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En defensa de la marca personal (Parte 2 de 5), por @Prof_EstradaMSc

Amigo lector:

Recibe mi más cordial y afectuoso saludo en esta segunda entrega de la serie En defensa de la marca personal. Como ya sabes si leíste la primera parte, se trata de cinco artículos de publicación semanal consecutiva que estoy proponiendo en respuesta a la sugerencia de mi amigo y colega, el Maestro Guillem Recolons, en los cuales procuro aportar respuestas a algunas interrogantes derivadas de las críticas y los cuestionamientos hechos por el reconocido profesional español Amalio Rey al concepto marca personal y a su práctica, en un artículo recientemente publicado en su blog. Y aunque esta vez me he centrado en debatir con Amalio, debes saber que él no es ni mucho menos el único que cuestiona y critica el concepto que aquí trabajamos, y su práctica; precisamente por eso es tan importante debatir al respecto, para demostrar las bondades y virtudes de la marca personal y su gestión correcta y efectiva, y también para aprender de las buenas críticas que recibamos, y con base en ello, mejorar sistemáticamente nuestros desempeños en el personal branding. 

Las preguntas a las que daré respuesta hoy -tomado todo ello de mi reciente entrevista bidireccional transoceánica con el Maestro Jordi Collell– son las siguientes:

  1. ¿Solo podemos y debemos gestionar la componente profesional de nuestra marca personal?
  2. ¿El personal branding supone la construcción, adopción y “venta” de una “identidad calculada”?

Se trata de dos temas muy polémicos y que generan mucho debate entre quienes defendemos el concepto y sus buenas prácticas, y quienes lo cuestionan, critican, rechazan o descalifican. Espero poder presentar argumentos suficientes y pertinentes en cada uno de estos cinco trabajos, en defensa de las posiciones que los practicantes, adeptos y creyentes en el personal branding sostenemos y procuramos avalar con nuestros desempeños profesionales en el campo. Y por otra parte, aclaro que el análisis que hago no es en modo alguno exhaustivo ni lo considero acabado; solo he seleccionado algunos fragmentos del post de Amalio, que me han parecido los más pertinentes para explicar a partir de ellos las posiciones que sostengo (aunque sin descontextualizarlos en modo alguno, que no es de eso que se trata este proceso). Pero en dicho artículo, y en el debate generado por los comentarios que aparecen debajo del mismo, hay mucha más materia de análisis; de hecho, la cuarta y la quinta de mis cinco entregas se concentran bastante en algunas zonas de dicho debate.   

Y conste lo siguiente: ya he pensado seriamente en regresar más adelante sobre el tema (será en 2020, si la fuerza me acompaña), retomando algunas otras de las ideas propuestas por Amalio y evaluándolas en sintonía analítica con las de otros varios críticos del personal branding a quienes he leído -y a veces respondido– o lea en adelante, para identificar tendencias y puntos comunes de dichas posiciones cuestionadoras y/o críticas -algunas llegan a ser descalificadoras-; valorar cuáles de ellas/os pueden ayudarnos a mejorar lo que hacemos (y cómo, y cuánto, y con qué); y cuando corresponda, ofrecer los argumentos que a mi juicio puedan demostrar su impertinencia, o en casos extremos (que los hay, y me consta), la intención malsana que pueda sustentarlos.   

Avancemos pues, amigo lector. Gracias por ser, por estar, por acompañarme hoy y siempre. 

¿Solo podemos y debemos gestionar la componente profesional de nuestra marca personal?

Dice Amalio:

Andrés Pérez Ortega, el profesional que, a mi juicio, ha escrito más y mejor sobre este tema, lo ve como la estrategia que permite que ‘una persona se convierta en la opción preferente en un proceso de elección’. Esto último obliga a pensar, por ejemplo, en para qué tipos de cosas nos gustaría que nos elijan, y hacerlo desde una revisión profunda de nuestras fortalezas y pasiones. Esa lectura de Andrés, si se hace desde una perspectiva estrictamente profesional, me parece útil y acertada. Yo la suscribo”.

Mi comentario:

100 % de acuerdo con Amalio, desde su positiva valoración de la obra de Andrés (con la cual coincido y así lo he expresado muchas veces) hasta su breve abordaje analítico de ella, el cual puede ser muy ampliado y estoy seguro de que Amalio lo hizo y hace. Mi única discrepancia aquí es con la evidente separación entre lo profesional y lo personal que Amalio nos propone, con lo cual yo no coincido: creo que en nuestros desempeños profesionales, inevitablemente se manifiesta explícita o implícitamente la persona que somos, desde todos los puntos de vista posibles (he hecho referencia ejemplificada a ello en mi ya citado trabajo de 2016 Sobre la marca personal de los líderes: el liderazgo político y su ejercicio son asuntos muy personales, en el cual, como parte de un breve análisis casuístico, propongo que “…no es posible tener resultados positivos en ninguna esfera de la vida profesional, despersonalizando su esencia y sentido”, y arribo luego a la conclusión de que “en una actividad profesional, todo es personal”).

Es más: considero y creo fácilmente demostrable que las situaciones que afrontamos en nuestra vida “personal” -de familia, de pareja, de salud, etc., etc.-, impactan favorable o desfavorablemente, según sea su curso, a los ejercicios profesionales que desarrollamos (y viceversa, por supuesto; pero no desarrollaré esta parte ahora, sino en otro post). Y si la persona que realmente somos no aflora de alguna forma en nuestro trabajo (por ejemplo, cuando actuamos un personaje forzándonos a “esconder” lo golpeados que estamos por algo feo que haya ocurrido en casa), ello significa que no estamos ofreciendo una imagen real de nosotros mismos; y esto puede afectarnos profesionalmente, porque nos pueden ser asignadas ciertas tareas que nuestro estado anímico no nos permitirá cumplir como se espera, por solo citar un brevísimo caso “práctico” entre tantos posibles.

Y por supuesto, la tendencia a actuar siempre o casi siempre así, nos convierte en personajes y suplanta a la persona que cada quien es. Algo en esta línea le respondí a Guillem en nuestra entrevista bidireccional de 2018, respondiendo a su pregunta # 6: “Si la autenticidad forma parte de la gestión de nuestra marca personal, ¿merece la pena mostrar abiertamente nuestras vulnerabilidades?”. A fuer de sinceros, yo creo y reitero que sí, al menos en todo lo que se relacione de una u otra forma con el trabajo profesional a realizar.

