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2 pautas para construir una Imagen Profesional… ¿atractiva?, por @Maria_A_Sanchez

A vueltas con el Capital Erótico

Muchos han sido los comentarios que nos han llegado a partir del post sobre los ‘silencios verbales y visuales’, gracias. Todo debate, con respeto, enriquece.

En esta ocasión, el tema es la atracción.

Dice el Diccionario de la Real Academia de la lengua Española, del concepto ‘atractivo-va’: Que atrae o tiene fuerza para atraer.

En clase suelo preguntar a las alumnas que afirman que desean estar atractivas también en situaciones profesionales: y una vez que has ‘atraído’ con tu apariencia a alguien… ¿Qué? ¿Has pensado en el siguiente paso?

Considero que el vestuario profesional femenino ‘oficial’ está por diseñar y que se debe a que, las mujeres somos relativamente novatas (apenas 50 años) en esto de ser profesionales en otro ámbito distinto al del hogar. Vaya desde aquí una agradecida loa a l@s expert@s en tareas del hogar, crianza de niñ@s, etc… si es lo que deciden hacer. Cuidan de nuestro futuro.

Volviendo al uniforme profesional femenino, en este momento me consta que hay vari@s diseñador@s estudiando posibilidades. De momento, en las pasarelas solo vemos vestuario para mujeres que van de fiesta y de vacaciones y pocas, pocas, modelos con apariencia de ir al trabajo.

Me gustó la perspectiva que le dio a la mujer profesional Joaquina Fernández, en su charla ‘Talento Femenino en Acción’, que impartió en TEDxGranViaWomen. Manteniendo la distancia sobre su experiencia personal en cuanto a referentes.

Es cierto que frente a los 200 años de ‘uniforme profesional’ masculino, nosotras casi acabamos de ‘aterrizar’. Hasta hace relativamente poco tiempo, el objetivo femenino por excelencia era atraer (con el fin de ser elegida como madre de su ‘camada’) a un hombre fuerte, que mantuviera a la familia que le daríamos. En ello ponía la mujer todo su esfuerzo, mejor o peor aleccionadas por las mujeres de la familia.

En nuestros días ha cambiado mucho la educación, pero no tanto el instinto de nuestra naturaleza de mujer, que continua en nuestro cerebro, con el fin de perpetuar la especie. Como buen ‘instinto’, es inconsciente y poco le importa que el entorno de la ‘hembra’ ha cambiado, que hay circunstancias en las que solo tenemos intereses profesionales.

“¡Es cierto! A menudo, nos sorprendemos, en una negociación de trabajo, buscando la mirada de aprobación del hombre, y comparándonos con las otras mujeres, si las hay.” Me suelen comentar alumnas y clientes laboralmente muy bien posicionadas. E incluso menospreciándolas, siempre les respondo, porque nuestro cerebro ‘primario’ las percibe como rivales ante el macho.

Joaquina Fernández nos recomienda, en la antes mencionada charla, una inteligente solución: poner la intención en el autoconocimiento y en formarnos para poder desarrollar nuestro talento. Y yo añado: Mirando ‘de lejos’ cada circunstancia, como ‘observadora’ (que diría Ana Tomás, coach y gran amiga) para disociarnos emocionalmente y poder vestir con un objetivo en mente: comunicar nuestra ‘Marca Personal’. Con la idea del personaje que protagonizamos en mente: labor que desempeñamos y jerarquía que tenemos. Importante: preparar el vestuario profesional por la noche, para evitar vestirnos del humor que nos levantamos, de la mano de las emociones.

Esto (el desear instintivamente atraer) no es un problema, solo una característica fruto de nuestra naturaleza más básica que aflora. El problema existe cuando reaccionamos impulsivamente. Para evitarlo, solo tenemos que respirar de un modo consciente, tomar conciencia del impulso y dar paso a la razón. Lo contrario nos lleva a elegir ‘captadores de atención’ en forma de objetos (sonoras pulseras, pendientes / collares móviles, etc.) o expresiones de inconsciente coqueteo ( miradas de reojo y/o risas nerviosas fuera de tono).

¿Es malo? Sí, si nos desvían de nuestro objetivo de ese momento.

