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No te olvides del producto

 

La irrupción de Internet, las nuevas tecnologías y las redes sociales ha revolucionado el mundo del marketing en los últimos años. El impacto que han tenido estos cambios ha sido enorme. Además, toda esta revolución ha ido (y está yendo) a una velocidad de vértigo. Por ejemplo, la radio tardó 38 años en llegar a los 50 millones de usuarios en todo el mundo, la televisión 13, el Ipod 3 y Facebook… 6 meses. Son muchos los sectores que se han reinventado y han redefinido completamente sus modelos de negocio con la llegada de estos cambios tecnológicos: la música, los viajes,… Lamentablemente la crisis nos está impidiendo ver la realidad con mayor nitidez. Observo muchos sectores que lo están pasando mal y “la excusa” siempre es la crisis, cuando en muchos casos diría que tienen un modelo de negocio obsoleto que debe ser rediseñado para adaptarse a la situación actual.

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En cuanto los profesionales, la situación es parecida. Muchos de ellos, amparados en la situación de crisis económica, todavía no se han percatado de que su modelo de negocio no se adapta a la coyuntura actual. Que deben reinventarse, redefinirse profesionalmente para poder competir con éxito en un mercado laboral muy diferente al que estaban acostumbrados. Generalmente suele ser más cómodo quejarse de la crisis que hacer el esfuerzo por reinventarse, por cambiar.

Afortunadamente, con la llegada de Internet y las nuevas tecnologías, comunicarse a nivel individual, hacer llegar tu mensaje a tu público objetivo es más fácil que nunca. Las páginas webs, los blogs, las redes sociales… han democratizado la forma de comunicarnos con el mercado. Tenemos a mano, de forma gratuita o muy económica herramientas de comunicación que hace poco tiempo eran inimaginables o estaban sólo al alcance de empresas de cierto nivel. Además, resulta fácil y generalmente atractivo introducirse en este mundo 2.0 y comunicar. En mis cursos y conferencias, el apartado de comunicación suele ser el que más atención presta la gente y también el que más incorpora a sus actividades habituales. Que sea gratuito, tan fácil y tan potente ha sido una gran ventaja pero a su vez quizás entre todos lo hemos banalizado un poco. A veces parece que sólo importa comunicar bien. Que cualquier profesional que sea hábil en el entorno 2.0 puede tener éxito. Y, a mi entender, no es así.

Existe una ley en marketing que dice que “la publicidad debe descansar en un buen producto”. De nada sirve invertir mucho en publicidad si el producto no tiene la suficiente calidad como para satisfacer a los consumidores. En el mundo de los profesionales esta ley también aplica. Las acciones de comunicación se deben apoyar en un buen producto. Y en este caso, el producto eres tú. Está muy bien que trabajes a fondo tu blog personal, que seas muy activo en las redes sociales… pero no te olvides del producto, no te olvides de ti. Invierte en ti, fórmate, aprende idiomas, desarrolla nuevas competencias que te ayudarán en tu sector de actividad, coge experiencia, viaja, lee mucho, acude a conferencias y congresos… No pares de trabajar tu producto. Para terminar quería compartir contigo uno de los mejores consejos que me han dado en mi vida. Fue en el día de mi graduación universitaria. Un alto directivo de un organismo financiero internacional me dijo: “llevo toda la vida estudiando inversiones: en bolsa, materias primas, divisas, oro, renta fija, variable… y nunca he visto ninguna inversión más rentable que la formación”. Así que, como te decía al principio, no te olvides del producto, no te olvides de ti, fórmate como debes. Nada te ofrecerá mayor rentabilidad.

Personal Branding, el arte de invertir en ti (47). La cualidad de la ligereza

 

Una marca personal tiene que ser ligera y formulo esta afirmación con plena consciencia y no precisamente a la ligera. La personas tendemos a la complejidad y precisamente por esto es difícil percibir lo que somos y lo que queremos de manera clara y rápida. Muchas veces hasta nos cuesta a nosotros saber quienes somos y lo que queremos, no en vano el primer pilar en la gestión de nuestra marca personal es el autoconocimiento. Y mientras tanto lo que los demás pueden percibir es una amalgama de características que mas que dejar huella en sus corazones puede oprimirlos por la pesadez.

