Entradas

La felicidad no es más que hacer aquello que se quiere hacer y querer hacer aquello que se hace

 

Felicidad y éxito. Estas son las dos palabras que la mayoría de personas solemos pensar o decir cuando nospreguntamos qué queremos conseguir en la vida, cuáles son nuestros objetivos, nuestros deseos… Anhelos que reflejan fielmente una de las máximas de Al Ries (reconocido gurú a nivel internacional y autor del libro“The Origin of Brands”) “en la vida tan solo hay dos cosas por las que vale la pena luchar: éxito y felicidad”.

4e9afb95dd6c2209e1113aacd1763fbe

Pinterest

En referencia a la pregunta sobre cuáles son nuestros objetivos en la vida acostumbramos a responder, en primer lugar, el deseo de ser feliz. La felicidad es y ha sido la principal preocupación y el principal objetivo de hombresy mujeres de cualquier raza, lugar o religión. Seguramente todos conocemos a alguien que podemos etiquetar como “feliz”, es decir, alguien que disfruta con lo que hace, que suele estar de buen humor, en definitiva, alguien que está contento y satisfecho con su vida. Para ser feliz resulta imprescindible que la persona sea capaz de crear una actitud positiva en su propia mente, es decir, tener una buena sensación, estar a gusto con uno mismo, tener unos buenos niveles de autoestima. Existe un dicho que reza “la felicidad no es más que hacer aquello que se quiere hacer y querer hacer aquello que se hace”. No obstante, a mi entender, muchas de las personas que consideramos “felices” no suelen tener éxito, no se ganan la vida especialmente bien, no disfrutan de una holgada situación económica, ni gozan de un gran prestigio o reconocimiento personal.

En segundo lugar, después de la felicidad, al ser humano le preocupa (o por lo menos eso indican la mayoría de estudios) el éxito. A casi todas las personas nos encanta obtener grandes resultados, ya sea a nivel personal, en los estudios, en el deporte, en el amor… Está demostrado científicamente que el éxito es una de las sensaciones más hedónicas, que más placer proporciona al ser humano. Seguramente, todos conocemos a personas a las que consideramos exitosas en un ámbito determinado, personas que destacan de forma clara y notable en una disciplina o temática concreta. Me atrevo a afirmar quemuchas de estas personas no son demasiado felices. Seguramente todos conocemos personas realmente brillantes y exitosas que no han podido trasladar dicha brillantez y éxito a otros niveles de su vida, conduciéndolos incluso hacia serios problemas (familiares, depresiones…) que han obstaculizado su plena felicidad. Para tener éxito, no basta con ser el mejor en una disciplina, sino que resulta imprescindible que la persona en cuestión sea capaz de crear una actitud positiva en la mente de los demás. Como diría el mismo Al Ries “uno mismo no puede hacerse exitoso, lo deben hacer exitoso las demás personas”.

Pero, no nos engañemos, lo difícil es conocer personas que puedan ser felices y que simultáneamente tengan éxito. Analizando este tipo de personas, las pocas que son capaces de compaginar éxito y felicidad, me he dado cuenta que casi todas tienen una marca personal muy potente y trabajada a consciencia durante mucho tiempo. Estamos ante personas felices porque se conocen muy bien a sí mismas, porque se dedican a aquello que realmente les gusta y porque realizan aquellas tareas en las que son realmente competentes y les permiten aportar más valor a la sociedad. Del mismo modo, suelen tener éxito porque son personas que trabajan su estrategia personal y saben comunicar claramente su propuesta de valor, es decir, personas que saben cómo diferenciarse de suscompetidores para conseguir que les compren en lugar de irse a vender, para conseguir ser encontrados en lugar de ira buscar. Debemos esforzarnos en crear una marca personal potente, distintiva y que nos permita conseguir aquello que realmente todos anhelamos: tener éxito y, sobre todo, ser muy felices.

¿Estás seguro de que sirves para algo?

¿Formas parte del conjunto de personas, por cierto bastante grande, que todavía creen que no tienen nada que ofrecer a los demás? ¿Te sigues preguntando quien se va a fijar en ti con lo poco interesante que eres? ¿ Ya tienes más de cuarenta y una experiencia de casi dos décadas y estás convencido que eres incapaz de aportar valor? Si has contestado afirmativamente  a alguna de las preguntas anteriores quiero que sepas que no eres nada original, muchos de nuestros cliente comienzan su presentación con esta copla y cuando se ponen a trabajar su marca los resultados son más que sorprendentes.

