Entradas

Sin confianza no hay marca personal que valga

La confianza es uno de los aspectos más importantes en la vida. Resulta esencial en disciplinas tan complejas como el deporte, el management, las relaciones personales… y también en el desarrollo del liderazgo y en la gestión de la marca personal. Me atrevería a decir que es el aspecto más importante tanto para empresas como para profesionales. Apostamos por productos y por profesionales que nos dan confianza y descartamos aquellas opciones que, por diferentes motivos, no nos generan confianza.

Google Images

Google Images

Lamentablemente, la confianza también es uno de esos conceptos de los que se habla más cuando está ausente que cuando están presente. En un momento como el actual, con una grave crisis económica, grandes escándalos a nivel empresarial, una creciente pérdida de confianza en los políticos por múltiples casos de corrupción… el concepto confianza entra en escena con más fuerza que nunca. Hoy en día, la confianza resulta un elemento de vital importancia.

Por confianza se entiende la esperanza que se tiene en alguien o en alguna cosa. Es un término que proviene del latín confidere que significa tener fe (fides) en alguien. Se trata de un concepto muy relacionado con la fe, la esperanza, la fidelidad y la lealtad. Y todos estos conceptos están muy relacionados con el liderazgo y la marca personal.

No existe liderazgo ni líder si éste no es capaz de ganarse la confianza de su gente, de sus seguidores. Lo mismo sucede con las marcas personales. Se sustentan en la confianza. Sin ella, no hay marca personal que valga.

Es evidente que conseguir la confianza resulta imprescindible para tener éxito. Ahora bien, ¿qué puedes hacer como persona y profesional para que la gente te tenga confianza, te tenga fe? Para explicarlo me apoyaré en la magnífica teoría elaborada por el profesor José Maria Gasalla. Este profesor de la Deusto Business School presenta su modelo de gestión por confianza como la suma de la autoconfianza y las 7 C’s. La autoconfianza resulta imprescindible para conseguir generar confianza en los demás.

¿Cómo vas a lograr que confíen en ti si no lo haces tú mismo? A continuación te explico brevemente las 7 C’ necesarias para conseguir la confianza:

  • Competencia profesional: se trata del primer requisito para generar confianza. Tienes que ser competente en tu trabajo, tienes que ser bueno en tu profesión. Debes apostar por formarte continuamente y estar al día en los aspectos clave de tu sector.
  • Consciencia de los demás: los buenos líderes deben estar muy atentos a las necesidades de sus seguidores, clientes, compañeros… Resulta fundamental que entiendas su comportamiento, que seas empático y gestiones eficientemente tu relación con ellos.
  • Claridad: debes hablar de forma clara, sincera, sin engaños ni embudos, diciendo siempre la verdad y mirando a los ojos a la persona con la que estás hablando.
  • Cumplimiento: resulta imprescindible que cumplas con aquello que dices que harás y evitar prometer cosas que luego no podrás cumplir.
  • Coherencia: se trata básicamente de que tus pensamientos y tus palabras estén alineadas con tus acciones, con tus hechos, es decir, actúa de forma consecuente con aquello que dices.
  • Consistencia: está muy relacionado con el concepto anterior. Se puede definir como la perseverancia en el comportamiento de acuerdo a unos valores.
  • Coraje: para generar confianza en los demás debes ser valiente, atreverte a tomar decisiones y a asumir riesgos.

Trabajando estas 7 C’s, cualquier persona que quiera, puede potenciar y aumentar la confianza que genera en los demás. Sin confianza no se puede desarrollar un buen liderazgo ni tener una gran marca personal. Porque ya lo decía el periodista norteamericano Henry Mencken “confianza es el sentimiento de poder creer a una persona incluso cuando sabemos que mentiríamos en su lugar”.

Las cinco etapas de un mensaje personal convincente

 

Publicado en www.guillemrecolons.com y en www.puromarketing.com

Las personas no somos productos, pero tenemos un producto que ofrecer. 

Recuerdo de mi etapa en J. Walter Thompson un proceso que analizaba el sistema de compra de un producto. Empezaba por la necesidad, seguía por la búsqueda, la prueba, la comparación, la compra, la experiencia y la repetición (si la experiencia era buena).

image
Obviamente, el “buying system” era muy completo y sofisticado en una inversión grande -la compra de una vivienda, de un automóvil- y mucho más simple en el caso de un producto de compra impulsiva, como un helado (hace calor, paso por un kiosko de helados y compro).

