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¿Sufres Autodesconocimiento?

 

¿Te conoces? ¿Cuál es la percepción que tienes sobre tu persona? ¿Te quieres lo suficiente para ver tu mejor cara? Atrévete a contestar a estas preguntas con sinceridad y no te desanimes si el ejercicio sale más bien chungo; recuerda que nadie, nadie es profeta en su tierra.

Casi siempre tenemos una visión más objetiva cuando nos referimos a los demás que cuando nos centramos en nuestra persona. Los atributos físicos ajenos son, por lo general, mejores que los nuestros y son objeto de deseo si no de envidia; ¿a que nos gustaría tener los ojos o la boca o las manos o las piernas o …, de otra persona?

Lo que podría parecer una generalización para animar una conversación tiene visos de mayor objetividad después de que la firma de cosmética DOVE realizara una prueba de la mano, ni más ni menos, de un artista forense del FBI en la que una muestra de mujeres describía individualmente sus rasgos personales para construir un retrato robot y una persona con la que cada participante había tenido un breve contacto previo hacía la, digamos, contra descripción. Los resultados fueron muy ilustrativos de lo poco que nos gustamos a nosotros mismos ya que en todos los casos las percepciones externas fueron mucho más favorecedoras y cercanas a la realidad. Echad un vistazo al video que adjuntamos, vale la pena.

La cosa tiene su enjundia más allá de lo anecdótico porque la visión que tengamos de nosotros mismos puede condicionar lo que transmitamos a los demás y de esta manera lastrar nuestra marca personal.

Si no somos nuestro primer fan, es difícil que los demás lo sean.

Conocerse  es sinónimo de quererse y eso último tiene su pequeño grado de complejidad. Significa aceptarse encontrando valor en lo que nos hace únicos y diferentes de los demás incluyendo nuestro lado más oscuro, nuestra zona secreta sin la que no seríamos más que una sombra de nosotros mismos; incluye también un esfuerzo para dotarnos de las herramientas que nos permitan curarnos de las heridas que el día a día y la vida en general nos van haciendo y que tienen mucho que ver por tener bien definidas nuestra misión y visión y por supuesto nuestros valores que nos irán iluminando el camino cada vez que una noche, en la vida hay muchas, nos lo esconda. De aquí que el autoconocimiento sea el primer peldaño en la gestión de la marca personal.

¿Serías capaz de dar los rasgos más exactos para que se pudiera dibujar tu mejor retrato?

Nosotros te podemos ayudarte a cambiar el prefijo de tu autodesconocimiento.

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Y tú ¿Quién eres?

Desde un punto de vista psicológico puede decirse que identidad personal es la que hace que uno sea “él mismo” y no “otro”. Se trata pues, de un conjunto de rasgos personales que conforma la realidad de cada uno y se proyecta hacia el mundo externo permitiendo que los demás reconozcan a la persona desde su “mismidad”, esto es, en su forma de ser específica y particular.

La individualidad sólo es posible cuando se exterioriza la personalidad auténtica del ser humano, de manera tal que éste pueda reconocerse a sí mismo como parte de la humanidad en general y simultáneamente , como un ser único y diferente de los demás.

En la construcción de la identidad siempre está en juego la respuesta que cada uno se da a las siguientes preguntas:

  • ¿Quién soy yo? Soy el que soy.” Identidad subjetiva: Una persona es la conciencia que tiene de sí mismo.
  • ¿Quién quiero ser yo? Soy el que seré. Identidad operativa: el motor que nos pone en marcha, que nos hace accionar.
  • ¿Quién tengo que ser yo? Soy el que tengo que ser. Identidad preceptiva: responde al modelo, al mandato, al deber, son las expectativas que tiene los demás de ti.

Por tanto, la identidad depende del autoconocimiento: ¿quién soy, qué soy, de dónde vengo?; de la autoestima: ¿me quiero mucho, poquito o nada?; y de la autoeficacia: ¿sé gestionar hacia dónde voy, quiero ser y evaluar cómo van los resultados?

Tenemos que estar alerta ya que vivimos en una sociedad que nos hace sucumbir  a la sobrecarga de estímulos e información que intentan atrapar nuestra atención, con ofertas que nos desvían del rumbo o nos convencen de atender falsos problemas. Por tanto caer en la falsa identidad es fácil: asumir como propios planes ajenos, eludir el compromiso como una hoja arrastrada por el viento o cambiar de colores según la ocasión, como el camaleón. Por todo ello,  construir tu identidad  consume energías hasta que al final se convierte en el logro esperado.

La situación actual requiere que reinventemos nuestra identidad  cambiando nuestras relaciones pensando, diciendo  y haciendo para que  los demás compartan este cambio.

Para que tu identidad no sea un sueño y puedas transmitir tu propia marca, te animamos a que trabajes la parte sumergida del Iceberg para  adquirir una metodología que  te enseñe a desarrollar tu potencial, a conocer y usar la totalidad de los recursos que dispones, a elegir los mejores proyectos y modelos, con el objetivo de  convertirte en arquitecto-diseñador de propio destino.