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Personal Branding, el arte de invertir en ti (30). ¿Tienes espíritu emprendedor?

El gran error que cometen a menudo muchos head hunters es que contratan emprendedores y no espíritu emprendedor. Y hay una gran diferencia. Yo puedo manifestar que soy emprendedor. Y también que soy guapo. Pero la realidad es la que es, y a veces, del dicho al hecho hay un trecho.

Hace un par de semanas leí un excelente artículo aparecido en HBR, en que el consultor Chris Smith alerta de la gran diferencia entre lo que aparece sobre nosotros y lo que nosotros manifestamos. Pero Smith se centra en su experiencia como consultor y head hunter.

Hoy prefiero apuntar algunas claves que podrían configurar el espíritu emprendedor. Muchas son puro sentido común, aquí están:

  • Foto: Pinterest

    Estar dispuesto a fracasar. Nuestra cultura latina entiende el fracaso como un tabú, como un punto final. Si alguien tuvo un negocio fallido, será difícil que bancos, business angels o inversores privados confíen en esa misma persona para un nuevo proyecto. No se dan cuenta de lo mucho que ha aprendido gracias a su fracaso. Tiene una experiencia excelente, que le advertirá de peligros conocidos cuando emprenda de nuevo.

  • Estar dispuesto a triunfar. Puede parecer una obviedad, pero no todo el mundo está preparado para gestionar el éxito con eficacia. Y si no que se lo pregunten a tantas empresas, grupos musicales y equipos deportivos que se han desmontado apenas han llegado a la cima. Se necesita una buena dosis de autoconfianza, haber soñado o visualizado un camino inexplorado, una ruta hacia un caladero lleno de peces.
  • Olvidarte de la mitad de tu DAFO. El análisis de debilidades-amenazas-fortalezas-oportunidades (también conocido como SWOT o FODA) no tiene que convertirse en una terapia empresarial para arreglar desperfectos. Hay que “venirse arriba” con las fortalezas y oportunidades. Ese el el camino. Cuando estemos en marcha, ya nos preocuparemos de las amenazas. Y las debilidades, ni tocarlas, son las que nos diferencian de un robot, las que nos humanizan.
  • Estar dispuesto a “currar”. El esfuerzo es un denominador común de todas las personas con espíritu emprendedor. Sin esfuerzo puedes llegar arriba si eres un especulador (en el peor sentido), un estafador o alguien que trafica con influencias. Pero la mayor parte de seres humanos está dispuesta a asumir que habrá que trabajar duro para levantar un proyecto, una idea, un negocio. Y aquí no se trata de trabajar 12 horas diarias, no es un problema de cantidad, sino de intensidad. El espíritu emprendedor no descansa los sábados ni domingos. Puedes estar paseando, corriendo o viendo un partido de básket y de repente -zas- , te llega una idea, una inspiración que no puedes dejar de anotar con urgencia en un papel o en tu smartphone.
  • Tener una mente abierta. Aunque quieras ser fiel a una idea, la idea de la que surge el proyecto, el negocio, necesitas entender que todo cambia y que a veces hay que ser flexible a los procesos que requieren virar la nave. El proyecto inicial de Soymimarca estaba dirigido a reforzar el branding personal de los estudiantes universitarios, un colectivo muy necesitado de estrategia personal. Al reunir a algunos grupos de estudiantes nos dimos cuenta que el proyecto funcionaría muy bien como ONG, pero no como negocio.
  • Estar apasionadamente enamorado del proyecto. Solo así se entiende que tantas personas con espíritu emprendedor pasen horas y horas trabajando 24x7x12 sin pestañear. Las endorfinas se encargan de mantener la vela encendida, en algo que va más allá del interés personal, el dinero o la idea del éxito: es la pasión por el proyecto, un impulso parecido al de dos personas locamente enamoradas.
  • Tener sobre la mesa un Business Plan. Puede parecer un trámite administrativo, pero el Business Plan es más útil de lo que parece, ya que obliga a fijar objetivos, estrategias, costes, previsiones de ingresos y a disponer de herramientas de evaluación continua. Es posible que al cabo de un año el BP ya no sirva, que el contexto haya cambiado. No hay problema, se hace otro.
  • Tener los ojos muy abiertos. Mostrar inquietud, estar permanentemente dispuesto a aprender cosas nuevas. Saber distinguir el grano de la paja. Aquí no se trata solo de lo que hemos aprendido mediante la educación, sino de seleccionar entre los miles de mensajes que pasan cada día por delante nuestro cuáles nos pueden ser verdaderamente útiles. No es fácil, requiere práctica y mucha voluntad.
  • Pensar a lo grande. A veces los árboles no nos dejan ver que el bosque es muy grande y está lleno de oportunidades. En este punto vale la pena hacerse la pregunta: Lo que yo haga ¿ayudará a cambiar el mundo? ¿contribuirá a mejorar la economía de mi área geográfica? ¿conseguirá salvar vidas o mejorarlas?. A veces puede costar el mismo esfuerzo poner en marcha un proyecto para 5.000 que otro para 3  millones de personas. Muchos de los negocios que han tenido éxito en los últimos años se basaban en precios de venta y márgenes muy bajos pero pensando en mercados muy grandes. Mirad si no el caso de la app Angry Birds; es lo que se conoce como “the long tail“.
  • Estar dispuesto a conocer a gente nueva. Algunos prefieren el término networking, pero al final se trata de vencer la pereza de asistir a actos, intercambiar tarjetas, buscar personas en las RRSS… Sin público no somos nadie, y aunque una parte de los contactos se acercará a nosotros si creamos buenos contenidos, al resto hay que ir a buscarlo. Tirar la red es la acción, pero antes hay que asegurarse que el caladero tiene los “peces” que buscamos.
  • Ser constante, tener paciencia. Suelo repetir que Roma no se construyó en un día. Un proyecto que cuaje requiere tiempo, pero sobre todo requiere constancia, perseverancia. Quien la sigue la consigue, dicen, así que vale la pena marcarse rutinas, disciplinas que nos ayuden a superar los pequeños obstáculos del camino. Llevar una buena brújula siempre nos ayudará a llegar a buen puerto.

