Entradas

Marca personal e inteligencia emocional, por @Valero_Bea

El auge de la marca personal

En los últimos años hemos vivido una auténtica revolución con respecto a las redes sociales y la marca personal. De entre ese tumulto de personas conectadas en el mundo 2.0, han sobresalido marcas especialmente notables que han logrado un posicionamiento sólido y una marca ampliamente reconocida. Esto, junto con el gran número de recursos existentes que hablan de marca personal y animan a construir la tuya propia, ha despertado un fuerte interés y ha empujado a muchas personas a tratar de mostrarse al mundo y hacerse un pequeño hueco entre la multitud.

Las malas interpretaciones

Sin embargo, bajo mi punto de vista, una parte de esas personas han malinterpretado el concepto de marca personal y se han visto en la necesidad, e incluso en la obligación, de crearse cuentas en redes sociales y redes profesionales que les permitiesen conectar con el mayor número posible de personas y tratar de interactuar de alguna manera.

Por supuesto, no juzgo ni critico a nadie por ello. Es más, valoro el esfuerzo que han hecho por adquirir nuevos recursos e incluso reinventarse en momentos de dificultades económicas y laborales. El problema es que el foco se ha puesto en la necesidad de hacerse notar, de ser visible entre tanto gentío, de hacerse escuchar y de relacionarse con cuantos más mejor. Digamos que sería algo así como el que se compra la equipación más completa y se echa a la calle a correr, pero descuida qué necesita realmente, si ese deporte le motiva, no sigue un entrenamiento, no se propone un pequeño plan para progresar, ni tampoco escucha las respuestas de su cuerpo. Puede ocurrir que se lesione, que se aburra de la misma rutina o simplemente que se desmotive porque no vea resultados.

Es decir, en demasiadas ocasiones, por una cuestión de urgencia o de dejarse llevar (o sentirse presionado) nos centramos más en el envoltorio que en el contenido, sin pararnos siquiera unos minutos a pensar para qué lo estamos haciendo.

¿Qué es para mí la marca personal?

La marca personal es aquello que define nuestra esencia y, por lo tanto, nos hace únicos.

Y es algo útil, por lo que hay que “ejercitarla” y ponerla a rodar. Básicamente porque nos ayuda a clarificar quiénes somos, nos permite moldear qué queremos proyectar, nos ayuda a generar un contexto donde gestionar nuestras relaciones y porque nos ofrece un camino que recorrer hacia un fin.

El rol de la inteligencia emocional

Por lo tanto, para que todo esto funcione no basta con crearnos un perfil en redes, lanzarnos a conseguir conexiones, nutrirnos de información y aportar comentarios y “me gustas”. Necesitamos saber quiénes somos, hacia dónde queremos ir y qué estrategia vamos a seguir para ello. Necesitamos trabajar la inteligencia emocional para conocernos en profundidad, ser capaces de gestionar nuestras relaciones de la manera más eficiente posible y alcanzar así nuestros objetivos.

Las competencias de la inteligencia emocional nos sirven de base para construir nuestra marca personal, pero también nos ayudan a ponerla en práctica y sacarle el mayor partido:

  1. Capacidad para identificar nuestras propias emociones.
  2. Capacidad para regular y gestionar nuestras propias emociones.
  3. Capacidad para automotivarnos.
  4. Capacidad para reconocer las emociones de los demás.
  5. Capacidad para gestionar nuestras relaciones.

Pero esto va más allá de un tema estrictamente emocional. Consiste en hacer un análisis de quiénes somos, qué nos motiva y dónde queremos llegar. No se trata de definirnos a través de un puesto o una función, ni únicamente a partir de nuestra personalidad. Se trata de identificar aspectos como:

  • Cuáles son nuestros valores fundamentales y si nuestros proyectos están alineados con los mismos.
  • Qué nos motiva, analizando qué emoción nos genera cada reto, proyecto, actividad.
  • Cómo nos mostramos ante los demás y cómo nos comunicamos, qué proyectamos en ellos.
  • Qué talentos tenemos, qué se nos da bien y nos encanta hacer.
  • Cuál es nuestra visión, dónde nos vemos en los próximos años.
  • Cuál es nuestro propósito de vida, algo que trasciende más allá de nosotros mismos y que compartimos con otros.

Además, la inteligencia emocional nos ayuda a gestionar y canalizar nuestras emociones, algo especialmente relevante en momentos de dificultades o cambios; y, por otra parte, nos ayuda a sacar lo mejor de nuestras relaciones, a comunicarnos de manera eficiente respetando las marcas de los demás. La marca no sería personal sin la parte más emocional y profunda, de la misma manera que no sería marca sin personas alrededor con las que relacionarse, compartir y enriquecerse.

Con esto no digo que sea un error tratar de tomar visibilidad en las redes o de conectar con otras personas que puedan resultarnos interesantes. Pero antes de definir una estrategia y de ponernos manos a la obra, debemos dedicarle tiempo a hacer una reflexión profunda sobre quiénes somos, conectar con nuestra parte más emocional para conocer nuestra verdadera esencia y saber qué podemos y queremos aportar en la vida.

Menos avatares

En un mundo tan poblado y tan sumamente conectado digitalmente, la marca de cada persona se convierte en nuestra huella dactilar, en nuestro ADN, y el ejercicio de la inteligencia emocional se vuelve más necesario aún. Necesitamos menos avatares, menos posados y menos textos, y necesitamos más personas reales, más aportaciones cargadas de autenticidad, más sentimientos y miradas llenas de emoción y más sueños por soñar y también por cumplir.