¿Es aplicable el sistema de compra a las personas?

En cierta manera sí, pero apuntaré a unos cambios lógicos derivados del carácter más emocional y duradero de la condición humana. Y dado que las personas no son objetos que se compran (de acuerdo, aún no ha desaparecido del todo la esclavitud, pero hablamos en términos generalistas), nos centraremos en la EFICACIA DEL MENSAJE PERSONAL.

Distingo 5 etapas para calibrar que un mensaje personal cale hondo y sea efectivo:

1. Notoriedad. ¿Te conozco?
2. Afinidad ¿Sé lo que ofreces?
3. Encaje ¿Necesito lo que me propones?
4. Elección. ¿Eres mejor que tu competencia?
5. Fidelidad ¿Cumples tus promesas?

1. Notoriedad

doIknowyouCiertamente, si no te conozco difícilmente sabré lo que ofreces. Así que aquí hablaremos de un iceberg invertido, en que el primer contacto con alguien se produce a través de la visibilidad.

Hoy, afortunadamente, existen más formas de darse a conocer que hace, por ejemplo, 10 años.

Offline 

Tenemos las clásicas e infalibles como escribir un libro, aparecer regularmente en algún medio como radio, prensa, TV. No están al alcance de todo el mundo, pero recordemos que también existen las emisoras locales, la prensa regional… No hay que pretender alcanzar la luna el primer día.

Tenemos la asistencia a actos, eventos… con su correspondiente intercambio de tarjetas (networking, si lo prefieres). Esto está al alcance de todos los mortales. Y lo único que necesitas son tres cosas: ganas, conocer la planificación de eventos afines a tu entorno, y disponer de tarjetas de visita. ¿No tienes una? También puedes ser ponente, seguro que dominas alguna área. Si no te atreves a hacerlo solo, prueba a ir de la mano con otra persona.

Tenemos, en el plano laboral, el CV o currículo, un documento cada vez más inútil pero que muchas empresas siguen requiriendo. Lo encuentro inútil porque se ha convertido en un formato tan estandarizado que es casi imposible destacar en él. Yo, si tuviera que reinventarlo, lo convertiría en una hoja de papel con 10 o 12 nombres y teléfonos de personas importantes en nuestra vida. Y un mensaje: si de verdad me quiere conocer, llámeles.

Online

Y ahora tenemos el mundo de los bits, la web 2.0 o la democratización de la comunicación (gracias a la cual, por ejemplo, estás leyendo este texto). ¿Por dónde empezar?

Hay que recordar algo clave en esta etapa: primero el contenido y luego el medio. No se trata de crearse perfiles en las redes. Se trata de saber a quién queremos dirigirnos, cuáles son los soportes afines, cuál la periodicidad, qué tipo de respuestas buscamos.

El medio rey online es, sin duda, el blog. Es tu alter ego virtual, tu casa, el lugar donde se resume toda la información sobre ti, sobre tu forma de enfocar las cosas, tus pasiones y fobias. En definitiva, tu oferta de valor. No es necesario saber escribir para gestionar un blog. Hay blogs de autor que únicamente reproducen el contenido de otros blogs de una manera selectiva. También hay videoblogs, fotoblogs…

Pero ¿Cómo llega el contenido de un blog a las personas? Sí, a través de las redes sociales. Las hay de todos los gustos, pero distinguiría las personales de las profesionales. Un consejo si lo que quieres es generar un networking de valor es que te muevas por LinkedinYouTubeTwitterSlideshare,Pinterest y si quieres Facebook y Google Plus.

Finalmente, no hay que olvidar controlar la reputación, tanto sea real como online. Si tu no lo haces, otros la gestionarán por ti (a su manera).

Libros recomendables en esta etapa de notoriedad:

2. Afinidad

mensajePuede parecer una obviedad, pero después de decir tu nombre hay que seguir con tu especialidad o tu cargo. Por ejemplo, “soy Guillem Recolons, asesor de marca personal y socio de Soymimarca”.

Quizás no descubra nada nuevo, pero cada día saludo a más personas que limitan a dar el nombre como dando por supuesto que ya sabes quiénes son. Y no es así.

¿Tanto cuesta invertir apenas 10 segundos en explicar tu especialidad y cargo?

