Entradas

Personal branding, el arte de invertir en ti (7). ¿Tienes visiones?

Visión y marca personal: sin destino no hay hoja de ruta posible

En branding personal, no hace falta ser visionario para tener una visión. Tu puedes tener una. O varias.

Bill Gates. Fuente: Flickr CC

Uno de los ejercicios complejos en una estrategia personal es tratar de definir una visión a largo plazo. Es un ejercicio de proyectiva, de creación de escenarios, y tiene mucho que ver con la consecución de un sueño, de un objetivo difícil pero alcanzable con esfuerzo, pasión, creatividad y disciplina.

Un buen ejemplo de visión lo tendríamos en Bill Gates, fundador de Microsoft, quien imaginó en su juventud que todos los hogares podrían disponer de un ordenador. En su momento, ese sueño podía rozar la obscenidad, ya que los ordenadores existentes en el momento de formular la visión ocupaban el tamaño de una habitación y su coste los hacía reservados para grandes corporaciones, universidades y el estamento militar.

Un ejemplo coetáneo al anterior es la visión del desaparecido fundador de Apple, Steve Jobs, quien soñó con la posibilidad de que cualquier personal sin conocimientos de informática pudiera manejar un ordenador. Esa fue la antesala del Macintosh.

Lo cierto es que sin una visión es difícil llevar a cabo una planificación estratégica personal eficaz, ya que la visión es un destino, y sin destino no hay hoja de ruta posible.

Un dibujo mental

Redactar la visión es una tarea más fácil si somos capaces de hacer trabajar al lado derecho de nuestro cerebro haciendo un dibujo, aunque sea mental. En ese dibujo tenemos que imaginar por qué queremos ser reconocidos en 10 o 15 años. Si unos capítulos atrás hablábamos de gestionar nuestra fama (en pasado), aquí hablamos de planificar nuestra fama (futuro).

Esfuerzo, pasión, creatividad y disciplina

No vale decir “quiero ser el mejor”, hay que currárselo un poco más y aplicar también pasión (sin ella no somos personas), creatividad (sin ella seremos uno más) y finalmente hemos de ser disciplinados en el camino para llegar. Por ejemplo:

En diez años, quiero ser un referente de innovación en el campo del desarrollo personal en los países de habla hispana.

Ahora te toca a ti.

¿Por qué sabemos la verdad en dos segundos?

Merrill dijo que si tomaba decisiones deprisa acertaba el 60 % de las veces. Si se tomaba tiempo acertaba el 70% de las veces. Sin embargo, ese 10 por ciento extra pocas veces valía el tiempo que invertía.

Una de las pequeñas cosas con las que disfruto es entrar en las grandes librerías con el objetivo de pasar un rato agradable mirando libros, aunque normalmente siempre  acabando comprándome uno. Eso mismo hice, ya hace un par de años, cuando entré en Excelence y me compré un libro  simplemente porque me llamó la atención su título. Hace poco en una reunión con mis socios y con Pablo Adán salió el tema y les recomendé el famoso libro titulado Inteligencia Intuitiva de Malcon  Gladwell,  y quién me iba a decir en ese momento que me serviría, entre otras muchas cosas, para escribir este post sobre  la Intuición.

Pongámonos en situación,  ahora imagínate que empiezas a cruzar una calle y de repente te das cuenta de que un camión se te viene encima ¿tienes tiempo para pensar en todas las opciones posibles? Naturalmente que no.  Si los seres humanos hemos sobrevivido tanto tiempo como especie es sólo gracias a que hemos desarrollado otra clase de inteligencia a la hora de tomar decisiones de forma rápida y elaborar juicios muy rápidos a partir de poca información.  La parte del cerebro que se lanza a extraer esta clase de conclusiones se llama inconsciente adaptativo y el  estudio de esta forma de tomar decisiones es uno de los nuevos campos de estudio de la psicología.

Está nueva noción del inconsciente adaptativo  se concibe como una especie de ordenador gigantesco que procesa de forma rápida y silenciosa muchos de los datos que necesitamos. Se las arregla estupendamente para hacerse una composición rápida de lugar de lo que nos rodea, advertirnos de los peligros, establecer metas e iniciar acciones de forma elaborada y eficaz.

