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Primero de Mayo, Políticos y Marca Personal

Mañana es Primero de Mayo. Este año se presenta triste y complicado. Con un paro que parece incontrolable y ya afecta a más de 5 millones y medio de personas que es el 24,4% de la población activa y parece no tener freno.  La política de austeridad está escribiendo el epitafio del estado del bienestar y nuestros políticos,  que parecen no tener margen de maniobra, dan la sensación de ir dando bandazos sin conseguir ningún éxito.

Este Primero de Mayo nuestra democracia está un poco más debilitada en otro proceso que parece también no tener final  y que viene marcado por directrices impuestas desde el exterior por personas e instituciones que no han sido elegidas democráticamente. Terceros países y los así llamados mercados marcan el ritmo de la piqueta que derriba el estado del bienestar.

Nuestros políticos están desacreditados, todos, es vox populi, no nos engañemos. Mensajes desafinados, promesas incumplidas justo casi en el momento de formularlas, impotencia, reproches, falta de unidad ausencia de sentido de Estado son entre otros algunos de los piropos que he oído en foros muy diversos.

Los políticos están lejos de la gente, de su gente, de todos nosotros. Su actividad parece centrarse en activar los resortes electorales para auparse en el poder o renovar mandatos y una vez conseguido este propósito se produce un barbecho comunicativo hasta la siguiente contienda. No hay explicaciones claras, no hay empatía y si un velado tono de amenaza de que lo peor puede estar todavía por venir. Y así cuando un político no es renovado en su mandato desaparece como si se lo hubiera tragado la tierra o acaba siendo una caricatura de su peores momentos.

A pesar de todo lo anterior estoy profundamente convencido de que los políticos son imprescindibles. Sin ellos la democracia no tiene sostén y por el momento no tenemos ningún sistema mejor. Sin proximidad a la gente el sistema se desmorona y la proximidad como la magia de Juan Tamariz requiere espacios  cercanos y directos. La proximidad requiere un esfuerzo de gestión de la Marca Personal.

En un sistema electoral de listas cerradas se produce la paradoja de que los electores aun pareciendo que tienen la voz mandante depositando su voto en las urnas su posibilidad de elección está limitada al contenido de una lista en la que votan a personas que son de su agrado y a otras que ni siquiera conocen. Una parte significativa del poder pasa a manos de quienes confeccionan las listas. Y nuestros políticos tiene que servir a dos tipos de clientela, su propio partido que es en definitiva quien le autoriza a ir o  no a la contienda electoral y a sus electores que son los que simplemente rematan la faena.

La proximidad, el seguimiento real del día a día se produce primordialmente en el interior del partido  o a través de los medios y en muchos casos viene marcado más por los sondeos que por la real satisfacción y comprensión de los ciudadanos y ambos no tienen por qué coincidir.

Si ahora hablamos de marca personal de manera generalizada y su gestión está al alcance de la mayoría de personas es gracias a la irrupción de internet. Internet y las redes sociales han democratizado el personal branding y lo que antaño solo se lo podía permitir una minoría ahora está abierto a todos.

Un político es un ciudadano más y tiene a su disposición los mismos instrumentos para difundir su mensaje, para contactar con su público y para crear conjuntamente acciones políticas y de gobierno. si hablamos de marketing 3.0 , que toma en cuenta de manera continua, en todo momento lo que piensa y requiere el consumidor para ofrecer productos basados en los valores también y por analogía podemos hablar de política 3.0.

Los políticos con marca personal serán 3.0. Proyecto, estrategia  con los valores bien explicitados y comunicación serán los puntos de partida para interactuar con su público y dar respuesta a las necesidades reales.

Nuestro país se lo merece, la democracia lo necesita y entre todos sabemos como hacerlo. Seguiremos hablando.

Feliz Primero de Mayo.

¿Tenemos tiempo?

