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Marca personal para un político que se ha quedado sin trabajo

Anteayer hubo elecciones en España: Municipales en todo el territorio y autonómicas excepto en Cataluña, Andalucía, País Vasco y Galicia. Ya viene siendo habitual que los resultados de las elecciones provoquen cambios de signo polìtico que comportan “mudanzas”. Esta vez, sin embargo, los cambios han sido mayúsculos; el PP en toda España y CiU en Catalunya han sido los ganadores. A UPyD no le ha ido mal. Pero ¿Qué pasa con los perdedores? ¿Por qué nunca se habla del tema? ¿Dónde van a ir? ¿Van a seguir en política? ¿Pasan a la retaguardia para reforzarse y preparar un futuro ataque?.

Imagino que habrá de todo, pero si yo fuera un político que abandona el cargo lo primero que haría es crearme mi plan de marca personal. En el fondo, se trata de un plan de marketing, pero aplicado a la persona, y como todo buen plan plantea áreas de autoconocimiento, exploración de habilidades y competencias, una definición clara de visión, misión y valores, una hoja de ruta que marque el camino que queremos llevar, una buena definición de el público al que queremos dirigirnos y, cómo no, un buen plan de comunicación personal.

En Soymimarca lo llamaríamos “trabajar el Iceberg“, empezando por las partes sumergidas de la introspección y definición de estrategia y acabando por la parte emergente y visible del iceberg, la de la visibilidad y networking.

Los escenarios que se abren a los profesionales de la política salientes son varios:

  1. ¿Sigo en política y paso a la oposición? Este escenario requiere un planteamiento de marca personal que refuerce la habilidad dialéctica, la capacidad de análisis y -muy especialmente- el diálogo permanente con el ciudadano, tanto en la vida real como en el marco virtual.
  2. ¿Aprovecho mi experiencia y contactos del mundo político para emprender o para ser un proveedor de formación? Este escenario requerirá una preparación de varios meses, un plan de empresa y una estrategia de networking de primer nivel. Y muchas cosas más.
  3. ¿Rompo con la política y recupero la profesión a la que dediqué mis estudios? Aunque parezca fácil, los años de separación pueden suponer una barrera para re-posicionarse. Es este caso, la estrategia de marca personal se basa en el reposicionamiento.

¿Se os ocurren más escenarios?

Ante cualquiera de los escenarios descritos la palabra fracaso no se contempla; lo único que hay ahí delante es una nueva oportunidad. En cualquier caso, siempre será preciso que la nueva etapa venga marcada por una reflexión profunda y -si puede ser- asistida. Para estamos los asesores de marca personal.

Guillem Recolons / asesor de marca personal

Anatomía de una decisión que afecta a la marca personal

Un político se sincera y nos cuenta por qué ha aceptado una responsabilidad de gobierno.

Que la política es un arte desprestigiado es una verdad de Perogrullo, desde la prensa hasta las conversaciones de ascensor ninguno de nosotros pierde oportunidad para clavarle una puya.

La situación en el mundo y en nuestro país posiblemente no esté para dar grandes saltos, la economía no acaba de funcionar, el paro sigue desgarrando personas y familias y lo peor es que no se ven signos de dirección claros.

Leyendo ayer La Vanguardia durante la pausa del desayuno encontré un regalo, el  relato de un político que explica el por qué tomó la decisión de aceptar una tarea de gobierno. El político es Ferran Mascarell del que se decía que era hasta hace poco esperanza de los socialistas en las quinielas municipales y ahora es Conseller de Cultura del nuevo gobierno de Convergencia i  Unió.

Decisiones tomamos todos cada día. En muchas ocasiones optamos por el dejar hacer o por el que decidan otros que es una forma un tanto salvaje o irresponsable de decidir delegando. Decidir a veces incomoda, otras da miedo y siempre implica mojarse.

Nuestras decisiones imprimen carácter a nuestra marca personal, según como las tomemos potenciaremos o lastraremos nuestra integridad y nuestra reputación.

Una decisión bien estructurada está basada en la base de nuestra marca personal debajo de la línea de flotación del iceberg. Una decisión con marca personal, y para ello no importa el tamaño o importancia de la misma, se fundamenta en nuestra visión que nos indica el rumbo hacia donde queremos ir, en la misión que fija nuestros objetivos, en los valores que actúan como un indicador de posición de fidelidad hacia la visón y misión y finalmente en el entorno porque lo que decidimos siempre tiene consecuencias  “ecológicas” que afectan a nuestras relaciones en términos generales.