Si tienes espíritu emprendedor estoy seguro de que apuntarías alguna clave más. Te invito a hacerlo, será un placer completar esta bitácora.

Expectativas irreales y marca personal

Uno de los errores más comunes cuando hablamos de gestión de marca personal es crearse una expectativa de resultados excesivamente rápidos. En este blog nos hemos cansado de repetir que Roma no se construyó en un día, que una correcta gestión de marca implica un trabajo constante, diario, gota a gota.
Acostumbro a utilizar una hipérbole referida a los que quieren ser famosos en un día. Es fácil, sólo que hay quemar un corán o una biblia delante de alguna cámara de televisión. Pero eso no es marca personal, eso es una fama efímera y, digámoslo claro, poco edificante y de poco provecho futuro.
Desde luego, en marca personal la paciencia es una virtud, y la vida nos demuestra que quien busca el éxito rápidamente fracasa de la misma manera, rápidamente.
Los ejemplos que muchos utilizan de personas ejemplares siempre tienen algo en común: se trata de personas que han trabajado duro. Como dijo el peluquero Vidal Sasoon, el único lugar en que el éxito va antes que el trabajo es en el diccionario.

Personal Branding, el arte de invertir en ti (12). La paciencia como valor pilar

Estamos habituados a tener lo que necesitamos de manera instantánea. Nos cuesta aceptar que tengamos que invertir tiempo para conseguir algo porque a pesar de la crisis todavía somos bastantes los que tenemos cubiertas nuestras necesidades básicas. Pero, ¿qué pasa cuando las cosas van más lentas de lo que esperábamos o simplemente se tuercen?

La paciencia es uno de los valores fundamentales de la marca personal.

Las cosas importantes no suceden de un día para otro, sino que se van forjando lentamente hasta que salen a la luz. Tener la pretensión de querer ser la opción preferente de manera instantánea es solo eso, una pretensión.  Porque gestionar nuestra marca personal requiere tiempo para conocernos bien, para descubrir lo que realmente queremos, y para darlo a conocer.