Suelo repetir una frase de Carmen García Ribas ‘ Seducir es poder, coquetear es sumisión’. Ella también nos recomienda respirar… y sonreír ante ese impulso. Sobre todo, ser estratégicas, como escribe en el prólogo de mi libro NO Imagen: Marca Personal, Salud y Belleza Científica.

Los expertos anuncian que esta reacción de nuestro cerebro mas primario, en situaciones profesionales, irá disminuyendo, que todavía es pronto para ver la adaptación al medio.

Suelo hablar mayormente de la situación de la mujer, porque está directamente relacionada con mi especialidad: la gestión de la ‘Identidad Visual’ o Imagen de Marca Personal, pero la reacción de la que hablo no nos afecta solo a nosotras… a los hombres les sucede otro tanto. Es también común que se sientan atraídos por compañer@s de trabajo, y han de tomar las riendas de su instinto básico, (que les empuja a copular, también para perpetuar la especie) para frenarlo, y continuar trabajando con normalidad.

En cuanto a ‘códigos visuales’ (léase peinado / vestuario), ellos lo tiene más fácil: Cabello corto, chaqueta (dependiendo de la jerarquía que deseen transmitir), camisa y pantalón. Corbata si/no dependiendo de la formalidad. No voy a entrar en la conveniencia de ser más coherentes y si deseamos cuidar el medio ambiente, deberíamos de comenzar a cambiar el protocolo de vestuario en profesional masculino en agosto. Ese será otro post.

Lo dicho: se trata de ser conscientes de que existe esa parte en nuestra naturaleza humana y ‘ver venir’ la reacción, para ‘respirarla’. Es curioso cuánto se parece este sistema al que recomiendan para dejar un hábito (tabaco, comer compulsivamente, etc.)

Este hecho (el de que las mujeres sintamos la ‘necesidad’ de estar atractivas) no nos debe preocupar, nos debe ‘ocupar’. O mejor dicho, sí, nos debe pre-ocupar: en el sentido de que nos ocupemos de ello previamente, para evitar la situación.

El proceso es tan simple como seguir estos dos pasos:

1: Diferenciar, al adquirir una pieza de ropa, unos zapatos, cualquier elemento de la apariencia, si la vamos a utilizar como adorno (para atraer), o como uniforme de trabajo (para comunicar). Ambos objetivos se restan eficacia juntos.

2: Preparar nuestro ‘uniforme profesional’ por la noche, pensando en el momento más importante del día siguiente.

Es tan fácil restar fuerza a la ‘Marca Personal’ de mujeres muy preparadas profesionalmente, como dejarse llevar por nuestra ‘naturaleza de hembra’ y poner en marcha lo que ahora se llama “Capital Erótico”.

Tres cosas al respecto:

1: Llamada de atención para recordar algo que considero crucial: la gente que nos mostramos, tenemos mucha responsabilidad, porque ‘nos miran, nos copian’, cuidado lo que hacemos y decimos.

2: Referenciar el artículo del semanal de El País para el que me entrevistaron

3: Escenificar un caso reciente, de una colega a la que admiro mucho y a la que vi elegir a, para acompañarme a una situación profesional importante, una ‘atrayentemente erótica’ camisa semi-transparente; una falda tan corta que le dejaba incómodamente los muslos al aire al sentarse. Todo ello le hizo no estar al 100%, además estuvo, durante las 8 horas que duró, ‘subida’ a unos tacones de más de 10 cms (cuando la recomendación del instituto biomecánico recomienda un máximo de 4 cms., plataformas aparte). Sufría por ella, si… pero además, íbamos juntas… yo compartía parte de su marca: lo poco natural que resultaba la postura corporal forzada, porque se el doblaban las corvas y balanceaba su pelvis. Sin contar lo insalubre que es, porque dobla las lumbares, hasta forzar las cervicales y provocar lesiones.

En mis consultas, clases y conferencias me harto de decir que la imagen de los demás no importa. A mí la de mi amiga sí me importaba. Primero, porque además de estropear su cuerpo, estropeaba ‘nuestra Marca Personal’ al poner su ‘Capital Erótico’ en marcha en una situación en la que compartía ‘cartel’ conmigo.