Con la ligereza concluimos una serie de artículos que iniciamos el pasado 18 de marzo bajo el título de “Haz tu marca memorable” y en el que hemos hablado de cualidades de la marca personal como  narrabilidad, bondadautenticidad, disposición, relevanciaoptimismo, responsabilidadmagnanimidadhumorhumildad y humanidad.

ligerezaLigereza es sinónimo de agilidad, levedad, rapidez, presteza y prontitud entre otros pero también lo es de inconstancia, irreflexión, trivialidad y futilidad.

Por mi práctica profesional veo que la mayoría de personas llegamos a tomar consciencia de marca tras haber vivido una vida más o menos intensa en la que  hemos acumulado cosas, relaciones y experiencias que nos han llevado a ser lo que somos en este preciso momento y que configuran lo que los demás perciben de nosotros. Recordemos que nuestra marca está en función de los demás y que sin ellos no tendría razón de ser porque no habría corazones en los que grabar nuestra huella.

En el proceso de autoconocimiento tratamos de comprender e inventariar nuestra complejidad para reorientarla hacia nuestros objetivos finalistas y a partir de aquí gestionar nuestro día a día. Una vez hecho esto lo explicamos a los demás para que nos perciban tal y como somos, nos tengan en cuenta, nos graben en su memoria y seamos lo elegidos.

Si nuestro territorio es excesivamente complejo, si hay demasiadas cosas que nos tienen prisioneros y enmarañan nuestra esencia la mejor solución es soltar lastre ,abandonar todo aquello que no es esencial y que nos convierte en demasiado densos para seguir nuestro camino y para que los demás puedan percibirnos de manera real. Algunas veces personas, relaciones, creencias y objetos deben aparcarse en el camino de manera temporal u olvidarse para siempre.

Y es así que nosotros y nuestra marca ganamos en ligereza y podemos seguir nuestro camino para alcanzar los objetivos que nos hemos fijado con mayor rapidez.

Sin ligereza dejaremos una marca pesada y torpe.

Personal Branding, el arte de invertir en ti (46). ¿Desprendes humanidad?

 

“Nuestra verdadera nacionalidad es la humanidad” Herbert George Wells

Recordamos que el pasado 18 de marzo iniciamos una serie de artículos alrededor del concepto “haz tu marca memorable“. Hemos hablado de las cualidades de narrabilidad, de bondad, de autenticidad, de disposición, de relevancia, de optimismo, de responsabilidadmagnanimidad, humor y humildad. Hoy hablamos de la cualidad que nos distingue de las bestias: la humanidad.

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Humanidad es un concepto polimórfico, ya que aunque su raíz se refiere a la  naturaleza humana, en moral se refiere a la compasión y el altruismo. Y es precisamente este significado moral el que nos interesa como cualidad de la marca personal.

Quizás estemos viviendo la era de los extremos: mientras la prensa destaca en sus portadas todo aquello que está falto de humanidad, muchas personas recurren a soluciones espirituales para hacer las paces consigo mismas y con sus entornos. No se trata solo de religión, se trata de meditación, del coaching, de yoga, de tai chi, el deporte en general y, muy especialmente, del auge del voluntariado.

Nos negamos a creer que no haya salida para los problemas que nos acechan, y eso nos anima a seguir en pie luchando contra la corrupción, la injusticia y la crisis. Y lo hacemos desde la modestia de nuestros propios recursos. Tiene el mismo valor una donación de 5 millones de dólares de la Bill & Melinda Gates Foundation que una aportación personal de 5 dólares a Unicef. El motor es el mismo, cambian los recursos.

El auge del altruismo y del voluntariado solo puede explicarse desde la experiencia del dolor. Uno no quiere para los demás lo que ha pasado en propia carne, o simplemente las imágenes de dolor que nos brindan las televisiones de todo el planeta nos hacen reaccionar, nos recuerdan nuestra condición de seres vulnerables, sensibles y compasivos.

“La verdadera educación consiste en obtener lo mejor de uno mismo. ¿Qué otro libro se puede estudiar mejor que el de la Humanidad?” Mahatma Gandhi

No es concebible una marca personal sólida carente de valores de humanidad. La época de los yuppies y tiburones sin escrúpulos ha pasado, y nuestro rastro debe dejar señales claras de empatía y sensibilidad. Tengo la gran suerte de ser voluntario en una fundación que ayuda a personas en riesgo de exclusión social, y la experiencia demuestra que cada uno de nosotros puede dejar un rincón de su corazón para echar una mano. Siempre habrá alguien que la necesite.