Decía en la versión anterior de este artículo que estábamos en una situación económica muy compleja. Lamentablemente 2 años después seguimos igual o posiblemente peor. Hemos pasado de un tasa de desempleo del 18% al 23%, hemos incrementado en un 50% el volumen de hogares sin cobertura económica (recientemente se ha citado la cifra de 1,5 millones). El nivel de pobreza sigue creciendo. Se habla incluso de que el 2013 tampoco será el año de cambio de la tendencia ya que probablemente hasta 2014 no empezaremos la senda real de la recuperación.

Para ayudar a resolver este problema se ha instalado en nuestra mente el concepto de cambio de modelo productivo: necesitamos una economía innovadora, una economía del conocimiento, etc. Sin embargo un cambio de modelo exige tiempo, esfuerzo y cuidados, y también un cambio de mentalidad. Somos, junto con el resto de países de la cuenca mediterránea, los mejores en el ranking de la “no innovación”.

Me refería en 2010 a la enfermedad de nuestro mercado de trabajo y a la necesidad de articular una serie de cuidados paliativos en forma de contrato único, medidas de flexibilidad en la relación de trabajo, cambios normativos en los criterios de la negociación colectiva, y necesidad de crear un sistema competitivo en la gestión de las políticas activas como elementos clave para que nuestro “enfermo” se sitúe en mejores condiciones para recibir el trasplante que supone este cambio de modelo. En ello si que hemos avanzado ya que alguna de estas medidas están contenidas en la nueva normativa laboral establecida recientemente por el ejecutivo del PP.

Mientras tanto seguimos sin realmente fundamentar los cambios estructurales y sobre todo culturales en los que debería de fundarse nuestro nuevo modelo productivo. Cambios que de acuerdo con lo recientemente afirmado por Juan Roig, Presidente de Mercadona, exigen implantar una nueva cultura del esfuerzo a lo que yo añadiría riesgo. Probablemente sea necesario impulsar la figura del emprendedor pero si no cambiamos nuestro esquema de valores, nuestro modelo educativo y algunas cosas más (entre ellas el acceso al crédito) queda mucho para situarnos en el camino adecuado.

Medidas como las de potenciar la innovación mediante un desarrollo intenso y sostenido de la calidad de nuestro capital humano, exige, incrementar la formación y el nivel de idiomas de nuestros jóvenes. Necesitamos cambiar el modelo formativo de nuestro país y hacerlo urgentemente, necesitamos implantar de nuevo una cultura de esfuerzo en nuestros jóvenes, necesitamos, entre muchas otras cosas y aunque esta pueda parecer una medida poco relevante, dejar de traducir todas las películas y las series de televisión.

Si los indicadores de alto fracaso escolar y la disgregación de un sistema universitario centrado únicamente en sus propias necesidades, son los elementos más relevantes de nuestra realidad educacional, no parece el mejor caldo de cultivo para potenciar la innovación. Aunque no soy, evidentemente un especialista en temas educativos, ni pretendo serlo, si me sorprende que nadie parezca estar preocupado por un sistema que permite que el 60% de los estudiantes universitarios no finalicen sus estudios, que no haya estímulos reales ni apoyo a las personas con más capacidad y que no se produzca un proceso de selección en base a las necesidades futuras del  mercado de trabajo. Me pregunto si tiene sentido tener un volumen muy importante de titulados universitarios si éstos posteriormente no consiguen desarrollar actividades profesionales relacionadas con su formación. Y no se muy bien si sólo con cambios en los modelos educativos será posible resolver este problema.

La segunda idea para potenciar un cambio en el modelo productivo sería el fomento del riesgo, o dicho de otra manera, el espíritu emprendedor. He estado durante muchos años en contacto con profesionales en situación de cambio y que se planteaban como alternativa profesional la creación de un proyecto empresarial. Pues bien muchos lo hacían solamente como alternativa, una vez habían constatado las dificultades para reincorporarse al mercado de trabajo por cuenta ajena. No tenemos en nuestro “ADN” una cultura de emprendedores.

