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Cómo programar y compartir contenidos en las redes, por @guillemrecolons

Siguiendo con la serie Las 5 C’s de la gestión de nuestra marca personal en las redes sociales que constaba de:

  1. Conocer
  2. Compartir
  3. Conversar
  4. Conectar
  5. Controlar

Ahora es momento de desarrollar el “Compartir”.

Compartir contenidos, la 2ªC de nuestra gestión de marca personal en las redes sociales

Qué y cuánto compartimos

El qué compartir lo tratamos en la anterior publicación de esta serie, la de conocer las fuentes de contenidos.

Es interesante seguir la regla de la aportación de valor. En pocas palabras, viene a decir que deberíamos contar hasta 10 antes de compartir un contenido, propio o ajeno, y preguntarnos si va ser de utilidad para algunos de los públicos que hemos definido en nuestro modelo de negocio.

También resulta eficaz aplicar la regla de la calidad. Más vale poco y bueno que mucho y mediocre. Bombardear las redes sociales puede resultar contraproducente. Hay casos y casos. Yo no publicaría el mismo post en Linkedin, por ejemplo. Pero Twitter sí permite la repetición al tener un “timeline” real  (lo que vemos en el muro de Twitter sigue un estricto orden cronológico, cosa que no pasa en otras redes).

Cuándo compartimos

Cada profesional debe establecer su propia periodicidad de publicación. No existe una regla al respecto. Si te dedicas al marketing digital, es normal ser muy activo en tus publicaciones, ya que parte de tu prestigio dependerá de ello. Pero si eres miembro del consejo de un banco, las cosas cambian; aquí valdría con compartir algún contenido al mes. Entre medio hay una gran variedad de formatos.

Desde luego, hoy existen herramientas que nos dicen cuáles son los mejores días y horas para compartir contenido en función de nuestro historial con cada red social. Este es un punto especialmente importante, nos hace preguntarnos ¿a qué hora visita con más frecuencia cada red nuestro público objetivo?

Las herramientas que nos dan pistas sobre mejores días y horas para compartir son muchas, pero aquí destaco algunas:

  • Buffer. En su versión de programación automática buffer decidirá las mejoras horas, pero no los mejores días. Para Buffer todos los días son laborables.
  • Hootsuite. Esta herramienta también programa las mejores horas, y lo hace en función de la historia propia nuestra. Eso sí, no le gustan los domingos.
  • Twitonomy: Exclusiva para Twitter, la herramienta nos da una precisión matemática sobre mejores días y horas para publicar en base a nuestra historia de las últimas semanas.
  • Klout: Una función que se utiliza poco del medidor de influencia online Klout es la posibilidad de seleccionar contenidos afines y programar en las mejores horas. Aquí un ejemplo:
mejores horas de contenidos en klout

Ejemplo: mejores horas de compartir en Klout

Las mejoras horas para publicar varían además en función de cada red social y cada modelo de negocio (B2B o B2C). Más información y muy buena sobre este punto en el blog de José Facchin.

Programar la publicación de contenidos

Una pregunta muy habitual que me hacen asistentes a formaciones o clientes es ¿de dónde sacamos el tiempo para gestionar las redes sociales? Hay fórmulas para programar (automatizar) la publicación de contenidos a una o dos semanas vista (y más en cuentas premium). Yo dedico una o dos horas los viernes por la tarde y dejo la semana programada en Linkedin y Twitter. Pero se puede programar en prácticamente todas las redes.

Las herramientas mencionadas anteriormente Buffer, Hootsuite y Klout permiten esta función. En Buffer es más fácil adjuntar imágenes y utiliza un recortador de enlaces de forma automática (muy práctico). Hootsuite es muy interesante para programar pero también para encontrar contenidos buscando hashtags. Klout es muy interesante como herramienta de programación pero cuesta incluir meciones al autor de cada artículo.

Además, Facebook permite esta función en páginas corporativas dentro de la misma aplicación. No sugiere las mejores horas pero permite un programación de posts sin prácticamente límites.