Os dejo uno de los mejores ejemplos de humanidad que recuerdo. Es “Chupete”, un anuncio para Cruz Roja ideado por Cuca Canals en la ya extinta agencia “Casadevall & Pedreño”. Algo tan pequeño, algo tan grande.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=jJaRaHUbRSk[/youtube]

Personal branding, el arte de invertir en ti (41). El optimismo como marca.

 

Algunas personas miran al mundo y dicen ¿por qué?, otras miran al mundo y dicen ¿por qué no?” George Bernard Shaw  

Hemos hablado ya de narrabilidad, de bondad, de autenticidad, de disposición  y de relevancia dentro de las cualidades esenciales de la marca personal. Hoy hablamos del optimismo.

El optimismo es una manera de mirar el mundo, es una actitud, una forma de ser y una forma de hacer, de actuar. Es la tendencia a esperar que el futuro depare resultados favorables, es al mismo tiempo un valor que ayuda hacer frente a las dificultades con un estado de ánimo positivo y es también tener confianza en nuestras propias capacidades y posibilidades contando siempre con la ayuda de los demás.

El optimismo es un elemento relevante de una marca personal que influye enormemente sobre nosotros y sobre nuestro entorno. Un optimista es siempre percibido como una persona positiva que avanza y ayuda a los demás para que vayan adelante a pesar de las dificultades.

Lo contrario del optimismo es el pesimismo. Por desgracia todos conocemos personas pesimistas que se empeñan en descubrir siempre el lado oscuro de las cosas de manera que ni avanzan ni dejan avanzar. El pesimista va siempre con las ojeras puestas que sólo le dejan ver las piedras que encuentra por el camino pero que le impiden tener la perspectiva necesaria para captar las oportunidades y acaba siendo un elemento considerado como tóxico porque emponzoña con su actitud su vida y la de los demás.

El optimista nace y se hace. Para cultivar optimismo en nuestra vida y en nuestra marca es necesario que nos conozcamos bien, que sepamos lo que queremos y que lo transmitamos de manera eficaz. Gestionar la marca personal contribuye a generar dosis importantes de optimismo porque un optimista es ante todo realista y es consciente del terreno que pisa, siempre es responsable de lo que hace y es por ello capaz de comprometerse en proyectos de larga duración. El pesimista considera que el optimismo es un acto de irresponsabilidad y su propia ceguera le frena al compromiso y a la acción. El optimista tiene siempre un proyecto; el pesimista una excusa.

Winston Churchill decía que “un optimista ve una oportunidad en toda calamidad, un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad”. Y tu cuando miras un vaso ¿cómo lo ves, medio vacío o medio lleno

Personal Branding, el arte de invertir en ti (39). Disposición.

 

Hemos hablado ya de narrabilidad, de bondad y de autenticidad dentro de las cualidades esenciales de la marca personal. Hoy hablamos de la disposición.

Como en casi todas las cosas de la vida la gestión de la marca personal comienza por uno mismo y por las ganas, digamos estado de ánimo positivo, por querer ser relevante, notorio y referente para ser el elegido. Sin disposición la marca personal es ingestionable porque si no queremos, si no estamos dispuestos, nunca dejaremos una huella en el corazón de los demás.

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Los individuos grises, los del montón, los anónimos, por más buenas personas y buenos profesionales que sean, por más que rezumen autenticidad por los cuatro costados si no están dispuestos a darse a conocer, a explicar por qué son diferentes de los demás, a concretar su propuesta de valor nunca dejarán marca.

Para ser tenidos en cuenta por los demás es necesario tener unos hábitos arraigados y la mente en estado de alerta para aprovechar todas las oportunidades que se presenten para distinguirse de la multitud y también para crearlas, como  no, porque la mejor manera de tener oportunidades es construirlas.

De todos modos la disposición por dejar huella comienza por ser auténtico, por tomar consciencia de quienes somos, de lo que es relevante para nosotros, de cual es nuestro papel en el mundo y de la manera en que queremos hacerlo realidad. Cuanto más sólidos seamos, cuanto más tengamos que ofrecer a los demás, cuanto más consistente sea nuestra propuesta de valor mayor será la marca que dejemos. La marca personal es directamente proporcional a la fuerza de nuestra identidad.

