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Personal Branding, el arte de invertir en ti (16). Las fronteras de tu marca personal

Las fronteras de tu marca personal

Para dejar huella en el corazón de los demás, que es el objetivo final de toda marca personal, no vale todo, existen fronteras que no es conveniente rebasar. Los que nos rodean nos ven y nos sitúan  dentro del territorio que nos es propio, que nos hace fuertes, diferentes y memorables, enrocarnos en su interior nos fosiliza y abandonarlo de manera improvisada nos volatiliza. ¿Cuáles son los límites de nuestra marca personal?

Foto: Flickr CC

Nuestra identidad y su hoja de ruta definidas en la misión, visión y valores son nuestra tarjeta de presentación que se resume en un mensaje claro y entendedor. Preservar la propia identidad de intrusiones indeseadas que puedan dañarla y, en el límite destruirla, es una tarea que requiere atención, escucharse a uno mismo y una enorme capacidad de autocrítica y humildad. Nuestro territorio es  objetivo permanente de envites foráneos y todos estamos expuestos a ellos porque somos seres sociales, porque no vivimos aislados y porque sin la referencia  e interacción de los demás no seríamos marca.

Definir nuestras propias fronteras no es fácil y en la mayoría de las situaciones nos damos cuenta de que algo no funciona cuando realmente no va, somos poco precavidos, no tenemos el hábito de ser previsores. Recuperar las posiciones perdidas es costoso y a veces doloroso porque puede representar rupturas, pérdidas, distorsiones  y dinero.

Con tres ejemplos basados en experiencias recientes, anónimos por motivos de rigor profesional, lo entenderemos mejor.

La pareja, la nuestra, la de cada cual, es una parte importante de la hoja de ruta, constituye una de las opciones personales básicas. Con ella crecemos, tenemos hijos, perfilamos proyectos y la definimos como elección a largo plazo. Al ser cosa de dos se mueve en nuestro territorio de frontera porque está expuesto constantemente al exterior. Es fácil, sobretodo en las personas que tienen un carácter abierto o una actividad basada en las relaciones sociales, encontrarse en situaciones en las que uno se debe dar a conocer o hacer un esfuerzo para comprender a los demás y es aquí donde la exposición implica tener detectores de atención a punto y en buen estado de uso. Encontrar a alguien interesante, con una visión del mundo sugerente, complementando alguna carencia propia puntual no es difícil y hasta frecuente. El café de un día que se convierte en varios cafés, las confesiones personales más allá de lo que es profesionalmente  o funcionalmente necesario, comidas en lugares cada vez más privados, mensajes por los canales multimedia pueden llevar sin uno darse cuenta a  situaciones que ponen en peligro la existencia de la propia pareja. ¿ Cuales son tus límites que no debes en ningún caso rebasar?

El trabajo, sea por cuenta ajena o propia, consolida nuestra aportación a la sociedad, nos permite desarrollar habilidades profesionales que nos posicionan, nos da el fuelle económico necesario para sobrevivir y, como su producto va dirigido a alguien externo, se sitúa en territorio de frontera. Como los tiempos andan revueltos y hay que ir a por todas por aquello de mejor tener los huevos repartidos que en una sola cesta resulta poco complicado aceptar más tareas de las que realmente podemos hacer porque la cosa está tan mal que quien se atreve a decir no a alguien con ganas de contar con nosotros. Un encargo tras otro que se acumulan y que encadenan excusas cada vez más sofisticadas, el tiempo libre ocupado permanentemente en intentar acabar lo inacabable y que deteriora las relaciones personales y sociales, la desazón, el malestar y el disgusto por no llegar a donde nos hemos comprometido afectan a la autoestima y la salud física y emocional. ¿Cuáles son los límites que nunca debes rebasar?

La visibilidad, si no te ven no existes, es la parte descubierta del iceberg de la marca personal y por derecho propio se sitúa en territorio de frontera. Todos necesitamos ser visibles y tener un buen posicionamiento en los marcadores porque en el mundo tan global en el que nos movemos se hace imprescindible llegar a todos los lugares. Inflar las habilidades en los perfiles de las redes sociales, mencionar como clientes y casos de éxito a personas y empresas con las que se tuvo contacto en ocupaciones anteriores que no tienen nada que ver con la actual, lanzar opiniones atrevidas e innovadoras leídas por ahí como si fueran de cosecha propia y tantas cosas más, nos acaban convirtiendo en algo visualmente atractivo que se derrite progresivamente en cada contacto en el mundo real en el que se ponen a prueba las habilidades y la influencia reales. Y al final se acaba consiguiendo lo contrario de lo que se perseguía con un alto costo en esfuerzos y recursos para reorientar la situación. ¿Cuáles son los límites que nunca debes rebasar?