Más allá de las iniciativas, selectas y que sin dudas razonables, es indudable que muchos de nuestros jóvenes –y más en estos momentos de dificultades- visualizan como única alternativa profesional un puesto de trabajo en la administración pública. Recientemente el PAIS señalaba que más del 50% de nuestros jóvenes sueñan con trabajar en la administración pública. O sea lo más alejado del espíritu emprendedor. Es posible que una parte de esta demanda está condicionada por las dificultades de acceder a un empleo que tienen nuestros jóvenes (nos debería de caer la cara de vergüenza cuando somos capaces de mantener unos ratios de desempleo en nuestros jóvenes cercanos al 45%). Mientras tanto creo que todos tenemos claro que nuestra realidad social no favorece sino que inclusive penaliza el esfuerzo, la asunción del riesgo y los intentos de emprender.

La última idea, conectada si cabe con la anterior es el esfuerzo inversor. Y cuando me refiero a este tipo de esfuerzo no me refiero únicamente a la necesaria adaptación de nuestro sistema financiero a este tipo de demandas sino a la potenciación del riesgo y del cambio en el modelo de los negocios, que en mucho caso exigen de la implantación y puesta en marcha de nuevas formas organizativas más flexibles que fomenten la creatividad en el seno de las organizaciones.

Desconozco de cuanto tiempo disponemos, pero es indudable que sin cambios en nuestro modelo educativo y la potenciación del espíritu del cambio y de la capacidad emprendedora no nos queda otro futuro que ser más pobres de lo que hemos sido legando a las próximas generaciones una realidad que probablemente no queríamos para nosotros mismos.

Tengo 45 años, me he quedado sin empleo (II)

El pasado martes publicamos la primera parte del artículo Tengo 45 años, me he quedado sin empleo (I)  donde reflexionamos sobre los 3 primeros puntos:

1. Quién soy en estos momentos

2. A qué he dedicado mi vida personal y profesional en los últimos años?

3. Qué percibe mi mercado sobre mí
Continuo hoy con la segunda parte del post . Y sigo reflexionando sobre otros aspectos fundamentales:

4. Qué decisiones importantes he tomado en los últimos años

5. ¿Estoy preparado para los tiempos difíciles?

 

4. ¿Qué decisiones importantes he tomado en los últimos años?

Puedo ser duro mirar atrás y asumir que nos hemos equivocado, que hemos tomado la decisión errónea.

No acerté con la inversión, me decidí por la empresa equivocada, me aferré al área de la empresa que no tenía futuro, no me preparé para ser el mejor. Repasa tus decisiones, asúmelas y deja de lamentarte por lo que no hiciste; ahora nada va a poder cambiar aquello.

Si fuiste valiente de tomar decisiones, y las pudiste tomar de forma libre, considérate un valiente, nunca un fracasado. Aprende de ellas, disfruta del momento de libertad que hizo tomarlas. Y sobre todo piensa que es tiempo de hombres libres y valientes. Tienes ya mucho camino andado.

 

5. ¿Estoy preparado para los tiempos difíciles?

No son buenos tiempos para confiar en un futuro de comodidad y equilibrio. Si estás en una situación estable te puedes considerar un afortunado, o un ingenuo.

De la capacidad que tengamos para asumir riesgos, nuevos retos, de ese espíritu de aventura que más allá de la edad que tengamos.

Ciudadanos del mundo, esto ha cambiado. Dichosos aquellos que anheláis el espíritu aventurero y sois capaces de salir a conquistar nuevos horizontes. Las llanuras han sido arrasadas por los vientos, los pastos se han secado, los árboles ya no dan frutos. Hay que salir a cazar… otra vez.

No es fácil, tenemos que asumirlo, lo que viene no va a pasar de largo. Todo está cambiando, y aún queda mucho por cambiar. Tal vez cinco o tal vez diez años harán falta para que volvamos a oler de nuevo el aroma del confort. Hasta entonces debemos activar en nosotros un espíritu de sacrificio y un estado anímico, tal vez lo más difícil, para afrontar los nuevos. Probablemente todos no lo conseguirán. En realidad es posible que tampoco haya sitio para todos.

