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Tus grandes ideas corren peligro, ponlas a salvo

Imagina que un día decides hacer los deberes pendientes y te pones a pensar de verdad. No te asustes, es solo una suposición. Imagina que en el proceso dejas aflorar una buena idea, por favor no te estreses, que es sólo un post en son de paz, y que es una de las mejores que jamás se te hayan ocurrido. Ya está, la tienes y de repente algo en tu interior empieza a ronronear y comienza el espectáculo.

“La idea no está mal pero con lo gafe que eres nunca, nunca lo conseguirás”

“Venga tío, que ya van varias y ninguna ha terminado de funcionar”

“Para esto hace falta pasta y tu eres capaz de levantar ni un dedo”  o también “es tan buena que parece mentira”

Sed sinceros, ¿os ha pasado alguna vez? Seguro que sí!

Tenemos un guerrillero en nuestro interior que está especializado en dinamitar todo lo que huela a nuevo, a innovador o simplemente a bueno. Es un auténtico coñazo porque está siempre a punto para dinamitar nuestra voluntad para tirar para adelante y para hacer cosas nuevas. Aparece cuando menos se le espera y es un mago del camuflaje. Hay que saber reconocerlo y tener la valentía de ahuyentarlo.

Leí hace poco en un blog que hay cuatro aspectos a considerar para poder presentarle batalla.

El guerrillero no es un amigo. Ya lo dije antes, es un coñazo y punto. Su único y último objetivo es desanimarnos y cortarnos las alas. A veces con frases eternas:”el miedo guarda la viña” otras simplemente creando pánico y proyectando una película de ruina con embargo del piso incluido y cambio de escuela para ,los niños.

El guerrillero vive anclado en el pasado. Es la voz de nuestras creencias más limitantes, no hace análisis de rentabilidad ni planes de negocio, ni nada que se le parezca. El guerrillero no sabe calcular la rentabilidad de una inversión. Nos remite a los fracasos propios o ajenos como único patrón de evaluación y ya se sabe que cuando en algún, momento has visto las barbas del vecino quemar quien dice que las tuyas no arderán…

El guerrillero nos quiere encerrar en nuestra zona de confort. Pone de manifiesto todo lo que puede parecer algo molesto, alerta sólo de las complicaciones y no esconde la gran verdad de que a veces es preciso sufrir un poco y hasta retroceder para lograr una meta. Recuerdo que en mi primer empleo en una empresa de bienes de equipo de Barcelona que ya no existe llegó un nuevo presidente que en una reunión, en la que los antiguos del lugar ponían trabas a sus propuestas de cambio, soltó algo así como “quien quiera pescar mojones tiene que bajar al río y mojarse…” creo que se refería al ombligo pero no rima.

El guerrillero no confía en ti ni en nadie. No se fía ni de su sombra y tus estudios, tu experiencia, tus contactos serán pura filfa para él. Y alerta porque ha sido especialmente entrenado para barrenar tu autoestima y dejarla hecha añicos.

¿Es posible liquidar al guerrillero? Yo no lo he conseguido totalmente, lo que si os puedo asegurar es que he aprendido a vivir con él y a neutralizarle. La frase de jobs que comentaba hace unos días en otro post sobre la creatividad no dejéis que el ruido de las opiniones de otros ahogue vuestra voz interior se puede traducir aquí por no dejes que tu voz interior ahogue tus ideas, sobre todo las buenas.

Y si no logras calmar a tu guerrillero cuenta conmigo y con el equipo de Soymimarca. Te apoyaremos para que transformes tus ideas en realidades con una Marca Personal fuerte.


El empresario que temía apostar por su gente, por @guillemrecolons

Este pequeño relato no trata de incertidumbre, ni de crisis. Tampoco de sindicatos, bancos o legislaciones. Trata del miedo que tienen muchos empresarios a apostar por la más perfecta de sus maquinarias: su gente.

Eladio había llegado lejos. Tras acabar su carrera y trabajar en diversos empleos, hace 5 años decidió abrir su propia empresa. Para hacerlo, contó con la ayuda de un Capital Risk que se enamoró de su Plan de Negocio y contó con la gran ayuda de su marca personal, la de un emprendedor convencido de sus ideas, de mentalidad abierta, visionaria.

Contó con la gran ayuda de su marca personal, la de un emprendedor convencido de sus ideas, de mentalidad abierta, visionaria

Los dos primeros años, aún sin retorno de inversión, el negocio de Eladio fue tomando posiciones y aumentando su facturación de manera progresiva. Eladio consiguió dotar de VALOR a su empresa, a sus servicios y a sus productos. Para dotar de un mayor empuje a su empresa, Eladio pronto creyó necesario contar con la ayuda de algún “senior” que le ayudara a canalizar el plan de negocio. Contrató a 5 personas que, si bien no reunían aún la experiencia suficiente en el sector de negocio, eran portadores de energía, de ilusión y de motivación.

Al poco tiempo de hacerlo, ZAS! aparece la peor cara de la crisis

Al poco tiempo de hacerlo, ZAS! aparece la peor cara de la crisis y Eladio se ve obligado a tomar medidas para salvaguardar la empresa. Para empezar, recortar gastos superfluos. Siendo una medida insuficiente, decidió prescindir de algunos ejecutivos. El criterio seguido era elegir los que les costaba menos dinero despedir, con independencia de su valor. Más tarde redujo los salarios un 20% y eliminó dietas y bonus. Llamó a un informático para impedir que sus empleados se pudieran conectar a Facebook, Linkedin, YouTube, Twitter…, cosa que consiguió con una sencilla manipulación del servidor.

La moral del resto de trabajadores empezaba a decaer. En ese momento Eladio decidió contratar a un consultor externo para ayudar a sus empleados a encontrar la motivación que habían perdido. El consultor transmitió a Eladio que debería implicar más a su gente en los procesos de toma de decisiones, que debería delegar más para que éstos se sintieran partícipes de la empresa y que debería darles un mayor protagonismo en las actividades externas de la compañía. El consultor consideraba que de esta manera Eladio conseguiría reencontrar la motivación y además tendría mucho más apoyo en la dirección del proyecto.

Eladio lo único que quería era convencer a sus empleados de trabajar más horas

Las ideas del consultor fueron despreciadas, ya que Eladio lo único que quería era convencer a sus empleados de trabajar más horas sin exigir nada en contrapartida. Eladio tenía MIEDO de promocionar a su gente. En el fondo pensaba que si lo hacía, pronto le abandonarían llevándose todos los secretos de la compañía.

Hoy, la empresa de Eladio ha cerrado. Lo peor es que podía haberlo evitado. Solo necesitaba CREER en su equipo, ejercer el LIDERAZGO y mejorar la COMUNICACIóN interna. Así hubiera conseguido MOTIVAR.

El miedo a reforzar las MARCAS PERSONALES de la gente clave en una empresa es una práctica común. Aún no entendemos que nuestra gente se puede convertir en EMBAJADORES de la compañía, transmitiendo como nadie la VISIÓN, MISIÓN y VALORES, ayudando a generar una cadena de VALOR.

¿La moraleja del cuento? Las máquinas solo son recursos, y necesitan que las PERSONAS estén detrás para funcionar, para rendir. Si hay que apostar por algo es por las personas, sin ningún miedo.