Por algo ha expresado y fundamentado el gran Howard Gardner que “las malas personas no pueden ser profesionales excelentes, no llegan a serlo nunca”, una frase cuya filosofía de base se ha convertido en una suerte de mantra para este servidor. En 2016 lo expresé así en mi artículo Marca personal: “¿creación” o gestión? (cito):

“Nuestro objetivo estratégico principal debe ser, simplemente, que cada bendita vez que una persona de nuestro entorno de incidencia y acción necesite algo relacionado con nuestra actividad profesional, piense en nosotros como primera opción, antes que en cualquier otra persona del campo.

Y observa que no escribí ‘antes que en cualquier otro profesional del campo’, sino ‘antes que en cualquier otra persona del campo’. Porque somos, primero que todo, personas. Y en mi opinión, debemos aspirar siempre a ser primera opción por ser buenas personas que -además- poseemos y vendemos un determinado expertise profesional; y no solo por este último atributo. Si únicamente destacamos para bien por nuestra excelencia profesional, hemos fracasado. La gente busca y quiere buenas personas a su alrededor, no máquinas profesionales de solución de problemas”.

Y un poco más tarde (2017, Mito # 1: La marca personal solo es para “famosos”),así: “…cuando interactuamos de cualquier forma con otros seres humanos, actuamos sobre ellos imponiéndoles carácter o dejándoles huella moral (quinta acepción del concepto marcar según el DRAE, entre otras varias que funcionan para el tema) y a partir de ello, somos y dejamos marca; o sea, somos conocidos, analizados, valorados y reconocidos de uno u otro modo –y luego recordados, eventualmente elegidos, y muchas veces recomendados– a partir de nuestras características, actuaciones y resultados de cualquier índole; todo lo cual constituye la esencia del concepto”.

Y claro, yo he vuelto sobre el tema una y otra y otra vez: esto que Amalio cuestiona representa una muy justa PREOCUPACIÓN que debe OCUPARNOS MUCHO A TODOS. Casi al final de esta respuesta propongo un cierre magistral del mismo, original de Andrés.

Este interesante y polémico asunto admite múltiples miradas más; siempre sugiero revisar al respecto el abordaje del Maestro Alfonso Alcántara sobre la “diferencia” entre marca personal y marca profesional; hoy agrego la interesante propuesta del propio Andrés titulada Marca personal, profesional y privada, en la cual nos plantea -¡todavía en 2011!- que “…cualquier profesional es, ante todo, persona”, y que “…lo que hace que un profesional consiga dejar una Marca Personal, una huella profunda, es el elemento personal. Mi experiencia me dice que una negociación puede cambiar completamente cuando se va más allá de las características técnicas de lo negociado, cuando en ambos lados de la mesa se establece una conexión emocional, una sintonía. Y eso no sucede si no entra el factor persona”. Muy claro, ¿verdad?

Y también agrego algo más de Andrés, tomado de una interesantísima entrevista suya de 2012. Disfrutemos esta añeja y muy vigente joya del Maestro:

“Si no has definido bien tu marca ni es auténtica, lo que va a ocurrir es que vas a estar soportando una serie de valores, características y cualidades que no van contigo. Es importante que esté bien definida y estructurada puesto que es para toda la vida…Es algo que va asociado a tu vida profesional y a tu vida personal”.

Poco que agregar, ¿verdad, Maestro Jordi?

Cierro el punto con una última cita de mi trabajo antes mencionado, asumiendo la política como lo que debe siempre ser: un ejercicio profesional.

“Regresemos a la política. Imaginemos un caso, por demás común y muy frecuente: dos amigos que militan en parcelas políticas diferentes, y que devienen rivales aspirando a una misma posición de gobierno o política en la eterna lucha por el poder. ¿Se resentirá o no la amistad, por antigua que sea, ante los inevitables ataques y contraataques que han de venir en el proceso? Porque, ¿cómo se demuestra que Juan no está haciendo bien su trabajo y que yo lo puedo hacer mejor, si no se ataca la gestión de Juan, y obviamente, a Juan mismo a través de su labor y resultados? No es posible evitarlo, simplemente. Lo más que puede hacerse es no mencionar a Juan por su nombre: solo hacer referencia a los problemas existentes. Pero…¿y quién es el responsable de esos problemas? ¿Y ese responsable no sentirá y resentirá el golpe? ¿Y qué sucederá después a nivel político…y sobre todo, a nivel personal-relacional?

Y conozco casos aún más complejos: matrimonios cuyos miembros militan en partidos diferentes, política y electoralmente contendientes. Y que conviven y deben educar a sus hijos en unos principios, unos valores, una ideología, una praxis, un concepto y enfoque de la vida y de cómo debe ser vivida, y una orientación ideo-política, ofreciéndoles modelos en tal sentido. Las propuestas públicas de sus respectivas organizaciones políticas en algunos o todos estos temas son radicalmente diferentes, y ellos deben buscar o construir un punto o espacio intermedio de acuerdo que no afecte ni a los hijos ni a la pareja ni a otros parientes, ni dificulte la convivencia ni tampoco choque contra sus convicciones ideo-político-partidarias…Resulta muy difícil, y no siempre se logra. ¿Y entonces? ¿Cómo separamos la política de lo personal?”

El punto actual y el que viene a continuación tienen mucho parentesco. Por ello, no nos extrañemos si algunos de mis comentarios al actual funcionan para el próximo, y viceversa. ¿Vale?

¿El personal branding supone la construcción, adopción y “venta” de una “identidad calculada”?

Dice Amalio:

El exceso empieza, a mi juicio, cuando la gestión de esa imagen profesional se mezcla deliberadamente con la personal, adoptando una estrategia de proyección pública del ‘yo persona’ que sirva para vender el ‘yo S.A.’ desde una identidad calculada (NOTA: estas últimas negritas son mías, no de Amalio). Esa mezcolanza es bastante común gracias a las omnipresentes redes sociales”. Y más adelante, al autor explica y argumenta con bastante amplitud esta posición, desde sus propios supuestos de partida.

