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Personal Branding, el arte de invertir en ti (35). Agentes del cambio

¿Estamos en un barco que hace aguas?

Cada día nos llegan nuevas evidencias de que las cosas no funcionan ni en nuestro país , ni en Europa. Contaba hace poco Richard Sennett que Europa no tiene arreglo porque el sistema ha quebrado y que la única solución es reinventar las instituciones.

Hessel, recientemente desaparecido, nos hablaba, a finales de 2010, de la necesidad de indignarnos frente a la intolerabilidad de muchas de las situaciones que vivimos.

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Lo cierto es que día tras día estamos perdiendo algo, desde capacidad económica individual, nos estamos empobreciendo, hasta derechos que alguien detrás nuestro lucho por conquistarlos poniendo en peligro su vida.

Y no pasa casi nada.

En casa y fuera de ella los que deberían, por profesión, sacarnos las castañas del fuego, los políticos, están cada día más desprestigiados y considerados como un problema.

Colectivamente no sabemos dónde vamos porque nadie es capaz de trazar un esbozo de camino coherente. Las medidas que nos tenían que sacar de las miserias a base de esfuerzo y recortes nos hunden cada vez más.

No os penséis que os cuento todo esto, que además es archiconocido por todos, porque estoy pasando por un bache, por un mal momento o porque tengo ganas de amargaros el inicio de la semana, no es nada de eso. En realidad, una vez he tomado consciencia de lo feas que están las cosas, lo que me importa es saber qué puedo hacer para salir del cenagal.

Lamentablemente la solución no puede venir desde fuera. ¿Y si parte de la solución se encontrara dentro de todos nosotros? A mi se me ocurren varios puntos a considerar:

  1. Creer de una vez que las cosas han cambiado y que posiblemente nada volverá a ser como antes.
  2. Si nadie me indica un camino yo tengo que encontrarlo porque si colectivamente no vamos a ninguna parte yo no puedo apearme del trayecto y quiero saber adonde voy.
  3. Para trazar mi camino tengo que saber por qué estoy aquí, qué quiero y cómo puedo conseguirlo.
  4. Si yo cambio ayudo a que el mundo cambie.
  5. Contando a los demás lo que quiero encontraré a otros que piensan como yo, porque no estoy solo y porque tengo la posibilidad de usar los medios a mi alcance para hacer oír mi voz y entre todos haremos avanzar el mundo.
  6. Para que volvamos a ser muchos remando en el mismo sentido es necesario que cada cual tenga claro cual es su misión.
  7. La suma de huellas individuales creará un surco por el que podremos volver a ver la luz.

Es el momento de reforzarnos como personas. Todos tenemos una misión que cumplir y al final cuando morimos muere con cada uno de nosotros un universo entero como tan sabiamente decía el poeta Yevtushenko.

Trabajar con seriedad y pasión nuestra marca personal, la huella que vamos dejando en nuestro entorno y en el corazón de los demás, nos dará los elementos para ir definiendo el camino y trazando las alianzas que nos permitirán entre todos hacer del mundo un lugar más habitable y con sentido.

Gestionar nuestra marca personal nos convertirá en agentes del cambio.

No tengo la solución pero si el camino. ¿Lo seguimos juntos?

Crisis de referentes. No tenemos patrones de comportamiento individual o social en los que contrastarnos. Nos da la sensación de andar sobre arenas movedizas. Cuando todo falla solo quedamos nosotros, solo queda nuestra integridad, nuestra marca personal.

La publicación de mis comentarios sobre el libro de Hessel, Indignaos, ha generado en algunos foros 2.0 posiciones controvertidas. Los que están a favor de la indignación me preguntan sobre las vías a seguir para canalizar las posiciones individuales que se huelen en el ambiente pero que no se manifiestan en modo alguno de manera colectiva.  Los que están en contra no están de acuerdo en que la situación sea para indignarse y mucho menos colectivamente. Ambas posturas me indican  que estamos en una transición, que somos vulnerables a las agresiones propias de un momento de cambio y que nos falta una hoja de ruta para vislumbrar el camino a seguir.

Soluciones globales anticipo que no tengo pero mi intuición me indica que puede ser el momento para trabajar y consolidar lo que realmente está dentro de nuestro círculo de influencia, nosotros, nuestra identidad, nuestra integridad.  Frente a un mundo que nos puede parecer contradictorio, con desigualdades cada vez más evidentes, frente a una sociedad que nos pasa factura por haber querido vivir con los patrones que ella misma marcaba hasta hace muy poco tiempo, frente a unas convicciones que se tambalean y frente a la pérdida de control de nuestra historia personal una cosa acertada es hacer un aparte, retirarse provisionalmente a los cuarteles de invierno y pensar en lo básico: Quiénes somos, qué queremos, de dónde venimos y adónde vamos. Y como cada vez somos más y pasamos más desapercibidos también puede ser útil plantearse cómo destacar en medio de la atonía.