 

¿Has reflexionado ya?

¿Has dado ya respuestas a todo? ¿sabes cómo hacerlo? Acabas de descubrir el personal branding y lo que una marca personal puede hacer por ti.

–       no depender de las circunstancias

–       tomar las riendas de tu propia vida

–       definir el objetivo de tu vida personal y profesional,

–       trazar hacia ese objetivo un camino donde tú serás el mejor compañero de viaje.

Tener una marca personal coherente y resistente te hará afrontar los nuevos tiempos con serenidad y fortaleza.

Es posible que si la tienes puedas esquivar muchos de los problemas que están sufriendo o van a sufrir las personas que te rodean: tus compañeros, tus familiares, tus amigos.

Nunca es tarde para empezar, pero el tiempo se acaba ¿recuerdas? Has pasado la cuarentena y de ti depende lo que al respecto piensen los demás:

–       Tiene unos cuarenta años, mucha experiencia, una mentalidad abierta y emprendedora y las ideas muy claras. Podemos aprender mucho con él, tiene mucho que aportarnos. Es genial poder contar con él.

–       Tiene más de cuarenta años, lleva toda la vida haciendo lo mismo, no tiene ahora nada que aportarnos. Es una pena.

De ti depende. No te duermas

Tengo 45 años, me he quedado sin empleo (I)

Es una historia tan cruda como real. En los dos últimos años he recibido decenas de mensajes con este comienzo o algo muy similar. El perfil se repite, es el típico de un trabajo de personal branding, el que desearíamos no tener nunca. Es muy español el hecho de recordar a nuestra Santa Bárbara cuando ya empezó la tempestad. Al menos tenemos alguien a quien encomendarnos, cuando no a quien echar la culpa de tan tormentosa situación.

Sea o no un hecho habitual, es lo de menos, lo que sí es cierto es que nunca es tarde si la dicha es buena. Así que cuanto antes tenemos que intentar poner en remedio ese mal que pensábamos que nunca nos iba a tocar y hoy puede estar más cerca de lo que nunca habíamos imaginado.

En la primera parte de este artículo analicemos la situación y iremos preparando respuestas a las siguientes preguntas:

  1. Quién soy en estos momentos
  2. A qué he dedicado mi vida personal y profesional en los últimos años?
  3. Qué percibe mi mercado sobre mí

 

1. ¿Quién soy en estos momentos?

No cometas el error de prejuzgar que sabes de antemano la respuesta, porque en la mayoría de los casos no es así. Lo que soy, el papel que desempeño, la coincidencia real con mis deseos y mis aspiraciones anteriores. De ésta viene una pregunta derivada: ¿que quiero ser? Retomar mis aspiraciones ¿en qué momento de mi vida pasé de ser un soñador a establecer mi tienda de campaña en la zona de confort? Esa zona calentita, ese refugio de bienestar y calor que a veces se transforma en una trampa que anestesia mis ilusiones y que prioriza lo racional frente a lo emocional.

Algunos lo llaman madurez, yo prefiero llamarlo comodidad.

 

2. ¿ A qué he dedicado mi vida personal y profesional en los últimos años?

Es muy posible que hayamos estado muy centrados en nuestra vida profesional pero de una manera interna a la empresa. Pensábamos que un trabajo era para toda la vida, o quizás que después de un trabajo venía otro. Pero eso era antes.

El desempleo se ha convertido en un monstruo de voracidad desmedida, que ha salido a buscar alimento fuera de su territorio clásico.

Aquellos que han diseñado su vida en un espacio empresa-casa son auténticos desconocidos para el mundo del desempleo.

Tampoco caigamos en la trampa de pensar que las redes sociales nos comunican con el mundo y ellas nos sacarán de esta situación: falso.