Mi comentario:

En mi opinión, y al margen del calificativo “exceso” -al cual asocio sanamente con la posición crítica del autor, y no con otras intenciones- la clave del asunto está en el concepto que Amalio propone como “identidad calculada”. Nuestra identidad es lo que realmente somos y nuestros diferentes atributos de toda índole que permiten identificarnos; nuestra imagen -algunos autores la llaman “identidad percibida”, entre ellos Guillem en este breve e interesantísimo post– es lo que los demás perciben de nosotros y cómo nos analizan, valoran y posicionan en sus mentes a partir de eso. Si distorsionamos deliberadamente determinados aspectos de nuestra identidad para ofrecer como imagen un disfraz (en las redes sociales, por ejemplo), estaremos cayendo justamente en las distorsiones de que vengo hablando en términos de gestión de marca personal; y ello no tiene por qué afectar al concepto, sino poner de manifiesto la mala práctica del branding personal por parte de quien lo hace. ¿Ante quién? En principio, ante los conocedores y practicantes serios del tema, que como he dicho al inicio de esta respuesta (y en otros trabajos como este, este y este), deben responsabilizarse por poner de manifiesto ante el gran público que esa práctica es incorrecta y no representa el concepto, y deben ser capaces de modelar las maneras correctas de hacerlo, y de formar a cada vez más personas en y para ello, y de difundir sistemáticamente contenidos que demuestren cómo se hace correctamente y las consecuencias de no hacerlo así, etc, etc. Y mientras esa actuación influenciadora vaya creciendo y cosechando buenos frutos, lo anterior irá ocurriendo ante una base cada vez mayor de públicos conocedores del concepto, y potencialmente interesados en su puesta en práctica.

El propio Amalio ha abordado esto de un modo bien interesante, en un artículo anterior al que hoy comento, así:

“…me gustaría advertir que no tengo nada contra aquellos que usan el palabro ‘Marca Personal’ como mero constructo pedagógico para ayudar a la gente a transmitir mejor (y ganarse la vida con) una identidad auténtica que emana de fortalezas genuinas. El nombre no me gusta nada, insisto, pero si el contenido es bueno, estoy dispuesto a ser menos tiquismiquis.

La contribución de estos profesionales, ‘los buenos’, la valoro positivamente si: 1) ayudan a las personas a descubrir sus potencialidades, lo que más les gusta hacer y hacen (realmente) mejor, 2) les orientan para que esas virtudes se transmitan de un modo eficiente y coherente. Esa labor, desde luego, puede ser de utilidad para mucha gente. Con eso no se hace daño a nadie, pero siempre que se gestione desde una perspectiva sistémica, de satisfacción personal, y no como un mero artefacto de marketing”.

Eso de que habla el distinguido y respetado colega Amalio es, precisamente, impartir formación y/u ofrecer asesoría en personal branding, más allá de que lo denominemos de uno u otro modo por un asunto de gustos o preferencias; como un ejemplo interesante entre muchísimos posibles, sugiero revisar el ya mencionado proyecto Ponte en Valor, de mis amigos y colegas Eva, Guillem y Fran. El proceso incluye un grupo mucho mayor de temas, obviamente, pero las primeras esencias van por ahí, junto a la identificación de las necesidades a las cuales cada quien propondrá soluciones (propuesta de valor) y las aportará (contribución, o aporte de valor), a través de lo cual se posicionará en la mente de quienes haya elegido, recibido, utilizado y valorado positivamente dicho valor (posicionamiento de marca personal).

Y uno de los principales objetivos de la formación o asesoría en personal branding (sí, muyyyyyyyyy de acuerdo: la bien hecha por los buenos), es preparar a los alumnos o clientes para EVITAR A TODA COSTA el cálculo y la construcción forzada de identidades, y más bien al contrario, trabajar y gestionar su marca desde la autenticidad, desde su verdadero yo personal y profesional (porque como muy bien Amalio plantea, ellos 1) ayudan a las personas a descubrir sus potencialidades, lo que más les gusta hacer y hacen (realmente) mejor, y 2) les orientan para que esas virtudes se transmitan de un modo eficiente y coherente). También, para establecer los procesos de mejora continua que sean requeridos para poder ofrecer sistemáticamente al entorno la mejor combinación posible de atributos, potenciales y competencias; y por supuesto, para visibilizar todo ello de las maneras correctas y ponerlo a disposición de quien lo necesita, en forma de valor. Como dice Guillem en su interesante respuesta a Amalio en los comentarios del post: “Muchos prefieren verlo como una exaltación del ego, y es porque únicamente retienen la parte de visibilidad. Es algo absurdo, como creer que debajo de la parte visible de un iceberg no hay nada”. Eso es mala praxis. La verdadera gestión de marca personal no es eso que Amalio justamente critica.

En la entrevista de 2012 antes citada, nos dice Andrés lo siguiente: “Una persona tiene una marca personal y un personaje tiene otra marca personal. Un buen ejemplo puede ser la marca personal de Harrison Ford y su marca corporativa de Indiana Jones. Si estamos creando un personaje no estamos creando una marca personal. La marca personal tiene que ser ante todo auténtica”. Autenticidad que niega por completo la posibilidad de “calcular la identidad” que vamos a ofrecerle al mundo, por cualquier vía y en cualquier soporte. Lo que otros ven de nosotros debe ser el más fiel reflejo de lo que somos, hacemos y logramos nosotros: de eso se trata la verdadera gestión de marca personal. Construir limpiamente el mejor yo personal/profesional/social que seamos capaces de construir, y ofrecerlo diáfanamente al mundo que nos rodea como fuente de valor para aportar soluciones, marcándolo así con lo mejor de nosotros.

Porque además, quienes hacen tales cosas deberían pensar inclusive en los peligros a los que se someten al hacerlo; y el no pensar en ellos nos deja muy claro que no están gestionando nada realmente personal, sino únicamente un disfraz: ni más, ni menos. Pues como nos legó Lincoln, se puede engañar a todo el mundo una parte del tiempo, o a una parte del mundo todo el tiempo; pero no es posible engañar a todo el mundo todo el tiempo. Y como he dicho antes, la verdad, terca como es, tarde o temprano aflora y desenmascara. Basta que aparezca UNA oportunidad en la que deban demostrar en la práctica todo o parte de lo que han venido vendiendo como propio sin serlo, saberlo, saber hacerlo, tenerlo, etc…¿Y entonces?

Quiero precisar un poco más este importante aspecto, acerca del cual las confusiones son muy frecuentes.

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define identidad como “Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás” y “Conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a las demás”. Ambas acepciones funcionan de modo exacto en la línea en que vengo desarrollando el punto, y reafirman el hecho de que “la construcción de una identidad calculada” es una falsificación, que obviamente, no puede ser equivalente a la marca personal de nadie, primero, porque no la refleja en su genuina realidad, y además, entre otras varias cosas, porque dicha marca no se basa únicamente en los rasgos personales ni es definida en, desde ni por la autoconciencia de la persona en cuestión. La marca personal de alguien la definen quienes rodean a esa persona y reciben el impacto de lo que ella es, hace y logra, a partir de lo cual la analizan, valoran y posicionan en sus mentes de una u otra forma, en uno u otro sentido.

