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El personal branding no busca la fama, si uno no quiere

 

Tres preguntas fáciles para este lunes:

  1. ¿Tienes algún amigo millonario?
  2. ¿Tienes algún amigo famoso?
  3. ¿Tienes algún amigo razonablemente feliz?

O mucho me equivoco o has podido responder afirmativamente a cada pregunta. Pero, la reflexión es la siguiente:

  • No todo millonario es famoso (ni quiere serlo).
  • No todo famoso es millonario (aunque quizás le gustaría serlo).
  • No todo millonario es razonablemente feliz, como tampoco lo es todo famoso.
  • Y por supuesto no toda persona razonablemente feliz es millonaria ni famosa.

¿Qué significa esto?

imagen: Google CC

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El personal branding no tiene como objetivo que te hagas millonario, que seas famoso o que seas feliz. El objetivo del personal branding es ayudarte a llegar donde quieres llegar. Se trata de TU objetivo. Si no quieres ser famoso, no te fuerces a serlo.

Últimamente se ha banalizado mucho la utilidad final de una estrategia de marca personal, y cualquiera se atreve a decir cosas como “aprende a crear tu marca personal” o “consigue la fama con la marca personal”.

Hemos hablado largo y tendido de que una estrategia de personal branding es un proceso estratégico. Nos puede ayudar a emprender un proyecto, a mejorar nuestra posición laboral, a gestionar el tiempo para sacarle más jugo a la felicidad, a conocernos mejor, a visualizar una posición a 10 años vista…

Y el consultor de personal branding debe ser, ante todo, un buen consultor. Si puede ser especializado en la materia mejor. Ah, y no será necesario que sea famoso ni millonario. Aunque apuesto algo a que será alguien que disfruta de la felicidad.

Ella no es Madonna, pero tiene marca

Estos días hablo mucho de marca personal, qué le vamos  hacer. Hablo con una mujer, una excelente mujer. Luchadora, tenaz, persistente… y hablamos de marca personal.

Ella me dice que si hay que ser Rita Hayworth, Carolina Herrera o Pilar Bardem para ser una marca. Yo le digo que no, que no hay que confundir famosa y marca personal.

El famoso o la famosa tiene marca por castigo, se la ponen los demás. Se limita a actuar, a posar o a sonreir, sin embargo puede ser muñeco, alguien que interpreta un personaje ajeno a su propia existencia, un papel asignado por los medios, los fotógrafos, los biógrafos o quién sabe quién.

Muchas han sido víctimas de su propio papel, pobre Norma Jean, ensombrecida y secuestrada por ese montaje llamado Marilyn. Y pobre de Withney Houston, viviendo a lomos del caballo de la muerte incapaz de sobreponerse a la presión de ser quien es, y tantas y tantos Elvis o Virginia Wolf atrapados en una personalidad ajena. Creo que nunca sabremos la marca que eran, ya que juzgarlos por su legado me parece algo superficial.

La marca personal es más fácil, y también más discreta. Nos rodea, la conocemos, está junto a nosotros y a veces no la vemos. Hay muchas pero hay que conocerlas. Pasa el tiempo y ahí sigue, pertinente en su camino, obstinada en llegar a su meta. Tiene valores, y todos los conocemos, es coherente, amistosa y divertida. Todos quieren estar con ella, por algo será.

Y tú me lo preguntas, cariño. Marca personal eres tú.

¿Hasta que punto crees conocerte? La ventana de Johari

O dicho de otra manera, ¿Sabes de qué tienes fama? porque aunque no te des cuenta tu eres famoso y los demás, amigos, familia o conocidos, te reconocen por rasgos que son tuyos y solamente tuyos. Identificar tu punto de fama personal e intransferible es fundamental para verificar si lo que los demás perciben de ti está en línea con lo que realmente eres porque en caso contrario pueden tener una visión tuya distorsionada.

Una de las sesiones más valoradas en nuestras formaciones hace referencia, precisamente, a este aspecto.

Aunque no nos demos cuenta siempre estamos emitiendo información sobre nosotros mismos y las personas que la reciben la procesan y elaboran sus propias conclusiones. Como se trata, por nuestra parte, de un proceso espontáneo es muy difícil que tomemos consciencia de lo que vamos poniendo en conocimiento de los demás ya que en muchas ocasiones se trata de mensajes puramente gestuales  o muy sutiles.

Para poder entender como funciona el flujo de información que compartimos con los demás usamos herramienta creada por dos psicólogos Joseph Luft y Harry Ingham que es conocida como la Ventana de Johari.

La ventana se divide en cuatro zonas en función del grado de conocimiento que tenemos de la información que emitimos.

Existe una zona pública en la que la información que circula es compartida libremente con los demás. Todos tenemos la misma información y somos completamente conscientes de ello.

Cuando la información solo es conocida por nosotros estamos en nuestra zona secreta, la más íntima y personal. Los demás desconocen por completo lo que allí se cuece y nos encargamos con esmero de que así sea.

En estas dos zonas tenemos controlada la información que emitimos y la compartimos en función de nuestras apetencias o decisiones.

