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Una visión general del negocio nos hace menos prescindibles

Os adjunto un resumen de un artículo de imprescindible lectura de Tino Fernández (Expansión) publicado el viernes 4 de mayo de 2012 sobre la prescindibilidad de los profesionales en las organizaciones, y en el que he participado dando mi visión en clave de marca personal. Espero que os sea de ayuda para haceros algo menos prescindibles, ya que imprescindible no hay nadie que lo sea. El título del artículo es Prepárese… no es imprescindible, y lo sabe

Confirmado: Nadie es imprescindible

La cuestión no es qué debemos hacer para dejar de ser prescindibles, sino cómo podemos afrontar el hecho de que ninguno de nosotros somos realmente insustituibles. Debemos vivir y trabajar con ello. Pero sin creerse insustituible.

Siempre habrá alguien dispuesto a hacer tu tarea

Especialmente si ésta no es muy cualificada. Si eres un alto mando y detectat que no pasa nada en su organización después de una ausencia prolongada, tendrás que reconocer sin aspavientos que, o esa tarea tuya tan precisa no resulta tan necesaria, o no eres tan insustituible como crees. Existe una tendencia creciente en muchas compañías a que nadie pueda ser promocionado sin que se haya buscado a la persona preparada para sustituirlo.

Lo fácil y cómodo es dejar las cosas en manos del supuesto imprescindible, pero el riesgo es elevado.

El imprescindible queda atado a lo que hace

En términos de desarrollo profesional, hacerse el imprescindible es, cuando menos, poco inteligente si se quiere progresar en la carrera». Parece claro que el pretendido imprescindible queda atado a lo que hace y lastrado para moverse hacia otras oportunidades. Como consecuencia, sus posibilidades de evolución se reducen, y puede terminar estancado y siendo más vulnerable. « Una desmedida autoestima favorece esta fantasía, que suele dejar en ridículo a quien la experimenta a las primeras de cambio.

Ante los primeros tics demostrativos de conductas así, la empresa debería tomar medidas evitando consolidar situaciones que dependan de una sola persona. Hoy muchas organizaciones tienden a transformar a las personas clave en puestos clave. Esto supone que, en la medida en que puedo sustituir a los profesionales que ocupan esos puestos se está dando menos valor a la aportación del individuo.

Transición

Se huye así de definir puestos clave al elaborar un mapa de talento organizativo, ya que definir personas clave supone reconocer que hay gente imprescindible y pone a la persona en una posición dominante frente a la empresa.

La influencia de la marca personal

No está de más convertirse en un referente en estas, sin competir con la propia empresa. La marca personal se demuestra, entre otras cosas, saliendo del nicho estricto en la empresa.

Por otro lado, es importante trabajar para la marca y no solo para un proyecto determinado: Si has sido imprescincible sólo para una cosa y al cabo de un tiempo todo puede seguir funcionando sin ti, serás sustituible. El exceso de especialización puede hacerte prescindible a medio plazo. La marca personal consiste en ser alguien capaz de salir de su nicho estricto en la empresa. Una visión general del negocio nos hace menos prescindibles.

No, no es necesario ser cabrón

Me estreno como co-autor de este blog tras mi incorporación a SOYMIMARCA. El post de hoy, dedicado a un libro que he leído recientemente, lo publiqué el pasado domingo en mi blog personal.

Este libro es el que bajo el título “¿Hay que ser cabrón para llegar a Director General?” acaban de publicar Antonio Agustín y Sofía Delclaux. Conozco desde hace poco tiempo a Antonio y aunque compartimos una larga conversación recientemente en un Ave de Madrid a Barcelona no hemos tenido grandes oportunidades de conocernos bien, por lo que os aseguro que no tengo ningún interés especial en lo que voy a decir a continuación.

Simplemente, deciros, que el libro de Antonio y Sofía me ha parecido magnífico y que hay que leer sí o sí. Enmarcado en el contexto de la literatura de carácter profesional al que me refiero en el primer párrafo de esta entrada, han conseguido exponer con claridad y sencillez situaciones reales, referirse a personas de verdad, y lo hacen con un enfoque tremendamente didáctico y simple que invita a la lectura y a la reflexión. Aunque no me lo creí del todo cuando me lo comentó en nuestra reciente conversación, han conseguido establecer un nuevo mecanismo o formato de comunicación (probablemente ya utilizado en otros entornos) pero que para mí era desconocido, aunque totalmente fresco e enriquecedor.

Creo que todos los que, por obligación, hábito, costumbre o interés de aprendizaje, leemos muchos libros y manuales de gestión utilizamos, a menudo, la fórmula que yo denomino “en diagonal” y que significa que tendemos a situarnos en un texto de forma global y después prestamos atención específica a las partes que nos interesan. Lo siento, no es éste el caso ni la fórmula recomendable para la lectura de este libro. De hecho os reconozco que he intentado hacerlo algunas veces pero al final he tenido que volver sobre mis pasos. Siempre tenía la sensación de que me dejaba algo importante.

Tanto es así que me voy a proponer regalar el libro (con dedicatoria de los autores evidentemente) a mis tres hijos. Creo inclusive que podría ser un excelente manual sobre la función de DG para las universidades y escuelas de negocio.

Para remarcar lo que acabo de decir sobre el uso de este manual como herramienta de aprendizaje voy a referirme a algún mensaje que aparece en él. Frases escritas por los autores pero dichas por personas reales, cercanas, como cualquiera de nosotros. Podría citar muchas, sin embargo voy a señalar solamente dos: La primera es de Ricardo Currás “Los Directores Generales más cabrones airean los marrones, pasan de resolver problemas y se dedican a salvar el tipo sin aportar. Fundamentalmente porqué consideran a las personas meros instrumentos”. La segunda es la que formula Miquel LLadó haciendo referencia a su “maestro” Josep Maria Suriol sobre los consejos que le dio para orientar la carrera profesional. Aquí van: “-Concéntrate en hacer muy bien lo que haces hoy. El futuro ya vendrá-, -Cuando inicies tu carrera profesional tendrás personas que te reportarán que serán mayores que tú y cobrarán más que tú. Esto no debe preocuparte-, -No te preocupes por lo que ganas, preocúpate por el proyecto. Lo demás ya vendrá,-. Hasta los 35 años el tiempo corre a tu favor. Dedícate a aprender: Busca a las mejores compañías y a los mejores profesionales-.

Y para terminar quisiera recordar una frase que aparece en el libro “Las oportunidades casi siempre hay que ir a buscarlas. Difícilmente vienen a ti”. Antonio y Sofía sí que han sabido encontrarlas. Felicidades.

Pau Hortal / Socio Consultor / Soymimarca