El propio Diccionario nos define imagen pública como “Conjunto de rasgos que caracterizan ante la sociedad a una persona o entidad”. Las palabras clave aquí son: ante la sociedad. O sea: podemos tener una autoconciencia o una percepción de nosotros mismos que vaya en un determinado sentido (nuestra identidad), pero ello no necesariamente significa que seamos precisamente eso para quienes nos rodean. Es más: dependiendo de múltiples factores, puede suceder que para ellos seamos lo opuesto (una excelente herramienta de análisis de esta posible disonancia -entre varias existentes- es la famosa ventana de Johari). Y por otra parte, la imagen es definida a través de rasgos; las actuaciones que desarrollamos -aplicando algunos o todos esos rasgos, o sea, nuestras características personales, y también nuestras competencias profesionales-, y los resultados que obtenemos integrando espontáneamente lo que somos y lo que hacemos -o sea, siendo nosotros mismos y comportándonos como somos en cada espacio de acción: estudio, trabajo, familia, sociedad, etc.-, configuran un conjunto que se queda en la memoria de quienes nos rodean (memoria que es definida por el Diccionario como “Facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado”), gracias al cual nos posicionan de una u otra forma, y que les permite recordarnos y acudir -o no acudir- a nosotros en situaciones en las cuales podrían requerir nuestros servicios, o que simplemente les hagan evocar una frase dicha por nosotros, o un error que hayamos cometido, o algo positivo o negativo que alguien más les haya dicho acerca de nosotros, o el aporte de valor que hayamos sido capaces de hacer y que se haya traducido en soluciones…y un laaaaaaaaaargo etc. “Eso” se llama marca personal, y entre otras varias cosas, integra nuestra identidad, nuestra imagen, el recuerdo que dejamos en los demás, el posicionamiento que conseguimos en sus mentes, etc., etc., etc. Y en términos mercadotécnicos y de negocios, esa marca define mucho de nuestras oportunidades profesionales, especialmente en este mercado cada día más saturado de ofertas y más escaso en oportunidades.

Un “detalle” más, en tono interrogativo. Si coexistimos profesional o socialmente con un grupo de personas, ¿qué hay de malo ni de negativo, o por cuál motivo y en qué medida nos convierte en farsantes -o cualquier opción equivalente-, el hecho de que hagamos a conciencia un proceso de mejora personal, que nos permita ser para quienes nos rodean la mejor persona y el mejor profesional que seamos capaces de ser, lo cual nos posicionaría en sus mentes como alguien que tiene algo valioso para darles y permitiría que puedan recibir, utilizar y aprovechar el valor que podemos, debemos y queremos aportarles -y vivir decentemente de ello, si es el caso-, sin que ello implique ni signifique dejar de ser nosotros mismos, imitar a otros, falsear nuestra imagen, manipular nuestros atributos ni perder nuestra autenticidad?

Amigo lector:

Hasta aquí la segunda entrega de esta serie de artículos. ¿Qué piensas acerca de los dos temas abordados hoy? 

La semana entrante (el próximo viernes, para ser exacto) te propondré mis respuestas a la siguiente y muy compleja pregunta:

  • ¿Hacer personal branding correctamente nos convierte necesariamente en seres individualistas?

Hasta entonces, y en espera de tus opiniones, comentarios y      valoraciones en cualquier sentido, te dejo el más cordial brand/abrazo de tu siempre amigo,

Vladimir

En defensa de la marca personal (Parte 1 de 5), por @Prof_EstradaMSc

Amigo lector:

Recibe mi más cordial y afectuoso saludo en mi regreso al Blog del Personal Branding (uno de mis más queridos hogares digitales), tras casi un año sin publicar en este tan importante espacio, dedicado desde su nacimiento al desarrollo y posicionamiento internacional del concepto marca personal y de su proceso de gestión, el personal branding. 

Tenía preparado para hoy un post bastante extenso sobre el tema reflejado en el título que encabeza este post (la defensa profesional de la marca personal ante determinados ataques más o menos antiguos y otros muy recientes que viene sufriendo el concepto y su práctica); pero a sugerencia de mi amigo y colega Guillem Recolons, lo he dividido en cinco entregas que saldrán publicadas sucesivamente aquí durante igual número de semanas.   

Espero que este formato te ayude en el procesamiento gradual de la información que te estaré proponiendo sobre tan polémico y delicado asunto..

Con tu permiso y esperando tu amable comprensión, quiero dedicar esta producción a la dulce memoria de mi madre, fallecida hace pocos días, y cuya alma está en tránsito hacia el definitivo espacio de luz en que ha de morar en adelante; y seguirá inspirándome como lo hizo desde mi infancia, con su eterna, perseverante e indoblegable exigencia de lo mejor. Para ti, mami, este mi primer trabajo luego de tu partida. Ojalá te guste, mi vieja querida. Nos vemos pronto.

Muchas gracias, amigo lector. 

En esta ocasión, te propongo algo totalmente atípico en mi producción publicada en el prestigioso blog que nuevamente me honra al recibirme, y no sé si algún otro autor lo habrá hecho antes en este medio: la “extracción” de un fragmento de otro trabajo, para proponerlo al público desde aquí, recontextualizado y ampliado con algunos nuevos elementos. 

