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4 motivos para seguir luchando

Foto: Sergio Béjar / Flickr creative commons

Ayer fue mi cumpleaños. Mi aniversario es un momento de reflexión personal sobre lo que está pasando , sobre lo que ha sido y  sobre lo que pudo haber sido y no fue. Este año mi reflexión ha estado empapada de perplejidad, rara sensación que se zarandea entre la incapacidad de actuar y la de comprender lo que está pasando.  Pobreza, culpa y falta de norte son las palabras más redundantes. ¿Qué tengo que hacer para poder ir tirando un año más?

1)    Nuestro mundo se ha hundido y yo con esos pelos. Que ya no somos lo que fuimos, es más que una obviedad. Se encargan de difundirlo desde la prensa hasta la portera pasando por el gobierno. No es que nos estemos yendo al garete, es que ya hemos recorrido una buena parte del camino hacia ninguna parte, al menos por el momento. Como dejarme llevar por las circunstancias no va con mi biología yo he optado desde hace unos meses por trabajar todavía más duramente. Soy una persona afortunada, lo sé, porque he tenido la visión de formular un proyecto personal y empresarial que me ayuda a encontrar mi norte en estas aguas socialmente turbulentas y ahora he decidido ir con los  motores a tope.  Porque nadie salvo yo mismo me va a sacar las castañas del fuego.

2)    No soy culpable de nada. La verdad es que no me siento en absoluto culpable por haber intentado vivir cómodamente en los años de bonanza.  No estoy dispuesto a expiar  pecados que no he cometido y me he apretado el cinturón, y de que manera, porque las circunstancias obligan pero con rabia, porque hubiera preferido no hacerlo y estaría más tranquilo si de una vez se pidieran responsabilidades a los que nos han llevado a esta situación y a los que teniendo que encontrar soluciones colectivas nos ahogan en la expiación de la culpa de haber vivido por encima de nuestras posibilidades.

3)    Doy gracias. Aunque pueda oler a rancio e incienso yo cada día doy gracias y he llegado a la conclusión de que me sobran motivos. Ser agradecido con la vida me pone en situación de valorar lo que tengo por encima de lo que me falta y de lo que he perdido. Me he creado el hábito de encontrar tres cosas al final del día, sólo tres, por las que dar gracias. Y aunque pueda parecer que va contra el signo de los tiempos las tres cosas día tras día aparecen. No se trata de gestos heróicos si no de pequeños signos cotidianos que nos ayudan a seguir adelante. Cuando menos te lo esperas aparecen unos ojos sonrientes que te cambian la vida.

4)    Me comprometo. Reafirmo mi compromiso por seguir impulsando personas, por poner mi experiencia y conocimiento para ayudar a gestionar la marca personal de los que confíen en mi y para impulsar proyectos e ideas de negocio. Sé que de esta manera contribuyo a que el mundo sea mejor y más habitable. Pero también me comprometo con mi entorno porque sé que no estoy solo y los tiempos actuales requieren respuestas colectivas, doy mi apoyo a quienes quieran tomar el testigo de trabajar para todos nosotros desde cualquier ámbito pero especialmente desde la acción política que necesita grandes dosis de renovación.

Os tendré al corriente dentro de un año del nuevo estado de las cosas.  Doy gracias a todos los que me leéis y me apoyáis a través de las redes sociales, sé que no estoy solo.

¿Aún no sabes de qué eres culpable?

¿Te sientes culpable de la situación actual de nuestra economía? ¿Realmente has vivido por encima de tus posibilidades? ¿ Has gastado a manos llenas  endeudándote y poniendo en peligro tu economía y la de tu entorno? ¿Te fastidia que te acusen y te culpabilicen  por lo que ni has hecho ni tenías intención de hacer?