Enlaces interesantes:

Neuromarcas: Personal Branding sin límite

La ciencia avanza que es una barbaridad. Los últimos avances en neurología han dado pie a la neuro ciencia y con ello todo un mundo de neuro posibilidades con el neuro marketing. Si estudiamos, entendemos y aprendemos algo de inteligencia emocional y conocemos (y nos creemos) los últimos neuro descubrimientos  tenemos ante nosotros un sinfín de soluciones y posibilidades para intentar ser mejores.

Sí lo se; otra vuelta de tuerca. ¿Y por qué no? Esto significa que el personal branding no tiene tope, está en pleno proceso de crecimiento y carece de límites.

Desde Goleman y su Inteligencia Emocional muchos divulgadores –que no científicos- han ido transmitiendo para los neuro ignorantes –que lo somos casi todos- conceptos de fácil aplicación a nuestras marcas personales.

Hemos aprendido, por ejemplo, que los dos hemisferios cerebrales son diferentes: actúan como zonas totalmente contrapuestas de nuestro ser; el derecho es el creativo, divertido, imaginativo, impulsivo y soñador y el izquierdo el racional, el sereno, el matemático, el reflexivo.

Es importante saberlo, pero mucho más saber para qué sirve saberlo; para empatizar. Adivino desde qué hemisferio cerebral me habla mi interlocutor y así consigo establecer con él una comunicación en el mismo canal. Zas!, relación hecha, conexión realizada. Es todo un adelanto.

Por otra parte, desde la neuro logía va y nos cuentan que el cerebro no es estático e invariable, sino plástico. O sea, que de nada sirve ya decir… es que soy así, qué le voy a hacer… No, ese cuento ya no sirve. La plasticidad del cerebro significa que podemos hacerle cambiar. Si nos consideramos pesimistas, basta con mentalizarlos y entrenar a nuestro cerebro para que la plasticidad como cualidad lo moldee de nuevo y se comporte con optimismo.

Realmente esto es sólo el principio. Las aplicaciones de la neuro ciencia a las marcas personales son muchas, e infinitas. Para empezar, tomar conciencia de que no hay nada que no podamos conseguir. Y eso es mucho, mucho decir.

En soymimarca lo sabemos, y por ello estamos aplicando a nuestros conocimientos y nuestra experiencia todo aquello que puede hacer de las personas.

La televisión es una fuente de cultura, cada vez que alguien la enciende me voy a la habitación de al lado a leer un libro

Paradojas de la vida ¿Cuál es la tuya?

Según  Wikipedia,  una paradoja es una idea extraña, opuesta a lo que se considera verdadero o a la opinión general. En otras palabras, es una proposición en apariencia verdadera que conlleva a una contradicción lógica o a una situación que infringe el sentido común. En retórica, es una figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que envuelven contradicción.

La paradoja es un poderoso estímulo para la reflexión, los filósofos a menudo se sirven de las paradojas para revelar la complejidad de la realidad en la que vivimos sumergidos. Las cosas no siempre son como parecen.

Está claro que lo que el mundo necesita es “más Platón y menos Prozac”. Estas 20 paradojas contienen la esencia de grandes principios universales.

1. Paradoja de los Sentimientos (y la Lógica): “El corazón tiene razones que la razón no entiende” (Pascal).

2. Paradoja de la Ceguera: “Lo esencial es invisible a los ojos. Sólo se ve con el corazón” (El Principito).

3. Paradoja de la Improvisación: “La mejor improvisación es la adecuadamente preparada”.

4. Paradoja de la Cultura:  “La televisión es una fuente de cultura, cada vez que alguien la enciende me voy a la habitación de al lado a leer un libro” (Groucho Marx).

5. Paradoja de la Ayuda: “Si deseas que alguien te haga un trabajo pídeselo a quien esté ocupado; el que está sin hacer nada te dirá que no tiene tiempo”.

6. Paradoja del Dinero: “Era un hombre tan pobre, tan pobre, tan pobre, que lo único que tenía era dinero”.

7. Paradoja del Tiempo: “Vete despacio que tengo prisa”.

8. Paradoja de la Tecnología: “La tecnología nos acerca a los más lejanos y nos distancia de los más próximos” (Michele Norsa).

9. Paradoja del Sentido: “No llega antes el que va más rápido sino el que sabe dónde va” (Séneca).

10. Paradoja de la Felicidad: “Mientras que objetivamente estamos mejor que nunca, subjetivamente nos encontramos profundamente insatisfechos” (José Antonio Marina).

11. Paradoja de la Sabiduría: “Quien sabe mucho, escucha; quien sabe poco, habla. Quien sabe mucho, pregunta; quien  sabe poco, sentencia”.

12. Paradoja de la Generosidad: “Cuanto más damos, más recibimos”.

13. Paradoja del Conocimiento: “El hombre busca respuestas y encuentra preguntas”.

15. Paradoja de lo Cotidiano: “Lo más pequeño es lo más grande”.

16. Paradoja del Silencio: “El silencio es el grito más fuerte” (Shopenhauer).

17. Paradoja del Experto: “No hay nada peor que un experto para evitar el progreso en un campo”.

18. Paradoja de la Riqueza: “No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita”.

19. Paradoja del Cariño: “Quien te quiere te hará sufrir”.

20. Paradoja del Disfrute: “Sufrimos demasiado por  lo poco que nos falta y gozamos poco de lo mucho que tenemos” (Shakespeare).

Muchas de estas paradojas se convirtieron en marcas personales de aquellos que las crearon, y muchas de ellas constituyen parte de la esencia misma de muchas personas. ¿Cuál es la tuya?