Pero los demás nos ven y nos observan y sacan sus propias conclusiones, y por la razón que fuere no nos devuelven la información. Estamos en nuestra zona ciega. Aquí la información está fuera de nuestro control, es zona peligrosa porque pueden salir a la luz cosas sorprendentes sobre nosotros que cuando nos las cuenten nos pueden dejar muy sorprendidos y no siempre de manera positiva. Poder mover información desde aquí hasta la zona pública nos devolverá el control sobre una parte muy importante de nosotros.

Finalmente emitimos información que no controla nadie, es nuestra zona desconocida, se puede tratar de talentos que todavía no hemos descubiertos o de comportamientos que sólo se dan en determinadas circunstancias que aún no han sucedido. En la medida que avanzamos por el camino de la vida y nos vamos conociendo mejor la información de esta zona se sitúa en alguna de las otras.

Tener el conocimiento y el control de la información que circula sobre nosotros es el primer paso para poder gestionar nuestra reputación y para poder poner en marcha procesos de cambio y de mejora.

Personal Branding, el arte de invertir en ti (6). Gestiona tu fama

Desde el momento en que nacemos llevamos la marca personal a cuestas porque  empezamos a dejar grabada nuestra huella en el corazón de los demás.  De manera imperceptible, sin que nadie se de cuenta en la mayoría de los casos, las personas que nos rodean acaban teniendo una opinión sobre nosotros que con el paso del tiempo se va consolidando, se trata de nuestra fama.

Porque todos somos famosos por algo aunque nos parezca chocante. La fama no es un atributo reservado a los personajes públicos y a las celebridades.

Cuando nos planteamos gestionar nuestra marca personal es fundamental poder descubrir qué es lo que los demás interpretan de nosotros porque nos permitirá saber si lo que transmitimos está en línea con lo que realmente somos. ¿Cuántas veces hemos manifestado no reconocernos en un comentario que otras personas han hecho sobre nuestro comportamiento o nuestras actitudes?

Cuando lo que proyectamos es muy distinto de lo que realmente somos estamos, sin querer, alimentando una imagen distorsionada de nosotros que afecta de manera evidente a nuestra marca personal que es el reflejo de nuestra identidad. ¿Para que nos sirve averiguar quienes realmente somos si al final lo que los demás perciben no tiene nada que ver?

Las cosas no son tan fáciles como parecen, los seres humanos somos complejos y hay algunos aspectos de nuestra personalidad que nadie conoce, ni nosotros ni los demás. Es nuestra parte desconocida y cuando lo que esconde se pone de manifiesto, que tarde o temprano acaba sucediendo, todos nos extrañamos. Esta es una de las razones por las que el autoconocimiento es el primer paso en la gestión de la marca personal.

En otros casos manejamos información sobre nosotros que no proyectamos hacia el exterior y de la que las personas que nos rodean no tienen la más absoluta idea, es nuestra parte más íntima, es nuestra parte secreta. Todos tenemos derecho a la privacidad, faltaría más, pero hemos de ser conscientes que bien sea por exceso de celo, por la costumbre o por lo que sea, en numerosas ocasiones nos guardamos información que puesta en conocimiento de los demás ayudaría a que se formaran una opinión más exacta sobre nosotros y ayudaría a mejorar y consolidar nuestra marca personal. Todo tiene, como siempre sus pros y sus contras.

Y puestos a no enterarnos de las cosas muchas veces transmitimos informaciones sobre nosotros al exterior sin ser consciente de ello y el resultado final  es que los demás saben cosas sobre nosotros de las que no tenemos la más absoluta idea. Son cosas, actitudes e información que no somos capaces de ver, se trata de nuestra parte ciega. ¿Nos ha sorprendido alguna vez que los demás hayan asumido sin extrañarse reacciones nuestras en las que no nos reconocemos?

Finalmente manejamos información que es conocida por todos. Aquí nos movemos con absoluta comodidad porque las cartas están siempre boca arriba, transmitimos lo que somos y los demás reciben el mensaje en su integridad. Nadie se lleva a engaño, somos transparentes. Es nuestra parte pública y en ella nuestra marca personal se desarrolla de manera libre. En la medida que vayamos desplazando información de la zona desconocida y secreta o tomemos consciencia de lo que se acumula en la zona ciega iremos alimentando esta zona pública y conseguiremos ser más transparentes.

Nuestra fama se mueve en las zonas conocidas por las demás personas, en la medida que podamos saber lo que realmente transmitimos iremos descubriendo en que somos realmente famosos y si queremos gestionarla posiblemente el camino más fácil para obtener información sea preguntar.

Requerir a los demás información sobre nosotros no es una tarea complicada aunque hemos de estar preparados para oír cosas que pueden no gustarnos al  no reflejar lo que realmente somos. Cuando esto suceda lo mejor es agradecer la información recibida, sin juzgarla ni rebatirla, profundizando en aquellos aspectos que no acabemos de entender. En nuestra soledad hemos de valorar que podemos hacer para que en el futuro se nos reconozca por lo que realmente somos. Así gestionaremos nuestra fama.