Todos estos elementos están presentes en el texto de Ferran Mascarell que encontrareis seguidamente. Os invito a leerlo y como siempre a opinar.

Jordi Collell / Personal Branding Coach / soymimarca

La cultura de la cultura

FERRAN MASCARELL

Los ciudadanos queremos acuerdos, pactos y progreso, no guerras bizantinas y confrontaciones

14 de diciembre, martes
Solemne acto conmemorativo del 150 aniversario del Ateneu Barcelonès. Pongo de relieve por qué razón los ateneos son más cosa de futuro que no de pasado. Me place ser vicepresidente de esta entidad. Con Oriol Bohigas al frente, con el esfuerzo desinteresado de los demás amigos de la junta le hemos dado la vuelta. Todo es cuestión de ideas, esfuerzo y cooperación. Los asistentes lo reconocen. Oriol recibe una entrañable ovación. El acto es también un homenaje a quien ha capitaneado la transformación. Cuando sea oportuno propondré que la sala inaugurada lleve su nombre.

24 de diciembre, viernes.
Me desayuno con dos noticias inquietantes. Jorge Herralde ha vendido su mítico sello a la italiana Feltrinelli y el Archivo de Carmen Balcells ya está en Alcalá de Henares. Me pregunto por qué razón el país deja escapar con tanta indiferencia dos fragmentos no menores de nuestro mejor capital, el cultural. Hoy Barcelona es algo menos ciudad de editores y hoy la capital de Catalunya ha dejado perder el legado que mejor atestiguaba uno de sus momentos más interesantes de su historia reciente: haber inventado y orquestado el despliegue mundial de la mejor literatura latinoamericana.

24 de diciembre, viernes.
De pronto, a las diez de la mañana de la vigilia de Navidad suena el móvil. En el otro lado de la línea está el presidente de mi país. Me pregunta si me importaría verle en un par de horas. Acudo a la cita, puntual. Él también lo es. Después de los preámbulos me pregunta si quiero ser miembro de su gobierno y dirigir la cartera de Cultura. No me esconde que el inicio será duro, que después quién sabe, pero que en principio si las cosas mejoran desearía que su primera legislatura tuviese una especial significación cultural. Me explica sus argumentos. Quiere a alguien que haga planteamientos de fondo y de futuro. Hago preguntas. Dos esenciales. Mi perfil generará dos reacciones: un debate político notable y una expectativa muy exigente por parte de los diversos sectores culturales. La conversación es larga y franca. Agradable, ordenada. Sincera. En política casi nunca lo son o por lo menos casi nunca lo parecen. ¿Vamos a pensarlo? Por qué no, me digo. Muy pocas veces he conseguido hablar seriamente sobre la cultura de tu país con tu presidente. Sales convencido: este hombre está dispuesto a romper algún molde. De todos modos es una locura. Si aceptaras, armarías un buen lío. Tu partido de referencia no está en su mejor momento. Está enrocado y muy posiblemente la hipótesis de hacer con sus oponentes lo que nunca dejaron que hicieras con ellos les parecerá inadmisible. Les domina un formato antiguo de política. Prefieren la confrontación a la concertación. El diálogo de tanteo con algunos de los máximos dirigentes te lo hace evidente: no les parece concebible. Sólo se les ocurre hablarte del carnet que deberás devolver. No consigues hablar de política, sólo de carnets y enemigos; menos todavía de cultura. La cultura no importa. El circuito de llamadas se va ampliando. Todos los argumentos son parecidos. Todos lo plantean en términos de confrontación. Son proyectos opuestos, antagónicos. Sí – digo yo-,pero nuestro país no está precisamente para cuatro años de enfrentamientos a la vieja usanza. Catalunya necesita concertación, no confrontación. Además, sigo sin entender por qué razón los dirigentes del PSC nunca quisieron aplicar su propio proyecto cultural, por qué razón el PSC ha defraudado tantas veces al sector cultural en estos últimos siete años. Pienso en todo eso mientras acudo como cada año al tradicional Cant de la Sibil·la.