Trabajar de manera organizada nuestra marca personal, profundizando en lo que somos, en lo que nos apasiona y motiva y en lo que queremos ser; trazar nuestra propia ruta cuando los caminos antiguamente marcados se han quedado cubiertos de maleza y dar señales de vida para que los demás sepan que existimos, entiendan nuestro mensaje y confíen en nosotros es posiblemente el antídoto para salir a flote de manera individual, retomar el control de nuestra vida y comprometernos en el cambio y el futuro de nuestra sociedad.

Me diréis que siempre barro para mi casa pero os puedo asegurar una cosa, si no creyera profundamente en lo que hago, si no estuviera totalmente convencido de que cada persona es el motor de su historia y de la historia de la humanidad no estaría aquí compartiendo con vosotros mi visión y ofreciendo mi colaboración. Y no formaría parte de Soymimarca.

Y finalmente os invito a leer La Contra de La Vanguardia de ayer  en la que Eva Illouz nos deconstruye  el mundo y nos deja para nosotros que definamos que es lo que sobrevive.

 

¿Tú te indignas o tragas con todo?

Que estamos en un mundo global e interconectado no es ninguna novedad, que un acontecimiento que se produce vete a saber dónde afecta a nuestro país es el pan de cada día, que sin haber tenido ninguna posibilidad de influencia nos digan que en virtud de decisiones ajenas nos hemos pasado y hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y que ahora nos toca ajustar el cinturón es otra verdad que se nos repite machaconamente.

Que los que han provocado la situación obtienen beneficios cada vez mayores, son objeto de ayudas públicas y que no parecen tener la intención de devolverlas es otra evidencia cotidiana.

¿Y nosotros que hacemos? ¿Nuestra marca personal se resiente de la situación o permanece indemne? ¿Pasamos ya de todo o pensamos actuar?

Stéphane Hessel

En Francia el nonagenario Stéphane  Hessel, 93 años,  un pasado de lucha por la libertad y  redactor, entre otras cosas, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ha publicado un opúsculo que ha hecho furor, más de un millón de ejemplares vendidos, titulado “Indignaos”,  que acaba de aparecer en España de la mano de la editorial Destino,  invita a los lectores a indignarse.

Hessel identifica la indignación como  el detonante del movimiento de Resistencia contra la invasión nazi en Francia que se cargó de un plumazo los valores de libertad, igualdad y fraternidad, los valores democráticos, forjados tras largo tiempo de lucha y compromiso.

En los tiempos que corren y en nuestro país no estamos sufriendo agresiones tan evidentes como la que supuso la guerra de 1939/45 en Francia y en Europa. Las razones para indignarse pueden parecer menos evidentes y no es fácil distinguir entre  quien gobierna y quien decide, y todo está más interconectado que en ningún otro periodo de la historia.

La buena pregunta es ¿debemos aguantar estoicamente todas las situaciones que se producen? ,  ¿Hemos de aceptar las acusaciones de malgastadores y frívolos que nos están lloviendo?, ¿El ajuste de cinturón es para todos o sólo para unos cuantos que son los que además están pagando el desaguisado? Y a la vista de lo anterior, ¿hay o no hay razones para indignarse?

Frente a situaciones injustas e insoportables hay dos tipos de respuesta: la indignación o la indiferencia. La acción o la impotencia. El compromiso o el aceptar que no se puede hacer nada y ¡qué le vamos a hacer¡.

Indignarse sirve para poner en conocimiento de los que nos gobiernan que las cosas se están poniendo realmente pardas. Los servidores públicos, nuestros políticos, que me merecen todo el respeto sea cual sea su color, necesitan recordatorios para que, en palabras de Hessel no dimitan y no se dejen impresionar por la actual dictadura de los mercados financieros que amenaza la paz y la democracia.

Las personas con marca se distinguen del conjunto por sus decisiones y por sus actitudes, huyen de lo gris  y de lo políticamente correcto, quieren ser singulares y dejar huella. Son personas comprometidas y por ello acaban siendo la opción preferente. ¿Puede tener marca personal alguien que no tenga la capacidad de indignarse?

Os recomiendo la lectura del libro.