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Actitud, pensamiento positivo y marca personal

Que nuestra marca personal sea reconocida, memorable y la elegida por los demás depende de nuestras actitudes, de lo que transmitimos a través de nuestra manera de actuar porque la acción configura nuestra manera de ser y articula nuestra identidad. Somos pensamiento y acción.

 

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Se habla mucho de actitudes positivas y de pensamiento positivo, el optimismo o en el extremo opuesto el pesimismo se convierte en un indicador de valía personal y muchas veces en el justificante de nuestros fracasos. Cuando las cosas no nos salen bien, fracasamos en lenguaje llano, es porque no tenemos un enfoque suficientemente positivo y por lo tanto no sólo somos responsables de los fracasos si no que además nos los merecemos y encima nos lo creemos.

 

Soy uno de los convencidos que una actitud positiva es una buena tarjeta de presentación de nuestra marca personal y una manera fantástica de enfocar la vida que vale más ver el vaso medio lleno que medio vacío y que esta manera de hacer, esta actitud, nos ayuda a pensar en grande a tener unos puntos de mira más desarrollados y nos puede abrir puertas que de pensar de otro modo y de tener otra actitud estarían cerradas. Pero todo lo anterior no es garantía de nada porque al final lo que vale es lo que hacemos.

 

Es cierto que si conseguimos tener un estado de ánimo que nos permita ver el futuro de manera optimista minimizando los nubarrones que siempre aparecen transmitiremos a nuestro entorno tranquilidad, los demás nos lo agradecerán y, como tenemos una tendencia general a recordar lo bueno y a olvidar lo malo, seremos memorables. Pero además tenemos que ser capaces de hacer aquello que nos hemos propuesto y lo que se espera que hagamos en todas las situaciones porque de lo contrario nuestras acciones borraran la huella positiva y estaremos en peor situación.

 

Se habla poco del deber, de hacer las cosas porque se tiene que hacer aunque no gusten, del trabajo constante y a veces ingrato, de que para escribir medio página pueden hacer falta muchas horas de lectura, de investigación y de reflexión. Pensar en positivo si no va unido a un esfuerzo por aprender, por ser mejores y por cambiar no sirve absolutamente de nada. Es más alguien que de entrada piense en la botella medio vacía pero que esté haciendo lo que es preciso para ser mejor acabará con su marca mejor posicionada.

 

Es por todo lo anterior que cuando tomamos consciencia de que dejamos marca, de que somos una marca, lo hacemos a partir de la acción y de la reflexión. Aprendemos a conocernos mejor, ponemos de manifiesto lo que realmente nos gusta, inmediatamente después elaboramos la estrategia para que pueda ser realidad y finalmente lo explicamos, lo hacemos visible. Una marca personal no se gestiona únicamente con el pensamiento.

No nos dejemos seducir por embaucadores.

Eres Marca, por @pabloadanmico

Fíjate bien en la persona que tengas al lado. Obsérvala y llegarás a la conclusión de que algo te transmite: buen rollo, confianza, seriedad, diversión, seguridad, competitividad…
Las personas transmitimos algo por el hecho de estar, por el hecho de ser. Lo hacemos de manera inconsciente, sin una reflexión previa, pero lo hacemos.

Ahora mírate al espejo ¿te has parado a pensar qué le transmites a los demás? Algo, eso seguro.

SI transmitimos algo es que somos marcas. Pero ahora viene el problema ¿transmitimos aquello que somos o aquello que los demás esperan que seamos? Y la percepción que los demás tienen de mí ¿es la que yo pretendo? ¿es la que coincide con mi proyecto personal?

Si transmitimos algo es que somos marcas; marcas personales. Y de que esa percepción que llegue a los demás coincida con lo que soy, mis valores y mis aspiraciones, dependerá la mi capacidad de comunicar lo que soy y lo que pretendo ser.

Ya que soy marca, me guste o no, consciente o inconscientemente, deberé recurrir a ella para desarrollarla y potenciarla. Eso es el marketing personal. 

Y para desarrollarla, potenciarla y comunicarla debo tener un plan.