Así pues ya tenemos dos puntos de apoyo para nuestra disposición a dejar marca: querer ser y querer que nos vean.

La falta de disposición se refleja de muy diversas maneras, la primera es la pereza a querer conocernos, a pensar en nosotros y a descubrir lo que nos hace únicos. Nadie dijo que gestionar nuestra marca no requiriera esfuerzo pero lo que es seguro es que todo esfuerzo tiene su recompensa porque en el camino nos encontraremos  obstáculos, situaciones agradables o retos y saldremos siempre de este proceso más fuertes y mejores de cómo hemos entrado.

Las creencias  también son otro obstáculo a la disposición para ser los elegidos. Por un lado la falsa modestia hace que algunas personas piensen que querer ser la opción preferente es un acto de egoísmo, de pensar solo en uno mismo y esto es cien por cien falso porque la actitud egoísta es tener una propuesta de valor y no ponerla a disposición de los demás.

Por otro lado  existe la creencia, el temor, a la mercantilización de uno mismo, yo no soy un producto y por lo tanto no me tengo que vender. Se trata de un atavismo muy arraigado en nuestra sociedad que preconiza el valor de pasar desapercibido para no tener problemas, como si no distinguirse fuera garantía de una vida mejor, más cómoda. Hace poco participé en un programa de radio en el que se trataba de la marca personal y una conocida coach de Barcelona afirmaba que para ella lo único importante era que las personas fueran auténticas y que lo demás vendría por si mismo, vaya que no era necesario darse a conocer. ¿Para que sirve ser el mejor si nadie lo sabe? ¿Para que sirve “ser auténtico” si no es para que los demás puedan beneficiarse?

Y tú, ¿estás dispuesto a ser la opción preferente?

Personal branding, el arte de invertir en ti (38). Autenticidad

 

Sé tú mismo. Los demás puestos están ocupados.

Hemos hablado ya de narrabilidad y de bondad dentro de las cualidades esenciales de la marca personal. Hoy hablamos de la autenticidad, para mi un valor irrenunciable.

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Decía Oscar Wildebe yourself, everyone else is taken“. Tal vez sea ésta la mejor definición de autenticidad que he leído nunca. Nos habla de algo que va más allá de la integridad: ser fiel al origen.

Todos evolucionamos, cambiamos, nuestros entornos se modifican, y nosotros nos movemos en consecuencia. Pero existen una serie de principios, de pautas, de reacciones, o de conductas que forman parte de nuestro ADN inmutable, es lo que configura nuestra personalidad. Y eso no se mueve, es lo que nos distingue de otras personas, lo que nos hace únicos, nuestro capital emocional diferencial.

Sin el paraguas de la autenticidad el resto de valores que podamos abanderar carecen de sentido. Y eso vale para una persona y para una marca comercial. No puedo creerme que seas una persona honesta si antes no tengo claro que eres auténtica, fiel a tus principios. Las marcas comerciales están obligadas a ser fieles a sus valores, y cuando no lo son solemos distanciarnos de ellas.

Alguna vez he comentado que el capital emocional es el gran responsable de nuestro posicionamiento diferencial. Hemos de aceptarlo y potenciarlo, evitando como sea imitaciones sin sentido de personas a las que admiramos.

Podemos admirar modelos, pero nunca hasta el punto de emularlos y así destruir los cimientos de nuestra marca, la autenticidad.

¿Qué pasa con algunos líderes políticos? ¿Por qué causan tanto rechazo en la población? ¿De dónde viene esa distancia?

En el fondo la respuesta es que han incumplido alguno (o varios) de los valores pilares de cualquier político: coherencia, liderazgo y honestidad.

La coherencia tiene mucho que ver con la autenticidad. El mantener una línea de discurso afín a unos principios es algo que debería configurar la condición central de un profesional de la política. El político “veleta” es rechazado porque hoy defiende una cosa y mañana la contraria. En mi opinión, el principio del fin de Felipe González como presidente de España fue cambiar el cartel de “No a la OTAN” por uno de “Sí a la OTAN” en pocos meses. Algunos dirán que supo adaptarse al cambio. Pero nuestros valores no cambian de la noche a la mañana. González se traicionó a sí mismo, rompió su áurea de autenticidad. Error letal.

Personal Branding, el arte de invertir en ti (35). Agentes del cambio

¿Estamos en un barco que hace aguas?

