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Jefe tóxico y marca personal (2), por @PabloAdanMico

Hace pocos días presentaba la primera parte de esta serie de posts “Jefe tóxico y marca personal“. Si te la perdiste, te recomiendo su lectura para aprovechar mejor esta segunda parte.

Cuadro de atributos del jefe tóxico

Tras analizar diferentes estilos y actitudes de los jefes tóxicos se detalla a continuación un cuadro donde se ordenan los ingredientes de cada una de ellas, y queda como sigue:

Cuadro de atributos del jefe tóxico

Evidentemente este cuadro de atributos no representa una regla general. No todos reúnen las mismas cualidades ni responden a este mismo esquema, pero sí representa el modelo general que pretendo transmitir a partir de este análisis de referencias, opiniones y experiencias recabadas.

La marca personal del jefe tóxico, la percepción que se tiene de él y se manifiesta, es la realidad, la que cuenta y la que genera el juicio de los demás. Porque es un cúmulo de interferencias y frustraciones que difícilmente pueden ser cambiadas.

Con prestigio y sin reputación

Si partimos de que el prestigio es lo conseguido por méritos propios, como el expediente formativo o la trayectoria profesional, la mayoría de perfiles tóxicos, al menos los más representativos, disponen de suficientes ingredientes para disponer de un prestigio a un buen nivel.

Han estado en varias organizaciones o se han movido entre diversas áreas de la empresa, siempre en un estatus de jefe de equipo o directivo. Han cumplido con los objetivos que de ellos se esperaba, pero han dejado un auténtico cementerio de talento allí por donde han pasado.

Esto les genera una reputación; es decir, la opinión de los demás sobre su persona y su actividad. Es una reputación enfrentada en dos direcciones; positiva frente a la jerarquía porque da resultados a corto plazo (lo califican de líder), y negativa en las personas que las sufren (le llaman jefe).

Esta reputación llega al mercado con cuentagotas, se va filtrando desde dentro hacia fuera a través de antiguos empleados, clientes y proveedores. Y deja huella.

Por su parte la generación de confianza, esa chispa que conecta a dos o más personas y que crea en ellas una posibilidad de reciprocidad, no se crea de la nada ni se genera desde el poder. La confianza tiene un doble componente de seguridad y esperanza.

La confianza es una reacción natural, casi instintiva, por lo que si no hay argumentos en base a hechos y prueba es muy difícil que se establezca. El jefe tóxico recurre a su gran arma para iniciar las relaciones, la seducción, pero pronto queda diluida ante las falsas expectativas, las mentiras y las promesas incumplidas.

Es la vuelta a los éxitos del corto plazo y la imposibilidad de mantenerlos en el tiempo. Se construirá así una imagen rígida e inflexible, experta en equipos inmaduros o situaciones conflictivas. El problema suele ser que es él quien genera el estado de inmadurez, los propios conflictos que luego pretende resolver y con los que justifica su actitud.

Esta abismal distancia entre lo que parece que es y lo que es realidad genera confusión primero, después falta de confianza y finalmente rechazo, por lo que sus relaciones son inestables y, en la mayoría de los casos, vienen con fecha de caducidad. 

Esta abismal distancia entre lo que parece que es y lo que es realidad genera confusión primero, después falta de confianza y finalmente rechazo, por lo que sus relaciones son inestables y, en la mayoría de los casos, vienen con fecha de caducidad.

O bien la organización se da cuenta e interviene para salvaguardar el equipo o bien prescinde de él. Pero no siempre ocurre ni una cosa ni la otra.

Algún día tendrá que cambiar

El jefe tóxico, por lo tanto, necesita cambiar. Debe hacerlo por él y por los que le soportan, y por ello tiene que analizar la situación, la realidad de su entorno y trabajar con mucha capacidad asertiva el feedback para delimitar sus áreas de mejora para trabajar con verdadera voluntad de cambio.

En la propia definición de jefe tóxico viene la soberbia y el egocentrismo

Una estrategia de reconstrucción marca personal para un jefe tóxico debería pasar una serie de fases:

  1. Autoconciencia; tengo una actitud que está generando una percepción negativa.
  2. Autoconocimiento: dispongo de aspectos positivos que no llegan a las personas y se forman una imagen equivocada de mí y de mis intenciones.
  3. Recibir feedback a través, por ejemplo, de entrevistas personales o aplicando la herramienta de Feedback 270º, herramienta diseñada para que los empleados evalúen a los responsables de forma anónima.
  4. Adoptar una estrategia personal de cambio de actitudes. 

Pero en la propia definición de jefe tóxico viene la soberbia y el egocentrismo, por lo que no parece muy viable una reacción de humildad y voluntad de cambio.

Así que esta solución se antoja muy complicada puesto que han minado la confianza de los demás y domina el medio a represalias que subjetivan los resultados, por lo que está preso de su propia actitud. Vive en el autoengaño y totalmente ajeno e insensible al daño que provoca en los demás.

Pensar que de él va a partir una reflexión y tras ella una iniciativa, sin que medie una catástrofe mayúscula que la justifique, es soñar despierto. Tal vez un psicólogo o un coach directivo podría hacerle reflexionar sobre ello, pero hay una alta probabilidad de que vuelva a las andadas.

¿Te importa el prestigio o prefieres la fama?

Van Dyke Parks – el Lewis Carroll del pop neoclásico- dijo en una entrevista “Me importa el prestigio, no la fama. La oposición de estos dos conceptos me parece necesaria en los tiempos que corren. Vivimos en el la cultura del “cortoplacismo”, del “quiero resultados ya”. Y eso, tiene más que ver con la fama que con el prestigio.

Dicen que la Fama es que te conozcan todos. Y que el Prestigio es que te conozcan sólo los que importan.  La pregunta que me surge es… ¿Estar en las redes sociales sin una estrategia de marca es ir en busca de fama? Y por otro lado … ¿Tener un estrategia de marca personal sólida y trabajada sería ir en busca del prestigio profesional?

La carrera por estar en las redes sociales tiene a la mayoría de profesionales preocupados.  Todos queremos saber cómo mejorar nuestra presencia en las redes;  saber lo que dice Google de nosotros,  conseguir tener un perfil de Linkedin al 100% o aprender a sacar el máximo provecho de Twitter.

Con esta reflexión vengo a decir que la fama – o la reputación online –  parece ganar la batalla a algo fundamental: tener una estrategia de marca personal a largo plazo, o lo que vendría a ser, sembrar para ganarnos un merecido prestigio profesional.

La fama aunque dulce, es breve y efímera. El prestigio en cambio es un camino de esfuerzo y dedicación, que desemboca en respeto, confianza y reconocimiento.

Guy Kawasaki dice que “El legado que dejas no es el dinero que has acumulado, sino cuanto has sido capaz de mejorar el mundo. Haciendo referencia a estas sabías palabras, yo diría que el valor que aportas está estrechamente relacionado con el contenido de lo que comunicas y con el conocimiento que aportas el mundo.

Ser marca gana la batalla a tener una presencia online que no se sustenta en nada. Si, las redes sociales son una herramienta necesaria en la gestión de tu marca personal. Pero el camino hacia el prestigio se basa fundamentalmente en saber qué quieres y en elaborar un plan para conseguirlo.