El problema es que si no me lo dices de entrada pueden pasar dos cosas: 1. Eres un vendedor que me vas a enchufar algo que yo no quiero. 2. Voy a perder el interés en la conversación al no saber si hay afinidad entre tu y yo, entre tu negocio y el mío.

Esto es especialmente relevante, por ejemplo, por teléfono, un medio que cada vez consideramos más invasivo y que requiere de una transparencia absoluta para su buen fin. Muchas veces recibo llamadas “sospechosas” que tienen casi siempre el mismo patrón: la persona emisora tarda unos segundos en hablar (señal inequívoca de centralita telefónica). Acto seguido necesitan asegurarse de que eres tu, así que preguntan ¿Hablo con …?. Cuando ya sospechas que es una llamada no deseada, preguntas tu ¿Con quién hablo? y ahí es donde a menudo se rompe la comunicación, ya que el emisor de la llamada, en vez de identificarse adecuadamente, te suelta la parrafada comercial, de la que huyes rápidamente.

En el mundo online, estoy harto de ver a personas que o bien no se identifican (solo está el nombre) o bien te colocan un odioso eufemismo tipo “en búsqueda activa de empleo”. Eso sucede, por ejemplo en Twitter y en Linkedin.

Fantasmas en la red

Si en Twitter no veo ningún texto bajo tu nombre, probablemente no te devolveré el follow. No tengo tiempo para entrar en tu timeline y ver qué contenidos creas o qué contenidos compartes. Una buena descripción me ayuda a “seguir” rápidamente y me ubica en el tipo de persona que eres.

En Linkedin, veo personas que no escriben nada bajo su nombre, son fantasmas en la red. También veo a otros con el “en búsqueda activa de empleo”, como si eso pudiera definir la especialidad de la persona.

Ambas cosas son un error, ya que evitan que sigamos interesados en seguir leyendo, rompen la afinidad.

Cuando, además, no hay fotografía, nos encontramos ante una persona que tiene algo que ocultar.

Así que, lo dicho, puede parecer una obviedad, pero después de decir tu nombre hay que seguir con tu especialidad o tu cargo.

 

3. Encaje

imageEl mensaje personal no se detiene en un nombre y una especialidad. Además hay que trabajar a fondo el factor de encaje, el que hace posible que incluyamos una propuesta de valor relevante para nuestro público.

Es muy posible que tu mensaje sea notorio, que genere afinidad, pero si tu propuesta de valor no interesa, el vaso de la comunicación se rompe.

Me explico. Si ofrezco, por ejemplo, muebles cuyo valor radica en que los han diseñado niños de 8 años, el mensaje bien pudiera ser notorio, pero tal vez carezca de relevancia ya que no sabemos entender cuál es el VALOR que añade el diseño por parte de los niños.

En pocas palabras, hemos de asegurarnos de que la relevancia (idea de valor) esté clara y explícita en nuestro mensaje. No por ser diferente será relevante. A menudo utilizo el ejemplo de un hombre que quema una Biblia o un Corán. ¿notoriedad? Sí, mucha. ¿Relevancia? Poca.

Este factor de falta de relevancia es el culpable de que muchos currículos acaben la papelera o en el archivo de “más adelante”. Al completar un CV, se debe dejar muy claro el Valor que implica nuestra aportación. Si es posible, esa propuesta de valor hay que destacarla para que sea leída en diagonal. Recordemos que el tiempo medio de lectura de un CV es de algo menos de 20 segundos.

También sería aconsejable adaptar el CV o el mensaje en función del público al que vaya dirigido. Si entramos en una selección para una empresa de brockers de bolsa, quizás valga la pena destacar nuestra capacidad multitarea (si existe, claro).

 

4. Elección

varitaDisponer de elementos para ser visto, dejar clara nuestra propuesta y dejar claro su valor pueden no ser elementos suficientes para ser la opción preferente. Falta un factor clave, lo que te hace diferente a tus competidores.