Y a pesar de tener las cosas muy claras y los planes muy definidos siempre aparecen circunstancias no previstas en el guión que hacen que aquello que parecía fácil y directo sea más costoso.

La paciencia es una actitud que nos permite soportar los contratiempos y las dificultades para conseguir un objetivo. Nos ayuda a pasar por situaciones difíciles, muchas veces caóticas, sin derrumbarnos y nos da fuerzas para superar las ganas de abandonar, de tirar la toalla, sin duda una de las más terribles tentaciones.

Tener paciencia no tiene nada que ver con aguantar lo insoportable, no es una actitud pasiva sino todo lo contrario. Es saber ver la luz al final del túnel y eso requiere tener unas metas muy trabajadas y definidas.

Foto: Flickr CC

En todo proceso de gestión de la marca personal que se precie se sientan las bases para desarrollar la paciencia y el Método del Iceberg es una buena herramienta, una de las mejores. Cuando definimos la misión y la visión, cuando sabemos hacia donde vamos y con que medio de transporte, estamos desarrollando el músculo de la paciencia, estamos iluminando el final de nuestro camino para que sea visible en todas las circunstancias.

Trabajar con el fin en la mente, en palabras de gran Covey, “es imprescindible para poder ser pacientes y saber esperar aquello que queremos conseguir sin resignarnos a rebajar nuestras ambiciones”.

Educar la paciencia implica desarrollar una sensibilidad para identificar los problemas, los contratiempos, las alegrías, los logros y los fracasos del día a día. La paciencia es un valor de marca personal que se apoya en el resto de los valores y que nos permite tener siempre y frente a cualquier circunstancia una actitud optimista y una vida equilibrada.

Ser paciente implica ser creativo e innovador para adaptarse a las circunstancias que van surgiendo sin olvidar lo esencial de nuestra meta, para convertir los momentos de espera en momentos útiles, para sacar provecho de la adversidad.

La paciencia nos ayuda también a transmitir seguridad y sosiego a los demás, a no ver siempre la botella medio vacía y de esta manera tenemos más posibilidades de ser tenidos en cuenta, de ser memorables.

Desarrollar este valor de marca personal requiere una dosis elevada de conexión con uno mismo y de fidelidad con lo que nos hemos propuesto, porque una vez más, sólo de nosotros depende que seamos capaces de gestionar y dirigir nuestra vida.

Tres valores básicos para tu Marca Personal

Abandonar  es una actitud muy humana. Cuando los resultados no son tan rápidos como los esperados o cuando las circunstancias nos llevan por caminos más enmarañados de lo previsto, las ganas de dejarlo correr todo pueden acabar siendo potentes. La gestión de la marca personal no está a salvo del abandono y frente a una tempestad solo la brújula de los valores puede ayudar a llegar al puerto previsto.

Ya sabemos que la gestión de la marca propia, la marca personal, forma parte de un trabajo global. Partimos del reconocimiento de nuestra identidad, del saber quiénes somos, en qué somos buenos y que queremos hacer en la vida . A través de la definición de una estrategia, en la que identificamos a nuestro público al que nos dirigiremos a través de un mensaje dejando bien claro lo que nos hace diferentes de los demás, podemos plantearnos hacernos visibles dentro y fuera de la red. Y también sabemos que si iniciamos el proceso por la visibilidad estamos construyendo  un edificio mal cimentado.

Estamos en inmersos en un paradigma social que todavía valora la velocidad de reacción por encima de otros atributos. Y el “todavía” tiene sentido porque la crisis está reposicionando el concepto de velocidad en las acciones personales y sociales. De velocistas estamos pasando a ser fondistas, a la fuerza.

En la gestión de la marca personal hay tres valores que hemos de tener muy presentes cuando el desánimo aceche y creamos que avanzamos demasiado lentos.

     I.         Fidelidad. Hemos invertido tiempo e ilusiones trabajando la definición de nuestra marca, conociéndonos mejor y proyectando nuestras ilusiones y nuestros sueños hacia el futuro. ¿Tiene sentido que por una diferencia temporal, por una cuestión de tiempo, echemos por la borda el trabajo realizado? La fidelidad es, en este caso, el seguir creyendo en nosotros y en la importancia de lo que queremos hacer. Es también recordar que nadie excepto nosotros nos sacará las castañas del fuego y que si hemos llegado hasta aquí es porque tenemos una historia de la que, en el futuro, queremos ser los guionistas y los protagonistas.

