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Primero de Mayo, Políticos y Marca Personal

Mañana es Primero de Mayo. Este año se presenta triste y complicado. Con un paro que parece incontrolable y ya afecta a más de 5 millones y medio de personas que es el 24,4% de la población activa y parece no tener freno.  La política de austeridad está escribiendo el epitafio del estado del bienestar y nuestros políticos,  que parecen no tener margen de maniobra, dan la sensación de ir dando bandazos sin conseguir ningún éxito.

Este Primero de Mayo nuestra democracia está un poco más debilitada en otro proceso que parece también no tener final  y que viene marcado por directrices impuestas desde el exterior por personas e instituciones que no han sido elegidas democráticamente. Terceros países y los así llamados mercados marcan el ritmo de la piqueta que derriba el estado del bienestar.

Nuestros políticos están desacreditados, todos, es vox populi, no nos engañemos. Mensajes desafinados, promesas incumplidas justo casi en el momento de formularlas, impotencia, reproches, falta de unidad ausencia de sentido de Estado son entre otros algunos de los piropos que he oído en foros muy diversos.

Los políticos están lejos de la gente, de su gente, de todos nosotros. Su actividad parece centrarse en activar los resortes electorales para auparse en el poder o renovar mandatos y una vez conseguido este propósito se produce un barbecho comunicativo hasta la siguiente contienda. No hay explicaciones claras, no hay empatía y si un velado tono de amenaza de que lo peor puede estar todavía por venir. Y así cuando un político no es renovado en su mandato desaparece como si se lo hubiera tragado la tierra o acaba siendo una caricatura de su peores momentos.

A pesar de todo lo anterior estoy profundamente convencido de que los políticos son imprescindibles. Sin ellos la democracia no tiene sostén y por el momento no tenemos ningún sistema mejor. Sin proximidad a la gente el sistema se desmorona y la proximidad como la magia de Juan Tamariz requiere espacios  cercanos y directos. La proximidad requiere un esfuerzo de gestión de la Marca Personal.

En un sistema electoral de listas cerradas se produce la paradoja de que los electores aun pareciendo que tienen la voz mandante depositando su voto en las urnas su posibilidad de elección está limitada al contenido de una lista en la que votan a personas que son de su agrado y a otras que ni siquiera conocen. Una parte significativa del poder pasa a manos de quienes confeccionan las listas. Y nuestros políticos tiene que servir a dos tipos de clientela, su propio partido que es en definitiva quien le autoriza a ir o  no a la contienda electoral y a sus electores que son los que simplemente rematan la faena.

La proximidad, el seguimiento real del día a día se produce primordialmente en el interior del partido  o a través de los medios y en muchos casos viene marcado más por los sondeos que por la real satisfacción y comprensión de los ciudadanos y ambos no tienen por qué coincidir.

Si ahora hablamos de marca personal de manera generalizada y su gestión está al alcance de la mayoría de personas es gracias a la irrupción de internet. Internet y las redes sociales han democratizado el personal branding y lo que antaño solo se lo podía permitir una minoría ahora está abierto a todos.

Un político es un ciudadano más y tiene a su disposición los mismos instrumentos para difundir su mensaje, para contactar con su público y para crear conjuntamente acciones políticas y de gobierno. si hablamos de marketing 3.0 , que toma en cuenta de manera continua, en todo momento lo que piensa y requiere el consumidor para ofrecer productos basados en los valores también y por analogía podemos hablar de política 3.0.

Los políticos con marca personal serán 3.0. Proyecto, estrategia  con los valores bien explicitados y comunicación serán los puntos de partida para interactuar con su público y dar respuesta a las necesidades reales.

Nuestro país se lo merece, la democracia lo necesita y entre todos sabemos como hacerlo. Seguiremos hablando.

Feliz Primero de Mayo.

¿Tú te indignas o tragas con todo?

Que estamos en un mundo global e interconectado no es ninguna novedad, que un acontecimiento que se produce vete a saber dónde afecta a nuestro país es el pan de cada día, que sin haber tenido ninguna posibilidad de influencia nos digan que en virtud de decisiones ajenas nos hemos pasado y hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y que ahora nos toca ajustar el cinturón es otra verdad que se nos repite machaconamente.

Que los que han provocado la situación obtienen beneficios cada vez mayores, son objeto de ayudas públicas y que no parecen tener la intención de devolverlas es otra evidencia cotidiana.

¿Y nosotros que hacemos? ¿Nuestra marca personal se resiente de la situación o permanece indemne? ¿Pasamos ya de todo o pensamos actuar?

Stéphane Hessel

En Francia el nonagenario Stéphane  Hessel, 93 años,  un pasado de lucha por la libertad y  redactor, entre otras cosas, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ha publicado un opúsculo que ha hecho furor, más de un millón de ejemplares vendidos, titulado “Indignaos”,  que acaba de aparecer en España de la mano de la editorial Destino,  invita a los lectores a indignarse.

Hessel identifica la indignación como  el detonante del movimiento de Resistencia contra la invasión nazi en Francia que se cargó de un plumazo los valores de libertad, igualdad y fraternidad, los valores democráticos, forjados tras largo tiempo de lucha y compromiso.

En los tiempos que corren y en nuestro país no estamos sufriendo agresiones tan evidentes como la que supuso la guerra de 1939/45 en Francia y en Europa. Las razones para indignarse pueden parecer menos evidentes y no es fácil distinguir entre  quien gobierna y quien decide, y todo está más interconectado que en ningún otro periodo de la historia.

La buena pregunta es ¿debemos aguantar estoicamente todas las situaciones que se producen? ,  ¿Hemos de aceptar las acusaciones de malgastadores y frívolos que nos están lloviendo?, ¿El ajuste de cinturón es para todos o sólo para unos cuantos que son los que además están pagando el desaguisado? Y a la vista de lo anterior, ¿hay o no hay razones para indignarse?

Frente a situaciones injustas e insoportables hay dos tipos de respuesta: la indignación o la indiferencia. La acción o la impotencia. El compromiso o el aceptar que no se puede hacer nada y ¡qué le vamos a hacer¡.

Indignarse sirve para poner en conocimiento de los que nos gobiernan que las cosas se están poniendo realmente pardas. Los servidores públicos, nuestros políticos, que me merecen todo el respeto sea cual sea su color, necesitan recordatorios para que, en palabras de Hessel no dimitan y no se dejen impresionar por la actual dictadura de los mercados financieros que amenaza la paz y la democracia.

Las personas con marca se distinguen del conjunto por sus decisiones y por sus actitudes, huyen de lo gris  y de lo políticamente correcto, quieren ser singulares y dejar huella. Son personas comprometidas y por ello acaban siendo la opción preferente. ¿Puede tener marca personal alguien que no tenga la capacidad de indignarse?

Os recomiendo la lectura del libro.