En otras palabras, decir qué haces quizás no sea tan importante como decir cómo lo haces, ya que en el método puede estar la diferencia. A menudo, durante los procesos de personal branding con personas, emerge la duda, la gran sombra negra que lleva por título “lo que yo hago no es diferente de lo que hacen otros“. Gran falsedad. Por el hecho de hacerlo tu ya es diferente. Pero hay más:

¿Dónde puede estar la diferencia? Hay una serie de factores que pueden constituir la propuesta de valor diferencial, la USP (Unique Selling Proposition,  creada por Rosser Reeves de Ted Bates):

  1. La experiencia es un grado. Si ofreces algo que también ofrece personas sin experiencia, ésta puede convertirse en un factor de garantía.
  2. Resultados. Si lo que estás haciendo ha generado resultados, es importante resaltarlos, ya sea en forma de testimoniales, gráficos o artículos de prensa.
  3. Uniqueness. El factor USP indica que lo que haces no lo hace nadie más, eres únic@.
  4. Novedad. Aunque es un factor efímero, el ser el primero en hacer algo siempre puede suponer una ventaja competitiva.
  5. Exclusividad. Ya sea por una patente o por cualquier otro tipo de registro, lo que haces no lo puede hacer nadie más, eres la única vía.
  6. Metodología. Tener una metodología propia indica que has trabajado duro para mejorar lo que ya existe, no eres un imitador.
  7. Partnership. Si lo haces con un co-branding potente, puedes ganar en argumentos competitivos.
  8. Certificación. Si lo que haces puede suponer algún tipo de certificación para tu cliente, has ganado dos enteros.
  9. Facilidad. Imagina que ofreces algo online y los demás no, eso te ayuda a ampliar tu base de clientes.
  10. Fee por resultados. Cobrar un fee en función de los resultados de tu trabajo puede ser arriesgado pero te puede diferenciar.

Hay muchos más factores de diferenciación, lo importante es saber utilizarlos para conseguir la elección final, el ser la opción preferente.

 

5. Fidelidad

Veíamos en la introducción que el sistema de compra de un producto o servicio no dista excesivamente de el sistema aplicado a las personas. Uno de los elementos comunes es el que cierra el círculo:

Captura de pantalla 2013-04-25 a la(s) 17.13.12

Aquí vemos que la experiencia es el factor clave de repetición. Pasa en el mundo de los negocios y las empresas y pasa en el área de las relaciones personales. Cumplir promesas es, hoy por hoy, condición necesaria pero no suficiente. El estadio superior es superar expectativas, ir más allá de lo esperado, sorprender, epatar, ser proactiv@. Y el último estadio, el máximo, es generar empatía.

Empatía: Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro (Diccionario de laRAE). En otras palabras, te puedo dar un servicio inmejorable porque soy capaz de escucharte. Cuanto más te escucho más aprendo. Y cuanto más aprendo, de más alternativas dispongo para solucionar tu problema. No se trata de ser un camaleón, se trata de ser una oreja gigantesca, una esponja, un captador de información emocional.

Si llegamos a ser empáticos, tenemos la repetición del proceso prácticamente asegurada, aunque en esta fase habrá que anclar bien aspectos de precio y calendario. Eso lleva a una renovación de la venta o contrato sin pasar por el resto de fases (notoriedad, afinidad, encaje y elección), lo que nos garantiza un ROI óptimo.

 

[button size=”large” style=”info” color=”pink”]Como conclusión, recordemos que necesitamos 1. Que nos vean (si no, tenemos pocas posibilidades de competir) 2. Que nuestra oferta esté muy clara 3. Que nuestra oferta o mensaje sea relevante para nuestra audiencia o cliente y 4. Que nuestra propuesta sea diferencial, única, competitiva. Solo así conseguiremos el 5. Una buena experiencia y repetición de compra[/button]

 

Un regalo para el año nuevo

Hacer borrón y cuenta nueva es un atributo y una actitud que nos caracteriza como personas. Es la posibilidad de comenzar desde cero, asumiendo el pasado como una fuente de experiencia e inspiración y no como un lastre que nos condiciona. Viviendo el momento presente intensamente para avanzar con paso firme hacia el futuro. Se trata en definitiva de saber vivir y compartir el perdón.

El perdón es un regalo que nos hacemos en primer lugar a nosotros mismos cuando nos permitimos situar las cosas en su sitio y no vivir pendientes de nuestros fracasos, de nuestros incumplimientos y de nuestras infidelidades. Perdonar no significa olvidar, sino hacer que el pasado ocupe el lugar que le corresponde para que nos sirva de palanca hacia el futuro.

También es un regalo que hacemos a los demás cuando decidimos dejar de lado aquello que bloquea una relación y juntos decidimos seguir avanzando. Generosidad y alerta van cogidas de la mano para evitar que lo que nos llevó al conflicto vuelva a reproducirse.

