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La ilusión del caminante

 

Cuando nos fijamos objetivos y gracias a trabajar muy duramente los alcanzamos, tenemos la sensación de que nos hemos quedado cortos y nos sentimos insatisfechos. Es lo que se llama la ilusión del caminante.

¿Estamos condenados a vivir en la insatisfacción?

Alfred Sauvy, demógrafo francés que vivió entre 1898 y 1990, la describió de la siguiente manera: Cuando se pregunta a una persona: “¿qué aumento de tus ingresos te permitiría satisfacer tus necesidades?, la respuesta general es: “Aproximadamente un aumento de un tercio”. Al repetir la pregunta diez años más tarde a las personas que han conseguido un aumento de aproximadamente un tercio de sus ingresos, la respuesta continua siendo la misma:  ”Una tercera parte más”.

El profesor Jordi Busquet nos cuenta en su libro sobre el esnobismo, editado en catalán por la Editorial UOC, que este tercio es tan inalcanzable como el horizonte.

¿Nos persigue la maldición de no poder llegar nunca a alcanzar felizmente nuestros objetivos? ¿Seremos eternamente un rebaño de insatisfechos?

Cada uno de nosotros tiene la respuesta, porque a fin de cuentas cada cual se fija los objetivos que quiere y los indicadores que considera oportunos para valorarlos. Y saber volver la vista atrás, para ver de dónde venimos y dónde estamos ahora, que puede tener muchas veces efectos balsámicos.

A mi me gusta revisar mis metas para ir superando dificultades y escalando cimas cada vez más altas, pero esto no es una excusa para vivir permanentemente insatisfecho. Valoro lo que soy y valoro lo que tengo porque año tras año cierro el balance con ganancias, aunque en los últimos años y gracias a la crisis se materializan más en vivencias y experiencia que en bienes materiales. Y tengo por norma no quejarme aunque la situación me indigna profundamente y aprovecho cualquier medio para denunciarlo.

Para el que le quede alguna sombra de insatisfacción a causa de la ilusión del caminante, que recuerde los versos de Calderón de la Barca en La Vida es Sueño:

Cuentan de un sabio, que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas yerbas que cogía.
«Habrá otro», entre sí decía,
«más pobre y triste que yo?»
Y cuando el rostro volvió,
halló la respuesta, viendo
que iba otro sabio cogiendo
las hojas que él arrojó.

Al gestionar nuestra Marca Personal  incorporamos elementos de visión panorámica que nos permiten situar nuestros logros en su contexto exacto para poder disfrutarlos con plenitud. Ya sabes la solución, te espero.

Pero… ¿existen los reyes magos?

Hoy es un día mágico en muchos países de raíces católicas, así que nos parece oportuno adjuntar este relato conmovedor que explica la historia de un padre afrontando la pregunta de su hija: ¿Existen los reyes magos?. La solución que brinda el padre roza la genialidad, y sin ninguna duda habla muy bien de la marca personal de este hombre. Os dejo con la historia.Y recordad, no la contéis hasta que os hagan “la pregunta”. Este post lo publicamos hace un año y hace dos,  pero dado su éxito de audiencia nos parece oportuno re-publicarlo.

Los Reyes Magos son verdad

Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escucharle como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo:

– ¿Papa?
– Sí, hija, cuéntame
– Oye, quiero… que me digas la verdad
– Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido
– Es que… -titubeó Cristina
– Dime, hija, dime.
– Papá, ¿existen los Reyes Magos?
El padre de Cristina se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
– Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta de Cristina le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:
– ¿Y tú qué crees, hija?
– Yo no sé, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso.
– Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero…
– ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me habéis engañado!
– No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen -respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Cristina.
– Entonces no lo entiendo, papá.
– Siéntate, cariño, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.

La adoración de los magos. Boticelli 1475

Cristina se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:
-Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
– ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
– ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo. Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
– Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.

Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:

– Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
– ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes., no existen tantos.
– No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
– ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes con cara de sorpresa y admiración.
– Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios.
– Sí, claro, eso es fundamental – asistieron los tres Reyes.
– Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?
– Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres.
– Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?

Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:

– Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.

Cuando el padre de Cristina hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:

– Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.

Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano mientras decía:

-No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero.

Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.

Los tocapelotas, arriba tu optimismo!