¿Cuáles razones me mueven a ello? Entre otras varias posibles, te propongo las siguientes:

  1. Dadas las características y complejidades del tema que trato en el post que ahora lees, relacionado con el concepto marca personal, su práctica, su gestión, su impacto en los públicos, su evolución, las críticas que recibe, y la marca social que ha ido cultivando, considero que este blog temático colectivo es el espacio idóneo para difundirlo y hacerlo llegar al público interesado en la marca personal, que tiene aquí un gran hogar y un óptimo espacio de información y debate. Esta es desde hace años la casa mayor del personal branding en lengua española; por tanto, es el mejor ambiente donde podemos debatir sobre ella, entre nosotros como comunidad profesional (por mi parte, yo prefiero tribu, jejeje) y con quienes deseen hacerlo con nosotros. 
  2. El artículo original donde aparece este contenido en mi blog, es muy largo, y además, multitemático; y por la significación y especificidad del tema, prefiero darle a esta propuesta la posibilidad de ser leída y valorada por nuestros públicos en un entorno que permita analizarla “en solitario”, al margen del resto de los temas allí abordados. 
  3. El concepto marca personal sigue siendo cuestionado por algunos actores sociales de cierta influencia (legítima y muy bien ganada, por demás, al menos en el caso del interlocutor con quien hoy debato); pero ello suele ocurrir desde bases y posiciones que a mi juicio no se corresponden con su realidad actual ni con su práctica correcta, como en el caso del interlocutor con quien hoy debato. Al menos hasta hoy, entre las varias críticas al personal branding que he tenido oportunidad de leer (hablo de críticas bien hechas por personas serias, competentes y respetables), no he hallado una sola ante la cual no podamos esgrimir argumentos válidos, sólidos y plenamente creíbles como sustento de la marca personal, la legitimidad que posee en su calidad de factor de desarrollo, la necesidad de su gestión efectiva, y su importancia estratégica creciente; pero no basta que podamos hacerlo, es necesario que lo hagamos. De las “otras” críticas, hechas por ciertos “críticos”, prefiero no hablar, y por supuesto, no las debato así, in extenso: no creo que valga la pena. 
  4. Considero -y lo he expresado muchas veces- que se requiere establecer líneas colectivas y comunes de acción, a nivel conceptual, metodológico y práctico, para que la defensa de la marca personal y su gestión sea objeto de consensos generados en y desde la comunidad profesional que lo practica –unidad en la diversidad-, y no de agentes aislados.
  5. Debemos perder, de una buena y definitiva vez, el miedo al debate. Debatiendo ideas, conceptos, metodologías y experiencias, aprendemos y crecemos todos si lo hacemos bien, con enfoque al tema, respeto al interlocutor, voluntad de aportar y aprender, y manifestando todo el dominio posible, tanto temático como propio.

Y sin más que decirte en este momento introductorio, te dejo con mi respuesta ampliada a  la novena pregunta que recientemente me formuló el Maestro Jordi Collell en nuestra entrevista bidireccional transoceánica:

¿Qué necesita el personal branding para que perdure como concepto y entre en el top of mind individual?

El plan temático de está serie de cinco posts está casi totalmente diseñado con base en preguntas que abordan los diferentes temas tratados. Así:

  1. Introduciendo el debate
  2. ¿Podemos o no podemos controlar la huella que dejamos en los demás?
  3. ¿Solo podemos y debemos gestionar la componente profesional de nuestra marca personal?
  4. ¿El personal branding supone la construcción, adopción y “venta” de una “identidad calculada”?
  5. ¿Es necesariamente negativo abordar con intención  mercantil/competitiva la gestión de nuestra marca personal, o más bien ello representa una necesidad/urgencia epocal? Y en todo caso, ¿solo se trata de eso?
  6. ¿Hacer personal branding correctamente nos convierte necesariamente en seres individualistas?
  7. ¿Los problemas de la marca personal tienen su verdadera base en la construcción errónea del concepto, o en su mala aplicación? En uno u otro caso, ¿cómo entenderlo, y abordarlo?
  8. ¿Gestionar nuestra marca personal nos cosifica?
  9. A modo de conclusión

Espero tu gentil intervención en este análisis, amigo lector. Recibe como siempre, mi más cordial abrazo, y la invitación a volver a leerme por aquí antes de fin de año: si la fuerza me acompaña, te propondré mi próximo artículo creado para El Blog de Soymimarca, el cual está en fase final de cocción caribeña, titulado Marca personal: no somos buenos para todo, ni tenemos por qué serlo. Si no es posible, prometo inaugurar mi próximo enero productivo aquí, con ese trabajo.

¡Seguimos juntos aquí debajo, respondiendo a Jordi! ¡Adelante, pues!

Vladimir: 

¿Qué necesita el personal branding para que perdure como concepto y entre en el top of mind individual?

Pues bien, Maestro: yo creo que principalmente (aunque no únicamente), el personal branding necesita cada vez más practicantes haciendo cada vez más correctamente las cosas correctas, para decirlo con Peter Drucker. Y que conste: como ya lo hemos definido, me refiero a la asunción del concepto como reflejo definitorio de una realidad que siempre ha existido. La marca personal no nació en 1997; ese año nació el concepto que la define, la describe y ha contribuido tanto a dárnosla a conocer, y a que la posicionemos en nuestras mentes como el poderoso recurso que ella constituye A PARTIR DEL RESULTADO QUE ELLA ES; y junto al concepto nació también, por supuesto, el germen del primer modelo formalizado de gestión de la marca personal.

En este sentido, la mejor contribución que podemos y debemos hacer al desarrollo y posicionamiento del concepto MARCA PERSONAL en el mundo se basa, a mi juicio, en cuatro pilares:

  1. En nuestro respeto a los conceptos base del personal branding (y la calidad y pertinencia conceptual, contextual y metodológica de su renovación y/o ampliación, cuando ello proceda);
  2. En nuestra buena práctica del personal branding;
  3. En la forma en que traslademos a nuestro entorno sus esencias, su metodología, sus ventajas y su potencial desarrollador (utilizando todas las vías posibles, empezando por la formación y la producción /difusión de contenidos); y por supuesto,
  4. En la buena defensa que seamos capaces de hacer de él. Porque críticos y detractores habrá siempre (con razón o sin ella, de cualquier concepto, y mucho más de uno tan revolucionario y polémico como este); y escépticos, también. Y por supuesto, habrá entre los críticos personas que lo cuestionarán de buena fe, porque choca con lo que siempre han sabido y/o creído; otras porque al no haberlo estudiado no saben muy bien de qué se trata y tienen por norma criticar todo lo que no entienden; otras, muy bien preparadas, lo hacen o harán porque sencillamente están en rotundo desacuerdo con sus postulados -y con todo el derecho, por supuesto; recordemos siempre la frase generalmente atribuida a Voltaire, cuya autora real es la escritora Evelyn Beatrice Hall: no comparto lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo)-. En fin, el mar, como diría el poeta nacional de mi Cuba bella, Nicolás Guillén.