Tomar consciencia de la posibilidad de perdonarse y perdonar a los demás es un arma potentísima para vivir intensamente y de manera plena, permite romper con muchas creencias que nos bloquean y es uno de los pilares para que podamos reinventarnos. El perdón es un punto de apoyo de nuestra marca personal que nos ayuda a ir definiendo la huella que dejamos en el corazón de los demás.

¿Qué necesitamos tener claro para comenzar de nuevo?

En primer lugar conocernos bien, saber lo que queremos y a dónde queremos llegar en nuestra vida y en las relaciones con lo demás.

En segundo lugar saber como los demás nos perciben y si realmente transmitimos lo que somos, o estamos ofreciendo una imagen distorsionada de nosotros mismos. Porque no vivimos aislados y cualquier cambio tiene que ser coherente con nuestro entorno.

En tercer lugar tener unas reglas de juego claras y estar dispuestos a compartirlas. Me refiero a los valores. Normalmente cuando necesitamos cambiar o volver a empezar es porque hemos de redefinir el rumbo completamente o porque a pesar de ir hacia donde queríamos lo estábamos haciendo de manera poco coherente con lo que para nosotros era fundamental. No haber vivido con libertad, fidelidad, o coherencia nos pone en la pista de despegue para un cambio.

En cuarto lugar saber explicarlo, a nosotros mismos y a los demás. Tener un relato claro de lo que queremos hacer nos pondrá las cosas más fáciles.

Y finalmente ponernos manos a la obra porque el movimiento se demuestra caminando.

El año 2013 que ahora comienza es todavía una hoja en blanco, una actitud de perdón te ayudará a escribir una historia maravillosa: tu historia. ¿Te atreves? ¿ Lo hacemos juntos?

 

Personal Branding, el arte de invertir en ti (10). Fidelidad

Nadie nos va a sacar las castañas del fuego.

Tenemos muy claro lo que queremos conseguir gestionando nuestra marca personal: ser tenidos en cuenta, ser la opción preferente, ser los elegidos. Hemos trabajado duro para conocernos mejor y saber lo que queremos. Sabemos a dónde vamos, cuál es nuestra razón de ser, nuestra misión; también hemos reflexionado sobre lo que deseamos conseguir en el medio y largo plazo, nuestra visión y ahora nos toca lidiar con el día a día y encontrar elementos que nos aporten sentido y que nos indiquen si vamos en la dirección correcta. De esto último se encargan los valores.

Iniciamos con este post un trabajo sobre los valores más significativos desde nuestro punto de vista, y hoy vamos a tratar de la fidelidad.

Hemos invertido tiempo e ilusiones trabajando  en la definición de nuestra marca, conociéndonos mejor y proyectando nuestras ilusiones y nuestros sueños hacia el futuro.

La fidelidad es aquello que nos conecta con las cosas importantes, con nuestras opciones fundamentales, con aquello que es realmente significativo para nosotros. Es la capacidad espiritual de cumplir aquello que hemos prometido tanto a los demás como a nosotros mismos.

Prometer es una acción proactiva, nos avanzamos a los acontecimientos y proyectamos acciones desde el presente hacia el futuro, en cierta manera nos adelantamos al tiempo y tiene sentido afirmar que cuando prometemos nos comprometemos porque en el futuro surgirán circunstancias nunca previstas que nos obligarán a interpretar la realidad para poder mantenernos en la línea que inicialmente hemos escogido. Nos comprometemos con nuestra visión y misión, con nuestro sueño y con nuestro proyecto. ¿Tiene sentido que por una diferencia temporal, por una cuestión de tiempo, echemos por la borda el trabajo realizado? La fidelidad es, en este caso, el seguir creyendo en nosotros y en la importancia de lo que queremos hacer. Es también recordar que nadie excepto nosotros nos sacará las castañas del fuego y que si hemos llegado hasta aquí es porque tenemos una historia de la que, en el futuro, queremos ser los guionistas.

Foto: Flickr CC

Lo que nos mueva a ser fieles es la decisión que hemos tomado en algún momento de ser los protagonistas de nuestras vidas desarrollando un proyecto personal que nos hace únicos y genuinos, que define la huella que vamos dejando y que imprime nuestra marca.