No imagen para reforzar la marca

Si la primera impresión es lo que cuenta nuestra imagen es fundamental para poder transmitir de manera fidedigna lo que somos. Identidad y mensaje están modulados por lo que se ve y, dependiendo de lo que se vea, la huella que dejamos cambia  por lo que hemos de adecuar lo que enseñamos a lo que somos o corremos el riesgo de acabar distorsionados ante los ojos de nuestros interlocutores.

personalbranding-soymimarca-imagenpersonalSi gestionar en general es asumir responsabilidades sobre un proceso para que cumpla la finalidad que tiene asignada, la gestión de la imagen personal asume la responsabilidad de transmitir lo que somos a través de lo que se ve,  de lo que enseñamos, en cada uno de los roles que nuestra marca detenta a lo largo de cada día y de la vida.

En imagen personal es importante gestionar el momento, cada momento, para que refuerce el mensaje que queremos transmitir. Si se trata de deslumbrar o seducir tendremos que adecuar nuestra imagen a esta finalidad, si nos interesa comunicar nuestro ascendente jerárquico o nuestra posición económica o nuestra tendencia cultural, nuestra apariencia deberá ser acorde con nuestra intención.

¿Qué pasa cuando lo que queremos es transmitir un mensaje de profesionalidad, cuando lo que queremos es resaltar nuestra propuesta de valor por encima de cualquier otro atributo, cuando lo que queremos es que oigan y entiendan nuestro mensaje? María A. Sánchez nos explica que en este caso hemos de neutralizar nuestra imagen para evitar que los elementos externos resten valor a nuestra propuesta. Si de una reunión lo que se recuerda es el color de la corbata o el deslumbrar de unos pendientes o la sensual doble luna de un escote más que nuestro relato, podemos tener la certeza de que hemos fallado. Por esto María ha titulado su libro de reciente aparición No Imagen, porque en las circunstancias importantes en las que la primera impresión es fundamental si no se apuesta por el minimalismo se corren riesgos de distorsión y difuminación del mensaje.

No Imagen, nos dice su autora, más que un libro es un manual que nos ayuda a mirarnos de otro modo,  una opinión que comparto. La gestión de la imagen como la gestión de la marca personal pasa por el autoconocimiento que pone de manifiesto aquellos atributos que por ser propios y diferenciales hay que destacar, la estrategia, porque detrás de la gestión de la imagen hay una manera de vivir que tiene que ser acorde y finalmente la visibilidad, que engloba las acciones necesarias para dejar huella.

Si seguimos los consejos que María nos ofrece a través de su larga y dilatada experiencia en la materia habremos dado un paso de gigante para ser conocidos, reconocidos, relevantes y elegidos.

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Auge y caída de la corbata como símbolo de éxito

Hasta mediados del siglo pasado, el uso del traje y la corbata estaba limitado a actos muy formales y a ciertas élites relacionadas con el poder político y empresarial. Esto venía siendo así desde el Renacimiento, momento histórico en el que se data el origen del traje masculino actual, aunque habrían de evolucionar durante unos siglos hasta llegar a lo que se conoce como sastrería inglesa, que se diferencia haciendo más práctico y cómodo este atuendo. Desde el final del siglo XIX hasta la actualidad, en esencia, el traje no ha cambiado demasiado como concepto, aunque sí lo han hecho los tejidos y los estilos.

Aunque los egipcios y los romanos ya usaban pañuelos para protegerse la garganta, la corbata nace bajo el reinado de Luis XIII. A mediados del siglo XVI, llegan a París miles de soldados croatas para apoyar al rey y al Cardenal Richelieu, que sorprenden a los franceses luciendo pañuelos anudados al cuello. Sería en la corte de Luis XIV donde se oficializaría su uso que, poco a poco, se convertiría en un elemento distintivo de las élites europeas. A mediados del siglo XIX, gracias al dandysmo, el uso de la corbata queda asociado a la elegancia y el buen gusto en el vestir, aunque hasta los años 20 no aparecería la corbata tal y como la conocemos en la actualidad.

La democratización del traje

Como se puede observar en esta breve historia del traje, su uso ha estado vinculado a las élites y a la burguesía. Este elitismo se debe, entre otras razones, al alto coste que suponía la confección de un traje a medida, tanto por el coste de las telas como del laborioso proceso de confección.

