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¿La diferencia da miedo?, por @jordicollell

Si no somos capaces de diferenciarnos de los demás nunca lograremos levantar la cabeza en medio de la multitud y pasaremos desapercibidos. Esta afirmación que parece una obviedad está todavía muy lejos de ser admitida de manera individual y colectiva.

Si una cosa es cierta es que todos somos diferentes, no hay dos personas iguales tanto en los rasgos físicos como en la manera de ser y de comportarnos y a pesar de ello resaltar la diferencia, dar a conocer aquello que nos hace únicos todavía da miedo.

De entrada a nivel social y comenzando desde la propia escuela es más fácil gestionar personas que tienen patrones de comportamiento lo más parecidos posibles que gestionar la diversidad. La escuela sigue siendo todavía un factor de homogeneización de las personas y la diferencia es, por regla general molesta. El que sale de la media ya sea por arriba o por abajo lo tiene más o menos crudo para encontrar su lugar aunque se hagan esfuerzos de integración porque lo que se pretende es que vuelva al redil lo más pronto posible.

En las empresas y en la vida de los adultos, la diferencia es algo que se valora desde el punto de vista conceptual pero que en la práctica cuesta  aceptar y  promocionar.

¿Por qué la diferencia da miedo? Por una parte complica las cosas porque obliga a gestionar personas y situaciones de manera individual, cuanto más diferencia, cuanta más diversidad tengamos que gestionar más trabajo tendremos porque menos posibilidad habrá de partir de métodos y procedimientos fijos e inamovibles. La diferencia da de entrada más trabajo. Por otra parte diferencia y zonas de confort son conceptos contrapuestos. Lo diferente aleja de la comodidad de la repetición y obliga a tratar caso por caso y situación por situación, poniendo cada vez en evidencia o en tela de juicio las manera de actuar del pasado y obligan a ir inventando constantemente. La diferencia incomoda porque obliga a salir de las zonas de confort.

¿Por qué es tan importante la diferencia?

Los grandes cambios, los grandes avances, en la sociedad sociedad y en las personas siempre se producen cuando salimos de la zona de confort, cuando somos capaces de plantearnos las cosas de una manera diferente a la que hasta aquel momento fue la habitual y cuando sabemos leer la realidad desde una perspectiva nueva y distinta de cómo la hacen el resto de personas. Cuando el resto de mortales veían solamente una manzana que caía, Newton fue capaz de deducir la la ley de la gravedad, cambió su manera de ver la realidad, se convirtió en diferente, y cambió la visión que se tenía hasta aquel momento de los principios de la física.

Los grandes espíritus siempre han encontrado la oposición violenta de parte de las mediocridades

Una frase atribuida a Albert Einstein dice más o menos que los grandes espíritus siempre han encontrado la oposición violenta de parte de las mediocridades, las cuales no pueden comprender que alguien no se someta irreflexivamente a los prejuicios hereditarios, sino que haga un uso honesto y valiente de su inteligencia.

Personas iguales y métodos iguales son sinónimo de estancamiento tanto a nivel personal como colectivo.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la marca personal? La diferencia es aquello que nos permite distinguirnos de los demás. La gestión de nuestra marca personal nos permite dar a conocer  nuestra singularidad y qué es aquello que podemos aportar y que los demás no pueden. Todos tenemos una aportación singular que hacer y primero tenemos que descubrirla y después explicarla, porque tenemos tan interiorizado que todos somos idénticos, que no iguales, que nos cuesta darnos en qué nos distinguimos. Explicar nuestra diferencia con un relato claro y comprensible, contar a los demás nuestra propuesta de valor, tiene el objetivo de distinguirnos y de demostrar que salir de la zona de confort, hacer las cosas distintas tiene más ventajas que inconvenientes.

Para ser irreemplazables es necesario que seamos diferentes.

Imagen: Jason Paluck (Flickr Creative Commons)

No importa cómo veas el mundo, lo que importa es cómo el mundo te ve, @alexiaherms

Todos tenemos una visión del mundo, una manera de ver e interpretar las cosas que nos rodean. Pero lo que realmente importa es cómo el mundo nos ve a nosotros. Cómo nos etiquetan, perciben y sobretodo cómo nos recuerdan.

La publicidad ya no va de lo que una marca quiere decir, sino de lo que el mercado y las personas quieren oír o mejor dicho; sentir. Si una empresa no escucha ni sabe ver lo que necesitan, quieren y valoran sus consumidores está automáticamente perjudicando a su marca.

Y exactamente lo mismo sucede con el personal branding. Importa mucho menos cuál sea nuestra forma de ver el mundo (el enfoque tradicional basado en la psicología), y más cómo el mundo nos ve. Y partiendo de este axioma podemos aprender de las grandes marcas y de sus secretos a la hora de comunicar y conectar exitosamente con el mundo. 

1. No te enfoques en lo que te hace similar a los demás, pon el foco en lo que te hace diferente.

Las marcas líderes destacan por potenciar sus puntos de diferencia. En realidad ser “diferente” es mejor que ser “mejor”. Si una marca puede hacerse un lugar muy claro en la mente de las personas, el producto o el servicio deja de ser una mercancía. Al igual que las marcas corporativas, la comprensión de tu propia marca personal te puede dar una ventaja competitiva que te permita sobresalir en tu sector profesional, y también en el mundo. 

2. No importa que tus aspectos diferenciales te parezcan sencillos o de poco valor.

La realidad es que la mayoría de los productos (y personas) son prácticamente indistinguibles de sus competidores a primera vista. Sin embargo, una marca líder puede construir una fuerte ventaja competitiva en torno a diferencias más leves.

3. Cuando destacas y eres reconocido por tu VALOR DIFERENCIAL podrás permitirte monetizarlo más rápido.

La gente paga más por los productos y las personas que aportan un valor distinto. Y al igual que los clientes pagan más por las marcas “fascinantes”, las empresas pagan salarios más altos para los empleados que destacan con un beneficio específico, una propuesta de valor única. 

Todos destacamos por algo. Se trata de descubrir nuestra personalidad natural, en definitiva, qué da sentido y valor a nuestra marca. Y una vez tenemos claro cuál es esa huella y qué aspectos nos hacen destacar seremos capaces de mostrarlo al mundo en unos pocos segundos.