¿Has investigado tendencias? ¿Has escrito algo? ¿Has buscado oportunidades? ¿Te has relacionado? ¿Has hecho algo que te dirija hacia el futuro?

 

3. ¿Qué percibe el mercado sobre mí?

Por si no estabas totalmente convencido estás inmerso en un mercado. Un mercado de relaciones sectoriales y personales, en el que se enmarca tu puesto de trabajo. Éste no está rodeado de cuatro paredes, sino de personas, y además no tiene fronteras. Ese mercado está diseñado para dar cabida a todos pero sólo si el mercado te conoce, te percibe; si has conseguido darte a conocer y posicionar tu persona, tu mensaje y tu valor.

Reflexiona si eres respetado y percibido por algo más que por tu puesto de trabajo y por lo que pone en tu tarjeta de visita. Esos recursos te dan valor hoy, pero mañana podrán no servirte de nada.

He sido, he estado, he dirigido, he hecho… ¿crees que eso valdrá de algo en el mundo que viene? Un mundo en el que centenares de profesionales vagarán confiando en que un pasado les avale una oportunidad. Más vale que tengamos la mente y la actitud en el presente y el futuro, en conocer lo que viene y en cómo afrontarlo.

 

En la segunda parte de este artículo (Tengo 45 años, me he quedado sin empleo (II)) continuaremos reflexionando sobre otros aspectos fundamentales como:

  • Qué decisiones importantes he tomado en los últimos años
  • ¿Estoy preparado para los tiempos difíciles?

Y lo más importante, hablaremos de cómo el personal branding puede ayudarnos.

 

 

Y ahora… ¿qué hacemos?

Las elecciones han pasado. Ya tenemos el cambio que tiene que devolver la confianza de los mercados. Ayer los mercados seguían castigando las bosas y la deuda, como anteayer, como hace un año. Hagamos lo que hagamos no hay salida, esto no hay quien lo pare y nos dicen que lo peor todavía no ha llegado. ¿Y ahora qué?

A estas alturas ya tengo elementos bastante fiables para empezar a creer que individualmente poco podemos hacer para que la economía remonte y las aguas vuelvan a un cauce lo más parecido al normal porque parece ser que no volveremos a estar como antes. Y el recurso que todavía nos quedaba, votar, ya lo hemos utilizado.

Veo sensación de miedo y está justificado porque seguro que vamos a perder algo y todavía no sabemos qué es. El paro aumenta y nos pone en cabeza de un triste ranking, se recortan salarios, se rebajan servicios y se anuncian más medidas a definir. A pesar de lo que nos está cayendo el grifo sigue dando agua cada vez que lo abrimos, el metro funciona y nuestros hijos siguen yendo a la escuela. La vida sigue.

Nietzsche decía que todo lo que no acaba con un individuo lo hace más fuerte

Si, por el momento, no podemos cambiar este entorno hostil porque no depende de nosotros quizás vale la pena buscar que es lo que podemos cambiar para tener nuestra vida encauzada y con sentido. Nietzsche decía que todo lo que no acaba con un individuo lo hace más fuerte.

Posiblemente hasta ahora hemos tenido muchas cosas aseguradas, sobretodo las relacionadas con nuestra salud, educación, jubilación… y hemos tenido la suerte de contar con un flujo de ingresos que, mejor o peor, nos ayudaban a cubrir el resto de necesidades. Nos hemos convertido en dependientes y no nos hemos de culpabilizar por ello ni dejar que otros lo hagan, pero debemos tomar consciencia de que parte de lo que teníamos seguro se va a acabar. Y podemos aceptarlo sin hacer nada o actuar en consecuencia.

Vivir para verlas venir reaccionando según se vayan produciendo los acontecimientos nos seguirá alimentando la inseguridad, el miedo y el stress frente a lo que está fuera de control.

