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Todos tenemos algo que aportar, por @enriquefbrull

Hay mucha gente, demasiada, que piensa que cualquier influencer o famoso es mejor que él; y lo ven inalcanzable. Si cualquiera de esas personas está pasando por un mal momento esto le hace entrar en un círculo vicioso. ¿Cuál es ese círculo? El de ver tan alta la meta y verse ellos tan insignificantes que les impide avanzar; o si lo hacen se rinden al poco tiempo.

Hay mucha gente en la cima de cualquier sector. Puede que me digas que han tenido suerte, y no te negaré que haya podido ser así en algún caso. Pero hay una cosa que la mayoría comparte: el trabajo y la pasión para estar donde están. El que algo le apasione lo suficiente para que inviertan parte de su vida (sí, más que horas, es su vida) en lo que les gusta. Y que han esquivado cada piedra en su propio camino. ¿O piensas que la mayoría de esa gente no ha tenido que tragarse piedras para estar ahí? Es obvio que la mayoría no lo dirá. Se tiende a endiosar a la gente que llega a la cima y claro, ¿desde cuándo se tiene la creencia de que los dioses tienen puntos débiles?

A lo largo de estos años he tenido la oportunidad de conocer a varios, podríamos decir, influencers de su sector. Y he de decir, que en la mayoría de los casos, las expectativas que me había marcado eran fruto de una nube que les rodeaba. Otras personas, los medios o mi cerebro me habían jugado una mala pasada, y la marca personal que había dejado esa persona en mí, antes de conocerla, no era tan inalcanzable como se pudiera pensar; ni tan buena. Y esto tiene una clara explicación: todos somos personas, todos somos vulnerables y, obviamente, alcanzables.

Tampoco puedo negar que la mayoría tiene presente la humildad con la que partió el primer día de su camino; lo que las hace personas cercanas y accesibles. Aunque también debemos entender que estarán hasta el moño de que cualquiera vaya detrás de ellos a hacerse la fotito o pedirle un autógrafo y, debido a esto, pueden ponerte mala cara. A ti también te pasaría, recuerda: también eres una persona.

¿Eres una persona? Entonces tienes algo que aportar

¿No lo ves, verdad? Es lógico. Lo difícil no es saber que tienes algo que aportar, sino saber el qué aportar; esa debe ser tu principal misión, pero sin frustrarte. Simplemente empieza mirando a tu alrededor que hacen otros, la rueda ya está inventada y, créeme, todos la usan de forma similar.

El mundo necesita caras nuevas, y aunque seas más guapo o más feo, más alta o más baja: no pasa nada; de hecho te ayuda a diferenciarte. Es la cara o estatura que te ha tocado, tienes que darle uso e intentarlo, debes aceptarte. Muchos no llegarán, por circunstancias que son imposibles de predecir, pero si no empiezas el camino nadie vendrá a buscarte. ¿O acaso piensas que va a venir algún hada madrina a concederte los correspondientes deseos? Tu eres tu propia hada madrina.

Internet nos ha dado la oportunidad de llegar a más gente, de transmitir nuestro “mensaje” y de llegar a todos. Sin censuras, sin necesidad de que algún medio nos apruebe si interesa que se nos escuche o no. ¿Qué época ha permitido eso? Piénsalo.

La propuesta de valor de cada persona

Siempre he pensado que toda persona tiene algo que aportar; por pequeña que sea. Y de hecho, esa ha sido mi propuesta de valor para el proyecto de Gestiona Tu Marca; apostar por gente que lleva poco tiempo o necesita más visibilidad. Esa gente que necesita un impulso para abrirse su blog o está cansada de ver que no avanza. Y son igual de validas que cualquier influencer; o incluso más. Aportan algo que muchos influencers han perdido: pasión, ilusión y frescura. ¿Hay más riesgo de que puedan equivocarse? Por supuesto, igual que cualquier persona que está empezando su camino. Pero hay que  tenderle la mano al mundo, no apartársela.

Conocemos nuestro presente, pero en muchas ocasiones no tenemos en cuenta nuestro futuro. El mundo avanza sin parar y se renueva cada día. La muerte alcanza a muchas personas todos los días; igual que algún día te alcanzará a ti. Ese lugar que ocupas ahora lo ocupará otra persona tarde o temprano; así ha sido siempre y así será. De nosotros depende facilitar las cosas y educar bien a los que vienen o de resistirnos sabiendo que nuestro final es inevitable; eso es lo único que podemos predecir. El día a día y la meta que queramos alcanzar depende de nosotros y de nuestro esfuerzo.

