locales, pero dicen no poder hacer nada para cambiar la decisión de la entidad de salud a la que mi madre le ha pagado durante años.

Así las cosas, me pongo la 10, como diría mi hijo, voy junto a mi madre, la despierto y le susurro al oído al mejor estilo de la película La vida es bella: “Todo va a estar bien, mamita. Nos vamos a un lugar mejor donde te pueden hacer de inmediato todos los exámenes que necesitas. Estoy acá, vamos juntas y puedes confiar en que todo estará bien”. Ella me mira buscando confianza, y pese a que yo misma no la tengo, le entrego toda la seguridad que necesita en ese instante para apagar sus temores. Me devuelve una sonrisa cansada pero tranquila, luego me subo a la ambulancia y me siento junto a su camilla. A mi lado está un buen hombre de servicio de la institución, quien voluntariamente me ayuda con mi equipaje de recién llegada a mi ciudad natal y con todo el trasteo de mi madre. Lo miro con ojos de inmensa gratitud y en ese momento tomo conciencia del poder de los milagros, aquel poder que tanto he invocado para mi madre desde hace cuatro meses, cuando comenzó todo esto.

En febrero de este año, la agenda estaba prevista para que mi madre, mi esposo y yo nos embarcáramos en unas vacaciones felices y soñadas por la arquitectura seductora de la Barcelona de Gaudí. Este fue mi regalo anticipado de Navidad para mi madre, el cual le entregué personalmente el 1 de octubre de 2017 aprovechando que yo tenía una visita de trabajo a Bucaramanga. Aunque ella estaba emocionadísima por el viaje, recibió la sorpresa con la frase “Ojalá pueda ir”, expresión que en ese momento pasé por alto y que ahora recuerdo perfectamente. ¿Por qué diría “ojala”, si ya todo estaba organizado para que fuera? El tiempo nos daría la respuesta.

A finales de enero de este año 2018, el resultado de unos exámenes médicos de mi madre cambió intempestivamente todos nuestros planes. Llevamos cuatro meses de ires y venires con estadías muy largas en mi ciudad natal, Bucaramanga, a donde me he trasladado desde Bogotá, donde vivo, para apoyar la emergencia médica de mi madre por una afección pulmonar muy grave.

Desde entonces, he dejado mi vida laboral en total receso, y no he tenido un segundo de timidez para cancelar o aplazar amablemente mis compromisos de talleres y conferencias de formación y empoderamiento dentro y fuera del país.  Algo en mi interior me ha hablado claro: “Si tu verdadera vocación es ayudar a otros en su camino personal, ahora quien más necesita tu ayuda es tu propia madre”.

Llegamos a las 11:30 de la noche a la sala de Urgencias de esa nueva clínica autorizada por su EPS, y el lugar que le habían prometido a mi madre no está disponible. El personal médico va y viene indiferentemente y ninguno se detiene en la mirada de quienes estamos en lista de espera para encontrar un lugar tranquilo donde poder dormir una noche en paz. Respiro profundamente, miro a mi madre con optimismo, me autonombro directora del Departamento de Felicidad de ese lugar y le afirmo con total certeza y con una gran sonrisa que ya vienen a asignarnos su módulo individual de atención. Veo entrar personas de diferentes regiones y leo en sus ojos la misma necesidad que tenemos nosotras. El personal médico va de un lado para otro según sus protocolos, están inmersos en los procesos de escribir un informe frente al computador, y escasean los seres humanos que manifiestan el parte de tranquilidad que todos buscamos. Ellos no hablan con los pacientes, pero sí bromean con sus colegas como si nada grave ocurriera a su alrededor.