Los cambios y las mejoras no vendrán del exterior o si lo hacen pueden llegar tarde. Identificar las zonas de nuestra vida en las que podemos hacer algo, definir que queremos hacer y trazar un plan para conseguirlos alimentará nuestra vida de sentido, seremos nosotros los que iremos abriendo camino y volveremos a sentir confianza en el futuro.

Y en esto consiste tomar el control de la marca personal. En ser proactivo y no vivir a remolque de los acontecimientos, en saber que nosotros tenemos la capacidad para ir dirigiendo nuestras vidas donde queramos y no donde nos lleven los acontecimientos, en hacernos más fuertes para poder hacer mejores a los demás.

¿Te atreves a escoger?

Jordi Collell / Coach y Asesor de Marca Personal

Empleabilidad, Cambios Culturales y Reforma Laboral, por @PauHortal

Las cifras de desempleo señaladas por la EPA después del verano y sobre todo las nulas esperanzas de mejora en las perspectivas a corto plazo resultan francamente alarmantes. No soy el primero ni el único de los que seguimos extrañados con el hecho de que con la situación que estamos viviendo (a pesar de la influencia real de la cada vez más importante cuota de economía sumergida) no se hayan producido ya estallidos sociales realmente graves.
Resulta perfectamente constatable que el alto volumen de desempleo de nuestro país (y el hecho de que seamos los primeros en el ranking de destrucción de empleo en la UE) se debe a la suma de diferentes factores: de una parte factores estructurales como la pérdida de peso del sector de la construcción, de otra al descenso del consumo y la tercera –la que nos diferencia del resto de países de nuestro entorno-, la que nos hace ocupar esta posición de liderazgo es la tipología y estructura de nuestro mercado de trabajo.

Sin embargo, de acuerdo con lo comentado y señalado entre otros por Alfredo Pastor, la reforma laboral necesaria de la que habla Joaquín Trigo (y me refiero a la que queda por hacer, no la que hemos hecho hasta este momento) “tendrá un alcance muy limitado porque se fundamenta en la creencia, probablemente ingenua, de que la desaparición y reducción de procesos administrativos y burocráticos liberarán unas fuerzas del mercado, reprimidas hasta este momento, que por sí mismas resolverán todos los problemas”.

Lamentablemente no creo que sólo con un mercado laboral más flexible y eficiente y con unas relaciones laborales en la empresa menos encorsetadas por normas y regulaciones, muchas veces tendentes solamente a potenciar una dualidad perversa en el status contractual, podamos realmente resolver nuestro problema de empleo. Tenemos claramente un problema de empleabilidad y éste, lamentablemente sólo se resolverá a largo plazo y como consecuencia de un cambio cultural.

Siguiendo a los comentarios publicados por Rafael Pampillon recientemente en EL PAIS. “en los libros de economía se enseña que los objetivos de toda política económica son cuatro: crecimiento económico, pleno empleo de la mano de obra, estabilidad de precios y equilibrio exterior” Estoy plenamente de acuerdo con él en el sentido de que no parece ser que seamos capaces de cumplir ninguno de los fundamentos descritos. Es evidente que no vamos a tener un crecimiento económico en 2011 o que éste, si se produce, sea mínimamente perfectible, no vamos a ser capaces de crear un volumen de empleo que permita reducir significativamente el número de desempleados hasta el segundo semestre del 2013 como muy pronto. Igualmente parece bastante complicado que no vayamos a tener una  tendencia claramente inflacionista en los precios al consumo (de hecho ya la estamos constatando en los últimos meses), y no parece que seamos capaces de establecer líneas de equilibrio en nuestras cuentas con el exterior.

Soy de los que me inclino por la idea de que las reformas hay que hacerlas en el momento en que ellas son constatables y necesarias y por tanto creo que el hecho de que seamos los primeros en el ranking de destrucción de empleo de las economías de la UE, a alguna reflexión nos debería de llevar. No tiene, en estos momentos, ningún sentido seguir pensando que hemos perdido una excelente oportunidad (en los años anteriores de bonanza) para enfocar reformas que hoy hubiesen reducido el volumen de pérdidas de empleo que hemos vivido y que favorecerían la contratación en el momento en que se inicie el cambio de ciclo. Es indudable que el espíritu mental del concepto, al que estamos tan lamentablemente abocados, que se resume en la frase tan nuestra de “vuelva Vd. mañana” o  en su versión “mañana será otro día” no resulta la mejor receta para el enfoque de la situación del mercado de trabajo.

