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Lidérate

Cuando hablamos de liderazgo solemos pensar en liderar otras personas, motivarlas, tener seguidores… Pero nada de todo esto es posible si no somos capaces de liderarnos a nosotros mismos. Y para que esto suceda, son necesarios básicament 3 elementos: autoconocimiento, equilibrio y autoestima.

soymimarca.com / Personal Branding

El primero de los elementos es el autoconocimiento, es decir, conocerse a uno mismo. El autoconocimiento resulta imprescindible, no sólo para liderar a los demás sino también para liderarse a uno mismo y vivir una vida plena.

Ya lo decía Aristóteles hace muchos años, “conocerte a ti mismo es la base de cualquier sabiduría”.

Y es en este punto donde la mayoría de personas solemos tener problemas. Durante nuestra vida, especialmente en la escuela y la universidad hemos conocido y aprendido gran cantidad de conocimientos, hemos memorizado muchísimos conceptos (la mayoría de poca utilidad)… pero por el contrario, nunca nadie nos ha enseñado una cosa tan básica como conocernos a nosotros mismos.

Además, con el ajetreo del día a día, el teléfono móvil, las redes sociales, whatsapp… cada vez resulta más difícil que tengamos tiempo para nosotros mismos, para mirarnos introspectivamente y empezar a conocernos de verdad. Y esto supone un gran problema.

Algunas personas apuntan que “el desconocimiento de uno mismo es el auténtico analfabetismo del siglo XXI”.

Debemos por lo tanto y cuanto antes, dedicar tiempo a pensar, a conocernos, a hablar con nosotros mismos. En este sentido, la ayuda de familiares y profesionales expertos en el tema (psicólogos, coachs…) nos puede ser muy valiosa. En un mundo tan competitivo como el actual y en una situación tan compleja a nivel político y económico no nos podemos permitir, bajo ningún concepto, continuar siendo unos analfabetos en el siglo XXI.

También es muy necesario, como apuntaba en el principio, vivir en equilibrio. Seguro que todos conocemos grandes líderes cercanos, que cuentan con grandes conocimientos técnicos y muy buenas competencias interpersonales que han fracasado porque se han desequilibrado. Y cuando digo desequilibrado no quiero decir que se hayan vuelto locos, sino que han perdido su equilibrio tan necesario como personas como imprescindible para desarrollar un buen liderazgo. Demos, por lo tanto, intentar equilibrarnos lo antes posible.

Tenemos que compaginar nuestra vida profesional con la personal, dedicando tiempo a la familia, practicando deporte, disfrutando de aficiones y cuidando también nuestra salud con unos buenos hábitos alimentarios, de descanso…

De esta forma, seremos mucho más felices y haremos mucho más felices a las personas que nos rodean y además, rendiremos mucho más en el ámbito profesional y podremos liderar de forma mucho más eficiente.

Y en último lugar, resulta extraordinariamente necesario para liderar a los demás y para liderarse a uno mismo contar con un buen nivel de autoestima. La autoestima es el conjunto de percepciones, sentimientos y evaluaciones que una persona tiene de sí misma. Está influenciada genéticamente pero también la podemos gestionar con nuestro comportamiento. Está demostrado que las personas que disponen de relaciones afectivas tienen niveles de autoestima superiores. Nos tenemos que esforzar para rodearnos de personas que nos hagan sentir bien, tanto en el entorno profesional como en el personal. Además, para disfrutar de un buen nivel de autoestima también debemos estar ocupados en diferentes actividades sean remuneradas o no. Y las mejores ocupaciones son aquellas que nos plantean retos superables y ponen a prueba nuestra aptitudes intelectuales, sociales o físicas.

Por lo tanto, recuerda que si quieres liderar efectivamente a los demás, en primer lugar tienes que liderarte a ti mismo. Y para conseguirlo, resulta imprescindible dedicar tiempo al conocimiento de uno mismo, vivir una vida en equilibrio y también rodearnos de buena gente y estar ocupados en diferentes retos. Ya sabes, si quieres liderar y cambiar el mundo, lidérate y cámbiate a ti mismo.

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Personal Branding, el arte de invertir en ti (12). La paciencia como valor pilar

Estamos habituados a tener lo que necesitamos de manera instantánea. Nos cuesta aceptar que tengamos que invertir tiempo para conseguir algo porque a pesar de la crisis todavía somos bastantes los que tenemos cubiertas nuestras necesidades básicas. Pero, ¿qué pasa cuando las cosas van más lentas de lo que esperábamos o simplemente se tuercen?

La paciencia es uno de los valores fundamentales de la marca personal.

Las cosas importantes no suceden de un día para otro, sino que se van forjando lentamente hasta que salen a la luz. Tener la pretensión de querer ser la opción preferente de manera instantánea es solo eso, una pretensión.  Porque gestionar nuestra marca personal requiere tiempo para conocernos bien, para descubrir lo que realmente queremos, y para darlo a conocer.

Y a pesar de tener las cosas muy claras y los planes muy definidos siempre aparecen circunstancias no previstas en el guión que hacen que aquello que parecía fácil y directo sea más costoso.

La paciencia es una actitud que nos permite soportar los contratiempos y las dificultades para conseguir un objetivo. Nos ayuda a pasar por situaciones difíciles, muchas veces caóticas, sin derrumbarnos y nos da fuerzas para superar las ganas de abandonar, de tirar la toalla, sin duda una de las más terribles tentaciones.

Tener paciencia no tiene nada que ver con aguantar lo insoportable, no es una actitud pasiva sino todo lo contrario. Es saber ver la luz al final del túnel y eso requiere tener unas metas muy trabajadas y definidas.

Foto: Flickr CC

En todo proceso de gestión de la marca personal que se precie se sientan las bases para desarrollar la paciencia y el Método del Iceberg es una buena herramienta, una de las mejores. Cuando definimos la misión y la visión, cuando sabemos hacia donde vamos y con que medio de transporte, estamos desarrollando el músculo de la paciencia, estamos iluminando el final de nuestro camino para que sea visible en todas las circunstancias.

Trabajar con el fin en la mente, en palabras de gran Covey, “es imprescindible para poder ser pacientes y saber esperar aquello que queremos conseguir sin resignarnos a rebajar nuestras ambiciones”.

Educar la paciencia implica desarrollar una sensibilidad para identificar los problemas, los contratiempos, las alegrías, los logros y los fracasos del día a día. La paciencia es un valor de marca personal que se apoya en el resto de los valores y que nos permite tener siempre y frente a cualquier circunstancia una actitud optimista y una vida equilibrada.

Ser paciente implica ser creativo e innovador para adaptarse a las circunstancias que van surgiendo sin olvidar lo esencial de nuestra meta, para convertir los momentos de espera en momentos útiles, para sacar provecho de la adversidad.

La paciencia nos ayuda también a transmitir seguridad y sosiego a los demás, a no ver siempre la botella medio vacía y de esta manera tenemos más posibilidades de ser tenidos en cuenta, de ser memorables.

Desarrollar este valor de marca personal requiere una dosis elevada de conexión con uno mismo y de fidelidad con lo que nos hemos propuesto, porque una vez más, sólo de nosotros depende que seamos capaces de gestionar y dirigir nuestra vida.