A mediados del siglo XX llegan a la moda el concepto del prêt à porter y la confección en cadena a bajo coste, democratizando el uso del traje al hacerlo más asequible. Por otro lado, el traje comienza a informalizarse y a ser más permeable a las modas. A partir de esta democratización, también se amplía el tipo de actividades que adoptan el uso del traje y la corbata como indumentaria de trabajo por políticos, banqueros, abogados, directivos de empresa y, en general, por aquellas actividades en las que estas prendas ayudan a transmitir seriedad, profesionalidad y confianza.

La caída en desgracia

A principios de los años 80 se acuñaría el término yuppie, “young urban professional”, para describir a los jóvenes ejecutivos de la época, generalmente de clase media-alta, extremadamente materialistas y con una gran predisposición a hacer exhibicionismo de sus bienes materiales, entre los que destacaban los coches de lujo, la última tecnología y la ropa de marca.

El cine ha retratado ampliamente a esta generación en películas como “Wall Street” o “American Psycho”. El término “yuppie” acabó usándose de modo peyorativo, quedando asociado, junto a alguno de sus elementos más reconocibles, a la codicia, superficialidad y falta de escrúpulos que estarían en el origen de la crisis económica y financiera de los primeros años 90, cuyo pistoletazo de salida fue el Lunes Negro de 1987.

Veinte años más tarde, esta situación nos resulta dolorosamente familiar. La crisis que llevamos sufriendo ya demasiados años tiene un denominador común en los culpables que, poco a poco se van identificando: el uso del traje y la corbata, cuyas asociaciones resultan cada vez menos atractivas.

El momento actual

A pesar de que algunos sectores aún se resisten, estamos viendo cómo una nueva generación de emprendedores y empresarios, la mayoría muy jóvenes y con negocios de base tecnológica, están adoptando una manera de vestir informal que podríamos situar en las antípodas del traje y la corbata. Tampoco escapan a esta tendencia otras actividades como la política, en la que cada vez resulta más habitual el uso de indumentaria más informal, en muchos casos como manera de exteriorizar la diferencia de planteamientos frente a opciones más clásicas.

En muchas empresas hace años que está implantado el Casual Friday, que autoriza el uso de vestimentas más informales el viernes, o la relajación en el uso de la corbata en verano para evitar el derroche de energía en aire acondicionado.

 Vestuario y marca personal

Cuando hablamos de marca personal, la imagen tiene una gran importancia como elemento que   refleja en la persona la promesa de marca. He puesto muchas veces como ejemplo de este punto a David Muñoz, el conocido chef del restaurante Diverxo. David luce una cresta mohicana, piercings, perforaciones y viste ropa informal. Este look es coherente con su propuesta gastronómica transgresora, que también tiene correspondencia en la decoración del restaurante y en su impactante página web.

Como podemos observar, todo está conectado y, en este caso, una manera de vestir convencional sería incoherente con su propuesta de valor. Esto no quiere decir que no haya fotos de David Muñoz con una vestimenta más formal, pero siempre encontramos el toque informal, cuando no irreverente, en la combinación de prendas de distintos estilos, en la forma de vestirlas o en su propia pose.

 Traje, corbata y marca personal

Detrás de las mejores marcas personales suelen estar profesionales excepcionales con un importante valor diferencial sobre otros de su mismo sector. A día de hoy, en la mayoría de los sectores, enfundarse un traje y una corbata resta diferenciación y cercanía con unos clientes que, en un gran número, asocian a estas prendas algunos de los valores negativos y maneras de proceder que se han citado citado antes.

En aquellos sectores en los que fuese imperativo el uso de esta vestimenta, se podría mostrar la diferenciación con la elección de trajes y corbatas que mostrasen dicha diferenciación, como hacía el escritor Tom Wolfe, con su característico estilo dandy vistiendo de blanco. En algunos casos podría proceder el uso de trajes de corte más informal sin corbata.

Para el resto habría que tener en cuenta las peculiaridades locales pero, en la mayoría de los casos, puede resultar más adecuado vestir un pantalón tejano, chino o similar, combinado con una camisa, o incluso con una camiseta, y una americana, según el caso o para situaciones más formales. No obstante, y dada la importancia de este capítulo, siempre es conveniente recurrir al asesoramiento profesional porque, como en todos los apartados de la gestión de la marca personal, no se pueden dar “recetas generales”.