Ah…..y cuando hablo de reforma, no me refiero simplemente que también al debate sobre las fórmulas técnicas y jurídicas que deberían dotar de mayores niveles reales de flexibilidad a nuestro mercado de trabajo. Me refiero a reformas de calado que consigan modificar nuestra “cultura social” lamentablemente integrada en nuestro ADN que no potencia ni el esfuerzo ni prima el talento y que permite, por ejemplo, a un reconocido diputado socialista referirse a las prestaciones por desempleo como “un derecho” al que todos tenemos la opción de acceder.

Es evidente que, al margen de algunas reformas que son estrictamente necesarias para afrontar los retos que nos depara el futuro, debemos también hacer cambios sustanciales sobre nuestra “cultura social sobre el trabajo” si de verdad queremos enfrentarnos con éxito a los retos que nos depara el próximo futuro. Cambios culturales que pasan necesariamente por desarrollar el concepto de empleabilidad.

Cuando la confianza en el futuro se ha convertido en un bien escaso, cuando muchos de nosotros huimos de inculcar a nuestros jóvenes el valor del esfuerzo es bueno recordar de nuevo el mensaje de Albert Eisntein. “Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia”.

Y prosigo parafraseando a este genio “El problema de las personas y de los países es la pereza para encontrar las salidas y las soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos todo es rutina. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Ante la crisis la única receta es el trabajo duro. Acabemos con la única crisis amenazadora: la tragedia de no querer luchar por superarla”.

Pau Hortal

El fin de la era de los empleados abre la era de los profesionales

Se ha acabado la era de los empleados y se abre la era de los profesionales. Así sentenciaba ayer mi colega Jordi Collell en su post Ser joven, ¿tocado y hundido?. Hace tiempo que muchos especialistas en personal branding advierten sobre este cambio de paradigma, sobre el fin de una etapa que empezó con la revolución industrial y ha terminado ahora. La pregunta es ¿Cómo debemos prepararnos para este nuevo reto?

A pesar de la crisis que nos acecha, muchas personas no están dispuestas a poner sus carreras en manos de otros, y están abandonando sus puestos de trabajo para iniciar su propio negocio. A ellos se unen los que aún no han conseguido entrar en el mundo laboral, a los que no les queda otro remedio que lanzarse a la emprendeduría. Y súmese a esa lista a todas las personas que han salido disparadas de las empresas debido a la crisis y que no encuentran trabajo.

Lo primero que necesitas en una situación así es entender que el mundo ha cambiado, que el trabajo estable sólo está en tus manos. Debes renunciar a marcarte unos objetivos demasiado ambiciosos en lo económico y debes empezar a tejer tus redes. También es importante que hagas oídos sordos a las estadísticas crueles que hay sobre supervivencia de nuevos negocios. Si pones ilusión y ganas ya tienes mucho ganado.

El YO, S.A. es una realidad cercana. Nunca como ahora ha sido tan fácil crear microempresas. La información está disponible y es gratuita. Muchas formas de comunicación -sobre todo online- también son gratuitas y además de propagación rápida.

Entonces ¿Qué narices falta para lanzarse al ruedo?

Un plan. Así de simple. Hace falta un plan. Sin plan ya podemos poner ideas, ilusión y ganas, no llegaremos muy lejos. El plan es nuestra hoja de ruta, el lugar donde hemos definido qué queremos ser, dónde queremos llegar, con qué oferta, a quién, con qué medios y con qué presupuesto. Se parece a un business plan, pero yo lo llamaría quizás personal business plan. En realidad ese plan ya está inventado y hay muchos profesionales que lo ofrecen: se llama personal branding.