Hay mucha preocupación (y muchas preocupaciones) entre diversos prestigiosos practicantes y no practicantes acerca del concepto, su situación actual y las distorsiones que ha sufrido o aún sufre (ya le he hablado al respecto en otra respuesta anterior). Las suscribo; al menos aquellas que identifico como válidas, en tanto responden a una legítima preocupación por el tema y sus implicaciones, y no a meros intentos de descalificación burda y gratuita –o no tan gratuita, jejeje; de todo hay en la viña del Señor– de lo que en muchos casos ni siquiera se conoce bien por parte de los “críticos”. Pero estoy tranquilo, por muchas razones, Maestro; entre ellas, las que he aducido en mi respuesta a su pregunta sobre la trascendencia de la marca personal, y otras que propondré en esta respuesta.

Me toca muyyyyyy de cerca una apasionada y apasionante reflexión recién parida que acabo de leer, propuesta por el Maestro David Barreda: uno de los colegas que me merecen mayor y más profundo respeto en lo humano y en lo profesional, por lo auténtico de su ser y sus aportes, por la evidentísima coherencia entre ambas dimensiones en su accionar, por lo exquisitamente propio de su voz, y por lo amplio, profundo y diverso de su dominio conceptual y metodológico en las áreas que trabaja, entre otras razones. Con él tengo múltiples coincidencias temáticas, suelo citarlo en mis trabajos, y tenemos conjuntamente en proceso algo que ha demorado por razones de fuerza mayor que escapan a mi control (y que incluye a otros tres o cuatro colegas del otro lado del charco); pero definitivamente, viene, y ya no tarda mucho.

Dice David:

“…un ejemplo significativo es cómo reaccionamos desde esta comunidad cuando recibimos una crítica hacia el concepto de Marca Personal o Personal Branding. Veréis, solemos actuar de dos maneras: si la crítica es absurda, cargada de contradicciones y errónea en sus planteamientos, todos nos unimos y la masacramos unánimemente… nos mostramos como un grupo unido en un mismo frente; pero si, en cambio, la crítica que se recibe no tiene contradicciones, está fundamentada y nos cuestiona sólidamente los planteamientos con los que trabajamos lo que hacemos es ignorarla… como si no existiera… la tratamos como si la hubiera escrito un hater que nos quisiera trolear… decidimos colectiva e implícitamente ‘no darle bola’…”

100 % de acuerdo con este gran profesional en el espíritu y la letra de su propuesta. En esta respuesta, Maestro, intentaré humildemente atenuarle a David al menos uno de sus motivos, o parte de él: la que muy justamente atañe a que ignoramos las críticas que nos son hechas como comunidad profesional del personal branding. Lo cual es cierto, al menos en una parte de nuestra tribu que no suele confrontar con nuestros críticos. El análisis, el debate, la confrontación profesional respetuosa, son maneras esenciales de crecer como profesión y como gremio; al menos en mi práctica -y así lo he demostrado, como puede apreciarse en una somera mirada a este blog- yo lo asumo como parte de mi filosofía y mi ideología profesional, y es un valor clave incorporado y practicado sistemáticamente en mis diversas actividades. Y SI COMO COMUNIDAD PROFESIONAL NO LO HACEMOS, ENTRE NOSOTROS Y CON QUIENES NOS CUESTIONAN, NOS AUTOCONDENAMOS A NO CRECER, Y DESDE AHÍ, A DECRECER.

Y por otra parte, es preciso que distingamos entre el concepto MARCA PERSONAL y las formas CORRECTAS de aprenderlo, aprehenderlo, practicarlo y difundirlo, y las distorsiones de todo ello que hacen “lucir mal” al concepto y su praxis. Me explico brevemente aquí debajo, y abundaré al respecto más adelante.

Que algo -aquí, la marca personal– sea mal entendido o mal aplicado y/o practicado por un grupo de personas, no significa ni implica, hasta prueba en contrario, que ese algo sea malo o esté mal (lo cual puede ser, obviamente; pero no tiene que ser). Significa e implica que algunos o muchos lo han entendido mal y lo aplican y practican mal, por las razones que sea; y ello entraña la necesidad de mejorar las formas, frecuencias, intensidades y calidades en y/o con las que los diferentes “alguien” promotores y practicantes serios de ese algo, hacen su trabajo.

¿Objetivo? Que cada vez sean menos los equivocados, los detractores, y peor aún, los “confundidos” por los equivocados y los detractores. No podemos esperar que un concepto tan polémico como este sea igual de aceptado por todo el mundo todo el tiempo (ecos “paráfrasicos” de Lincoln). Hay dinámicas interesantes en ese sentido a las cuales me referiré brevemente, en cuanto comente -también brevemente- una de las pocas críticas serias y bien sustentadas que he tenido la suerte de leer acerca del tema.

Lo que viene a continuación es un intento humilde, decente, sincero, documentado, profesionalmente avalado, serio -espero no pecar de autobombo hablando así, pues como se verá, nada de esto me incluye a mí solo-, y que espero resulte efectivo, de practicar el cuarto de los elementos que he listado al inicio de esta respuesta, en alusión a lo que necesita el personal branding para perdurar y entrar al top of mind individual: me refiero a la defensa de la marca personal, como concepto y como atributo, y del personal branding como su proceso de gestión. Porque como he dicho antes, considero que “solo podemos defender con propiedad este concepto, desde nuestro máximo rigor profesional al practicarlo; y ello resulta importantísimo cuando confrontamos intelectualmente acerca de determinadas definiciones y/o posiciones, a personas de alto nivel de formación y elevada calidad humana, que piensan diferente a nosotros acerca del tema, y proponen/sustentan/defienden con calidad y solidez sus posiciones/definiciones al respecto”. Y el rigor profesional de que hablo pasa por demostrar al mundo lo que decimos, con elementos conceptuales, metodológicos, experienciales y prácticos tan sólidos, documentados, confiables y precisos como nos sea posible proponer, y siempre con base en el máximo respeto al otro. Vamos a ello.

Introduciendo el debate

Un excelentemente reputado experto como Amalio Rey (sigo su blog por email y admiro sus propuestas, que aportan mucho valor), ha publicado hace pocos días el artículo titulado El lado oscuro de la marca personal, y nos invita a debatir al respecto. Aprovecho este espacio para hacerlo, Maestro Jordi, porque cabe perfectamente entre los elementos a través de los cuales intento responder esta exigente pregunta suya; solo comentaré algunos de los planteamientos que me parecen más significativos de ese post, y en otro momento lo abordaré con mayor amplitud. Y antes que todo, quiero agradecer el exquisito respeto con que este gran profesional ha abordado el asunto, la forma gentil y delicada en que nos invita a debatirlo, y el hecho mismo de que nos considera y denomina (como LO MERECEMOS, dado que LO SOMOS) una COMUNIDAD PROFESIONAL; ello me habla muy bien de la calidad integral de este caballero, que viene a cuestionar un concepto y algunas de sus prácticas, pero no intenta descalificar de manera personal a sus practicantes, como sí lo han hecho otros. Es mi primera interacción “directa” con él; espero que haya muchísimas más en lo adelante.