Que todo está muy mal ya lo sabemos, que todo va a peor lo podemos presuponer. Lo que no podemos tolerar es que nadie nos diga que no vale la pena hacer nada. No es lo mismo.

La revista de publicidad Control editó hace una semanas un especial optimismo. Desde aquí los felicito por ello y me sumo al lado de la humanidad que ve el vaso medio lleno.

Dice Emilio Duró que no te rodees de gente negativa, y también lo dicen otros muchos. Si te pegas a alguien negativo, te negativizas.

No planteo el positivismo como un placebo que transmita falsa ilusión. Planteo un positivismo que nos haga ver las oportunidades y que nos exija para sacar lo mejor de nosotros mismos.

Atrás quedaron los tiempos en que los martes por la tarde había spa y jueves por la mañana había golf . Ahora son los tiempos que nos exigen, los que necesitan sacar lo mejor de cada uno. Ya no vale dejarse llevar por la corriente de éxito a la que tan injustamente se han subido los que no lo merecían.

Pero llega un momento, con lo jodido que está el mundo, en que el positivismo te da la energía necesaria no sólo para sobrellevar todo esto, sino para salir adelante dignamente. Y siempre llega el tocapelotas de turno, el agorero apocalíptico con su mensaje: “esto es el final”, “no podremos salir adelante”, “qué va a ser de mí”… Lo reconozco, una vez fui uno de esos, fui un tocapelotas.

Pero ahora me apunto a dejar a los tocapelotas a un lado, y a rodearme de gente activa, emprendedora e ilusionada.

Y si no hay final de Champions española, pues tampoco pasa nada.

Pero… ¿existen los reyes magos?

Hoy es un día mágico en muchos países de raíces católicas, así que nos parece oportuno adjuntar este relato conmovedor que explica la historia de un padre afrontando la pregunta de su hija: ¿Existen los reyes magos?. La solución que brinda el padre roza la genialidad, y sin ninguna duda habla muy bien de la marca personal de este hombre. Os dejo con la historia.Y recordad, no la contéis hasta que os hagan “la pregunta”. Este post lo publicamos hace un año, pero dado su éxito de audiencia nos parece oportuno re-publicarlo.

Los Reyes Magos son verdad

Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escucharle como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo:

– ¿Papa?
– Sí, hija, cuéntame
– Oye, quiero… que me digas la verdad
– Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido
– Es que… -titubeó Cristina
– Dime, hija, dime.
– Papá, ¿existen los Reyes Magos?
El padre de Cristina se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
– Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta de Cristina le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:
– ¿Y tú qué crees, hija?
– Yo no sé, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso.
– Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero…
– ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me habéis engañado!
– No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen -respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Cristina.
– Entonces no lo entiendo, papá.
– Siéntate, cariño, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.

La adoración de los magos. Boticelli 1475

Cristina se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:
-Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
– ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
– ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo. Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
– Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.

Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:

– Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
– ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes., no existen tantos.
– No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
– ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes con cara de sorpresa y admiración.
– Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios.
– Sí, claro, eso es fundamental – asistieron los tres Reyes.
– Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?
– Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres.
– Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?

Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:

– Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.

Cuando el padre de Cristina hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:

– Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.

Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano mientras decía:

-No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero.

Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.

El empresario que temía apostar por su gente, por @guillemrecolons

Este pequeño relato no trata de incertidumbre, ni de crisis. Tampoco de sindicatos, bancos o legislaciones. Trata del miedo que tienen muchos empresarios a apostar por la más perfecta de sus maquinarias: su gente.

Eladio había llegado lejos. Tras acabar su carrera y trabajar en diversos empleos, hace 5 años decidió abrir su propia empresa. Para hacerlo, contó con la ayuda de un Capital Risk que se enamoró de su Plan de Negocio y contó con la gran ayuda de su marca personal, la de un emprendedor convencido de sus ideas, de mentalidad abierta, visionaria.

Contó con la gran ayuda de su marca personal, la de un emprendedor convencido de sus ideas, de mentalidad abierta, visionaria

Los dos primeros años, aún sin retorno de inversión, el negocio de Eladio fue tomando posiciones y aumentando su facturación de manera progresiva. Eladio consiguió dotar de VALOR a su empresa, a sus servicios y a sus productos. Para dotar de un mayor empuje a su empresa, Eladio pronto creyó necesario contar con la ayuda de algún “senior” que le ayudara a canalizar el plan de negocio. Contrató a 5 personas que, si bien no reunían aún la experiencia suficiente en el sector de negocio, eran portadores de energía, de ilusión y de motivación.