¿Quieres pasar de empleado a profesional?, ¿Necesitas más razones para empezar a reforzar tu marca personal?

Guillem Recolons / asesor de marca personal

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Desempleo: solo la creatividad nos salvará

Un genial planteamiento de Agustí Brañas y Juan Martínez

Aunque hace meses que leí su post “Desempleo: Aplicando creativamente el sentido común, me quedó grabado en la memoria y -afortunadamente- también en la de mi ordenador. Ese post de Agustí Brañas y de Juan Martínez de Salinas hace remover conciencias e invita a pensar que si utilizamos un  poco más el pensamiento lateral y nos dejamos de tiranteces, la solución al problema del paro puede estar más cerca de lo que pensamos.

Conocida la atracción de Brañas por las matemáticas,  nos plantea el tema así:Dados dos conjuntos, X e Y, ¿Podemos establecer una correspondencia entre ellos? Veamos.

Sea X el conjunto de desemplead@s que hay en España, e Y el conjunto de PYME’s que hay en el mismo dominio. Hipótesis: ¿Se puede establecer alguna relación y/o correspondencia entre ambos conjuntos que permita reducir a medio plazo el paro?

Manos a la obra. Según la información de la EPA, el número de parad@s que había en el 1T2010 era de 4,612 millones. Estos datos han sufrido una ligera mejoría ya que, en el 2º trimestre, el paro se ha reducido. El 65% -tres millones- perciben prestaciones por desempleo. De ést@s, casi 700.000 tienen estudios superiores.

¿Cuál es la propuesta? El estado está pagando el subsidio de paro a –por progresión- a unas 450.000 personas. En España, tenemos, estimativamente, más de 3.000.000 de PYME’s. La idea es proponer, en función de estudios, formación y experiencia, la formación de pares (X,Y). Es decir, a cada PYME se le propondría integrar una persona que esté en situación de desempleo y que esté percibiendo la prestación del subsidio en su organización.

Analicemos los costes:

  • Al Estado no le cuesta nada pues tiene que seguir pagando el subsidio mientras el desempleado no encuentre un nuevo trabajo o agote la prestación
  • A la PYME no le cuesta nada pues el Estado es el que asume tanto la retribución como la Seguridad Social
  • A la persona que está en situación de paro los costes que tendría serían los del desplazamiento al puesto de trabajo

El periodo que debería ser esta “cesión/asignación” no debería superar los 6 meses. A la finalización, un escenario factible, podría ser que el 20-25% de estas personas se les contratara en la PYME.

Hay que buscar fórmulas creativas e innovadoras que

  1. Suturen la sangría del paro
  2. Capitalicen el inmenso talento y experiencia –que, haberlas, haylas- que existe en la bolsa de desempleados
  3. Fortalezca nuestro tejido económico: la PYME.

Con este tipo de propuesta mantenemos a las personas activas y les permitimos aportar su conocimiento en las pequeñas y medianas empresas que están necesitadas de ideas nuevas. Los desemplead@s tienen una buena oportunidad de demostrar su valía y de tener una posibilidad de incorporación futura.

¿No os parece una solución innovadora? Puede que sea difícil de aplicar, puede tener muchos “peros”, pero es una propuesta sensata, y ante un cáncer de más de 4 millones de personas sin trabajo hay que hacer algo. Los programas de outplacement y lo que hacemos desde soymimarca en cuanto a refuerzo de marcas personales puede ayudar, pero no nos engañemos, aquí debe intervenir un factor macroeconómico. Y la propuesta de Brañas y Martínez lo es. Ojalá llegue a oídos de algún político con sentido común.

Por cierto, os recuerdo a los que estéis por la zona de Bcn que el lunes 24 de enero a las 18h damos una charla sobre marca personal en el Colegio de Ingenieros. Para detalles e inscripciones, clicad este enlace.