Pasa una hora larguísima hasta que un médico de turno, después de mi infranqueable insistencia, se conecta con su lado humano –tan olvidado en las clínicas y hospitales de este país– y decide ayudarme con el traslado al cubículo 9 que acaban de desocupar. Siento una enorme gratitud, miro a mi madre y le comunico la buena nueva con una mirada tranquila y entusiasta. Me resulta inevitable en ese momento recordar con profunda nostalgia la infinidad de miradas tranquilizadoras de mi madre cuando yo era una niña: cada vez que sentía miedo al ir al odontólogo, mi primer día de colegio, en una entrada a Urgencias por dolor de mi estómago atiborrado de dulces, durante mi primer desamor, en una noche de truenos, en los días de inseguridad adolescente, y en tantos miles de momentos más. Mi madre siempre estuvo ahí, fuerte, segura, ofreciendo el abrazo más pedido de mi existencia. Ahora era mi turno. Ella, frágil, vulnerable, sutil como un copo de algodón y tan maravillosamente bella como salida de un cuento de Disney, ahora necesitaba mi apoyo y fortaleza.

departamento felicidad hospitales

Fuente: Raquel Gómez

Estamos celebrando el mes de las madres, y esta época, como nunca antes, me ha puesto de presente el incalculable amor que tengo por la invaluable mujer que me dio la vida, y me ha mostrado cómo nuestro lazo se ha vuelto más fuerte por la adversidad de su doliente estado de salud. Nunca como hoy había vivido de manera tan cercana el dolor de tantas personas desconocidas a las que nos ha unido la hermandad y la solidaridad en una sala de urgencias.

Nunca como hoy había vivido la fría indiferencia de personas cuyo diploma profesional implica un compromiso de servicio a la humanidad, de amor por los enfermos y de curar a los dolientes. Nunca como hoy había escuchado las palabras indolentes de médicos que, sintiéndose dueños de la verdad, le profetizan fecha de deceso a un paciente y describen cómo sus síntomas pueden empeorar cada segundo, hablando inconscientemente frente a él como si ya no existiera. Nunca como hoy había visto las salas de espera de atención prioritaria llenas de pacientes con balas de oxígeno que deben esperar más de dos horas para ser atendidos. Nunca como hoy había visto la crudeza del lenguaje desmotivador de enfermeros y médicos refiriéndose solo a la enfermedad, olvidándose de la persona y de la necesidad de esperanza como energía vital para la sanación.

Nunca como hoy había reconocido los milagros que hemos recibido de tantos desconocidos. Nunca como hoy había valorado la mirada noble de un médico dedicado a mejorar el dolor y comprometido con su misión. Nunca como hoy había agradecido tan profundamente la sonrisa de un portero amigable, la presencia de una enfermera dulce, discreta y amorosa, el mensaje prudente, alentador y reconfortante de un amigo, la compañía de una frase humana, la cercanía de un abrazo esperanzador y el respeto médico ante los designios de Dios que superan cualquier dictamen humano.

Debido a esta experiencia que vivo junto a mi familia, nunca como hoy había visto la necesidad de que todos los hospitales del mundo, por encima de la tecnología,  prioricen el recurso más crucial, humano y necesario en momentos de dolor: un equipo de seres humanos concentrados en aliviar los efectos de la enfermedad en el alma de los pacientes y de sus familias. Un personal entrenado para mostrar el lado bueno de la adversidad, capacitado para mirar a los ojos y sonreír, para dar una palabra de aliento, para recordar lo bueno de cada logro, para conectar al paciente con la alegría de la sencillez. Un interlocutor que ayude a sus pacientes a comprender que a veces suceden cosas malas, pero que también ofrezca el poder del amor con una melodía, una canción, un poema, una visita, una frase, una cartelera de buenos recuerdos, una foto de una mascota o un video familiar, y que ayude a la familia a manejar los momentos difíciles con detalles decisivos que animen la voluntad de vivir.

Me ofrezco a ayudar al primer hospital vanguardista que opte por el amor como su marca diferencial.

Nunca como hoy me había detenido en los ojos de mi madre y en su mirada agradecida, dulce, inmensamente frágil y tierna al ver el video que grabé en su casa de la vista de su ventana hacia el árbol y el jardinero esperando atentos a que ella vuelva sana y valiente.

