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¿Estás entre los 5 millones?

Unos lo llaman desempleo y otros paro. Pero el nombre no hace la cosa. El pasado viernes se dieron a conocer las cifras del desempleo en España. Aunque ni los peores augurios se acercaban, lo cierto es que ya se rozan los 5 millones de parados, superando el 20% de la población activa. Es una cifra aberrante que invita a plantear ciertas reflexiones desde el punto de vista de la marca personal.

Reflexión 1: el hecho de que estés sin trabajo no significa en absoluto que tus competencias no tengan valor para las empresas. Sencillamente, hay una crisis galopante, las empresas no tienen facilidades para contratar, los bancos no dan crédito y el Estado ahoga cada día más. Pregunta a tus fuentes cercanas en qué eres bueno y qué cosas podrías mejorar. Nosotros lo llamamos DAFO, pero el nombre no hace la cosa.

Reflexión 2: desde este momento debes tener claro que habrá que renunciar a cosas para conseguir un trabajo. Si no bajas tu listón te quedarás mucho tiempo en el sofá leyendo los clasificados. Nosotros lo llamamos posibilismo, pero el nombre no hace la cosa.

Reflexión 3: ya sabes que mucha gente opta a los mismos puestos que tu, así que necesitas como el agua convertirte en la opción preferente. Eso se consigue trabajando duro y trazando un plan estratégico. Nosotros lo llamamos plan de marca personal, pero el nombre no hace la cosa.

Reflexión 4: No renuncies a crear tu propia empresa. Si ves que los meses pasan y además te ronda una idea de negocio por la cabeza, dale rienda suelta y empieza a redactar un proyecto. Nosotros lo llamamos business plan o plan de negocio, pero el nombre no hace la cosa.

Reflexión 5: no se trata de renunciar a cierta ambición, pero en esta primera etapa no se trata de encontrar el éxito, será suficiente con encontrar un lugar en el mundo. Nosotros lo llamamos posicionamiento personal, pero el nombre no hace la cosa.

Estamos seguros de que se han venido a tu mente más reflexiones al respecto. ¿Las compartes?

Guillem Recolons/ asesor de marca personal, aunque el nombre no hace la cosa

¿Ambicionas lo imposible?

Cerramos la semana con la cuarta y última de esta pequeña serie de fábulas. Hoy, la fábula del perro y su reflejo en el río nos muestra la necesidad de poner un freno a la ambición.

LA FÁBULA DEL PERRO Y EL RÍO

Un perro vadeaba el río llevando en su hocico un sabroso pedazo de carne. Vio su propio reflejo en el agua del río y creyó que aquel reflejo era en realidad otro perro que llevaba un trozo de carne mayor que el suyo. Y deseando adueñarse del pedazo ajeno, soltó el suyo para arrebatar el trozo a su supuesto compadre.
Pero el resultado fue que se quedó sin el propio y sin el ajeno: Este porque no existía, sólo era un reflejo, y el otro, el verdadero; porque se lo llevo la corriente.

MORALEJA: La codicia nos hace perder oportunidades

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