Cada día nos llegan nuevas evidencias de que las cosas no funcionan ni en nuestro país , ni en Europa. Contaba hace poco Richard Sennett que Europa no tiene arreglo porque el sistema ha quebrado y que la única solución es reinventar las instituciones.

Hessel, recientemente desaparecido, nos hablaba, a finales de 2010, de la necesidad de indignarnos frente a la intolerabilidad de muchas de las situaciones que vivimos.

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Lo cierto es que día tras día estamos perdiendo algo, desde capacidad económica individual, nos estamos empobreciendo, hasta derechos que alguien detrás nuestro lucho por conquistarlos poniendo en peligro su vida.

Y no pasa casi nada.

En casa y fuera de ella los que deberían, por profesión, sacarnos las castañas del fuego, los políticos, están cada día más desprestigiados y considerados como un problema.

Colectivamente no sabemos dónde vamos porque nadie es capaz de trazar un esbozo de camino coherente. Las medidas que nos tenían que sacar de las miserias a base de esfuerzo y recortes nos hunden cada vez más.

No os penséis que os cuento todo esto, que además es archiconocido por todos, porque estoy pasando por un bache, por un mal momento o porque tengo ganas de amargaros el inicio de la semana, no es nada de eso. En realidad, una vez he tomado consciencia de lo feas que están las cosas, lo que me importa es saber qué puedo hacer para salir del cenagal.

Lamentablemente la solución no puede venir desde fuera. ¿Y si parte de la solución se encontrara dentro de todos nosotros? A mi se me ocurren varios puntos a considerar:

  1. Creer de una vez que las cosas han cambiado y que posiblemente nada volverá a ser como antes.
  2. Si nadie me indica un camino yo tengo que encontrarlo porque si colectivamente no vamos a ninguna parte yo no puedo apearme del trayecto y quiero saber adonde voy.
  3. Para trazar mi camino tengo que saber por qué estoy aquí, qué quiero y cómo puedo conseguirlo.
  4. Si yo cambio ayudo a que el mundo cambie.
  5. Contando a los demás lo que quiero encontraré a otros que piensan como yo, porque no estoy solo y porque tengo la posibilidad de usar los medios a mi alcance para hacer oír mi voz y entre todos haremos avanzar el mundo.
  6. Para que volvamos a ser muchos remando en el mismo sentido es necesario que cada cual tenga claro cual es su misión.
  7. La suma de huellas individuales creará un surco por el que podremos volver a ver la luz.

Es el momento de reforzarnos como personas. Todos tenemos una misión que cumplir y al final cuando morimos muere con cada uno de nosotros un universo entero como tan sabiamente decía el poeta Yevtushenko.

Trabajar con seriedad y pasión nuestra marca personal, la huella que vamos dejando en nuestro entorno y en el corazón de los demás, nos dará los elementos para ir definiendo el camino y trazando las alianzas que nos permitirán entre todos hacer del mundo un lugar más habitable y con sentido.

Gestionar nuestra marca personal nos convertirá en agentes del cambio.

Personal Branding, el arte de invertir en ti (29). ¿Te atreves a pedir?

Pedir es un acto de atrevimiento y no acostumbra a salirnos de manera natural. ¿Cuántas cosas no hemos tenido por no haberlas pedido?

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Ser conscientes de que necesitamos algo que no tenemos es un acto de humildad. Cuesta reconocerlo y muchas veces nos da la sensación de que nos devalúa, nos debilita y nos convierte en parias. Nada más lejos de la realidad: si no pedimos perdemos la posibilidad de conseguir muchas cosas que nos pueden hacer la vida más fácil, que nos pueden allanar el camino.

Una marca personal que no se atreve a pedir cuando lo necesita puede esconder prepotencia , soberbia o miedo. A mi se me hace sospechosa de que no acaba de ir muy fina.

De manera muy generalizada a nadie se le ocurre pedir de manera natural

En las sesiones de trabajo de marca personal con mis clientes muchas veces aparecen imposibles aparentes como escasez de recursos, falta de tiempo, necesidad de apoyo o simplemente soledad. Los proyectos se ven como montañas inabordables, normalmente pregunto cosas del tipo ¿qué pasaría si pidieras ayuda? ¿has solicitado apoyo o un aplazamiento en el pago o un descuento? ¿qué perderías si lo pidieras? o ¿qué ganarías? De manera muy generalizada a nadie se le ocurre pedir de manera natural y cuando se hace los resultados son casi siempre positivos.

