Cocinando el personal branding

En pocos sectores se da el caso del obligado matrimonio entre vida personal y vida profesional como en la hostelería. La figura del chef propietario es la referencia de un restaurante y es imposible disociarla del negocio, porque el producto que se vende es el resultado del trabajo personal y artesanal de este profesional. En muchos restaurantes, el cocinero, chef o jefe de cocina, es el imán que atrae a la clientela.

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El auge mediático de las cocinas, cocineros, cocinillas y demás actores de esta película de gran audiencia en la que se ha convertido el trabajo de los chefs, ha puesto de manifiesto que la imagen que proyectan es un valor añadido importantísimo a la hora de generar más clientes, fidelizarlos, atraer inversores o encontrar mejores oportunidades profesionales.

Para los cocineros, vestir la chaquetilla en su perfil de Facebook, Twitter o Linkedin indica claramente su intención de branding. Postear fotos de sus platos, es branding. Comentar sus experiencias gastronómicas, es branding. Enseñar sus cocinas, comedores o equipos de trabajo, es branding. Anunciar sus logros en premios y concursos, es hacer marca personal.

Pero en la mayoría de los casos, es una intención de branding sin orden ni concierto, que enamora a amigos y familia pero no consigue salir del círculo personal y llegar al target objetivo.

Las redes sociales son canales de visibilidad y hay que saber utilizarlos. Para empezar, hay que contar con una estrategia en la que definir qué decir, a quién y con qué discurso. Decidir dónde hay que estar, la frecuencia y contenidos es el difícil punto de partida. A priori, parece fácil, pero no lo es. Y el mantenimiento de estos canales de comunicación es un ejercicio de disciplina y creatividad.

Cuando la jornada de trabajo se extiende por encima de las 14 horas en condiciones duras de presión y exigencia, la gestión de un negocio se hace prioritaria y ocupa mucho tiempo, o sencillamente cuando las redes sociales no son el entorno más cómodo por falta de tiempo o desconocimiento… hay que saber delegar y contar con expertos que puedan trabajar en el valor añadido de una buena marca personal.

Cuesta menos de lo que parece y es una inversión muy rentable. Invertir en personal branding tiene un retorno real en la cuenta de explotación: más y mejores clientes, más y mejores reservas, más y mejores cajas al final del día.

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Eva Ballarin
Eva Ballarín. Con más de 20 años de experiencia internacional en el sector de la hostelería y la restauración, se dedica a la ASESORIA para EMPRENDEDORES y EMPRESARIOS en sus proyectos y negocios.

Blogger y tertuliana de radio todos los Lunes en el programa Mas Morning con Sergi Mas de M80Radio (Grupo Prisa) y colaboradora del blog Amigastronomicas.
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  1. […] – Este artículo está inspirado en otro que publiqué primero en la web soymimarca. […]

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