Poner límites, y más aun ponérselos, no gusta en general y siempre que hablo de este tema alguien arruga la ceja porque hay una creencia muy extendida que lo relaciona con la falta de libertad. Nada tan lejos de la realidad. Preservar la integridad de los compromisos, de los proyectos y de las metas a alcanzar refuerza las decisiones que un día se tomaron y permite gestionar la vida y la marca. Y no olvidemos que la gestión de la marca personal es ante todo un acto de libertad.

Un secreto para fidelizar a las personas

Muchas veces apreciamos tanto a nuestros colaboradores, amigos o pareja que sin quererlo somos capaces de ahogarlos. Algunas personas, directivos y empresas matan las marcas personales de sus colaboradores pensando que así no se irán y podrán tenerlos eternamente a su lado.

Hoy os propongo la lectura de un cuento hindú que encontré en el libro de Martí Gironell, l’Arqueòleg, que nos explica cómo la posesión y el apego excesivo por las personas puede liquidar la relación. Dejemos que las marcas personales vuelen libres y tendremos personas y colaboradores a nuestro lado por largo tiempo

Una pareja llegó cogida de la mano a la casa del brujo del poblado. Él era uno de los jóvenes más valientes y atrevidos de la región y ella era una de las chicas más bellas y simpáticas del clan. Cuando el brujo les vio les preguntó qué querían y la pareja le dijo que se querían mucho, que querían casarse, pero que como se amaban tanto temían que alguna cosa les separara. Lo que pedían al brujo era algún conjuro, algún hechizo que les garantizara poder estar juntos hasta que la muerte les llevara al la casa del Creador. Frente a aquella declaración de amor de los dos jóvenes, el brujo les dijo que sí, que algo se podía hacer, pero que era muy difícil y sacrificado y extremadamente peligroso. A ellos les daba igual, se querían tanto que estaban dispuestos a hacer lo que hiciera falta. El hombre sabio ordenó a la chica subirse a la montaña más alta y que allí, sólo con la ayuda de sus manos y una red, tenía que atrapar el halcón más espléndido y vigoroso que encontrara. Una vez atrapado lo tenía que llevárselo al brujo tres días después del comienzo de la luna nueva. La chica aceptó. Y al chico le encargó la misión de subir a uno de los picos más nevados que había en el norte y le pidió que le trajera el ejemplar de águila más hermoso y esbelto que encontrara. Para conseguir esta meta solo tendría sus manos y una red, las mismas condiciones que la chica.

Llegó el día señalado para llevarle al bujo las dos aves que había pedido que atraparan sin herirlas. Tanto la chica como el chico esperaban con su ejemplar en las manos que la sabiduría de aquel hombre les procurara el conjuro para que su amor perdurase. El brujo comprobó el estado del águila y después el del halcón y les felicitó porque eran bellos. Se les veía espléndidos y sanos, igual que la pareja. El sabio les preguntó si volaban muy alto y si les había constado mucho atraparlos. Tanto el chico como la chica reconocieron que si pero que por amor se hacía lo que hiciera falta. Estaban impacientes y excitados por saber que tenían que hacer y el chico preguntó al brujo si tenían que sacrificarlos y beber su sangre o cocinarlos y comérselos. El viejo sonrió y les dijo que no hacía falta. En cambio, les ordenó que cogieran las aves y las ataran entre si por las patas con una cinta de cuero y que las dejaran volar. La pareja obedeció al brujo y, cuando las soltaron, vieron que no podían volar. Sólo podían arrastrarse por el suelo, dar saltitos y tambalearse de aquí para allá sin rumbo fijo, y cuando una, el águila, se levantaba, la otra, el halcón, se caía. El cabo de un momento, frente a la imposibilidad de hacer lago positivo, se empezaron a pelear a picotazos.

La pareja observaba atónita la reacción de las dos aves. Para evitar que se agrediesen hasta lastimarse, el brujo cortó la cinta de cuero para que pudieran volar. Mientras las aves se difuminaban en el horizonte, el hombre sabio les dijo que esto era el conjuro que buscaban. Les dijo que ellos eran el águila y el halcón, que si se ataban, ni que fuera por amor, vivirían arrastrándose y tarde o temprano acabarían peleados.

Antes de bendecir la pareja y dejarlos partir les despidió con una recomendación: “ Si queréis que vuestro amor dure para siempre, volad juntos pero no atados”

Gracias por la lectura y a volar y dejar volar.