Pedir crea complicidad entre las personas, refuerza los lazos de solidaridad y nos humaniza.

En el acto de pedir hemos de ser conscientes de la oportunidad del momento y es mejor pedir cuando surge una necesidad que cuando ya está demasiado descompuesta. Nuestra entrañable frase “acordarse de Sana Bárbara cuando truena”  está más vigente que nunca, cuando truena puede ser tarde. ¿Suena la frase: “Habérmelo dicho antes, ahora ya es demasiado tarde”?

Tampoco hemos de olvidarnos de la reciprocidad. Cuando bajo nuestra demanda alguien nos da algo estamos obligados a actuar recíprocamente y ofrecer una contrapartida a quien nos ha favorecido. No es preciso que sea al instante pero debemos tenerlo en la recámara de la memoria para que cuando se presente la ocasión devolvamos el favor o la ayuda. No ser agradecidos afectará negativamente nuestra marca personal y nos hará retroceder en nuestro camino para ser la opción preferente. ¿Quien va a confiar en alguien que no sabe o no quiere devolver la ayuda que se le ha proporcionado? Y cerraremos puertas.

Y si nuestra petición no es recibida positivamente no hemos de desanimarnos, no es una tragedia, busquemos una segunda opción que posiblemente exista. Y en cualquier caso tendremos más información sobre las personas que nos rodean y esto aumenta el patrimonio de nuestra marca personal.

Personal Branding, el arte de invertir en ti (26). Nos esperan grandes oportunidades

Parece que el mundo occidental, salvo rara excepción, no hace otra cosa que hablar de crisis. Cualquier encuentro casual deriva en una conversación derrotista que acaba culpando a banqueros, políticos de todos los colores y grandes instituciones mundiales. Estoy convencido de que hay que hablar de ello, luchar por derechos perdidos y tratar de reconquistar un estado de bienestar que se aventura difícil y de largo recorrido.

Pero cuando hablamos de personas, y siempre respetando el espíritu crítico, sería interesante incluir parámetros de esperanza, oportunidad y reto en el mensaje que damos a los demás. Ser la típica persona ceniza convencida de que todo irá peor, de que aún no hemos tocado fondo, de que esto acabará en una guerra… puede dar de sí para publicar un libro. Pero la vida real requiere que nos levantemos cada mañana con ganas de cambiar este puñetero mundo, de aportar nuestro granito de arena para introducir una mejora, por insignificante que pueda parecer. Si los banqueros y políticos no fueran la respuesta, quizás la respuesta esté en cada uno de nosotros. Las grandes revoluciones de los últimos siglos siempre han empezado desde las personas. No nos resignemos a luchar por un mundo mejor.

Todo esto viene a cuento por un mail que me ha llegado de una persona (guardaré el anonimato) que no conozco pero que me ha alegrado el día y me ha hecho ver lo insignificantes que pueden llegar a ser algunos de nuestros problemas más cotidianos. Ahí tenéis el texto:

“…aprovecho esta oportunidad para desearles un inmejorable año nuevo. Sé que, aparentemente se presenta muy oscuro,  pero yo no puedo dejar de tener la sensación de que nos esperan tiempos de grandes oportunidades e importantes cambios a todos los niveles. Me siento,  a pesar de mis 50 años, como una mujer que mira con ilusión sus otros 50 años en los que puedo crecer y potenciar mis actitudes, talentos y competencias… me siento iniciando una nueva etapa de vida pero con la experiencia de mis 50 primaveras anteriores…”

Personal Branding, el arte de invertir en ti (16). Las fronteras de tu marca personal

Las fronteras de tu marca personal

Para dejar huella en el corazón de los demás, que es el objetivo final de toda marca personal, no vale todo, existen fronteras que no es conveniente rebasar. Los que nos rodean nos ven y nos sitúan  dentro del territorio que nos es propio, que nos hace fuertes, diferentes y memorables, enrocarnos en su interior nos fosiliza y abandonarlo de manera improvisada nos volatiliza. ¿Cuáles son los límites de nuestra marca personal?