Tampoco se debe olvidar la importancia simbólica de los complementos. Aunque este capítulo merecería otro artículo, solo quiero recordar que la misma (mala) suerte que el traje y la corbata han corrido los maletines, símbolo de cobros fraudulentos y de otras actuaciones de lamentable actualidad, siendo sustituidos por bandoleras o mochilas.

 

Tienes 7 segundos, haz que cuenten

 

Las primeras impresiones son fugaces y en ocasiones injustas. Algunos expertos afirman que se crean en 30 segundos, otros en 10… Lo que está claro es que el tiempo es poco y la importancia de una primera impresión puede ser crucial.

7 segundos, 1 primera impresión y 11 juicios de valor.

Google Images

Google Images

Este dato se extrae de un estudio elaborado por Neurocientíficos de la Universidad de Nueva York (NYU) y la Universidad de Harvard que afirman que no nos juzgan sólo por una única cosa después de los primeros 7 segundos de habernos conocido, sino que son 11 los factores por los que vamos a ser “juzgados” y debidamente “etiquetados”.

En un plazo de 7 segundos se crea una primera impresión en base a:

  1. Nivel económico
  2. Nivel de educación
  3. Competencia, honestidad, confianza y credibilidad
  4. Identificación de nuestro rol de género
  5. Nivel de sofisticación
  6. Integridad
  7. Grado de éxito
  8. Religión
  9. Ideología política
  10. Atractivo social, sexual y profesional
  11. Ética personal

Lo que indiscutible es que la imagen profesional es mucho más que nuestra apariencia, ya que nuestro comportamiento y comunicación también son relevantes, pero si fallamos en nuestra apariencia nos será más difícil que nos valoren por nuestra actitud y capacidad de comunicar, así que ¡la imagen sí importa!

Y además la primera impresión tiene mucho que ver con nuestra marca personal – es la punta del Iceberg –  y requiere que seamos conscientes de estos 3 factores.

“El ABC de la imagen “Appearance, Behaviour, Communication”  

  • Apariencia: Es la imagen global, la forma en la que nos presentamos de arriba a abajo. Es aquello que los demás ven cuando nos conocen la primera vez. En el entorno profesional nos juzgaran por cómo nos presentamos mucho antes de que descubran nuestros méritos, así que debemos de cuidar qué dice nuestra imagen y si nos ayuda o nos perjudica.
  • Comportamiento: Es la actitud y la forma en las que nos comportamos lo que marca una diferencia significativa en referencia a como los demás nos ven y nos juzgan. En cada sector profesional existen una serie de normas básicas que pueden jugar un rol importante en cómo nos van a recordar. Algunas de ellas son: Dar la mano con firmeza, nunca invadir el espacio personal,, mantener el contacto visual, sonreír (ni mucho ni poco), pedir permiso para tomar asiento, mantener una buena postura corporal…
  • Comunicación: Tiene que ver con nuestras habilidades comunicativas y la capacidad de conectar con los demás. Después de los cruciales 7 segundos una persona tendrá una primera idea nosotros antes de que hayamos podido decir una palabra. Cuando hablamos de comunicación muchas personas piensan que lo que decimos es lo que realmente importa, y están en lo cierto, aunque muchas veces no es lo “que decimos” sino “como lo decimos”. La buena comunicación puede aflorar en mejorar las relaciones con nuestros clientes y compañeros de trabajo, aumentar la productividad y presentar nuestras ideas con mayor impacto en los demás.

Proyectar una imagen poderosa y que refleje lo que queremos no es algo que suceda por si sólo, hemos cultivarla. Lo positivo es que se puede trabajar y moldear para que sea auténtica y nos permita hacer que esos 7 segundos cuenten siempre.

¿Usas la imagen en tu estrategia de Branding Personal?

 

De pequeña siempre me decían “No juzgues un libro por su portada”. Pero en la vida real es difícil poner en práctica eso de “no juzgar únicamente por la primera impresión”.