El mensaje de que nos hemos pasado nos llega desde todos los ángulos posibles, nos ametrallan tanto da que sea un político, como un banquero o ,lo que es peor, bienintencionados profesionales de la ayuda que nos quieren vender lecciones de cómo hemos de asumir nuestras presuntas faltas, soportar el dolor de los recortes y encima dar gracias por tener la oportunidad de contarlo.
Por mi parte ya basta. No me siento culpable de nada, no he hecho nada malo, me solidarizo con los que se endeudaron porque lo hicieron partiendo de unos supuestos de mantenimiento de una situación personal y profesional que ha cambiado y me fastidia que nos acusen de manirrotos los mismos que han fomentado el crédito fácil. Y me fastidia en lo mas profundo de mi persona que sólo tengamos que pagar unos cuantos. Repito, ya basta y no tengo consciencia de hacer demagogia fácil.
Que una parte del mundo al que estábamos acostumbrados se desmorona, es cierto. Que hemos de cambiar de gafas también y hablo muy a menudo del cambio de paradigma porque muchas cosas nunca serán igual que antes y que hemos de tomar cartas en el asunto se me aparece cada vez como más evidente porque de no hacerlo estamos dando la razón a los que nos desacreditan, nos insultan y nos empobrecen. Ni me lo merezco ni nos lo merecemos y por esto creo que hemos de actuar, hemos de tomar el protagonismo como personas y buscar nuestro lugar en la nueva realidad que se nos viene encima a pasos agigantados.
Pensando en todo esto me viene a la memoria un fragmento del libro de Viktor Frankl “El hombre en busca de sentido” (Ed. Herder, Barcelona 2004) en el que nos habla de la apatía. Frankl, supongo que muchos lo sabéis, fue un psiquiatra que sobrevivió a la barbarie de los campos de concentración nazis gracias a encontrar algo transcendente por lo que luchar durante su cautiverio. Nos cuenta que uno de los resultados de la situación de insultos y vejaciones a la que estaban sometidos los presos era la apatía. “La apatía,…, actuaba como mecanismo inevitable de autodefensa. La realidad se desvanecía ante nosotros, el mundo emocional se amortiguaba, y todos los esfuerzos se concentraban en una sola tarea: conservar nuestra vida y la de los  camaradas amigos. Cuando la noche caía y los prisioneros-como rebaños- regresaban al campo desde sus lugares de trabajo, con frecuencia se escuchaba un respiro de alivio y un susurro: “Menos mal, vivimos otro día más””.
Salvando las distancias en el tiempo y en la tragedia, cuando recordaba el párrafo que acabo de transcribir me entraba el temor de que si no reaccionamos con fuerza, contundencia y, por que no, rabia corremos el riesgo de convertirnos en apáticos. Y si nos instalamos en esta nefasta zona de confort la salida será difícil. ¿Nos vamos a dejar atrapar en esta trampa?
De esto podemos acabar siendo culpables.

Jordi Collell / Coach y Asesor de marca personal

Un Sultán Soñó

Comunicación asertiva

El otro día estaba disfrutando uno de esos fantásticos desayunos de trabajo con mis socios, Jordi, Ignasi y Guillem y  manteníamos una conversación  sobre marca personal y en esos momentos a Guillem se le ocurre decirme, “¿por qué no escribes un post sobre asertividad? “. Inmediatamente mi parte racional empezó a investigar sobre el tema. Después de recopilar mucha información sobre el origen de la palabra, las aplicaciones, los beneficios, etc.… encontré un cuento que creo que  transmite muy bien el significado de la comunicación asertiva.

Los cuentos nos conectan directamente con nuestra parte más emocional, con nuestros deseos, con la posibilidad de imaginar el mejor de los mundos, el que más nos acerca a nuestro propio centro.

Como dijo  Aristóteles Nada llega al intelecto que no haya pasado antes por los sentidos”.

Quiero compartir con todos vosotros este breve e intenso relato extraido de “Las mil y una noches“, la famosa recopilación de cuentos árabes.

“Un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó llamar a un sabio para que interpretase su sueño. “¡Qué desgracia, Mi Señor! Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad”, dijo el sabio. “¡Qué insolencia! ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí! ¡Que le den cien latigazos!”, gritó el Sultán enfurecido. Más tarde ordenó que le trajesen a otro sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo: “¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes”. Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro. Cuando éste salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado: “¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer sabio. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro. El segundo sabio respondió: “Amigo mío, todo depende de la forma en que se dice. Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura ciertamente será aceptada con agrado.”

La comunicación  asertiva significa  expresar  nuestra opinión de forma  consciente, congruente, clara, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia.

Si reflexionamos, las quejas  más habituales en el entorno empresarial están relacionas con  la falta de comunicación y las relaciones tóxicas que se establecen con los demás y en muchas ocasiones esto nos provoca estados de  tensión y ansiedad. Hay que  aprender a  relacionarse con los iguales, subordinados y superiores de manera asertiva, saber presentar solicitudes y demandas, saber pedir favores sin rebajarse y sin molestar, decir no cuando es necesario.

¿Alguna vez te has quedado pensando que deberías haber dicho algo, y no lo dijiste? En ese caso fuiste pasivo  ¿Alguna vez has dicho algo y te has quedado mal porque piensas que parecías un déspota? ¿Sentiste que los demás no pudieron decir lo que pensaban por tu actitud? En ese caso fuiste agresivo.

Podemos concluir diciendo que la asertividad se basa en el respeto y por tanto comporta la libertad para expresarnos respetando a los demás y asumiendo la responsabilidad de nuestros actos.

Montse Taboada / Personal Branding Coach / soymimarca