Foto: Flickr CC

Nuestra identidad y su hoja de ruta definidas en la misión, visión y valores son nuestra tarjeta de presentación que se resume en un mensaje claro y entendedor. Preservar la propia identidad de intrusiones indeseadas que puedan dañarla y, en el límite destruirla, es una tarea que requiere atención, escucharse a uno mismo y una enorme capacidad de autocrítica y humildad. Nuestro territorio es  objetivo permanente de envites foráneos y todos estamos expuestos a ellos porque somos seres sociales, porque no vivimos aislados y porque sin la referencia  e interacción de los demás no seríamos marca.

Definir nuestras propias fronteras no es fácil y en la mayoría de las situaciones nos damos cuenta de que algo no funciona cuando realmente no va, somos poco precavidos, no tenemos el hábito de ser previsores. Recuperar las posiciones perdidas es costoso y a veces doloroso porque puede representar rupturas, pérdidas, distorsiones  y dinero.

Con tres ejemplos basados en experiencias recientes, anónimos por motivos de rigor profesional, lo entenderemos mejor.

La pareja, la nuestra, la de cada cual, es una parte importante de la hoja de ruta, constituye una de las opciones personales básicas. Con ella crecemos, tenemos hijos, perfilamos proyectos y la definimos como elección a largo plazo. Al ser cosa de dos se mueve en nuestro territorio de frontera porque está expuesto constantemente al exterior. Es fácil, sobretodo en las personas que tienen un carácter abierto o una actividad basada en las relaciones sociales, encontrarse en situaciones en las que uno se debe dar a conocer o hacer un esfuerzo para comprender a los demás y es aquí donde la exposición implica tener detectores de atención a punto y en buen estado de uso. Encontrar a alguien interesante, con una visión del mundo sugerente, complementando alguna carencia propia puntual no es difícil y hasta frecuente. El café de un día que se convierte en varios cafés, las confesiones personales más allá de lo que es profesionalmente  o funcionalmente necesario, comidas en lugares cada vez más privados, mensajes por los canales multimedia pueden llevar sin uno darse cuenta a  situaciones que ponen en peligro la existencia de la propia pareja. ¿ Cuales son tus límites que no debes en ningún caso rebasar?

El trabajo, sea por cuenta ajena o propia, consolida nuestra aportación a la sociedad, nos permite desarrollar habilidades profesionales que nos posicionan, nos da el fuelle económico necesario para sobrevivir y, como su producto va dirigido a alguien externo, se sitúa en territorio de frontera. Como los tiempos andan revueltos y hay que ir a por todas por aquello de mejor tener los huevos repartidos que en una sola cesta resulta poco complicado aceptar más tareas de las que realmente podemos hacer porque la cosa está tan mal que quien se atreve a decir no a alguien con ganas de contar con nosotros. Un encargo tras otro que se acumulan y que encadenan excusas cada vez más sofisticadas, el tiempo libre ocupado permanentemente en intentar acabar lo inacabable y que deteriora las relaciones personales y sociales, la desazón, el malestar y el disgusto por no llegar a donde nos hemos comprometido afectan a la autoestima y la salud física y emocional. ¿Cuáles son los límites que nunca debes rebasar?

La visibilidad, si no te ven no existes, es la parte descubierta del iceberg de la marca personal y por derecho propio se sitúa en territorio de frontera. Todos necesitamos ser visibles y tener un buen posicionamiento en los marcadores porque en el mundo tan global en el que nos movemos se hace imprescindible llegar a todos los lugares. Inflar las habilidades en los perfiles de las redes sociales, mencionar como clientes y casos de éxito a personas y empresas con las que se tuvo contacto en ocupaciones anteriores que no tienen nada que ver con la actual, lanzar opiniones atrevidas e innovadoras leídas por ahí como si fueran de cosecha propia y tantas cosas más, nos acaban convirtiendo en algo visualmente atractivo que se derrite progresivamente en cada contacto en el mundo real en el que se ponen a prueba las habilidades y la influencia reales. Y al final se acaba consiguiendo lo contrario de lo que se perseguía con un alto costo en esfuerzos y recursos para reorientar la situación. ¿Cuáles son los límites que nunca debes rebasar?

Poner límites, y más aun ponérselos, no gusta en general y siempre que hablo de este tema alguien arruga la ceja porque hay una creencia muy extendida que lo relaciona con la falta de libertad. Nada tan lejos de la realidad. Preservar la integridad de los compromisos, de los proyectos y de las metas a alcanzar refuerza las decisiones que un día se tomaron y permite gestionar la vida y la marca. Y no olvidemos que la gestión de la marca personal es ante todo un acto de libertad.