Google Images

Google Images

La imagen, o en definitiva, la ropa y los accesorios que llevamos crean un código de comunicación no verbal muy potente. Lo que llevamos envía a los demás un conjunto de información sobre nosotros, así que a la pregunta: “¿Es importante cuidar nuestra imagen personal en el entorno profesional? La respuesta es siempre: Sí.

Aunque a veces nos cueste aceptar que la apariencia o la imagen importan, la realidad es que las personas reaccionan hacia nosotros basándose en una serie de percepciones. Esas percepciones vienen determinadas por los símbolos visuales que transmitimos, y eso hace que los demás interpreten aspectos como nuestra personalidad, gustos, hábitos y estilo de vida.

Gestionar nuestra imagen es tomar el control de nuestra mejor carta de presentación, para así convertirla en una excelente herramienta de liderazgo. Si sabemos que los demás toman decisiones basándose en las primeras impresiones debemos asegurarnos de que lo que transmitimos con nuestra imagen es lo adecuado.

¿Si las organizaciones se esfuerzan en cuidar su imagen corporativa, ¿Por qué no hacer lo mismo con nuestra imagen personal?

Al fin y al cabo, la imagen es un elemento clave en nuestra estrategia de branding personal, y que requiere una evaluación honesta de nuestro rol, edad y responsabilidades. Además debemos de analizar cuál es nuestra tipología corporal y elegir aquellas prendas y accesorios que por sus líneas, formas, volúmenes y colores nos ayuden a reforzar nuestra marca personal.

Todos somos y dejamos marca. Así que nuestra imagen debería comunicar: quién somos, qué podemos ofrecer y hacia dónde queremos ir. Y es que una buena imagen personal poco tiene que ver con usar ropa de marca o accesorios a la moda, la buena imagen personal es aquella que expresa nuestra verdadera identidad.

Marca Personal con los 5 sentidos (2): La vista

La vista es el sentido que nos permite ver las cosas. A través de los ojos obtenemos percepciones formales de objetos y personas, y con ellas nuestro cerebro les atribuye sensaciones. Allí se interpreta y se reconocen los objetos y el entorno que nos rodea.

Así, un vaso de agua se percibe como tal por la vista (un objeto transparente con un líquido dentro) y el cerebro lo transforma en una sensación de frescor que puede calmar mi sed.

De igual manera las personas trasladamos una imagen real y racional, y el cerebro se encarga de transformarla en su vertiente emocional y de sensaciones. Y lo hará en primera instancia función de lo que transmitimos, y en segunda de lo que realmente somos, si es que somos capaces de hacerlo visible.

No seré yo quien le de más valor a la imagen personal de la que tiene, pero admitamos que algo de importancia debemos otorgarle. Aquellas personas más escépticas en este sentido afirmarán sin duda que tendemos a juzgar sin darnos cuenta que de igual manera somos juzgados.

Sea como fuere, la vista juega un papel destacado en nuestra marca personal desde estas dos perspectivas:

 

Imagen Personal

Me apunto a la corriente más natural, aquella que afirma que nuestra imagen personal (tanto la parte física –aseo personal-, como la indumentaria –o sea, la ropa y los complementos) deben ser acordes a dos variables:

  • Acorde a la imagen que queremos transmitir, para los más auténticos y consecuentes.
  • Acorde al entorno en el que me encuentro, más cercano al respeto y el protocolo.

Así pues, la coherencia entre la parte visual y estética de mi marca personal frente a la corrección o el dictado de normas que no compartimos queda de tu cuenta. Hagas lo hagas, de la manera que lo hagas dirá mucho de ti, en un sentido y en otro.

 

Visibilidad: Ver y ser visto

Jugamos con la vista, y con ella somos objeto de atención. La importancia de la visibilidad y de la selección de aquellos entornos donde conviene dar a conocer mi marca. A veces la simple presencia puede ser una táctica de inicio para una relación.

Piensa que somos marcas, y como tales transmitimos. Una presencia correcta y activa, una actitud adecuada, una sonrisa, una mirada atenta… hacen marca.

Pero no olvides que también estás para ver, para observar. Observar lo que ocurre alrededor, a otras personas, recorrer visualmente el entorno para saber cómo adaptarte mejor a él y a las personas que están presentes. Identificar a las personas clave, reconocer.

Así pues, ya sabes: Ojo avizor. La vista sirve para ser visto y para ver.