Finalizando esta introducción al momento de debate, quiero reiterar y precisar un elemento que me parece muy importante. Siento absoluto respeto por las críticas que Amalio hace (que no son nuevas en su producción) desde SU PERSPECTIVA sobre los temas que aborda; una perspectiva construida, al parecer, desde su observación y análisis de prácticas distorsionadas de personal branding, tanto, que no ameritan tal nombre. Las disonancias a las que haré referencia — y profundizaré en ellas- tienen que ver con el hecho de que, en mi muy personal opinión, y también en la de muchos competentes y experimentados colegas (incluyendo a varios de los mayores referentes del tema) cuyos trabajos citaré en mi análisis, los hechos y tendencias que Amalio critica en este post no constituyen exactamente (y me atrevo a decir, ni siquiera aproximadamente) un reflejo fiel del concepto marca personal, ni de las formas correctas de gestionarlo.

Me explico: a juzgar por las propuestas de su texto, Amalio cuestiona cosas que él considera constituyen falencias asociadas a la marca personal y su gestión, partiendo de lo que ha visto hacer y oído — o leído- decir, a muchas personas que hacen mal, o muy mal, lo que en el mejor de los casos ellas/os CREEN que es gestionar correctamente su marca personal, Y QUE DEFINITIVAMENTE, NO LO ES, como espero poder demostrarlo en breve. Las críticas de Amalio, muy justas por demás, no corresponden al ejercicio correcto de las BUENAS PRÁCTICAS asociadas al personal branding, sino a PRÁCTICAS INCORRECTAS E IMPROPIAS que desvirtúan dicho concepto y lo hacen desmerecer a los ojos del público, de lo cual tengo años ocupándome en sentido muy crítico (como lo sabe todo el que me lee desde hace algún tiempo), previendo justamente que puedan darse casos como el que hoy nos ocupa: que personas de alto nivel intelectual y elevada calidad humana cuestionen el concepto que trabajamos, A PARTIR DE LO QUE HACEN QUIENES NO SABEN TRABAJARLO.

Vamos al rollo, pues.

¿Podemos o no podemos controlar la huella que dejamos en los demás?

Dice Amalio:

“…el concepto de marca personal está creando una falsa sensación de capacidad de control ‘de la huella que dejamos en los demás’, lo que hace que mucha gente fuerce las dinámicas de interacción, pierda frescura, y se meta en unos moldes que a veces dan vergüenza ajena de lo artificiosos que son”.

Mi comentario:

Eso es una gran verdad. Pero en modo alguno niega la validez ni pertinencia del concepto; niega la calidad de su práctica por parte de quienes justamente Amalio critica. Porque no hay ningún texto mínimamente serio sobre personal branding que invite a sus practicantes a falsear su imagen pública, a asumir moldes ajenos, etc., etc.. Vengo hablando de esto desde hace mucho, por ejemplo, en este post de 2015. Repito: que alguien aplique algo mal, no habla mal del algo, sino del alguien.

Y por otra parte, reafirmando lo absurdo del error criticado por Amalio —no de la crítica, sino del error-, hay un aspecto de índole conceptual que es imprescindible aclarar una vez más; he procurado hacerlo y sustentarlo en mi trabajo Marca personal: ¿medio o resultado?, de 2018. A riesgo de repetirme, afirmo que la marca personal ES UN RESULTADO, y para convertirse en medio debe ser primero ese resultado. Mismo que obedece al valor que hayamos sido capaces de aportar -o que hayamos dejado de aportar cuando debíamos hacerlo- a otras personas, a través del cual nos habremos posicionado en sus mentes de uno u otro modo, en uno u otro sentido; y en virtud de tal posicionamiento, ellas nos colocan más alto o más bajo en su escala de opciones, es decir, nos ubican como elegibles o como no elegibles. Y solo en el primer caso (por supuesto, nunca en el segundo, especialmente si ello se hace muy notorio) habremos conseguido una marca personal que, adecuadamente comunicada y visibilizada, puede ser utilizada por nosotros como un medio para muchas cosas: empleo, oportunidades de negocio, propuestas de colaboración, son las más socorridas aunque no las únicas.

El destacado colega Miquel Rossy —un excelente brander del área educacional, con quien tengo proyectos pendientes y en proceso, que ya muy pronto estarán en línea, gracias a Dios- ha propuesto algo que aún está tibio, y que me parece fantástico. Helo aquí (negritas mías):

  1. “Cualquier marca es un acto comunicativo, la síntesis de todas las comunicaciones que nos llegan acerca de una persona o una entidad.
  2. Siempre estamos comunicando, queramos o no. Por eso siempre tenemos brand, marca, aunque no haya branding, es decir la decisión de orientar y consolidar la marca.
  3. Todo acto comunicativo consiste en la construcción de un signo: un elemento material que captamos por los sentidos significará una realidad emotiva o conceptual. Así pues, todas las marcas son un signo.
  4. No importa qué tipo de marca sea: corporativa, personal, de ciudad, de país…De hecho, en realidad, no es –como muchos piensan– que la marca personal sea sólo una traslación a las personas de la marca corporativa. Lo es quizás desde el punto de vista histórico de la metodología, es decir del branding; no, de la existencia de la marca.
  5. Porque en realidad, las primeras marcas comunicativamente hablando son las personales. Todos emitimos continuamente juicios sobre los demás, desde la primera vez que entramos en contacto. Básicamente sobre su afinidad y su competencia, sobre la confianza que podemos depositar.
  6. Cuando construimos juicios sobre entidades, las estamos personalizando, las estamos tratando igual que hacemos con las personas: es amable, es ambiciosa, es radical…”

Como es fácil apreciar en este fragmento (y recomiendo encarecidamente la lectura del post aquí citado), Miquel describe en tan breve y rica síntesis el proceso a través del cual dejamos nuestra huella en los demás; y lo que nos deja dicho define mucho sobre nuestra posibilidad de controlarla, especialmente a través del cuidado de nuestra comunicación con los demás, y en general, con todo nuestro entorno. Veámoslo brevemente juntos, mediante dos citas de trabajos anteriores de un servidor.