Así que busca tu propuesta de valor, ponte en acción y dile a todos quién eres. Si tienes la paciencia, el tesón y la constancia suficiente el mundo te acabará poniendo en el lugar que te corresponde. Si él nunca deja de girar, y cada uno de nosotros somos algo insignificante comparado con el universo, ¿cómo vamos a permitirnos quedarnos con los brazos cruzados?

Son las personas, estúpido, por @guillemrecolons

The economy, stupid”, también conocida como “Is the economy, stupid” fue una de las tres frases del programa de la campaña ganadora de Bill Clinton en las elecciones presidenciales USA de 1992 contra George Bush (padre). Se llegó a convertir en el auténtico eslogan, que luego ha sido utilizado en innumerables ocasiones y para distintos entornos.

Llevo unos ochos años hablando de personal branding, tanto en este blog como en el mío propio que abrí en 2007 y en colaboraciones en otros blogs, prensa, radio, etc. Cerca de 500 posts, mucha literatura sobre marca personal, employee branding, comunicación personal…

El personal branding es un proceso

Tengo muy claro que el personal branding es un proceso. No es posible comunicar sin mensaje, no hay mensaje (coherente) sin estrategia y propuesta de valor, y no hay estrategia sin un trabajo de introspección profundo.

Llegados a este punto tengo claro que con eso podemos llegar al reconocimiento como especialistas, pero eso no parece ser condición suficiente para ser la opción preferente en un proceso de selección. Falta una pieza, falta algo que acerque al fin último del personal branding, y ese algo es sin duda la conexión, las personas.

Quien nos ayudará a convertirnos en referente somos nosotros mismos en base a nuestras acciones: si somos consultores serán nuestros clientes quienes nos evalúen, si somos formadores serán nuestros alumnos o coachees, si somos creadores de contenidos serán nuestros seguidores, y así sucesivamente.

Pero siempre será necesaria en última instancia una recomendación última que pasará inadvertida ante nuestros ojos, alguien que quizás a muchos kilómetros de donde estamos estará recomendando: “Te recomiendo que contrates a este profesional o a esta empresa para esta formación, además de ser buenos referentes yo he asistido a sus charlas, consultorías o formaciones, o he leído sus textos y veo que logran que haya un antes y un después de ese momento”.

El consumidor no es estúpido, es mi mujer

Sí, la frase “son las personas, estúpido” indica claramente que los vendedores de humo sólo consiguen una venta, nadie repite, ya que las personas son los jueces inexorables y como decía el gran publicitario David Ogilvy, “el consumidor no es estúpido, es mi mujer”.

Tengo muy claro que cultivar unas buenas relaciones es una parte del proceso importante, ya que quien nos vaya a juzgar es posible que tenga sobre nosotros una marca mejor o peor, que forzosamente acabará influyendo en la selección final. Nos pasa a todos, entre dos propuestas iguales siempre elegiremos la que nos genere mayor proximidad, familiaridad; en definitiva, el conocimiento genera confianza.

He sido testigo de que nuestro mejor director comercial no es el SEO, ni el SEM, ni un agente externo a sueldo variable: nuestro mejor aliado comercial son las relaciones personales que tejemos día tras día. Si entendemos que esto de la marca no se rige por la autopromoción sino por una propuesta de valor que debe fijarse con cuentagotas, lentamente, dejando poso, seremos capaces de atraer la atención de los profesionales que pueden requerir no sólo nuestro servicio, también nuestra forma de ver las cosas, nuestra forma de pensar, nuestra forma de mostrar cómo somos.

Our life matter

Son las personas, estúpido. Y es una cuidada exposición de nuestro yo lo que nos humanizará y nos aproximará a nuestros posibles clientes no como alguien competente, también como alguien de confianza. Nuestra vida importa. Al menos una parte. Debemos analizar bien hasta dónde podemos soltar lastre de nuestros secretos para que el mercado sepa que además de competencias hard o soft también somos seres humanos capaces de conectar, de transmitir emociones y de forjar relaciones que a menudo empiezan con un tweet o un sencillo “me gusta” en alguna red social.

Las redes sociales, los encuentros profesionales, todas las conexiones no son un fin en sí mismo, son un excelente medio para crear relaciones duraderas capaces de abrir puertas en ambos lados. Que nadie busque seguidores, se trata de buscar relaciones, y para eso no hay nada como tratar nuestra propuesta de valor como un relato que tenga capacidad de crear puentes. No son los seguidores, son las personas, estúpido.

Desde lo más profundo de mi ser os deseo la mejor Navidad.