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Cómo dejar huella con una buena historia

¿Eres capaz de contar quién eres, de dónde vienes y qúe te mueve en un relato corto, que llegue y que además genere interés? Bienvenido al mundo del storytelling.

Cuando era pequeña recuerdo lo mucho que me fascinaba escuchar a mi madre cada noche contarme un cuento. Atenta y casi sin parpadear disfrutaba de cada palabra, esperando a saber cuál sería el desenlace. Lo que en mi infancia eran princesas y cuentos de hadas hoy son personas/profesionales con vivencias y experiencias reveladoras. Una de las cosas que más me gustan de trabajar en marca personal es precisamente oír las historias que cada uno los clientes de soymimarca guarda detrás de un CV de varias páginas.

Y es que el poder de una historia es algo casi mágico, en ocasiones te atrapa. Y por si aún no te he convencido, aquí tienes algunas razones por las que debes empezar a contar al mundo cuál es la tuya.

– Algunos estudios neurológicos revelan, que a pesar de la evolución humana, nuestros cerebros siguen haciendo referencia a la historia para buscar sentido a aspectos actuales. Además, algunos científicos han demostrado que las ideas y las historias conectan en nuestro cerebro más rápido que la lógica y el análisis.

– Las historias son universales. Traspasan las fronteras culturales, de idioma, sexo y edad.

Conectan personas con personas. Las historias unen, crean lazos y conectan emocionalmente a las personas que las cuentan con las que escuchan.

– Una buena historia motiva, ilusiona y revela un mensaje oculto pero envuelto en bonitas palabras que llega directo al corazón.

Y es que ahora más que nunca, en una sociedad en la que no paramos de enviar y recibir información, llamar la atención no resulta una tarea fácil. Y la única forma de hacerlo es con una buena historia. Y si además lo haces de forma creativa – como en el caso de la imagen de este post – aún mejor. Eso sí deja marca.

¿Crees que hay marcas buenas y marcas malas?

Cada persona tiene la marca que se crea y cada cual tiene la marca que se merece. No hay marcas buenas y marcas malas, en todo caso hay marcas y no marcas.

Hoy hemos tenido una conversación de ascensor con Guillem e Ignasi, socios de soymimarca, acerca de algunas afirmaciones que son de uso común en foros populares y profesionales acerca de la bondad o maldad de las marcas.  Coincidíamos en que se da una curiosa traslación de nuestras percepciones y de nuestra escala de valores cuando calificamos las marcas de otras personas de modo que si el individuo en cuestión actúa de acuerdo con nuestros valores o preferencias otorgamos a su marca un marchamo de bondad y por el contrario la tildamos simplemente de mala.

Cuan simples llegamos a ser en nuestras afirmaciones!  Caer en las trampas es sumamente fácil. Las marcas son simplemente marcas y lo de buenas y malas depende de las gafas de cada cual. Lo bueno de una marca es que existe y que proporciona notoriedad a su detentor y transmite un mensaje a la audiencia a la que va dirigida y esto sucede siempre y bajo cualquier supuesto. En caso contrario simplemente no existe y se acabó la discusión porque ojos que no ven corazón que no siente.

Detrás de cada marca se esconde una manera de ver el mundo y una voluntad de ser, estar y hacer, una visión y una misión, que se concreta en maneras genuinas de actuar basadas en criterios y parámetros particulares que acostumbramos a llamar valores. Y esto sucede siempre.

Hay personas cuya marca nos despierta admiración o curiosidad o respeto y otras que nos suscitan indignación o repulsión o simplemente nos hacen enrojecer de vergüenza ajena.

Pocas marcas nos dejan indiferentes y la mayoría de las que en nuestras conversaciones de ascensor las llamamos malas son el producto de un trabajo consciente, duro y por supuesto nada ingenuo para conseguir notoriedad a cualquier precio.  Que perduren en el tiempo o no es harina de otro costal y generalmente la historia se encarga de encumbrar o relegar al olvido a quien corresponde.

A partir de ahora cuando veamos una marca seamos conscientes de que nada sucede por azar y que detrás del personaje más histriónico, raro, malvado o recompuesto cincuenta veces por la cirugía estética hay un trabajo de marca labrado con sudor y codicia. Y que si a pesar de los valores que  transmite logra tener notoriedad es por que como marca ha triunfado. No nos llevemos a engaño.