Para ver todos los artículos de la serie Personal Branding, el arte de invertir en ti, haz clic en este ENLACE

¿Te importa el prestigio o prefieres la fama?

Van Dyke Parks – el Lewis Carroll del pop neoclásico- dijo en una entrevista “Me importa el prestigio, no la fama. La oposición de estos dos conceptos me parece necesaria en los tiempos que corren. Vivimos en el la cultura del “cortoplacismo”, del “quiero resultados ya”. Y eso, tiene más que ver con la fama que con el prestigio.

Dicen que la Fama es que te conozcan todos. Y que el Prestigio es que te conozcan sólo los que importan.  La pregunta que me surge es… ¿Estar en las redes sociales sin una estrategia de marca es ir en busca de fama? Y por otro lado … ¿Tener un estrategia de marca personal sólida y trabajada sería ir en busca del prestigio profesional?

La carrera por estar en las redes sociales tiene a la mayoría de profesionales preocupados.  Todos queremos saber cómo mejorar nuestra presencia en las redes;  saber lo que dice Google de nosotros,  conseguir tener un perfil de Linkedin al 100% o aprender a sacar el máximo provecho de Twitter.

Con esta reflexión vengo a decir que la fama – o la reputación online –  parece ganar la batalla a algo fundamental: tener una estrategia de marca personal a largo plazo, o lo que vendría a ser, sembrar para ganarnos un merecido prestigio profesional.

La fama aunque dulce, es breve y efímera. El prestigio en cambio es un camino de esfuerzo y dedicación, que desemboca en respeto, confianza y reconocimiento.

Guy Kawasaki dice que “El legado que dejas no es el dinero que has acumulado, sino cuanto has sido capaz de mejorar el mundo. Haciendo referencia a estas sabías palabras, yo diría que el valor que aportas está estrechamente relacionado con el contenido de lo que comunicas y con el conocimiento que aportas el mundo.

Ser marca gana la batalla a tener una presencia online que no se sustenta en nada. Si, las redes sociales son una herramienta necesaria en la gestión de tu marca personal. Pero el camino hacia el prestigio se basa fundamentalmente en saber qué quieres y en elaborar un plan para conseguirlo.

 

 

 

Esta mujer supone un cambio en mi existencia

Fue lo que dijo el actor y torero Mario Cabré cuando conoció a Ava Gardner, la actriz que se bebió la vida a tragos y fue incapaz de encontrar la felicidad en el amor, pasó por tres matrimonios , una larga retahíla de amantes y nos dejó  cincuenta y nueva películas , una belleza fuera de lo común y el placer de seguir admirándola por los siglos de los siglos.

Ava Lavinia Gardner nació en Brogden, Carolina del Norte y murió en Londres en 1990 a los 68 años. Tuvo tres sonados matrimonios que duraron más bien poco con Mickey Rooney, un año y divorcio por “crueldad mental”, el cineasta Artie Show, un año, y el divino Frank Sinatra, 6 años. Por su cama pasaron desde Howard Hudges hasta los toreros Luis Miguel Dominguín y Mario Cabré al bailaor Antonio por citar algunos.

De belleza impresionante vivió para el cine y por el cine en los años en que se mantuvo en activo y se retiró prematuramente en 1968 a los 43 años.

Detrás de las bambolinas de su teatro particular, fuera del glamour y de la fama su existencia tenía un regusto agridulce: “Nunca fui uno de aquellos bebedores silenciosos, que bebe día y noche sin arar. Me encantaban las fiestas y trasnochar. Cuando bebía, era sólo por el efecto. Con todas las copas que me he tomado, no recuerdo haber disfrutado de ninguna. El único motivo por el que bebía era para superar mi timidez. Si quieres que el matrimonio funcione, necesitas tener algo más en común. Me casé con tres hombres atractivos, de mucho talento, que sabían fascinar a las damas. Supongo que ellos podrían decir lo mismo de mi. Pero teniendo en cuenta que entre mis tres maridos han reunido una colección de veinte esposas, no creo que todo fuera culpa mía, todo lo que saqué de mis tres matrimonios fueron dos años psicoanálisis, pagados por Artie Show

Una vez le preguntaron a propósito de su matrimonio con Frank Sinatra “ ¿Cómo una mujer como Vd. con alguien que pesa 50 kilos? a lo que ella contestó sonriendo “Si, hay un Frank que pesa 50 kilos, pero tiene 43 kilos de pene”.

Su mejor autodefinición: “Soy una estrella de Hollywood con todas sus consecuencias, pero a pesar de ello, nunca me he cortado las venas, ni he tomado pastillas para dormir, y eso es toda una hazaña”.

Quedan para nuestro recuerdo y disfrute “Pandora y el Holandés Herrante”, “Las Nieves del Kilimanjaro”, “Mogambo”, “La Condesa Descalza”, “Melodías de Brodway”, “55 días en Pekin”, la “Noche de la Iguana” y muchos títulos más. Una muestra una marca personal que ha dejado huella perenne en la historia del cine y en nuestro corazón.

Jordi Collell / asesor de marca personal