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Tres actitudes para ser memorables

Cuando decidimos gestionar nuestra marca personal iniciamos un camino al final de cual conseguiremos que los demás nos recuerden y nos vengan a buscar cuando nos necesiten, seremos memorables y los elegidos. Ponerse a caminar no es garantía de llegar a destino, depende entre otras cosas de que no nos desviemos del camino trazado.

Hoy hablaremos de tres actitudes básicas que ayudarán para que nuestra marca personal sea sólida y consiga sus objetivos.

  • Coherencia. La coherencia es la conexión que existe entre lo que se dice y se hace. Es una actitud , un valor, básico en marca personal. Su falta se llama incoherencia y pone rápidamente en evidencia a las personas. Si declaramos que  gestionamos nuestra marca personal basándonos en principios como solidaridad, ayuda a las personas, trabajo en equipo, potenciación de los colaboradores y similares , hemos de actuar en consecuencia y demostrar que somos solidarios, que ayudamos a los demás, que trabajamos en equipo y que potenciamos a nuestros colaboradores. Parece muy sencillo pero no lo es. Nuestra marca es para los demás, entre otras cosas, una expresión de confianza en lo que prometemos.  Obrar de manera opuesta a nuestros principios, ser incoherentes, rompe está confianza y nos pone en una situación tan comprometida que puede llegar a hundir nuestra propia marca. La coherencia se refiere a lo que se dice con palabras y a lo que se manifiesta con nuestro lenguaje no verbal, atentos a este detalle porque tanto vale lo que está escrito o verbalizado como lo que damos a entender. De aquí que sea tan importante tener bajo control lo que transmitimos aun a riesgo de ser demasiado transparentes.
  • Consistencia. Me refiero a la firmeza o solidez de nuestros actos. Cubre un amplio espectro que va desde hacer bien las cosas materiales, no ser, en pocas palabras, un chapucero a tener trazabilidad en nuestras acciones con los demás. Decir hoy una cosa para mañana afirmar la opuesta puede hacer enloquecer a nuestros interlocutores y convertir nuestra marca en un esperpento, en una imagen distorsionada y grotesca. Si echamos una mano a alguien, si prometemos algo, no podemos convertir por arte de birlibirloque la mano en una soga y la promesa en una maldición. Si nos comprometemos con alguien tanto en lo personal como en lo profesional debemos mantener los términos del compromiso en las mismas condiciones en que fueron emitidos y aceptados. La falta de consistencia nos hace absurdamente impredecibles y lejos de convertirnos en memorables provoca en los demás el deseo de borrarnos de sus registros.
  • Compromiso que es sentirnos obligados a ser fieles a lo que hemos manifestado. Es muy fácil desaparecer de la vida de las personas y de las organizaciones como si nada hubiera pasado. Estar hoy y dejar de estar mañana sin ningún motivo real o aparente descoloca y hace mucho daño a los que han confiado en nosotros. Todos tenemos experiencias de este tipo y muchas veces somos muy laxos, demasiado. Se dice que en el amor y la guerra todo está permitido y basados en este refrán justificamos situaciones absolutamente reprobables. Siempre podemos pedir perdón pero todo tiene un límite y si lo sobrepasamos nuestra marca personal se irá devaluando a medida que corra la voz y seremos olvidados.

Seamos conscientes, de todos modos, de que nuestra historia no es una línea recta. Quien no haya sido incoherente, inconsistente o no haya faltado nunca a sus compromisos o es un santo o miente como un bellaco. Gestionar nuestra marca personal implica tener siempre en la mente nuestra misión, visión y valores para que nos inspiren el día a día y nos aporten grandes dosis coherencia, consistencia y compromiso.  Quizás no lleguemos a ser perfectos pero si que conseguiremos ir mejorando con el paso del tiempo. Este es el reto más importante.

Googlear o no Googlear… esa es la cuestión, por @alexiaherms

“Voy a Googlearle”. Al igual que hacían las protagonistas de Sexo en Nueva York cuando querían investigar a alguno de sus posibles novios, seguro que alguna vez has buscado el nombre de alguna persona en Google con el objetivo de saber quién es y a qué dedica el tiempo libre.
La práctica de buscar información en la red sobre alguien a quien acabas de conocer: un ponente, un proveedor, o un profesor entre otros, es cada vez más común. Y sucede tanto en el entorno personal como en el profesional.

Si. Aceptémoslo. “Googlearemos” y vamos a ser “Googeleados”. No podemos controlar quién va a hacerlo pero sí podemos decidir qué información nos interesa que aparezca sobre nosotros.

Google se está convirtiendo en cierta medida en nuestro CV online. Probablemente las primeras 10 entradas van a condicionar la percepción que alguien que busca nuestro nombre tenga de nosotros. ¿Vamos a dejar eso en manos del azar? O mejor dicho… ¿en las manos de Google?

Las tendencias apuntan a que las empresas cada vez más van a contratar a sus empleados en función de su actividad en las redes sociales, por esa razón debemos empezar a tomar conciencia de la importancia de lo que se dice – o no se dice – de nosotros en la red.

Una buena gestión de nuestra marca personal nos va a ayudar a monitorizar nuestra identidad y reputación online. Eso si, previamente hemos trabajar nuestra estrategia, definir  a quién nos dirigimos y qué mensajes queremos lanzar.

Y una vez controlamos nuestro Linkedin, damos buenos contenidos a nuestro Blog, somos activos en Twitter… tenemos el poder de controlar lo que se dice de nosotros.

Haz la prueba. Googleate.  Si tu no dices lo que realmente eres y no cuidas tu identidad online, la red no lo hará por ti.