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Personal Branding, el arte de invertir en ti (10). Fidelidad

Nadie nos va a sacar las castañas del fuego.

Tenemos muy claro lo que queremos conseguir gestionando nuestra marca personal: ser tenidos en cuenta, ser la opción preferente, ser los elegidos. Hemos trabajado duro para conocernos mejor y saber lo que queremos. Sabemos a dónde vamos, cuál es nuestra razón de ser, nuestra misión; también hemos reflexionado sobre lo que deseamos conseguir en el medio y largo plazo, nuestra visión y ahora nos toca lidiar con el día a día y encontrar elementos que nos aporten sentido y que nos indiquen si vamos en la dirección correcta. De esto último se encargan los valores.

Iniciamos con este post un trabajo sobre los valores más significativos desde nuestro punto de vista, y hoy vamos a tratar de la fidelidad.

Hemos invertido tiempo e ilusiones trabajando  en la definición de nuestra marca, conociéndonos mejor y proyectando nuestras ilusiones y nuestros sueños hacia el futuro.

La fidelidad es aquello que nos conecta con las cosas importantes, con nuestras opciones fundamentales, con aquello que es realmente significativo para nosotros. Es la capacidad espiritual de cumplir aquello que hemos prometido tanto a los demás como a nosotros mismos.

Prometer es una acción proactiva, nos avanzamos a los acontecimientos y proyectamos acciones desde el presente hacia el futuro, en cierta manera nos adelantamos al tiempo y tiene sentido afirmar que cuando prometemos nos comprometemos porque en el futuro surgirán circunstancias nunca previstas que nos obligarán a interpretar la realidad para poder mantenernos en la línea que inicialmente hemos escogido. Nos comprometemos con nuestra visión y misión, con nuestro sueño y con nuestro proyecto. ¿Tiene sentido que por una diferencia temporal, por una cuestión de tiempo, echemos por la borda el trabajo realizado? La fidelidad es, en este caso, el seguir creyendo en nosotros y en la importancia de lo que queremos hacer. Es también recordar que nadie excepto nosotros nos sacará las castañas del fuego y que si hemos llegado hasta aquí es porque tenemos una historia de la que, en el futuro, queremos ser los guionistas.

Foto: Flickr CC

Lo que nos mueva a ser fieles es la decisión que hemos tomado en algún momento de ser los protagonistas de nuestras vidas desarrollando un proyecto personal que nos hace únicos y genuinos, que define la huella que vamos dejando y que imprime nuestra marca.

La fidelidad es una actitud extremadamente creativa porque las circunstancias siempre son cambiantes y hemos de adaptarnos a ellas para ir redefiniendo nuestro camino de acuerdo con las pautas que en su día nos marcamos. Está lejos del sacrificio y del aguantar por aguantar a que nos tiene acostumbrados la moral vigente. Es la decisión de ir creando nuestra vida en coherencia con el proyecto y el modelo establecidos en el momento inicial.

Como no estamos solos en el mundo nuestros compromisos personales también afectan a los demás. Ser fieles transciende nuestra individualidad y nos mueve a no engañar ni traicionar a los demás, a cumplir con los pactos, con los compromisos adquiridos y con la palabra dada.

Mantenernos fieles es una tarea que requiere un elevado grado de conexión con nosotros mismos y con los demás , es siempre un acto de lucidez, de voluntad de cambio y de compromiso individual porque sólo nosotros podemos dirigir nuestra marca y nuestra vida.