Comunic/Arte: un must para tu marca personal

“Seas lo que seas, trabajes en lo que trabajes, y sea cual sea tu proyecto de vida y tu objetivo estratégico, no puedes materializarlo ni conseguirlo sin un ejercicio efectivo y pertinente de la comunicación. Porque en esta nueva época no podemos nada solos. Y el único modo de que quienes te rodean sepan quién eres, lo que sabes y sabes hacer, lo que haces, lo que quieres, lo que debes, lo que puedes, y cómo harás las cosas, y qué requieres de ellos, y qué les aportarás, y cómo pueden involucrarse y contribuir, y cómo va saliendo todo, y cuáles son las mejoras requeridas, y qué tanto se ha logrado, y lo bien que lo han hecho y lo feliz que estás, etc., etc… es haciéndoles saber al respecto de modo explícito o implícito (o ambos). Y solo puedes hacerlo comunicando. No informando, sino comunicando. Lo cual es un proceso, como mínimo, bidireccional, pero que debería ser siempre, en aras de la efectividad (eficiencia + eficacia), de la calidad y del impacto, multidireccional.

Y cuando ello se trata de tu marca personal (en cualquier ámbito profesional en que actúes), y muy especialmente, si tu marca personal marca a otras personas en el ejercicio del liderazgo gerencial, los requerimientos de efectividad en tu ejercicio de comunicación se multiplican por millones. Porque el impacto –positivo o negativo– de lo que eres, haces y logras (o sea, de tu marca personal) puede llegar a millones de personas, según sea el alcance de tu actividad y/o de tu organización. ¡No puedes, por tanto, equivocarte en eso!”

Marca personal y comunicación: nexo estratégico

“Comunicamos desde nuestra forma de vestir, de caminar, de sentarnos, de gesticular, de proyectar la voz, de mirar o no mirar al interlocutor, de insistir, de callar, de espaciar las palabras, de respirar, de mirar alrededor. Comunicamos con nuestro olor, con nuestro peinado, con nuestra presencia o ausencia, con nuestro trato cercano o distante, con nuestro estilo, con la mayor o menor afectividad de nuestras expresiones. Con nuestra riqueza o pobreza intelectual. Con nuestras manifestaciones emotivas, con la sorpresa que manifestamos cuando toca o no toca. Con nuestro nivel de información o de desinformación. Con nuestros modos de escribir y de leer (y esto último, no solo en presencia ajena -en cuanto a velocidad, concentración, etc.-, porque lo mucho o poco que demostremos conocer acerca de lo leído, también comunica, y mucho). Con el dominio (profundo, intermedio o pobre) que manifestamos sobre los temas que proponemos o nos son propuestos. Con las demostraciones de lo que nos gusta o nos desagrada, de lo que nos mueve o nos deja indiferentes, de lo que nos motiva o nos aleja. Con nuestras intervenciones y su oportunidad (o la falta de ella). Con nuestras buenas o malas maneras de hacer lo que sea que hagamos, especialmente en momentos y espacios de socialización.

Y lamentablemente, muchas veces no nos percatamos de qué y cómo y cuánto comunican muchas de estas cosas acerca de nosotros y nuestro ser/actuar/lograr; o sea, nos perdemos la oportunidad de gestionar nuestra marca personal desde nuestra forma de comunicarnos y comunicarla.

Y he dicho en todos los casos “comunicamos” (presuponiendo, como debe ser, el carácter al menos bidireccional de este proceso), porque, aunque no nos percatemos, es muy difícil y hasta raro que no recibamos algún tipo de respuesta a nuestros mensajes verbales o no verbales: respuestas de cualquier índole, magnitud, color, calor, intensidad y alcance, a veces imperceptibles y otras muy claras, evidentes, y hasta explosivas. El problema es que muchas veces no las captamos, o no las decodificamos, interpretamos y analizamos adecuadamente; y eso limita mucho nuestras posibilidades de marcar como deberíamos, podríamos y desearíamos hacerlo”.

¿Complementan estas ideas la propuesta de Miquel, Maestro Jordi? Y por otra parte, ¿la idea queda clara?

Y hay algo más que decir sobre el planteamiento de Amalio que aquí estoy comentando. Si bien nunca será absoluto, y posiblemente resulte imposible para algunos o muchos seres humanos en determinados momentos y circunstancias, el control de la huella que dejamos en los demás tampoco es una utopía, ni es una falsedad considerarlo posible. Porque dicha huella depende, inicial y esencialmente, de su génesis, o sea, del ser, el hacer y el logro de una persona, y de la forma en que todo ello llega a quienes le rodean y se queda en ellos. Y aunque obviamente la subjetividad de cada sujeto receptor de tales impactos es individual, y junto a otros elementos de carácter más social, dicha subjetividad determina su asimilación y valoración de lo que recibe, no es en absoluto imposible autogestionarnos para que lo que llegue de nosotros a los demás sea la expresión de nuestro esfuerzo por ser la mejor persona, el mejor profesional y el mejor ser social que seamos capaces de ser; y de tal manera, controlar al menos parcialmente la huella que dejamos en nuestro entorno humano. Al contrario, ello es plenamente posible y además, muy necesario; y la práctica del verdadero branding personal, basado en valores y enfocado a aportar valor, va en esa dirección. Nos guste o no, siempre habrá distorsiones, agresiones, descalificaciones negativamente motivadas, chismes, presiones, incomprensiones, malos entendidos, etc., etc., pero nada de eso nos niega ni la posibilidad ni el derecho a ser integralmente mejores cada día, y de influir a través de todo ello sobre quienes nos rodean y /o saben de nosotros. O sea, de trabajar para controlar la calidad de la huella que dejamos en ellos. Y personalmente, además de lo ya mencionado, yo lo considero UN DEBER de cada quien. ¿Usted qué cree, Maestro?

 

Amigo lector:

Hasta aquí la primera de la cinco entregas de esta serie, dando nuevamente gracias a Guillem por su práctica propuesta y a ti por tu gentil lectura. La semana entrante te espero con las respuestas que, como parte de este debate y defensa, yo propongo a las siguientes dos preguntas:

  1. ¿Solo podemos y debemos gestionar la componente profesional de nuestra marca personal?
  2. ¿El personal branding supone la construcción, adopción y “venta” de una “identidad calculada”?

Hasta entonces, y en espera de tus apreciaciones, consensos,  disensos y propuestas en relación con la problemática que nos ocupa, quedo a tu orden y te dejo con un cordial brand/abrazo de tu siempre amigo…

Vladimir