¿De qué manera revela el cuerpo las emociones?

Anteayer, mi colega y amigo Jordi Collell y yo estuvimos impartiendo un taller en porta 22 -en el nuevo distrito 22@ de Barcelona- de 6 horas sobre emociones colectivas, cuyo objetivo era que los 30 asistentes tomaran conciencia de la importancia que tienen las emociones en nuestras vidas.

Desde mi punto de vista fue un taller dinámico y vivencial en el cual los asistentes, mediante dinámicas grupales, pudieron vivenciar cómo nos condiciona nuestras emociones en todo aquello que realizamos. La verdad, fue muy rico; yo personalmente aprendí mucho con las intervenciones de los participantes, a los cuales les agradezco la energía positiva que transmitieron durante todo el taller. La emocionalidad  transpiraba por los poros de cada uno de los participantes,  en el ambiente se respiraba buen rollo y en la gran mayoría de las caras se dibujaba una enorme sonrisa.

Por lo que me pregunté, ¿nuestro cuerpo revela nuestro estado emocional?  Y la respuesta, siempre desde mi punto de vista personal, es que sí. El lenguaje de nuestro cuerpo es un reflejo de las condiciones emocionales de la persona. Cada gesto o movimiento puede ser una clave valiosa para descubrir una emoción concreta que esa persona siente en ese preciso momento.  Y desde luego el taller fue una lección para la gran mayoría de nosotros y lo sé porque al final de cada taller me gusta hacer una ronda en la cual pregunto ¿cuál es el aprendizaje más importante que te llevas de ese taller?.  Tomamos conciencia del papel  que juegan las emociones en las relaciones con nuestro entorno, en nuestra comunicación y sobre todo para mí lo más importante es que nuestro estado emocional depende solo de nosotros. La lección a aprender es el desarrollo de la autosuficiencia, la capacidad que posee un individuo de saber sustentarse por sí mismo en la vida, tanto material como emocionalmente, no depender de nadie para sentirse bien.

Las caras  de estos participantes a pesar que la gran mayoría de ellos estaban en transición profesional,  reflejaban energía, satisfacción y sobre todo alegría. Sus sonrisas y su lenguaje corporal expresaban  sus ganas de vivir, de disfrutar y sobre todo su capacidad para “poner al mal tiempo buena cara”.

Creo que la clave que diferencia a un gran comunicador, un gran docente,  a un gran profesional, etc…, es saber interpretar el lenguaje del cuerpo. Nuestro cuerpo debe reflejar coherencia entre lo que se dice y lo que expresamos a nivel de Comunicación no verbal. Por tanto la clave es ser capaz de comprender la condición emocional de una persona y escuchar simultáneamente lo que dice y percatarse de las circunstancias bajo las que lo dice. Esto permite separar los hechos de la ficción y la realidad de la fantasía.

En tiempos, el ser humano ha estado obsesionado por la palabra  y la capacidad oratoria.  Sin embargo la mayoría de gente no es consciente de las señales del lenguaje del cuerpo y de su impacto, a pesar de que ahora sepamos que la mayoría de mensajes que se despliegan en cualquier conversación tiene más peso cómo lo dices que no lo que dices. Y el cómo está relacionado con nuestro lenguaje corporal así como nuestra tonalidad al expresarnos.

La verdad, es un tema apasionante el cual se puede desarrollar con mayor profundidad, cosa que espero hacerlo en mis próximos post. En este, además de introducir el tema de la importancia de nuestras emociones y el reflejo de ellas a través de nuestro cuerpo, quiero agradecer, en mayúsculas, a todas las personas y personajes que se han cruzado en mi vida de los cuales he podido aprender. A todos los alumnos que cada día me enseñan maneras diferentes de afrontar la vida y a todos lo que a través de esta web me envías vuestros valiosos comentarios. En definitiva, gracias a todos los que habéis compartido conmigo vuestros conocimientos, experiencias, inquietudes y sobre todo me habéis transmitido energía positiva reflejada en muchas ocasiones en una gran sonrisa. No dejéis de sonreír y de ser como sois.

¡Y cómo no!, termino con una cita.

El mundo se compone de los que dan y de los que reciben. Es posible  que los segundos coman mejor, pero es seguro que los primeros duermen mejor. SÉNECA.

A disfrutar.

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