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¿Sabes en qué eres fuerte? Y a qué estás esperando… ¡Concéntrate en ello!

Si cuando iniciamos un proceso de desarrollo de marca personal con un cliente nos centramos en su autoconocimiento, no  lo hacemos por casualidad, ni por complicar las cosas, aunque a veces podría ser un ejercicio motivante.  Si la marca personal es el reflejo de lo que realmente somos, de nuestra autenticidad, parece lógico comenzar por el principio descubriendo lo que somos. Y esto que parece una verdad de Pero Grullo (hacía tiempo que no salía el personaje), es mucha veces más complicado de lo que parece. Pocas personas se conocen a fondo.

Todo esto viene a cuento porque hoy quiero comentar la importancia de conocer nuestras competencias, nuestros puntos fuertes, aquello en lo que somos naturalmente buenos.

Es muy frecuente en mi actividad como coach ejecutivo encontrar clientes que están preocupados por descubrir aquello para lo que no valen con la única finalidad de trabajar de manera sobrehumana en hacer girar la tortilla y convertir la incompetencia en competencia. Hasta aquí podríamos convenir que tenemos poco que objetar porque el superarse, el vencer obstáculos, el ser mejor es loable, bonito y hace que las empresas y la sociedad tengan mejores profesionales y personas. La pregunta clave en estos casos es ¿con qué coste de oportunidad? y con ello me refiero a lo que se deja de hacer, a lo que se deja de lado para dedicarse a la tarea de ser mejores en lo que somos más o menos malos o del montón.

En la mayoría de casos y después de mucho indagar, sucede que al potenciar  nuestras debilidades abandonamosaquello en lo que realmente somos buenos. Sí señores, para vestir el santo de la incompetencia desvestimos al de nuestras competencias y esta actitud lleva al sufrimiento y en algunos casos al fracaso.

Cuando por el contrario nos centramos en nuestras competencias, lo que realmente hacemos es sacar brillo a nuestras habilidades más genuinas y a partir de aquí podemos plantearnos cómo ser mejores y cómo podemos alcanzar nuestro máximo potencial para ponerlo al servicio de los demás.

Y si pensamos en  nuestros colaboradores o en nuestros semejantes y nos planteamos la manera de ayudarles a ser mejores, vale la pena que les demos la oportunidad de crecer en lo que son fuertes para que brillen en beneficio propio y de todos en lugar de atormentarlos para que mejoren en aquello para lo que no sirven.

Y tú, querido lector que pacientemente has llegado hasta este punto, ¿eres del clan de las competencias o del de las incompetencias? De ti y solo de ti depende pero seas del clan que seas siempre encontrarás en nosotros todo el apoyo necesario para desarrollar y fortalecer tu Marca Personal.

Jordi Collell / asesor de marca personal

Un Sultán Soñó

Comunicación asertiva

El otro día estaba disfrutando uno de esos fantásticos desayunos de trabajo con mis socios, Jordi, Ignasi y Guillem y  manteníamos una conversación  sobre marca personal y en esos momentos a Guillem se le ocurre decirme, “¿por qué no escribes un post sobre asertividad? “. Inmediatamente mi parte racional empezó a investigar sobre el tema. Después de recopilar mucha información sobre el origen de la palabra, las aplicaciones, los beneficios, etc.… encontré un cuento que creo que  transmite muy bien el significado de la comunicación asertiva.

Los cuentos nos conectan directamente con nuestra parte más emocional, con nuestros deseos, con la posibilidad de imaginar el mejor de los mundos, el que más nos acerca a nuestro propio centro.

Como dijo  Aristóteles Nada llega al intelecto que no haya pasado antes por los sentidos”.

Quiero compartir con todos vosotros este breve e intenso relato extraido de “Las mil y una noches“, la famosa recopilación de cuentos árabes.

“Un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó llamar a un sabio para que interpretase su sueño. “¡Qué desgracia, Mi Señor! Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad”, dijo el sabio. “¡Qué insolencia! ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí! ¡Que le den cien latigazos!”, gritó el Sultán enfurecido. Más tarde ordenó que le trajesen a otro sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo: “¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes”. Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro. Cuando éste salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado: “¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer sabio. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro. El segundo sabio respondió: “Amigo mío, todo depende de la forma en que se dice. Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura ciertamente será aceptada con agrado.”

La comunicación  asertiva significa  expresar  nuestra opinión de forma  consciente, congruente, clara, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia.

Si reflexionamos, las quejas  más habituales en el entorno empresarial están relacionas con  la falta de comunicación y las relaciones tóxicas que se establecen con los demás y en muchas ocasiones esto nos provoca estados de  tensión y ansiedad. Hay que  aprender a  relacionarse con los iguales, subordinados y superiores de manera asertiva, saber presentar solicitudes y demandas, saber pedir favores sin rebajarse y sin molestar, decir no cuando es necesario.

¿Alguna vez te has quedado pensando que deberías haber dicho algo, y no lo dijiste? En ese caso fuiste pasivo  ¿Alguna vez has dicho algo y te has quedado mal porque piensas que parecías un déspota? ¿Sentiste que los demás no pudieron decir lo que pensaban por tu actitud? En ese caso fuiste agresivo.

Podemos concluir diciendo que la asertividad se basa en el respeto y por tanto comporta la libertad para expresarnos respetando a los demás y asumiendo la responsabilidad de nuestros actos.

Montse Taboada / Personal Branding Coach / soymimarca