Jordi Collell / Asesor de marca personal

¿Amas a los demás? Un chequeo para nuestra marca -3-

En menos de año y medio en mi familia hemos enterrado a tres seres queridos, mi padre, mi suegra y mi madre. Hasta que de una forma u otra no perdemos un ser querido no nos damos cuenta de lo importantes que son para nosotros las personas que queremos.

Yo tengo muy claro que necesito a los demás para crecer y sentirme pleno, para compartir los buenos y malos momentos y estando a su lado para acompañarles en su crecimiento y celebrar sus momentos de plenitud.

Mi familia, mis amigos  y también el resto de personas que me rodean son uno de los pilares en los que me apoyo y de este modo se convierten, sin que ellos lo sepan, en uno de los pilares de mi marca personal.

Henry Cartier-Bresson / El beso

En las sesiones con mis clientes siempre acabamos profundizando las relaciones con la familia, los amigos, los colegas, los conocidos, los otros miembros del club o la asociación, los compañeros de universidad o la propia pareja. Al final muchos de los temas que surgen en nuestras sesiones de trabajo tienen en su origen el hecho de que no estamos solos y  de que las relaciones no son siempre precisamente fáciles.   Vamos a dedicar a los demás nuestro tercer chequeo.

El primer punto a chequear es el respeto. Respetar a  nuestros semejantes es ser conscientes de su complejidad y de su singularidad, es dejarles crecer y realizarse y estar atentos a sus necesidades y también a sus metas.

El respeto requiere aquel nivel de madurez que nos aleja de la posesión, necesitamos haber tomado consciencia de que somos autónomos, de que no necesitamos imperativamente a los demás para actuar y saber detectar que podemos vibrar de manera acompasada y simultánea con otras personas.

Pensemos en nuestras relaciones y seamos sinceros.

Vayamos al segundo punto que se inicia cuando las cosas no van o no han ido bien, nos han herido o por lo menos así lo hemos sentido, nos han traicionado y el mundo se ha hundido a nuestros pies. Pasado el cabreo inicial, que en mi caso considero positivo y liberador, podemos tomar dos actitudes, seguir en estado de enfado y ofensa o iniciar una toma de distancia para seguir caminando dejando de lado nuestro papel de víctima y a esta última postura solemos llamarla perdonar.

Perdonar no es simplemente olvidar, es aceptar y reconocer el mal que nos han hecho para recrear la relación con la persona que nos ha lastimado. Recrear es volver a empezar haciendo borrón y cuenta nueva mirando al otro con ojos renovados y aceptando nuestra parte de responsabilidad. De esta manera el perdón es un hecho liberador y nos da un impulso en nuestro recorrido.

Perdonar no es sencillo y requiere una cierta práctica. Empecemos por perdonarnos a nosotros mismos cuando nos hacemos daño, hagamos borrón y cuenta nueva y así seremos capaces de hacerlo con los demás.

¿Tenemos el borrador a punto o todavía no lo hemos incorporado a nuestra caja de herramientas?

Y cuando no estamos solos ¿qué hacemos? Si ya hemos tomado consciencia y aceptado que necesitamos a los demás ¿cómo estamos con ellos? Es nuestra relación mono direccional o por el contrario damos y recibimos. El tercer punto de chequeo lo dedicaremos al compartir.

Nuestra pareja, los amigos, los hijos, lo otros miembros de nuestra familia ocupan un lugar importante en nuestras vidas, necesitamos su contacto, su apoyo, su afecto y de este modo nos sentimos útiles. Lo mismo pasa con los compañeros de trabajo y con los otros miembros de la colectividad. En el intercambio de afectos, opiniones, proyectos, afinidades nuestra vida cobra una nueva dimensión.

Compartir requiere dedicación que es poner a disposición de los demás nuestro tiempo.

Manifestar los sentimientos a las personas que queremos también es compartir.

y en la calle codo a codo, somos mucho más que dos

¿Damos y recibimos de manera equilibrada? ¿Somos capaces de dar sin sentirnos desposeídos? ¿Aceptamos recibir sin sentirnos usurpadores? ¿Nos atrevemos a pedir? o ¿quizás es más fácil dar porque preserva mejor nuestra intimidad? ¿Abrimos nuestro corazón del mismo modo que queremos que los demás nos abran el suyo?

Para acabar quiero compartir un poema que resume de manera muy clara y directa lo que significa para mí amar.

Te Quiero de Mario Benedetti

Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro

tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola

te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

Gracias por haber llegado hasta aquí. Te espero en el siguiente chequeo.

Por cierto! En nombre de todo el equipo de soymimarca, FELIZ AÑO NUEVO!!

Jordi Collell / Personal Branding Coach / soymimarca

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