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¿Puede la Marca Personal ser el antídoto contra la precariedad laboral?

Foto: Dirk Dallas (Flickr)

Los efectos de la crisis sumados a los empleos que se destruirán con la nueva reforma laboral aumentarán la precariedad, al menos a corto plazo. Es evidente que la intención de la nueva reforma del gobierno Rajoy no es la de destruir sino crear empleo, pero no nos engañemos, el futuro nos depara un panorama en que será más fácil despedir y más fácil contratar. Y en los meses venideros la destrucción superará a la contratación.

Como decía Mario Monti hace unos días y como recogía Pau Hortalel empleo para toda la vida desaparece.

Ante esta perspectiva, ¿Qué podemos hacer para encajar en este nuevo marco?

¿Lamentarnos? Eso que harán Patronal y Sindicatos, pero de poco nos servirá eso al resto de los mortales. No cabe duda de que ahora, más que nunca, el refuerzo de nuestra marca personal será un elemento estratégico clave.

Pongámonos, por un momento, en la piel de un empresario cuya empresa precisa oxígeno. El empresario sabe muy bien que la viabilidad de su empresa pasa por mejorar las competencias profesionales de su plantilla. Aquí no se trata de recortar gastos, se trata de mejorar habilidades para competir en un marco cada vez más agresivo.

¿A quién se queda el empresario? ¿De quién prescinde? No es difícil responder, a menudo es una cuestión de lógica. Sólo aquellas personas cuya visión y misión pueda alinearse con las de la empresa, aquellas personas que sepan cual debe ser su hoja de ruta, su mensaje, aquellas personas que comuniquen con eficacia su promesa, su valor, sólo esas personas mantendrán su trabajo.

Puede parecer fácil y no lo es. A menudo pensamos que los empresarios actúan únicamente movidos por motivos económicos. Gran error. El empresario quiere ser competitivo, poder disponer de los mejores. Ninguna máquina sustituirá jamás al mayor de los capitales, el capital humano.

Hablo desde la experiencia como trabajador, como directivo, como empresario y como persona a la que una vez en su carrera profesional despidieron. No fue por dinero. Fue por no haber trazado una estrategia de marca personal que sintonizara con la de la empresa.

Es posible que algunos artículos publicados en este blog puedan hacer creer que lo del personal branding es una “frivolité”, una moda pasajera, un pasatiempo. Si me dedico a esto es porque sé positivamente que funciona, que ayuda. Y haré lo que esté en mis manos para ayudarte su aún no te has atrevido a trazarte un plan.

Empleabilidad, Cambios Culturales y Reforma Laboral, por @PauHortal

Las cifras de desempleo señaladas por la EPA después del verano y sobre todo las nulas esperanzas de mejora en las perspectivas a corto plazo resultan francamente alarmantes. No soy el primero ni el único de los que seguimos extrañados con el hecho de que con la situación que estamos viviendo (a pesar de la influencia real de la cada vez más importante cuota de economía sumergida) no se hayan producido ya estallidos sociales realmente graves.
Resulta perfectamente constatable que el alto volumen de desempleo de nuestro país (y el hecho de que seamos los primeros en el ranking de destrucción de empleo en la UE) se debe a la suma de diferentes factores: de una parte factores estructurales como la pérdida de peso del sector de la construcción, de otra al descenso del consumo y la tercera –la que nos diferencia del resto de países de nuestro entorno-, la que nos hace ocupar esta posición de liderazgo es la tipología y estructura de nuestro mercado de trabajo.

Sin embargo, de acuerdo con lo comentado y señalado entre otros por Alfredo Pastor, la reforma laboral necesaria de la que habla Joaquín Trigo (y me refiero a la que queda por hacer, no la que hemos hecho hasta este momento) “tendrá un alcance muy limitado porque se fundamenta en la creencia, probablemente ingenua, de que la desaparición y reducción de procesos administrativos y burocráticos liberarán unas fuerzas del mercado, reprimidas hasta este momento, que por sí mismas resolverán todos los problemas”.