Cuando nos reunimos con alguien por primera vez, cuando entrevistamos a alguien para un empleo, cuando tenemos que tomar una decisión rápidamente y estamos sometidos a estrés, solemos utilizar esa parte del cerebro.

Te has preguntado alguna vez ¿por qué algunas personas son  brillantes a la hora de decidir y otras no? ¿Por qué algunos siguen su instinto y triunfan, mientras que otros siempre acaban dando un paso en falso?

Las personas intuitivas y que actúan en consecuencia, suelen tener mayor éxito. Estas personas desarrollan una perspicacia superior  que les permite percibir situaciones complejas en repentinos saltos de lógica.

Daniel Isenberg, profesor de negocios de Harvard, estudió a directivos de grandes empresas. Después de observarlos identificó cinco maneras diferentes en que los directivos utilizan la intuición.

  1. Les ayuda a detectar la existencia de un problema
  2. Para comportarse rápidamente de acuerdo a unos patrones de conducta bien aprendidos.
  3. Para comprobar los resultados de un análisis racional. Buscan hasta que esa sensación “en las tripas” y su intelecto van parejos.
  4. Para sintetizar retazos aislados de datos y experiencia en una imagen integradora.
  5. Para soslayar una análisis en profundidad y presentar una solución rápida.

Charles Merrill fue un filántropo, corredor de bolsa y uno de los fundadores de Merrill Lynch & Company, una vez  dijo  que si tomaba decisiones deprisa acertaba el 60 % de las veces. Si se tomaba tiempo acertaba el 70% de las veces. Sin embargo, ese 10 por ciento extra pocas veces valía el tiempo que invertía.

Tanto si crees que puedes hacerlo como si no, estás en lo cierto

Probamente  muchos de vosotros  mientras leíais este post, os ha venido a la mente algún momento o alguna situación en la que vuestra  intuición os ha llevado al éxito… Creo que ya es hora de que te escuches, que reconozcas que eres intuitivo y que creas en ti mismo, sólo así podrás construir una marca auténtica y coherente contigo mismo.

Montse Taboada / Personal Branding Coach / soymimarca

Valores personales y marca personal, por @guillemrecolons

¿Por qué las personas somos felices cuando hacemos lo que nos gusta y nos sentimos mal al hacer algo que va contra nuestros principios?

Porque afecta directa o indirectamente con nuestros criterios de valoración, nuestros valores (no confundir con creencias).

Si valoramos la disciplina, estaremos a gusto con aquellas actividades que incluyan un código de conducta rígido y ordenado (el ejército, por ejemplo). En cambio, si en esas condiciones nos obligan a desarrollar actividades creativas nos llegará la frustración.

A menudo, existen valores contrapuestos, como disciplina y creatividad, pero hay personas que pueden abrazarlos sin problemas.

Aquí listamos algunos valores positivos que desde soymimarca creemos que son los más relevantes: Respeto, Honestidad, Amor, Éxito, Diversión, Intimidad, Contribución, Creatividad, Justicia, Reconocimiento, Privacidad, Integridad, Disciplina, Seguridad, Paz, Aventura, Poder, Pasión, Salud, Confort, Responsabilidad, Mejora continua, Familia, Esfuerzo, Mérito.

Por supuesto, también existen valores negativos, como los celos, el temor, la humillación, la depresión

A la jerarquía de valores la llamamos escala de valores. Creamos nuestro “top 5”.

Si nos marcamos un objetivo en nuestra vida, en nuestro trabajo, en nuestro entorno, y no tenemos en cuenta nuestros valores, entraremos en un conflicto interno que creará un freno para llegar al éxito.

También es importante evitar los conflictos de valores, como tratar de ayudar a un pariente saltándonos normas cívicas. A veces, ciertos valores actúan como pantalla, como el éxito o el ansia de poder, que pueden desequilibrar otros aspectos de nuestra vida como nuestras relaciones personales

Nuestros valores están al frente de nuestra marca personal, y marcan nuestro comportamiento. Por eso es tan importante identificarlos, ordenarlos por prioridades y ser consecuentes. Por ejemplo, una persona que valore su intimidad y privacidad no debe ser forzada a exponer públicamente aspectos interiores de su vida. Una persona que valore la seguridad y la paz podría pensar en dedicarse al orden público.

Fotografía: shutterstock.com