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¿Esconder tu grandeza? eres un maldito farsante, por @jordicollell

¿Por qué escondes tu grandeza?

El relato personal es una herramienta poderosa en la gestión de la marca personal. Un relato poderoso, sin entrar en tecnicismos que ahora no vienen al caso, debe contemplar a la par los elementos emocionales con los tangibles. Esta reflexión viene al caso por la discusión que teníamos hace unos días mi socio Guillem y yo con una cliente a raíz de su storytelling.

Estábamos frente a un caso en el que se combinaban una vida personal intensa con grandes competencias profesionales y una nada desdeñable experiencia. El caso es que nuestra protagonista, involuntaria y que me disculpe si se siente reflejada, centraba su relato en sus vivencias personales en un tono eminentemente emocional más que en sus competencias profesionales. Tengo que decir que su proyecto se basa en un elemento tecnológico fruto de su conocimiento y de su investigación.

El síndrome de Solomon

En realidad no se trata de un caso aislado. Todos, o casi, tenemos un cierto pudor cuando se trata de proclamar nuestras capacidades técnicas aunque nos las hayamos ganado a través de años de estudio y de búsqueda de nuevas soluciones ya sea en forma de procesos, productos o materiales. Es una vieja discusión sobre si el grado de experto nos lo ha de conceder nuestro público o podemos otorgar nosotros si tenemos los elementos objetivos suficientes para hacerlo. Alguna vez hemos hablado de esto, se conoce como el síndrome de Solomon. Yo no se si una licenciatura, dos décadas de experiencia y varios premios son suficientemente objetivos para que su titular se auto-titule experto en su campo, aunque mi sentido común me dice que sí.

Confían en nosotros

Del informe Edelman, del que hablamos tan a menudo, concluimos que los elementos más creíbles en la sociedad a nivel global son los “expertos técnicos”, “las personas como tú y yo” y “los empleados”. Es una pena, un desperdicio, no poder ofertar credibilidad a dos bandas como experto técnico y como persona corriente, y limitarse a esta última por un tema de pudor personal.

Devaluando nuestra marca personal

Si la autenticidad es el pilar fundamental para la gestión de la marca personal no seremos más auténticos, y quizás si menos si nos auto-mutilamos y no transmitimos las bases sobre las que se sustentan nuestras competencias. Una propuesta de valor que no esté soportada por competencias demostrables y por conocimientos específicos se puede quedar muy fácilmente en una simple propuesta. Si nos unimos al grupo y escondemos aquello que sabemos que tenemos pero que no queremos explicar porque pensamos que no nos corresponde, estamos devaluando nuestra marca personal.

Relato teñido en positivo, ¿por qué no?

De aquí la importancia de un relato bien construido que sea capaz de conjugar todos los elementos que influyen en el desarrollo de la propuesta de valor sin caer en el autobombo. Una cosa es ser engreído y otra ser lo suficientemente humilde para contar la verdad, pero toda la verdad, sobre uno mismo aunque esta verdad este teñida de colores positivos. Contar desgracias y como hemos superado fracasos es mucho más sencillo y menos comprometido que relatar los éxitos a todos os niveles

De nada sirve esconder tu grandeza. Y es aquí donde los profesionales tenemos un papel importante: revaluar los relatos introduciendo todos los elementos necesarios de manera que sean comprensibles y lleguen a la audiencia del cliente sin matizaciones ni supuestos negativos. Para la gestión de tu relato profesional cuenta con nosotros.

Imagen cabecera: Miguel Salgado / Unsplash

Solomon, conformidad social y marca personal, por @guillemrecolons

El experimento de Solomon Asch sobre la conformidad social

El psicólogo polaco nacionalizado estadounidense Solomon Asch decidió hacer un experimento particular sobre el conformismo. Corría el año 1951, y eligió una escuela como campo de pruebas. Se trataba de analizar el comportamiento humano dentro de un entorno social concreto.

Lo que hizo fue reunir a ocho alumnos, siete de los cuales pre-avisados por el terapeuta y un octavo que era el verdadero objeto del experimento. El psicólogo les mostraba una tarjeta como prueba visual, y supuestamente siete de ellos debían dar una respuesta equivocada para así comprobar cómo actuaba el octavo. Un porcentaje muy elevado respondió erróneamente, aún sabiendo que se equivocaban, por temor a ser el elemento discordante de la mayoría o al ridículo.

La sorpresa

Solomon Asch quedó, como es obvio, sorprendido por los resultados del experimento. Sus creencias sobre la libertad de las personas para tomar decisiones se vinieron abajo.

Actuamos condicionados por la sociedad, en mayor medida de lo que imaginamos

El ya conocido como “Síndrome de Solomon” saca a relucir nuestra baja autoestima y la importancia casi enfermiza que damos a lo que opinen los demás de nosotros.

Miedo a brillar

Hace unos meses traté de este mismo tema en este blog y precisamente referido al síndrome de Solomon. Cierto, en nuestra sociedad los éxitos ajenos no siempre son alabados sino todo lo contrario, y por esta razón muchos ocultan sus cualidades y capacidades. Prefieren mantenerse en el discreto anonimato antes que enfrentarse al criterio de la mayoría.

¿Debemos conformarnos con la conformidad?

No respondas. Lo sé. No. La conformidad social es la antítesis de progreso. Entonces, ¿de dónde sale tu miedo a destacar, a brillar, a ser fiel a tus valores y creencias? En gestión de marca personal damos mucho valor a lo que piensan los demás de uno. Pero no hay que llevar al extremo la opinión de la mayoría, ya que eso no significa otra cosa que dejar la nave de uno a la deriva, sin rumbo y al acecho de las rocas.

Marca personal y síndrome de Solomon

Para combatir el síndrome de Solomon de la conformidad social propongo algo muy sencillo: que seas tú quien hagas brillar a los demás con tu propuesta de valor, con tu trabajo (acciones, no palabras). Así tu marca acabará reflejando el brillo que ha creado.

Imagen: David Marcu