25 y 26 de diciembre. Sábado y domingo.
Mi cabeza hierve. Catalunya vive encajada en una triple crisis de raíz profunda. La económica, dura e impecable; no resoluble en términos estrictamente nacionales, ni tan sólo estatales. La del Estado, extremadamente grave y en fase decisiva; si Catalunya no se libra del peso que supone el actual modelo de Estado, difícilmente saldrá del estrés por sobreesfuerzo en la que anda sometida desde hace demasiado tiempo. Finalmente la política. Los catalanes están cansados de las formas de representación que ofrecen los partidos; los ciudadanos queremos acuerdos, pactos y progreso, no guerras bizantinas, confrontaciones y descalificaciones. Es tiempo de un modo nuevo de hacer política y algunos no parecen verlo. Acabar con la desafección es acabar con la preeminencia de los intereses de los núcleos duros de los partidos políticos. Una foto en un periódico da cuenta de mi reunión de ayer con el presidente de la Generalitat. Mi debate conmigo mismo se hace público. La familia, la comida de Navidad, los regalos, todo se difumina en el mosaico de una meditación de fondo. Hace cuatro años que no estoy en ningún organismo de dirección política. Mi única militancia es una cuota mensual pagada por tradición desde hace más de 25 años. Mis artículos y reflexiones públicas suelen ser mejor acogidas por los demás que por mis propios correligionarios. Trato de poner en orden la secuencia de valores que debe guiar mi decisión. En primer lugar, mi propia convicción sobre el papel esencial de lo cultural. En segundo lugar, los intereses del país. Y sólo en tercer lugar, los intereses de los dirigentes de mi viejo partido. Estoy convencido de que un país vale lo que vale su cultura. Estoy seguro de que la Catalunya democrática en pocas ocasiones ha hecho las políticas culturales que se corresponden con esa convicción. En las políticas culturales demasiado a menudo han prevalecido los intereses de la política corta antes que los de la cultura. Estoy del todo seguro de que la clase de nación a la que hay que aspirar será posible sólo si damos a la cultura un rol renovado: debe ser el instrumento conscientemente constituyente del modelo avanzado de identidad, creatividad, progreso y comunidad que debemos construir. Las llamadas de amigos y conocidos siguen en la onda del día anterior. Algunos parecen considerarme una propiedad del partido. Otros me hablan de la alcaldía de Barcelona. Todos saben cosas de buena tinta. Nadie quiere que su nombre salga a relucir. Estoy harto de este tema. El proceso está siendo barroco, malévolo, malintencionado, profesionalmente perjudicial. El PSC debe aprender a gestionar estas cosas con transparencia o sólo le quedaran dirigentes de aparato. A última hora hablo de nuevo con el presidente. Le expongo mis dudas. Políticamente será complicado, culturalmente puede ser provechoso, personalmente será difícil: esta es mi conclusión. Renuevo mis condiciones. La conversación sigue siendo franca y motivadora.

27 de diciembre, lunes.
A las diez de la mañana me llama de nuevo el presidente. He pensado a fondo durante buena parte de la noche. Estoy decidido a aceptar, pero quiero saber si el presidente sigue convencido. Lo está. Está dispuesto a jugar. Yo también. Digo que adelante. Hablo con el presidente de mi viejo partido: trato de explicarle mi decisión. Me pide que devuelva el carnet.

Elecciones, marcas personales e irrupción de valores emocionales

No ha sido fácil poner un título a este post justo el día de la jornada de reflexión de las elecciones catalanas que se celebran mañana.

Un dato: en estas elecciones –como nunca había pasado antes- han entrado en juego aspectos más propios e íntimos de la marca personal de los candidatos: creencias, aficiones, patrimonio personal, valores –más allá de los del partido-, familia, historias personales, biografías…

¿Será esta proximidad emocional con el elector la clave del éxito? Mañana lo sabremos, pero lo que es seguro es que esta contienda catalana ha abierto un nuevo elemento, un elemento que va a jugar fuerte en futuras contiendas: la marca personal. Al final, queremos confiar en alguien, y en este campo de batalla lo personal juega fuerte.

Como comenta el politólogo Antonio Gutiérrez-Rubí “…Tenemos, además, la intuición de que la biografía, el relato personal, deviene información política de primer orden. Los electores piensan que el hecho de conocer cómo vive, cómo fue educado, cómo creció y en qué se desarrolló como persona y como profesional ese candidato es vital para profundizar sobre el carácter y la escala de valores de los que aspiran a dirigirnos.”

¿Cuál es el poso que nos han dejado los 5 principales candidatos?