Nunca como hoy habíamos necesitado en los hospitales del mundo Departamento de la Felicidad que sanen heridas del alma. Nunca como hoy, más allá de celebrar un Día de la Madre más, la mujer que nos dio la vida nos había necesitado a ti y a mí como embajadores de la felicidad que el dolor de la enfermedad no deja ver. Y nunca como hoy había reconocido la necesidad de tanta fuerza interna y amor incondicional, así como de apoyo y reconocimiento por parte de los que nos rodean, para empoderarnos en la difícil tarea de devolverles a nuestros padres una fracción de todo el cuidado que nos han dado a nosotros en tantos años de vida.

 

Presentamos #Siete el ebook con lo mejor de esta casa de 2017

¿Por qué #Siete?

Dicen que el siete es el número de lo bueno (y el ocho el de lo malo). En algunas religiones el siete también es un número sagrado. Pero más allá de connotaciones espirituales, este año se publica el 7º libro de recopilación de los mejores posts de Soymimarca.

La razón de esta selección es que los primeros años Soymimarca publicaba prácticamente todos los días del año. Al acabar el año con más de 300 posts, parecía lógico y elegir los 40 principales.

Los criterios de elección son diversos: los más leídos junto a los mejor valorados y los que han ocupado más tiempo de lectura. Son datos que parten de Google Analytics, pero también de los comentarios que aparecen en el propio blog y en las redes sociales.

El prólogo de Laura Chica

En años anteriores hemos invitado a figuras tan ilustres como Andrés Pérez OrtegaEva Collado DuránJoan Clotet, y  Nilton Navarro.  Este año, con Siete, traemos a una escritora, coach y experta en marca personal. Lo tiene todo, pero lo mejor es que tú descubras la obra de Laura Chica:

¿Quién eres tú? (2013, Alienta). Según Oscar Del Santo, Laura Chica nos ofrece en ‘¿Quién eres tú?’ una introducción a la inteligencia emocional diferente, refrescante y positiva. El libro incluye citas, cuentos ilustrativos y reflexiones de corte más psicológico siguiendo las orientaciones de Daniel Goleman y otros. Fácil de leer y con ejercicios que invitan a la reflexión.

 

 

 

 

 

Pon un coach en tu vida (2015, Alienta). Según Alejandro DuránPon un coach en tu vida es el manual definitivo que estábamos esperando aquellos a los que nos gusta el coaching, las personas y cómo ayudar en su desarrollo. Un libro fácil de leer, cercano, con mucha información sobre esta disciplina y sobre todo con muchas colaboraciones interesantes.

 

 

 

 

 

Tu futuro es hoy (2014, Alienta, con Francisco Alcaide). Según Manuel Monterrubio, magnífico absolutamente. Válido para cualquiera que quiera mejorar, tenga la edad que tenga y haya alcanzado el nivel que haya alcanzado. El resumen final es grandioso. Nunca vi tan bien condensada y tan sencilla y claramente explicada una metodología para la mejora personal, para la mejora continua.

 

 

 

 

 

Palabras para encontrarte (2016, edición propia). Según Francisco Alcaide, un libro para saborear, para conocerte y comprenderte mejor, a ti y a los demás. Un libro con sensibilidad, para ver (descubrir) lo que no se ve. Me gusta también el tamaño del libro y la impecable edición (papel, tipo de letra, extensión, detalles..). Un magnífico libro de regalo para alguien a quien le guste la poesía.

 

 

 

Los autores

Este año en el ebook repiten como autores Guillem Recolons, Jordi Collell, Paula Fernández-Ochoa, Fran Segarra, Xavi Roca, Enrique Rueda, Vladimir Estrada, Celestino Martínez y María A. Sánchez. Y se estrenan Eva ColladoRaquel GómezNancy VázquezBeatriz ValeroYi Min ShumMercedes Romero (women power).

Hay opiniones desde España, República Dominicana, Colombia, México y Venezuela.

Dedicatoria

El libro está dedicado a nuestro gran amigo Enrique Rueda Salgado (Doc), tristemente fallecido en octubre 2017. Hay un epílogo especial con dos de sus artículos, el último póstumo y absolutamente indispensable desde el humanismo de esta gran persona.

El ebook

Esperemos que este ebook Siete inspire, y si os gusta, no dudéis en compartirlo con el hashtag #siete. Aquí está el enlace de descarga desde Slideshare. Feliz Navidad y mejor 2018!