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¿Quieres volar muy alto?, ¡suelta lastre!

¿Te has sentido, en los últimos tiempos,  tenso, agitado, cansado desbordado, desganado, triste o desmotivado? ¿Tienes la sensación de que algo te sobrepasa? ¿Te estresa el tener que gastar energía para controlar el máximo de cosas? Quizás haya llegado el momento de ocuparte de ti mismo y soltar lastre.

A lo largo de mi vida he tenido que soltar lastre en bastantes ocasiones tanto a nivel personal como profesional. He vivido largos periodos de insomnio y de infelicidad que acabaron con una ruptura matrimonial, me he tenido que reinventar en diversas ocasiones a nivel profesional y dejar de lado situaciones que bajo un disfraz de comodidad me alejaban de aquello que me llenaba y daba sentido a mi existencia. Y después de cada situación he notado a pesar del dolor, a pesar de lo que se ha quedado por el camino una sensación de alivio que me ha permitido llegar hasta donde estoy ahora y sentirme feliz.

Me gusta el concepto de lastre porque visualizo aquellos aerostáticos multicolores tan vistosos que las mañanas de domingo surcan nuestros cielos, cuando están a ras de suelo se tambalean cual fantasma amorfo a merced de la brisa y de repente un fogonazo, unos sacos que caen por las bordas y se elevan majestuosos hacia lo más alto.

En nuestra vida soltar lastre es dejar atrás todo lo que nos impide seguir nuestro camino, que nos bloquea nuestra autenticidad y que nos sabotea nuestra marca personal.

Durante el proceso de formulación de nuestra marca personal nos planteamos qué es aquello que nos mueve a actuar, qué es lo que nos hace disfrutar, qué es lo que da sentido a nuestra vida. A esto le llamamos nuestra misión. También nos planteamos a donde queremos llegar, cual es el sueño que queremos ver realizado, en qué esperamos convertirnos y hacemos el esfuerzo de visualizarnos al final de nuestra vida para poder tener la certeza de que hemos enfocado el buen camino, esto es nuestra visión. Y todo esto lo hacemos bajo el filtro de unos indicadores que nos marcan los bordes del camino, que nos avisan si hemos sobrepasado las reglas del juego que nos hemos fijado, me refiero a los valores.

Conociéndonos más y mejor llega un momento que encontramos personas, situaciones y cosas que han dejado de tener sentido para nosotros a las que estamos amarrados tenazmente y hemos de tomar la decisión de reconocer que ya no nos sirven porque difuminan nuestra visión y entorpecen nuestra visión. Llegados a este punto nos puede dar la sensación de que estamos en un momento “insostenible”, estamos hechos un lío y un destello de lucidez nos indica que ha llegado el momento de soltar el lastre.

No es una tarea fácil porque a pesar de las evidencias nos aferramos a lo que tenemos para que nada cambie, nos dispersamos en buscar justificaciones  inútiles y en buscar culpables. De dar el paso y soltar o no soltar el lastre depende el avanzar o el quedar anclado en el suelo, ganar o perder la batalla contra nuestra falta de lucidez significa la vida o la muerte y no me refiero a nuestra desaparición física sino a estas pequeñas muertes que nos hacen más pequeños, más viles más alejados de nuestro objetivo.

Soltar lastre es una actitud, es un proceso y forma parte de la huella que dejamos porque sin movimiento no hay huella y con lastre no hay marca. Como toda actitud viene de nuestro interior y es un acto de libertad que implica el cambiar nuestros hábitos, nuestra manera de hacer.

Y si has llegado hasta aquí y mi relato no te ha dejado indiferente, si estás convencido de que puedes volar más alto y no ves claro cómo hacerlo, déjate ayudar por alguien que haya vivido la experiencia y que sepa acompañare mientras tú sueltas lastre. Cuenta con nosotros: ¡suelta lastre!

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¿Somos prisioneros de la red?

Cada día me encuentro con más personas que tienen la sensación de estar prisioneras de la red. Que si Facebook me roba dos horas, si Linkedin media hora más y que si ver los dos o tres vídeos de YouTube otro tanto. Si además estás en Twitter, ni te cuento, una hora más como mínimo. La pregunta es ¿Hacemos buen uso de la red? ¿Estamos al servicio de la red o la red está a nuestro servicio?

La respuesta se parece mucho al concepto central de la dieta mediterránea: hay que probar de todo pero con moderación. Es más, hay que fijarse unos límites, aunque sean orientativos; 10 minutos al día, 15 o 20. Si queréis 30, pero no mucho más (a no ser que forme parte de vuestro trabajo).

Los grandes como Google, Microsoft, Apple … necesitan crecer, y lo hacen en el entorno 2.0, el que les permite visualizar mejor un negocio “long tale”. Van creando y tejiendo redes en las que nosotros vamos cayendo: ¿No estás en Foursquare? ¿No conoces Whatsapp? ¿No usas el MobileMe? ¿Aun no has probado Skipe?. Cierto, quieren hacernos dependientes de las redes, de las tecnologías. La televisión ya no es la caja tonta, ahora se considera casi un mal menor. Los más jóvenes invierten 3 veces más tiempo en aplicaciones de PC o móvil que en ver TV.

Es curioso, cuando entras en Twitter muchos perfiles se definen como “adicto a los social media”, “adicto a las redes sociales”. Triste. No hay que llegar a eso. Hay que salir más, ir a bares, al cine, a bibliotecas, a eventos, a exposiciones. Hay todo un mundo ahí fuera. Rompamos los barrotes de la celda digital.