Lamentablemente no creo que sólo con un mercado laboral más flexible y eficiente y con unas relaciones laborales en la empresa menos encorsetadas por normas y regulaciones, muchas veces tendentes solamente a potenciar una dualidad perversa en el status contractual, podamos realmente resolver nuestro problema de empleo. Tenemos claramente un problema de empleabilidad y éste, lamentablemente sólo se resolverá a largo plazo y como consecuencia de un cambio cultural.

Siguiendo a los comentarios publicados por Rafael Pampillon recientemente en EL PAIS. “en los libros de economía se enseña que los objetivos de toda política económica son cuatro: crecimiento económico, pleno empleo de la mano de obra, estabilidad de precios y equilibrio exterior” Estoy plenamente de acuerdo con él en el sentido de que no parece ser que seamos capaces de cumplir ninguno de los fundamentos descritos. Es evidente que no vamos a tener un crecimiento económico en 2011 o que éste, si se produce, sea mínimamente perfectible, no vamos a ser capaces de crear un volumen de empleo que permita reducir significativamente el número de desempleados hasta el segundo semestre del 2013 como muy pronto. Igualmente parece bastante complicado que no vayamos a tener una  tendencia claramente inflacionista en los precios al consumo (de hecho ya la estamos constatando en los últimos meses), y no parece que seamos capaces de establecer líneas de equilibrio en nuestras cuentas con el exterior.

Soy de los que me inclino por la idea de que las reformas hay que hacerlas en el momento en que ellas son constatables y necesarias y por tanto creo que el hecho de que seamos los primeros en el ranking de destrucción de empleo de las economías de la UE, a alguna reflexión nos debería de llevar. No tiene, en estos momentos, ningún sentido seguir pensando que hemos perdido una excelente oportunidad (en los años anteriores de bonanza) para enfocar reformas que hoy hubiesen reducido el volumen de pérdidas de empleo que hemos vivido y que favorecerían la contratación en el momento en que se inicie el cambio de ciclo. Es indudable que el espíritu mental del concepto, al que estamos tan lamentablemente abocados, que se resume en la frase tan nuestra de “vuelva Vd. mañana” o  en su versión “mañana será otro día” no resulta la mejor receta para el enfoque de la situación del mercado de trabajo.

Ah…..y cuando hablo de reforma, no me refiero simplemente que también al debate sobre las fórmulas técnicas y jurídicas que deberían dotar de mayores niveles reales de flexibilidad a nuestro mercado de trabajo. Me refiero a reformas de calado que consigan modificar nuestra “cultura social” lamentablemente integrada en nuestro ADN que no potencia ni el esfuerzo ni prima el talento y que permite, por ejemplo, a un reconocido diputado socialista referirse a las prestaciones por desempleo como “un derecho” al que todos tenemos la opción de acceder.

Es evidente que, al margen de algunas reformas que son estrictamente necesarias para afrontar los retos que nos depara el futuro, debemos también hacer cambios sustanciales sobre nuestra “cultura social sobre el trabajo” si de verdad queremos enfrentarnos con éxito a los retos que nos depara el próximo futuro. Cambios culturales que pasan necesariamente por desarrollar el concepto de empleabilidad.

Cuando la confianza en el futuro se ha convertido en un bien escaso, cuando muchos de nosotros huimos de inculcar a nuestros jóvenes el valor del esfuerzo es bueno recordar de nuevo el mensaje de Albert Eisntein. “Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia”.

Y prosigo parafraseando a este genio “El problema de las personas y de los países es la pereza para encontrar las salidas y las soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos todo es rutina. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Ante la crisis la única receta es el trabajo duro. Acabemos con la única crisis amenazadora: la tragedia de no querer luchar por superarla”.

Pau Hortal