Mencionar al autor y la fuente, siempre!

Las reglas de etiqueta de la vida real tienen su espejo en el ámbito digital de las redes sociales. Es obligado, bajo pena de prisión, mencionar siempre al autor de contenido y la fuente en que hemos encontrado el mismo. O al menos una de las dos. No hacerlo es feo, ya que puede presuponer que un contenido ajeno es propio. Sólo hay una excepción a esta sugerencia: cuando el contenido es nuestro no es necesario mencionar al autor (pero sí la fuente).

Ojo con etiquetar a todo el mundo cuando compartamos un contenido. Hace pocos días, Sílvia Saucedo trataba en su blog esta mala costumbre de etiquetar a influencers en cada publicación. Se puede etiquetar a alguien por alusión, pero no por spam o costumbre. El libro Marca eres tú de Eva Collado también trata ampliamente el tema del protocolo digital.

 

En resumen, podemos compartir contenidos propios, con una máxima: mejor poco y bueno. Y podemos compartir contenido ajeno de valor que nos ha llegado a través de la etapa “conocer”.

Compartiendo contenidos, por @jordicollell

Mi primer post del año en el blog de Soymimarca. Siempre hay una primera vez y hoy es uno de estos días especiales en los que puedo abrir una caja nueva para irla llenando durante cincuenta y cuatro semanas, todo un reto y una aventura que sólo al final sabremos como se acabará. Feliz año a todos.

Cada vez que escribimos un post, un artículo o explicamos algo a los lectores dejamos algo de nosotros en el texto. Escribir no es una acción neutra, todo lo contrario. Hagamos lo que hagamos contamos algo sobre nosotros a través del relato que ofrecemos y si no es así el acto de escribir pierde sentido y se banaliza.

Lo que escribimos tiene valor o no en función de lo que ponemos a disposición de los que nos van a leer y si en cada texto no somos capaces de dar algo que sea mínimamente personal y original la conexión con nuestros lectores será débil y no tendrá ningún tipo de impacto. Es por este motivo que escribir asusta por una parte nos desnuda y por otra ofrecer siempre novedades es complicado porque según parece ya casi todo está inventado.

Cuando trabajamos nuestra marca personal identificamos aquello que nos hace diferentes de entre las personas que tienen una propuesta de valor y ofrecen unos servicios similares a los nuestros y siempre, en cada caso, damos en la diana precisa y encontramos aquello que nos identifica, nos hace únicos e imprescindibles.

Cuando escribimos sucede lo mismo. Si pensamos en los demás, en lo que les pueda interesar, hacer crecer, ser mejores o aumentar su conocimiento, si buscamos, para simplificar contenidos que aporten valor estaremos en el camino del éxito. Si pensamos sólo en nosotros y para nosotros, si no tenemos muy presente que hemos de compartir y a nuestros lectores en el punto de mira lo que escribamos será un escaparate de conocimiento carente de interés a no ser que estemos trabajando nuestro diario íntimo. Para conectar con los demás hemos de ofrecer contenidos y propuestas de valor. Mirarse el propio ombligo y hacer exhibición de cuanto sabemos aburre a la audiencia.

No siempre hemos de producir contenidos originales y hasta podríamos prescindir de ellos. Afortunadamente estamos en un momento cultural en el que la difusión de contenidos interesantes se ha universalizado e inflacionado, hay muchos contenidos buenos que necesitan difusión. Cuando difundimos contenidos ajenos lo importante es que expliquemos por qué creemos que pueden ser interesantes para nuestros lectores y es en este pequeño acto que aportamos valor y convertimos nuestro post en único porque como nosotros somos únicos nuestros comentarios también lo son. Nuestra opinión sobre los contenidos que difundimos aporta valor y los convierte en únicos para nuestros lectores.

Buen inicio de año y aun estamos a tiempo de incluir entre los buenos propósitos el tener nuestro blog bien afilado para compartir contenido propios y ajenos ahora que ya sabemos como convertirlos en únicos.