Al poco tiempo de hacerlo, ZAS! aparece la peor cara de la crisis

Al poco tiempo de hacerlo, ZAS! aparece la peor cara de la crisis y Eladio se ve obligado a tomar medidas para salvaguardar la empresa. Para empezar, recortar gastos superfluos. Siendo una medida insuficiente, decidió prescindir de algunos ejecutivos. El criterio seguido era elegir los que les costaba menos dinero despedir, con independencia de su valor. Más tarde redujo los salarios un 20% y eliminó dietas y bonus. Llamó a un informático para impedir que sus empleados se pudieran conectar a Facebook, Linkedin, YouTube, Twitter…, cosa que consiguió con una sencilla manipulación del servidor.

La moral del resto de trabajadores empezaba a decaer. En ese momento Eladio decidió contratar a un consultor externo para ayudar a sus empleados a encontrar la motivación que habían perdido. El consultor transmitió a Eladio que debería implicar más a su gente en los procesos de toma de decisiones, que debería delegar más para que éstos se sintieran partícipes de la empresa y que debería darles un mayor protagonismo en las actividades externas de la compañía. El consultor consideraba que de esta manera Eladio conseguiría reencontrar la motivación y además tendría mucho más apoyo en la dirección del proyecto.

Eladio lo único que quería era convencer a sus empleados de trabajar más horas

Las ideas del consultor fueron despreciadas, ya que Eladio lo único que quería era convencer a sus empleados de trabajar más horas sin exigir nada en contrapartida. Eladio tenía MIEDO de promocionar a su gente. En el fondo pensaba que si lo hacía, pronto le abandonarían llevándose todos los secretos de la compañía.

Hoy, la empresa de Eladio ha cerrado. Lo peor es que podía haberlo evitado. Solo necesitaba CREER en su equipo, ejercer el LIDERAZGO y mejorar la COMUNICACIóN interna. Así hubiera conseguido MOTIVAR.

El miedo a reforzar las MARCAS PERSONALES de la gente clave en una empresa es una práctica común. Aún no entendemos que nuestra gente se puede convertir en EMBAJADORES de la compañía, transmitiendo como nadie la VISIÓN, MISIÓN y VALORES, ayudando a generar una cadena de VALOR.

¿La moraleja del cuento? Las máquinas solo son recursos, y necesitan que las PERSONAS estén detrás para funcionar, para rendir. Si hay que apostar por algo es por las personas, sin ningún miedo.

 

¿Existen los Reyes Magos? El relato, por @guillemrecolons

Esta, la de hoy, es la noche mágica en muchos países de raíces católicas, así que nos parece oportuno adjuntar este relato conmovedor que explica la historia de un padre afrontando la pregunta de su hija: ¿Existen los reyes magos?. La solución que brinda el padre roza la genialidad, y sin ninguna duda habla muy bien de la marca personal de este hombre. Os dejo con la historia.Y recordad, no la contéis hasta que os hagan “la pregunta”.

La imagen de Sandro Botticelli “Adoración de los Reyes Magos”. Wikipedia

Guillem Recolons

Los Reyes Magos son verdad

Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escucharle como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo:

– ¿Papa?
– Sí, hija, cuéntame
– Oye, quiero… que me digas la verdad
– Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido
– Es que… -titubeó Cristina
– Dime, hija, dime.
– Papá, ¿existen los Reyes Magos?
El padre de Cristina se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
– Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta de Cristina le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:
– ¿Y tú qué crees, hija?
– Yo no sé, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso.
– Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero…
– ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me habéis engañado!
– No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen -respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Cristina.
– Entonces no lo entiendo, papá.
– Siéntate, cariño, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.

Cristina se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:
-Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
– ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
– ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo. Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
– Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.

Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:

– Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
– ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes., no existen tantos.
– No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
– ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes con cara de sorpresa y admiración.
– Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios.
– Sí, claro, eso es fundamental – asistieron los tres Reyes.
– Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?
– Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres.
– Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?

Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:

– Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.

Cuando el padre de Cristina hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:

– Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.

Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano mientras decía:

-No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero.

Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.