Entradas

Dejando huella

¿Cómo puedo hacer algo que deje  huella?

Una reflexión noble y comprometida. Con algo de ego, por supuesto, es normal y comprensible. Dejar huella, será por algo y para algo, digo yo.

Dejar huella  es dejar algo para los demás, y no para sí mismo. Dejar huella es crear una aportación, algo a disposición de las personas, algo que sirva, que ayude, que aporte.

Grandes genios, grandes aportaciones a la humanidad, en los campos más diversos; la medicina, la economía, el bienestar, el conocimiento…. Más allá de la causa económica, subyace una voluntad de progreso común y de servicio a los demás. Esa es la huella que a mí me gusta.

¿Cómo puedo hacer una aportación que deje huella?

Las aportaciones que se destinan a dejar huella se deben a una causa. Hace 2.300 años, casi nada, Aristóteles desarrolló una teoría en la que desgranaba las 4 causas de la acción humana. Hoy Tad Waddington las expone en su libro; la causa material, la causa eficiente, la causa formal y la causa final.

Veamos qué aporta cada una de ellas al efecto de la acción y a sus consecuencias:

  1. La causa material. De qué está hecha una cosa. De qué recursos reales dispone. La causa material tiene que ver con la acción y representa su propio adn, el mapa de carreteras. Quiero dejar huella; dispongo de mis habilidades y mis conocimientos, mi experiencia y mi tiempo. Ello conforma la materia que poseo para ejercer una acción. ¿Estoy preparado?
  2. La causa eficiente. De qué está hecha la acción.  Nuestros activos intangibles, las emociones, las percepciones. Es el uso propio de recursos para dejar huella. Mis valores, la confianza que transmito, mi credibilidad ante los demás. La intención que transmitiré en la acción que voy a desarrollar. ¿Resultaré creíble?
  3. La causa formal, qué es una cosa. La coherencia, su sentido, el objetivo. La planificación elabora un mapa de objetivos tanto por lo que tenemos que hacer como lo que no queremos que ocurra. La definición de victoria es el primer determinante de la estrategia, así que volcamos la acción hacia el éxito. Disponer de un plan de acción claro, delimitar una meta, darle sentido al éxito. ¿ A dónde quiero llegar?
  4. Y por último cuál es el porqué de una cosa, la causa final. El objetivo; por qué ir. Esa es la causa final, y está orientada al futuro. Es una valiosa fuerza motriz para toda la acción. La causa final encarna los propios valores, es la visión y es la propia misión ¿Qué pretendo conseguir?

Así pues, dejar huella es algo más elaborado un complejo que una acción improvisada y sin planificar. Dejar huella es adquirir un compromiso con una parte de tu entorno, aportar algo a beneficio de los demás, y también propio.

Establecer una causa final, generar acción, propagar una cadena de acontecimientos, generar efectos duraderos. Dejar huella.

Todo es cuestión de proponérselo. ¿te lo has planteado?

Un Sultán Soñó

Comunicación asertiva

El otro día estaba disfrutando uno de esos fantásticos desayunos de trabajo con mis socios, Jordi, Ignasi y Guillem y  manteníamos una conversación  sobre marca personal y en esos momentos a Guillem se le ocurre decirme, “¿por qué no escribes un post sobre asertividad? “. Inmediatamente mi parte racional empezó a investigar sobre el tema. Después de recopilar mucha información sobre el origen de la palabra, las aplicaciones, los beneficios, etc.… encontré un cuento que creo que  transmite muy bien el significado de la comunicación asertiva.

Los cuentos nos conectan directamente con nuestra parte más emocional, con nuestros deseos, con la posibilidad de imaginar el mejor de los mundos, el que más nos acerca a nuestro propio centro.

Como dijo  Aristóteles Nada llega al intelecto que no haya pasado antes por los sentidos”.

Quiero compartir con todos vosotros este breve e intenso relato extraido de “Las mil y una noches“, la famosa recopilación de cuentos árabes.

“Un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó llamar a un sabio para que interpretase su sueño. “¡Qué desgracia, Mi Señor! Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad”, dijo el sabio. “¡Qué insolencia! ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí! ¡Que le den cien latigazos!”, gritó el Sultán enfurecido. Más tarde ordenó que le trajesen a otro sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo: “¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes”. Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro. Cuando éste salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado: “¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer sabio. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro. El segundo sabio respondió: “Amigo mío, todo depende de la forma en que se dice. Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura ciertamente será aceptada con agrado.”

La comunicación  asertiva significa  expresar  nuestra opinión de forma  consciente, congruente, clara, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia.

Si reflexionamos, las quejas  más habituales en el entorno empresarial están relacionas con  la falta de comunicación y las relaciones tóxicas que se establecen con los demás y en muchas ocasiones esto nos provoca estados de  tensión y ansiedad. Hay que  aprender a  relacionarse con los iguales, subordinados y superiores de manera asertiva, saber presentar solicitudes y demandas, saber pedir favores sin rebajarse y sin molestar, decir no cuando es necesario.

¿Alguna vez te has quedado pensando que deberías haber dicho algo, y no lo dijiste? En ese caso fuiste pasivo  ¿Alguna vez has dicho algo y te has quedado mal porque piensas que parecías un déspota? ¿Sentiste que los demás no pudieron decir lo que pensaban por tu actitud? En ese caso fuiste agresivo.

Podemos concluir diciendo que la asertividad se basa en el respeto y por tanto comporta la libertad para expresarnos respetando a los demás y asumiendo la responsabilidad de nuestros actos.

Montse Taboada / Personal Branding Coach / soymimarca