Tengo comprobado que cuando alguien necesita trabajar su marca personal sea porque ha oído truenos y se ha acordado de Santa Bárbara o porque ha decidido convertirse en la opción preferente,  la aproximación a su propuesta de valor es de entrada poco animada. Los prejuicios pesan una enormidad y son sólo prejuicios porque cuanto nos ponemos manos a la obra acaban desapareciendo.

Todos tenemos  una propuesta de valor  para ofrecer a los demás, muchas veces hasta nos sobran las ideas y lo curioso de la situación es que cuando queremos pasar a propuestas concretas la maquinaria se encalla, las dudas salen a flote y empieza a cundir el desánimo.

La misión de los que nos dedicamos profesionalmente a acompañar  los primeros pasos en la gestión de una marca personal es múltiple. Por una parte colaboramos con nuestros clientes para hacer el inventario de sus competencias personales y profesionales contrastándolas con el relato de su experiencia vital, ayudamos a formular su propuesta de valor de manera que sea enviada a su audiencia, al público objetivo que cada uno ha elegido, de manera clara y sin distorsiones y por último le damos los elementos para abrir su visión de manera imparcial a la realidad con la finalidad de que pueda situarse en el mundo minimizando sus prejuicios y saliendo de sus paralizantes zonas de confort.

La aportación de un profesional de la marca personal es similar a la de un catalizador en una reacción química, impulsar y desencadenar procesos  de reflexión en nuestros clientes que se acaban transformando en acciones. El cliente se transforma, cambia, actúa  mientras que el profesional hace solo de acompañante, de elemento motor.  El cliente piensa, valora, decide y se pone en marcha, el profesional escucha, contrasta y sobretodo lanza preguntas. Nadie puede crear marcas personales como quien entrega un planta de producción llaves en mano, no tiene sentido, no lleva a ninguna parte y no tiene ninguna utilidad.

De la capacidad para hacer aflorar todo el potencial que acumula cada cliente depende el éxito del proceso, es una tarea basada en la confianza y en la capacitación profesional.

Si quieres gestionar tu marca personal, si quieres ser el elegido para lo que tu sabes o intuyes déjate ayudar y veras que los resultados serán extraordinarios. La experiencia lo avala.

Jordi Collell / Coach y asesor de marca personal

Los 7 pecados capitales de la marca personal

A sabiendas o no una marca personal puede apartarse de las buenas prácticas. Los resultados de esta situación son generalmente malos para la salud tanto física como espiritual. En este post indico siete prácticas que apartan a una marca del buen camino y que es conveniente conocer para evitar o enmendar. Os invito a que me ayudéis a ampliar la lista.

Soberbia: Cuando proyectas a través de tu marca que eres superior a los demás, menospreciándoles. Incapacidad para reconocer el talento ajeno.

Una actitud de marca que se apoya en la soberbia acaba recibiendo como pago la ignorancia y el descrédito por parte de su audiencia. Es una buena vía para convertirse en spam.

Invisibilidad: Si no te ven no existes. Ojos que no ven marca que se muere.

Más claro el agua.

Avaricia: Dar poco y pedir mucho, no tener reciprocidad. No devolver favores, recomendaciones, retwiteos son sus manifestaciones básicas.

Pillar al avaricioso cuesta poco tiempo y acaba por ser ignorado.

Envidia: Cuando la misión implícita o explícita  de la marca es hundir a los demás.

Al final se pierde la credibilidad.

Reactividad: No tomar la iniciativa, actuar a remolque de los acontecimientos.

El riesgo es que sean las circunstancias las que impongan el camino a seguir y la marca sea un mero títere.

Falta de creatividad: No tener propuestas propias de valor, basarse siempre en opiniones y propuestas ajenas.

La marca que no crea  y que solo difunde contenidos ajenos se convierte en un rumor.

Apatía (falta de pasión): Huir del compromiso, no promover el cambio, no buscar y proclamar el sentido de las cosas que hacemos.

La pasión es la esencia de la marca. Cuando falta o no se transmite de manera eficaz la marca desaparece de la mirada de la audiencia y muere.

Si te das cuenta de que tu marca personal está entrando por alguno de estos derroteros actúa y por supuesto cuenta con nosotros.

Jordi Collell / asesor de marca personal