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Si padeces yoísmo, no te preocupes: hay antídotos, por @guillemrecolons

Creo que no será necesario definir yoísmo. Uno de los capítulos del cómic de Daniel H. Pink Las aventuras de Johnnie Bunko” lleva por título “It’s not about you” (no se trata de ti). El capítulo hace referencia a que las personas que realmente tienen éxito mejoran sus vidas a base de mejorar las de los demás.

En un artículo reciente, William Arruda, uno de mis autores predilectos en personal branding, hace referencia a que “Personal Branding Is Not About You” y va más allá afirmando que la gestión de marca personal no trata de nuestra promoción personal sino de añadir valor a los demás. Gran coincidencia con Dan Pink.

Por supuesto, eso no significa que en nuestra gestión de marca no tenga cabida el marketing personal, solo faltaría, se trata de una herramienta fundamental. Me parece oportuno recomendar este artículo de Andrés Pérez Ortega para perder el miedo a promocionarnos.

La confusión de branding personal con auto-promoción

Salvo honrosas excepciones el 90% de los profesionales confunde el personal branding con la auto-promoción al más puro estilo de Donald Trump y su enfermizo “yo, yo, yo” (puro yoísmo). Y aquí se produce una decepción, un choque. Muchos piensan que esto de la marca personal es parecido a lanzar un nuevo refresco, pero incluso un nuevo refresco requiere de una fuerte propuesta de valor y un sólido territorio de marca para convertirse en un éxito.

El antídoto

La fórmula mágica para curar el yoísmo y empezar a ofrecer elementos de valor a los demás se llama estrategia personal, y consiste en entender qué necesitan los demás que no están obteniendo de una manera adecuada y cómo podemos proporcionar ese servicio o producto de forma única, relevante, notoria.

Valores y discurso emocional

Seamos francos, casi nadie bebe Coca Cola por su buen sabor y casi nadie se endeuda en plazos imposibles por comprar un Audi o BMW pensando que que es un automóvil mejor que nos demás. El territorio de las marcas es pura emoción, y lo mismo vale para la marca personal. Es genial que seas ingeniero, o médico, pero a menos que añadas una historia personal que te haga mejor profesional y persona serás como los demás ingenieros o demás médicos.

Me pongo pesado con la propuesta de valor, pero si se trata de marcas y no de productos debemos sobrepasar el aspecto funcional para trabajar una promesa que vaya más allá.

Por cierto, si aun no te has apuntado al congreso Personal Branding Lab Day te recuerdo que está al caer, aquí tienes el formulario de inscripción.

Imagen de pixabay.com

Obsesiónate en que tu propuesta sea de valor

Nuestra marca personal está en función de los demás, es una variable dependiente que por si sola carece de sentido y  si estuviéramos solos dejar huella o no dejarla sería una acción equivalente. Es por esto que siempre insisto hasta el aburrimiento que hemos de tener muy claro cuál es nuestra propuesta de valor, lo que somos o dejemos de ser, nuestros antecedentes, los estudios realizados o lo que sea no sirve para nada, absolutamente para nada, si lo que ofrecemos, si lo que ponemos al servicio de los demás no está alineado con sus necesidades y es que lo que quiere nuestra audiencia, nuestro público objetivo, es una oferta, la nuestra, que sirva para solucionarle problemas, situaciones o cubrir huecos a los que no puede atender, nosotros, si nosotros, importamos poco y esto lo hemos de tener muy claro.

No hay marca sin propuesta de valor

Si nuestra propuesta de valor no está contrastada con nuestra audiencia, si no estamos muy seguros que lo que contamos importa a nuestro público corremos el riesgo de convertirnos en la voz que clama en el desierto y de que nadie  nos vaya  a tener en cuenta porque las personas sólo tenemos en cuenta aquello que realmente nos importa.

Nuestra propuesta de valor se alimenta de nuestros principios fundamentales, de nuestra visión , misión y valores y se transforma en propuestas prácticas, en proyectos, en servicios o en productos que ofrecemos a los demás para que los compren.

Kevin Krejci_Flickr / soymimarcaLa semana pasada animé un taller de herramientas para buscar trabajo a los alumnii de la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales de Blanquerna ( Universitat Ramon Llull) y les comentaba que una propuesta de valor clara nos permite enfocar la búsqueda de trabajo de una manera transversal. En muchas ocasiones nos obsesionamos por trabajar en un lugar concreto, una agencia de publicidad, un despacho de abogados, un estudio de diseño o lo que sea y como somos muchos intentando hacer lo mismo al final alguien se acaba quedando fuera. Lo que importa es poder desarrollar nuestra propuesta, donde se haga es lo de menos y este pequeño cambio de enfoque nos aumenta las posibilidades de éxito hasta casi el infinito. Lo importante, pues,  no es donde se trabaja si no lo que se hace. Si no es en una agencia será en una organización social donde podré trabajar como publicitario, o es que no tiene sentido que un sindicato o un banco, por poner un ejemplo, puedan ser espacios adecuados para poner en la práctica mi propuesta de valor.

Una vez nos hayamos quitado de encima los ojeras que nos limitan el resto vendrá casi por si solo. Un mensaje claro y eficaz y una red de contactos que nos permita hacerlo llegar cuanto más lejos mejor nos garantizará ser escuchados, pero esto ya es harina de otro post.

Foto: LicenciaAtribución CC por Kevin Krejci (Flickr)

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