   II.         Respeto. Siempre tenemos personas en nuestro entorno a las que acudimos pidiendo ayuda y en el caso de la gestión de nuestra marca estamos conectando con un público, nuestro público. Para ambos, personas que nos ayudan y el público que nos acoge, es necesario tener respeto. Fidelidad y respeto van cogidos de la mano. Abandonar es dejar colgados a los que nos ha echado un cable y a los que han decidido ponerse de nuestro lado. Aunque los primeros puedan ser profesionales que han cobrado por la ayuda y los segundos sean, de momento, pocos.

 III.         Paciencia. Porque algunas veces las cosas van más lentas de lo previsto. La situación actual no está pensada para velocistas, estamos en una pista llena de obstáculos que hemos de vencer de uno en uno y que por supuesto ni controlamos ni podemos, en muchos casos, prever. Trabajar con el fin en la mente, uno de los siete hábitos del gran Covey que no me canso de repetir, es un gran antídoto contra la falta de paciencia; saber que vamos hacia el punto que queremos nos relativiza las prisas.

Finalmente no caigamos en la tentación de creer que el futuro acaba siempre arreglando las cosas o que alguien nos sacará del embrollo cuando se produzca. Los príncipes azules y las lámparas maravillosas dejaron de existir. No valen las promesas de rescate. Solo nosotros podemos dirigir nuestra marca y nuestra vida.

5 puntos que agradecerás conocer para iniciar un cambio con tranquilidad

¿No te sientes cómodo con lo que te rodea? ¿Tu cuerpo te pide un cambio? ¿Te da miedo? No te preocupes, es natural, todos sentimos respeto por lo desconocido pero no te quedes parado no sea que más tarde te lamentes por lo que no has querido hacer. Si bien todo puede resultar excitante y motivador los expertos están bastante de acuerdo en que causan estrés, ansiedad y temor.

Si quieres dar la vuelta a tu tortilla posiblemente este post te aporte el punto de tranquilidad que necesitas.

1) PACIENCIA. Es cierto que una vez tomada una decisión queremos ver los resultados ya pero las cosas no van así. Todo cambio necesita su tiempo y en muchos casos tendremos que pasar el preceptivo periodo de duelo por lo que hemos dejado atrás. Vívelo como un proceso y disfrútalo porque se trata de la aventura de tu vida y con tu actitud lograrás lo que te propongas.

2) PREPARATE. Afila tus herramientas, tus actitudes, tus competencias y tus conocimientos. Prepárate para hacer aquello que en el pasado te han hecho otros, abre tu mente a las cosa nuevas y muéstrate dispuesto a aprender las habilidades necesarias para la nueva situación. Aquí cabe todo desde plancharse las camisas hasta hacer un postgrado  depende del cambio que tengas en vista.

3) PLANIFICA. Actúa con el fin en la mente y busca perspectiva porque en el fragor de la batalla puede ser que creas que has perdido el norte. Un coach seguro que te puede aportar valor, no seas soberbio.

4) ARROPATE. Confía en tus aliados naturales como familia y amigos. Todo cambio nos lleva a conocer gente nueva, agradécelo y aprende, te sentirás arropado. Piensa que toda relación humana es biunívoca y si quieres recibir tienes que dar.

5) SACÚDETE LOS APEGOS. Puede ser que temporalmente tengas que renunciar a cosas y personas para seguir tu camino.  Piensa que estás sembrando para cosechar un futuro mejor, recuérdalo siempre que sea preciso.

Y así conseguirás que tu marca persona salga reforzada porque tú serás más fuerte y mejor. Al fin y al cabo tu marca es el espejo en el que se refleja tu autenticidad.

Si soplan vientos de cambio en tu vida cuenta con nosotros. Y hablando de vientos de cambio, os adjunto la magnífica canción de Scorpions del mismo título. Una buena compañía para un cambio.

Jordi Collell/ asesor de marca personal