La fidelidad es una actitud extremadamente creativa porque las circunstancias siempre son cambiantes y hemos de adaptarnos a ellas para ir redefiniendo nuestro camino de acuerdo con las pautas que en su día nos marcamos. Está lejos del sacrificio y del aguantar por aguantar a que nos tiene acostumbrados la moral vigente. Es la decisión de ir creando nuestra vida en coherencia con el proyecto y el modelo establecidos en el momento inicial.

Como no estamos solos en el mundo nuestros compromisos personales también afectan a los demás. Ser fieles transciende nuestra individualidad y nos mueve a no engañar ni traicionar a los demás, a cumplir con los pactos, con los compromisos adquiridos y con la palabra dada.

Mantenernos fieles es una tarea que requiere un elevado grado de conexión con nosotros mismos y con los demás , es siempre un acto de lucidez, de voluntad de cambio y de compromiso individual porque sólo nosotros podemos dirigir nuestra marca y nuestra vida.

Tres valores básicos para tu Marca Personal

Abandonar  es una actitud muy humana. Cuando los resultados no son tan rápidos como los esperados o cuando las circunstancias nos llevan por caminos más enmarañados de lo previsto, las ganas de dejarlo correr todo pueden acabar siendo potentes. La gestión de la marca personal no está a salvo del abandono y frente a una tempestad solo la brújula de los valores puede ayudar a llegar al puerto previsto.

Ya sabemos que la gestión de la marca propia, la marca personal, forma parte de un trabajo global. Partimos del reconocimiento de nuestra identidad, del saber quiénes somos, en qué somos buenos y que queremos hacer en la vida . A través de la definición de una estrategia, en la que identificamos a nuestro público al que nos dirigiremos a través de un mensaje dejando bien claro lo que nos hace diferentes de los demás, podemos plantearnos hacernos visibles dentro y fuera de la red. Y también sabemos que si iniciamos el proceso por la visibilidad estamos construyendo  un edificio mal cimentado.

Estamos en inmersos en un paradigma social que todavía valora la velocidad de reacción por encima de otros atributos. Y el “todavía” tiene sentido porque la crisis está reposicionando el concepto de velocidad en las acciones personales y sociales. De velocistas estamos pasando a ser fondistas, a la fuerza.

En la gestión de la marca personal hay tres valores que hemos de tener muy presentes cuando el desánimo aceche y creamos que avanzamos demasiado lentos.

     I.         Fidelidad. Hemos invertido tiempo e ilusiones trabajando la definición de nuestra marca, conociéndonos mejor y proyectando nuestras ilusiones y nuestros sueños hacia el futuro. ¿Tiene sentido que por una diferencia temporal, por una cuestión de tiempo, echemos por la borda el trabajo realizado? La fidelidad es, en este caso, el seguir creyendo en nosotros y en la importancia de lo que queremos hacer. Es también recordar que nadie excepto nosotros nos sacará las castañas del fuego y que si hemos llegado hasta aquí es porque tenemos una historia de la que, en el futuro, queremos ser los guionistas y los protagonistas.

   II.         Respeto. Siempre tenemos personas en nuestro entorno a las que acudimos pidiendo ayuda y en el caso de la gestión de nuestra marca estamos conectando con un público, nuestro público. Para ambos, personas que nos ayudan y el público que nos acoge, es necesario tener respeto. Fidelidad y respeto van cogidos de la mano. Abandonar es dejar colgados a los que nos ha echado un cable y a los que han decidido ponerse de nuestro lado. Aunque los primeros puedan ser profesionales que han cobrado por la ayuda y los segundos sean, de momento, pocos.

 III.         Paciencia. Porque algunas veces las cosas van más lentas de lo previsto. La situación actual no está pensada para velocistas, estamos en una pista llena de obstáculos que hemos de vencer de uno en uno y que por supuesto ni controlamos ni podemos, en muchos casos, prever. Trabajar con el fin en la mente, uno de los siete hábitos del gran Covey que no me canso de repetir, es un gran antídoto contra la falta de paciencia; saber que vamos hacia el punto que queremos nos relativiza las prisas.

Finalmente no caigamos en la tentación de creer que el futuro acaba siempre arreglando las cosas o que alguien nos sacará del embrollo cuando se produzca. Los príncipes azules y las lámparas maravillosas dejaron de existir. No valen las promesas de rescate. Solo nosotros podemos dirigir nuestra marca y nuestra vida.