Artur Mas:

  • Quizás nadie como la periodista Pilar Rahola ha definido la evolución del candidato de CiU en su faceta emocional: Artur Mas ha sabido romper la máscara que le protegía su intimidad. Posiblemente haya contribuido su particular “travesía del desierto”, sus 7 años en la oposición después de haber ganado las dos elecciones a las que se había presentado.
  • El libro de Rahola “La máscara del Rey Arturo” convierte a un candidato en una persona humana, le dota de valores, de historias de superación. De alguien que quiso vivir de una forma personal, discreta y con toda la implicación el proceso del tumor que tuvo su mujer, Elena Rakosnik.
  • La marca personal de Mas, el poso que no ha dejado, ha sido ese, el de la superación, la persistencia, la catalanidad en su sentido más abierto, más próximo y el del valor del esfuerzo. Tiene página propia en Facebook, con 5.000 amigos, fanpage, no está en Twitter y su videoblog está integrado en la web del partido.

José Montilla:

  • El que hace pocos años fuera calificado por el ex-ministro Jordi Sevilla como “un charnego que no está preparado para ser presidente de Catalunya” sorprendió a propios y extraños convirtiéndose en el presidente 128 de la Generalitat catalana.
  • En lo emocional, la marca del candidato del PSC gira alrededor de su capacidad de adaptación, la historia de un joven que llega desde Córdoba a Catalunya con solo 16 años, sin hablar una palabra de catalán y consigue llegar a la alcaldía de Cornellá y al Ministerio de Industria sin haber cursado una carrera universitaria. Un auténtico self-made-man que consiguió convertirse en presidente del PSC tras la crisis política abierta por Maragall / ERC tras la falta de apoyo de la formación independentista al Estatut.
  • La marca personal de Montilla es la discreción, la máscara que no ha roto del todo, el principio de autoridad y la superación. Tiene una fanpage en Facebook con unas 7.500 adhesiones, no tiene cuenta personal en Twitter y su blog es un “flog” o falso blog en que escriben terceras personas.

Joan Puigcercós:

  • Puigcercós estrena candidatura por Esquerra. Este hijo de “masovers” se conviertió en conseller de la Generalitat durante el segundo tripartito governado por Montilla. Tras el fracaso electoral de su partido en las elecciones generales de marzo 2008, decidió salir de la Generalitat para dedicarse a rehacer el partido.
  • Su identidad tiene mucho que ver con su aspecto físico, grande, un barco rompehielos que aparta lo que se le pone por delante, una locomotora lanzada. También se abraza a la polémica buscada, esa necesidad de notoriedad perfectamente calculada. Tiene 5.000 amigos en su página de Facebook y apenas 22 en su fanpage, no está en Twitter (es cuenta de partido) y su blog está algo abandonado.
  • Su marca es la independencia, aunque le pesa la frustración de no haber sido capaz de retenerla en el seno de su partido y haber permitido dos escisiones (Solidaritat Catalana de Laporta y Reagrupament de Carretero) que le pueden salir caras en resultado electoral.

Alicia Sánchez-Camacho:

  • La única mujer candidata, la candidata del PP llama la atención por ser familia monoparental: su hijo no tiene padre, un detalle que posiblemente ha ayudado a romper con ciertos clichés.
  • Al igual que con Puigcercós, la historia de esta abogado y juez (sustituta) implica el destronamiento de su antecesor. Ocurrió en 2008, cuando al entonces presidente del PP catalán, Daniel Sirera, le comunicaron desde Madrid que tenían a alguien mejor para el puesto: Sánchez Camacho.
  • Tuvo que luchar contra Sirera, Alberto Fernández, y Montserrat Nebrera para despuntar como la N1 del partido en Catalunya, lo que le deja una huella imborrable de liderazgo, de coherencia y de cierto narcisismo.
  • Dispone de Facebook, con página personal (5.000 amigos) y fanpage. No está en Twitter y su blog está integrado en  la web del partido.

Joan Herrera:

  • El hombre de la bicicleta, el candidato de ICV, ha supuesto un bálsamo para su partido, erosionado tras las polémicas actuaciones del antiguo líder, Joan Saura.
  • Hombre de verbo cálido y bragado en la política parlamentaria española, es jurista y político, y su carrera está llena de activismo. Su Facebook cuenta con 5.000 amigos, y suele escribir de vez en cuando. No tiene twitter, pero su blog, creado en 2007, está bien nutrido de posts y bien estructurado.
  • Si marca personal está muy relacionada con la coherencia, el “fairplay” y todo lo verde, lo ecológico, aunque en su haber también ha conseguido convertirse en la única opción de izquierda.

Guillem Recolons / Personal Branding Strategist/ soymimarca